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Historia y Crítica en Arquitectura

Este documento discute las relaciones entre la historia, la teoría y la crítica en el contexto de la arquitectura. Explica que aunque son distintos en sus métodos y objetivos, están íntimamente entrelazados. La historia describe los hechos arquitectónicos de manera crítica, la teoría ordena proposiciones lógicas para guiar la investigación histórica, y la crítica evalúa los objetos arquitectónicos considerando su contexto histórico. También señala que la teoría puede tomar
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Historia y Crítica en Arquitectura

Este documento discute las relaciones entre la historia, la teoría y la crítica en el contexto de la arquitectura. Explica que aunque son distintos en sus métodos y objetivos, están íntimamente entrelazados. La historia describe los hechos arquitectónicos de manera crítica, la teoría ordena proposiciones lógicas para guiar la investigación histórica, y la crítica evalúa los objetos arquitectónicos considerando su contexto histórico. También señala que la teoría puede tomar
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CUADERNOS DE

ARQUITECTURA

09
Este material tiene fines únicamente académicos.

PROFESOR
PhD. Octavio Montestruque Bisso

Lima, 2020
HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

El interior de la historia Historia, teoría y crítica son tres modos de reflexionar sobre la arquitectura,
íntimamente entrelazados, a menudo confundidos en el pasado, que se
Historia, teoría y crítica diferencian por sus métodos y objetivos y cumplen, además, distintas
funciones para el pensamiento y la praxis arquitectónica.
Marina Waisman En lo que se refiere a la historia y la crítica, desde Croce y luego con Lionello
1990 Venturi1 se ha hecho clara su indisoluble unidad. Distintas pautas críticas fueron
introducidas en el trabajo histórico a través del tiempo, para alejarlo del mito
y aproximarlo a una tarea científica: la crítica de las fuentes, los criterios de
verosimilitud, la selección por criterios de valor, conducen todos a una forma de
aproximación a la materia histórica que es eminentemente crítica, que exige el
ejercicio del juicio crítico en cada una de las etapas de la elaboración del material.
Por su parte, una crítica que no atendiera a la condición histórica del objeto
arquitectónico analizado no podría alcanzar su significado, puesto que, como
todo hecho cultural, el hecho arquitectónico está inmerso en la historia y es
inexplicable fuera de ella. “Criticar, dice Tafuri2, significa recoger la fragancia
histórica de los fenómenos”.
En cuanto a la teoría, ¿cómo podría realizarse una selección y valoración del
material histórico? ¿cómo podrían establecerse pautas críticas, sin el apoyo
de una serie de principios, esto es, sin una teoría? Y una teoría, a su vez, ¿de
dónde obtiene su sustento sino de la realidad, que es una realidad histórica?
He aquí, pues, someramente planteada la estrecha interdependencia entre
historia, teoría y crítica. Intentemos ahora una caracterización más diferenciada.
En cuanto a la teoría, la distinción de su naturaleza con respecto a la historia puede
definirse del siguiente modo: teoría es un sistema de pensamiento mediante el
cual se ordena un conjunto de proposiciones lógicas; historia es una descripción
crítica de la sucesión de los hechos arquitectónicos. El historiador, para la selección
y elaboración de su materia, se basa en una teoría; en todo “relato” histórico
pueden descubrirse los elementos de una teoría; pero permanecen implícitos,
inarticulados; pues constituyen una hipótesis de trabajo, no una finalidad de la
exposición. La teoría, de alguna manera, precede, dirige la investigación histórica.
El material utilizado para elaborar el sistema teórico, a su vez, ha sido extraído de la

Referencia bibliográfica 1
Lionello Venturi. Historia de la crítica de arte. Poseidón. Buenos Aires. 1949, p. 11.
Waisman, M. (1990). Historia, teoría y crítica. En M. Waisman, El interior de la historia
(pp. 29-34). Bogotá: Escala 2
Manfredo Tafuri. Teoría e Historias de la arquitectura. Ed. Uia. Barcelona. 91973, p. 11.
3
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

historia. Ahora bien, los “productos” de ambos trabajos son diferentes: el sistema
en un caso, la descripción en el otro. Y, por lo mismo, difieren los métodos: para
el teórico será la abstracción de conceptos a partir del análisis de los objetos reales;
para el historiador será la investigación, comprensión, valoración e interpretación
de objetos reales a partir de conceptos3.
Pero la arquitectura es una actividad concreta y práctica, y cualquier tipo de
reflexión que a ella se refiera conservará una relación más o menos directa con
la praxis. De ahí que la teoría, definida como sistema de pensamiento, puede
asumir la forma de una normativa, esto es, un sistema de leyes o normas que
determinan cómo ha de ser la arquitectura, lo que ha sido usual en el pasado,
y aún en tiempos recientes en la enseñanza. O bien puede ser una poética,
esto es, el enunciado de una concepción, ya no universal, sino particular de
un arquitecto o un grupo de arquitectos, la base de su propuesta, su propia
definición de la arquitectura tal como pretende practicarla. Puede también
la teoría asumir la forma de una filosofía de la arquitectura, esto es, de una
concepción generalizadora en busca de principios universalmente válidos,
más ligada a la especulación que a la realización.
En todos los casos, como se ha dicho, el material sobre el que se basa la reflexión
teórica proviene en última instancia de una realidad fáctica constituida por
las creaciones arquitectónicas y los problemas, ideas, temas de análisis que
a ellas se refieran. Y esta dependencia con respecto a la historia se unió al
moderno rechazo de una normativa para impulsar la concepción de teorías de
la arquitectura basadas conceptualmente en la historia, teorías que podríamos
denominar historicistas4.
En cuanto a la crítica y la historia, podría intentarse una distinción, en ambos
casos, entre actividad y actitud: esto es, actividad del crítico o del historiador,
por una parte; actitud crítica y actitud histórica, por la otra. Como actividad,
la del historiador consiste en el estudio e interpretación de la arquitectura
del pasado –considerando, por cierto, que el pasado incluye el tiempo más
reciente– y su ordenamiento en el tiempo, según distintos criterios, como se

3
Raymond Aron. Op. cit., p. 19.

Diamond house A
4
Esta concepción está presente en los trabajos de Bruno Zevi. Como teoría se ha
John Hejduk desarrollado específicamente en Enrico Tedeschi. Teoría de la arquitectura. Nueva Visión.
1963-67 Buenos Aires (numerosas ediciones).
4 5
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

ha comentado en el capítulo 1: ya sea el de la narración o el de la aproximación


nomológica; ordenamiento que podrá tener diversos protagonistas –los
objetos de estudio del historiador5.
La actividad del crítico consiste en el comentario de la arquitectura del presente, está
referida al diario acontecer de la arquitectura: a la identificación de nuevas ideas,
a la valoración e interpretación de nuevas obras o propuestas, al descubrimiento
de nuevas tendencias. Contribuye, con su reflexión, a la toma de conciencia de
situaciones y, en el caso del crítico latinoamericano, cumple un importante papel
en la toma de conciencia del significado que el tema examinado pueda tener para
nuestra propia cultura o para nuestra praxis profesional.
Sin embargo, en situaciones que escapan al marco profesional existente, puede
ocurrir que el papel del crítico, como lo señala Reyner Banham hacia 19686, sea
simplemente el de observar la realidad, descubrir en ella hechos arquitectónicos
interesantes y llamar la atención del espectador sobre ellos, suspendiendo
momentáneamente el juicio, hasta tanto sea posible construir nuevos parámetros
capaces de develar la estructura vernácula, el primero de ellos “descubierto” por
el grupo de críticos encabezado por Banham, el segundo consagrado como de
alto interés por Bernard Rudofsky en su exposición y posterior libro, apoyados
por el Museo de Arte Moderno de Nueva York7. Se llamó, en efecto, la atención
sobre estos fenómenos, exaltando valores ignorados o desdeñados hasta
entonces. Juicios basados en los valore artísticos o arquitectónicos corrientes
no hubieran permitido siquiera incluir estos temas entre los aceptados por la
crítica. Por tanto, esa suspensión del juicio puede ser necesaria en cierta etapa
del análisis. Podemos imaginar lo que quizás hubiera ocurrido de adoptarse un
criterio de ese tipo para el estudio de la arquitectura histórica de América Latina;
en lugar de forzar su clasificación en los moldes de la historia europea, podría
haberse encontrado a posteriori un sistema de ordenamiento que respetara
las cualidades y características del material estudiado. Esto no fue posible, por
una parte, por el estado de la crítica en las circunstancias históricas en que se

5
Sobre la selección y formación del objeto de estudio del historiador, véase La estructura
histórica… op. cit., pp. 29sqq.
6
En summarios No. 5, p. 3, marzo de 1977. Arquitectura y crítica.
Hans Hollein
La satrada novissima
7
Bernard Rudofsky. Architecture without architects. Ed. Museum of Modern Art, Nueva
1980 York. 1965.
6 7
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

produjeron estos estudios, pero también por la gran afinidad que existe entre
las arquitecturas europeas y las americanas, lo que cerraba la posibilidad de
descubrir las profundas divergencias entre ambas.
Ahora bien, la prolongación de esa suspensión del juicio más allá del
establecimiento de pautas se vuelve negativa, pues conduce a la aceptación
indiscriminada de todo fenómeno examinado. No es ajena a esta situación
cierta crítica que, en el temor de equivocar el juicio acerca de una propuesta
presuntamente revolucionaria, tiende a la mera descripción sin arriesgar
valoración alguna. Pero crítica sin juicio de valor no es crítica. La función
del crítico es precisamente la de emitir juicios –no, como ya lo señaló Croce,
juicios laudatorios o condenatorios, sino interpretativos y explicativos–, si ha
de prestar servicios reales a la comunidad profesional.
Sin embargo, como toda afirmación que se formule en el campo de la cultura
puede ocurrir que ciertos hechos vengan a contradecirla en algún momento
histórico. En efecto, en los últimos tiempos ha aparecido la posibilidad de
una crítica “autónoma” esto es, una operación crítica que desarrolla su propio
discurso quizás a partir de un tema arquitectónico, pero que no pretende
analizarlo ni comprenderlo, al menos explícitamente. Como tanta arquitectura
“autónoma”, este tipo de crítica no desempeña una función precisa en el campo
de la praxis arquitectónica –función orientadora o clarificadora–, sino que,
cayendo en el autismo, forma parte de ese segmento de la práctica arquitectónica
que he llamado del “silencio social”8, y que se acerca, a mi juicio, a lo que Gianni
Vattimo califica como “suicidio de protesta” del artista contemporáneo9.
Hay momentos históricos en los que la función del crítico y la del historiados
adquieren singular importancia. En los años recientes, la crisis de modelos
producida por la profunda labor de demolición efectuada en la década del 60
con respecto a los ideales de la arquitectura moderna demandó la atención
permanente al desarrollo de ideas, a la aparición de nuevas propuestas, que debían
ser leídas e interpretadas –y si fuera posible encasilladas o rotuladas– para hacer
comprensible el confuso y rápidamente cambiante panorama de la producción
arquitectónica. Pero al mismo tiempo, ese violento descreimiento del pasado

8
M. W. “Arquitecturas del silencio, arquitecturas de la palabra”, en summarios No. 12. Lo
Collage city general y lo particular.
Colin Rowe
1978 9
Gianni Vattimo. Op. cit., p.53.
8 9
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

inmediato requirió de nuevos análisis históricos, de una revisión a fondo de las


ideas y realizaciones del Movimiento Moderno, y muy pronto esa necesidad se
extendió a otros momentos históricos poco atendidos o aún desdeñados, hasta el
presente, en los cuales se descubrían antecedentes fundamentales para las ideas
de comienzos del siglo actual –caso de los arquitectos revolucionarios franceses–,
o bien, se exhumaban grandes lecciones de arquitectura olvidadas durante años,
porque empezaban a responder a inesperadas necesidades del gusto o de la
disciplina creativa –caso Palladio, caso Piranesi–, o bien se exploraban métodos
repudiados por la arquitectura moderna, que invitaban a reconstruir un camino
histórico interrumpido –como las lecciones de la Académie des Beaux Arts.
Es así como tanto la crítica como la historia han conocido un florecimiento notable,
acompañado de un refinamiento de los métodos que permite abordar cuestiones
lingüísticas, urbanas, sociológicas, etc.; al tiempo que el auge de las publicaciones
–libros y revistas–, de las exposiciones y acontecimientos públicos que contribuyen
a la difusión de las ideas arquitectónicas, han producido también en este campo
fenómenos de comunicación de masas, con todo lo que ellos comportan de positivo
y de negativo. Quizás podría afirmarse que nunca en la historia tanta gente estuvo
reflexionando y escribiendo sobre arquitectura y haciendo públicas sus reflexiones.
Y esta ola de reflexión que, como se ha dicho, compromete particularmente a la
crítica y a la historia, impulsa a una toma general de conciencia, por la cual los
arquitectos proyectistas se ven necesitados a su vez de formular sus ideas no sólo
mediante diseños sino mediante la palabra, escrita o hablada, que les permita
justificar o explicar sus diseños mediante especulaciones teóricas.
Estas tendencias han tenido su correspondiente eco entre nosotros, donde a
las ya mencionadas exigencias de la cultura arquitectónica general, se agrega la
toma de conciencia de la propia cultura y de la necesidad de su consolidación.
El trabajo histórico, desdeñado por los arquitectos practicantes hasta hace muy
pocos años, se ha colocado en el eje de su reflexión y acompaña a la necesidad
de la formulación teórica de su pensamiento, a la búsqueda de una orientación.
¿El cuadro del presente estaría, entonces, reservado al crítico, y el del pasado
al historiador (ambos intrínsecamente unidos a la praxis profesional y a las
necesidades culturales y profesionales del momento en que se vive)? Enseguida
volveré sobre el tema.
Hasta aquí me he referido a las actividades respectivas del historiador y el crítico,
Il teatro del mondo
Aldo Rossi a sus respectivas funciones. En lo que respecta a sus actitudes frente al objeto de
1979 estudio, esto es, a sus métodos de trabajo, a sus respectivos enfoques, en una primera
10 11
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

aproximación podría afirmarse que la actitud histórica implica la valoración e


interpretación del hecho en base a su significado histórico, en tanto que la actitud
crítica implica la interpretación del hecho en base a criterios de valor.
El significado histórico deriva de considerar el tema en su contexto histórico,
analizándolo en relación al haz de acontecimientos, ideas, orientaciones
que se entrecruzaron en el momento de su aparición. De ello surgirá una
particular valoración en cuanto a sus posibles aportes, al carácter crítico,
transformador o continuador de las tendencias existentes; al modo en que se
ha interpretado en la obra el lenguaje, o los aspectos del gusto, o los cánones
artísticos vigentes, lo que permitirá discernir valores estéticos o intenciones
críticas, por ejemplo; a su productividad, esto es, al grado en que contribuyó a
modificar el sentido mismo de la historia; pues cada nueva obra, cada nuevo
objeto que aparece en la historia es susceptible de producir transformaciones
más o menos importantes en el conjunto de la historia, pasado o futuro, pues
puede inaugurar nuevos puntos de vista, nuevos valores, nuevos modos de
enfrentar la construcción del entorno, que obliguen a revisar los modos de
considerar la arquitectura de todos los tiempos. El grado en que el objeto
examinado participe de esta cualidad es una piedra de toque para comprender
su papel histórico, para evaluar su “peso” histórico.
Los criterios de valoración propios del análisis crítico, por su parte, abarcan
todos los aspectos de la producción arquitectónica –estéticos, tecnológicos,
funcionales, éticos, etc.– y compete al crítico establecer en cada caso la
preeminencia de unos u otros, de acuerdo a su propia escala de valores y al
carácter del tema examinado.
Sin embargo, ambos métodos resultan inescindibles en la práctica: el crítico, si
desea alcanzar el significado de la obra que estudia, no puede detenerse en una
mera evaluación; necesita considerar su objeto de estudio en el contexto histórico
y definir así el papel que puede desempeñar en él; no de otro modo podrá
“identificar nuevas ideas, descubrir nuevas tendencias, valorar nuevas propuestas,
contribuir a la toma de conciencia del significado que el tema examinado pueda
tener para la propia cultura”, como indicaba al referirme a sus funciones.
El historiador, por su parte, no puede prescindir de los criterios de valor, que
aparecen ya desde el momento en que se construye su objeto de estudio, al
proceder a la selección de aquellos elementos que considera relevantes según
A pattern language
Christopher Alexander una determinada valoración. No hay forma de “diseñar” un objeto histórico si
1977 no se parte de criterios de valor. Pues, ¿por qué se elige, para formar un objeto
12 13
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

histórico, esta o aquella obra, este o aquel autor, esta o aquella idea, si no es,
en primera instancia, porque se reconoce en ellos algún valor –ético, estético,
tecnológico, urbano, etc.?
Puede, pues, afirmarse que ambas actividades, la del historiador y la del crítico
necesitan de métodos tanto históricos como críticos, o quizás debiera decirse
directamente de un método histórico-crítico, que en cada caso se aplicaría a
tareas diferentemente delimitadas en el tiempo y a objetos diferentes.
Sin embargo, estas distinciones se cargan de ambigüedad cuando entramos en el
ámbito de la posmodernidad y del historiador de la arquitectura contemporánea.
Pues el efecto de “presentificación” de los acontecimientos, la simultaneidad en
la percepción del tiempo y el espacio provocada por la explosión informativa,
la des-historización del conocimiento –toso es presente–, hacen que la tarea
del historiador de la arquitectura contemporánea acabe por confundirse con
la del crítico. Ambos deben evaluar lo que ocurre en un universo que se ha
tornado unidimensional, un universo que ha perdido su espesor histórico.
Ambos producen material directamente relacionado con la praxis profesional
sobre la cual sus escritos tienen influencia indudable. Ambos, por in, dan a sus
reflexiones ya la forma de un libro, ya la de un artículo. Es más, muchos libros
recientes de grandes historiadores (caso Joseph Rykwert, por ejemplo) no son
sino el resultado de una recopilación de artículos.
Quizá se podría, pues, sentar como hipótesis la coincidencia entre historiador
y crítico, entre historia y crítica, no sólo en su metodología sino también en su
tarea profesional, al menos en lo que concierne al historiador de la arquitectura
contemporánea. Puede incluso hablarse de coincidencia de objetivos, puesto
que, en cada caso, al aplicar su propio sistema de valores, el autor está intentando
orientar a la opinión profesional en una determinada dirección.
Nuevamente se cierra el círculo si consideramos que la valoración y el análisis que
efectúan tanto el historiador como el crítico implican una teoría de la arquitectura,
una idea de lo que la arquitectura es o debe ser, de lo que en arquitectura tiene
sentido o carece de él, teoría que es la expresión de una ideología.
Exodus
Rem Koolhaas Se ha dicho que la teoría puede ser normativa. También la historia puede
1971 intentar actuar directamente en la orientación de la praxis; se convierte así
14 15
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | 09 HISTORIA, TEORÍA Y CRÍTICA | Marina Waisman, 1990

en historia operativa10, y más allá de la intelección de los fenómenos trata


de intervenir, explícita o implícitamente, en su producción. Tal orientación
se da al poner en obra ciertas interpretaciones del desarrollo histórico –que
pueden llegar a distorsionar o a omitir acontecimientos– que privilegian una
línea de acción con la que el historiador está comprometido ideológicamente.
Los Pioneros de Pevsner11 o el Espacio Tiempo de Gideon12, se cuentan
entre los textos que indicaban claramente cuál era realmente la arquitectura
moderna, y dejaban entender, además, que lo moderno era lo deseable, era
la meta a alcanzar. María Luisa Scalvini13 ha mostrado cómo esta primera
historiografía de la arquitectura moderna asumió el carácter de una saga, en
la que los maestros representaban a los héroes que lograron llevar a buen fin
a la arquitectura a través de todas sus vicisitudes.
Por su parte, ya Viollet-le-Duc había unido historia y teoría14, conviniendo
a la historia en instrumento de razonamiento teórico al extraer principios
generales de los datos históricos, y pretender de ese modo proponer una guía
para la proyectación.
La influencia actual de los medios de difusión hace mucho más efectiva y
directa la acción de tales escritos de lo que pudo ser en el pasado, y compromete
mucho más, por lo mismo, la actitud ética del historiador y el crítico. Sistema
de valores y objetividad son algunos de los problemas que atañen directamente
a esta cuestión, problemas sobre los que volveré más adelante.

10
Manfredo Tafuri, op. cit., p. 255; Bruno Zevi, en summarios No. 5, p.9.
11
Nikolaus Pevsner. Pioneros del diseño moderno, ed. Infinite. Buenos Aires. 1955,
primera edición en inglés, 1936.
Siegfried Gideon. Space Time and Architecture, primera edición 1940. Quinta ed.
12

Harvard Univ. Press. 1961.


Salvataggi di centri storici italiani 13
María Luisa Scalvini, op. cit.
Superstudio
1972 14
Manfredo Tafuri, op. cit., p.188
16 17
COMENTARIOS DE LA CÁTEDRA | Octavio Montestruque Bisso

¿POR QUÉ ES Marina Waisman es una de las voces más importantes para la historia,
teoría y crítica de la arquitectura latinoamericana contemporánea. En

IMPORTANTE sus textos, es siempre recurrente su postura frente a la categorización


de la arquitectura de la región, a pesar de que se apoya en las teorías

ESTE TEXTO? occidentales, especialmente en las de autores italianos como Tedeschi,


Tafuri o Zevi. Siendo consiente de la herencia académica occidental, la
autora argentina no olvida nunca su posición “periférica” respecto al
pensamiento dominante, por lo que su propuesta teórica siempre busca
radicarse dentro de la producción arquitectónica latinoamericana.
En este texto, presenta de manera extensa las diferencias que se dan
entre la historia, la teoría y la crítica de la arquitectura; los roles que
adoptan cada uno de los personajes que las desarrollan –es decir,
el historiador, el crítico y el teórico–, dejando entrever una suerte de
metodología o de aproximación a cada uno de estos campos del
conocimiento arquitectónico.
Si bien el texto hace énfasis en las ideas de la arquitectura, nunca
se prescinde del objeto edificado, objetivo final del arquitecto, sea
este proyectista, historiador o crítico. Las diferencias y similitudes
presentadas por Waisman son de gran ayuda al momento de definir
los límites de las investigaciones en cada campo, además que permiten
mantener una posición frente a la utilidad de cada uno de estos aspectos
del conocimiento. La importancia de su diferenciación y, al mismo
tiempo, de su relación, es la base sobre la cual podremos construir una
metodología de investigación que nos permita tomar posturas claras
y llegar a la profundidad de los problemas arquitectónicos a estudiar.

19
CUADERNOS DE ARQUITECTURA | Textos seleccionados y comentados para enfrentar la investigación del proyecto | Octavio Montestruque Bisso | Lima, 2020

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