Metaficción y juego de información en novelas
Metaficción y juego de información en novelas
esta revisión recaen no sólo sobre el hipotexto-objeto sino también sobre el texto en
1
Douglas Bohórquez. Teoría semiológica del texto literario. Una lectura de Guillermo
Meneses. Mérida, U.L.A., 1986, p. 191.
244
modo, puede decirse que nos enfrentamos con una obra de "ficción".2
del dominio de lo referencial, aquella ficción cuya operación de base haya sido
extraída de otra ficción y así mismo la trascienda, será, entonces, una metaficción.
Y si bien es cierto que los cimientos del universo hipotextual de las ficciones de
autoconciencia en su constitución:
2
Luis J. Prieto. Pertinencia y práctica. Ensayos de semiología. Versión castellana de Joaquim
Garay Escoda. Barcelona, Gustavo Gili, 1977, p. 71.
3
Jaime Rest. "Diagnóstico de la novela policial", en Revista Crisis No. 15. Buenos Aires, 1974,
p. 31.
4
Boileau-Narcejac. La novela policial. Trad. Basilia Papastamatín. Buenos Aires, Paidós, s.f., p.
33.
244
donde cada información conduce a otra, y ésta a otra, y así sucesivamente; por ende,
no hay más realidad que aquella que el texto construye en su trayecto, lo cual dota a la
lunar, suscita "un ritmo narrativo que no se acompasa al de la curiosidad del lector, y
que, por lo mismo, la excita aún más, la mantiene en mayor tensión" 5. Esto sucede
porque lo que se dice no es lo que "es", sino lo que cada personaje cree, y el lector
fragmentarias, se funda una omnipotencia de carácter editorial que nada tiene que ver
"sincera" exposición de los hechos por parte de los personajes, no son sino
cada detalle del discurso, es concebida a partir de su final: "estamos ante historias que
el texto ha sido editado por una conciencia constructiva que jerarquiza hasta los más
5
Mariano Baquero Goyanes. Estructuras de la novela actual. Barcelona, Planeta, 1975 (3a.
ed.), pp. 165-166.
6
Jaime Rest, Op. cit., p. 36.
244
el inspector Baigorri llama a declarar a Milagros Ramoneda en primer lugar, ello tiene
por un momento en las "visiones" según Pouillon, nos daremos cuenta de que en
Rosaura a las diez la "visión con", la "visión por detrás" y la "visión desde afuera" 8
"saber menos" que surge entre narrador, lector y personajes favorece ora a unos ora a
organizadora. La novela oscila entre estadios en los cuales lector y personajes saben
menos, el lector sabe más que los personajes o algún personaje sabe más que el lector.
Esto mantiene una situación de suspense en la cual el receptor busca con insistencia
tanto nivelar su propia información con la que la novela le esconde como llegar al
7
Mieke Bal. Teoría de la narrativa. Una introducción a la narratología. Traducción de Javier
Franco. Madrid, Cátedra, 1985, pp. 110-111.
8
Véase Jean Pouillon. "Los modos de la comprensión", en Tiempo y novela. Traducción de Irene
Cousien. Buenos Aires, Paidós, 1970, pp. 58-119.
244
momento en que los personajes reciban la información que aún no conocen. Los
voces como núcleos focalizadores. No es casual que Oscar Tacca, en su volumen Las
texto: "Soy incapaz", apunta Denevi, "de concebir a un Dios que me sepulta en ese
yo fuese el Dios con el que sueño"10. "Dios" que se oculta, que elude la omnisciencia
historia, pero que es quien adjudica las posiciones, las voces, las refutaciones,
más antigua conocedora de Camilo -es ella quien cuenta doce años de su vida y quien
lo mira con "buenos ojos"- se nos brinda como la confiabilidad de un primer narrador
habla a través de ella y compartimos su punto de vista, hasta que la lectura de las
páginas que siguen a su declaración nos hace ver que la información que llegamos a
conocer nos ubica en otro nivel -así como al narrador-. Esto sustenta la ironía de la
novela toda, en la medida en que se repite con cada personaje, y en ningún momento
hay alguien que lo sepa todo, salvo Baigorri -en buena medida, organizador interno
lector. Esto, según Booth, es signo de la presencia de una intensa ironía dramática,
determinada por el hecho de que el autor y la audiencia comparten conocimientos que
todos, salvo para Camilo, el lector y su oyente policial, y el asesinato de María Correa
es ignorado por todos cuantos creen que la muerta es Rosaura-Marta. Sólo Eufrasia y
organiza el texto sin mostrarse de manera explícita: el llamado autor implícito, cuya
imagen se nos escurre permanentemente entre bastidores y delata su voz como propia
circunstancias -es una manera de decir-, Elsa Gatica, con dignidad y en silencio,
hombre, que ha debido inventarse otro sí-mismo al igual que Camilo, para crear la
que desea presentar, que maneja la novela como polifonía voluntaria, y que es el
Rosaura a las diez, nos hace caer en la cuenta del propósito autoconsciente de la
13
T. Todorov, en O. Ducrot y T. Todorov. Diccionario enciclopédico de las ciencias del
lenguaje. Traducción de Enrique Pezzoni. México, Siglo XXI, 1987 (13a. ed.), p. 370.
14
Wayne C. Booth. "Distance et point de vue. Essai de classification". Traducción de Martine
Désormonts, en VVAA. Poétique du récit. París, Éditions du Seuil, 1977, pp. 92-93.
244
novela: el orden del expediente pudo haber sido otro; se pudo comenzar por la carta
final, se nos pudo hacer conocer la historia de la invención de Rosaura antes que el
resto, como una reflexión alrededor del azar representado por la aparición de María
extracto de Eufrasia en primer lugar -con sus comentarios irónicos, que tienen más de
este tipo significa hablar de otro texto, un texto que no es el que está escrito ante
nuestros ojos. En la novela, cada elemento cumple una función no simplemente por sí
mismo, sino por su ubicación en el sintagma y la relación que con respecto a los
Esta selección es la que se nos presenta en la organización del texto, la cual constituye
desde su formalización una explicación de sí misma: "La obra de arte", escribe Eco,
"es un signo que comunica también la manera como está hecha" 15, y esto sucede
intencionalidad prevista.
Dentro de las elecciones organizativas de Rosaura a las diez figuran los cinco
directa (autoral), visible en el fragmento que alude a Elsa Gatica (p. 162); la
escritas (la carta de María Correa y los fragmentos de las cartas de "Rosaura"); la
15
Umberto Eco. Signo. Traducción de Francisco Serra Cantarell. Barcelona, Labor, 1980, p. 55.
16
Véase M. Bajtín. Teoría y estética de la novela. Traducción de Helena S. Kriúkova y Vicente
Cazcarra. Madrid, Taurus, 1989, p. 80.
17
Barbara Hardy. "Towards a Poetics of Fiction - 3) An Approach through Narrative", en Novel
2, otoño 1968, p. 7.
244
y los cambios en el orden temporal. No hay relato sin narrador.18
medida en que toda jerarquización, toda organización implica una valorización del
en la cual la ficción "crece por la evaluación tácita que el autor hace del testimonio de
cada testigo"19.
obra según su voluntad. Con ellos nos proporciona o nos oculta información según sus
lector juegan a los detectives, y sólo el primero tiene la previa ventaja de quien se
signos manejados por la lógica estipulada por aquél. Cada una de las voces, cada
hablante, entonces, deja de ser -nunca lo ha sido- un núcleo emisor espontáneo, para
asumir su única realidad posible: la de ser una entidad inventada por el narrador, el
18
Tzvetan Todorov. "El análisis del texto literario", en ¿Qué es el estructuralismo? Poética.
Traducción de Ricardo Pochtar. Buenos Aires, Losada, 1975, p. 75.
19
Juan Carlos Merlo. "Introducción a la lectura de Rosaura a las diez", en Marco Denevi, Obras
Completas, t. 1. Buenos Aires, Corregidor, 1988 (2a. ed.), p. 16.
20
René Jara y Fernando Moreno. Anatomía de la novela. Valparaíso, Ediciones Universitarias,
244
considerar una muy gradual forma de dosificación, juega un rol vital el paratexto
(tanto el título de la novela como los de los capítulos), que establece una oscilación
creer -que es, provisionalmente y a favor de la trama, lo que se desea que crea-.
mismo en el texto22 se hace evidente desde la primera página, en la cual se nos refiere
que no se nos habla del presente, sino de un pasado a partir de un momento que se
policial.
Los relatos de los personajes, en general, aluden a un lapso incluido en los "doce
años" de la historia que cuenta Milagros, al inicio de los cuales ésta refiere la situación
de "las Europas en guerra" (12). Cuanto se cuenta en los distintos testimonios es, si
desde la base temporal que muestra el texto en sus dos niveles -el de la historia y el
del relato- lo que Genette denomina una anacronía narrativa, entendiendo por tal
244
toda discordancia entre el orden de la historia y el del relato 23. Existe además una
estos dos hablantes hay diferencias cuantitativas en términos de tiempo, ya que según
se nos hace saber Réguel sólo tiene dos años en La Madrileña. La novela se sostiene
ficción de base24.
de Milagros y del mismo Canegato se registra lo que llama Genette analepsis interna
cual. En la declaración de Milagros ésta nos hace conocer su adicción juvenil a los
la invención-.
personaje que habla del pasado se construye así desde la voz que refiere un ayer como
constituyen, por supuesto, bloques informativos que han sido retenidos por la
disposición sintagmática aparente que existe en todo texto propicia no sólo la elección
autoriza el código de focalización que rige el conjunto" 25. En Rosaura a las diez es
"Rosaura" hasta bien avanzado el relato -más bien, hasta concluido el relato de
Milagros-, pese a que tal crimen es, supuestamente, el eje del procedimiento
indagatorio. Por otra parte, hay en los discursos de los personajes y en sus miradas
consideración del lector. David Réguel, por ejemplo, pretende conocer, desde su
posición, lo que "Rosaura" -una Rosaura que él cree cierta- y Camilo piensan y
sienten. En esta percepción se nos ofrece una plusvalía de sentido que, como lectores,
su lectura, dados los datos que poseemos y el "código de focalización" que impera en
prioridades que parece pasar por alto cierta información que no por ello es menos
tiene oportunidad de observar al Turco Estropeado. Tal vez sus citas, su parrafada sin
Réguel también ve a "un muchacho alto y flaco, vestido con una camisa amarilla"
que le causa gracia porque "tenía voz de mujer". La aparente gratuidad de estas dos
"psicoanálisis" de Réguel. También Canegato dice haber visto al dueño del hotel, "con
la cara cosida como un trapo", quien miraba con insistencia la cédula de "Rosaura"
(151), y al "muchacho alto, vestido con una camisa amarilla" (153). Será la aparición
del narrador omnisciente (162) la que señale a estos dos individuos como culpables
Correa, quien nunca ha visto al Turco) la que explique el porqué del crimen. Hasta el
estos dos personajes: en la carta de María se unen la incontrolable risa de Réguel ante
tal Ministro, un invertido asqueroso". El lector podría decir, como refiere Camilo al
hablar de éste (que no es otro que Alicio Pereyra), "yo no lo conocía, y no sabía quién
era, yo no me fijaba en él" (153, itálicas nuestras). No en balde se nos ha puesto sobre
aviso, mediante David Réguel: "Un acto, aunque aisladamente considerado parezca
arbitrario, ilógico, paradojal, en rigor es lo que tiene que ser dentro de la cadena de la
244
Causación del universo del texto, provocada sobre una historia donde en mucho
parece haber jugado lo casual. Relato tejido en pistas veladas sobre una historia que
disposición literaria.
244
Cuando Denevi confiesa haber adoptado la estructura policial 27, ésa en la cual el
crimen ya ha sido cometido cuando se nos comienza a narrar, esa historia escrita al
las diez se hace posible por el procedimiento organizativo: en una historia lineal sólo
elaboración, exhibiendo ante el lector, en las pistas que éste puede retrotraer a su
que son una en su oposición temporal: ¿qué pasó -en la fábula-? y ¿qué pasará -en el
autocontrucción: "en Rosaura a las diez (...) todo este enmarañamiento narrativo es
algo más que un recurso novelístico para desenvolver la trama; forma la esencia
244
misma de la obra"30.
Así, cuando la fábula de Réguel nos cuenta que en un momento dado Camilo
"seductor de alcoba" (102)- que esto seguramente se debe a que Rosaura conoce la
siuzhet novelesco ha dispuesto esta situación -que coincide con la fábula del texto-
aporta, entonces, los cabos a atar, la posibilidad de que el lector atisbe a María Correa.
Cabos que suelen estar más o menos encubiertos, más o menos alejados unos de otros:
piénsese que María Correa es la sobrina de la "mujeruca que le planchaba los cuellos
"mujeruca" que sólo podemos asociar con Rosa Chinca en el penúltimo párrafo de la
restaurador de cuadros.
escena del siuzhet: ciertos "datos", como los señalados arriba, que parecen escapar
el personaje, sino el discurso"31, "el personaje y el discurso son cómplices el uno del
244
C. Novela en fuga
diez, nos remite entonces a una forma musical asociable al concepto de la elaboración
para la identificación de sus estructuras con la fuga: Los monederos falsos, de André
sobre sí misma:
... si no consigo escribir ese libro es que la historia del libro me habrá
interesado más que el propio libro, que habrá ocupado su puesto; y será
244
mejor.37
las diez38. Esta "novela en cuatro novelas" ha sido vista como "narración
244
novela ejemplar del espíritu de la década por sus perfiles humanos y el trazado
244
lograda por las voces en novelas como ésta y como Rosaura a las diez recuerda en
turno, cada una de ellas atrae la atención; el texto está organizado precisamente para
que así sea, para que presenciemos cada discurso como hilo constructivo de su
Al relacionar la fuga con cuatro personajes que expresan distintos puntos de vista,
Juan Bautista Plaza señala con acierto cómo la relativización de las voces afecta la
en el que el procedimiento es la novela misma. Del mismo modo, para continuar con
el respaldo de nuestra comparación, cabe indicar que "hay musicólogos que niegan la
validez de describir la fuga como una forma musical, prefiriendo hablar del
244
asociar con las funciones de Milagros y Réguel en la exposición fugal de las voces de
la novela. Luego tendríamos una sección media en la cual "se introducen uno o más
244
este tramo "es frecuente el uso de pausas o silencios (...) con el propósito de que
244
cuando aparezca nuevamente el tema, adquiera más relieve e interés" 48; podríamos
inexistencia de Rosaura, como pausa temática que contrasta con los parlamentos
previos (que dan por sentado su realidad), lo cual renueva el interés al variar la
incógnita del crimen (recuérdense, además, los silencios de Camilo a medida que
sección final de la fuga es el retorno a esta tonalidad, a este ámbito donde -si bien ya
se sospecha algo extraño- la asesinada, para la voz entrante -Eufrasia-, sigue siendo,
de uno u otro modo, Rosaura. Parte de esta sección también serían la descripción de la
en la fuga; pero si bien no podemos decir que esto suceda en un sentido estricto en el
texto, sí podemos, en cambio, afirmar que entra con toda su fuerza la entidad que se
oculta bajo la máscara de todas las voces de la novela: el narrador, la autoridad que ha
relaciones del siuzhet. No entran, bajo sus "rostros", Milagros, David, Camilo y
Eufrasia, pero, como se nos viene anunciando desde el momento en que la declaración
original de todas las otras. ¿No representa esto, de alguna manera, la entrada de las
sucede cuando esa voz hasta entonces no muy identificada para el lector dictamina
que una carta que éste aún no conoce resuelve el caso condenando a dos individuos a
los que apenas hemos prestado atención y explica el viaje de la mucama (a quien
tampoco hemos mirado demasiado en la lectura) en busca de una tal Rosa Chinca a la
que tampoco conocemos. Ciertamente, este fragmento de Rosaura a las diez está
él.
de "floreo" final que es el texto escrito por María Correa, esa coda que remata el tema
con su respuesta, explicación y el "Y aquí comiensa (sic), tía, lo que deseaba contarle"
(167).
Hay además un recurso musical de interés en la fuga que se presenta como muy a
superiores que llevan el canto, una serie de disonancias que, de hecho, no interfieren
de Rosaura a las diez una "figura pedal" permanente sobre la cual las distintas
visiones progresan, figura que no percibimos dado su bajo "timbre" y que asimismo
no corresponde al canto que, en las tres primeras cuartas partes de la novela, a cargo
de Milagros y Réguel, insiste en decirnos que Rosaura es una persona. Esta figura
no sea la Rosaura de las cartas de Camilo: Milagros refiere que sus amores son "como
"Yo, que la conocí algo a Rosaura -porque de ella se trata-" (49); refiere además que
Hernández y Eufrasia dicen que Camilo y Rosaura son hipócritas (37); por otra parte,
dice a Réguel: "Si todo lo que iba a contarnos es que creyó ver a una persona que se
parecía más o menos a Rosaura ..." (73, itálicas nuestras), y observa: "Quizá bastaba
que Rosaura fuese Rosaura" (72). Además, anuncia a Camilo que ha llegado a la
cuarto el retrato al óleo, y hasta las cartas que le había escrito a Camilo" (86); que las
como a un maniquí (87); "Rosaura" pregunta asimismo a Réguel: "¿Qué les contó
Rosaura de Camilo (159), y la oye decir "rompistes" (160). Detalles como éstos,
244
diseminados por toda la novela, hacen las veces de la voz de un "bajo" que sostiene,
suministrada.
No es gratuito, entonces, que se haya dicho que en Rosaura a las diez existe "una
244
Ni es casual que el propio Denevi -quien además, es músico- manifieste un interés por
las formas de lo que "huye": agrupados bajo el título "El arte de la fuga" aparecen
244
en 1980 tres relatos de sus "Siete extrañas desapariciones" 53. Sumemos a esto
que Camilo Canegato nos es descrito por Réguel como "amante de Bach" (103), que
afirma "Me hubiera gustado aprender música" (138), y que en el último párrafo de su
conversación con Baigorri pronuncia un deseo que parece ser el del propio texto en su
elusividad constante: "Yo sólo quería huir, huir" (153). Huida que se verifica en la
paralelas en un punto ficticio de confluencia que nunca tiene lugar: un punto de fuga.
texto mismo se nos muestra como un mecanismo del pensar, como una constante
construcción que se reafirma, se refuta, se retoma, juega con la analogía y contiene los
con la observación de que "Tenía una actitud un poco forzada, como si se hubiera
La lógica del organizador ha dispuesto los elementos en una sintaxis que favorece
la lectura fugal -nótese que Menuhin emplea la palabra "expediente", muy a propósito
hacemos deducciones. El dinamismo constructivo de la fuga -ése que hace sentir que
que dispone del texto, una mecánica autoconsciente. Novela y fuga saben de su propia
acontecimiento en cuanto historia, sino en tanto que organización. Por otro lado, la
particular, con la visible idiosincrasia de las voces que tejen la trama de Rosaura a las
diez:
A esta estructura se acoge Denevi, y hace uso de su complicidad con una versión
composición: no olvidemos que la fuga guarda estrecha relación con los conceptos
del canon y del tema con variaciones, y surge del "ricercar, cuyo título sugiere
244
`indagación'"58. Por estas razones, tanto "al escuchar una fuga" como al leer una
244
La obra polifónica, dialógica, alberga así una tensión interior: Rosaura a las diez
pone en tensión sus contenidos adjudicándoles personajes que, con sus voces,
caractérise les pices, c'est (...) la non-coincidence des figures et des découpes" 62.
sintagma y en las connotaciones a las que éste remite, nuevos datos, nuevas pistas
244
para trazar "la aventura de una escritura" antes que "la escritura de una aventura" 63.
Rosaura a las diez está organizada para tal fin: En su estructura puede verse -porque,
obra literaria, como tampoco es casual que esto lo afirme el autor de Del asesinato
unos a otros con sarcasmo; cada cual cree en su visión; el texto se edifica al revés,
por el restaurador de cuadros a sus lectores-. Un inspector que hacía las veces de
de lado y manifiesta saber más; luego nos cede el "privilegio" de saber más que los
personajes, aun cuando se hace evidente que los personajes, en las organizaciones de
sus respectivos discursos, son sus absolutos cómplices. Todo el juego irónico-
compositivo va dirigido a ese lector que ha entrado a la novela a buscar una historia y
historia, una fábula alrededor de una mujer que llega a las diez, y nos encontramos
1973, p. 17.
21
Ricardo Gullón. Psicologías del autor y lógicas del personaje. Madrid, Taurus, 1979., p. 18.
22 22
Cf. Julia Kristeva. El texto de la novela. Traducción de Jordi Llovet. Barcelona, Lumen,
1974, pp. 249-250, y Gérard Genette, Figuras III. Traducción de Carlos Manzano. Barcelona,
Lumen, 1989, p. 89. Éste último se refiere al "tiempo del significado y tiempo del significante".
23
G. Genette, Op. cit., p. 91 y ss.
24
El manejo del tiempo en las narraciones enmarcadas suele tener carácter metaficcional en la
medida en que el tiempo "existente" en la ficción es el de la actualización del parlamento del
personaje-narrador, y todo aquello que se cuenta en su interior es, en efecto, un relato dentro de
otro. La acción de la ficción en estos casos es la del ejercicio del contar, siendo lo contado parte
de un tiempo no "existente" en el tiempo del texto global. A esto puede aplicarse la reflexión de
San Agustín: "... pienso que no se habla con propiedad cuando se dice que los tiempos son tres,
pasado, presente y futuro. Más exacto me parece hablar de un presente de lo pretérito, un
presente de lo presente y de un presente de lo futuro; porque estas tres modalidades las encuentro
en mi mente pero en otras partes no las veo", en Confesiones. Traducción de Antonio Brambila
Z. Caracas, Ediciones Paulinas, 1986, p. 406. El tiempo narrado por los personajes es entonces
parte de la acción intelectual planteada por la metaficción.
25
Ibídem, p. 249.
26
Véase Boris Tomachevsky. Teoría de la literatura. Traducción de Marcial Suárez. Madrid,
Akal, 1982, p. 182 y ss. René Jara y Fernando Moreno prefieren la terminología de historia y
disposición. Véase Op. cit., p. 35.
27
Véase "Interrogatorio 1o. - Cuatro preguntas a Jorge Luis Borges, Marco Denevi y Augusto
Roa Bastos", en Jorge Lafforgue y Jorge Rivera, Asesinos de papel. Buenos Aires, Calicanto,
1977, p. 56.
28
Estamos de acuerdo con Ivonne Revel Grove cuando señala que "la relatividad de la realidad
en esta novela está presentada principalmente a través de la estructura de la obra", en La
realidad calidoscópica de la obra de Marco Denevi. México, B. Costa-Amic, 1974, p. 47.
29
Laraine R. House. Myth in the work of Marco Denevi. Tesis doctoral inédita. Universidad de
Maryland, 1977, p. 92.
30
Myron I. Lichtblau. "Forma y estructura en algunas novelas argentinas contemporáneas", en
Humanitas, IV. Monterrey, Universidad de Nuevo León, 1963, p. 291.
31
Roland Barthes. S/Z. Traducción de Nicolás Rosa. México, Siglo XXI, 1987 (4a. ed.), p. 13.
32
Ibídem, p. 150.
33
Emil Volek. Metaestructuralismo. Madrid, Fundamentos, 1985, p. 119.
34
Margaret MacDonald. "The Language of Fiction", en James L. Calderwood y Harold E.
Toliver (eds.). Perspectives on Fiction. New York, Oxford University Press, 1968, p. 66.
35
Véase Problemas de la poética de Dostoievski. Traducción de Tatiana Bubnova. México,
Fondo de Cultura Económica, 1988 (reimp.), p. 101.
224
IDONEIDAD Y METALECTURA
A. En busca de un lector
36
R. Bourneuf y R. Ouellet refieren que, en su estudio sobre Los monederos falsos ("cuya
composición Michaud ve semejante a la de una fuga"), Guy Michaud "muestra con gráficas, por
una parte, el desarrollo de los temas, respuestas y contratemas en toda la narración; por otra
parte, los acuerdos y discordancias que se establecen entre los diferentes elementos en el marco
de un capítulo. Las relaciones entre las partes y el todo de la narración aparecen así, visualmente,
como una partitura musical". En La novela. Traducción y notas de Enric Sull. Barcelona, Ariel,
1975, p. 65.
37
André Gide. Los monederos falsos. Traducción de Julio Gómez de la Serna. Barcelona, Seix
Barral, 1975 (2a. ed.), p. 194.
38
Cristina Piña observa: "la coincidencia temporal de Rosaura ... y El Cuarteto ... (...) no sólo
invalida considerar a cualquiera de ellas como antecedente de la otra, sino que revela que ambas
surgen de una inquietud latente en el momento, acerca de la relatividad en la captación humana
de lo real". "Marco Denevi: la soledad y sus disfraces", en VVAA. Ensayos de crítica literaria.
Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1983, p. 401.
39
Mario Praz. Mnemosina. Paralelo entre la literatura y las artes visuales. Traducción de Ma.
Raquel Bengolea. Caracas, Monte Ávila, 1976, pp. 173-174.
40
Mariano Baquero Goyanes. Op. cit., p. 96.
41
Véase Personne et personnage. París, Klincksieck, 1971 (2a. ed.), pp. 452-453.
42
Cristina Piña, Op. cit., pp. 400-401.
43
Lawrence Durrell, "Nota" a Balthazar. Traducción de Aurora Bernárdez. Buenos Aires,
Sudamericana, 1986 (10. ed.), p. 9.
44
Juan Bautista Plaza. El lenguaje de la música. Caracas, Dirección de Cultura U.C.V., 1985
(2a. ed.), p. 176.
45
Ibídem, p. 177.
46
Otto Károlyi. Introducción a la música. Traducción de Cristina Paniagua. Madrid, Alianza,
1979 (2a. ed.), p. 113.
47
Ibídem, p. 115.
48
Ibídem.
49
Ibídem, p. 116.
50
Ibídem.
51
Ibídem.
52
Juan Carlos Merlo, Op. cit., p. 29.
53
"El arte de la fuga" incluye: "Gayoldo Costume, o La confusión de los planos"; "Críspulo
Varriobiejo, o La fatídica pausa", y "Gurmelina Azcárate, o Los peligros del fanatismo". LA
NACIÓN, Buenos Aires 28-9-80, sección 4a. p. 1. "Siete extrañas desapariciones" es parte del
volumen Araminta o el poder (véase la nota 10 a este mismo capítulo).
54
Yehudi Menuhin y Curtis W. Davis. La música del hombre. Fondo Educativo
Interamericano. U.S.A., 1981, p. 2.
225
en una situación reconstructiva y de indagación que el lector realizará a solas con el texto literario.
El concepto de la lectura como acto-espejo donde el que lee rehace las imágenes que estimularon
desaparecido; antes bien, ha volcado su centro de interés hacia el texto mismo. La literatura ha visto
ampliado "the meaning of novelistic mimesis to include process as well as product" 67, con lo cual se
acto lúdicro de la re-composición. El universo referencial pasa así a ser un ámbito donde
su proceso compositivo: además de la historia, de lo ficticio, funda una exigente alianza al insertar
en sí una presentación metáforo/metonímica del acto creador, al portar un abyme que reproduce y
refleja la situación creadora y la situación receptora con sus distintos matices de ejercicios solitarios.
55
Ibídem, p. 132.
56
Juan Bautista Plaza, Op. cit., pp. 178-179.
57
Yehudi Menuhin y Curtis W. Davis, Op. cit., p. 132.
58
Douglas Moore. Guía de los estilos musicales. Traducción de José Ma. Martín Triana.
Madrid, Taurus, 1981, p. 44.
59
Juan Bautista Plaza, Op. cit., p. 176.
60
De la obra dialógica dice David Hayman que es "característicamente reacia a la solución
como a un expediente inadecuado e inexpresivo". "Más allá de Bajtín: hacia una mecánica de la
farsa". Traducción de Gonzalo Díaz-Migoyo. En Humor, ironía, parodia. Revista Espiral No. 7.
Madrid, Fundamentos, 1980, p. 73.
61
Segundo Serrano Poncela. Formas simbólicas de la imaginación. Caracas, Equinoccio, 1974,
p. 220.
62
Lucien Dllenbach. Le récit spéculaire. París, Éditions du Seuil, 1977, p. 198.
63
La reflexión de la "aventura de una escritura" es de Jean Ricardou. Citado por Bourneuf y
Ouellet en Op. cit., p. 241.
64
Emil Volek, Op. cit., pp. 112-113.
65
Thomas de Quincey. "Los golpes a la puerta en Macbeth", apéndice a Del asesinato
considerado como una de las bellas artes. Traducción de Luis Loayza. Barcelona, Barral, 1974,
p. 136.
66
Douglas Bohórquez, Op. cit., p. 191.
67
Linda Hutcheon. Narcissistic Narrative. The Metafictional Paradox. Londres, Methuen,
1984, p. 25.
226
Entonces la novela nos cuenta una historia que se convierte en realidad en la medida en que,
Historia que, en su evidencia, parece pretender escabullirse a los ojos lectores. Rosaura a
las diez se disfraza de relato policial, simultáneamente encubriendo y exhibiendo con ello su
mímesis de procedimiento. El siuzhet no sólo arma la fábula, sino que además refiere su propia
configuración, dejando claros sus objetivos de mostrar para ocultar, y viceversa. Y todo este
tramado tiene un destino, apunta a un lector capaz de rastrear la referencia del texto no ya en el
universo extratextual sino en la finitud abierta de la obra: "El mejor lector", según Denevi, "es aquel
que sabe que todo cuanto lee es un palimpsesto y descubre, bajo la copia visible, el original
invisible"68. La experiencia más o menos denotativa del proceso policial, los interrogatorios y la
identificación del auténtico cadáver y los auténticos asesinos en una visión referencial podía haber
obedecido a estructuras superficiales diversas; por eso, se hace evidente que en la composición de
Rosaura a las diez hay otras intenciones que trasponen el marco definido por el hecho de contar
una anécdota, y el lector mismo se da cuenta de que lo que se le está narrando no es precisamente la
historia de lo que los declarantes vieron, sino la de lo que dejaron de ver. Partitura de voces varias y
desapercibidas:
From point to point we follow the writer, always looking back to the
subject itself in order to understand the logic of the course he pursues. We find that
we are creating a design, large or small, simple or intricate, as the chapter finished is
fitted into its place; or again (...) the author takes a turn that appears to contradict or to
disregard the subject, and the critical question, strictly so called, begins. Is this
proceeding of the author the right one (...)? The hours of
the author's labour are lived again by the reader, the pleasure of creation is
renewed.
So it goes, til the book is ended and we look back at the whole design.69
68
Citado por Cristina Piña en "Marco Denevi: la soledad y sus disfraces". VVAA. Ensayos de crítica
literaria. Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1983, p. 311.
69
Percy Lubbock. The Craft of Fiction. N.Y., The Viking Press, 1966 (6a. reimp.), pp. 23-24.
227
Rosaura a las diez es construida a medida que avanza la lectura y propone retrocesos en lo
leído, revisiones del equívoco elaborado en la dispositio policial. Como procedimiento para la
organización del texto, a cargo de -como diría Borges- un embaucador, va guiando al lector a darse
Réguel también, Camilo lo demuestra mas no posee la solución al enigma del crimen, Eufrasia
aporta una visión hipercrítica que apunta a la ceguera de los otros -pero tampoco resuelve el
misterio-y Elsa encuentra una carta que sólo al final podemos leer y que refuerza los equívocos
previos como tales, el embaucador ha estado colocando a los lectores en estos puntos de vista
sucesivos con alguna finalidad determinada. No se trata de contar una historia errática, sino de
edificar el constructo de una anécdota que es externa al texto de manera tal que el público perciba
esta condición:
se "oculta" en la organización del siuzhet y se reactiva como esta expectación de coherencia que la
mundo, la novela que lee se convierte en un lugar en que se puede `desconstruir', exponer e
impugnar los modelos de inteligibilidad"71. El universo referencial que el lector debe reconocer,
entonces, es el de la construcción misma más allá de la anécdota ficcional, y para que pueda hacerlo
70
Emil Volek. Metaestructuralismo. Madrid, Fundamentos, 1985, pp. 154-155.
71
Jonathan Culler. La poética estructuralista. Traducción de Carlos Manzano. Barcelona, Anagrama, 1978,
p. 271.
228
romántica del personaje inventado -doble: de Camilo a los personajes y de éstos al lector- oscila
misterio -¿quién es la "Rosaura" de carne y hueso y quién la ha asesinado?- hace que la lectura
vaya desconstruyendo las apariencias de una historia de amor, las de la investigación policial -en la
medida en que la que conocemos como asesinada no existe- y las del personaje inventado por el
puro placer de ficcionalizar una supuesta autonomía. Tales mecanismos, en un siuzhet que se
construye en su propio derrumbamiento, trazan el texto como intensidad autoconsciente que apunta
metalectora, a una relectura -bien en sentido estricto, bien en analepsis receptora, en juego de la
memoria- en la que la construcción de los personajes se nos revela en una insistencia autoconsciente
que no podemos eludir. Ya conocemos la historia y esto no cumple totalmente con las expectativas
de aquello que en el texto permanece abierto: los personajes no abordan nunca la "verdad" y Camilo
no consuma sus amores con Matilde: todo está dado para que así sea, pero la composición equívoca
nos hace perder la seguridad de todo cuanto no exista en el texto. Efecto en el cual la ficción
reflexiona sobre sí misma e induce al lector a hacer otro tanto, a comprender que el texto alude
continuamente a sí y que cuanto existe ficcionalmente es en la medida en que está en la obra como
estado de cuestionamiento establece una resistencia al acto lector convencional, una llamada de
atención hacia texturas que no son referenciales en el sentido tradicional. Al tiempo que la narración
72
Linda Hutcheon, Op. cit., p. 7.
229
participación que se nos exige para reconstruir algo que se nos confiesa plenamente ficticio y
si el narrador "produce por sí mismo los efectos que enuncia" y, en su exigencia, produce al lector,
somos personajes que nos dedicamos a leer a Rosaura tanto como Réguel o Milagros. Ingresamos a
la ficción en nuestra indagación sobre la historia y nos vemos envueltos por la seducción del
Esto otorga al texto distintos niveles de profundidad posible: hay quienes prefieren quedarse
en el estrato de la narración policial; pero para un lector crítico es difícil no sondear en la propuesta
ambivalente y especular del personaje creado por otro y de su "recepción interior" por parte de los
demás. Esta sensación de relieve, de espacio en el cual podemos ingresar y del cual podemos
rodearnos, otorga tridimensionalidad a la novela. Y, tal como afirma Maurois, "in a (...) well-
constructed work of fiction, the world presented will be three-dimensional only if it circles round
the reader as well as round the hero"74. En Rosaura a las diez, los "espacios relatados" se
como espacio de la ficción básica sólo cuando Baigorri va a buscar la carta que retiene Elsa Gatica-,
y los espacios referidos en las narraciones enmarcadas son la misma pensión, las calles vecinas al
hotel La Media Luna, éste, el trayecto hacia Belgrano, la casa, las calles de Buenos Aires, el taller
de Camilo y los lugares sórdidos descritos por María Correa. Todos estos lugares son detallados en
la conciencia de que son espacios narrados por los personajes, no espacios en los que se mueve el
texto primero. Esto proporciona al texto otro nivel de sensación espacial: un nivel atmosférico
73
Gérard Genette. Figuras III. Traducción de Carlos Manzano. Barcelona, Lumen, 1989, p. 291.
74
André Maurois. "The writer's craft", en The Art of Writing. Traducción de Gerard Hopkins. N.Y., E.P.
Dutton & co., 1962, p. 29.
230
policial, personaje doblemente ficticio) que se apodera del lector y lo rodea, haciendo de él otro
Según Julia Kristeva, las operaciones de la novela han de tener lugar, precisamente, en tres
textos externos. Dadas estas tres dimensiones, el estatuto del enunciado estético se define sobre un
eje horizontal y uno vertical, de acuerdo con lo cual el primero sería el determinado por su
del enunciado "hacia el corpus literario anterior o sincrónico"75. Diremos entonces que en la medida
en que los enunciados del texto novelesco presenten un mayor nivel de conciencia con respecto a
este corpus literario, es decir, el universo hipotextual o intertextual al cual se debe y al que imita,
deforma, cita, ironiza o reivindica, se establecerá una mayor sensación de profundidad, ya que el
orbe seleccionado para el eje vertical representará una exigencia de participación lectora. La
Porque todo lector va construyendo a Rosaura según los ojos de los otros, y todo lector puede seguir
sino también de auténtico proceso reescritural. Y conste que no nos referimos a la perspectiva
ideal", puesto que el primero -si intenta ser objetivo- haría una lectura analítica que abarcaría el
acercamiento estilístico/connotativo más completo posible, sin ofrecerse a sí mismo garantía alguna
An ideal reader would have to have an identical code to that of the author;
authors, however, generally recodify prevailing codes in their texts, and so the ideal
reader would also have to share the intentions underlying this process. And if this
were possible, communication would then be quite superfluous, for one only
communicates that which is not already shared by sender and receiver.77
La exhaustividad imposible de tal lector ideal traería como resultado el agotamiento total del
texto ("which would itself be ruinous for literature" 78). Por ende, el lector deseable sería aquél que
fuese capaz de trascender los niveles más simples de la decodificación y procediese a sacar
del código y de las connotaciones y sugerencias que el sistema de la obra inyecta en él. La lectura
en profundidad sería así una lectura sobre la lectura, una superposición de las posibilidades del eje
vertical del intertexto y la competencia cultural en el eje del mensaje linealmente recibido. Una
visión que percibiese en Rosaura a las diez el espíritu de la obra abierta por naturaleza, sustentada
en la isotopía global de la pesquisa80 como sustrato de coherencia no evidente en los lexemas, mas sí
de Camilo; la de verdad, en los declarantes; la de sí misma como constructo, de la novela 81. Novela
El lector tiene que meterse en la historia, tiene que participar, como se dice
ahora, y nunca estará seguro de nada, salvo de los hechos primarios. Pero ¿qué
significan los hechos en su crudeza total, en su desnudez? Nada. Son simples gestos
que es preciso traducir, descifrar, darles sentido.82
Así "el lector, reflejo de un reflejo, se convierte en emisor de signos"83, re-escritor de la obra
y participante en tanto que se integra a una situación de búsqueda que ocupa a todos los personajes.
Del mismo modo en que los receptores internos de los signos de Rosaura emiten signos adjudicando
emite sus signos, halla los sentidos de la obra mediante su aporte de significados del significado,
B. El texto escribible
de Rosaura a las diez
En la medida en que un texto novelesco suelte anzuelos que muevan a la búsqueda y haga
uso de la profundidad de sus signos como partes de un universo cultural más amplio que el de la
competencia puramente lingüísca para que el lector les otorgue su dimensionalidad, este texto será,
el momento en que exige la presencia del lector y lo refleja en esos individuos ficticios que realizan
sus lecturas, con lo cual demanda del receptor externo la entrada cabal al texto, la lectura de las
lecturas de los personajes. La imbricación y la concatenación de las lecturas que el receptor debe
correlación de sus elementos irá "produciendo desconcierto en el habitual lector que saltea páginas y
"pueden contarse tantas Rosauras aparentes como personajes y lectores" 85, o, más bien, como
metalecturas de los lectores sobre la percepción de los personajes de la novela y sus propias
percepciones iniciales. Pensemos, como ejemplo, que nada más en la "Declaración de Milagros
Ramoneda" tenemos: su percepción de Rosaura a través de las cartas; la que se obtiene a través del
conocimiento de la "falsa" Rosaura; las de la Rosaura escrita que Milagros mediatiza y proceden de
otros personajes; las de la Rosaura "de carne y hueso" de esos personajes, igualmente mediatizadas
por Milagros (en estos dos últimos casos tenemos ya una metalectura dentro de la obra); la que el
lector elabora a partir de Milagros y las que traza desde la perspectiva de cada uno de los personajes
por ella mediatizados. Otro tanto sucederá al leer la descripción de Réguel, donde, además, la
significancia de juicios de valor opuestos a los expresados por Milagros proporcionará al lector la
de lo visible -puesto que, como ya hemos visto, hay "tachas" o "pistas de tachas" y contraposiciones
además, nos convierte en lectores autoconscientes en la medida en que al llegar a este punto
sabemos que debemos reformular las lecturas y metalecturas realizadas en las páginas precedentes
para reestructurar nuestra información con el fin de prepararnos para lo que sigue. Y un texto que
84
Alfonso Calderón, refiriéndose a Rosaura a las diez en su reseña sobre Falsificaciones, de Marco Denevi.
En: Atenea, año XLIII, t. CLXIV No. 414. Chile, Universidad de Concepción, 1966, p. 279.
85
Martín Alberto Noel. "La madurez narrativa", en LA NACION. Buenos Aires, 9-11-80, sección 4a, p. 7.
234
produce todo esto es forzosamente un tejido que habla de sí mismo y de su construcción, que traza
sobre sus pasos una teoría de la invención y de la composición narrativa -y de los personajes-. La
percepción de la existencia de un abyme donde se reproduce una situación creadora que apela a una
competencia cultural romántica implica asimismo que esta situación sea no sólo leída con la
ella hacen los personajes de la novela. Y desde el momento en que sabemos que los personajes
pertenecen a la ficción, percibimos igualmente que todo esto se desarrolla en un texto que está
consciente de los efectos que produce y/o puede producir, un texto signado por la fusión
metaléptica.
lectura fundada en la apertura connotativa que tal referencia cultural, invocada por los rasgos que
Camilo pone en Rosaura, origina en los demás personajes de la novela y traslada al lector. El
sustrato de la estructura policial da a la obra, igualmente, una dimensionalidad que acoge al receptor
y lo invita a jugar con el esqueleto que la ficción ha adoptado para parodiar y trascender86. Simulada
como novela policial, Rosaura a las diez provoca, con su juego informativo, que el lector aporte la
lector quien puede deducir que no se trata de un texto policial convencional, que la muerte de
Rosaura es una ficción dentro de la ficción y que la de María es un pre-texto que propicia el armado
de la novela. El que había sido, junto a Milagros y David Réguel, lector de "Rosaura", comienza, al
saberla falsa, a buscar la metalectura, la significancia decodificable más allá del acto de percibir la
procesado, dotándolo de otra dimensión: ya los testimonios de Milagros y Réguel no son los tales
que parecen a primera vista: ahora el lector puede reubicarlos en su propia perspectiva y
desenmascarados. En efecto,
86
"Our comment on metafiction can be restricted to the observation that its narrator acts as a player in the
game of story telling, inviting the reader to join him as partner". Horst Ruthrof, The reader's construction of
narrative. Londres, Routledge & Kegan Paul Ltd., 1981, p. 132.
235
... the written text imposes certain limits on its unwritten implications in
order to prevent these from becoming too blurred and hazy, but at the same time these
implications, worked out by the reader's imagination, set the given situation against a
background which endows it with far greater significance than it might have seemed
to possess on its own.87
También el universo hipotextual relacionado con el motivo del personaje autónomo exige la
participación del lector: si tal universo figura como parte de su competencia, realizará una
apuntan a la facultad lectora, según los cuales trazará una serie hipotética de probabilidades en su
imaginación, abiertas y sin embargo circunscritas al ámbito definido por el (los) hipotexto(s).
Porque, ciertamente, "la comprensión del texto se basa en una dialéctica de aceptación y rechazo de
los códigos del emisor y de propuesta y control de los códigos del destinatario"88, donde éste
propone -se propone, reflexivamente- sus códigos orientados a dicha comprensión y juega a
insertarlos en el texto mientras éste último, en los criterios de finitud determinados por el
En el aspecto estructural, volviendo al uso del procedimiento policial, cabe señalar que para
este género "el objeto principal es el lector" 89, el cual es invitado a convertirse en una suerte de
espejo de un texto que en su apariencia ostenta todas las claves para la desorientación90. Rosaura a
87
Wolfgang Iser. The Implied Reader. Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1980 (2a. ed. en
rústica), p. 276.
88
Umberto Eco. Tratado de semiótica general. Traducción de Carlos Manzano. Barcelona, Lumen, 1985
(3a. ed.), p. 435.
89
Boileau-Narcejac. La novela policial. Versión castellana de Basilia Papastamatín. Buenos Aires, Paidós,
s.f., p.148. Recuérdese, además, que el género apela a su condición de enigma para constituir un reto al
receptor (son famosos los "desafíos al lector" de Ellery Queen).
90
Richard Alewyn afirma que "Esta desorientación del lector sirve para su perplejidad y con ello para el
aumento de su placer. Pero delata una duda de la índole del mundo (...) y contiene ante todo un juicio
aniquilante sobre la veracidad de la prueba por indicios". "Origen de la novela policiaca", en Problemas y
figuras. Traducción de Juan Alberto del Castillo. Barcelona, Laia, 1982, pp. 213-214.
236
las diez responde a esta característica, puesto que el texto sabe que sólo estará completo con la
Habla del lector que en Rosaura a las diez no sólo se presenta en el acto participativo de la
pesquisa, sino que además se refleja en las distintas voces de la novela, siendo todas, como son,
voces lectoras que emiten sus discursos alrededor de su percepción de la construcción ficcional de
Rosaura. Hablas que el lector hace suyas en la medida en que, mientras se encuentra inmerso en su
recepción, juega desde el punto de vista que la voz de turno representa en tanto que va construyendo
el suyo propio.
solamente ve, sino que supone, deduce, conjetura" 92. Agreguemos que, al menos en el caso de
Rosaura a las diez, el texto autoconsciente se propone a sí mismo como teoría espejeante de la
lectura, e intenta reflejar la conciencia constructiva para que el lector la asuma como conciencia re-
constructiva y entonces vea, suponga, deduzca y conjeture sobre una máquina que ha sido prevista,
su proceso. Paul Ricoeur habla de tres momentos que median entre el autor y el lector -entre la
producción y la recepción del texto-, y los asocia con distintas instancias de la mímesis: mímesis 1
(momento de prefiguración, de precomprensión del acto compositivo/mimético del texto por parte
(refiguración, acto de leer, reconstrucción de la actividad configurativa) 93. Los tres momentos, y no
91
Roland Barthes. S/Z. Traducción de Nicolás Rosa. México, Siglo XXI, 1987 (4a. ed.), p. 127. Cabe
señalar que el propio Denevi afirma que la obra existe a solas con el destinatario, independiente del autor.
Véase "El creador en su noche", discurso de Marco Denevi en la ocasión de su ingreso a la Academia
Argentina de Letras. Boletín de la Academia Argentina de Letras, t. LII Nos. 203-4. Buenos Aires, enero-
junio de 1987, pp. 23-44.
92
Oscar Tacca. Las voces de la novela. Madrid, Gredos, 1978 (2a. ed.), p. 30.
93
Véase Paul Ricoeur, Tiempo y narración I. Configuración del tiempo en el relato histórico. Traducción de
237
siuzhet tienen lugar en virtud de su proyección hacia un lector. En un texto que aspira a mostrarse
como autorreflexivo, todo elemento debe jugar un rol de espejo que, devolviendo su propia imagen,
exija al lector el recorrido de la reconstrucción. De ahí que la parodia y las relaciones hipotextuales
universos textuales precedentes, el ejercicio paródico muestra una de las claves de su proceso
remite al temperamento nostálgico/trágico del folletín -ya ridiculizado por los propios receptores de
el hecho de la existencia de un abyme que el lector observa como la inserción de una invención
dentro de otra y sobre la otra, sino en el montaje hipertextual determinado por la presencia
paródica: leemos en Rosaura a las diez su configuración en los géneros parodiados, mas también
Agustín Neira. Madrid, Cristiandad, 1987, pp. 134 y ss. Una detallada explicación de estos conceptos en
Ricoeur se encontrará también en Daniel F. Chamberlain. Narrative Perspective in Fiction. Toronto,
University of Toronto Press, 1990, p. 53 y ss.
94
Umberto Eco. Apostillas a El nombre de la rosa. Traducción de Ricardo Pochtar. Barcelona, Lumen,
1985 (2a. ed.), p. 53.
238
... What happens when we read parody is that (...) we activate above all the
dynamic interaction between presentational process and presented world. Moreover,
we concretize not only the signified process and world of the parody itself; in a
highly tentative fashion, we also concretize their shadows, process and
world of structure to which the parody is a response.95
La tarea lectora incluye así como parte de su reescritura del texto la concretización de las
sombras del mundo parodiado; esto significa que es indudablemente el lector quien activa las
transtextuales da ciertamente profundidad al texto literario, mas esta profundidad permanece total o
parcialmente oculta en la medida en que será el lector quien la hará surgir. De la competencia del
lector dependerá el grado de profundidad obtenido, y mientras mayor sea éste, mayor será asimismo
personajes. El texto invita: en manos del lector está la posibilidad de aportar el excedente, el
reactivo que el texto demanda, y que no reside simplemente en la existencia del código lingüísco
común. Y así como Milagros aporta su cultura folletinesca y Réguel aporta su abrumador fárrago
Hay sin embargo, y como lo demuestra Rosaura a las diez en el proceso de "recepción" que
dibuja una Rosaura que no obstante "se quebró, se empequeñeció" (83) al hacerse visibles las
95
Horst Ruthrof, Op. cit., p. 155.
96
Dice Barthes: "... dans la communication linguistique, je et tu sont absolument présupposés l'un par
l'autre; de la même fac,on, il ne peut y avoir de récit sans narrateur et sans auditeur (ou lecteur)", en
"Introduction l'analyse structurale des récits". VVAA. Poétique du récit. París, Éditions du Seuil, 1977, p.
38.
97
Umberto Eco. Lector in fabula, pp. 77-78.
239
marcas de los golpes en sus brazos; Réguel, exponente del lector erudito-contaminante, hace
diagnósticos de carácter psicológico que la propia novela hará quedar en ridículo (ha
conoce); sólo Eufrasia y Elsa, la una en su malicia vigilante que la hará escuchar lo que los demás
no escuchan, la otra en su enamoramiento que la inducirá a buscar, a ver lo que los demás no ven
(Milagros llega tarde a la escena de la fuerte discusión entre Camilo y Rosaura, David escucha lo
que quiere escuchar en su percepción viciada por los prejuicios, la propia María lee a Rosaura y
comete el funesto error de identificarse con ella, la carta de María es encontrada por la mucama),
extrañeza, y la carta dirigida a Rosa Chinca, así como precisamente es el lenguaje lo que María
oculta para evitar ser descubierta. Y Elsa Gatica, además, en su particular condición de mucama
-que suponemos dotada del rasgo "sin instrucción"- se nos revela entonces como metáfora del lector
cuya competencia se produce a partir de la invención que observa y en cuya construcción participa,
ya que para el caso del receptor literario "un texto no sólo se apoya sobre una competencia: también
contribuye a producirla"99.
98
El manejo del personaje de Elsa Gatica es de una inteligencia notable. Silenciosa, silenciada y
menospreciada, se convierte en la causalidad de la historia en "la clave del ángulo". "Half the dramatist's art",
afirma Henry James, "as we well know -since if we don't it's not the fault of the proofs that lie scattered about
us- is in the use of ficelles; by which I mean in a deep dissimulation of his dependence on them". "Preface" to
The Ambassadors, en The Art of the Novel. Critical Prefaces. With an introduction by Richard P. Blackmur.
N.Y., Charles Scribner's Sons, p. 322. En su introducción, Blackmur señala, respecto al concepto de ficelle,
que "James so labeled those characters who belong less to the subject than to the treatment of it" (p. xxx).
Todorov agrega que estos personajes "aparecen para asumir una función en el encadenamiento causal de las
acciones", en Ducrot-Todorov. Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje. Traducción de
Enrique Pezzoni. México, Siglo XXI, 1987 (13a. ed.), p. 262.
99
Umberto Eco. Lector in fabula, p. 81.
240
los distintos procedimientos de búsqueda100. Reyes afirmaba que la literatura no admite límites
verse exclusivamente constreñido a éste como objeto experimentado ni contaminado por los azares
o influencias externas del acto de su experimentación. De donde se deduce que el lector deseable -o
modelo102- sería aquél que se hiciera cómplice consciente de esto y admitiese, para su lectura, todo
"ensanche" posible siempre y cuando sea precisamente eso -un ensanche- y mantenga su enlace en
la cadena de las connotaciones que despiertan los significados del texto, sin la intencionalidad de
introducir algo que el texto auténticamente no posee 103, manteniendo su apertura para con lo que lo
esta complicidad estarían determinados los que, de acuerdo con Ricoeur, serían los distintos niveles
de lo leído:
100
"Leer un texto estético significa a un tiempo: (i) hacer INDUCCIONES, es decir, inferir reglas generales
a partir de casos particulares; (ii) hacer DEDUCCIONES, es decir, verificar si lo que se ha afirmado por
hipótesis a determinado nivel determina los niveles posteriores; (iii) hacer ABDUCCIONES, es decir, poner
a prueba nuevos códigos mediante hipótesis interpretativas. Por consiguiente, en él intervienen todas las
modalidades de inferencia". Umberto Eco, Tratado de semiótica general, p. 435.
101
Véase Alfonso Reyes. El deslinde. Obras completas, t. XV. México, Fondo de Cultura Económica, 1980
(reimp.), p. 107.
102
En R. Bourneuf y R. Ouellet, quienes se apoyan en un artículo de G. Prince titulado "Introduction a
l'étude du narrataire" (Poétique 14, 1974), puede encontrarse una breve definición de las distintas nociones de
recepción implicadas en las expectativas de una obra: el narratario como destinatario del relato del narrador,
el lector ficticio como el que aparece en la historia, el ideal, el real, y el virtual, o "aquél que es capaz de leer
la novela". La novela. Trad. Enric Sull. Barcelona, Ariel, 1975, p. 89.
103
Es importante observar que en no pocas oportunidades la obra alberga "secretos" que lo son incluso para
el autor, es decir, que puede constituir, aun sin la propia conciencia de su productor, un universo de
posibilidades autoconscientes "enriquecidas" o "enriquecibles" (ensanchables) en aspectos por él no
sospechados que haya incluido en virtud de su competencia cultural/estética. Tal como señala Reyes, "La
intención de la literatura es inflexible; sus motivos, ilimitados", en Op. cit. p. 107.
104
Horst Ruthrof señala que "at each step of the reading process we pass through noetic as well as noematic
phases", en Op. cit., p. 75.
241
fenómenos del texto estaría dentro del terreno de lo noético, mientras que esta concientización del
texto como globalidad adquiere ya carácter noemático, ligado intrínsecamente con el objeto
experimentado. Por eso el texto de Rosaura a las diez pide continuamente que el receptor apunte a
esa totalidad unitaria de la novela, y ofrece elementos de atractiva captación noética que se
construyen unos con otros hacia la experimentación del noema. De allí que Milagros se dirija a la
figura ausente verbalmente del inspector (¿lector?), a ese "señor mío", diciéndole: "Saque usted de
esto las deducciones y las consecuencias que más le gusten. Yo me reservo las mías (...). Usted me
pide que cuente todo lo que sé, y yo obedezco" (88); precisamente porque el lector bien puede
quedarse con el ámbito referencial, con la suma de las unidades de su experiencia lineal -la historia
insólita de un hombre que cree que una prostituta ha muerto y pinta su rostro atribuyéndoselo a un
personaje inventado para despertar los celos de la mujer amada, y que se ve involucrado en un
crimen porque la tal mujer vivía y fue asesinada en un cuadro que lo acusa como primer
sospechoso-; pero puede asimismo elegir la posibilidad de explicarse el texto y sus razones, con lo
que el contar todo lo que sabe en boca del personaje-narrador Milagros no es sino un contar todo lo
que el organizador quiere que sepa, y abordando la tridimensionalidad a la que remiten las
105
Daniel Frank Chamberlain, Op. cit., p. 53.
242
relaciones transtextuales y los estímulos a la competencia cultural que la novela plantea, dándose
cuenta de: (a) la presencia de la estructura policial como pretexto para el ocultamiento de otra
búsqueda y, especularmente, como armazón idónea para un texto que potencia y multiplica en la
isotopía de la pesquisa las cualidades inherentes a tal estructura; (b) la inserción de Rosaura a las
diez -inserción para la distorsión, para la parodia y trascendencia del hipotexto- en el conjunto de
obras dotadas del motivo del personaje autónomo; (c) la presencia de un abyme, de un núcleo o
enclave en el cual la obra muestra otro proceso de ficción dentro de su ficción, con todo el universo
rechazado y la amada enclaustrada, delicada, que escribe anacrónicas cartas con perfume de
violetas) que los personajes de la ficción de base leen en sus respectivas competencias y el receptor
metalee en la elaboración de su propia comprensión. Con todo esto, queremos señalar que, más allá
... el texto está plagado de espacios en blanco, de intersticios que hay que
rellenar; quien lo emitió preveía que se los rellenaría y los dejó en blanco por dos
razones. Ante todo, porque un texto es un mecanismo perezoso (o económico) que
vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él y sólo en casos de
extrema pedantería, de extrema preocupación didáctica o de extrema represión el
texto se complica con redundancias y especificaciones ulteriores (...). Un texto quiere
que alguien lo ayude a funcionar.106
Por esta razón el diseño de un texto estético contemporáneo como aventura del
potencial aptitud para convocarlas y/o producirlas: Camilo crea a su Rosaura previendo la
legibilidad de sus rasgos para todos los habitantes de La Madrileña, legibilidad que admite diversos
106
Umberto Eco. Lector in fabula, p. 76.
243
niveles. Igualmente la novela prevé el plano referencial del crimen, la casualidad y la investigación
rodeada de personajes con voces claramente diferenciadas como una superficie de lectura, pero
prevé asimismo, como puesta al desnudo de la estructura, la posible percepción de lo policial como
tramoya de una -o más de una- búsqueda en otros estratos ficcionales y, además, la posible
metalectura de las otras isotopías hipotextuales involucradas que sustentan el texto y la ficción
dentro de la ficción (el romanticismo de folletín y la extraña historia de amor, por ejemplo). Este
tránsito entre los distintos niveles de recepción de Rosaura a las diez, si bien no es exigido al lector
que por una u otra razón se limite a permanecer en el primero, es, además de factible, estimulado
propicia la revisión del lector, con lo cual se facilita la captación de ciertos "anzuelos" que el texto
Esto quiere decir que, de una o de otra manera, aun el lector del "primer nivel" se ve atraído hacia
una conversión, hacia una transformación; porque "cuando el escritor (..) proyecta un lector
distinto", dice Eco -y no a otra cosa apunta el ejercicio paródico en la medida en que hacer un texto
distinto sobre un texto precedente implica asimismo la reformulación de su lector-, "quiere revelarle
a su público lo que debería querer, aunque [éste] no lo sepa"107. En definitiva, "un texto quiere ser
una experiencia de transformación para su lector" 108, y a esta propuesta -que, repetimos, es
precisamente del texto, y no necesariamente cuenta con la conciencia del autor- se suma Denevi:
... pretende -lo que no es poco- "convertir" al lector, modificar sus hábitos
de lectura, orientar su gusto literario hacia la apreciación de las variaciones de
historias conocidas, de traspolaciones de ambientes y personajes.109
Es así como "un texto es un producto cuya suerte interpretativa debe formar parte de su
propio mecanismo generativo"110, y tal mecanismo generativo alberga los posibles puntos de
107
Umberto Eco. Apostillas a El nombre de la rosa, p. 55.
108
Ibídem, p. 56.
109
Juan Carlos Merlo. "Marco Denevi y las claves de su escritura", en Páginas de Marco Denevi
seleccionadas por el autor. Buenos Aires, Celtia, 1983, p. 23, itálicas nuestras.
110
Umberto Eco. Lector in fabula, p. 79.
244
ignición para la transformación del lector. Ésta última será entonces probable si el texto mantiene,
dentro de su continuidad, una tendencia hacia la oscilación posible entre linealidad y profundidad:
oscilación narcisista entre las relaciones de contigidad y las de connotación, entre el eje horizontal
del sintagma novelesco y el vertical del universo transtextual al que remite; relaciones entre los
... en la literatura (...) la marcha estética (...) nos obliga a un movimiento continuo,
una oscilación entre una función de continuidad, lineal (...) -función metonímica-, y
una función de ruptura, de sustitución, (...) de articulación multilineal (polifónica) -en
resumen: función metafórica.
Entre ambas funciones, a considerar, desde luego, a nivel del lenguaje, y
cuya asociación es indispensable para el goce estético, aparece la Voz como un
medium, o más bien como el testigo o el indicio de una serie de oposiciones gracias a
las cuales el sujeto, en relación al discurso, ejerce su movimiento de desaparición y de
retorno, de pulsación.111
Pulsación del sujeto ironizante del texto e ironizado por éste, que no desea que el lector
metaforizado por Camilo y metonimizado por la ficticia Rosaura que traza la continuidad y la
contigidad de la totalidad del relato desaparece y retorna en los discursos de los personajes,
lector. Allí donde el Narciso-autor desaparece físicamente de la relación de copresencia con el texto
... en algún lugar del mundo (...) hay (...) un "joven secreto que se haría
matar por su libro" (...) Inclinado sobre su libro como Narciso sobre la fuente, había
empezado a nacer como Narciso a morir. Usted lo paría.112
111
Guy Rosolato. Ensayos sobre lo simbólico. Traducción de Teresa Ferrer y Ramón García. Barcelona,
Anagrama, 1974, pp. 346-347. Véase también la cita correspondiente a la nota No. 22 del capítulo V del
presente trabajo.
112
Marco Denevi. "Carta a un escritor que no escribe", en Bibliograma No. 22. Buenos Aires, mayo-junio
245
El texto de Rosaura a las diez, en su pesquisa metaliteraria, persigue que el lector se mire en
novela se sabe creada e intencionada -como lo sabe asimismo ese organizador/autor implícito que
"se desprende de la pretensión de estar creando realidad, a pesar de que ni una sola de sus palabras
Y en concordia con esto están efectivamente construidos los personajes, en una oscilación
entre esa definición de voces y espectros culturales que nos hacen creer en su tangibilidad y los
deslices de autoconciencia que no pocas veces cometen sus discursos. El texto se orienta al lector
posibles, todo lo cual es únicamente conjugable en el lenguaje. Y cada personaje del texto es, en
tanto que ser de palabras, una serie de rasgos sígnicos que apelan a tales construcciones, referencias
y connotaciones para que el lector, en el momento de la recepción, los aglutine en el significante del
nombre propio, y transforme a éste en el eje metafórico, sustitutivo o totalizante -de fundamentación
noemática- de una relación que está dada sobre un eje en principio horizontal -de fundamentación
lectora como reactivo, en un funcionamiento que podríamos comparar al efecto del agua al
profundidad, proyectada sobre los ejes x e y de la horizontalidad y la verticalidad apunta al eje del
objeto en tres dimensiones que podemos rodear, que puede rodearnos, que podemos mirar por los
pertinencia de la profundidad connotativa no es exclusiva de cada palabra aislada, sino que extiende
culminación de la lectura cabal no es solamente, entonces, el hecho de llevar a término una sucesión
1963, p. 6.
113
Theodor Adorno. "La posición del narrador en la novela contemporánea", en Notas de literatura.
Traducción de Manuel Sacristán. Barcelona, Ariel, 1962, p. 49.
246
de páginas; antes bien, consiste en el trayecto que implica cada una de esas páginas en su relación
con las otras, en el recorrido hacia el fin de la narración y en el que se realiza a través -hacia
adentro- de ella y a través del tejido relacional con las otras, en todo lo cual juegan los enunciados
como construcciones de otras construcciones. Una novela como Rosaura a las diez, que en el
extensión echa por tierra lo superficialmente dicho y entrecruza lo casual con lo causal, no sólo no
es estrictamente lineal, sino que además exige la existencia de un lector para su reordenamiento en
la medida en que todos los elementos lucen intencionalmente separados. No se trata de una novela
para ser consumida, sino de una novela para cer producida por el lector en la -valga la redundancia-
producción de una cohesión: en esta exigencia, la novela crea autoconciencia en el lector mismo; no
solamente lo induce a participar, sino que además le hace saber y sentir que es él quien investiga el
Haciendo las veces de espejo del organizador, el lector hace uso de su competencia para la
reasumirá"115. Si esto es cierto, entonces, somos reorganizadores de la ficción 116. Luego, si según
hemos podido observar en el estrato metaficcional (en el cual la novela habla de su propio proceso y
114
Linda Hutcheon, Op. cit., p. 141.
115
Marco Denevi, en carta a L. C. Sifontes Greco, 6 de enero de 1991, p. 1.
116
"La simetría inversa de las actividades de encodificación y descodificación hace del destinatario,
tipológicamente, una imagen en espejo del emisor en toda la extensión de sus manifestaciones en la
estructura narrativa y en especial una imagen simétrica e inversa del narrador". Emil Volek, Op. cit., pp. 119-
120.
247
son los únicos asesinos posibles (puesto que la aniquilan como personaje para convertirla en
persona), y los lectores hemos pasado por el trance de hacer otro tanto en los primeros pasos por la
Y dada la naturaleza paródica de Rosaura a las diez en lo que concierne a la estructura del
procedimiento policial, el texto se convierte en una indagación sobre la indagación más allá de la
investigación alrededor del "crimen" referencial contra Rosaura -que en su inexistencia remite de
buscamos- nos busca, nos prueba que hemos cometido el delito, nos obliga a reconocernos
culpables (cosa de la que la novela exime a los personajes en su condición ficticia, ya que el mismo
texto los ha puesto en fucionamiento para burlarnos, para hacernos caer en el juego). Así como
Camilo, en el abyme, está consciente de lo funesto que puede ser el aliento vital impuesto a Rosaura
de los peligros de robar a la ficción su condición de tal, es decir, de "the supreme power of the
literary imagination within its own sphere of creation and its painful or tragicomic powerless
outside that sphere"117, conciencia que el texto refleja en el lector. Por ello, desde el primer nivel de
con nuestra competencia, nuestras lecturas y nuestra contaminación referencial, hemos matado a
más de una de las Rosauras que hemos leído. ¡Y pensar que Eco señala que "aún no se ha escrito
Se nos señala entonces, en tanto que lectores, como constructores/destructores del personaje.
En nuestra facultad de decodificar en tres dimensiones el mensaje literario corremos aún el peligro
desligable del ámbito ficticio en el que está inscrito, sino parte del noema de la obra.
noción de personaje no es excluyente en ningún sentido siempre y cuando se asuma como entidad
significante y no como entidad humana, y tampoco se trata de una unidad aislada, ya que es una
"unidad" aglutinante, un signo convocador. Sin embargo, es necesario que alguien identifique dicho
signo y active su capacidad magnética; alguien que, según su competencia, hará del personaje una
figura de mayor o menor relieve en la medida en que pueda hacer mayor o menor uso connotativo
de los rasgos que se le ofrecen. Porque en el texto linealmente experimentado, el personaje es una
las esferas descriptivas del retrato tradicional y de la opinión explícita del narrador-autor en la
necesita irremisiblemente de un lector que no se limite sencillamente a recibir, pongamos por caso,
una descripción predeterminada, sino que además, en pesquisa autoconsciente, lo construya. Porque
el personaje "est autant une reconstruction du lecteur qu'une construction du texte" 119, y, tal como
sucede en la recepción de Rosaura por parte de los pensionistas de La Madrileña -recepción que se
lecture"120.
Esto no nos salva de la confusión posible, de la contaminación noética que, como en los
casos de Milagros y Réguel (engañados por la "realidad" de los rasgos de Rosaura), se aprovecha de
nuestra competencia cultural para tomarnos por asalto y adjudicar el status de persona a un ser de
palabras y papel. La advertencia de la metaficción parece ser muy clara, y asienta sus claves en
Eufrasia y en Elsa: una dosis de malicia, de suspicacia al mirar al personaje -la primera-; una de
119
Philippe Hamon. "Pour un statut sémiologique du personnage", en VVAA. Poétique du récit, p. 119.
120
Ibídem.
249
enamoramiento hacia su origen -la segunda-121. Y -en ambas- una cautelosa y persistente
observación.
El acercamiento analítico de las páginas anteriores a la novela Rosaura a las diez refleja
contexto interior de ésta mantiene una estrecha relación con la reflexión del texto sobre sí mismo y,
por ende, con la dinámica que se establece en la lectura. A través de la diferenciación de los
registros verbales, de las mutuas miradas y del ejercicio creador de Canegato en el abyme, el
narrador-autor se vale de los personajes para fundar un universo paródico y un espejeo irónico, y
dispone el ordenamiento de los discursos con el objetivo predeterminado de hacer trabajar al lector.
La puesta al desnudo de los personajes se convierte así en una superficie bajo la cual el curso de la
presencia de la parodia y su puesta en escena en los rasgos que definen a los personajes exigen la
realización de una lectura del texto sobre sí mismo y sobre sus hipotextos, y de los personajes
ficticios a partir de los rasgos que aparecen como significantes en la novela más los sugeridos por la
combinación de éstos en el eje vertical del espectro cultural hipotextual y de las asociaciones
paradigmáticas122.
121
"Después de todo, escribir es un acto de amor, y el amor se resiste a que le tomen examen quienes no se
acuestan en su mismo lecho como se acuesta el lector". Marco Denevi, carta a
L.C.S.G., p. 2.
122
"Leer un enunciado literario es re-enunciarlo produciendo significación a partir de su integración en la
acción con el dominio de todos los otros enunciados literarios con los que se dan relaciones de coordinación y
250
En Rosaura a las diez, desde la individualización de los personajes, los universos a los que
remiten sus palabras y la imagen que transmiten los unos de los otros, el lector se ve inducido a
imaginar, a trazar para la configuración de cada self un recorrido que culmine en un interpretante
dotado de corporeidad y de profundidad que no deje de corresponder a las palabras que constituyen
una unidad con su nombre propio. El contorno del personaje queda así definido por los rasgos que
connotativo que éstos despierten y su alusión a modelos culturales actuales y/o potenciales en la
Los rasgos por medio de los cuales son definidos los personajes de Rosaura a las diez
lector de la novela se ve reflejado en los distintos emisores-receptores internos que la obra exhibe,
instaura su competencia lectora sobre la competencia adjudicada a cada uno de ellos, los recorre, y
elige su propia posición ante el texto a partir de las perspectivas de esos seres de papel -posición que
Nuestro acceso al personaje de Rosaura depende entonces de esa mediación irónica, de esa
sobrelectura de la percepción de los demás personajes: no hay una Rosaura que se nos presente por
sí misma como lo hacen los otros personajes de la obra, y, sin embargo, es su imagen en
construcción la que sostiene todo el texto ante el lector convirtiéndolo en metalector, en lector
de coexistencia en el acontecimiento mismo, que se realiza en el campo enunciativo organizado por reglas
generales de funcionamiento". Roberto Augusto Ferro, "Lectura y re-enunciación". Inédito, s.f., p. 6.
123
Refiriéndose a las ficciones contemporáneas sustentadas en la incertidumbre, R. Scholes y R. Kellogg
apuntan: "In such works the ironic assurance of a shared viewpoint is deliberately undercut, making the
reader not an accomplice to the ironic act but in part, at least, a victim of it", en The Nature of Narrative. New
York, Oxford University Press, 1968 (1a. ed. en rústica), p. 264.
124
Cabe señalar que el procedimiento especular de la construcción del receptor-emisor dentro del texto y la
puesta al desnudo de su self en la percepción que tiene de los otros figura incluso en Robotobor -nótese la
construcción palindrómica del título-, relato para niños de Marco Denevi (Buenos Aires, Abril, 1990, 4a. ed.).
En este texto, un gato narra la historia de un robot, al cabo de la cual se entera de la existencia de un escritor
llamado Marco Denevi que escribe un libro titulado Robotobor cuyo narrador es el propio gato, en quien los
lectores ven al "protagonista absoluto" (p. 52) de la obra.
251
diez es una invención de sus receptores que se convierte asimismo en invención del receptor
De acuerdo con lo que la mise en abyme de Rosaura a las diez expone, el procedimiento de
de la cual se nos habla; antes bien, corresponde a una elaboración de la imaginación narrativa donde
confesionales del autor-, los lectores jamás sabremos de dónde -hablando en términos de "realidad"-
es un trabajo creativo e intuitivo de tridimensionalización de ese dibujo que definen las palabras.
Ciertamente, sólo a partir de ellas podemos recrear al personaje ("the only way in which we can `get
to know' the characters in a novel is to pay attention to what the author has put down on the
125
Marco Denevi. "Ángeles, fantasmas, demonios, aparecidos y desaparecidos a la sombra del laurel", en
Araminta o el poder. Buenos Aires, Crea, 1982, p. 120.
126
Elizabeth Bowen. "Notes on Writing a Novel", en James L. Calderwood y Harold E. Toliver (eds.).
Perspectives on Fiction. New York, Oxford University Press, 1968, p. 219.
127
Robin Mayhead. Understanding literature. Cambridge University Press, 1965, pp. 63-64.
252
la significancia y la sugerencia que nos remiten a la metalectura. Lo que nos permite reconstruir al
personaje literario en su configuración surge del poder connotativo del lenguaje 128, trascendiendo
los simples mecanismos de estímulo/respuesta para convertir la lectura en auténtica semiosis. Así, el
autorreflexivo: en la lectura del caleidoscopio de rasgos que se nos ofrece en Rosaura a las diez, el
hablando- que aquello que está en el texto: no hay en él una función emotiva o expresiva propia,
sino fabricada por el narrador-autor para los efectos de su puesta en la página. De ahí que las
alusiones y las relaciones que se tejen en los discursos de los personajes y en la construcción de
Rosaura demanden que el lector active, buscándolo en su propio haber, el dominio de informaciones
que dará profundidad a Réguel, a Milagros, a Eufrasia, a Rosaura, a Camilo, y aun al viudo de
Belgrano y a su sobrino, "el de la boca en forma de tajada de sandía" (65), quienes pese a su escasa
aparición se presentan por medio de una contextualización que permite otorgarles un relieve propio.
Hay entonces, en el estrato de las connotaciones, una sobreestructura que el lector puede y debe
aportar: mirándose a sí mismo en la búsqueda de su lectura de los rasgos que el texto le brinda, se
Porque así como el lector debe ir más allá de la lectura de rasgos hacia la consecución de un
relieve, el autor-narrador ha partido de la experiencia de distintos relieves para acuñar los rasgos en
128
"Our response to a personage in a novel is our response to certain words used by the author, words in
which he describes the personage, words spoken by the personage himself, words spoken about him by other
characters in the book, and so on". Robin Mayhead, Op. cit., p. 64.
253
se otorga en la novela mientras las páginas avanzan. Rosaura a las diez se muestra entonces como
"metaliteratura, una literatura que se ocupa, sobre todo, de sí misma" 130, texto autoconsciente en la
medida en que narra su propia construcción y la sustenta en la puesta en escena de los personajes
que la pueblan:
La estética deneviana, de acuerdo con Juan Carlos Merlo, proyecta su ideal en "una
personajes que vivan más allá de la página y la letra"132. Este vivir más, sin embargo, en nada se
relaciona con la tendencia a adjudicar una prolongación sintagmática, horizontal, al trayecto del
personaje; antes bien, remite a la verticalidad, a la tridimensionalidad que permite que un personaje
se erija. El "más allá de la página" sugiere que ésta debe ser atravesada en toda su profundidad, y
que para ello los elementos que juegan en la constitución de los personajes deben hacer posible un
129
Marco Denevi, citado por Juan Carlos Merlo en "Marco Denevi y las claves de su escritura". Páginas de
Marco Denevi seleccionadas por el autor. Celtia, Buenos Aires 1983, p. 22. Fernando Alegría, por su parte,
indica que el personaje deneviano lleva "varios seres humanos a la siga, pegados igual que parches de un
espantapájaros". "Marco Denevi", en Historia de la novela hispanoamericana. De Andrea, México 1974 (4a.
ed. ampliada), p. 292.
130
Rolf Breuer. "La autorreflexividad en la literatura ejemplificada en la trilogía novelística de Samuel
Beckett", en Paul Watzlawick et. al. La realidad inventada. Gedisa, Buenos Aires 1988, p. 122.
131
Henry James. Prefacio a The Spoils of Poynton, en The Art of the Novel. Critical Prefaces. With an
Introduction by Richard P. Blackmur. New York, Charles Scribner's Sons, 1962, pp. 127-128.
132
J.C. Merlo, Op. cit., pp. 16-17.
254
presencia contextual, sino en términos de una temporalidad transtextual que funde en el lector la
alusiones intertextuales, culturales y humanas, es infinito, y parte del conjunto finito del sistema de
participa de una recíproca puesta a prueba con la finitud de la estructura 133, un juego en el cual los
personajes se hacen cargo de la dinámica compositiva y toman las riendas del relato con sus voces
Cabe señalar que Denevi, "a causa de su previa formación musical, está compenetrado de la
idea de que una obra `audiblé se singulariza por la interpretación y no por el tema" 134. De ello se
redimensionado en una nueva lectura que exige la metalectura del receptor. Esto se manifiesta en el
sustento de Rosaura a las diez sobre las interpretaciones de sus personajes como receptores
en voces aparentemente monológicas y finitas que demandan un lector que organice su propia
Finitos son, asimismo, los rasgos con los que cuenta el lector para iniciar su recorrido a
campo traviesa por la página en la reconstrucción de los personajes. Y es a partir de esta aparente
delimitación desde donde el receptor reconfigurará las imágenes de los mismos, estableciendo el
Rosaura a las diez son también el sustento del texto en su manejo irónico y en esa conciencia de ser
ficción que muestra al lector la interacción de la novela con otros libros y con otras ficciones. Esto
no sólo es evidente en el manejo del hipotexto que revisamos en el capítulo VI del presente trabajo,
sino en el propio abyme, donde Camilo Canegato sustenta su poética en una reflexión sobre la
referencia de Paolo y Francesca y sus lecturas posibles -tema que signa la obra deneviana-, trocando
los roles de lo "real" y lo ficticio y demostrando que éste puede perfectamente instituirse en
referencia de aquél.
De ahí que el personaje-héroe problemático que es Camilo Canegato sea, como elaborador-
inventor de los rasgos que los demás utilizarán para reconstruir a su Rosaura, una conciencia
metaficcional que teoriza sobre la propia novela en su ejercicio creador. En todo cuanto se urde
alrededor de Camilo se refleja la doble ironización para consigo mismo como protagonista y para
con la ya caduca figura grandiosa del héroe: mientras Réguel se burla de la estatura de Canegato
como supuesto héroe de la historia de Rosaura, Milagros, en su competencia folletinesca, espera del
casa de su terrible padre. Con la puesta en escena de ambas posiciones, que son por demás
constructoras del Camilo Canegato que hablará con posterioridad para burlarse de ambas, el texto
muestra sus propósitos metaficcionales, aludiendo a su propio personaje y a las acciones y roles que
éste desdeñará para edificarse como creador autoconsciente en la mise en abyme135. No es gratuito
que Blanchot señale que "El héroe es el don ambiguo que nos concede la literatura antes de tomar
conciencia de sí misma"136.
Mas si bien el restaurador no rescata a una supuesta Rosaura de carne y hueso, sí retoma la
imagen de esa María Correa perdida y supuestamente muerta en el bajo mundo, tomándola como
135
Canegato, como "asesino" ficticio, resulta una imagen representativa de un modelo de "héroe" que desde
los años 50 se extiende a la contemporaneidad latinoamericana: "Resignado a una situación de la que se
considera parcialmente culpable, el personaje puede finalmente desprenderse de toda inhibición y someterse a
su propio e implacable análisis". Luis B. Eyzaguirre. El héroe en la novela hispanoamericana del siglo XX.
Santiago, Ediciones Universitarias, 1973, p. 346.
136
Maurice Blanchot. "El fin del héroe", en El diálogo inconcluso. Traducción de Pierre de Place. Caracas,
Monte Ávila Editores, 1970, p. 569.
256
rasgo facial de una creación "con una expresión tan dulce en toda la fisonomía, de tanta bondad, de
tanta pureza, que parecía esas madonas que nos contemplan desde la cúspide de los altares" (57-58).
El abyme inserta así en la novela un reflejo del proceso creador de personajes, exacerbando sus
fundar los cimientos de un ser en el juego de una imaginación autoconsciente que deberá reconstruir
Las contradicciones y las apariencias conducen todo el texto en la percepción que los
personajes tienen tanto de Camilo como de Rosaura. Bien indica Canegato, al referirse a Giovanni,
que "es su joroba, y no su corazón, la que sale a escena" (144), observación teatral que hace énfasis
los rasgos, ciertamente. El acceso a aquello que pudiera estar más allá de los mismos exige un lector
`oversimplified blacks and whites'"137. De allí que Rosaura a las diez presente a sus personajes
como en una suerte de texto teórico que define distintos niveles de recepción: la simplista, la
contaminante, la atenta, entre otras. La novela traza una poética interior que no sólo remite a la
construcción del objeto, sino que se extiende a los procesos de lectura como acontecimientos
especulares donde además de reflejarse el acto emisor se propone el libro mismo como reflejo
probable del receptor, puesto que la profundidad de la significancia dependerá, en la semiosis, del
Rosaura, irrealidad, ficción sin la cual la intriga de la novela, si de la fábula se tratara, no existiría,
ya que toda la historia gira alrededor de su existencia y su asesinato. Rosaura a las diez respalda así
una serie discursiva que los da por reales dentro de la ficción: es, entonces, una novela
endorreferencial que remite a su propio siuzhet como historia que es de su construcción, ya que la
Y en su siuzhet, Rosaura a las diez es una estructura sobre otras estructuras, un texto sobre
otros textos, lo cual asienta su conciencia como mímesis del procedimiento literario antes que de lo
universos temáticos para exponerlos como territorios de atracción al lector y luego trascenderlos,
universo de memorias, fantasmas, lecturas y elaboraciones que las palabras esbozan en el texto,
definen una construcción de lenguaje a partir de la cual el receptor tendrá que sobreconstruir una
lector haga del universo hacia el cual apuntan los significados. El personaje como tal, en el
sintagma del texto, rodeado por un proceso policial, definido por su voz y la de otros, ha sido dotado
de ciertos signos con los que una lectura en profundidad puede elaborar una competencia
intradiegética, una endorrecepción del texto; sobre ésta, el lector arma entonces su proceso receptor
Esto sólo se hace posible a partir de los signos, a partir de la conciencia de que el
organizador del texto está construyendo con signos en todo sentido. De ahí que, orientada como
reto al lector -más allá del aparente reto policial-, Rosaura a las diez despliegue en su mise en
elaboración de un personaje que los receptores corporeizarán, cada cual a su modo. Camilo sabe
que lo que dispone ante los habitantes de La Madrileña es un conjunto de significantes que
138
Raymond Chandler -quien ha sido criticado por Denevi, al igual que buena parte de los narradores
policiales de la contemporaneidad-, afirmaba que "El amor casi siempre debilita una novela policíaca, pues
establece una especie de suspense contrario a la lucha del detective por resolver el problema" ("Apuntes sobre
la novela policíaca", en Peces de colores. Traducción de Pilar Giralt Gorina. Barcelona, Bruguera, 1981, p.
17). Cabe señalar que en Rosaura a las diez la parodia trasciende precisamente los ámbitos de lo policial y de
la historia de amor en virtud de este juego de suspenses contrarios que se revelarán como falsos ante el lector.
258
sintetizan su competencia -cultural y literaria, con sus recuerdos y con sus deseos- y la asunción de
una competencia lectora en los otros: él sólo escribe las cartas, les da características físicas, inventa
aparece ante los demás, lista para ser tridimensionalizada. Su efecto atañe a los lectores; su
interpretaciones posibles sustentadas en las relaciones del texto con otros textos.
Así, la Rosaura de Camilo, en sus sobres color de rosa, su perfume de violetas, su mansión
oscura y su languidez -todo lo cual le otorga la legibilidad romántica de una posible tuberculosis-, se
desnuda como elaboración del personaje contemporáneo, emparentada con la poética de esa primera
novela moderna donde el protagonista, "largo grafismo flaco como una letra, acaba de escapar
directamente del bostezo de los libros" 139. A partir de esa novela escrita sobre las novelas de
todos los personajes de ficción viven "en un lugar de La Mancha", sí, de la efectiva "mancha"
contemporáneo está, entonces, íntimamente ligada a la experiencia del libro sobre otros libros:
139
Michel Foucault. Las palabras y las cosas. Traducción de Elsa Cecilia Frost. México, Siglo XXI, 1978
(10. ed.), p. 53.
140
Marco Denevi, "Segunda carta a un escritor que no escribe", en Bibliograma No. 27. Buenos Aires, julio-
agosto 1964, p. 6. Esta observación de Denevi no está hecha en el mejor de los sentidos. En la "carta", el
autor lamenta que "soltándose de sus raíces, el libro se reproduce mecánicamente" (p. 7) en virtud de una
suerte de desprendimiento de la experiencia humana. A nuestro criterio, este desprendimiento no es tal; antes
bien, el libro sobre otros libros se inserta en la asunción de la literatura como parte de esa experiencia, digna
de ser narrada o poetizada. Y en esto se inscribe la obra deneviana en toda su extensión (cf. Alfredo Rubione,
nota 74, capítulo VI de este mismo estudio).
259
sobre otros personajes, "motor" de una metalectura que pone al texto en diálogo con otros textos,
abriendo ante el lector no sólo el universo de la obra que lee, sino el de las obras que, según su
con otros, se pone de manifiesto el hecho de que la autorreferencialidad del texto no es sino un
corporeiza nociones ficcionales precedentes ante el lector en un individuo verosímil. Y este trayecto
que luce horizontal en la lectura, manifiesta entonces su naturaleza tridimensional, su viaje desde
una competencia que está al otro lado de las páginas para completarse en la construcción de la
competencia lectora.
En la obra de Marco Denevi resulta particularmente interesante cómo tanto las novelas
como la narrativa breve mantienen este procedimiento en sus respectivas y diversas extensiones
potencial combinación y profundización por parte del lector; en el caso de la segunda, el narrador
nombres propios que posibilitan una percepción rápida de los rasgos del (los) personaje(s) o texto(s)
como entidad en la sobreconstrucción del lector y remitir la recepción a una meta-recepción que
incluya el espectro cultural posible que se presenta en el texto mediante el núcleo de su nombre o
guiño al lector para acercarlo a posibles espacios compartidos: esos espacios que hacen de lo
literario un curioso espejo, no de la realidad que creemos ver, sino de la manera en que, sin darnos
cuenta, construimos realidades que creemos preestablecidas. Cosa que ocurre tanto en el íntimo acto
de la lectura como en esa cotidianidad en la que, mirando a quienes nos rodean, dibujamos, al
hacernos la imagen del amigo, del vecino, del cmpañero, nuestros propios personajes. La Rosaura
deneviana es, desde la fascinación del relato urdido por Milagros Ramoneda hasta la carta final del
X. BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA
A. Texto analizado
DENEVI, Marco. Rosaura a las diez. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981 (11a.
ed.).
"Carta a un escritor que no escribe", en Bibliograma No. 22. Buenos Aires, mayo-junio 1963, pp. 4-
6.
"Segunda carta a un escritor que no escribe", en Bibliograma No. 27. Buenos Aires, julio-agosto
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ÍNDICE GENERAL
I. INTRODUCCIÓN .................................. 1
B. El personaje/signo ....................... 21
C. David Réguel:
el erudito salmo del equívoco ............ 42
B. El proceso narcisista
de la metaconstrucción del personaje ..... 98
X. BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA