Zelizer 2008 El Significado Social Del Dinero
Zelizer 2008 El Significado Social Del Dinero
ZELIZER
MARÍA JULIA DE RUSCHI
Revisión de traducción de
MARIANA LUZZI
EL SIGNIFICADO SOCIAL
DEL DINERO
Zelizer, Viviana A.
El significado social del dinero. - 1a ed. - Buenos Aires :
Fondo de Cultura Económica, 2011.
ÍNDICE
274 p. ; 21x14 cm. - (Sociología)
ISBN: 978-950-557-877-1
7
AGRADECIMIENTOS
11
12 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO
pasé como profesora invitada en la Russell Sage Foundation entre 1987 y 1988
representó una ayuda más que generosa y un marco de trabajo ideal; allí en-
contré un maravilloso grupo de colegas y amigos para discutir acerca de mis
problemas de “dinero”. En especial, Robert K. Merton y Eric Wanner me apor- I. EL MARCADO DEL DINERO
taron sus inteligentes cuestionamientos. Pauline Rothstein y su equipo me
brindaron su amplia y eficiente colaboración en el trabajo de biblioteca.
Princeton University, mi hogar académico desde 1988, alentó en todo sen- EL DINERO se multiplica. A pesar de la idea corriente de que “un dólar es un
tido el cumplimiento de este proyecto, otorgándome incluso tiempo libre para dólar”, vemos que las personas continuamente están creando distintas clases
trabajar en el libro. Le agradezco en especial a Marvin Bressler, titular de so- de dinero. Este libro muestra las diversas formas en las cuales las personas
ciología en ese entonces, por ayudarme en mi tarea de incontables formas, identifican, clasifican, organizan, usan, segregan, producen, diseñan, guardan e
tanto en los aspectos de organización como intelectuales. Con eficiencia y incluso decoran el dinero, a medida que van enfrentando sus múltiples víncu-
atención, Cindy Gibson, Blanche Anderson y Donna DeFrancisco me brinda- los sociales. Existe una poderosa ideología en nuestra época que considera
ron su invalorable apoyo práctico. que el dinero es un instrumento único, intercambiable y por completo imper-
En Basic Books, me hace feliz agradecer la colaboración de Kermit Hummel sonal, la esencia misma de nuestra moderna civilización racionalizadora. El
y de Martin Kessler, como también la capacidad editorial de Sheila Friedling. dinero “incoloro”, tal como lo presentó Georg Simmel a comienzos del si-
Tres excepcionales asistentes de investigación colaboraron conmigo en glo XX, pintó el mundo contemporáneo con un “tono parejo, chato y gris”. To-
distintas etapas de este proyecto: Rosann Rovento Bar en sus etapas iniciales, dos los matices significativos fueron eliminados por la lógica cuantitativa que
Victoria Chapman (una artista de la referencia elusiva) durante los años inter- sólo preguntaba “cuánto”, pero no “qué y cómo”. O en la más sucinta expre-
medios y Tracy Scott en los toques finales. Kei Sochi y Kati Pears también me sión de Gertrude Stein, unas pocas décadas más tarde, “Te guste o no, el di-
brindaron su ayuda con el material de biblioteca. nero es el dinero y no hay nada más que decir”.1
Mis agradecimientos familiares también son múltiples: mis hermanos Ed- El dinero, según esta concepción, también destruye, pues reemplaza nece-
gardo y Leandro Rotman me ofrecieron inteligentes comentarios y encontra- sariamente los vínculos personales por lazos de cálculo instrumental y co-
ron muchas referencias útiles. Desde el momento en que empecé a trabajar en rrompe los significados culturales con intereses materialistas. De hecho, desde
este libro, mi hijo Julian me ayudó con sus conocimientos de computación du- Karl Marx hasta Jürgen Habermas, desde Georg Simmel hasta Robert Bellah,
rante su adolescencia y con valiosas críticas y sugerencias luego de graduado. los testigos de la mercantilización de los países de Occidente pensaron que
Le agradezco a Jerry Zelizer su generoso apoyo y paciencia durante los años estaban contemplando las devastadoras consecuencias de la irresistible ex-
de intensa labor de la escritura de este libro. Mis padres, Rosita y Julio Rot- pansión del dinero: la homogeneización y el aplanamiento inexorables de las
man, representaron una compañía fundamental a lo largo de este proyecto. relaciones sociales. Los conservadores deploraron la decadencia moral que
Sin el aliento de mi madre, este libro no existiría. conllevaba la prosperidad, mientras que los progresistas condenaron la des-
humanización producida por el capitalismo. Ambos vieron el crecimiento de
la importancia del dinero como la fuente de todos los males.
1 Georg Simmel, The Sociology of Georg Simmel [1908], ed. de Kurt H. Wolf, Glencoe (IL),
Free Press, 1950, p. 414; Georg Simmel, The Philosophy of Money [1900], trad. de Tom Totto-
more y David Frisby, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1978, p. 259 [trad. esp.: Filosofía del
dinero, Granada, Comares, 2003]. Gertrude Stein, “Money”, en Saturday Evening Post, 208, 13
de julio de 1936, p. 88. A fin de reducir el número de notas a pie de página, por lo general
agrupo las referencias al final de cada párrafo y las ordeno según su orden de aparición en
el texto.
13
14 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 15
Este libro trata de los cambios en los usos públicos y privados del dinero les de coronas en salidas”. El dinero sucio, pareciera, “les quema en los bolsi-
en Estados Unidos desde 1870 hasta 1930. Si se la mide por el rango de merca- llos y deben gastarlo en poco tiempo”.2
derías y servicios que se pueden obtener a cambio de dinero, la mercantiliza- Marty, un miembro de una pandilla de Filadelfia en la década de 1950 nos
ción de la vida en Estados Unidos ha progresado sin duda durante el siglo XX. brinda una versión distinta de la moral en el marcado del dinero. Cuando la
No obstante, la cuestión radica en si esta expansión del intercambio moneta- asistente del servicio social de su familia le preguntó por qué le donaba a su
rio funciona de la manera en que se supone que lo hace, y si acarrea las conse- iglesia los 25 centavos que su madre le había dado, pero no el dinero que obte-
cuencias que por lo general se le atribuyen. A medida que se multiplican las nía de los atracos de su pandilla, Marty se expresó con claridad: “Oh, no, ese
transacciones monetarias, ¿la vida social se vuelve más fría, distante o calcu- es un dinero malo, no es dinero honesto”. Mientras que el dinero robado es-
ladora? La respuesta estándar siempre ha sido un enfático sí. Este libro cues- taba mancillado, el dinero ganado con esfuerzo por su madre era “honesto” y
tiona esos presupuestos tan firmemente arraigados. Muestra cómo a cada “se lo podía ofrecer a Dios”.3 A veces, sin embargo, el “dinero sucio” resulta
paso del avance del dinero, las personas reestructuraron las transacciones co- lavado moralmente si una parte se dona para una buena causa. Considere-
merciales, introdujeron nuevas distinciones, inventaron sus propias formas mos, no obstante, cómo esa donación resulta diferente de una suscripción co-
especiales de moneda, marcaron el dinero de maneras que desconciertan a los lectiva, una colecta de la iglesia, la cuota para la sinagoga o los legados para
teóricos del mercado y lo incorporaron en redes personalizadas de amistades, las universidades. Aún existen otras clases de dinero que circulan como dis-
relaciones familiares, interacción con las autoridades e incursiones por comer- tintas formas de regalos: el cheque para la boda de un sobrino, la bonificación
cios y negocios. de Navidad a un empleado, el gelt de Janucá para un niño, la propina al cama-
Consideremos, por ejemplo, cómo distinguimos el dinero ganado en la rero. Dentro de nuestros hogares, el ingreso de la mujer es a menudo diferen-
lotería del cheque común del salario o de una herencia. Mil dólares ganados ciado del ingreso del marido y sin lugar a dudas del de su hijo. Los fondos de
en el mercado de valores no se consideran de la misma manera que 1.000 los niños también tienen múltiples significados: una mensualidad no tiene el
dólares robados en un banco, o 1.000 dólares que nos presta un amigo. El mismo valor que el dinero que se gana al trabajar cuidando niños.
cheque del primer sueldo de un asalariado no es el equivalente exacto del che- Pensemos, por último, la notable variedad de medios de pago inventados
que número cincuenta, ni siquiera del segundo. El dinero que obtenemos que intercambiamos: vales de comida para los pobres, cupones de supermer-
como compensación por un accidente es muy distinto al de las regalías por cado para el consumidor común, vales de la cárcel para los presos, fichas tera-
un libro. Y las regalías obtenidas por las memorias de un asesino pertenecen péuticas para las personas con enfermedades mentales, moneda militar para
a una categoría moral diferente a la de las regalías que provienen de un texto los soldados, fichas para los jugadores, tiques de almuerzo en los comedores
científico. de las instituciones, cheques-regalo para las fiestas. Tanto dentro del rango
A diferencia de un “dólar honesto”, el dinero “sucio” está manchado por establecido por la moneda oficial como dentro de otras clases de dinero crea-
las dudas acerca de su origen ético. De ahí la omnipresente metáfora “lavar das con fines especiales, la diferenciación y la multiplicación aparecen por to-
dinero”. Encontramos un ejemplo notable en relación con el uso del dinero das partes.
sucio en las prácticas de las prostitutas. Un estudio del mercado de la prostitu- Sin embargo, es notable que sepamos tan poco acerca de la vida social del
ción en Oslo realizado en la década de 1980 mostró la existencia de una “eco- dinero. Los científicos sociales tratan al dinero de un modo paradójico: aun-
nomía dividida” entre muchas de las mujeres: el dinero de la asistencia social, que se lo considera un elemento básico de la sociedad moderna, permanece
los seguros de salud y otros ingresos legales era cuidadosamente adminis- sin analizar como categoría sociológica. Randall Collins sugiere que se ignora
trado para la “vida honesta”, para pagar el alquiler y las facturas. Por otro
lado, el dinero ganado con la prostitución se despilfarraba con rapidez en sali-
2 Cecilie Hoigard y Liv Finstad, Backstreets. Prostitution and Love, Cambridge, Polity Press,
das, drogas, alcohol y ropa. El estudio pone en evidencia que, paradójica-
1992, p. 49.
mente, las mujeres “se esfuerzan, hacen cuentas y administran el dinero legal 3 Carl Husemoller Nightingale, On the Edge. A History of Poor Black Children and Their Ame-
que nunca les alcanza, mientras que, al mismo tiempo, pueden derrochar mi- rican Dreams, Nueva York, Basic Books, 1993, p. 36.
16 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 17
al dinero “como si no fuera lo bastante sociológico”. La International Encyclope- Como resultado, el dinero como un constructo intelectual queda confi-
dia of the Social Sciences le dedica más de treinta páginas al dinero, pero ni si- nado en primer lugar al dominio de los economistas, un mundo en el cual in-
quiera una a sus características sociales. Hay ensayos acerca del efecto econó- dividuos sin trabas se comportan como participantes racionales en las tran-
mico del dinero, de la teoría cuantitativa, de la velocidad de circulación y de la sacciones de mercado, haciendo distinciones sólo de precio y cantidad, una
reforma monetaria, pero nada acerca del dinero como réalité sociale, para utili- esfera desapasionada donde todo el dinero es igual. Sin duda Thorstein Ve-
zar la acertada expresión de Simiand. Curiosamente, mientras que los sociólo- blen nos alertó acerca del significado social de lo que compra el dinero, y, más
gos hace mucho que reconocen el tiempo social y el espacio social, el dinero recientemente, una nueva literatura acerca de la cultura del consumo revierte
social se les ha escapado de las manos. Por ejemplo, el libro de Sorokin Socio- con audacia nuestra comprensión de las mercancías modernas.5 La nueva
cultural Causality, Space, Time le dedica sendos capítulos a la heterogeneidad aproximación revisionista pone de relieve los significados simbólicos de los
cualitativa del tiempo y del espacio, pero apenas unas pocas líneas especulati- bienes comerciales, pero, curiosamente, no cuestiona la independencia y el
vas al simbolismo múltiple del dinero.4 poder cultural del dinero.
Resulta irónico que las concepciones populares del dinero encierren
más sabiduría que la sociología académica. En su existencia cotidiana, la
4 Randall Collins, reseña de The Bankers de Martin Mayer, en American Journal of Sociology,
85, 1979; Francois Simiand, “La monnaie, réalité sociale”, en Annales Sociologiques, ser. D,
gente entiende que el dinero no es realmente fungible, que a pesar de que los
1934, pp. 1-86; Pitirim A. Sorokin, Sociocultural Causality, Space, Time, Durham (NC), Duke billetes de los dólares son anónimos, no todos los dólares son iguales o
University Press, 1943. Para un intento de estudio de la economía moral de las distinciones intercambiables. Por una cuestión de rutina les adjudicamos diferentes sig-
en otros dominios, véase Pierre Bourdieu, Distinction, Cambridge, Harvard University Press,
nificados y usos separados a distintos fondos. A veces, el marcado del di-
1984 [trad. esp.: La distinción, Madrid, Taurus, 1988]; Eviatar Zerubavel, Hidden Rhythms, Ber-
keley, University of California Press, 1985, y The Fine Line, Nueva York, Free Press, 1991; nero es muy concreto; por ejemplo, en el estudio de Rainwater, Coleman y
Michele Lamont, Money, Morals, and Manners, Chicago, University of Chicago Press, 1992. Handel de las amas de casa de la clase obrera se describe el rigor de su con-
Sin duda, los sociólogos han reconocido los significados simbólicos y sociales del dinero en tabilidad de latas: el dinero para distintos gastos se guarda por separado, en
varios escenarios empíricos, pero sólo de una forma ad hoc. Por ejemplo, en su clásico estu-
dio del West End de Boston, William F. Whyte (Street Corner Society [1943], Chicago, Univer-
sity of Chicago Press, 1967, p. 258) muestra que los líderes de las pandillas gastan sistemáti-
camente más en sus seguidores de lo que reciben a cambio: “Las relaciones financieras deben miento literario del dinero, véase Marc Shell, Money, Language, and Thought, Berkeley, Uni-
explicarse en términos sociales”. Pero no lleva el asunto más allá de eso. Para un tratamiento versity of California Press, 1982.
más general del dinero, véase, por ejemplo, Simon Smelt, “Money’s Place in Society”, en 5 Thornstein Veblen, The Theory of the Leisure Class [1899], Nueva York, Mentor, 1953 [trad.
British Journal of Sociology, 31, 1980, pp. 205-223; Bryan S. Turner, “Simmel, Rationalisation esp.: Teoría de la clase ociosa, México, Fondo de Cultura Económica, 1974]. Acerca de los aspec-
and the Sociology of Money”, en The Sociological Review, 34, 1986, pp. 93-114; Heiner Gans- tos culturales, sociales e históricos del consumo, véase Talcott Parsons y Neil Smelser, Eco-
mann, “Money. A Symbolically Generalized Medium of Communication? On the Concept of nomy and Society, Nueva York, Free Press, 1956; Bernard Barber, Social Stratification, Nueva
Money in Recent Sociology”, en Economy and Society, 17, agosto de 1988, pp. 285-316; Wayne York, Harcourt, Brace & World, 1957, cap. 7; Lee Rainwater, What Money Buys, Nueva York,
Baker, “What is Money? A Social Structural Interpretation”, en Intercorporate Relations, ed. de Basic Books, 1975; Mary Douglas y Baron Isherwood, The World of Goods, Nueva York, Nor-
Mark S. Mizruchi y Michael Schwartz, Nueva York, Cambridge University Press, 1987, pp. ton, 1979; The Culture of Consumption, ed. de Richard W. Fox y T. J. Jackson Lears, Nueva
109-144; Wayne Baker y Jason B. Jimerson, “The Sociology of Money”, en American Behavioral York, Pantheon, 1983; Michael Schudson, Advertising, The Uneasy Persuasion, Nueva York,
Scientist, 35, julio-agosto de 1992, pp. 678-693; Mark S. Mizruchi y Linda Brewster Stearns, Basic Books, 1984; Pierre Bourdieu, Distinction, op. cit.; Daniel Horowitz, The Morality of Spen-
“Money, Banking, and Financial Markets”, en Handbook of Economic Sociology, ed. de Neil ding, Baltimore (MD), Johns Hopkins University Press, 1985; The Social Life of Things, ed. de
Smelser y Richard Swedberg, Princeton (NJ) y Nueva York, Princeton University Press/Russel Arjun Appadurai, Nueva York, Cambridge University Press, 1986; Daniel Miller, Material
Sage Foundation, 1994. Acerca de los vínculos entre la religión y el dinero, véase Robert Culture and Mass Consumption, Oxford, Blackwell, 1987; Consuming Visions, ed. de Simon
Wuthnow, “Pious Materialism. How Americans View Faith and Money”, en The Christian Bronner, Nueva York, Norton, 1989; Susan Strasser, Satisfaction Guaranteed. The Making of the
Century, 3 de marzo de 1993, pp. 238-242, y God and Mammon in America, Nueva York, Free American Mass Market, Nueva York, Pantheon, 1989; Martha L. Olney, Buy Now, Pay Later,
Press, 1998. Para una alternativa provocativa y bien fundamentada históricamente a las con- Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1991; Thomas J. Schlereth, Victorian America.
cepciones utilitaristas del dinero, véase William Reddy, Money and Liberty in Modern Europe, Transformations in Everyday Life, 1876-1915, Nueva York, HarperCollins, 1991 cap. 4; Vincent
Nueva York, Cambridge University Press, 1987. Para un debate interdisciplinario acerca de Vinikas, Soft Soap, Hard Sell. American Hygiene in an Age of Advertisement, Ames, Iowa State
los significados del dinero, “The Meanings of Money”, en American Behavioral Scientist, ed. University Press, 1992; Stanley Lebergott, Pursuing Happiness. American Consumers in the
de Kenneth O. Doyle, 35, julio-agosto de 1992. Para una interpretación original del trata- Twentieth Century, Princeton (NJ), Princeton University Press, 1993.
18 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 19
latas o en sobres etiquetados –uno para la hipoteca, otro para los servicios conservación de una vida social moralmente coherente.7 Pero el poder del di-
públicos, otro para el esparcimiento, y así sucesivamente–. En el decisivo nero de transformar a la sociedad moderna dominó la imaginación de los teó-
estudio de Bakke de los obreros sin empleo en la década de 1930, las esposas ricos sociales del siglo XIX y de principios del siglo XX. Profundamente preocu-
usaban jarras de porcelana para guardar por separado diferentes tipos de pados por un mercado en permanente expansión que invadía y absorbía de
ingresos marcados para gastos específicos: el alquiler de un cuarto extra, por una manera implacable todos los espacios sociales, los pensadores sociales clá-
ejemplo, podía servir para pagar la hipoteca, mientras que las ganancias del sicos supusieron que el dinero, que Max Weber denominó “el elemento más
hijo se destinaban a la compra de ropa para la escuela. Y Jean Lave nos abstracto e ‘impersonal’ que existe en la vida humana”, representaba la punta
cuenta que hoy en día, en el condado de Orange, en California, los poblado- de lanza de un proceso de racionalización. Era la perversa varita mágica que
res separan sus fondos para usos especiales manteniendo una cantidad de desencantaba la vida moderna. Simmel opinó que el dinero convertía al
“reservas domésticas en efectivo”, “por lo general una en la billetera de cada mundo en un “problema aritmético”.8 En un terreno puramente técnico, los
adulto, en las asignaciones para los hijos o en alcancías, ‘efectivo para gastos sistemas monetarios, por cierto, promovieron mercados económicos racionales
menores’ en la tetera o su equivalente, una fuente con cambio para los par- e impersonales. Pero los pensadores sociales tradicionales argumentaron que
químetros o la lavandería”, o “reservas de dinero en el banco”, que incluyen los efectos del dinero transcendían al mercado: más relevante aún era el hecho
ahorros para el Christmas Club* y cuentas destinadas a gastos especiales de que el dinero se volvía el catalizador del persuasivo instrumentalismo de la
como la propiedad o los impuestos, las vacaciones o el pago del seguro de la vida social moderna. En su Filosofía del dinero, Georg Simmel resumió esta con-
casa o del coche.6 cepción decimonónica en su observación de que “lo totalmente despiadado
Como lo indican estos ejemplos concretos, nos enfrentamos a una pre- del dinero se refleja en nuestra cultura social, que está ella misma determinada
gunta seria: ¿cómo funciona en realidad el dinero? ¿Cómo hace la gente estas por el dinero”.9
distinciones entre diferentes sumas, cuándo y para qué? Pero, en primer lugar, La tarea de la teoría social consistió en explicar este indiscutible poder re-
¿por qué los especialistas sostuvieron con tanta obstinación concepciones volucionario del dinero. Presuntamente se originaba en la total indiferencia del
erróneas del dinero? dinero hacia los valores. Se percibía al dinero como el prototipo de una aproxi-
mación instrumental, calculadora, en las palabras de Simmel, “la más pura rei-
ficación de los medios”. Era también el símbolo de lo que Simmel identificó
EL DINERO DE MERCADO: UN ENFOQUE UTILITARISTA
7 Véase Albert O. Hirschman, The Passions and the Interests, Princeton (NJ), Princeton Uni-
La monetización, o el aumento de la proporción de todos los bienes y servicios
versity Press, 1977 [trad. esp.: Las pasiones y los intereses, México, Fondo de Cultura Económi-
comprados y vendidos por medio del dinero, se fue acelerando a lo largo de
ca, 1978]; Allan Silver, “Friendship in Commercial Society: Eighteenth-Century Social Theory
unos cuantos siglos. La mayoría de los pensadores del siglo XVIII consideraron and Modern Sociology”, en American Journal of Sociology, 95, mayo de 1990, pp. 1474-1504.
la monetización de la economía compatible, o al menos complementaria, con la 8 Max Weber, “Religious Rejections of the World and their Directions” [1946], en From
Max Weber. Essays in Sociology, ed. de H. H. Gerth y C. Wright Mills, Nueva York, Oxford
University Press, 1971, p. 331; Georg Simmel, The Sociology of Georg Simmel, op. cit., p. 412.
Acerca de la “preocupación obsesiva” de larga data de los sociólogos sobre las consecuencias
* El Christmas Club fue un programa de ahorro que ofrecieron distintos bancos en Esta- sociales del “nexo del dinero”, véase Bruce Mazlish, A New Science, Nueva York, Oxford Uni-
dos Unidos a partir del principio del siglo XX y tuvo un fuerte auge durante la Gran Depre- versity Press, 1989.
sión. Los clientes depositaban determinadas sumas de dinero por semana y lo cobraban a fin 9 Georg Simmel, The Philosophy of Money, op. cit., p. 346. A partir de su primera traducción
de año para las compras de Navidad. [N. de la T.] en 1978, el libro de Simmel ha sido objeto de una creciente atención a nivel internacional;
6 Lee Rainwater, Richard P. Coleman y Gerald Handel, Workingman’s Wife, Nueva York, véase David Frisby, Simmel and Since. Essays on Georg Simmel’s Social Theory, Nueva York,
Oceana Publications, 1959, pp. 154-167; Edward Wright Bakke, The Unemployed Worker Routledge, 1992, cap. 5; Gianfranco Poggi, Georg Simmel’s Philosophy of Money, Berkeley, Uni-
[1940], Hamden (CT), Archon Books, 1969, pp. 142 y 143; Jean Lave, Cognition in Practice, versity of California Press, 1993 [trad. esp.: Dinero y modernidad. La filosofía del dinero de Georg
Cambridge, Inglaterra, Cambridge University Press, 1988, pp. 132 y 133 [trad. esp.: La cogni- Simmel, Buenos Aires, Nueva Visión, 2006]; A propos de “Philosophie de l’Argent” de Georg Simmel,
ción de la práctica, Barcelona, Paidós, 1991]. ed. de Jeans-Yves Grenier et al., París, L’Harmattan, 1993.
20 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 21
como la tendencia más fuerte de la vida moderna: la reducción de la cualidad a ducía las relaciones personales al “nexo del dinero”.13 De hecho, Marx planteó
la cantidad, “que alcanza su representación más elevada y excepcionalmente en los Grundrisse y en El capital que el fetichismo del dinero era la forma más
perfecta en el dinero”. Sólo el dinero, planteaba Simmel, “está libre de toda “deslumbrante” del fetichismo de la mercancía. El proceso “pervertido” por
cualidad y está determinado de una manera exclusiva por la cantidad”. Con el medio del cual las relaciones sociales entre las personas se transmutaban en
dinero, todas las distinciones cualitativas entre las mercancías se pueden con- relaciones materiales entre cosas alcanzaba su culminación con el dinero.
vertir por igual en un “sistema de números” calculable aritméticamente.10 Otras mercancías podían conservar su valor más “natural” o “valor de uso” y,
Tal “objetividad a rajatabla” permitió que el dinero funcionara como un por lo tanto, cierta diferenciación cualitativa. Pero en tanto mero valor de in-
medio “técnicamente perfecto” para el moderno intercambio económico. Li- tercambio, el dinero asumió necesariamente una forma “carente de signifi-
bre de restricciones subjetivas, indiferente a “intereses, orígenes o relaciones cado” que a su vez neutralizó toda posible diferenciación cualitativa entre las
particulares”, la liquidez y la divisibilidad del dinero resultaban infinitas. La mercancías. En su forma dinero, advirtió Marx, “todas las mercancías apare-
esencia misma del dinero, afirmaba Simmel, era “ser incondicionalmente cen iguales”. Y aún de una manera más incongruente, el dinero transformaba
intercambiable, su uniformidad interna que hace que cada pieza sea canjeable incluso a los objetos intangibles desprovistos de utilidad, como la conciencia o
por otra”. El dinero, de este modo, servía como el adecuado intermediario el honor, en mercancías ordinarias. De este modo, aun aquello que no tiene
neutral en un mercado racional e impersonal, “expresando las relaciones eco- precio se rinde ante el precio. “Ni siquiera los huesos de los santos [...] son ex-
nómicas entre los objetos [...] en términos cuantitativos abstractos, sin entrar tra commercium hominum capaces de resistir la alquimia”.14
él mismo en esas relaciones”.11 De una manera inequívoca, Simmel descartaba Para Marx, el dinero era entonces un “nivelador radical” e irresistible que
las restricciones no económicas en el uso del dinero como atavismos residua- invadía todas las áreas de la vida social. Al homogeneizar todas las distincio-
les: “La idea inhibitoria de que ciertas sumas de dinero pueden estar ‘mancha- nes cualitativas en la cantidad abstracta, el dinero permitía la “identificación
das con sangre’ o estar malditas son sentimentalismos que pierden todo signi- de lo incompatible”. Medio siglo más tarde, Simmel confirmaba el diagnóstico
ficado ante la creciente indiferencia del dinero”. Al volverse el dinero nada de Marx, tildando al dinero de “nivelador terrorífico” que pervertía la singu-
más que “mero dinero”, su libertad se hacía incuestionable y sus usos, ilimita- laridad de los valores personales y sociales: “incoloro e indiferente [...] [el di-
dos.12 nero] vacía el meollo de las cosas [...] su valor específico y su incomparabili-
Esta objetivación de la vida moderna tuvo un doble efecto. Por una parte, dad”. Por cierto, en su análisis de la prostitución Simmel reconoció “en la
Simmel planteó que una economía del dinero le ponía fin al sometimiento naturaleza misma del dinero algo de la esencia de la prostitución”. De todas
personal de los acuerdos tradicionales, otorgándole a cada individuo la liber- las relaciones sociales, la prostitución, advertía Simmel, era “la más notable
tad de elegir a los participantes y los términos del intercambio económico. instancia de una degradación recíproca a mero medio”, y de este modo conec-
Pero la alquimia cuantificadora del dinero conllevaba una química más omi- taba la prostitución con la economía del dinero: “la economía de los ‘medios’
nosa. En un ensayo temprano, Marx había advertido que los poderes de trans-
formación del dinero subvertían la realidad: “Confundiendo y combinando
13 Karl Marx, “The Power of Money in Bourgeois Society” [1844], en The Economic and
[...] todas las cualidades naturales y humanas [...] [el dinero] sirve para inter-
Philosophic Manuscripts of 1844, Nueva York, International Publishers, 1964, p. 169 [trad. esp.:
cambiar cualquier propiedad por otra, incluso contradictorias, propiedad y Manuscritos de economía y filosofía, Madrid, Alianza, 2003]; Grundrisse [1858-1859], Nueva
objeto: es la fraternización de las imposibilidades”. Como el objetivador por York, Vintage, 1973, p. 221 [trad. esp.: Grundrisse. Lineamientos fundamentales para la crítica de
antonomasia, un “dios entre las mercancías”, el dinero no sólo obliteraba to- la economía política. 1857-1858, México, Fondo de Cultura Económica, 1985].
14 Karl Marx, Grundrisse, op. cit., p. 222; Capital [1867], vol. 1, ed. de Friedrich Engels,
das las conexiones subjetivas entre objetos e individuos, sino que también re- Nueva York, International, 1984, pp. 96, 103, 111, 132, 105 [trad. esp.: El capital, México, Fon-
do de Cultura Económica, 1999]; A Contribution to the Critique of Political Economy [1858], ed.
de Maurice Dobb, Nueva York, International, 1972, p. 49 [trad. esp.: Contribución a la crítica
10 Georg Simmel, The Philosophy of Money, op. cit., pp. 211, 279, 280 y 444. de la economía política, México, Siglo XXI, 1980]. Véase también “Money”, en A Dictionary of
11 Ibid., pp. 373, 128, 441, 427 y 125. Marxist Thought, ed. de Tom Bottomore, Cambridge, (MA), Harvard University Press, 1983,
12 Ibid., pp. 441 y 444. pp. 337-340.
22 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 23
en un sentido estricto”. También Max Weber señaló el fundamental antago- dinero” no significa que hayan desaparecido la generosidad o el sentido del
nismo entre una economía racional del dinero y los vínculos personales, al in- deber, sino simplemente que el dinero constituye la medida más eficiente de
dicar que “cuanto más sigue el mundo de la moderna economía capitalista las “motivaciones ordinarias que gobiernan a los hombres en los actos de la
sus propias leyes inmanentes, menos accesible se vuelve [...] a una ética reli- vida cotidiana”.17
giosa de la fraternidad”.15 El influyente economista estadounidense Wesley C. Mitchell retomó los
En un ensayo publicado en 1913, el economista y sociólogo Charles H. argumentos de Marshall, y destacó el uso del dinero como uno de los “gran-
Cooley disintió y presentó sus argumentos en defensa del dólar. Al mismo des hábitos racionalizadores” de la sociedad, que conforma no sólo el com-
tiempo que reconocía el crecimiento del nexo del dinero en la sociedad mo- portamiento económico objetivo de las personas, sino también su “vida subje-
derna, Cooley se rehusaba a ver al dinero como un antagonista forzoso de los tiva”. Sin embargo, al considerar el mundo íntimo de los hogares, los
valores no pecuniarios. En cambio, en una línea muy parecida a la de los de- argumentos de Mitchell empezaron a tambalear. Mientras en el ámbito de los
fensores del siglo XVIII de la tesis del mercado como un agente moralizador, negocios “nada más que el valor pecuniario de las cosas [...] debe tomarse en
que Albert O. Hirschman designa como la tesis “doux commerce”, Cooley plan- consideración, y el valor pecuniario puede siempre ser sopesado, comparado
teaba que el “principio de que todo tiene un precio debería ampliarse antes y ajustado de una manera ordenada y sistemática”, la contabilidad doméstica
que restringirse [...] los valores pecuniarios son parte del mismo sistema gene- era de una clase diferente, más “retrógrada”: “las ganancias no se pueden re-
ral que la moral y los valores estéticos, y es su función que estos últimos se ducir a dólares, como las utilidades de una empresa comercial”. ¿Cómo puede
impongan en el mercado”. Al considerar el honor como “uno de esos valores una esposa, entonces, comparar efectivamente sus “costos y beneficios”? Los
que muchos pondrían fuera de la esfera pecuniaria”, Cooley observa que, más valores familiares necesariamente distorsionaban la racionalidad y la eficien-
bien, el honor “puede incitar a ahorrar dinero para pagar una deuda, mientras cia del mercado al introducir cuestiones no mensurables de valor subjetivo.18
que la intemperancia lo gastaría en una buena cena”. En tal caso, “compramos Joseph Schumpeter también advirtió que el capitalismo “exalta” al di-
nuestro honor con dinero”. El progreso, concluía Cooley, no residía en depre- nero, convirtiéndolo en una “herramienta de cálculos racionales de costo/be-
ciar la valuación monetaria, sino en asegurar la regulación moral del dinero: neficio”, un análisis que se extendía más allá del sector económico hacia un
“El dólar debe ser reformado más que suprimido”.16 “tipo de lógica o actitud o método [que] luego inicia una carrera de conquista
En su disenso, Cooley se alineó con la visión de esos economistas profe- subyugando –racionalizando– las herramientas y la filosofía del hombre, sus
sionales que veían el dinero como el principal agente racionalizador –aunque prácticas médicas, su imagen del cosmos, su visión de la vida; de hecho, todo,
no necesariamente corruptor– en la economía moderna. El gran economista incluso su idea de la belleza y de la justicia y sus ambiciones espirituales”.
Alfred Marshall, por ejemplo, declaró en 1885 que “en el mundo en el que vi- Mientras que, por una parte, Schumpeter sugería que el proceso capitalista
vimos, el dinero, que representa el poder adquisitivo en general, es hasta tal conducía hacia el “utilitarismo y una total destrucción de los Significados”,
punto la mejor medida de las motivaciones que ninguna otra puede competir por la otra, en un debate acerca del dinero publicado hace muy poco tiempo,
con ella”. En la ética pragmática de Marshall, el hecho de que “cuando quere- reconocía, al igual que Mitchell, una esfera, separada de la esfera racional del
mos inducir a un hombre a hacer algo para nosotros en general le ofrecemos comportamiento económico, en la cual el dinero no era culturalmente estéril,
como, por ejemplo, en el uso de efectivo que servía también como un objeto
ritual significativo. Este “significado cultural” del dinero, sin embargo, era re-
15 Karl Marx, Capital, op. cit., p. 132; Grundrisse, op. cit., p. 163; Georg Simmel, The Sociology
of Georg Simmel, op. cit., p. 414; The Philosophy of Money, op. cit., p. 377; Max Weber, “Religious
Rejections…”, op. cit., p. 331. 17 Alfred Marshall, “The Present Position of Economics (1885)”, en Memorials of Alfred
16 Albert O. Hirschman, Rival Views of Market Society, Nueva York, Viking, 1986; Charles Marshall, ed. de C. Pigou, Londres, Macmillan and Co., 1925, p. 158.
H. Cooley, “The Sphere of Pecuniary Valuation”, en American Journal of Sociology, 19, sep- 18 Wesley C. Mitchell, “The Role of Money in Economic Theory (1916)”, en The Backward
tiembre de 1913, pp. 202, 191 y 203. En otro artículo, “The Institutional Character of Pecu- Art of Spending Money and Other Essays, Nueva York, Augustus M. Keeley, 1950, p. 170; “The
niary Valuation”, en American Journal of Sociology, 18, enero de 1913, pp. 543-555, Charles H. Backward Art of Spending Money (1912)”, en The Backward Art of Spending Money and Other
Cooley enfatiza el escenario institucional de la valuación monetaria. Essays, op. cit., p. 13.
24 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 25
levante sólo en caso excepcionales, “en la medida en que influye en la con- manera irrefrenable y sistemática “dominios de acción que dependen de la
ducta misma de las personas con respecto al dinero”.19 integración social”. Los sociólogos, por lo tanto, todavía aceptan con una no-
El modelo utilitario ha dominado las teorías acerca del dinero. La sociolo- table falta de escepticismo la noción de que, una vez que el dinero invade el
gía contemporánea todavía se aferra a la visión del dinero como un medio de ámbito de las relaciones personales, lleva de un modo inevitable esas relacio-
intercambio de mercado absolutamente fungible, cualitativamente neutral, in- nes hacia la racionalidad instrumental.21
finitamente divisible y por completo homogéneo. James Coleman, por ejem- Durante un siglo, por lo tanto, la interpretación del dinero que prevaleció
plo, hace un análisis en extremo sofisticado del intercambio social, pero conti- forjó un modelo absoluto del dinero de mercado, basado en los cinco presu-
núa tratando al dinero como el común denominador impersonal por puestos siguientes:
antonomasia. A pesar de que hay analistas que reconocen la dimensión sim-
bólica del dinero moderno, no logran trascender por completo el esquema uti- 1. Las funciones y características del dinero se definen en términos estricta-
litario. Talcott Parsons, por ejemplo, reclamó de una manera explícita una “so- mente económicos. En tanto objeto líquido por completo homogéneo e
ciología del dinero” que lo considerara como uno de los medios simbólicos infinitamente divisible, que carece de cualidades, el dinero es una herra-
generalizados de intercambio social, junto con el poder político, la influencia y mienta incomparable para el intercambio del mercado. Incluso cuando se
el compromiso valorativo. En contraste con la definición de Marx del dinero reconoce el significado simbólico del dinero, o se lo restringe a la esfera
como “el representante material de la riqueza”, en la teoría de Parsons de los económica, o se lo trata como un rasgo en gran medida sin demasiada
medios, el dinero constituía un lenguaje simbólico; no una mercancía, sino un trascendencia.
significante, carente de valor de uso. No obstante, Parsons restringe el simbo- 2. Toda forma de dinero es igual en la sociedad moderna. Lo que Simmel
lismo del dinero a la esfera económica. El dinero, arguye, es la “‘encarnación’ denominó el “carácter cualitativamente ‘comunístico’”22 del dinero
simbólica del valor económico, de lo que los economistas en un sentido téc- niega toda distinción entre distintos tipos de dinero. Sólo son posibles
nico denominan ‘utilidad’”.20 Por consiguiente, la teoría de los medios de Par- diferencias de cantidad. De este modo, existe sólo una clase de dinero
sons dejó a un lado el valor simbólico del dinero fuera del mercado: el signifi- de mercado.
cado cultural y social del dinero más allá de la utilidad. 3. Se establece una marcada dicotomía entre el dinero y los valores no pecu-
Anthony Giddens lamenta que Parsons cometa el error de igualar poder, niarios. El dinero en la sociedad moderna se define como esencialmente
lenguaje y dinero, ya que para Giddens el dinero tiene una relación netamente profano y utilitario en contraste con los valores no instrumentales. El di-
diferente con la vida social. Ve al dinero como un “objeto simbólico”, un ejem- nero es cualitativamente neutral; los valores personales, sociales y sa-
plo clave para aquellos “mecanismos de desarraigo asociados con la moderni- grados son cualitativamente diferentes, no intercambiables e indivisibles.
dad”, separando las relaciones sociales de tiempos y lugares concretos. Jürgen
Habermas llega a decir que el dinero es el medio a través del cual el sistema 21 Anthony Giddens, The Consequences of Modernity, Stanford (CA), Stanford University
económico “coloniza” el mundo de la vida social rutinaria, socavando de una Press, 1990, pp. 21, 22 y 25 [trad. esp.: Las consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza,
1999]; Jürgen Habermas, The Theory of Communicative Action, vol. 2, Boston, Beacon Press,
1989, p. 327 [trad. esp.: Teoría de la acción comunicativa, 2 vols., Madrid, Trotta, 2010]. Para una
19 Joseph A. Schumpeter, Capitalism, Socialism and Democracy [1942], Nueva York, Harper crítica diferente al tratamiento del dinero de Habermas, como también de Parsons y de Luh-
and Row, 1962, pp. 123, 124 y 129 [trad. esp.: Capitalismo, socialismo y democracia, Barcelona, mann, en especial por ignorar el poder y la desigualdad, véase Heiner Gansmann, “Money.
Folio, 1996]; “Money and Currency”, en Social Research, otoño de 1991, pp. 521 y 522. A Simbolically Generalized Medium of Communication?”, op. cit. Para otros comentarios
20 James Coleman, Foundations of Social Theory, Cambridge ( MA ), Harvard University acerca de los peligros sociales de una monetización irrestricta, véase Richard M. Titmuss,
Press, 1990, pp. 119-131; Talcott Parsons, “Higher Education as a Theoretical Focus”, en Insti- The Gift Relationship, Nueva York, Vintage, 1971; Fred Hirsch, Social Limits to Growth, Cam-
tutions and Social Exchange, ed. de Herman Turk y Richard L. Simpson, Nueva York, Bobbs- bridge (MA), Harvard University Press, 1978; Michael Walzer, Spheres of Justice, Nueva York,
Merrill, 1971, p. 241; “Levels of Organization and the Mediation of Social Interaction”, en Basic Books, 1983 [trad. esp.: Las esferas de la justicia, México, Fondo de Cultura Económica,
Institutions and Social Exchange, op. cit., pp. 26 y 27; “On the Concept of Influence”, en Sociolo- 1995]; Eugene Rochberg-Halton, Meaning and Modernity, Chicago, University of Chicago
gical Theory and Modern Society, Nueva York, Free Press, 1967, p. 358; Karl Marx, Grundrisse, Press, 1986, cap. 10.
op. cit., p. 222. 22 Georg Simmel, Philosophy of Money, op. cit., p. 440.
26 EL SIGNIFICADO SOCIAL DEL DINERO EL MARCADO DEL DINERO 27
4. Se considera que los intereses monetarios aumentan constantemente, con la personalización del dinero por parte de los individuos. Consideremos,
cuantificando y a menudo corrompiendo todas las áreas de la vida. por ejemplo, las cinco mil o más variedades distintas de billetes de los estados
Como un medio abstracto de intercambio, el dinero no sólo tiene la li- (sin incluir miles de falsificaciones) que circulaban en el siglo XIX. Los comer-
bertad sino también el poder de llevar un creciente número de bienes y ciantes y los banqueros tenían que confiar en catálogos de billetes para contro-
servicios a la red del mercado. El dinero es así el vehículo de una inevi- lar una variedad de monedas difícil de manejar, ya que el valor, como también
table mercantilización de la sociedad. la forma y el estilo de los billetes eran diferentes de un banco a otro y también
5. No se duda del poder del dinero de transformar los valores no pecu- de un Estado a otro. Era común al parecer que los clientes de un banco especi-
niarios, mientras que la transformación recíproca del dinero por los va- ficaran “en qué clase de moneda iban a ser retirados los depósitos y con qué
lores o las relaciones sociales rara vez se conceptualiza, si no resulta clase de pagarés iban a ser cancelados”.24
explícitamente rechazada. El gobierno se propuso eliminar las distinciones entre las monedas. En
1863 la National Banking Act permitió que los bancos nacionales recién apro-
No es completamente descabellado suponer que la monetización de la vida bados crearan una moneda nacional uniforme. Unos pocos años más tarde, el
social conlleva la difusión de la uniformidad, la precisión y el cálculo. Des- gobierno federal sacó de circulación múltiples billetes de los estados. Con an-
pués de todo, la economía del dinero produjo un cambio significativo de la terioridad, acuciado por la crisis financiera de la Guerra de Secesión, el Con-
organización social. Por ejemplo, facilitó la multiplicación de las sociedades greso había autorizado al Tesoro en 1862 a imprimir millones de “verdes”, el
económicas y promovió una división racional del trabajo. Entre 1860 y co- primer papel moneda del país sin respaldo en oro, que circuló a nivel nacional
mienzos de la década de 1930, Estados Unidos fue testigo, entre otras innova- como moneda de curso legal.25 Pero incluso después de la National Banking
ciones financieras, de la creación de los giros postales (1864); de los cheques Act, el stock de dinero en Estados Unidos continuó estando muy diversificado.
de viajero (1891); de los precios fijos (en la década de 1860); de las tiendas con Los nuevos billetes nacionales circulaban junto con otros inventos monetarios
precios fijos, del tipo “todo por dos pesos”, como las tiendas Woolworth; de los de la Guerra Civil, no sólo “verdes” sino también billetes de curso legal que
catálogos para compras por correo (en la década de 1870); de las tarjetas de devengaban interés, pagarés del gobierno, moneda postal y fraccionaria,
crédito (1914); de los primeros sistemas de transferencia electrónica de fondos como también certificados de plata y de oro (“amarillos”), por no mencionar
(1918) y del uso intensivo de los planes de pago, como las compras en cuotas y las más tradicionales monedas de oro y las de plata baja. Estos múltiples dine-
el sistema de crédito.23
24 Bray Hammond, Banks and Politics in America [1957], Princeton (NJ), Princeton Universi-
ty Press, 1967, pp. 702 y 703. La heterogeneidad de los billetes del Estado iba más allá de su
LA CREACIÓN DEL DINERO DE MERCADO
distinto valor económico; los bancos también individualizaban con frecuencia los billetes con
complejos dibujos de personas o de escenas representativos de su localidad. Para una exce-
A partir del siglo XIX, en Estados Unidos el Estado se empeñó con energía en la lente colección de ilustraciones de billetes de banco, véase Important Early American Bank
creación de la moneda “incolora” de Simmel, de un dinero nacional estandari- Notes, 1810-1874, from the Archives of American Bank Note Company, Nueva York, Christie’s,
1990. Como prueba de la diversidad de la moneda estadounidense en el siglo XVIII, véase el
zado. ¿Cómo lo hizo? Obligó a sacar de circulación miles de papeles moneda estudio de Alice Hanson Jones de inventarios de sucesiones en trece colonias alrededor de
emitidos por los estados, suprimió la emisión privada de vales, billetes o mo- 1774, Wealth of a Nation to Be, Nueva York, Columbia University Press, 1980, pp. 8, 132 y 133.
nedas por parte de tiendas, negocios, iglesias y otras organizaciones, y acabó Según Jones, los activos financieros abarcaban desde bonos o billetes a monedas de oro y
plata, papel moneda local emitido por cada provincia en particular, billetes de libras esterli-
nas inglesas, como también el “Joe” o “Johannes”, una moneda de oro portuguesa, o los
“reales de a ocho” [pieces of eight], un dólar español. La gente a menudo utilizaba el pago en
23 Véase James R. Beniger, The Control Revolution, Cambridge (MA), Harvard University especias a valores aceptables en la moneda local; en Maryland y en Virginia, por ejemplo, los
Press, 1986, pp. 329 y 331; Thomas J. Schlereth, “Country Stores, County Fairs, and Mail- impuestos y otras deudas se fijaban en libras de tabaco.
Order Catalogues”, en Consuming Visions, ed. de Simon J. Bronner, Nueva York, Norton, 25 Milton Friedman y Anna J. Schwartz, A Monetary History of the United States, 1867-1960,
1989, p. 364; Lewis Mandell, The Credit Card Industry, Boston, Twayne Publishers, 1990. Princeton (NJ), Princeton University Press, 1971, pp. 15-25.









