El lobo y la grulla
Un día como cualquier otro, un joven y fornido lobo sintió cómo su garganta se
atoraba con el pequeño hueso de una de sus presas. Viéndose en la más
precaria situación, comenzó a aullar con lo poco que le quedaba de aliento:
— ¡Socorro, auxilio! Ayúdame y serás recompensado.
Los animales del bosque ignoraron las palabras del lobo ya que todos sabían
que él no era de fiar. Sin embargo, una grulla incauta que caminaba por ahí
escuchó sus lamentos y decidió ayudarlo. Con su largo y delgado pico, entró en
la garganta del lobo y luego de haber extraído el hueso, exigió el pago
prometido. Sin embargo, el lobo sonriendo y rechinando sus dientes, exclamó:
— ¿Qué es lo que me pides? Te aseguro que ya tienes la recompensa que te
mereces al haber metido tu cabeza en la boca de un lobo y haber seguido con
vida.
Moraleja: Cuando sirves a los malos de corazón, no esperes recompensa.
Agradece si escapas las consecuencias de tus acciones.