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Asakusa Kid

El documento resume la película El chico de Asakusa, basada en las memorias de Takeshi Kitano sobre sus comienzos como comediante en los años 70 en clubes de Asakusa, Tokio. Aunque sigue convenciones como la historia del ascenso del protagonista y su relación con una chica, la película presenta variaciones como la ausencia de un beso entre la pareja y el logro terrenal del protagonista en lugar de la gloria. Relata la amistad entre el joven Kitano y su mentor cómico más experimentado.

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El documento resume la película El chico de Asakusa, basada en las memorias de Takeshi Kitano sobre sus comienzos como comediante en los años 70 en clubes de Asakusa, Tokio. Aunque sigue convenciones como la historia del ascenso del protagonista y su relación con una chica, la película presenta variaciones como la ausencia de un beso entre la pareja y el logro terrenal del protagonista en lugar de la gloria. Relata la amistad entre el joven Kitano y su mentor cómico más experimentado.

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El chico de Asakusa

Basada en un libro de memorias de Takeshi Kitano, es suficiente con eso para que
The Asakusa Kid nos encante. Pero además es encantadora de por sí.

Convicción por convención


Por Horacio Bernades

A primera vista, El chico de Asakusa parece una película mil veces vista. La
historia del ascenso del protagonista, de la nada al estrellato, producto de un
momento clave de decisión. A su lado, la chica linda, inconquistable, a la que el
héroe desarma casi sin querer, gracias a su simpatía e ingenuidad. Y un
personaje, el maestro del protagonista, que describe el trayecto contrario, del éxito
al fracaso. Sin embargo, mirando más en detalle se verá que el segundo largo
escrito y dirigido por Gekidan Hitori --dos décadas como actor de cine y televisión--
practica desvíos en casi todas las líneas. (Atención que vienen spoilers). Entre el
chico y la chica no hay ni un beso. La chica parece tener todo el futuro por delante,
y sin embargo… No hay padres que apoyen al protagonista o que, por el contrario,
se opongan a su vocación artística. El héroe llega adonde ansía. Pero esa meta
no es la gloria, sino un simple logro terrenal. Además, claro, hay un dato
irresistible: la de El chico de Asakusa es la historia de la primera parte de la vida
artística de Takeshi Kitano.

Antes de convertirse en uno de los cineastas más inspirados y audaces de los 90,
Kitano fue durante veinte años Beat Takeshi, el más famoso cómico de la
televisión japonesa. Su marca en el orillo eran las bromas pesadas, negras y
escatológicas. Basada en sus memorias del mismo nombre, El chico de Asakusa
narra los comienzos de Beat Takeshi en los años 70, en los clubes más piojosos
del barrio de ese nombre, que no era Broadway precisamente. Una de las mitades
de un dúo cómico estilo Abbott y Costello, basado en la mecánica gancho-pie-
remate, para esa época el estilo humorístico de Takeshi (Yûya Yagira, un pibe de
lo más querible) y su compañero Kiyoshi (Nobuyuki Tsuchiya) ya atrasaba unos
veinte años. Igual nadie se entera, su público son una docena de tipos solitarios.
Precioso el gag en el que el único espectador se para y pide permiso para ir al
baño y volver, y Takeshi y Kiyoshi se quedan esperando.

Como corresponde en estos casos, un cómico más experimentado adivina que


detrás de esas rutinas trajinadas algún talento hay y se convierte en padrino
artístico del veinteañero Takeshi. El Pigmalión del caso es uno de esos que se
comportan como sargentones, pero en el fondo saben que a su Doolittle sólo ay
que pulirlo un poco para que salga bueno. En Japón esta dupla maestro-discípulo
tiene un peso, un sentido, una centralidad cultural que en Occidente no existe. Por
eso, cuando la relación se invierte, Takeshi, ya por entonces Beat (el maestro le
enseñó a bailar tap, de ahí el apodo) termina sucediéndolo, como haría un hijo fiel
con su padre adoptivo. Hay una clave para que la convención deje de ser
convención y se convierta en convicción: que el narrador crea en sus personajes y
los quiera, que los entienda, que no se ponga por sobre ellos y no los use como
fichas de un tablero.

El Beat Takeshi de Yagira tiene la mirada de asombro de un chico, aunque su


rostro esté cruzado ya por el latigazo eléctrico que caracterizaría a Kitano más
tarde. Chiharu (Mugi Kadowaki) es la chica linda que se hace popular con poca
ropa, y que cuando quiere cantar encuentra que lo único que el público quiere de
ella es la poca ropa. Hay algo que el joven torpe aprende de su maestro, además
del tap: a hacerse respetar, por muy cómico que sea. Aunque para eso haya que
pelearse con el público. “Soy un comediante, qué te pasa”, le dice Senzaburo (Yo
Ôizumi) a un espectador molesto, para legar luego su credo al alumno: “No
importa qué es lo que el público crea gracioso; enseñale vos qué es lo gracioso”.
Pensándolo bien, tal vez El chico de Asakusa sea la historia de un maestro zen y
su alumno. O de un artista de vanguardia, dispuesto a violentar al espectador en
su butaca, como quien le clava a un tipo un palillo de madera en la oreja.

EL CHICO DE ASAKUSA 7 PUNTOS

Asakusa Kid, Japón, 2021

Dirección y guión: Gekidan Hitori, sobre libro homónimo de Takeshi Kitano

Duración: 122 minutos

Intérpretes: Yûya Yagira, Mugi Kadowaki, Yo Ôizumi, Nobuyuki Tsuchiya

Estreno en Netflix.

(Publicado en Página/12, 29-12-21)

@horaciobernades

https://www.youtube.com/watch?v=HAhjr297-1M

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