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Biografías

El documento presenta una breve biografía de tres destacados artistas: Diego Velázquez, un pintor español del siglo XVII conocido por su estilo naturalista y obras maestras como 'Las Meninas'; Antoni Gaudí, un arquitecto catalán del modernismo famoso por su obra única y personal, incluyendo la Sagrada Familia; y Claude Monet, un pintor francés que fue pionero del Impresionismo, conocido por su obra 'Impresión, sol naciente'. Cada artista tuvo un impacto significativo en su respectivo campo, dejando un legado duradero en la historia del arte.

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Biografías

El documento presenta una breve biografía de tres destacados artistas: Diego Velázquez, un pintor español del siglo XVII conocido por su estilo naturalista y obras maestras como 'Las Meninas'; Antoni Gaudí, un arquitecto catalán del modernismo famoso por su obra única y personal, incluyendo la Sagrada Familia; y Claude Monet, un pintor francés que fue pionero del Impresionismo, conocido por su obra 'Impresión, sol naciente'. Cada artista tuvo un impacto significativo en su respectivo campo, dejando un legado duradero en la historia del arte.

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Época Barroca

Diego Velázquez
(1599/06/06 - 1660/08/06)

Nació el domingo 6 de junio de 1599 en Sevilla de Diego Velázquez, hijo primogénito de João
Rodrigues da Silva, notario eclesiástico, y Jerónima Velázquez. Su progenitor tenía origen portugués;
sus abuelos paternos, comerciantes, y posiblemente judíos conversos, se establecieron en Sevilla
procedentes de Oporto. Fue el mayor de ocho hermanos. Adoptó el apellido de su progenitora, según
uso frecuente en Andalucía, firmando como "Diego Velázquez" o "Diego de Silva Velázquez".

Al cumplir los doce años entró de aprendiz en el taller del que sería su futuro suegro, Francisco
Pacheco, pintor manierista. Durante su aprendizaje, aprendió el naturalismo tenebrista imperante en
su época, derivado del realismo italiano y del flamenco. Con solo diecinueve años se casó con Juana
que tenía quince. Con ella tuvo a sus dos hijas: Francisca, bautizada el 18 de mayo de 1619, e Ignacia,
el 29 de enero de 1621. Además, un documento notarial acredita la existencia en 1652 de un hijo
romano de Velázquez: Antonio de Silva, hijo natural y cuya madre se desconoce.

Sus primeras obras, realizadas entre los años 1617 y 1623, son bodegones, retratos y escenas
religiosas. Muchas tienen un marcado acento naturalista, como La comida (c. 1617, Museo del
Ermitage, San Petersburgo), bodegón que puede considerarse como la primera obra independiente
del maestro.

En el Aguador de Sevilla (c. 1619-1620, Aspley House, Londres) los magistrales efectos de luz y
sombra, así como la directa observación del natural, llevan a relacionarlo inevitablemente con
Caravaggio. Para sus obras religiosas utilizó modelos extraídos de las calles de Sevilla. En la Adoración
de los Magos (1619, Museo del Prado, Madrid) las figuras bíblicas son retratos de su familia incluido
su propio autorretrato.

En 1621 viajó a Madrid para conocer las colecciones reales y en el 1623 regresó a la capital para pintar
un retrato del rey Felipe IV (1623, Museo del Prado) el monarca le nombró su pintor de cámara. Pintó
también temas mitológicos como El triunfo de Baco, popularmente llamado, Los borrachos (1628-
1629, Museo del Prado).

En el año 1628 Petrus Paulus Rubens llegó a la corte de Madrid en misión diplomática y trabó amistad
con Velázquez. En agosto de 1629 viajó a Génova y desde allí se dirigió a Milán, Venecia, Florencia y
Roma; regresó a España desde Nápoles en enero de 1631.
Estudió de cerca el arte del renacimiento y de la pintura italiana de su tiempo. Algunas de las obras
realizadas durante sus viajes dan muestra de la asimilación de estos estilos; un ejemplo
representativo es su La túnica de José (1639, Monasterio de El Escorial, Madrid) y La fragua de Vulcano
(1630, Museo del Prado. De vuelta a España, Velázquez reanudó sus encargos como retratista de
corte. En 1631 entró en su taller Juan Bautista Martínez del Mazo, un ayudante con 20 años nacido en
Cuenca, y que se casaría el 21 de agosto de 1633 con su hija mayor, Francisca, que tenía 15 años de
edad.

Hacia 1640 trabajó en los retratos de caza de la familia real para la Torre de la Parada. Pintó algunos
cuadros religiosos, como el Crucificado (c. 1632), La coronación de la Virgen (c. 1641) y San Antonio
Abad y San Pablo primer ermitaño (c. 1634), todos ellos en el Museo del Prado. En el año 1649 regresó
de nuevo a Italia para adquirir obras de arte para el rey. Durante su estancia en Roma (1649-1650)
pintó el magnífico retrato de Juan de Pareja (Metropolitan Museum of Art, Nueva York) así como el
inquietante y profundo retrato del Papa Inocencio X (Galería Doria-Pamphili, Roma). Al poco tiempo
fue admitido como miembro en la Academia de San Lucas de Roma. La Venus del espejo (National
Gallery, Londres) data probablemente de esta época.

Las obras más importantes de las dos últimas décadas de su vida son Las hilanderas o La fábula de
Aracné (1644-1648, Museo del Prado) composición sofisticada de compleja simbología mitológica, y
una de las obras maestras de la pintura española Las Meninas o La familia de Felipe IV (1656, Museo
del Prado), que constituye un imponente retrato de grupo de la familia real con el propio artista
incluido en la escena.

Ejerció diversos cargos de funcionario cortesano: pintor del rey, ujier de cámara, alguacil de corte,
veedor y contador o aposentador de palacio, un trabajo que requería demasiada dedicación y que
relegó la pintura a un segundo plano. Poco antes de su muerte fue nombrado Caballero de Santiago.
Su ascendencia desconocida (su sangre no podía ser judía ni conversa) imposibilitaba el
reconocimiento. La intervención del Rey ante el Papa Alejandro VII posibilitó que obtuviese la Cruz de
Santiago en 1659.

Marcó el siglo XVII con su estilo naturalista, con su diestra diversidad de técnicas, con su empleo de la
luz y sus sutiles armonías de color. Son muchos quienes lo han considerado el mejor pintor ibérico de
la historia, y es quizás por ello digno que hubiera nacido y florecido con el siglo de oro español. Su
influencia sería inmensa y prolongada, pues incluso los impresionistas del siglo XIX encontrarían en
sus obras un ideal que estudiar y al cual aspirar.

Su último 31 de julio fue atacado por unas fiebres y presintiendo su fin, firmó su testamento. Diego
Velázquez falleció en Madrid el 6 de agosto de 1660, siendo sepultado en la cripta de Fuensalida de la
iglesia de San Juan Bautista; en el plazo de ocho días, su esposa Juana fue enterrada junto a él. Esta
iglesia fue destruida por los franceses en 1811, perdiéndose sus restos. Tras su muerte fue acusado
de desfalco. Una comisión del fisco revisó sus libros de cuentas y fue condenado a devolver 35.000
reales. Se procedió a embargar parte de sus bienes y su yerno, el pintor Juan Bautista Martínez del
Mazo (1610-1667), tuvo que hacer frente al resto de la deuda.
Las Meninas
Época Modernista

Antonio Gaudí

Antoni Gaudí i Cornet fue un arquitecto catalán que ha sido reconocido internacionalmente como uno
de los expertos más prodigiosos de su disciplina, además de uno de los máximos exponentes del
modernismo. Su genialidad excepcionalmente rompedora fue artífice de un lenguaje arquitectónico
único, personal e incomparable difícil de etiquetar.

Infancia de Antoni Gaudí

Antoni Gaudí nació el 25 de junio de 1852 en Reus según unas biografías y en Riudoms según otras,
una pequeña población cerca de Reus donde su familia veraneaba. Provenía de una familia de
caldereros, hecho que le permitió al joven Antoni Gaudí adquirir una especial habilidad para tratar el
espacio y el volumen mientras ayudaba a su padre y a su abuelo en el taller familiar. Su facilidad a la
hora de concebir los espacios y la transformación de materiales prosperó hasta convertirse en el
genio de la creación en tres dimensiones que posteriormente demostraría ser.

Gaudí fue un niño de salud delicada, razón por la que se vio obligado a pasar largas temporadas de
reposo en el Mas de Riudoms, donde pasaba horas y más horas contemplando y reteniendo los
secretos de la naturaleza, que consideraba su gran maestra y transmisora del conocimiento más
elevado por ser la obra suprema del Creador. Así, Gaudí encontraba la esencia y el sentido de la
arquitectura en seguir sus mismos patrones, siempre respetando sus leyes.

Se trataba, no de copiarla, pero de seguir su curso mediante un proceso de cooperación y, en este


contexto, hacer de su arquitectura la obra más bella, sostenible y eficaz posible. Por todo eso, Gaudí
afirmaba: «La originalidad consiste en volver al origen.»

Estudios de arquitectura

En el año 1870 se trasladó a Barcelona para cursar sus estudios de arquitectura a la vez que se
ocupaba con diversos empleos que le permitían pagarse los estudios. Fue un estudiante irregular,
pero que ya manifestaba algunos indicios de genialidad que le abrieron las puertas para colaborar
con algunos de sus profesores. Cuando en 1878 culminó sus estudios en la Escuela de Arquitectura, el
director, Elies Rogent, declaraba: «No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo
dirá.» Era innegable que las ideas de aquel joven no eran una mera repetición de lo que se había
hecho hasta el momento ni dejarían a nadie indiferente.
«No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá.»

Una vez obtenido el título, Antoni Gaudí se estableció por su cuenta en su despacho de la calle del Call
en Barcelona desde donde, con gran entrega, inició el inconfundible legado arquitectónico, gran
parte del cual es considerado Patrimonio de la Humanidad. Pero el encuentro, que resultó en una de
las relaciones de amistad y mecenazgo más productivas de la historia, se produjo a mediados de
1878, cuando la casualidad quiso que el artista y Eusebi Güell, un impulsor de la industria nacional
con un acentuado gusto por las artes, cruzaran caminos. La relación que se inició desde aquél
momento no fue únicamente la de cliente-arquitecto, sino que resultó en un vínculo de admiración
mutua y aficiones compartidas, tejiendo una amistad que dio al arquitecto la oportunidad de iniciar
una trayectoria profesional plena donde poder desarrollar todas sus cualidades artísticas.

Más allá de la relación con Güell, Antoni Gaudí recibió gran cantidad de encargos y planteó
innumerables proyectos. Muchos de ellos, afortunadamente, pudieron convertirse en realidad, pero
algunos otros no pasaron del papel.

Durante su etapa de madurez, las obras maestras se fueron sucediendo las unas a las otras: la Torre
Bellesguard, el Park Güell, la restauración de la catedral de Mallorca, la iglesia de la Colonia Güell, la
Casa Batlló, La Pedrera y, finalmente, la Sagrada Familia.

Curiosamente, el esplendor de la arquitectura gaudiniana coincidió, en una decisión personal del


arquitecto, con un progresivo retraimiento de su figura. Gaudí, que en su juventud había frecuentado
teatros, conciertos y tertulias, pasó de parecer un joven dandi con gustos de gourmet a descuidar su
aspecto personal, comer con frugalidad y alejarse de la vida social a la vez que se entregaba con más
fervor a un sentimiento místico y religioso.

Muerte de Antoni Gaudí: El último adiós

Antoni Gaudí murió el 10 de junio de 1926 atropellado por un tranvía mientras se encaminaba, como
cada anochecer, hacia la Sagrada Familia desde la iglesia de Sant Felip Neri. Después del golpe, perdió
la consciencia y nadie sospechó que aquel anciano indocumentado y de aspecto descuidado era el
célebre arquitecto, y fue trasladado al Hospital de la Santa Cruz, donde posteriormente sería
reconocido por el cura de la Sagrada Familia. El entierro tuvo lugar dos días después en la Sagrada
Familia después de un multitudinario funeral: buena parte de los barceloneses salieron a la calle para
dar el último adiós a Gaudí, el arquitecto más universal que la ciudad había visto.

Gaudí era un arquitecto reconocido por sus coetáneos dentro y fuera de las fronteras españolas, pero
su singular genio innovador y creativo no fue aceptado universalmente hasta bastantes décadas más
tarde. En la actualidad, su figura es internacionalmente reconocida y su obra se cuenta entre las más
admiradas de la arquitectura de todos los tiempos.
Templo de la Sagrada Familia

Época Impresionista

Oscar-Claude Monet

Claude Monet es un pintor francés conocido por su aportación en el movimiento artístico


denominado Impresionismo. Nacido en París, el 14 de noviembre de 1840, pasa su infancia en
Normandía, en la ciudad de El Havre, donde se instala junto a su familia con tan sólo cinco años. Poco
a poco, el joven Monet logra desarrollar su pasión, empezando por la caricatura y, en 1859,
estudiando pintura en la Academia Suiza de París, con el apoyo de su padre. Su marcha a Argelia al
servicio militar en 1861 interrumpe sus estudios, sin embargo, continúa experimentando diferentes
efectos artísticos. A su vuelta a París en 1862 tras una enfermedad que contrae (pleuresía), conoce al
pintor suizo Charles Gleyre y trabaja junto a Alfred Sisley, Auguste Renoir y Frédéric Bazille, que se
convertirán en buenos amigos.

Durante la segunda mitad de la década de 1860, Monet pinta un estilo que recuerda al de Edouard
Manet. A medida que amplía su estilo, Claude Monet se enfrentará a dificultades económicas, ya que
ningún Salón quiere exponer sus lienzos, a pesar del éxito de La Femme en robe verte, que representa
a Camille Doncieux, la mujer que se convertirá en su esposa en 1870. Posteriormente, Monet viaja a
Londres durante la Guerra franco-prusiana y conoce al comerciante Paul Durand-Ruel, quien le
comprará sus lienzos y contribuirá a la difusión de las obras de los impresionistas.
Una parte del futuro grupo de impresionistas se une en 1872 en Argenteuil —formada por Monet,
Manet y Renoir—, y el primer lienzo que surgirá de este movimiento artístico será Impresión, sol
naciente, y que, de hecho, dará su nombre al movimiento. Esta pintura se presentará al público en  la
primera exposición impresionista en 1874. Este será el año que marcará el apogeo del Impresionismo
y definirá a Claude Monet como uno de los creadores del movimiento. A pesar de la crítica satírica, los
impresionistas presentarán seis exposiciones hasta 1882. Las continuas compras de Durant-Ruel le
permitirán a Claude Monet vivir dignamente sin necesidad de participar en los Salones oficiales.

En 1883, se traslada definitivamente a Giverny con su amiga Alice Hoschedé, los seis hijos que ella


tuvo con Ernest Hoschedé y sus dos hijos propios; su último hijo no llegará a conocer a su madre,
muerta en el parto en 1879. Giverny se convertirá en un verdadero remanso de paz para Monet. En
1890 cuando decide comprar la casa en la que vivía en Giverny, y cuyos jardines le inspirarán para
crear obras tan famosas hoy en día como la serie de los Nenúfares. El 5 de diciembre de 1926, Monet
fallece en su casa de Giverny rodeado por su familia. Tras su fallecimiento, se creará la fundación de
Monet para conservar el patrimonio de Giverny y abrirlo al público.

Impresión, Sol Naciente

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