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Volume One - Staci Hart

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1

2
HARDCORE #1
Staci Hart
La presente traducción ha sido llevada a cabo sin ánimos de
lucro, con el único fin de propiciar la lectura de aquellas obras
cuya lengua madre es el inglés, y no son traducidos de manera
oficial al español.

El staff de LG apoya a los escritores en su trabajo, incentivando


la compra de libros originales si estos llegan a tu país.

Todos los personajes y situaciones recreados pertenecen al


autor. 3
Queda totalmente prohibida la comercialización del presente
documento.

¡Disfruta de la lectura!
Créditos

Florpincha

Florpincha Emotica G. W
Lucía Winchester Lili-ana
Lovestory 4

Dai

ZombieQueen
Contenido
Créditos
Contenido
Sinopsis
Bang, Bang, Pow.
El diablo conocido
Tómalo con calma
Ciclos y prioridades
Haz lo que tengas que hacer
La vista desde aquí
5
Lo que es
El camino de salida
Hardcore
Sobre la autora
Sinopsis
Cory James nunca ha conocido una vida en la que no estuviera corriendo.
Huyendo de los policías, de su casa, de su pasado. Corriendo del amor. La única
vez que es libre, es cuando se lanza la capucha y va a los tejados para convertirse
en una parte de Nueva York, para subir a un lugar en la ciudad en la que no se
siente sola.
El robo es nada, mentir inevitable, son subproductos de la supervivencia. Una
forma de proveer para ella y para su hermana menor, Jill; y darle la vida que Cory
no pudo tener. Durante cinco años, Cory creó una larga fila de tambaleantes fichas
de dominó, una por una, elección por elección.
La reunión con Van es la primera ficha de dominó cayendo, y una vez que
choquen entre sí, es solo una cuestión de tiempo antes de que todo su mundo esté
en peligro de desmoronarse. Ella puede decirse a sí misma, una y otra vez, que no
le importa, pero es una mentira. Lo sabe que desde la primera vez que dice su
nombre, pero no puede dejarlo entrar, no cuando tiene un trabajo que hacer, un
trabajo que podría destruir su vida. Uno en el que tendrá que traicionar a Van para
terminarlo.
Él la seguirá a cualquier altura que ella pueda escalar, pero ella solo puede correr 6
durante un tiempo antes de que tenga que elegir
Bang, Bang, Pow.
La vida es una serie de eventos y relaciones, encadenada por la conveniencia
y la supervivencia.
Había estado sola durante tanto tiempo que no sabía cómo cuidarme, no
podía encontrar un punto en querer más de lo que tenía. Si no sabes lo que te
pierdes, no tienes nada que perder. Pero al segundo que lo sabes, el momento en
que lo pruebas, no se puede volver atrás.
Años de opciones se arrastraban detrás de mí como vidrios rotos, llevándome
a donde estaba de pie, actualmente estaba en una pequeña tienda de electrónica en
el barrio Hell’s Kitchen, llenando mi mochila color negro con memorias RAM y
tarjetas gráficas bajo la luz LED enganchada en mi oído.
—Tres minutos —gritó Jade desde el otro lado de la tienda oscura, la voz
ahogada debajo del suéter negro que se extendía sobre la nariz, la boca y el cuello.
Me moví por el pasillo y agarré pilas de cajas de tarjetas de memoria,
lanzándolas al lado de un par de cámaras y una MacBook.
—Listo. —Arrojé mi linterna en la mochila y subí la cremallera.
—Yo también —contestó Erin detrás de mí. 7
—Vámonos —dijo Jade, y me puse mi mochila.
Me giré hacia Erin, quien levantó una ceja. Ella era una columna de tonos
negros, desde las botas hasta su capucha. La única piel visible se mostró alrededor
de sus brillantes ojos azules cuando sacudió su cabeza hacia la salida trasera.
Jade estaba en el pasillo con los ojos fríos cambiando de su reloj a la tienda, la
impaciencia en su voz gruesa.
—Vamos, perras.
Morgan y Cher trotaron de entre los pasillos hacia nosotras, su diferencia de
altura casi cómica. Cher estaba en algún lugar del metro y medio con curvas por
todas partes, mientras Morgan se elevaba en un metro ochenta y era tan delgada
como alta.
—Contrólate. —Morgan estrechó los ojos.
—Jódete. —Jade se giró hacia la puerta, sin importarle si la seguíamos o no.
Salimos al frío callejón con el sonido de las sirenas y nos miramos la una a la
otra durante una fracción de segundo. Entonces echamos a correr.
Jade corrió hacia una pared y tomó una escalera de incendios, y todas las
demás la siguieron, trepando por la estructura de hierro como monos.
—Solo los maricas usan escaleras —grité, mirando un contenedor de basura
en la esquina del edificio. Me quité los guantes, metiéndolos en el bolsillo cuando
corrí hacia él y salté, luego salté a una ventana por encima de mí. Mis dedos de los
pies sosteniéndose en el ladrillo, y me levanté desde el alféizar a la cornisa hasta
que alcancé el tejado. Mis botas golpearon la grava con un crujido, mientras me
dirigía a nuestro apartamento con mis amigas gritando detrás de mí.
Habíamos estado corriendo juntas durante diez años, desde la secundaria,
pero solo habíamos pasado la mitad de ese tiempo robando. Todo había
comenzado inocentemente, colocándonos en edificios abandonados para hacer
parkour1 y pintar grafitis, que era más pasatiempo de Jade que mío. Trepar
libremente y correr, empujando mi cuerpo para ver hasta dónde podía ir, qué tan
alto podía subir... fue un escape bienvenido.
Jade era práctica con las ganzúas, y podía hacernos pasar las alarmas, por lo
que cuando el hermano gemelo de Jade tuvo la idea de empezar a irrumpir en las
tiendas de electrónica, fue dinero fácil. Había tantas cosas pequeñas que
podríamos meter en una mochila y deshacernos de ellas sin riesgo real de ser 8
rastreados. Y nunca nos habían atrapado.
Morgan me pasó muy fácilmente con sus piernas kilométricas, y vi su espalda
mientras saltaba de una pared corta al siguiente techo. Cuando salté detrás de ella,
los vi.
Un grupo de chicos estaban corriendo libres a través del callejón donde
estábamos. Uno de ellos gritó, sonriendo alegremente, y Jade se dio la vuelta a
medida que salía en la dirección opuesta. Un par de las chicas se habían quitado
los pañuelos para que fuera más fácil respirar, pero se los colocaron tan pronto
como se dieron cuenta de que los chicos nos estaban persiguiendo.
Ninguna se volvió para mirar, simplemente empujamos con más fuerza, pero
en cuestión de minutos, escuché sus pisadas. Miré por encima del hombro para
encontrar las sombras de cinco chicos, todos ellos riendo y llamándonos.

1Parkour: Disciplina física centrada en trasladar tu cuerpo de un lugar a otro, ya sea en un


medio urbano o natural, valiéndote únicamente de tu cuerpo.
—Jay —grité a Jade con la barbilla baja—, separación.
—Escuché —gritó ella, y cada una se fue en una dirección diferente.
Pensaban que era un juego, que estábamos jugando. Miré hacia atrás, y bajo
las luces de la ciudad y la luna, vi a cada chica saltando, subiendo, arrastrando el
culo con un chico en su estela. Vislumbré a mi perseguidor detrás de mí, alto,
musculoso y sudando. No podía ver su rostro en la oscuridad, pero su presencia
me tiró como la gravedad.
Deshazte de él. Las palabras giraban a través de mi cabeza como un disco
rayado.
Me esforcé para cruzar una línea de edificios, sabiendo exactamente dónde
estaba. Había hecho parkour través de Hell’s Kitchen un millón de veces, y los
edificios bajos de ladrillo eran fáciles de navegar. Pero estaba a punto de llegar a
un punto en el que tenía que bajar a la calle o retroceder. Solo había una manera de
ganar tiempo.
Corrí hacia la pared y me deslicé sobre la grava hacia la cornisa, saltando
para aterrizar en la plataforma de salida de incendios con un ruido sordo. La
barandilla de metal picó en mis palmas mientras saltaba por encima del borde y
me dejaba caer, atrapando la barandilla siguiente con una sacudida que se disparó
a través de mi brazo, apenas haciendo una pausa antes de soltarla. Choqué con el
suelo y fui a través del callejón con mis ojos en un edificio en la calle. Él no sería 9
capaz de bajar a tiempo para atraparme. No a menos que fuera bueno.
—Mierda. —Sus palabras resonaban en las paredes del callejón, y miré hacia
atrás para encontrarlo corriendo por los techos a mi lado.
Él era persistente, y lo suficientemente bueno que tenía que correr con fuerza
para mantenerme por delante de él. Un tipo diferente de calor quemó a través de
mí mientras me perseguía, uno más caliente que el sudor que se arrastraba por mi
cuerpo o mi respiración bajo mi pañuelo. Pero tuve que sacudirlo. La última cosa
que necesitaba era ser detenida con miles de dólares en bienes robados.
Mis piernas estaban en llamas, y mis pies golpeaban a un ritmo constante, a
juego con los latidos de mi corazón cuando corrí hacia la pared. El espacio entre el
edificio en el que él estaba y el que estaba a punto de escalar se encontraba
demasiado lejos. No había manera de que pudiera saltar, y no había manera de que
pudiera subir y bajar con el tiempo suficiente para atraparme. Cuando llegué a la
pared, salté y agarré una ventana saliente de piedra, y subí, alcanzando la
siguiente ventana emergente.
Se detuvo en seco detrás de mí y juró mientras subía, pero cuando llegué a la
cima y miré al otro lado de la calle, se había ido.
—Más tarde. —Salté de nuevo, casi aliviada de que él había renunciado
cuando me giré hacia el loft. Había cruzado un par de edificios antes de escuchar
pasos golpeando detrás de mí.
—Oye —llamó—. Espera.
Mi corazón se aceleró con el sonido de su voz, y si no hubiera estado tan
asustada, habría estado sonriendo. No dije nada, no se presentó, solo se empujó
con más fuerza mientras me preguntaba con asombro cómo demonios me había
atrapado.
—Espera. —Saltó al tejado donde estaba y corrió en diagonal hacia mí—. Solo
quiero hablar —jadeó—. Eres increíble.
Mis pulmones ardían cuando vi un hueco entre los edificios y me empujé tan
fuerte como pude. En un día normal, podría haber abarcado eso como si nada,
pero después de correr por toda la ciudad, debería haber sabido que estaba
demasiado lejos. Contuve la respiración y salté, el tiempo se desaceleró mientras
colgaba en el aire, mis ojos en la cornisa delante de mí. Mi cuerpo golpeó contra la
pared, y apenas llegué con mis dedos al borde mientras las botas escarbaban para
agarrarse contra el ladrillo.
10
Mis pies se aferraron a la pared, y levanté la mirada, justo cuando pasó por
encima de mí y aterrizó en el techo. Se inclinó y extendió una mano, sus ojos
oscuros.
—Ven.
El impulso de tomar su mano era abrumador. La sorpresa me atravesó
cuando me imaginé haciéndolo, llegando a la cima. Él podría haber agarrado mi
brazo, me pudo haber atrapado. Pero en cambio, me dio a elegir.
Miré por encima del hombro a la amplia cornisa de abajo, y luego a sus ojos
una vez más antes de soltarme. Mis dedos de las manos y pies no se apartaban de
la pared mientras me deslizaba hacia abajo, y cuando levanté la vista, todavía
estaba inclinado sobre el borde extendiendo su mano y con la boca abierta.
Algo cambió, como apretar un tornillo. Podía sentirlo por encima de mí
mientras caminaba por la cornisa y saltaba a un contenedor de basura, corriendo
tan pronto como mis botas golpearon el pavimento. No se rendía. Él estaba en el
techo, lo suficientemente cerca del borde para ver la determinación en el conjunto
de su mandíbula, sus labios planos mientras me perseguía y se adelantaba.
No iba a dejar que me fuera de nuevo.
—Joder —respiré, tratando de averiguar qué hacer. Extrañamente, no tenía
miedo. Esperaba que me capturara, me preguntaba cómo se sentirían sus brazos en
mi cintura. Lo alejé.
No lo podía llevar al apartamento, pero no podía impedírselo. Bueno, podría
detenerlo, pero no quería hacerle daño, no a menos que no hubiera otras opciones.
Así que seguí corriendo, dejándolo en el techo, manteniéndome en la calle para
perderlo para siempre.
Después de transportar mi culo por unos bloques, me metí en un callejón
oscuro y me apreté contra el áspero ladrillo con olor a metal y a basura en mi nariz.
Mi pecho se movía mientras trataba de recuperar el aliento, incapaz de moverme.
¿Quién carajos es este tipo? Ni siquiera podía imaginar por qué todavía me
estaba persiguiendo, no cuando todo en su lenguaje corporal me decía que sabía
que yo no estaba jugando. Y entonces lo entendí. Me estaba desafiando. Otra ola de
calor que no tenía nada que ver con la carrera se apoderó de mí.
Cerré los ojos y respiré por un segundo, esperando que mi punzante pulso se
calmara. Después de unos minutos, todo lo que oí fueron los sonidos de la ciudad,
11
el zumbido del tráfico, y la música ascendiendo desde algún lugar cercano. Lo
había perdido. Lloré de alivio mientras corría a través de mis opciones.
Podría subir a los tejados de nuevo o quedarme en la calle. Si aún estaba en
los tejados, yo sería fácil de detectar, pero en la calle podría perder mi pañuelo y
capucha y tener un aspecto normal. Antes de que tuviera la oportunidad de
decidir, él entró en el callejón.
Sus hombros jadearon, su cuerpo una silueta en la boca del callejón oscuro.
No respiré, ni me moví, me limité a mirarlo mientras la adrenalina desgarraba a
través de mí, sin saber sí podía o no verme.
Cuando entró en el callejón, me di la vuelta y corrí. Escalando otra salida de
emergencias y corriendo por los tejados con él sobre mis talones. Corrí como si
payasos, policías y zombis me persiguieran. Pero él estaba allí, justo detrás de mí.
Su energía era como un agujero negro succionándome hacia atrás. Escuché su
respiración mientras resoplaba, y entonces él sobre mí.
Me agarró del brazo y traté de torcer su agarre, pero nos movíamos tan
rápido que el movimiento nos envió a los dos fuera de equilibrio. Golpeamos el
suelo con un ruido sordo, y él cayó encima de mí, sujetando mis manos en el suelo
por encima de mi cabeza. Mi mochila yacía a unos pocos centímetros de distancia,
y mi pañuelo se había deslizado hacia abajo. Sus ojos recorrieron mi rostro
mientras ambos respirábamos pesadamente, sus grandes manos sujetas alrededor
de mis muñecas y sus amplios hombros inminentes sobre mí.
—¿Qué... demonios? —jadeó. Sus labios eran gruesos, sus ojos oscuros, y los
músculos de su mandíbula rebotaron bajo su barba cuando sus dientes se
apretaron.
—Déjame ir —dije a través de los míos.
—Sólo quería hablar contigo —dijo, con la frente baja, su voz profunda y
llena de incredulidad—. ¿De qué estás huyendo?
Las palabras eran simples, y sabía que no podía saber lo que significaban para
mí. Esa pregunta había colgado sobre mí como una nube de lluvia, una que
ignoraba como una regla absoluta. Sabía lo que él estaba preguntando. Pero algo
en la forma en que lo dijo, con su voz llena de asombro y agotamiento, o tal vez la
honestidad en su pregunta... algo sobre ello me golpeó. La adrenalina bombeada a
través de mi cuerpo, y no podía pensar. Solo podía reaccionar.
Llevé mi boca a la suya antes de que pudiera alejarse. Sus labios estuvieron 12
inmóviles por una fracción de segundo, telegrafiando su confusión, pero tan
pronto como se dio cuenta de lo que sucedía, se separaron y se reunieron con los
míos. Me empujó en el techo con sus caderas.
Mis manos estaban todavía en las suyas, clavadas sobre mi cabeza mientras
me besaba. Nuestros labios encontraron un ritmo frenético, y el sonido de nuestra
fuerte respiración, el peso de su cuerpo contra el mío, todo ello combinado me
abrumó. Se echó hacia atrás y me preguntó, aturdido:
—¿Quién eres?
No contesté, simplemente levanté el rostro para besarlo de nuevo, porque no
quería que lo supiera. No quería saberlo.
Me moví bajo él, y soltó mis manos. Le rodeé el cuello y lo acerqué lo más que
pude. Sus dedos rozaron mi mandíbula y bajaron por mi cuello a la cremallera de
la chaqueta de cuero. La abrió y metió la mano, a través de mi estómago y mi
cintura, y yo lo rodeé con las piernas.
Se apartó de nuevo, los labios hinchados se separaron mientras me miraba.
—No te detengas. —Apreté mi agarre para encontrarme con sus labios de
nuevo, y no luchó contra ello. Sus manos recorrieron mis costillas hasta mis pechos
donde tocó mi pezón a través de la delgada tela de mi sujetador. Gemí en su boca.
Quería más. Había pasado demasiado tiempo, tanto tiempo que el calor entre
mis muslos era insoportable. Me moví contra él, sintiendo lo mucho que me
deseaba a través de la tela de su sudadera. Se echó hacia atrás, rodando sus caderas
al tiempo que las mías, rápido y duro. La adrenalina de la persecución todavía
estaba en su apogeo cuando arrastré mis manos por su sólido pecho,
deteniéndome por un momento sobre sus pezones a través de la camisa, luego por
sus abdominales, sintiendo cada cresta de sus músculos, memorizando cada uno.
Se levantó, y metí la mano dentro de sus pantalones, envolviendo mis dedos
alrededor de su pene, duro y caliente en mi palma.
—Joder —exhaló él.
Chupé su cuello y lo bombeé lentamente, él sacudió sus caderas, empujando
y tirando con movimientos largos antes de bajar la cabeza y tomar mi boca de
nuevo.
Necesitaba liberación, lo necesitaba dentro de mí. Salir corriendo era
absolutamente la última cosa que quería hacer. Era mi turno de alejarme.
13
—Fóllame —dije en voz baja, con los ojos en sus labios.
La sorpresa se registró en su rostro.
—Dime tu nombre.
Lo besé una vez más, nuestras lenguas rodando y girando alrededor de la
otra, atrapé su labio inferior entre mis dientes, chupando antes de soltarlo.
—Deja de hacer preguntas y fóllame. —Bajé sus pantalones y corrí las uñas
sobre la piel.
—Cristo —gimió, y me besó de nuevo antes de alejarse. Hizo un gesto con la
barbilla—. Date vuelta —gruñó.
Hice lo que me dijo, jadeando mientras ponía mis manos en el tejado. Lo
deseaba con fuerza, tanto que mi clítoris dolía al pensar en él tocándome de nuevo.
Miré hacia atrás para encontrarlo sacando un condón de su billetera con su
camisa subida, dejando al descubierto su abdomen. Mis ojos estaban fijos en sus
dedos cuando lo abrió y lo hizo rodar sobre su polla, gruesa y larga, entonces, se
agarró a sí mismo, con una sonrisa torcida cuando me descubrió mirándolo.
Se inclinó y presionó su pecho en mi espalda, y rodé mis caderas,
apoyándome en él. Se elevó con una mano y con la otra desabrochó mis pantalones
con destreza, bajando la cremallera y deslizando su mano en mi ropa interior.
Sus dedos encontraron mi tierno clítoris, y gemí ante el contacto, los
músculos de mis muslos apretados en respuesta a su contacto. Él deslizó su dedo
en mi hendidura luego de vuelta hasta frotar mi brote en lentos círculos mientras
yo balanceaba las caderas contra su mano.
—Joder, estás tan mojada —susurró en mi cabello.
—Te quiero en mí, ahora —jadeé.
Me dejó ir, y casi sentí pena por pedirlo, extrañando su toque al instante. Se
sentó sobre sus talones, y lo miré por encima de mi hombro de nuevo,
observándolo. Sus ojos estaban en mi culo cuando enganchó los dedos en la banda
de mis jeans y tiró, deslizándolos sobre mis caderas, por mis muslos. Arqueé la
espalda, inclinando las caderas para que pudiera ver mi coño, y sonreí cuando
chupó su labio inferior entre los dientes. Su mirada estaba centrada entre mis
piernas cuando se levantó de nuevo y pasó la yema de su dedo arriba y hacia abajo
de mi resbaladiza entrada.
14
—¿Segura que quieres esto? —preguntó.
—Sí —suspiré—. Joder, sí.
Puso una mano entre mis omóplatos y la deslizo por la parte posterior de mi
chaqueta de cuero, deteniéndose justo en la pendiente por encima de mi culo. Mis
caderas se flexionaron, esperándolo cerca de la agonía.
—Por favor —le supliqué, sus dedos se apretaron, agarrando un puñado de
cuero, y su pene presionó contra mi coño. Rodé mis caderas y me recosté hacia
atrás, tratando de forzarlo, pero retrocedió, burlándose de mí por un momento. Un
gemido de frustración salió de mis labios justo antes de que me jalara hacia su
polla dura por mi chaqueta. Me llenó por completo, empujó hasta que entró todo, y
yo ni siquiera podía respirar, me limité a esperar, congelada, sintiéndolo dentro de
mí.
—Jesucristo. —Sus palabras eran apenas inteligibles.
—Adelante —dije en voz baja, se arqueó sobre mí, apoyándose en el techo
con una mano, buscando la curva de mi cintura con la otra mano. Salió lentamente
y se deslizó duro, guiándome con su mano una y otra vez, y luego se inclinó hacia
delante para tocar mi clítoris, frotando círculos al tiempo que nuestras caderas se
mecían.
Mis brazos y piernas temblaban, y contuve el aliento, mi pecho agitado
mientras me acercaba más. Mis ojos fuertemente cerrados cuando una sacudida se
disparó a través de mí y grité, sintiendo mis paredes contraerse, tirando de él más
profundo a medida que me venía.
Sus manos se movieron a mis caderas mientras se erguía otra vez y me jalaba
sobre su polla duro y rápido. Jadeé, tratando de recuperar el aliento y los
pensamientos, hasta que se retiró del todo y se estrelló contra mí, enterrándose,
estrellando sus caderas una vez, dos veces antes de venirse con un grito sordo.
—Maldita... sea —gimió, cada palabra marcada por un empuje lento de sus
caderas, y se inclinó sobre mí, presionando sus labios en mi cabello mientras
envolvía un brazo alrededor de mi cintura. Me apoyé en él por un momento,
sintiéndolo latir dentro de mí mientras acariciaba mi cabello y apretaba su áspera y
callosa mano, que descansaba en la curva de mi cadera.
No sabía cuánto tiempo nos quedamos así, moviéndonos lentamente uno
contra el otro, sintiendo los temblores finales mientras nuestros latidos
aminoraban. Finalmente me soltó y retrocedió, y salté de nuevo a la realidad. El
calor y la urgencia habían pasado, y quedé abrazada con un extraño en un tejado. 15
Él no podía saber quién era yo. Tenía que salir rápido de allí, porque si no lo hacía,
ninguno de los dos se iría antes de descubrirlo.
Rodé sobre mi espalda y subí mis pantalones mientras él se quitaba el condón
y se ponía de pie, mirando a su alrededor por un lugar para deshacerse de él. Hice
una pausa con la mano en la mochila mientras lo miraba. Vi cada detalle en el
techo, su espalda mientras me alejaba, sentí la brisa fresca en mis mejillas, todo,
antes de ponerme el pañuelo y correr.
El diablo conocido
Me dolían las piernas mientras subía las escaleras hasta el loft, sin desear
nada más que una ducha y mi cama. Todavía lo podía oler en mí, sentir su tacto, y
traté de empujarlo fuera de mi cabeza al ritmo de mis botas en los escalones.
Abrí la puerta de metal con el sonido de la música y la risa. Todas estaban
sentadas alrededor de la larga mesa aún con sus cosas, donde el hermano de Jade,
Jace, se encontraba sentado clasificando el botín. Cher retorcía un rizo de chocolate
alrededor de su dedo luciendo cansada, y Morgan bostezó junto a ella, sus labios
formando una “o”. Erin me examinó con preguntas en sus ojos brillantes, pero se
limitó a sacudir la cabeza. No sabía cuánto decirle.
Jade se puso de pie al lado de Jace mirando con aire satisfecho, su cabello
rubio recogido en un moño apretado y las manos en sus caderas. Su rostro tenía un
modo: perra completa.
—¿Dónde diablos has estado, Cory? —disparó Jace, sus fríos ojos azules
estrechos. Su rostro fijado permanentemente en imbécil.
—Cosechando flores, idiota. —Me quité la mochila y la arrojé sobre la mesa—
. No es de tu maldita incumbencia. —Me di la vuelta hacia el refrigerador y tomé
una cerveza. La tapa se clavó en mi mano cuando la giré, y no podía llevarla a mis 16
labios lo suficientemente rápido.
—Es de mi incumbencia cuando tienes mi mercancía —respondió Jace.
Salté sobre el mostrador.
—No es tu mercancía, idiota. Estoy bastante segura de que estuviste aquí
sentado jugando World of Warcraft, mientras nosotras corríamos por todo el
centro de la ciudad.
—Qué te jodan, Cory —dijo la semilla masculina de Satanás, y ausentemente
me pregunté si su madre tenía cuernos y escamas.
—Eso quisieras, Jace.
Se volvió hacia las demás, ignorándome descaradamente.
—Chicas, buen botín. Voy a tenerlo vendido para mañana, para que puedan
ir a comprar zapatos nuevos o lo que sea en lo que gasten su dinero, perras.
Todas los demás se movieron con un resoplido o pusieron los ojos en blanco.
—Y uno se pregunta por qué no tienes novia. —Llevé mi botella a los labios
de nuevo.
—Soy encantador, perra. Soy un buen partido. —Sus mejillas se tornaron de
un tono rojo que hacía que su cabello se viera casi blanco. No pude evitar sonreír.
—Jesús, Cory. No sé por qué tienes que ser tan perra todo el tiempo —se
burló Jade.
—Creo que finalmente me lo pegaste.
Se cruzó de brazos.
—En tus sueños.
Me encogí de hombros. Conocía cada botón que tenía Jade, y todos me
parpadeaban, pidiéndome que los presionara.
—No eres mi tipo.
—Sí, todos sabemos eso, zorra, a pesar de que el equipo no parece ser un
factor decisivo. —Ella le hizo un gesto a Erin, cuyos ojos se estrecharon.
—¿Qué demonios importa eso? —pregunté fríamente mientras bajaba del
mostrador y dejaba mi cerveza.
Ella se encogió de hombros y apartó la mirada con un movimiento de cabeza,
actuando como si no le importara cuando yo lo sabía mejor. 17
—Creo que no importa si eres lesbiana o bi, o lo que sea que eres.
Sonreí y caminé hacia ella.
—Estas tan tensa. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?
Jade se encontró con mis ojos mientras sus labios se deslizaban en una mueca.
—Por lo menos cuando lo hice fue con un pene real. Dime, cuando Erin y tú
follan, ¿quién lleva puesto el cinturón?
No lo pensé dos veces, solo retrocedí y conecté con su ojo con un golpe. Fue
un acto reflejo, lo juro. Y tantas veces como Jade y yo peleábamos, apenas alguien
se inmutaba. Ella se recuperó con sus dientes al descubierto, gritando mientras se
lanzaba. Me eché hacia atrás, esquivándola con facilidad cuando Jace la agarró por
la cintura.
—Calma, carajo —me gritó.
—Me siento mejor. Gracias, Jace. —Le di una palmada en el hombro y dejé el
drama detrás de mí en la cocina.
El loft estaba oscuro, solo iluminado por la luna que brillaba a través de las
ventanas, marcando rectángulos a través de los pisos de concreto. Caminé por la
sala de estar, más allá de nuestras habitaciones, y dentro del cuarto de baño.
Estaba completamente negro, y toqué alrededor de la pared de azulejos por el
interruptor de la luz, casi silbando cuando las luces fluorescentes se encendieron.
Entrecerré los ojos y me devolví, optando por las suaves luces del vestidor en su
lugar. Mi reflejo era dorado en el espejo, mi piel blanca bronceada por el
resplandor de la luz baja. Pasé los dedos por debajo de mis ojos, tratando de
limpiar el desorden de mi delineador que iluminaba mis ojos verdes. Me quité el
pañuelo y lo arrojé, tirando hacia atrás mi capucha y abriendo mi chaqueta,
despegando capa tras capa de negro hasta que estuve desnuda con mi largo cabello
oscuro colgando sobre mis hombros.
El grifo chirrió cuando le di vuelta completamente a caliente y sacudí mi
cabello con los dedos, estirando mis hombros. Me dolía el cuerpo de la mejor
manera, y di un paso en la ducha una vez que estuvo caliente, levantando la
barbilla para dejar correr el agua por mi rostro. Dejé escapar un profundo suspiro.
Apreté los dedos en mis músculos, preguntándome dónde estaba Erin. Ella
casi siempre se bañaba conmigo después de un trabajo, siempre caliente después 18
de la adrenalina de una carrera. Esta noche, ya había conseguido el mío, pero
estaba segura que ella todavía quería.
Él pasó a través de mis pensamientos otra vez mientras trataba de procesar lo
que había sucedido, preguntándome lejanamente si era real. Pensé cada momento,
reproduciéndolo de nuevo con los ojos cerrados y el agua humeante cayendo sobre
mi cuerpo.
—Hola—dijo Erin desde el otro lado de la cortina de la ducha, haciendo eco
de su voz—. ¿Estás bien?
Giré mi cuello, sintiendo los músculos relajarse.
—Sí.
—¿Quieres compañía?
—Siempre. —Sonreí.
Escuché sus botas golpear el suelo, seguido por el arrastre de pies mientras se
desvestía.
—¿Qué te tomó tanto tiempo? —preguntó cuando llegó detrás de mí, y me
giré hacia ella, sin saber qué decir acerca de lo sucedido, sin saber si debía decir
algo. Sus ojos azules eran brillantes, su corto cabello negro alborotado de estar
dentro de la capucha, aunque todavía enmarcaba su rostro, enroscándose en su
mandíbula.
Esquivé su pregunta con una propia.
—¿Alguna fue atrapada por esos tipos?
Su frente cayó.
—No—respondió, a continuación, la comprensión iluminó su rostro—.
Espera... ¿Lo hiciste?
Asentí y agarré el champú, evitando sus ojos.
—No jodas. Él debe haber sido bueno —dijo entre risas.
—Lo fue. —Luché contra la sonrisa, pero un estremecimiento me recorrió,
erizando mis pezones a medida que me recorría.
—No me jodas —respiró, parpadeando hacia mí con los ojos bien abiertos—.
¿Lo follaste? —Tenía la boca abierta, pero sus esquinas se levantaron en una
sonrisa impresionada.
Me encogí de hombros y exprimí el champú en mi mano, y luego dejé la
19
botella.
—Tal vez. —Mis dedos se deslizaron en su cabello, y se dio la vuelta,
poniéndose de espaldas a mí. Me puse a trabajar, amasando su cuero cabelludo
con las yemas de los dedos.
—¿Dónde?
—Como, ¿qué agujero?
Ella rio.
—No, zorra. Eso no es lo que quiero decir.
—Lo sé. —Sonreí y desprendí algo de la espuma de su cabello. Cayó al suelo
de baldosas con un golpe—. En un techo a un par de cuadras.
Ella esperó a que explicara, resoplando cuando no lo hice.
—No me hagas rogar. Escupe los detalles. ¿Estaba bueno?
—No, follé con un tipo al azar en un tejado con cinco mil dólares en mierda
robada a un par de metros de distancia. Por supuesto que estaba bueno. Mantuvo
mi ritmo, realmente me hizo trabajar. Es decir, el tipo me persiguió por bloques, y
pensé que lo perdí dos veces antes de que finalmente me atrapara. Y cuando lo
hizo... no sé. Tenía que besarlo.
—Suena como que se lo ganó. —Ella sacudió la cabeza, riendo con
incredulidad—. Eso es loco, Cor. Ha pasado un largo tiempo desde que tuviste una
polla.
—Como que había olvidado lo bueno que es. ¿Eso es raro?
—No, no cuando has tenido mi toque mágico a tu entera disposición. —
Levantó las manos y movió los dedos, arrastrándolos hacia abajo como si lloviera
brillo.
Me reí, pero la emoción removía el fondo de mi pecho. Nunca había estado
enamorada, no de una chica o chico, aunque había salido con ambos. El sexo era
una herramienta, una forma de escapar, desconectando mi corazón. Era por eso
que las relaciones nunca funcionaban para mí, no aparte de Erin.
Durante años habíamos encontrado consuelo mutuamente, pero nunca bajo
alguna expectativa. Solo una manera de estar solas, juntas. Nuestro mundo estaba
jodido, y tener pareja era complicado, sin importar quién era. Habían necesitado
más de lo que podía dar, pero estar con Erin era fácil. Dábamos y tomábamos lo 20
que necesitábamos, sin pedir o desear más. Eso era todo lo que podíamos dar.
—Mi turno —dijo y dio un paso en el rocío. Su húmedo muslo se deslizó
contra el mío, y dio una palmada en mi culo mientras yo tomaba su lugar.
Erin vertió champú en su palma y tomó mi cabello.
—De todos modos, lo entiendo, perra afortunada. Siempre estoy cachonda
después de un trabajo. Ni siquiera puedo imaginar si soy perseguida por un
atractivo hijo de puta. Creo que el tipo persiguiéndome estaba más en las Dunkin’
Donuts que el parkour. —Sus dedos se detuvieron—. Espera, no te violó ni nada,
¿verdad?
—No, literalmente tuve que rogarle para que me follara.
—Ohhhh, Dios mío —dijo, riendo mientras pasaba sus dedos a través de las
puntas de mi cabello—. Joder, eso es sexi. ¿Cuál es su nombre?
—No lo sé. Escapé tan pronto como terminó, y no hablamos mucho antes de
eso.
—Sí, imagino que no, ¿eh? Supongo que la charla de Jade fue inoportuna.
—Todo lo que Jade dice es inoportuno. Pero sí.
Amontonó mi cabello sobre la cabeza, y las burbujas corrieron por mi cuello y
hombros.
—¿Te sientes extraña al respecto?
Lo pensé mientras ella jugaba con mi cabello.
—Realmente no. Creo que lo necesitaba. Él... —Mis ojos se desenfocaron, y lo
escuché en mi mente, vi su rostro cuando me preguntó de qué estaba escapando.
Era una pregunta que ni siquiera yo podía responder. Por tan solo una fracción de
segundo, sentí como si él me entendiera en algún nivel, incluso si yo no lo hacía, lo
cual era ridículo. Todavía me daba consuelo—. Sí, no.
—Bueno, me alegro. Al menos una de nosotras folló. Lástima que Dunkin’
Donuts no era exactamente mi chico de ensueño. —Sus manos se deslizaron hasta
mis hombros, resbaladizas con jabón, y luego por mi espalda a mis caderas—.
Todavía estas un poco agitada.
Tenía razón. Él todavía estaba en mi mente, pero, por supuesto que lo estaba.
Lo atribuí al hecho de que acababa de tener sexo al azar en un tejado. Nada más.
Era simple, y se acabó. El sexo era una herramienta, nunca atado a una emoción,
siempre en blanco y negro. 21
Me volví hacia ella, dirigiendo mis pensamientos con una sonrisa, sin querer
procesar más. Me concentré en ella.
—¿Todavía estás excitada por la carrera?
—Mmmhmm —dijo, sabiendo exactamente a donde iba mi pregunta con su
labio inferior entre sus dientes.
—Bueno, yo ya conseguí el mío. —Mis dedos encontraron el hueco debajo de
su cuello y los arrastré por sus pechos—. No me gustaría dejarte fuera.
Erin sonrió mientras apoyaba los brazos sobre mis hombros, y me incliné
para rozar mis labios contra los suyos.
Ella era tan familiar para mí, sus labios, su cuerpo. El agua caliente caía sobre
nosotras, y mis manos se deslizaron alrededor de su cintura, acercándola mientras
nos besábamos. Nuestros pechos apretados, suaves y escurridizos por el champú
que corría de mi cabello y entre nosotras. Pasé la mano alrededor de la curva de su
culo, y ella se apartó, inclinándose hacia atrás para descansar sus omóplatos contra
la baldosa. Se humedeció los labios, mirándome hacer espuma en mis manos y
deslizar mis palmas de su estómago a sus pechos. Me encorvé sobre ella para
besarla y tocarla, ahuecándola, atrapé sus pezones duros entre mis dedos y tiré
suavemente. Gimió suavemente contra mis labios y jaló de mis caderas más cerca.
—Fóllame —susurró con los ojos entornados, y su húmedo cabello negro
pegado a sus mejillas.
Sonreí y arrastré mi mano hasta su coño, corriendo la yema del dedo medio
hacia su raja mientras lo movía en círculos lentos, frotando su clítoris con la palma
de mi mano. Apreté más fuerte hasta que estaba resbaladiza, luego sumergí mi
dedo en su interior, curvándolo contra el punto sensible en el interior, y jadeó. Lo
saqué y empujé de nuevo, flexionando mi mano para apretar, y ella se contrajo
alrededor de mi dedo en respuesta.
Se estremeció y suspiró contra la pared de la ducha, nuestros pezones
rozándose cuando presioné mis caderas contra la palma de mi mano en ella.
Enredó sus manos en mi cabello mientras besaba su pecho, deteniéndome al llegar
a su pezón para tirar de él en mi boca y chupar, moviendo la punta con mi lengua
antes de moverme por su cuerpo. Caí de rodillas y la separé, corriendo la punta de
mi nariz sobre su clítoris, hasta tirar de él en mi boca, pasando mi lengua a lo largo
de su abertura y de regreso para lamer y chupar a un ritmo. Ella levantó la pierna
para descansar su muslo en mi hombro y descansó contra las paredes de la ducha.
22
Estiré la mano por su pecho, mi otra mano encontrando su coño para deslizar
mis dedos dentro, y no pasó mucho tiempo para que esas dos acciones la dejaran
jadeando, apretándose y viniéndose a mi alrededor, mientras el vapor se enroscaba
alrededor de nosotras.
—Maldición, Cory —respiró Erin.
—De nada. —Me puse de pie mientras limpiaba mis labios y la besaba. Sus
labios eran tan suaves, y continúe durante un largo rato, lista de nuevo, encendida
por el orgasmo de Erin.
Ella pasó los dedos por mis muslos y mi coño, hinchado y húmedo, sabiendo
exactamente lo que necesitaba.
—Ven acá.
Solo tomó un momento. Cerré los ojos, podía sentirlo contra mí, dentro de mí,
imaginé la quemadura de su barba contra mi cuello, y con la palma de mi mano
apretada contra el azulejo junto a la cabeza de Erin, me vine por segunda vez esa
noche.
Erin rodeó mi cintura resbaladiza con sus brazos, y me apoyó en ella, de
repente, tan agotada que apenas podía estar de pie.
—Vamos. ¿Quieres dormir en mi cama esta noche?
Asentí mientras ella cerraba el agua y tomaba las toallas que colgaban en la
pared exterior de la ducha. Me dio una, y me sequé con la toalla antes de seguirla a
su habitación. En cuestión de segundos, me puse una de sus camisetas y subí a la
cama, enterrándome en el edredón sin un solo pensamiento en mi mente. Apenas
la sentí deslizarse detrás de mí, y ya estaba dormida.

23
Tómalo con calma
Desperté con el sonido de risas y me moví, deslizando mis manos debajo de
la almohada, contenta y relajada. Mi cuerpo dolía, un ardor lento a través de mis
piernas, y por una fracción de segundo, no podía recordar por qué. Pero la noche
anterior regresó de prisa, desde la tienda hasta la persecución y todo lo demás.
La confusión se retorció dentro de mí, y tomé un respiro, tratando de
desenredar mis emociones. Había terminado tan pronto como comenzó, y nunca lo
volvería a ver. Solo un segundo en mi vida. Un incidente pasajero. Una
irregularidad súper caliente.
Mi bostezo prácticamente trastornó mi mandíbula, y me estiré, girando las
caderas mientras buscaba mi teléfono en la mesilla de noche de Erin. Encontré un
mensaje de mi hermana menor, Jill.
¿Nos vemos esta tarde?
Por supuesto, respondí, y mi teléfono vibró de nuevo casi inmediatamente.
Increíble. No puedo esperar.
Sonreí y envié un mensaje de vuelta.
¿No deberías estar escuchando a la hermana Mary? Estoy segura de que tiene alguna 24
información súper importante y relevante sobre cálculo a la que deberías prestar atención.
Cooooorrecto. Si hubiera sabido que cálculo es todos los días. Ahora deja de
enviar mensajes antes que me metas en problemas.
Apaga el teléfono.
¡No me digas que hacer!
Resoplé. Está en la descripción del trabajo. Más tarde, mocosa.
Adiiooós.
Tiré el teléfono en la cama y me deslicé fuera de las sábanas. El hormigón frio
bajo mis pies mientras caminé por la habitación hacia la cómoda de Erin para
buscar unos leggins. No había ritmo o razón para sus habilidades de organización,
solo montones de ropa negra dentro de cada compartimiento. Me tomó siglos
encontrar unos y colocármelos, agarré mi teléfono, luego me dirigí a la cocina.
Todas estaban sentadas en la mesa desayunando, y todas sonrieron cuando
entré. Bueno, Jade se burló un poco, pero fue más de lo que cualquiera de nosotras
podía esperar.
La conversación fluyó a mi alrededor mientras me servía café y tomaba
asiento en el banco junto a Cher, quien me dio un plato y deslizó un bagel en él.
Ella era nuestra diminuta figura de madre, una pequeña rubia curvilínea con largo
cabello rizado y ojos marrones. Cada mañana, despertaba antes que todos y
preparaba el desayuno. De hecho, era la única que alguna vez cocinaba o vaciaba
la basura del baño. El resto de nosotros podía esperar que llegara a ese punto
donde había sido aplastada tanto que incluso la más mínima perturbación
resultaría en una pequeña avalancha de bastoncillos y bolas de algodón.
Extendí una obscena cantidad de queso crema en mi bagel mientras Morgan
reía y cruzaba sus largas piernas debajo de ella. Era la más alta de todas, incluso
jugó baloncesto en la secundaria.
—Perdí al mío en la 42. Salté un hueco entre dos edificios, y se asustó
demasiado. Miré hacia atrás y él simplemente estaba de pie al otro lado, mirando
por encima de la cornisa como un idiota.
—Tipos de mierda. —Jade sacudió su cabeza—. El mío no era lo
suficientemente rápido para mantener el ritmo. Qué novedad, ¿verdad?
Miré hacia la cabecera de la mesa donde estaba sentada. Realmente era 25
preciosa, con una coqueta nariz y labios gruesos, piel blanca lechosa y helados ojos
azules. Pero su actitud era como un bate de béisbol envuelto en un alambre de
púas, y nunca dejaba de lanzar golpes.
Cher sacudió la barbilla hacia mí y arrancó un trozo de su panecillo.
—¿Qué hay del tuyo, Cory? ¿Cómo lo perdiste?
Erin me disparó una mirada, y tragué el bocado en mi boca como una roca.
—Me escabullí por todas partes, pero no pude deshacerme de él hasta un par
de cuadras de distancia. No fue fácil de perder. —Era bastante cierto.
—Como sea —dijo jade, y se sentó nuevamente, sin importarle lo que tuviera
que decir—. Jace debe regresar pronto con el dinero. Tengo otro trabajo para
nosotras esta noche.
La ceja de Morgan se levantó.
—¿Tan pronto?
—Sí, es demasiado bueno para dejarlo pasar. Acaban de recibir un embarque
—Jade tomó un trozo de bagel y habló—: Mi informante dice que tienen sensores
infrarrojos, sea lo que sea que eso signifique —dijo, sobre todo para mí.
—Sí, no hay problema —respondí.
—Te daré la dirección así puedes ver eso antes de esta noche. Nos iremos de
aquí a medianoche, así que asegúrense de tener todo antes —dijo Jade, terminando
la conversación.
La puerta del loft se abrió, y Jace caminó luciendo engreído. Se detuvo junto a
Jade y sacó un sobre de su chaqueta, luego contó cientos en pilas mientras todo el
mundo esperaba, conversando en voz baja.
—Tres mil para cada una —dijo, mientras caminaba alrededor de la mesa,
colocando las pilas frente a cada una de nosotras. Nadie le dio las gracias.
—¿Ya les has dicho acerca de esta noche? —preguntó Jace a Jade, como si no
estuviéramos sentadas allí en ese momento.
—Sí, está en marcha.
—Bien. —Miró por encima de nosotras—. A hacer dinero, perras.
Todas en la mesa pusimos los ojos en blanco, y todos nos dispersamos.
Agarré mi café y dinero, y cuando llegué a mi habitación, cerré la puerta y me
senté en la cama, colocando mi taza en la mesita de noche. 26
Conté el dinero y busqué mi caja de seguridad bajo la cama para añadirlo a
mi escondite. Casi todo lo que necesitada podía ser pagado con dinero en efectivo,
comida, ropa, tarjeta del metro, teléfono. Pagamos el alquiler y servicios a Jade,
quien pagaba las facturas del loft tras el lavado de dinero a través de los negocios
encubiertos de Jace. La mayoría no tenía ningún gasto real, pero yo tenía a Jill.
Durante el verano, había guardado unos veinte mil dólares en mi caja de
seguridad para pagar la escuela privada de Jill. Quería darle cada oportunidad,
todas las oportunidades que no tuve, y el dinero que hacía con Jade me permitía
hacer precisamente eso. Jill no lo daba por sentado, sin embargo. Trabajaba duro,
estaba en el cuadro de honor y el consejo estudiantil. Era ambiciosa.
Mi teléfono zumbó, y lo recogí para encontrar la dirección de la tienda para
más tarde. Suspiré mientras flexionaba mi espalda y crujía mi cuello, todavía
cansada de la noche anterior. Pero no le diría eso a Jade, y el dinero nunca hacía
daño. Todo iría al fondo universitario de Jill, que estaba constantemente subiendo
a una cantidad que pronto pagaría su título prácticamente en cualquier escuela que
eligiera. Aguantar la mierda de Jade era un pequeño precio a pagar por ello.
Jade y yo habíamos sido amigas, una vez. Curiosamente, su descaro y lo
perra que era fue lo primero que me cautivó. No daba una mierda, decía lo que
pensaba. Conecté con eso. Las personas como ella valen, y fue reconfortante
encontrar otro extraño, a pesar que nuestros métodos no eran los mismos. No pasó
mucho tiempo para que atrajéramos a las demás, y por años, fuimos felices y
realizadas. Podría haber sido el único momento en mi vida en el que sentí como si
tuviera una familia.
No era que no considerara a Jilly mi familia. Es solo que, con las chicas, sabía
que alguien cubría mi espalda. Ofrecían un cierto nivel de protección y comodidad
que no tuve en casa, y con Jill, era quien proporcionaba eso para ella. No había
nadie para devolverlo. Mis padres no se preocupaban lo suficiente para siquiera
fingir.
Pero existía una sólida pared entre todo el mundo y yo, incluso con Jill y Erin.
Nadie entraba. Nadie podía ver lo que había detrás de ella.
Una vez que nos graduamos y mudamos juntas, algo cambió, un cambio
ligero en nuestra dinámica. Jade se hizo cargo cada vez más a menudo, y yo era la
única que podría expresar cualquier nivel de disidencia cuando ella apretaba y
empujaba. El hecho la enojó, abrió una brecha entre nosotras, como si al no estar de 27
acuerdo con ella, retaba su estado alfa. La cosa es, Jade nunca había sido una alfa,
no realmente, solo juega a ello, lo desea. Pero no tiene lo que se necesita para
liderar verdaderamente.
El verdadero clavo en el ataúd fue el segundo en el que Jace entró. Eso fue
todo. Jade era oficialmente la líder, la jefa de las operaciones, y se esperaba que
hiciéramos lo que dijera. Encontraba los trabajos, Jace conseguía el dinero, y todos
éramos herramientas para ella, mulas de carga. El respeto se fue por la ventana,
pero el dinero era demasiado fácil. Ninguna se preocupaba lo suficiente para joder
una buena cosa, y yo menos.
Pero no duraría para siempre, a pesar de que por mucho tiempo la vida había
sido estática, una línea plana de repetición diaria, trabajando para ahorrar,
ahorrando para la meta. En algún momento, se terminaría. Jilly se graduaría de la
universidad, o tendría ahorrado lo suficiente para pagar por ella. Un día no tendría
una razón para quedarme. Sería libre.
Simplemente no sabía cómo ser libre.
•••
Esa tarde, me apoyé en la pared cubierta de hiedra con mis manos en mi
chaqueta, hojeando el sobre con dinero en efectivo adentro. La campana sonó en el
antiguo edificio detrás de mí, y me aparté de la pared, mirando a través de los
peldaños de la puerta de hierro fundido para ver a niños con uniformes
desbordarse fuera del edificio como hormigas, una masa de adolescentes
moviéndose como una sola unidad.
Jill me encontró casi de inmediato y sonrió con su cola de caballo negra
balanceándose detrás de ella, mejillas rosadas y brillantes ojos verdes. Era una
versión más joven mía, y era como mirar en un universo alternativo mientras
agarraba sus libros contra su pecho y serpenteaba su camino alrededor de la gente.
Me dio un abrazo.
—Hola —dijo con un apretón.
—Hola, Jilly. —Apreté su espalda, sonriendo mientras me separaba—. ¿Cómo
estuvo la escuela? —pregunté cuando empezamos a caminar.
Se encogió de hombros.
—Lo mismo de siempre. Inglés avanzado está matándome lentamente, pero
sobreviviré. ¿Cómo es la angustiosa vida de una mensajera en bicicleta y
aficionada a las acrobacias? ¿Algunas experiencias cercanas a la muerte
28
últimamente?
Reí.
—Nada importante. —Mi sonrisa cayó—. ¿Cómo están las cosas en casa?
Jill miró hacia sus zapatos de tacón bajo.
—Sabes cómo es. Paso la mayor parte de mi tiempo en casa de Sarah. Me
quedo fuera del camino de mama y papá, y ellos se quedan fuera del mío.
—Solo recuerda —dije de forma espectacular.
—Al menos no fueron tía Gina —recitamos y reímos.
—Lo sé, lo sé. —Jill hizo un gesto con la mano—. Vivir con esa borracha loca
habría sido mucho peor que padres que no se preocupan por sus hijos. Al menos
no abusaban de nosotras. Solo nos ignoraron.
—Como esa vez que aterricé en el reformatorio por irrumpir en ese viejo
centro comercial en Jersey y mamá me dejó allí, sin ni siquiera una llamada
telefónica.
—Bueno, resultaste bien, y yo también.
Mi corazón dio un vuelco.
—Pequeños milagros. No puedo decir que no disfruté la libertad cuando
tenía tu edad. —Por todo el bien que me hizo—. Acabo de pagar la matrícula para el
semestre, por lo que ya estás lista. Te traje un poco de dinero también. ¿Me
necesitas para comprarte algo de licor? —le entregué el sobre con una sonrisa.
—Dios, eres tan liberal, ¿lo sabes? —Sacudió la cabeza mientras lo tomaba y
abría su mochila para poner el dinero en un bolsillo—. Creo que estoy bien en el
consumo de alcohol. Nunca entraré a Stanford si me arrestan a los dieciséis años.
—Te sorprendería lo que estarían dispuestos a pasar por alto por notas
sobresalientes y matrícula en efectivo.
Rio, mostrando su sonrisa de megavatios, y el impulso de alejarme se deslizó
sobre mí. Estar con Jill siempre era confuso, justo como tratar de darle sentido a las
vides serpenteantes y retorcidas que cubrían la pared junto a la que caminábamos.
Cada hoja era una elección que había hecho, un deseo que tenía, una sensación que
empujaba hacia atrás para marchitarse en la sombra. Amaba a Jill y quería estar allí
para ella, pero no podía dejarla entrar, no podía dejar que me viera, no cuando no
podía darle sentido a nada de ello yo misma.
No tenía idea de dónde salía el dinero. Si lo hiciera, se rebelaría. Todo el
29
trabajo, toda la mierda con Jade... todo sería en vano si Jilly no me dejaba ayudarla.
Y si sabía que había estado robando para pagar sus estudios, nunca aceptaría otro
centavo mío.
Aparté la vista.
—Así que, de verdad no puedo salir…
Jill sonrió, aunque sus ojos tenían el peso de la tristeza detrás de ellos.
—Lo sé. Cory, gracias. Por todo.
Pasé un brazo por sus hombros y la atraje en un abrazo.
—Sin problemas, niña. Solo quiero darte todo lo que nunca tuve. ¿Eso es tan
malo?
—Un poco ambicioso, tal vez —respondió con una risita y me miró, llena de
esperanza y admiración—. Haré que te sientas orgullosa. Haré que valga la pena
para ti.
—Déjame decirte un pequeño secreto. —La miré a los ojos—. Ya lo has hecho.
—Mi pecho dolió ante la versión de lo que podría haber sido si hubiera tenido la
oportunidad, toda brillante, fresca y lista para el mundo en lugar de oscura,
destrozada y desanimada de él—. Tengo que irme, ¿está bien? Te veré el próximo
viernes.
—Es mi día favorito de la semana. —Hizo un gesto con la mano.
Sonreí, pero mi corazón estaba cargado de culpa.
—El mío también.
•••
La lluvia caía suavemente alrededor de nosotras mientras permanecíamos en
un semicírculo alrededor de Jade, escaneando el callejón oscuro mientras ella se
arrodillaba para abrir la cerradura de la sucia puerta trasera de una tienda de
electrónica. Cuando abrió, Jade se levantó y abrió la puerta con un chirrido
metálico.
Teníamos alrededor de un minuto para entrar antes de que los sensores de
movimiento activaran la alarma. Todo el mundo se movió para dejarme pasar, y
me moví, explorando la sala, buscando el panel de alarma mientras caminaba hacia
la oficina de la tienda. El pequeño cuarto estaba atestado con estantes llenos de
archivos, cajas, y un escritorio metido en la esquina. El olor a curry me golpeó
30
como un muro cuando entré y eché un vistazo alrededor, encontrando la alarma en
la pared, sobre un kit de primeros auxilios.
Era un sistema simple, solo una alarma estándar con un servicio de
suscripción. Demasiado fácil. La evalué mientras dejaba caer mi mochila y sacaba
un alicate, luego desprendí la carcasa y corté la línea telefónica para desactivar el
sistema de llamada. Todo el mundo esperaba en silencio detrás de mí.
—Hecho. —Arrojé el alicate de nuevo en mi mochila, y luego nos volvimos
para saquear.
Jade tenía razón. Cada estante estaba lleno, y los limpiamos con manos
codiciosas. Jade se dirigió a la vitrina cuadrada que estaba llena de equipos de
cámara de gama alta. Saltó por encima y en el centro de la pantalla, se arrodilló y
abrió las puertas corredizas de vidrio en cuestión de segundos.
Sacudió con fuerza su barbilla hacia nosotras.
—Vamos. Céntrense en esto.
Abandonamos lo que estábamos haciendo para llenar nuestras mochilas y la
bolsa de lona de Jade, y justo cuando estábamos cerrando el cierre de nuestras
bolsas, linternas brillaron a través de la puerta principal.
—Oye —gritó una voz apagada, y el policía golpeó la ventana con la parte
trasera de su linterna.
Jade se dio la vuelta con las cejas fruncidas y veneno en su voz.
—¿Qué mierda, Cor? —Se volvió hacia las chicas y empujó a Cher por el
hombro—. VAMOS.
Mi corazón se puso las pilas mientras todo el mundo se iba, saltando por
encima de los bolsos. Me deslicé bajo la puerta de la caja y allí estaba. Una pequeña
luz roja parpadeaba como un metrónomo frenético, cercano al ritmo de mi pulso.
Giré y me puse de pie, siguiendo a las chicas a través de la tienda hacia la
salida.
—Había una alarma distinta en la caja, Jay.
—Esto es tu culpa —replicó mientras irrumpíamos en el callejón, justo
cuando los policías corrieron a la entrada de la tienda, y uno de ellos tenía su radio.
Nadie habló o hizo una pausa. La regla era simple. Cuando las cosas se
ponían calientes, cada chica estaba sola.
31
El edificio frente a nosotras era una subida fácil con ladrillos sobresaliendo en
intervalos, y podía ver cada asimiento que necesitaría para llegar a la cima. Corrí a
toda velocidad, di tres pasos por la pared y agarré un ladrillo fácilmente, subiendo
al techo como si fuera nada. Golpeé la tela asfáltica y me fui, en pocos minutos las
sirenas estaban detrás de mí. Cuando escuché el helicóptero, bajé a la calle y me
quité mi pañuelo, caminando sin más propósito que el de cualquier otra persona
en Manhattan mientras caminaba a través de la gente y de nuevo al loft.
Fui la primera en regresar, y abrí la puerta para encontrar a Jace sentado a la
mesa en su portátil, luciendo un poco sorprendido.
—Eso fue rápido.
—Sí, bueno. —Azoté la puerta—. La alarma en la vitrina que Jade abrió tenía
un interruptor aparte.
Se puso de pie lo suficientemente rápido para golpear la silla hacia atrás
medio metro.
—¿Qué demonios, Cory? —gritó, con la frente baja y los ojos fríos.
Levanté las manos, no a punto de tomar la mierda de Jace.
—Cristo, ¿qué esperan de mí, estúpidos? ¿Cómo mierda habría sabido? Jade
era la que tenía el aviso y sabía de las alarmas. Hice mi jodido trabajo y anulé el
sistema principal. Tú y Jade irse a la mierda.
Se abrió la puerta detrás de mí, y las chicas fueron llegando, Jade al último.
—Tú jodida perra incompetente —siseó Jade y cerró la puerta con un azote—.
Eso fue tu culpa.
—Jesús, Jade —resopló Erin mientras se quitaba el pañuelo y lo golpeaba
sobre la mesa—. Supéralo. Conseguimos nuestra mierda y salimos. Todo el mundo
está bien.
Jade caminó hacia Erin y se arqueó sobre ella, echando humo.
—Tuvimos suerte. Si Cory hubiera hecho su jodido trabajo, no habríamos
tenido que largarnos.
Cher apoyó las manos en las caderas.
—¿No era tu trabajo inspeccionar el sistema de alarma?
Jade señaló a Cher con una mueca.
—Jódete también, tú pequeña perra. Ella debería saber comprobar.
La rabia hirvió bajo mi piel y mis puños se sacudieron a mi lado, con ganas 32
de enterrarse en la cara de Jade.
—Se acabó.
Ella dirigió cada parte de su atención hacia mí, y la tensión entre nosotras
crujió mientras daba un paso en mi dirección.
—Debería descontarte por el problema.
Morgan dejó caer su frente y se interpuso entre nosotras.
—A la mierda eso, Jade. Esa caja tenía un sistema totalmente independiente.
Eso nunca sucede. ¿Cómo habría sabido mirar Cory? De hecho, tú fuiste la que nos
hizo ignorar todo para limpiar la vitrina de las cámaras.
—Sí —añadí—, y deberías haber visto esa luz cuando estuviste allá abajo
forzando la cerradura. No seré jodida por esto, sobre todo cuando ni siquiera nos
arrestaron.
—Haré lo que sea que quiera —escupió Jade y miró alrededor de la
habitación—. Serían todas inteligentes al escuchar, porque puedo terminar esto en
cualquier momento. Sin mí, no son nada.
—Y sin nosotras, tampoco tú —dijo Morgan mientras lanzaba su mochila
sobre la mesa y salía de la habitación. Todas hicimos lo mismo, y Jade y yo fijamos
miradas por un largo momento antes de que siguiera a todo el mundo afuera,
dejando a los gemelos infernales solos en la cocina.
•••
Mi cabello húmedo estaba sobre la almohada alrededor de mi rostro
mientras miraba fijamente la tubería expuesta por encima de mi cama. El
apartamento estaba tranquilo y quieto, y me pregunté distraídamente qué hora era,
sin preocuparme lo suficiente para llegar a mi teléfono. Todas habíamos ido por
caminos separados después de volver, lo cual era bueno porque no tenía ganas
para nada más que soledad. La ducha había estado hirviendo, aunque no lo
suficientemente caliente para lavar mis pensamientos, y mi cama era suave y
familiar, pero no lo suficiente para que pudiera conciliar el sueño.
Apestaba que casi nos atraparan, y realmente sí me sentía en parte
responsable, aunque nadie me echó la culpa a excepción de Jade. Pero a Jade no le
importaba que nos atraparan. Tomaría cualquier excusa para culparme con una
sonrisa. Me preocupaban las otras chicas y cómo se sentían por todo, pero no Jade. 33
Su lugar en la lista de personas que me importaban una mierda estaba en algún
lugar cerca de mis padres y Santa Claus borracho.
Ella solo ladraba, y no podría hacer nada de esto sin mí. Pero eso no quería
decir que no estaba harta de su mierda, y me preguntaba si era la única. Por un
fugaz momento, nos vi a todos apilados como un castillo de naipes. Una ligera
brisa podría ser todo lo que hacía falta para tirar todo abajo.
Pero no podía parar todavía.
Jill pasó por mi cabeza de nuevo, y la culpa llegó por no tratar más duro de
estar realmente allí para ella. Quería darle más, simplemente no sabía cómo. Ella
era la única cosa que realmente me importaba, lo más cercano que alguien podía
llegar, además de Erin. Pero incluso a Erin la mantenía lo suficientemente lejos.
Las relaciones son aterradoras. Son trabajos. Requieren que des algo de ti
mismo, abren una ventana para que alguien suba. Simplemente no podía evitar
sentir como esa intrusión estaría más cerca de un robo que un encuentro. Nada
podría convencerme de correr el riesgo. Esa ventana estaba cerrada y bloqueada,
pero no pintada. Solo dejada abandonada y olvidada, polvorienta y cubierta de
suciedad.
Pensé en él y parpadeé hacia el techo, sorprendida de que el tren de
pensamiento convocaría a su rostro.
Mi patrón con las relaciones era predecible: citas, conexiones, nada más allá
de lo superficial. No siempre era fácil de manejar, por lo que terminaba a menudo
siendo conflictiva, y me encontraba contenta con Erin. Nuestra relación era simple
y sencilla, sin requerir mucho trabajo, sin mantenimiento. Solo existía, y eso era lo
máximo que podía contribuir.
Cerré los ojos y estuve de vuelta en el techo con sus labios contra los míos.
Mojé mis labios y sentí mi rostro suavizarse.
¿De qué estás huyendo?
Mi respuesta: De todo.
Había estado pensando en él todo el día, repitiéndolo todo una y otra vez, y
lo permití, tratando de convencer a mi yo racional de que solo lo estaba archivando
con lo sucio en un vano intento de no dejar que me afectara. Como si el permiso
para pensar en él disminuyera su poder de alguna manera. Quería saber su
nombre, pero entonces eso era parte de la atracción, también. Era el misterio que
me mantenía preguntando. Tenía que ser.
34
Suspiré y doblé mis dedos donde descansaban contra la suave piel entre mis
bragas y camiseta, imaginando su aliento en mi cuello. Piel de gallina explotó
cuando tracé las yemas de mis dedos en pequeños círculos, jugando con el
dobladillo de mi ropa interior con sus labios en mi mente, deslizando mi mano
dentro mientras la imagen de él, de rodillas en la oscuridad con sus manos en su
pene, llenó mis pensamientos.
Toqué mi clítoris, presionando suavemente mientras hacía círculos con la
yema de mi dedo, y mi espalda se arqueó un poco cuando mis caderas giraron.
Deslicé mi dedo por mi vagina, luego de nuevo hacia arriba, lento. Estaba caliente
y resbaladiza, y presioné mi mano contra mi sensible clítoris.
Pensé en su mano en mi chaqueta, recordando la sensación de sus dedos
contra la parte baja de mi espalda cuando apretó su agarre y me atrajo hacia su
polla. Me metí un dedo, y luego otro, encontrando un ritmo entre mi mano y
caderas. Mi mano libre se arrastró por mi cuerpo hasta mis pezones, y pellizqué y
rodé, bajé mi camiseta para tocarme. Mis muslos se tensaron, llevando mis dedos
más hondo. Eran mis manos, sus manos que me llevaban al borde, y arqueé mi
cuello, recordando cómo era estar tan llena, ser estirada y tomada. Doblé mi dedo,
frotando el punto sensible dentro de mí en un ritmo constante hasta que no pude
respirar, y mi coño se contrajo alrededor de mis dedos, apretando rápido al
principio, luego más lento, finalmente, dejándome con estremecimientos
persistentes mientras acariciaba mi cuerpo.
En ese momento de satisfacción, sabía una sola cosa. Podría decirme todo el
día que no quería más de él, que lo que pasó no me afectó. Pero era una mentira.

35
Ciclos y
prioridades
Mi alma abandonó mi cuerpo cuando la puerta de un auto se abrió delante de
mí, y viré mi bicicleta para evitar caer. Un taxista tocó la bocina cuando pisó el
freno para evitar arrollarme, y le saqué el dedo por encima del hombro, doblando
la esquina justo cuando un tambor de contrabajo y un rasgueo de guitarra se
lamentaban por el altavoz portátil enganchado en mi correa de mensajero.
El día había sido largo e intenso, lo cual no era típico. La necesidad de
mensajeros había estado en declive en los últimos años. Había menos papeles
legales y cartas para entregar, dejando sobre todo productos actuales: zapatos para
un desfile de modas, planos para una reunión, cosas que llegaban tarde o que
necesitaban llegar a algún lugar con prisa.
La radio sonó desde su bolsillo en mi correa, y la voz de Sam llegó a través
del altavoz metálico.
—Tengo otra carrera para ti cuando hayas terminado con la entrega en la que
estás. Verifica la aplicación para los detalles. 36
Golpeé el botón y aceleré.
—Entendido, jefe.
La voz de Erin llegó a través del altavoz.
—¡Sí, sí, sí! ¡Pedalea, perra!
Me reí, y golpeé el botón para contestar.
—Arrastra tu dulce culo. Te veo en casa en un par de horas.
—¡Entendidooooooo!
Sam gritó por la radio:
—¡Dejen de bloquear las líneas bromeando, por favor!
Erin solo rio.
—¡Señor, sí, señor!
El edificio de apartamentos en el que me detuve era un precioso edificio
gótico, con letras enorme y plateadas que decían The Kyle Building. Trabé mi
bicicleta y saqué un sobre legal mientras me dirigía hacia la puerta, la cual estaba
abierta por un hombre corpulento y de mediana edad en una chaqueta roja con
botones de latón.
—¿Entrega? —preguntó cuando pasé.
—Sí, para un... —Bajé la mirada hacia el sobre—. Sullivan Collins.
—El señor Collins está en el piso dieciséis. —Hizo un gesto hacia el ascensor
también—. Puede subir por allí.
—Gracias... —Miré hacia su brillante etiqueta con su nombre—. George.
—Feliz de ayudar, señorita. —Sonrió haciendo el gesto de quitarse el
sombrero.
No pude evitar devolverle la sonrisa mientras me dirigía hacia el ascensor, un
poco más ligera. La mayoría de las personas veía a los mensajeros como un
fastidio, molestos por la inconveniencia de nuestra presencia, por lo que cuando
alguien te trataba como una persona, era como recibir un Milky Way de tamaño
familiar en tu bolsa de dulce o truco.
Una vez en el ascensor, saqué mi iPad para comprobar la siguiente dirección,
luego, abrí la aplicación para la firma. Las puertas del ascensor se abrieron, y 37
caminé enérgicamente hacia el 1622, donde llamé a la puerta con mi mente ya
encaminándose a mi próximo trabajo.
Pero entonces la puerta se abrió, y cada pensamiento me abandonó, junto con
mi capacidad para funcionar.
Era él.
La imagen de la azotea en mi mente no le había hecho justicia ni
remotamente. Me quedé allí lo podrían haber sido segundos o minutos con la boca
abierta mientras lo miraba fijamente, deteniéndome en sus ojos de un marrón
intenso y dorado con motas de verde. Su cabello era oscuro, casi negro, peinado
hacia atrás, los lados afeitados. La línea de su mandíbula, su frente, sus labios
estirados en una sonrisa, cada curva en su rostro me decía algo sumamente jodido.
Había planeado la reunión.
Di un paso atrás, mi voz baja cuando rompí el silencio.
—¿Qué diablos?
—Yo, ah... —Pasó una mano por su cabello, a pesar de que no se había
movido. Su sonrisa vaciló mientras miraba hacia mí.
—¿Cómo carajos me encontraste? —exigí, mi cuerpo rígido.
—Escucha, yo…
—¿Cómo me encontraste?
Se movió, y su voz bajó, su cuerpo tensándose ante mi respuesta.
—Chase… quiero decir, un compañero de parkour conoce a una de tus
amigas, la reconoció la otra noche. Descubrimos quiénes eran el resto de ustedes, y
luego... bueno, no fuiste difícil de localizar.
Cada neurona en mi cerebro se encendió a la vez.
—Esta es la cosa más espeluznante que me ha sucedido alguna vez. —Le
entregué el sobre y el iPad—. Firma por esto.
No lo tomó, solo sacudió su cabeza y miró sus zapatos cuando pasó una
mano por su cabello otra vez.
—Mierda —susurró—. De alguna manera me había convencido de que esto
era romántico.
—Respuesta incorrecta. Firma esto. —Los empujé hacia él, dándole un codazo
en el pecho. 38
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Solo entra durante un segundo para que pueda explicar.
—Estoy trabajando, y estás loco. No voy a entrar. Ahora firma esto o me iré
con tu entrega.
Sus labios eran una línea plana mientras asentía y tomaba el iPad y el sobre.
Cuando retrocedió en su apartamento y me miró con una disculpa detrás de sus
ojos, me di cuenta de mi error.
—Lo firmaré después de que entres y me dejes explicar. Dame cinco minutos.
Mis fosas nasales se dilataron. Él era sexi, tan sexi, pero ni siquiera podía
comprender lo que había hecho para encontrarme. La parte enferma era que una
pequeña porción mía quería volver a verlo. ¿Cómo podría no hacerlo después del
impactante, confuso y cargado de adrenalina sexo al alzar en un tejado? Sin
embargo, había llevado “espeluznante” al siguiente nivel. Quería irme, largarme
de aquí y huir. Pero sabía mi nombre y dónde trabajaba. Tenía mi jodido iPad. Y
tuve la sensación de que no iba a renunciar a ello hasta que lo escuchara.
—Tienes cinco minutos. —Pasé junto a él y entre en su apartamento,
demasiado enojada para apreciar plenamente la belleza del espacio.
Piso de madera negra se extendía de pared a pared en la sala abierta, la
cocina y sala de estar visibles. Varias ventanas altas abarcaban la pared, con vistas
a Manhattan, y en medio había fotografías gigantes en blanco y negro. A un lado
parecía haber una pequeña galería con una enorme pintura en el centro,
rectángulos en tonos azul cobalto con el rectángulo de fondo en un profundo rojo
sangre. Un Rothko, si estaba adivinando bien. Si lo era, estaba segura de que esa
sola pieza de arte valía millones.
Sexi y adinerado. Genial.
Crucé los brazos sobre mi pecho, ansiosa por mantener cierto nivel de control
mientras lo seguía a través de la habitación, observando que había dejado un
camino despejado hacia la puerta. Mis ojos se detuvieron en la puerta de entrada
antes de encontrar los suyos de nuevo.
—Di lo que tengas que decir.
Tomó aire y se puso un poco más erguido. La acción estiró su camiseta un
poco más apretada sobre su amplio pecho, y apretó la mandíbula. Parecía
39
determinado, y me moví, enviando el sentimiento justo de regreso a él.
—Me giré y te habías ido, justo así. Pero no podía dejar de pensar en ti. Tenía
que saber quién eras, y cuando me encontré de nuevo con los chicos, uno de ellos
dijo que conocían a tu amiga, Morgan. Solían correr juntos, y recordó conocerte.
Me enteré de tu nombre y que eras una mensajera, y una vez tuve eso, fue fácil
tenerte aquí.
Solo me quedé allí, tratando de no explotar.
—Esto es tan jodido.
Pasó una mano por su boca.
—No sé por qué esperaba que estuvieras feliz de verme, no después de que
corriste. No después de que no me dieras tu nombre.
—Yo tampoco.
Me miró fijamente, sus ojos tan intensos que casi cedí ante la presión.
—Soy Van.
Su nombre resonó a través de mi cuerpo.
—Ya sabes mi nombre.
—Sí, pero quiero que me lo digas.
—¿Por qué debería?
Sostuvo en alto el iPad y lo sacudió un poco.
—Bueno, tengo esto.
—Sí, no sé si mi dignidad vale eso.
Sus labios se torcieron en una sonrisa pequeña.
—No estuviste muy preocupada por eso en el techo.
—Jódete, hombre. —Di un paso hacia la puerta.
No se movió para seguirme.
—¿De qué estás asustada?
Me detuve en seco y lo miré.
—No estoy asustada.
Dio un paso hacia mí, y energía crujió entre nosotros. Se detuvo tan cerca que
podía olerlo. La proximidad sobrecargaba mis sentidos.
40
—Dime tu nombre.
—Cory —contesté, con voz suave. Aclaré mi garganta y desvié la mirada—.
¿Firmarás ahora? Tengo otro trabajo, y estás desperdiciando mi tiempo.
Tocó mi trenza que colgaba sobre mi hombro, rozando mi pecho.
—Dime que no pensaste en mí de nuevo.
Tragué saliva y lo miré a los ojos.
—No puedo.
Se quedó en silencio por un momento.
—Siento sorprenderte con esto.
—Sí, bueno, deberías sentirlo.
Me miró con unos ojos tan profundos y oscuros, pensé que podría ahogarme
en ellos.
—Quiero verte otra vez.
—No es posible. —Di un paso hacia atrás para romper la conexión, y mi
trenza se escapó de sus dedos. Miré mi reloj para ocultar mi incomodidad—. Los
cinco minutos terminaron. Hice lo que me pediste, ahora firma eso.
Su rostro era ilegible mientras asentía y bajaba la mirada para firmar con su
nombre. Me entregó de nuevo el iPad y el sobre.
—Esto es para ti.
Puse los ojos en blanco y los arrebaté a ambos con planes de lanzar el sobre
en la primera papelera a la que llegara.
—Por supuesto que lo es. ¿Exactamente qué esperabas que hiciera?
Se encogió de hombros y sonrió, aunque se desvaneció mientras hablaba.
—Estaba esperando algo de caricias, tal vez una propuesta de matrimonio
por mi ingenio. Me habría conformado con una cita, sin embargo. Definitivamente
no esperaba cuchillos, pero ahora que estamos aquí, es lo único que tiene sentido.
—Eso es lo más inteligente que me has dicho. —Me volví hacia la puerta—.
¿Qué tal si ya no me acechas?
—Con una condición.
Hice una pausa con la mano en el pomo de la puerta y miré de nuevo hacia
él.
41
—Di mi nombre, solo una vez.
Mi corazón se aceleró, la tensión entre nosotros como un lazo físico.
—Van. —Había querido sonar dura, molesta, pero la palabra era casi una
promesa.
Esperó a través de una respiración.
—Cambia de opinión. Sal conmigo.
Apreté los dientes.
—Ni en un millón de años. —Giré el pomo de la puerta, salí al elegante
pasillo y azoté la puerta detrás de mí.
Cuando llegué a un cubo de basura en la acera junto a mi bicicleta, tenía toda
la intención de arrojar el sobre, pero de alguna manera terminó en mi mochila en
su lugar. Pedaleé a través de Manhattan tratando de bajar mi ira, pero cada vuelta
de mis engranajes solo empujaba mi temperatura más arriba. Para el momento en
que el día había acabado y entraba en el loft, el mundo se estaba separando como
el Mar Rojo para dejarme pasar.
•••
Azoté la puerta del loft, y los rostros de mis compañeras se volvieron hacia
mí con las cejas levantadas.
—¿Mal día? —dijo Jade en voz alta desde el sofá, empalagosa, y Jace rio.
No contesté, simplemente me quité la mochila. Erin me miró desde la mesa
de la cocina, y las chicas y Jace en la sala regresaron a hablar.
—¿Quieres hablar de ello? —preguntó Erin y empujó su plato de Lo Mein
hacia mí.
Tomé sus palillos y amontoné un bocado en mi boca.
—¿Eso es un no?
Tragué y dejé escapar un suspiro.
—No sé ni por dónde empezar.
—Estuvimos ocupadas hoy —indicó—. Tuve carreras todo el día, y Sam
estaba gritándole a todo el mundo por la radio.
—No fue Sam. —Empujé el cuenco lejos y miré hacia Jade. Estaba en medio
de una conversación con Jace, pero bajé mi voz de todos modos—. Tuve una 42
entrega interesante hoy.
Erin tomó los fideos de nuevo y me miró.
—Erin, era él.
Sus ojos se ensancharon, su mano congelada con un bocado de fideos
colgando de sus palillos.
—¿Él, él?
—Sí. Estableció una entrega, se envió un paquete y me solicitó para la entrega.
—Qué mierda, hombre. Eso es muy espeluznante.
—¿Cierto? —Froté mi frente—. Pensó que estaba siendo romántico.
—Eso es aterrador. ¿Tenía un santuario? ¿Te hizo un abrigo de cabello
humano?
Reí.
—Fue definitivamente menos espeluznante que eso. Tuve la sensación de que
no era psicótico. Tal vez solo estaba mal informado. De cualquier manera, fue raro.
¿Y? Es rico. Como, súper rico. Estoy bastante segura de que tiene un Rothko
colgando en su sala de estar.
Erin abrió la boca, sus ojos azules llenos de incredulidad.
—¿Cómo te encontró?
—Uno de esos chicos de la otra noche, Chase, dijo que conocía a Morgan.
Morgan se levantó desde la sala de estar.
—Espera, ¿qué?
—Sí, tuve una entrega hoy para el corredor que estaba persiguiéndome
después del trabajo de la otra noche. ¿Conoces a un tipo llamado Chase?
Sus ojos se desorbitaron.
—¿Cómo supo que era yo?
—Probablemente porque mides, como, tres metros de altura —espetó Jade—.
¿Quién mierda es este tipo que te persiguió, Cory?
—Sullivan Collins —respondí de forma espectacular, como si fuera alguien
importante. Van.
Erin dejó caer sus palillos. 43
—¿Van Collins? ¿Estás burlándote de mí?
Un cosquilleo corrió por mi espalda, hacia mi cuello.
—No, definitivamente no estoy bromeando.
Todo el mundo me miraba fijamente, con la boca abierta.
—¿Alguien va a decirme qué mierda está pasando?
Erin sacudió la cabeza.
—¿El fotógrafo? Hace parkour por toda Nueva York tomando fotos desde las
alturas y ángulos locos. Hizo una serie donde tomó todas las fotos mientras saltaba
entre edificios. Otra fue toda de corredores. —Contempló mi rostro en blanco—.
¿Cómo no has oído hablar de él? —preguntó mientras se inclinaba sobre la mesa
por su portátil y la abría. Sus dedos volaban mientras escribía en una búsqueda,
luego volvió el portátil hacia mí.
Los resultados de imágenes se mostraron, un mosaico de fotos en blanco y
negro de la ciudad y los corredores. Una de Van colgando de una cornisa,
sonriendo, atrapó mi atención. Las sombras y la luz eran dramáticas, matizando
los músculos de sus brazos y pecho, el corte de él visible incluso bajo la camisa.
Algo en su sonrisa me golpeó, y tomé un respiro cuando Erin siguió hablando.
—Toma fotos para revistas de skate y de surf, características de parkour.
Tiene una enorme galería en la 44. ¿En serio nunca has oído hablar de él?
—No. —Cerré el portátil para expulsarlo.
—Bueno, ¿eso explica por qué es lo bastante rico para tener un Rothko?
La miré. Todo el mundo en la sala estaba escuchando.
—¿Cómo, un Mark Rothko? Esos valen una gran cantidad de dinero. —Jade
se volvió hacia Jace como si nadie más estuviera en la habitación—. ¿Se puede
vender una pintura que valga tanto?
—Espera un jodido segundo —le escupí.
Me ignoraron. Jace asintió.
—Podría ser capaz de hacerlo. Necesito preguntarle a Blake, pero creo que
tenemos un contacto que se ocupa de traficar artículos de arte de gran valor. Son
más difíciles de conseguir, ya que siempre hay un montón de seguridad, pero el
lugar de este tipo no puede estar tan bien resguardado. 44
Jade se volvió hacia mí, sonriendo como una piraña.
—Vas a estafarlo.
La temperatura de la habitación subió por lo menos diez grados.
—A la mierda si lo haré.
—¿Qué pasa, Cor? —preguntó burlona—. ¿Te gusta?
—Jódete, Jade.
Se desplegó desde el sofá y se acercó a la mesa, sus piernas largas como
tijeras.
—Si él no te importa, entonces vamos a robarlo. Es rico. No lo necesita. El
seguro le reembolsará. ¿Cuál es el problema?
—Nunca hemos hecho un trabajo así de grande. —Negué con la cabeza, ni
siquiera podía creer lo que estaba escuchando—. Es estúpido incluso considerarlo.
¿Por qué debemos correr el riesgo? ¿Por qué sabes el culo de quién será colgado? El
mío.
Se encogió de hombros.
—Oh, estoy segura de que encontrarás la manera de salir de ello.
Mis ojos se estrecharon.
—Suenas tan segura de ti misma. No lo haré.
Los labios de Jade se torcieron en una sonrisa.
—No creo que quieras que tenga una charla seria con Jill, ¿o sí?
Me quedé helada.
—¿Nunca te ha preguntado dónde consigues todo este dinero?
La ira hizo más que estallar. Era un ciclón en mi pecho.
—Jade…
Su voz se transformó en hielo, y su cuerpo se endureció para que coincidiera.
—Lo harás o lo pagarás. No me jodas, Cor. Tienes suerte de que te libres con
la mierda que haces. Si no te necesitara, te habrías ido hace mucho tiempo.
Mis dientes se apretaron con tanta fuerza que mi mandíbula se lastimó. No
tenía una opción. Podría hundir todo, hacer trizas todo con una palabra. No valía 45
la pena luchar, no con las estacas siendo lo que eran. Pero no me empujaría sin
pagar por ello.
—¿Sabes qué? Lo que sea. —Hice como si no pasara nada—. Lo haré, pero
obtendré el cincuenta por ciento.
Jade rio.
—Claro. Seguro.
—Mi riesgo, mis reglas. —Me puse de pie y me incliné sobre la mesa, a
centímetros de su rostro—. Me darás el cincuenta por ciento, o no hay trato. Me
estafas, te jodo. Tómalo o jódete.
Pasó un largo momento antes de que diera un solo movimiento de cabeza.
—Bien. Lo encontrarás y averiguarás cómo conseguimos esa pintura sin ser
descubiertas. Y averigua cuál es para que podamos buscar cuánto vale.
—Sí, señor. —Le di un saludo, y ella me estrechó los ojos antes de girarse
para caminar de nuevo a la sala de estar. Se dejó caer de nuevo sobre el sofá para
mirarme desde el otro lado de la habitación.
Todo el mundo me miró tomar mi mochila y caminar hacia mi habitación con
mi estómago en mi garganta. Cerré la puerta, y cuando me hundí en mi cama, dejé
caer mi cabeza en mis manos, presionando mis dedos en mis ojos, tratando de
comprender en lo que me había metido.
Fue entonces cuando recordé el sobre. Mis brazos pesados se extendieron por
mi bolso, saqué el sobre y lo abrí. Cuando le di la vuelta, una tarjeta de negocios
cayó en mi palma. Estaba impresa con una foto de Van haciendo un truco mientras
colgaba de una escalera de incendios. Corrí mi dedo sobre su nombre antes de
colocarla en la cama, y luego metí la mano en el sobre nuevamente para sacar una
pila de fotos de ocho por diez. Eran fotos crudas y bellas de la ciudad, y cuando
llegué a la última, bajé las otras. Era un grupo saltando a través de un espacio de
edificio, las manos en alto y llenos de alegría con el sol brillando detrás de ellos.
Entonces vi el mensaje que había escrito en la esquina con un marcador
negro, y la emoción se deslizó a través de mí como metal al rojo vivo.
No huyas de mí. Corre conmigo.
-Van
46
Haz lo que tengas que
hacer
Me había llevado casi veinticuatro horas obtener el valor suficiente para
enfrentarme a Van. Me encontré caminando hasta su galería al día siguiente, sin
estar segura de si estaría allí, ni segura de lo que diría. Escondí mis emociones,
desde la ira a la culpa por lo que iba a hacer con él.
Aunque no importaba. Me recordé que podía usarlo. Desde luego, no sería el
primero. Es solo que algo me decía que no iba a ser fácil.
No era solo que era un trabajo tan enorme. Ni siquiera era el dinero en juego.
Jade había cruzado la línea amenazándome con Jill. Ser manipulada, ser
coaccionada, era suficiente para desequilibrarme.
Además de eso, había estado tratando de diseccionar a Van. No podría decir
si estaba loco o simplemente determinado, y lo más molesto acerca de todo era
estaba definitivamente atraída por él. Esto presentaba una serie de problemas,
aunque algunas oportunidades. Esta atracción tendría que ser el ángulo que
jugaría, porque tenía que jugar o correr el riesgo de que Jill se enterara de la 47
verdad. Eso sobrepasaría todo lo demás.
La galería estaba en una esquina, todas las ventanas y la puerta con el nombre
de Van. La abrí y entré, sin ver un alma. El rock indie sonaba bajo, y estuve sola en
la entrada por un momento, insegura de lo que debía hacer.
Recorrí las enormes fotografías que colgaban de las paredes, y me acerqué
más hasta que me encontré paseando por la habitación. Había captado el alma de
la ciudad desde una altura que solo nosotros podemos alcanzar. La obra se
agrupaba desde la serie que Erin había mencionado, de tomas de las piernas de
Van al saltar entre edificios hasta una colección de siluetas, pero las que más me
atrajeron fueron las de serie de freerunners, cuando hacían trucos y saltaban,
colgando de edificios a metros de la ciudad como si fuera nada. Cada pieza era una
manifestación de la libertad que encontraba en correr, escalar, haciendo posible lo
imposible, conociendo y abrazando lo prohibido. Era impresionante.
Mis pies me llevaron a una instalación, y cuando me detuve en el interior de
la misma, estaba rodeada de fotografías colgadas, incluso colgando del techo de
tejas. Miré a mí alrededor y me encontré de pie en la parte superior de un edificio
con la ciudad tendida a mí alrededor.
—Viniste.
Di un salto al escuchar su voz y me giré para encontrarlo mirándome. No
había presión en sus palabras, ninguna expectativa, solo su gravedad.
Aparté la vista, no quería que me viera totalmente, preocupada de que si me
miraba a los ojos el tiempo suficiente no sería capaz de mantenerlo fuera de mi
cabeza.
—Abrí el sobre. Gracias... yo... —Tenía la boca seca, y me mojé los labios—.
Te debo una disculpa por lo de ayer.
—No, no lo haces. Tenías razón. No tenía derecho a cazarte cuando no
querías ser encontrada. Yo debería disculparme contigo.
Miré hacia él y encontré sus ojos en mí.
—Ya lo hiciste ayer.
Se detuvo por un momento. Su voz tranquila se apoderó de mí.
—No estabas lista para escuchar ayer.
—No. No lo estaba. —Me volví a la galería—. Este lugar es increíble.
—Gracias. Soy un creyente de la idea de que, si haces lo que amas, te llevará a 48
lugares que no sabías que querías ir.
Miré mis botas y asentí, tratando de controlarme. ¿Cómo era que seguía
golpeándome con unas pocas palabras sin saberlo? Parecía tan... equilibrado. Era
fácil pensar que solo era un tonto o un imbécil, pero con casi todas las palabras que
pasaban por sus labios, me di cuenta de que era mucho más de lo que había
previsto. Éramos tan diferentes, demasiado. De mundos aparte.
¿Qué estoy haciendo aquí?
Luché contra la urgencia de escaparme con los puños apretados en mis
bolsillos y los labios apretados.
—¿Estás bien? —Había un trasfondo de preocupación en sus palabras, y lo
miré y sonrío.
—Sí. Lo siento, esto es solo...
—Sí. Después... bueno, después de la forma en que nos encontramos... —Se
pasó una mano por el cabello oscuro—. Nunca había hecho algo así antes. Quiero
decir, he tenido aventuras de una noche, pero nunca...
Me reí. Tenía que hacerlo.
—Oh, Dios mío, que incómodo. Detente.
Van sonrió y cambió de tema.
—No estás en el mejor lugar de esta pieza. Ven acá.
Me tomó del codo y me guio hacia un punto en el suelo, alineándome por mis
hombros.
—Tomé estas en la cima de la torre Logan. Subí y me quedé allí, recuperando
el aliento, y cuando miré hacia la ciudad, me sentí abrumado por la belleza de ella,
la gran magnitud. Era tan pequeño, pero no me sentí insignificante. Sentí el poder
en la máquina, que mi pieza era importante, relevante. Que yo era relevante.
Su aliento agitaba mi cabello mientras hablaba, sus manos en mis brazos
como un conducto. Nunca había experimentado nada igual, como si nuestras
feromonas mezcladas fueran una receta para el desastre. Tomé una respiración.
—Es increíble. Todo lo que has hecho aquí, todo lo que he visto... no sé.
Significa mucho para mí.
49
—Una de mis citas favoritas de Edgar Degas dice: “El arte no es lo que se ve,
sino lo que te hacen los demás ver”. Por esas palabras, suena como que he hecho
mi trabajo.
Me di cuenta en ese momento de que engañarlo iba a ser más que difícil. Iba a
ser casi imposible.
—Escucha. —Me volví hacia él de nuevo, trabajando para tomar el control de
las cosas y poder salir de esa habitación—. Quiero tomar tu oferta para una cita
adecuada, si sigue en pie.
Sus ojos brillaban.
—En primer lugar, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Por supuesto.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Me encogí de hombros para ocultar la verdad.
—Tenías razón, en cierto modo. Quiero decir, estabas equivocado por tratar
de encontrarme como un acosador, pero no podía dejar de pensar en ti, tampoco.
Tener tu dirección era demasiado para resistir. Eso, y realmente me sentía mal por
enloquecer ayer. Sabía que no eras un pervertido. Simplemente... me tomó por
sorpresa.
Los labios de Van se levantaron en una sonrisa torcida.
—¿Estás segura de que no soy un pervertido?
—No, solo fuiste un poco acosador, no al estilo American Psyco2.
—Es bueno saberlo. —Él asintió, la sonrisa nunca dejando su rostro, sus ojos
se clavaron en los míos—. Deja que te saque esta noche.
Los nervios zumbaban en mi estómago. Demasiado pronto. Necesitaba un
minuto para prepararme, pero no quería perder el valor.
—¿A qué hora? —la pregunta era provisional.
—Puedo recogerte a las ocho.
—¿Puedo encontrarte en tu casa? —pregunté, porque no quería que fuera
capaz de encontrar el loft después de que todo terminara.
—Sí, por supuesto. ¿Qué tal si cocino para ti?, y luego podemos correr. ¿Te
unes?
50
—Estoy dentro.
Ninguno de los dos habló por un momento. Sus ojos eran tan oscuros y ricos,
y noté el anillo verde musgo en torno a su pupila que brillaba como estrellas.
Lejanamente reconocí que se suponía que debía irme, pero no me atrevía a
moverme, me quedé allí, y él hizo lo mismo.
Él rompió el silencio.
—Me alegro de que entraras. No sabía si alguna vez volvería a verte.
—No estaba tan segura hasta esta mañana. —Tomé una respiración para no
perder el equilibrio y miré hacia la puerta—. Tengo que irme. Te veré esta noche.
—Bien.
Sonreí y agaché la cabeza mientras caminaba a través de la puerta con el
corazón golpeando mis costillas, aún más incierta que cuando entré.

2American Psycho: es una película estadounidense de terror y humor negro coescrita y


dirigida por Mary Harron.
•••
Una hora más tarde, me paseaba por la habitación de Erin con un brazo sobre
mi pecho y mi mano libre en mi boca.
—No quiero hacer esto.
Erin suspiró y tiró de sus piernas para quedar sentada en posición de loto en
el extremo de la cama.
—Cory, solo dile a Jilly la verdad sobre el dinero. Quítale el poder de Jade.
—Y una mierda que lo haré, Erin. —Me miró como si tuviera un ojo extra
cuando me giré para cruzar la habitación de nuevo—. Jilly no me dejará ayudarla
si sabe de dónde proviene el dinero. Nunca. De ninguna manera.
—¿No crees que tiene una pista de que eres más que una mensajera en
bicicleta? —Alzó una ceja.
La fulminé con la mirada.
—No sabe cuán malo que es.
—Eso es un poco melodramático. No es como si estuvieras vendiendo crack a
los estudiantes de primaria.
—No hay manera de que acepte el dinero si me estoy poniendo en riesgo. Es
como tomar de buena gana dinero manchado de sangre. Se rebelaría. 51
Erin suspiró y sacudió la cabeza.
—No lo sabes a ciencia cierta.
—Sí, lo hago.
—¿Por qué, porque eres psíquica? ¿Qué dice tu bola de cristal?
Puse los ojos en blanco.
—Simplemente dile. Estará bien. Puede manejarlo.
—No estoy preocupada por cómo lo manejará. Si no va a tener mi ayuda, no sé
qué va a pasar con ella. Ella no puede terminar como yo.
Erin se encogió de hombros.
—Correr con Jade no es tan malo.
—Eso es en serio lo menos jodido para mí. —Mastiqué mi uña del pulgar con
mis ojos en el hormigón, cuando ya llevaba un surco, giré de nuevo.
Erin me observó por un momento mientras yo pasaba por la habitación un
par de veces.
—Esto es imposible. No hay respuesta. No puedo decirle a Jill, y no puedo
robarle a Van. ¿Puedo?
—No sé, Cory. ¿Puedes?
Lancé una mano en el aire.
—Joder, no lo sé. Puedo, pero no quiero. ¿Por qué es tan difícil? Esto no
debería ser difícil. Nunca ha sido difícil antes.
—Porque ama algo que tú amas, y es capaz de expresarlo mostrándole a otras
personas por qué lo ama.
Me detuve y la miré con una ceja alzada.
Ella reflejó mi expresión.
—¿Qué? Es sexi. Y lo follaste sin saber siquiera su nombre. En un techo.
Después de un trabajo. Hay una gran cantidad de energía extraña atada a eso.
Empecé a caminar de nuevo, girando mis ojos de nuevo al suelo delante de
mí.
—Está bien —dijo Erin después de un minuto—, tal vez lo que tienes es cierta
energía sexual latente dando vueltas. Ve a averiguar acerca de la pintura y fóllalo. 52
Ve cómo te sientes. A ver si hay otra opción, tal vez una manera de que Jade lo
haga sola. Alguna forma en que realmente no tengas que estar involucrada si te
gusta.
—Esa es la cosa, Erin. Realmente me gusta.
Ella sacudió su cabeza.
—Solo tienes que follar con él así lo sacas de tu sistema. De verdad.
No sabía eso a ciencia cierta.
—No quiero esto.
—¿Piensas en este punto que serías capaz de alejarte y nunca pensar en ello
de nuevo?
—Con el tiempo, sí. Lo superaré. Pero no quiero hacer la atracción peor. Y no
quiero estar involucrada en el robo de algo de él.
—Si no deseas robarle, entonces tienes que decir la verdad a Jilly antes de que
Jade lo haga. —Era la simple verdad.
Lancé mis manos al aire.
—¡Joder, Erin! No puedo. No puedo hacer ninguna de estas cosas.
—Bueno, no hacer nada no es una opción. Mira, el factor desconocido aquí es
Van. Tal vez tiene un aliento terrible. Tal vez come como un cerdo. Tal vez insulta
a las personas sin hogar y les da patadas a los huérfanos.
—¿Patadas a los huérfanos? ¿De verdad?
—En serio, a lo mejor tiene un pene enorme y lo odias. Entonces, puedes
robar la pintura para los huérfanos.
Aspiré y puse los ojos en blanco.
—¿Qué pasa si no lo odio?
—Entonces todos tenemos cosas más importantes en la que preocuparnos.
Como del Armagedón. Que te enamores de un tipo tiene que ser una señal del
Apocalipsis.
Veintidós kilos de mierda se posaron en mis hombros mientras me hundía en
la cama y me sentaba a su lado.
—¿Qué me está pasando? 53
Ella puso un brazo a mi alrededor.
—Hormonas. Crecer. No lo sé.
—¿Por qué no puede ser esto fácil?
—Así es la vida. Nada es fácil ni sencillo.
Suspiré.
—Quizás tengas razón. Tal vez solo tengo que follar para sacarlo de mi
sistema.
—Suena mucho más sucio cuando lo dices tú.
Le pellizqué el brazo.
—¡Ay! —dijo con una risa—. Realmente, Cory. Vas a estar bien. Estoy segura
de que esto no es nada, y después de esta noche, tendrás un plan. —Me abrazó por
unos segundos más antes de añadir—: ¿quieres que nos enrollemos?
Me reí.
—¿Estás celosa?
—Mi vagina está celosa, pero yo no. Ha sido incluso más tiempo para mí que
para ti.
—Estoy segura de que Van tiene amigos.
Pero ella solo se rio.
—Sí, estoy bastante segura de que no deberíamos hacer esto más complicado
de lo que ya es.

54
La vista desde aqui
La oscuridad se había instalado en la cuidad centímetro a centímetro en el
momento que entre al edificio Kyle esa noche. George, el portero, me sonrió desde
donde esperaba bajo el toldo.
—Hola de nuevo, Señorita James. El señor Collins dijo que vendría —dijo él,
y abrió la puerta.
—Gracias, George. —Le sonreí mientras pasaba y entraba al vestíbulo del
edificio, tomando un segundo para mirar alrededor. Una cámara en la puerta,
probablemente otra en cada elevador y en la recepción vacía. Busqué la entrada de
servicio y noté dos pasillos que flanqueaba el ascensor.
—Recuerdas donde ir, ¿correcto?
—Sí, piso dieciséis.
—Lo tienes. Tenga una buena noche, señorita James.
Le di un asentimiento y caminé hacia los elevadores. Señorita James. Nunca
pensé que alguien me llamaría tan formal, y cuando presioné el botón y las puertas
se abrieron, se hundió. Iba a una cita, una cita legitima con un fotógrafo rico que
había follado de forma anónima en un tejado. No había estado en una cita desde el 55
dos-mil-nunca. Lo más cerca había sido comer comida china en la cama con Erin.
Pero la emoción se fue cuando recordé la peor parte. Nada de esto era real.
Nunca tendría esa vida realmente, en la que la chica conseguía al chico. Donde los
chicos buenos ganan y los malos pierden. No podía tener eso, ya sea que lo quiera
o no.
Para cuando llamé a su puerta, mis nervios estaban a punto de salirse de
control, ya que la realidad me hizo ver que no tenía ni idea de qué carajos estaba
haciendo. Traté de tragar, pero mi garganta estaba tan seca, casi me ahogo
mientras esperaba a que respondiera.
Sácalo de tu sistema y haz el trabajo.
La idea me dio una pizca de determinación mientras él abría la puerta.
—Hola. —Era guapísimo, su sonrisa brillante, su camisa estirada sobre su
pecho y metida en sus pantalones—. Ven, entra.
—Gracias. —Me encontré devolviéndole la sonrisa mientras caminaba junto a
él, atrapando su olor, limpio y nítido como ropa recién lavada. Me encogí de
hombros y saqué mi chaqueta de cuero, y él la tomo.
El apartamento olía incluso mejor, como a romero y carne asada.
—Huele increíble —dije, y lo seguí a la cocina.
—Toma asiento. —Hizo un gesto hacia la barra de la isla—. ¿Quieres una
bebida?
—¿Qué tienes? —Me senté e incliné en el mostrador de granito, mirando su
espalda ancha cuando se volvió al gabinete de licor.
—Cerveza, vino, y todas las clases de licores existente. ¿Es demasiado
temprano para tequila?
—No creo que eso sea una buena idea. ¿Qué whisky tienes?
Rebuscó en el estante.
—¿Maker´s, Jameson, American Honey. También tengo escocés, ¿Glenlivet?
—Escocés estaría bien, en las rocas. Gracias.
Van puso un poco de hielo en el vaso y habló mientras servía.
—Tengo que ser honesto. No sabía si te presentarías.
56
No sabía cuán cerca estuve de quedarme en casa. Mi frente se arrugó, y sonreí
como si estuviera siendo ridículo.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros y empujó el vaso a través del mostrador.
—Estaba sorprendido de verte en la galería después de cómo fue mi pequeña,
ah, emboscada.
Me reí.
—Sí, bueno, me atrapaste un poco fuera de guardia.
—No fue mi idea más sutil. Solo recibí la fuerte impresión que no te vería de
nuevo, pero te he visto dos veces hoy. Ambas veces me han tomado por sorpresa.
De hecho, casa vez que te he visto ha sido impactante de una u otra forma.
Tomé un sorbo de mi bebida para ganar tiempo en un intento de
recomponerme, pero encentré sus ojos cuando bajé el vaso.
Así es como ejecutas una estafa. Le das bastante de ti mismo, de tu
honestidad para convencerlos de que eres lo que dices. Ni siquiera tenía que
mentir. La idea me da consuelo.
Mi sonrisa era genuina y fácil porque mis palabras eran verdad.
—Fue difícil alejarme, honestamente. Entiendo lo que muestras con tu
trabajo, ver tu galería cerró el trato.
—Esperaba eso. —Su sonrisa fue de soslayo.
Reí entre dientes y puse los ojos en blanco, pero mis mejillas estaban
calientes.
—Dios, te crees tan inteligente, ¿verdad?
—Tengo mis momentos.
Miré hacia el horno y sacudí mi barbilla.
—Rico, atlético, y ¿cocinero?
Él nunca dejó de sonreír mientras sus ojos se fijaban en los míos. Casi me
retorcí, era tan intenso.
—Busco cosas satisfactorias en mi vida. Correr, comida, fotografía. Tú.
Tomé mi bebida y levanté una ceja, tratando de mantenerme ligera.
57
—Y encantador. ¿Cómo es que estás soltero? Debes tener algo de equipaje.
Van se inclinó sobre el mostrador.
—No más que cualquiera, supongo. Solo no me conformo.
Era una cosa idiota para decir, como si nadie fuera lo suficientemente bueno
para él. Bajé la mirada, mi nariz en mi vaso con una sonrisa reprimida.
—Ah.
Se detuvo, mirando por encima de mí.
—Me estás juzgando.
—Tal vez un poco.
Me miró por un instante antes de responder:
—He tenido citas y algunas relaciones de largo plazo, pero siempre
terminaban. Las mujeres ven dinero o músculos o estatus cuando me ven. ¿Sabes
lo que se siente descubrir que alguien que creías que te amaba solo quería usarte?
Mis manos se helaron. Negué con la cabeza.
—Sí, no es divertido. —Se encogió de hombros—. En todo caso, no quiero
perder mi tiempo con alguien que me quiere por dinero o estatus, pero
probablemente estoy más confiado de lo que debería. Solo tengo una muy baja
tolerancia a las tonterías. Y más allá de eso, la mayoría de las personas no
comprenden las cosas que amo. No puedo imaginar pasar mi vida con alguien que
no entiende los conceptos que integran lo que soy.
Era una imbécil por asumir, y una maldita desgraciada por el resto. Pero más
que eso… comprendía completamente. Tomé una respiración.
—Lo entiendo.
—Tenía la sensación de que lo harías.
Nos miramos fijamente el uno al otro desde el otro lado de la barra, en
silencio por un momento, y fui incapaz de pensar en una sola cosa que decir.
Van cortó la comunicación y se volvió para el horno, agarrando un
termómetro en su camino.
—¿Cuánto tiempo has sido una traceur3?
Giré mi vaso.
—He estado corriendo desde que tenía dieciséis. Solíamos ir a los almacenes
58
en el Meatpacking District y Hell’s Kitchen, pero, sinceramente, siempre ha sido
una parte de mi vida. Solía enloquecer a mis padres escalando encimeras y la
despensa para llegar a los Froot Loops, los cuales aparentemente eran mi comida
favorita a los dos años. O una vez, mi madre me contó que solía escalar la pared de
mi armario para colgarme del perchero.
Rio cuando metió el termómetro en un lomo de cerdo y observó la pantalla
digital.
—Lo mismo aquí, en el sentido de que siempre he sido una fuerza en la vida.
Mi papá solía ocultar caramelo en una jarra sobre la nevera, pero cuando tenía tres
años ya podía llegar a ella. —Negó con la cabeza—. Mis amigos y yo empezamos a
correr en la secundaria también, en Queens. Me mudé a Manhattan tan pronto
como abrí la galería. —Sacó la carne y la puso sobre la encimera para reposar.
—Estaba preguntándome cuál era la historia con la galería. ¿Cómo
empezaste?

3 El practicante de parkour es llamado traceur.


Levantó una ceja.
—Pensé que habías hecho la búsqueda completa en Google. Retribución,
¿cierto?
—Preferiría escucharlo de ti.
Van se apoyó en el mostrador nuevamente, cruzando sus antebrazos anchos
frente a él.
—Realmente no sé cuándo sucedió. Siempre he estado interesado en el arte,
pero algo en el parkour se me quedó. Es el arte a través del movimiento. Tal
ajetreo. Y aprendes cosas acerca de la ciudad que no puedes descubrir de ninguna
otra manera. La ves de manera diferente, como si desplazara tu eje. —Se enderezó
y tomó un cuchillo de cocina para cortar la carne—. Un día llevé una cámara
conmigo. Hubo tantas veces en las que quería capturar un momento, una sensación
que tenía cuando estaba corriendo. La fotografía era una manera de hacer eso.
Estoy en Tumblr y Twitter, y unas semanas después mis publicaciones empezaron a
ser virales, fui contactado por un periodista del New Yorker que quería hacer un
artículo sobre mí. Ese fue mi salto.
—Me encanta eso, y no me sorprende en absoluto. Tu trabajo es brillante —
dije con una sonrisa y tomé mi bebida—. ¿Caída más alta?
Rio mientras ponía la carne en un plato.
59
—Probablemente seis metros, más o menos, de una pasarela.
—Mierda.
—Sí, tuve suerte de quedar vivo. Me rompí la pierna en tres partes, sin
embargo, tuve que someterme a una operación y me pusieron clavos. ¿Tú?
—Casi lo mismo. Subestimé un salto, pero atrapé una escalera que me frenó
lo suficiente para no matarme. Se me salió el brazo de la articulación, sin embargo.
Tomó aire con un siseo mientras me entregaba la bandeja de carne.
—Joder, eso duele.
Me encogí de hombros y la tomé, moviéndome hacia la mesa.
—Solo hasta que lo juntas de nuevo.
Rio y buscó en el otro horno una cazuela de lo que parecía arroz salvaje y
brócoli. Nos sentamos en la pequeña mesa.
—¿Peor lesión?
—Hmm. —Ni siquiera necesitaba un cuchillo para cortar la carne, estaba tan
blanda. Gemí al segundo que alcanzó mi boca—. Dios mío, esto es increíble.
—Gracias —dijo y metió un bocado en su boca.
Tragué el bocado de puro cielo y pensé un segundo más.
—Un truco salió mal. Salté por encima de una pared corta y giré, pero aterricé
mal. Me deslicé sobre la grava y caí casi cuatro metros, aterricé de espaldas. Abrí
los ojos y no podía respirar, no podía mover los brazos o las piernas. Pensé que
estaba paralizada.
Su tenedor colgaba en su mano con un trozo de carne de cerdo en él.
—Jesús.
Seguí adelante.
—La más sangrienta fue un desgarre de espinilla. De verdad pensé que nunca
iba a dejar de sangrar. Fue tan desagradable, podías ver el hueso en una línea. Lo
desgarré casi desde el tobillo hasta la rodilla.
Se retorció, riendo.
—Mi más sangrienta fue un desgarre en mi mano. —La levantó para mostrar
una cicatriz en diagonal que corría a lo largo de toda su palma—. Podías ver los
músculos adentro. Me desmayé.
60
Reí.
—Deberíamos ganar algún tipo de premio a la increíble conversación durante
la cena.
Van tomó el bocado que había olvidado, y por un momento, comimos en un
feliz silencio, aunque mi mente estaba trabajando en una sola pregunta. Era
bastante simple, pero no podía entender por qué alguien tan dotado, alguien que
sabía lo que quería iría detrás de mí cuando podría tener a cualquiera. Con base en
el hecho de que follé con él y corrí, no debería querer tener nada que ver conmigo,
pero de alguna manera lo hacía, y quería saber por qué.
Reuní el valor suficiente para preguntar, el valor para escuchar su respuesta,
y cuando estuve lista, bajé mi tenedor y lo escupí:
—¿Qué quieres de mí?
La pregunta pareció confundirlo, y tragó la comida en su boca, tomándose un
segundo antes de responder:
—Realmente no tengo ninguna expectativa. Solo sé que conocerte fue un
acontecimiento singular en mi vida. Perseguirte, observarte... no sé. Cada salto que
hiciste, cada paso que diste estaba accionado por una certeza absoluta, y quise
conocerte. No pude alejarme. —Negó con la cabeza—. Ni siquiera sé si esto tiene
algún sentido.
—Lo tiene —dije en voz baja. Era demasiado, pero no podía moverme,
simplemente lo observé a través de la mesa.
Siguió hablando con una mirada en su rostro, como si estuviera tratando de
descubrirse.
—Realmente solo quería hablarte esa noche. No esperaba follar, pero no
esperaba que corrieras tampoco. En el momento en que volteé y te habías ido, supe
que tenía que encontrarte. No podía dejarlo ir. Me acosté en mi cama esa noche y
miré fijamente el techo, preguntándome quién eras, por qué le pedirías a un
extraño que te follara en una azotea.
Fruncí los labios y miré hacia mi plato, conmocionada.
—No quiero decirlo de esa manera. —Tocó mi mano sobre la mesa—. Solo
quiero decir que quería entender por qué querrías eso.
Era una pregunta honesta, lo sabía. Lo miré a los ojos y le di la verdad.
—Me preguntaste de qué estaba escapando. Esa pregunta tiene un millón de 61
respuestas y ninguna. Sé que querías decir por qué estaba huyendo de ti, pero se
sentía como si estuvieras preguntándome... más. —Me moví en mi asiento y
redirigí mis palabras, sin querer darle más de lo que debía—. En la cima de tu
accidental pregunta existencial, mi adrenalina estaba arrasando, y no sé si sabes
esto, pero eres a lo que las damas se refieren como “bombón”. —Hice comillas en
el aire con los dedos.
Rio, al instante el estado de ánimo un poco más ligero, un poco menos
intenso.
—Sí, verte en la luz del día no me ayudó a superar la obsesión. Si en la azotea
fuiste una de las cosas más calientes que he visto, escucharte decir mi nombre lo
fue, sabiendo lo que sabía de tu cuerpo cuando ni siquiera sabías quién era yo.
Pero para responder tu pregunta, solo quiero esto de ti. Un poco de tu tiempo.
Escucharte decir mi nombre unas cuantas veces más.
Tragué el nudo en mi garganta.
—Van. —Me incliné sobre la mesa.
—Otra vez. —Me encontró a mitad de camino, tocó mi mejilla y deslizó sus
dedos en mi cabello.
Mi pecho dolió mientras sus labios se cernían sobre los míos.
—Van —susurré.
Sus labios se estrellaron contra los míos, febriles y rápidos. No supe cuándo
se paró, solo que de repente estaba arrodillándose frente a mí. Nuestras manos
estaban sobre el otro cuando me envolví en él, y se puso de pie, llevándome con él,
cargándome a través de la sala de estar con sus manos en mi culo. Me separé, y
jadeamos, mirando fijamente la boca del otro.
Sus brazos se deslizaron a mi alrededor, sus manos subieron por mi espalda
en una fracción de segundo mientras me acercaba, nuestros labios encontrándose,
y enrollé las piernas alrededor de su cintura. No necesitó ningún permiso más que
eso para llevarme a su habitación a oscuras.
No lo solté cuando me recostó, trayéndolo conmigo. Mis manos volaron hasta
el dobladillo de su camisa y debajo, hasta las crestas de sus abdominales. Se apartó
y se estiró hacia atrás, agarró su camisa y tiró de ella mientras yo salía con
dificultad de la mía, luego de mis jeans. Me moví por la cama, mi pecho agitado
mientras lo veía sacarse los pantalones, exponiendo su culo, su perfecto culo, sin
ser contenido por tales cosas terrenales como ropa interior. Se volvió hacia mí, pero
mis ojos estaban en su polla. Todo mi cuerpo se tensó ante la visión. 62
Subió por mi cuerpo, besando mi muslo, haciendo una pausa para chupar mi
clítoris a través de mi ropa interior. Giré mis dedos en su cabello.
—Van —respiré, y gimió contra mí. La vibración envió un temblor por mis
muslos.
Se separó y se subió encima mí con sus ojos escaneando mi cuerpo,
deteniéndose para bajar mi sujetador de encaje, dejando al descubierto mis pechos.
Pasó su mano sobre uno con reverencia, acariciando la curva antes de agarrarlo
con fuerza mientras presionaba su polla contra mí.
Mi cuello se arqueó, mis caderas levantándose para recorrer mi cuerpo a lo
largo del suyo.
No esperó para llegar a su mesa de noche, regresando con un condón. Mis
caderas estaban salvajes. No podía quedarme quieta, solo me retorcía en la cama.
El dolor entre mis piernas era demasiado, y mi mano se abrió paso entre mis
piernas. Lo vi ponerse el condón mientras observaba mi dedo hacer un círculo en
mi clítoris.
—Maldita sea. —Se inclinó sobre mí, apoyándose y su mano libre se deslizó
sobre mi ropa interior.
—Oh, Dios. Sí —dije cuando tocó mi coño, corriendo la yema de su dedo
hacia arriba y hacia abajo de mi raja húmeda mientras mis ojos se ponían en
blanco.
—Aférrate a algo —gruñó.
Alcancé la cabecera justo cuando deslizó la punta de su polla dentro y
flexionó sus caderas, estirándome y llenándome en un solo movimiento.
—Mierda —susurramos al mismo tiempo y dejamos escapar una risa
entrecortada, satisfechos.
Agarró mis caderas y me levantó, poniéndome en un ángulo, y me sostuve
con los hombros presionados en la cama. Salió y entró de golpe, y un gemido salió
de mis labios. Mis paredes estaban apretadas a su alrededor, mi corazón
taladrando mientras entraba de golpe nuevamente, chocando contra mi clítoris con
cada flexión de sus caderas.
Mi boca se abrió, los ojos medio cerrados mientras miraban a Van
sosteniendo mis muslos alrededor de su cintura. Mi mirada se fijó en la unión 63
donde nuestros cuerpos se encontraban, el labio entre los dientes ante la vista de
mis bragas jaladas al lado de su polla.
Sus párpados estaban pesados mientras me penetraba, cada empuje tenía más
fuerza que el anterior. Era tan bueno, demasiado pronto, y aguanté y cerré los ojos,
queriendo prolongarlo, hacerlo durar. Mis dedos se cerraron alrededor de la
cabecera de la cama, mi cuerpo apretado como una bobina mientras trataba de
contenerme.
—Déjate ir, Cory.
Era la primera vez que decía mi nombre, y al segundo que salió de sus labios,
un fuego se disparó a través de mi cuerpo, a través de mi mente. Todo explotó, y
me vine con un grito. Sabía que estaba hablando de mi orgasmo. Lo sabía. Pero eso
no fue lo escuché.
Estaba justo detrás de mí, sus dedos clavándose en mis muslos mientras se
venía, pero apenas era capaz de comprender lo que estaba pasando, mi cuerpo
agotado mientras trataba de darle sentido a una sola cosa en el universo y me
quedaba corta.
Van me bajó sobre la cama y se dejó caer encima de mí. Mis brazos pesados
alrededor de él, y nos abrazamos con respiraciones y cuerpos temblorosos.
Estaba tan saciada, tan relajada que creo que me quedé dormida por un
segundo, mis ojos abriéndose lentamente cuando se movió encima de mí. Su mano
encontró la curva de mi cuello, su pulgar moviéndose lentamente mientras
acariciaba con su nariz mi cabello. Me volví hacia su rostro, e inclinó su barbilla
para besarme.
Era diferente de cualquier beso que me había dado antes, suave y lento, la
urgencia quemada para dejar solo ternura, bordeando en adoración. Miedo se
deslizó a través de mi pecho, y me aparté, sonriendo para cubrirlo.
—¿Demasiado cansado para correr? —pregunté.
—Nunca. —Mordió mi labio y rodó fuera de mí para dirigirse al baño.
Me salí de la cama y estúpidamente busqué mi ropa, sonrojándome cuando
me di cuenta que mi sujetador todavía estaba jalado hacia abajo.
Contrólate, pensé mientras enderezaba mis tetas. Me deshice de mi ropa
interior y busqué mis pantalones, encontrándolos en medio de un sillón al otro
lado de la habitación. No recordaba tirarlos tan lejos. 64
Van soltó una risita desde detrás de mí.
—Vaya.
—Lo sé. —Reí y me los puso.
Se humedeció los labios mientras miraba, cruzando los brazos sobre su pecho
desnudo, sus pantalones de chándal grises colgando bajo en sus caderas.
—Va a ser difícil correr contigo sabiendo que no tienes nada debajo de tus
pantalones.
—Supongo que estarás motivado para seguirme el ritmo, entonces. —Lo
empujé con el brazo cuando lo pasé, pero me agarró y me tiró contra su pecho, su
piel caliente al tacto.
—No recuerdo tener que esforzarme mucho —dijo en voz baja, sus labios a
centímetros de los míos, y al instante lo quería de nuevo.
—Mejor ten cuidado o nunca nos iremos.
Sus labios rozaron contra los míos, pero no me besó.
—Estoy bien con eso.
Solo tuve que moverme por un poco para conectar nuestros labios, y con su
mano en mi cabello y otra en la parte baja de mi espalda, nos besamos
profundamente, encontrando un ritmo fácil. Después de un momento, junté mis
labios y me incliné hacia atrás para mirarlo.
—Vamos a correr —dije—, tenemos toda la noche, si quieres.
—Tomaré toda la noche, y te conservaré.
Cerré mis ojos y lo besé de nuevo con un dolor frio en mi pecho. Él ni siquiera
me conocía, y si supiera la verdad sobre quien era, nunca me querría. Pero no podía
tenerlo.
Me aparté y me volví para buscar mi camisa, sin querer mirarlo a los ojos.
—Vamos, Sullivan. Quiero ver lo que realmente tienes. Prepárate para
impresionarme.
Se rio y se puso una camiseta sin mangas apretada, luego se sentó en el
extremo de la cama para ponerse los zapatos de correr antes de levantarse y
agarrar su gorro. El nivel de sensualidad que logró sin esfuerzo.
—¿Serás buena en jeans y botas?
65
Tiré de la tela en mis muslos. Regresó a su sitio con un chasquido.
—Alto contenido de lycra. Y he corrido en estas botas más veces de las que
puedo contar.
—Todo bien, vamos.
Lo seguí a través de su sala de estar, y mis ojos encontraron la pintura,
recordándome lo que me había llevado hasta allí. Me separé y me detuve frente a
ella. Era casi tan alta como yo. Con un dispositivo de luces que brillaban hacia
abajo desde el techo.
—Esto parece un Rothko.
Van se detuvo y regresó a donde estaba.
—Eso es porque lo es.
Mi corazón se hundió con la realización, había estado esperando que fuera
falso o una copia.
—Esto vale millones, Van.
Se detuvo detrás de mí, tan cerca que podía sentirlo, incluso sin que me
tocara.
—Mi contador lo llamó una inversión, pero solo lo vi como una excusa para
poseer un Rothko. No sé qué pasa con sus pinturas, exactamente. No es
complicada, no muestra gran habilidad artística, al menos no para la mayoría de
las personas. Pero la habilidad está en cómo te hace sentir. Cuando miro esto, sé lo
que Rothko sintió cuando lo pintó. Como si de alguna manera puso un pedazo de
él mismo en esto, su dolor y alegría, y lo hizo inmortal.
Todo lo que sentía me bañó como agua negra. Traté de aplacar mis emociones
antes de que fuera arrastrada, pero no había nada a que aferrarme. Tomé una
respiración profunda.
—Eso es hermoso.
Besó mi cabello y agarró mi mano.
—Vamos. —Me llevó por la puerta principal, sin preocupaciones y
fácilmente, y estaba agradecida de estar detrás de él donde no podía ver mi rostro
mientras me esforzaba por no enloquecer.
Lo seguí hasta el hueco de la escalera, y me miró con una sonrisa antes que
correr por las escaleras. Lo imité mientras él saltaba por encima de la barandilla en 66
cada vuelta. Tomando dos pasos a la vez hasta que escapó por el tejado. No se
detuvo, simplemente corrió hasta el final del edificio y saltó, desapareciendo en el
borde.
No dudé cuando alcancé la cornisa, solo brinqué en el mismo ángulo que él lo
hizo, detectando el techo en el camino hacia abajo. Rodé cuando golpeé el suelo y
me levanté. Él estaba por delante de mí, corriendo de espaldas con una sonrisa, y
dio un salto mortal hacia atrás con un grito cuando me percaté que había saltado
sin pensar, confiando lo suficiente en su habilidad como para tomar un salto de fe.
Ni siquiera era consciente.
¿Qué carajo estaba pasándome?
Empujé todo hacia abajo y me concentré en mi cuerpo, sintiendo mis
músculos expandirse y contraerse mientras evaluaba saltar sobre un ducto, luego
me deslicé por otro, mientras patinaba, daba vueltas y giraba de nuevo para saltar
el ducto nuevamente, haciendo trucos y manteniendo la pose en cada uno antes de
aterrizar con un suave golpe y girar para seguir a Van. Él se colgó del lado de un
edificio adyacente con su bíceps y el brazo estirándose como un ala, su cuerpo
apoyado en sus pies mientras me miraba con un aire de satisfacción. M sostuve
fácilmente mientras escalaba para encontrarlo, y se marchó de nuevo,
arrastrándose por el borde del tejado.
Lo perseguí por una serie de tejados con mi mente a toda velocidad. Tan
separada como había estado toda mi vida, Van estaba conectado. Sabía lo que
quería, lo que le hacía feliz, lo que llenaba su vida. No sabía si alguna vez
realmente consideré ser libre. Creí comprender lo que era la vida, pero Van… Van
estaba viviendo en una forma que no sabía que existía en el contexto de la vida
real. Él era un punto caliente en un cuarto oscuro y frio. Estar cerca de él era como
ser capaz de ver por primera vez.
Erin estaba equivocada. No podía sacarlo de mi sistema en una noche. No
quería regresar a la oscuridad sola. Aún no.
•••
Me arrastré sobre la piedra saliente, sintiendo el pulso en mi cuello, dedos y
piernas mientras aspiraba aire con los pulmones ardiendo. No había corrido tan
duro desde la noche en el tejado, e incluso eso fue diferente, sin trucos, solo correr.
Ambas noches me trajeron a la misma conclusión.
Van era increíble.
67
Él se detuvo sobre una amplia cornisa por delante de mí con sus manos en las
caderas, sus hombros subiendo y bajando mientras recuperaba el aliento. Su
cuerpo era una silueta contra las luces de los edificios que se extendían alrededor
de nosotros. Era un dios o un superhéroe, algo salido de un mito o leyenda,
demasiado bueno para ser real. Demasiado bueno para ser mío.
Van se giró y extendió su mano, y sonreí cuando la tomé. Me empujó hasta
estar junto a él. El viento azotaba mi cabello mientras miraba lo que supuse serian
veinte pisos hasta abajo, moviéndome un poco para no perder el equilibrio por el
vértigo que siempre golpea.
Nos quedamos en silencio, solo existiendo como parte de la ciudad desde
hace mucho tiempo.
Una guerra de emociones rasgo a través de mí. Durante nuestra carrera, había
sido perseguida por mis pensamientos. Lo más importante, había decidido que no
le robaría. Nunca lo había querido realmente en primer lugar y admitirme a mí
misma que había estado buscando una razón para escapar. Pero había tanto en
juego. No sabía cómo conseguiría salir de esto.
Podía decirle a Jill, pero eso realmente no era una opción.
Podía engañar a Jade y esperar por Cristo que lo dejara ir.
Podía decirle a Van la verdad. Pero entonces él sabría. No estaba lista para
que me juzgara. Nunca esperé que me importaría si lo hacía o no.
Pero lo hacía.
El calor de su mano alrededor de la mía era reconfortante, su tamaño
envolviendo la mía como si quisiera protegerla. Protegerme. ¿Era eso lo que yo
quería? Me pregunté si podía encontrar una manera de dejarlo ir y dejarlo entrar, y
me di cuenta con sorpresa que eso sería un alivio. Era una carga que no sabía que
había estado cargando.
Si conocía la verdad, que era una ladrona, una mentirosa, que tenía planes de
robarle… ¿Cómo podía perdonar eso? ¿Por qué me querría? Algo me decía que no
sería indulgente. Su vida era blanco y negro como las fotografías que tomaba. Las
sombras de gris solo eran ruido. Él tenía líneas duras de las expectativas en el
mundo, incluso a pesar de ser flexible en sus expectativas sobre mí. Pero eso era
porque no me conocía. Si lo hacía, no querría tener nada que ver conmigo.
Y así decidí que nos daría esta noche. Una noche para estar juntos, no unidos 68
a mi equipaje y pasado. Solo una noche para estar. Porque no le mentiría, y no le
robaría. Tenía que decirle la verdad o desaparecer. No había ninguna respuesta, y
no la habría hasta que enfrentara a Jade. Nada podía ser decidido hasta que tratara
con ella.
Miré por encima de él, su rostro iluminado por la cuidad. Miró hacia abajo y
se volvió hacia mí, apretándome. El viento giró a nuestro alrededor, levantando mi
cabello mientras él se inclinaba y me besaba, su cuerpo tan sólido como los
edificios que se alzaban en la noche, y me aferré a él como si fuera a caer si me
soltaba.
Lo que es
Estábamos agotados cuando trotamos a la puerta de acceso de la azotea del
edificio Kyle. Él marcó un código en la puerta y la abrió para mí, poniendo una
mano en la parte baja de mi espalda al pasar. Salté sobre la barandilla y me deslicé
hasta aterrizar en el pasillo, y nos reímos con los brazos abiertos a medida que
descendíamos en cada vuelo hasta llegar a su piso.
Me recogí el cabello de nuevo mientras caminábamos por el pasillo y
entrabamos a su apartamento, cerrando la puerta detrás de nosotros. Van caminó
hacia la sala de estar, lanzando su gorro y agarrando su camiseta para quitársela.
Me quedé allí como una idiota, observando los músculos de su espalda expandirse
y contraerse cuando se movía. Se dio la vuelta, buscando mi mano con una sonrisa
torcida.
—Voy a ducharme, ¿vienes? —Me miró como si ya supiera la respuesta.
—Si me vengo o no, depende de ti —le dije y deslicé mi mano en la suya.
Van rio y comenzó a caminar.
—Entonces la respuesta es definitivamente sí.
Se quitó los zapatos cuando llegamos a su habitación, y me soltó para 69
quitarse las botas. Cuando me desabroché los pantalones y los empujé por mis
muslos, Van contuvo el aliento detrás de mí. Miré por encima del hombro,
sonriendo.
—No te detengas por mi culpa —dijo con los brazos sobre el pecho.
Me incliné más de lo necesario en mi estado sin pantalones, luego los saqué y
me giré hacia él. Agarré el dobladillo de mi camiseta por mis caderas para darle un
tirón sobre mi cabeza, y luego hice lo mismo con mi sujetador, dejándolo caer con
el resto de mi ropa en una pila en el suelo. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba
abajo mientras caminaba hacia él y deslizaba mis manos alrededor de su cintura,
luego a su culo para enganchar la banda de sus pantalones con mis pulgares y
empujarlos sobre la ondulación y al suelo.
Luego fue mi turno para observarlo. Su cuerpo era esculpido, una masa de
carne y músculo, todo ángulos y sombras. Cada curva, cada línea impartía
dominio, capacidad, fuerza y control. Llegó a mí, me acercó, y probé sus labios
salados. Su polla se presionó contra mi estómago, y apreté mis brazos para
acercarlo más, tan cerca como podía.
Se apartó y me sonrió, alejando un mechón rebelde de mi rostro.
—Vamos —dijo y se volvió hacia la ducha, lo seguí con mis ojos en su culo.
Era literalmente perfecto, como algo que se ve en una revista o en una escultura de
un museo, desafiando toda lógica simplemente por su existencia.
Negué con la cabeza, poniendo los ojos en blanco mientras él abría la ducha.
El vapor comenzó a esparcirse en cuestión de segundos, y miré
cautelosamente la instalación. Había cinco cabezales de ducha en el techo, uno
grande en el centro y cuatro más alrededor de él, todos en ángulo al drenaje, y un
banco a lo largo de dos de las paredes. Era del tamaño de algunos apartamentos en
los que había estado.
Van me sonrió de lado.
—Sé que parece una locura, pero solo espera.
Dio un paso a través de la puerta y dentro del agua, y me congelé de nuevo,
viéndolo levantar el rostro hacia el rocío y pasar sus manos sobre su cabello. El
agua bajaba por su cuerpo en corrientes largas, y mis ojos vagaron, bebiéndolo
como si estuvieran resecos.
Se pasó una mano por el rostro y me miró, confundido por un segundo antes 70
de sonreír y levantar una ceja.
Me reí con torpeza, dándome cuenta de que no tenía idea de lo que estaba
haciendo, además de comerlo con los ojos como si fuera un trozo de carne. Di un
paso dentro y cerré la puerta.
—Este es el punto, aquí. —Señaló debajo del cabezal en el techo.
Tomé su lugar cuando fue por el champú, y luego casi me muero.
Los cabezales de ducha me golpearon desde todas las direcciones, golpeando
mis músculos doloridos, enjuagando la suciedad de la ciudad de mi cuerpo.
—Oh, Dios mío —gemí con los ojos cerrados.
—Sí. Eso —dijo Van con una sonrisa, y sentí sus manos jabonosas en mi
cabello.
—Mmm. —Di un paso atrás y me presioné en él, su polla resbaladiza contra
mi culo mientras el jabón corría entre nosotros. Moví mis caderas, masajeando su
longitud con nuestros cuerpos, y sus manos dejaron mi cabello en mis hombros,
luego en torno a mis pechos donde los apretó, jugando con mis pezones. Él bajó su
cuerpo para acunar su pene entre mis nalgas, y moví mis caderas, meciéndolo.
Me di la vuelta y corrí mis manos sobre su ancho pecho.
—Por el momento no estás limpio, Van —arrastré su nombre, y él sonrió
mientras buscaba una barra de jabón, frotándolo entre mis palmas hasta que la
espuma corrió por mis codos.
Observó mientras tocaba su pecho de nuevo, sus pezones, sus abdominales.
Sus ojos siguieron mis dedos mientras trazaba la “v” de sus caderas hacia su pene,
largo y grueso, lo sostuve en la palma de la mano, envolví mis dedos alrededor de
él y los deslicé hacia su base, y luego hasta su corona. Me guio hacia atrás hasta
que estuve presionada contra la pared, con la palma de su mano al lado de mi
cabeza mientras mis dedos recorrían su longitud, lentos y resbaladizos.
—Cory—respiró.
El calor se disparó a través de mi cuerpo ante el sonido de mi nombre, y el
agua cayó sobre nosotros, enjuagando el jabón cuando me puse de rodillas, mis
ojos nunca dejando los suyos, mis manos nunca lo soltaron, queriendo tocar todo
de él. Besé la piel suave de su estómago, y su pene rozó mi mejilla. Él dejó escapar
un suave sonido que cayó en algún lugar entre un zumbido y un gemido cuando
arrastré mi lengua por su longitud. Tomé su cabeza en mi boca, moviendo mi 71
lengua perezosamente contra la punta mientras mis manos encontraban su camino
a su culo, y cuando tomé toda su polla, dejó escapar un silbido.
Su mano se deslizó en el cabello en mi nuca, instándome, y me retiré,
chupando suavemente antes de tomarlo de nuevo, mis manos en su culo igualando
su propio tirón, una y otra vez. Latió contra mi lengua justo antes de sacarlo con
un pop, a punto de venirse, y me levanté lo suficientemente alto para presionar mi
pecho en sus caderas. Lo apreté dentro de mis pechos, y flexionó sus caderas,
bombeando hasta que se vino, poniendo todo su peso sobre sus manos
presionadas contra la pared detrás de mí. Sus ojos se cerraron mientras el agua
corría por su rostro, goteando de su nariz y barbilla mientras se esforzaba por
respirar.
Me puse de pie y me encontré en sus brazos con el rostro apretado contra su
pecho, su corazón resonando en mi oído. Bajó la cabeza para besarme, nuestros
labios y lenguas rodando lentas y pesadas alrededor de la otra. Se separó para
sonreír y frotar mi mejilla con su pulgar solo una vez antes de estirarse por la
pastilla de jabón.
—Tu turno. —Frotó el jabón entre sus manos y comenzó con mi cuello y
hombros, presionando sus pulgares en mis músculos.
Suspiré y cerré los ojos mientras sus manos se movían a través de mi pecho,
mis senos, sus dedos rozando las puntas de mis pezones. Arrastró fuego hasta mis
caderas, rozando sus nudillos a través de la parte más baja de mi estómago
mientras el vapor del agua pasaba por encima de nosotros. Mi respiración se
enganchó cuando presionó un dedo en mi clítoris.
—Siéntate —susurró en mi oído.
Me senté en el banco con un pulso acelerado, se arrodilló delante de mí y
agarró mis piernas, lanzándolas sobre su hombro, tirando de mis caderas así mi
culo estaba colgando sobre el borde. Mi respiración era superficial mientras lo
esperaba, enganchando mis tobillos detrás de él, sintiendo los músculos de sus
hombros bajo la parte trasera de mis rodillas.
Sus ojos estaban entre mis piernas, y colocó dos dedos en la base de mi coño
para deslizarlos hacia arriba lentamente, presionando con los dedos en forma de
“V”.
—He querido saber cómo sabes desde que nos conocimos.
72
Lamí mis labios, atrapando el inferior entre mis dientes mientras bajaba su
cabeza dolorosamente lento, y suspiré cuando sus labios tocaron mi clítoris.
Chupó, y mi respiración se estremeció, mis muslos temblando cuando mis talones
se clavaron en su espalda.
—Jo-jo-joder... —susurré y presioné la cabeza contra la pared de la ducha,
retorciendo mis dedos en su cabello.
Sostuvo todo mi peso mientras trazaba pequeños ochos alrededor de mi
clítoris. No podía respirar, como si el aire fuera demasiado delgado, mis pulmones
demasiado débiles. Pero cuando deslizó un dedo dentro de mí, mi espalda se
arqueó. El ritmo de su lengua igualó a su dedo, estimulándome hasta que volví la
cabeza, presionando mi mejilla contra la baldosa fría. Un grito se me escapó, agudo
y fuerte, mi cuerpo flexionándose mientras cada pensamiento me dejaba ante el
mando de su tacto.
Besó y chupó, lamiendo lento mientras me estremecía en el banco.
—Van —dije después de un momento, aturdida.
Se levantó y se inclinó sobre mí, poniendo un brazo por debajo de mis
rodillas y otro alrededor de mi cintura. Enterré mi rostro en la curva de su cuello
mientras me recogía, sin preocuparse por nada fuera de ese agotado y satisfecho
momento. Noté lejanamente que cerró la ducha y tomó una toalla, solo porque su
mano dejó mi cintura. Me llevó a su habitación y me acostó en su cama, goteando.
Traté de sentarme.
—Estoy toda mojada.
—No me importa —respondió y desplegó la toalla cuando llegué a posición
vertical. Secó mi cabello, mis hombros, mi rostro, luego todo el camino hasta mis
pies, la toalla mullida caliente y suave contra mi piel rosada. Bajó las sábanas—.
Entra.
—Dios, eso es mucho trabajo.
Van rio, y me recuperé un poco mientras me arrastraba en su cama y me
acostaba de lado, observándolo secarse. Mis ojos siguieron sus manos mientras
corría la toalla por su cabello, dejándolo despeinado. Pasó sus dedos a través de él
mientras arrojaba la toalla antes de subir a la cama conmigo.
Nos miramos mutuamente, oliendo a jabón, todavía húmedos.
Lo miré a los ojos.
—¿Qué estamos haciendo, Van? ¿Qué es esto? 73
Movió mi cabello mojado de nuevo por encima de mi hombro.
—No sé. Todo lo que sé es que no quiero que te vayas.
—No me quiero ir —dije, mi garganta ardiendo.
—Entonces quédate. —Acarició mi brazo.
—Nunca he... No sé, Van. Nunca he hecho esto antes.
—No tiene que ser difícil. ¿Alguna vez tuviste una relación que fuera fácil?
¿Una que no se siente como trabajo, incluso cuando lo es?
Pensé en Erin y asentí.
—Es así. No tengo que intentarlo contigo. Solo ocurre. No tengo que pensar
en ello. Solo es así. —Sonrió ligeramente—. Realmente no necesitamos ninguna
respuesta en este momento. O al menos yo no. ¿Está bien?
—Está bien.
Van me acercó a su pecho, y me acerqué más a él. Mi cabeza se ajustaba
perfectamente debajo de su barbilla, y con sus brazos alrededor me sentía segura.
No me había dado cuenta hasta ese momento que no me había sentido segura en
toda mi vida. Van tenía razón. Era fácil, sencillo. Realmente quería que fuera feliz,
y si tuviera que adivinar, apostaría que trataba igual a todos los que le importaban.
No dudé ni un minuto que era leal y honesto. Creía cada palabra que salía de sus
labios.
Pero yo no era honesta, y no era buena. ¿Qué haría cuando se enterara de la
verdad? Porque no podía ocultarla de él.
No hablamos, solo me abrazó en la oscuridad, sus dedos trazando círculos y
patrones en mi brazo hasta que bajó la velocidad, luego se quedó quieto, y su
pecho subió y bajó lento y constante con su respiración. Y tan cansada como
estaba, no podía dormir, solo miré fijamente por la ventana desde la calidez de sus
brazos, buscando respuestas.

74
El camino de salida
Me estiré en la cama y abrí los ojos, mirando al mundo de lado por un
momento, parpadeando para quitarme el sueño. Estaba tranquilo, la suave
serenidad que solo aparece en las primeras horas de la mañana, esa sensación de
promesa, de esperanza. No sabía cómo iba a resolver todo, hacer todo bien, pero
encontraría una manera. Comenzando por Jade.
El sueño había traído resolución. Tan temerosa como estaba de decirle a Van
la verdad sobre mí, sabía que era la única opción. Me sentía bien acerca de esa
rectitud, incluso si traía destrucción. Quería creer que él lo entendería. Había una
posibilidad de que lo hiciera, y me aferraba a eso con todo. Podría manejar a Jade.
Era lo suficientemente fuerte como para dejar atrás todo esto. Pero todo cambiaría,
a partir de hoy.
Van no estaba en la cama, pero olía a tocino y sonreí. Era como un sueño,
como si le hubiera robado la vida a otra persona. Como correr una cortina y darme
cuenta de que había un mundo más allá del que conocía, si tan solo pudiera salir
del que estaba viviendo.
Salí de la cama y fui hasta la ventana, mirando el centro de la ciudad. La
vista era genial, y observé la salida del sol por el horizonte como si lo estuviera 75
viendo por primera vez.
Mis pantalones y camisa estaban doblados y apilados en el sillón, y me los
puse rápidamente, atándome el cabello en un moño mientras caminaba hasta la
cocina.
Van estaba en la estufa sin camisa y los pantalones colgando bajos en sus
caderas. Sonreí y tomé asiento y apoyé mi barbilla en la mano.
—¿Freír tocino sin camisa? Duro —dije.
Miró por encima del hombro con una sonrisa.
—Habilidades. Estaba a punto de despertarte. ¿Café?
—Sí por favor. Solo azúcar.
Me sirvió una taza y la pasó al otro lado de la barra con un tazón de azúcar y
una cuchara.
—¿Qué estás haciendo hoy?
Me puse rígida con los ojos en mi café mientras revolvía, viendo las burbujas
girar como mis pensamientos.
—No mucho. Estoy libre hoy, no hay muchas entregas los fines de semana.
¿Tú?
—Almuerzo con mi abogado. De vez en cuando, soy arrestado por sacar fotos
en propiedad privada. A la mayoría de los propietarios no les importa, pero
siempre hay que un idiota que piensa que gobierna el mundo y quiere un pedazo
de ti.
El rostro de Jade apareció en mi mente. Tomé mi taza y asentí, tomando un
sorbo a pesar de que todavía estaba demasiado caliente para beber.
—Hablando de trabajo, tengo una exposición en la galería la próxima semana
en la que necesito desesperadamente una cita. —Sonrió torcidamente mientras
revolvía huevos.
—¿Oh?
—¿Te unes?
—Me encantaría. —Si no me odias para entonces.
—Bueno. Te enviaré los detalles por mensaje. —Podría haber sido casi una
sonrisa, a pesar de que estaba tratando de suprimirla mientras dividía tocino,
huevos y pan tostado. Se sentó a mi lado en la barra y deslizó un plato delante de 76
mí.
Me reí.
—Lo que es jodido ya que ni siquiera tienes mi número.
Van se inclinó hacia mí, sus labios casi en los míos.
—Vamos a rectificar eso. —Me dio un beso, succionando suavemente mi
labio inferior antes de alejarse, recogiendo mi teléfono mientras yo tomaba mi
tenedor.
—Huele tan bien. Gracias, Van. —Hice hincapié en su nombre, extendiendo la
sílaba.
Sonrió ante el sonido, mientras ponía su número en mi teléfono.
—No tendría que haberte dicho acerca de pronunciar mi nombre.
Le devolví la sonrisa.
—Bueno, tengo una confesión. —Me metí un bocado de huevos en la boca.
—¿Oh?
Asentí y tragué.
—Es lo mismo para mí cuando dices el mío.
Sonrió, travieso y curioso.
—¿De verdad?
—De verdad. Creo que tienes razón acerca de que sea debido a la forma en
que nos conocimos, al no saber quién eras. Fue intenso. Para que conste, nunca he
hecho nada parecido a eso.
—Creo que solo te atrapé en un buen día.
Me reí.
—O uno malo.
—Bueno, fue uno bueno para mí. Loco, pero bueno.
—Van, no quise decir…
—Está bien. —Sonrió.
Negué con la cabeza con un atisbo de sonrisa en mi rostro, sorprendida por la
forma en que el potencial insulto no lo había perturbado cuando habría herido a la
mayoría de la gente.
77
—Nunca he conocido a nadie como tú.
—Tampoco yo.
—¿Alguna vez te molestas?
Van se encogió de hombros.
—Sí, todo el mundo lo hace. Sin embargo, la mayoría de las cosas no me
afectan. Solo las cosas grandes. Mentiras, engaños. Solo siento que no es tan difícil
ser una buena persona, hacer lo correcto.
Asentí hacia mis huevos, sintiendo que mi pecho iba a ceder a la presión.
—Correcto.
—De todos modos, la mayoría de cosas me resbalan.
Lo miré por un momento mientras sorbía su café.
—¿Te das cuenta de que somos exactamente opuestos?
Se encogió de hombros y dejó la taza en la mesa, dirigiéndose a mí.
—Excepto que no lo somos en absoluto. Es como si fuéramos hechos del
mismo metal, solo que tenemos diferentes acabados. Brillamos diferente.
—Eres como una galleta de la fortuna.
Van rio.
—Lo sé. Tengo un par de carpetas llenas de mala poesía de la escuela
secundaria, si alguna vez necesitas reírte.
—Poesía, ¿eh? Pasé la secundaria haciendo freerunning4 y evitando la
escuela.
—¿Y los chicos?
—Más mujeres que chicos.
Dejó escapar una risa.
—¿En serio? —Parecía estar en parte impresionado y en parte no seguro de si
le estaba haciendo una broma.
Tomé otro bocado y asentí.
—Historia verdadera.
—¿Algo serio?
Tragué saliva.
78
—En realidad no. —Vi su rostro, en busca de su reacción, pero se limitó a
sonreír.
—En realidad, tiene mucho sentido, a partir de tu reacción cuando te busqué.
—¿Te refieres a acecharme? —bromeé.
—Acechar, orquestar un gran gesto, lo que sea.
—Habrías sido la captura del siglo, si te hubiera atrapado.
—No sé —me burlé—, soy un poco intimidante. Nadie se acerca mucho. Los
aparto antes de que tengan la oportunidad.
—Bueno, por suerte para ti, soy persistente. Sé lo que quiero, y consigo lo que
quiero.

4 freerunning: es una disciplina muy similar al parkour en el cual sus participantes utilizan
el entorno urbano y el paisaje rural para realizar movimientos y acrobacias a través de sus
estructuras.
Lo vi tomar un bocado de huevos, desconcertada.
—Eres algo más, Sullivan Collins.
Él me miró, con los ojos abiertos y honestos.
—Tú también, Cory James.
—No sé cómo entraste —dije, casi para mí misma.
—Puedo escalar cualquier pared en mi camino, y nunca renuncio a lo que
creo. Nunca tuviste una oportunidad —respondió con una sonrisa.
Quité el taburete y entré en sus brazos, mis labios buscando los suyos, mis
manos en sus mejillas. Intenté contener mi miedo y la incertidumbre, solo quería
demostrarle que significaba algo para mí.
Nuestras bocas se desaceleraron y me incliné hacia atrás, sintiendo las
lágrimas pinchando las esquinas de mis ojos, pero sonreí.
—Tengo que irme. Voy a llamarte más tarde, ¿de acuerdo?
—Muy bien, Cory.
Envolví mis brazos alrededor de su cuello y cerré los ojos, sin saber si
tendríamos un momento así de nuevo, lleno de su esperanza y confianza en mí.
Le susurré al oído:
79
—Gracias.
•••
En el momento en que llegué al apartamento, tenía un plan, un discurso, y
una cantidad enorme de determinación. El plan era claro: tratar de convencer a
Jade de que la pintura era una falsificación. El discurso era mejor e involucraba a
varios nombres sucios y amenazas. La decisión sería mi salvación, si todo lo demás
fallaba.
Cerré la puerta del loft tranquilamente, pensando que todos se habían ido o
estaban durmiendo. Tiré mi bolso en una silla y me senté en la mesa,
preguntándome cuándo Jade estaría en casa. No me lo pregunté por mucho
tiempo.
Salió de su habitación, mirando con aire satisfecho mientras sacaba una silla y
se sentaba frente a mí.
—Te ves muy fresca. Realmente estás tirando esa mirada de “recién follada”.
—Se cruzó de brazos sobre la mesa y se inclinó hacia delante—. ¿Cómo fue recibir
una polla real? ¿Un poco más emocionante que el puño de Erin?
La miré.
—Dios, eres la peor, ¿lo sabes?
Ella se limitó a sonreír.
—No es un Rothko. Es de un don nadie que pinta imitaciones. —Crucé los
brazos y la contemplé.
Jade se inclinó un poco más cerca, mirándome.
—Buen intento. Está catalogado como el comprador en los registros.
Mierda. Hice una pausa, pero no moví ni un solo músculo.
—No lo haré, Jade.
Ella se encogió de hombros y suspiró.
—Jill va a estar tan decepcionada de ti.
Y justo así, lo decidí. No iba a dejar que me empujara. Había ahorrado
suficiente dinero. Nada valía la pena tratar con la megalomanía de Jade, ya no. Van
no era la única persona que iba a conocer la verdad.
80
—Voy a decirle a Jill. Hoy.
Jade rio, el sonido soberbio y superior.
—Claro que lo harás.
—¿Qué, quieres venir conmigo?
—Sé realista, Cory.
—No estoy bromeando, Jade. He terminado con esto. No eres mi dueña, y no
me puedes obligar a hacer esto. Se lo diré a Jill.
Jade se me quedó mirando, su sonrisa deslizándose en una mueca al darse
cuenta de que no era un engaño.
—¿Realmente le vas a decir?
Asentí.
Ella echaba humo.
—¿Quién diablos es este tipo? ¿Te arriesgaras por él? Cory, la pintura tiene
un valor de millones. Y no solo un par. Como cerca de los quince.
Fijé mi mandíbula.
Se puso de pie.
—Quince millones de dólares —hizo una pausa—. Tu parte pagaría por la
escuela, la universidad de Jill, un yate, una casa en Malibú, y tendrían dinero para
vivir de por vida. A la mierda tu “no lo haré”. Lo harás.
Me puse de pie y me encontré con sus ojos.
—¿Me vas a obligar?
Jade caminó alrededor de la mesa, deteniéndose tan cerca que estábamos casi
tocándonos la nariz, solo a centímetros de la otra.
—Este no es robar ordenadores y memorias USB. Esto es algo que nos podría
establecer durante años. Años. El hecho de que follaras no significa que todos
tengamos que sufrir. ¿Qué tan estúpida eres? ¿Lo conoces durante cinco minutos, y
vas a tirar todo por la borda? ¿Por qué? —Se acercó más, enviando mis nervios de
punta.
—Retrocede, Jade.
Ella se burló de mí con un tono quejoso, lanzando mis palabras hacia mí.
81
—Oh, ¿me vas a obligar? —Pero luego se enderezó, algo en su
desplazamiento, una sombra detrás de los ojos que no había visto antes—. No me
jodas. Esa es la única advertencia.
—Vete a la mierda con tu advertencia. —La golpeé en los hombros con las
palmas y subí mis puños mientras trataba de recuperar el equilibrio.
Su rostro se contrajo, sus dientes al descubierto cuando me atacó, pero le
lancé un puñetazo y golpeé su mandíbula. Ella se tambaleó hacia atrás y cayó al
suelo. Di un paso hacia ella.
—¿Qué tal si tú no me jodes?
Jade tosió, viéndose golpeada, y di un paso más cerca, lista con una amenaza.
Pero cuando abrí la boca para hablar, me barrió. El mundo se inclinó mientras me
tumbaba, y me golpeé contra el suelo, mis pulmones congelados por el impacto.
Antes de que pudiera reaccionar, estaba sobre mí.
Me dio un golpe y se sentó en mi pecho, sujetándome los brazos con las
piernas. Mi pecho el dolía, mi piel sentía escozor por el golpe, y ella se arqueó
sobre mí, presionando sus palmas al hormigón junto a mis oídos.
—Vas a hacer esto, o voy a encontrar a Jill. La encontraré, y la mataré. Y luego
de la pintura, estás fuera. Vas a desaparecer. —Ella me agarró por el cabello y me
golpeó la cabeza en el suelo frío.
Los puntos negros bailaban en mi visión, y gemí, sintiendo que el contenido
de mi estómago se disparaba a mi esófago. Tragué saliva.
—¿Lo entiendes, Cory? ¿Lo entiendes? Esto es más grande que tú, y no vas a
ponerte en mi camino.
Me tambaleé, mis oídos zumbaban mientras se inclinaba hacia mi rostro.
—Siempre he estado esperando para deshacerme de ti —dijo entre dientes—.
Mucho tiempo. Dame una razón. Solo una. Y voy a empezar con Jill.
Jade me agarró por el cabello, su rostro se contrajo mientras golpeaba mi
cabeza en el concreto, una vez más, y todo se volvió negro.

82
Próximo libro:
Hardcore #2

La elección es empinada: estar en la cornisa y


robar la pintura de Van o dar el salto y sacrificar a
su hermana. Es otra decisión en una larga fila que
ha tenido que tomar en su vida, y aunque es fácil
de tomar, es imposible de ejecutar.
Jade no permitirá que Cory se vaya hasta
que consiga lo que quiere, pero el precio de Cory
es alto. Robar y mentir nunca ha sido difícil, pero
Van cambió todas las reglas. Era lo último que
quería hacerle. Pero por muy agónica que sea esa
elección, hay solamente una.
Traición y dolor. Amor y pérdida. Decisiones
y consecuencias. El borde por el que Cory camina 83
es delgado y muy alto, pero no puede mirar hacia
abajo. No hasta que llegue al otro lado.
Sobre la autora
Staci ha sido muchas cosas hasta este
momento de su vida: diseñadora gráfica,
empresaria, costurera, diseñadora de ropa y
bolsos y camarera. No puedo olvidarlo.
También ha sido madre de tres niñas que
seguro que crecerán para romper muchos
corazones. Ha sido una esposa, aunque no
es la más limpia, ni la mejor cocinera.
También es súper divertida en una fiesta,
especialmente si ha estado bebiendo
whisky, y su palabra favorita empieza con
“j” y termina con “r”.
Desde sus raíces en Houston hasta un período de siete años en el sur de
California, Staci y su familia terminaron estableciéndose en algún lugar intermedio
e igualmente al norte de Denver, donde la nieve es mágica y las montañas se han
convertido en su hogar. Cuando no está escribiendo, está leyendo, jugando o
84
diseñando gráficos.
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