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S∴ F∴ U∴
EL SOLSTICIO
DE INVIERNO
QH Edgar Ramírez
MaestMas
Orde Carrizal, 10 de diciembre de 2020 (ev)
EL
SOLSTICIO DE INVIERNO
Tanto en los equinoccios como en los solsticios
se abren las puertas que comunican con los otros mundos,
pues hay otros mundos además de éste.
Marta Abelló.
Vamos a discutir hoy un tópico fundamental en la Masonería: El Solsticio de
Invierno. La palabra solsticios es definida por Frau Abrines (1898), como: “La
época en que el Sol entra en los signos de Cáncer y Capricornio, o sea en que
llega a su máxima declinación septentrional y meridional” (Pág. 1371).
Astronómicamente hablando, la Encyclopædia Britannica (2002), expresa
que dado que los haces de luz solar inciden sobre el globo terráqueo, cuando
éstos caen a 23º 27´ Latitud Norte, alcanzan el Trópico de Cáncer, el día 21 de
Junio; y cuando lo hacen en la Latitud Sur, penetran el Trópico de Capricornio, el
21 de Diciembre. Estos son los puntos máximos y mínimos que alcanzará el Sol
en su desplazamiento imaginario por el cielo. Reciben el nombre de Solsticios, del
latín Solstitium, que significa: el Sol más lejos.
Para la Masonería, las Fiestas Solsticiales, de nuevo Frau Abrines (1898),
indica, que, son:
Fiestas solemnes que anualmente celebra la Francmasonería en
la época en que tienen lugar los Solsticios de Verano y de
Invierno, dedicada la primera al Reconocimiento, y a la Esperanza
la segunda. Generalmente suelen designarse estas fiestas entre
los Francmasones con el nombre de Fiestas de San Juan (Pág.
1371).
De ésto podemos inferir el significativo valor que tiene el Solsticio para el
Mas; por lo cual, vamos a examinar su importante simbolismo.
Guenón (1962), nos explica que en la tradición hindú, que representa la
continuación más directa de la tradición primordial, se divide el ciclo anual en dos
mitades, ascendente y descendente, las cuales se abren, respectivamente, en las
dos puertas solsticiales de invierno y verano. Y escribe:
… Jano, con mayor frecuencia, porta dos llaves; son las de las dos
puertas solsticiales, Ianua Caeli y Ianua Inferni, correspondientes
respectivamente al solsticio de invierno y al de verano, es decir, a
los dos puntos extremos del curso del sol en el ciclo anual; pues
Jano, en cuanto “Señor de los tiempos”… …abre y cierra ese ciclo
(Pág. 156).
Así, en base al simbolismo astronómico, las llaves de Jano eran, las de las
dos puertas solsticiales, y también las de los grandes y pequeños misterios. Son
igualmente, la entrada y la salida de la caverna cósmica. Considerada aquí como
el lugar de manifestación del individuo, después de haberse manifestado en ella
en el estado humano, dicho ser, según el grado espiritual al que haya llegado,
saldrá por una u otra de las dos puertas. En otras palabras, desde el punto de
vista del papel iniciático de la caverna, las puertas no se tratan propiamente de
una entrada y una salida, sino de dos salidas diferentes, dependiendo de la
perfecta conciliación del ente con su evolución.
Siguiendo con la tradición védica, la puerta de los dioses está situada al
norte y vuelta hacia el este, que se reconoce siempre como el lado de la luz y de
la vida; y la puerta de los hombres está situada al sur y vuelta hacia el oeste, que,
análogamente, se reconoce como el lado de la sombra y la muerte.
Por otra parte, el solsticio de invierno, que corresponde al norte y señala el
inicio del movimiento ascendente, es el punto más bajo, y el solsticio de verano,
que concierne al sur, donde ese movimiento ascendente concluye, es el más alto,
donde comenzará el movimiento descendente. Así, según la expresión hermética
de la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto (1950): “…lo que está abajo es
como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo para hacer
los milagros de la cosa única” (Pág. 1), siendo arriba el orden celeste y abajo el
terrestre.
Otra simbolismo es en base a las caras de Jano, el Señor de las dos vías, a
las cuales dan acceso las dos puertas solsticiales. Son la vía de los dioses (deva-
yâna), de los cielos, y la vía de los antepasados (pitr-yâna), de los infiernos.
De nuevo Guenon (1962), nos muestra que, los dos puntos de detención
del curso solar (es el sentido etimológico del vocablo solsticio) deben corresponder
a los dos términos extremos de la manifestación, sea en su conjunto o en cada
uno de los ciclos que la constituyen, que están en la multitud indefinida y que son
los diferentes estados o grados de la Existencia Universal. Aplicando ésto a la
existencia en el ser humano, se puede comprender por qué las dos puertas
solsticiales se designan como la puerta de los hombres, Ianua Inferni, la entrada
en la manifestación individual; y la de los dioses, la salida de esa misma
manifestación y el paso a los estados superiores, Ianua Caeli.
Aunque el verano es calificado generalmente como una estación alegre,
que representa el triunfo de la luz; y el invierno como una triste, la oscuridad. Así,
los dos solsticios tienen sin embargo, un carácter exactamente opuesto al
indicado, el primero es la mitad ascendente del ciclo anual, y el segundo, es su
mitad descendente.
El mismo autor (2003), demuestra que, las fiestas de los dos San Juan
están en relación directa con los dos solsticios, lo que está expresado por el doble
sentido del nombre mismo de Juan. La palabra hebrea hanán tiene a la vez el
sentido de benevolencia, misericordia y alabanza, por consiguiente, el nombre
Yahanán o Yehohanán puede significar misericordia de Dios y también alabanza
a Dios. Observándose que el primero de estos dos sentidos parece convenir a
Juan el Bautista (el que llora), y el segundo a Juan el Evangelista (el que ríe);
puede decirse así, que la misericordia es descendente y la alabanza, ascendente.
En relación a los dos San Juan y su simbolismo solsticial, es también
interesante reflexionar en un símbolo peculiar de la Masonería: es un círculo con
un punto en el centro, comprendido entre dos tangentes paralelas, que
representan a los dos Juanes. El círculo es aquí la figura del ciclo anual, su
significación solar se hace más manifiesta por la presencia del punto en el centro,
dado que es el signo astrológico del sol. Las dos rectas paralelas son las
tangentes a ese círculo en los dos puntos solsticiales.
Considera Figueroa (2007), que las tangentes simbolizan a las Columnas J
y B, pero también a los dos Juanes y a los dos solsticios. Las llaves de Jano, el
Señor de las dos vías, son las de las dos puertas solsticiales, ianua caeli y ianua
inferni, eran una de oro y la otra de plata, correspondientes a los Misterios
Mayores y los Misterios Menores, representan, la autoridad espiritual y el poder
temporal.
Pike (2008), reflexiona, sobre la representación del punto dentro de un
círculo. El punto representa al QH individual; el círculo, la línea limitadora de
su conducta, que nunca estará dispuesto a traspasar permitiendo que sus
prejuicios o pasiones le traicionen. El punto dentro del círculo encarna a Dios en el
centro del Universo. Es un signo egipcio habitual para el Sol y Osiris. En la Cábala
el punto es Yod, la energía creativa del GADU, irradiando con la Luz el
espacio circular del Universo. El círculo con las dos líneas perpendiculares y
paralelas, representan a Juan el Bautista y Juan el Evangelista. Las paralelas
pueden encontrarse también en la Cábala, indican que la Justicia y la Piedad del
Supremo se encuentran en equilibrio, resultando en la Armonía, donde impera la
Sabiduría perfecta y única.
En los antiguos anales de Tsūr (o Tiro), la festividad principal de Mal-karth,
es la encarnación del Sol en el solsticio de invierno, siendo llamada su
renacimiento o su despertar. Se celebraba con una pira en la cual el dios obtenía,
a través de la ayuda del fuego, una nueva vida. Se oficiaba en el mes de Peritius o
Barith, cuyo 2º día correspondía al actual 25 de Diciembre. En el mismo día se
celebraba en Roma el Dies Natalis Solis Invicti, el día festivo del nacimiento o
renacimiento del Sol invencible.
De acuerdo a Stein (1927), desde el punto de vista astronómico, el sol
muerto (disminuido, atenuado, privado de fuego), cuando entra en los signos
inferiores del Zodiaco, que luego renace todos los años después del Solsticio de
Invierno, está representado por Hiram. Desde el punto de vista simbólico,
relaciona a la Francmasonería con los sistemas iniciáticos de Fenicia y Judea.
Torrent (2008), precisa que, Hiram, modeló dos columnas de bronce huecas
de cuatro dedos de espesor denominadas Jakim y Boaz (erigir y poder), las
cuales, señalaban la variación del amanecer del sol en el horizonte entre los
solsticios de verano e invierno. También propone la asociación entre Juan el
Bautista y Capricornio, que es el signo en el que el Sol entra en el solsticio de
invierno para renacer.
Parafraseando a Franch (2011), podemos ver, que, Egipto era considerado
como un símbolo del ocaso, mientras que el nacimiento del sol era la tierra
prometida, el país de la leche y de la miel. La Pascua representaba la celebración
de la luz, el amanecer y el nacimiento del año, cuya imagen era el centauro del
solsticio de invierno.
Rodríguez Mariño (1997), nos apunta que, en las fiestas del Solsticio,
sentimos un sentimiento de bondad, de generosidad, de amor, que embarga
nuestros corazones y nos impulsa a dar, a compartir, a confraternizar. Es el
espíritu que regresa vencedor de las Tinieblas, símbolo del Sol invicto, de la fuerza
espiritual del Cosmos, actuando empáticamente sobre cada uno de nosotros, que
nos dice, una vez más, que el Espíritu ha superado a la Materia.
Escriben Blaschke y Río (2006), que en la Masonería se preservaron
muchas de las ceremonias de los druidas en su estado original. Entre éstas, el Sol
sigue siendo una figura preponderante; y su imagen, la forma del círculo, es el
gran ornamento emblemático de las LLog y muchas de las decoraciones
masónicas. En el solsticio de invierno se festejaba el nacimiento o renacimiento de
la Luz, que implicaba al Hijo de la Gran Madre, el Sol. En dicha fecha se apagaban
y reencendían los Fuegos para festejar dicho acontecimiento, que el pueblo
recibía alborozado, y que, tendía a reeditar el magnífico acto de la creación en
aquel tiempo sagrado en que fue consumado.
Hurtado (2001), concluye que las LLog masónicas a nivel mundial,
celebran dos reuniones o TTen solemnes, señalando la posición solar de los
solsticios renovadores de verano e invierno y lo hacen coincidiendo con las
festividades cristianas conmemorativas de San Juan Bautista (24 de junio) y de
San Juan Evangelista (27 de diciembre) en cada caso.
Como pone de relieve Wirth (1920), se toma el sentido espiritual del Fuego
como Principio Generador, el del Fiat Lux, anterior a la luz física. Juan el Bautista
representa, el anunciador del Fuego como Luz Creadora o Verbo de los gnósticos.
Juan el Evangelista, es la culminación en el Amor de todo el proceso evolutivo
universal. Para la Masonería, el hombre, debe morir para renovarse por el fuego
espiritual o iniciático que le llevará a regirse por la nueva Ley del Amor. Esa
muerte y esa resurrección espirituales están prefiguradas en el ciclo de la
naturaleza inmanente y, muy en concreto, por el ciclo solar anual.
Para los mmas, las fiestas solsticiales tienen una profunda significación
filosófica. Los solsticios representan el eterno contraste de la luz y la oscuridad, de
la vida y la muerte y el eterno renacer de la creación, donde nada puede ser
destruido, solo transformado, es el ave fénix que siempre renace de sus cenizas.
Los Solsticios representan la armonía cósmica, que permite observar, año tras
año, como se cumplen con asombrosa regularidad, de acuerdo a las leyes físicas
de su relación con la tierra, haciendo que la naturaleza cumpla inexorablemente
sus ciclos biológicos.
Desde una concepción cósmica el sol se ve como el supremo regulador de
la vida. Así se comprende que lo vivido es una dura pero necesaria experiencia, su
razón hace que se pueda superar con coraje sus miles de limitaciones y defectos.
Comienza a sentir el ser humano los signos de dignidad que le son
consustanciales, encuentra los valores éticos del ser racional, le reconforta saber
que puede compartir su espíritu con sus QQHH y lograr juntos una sociedad
solidaria en sus necesidades e ideales.
La festividad del Solsticio de Invierno es el momento para sacar de nuestras
vidas aquello que no necesitamos, sea de orden material, mental o espiritual. El
desprendimiento y generosidad humana son consecuencias de un proceso que
deviene en filantropía, es hacer el bien por el bien mismo, es renacer a una nueva
realidad. Para el pueblo masónico, la luz del conocimiento nos hace libres. Mostrar
alegría y contento en esta fecha significa haber lavado las vestiduras y mostrarnos
ante los demás con una nueva actitud, significa nacer a un nuevo estado de
conciencia y agradecer al GADU la posibilidad de compartir, aprender y
crecer con nuestros seres queridos.
Finalicemos con una cita:
La ignorancia hace crédulos a los hombres;
la ciencia de los misterios de la naturaleza los hace creyentes.
H. Delaage.
¡ Feliz Solsticio de Invierno !
LISTA DE REFERENCIAS
Abelló, M. (2006). Los hijos de Enoc: El libro de Toth. Buenos Aires, Argentina:
Kindle Unlimited.
Blaschke, J. y Río, S. (2006). La verdadera historia de los masones. Barcelona,
España: Planeta.
Figueroa, D. (2007). La Masonería y su simbolismo funerario. Bajo los Hielos. 19,
26.
Franch, J. F. (2011). Significados alquímicos de la iconografía cristiana. [Artículo
en línea]. Disponible: https://es.scribd.com/document/272293502/
SIGNIFICADOS-ALQUIMICOS-DE-LA-ICONOGRAFIA-CRISTIANA-pdf.
[Consulta: 2017, Noviembre 12].
Guenón, R. (2003). La Gran Tríada. Barcelona, España: Paidós Orientalia.
Guenón, R. (1962). Los símbolos fundamentales de la ciencia sagrada.
(Compilación póstuma por Valsan, M., 1898). París: Sapse.
Hurtado, A. (2001). La Masonería. (2ª Ed.). Madrid, España: EDAF.
Pike, A. (2008). Moral y dogma del rito escocés antiguo y aceptado. Alicante,
España: Ediciones del Arte Real.
Rodríguez Mariño, D. (1997). El espíritu tradicional en las fiestas masónicas.
Estudios Filosóficos. 2 (1), 3-10.
Stein, R. (1927). Vocabulario masónico: Hiram. Vida Masónica. II (7), 104.
Torrent, F. J. (2008). El legado hermético de la antigüedad. Madrid, España:
Bubok Publishing.
Trismegisto, H. (1950). La Tabla Esmeralda. (Traducción de Mario Antonioletti).
Santiago, Chile: Mercurio.
Wirth, O. (1920). El libro del aprendiz. México, México: Herbasa.