Concepto y Filosofía de la Felicidad
Concepto y Filosofía de la Felicidad
Generalidades
Se entiende en este contexto como un estado de ánimo positivo, la capacidad de abordar
una tarea llevándola al término propuesto. El resultado final complace a la persona que
acomete dicha tarea. Como resultado de una actividad neural constante en un entorno con
variables ya experimentadas y conocidas, los distintos aspectos de la actividad mental
fluyen de forma armónica, siendo los factores internos y externos interactuantes con el
sistema límbico. En dicho proceso se pueden experimentar emociones derivadas, que no
tienen por qué ser placenteras, siendo consecuencia de un aprendizaje ante un medio
variable.
Análisis
Es un estado subjetivo que sin embargo puede objetivarse para su análisis. Los siguientes
son ejemplos de disciplinas con aproximaciones objetivas :
Otras definiciones
Según la filosofía occidental
Aristóteles sostiene que todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad
presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil
definirla y describirla. De ahí se aprecia la divergencia de opiniones respecto a cómo
entender la felicidad; placer para algunos; honores para otros; contemplación (conocimiento
intelectual) para otros, de acuerdo a otros puntos de vista. Aristóteles rechaza que la riqueza
pueda ser la felicidad, pues es un medio o para conseguir placeres o para conseguir
honores, pero reconoce que existen personas que convierten a las riquezas en su centro de
atención.
No obstante, para Aristóteles, éstos no son más que bienes externos que no son perseguidos
por sí mismos, sino por ser medios para alcanzar la felicidad, ya que es ésta la única que se
basta a sí misma para ser autárquica y perfecta. Los demás bienes externos se buscan
porque pueden acercarnos más a la felicidad, aunque su posesión no implica que seamos
íntegramente felices. Puesto que no por poseer riquezas garantizamos nuestra felicidad.
Tampoco solamente la consecución del placer nos hace felices. Normalmente necesitamos
algo más para serlo y eso nos distingue de los animales. Sin embargo, aunque estos bienes
particulares no basten, ayudan, y en esto Aristóteles mantiene una postura moral bastante
desmitificada y realista, el bien no puede ser algo ilusorio e inalcanzable. Sin ciertos bienes
la felicidad será casi imposible de alcanzar. Para Aristóteles la felicidad humana se basa en
la autorrealización dentro de un colectivo humano, adquirada mediante el ejercicio de la
virtud.
Existen también otras muchas escuelas filosóficas que han trabajado el tema de felicidad
individual en otros términos, a saber, el epicureismo entiende la felicidad como
autosuficiencia en el placer moderado, los estoicos piensan la felicidad como fortaleza en la
aceptación de una existencia determinada, racionalistas como Leibniz defienden la felicidad
como adecuación de la voluntad humana a la realidad, utilitaristas como John Stuart Mill
defienden un concepto de felicidad como satisfacción de los placeres superiores, entre
otros...
Para algunos autores ‘’"New Thought"’’, la felicidad es una actitud mental que el hombre
puede asumir conscientemente, es decir es una decisión.
La idea de que la felicidad sea una decisión, la argumentan del hecho que el hombre haya
buscado muchas formas de encontrar esa felicidad en muchos aspectos, y aun así, parece
esquiva para la mayoría de las personas.
Al descubrir que existen seres felices e infelices en todas las diversas condiciones socio-
económicas, geográficas, de edad, religión, sexo, estados mentales (hay personas con
problemas mentales que a pesar de ello son realmente felices), estos concluyen que cuando
el individuo decide aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese
momento y construir su vida a partir de aquellos preceptos, el hombre es realmente feliz.
Tanto religiones tradicionales como pensamientos neoeristas declaran que cada persona
tiene una función específica en el universo y que en el momento que la persona lo descubra
y viva de acuerdo a ésta, será realmente feliz.
También existen varias corrientes filosóficas contemporáneas, entre ellas la
"Nietzscheniana", que afirman que el hombre no es concebido para la felicidad, sino que
está destinado a sufrir.
Según la religión
Para las religiones teístas, la felicidad sólo se logra en la unión con Dios, no es posible ser
feliz sin esta comunión. Siendo la felicidad considerada como la obtención definitiva de la
plenitud y el estado de satisfacción de todo tipo de necesidades es alcanzable sólo en ese
grado después de la muerte.
Sin embargo, hay diferentes puntos de vista según la religión que examinemos. Para el
cristianismo se expresa en la vivencia de las bienaventuranzas y las enseñanzas de la biblia
(especialmente los evangelios) y en el seguimiento y comunión con Cristo resucitado a
través del Espíritu Santo. Muy semejante a esto es el camino musulmán.
Interacciones
El subconsciente alimenta este estado de ánimo .1 Admitir los límites de la personalidad nos
facilitará la capacidad de no derrochar recursos en aquello que es incontrolable. .2 Tratar de
condicionar el entorno a nuestro deseo 3 solo impedirá que consigamos atisbar lo que es el
flujo 4 que nos lleva al estado de ánimo feliz.5 Este estado no se encuentra fuera de
nosotros, ni siquiera en nosotros, se encuentra en nuestra naturaleza interior. 3 No depende
exclusivamente del entorno, sino que es la aceptación de que existen fuerzas más poderosas
que nuestra voluntad, modificando nuestra actitud hacia la vida; siendo el pesimismo una
actitud que dificulta la consecución de dicho estado anímico y el optimisto una actitud
favorecedora, pero ninguna de las dos son determinantes. 6
La capacidad de dar soluciones a los diferentes aspectos del vivir cotidiano, hace del
individuo más o menos feliz. Esto se pone de relieve cuando entendemos lo que es la
frustración, causa principal de la pérdida de la felicidad.
Cabe decir que, tal sensación de autorrealización y plenitud, confiere a las personas felices
una mayor serenidad y estabilidad en sus pensamientos, emociones y actos; fruto del
equilibrio y la compensación de las cargas emocionales y las racionales. Algunas
emociones asociados a la felicidad son la alegría y la euforia.
La lucha interna
La Amígdala cerebral y el hipotálamo son regiones que cooperan para la transición de las
emociones. El neocórtex racionaliza los recursos de los que disponemos. Son dos áreas
incompatibles con miles de años de evolución entre ambos, que usan la conciencia como
medio de comunicación para poner solución a las demandas bilaterales. Podría ilustrarse
con el ejemplo de dos personas que intentan ponerse de acuerdo para solucionar sus
problemas personales en un centro de arbitraje, que representaría la conciencia, el lugar
donde las emociones y la racionalidad se hacen compatibles. Por tanto, se hace evidente
que, para que nuestro sistema límbico informe ese estado predilecto de felicidad, es
indispensable que tengamos una conciencia capaz de acallar a las dos partes en disputa. Si
solo acallamos a una, la voz de la otra no nos dejará tranquilos, y en consecuencia nuestro
sistema límbico nos informará de una aproximación de lo que es la felicidad: La
estimulación por catecolaminas. El resultado es cualquiera de los estados asociados a este
neurotransmisor y que va a depender de la interpretación que le de nuestro administrador de
recursos (conciencia).
Dentro de los estados de conciencia asociados al flujo de la felicidad, los sistemas internos
funcionan como si de una 'orquesta filarmónica' se tratase, en ocasiones la sinfonía requiere
de uno 'solo', que es cuando destaca ante nuestro consciente una polarización concreta (o
neurotransmisor predominante). Si nuestro consciente se cree que el 'solo' es el objetivo
final de su existencia, o desconoce como 'invocar' a los otros 'instrumentos' para que entren
a 'tiempo', nuestro organísmo al completo sufrirá las consecuencias entrando en otras
polarizaciones resultantes de la carencia de una 'sifonía' completa. Dado que nuestro
cerebro normaliza la realidad por instinto de supervivencia, la realidad para su centro
administrador de recursos será lo que entiende que le ha dado mejor resultado en un pasado
y esto depende de nuestra memoria y lo capaz que sea de desentrañar los detalles. El hecho
es que es muy fácil que insistamos en la 'invocación' del 'instrumento' en base al recuerdo
sostenido.
La experiencia
La memoria
Desórdenes patológicos
Bien sea por falta de memoria o por falta de experiencia, el hecho de que la 'orquesta entre
a destempo' (suele suceder cuando hemos terminado de pasar un tiempo de duelo y nuestro
centro administrador de recursos continua invocando un instrumento, que ya por naturaleza
no va a sonar por sí solo) en su 'serenata' solo producirá los efectos asociados a una
oposición al sentido y dirección que indica nuestro entorno, 'desafianado' en grado extremo
y provocando la desorientación de cada sistema metabólico cerebral, que de sostenerse en
el tiempo, alterán:
Ansiedades.
Ataques de pánico.
Obsesiones compulsivas.
Fobias.
Manias depresivas.
Un largo etc.
Todo ello derivado del desorden cerebral patológico producido por la lesión que ha dejado
en el cerebro el despojo de su estado de flujo y la insistencia del centro administrador de
recursos en que continue 'sonando' un 'instrumento', sin razón de ser, por falta de
información. A este respecto ayudan los psicofármacos aportando lo que por naturaleza un
cerebro sano debiera administrar y que por su lesión es incapaz de aportar.
La Pirámide de Maslow
La tecnología
La ciencia y la tecnología son una ayuda valiosísima que nos permite sostener ese estado de
flujo por más tiempo del que la propia naturaleza nos hubiese permitido. Pero no debemos
olvidar que, tarde o temprano perderemos irremediablemente el paso y comenzaremos a
'desafinar'.
La personalidad
Hay quienes piensan que la felicidad depende de uno mismo, de lo 'fuerte' que uno sea, de
lo valiente, espabilado, sagaz, capaz... en definitiva, de cualidades que son dependientes de
otros factores que nada tienen que ver con el estado de flujo asociado a la felicidad, y que
por efecto de ésta, experimentamos las otras. La personalidad es la región de nuestra mente
que administra los recursos, marca prioridades y establece objetivos; pero no es capaz de
imbuirnos estados anímicos, estos son el resultado de la suma de procesos neuroquímicos
en los que nuestra persona poco o nada tiene que ver. Podremos favorecer o dificultar que
sucedan, pero no impedirlos.
Pensamientos del estilo que, nada o nadie podrá impedir que sea feliz, es relativamente
cierto o falso, dependiendo de lo capaces que seamos de tratar con las polarizaciones que
nos motivan. Todo lo que sucede es para nuestro beneficio, no obstante, si lo que sucede se
opone a lo que consideramos bueno (y ahí entra nuestra personalidad), es cuando el estado
preferente se distorsiona y comenzamos a perder el flujo. No podemos actuar como jueces
en una naturaleza que no entiende de justicia moral. El idioma de la naturaleza establece un
equilibrio termodinámico. Nuestro cerebro sí entiende de termodinámica, pero nuestra
consciencia no siempre está educada para comprender la dinámica de esta naturaleza.
Las cosas son como son, tal como suceden, a pesar de que se opongan a nuestros objetivos.
Si estamos pasando hambre y nos dicen que debemos levantar dos toneladas de peso al
golpe de tres... podremos hacer dos cosas, resignarnos y acabar muriendo de hambre
(polarización 1) o tratar de hacer razonar a quien nos puede ayudar (polarización 2). Si no
somos conscientes de ese estado de flujo, y de como conservarlo, acabaremos perdiéndolo
y no podremos hacer gran cosa por recuperarlo.
La lucha externa
Hemos de sobrevivir en un mundo competitivo, el cual premia a los que no cometen
errores. Los errores se pagan con la extinción del individuo o de la especie. Si una llama de
fuego encendida en una vela, cometiese el más mínimo error a la hora de consumir sus
recursos, ella misma se extinguiría, y la posibilidad de encender otras velas desaparecería.
La complejidad de un ser vivo es mucho mayor, pues al consumo de energía se le suma la
dificultad de ser homeostáticos. Por lo que si no somos capaces de transferir
adecuadamente la carga, si no somos capaces de 'quemar de forma efectiva la chispa que
nos mantiene vivos', el 'fuego' quemará estructuras vitales y acabaremos consumiéndonos
nosotros mismos.
Paradigma espiritual
Este autor, presenta tres categorías de emociones positivas relacionadas con el pasado,
presente y futuro.
Los placeres: los corporales y más altos son “placeres del momento” e
implican generalmente un cierto estímulo externo.
Satisfacciones: Las satisfacciones implica la consecución del objetivo por el
cual hemos trabajado, el flujo, la eliminación de la timidez, y el saber
administrar las emociones negativas para beneficio del objetivo (defensa).
Pero cuando una satisfacción viene a las emociones positivas de un final
entonces nos sentiremos protegidos.
Las satisfacciones pueden ser obtenidas o ser aumentadas desarrollando fuerzas y virtudes
del carácter. La autenticidad es la derivación de la satisfacción y de las emociones positivas
de administrar las fuerzas de las que la personalidad dispone.
El efecto linterna
Una linterna, correctamente usada, alumbra sin que su estructura externa se vea gravemente
comprometida. En ciertas regiones acumulará calor y, de no usarse con moderación, es
posible que la potencia de la bombilla acabe dañando ciertas partes. El uso natural de la
linterna provocará su envejecimiento y rotura. Ahora, si usamos de mala manera la linterna,
y en lugar de usarla de la forma más efectiva, nos conformamos con colocarla en lo alto de
un palo y usarla de antorcha prendiéndola fuego, creeremos que estamos obteniendo el
mismo objetivo, pero es evidente que no es así.
Con las personas sucede algo parecido. Disponemos en nuestro cerebro de diferentes redes
neuronales, que integran diferentes formas de transacción neuroquímica, que a su vez
capacitan diferentes formas de inteligencia en el hombre7 Podremos tener la sensación de
creer que estamos dando soluciones a nuestra vida, pero si no somos capaces de aplicar la
inteligencia adecuada al campo de la vida que lo necesita, la sensación de estar vivos no
nos acompañará, ya que no obtendremos el resultado esperado y la frustración será lo
dominante.
En consecuencia a lo anterior, el uso que nos estaremos dando será como el de la linterna
en lo alto del palo, y todo porque nuestra conciencia no es capaz de valorar ciertas
facultades inherentes de la mente. Quizás porque las experiencias asociadas a la
manifestación de dicha inteligencia fueron desagradables, lo consideramos malo y nuestra
conciencia huye de esas sensaciones. Lo cierto es que, tras conseguir superar nuestros
propios valores morales asociados a nuestra memoria biográfica, la red neural que
conforma el ego, puede solicitarle a la conciencia que se pasee por los diferentes registros
de nuestras diversas redes inteligentes tal como si fuera una linterna adecuadamente
encendida y enfocando en los objetos, nutriendo de datos que nuestra conciencia considera
buenos, y no ya para nosotros mismos, pues hemos superado nuestros propios valores
morales, sino para el objetivo a conseguir8 El ego podrá invocar a la memoria aquello que
la conciencia ha ido recopilando como bueno, ensamblando la información e integrando
una solución.
La felicidad.
¿Qué es la felicidad?
¿Por qué preguntamos "qué es la felicidad"? ¿Es ese el enfoque correcto? ¿Es la correcta manera de
investigar? No somos felices. Si fuéramos felices, nuestro mundo sería por completo diferente, nuestra
civilización, nuestra cultura, serían total y radicalmente distintas. Somos seres humanos infelices, triviales,
carentes de valor, peleadores, vanos, nos rodeamos de cosas inútiles, nos satisfacemos con ambiciones
mezquinas, con el dinero y la posición social. Somos seres desdichados, aunque podamos poseer
conocimientos, dinero, casas ricas, muchos hijos, automóviles, experiencia. Somos seres humanos tristes,
sufrientes, y debido a que sufrimos, deseamos la felicidad; y así nos dejamos arrastrar por aquellos que nos
prometen esa felicidad, social, económica o espiritual.
¿De que sirve, cuando estamos sufriendo, preguntar de qué sirve la felicidad? ¿Podemos comprender el
sufrimiento? Ése es nuestro problema, no cómo ser felices. Somos felices cuando no estamos sufriendo:
debemos, pues, comprender qué es el sufrimiento. Pero, ¿Podemos comprender qué es el sufrimiento cuando
una parte de nuestra mente está escapando en la búsqueda de la felicidad, de una salida para la desdicha? (1)
Felicidad, satisfacción o conformismo.
¿Qué es lo que buscamos la mayoría de nosotros? ¿Qué es lo que deseamos? Especialmente en este mundo
inquieto, donde todos tratan de encontrar alguna clase de paz, de felicidad, un refugio. Es importante, sin
duda, averiguar qué es lo que intentamos buscar, qué es lo que intentamos descubrir. ¿No es así?
Probablemente, la mayoría de nosotros busca una cierta clase de felicidad, cierta clase de paz, un lugar quizás
especial y mágico. En un mundo dominado por la confusión, las guerras, las disputas, las luchas, anhelamos
un refugio donde pueda haber algo de paz. Creo que eso es lo que desea la mayoría de nosotros. Y así
proseguimos la vida, colgando de un hilo nuestra efímera y frágil felicidad.
Ahora bien, lo que buscamos, ¿es la felicidad, o buscamos alguna clase de satisfacción, comodidad o
conformismo? Hay una diferencia entre felicidad y satisfacción. ¿Puede uno buscar la felicidad? Quizá pueda
encontrar la satisfacción, pero es obvio que no podrá encontrar la felicidad. Por lo tanto, antes de entregar
nuestras mentes y nuestros corazones a algo que exige una gran dosis de seriedad, atención, reflexión,
cuidado, debemos descubrir, ¿no es así?, qué es lo que buscamos: si es felicidad o satisfacción y
conformismo.
El verdadero gozo.
Muy pocos de nosotros disfrutamos plenamente de algo. Es muy pequeño el júbilo que nos despierta la visión
de una puesta de sol, o ver una persona atractiva, o a un pájaro en el vuelo, o un árbol hermoso, o una bella
danza. No disfrutamos verdaderamente de nada. Miramos algo, ello nos entretiene o nos excita, tenemos una
sensación que llamamos gozo. Pero el disfrute pleno de algo es mucho más profundo, y esto debe ser
investigado y comprendido.
Para conocer el verdadero gozo, uno debe ir mucho más profundo. El júbilo no es mera sensación. Requiere
una mente extraordinariamente alerta, que pueda ver ese "yo" que acumula más y más para sí mismo. Un "yo"
así, un ser así, jamás podrá comprender este estado de felicidad en el que no existe "uno" que es feliz.
Debemos comprender esto tan extraordinario, de lo contrario, la vida se vuelve muy trivial, superficial y
mezquina: nacer, aprender unas cuantas cosas, sufrir, engendrar hijos, asumir responsabilidades, ganar dinero,
tener un poco de entretenimiento intelectual y después morirse.
¿Es felicidad ser conscientes de que somos felices? En el instante mismo en que somos conscientes de nuestra
felicidad dejamos de ser felices, eso ya no es felicidad. La felicidad, de la misma forma que el amor, no son
cosas que podamos perseguir, llegan. Pero si las buscamos, nos evadirán.
La mente y el pensamiento jamás pueden encontrar la felicidad. La felicidad no es, como lo es la sensación,
una cosa que pueda perseguirse y encontrarse. La sensación podemos encontrarla una y otra vez, porque
siempre la perdemos, pero la felicidad no puede ser encontrada. La felicidad que podamos recordar es tan sólo
una sensación, una reacción a favor o en contra del presente. Lo que se ha terminado no es la felicidad, la
experiencia de felicidad que se ha acabado es sensación, porque el recuerdo es pasado y el pasado es memoria
y sensación. La felicidad no es sensación. Podemos recordarla pero no revivirla. La mente, con sus recuerdos
y experiencias no puede ser feliz, el reconocimiento mismo impide el vivir el momento presente con toda la
plenitud que necesita el ser feliz.
¿Qué entendemos por felicidad? Algunos dirán que la felicidad consiste en obtener todo lo que deseamos.
Uno desea un coche, lo obtiene y es feliz. Deseamos cosas, el logro, el éxito, llegar a ser virtuosos... y si lo
conseguimos somos felices y si no las conseguimos somos desdichados. Así, lo que muchos llaman felicidad
es obtener lo que desean.
Buscamos la felicidad por medio de cosas, de pensamientos e ideas, a través de la relación. Por lo tanto, se
vuelven sumamente importantes las cosas, la relación y las ideas, no la felicidad. Cuando buscamos la
felicidad por medio de algo, ese algo adquiere un valor mayor que la felicidad misma. Buscamos la felicidad
en la familia, en la propiedad, en el nombre, entonces, la propiedad, la familia, el nombre, adquieren una
extrema importancia, ya que la felicidad es buscada a través de un medio; de esa manera, el medio destruye al
fin.
¿Puede la felicidad hallarse a través de algún medio, de alguna cosa hecha por la mano o por la mente? ¡Es
tan obvio que las cosas, las relaciones y las ideas son impermanentes, que siempre terminan por hacernos
desdichados! Las cosas son impermanentes y se gastan y se pierden; la relación constituye un fricción
constante, y la muerte aguarda; las ideas y las creencias carecen de solidez, de permanencia. Buscamos la
felicidad en ellas, sin darnos cuenta de su impermanencia. Así es como el dolor se convierte en nuestro
constante compañero.
Es el "yo", es el "ego", el que desea y quiere obtener las cosas. Es el "yo" el que disfruta, el que desea más
felicidad, el que escudriña, el que busca, el que anhela más felicidad, el que lucha, el que se vuelve cada vez
más refinado, el que jamás quiere llegar a su fin.
Sólo cuando el "yo", en todas sus sutiles formas, llega a su fin, hay un estado de bienaventuranza que no es
posible tratar de adquirir, un éxtasis, un verdadero júbilo libre de todo sufrimiento, de toda corrupción.
Nuestro "yo" sólo es un recuerdo, un conjunto de pensamientos sin realidad objetiva. Cuando la mente
trasciende el pensamiento del "yo", del experimentador, del observador, del pensador, puede haber entonces
una felicidad incorruptible. Esta felicidad no puede ser permanente -en el sentido con que usamos esa
palabra-, pues está más allá al tiempo y al espacio. Pero nuestra mente está siempre buscando una felicidad
que tenga permanencia, algo que perdure, que continúe. Y ocurre que el deseo mismo de continuidad es
corrupción.
Si podemos comprender el proceso de la vida y explorar el río del conocimiento propio, comprenderlos sin
condenar, sin decir que es bueno o es malo, entonces surge una felicidad creadora que no es "tuya" ni "mía".
Esa felicidad creadora es como la luz del Sol. Si deseamos conservar la luz del Sol para nosotros mismos, ese
ya no será más el claro y cálido Sol dador de vida. De igual manera, si deseamos la felicidad porque estamos
sufriendo, porque hemos perdido a alguien o porque no hemos tenido éxito, entonces eso es tan sólo una
reacción. Pero cuando la mente puede ir más allá, encontramos que existe una felicidad que no pertenece a la
mente, y que es el verdadero gozo, el auténtico júbilo.
10 Claves de la felicidad
Sí está en nuestras manos alcanzarla.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
1- Riqueza
El dinero contribuye a la felicidad hasta cierto punto, pero cuando uno cuenta con casa,
vestido y sustento va perdiendo importancia. Los científicos han observado que, en general,
la gente más rica es más feliz; sin embargo, la relación entre dinero y felicidad es compleja.
En los últimos 50 años, el ingreso promedio aumentó mucho en los países industrializados,
no así los niveles de felicidad. Al parecer, una vez satisfechas las necesidades básicas, él
dinero proporciona más dicha sólo si uno tiene más que los amigos, los vecinos y los
colegas.
"El dinero compra estatus, y éste hace que la gente se sienta mejor", dice Andrew Oswald,
economista de la Universidad de Warwick, en Coventry, Inglaterra. Esto explica por qué
algunas personas que buscan estatus en otra forma (científicos y actores, por ejemplo)
aceptan de buena gana empleos no muy bien pagados.
La felicidad y la ambición
Sí está en nuestras manos alcanzarla.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
2- Ambición
¿Cuántas cosas necesita uno tener para ser feliz? En los años 80, el profesor canadiense Alex
Michalos pidió a 18,000 estudiantes universitarios de 39 países que midieran su felicidad en
una escala numérica e indicaran cuán cerca estaban de poseer todo lo que querían. Aquellos
cuyas aspiraciones - no sólo de dinero, sino de amigos, familia, trabajo, salud, etc.-
superaban por mucho lo que ya tenían, tendián a ser menos felices que los que percibían una
diferencia menor. El tamaño de la brecha resultó ser un indicador de felicidad unas cinco
veces mejor que el monto de los ingresos.
Este quizá explique por qué mucha gente no se siente más feliz a medida que va aumentando
el sueldo. En vez de satisfacer nuestros deseos, muchos simplemente deseamos más. En
encuentas realizadas en Estados Unidos por la empresa Roper en los últimos 20 años, se
pidió a los participantes hacer una lista de los bienes materiales que consideraban
importantes para tener "una buena vida". Los investigadores descubrieron que cuanto más
tenía la gente, más larga era la lista. Al parecer, "la buena vida" se mantenía siempre fuera de
su alcance.
La felicidad y la inteligencia
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
3- La inteligencia
Aunque se han hecho pocos estudios para averiguar si la gente más lista es más feliz, todo
indica que la inteligencia no influye en la dicha.
Esto sorprende a primera vista, ya que las personas sesudas suelen ganar más y los ricos
tienden a ser más felices.
Algunos investigadores creen que como los inteligentes tienen expectativas más altas, suelen
trazarse metas muy ambiciosas. "Al parecer, sacar una puntuación alta en una prueba de
inteligencia -lo que implica tener un vocabulario amplio y agilidad mental- no tiene mucho
que ver con la capacidad para llevarse bien con los demás", dice de Diener, psicólogo de la
Universidad de Illinois, en UrbanaChampaign, quien considera que la "inteligencia social"
podría ser la clave de la verdadera felicidad
La felicidad y la genética
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
4- Genética
¿Es innata la felicidad? David Lykken, genetista conductural y profesor de psicología de la
Universidad de Minnesota, en Minneapolis, cree que la mitad de nuestra sensación de
bienestar depende de lo que estamos viviendo en determinado momento, y la otra mitad de
un nivel fijo de felicidad que está determinado genéticamente hasta en un 90 por ciento y al
que volvemos después de vivir sucesos dramáticos. "Aunque nuestro nivel fijo de felicidad
esté determinado en gran parte por los genes", explica Lykken, "depende de nuestro buen
juicio y preparación -o de los de nuestros padres- que se traduzca en alegría o en
insatisfacción".
Lykken descubrió que la variación genética representa entre 44 y 55 por ciento de la
diferencia entre niveles de felicidad. Ni el ingreso, ni el estado civil, ni la fe, ni la educación
representan más de un tres por ciento.
Así pues, de uno depende el situarse por encima o por debajo del nivel fijo de felicidad.
Diversos estudios han demostrado que los extrovertidos tienden a ser más felices que la
mayoría de la gente, y mucho más que los introvertidos. También hay pruebas de que el buen
humor nos hace más sociables. Michael Cunningham, de la Universidad de Louisville, en
Kentucky, comprobó que la gente se vuelve más parlanchina y accesible luego de ver una
película alegre que si ve una triste. En teoría, incluso alguien que tenga un nivel fijo de
felicidad bajo puede mejorar su percepción de la vida.
La felicidad y la belleza
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
5- La belleza
El rumor es cierto: la gente bella es más feliz. Cuando de Diener pidió a unas personas que
evaluaran su propio aspecto físico, observó un "efecto leve pero positivo del atractivo físico
en el bienestar subjetivo".
La explicación quizá sea que la vida es más benévola con los guapos. O tal vez se trate de
algo más sutil. Los rostros más atractivos son muy siméticos, y hay pruebas de que la
simetría es señal de buenos genes y un sistema inmunitario saludable. Entonces, la gente
hermosa quizá sea más feliz porque es más sana.
Usted puede aprovechar el efecto benéfico que la belleza le da a su ego aunque no tenga un
físico enviadiable; sólo tiene que estar convencido de que luce de maravilla.
La felicidad y la amistad
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
6- Amistad
Es difícil imaginar una existencia más dura que vivir en las calles de Calcuta, en uno de sus
barrios bajos o ejercer allí la prostitución. Pero, a pesar de la miseria, la gente que vive en
esas condiciones es más feliz de lo que uno creería.
Diener entrevistó a 83 personas de esos tres grupos y midió su satisfacción con la vida
usando una escala en la que un 2 indicaba grado neutro. El promedio general fue de 1.93, no
muy alto, pero significativo si se compara con el que obtuvo un grupo testigo de estudiantes
de clase media, que fue de 2.43. De los tres grupos los habitantes de los barrios bajos eran
los más felices, con un promedio de 2.23, similar al de los estudiantes.
"Creemos que, en parte, la explicación son las relaciones sociales", dice Diener. Los tres
grupos del estudio dijeron estar muy satisfechos en aspectos como la familia (2.5) y los
amigos (2.4). Dada la importancia que tiene la familia extendida en la cultura de la India, la
satisfacción de los habitantes de los barrios bajos al parecer se deriva de que están en
condiciones de sacar provecho del apoyo social.
La felicidad y el matrimonio
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
7- Matrimonio
Según una revisión de informes de 42 países llevada a cabo por unos investigadores
estadounidenses, las personas casadas suelen ser más felices que las solteras. La diferencia
es pequeña, pero plantea una duda interesante: ¿el matrimonio lo hace a uno feliz, o
simplemente la gente feliz tiene mayor disposición a casarse?
Las dos cosas pueden ser ciertas. En un estudio de 15 años realizado con más de 30,000
alemanes, Diener y sus colegas observaron que la gente feliz tendía más a casarse y a
permanecer casada. Sin embargo, cualquiera puede mejorar su estado de ánimo casándose.
El efecto comienza alrededor de un año antes de la boda y dura cuando menos otro año. En
el caso de muchas personas, su grado de satisfacción vuelve entonces al nivel original, pero
al decir de los investigadores, esto no significa que un buen matrimonio no pueda tener un
efecto positivo permanente. Asimismo, la gente que al principio es menos feliz suele sentirse
más animada con el matrimonio.
Los estudios indican que la unión libre no brinda los mismos beneficios. "Sospecho que a las
parejas que viven en unión libre les falta la seguridad que da el acta matrimonial, y por eso
no se sienten tan felices", dice Andrew Oswald, "Sabemos, por todos los datos con que
contamos, que la inseguridad es nociva para los seres humanos".
La felicidad y la fé
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
8- Fé
De las docenas de estudios que se han realizado sobre religión y felicidad, la gran mayoría
han encontrado una relación positiva entre ambas.
Creer en que existe una vida después de la muerte le da sentido y consuelo a muchas
personas, además de paliar el sentimiento de estar solas en el mundo, sobre todo al
envejecer, explica Harold Koenig, del Centro Médico de la Universidad Duke. "Esto se hace
patente en situaciones difíciles. Las creencias religiosas pueden ser un arma muy poderosa
para enfrentar la adversidad".
La felicidad y la caridad
Sí está en nuestras manos alcanzarla.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
9- Caridad
Diversos estudios han encontrado una relación entre la felicidad y el altruismo, pero como
ocurre con muchos otros rasgos de conducta, no se sabe con certeza si ser caritativos nos
hace sentir bien, o si la gente feliz tiende a ser más generosa.
Con todo, los que compartieron el dinero tendían a presentar los rasgos de personalidad de
quienes buscan realizarse plenamente; es decir, ser mejores como individuos. Konow cree
que un acto aislado de generosidad no aumenta la felicidad de las personas, pero sí los
efectos acumulativos de ser generoso
La felicidad y la edad
Sí está en nuestras manos alcanzar la felicidad.
Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por
lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber
identificado los factores que determinan esta condición. Aquí presentamos los 10
principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del
temperamento, y los demás factores conforman el resto.
10- Edad
La vejez quizá no sea tan mala. "Con todos los problemas que acarrea el envejecimiento,
¿cómo es posible que la gente mayor se sienta feliz?", pregunta Laura Carstensen, profesora
de psicología de la Universidad Stanford, en California.
¿Por qué los viejos son más felices?. Algunos científicos creen que es porque esperan que la
vida sea más dura y aprenden a sobrellevarla, o porque son más realistas y sólo se trazan
metas que están a su alcance. Pero Carstensen cree que, conforme se le va agotando el
tiempo, la gente mayor aprende a concentrarse en lo que la hace feliz y a soslayar lo que no.
"No sólo se dan cuenta de lo que tienen, sino de que no es eterno", dice. "Cuando se tienen
85 años, por ejemplo, despedir con un beso al esposo puede generar una respuesta emocional
mucho más compleja que el mismo beso a los 20 años".