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Platica I

El documento presenta una oración oficial para el X Encuentro Mundial de las Familias que se llevará a cabo del 22 al 26 de junio de 2022. La oración pide por las familias consagradas en el sacramento del matrimonio, las familias que pasan por dificultades, los niños, los jóvenes, los padres y los abuelos.
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Platica I

El documento presenta una oración oficial para el X Encuentro Mundial de las Familias que se llevará a cabo del 22 al 26 de junio de 2022. La oración pide por las familias consagradas en el sacramento del matrimonio, las familias que pasan por dificultades, los niños, los jóvenes, los padres y los abuelos.
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ORACIÓN OFICIAL PARA EL X ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS

FAMILIAS 22-26 DE JUNIO DE 2022

Padre Santo, estamos aquí ante Ti para alabarte y agradecerte el gran don de
la familia. Te pedimos por las familias consagradas en el sacramento del
matrimonio, para que redescubran cada día la gracia recibida y, como pequeñas
Iglesias domésticas, sepan dar testimonio de tu Presencia y del amor con el
que Cristo ama a la Iglesia. Te pedimos por las familias que pasan por
dificultades y sufrimientos, por enfermedad, o aprietos que sólo Tú conoces:
Sostenlas y hazlas conscientes del camino de santificación al que las llamas,
para que puedan experimentar Tu infinita misericordia y encontrar nuevas
formas de crecer en el amor. Te pedimos por los niños y los jóvenes, para que
puedan encontrarte y responder con alegría a la vocación que has pensado para
ellos; por los padres y los abuelos, para que sean conscientes de que son signo
de la paternidad y maternidad de Dios en el cuidado de los niños que, en la
carne y en el espíritu, Tú les encomiendas; y por la experiencia de fraternidad
que la familia puede dar al mundo. Señor, haz que cada familia pueda vivir su
propia vocación a la santidad en la Iglesia como una llamada a ser protagonista
de la evangelización, al servicio de la vida y de la paz, en comunión con los
sacerdotes y todo estado de vida. Bendice el Encuentro Mundial de las Familias
Amén

I CHARLA

En la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis.

5. Año Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, la entiendo como una


propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del
matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como
la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar,
porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía

A LA LUZ DE LA PALABRA: un esbozo de la familia


8. La Biblia está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y
de crisis familiares, desde la primera página:

 La FAMILIA DE ADÁN Y EVA con su peso de violencia pero también


con la fuerza de la vida que continúa (cf. Gn 4).
 LAS BODAS DE LA ESPOSA Y DEL CORDERO (cf. Ap 21,2.9).
 Las dos casas, construidas sobre roca o sobre arena (cf. Mt 7,24-27),
expresión simbólica de tantas situaciones familiares, creadas por las
libertades de sus miembros.
 Entremos ahora en una de esas casas, guiados por el Salmista: jueves de
la IV semana salmo 127 hora intermedia. (Sal 128,1-6).

Tú y tu esposa

9. En el centro: la pareja del padre y de la madre con toda su historia de amor.


En ellos se realiza aquel designio primordial que Cristo mismo evoca: «¿No
habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer?» (Mt
19,4). Y se retoma el mandato del Génesis: «Por eso abandonará el hombre a
su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola
carne» (2,24). Entramos en un misterio.

10. En ese texto inicial de la Biblia brillan algunas afirmaciones decisivas.

La primera, «Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó,


varón y mujer los creó» (1,27). Sorprendentemente, la «imagen de Dios»
Creador, la fecundidad de la pareja humana es «imagen» viva y eficaz,
signo visible del acto creador: La pareja que ama y genera la vida es la
verdadera «escultura» viviente.

Porque la capacidad de generar de la pareja humana es el camino por el cual se


desarrolla la historia de la salvación. Bajo esta luz, la relación fecunda de la
pareja se vuelve una imagen para descubrir y describir el misterio de Dios,
fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al
Padre, al Hijo y al Espíritu de amor.

Palabras de san Juan Pablo II: «Nuestro Dios, en su misterio más íntimo,
no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo
paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor (Espíritu
Santo). La familia no es pues algo ajeno a la misma esencia divina.

12. Dos detalles luminosos: El primero es la inquietud del varón que busca «una
ayuda recíproca» (vv. 18.20), capaz de resolver esa soledad que le perturba y
que no es aplacada por la cercanía de los animales y de todo lo creado. La
expresión original hebrea nos remite a una relación directa, casi «frontal»
—los ojos en los ojos— en un diálogo también tácito. Es el encuentro con un
rostro, con un «tú» que refleja el amor divino y es «el comienzo de la fortuna,
una ayuda semejante a él y una columna de apoyo» (Si 36,24). La mujer del
Cantar de los Cantares en una estupenda profesión de amor y de donación en la
reciprocidad: «Mi amado es mío y yo suya [...] Yo soy para mi amado y mi amado
es para mí» (2,16; 6,3).

13. De este encuentro, que sana la soledad, surgen la generación y la


familia. Segundo detalle que podemos destacar: Adán «Se unirá a su
mujer, y serán los dos una sola carne» (Mt 19,5; cf. Gn 2,24). El verbo
«unirse» en el original hebreo indica una estrecha sintonía, una adhesión
física e interior, hasta el punto que se utiliza para describir la unión con
Dios: «Mi alma está unida a ti» (Sal 63,9). Se evoca así la unión
matrimonial no solamente en su dimensión sexual y corpórea sino también
en su donación voluntaria de amor. El fruto de esta unión es «ser una sola
carne», sea en el abrazo físico, sea en la unión de los corazones y de las vidas
y, quizás, en el hijo que nacerá de los dos, el cual llevará en sí, uniéndolas no
sólo genéticamente sino también espiritualmente, las dos «carnes».

Tus hijos como brotes de olivo

14. Los hijos que los acompañan «como brotes de olivo» (Sal 128,3), es decir,
llenos de energía y de vitalidad.

En el A. T. la palabra que aparece más veces después de la divina (yhwh, el


«Señor») es «hijo» (ben), un vocablo que remite al verbo hebreo que
significa «construir» (banah). Por eso, en el Salmo 127 se exalta el don de los
hijos con imágenes que se refieren tanto a la edificación de una casa, como a la
vida social y comercial que se desarrollaba en la puerta de la ciudad: «Si el
Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; la herencia que da
el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre: son saetas en mano de un
guerrero los hijos de la juventud; dichoso el hombre que llena con ellas su
aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza» (vv.
1.3-5).

La presencia de los hijos es de todos modos un signo de plenitud de la


familia en la continuidad de la misma historia de salvación, de generación
en generación.

15. El espacio vital de una familia se podía transformar en iglesia doméstica, en


sede de la Eucaristía, de la presencia de Cristo sentado a la misma mesa.

Así se delinea una casa que lleva en su interior la presencia de Dios, la oración
común y, por tanto, la bendición del Señor. Es lo que se afirma en el Salmo 128
que tomamos como base: «Que el Señor te bendiga desde Sión» (v. 5).

16. La Biblia considera también a la familia como la sede de la catequesis


de los hijos. Un Salmo exalta el anuncio familiar de la fe: «Lo que oímos y
aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, no lo ocultaremos a sus
hijos, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su
poder, las maravillas que realizó. Porque él estableció una norma para
Jacob, dio una ley a Israel: él mandó a nuestros padres que lo enseñaran
a sus hijos, para que lo supiera la generación siguiente, y los hijos que
nacieran después. Que surjan y lo cuenten a sus hijos» (Sal 78,3-6). Por lo
tanto, la familia es el lugar donde los padres se convierten en los primeros
maestros de la fe para sus hijos.

17. Los padres tienen el deber de cumplir con seriedad su misión educadora,
como enseñan a menudo los sabios bíblicos (cf. Pr 3,11-12; 6,20-22; 13,1; 29,17).
Los hijos están llamados a acoger y practicar el mandamiento: «Honra a tu
padre y a tu madre» (Ex 20,12), el verbo «honrar»: cumplimiento de los
compromisos familiares y sociales en su plenitud, sin descuidarlos con excusas

18. El Evangelio nos recuerda: hijos no son una propiedad de la familia, sino que
tienen por delante su propio camino de vida. También es cierto que él muestra
que la elección de vida del hijo y su misma vocación cristiana pueden exigir una
separación para cumplir con su propia entrega al Reino de Dios (cf. Mt 10,34-
37; Lc 9,59-62).

Por eso exalta la necesidad de otros lazos, muy profundos también dentro de
las relaciones familiares: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que
escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra» NIÑOS: por su confianza
simple y espontánea .Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese
es el más grande en el reino de los cielos» (Mt 18,3-4)

Un sendero de sufrimiento y de sangre

19. Es la presencia del dolor, del mal, de la violencia que rompen la vida de la
familia y su íntima comunión de vida y de amor. «Tendrás ansia de tu marido, y
él te dominará» (Gn 3,16).

20. Es un sendero de sufrimiento y de sangre que atraviesa muchas páginas de


la Biblia:

 fratricida de Caín sobre Abel.


 litigios entre los hijos y entre las esposas de los patriarcas Abraham,
Isaac y Jacob.
 las tragedias que llenan de sangre a la familia de David.
 confesión de Job abandonado: «Ha alejado de mí a mis parientes, mis
conocidos me tienen por extraño [...] Hasta mi vida repugna a mi esposa,
doy asco a mis propios hermanos» (Jb 19,13.17).

21. Jesús debe huir a una tierra extranjera.

 Entra en la casa de Pedro donde su suegra está enferma (Mc 1,30-


31),
 drama de la muerte en la casa de Jairo
 hogar de Lázaro (cf. Mc 5,22-24.35-43);
 escucha el grito desesperado de la viuda de Naín ante su hijo
muerto (cf. Lc 7,11-15)
 atiende el clamor del padre del epiléptico en un pequeño pueblo del
campo (cf. Mt 9,9-13; Lc 19,1-10.
 Encuentra publicanos: Mateo o Zaqueo en sus propias casas.
 A pecadoras, como la mujer que irrumpe en la casa del fariseo (cf. Lc
7,36-50).
 Conoce las ansias y las tensiones de las familias incorporándolas en
sus parábolas: desde los hijos que dejan sus casas para intentar
alguna aventura (cf. Lc 15,11-32) hasta los hijos difíciles con
comportamientos inexplicables (cf. Mt 21,28-31) o víctimas de la
violencia (cf. Mc 12,1-9). Y se interesa incluso por las bodas que
corren el riesgo de resultar bochornosas por la ausencia de vino (cf.
Jn 2,1-10) o por falta de asistencia de los invitados (cf. Mt 22,1-
10), así como conoce la pesadilla por la pérdida de una moneda en
una familia pobre (cf. Lc 15,8-10).

22. En este breve recorrido podemos comprobar que la Palabra de Dios no


se muestra como una secuencia de tesis abstractas, sino como una
compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en
medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino, cuando Dios
«enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto,
ni dolor» (Ap 21,4).

La fatiga de tus manos

23. comienzo Salmo 128, el padre es presentado como un trabajador, quien con
la obra de sus manos puede sostener el bienestar físico y la serenidad de su
familia: «Comerás del trabajo de tus manos, serás dichoso, te irá bien» (v. 2).
Que el trabajo sea una parte fundamental de la dignidad de la vida humana se
Es la representación del trabajador que transforma la materia y aprovecha las
energías de lo creado, dando luz al «pan de vuestros sudores» (Sal 127,2),
además de cultivarse a sí mismo.

24. El trabajo hace posible al mismo tiempo el desarrollo de la sociedad, el


sostenimiento de la familia y también su estabilidad y su fecundidad: «Que
veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos
de tus hijos» (Sal 128,5-6). En el libro de los Proverbios también se hace
presente la tarea de la madre de familia, cuyo trabajo se describe en todas sus
particularidades cotidianas,

El mismo Apóstol Pablo se mostraba orgulloso de haber vivido sin ser un peso
para los demás, porque trabajó con sus manos y así se aseguró el sustento (cf.
Hch 18,3; 1 Co 4,12; 9,12). «Si alguno no quiere trabajar, que no coma» (2 Ts
3,10; cf. 1 Ts 4,11).

25. Dicho esto, se comprende que la desocupación y la precariedad laboral se


transformen en sufrimiento, como se hace notar en el librito de Rut y como
recuerda Jesús en la parábola de los trabajadores sentados, en un ocio
forzado, en la plaza del pueblo (cf. Mt 20,1-16). Situación de miseria. O de
pecado.

La ternura del abrazo

27. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn
15,13). Fruto del amor son también la misericordia y el perdón. En esta línea, es
muy emblemática la escena que muestra a una adúltera Jesús que no la condena
y la invita a una vida más digna (cf. Jn 8,1-11).

28. En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio


y de la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada en estos tiempos
de relaciones frenéticas y superficiales: LA TERNURA. Acudamos al dulce e
intenso Salmo 131. la unión entre el fiel y su Señor se expresa con rasgos del
amor paterno o materno. Aquí aparece la delicada y tierna intimidad que existe
entre la madre y su niño, un recién nacido que duerme en los brazos de su
madre después de haber sido amamantado. Se trata —como lo expresa la
palabra hebrea gamul— de un niño ya destetado, que se aferra
conscientemente a la madre que lo lleva en su pecho. Es entonces una intimidad
consciente y no meramente biológica. Por eso el salmista canta: «Tengo mi
interior en paz y en silencio, como un niño destetado en el regazo de su madre»
(Sal 131,2).

30. Ante cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret

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