Historia del Pensamiento Político
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Rousseau. Discurso sobre la Desigualdad entre los Hombres.
Germán Said Gil Huchim
En El Discurso Sobre la Desigualdad entre los Hombres Rousseau examina dos tipos de
desigualdad: la primera es la desigualdad natural, que se entiende como la diferencia en
fuerza física otorgada por la naturaleza de un hombre a otro, la cual no es terreno de este
discurso por no tener importancia en la ‘evolución de los hombres’ de la época. La segunda
es la desigualdad ética-política, que guía la moral de los hombres y es constante en las
sociedades civiles. Está relacionada y es causante de las desigualdades en el poder y la
riqueza.
El autor apunta a la necesidad, pues, de volver a un ‘estado natural’, en donde no ocurran
estas anomalías ya mencionadas anteriormente. Se da a entender entonces que la felicidad
de los hombres es inversamente proporcional a al ‘progreso civilizatorio’, pues Rousseau
nos menciona la paradoja de los hombres en sus primeros estadíos, donde no tenían más
necesidades que las básicas y no habían pugnas por el poder o la riqueza entre unos y otros,
caso contrario a lo ocurrido en una sociedad civil, que se define como una trampa
perpetuada por los poderosos sobre los débiles para conservar su poder y riquezas.
En su obra se apunta la idea central del pensamiento de Rousseau: hallar en uno mismo
aquella parte de naturaleza que la sociedad todavía no ha empeorado. Si el hombre ha sido
corrompido por la sociedad, es preciso reflexionar sobre el ‘estado de naturaleza’ del ser
humano. Hasta entonces, la hipótesis del estado de naturaleza, o estado natural del hombre,
había sido defendida, desde perspectivas distintas y opuestas.
Rousseau recurre a la hipótesis del estado de naturaleza, no como hipótesis histórica, sino
como forma de plantear, con la contraposición naturaleza-sociedad cuántos males le han
sobrevenido al hombre por la vía de la sociedad: “la naturaleza es buena, la sociedad
corrompe”. En ésta el hombre es esclavo, dominado por una forma de ejercicio del poder
del más fuerte, como es la sociedad política; en aquélla, el hombre era libre, deseoso sólo
de conservar la vida satisfaciendo sus necesidades naturales: sin necesitar el trabajo para
vivir, sin necesitar el hogar, sin lenguaje, pero sin guerras y sin necesidad alguna de los
demás, aunque también sin deseo alguno de hacer daño. Rousseau describe al hombre
natural en los términos del ‘buen salvaje’, mito difundido en la literatura del siglo XVIII,
basada en los libros de descubrimientos geográficos que proliferaron a partir del siglo XVI,
y mezcla de barbarie y estado idílico. La gran ventaja de este estado irracional era la
presencia de la igualdad moral o política, no de la natural. El tiempo y el desarrollo mismo
de la naturaleza humana - y, ante todo, la misma perfectibilidad del hombre, verdadero
pecado original del género humano e inevitable ‘fuente de todas sus desdichas’- han
llevado gradualmente al hombre a la necesidad de establecer vínculos sociales, saliendo del
estado natural por algún funesto azar. El establecimiento de la propiedad privada es el
momento en que se rompe el encanto del estado natural: introducida la propiedad, se
introduce la desigualdad moral, y con ellas la sociedad, mediante el contrato social, que
con sus leyes sanciona y perpetúa la propiedad privada y la división entre ricos y pobres.
Rousseau concluye que este tipo de desigualdad es contraria al derecho natural . Si la
sociedad se ha establecido mediante un pacto, origen de la desigualdad entre los hombres,
le parece evidente, en contra de la opinión común de los juristas que con la teoría del
contrato legitiman el estado de cosas existentes, que lo que debe reformarse es la misma
teoría del pacto, no el orden social.
La obra de Rousseau es muy amplia y frondosa en contenidos de Filosofía política, pues
nos habla, entre muchas otras cosas, de la constitución y características del Estado ideal,
pues en su tamaño nos dice que es preferible un territorio limitado para ser alcanzada en su
totalidad por su gobierno. Abogando por la libertad, Rousseau propone una ‘libertad
limitada’ por el ‘yugo del Estado’, un yugo “tan saludable y dulce que las cabezas más
soberbias caerían dócilmente”, y de una soberanía tal que nadie en el Estado se pudiera
decir por encima de las leyes y que ninguna fuerza externa pudiera imponerse.
¿Es Rousseau acaso un exponente de la Ilustración francesa en tanto que abandona el elogio
a la razón para considerar inclusive ideal y utópico el regreso del hombre a un ‘estado
natural’, como ‘buen salvaje’?