Reseña del capítulo 2 de The Emotions
What Emotions Are, and Their Place in Psychological Explanation
Martín Buenahora Bonilla
21 de septiembre de 2020
1. Introduction
El objetivo principal de Goldie en este capítulo es plantear una nueva
aproximación a la emociones, la cual no se limita a explicarlas sólo por medio
de creencias y deseos. Por el contrario, lo que se busca es mostrar que no
podemos entenderlas del todo sin apelar a las sensaciones, aunque este punto
en particular no se desarrolla en profundidad sino hasta el capítulo 3. Así,
uno de los primeros temas que plantea es qué son las emociones, cómo se
relacionan con los episodios emocionales, y qué papel juega la narrativa en la
que nos encontramos para dar unidad a una emoción. Luego trata qué papel
juega la educación en nuestras respuestas emocionales y en el reconocimiento
de ciertas propiedades relacionadas. Esto le lleva a plantear la relación entre
las emociones y el pensamiento, y a cuestionar la tradición según la cual
se debe entender a las emociones de una forma excesivamente racional y
silogística.
2. What emotions are
Goldie empieza su descripción de las emociones resaltando que tienen
cuatro características:
Complejidad: Las emociones están compuestas por diversas partes:
• Episodios de experiencias emocionales, entendidas como un con-
junto de percepciones, pensamientos, sensaciones y cambios cor-
porales. Por ejemplo, ver una foto, pensar en el momento en el
que fue capturada, la tristeza y añoranza que sentimos, y pasar
a tener una respiración pesada y los ojos lagrimosos serían un
episodio de nostalgia.
1
• Disposiciones a experimentar más episodios emocionales, tener
más pensamientos y sensaciones, y a comportarse de una cierta
forma. Así, estar nostálgicos nos dispone a seguir teniendo dicha
emoción, a pensar en más recuerdos relacionados con la foto, a
llorar, etc.
Episodicidad y dinamismo:1 Los elementos que componen a una
emoción pueden ir y venir, dependiendo cómo los episodios emocionales
y disposiciones se relacionen entre sí o con otros aspectos de la vida, sin
que por esto tengamos que hablar de distintas emociones emoción. Por
ejemplo, mi emoción por ver a alguien puede empezar caracterizándose
por la expectativa y la ilusión, sensaciones remplazadas por la sorpresa
de ver que ya llegó y luego la alegría de poder compartir con esta. Que
una sensación, pensamiento, etc., remplace a otra no afecta la unidad
de la emoción.
Estructura: Cada emoción se compone dentro de una narrativa. Esta
sería el desplegarse de una secuencia (unfolding sequence of )2 de accio-
nes y eventos, pensamientos y sensaciones, dentro de la cual podemos
entender a la emoción como una totalidad, pues esta sería una secuen-
cia completa. Goldie precisa que aunque los actos que surgen de una
emoción y sus expresiones se encuentran dentro de la misma narrativa,
no por esto las consideramos parte de la emoción, cosa que también
sucede con nuestra forma de ver el mundo, nuestro humor,3 carácter,
etc.
Así, por ejemplo, nuestro amor por alguien puede estar compuesto de va-
rios episodios junto con esa persona o pensando en ella. En estos se pueden
1
[Goldie plantea a la episodicidad y al dinamismo juntas, creo, porque no se entienden
del todo la una sin la otra. Así, que algo sea episódico es que tenga distintas partes
sucesivas (y por eso también es dinámico) las cuales por sí mismas no tienen relación
entre sí. Al menos así es como se lo suele caracterizar hablando de series de televisión, en
las que cada capítulo no tiene mayor conexión con los demás.]
2
[No estoy del todo seguro de que “el desplegarse de una secuencia” sea una traducción
del todo adecuada para “unfolding sequence of ”, pero captura la idea de que los elementos
no son discontinuos sino que se encadenan entre sí como si surgieran el uno del otro. Esto
último es lo que creo el matiz esencial de la formulación en inglés de Goldie.]
3
En la sección siguiente Goldie comenta que lo que distingue a los humores de las
emociones es la especificidad de sus objetos. Así, una persona alegre (“de buen humor”)
sentirá alegría en general, sin que se dirija a nada en particular, mientras que si una persona
se siente alegre (la emoción) lo estará porque la nominaron a un premio, la visitan sus
amigos, etc. Distinguirlos por medio de la especificidad de su objeto implica que un estado
puede terminar convirtiéndose en el otro: los humores pueden volverse emociones, y una
emoción puede llegar a determinar nuestro humor.
2
dar varias sensaciones que se suceden entre sí, junto con la disposición a te-
ner ciertas otras, por lo que podemos pasar de alegrarnos a extrañar a dicha
persona, y luego a ilusionarnos por volverla a ver. También podemos pensar
diversas cosas sobre la persona amada, y sufrir ciertos cambios corporales
como el sonreír, el tener mayor ritmo cardíaco, etc. Todo esto se encontraría
dentro de una estructura narrativa, la cual nos permite relacionar los dis-
tintos elementos entre sí (como a la alegría con la sonrisa o a la ilusión que
espera con la felicidad que encuentra). Vale la pena resaltar que los actos
como limpiar la casa o las expresiones como cantar de la alegría que nos
produce a ver a esa persona no son parte de la emoción por no ser parte de
la estructura narrativa paradigmática de la emoción, cosa que se desarrollará
más adelante.
Luego Goldie pasa a precisar otros detalles sobre las emociones. Primero,
toma como ejemplo la afirmación “James es/está celoso” (James is jealous)
para mostrar que al hablar de emociones nos podemos referir a tres cosas:
primero, podemos estar diciendo que es una persona celosa, es decir, que
tiene una disposición a sentir celos;4 segundo, que está celoseando algo, que
está experimentando dicha emoción; y tercero, que tiene pensamientos o sen-
saciones celosas, es decir, que está teniendo un episodio emocional de celos.
Una diferencia esencial entre la primera interpretación [James es celoso] y la
segunda [James está celoso] es que, aunque en ambos casos se tienen disposi-
ciones, en el segundo caso son más concretas, mientras que en el primero son
generales. Así, si James es celoso, eso quiere decir que tiene la disposición
a tener celos (una emoción) hacia lo que tienen los demás; si James está
celoso, tiene disposición a tener pensamientos negativos de la otra persona,
a irritarse por el hecho de que esta tiene algo que él no, etc.
Con esto Goldie quiere apuntar que las emociones no son una propiedad
estática del individuo, sino que son cosas dinámicas y cambiantes. Aunque
esto pueda parecer obvio, gran parte de la literatura las trata de este modo,
pues intentan aproximarse a las emociones desde una perspectiva impersonal.
Esto lleva a Goldie a discutir la intencionalidad de las emociones, y la forma
en la que se la suele explicar.
4
[Esta primera interpretación, fruto de un equívoco en is, sólo parece funcionar en
inglés, ya que James is jealous se puede traducir como “James es celoso” o “James está
celoso”. Dependiendo de cómo lo traduzcamos, dicha interpretación puede o no ser válida.]
3
3. The Intentionality of emotions
Cuando se dice que las emociones son intencionales se hace referencia a
que estas están dirigidas hacia algo, que será su objeto. Así, el objeto del amor
puede ser nuestra pareja, el de la tristeza el clima, el de nuestra impaciencia
la comida, etc. Goldie considera que los objetos de las emociones pueden ser
objetos [cosas], personas, eventos, acciones o estados de cosas. Ahora bien,
no hay que entender esta relación de una forma demasiado cerrada, pues
es posible que el objeto de la emoción sea “más que la cosa misma”: Goldie
pone como ejemplo el orgullo que sentimos por nuestra casa; en este caso el
objeto no es propiamente la casa, sino mi casa. Por lo tanto, el objeto de una
emoción puede incluir cosas como una forma particular de verlo, y deja el
suficiente espacio como para que nos podamos concentrar en distintas cosas.
Cuando estamos orgullosos de nuestra casa podemos concentrar el orgullo
en alguna de las propiedades de la casa, en el hecho de que nos pertenezca,
etc.
En general se suele aceptar que la intencionalidad tiene dos propieda-
des, las cuales se encuentran en las emociones: por un lado, el objeto de la
emoción debe poder ser distinguido con la suficiente precisión (identied in a
sufciently ne-grained ) como para capturar por qué una persona se siente de
la manera en que lo hace;5 por otro lado, el objeto de la emoción no tiene
por qué existir. La forma en la que se suele explicar la intencionalidad de las
emociones es apelando exclusivamente a creencias y/o deseos. Pero Goldie
cree que esto deja a un lado las sensaciones que experimenta el sujeto de una
emoción, el cómo se siente tenerla, por lo que la explicación sería incompleta.
Por eso propone las sensaciones dirigidas (feeling towards), que explicarían
la intencionalidad de las emociones directamente desde su factor fenomeno-
lógico. Esto no quiere decir que los pensamientos no formen parte de las
emociones (que como ya vimos sí lo hacen), sino que su intencionalidad no
puede explicarse sólo con pensamientos, al margen de toda sensación.
Goldie aclara este punto diciendo que las sensaciones dirigidas son [una
forma de] pensar sobre (thinking of ) algo con sensaciones. Por lo tanto, sen-
tirnos alegres por ver a alguien es pensar en esta persona sintiéndonos de
cierta manera. Estas sensaciones emocionales (aquellas que forman parte del
marco narrativo de una emoción) no pueden ser reducidas a algún otro fe-
nómeno, como podría ser el placer o el dolor, pues esto sería caer en un
5
[Goldie no dice nada al respecto (al menos en este apartado), pero creería que no es
necesario que la persona que tiene la emoción conozca por qué la tiene. Lo importante es
que el objeto pueda hacer cuando menos inteligible la emoción al poder mostrar por qué
se da.]
4
reduccionismo que hace imposible explicar su riqueza fenomenológica. Por lo
tanto, el decir que las sensaciones dirigidas son formas de pensar sobre algo
no implica que podamos saber cómo se siente una emoción sin haberla expe-
rimentado (sea por algo que vivimos o por la literatura), sino que al contrario
vuelve esta experiencia personal un requisito para tener tal conocimiento.
Como con otras instancias del pensar sobre, las emociones suelen concen-
trarse en ciertos aspectos o propiedades de su objeto. Esto puede involucrar a
la imaginación, la percepción, o una combinación de ambas al añadir alguna
cosa imaginada a lo que percibimos (como al imaginar que hay un rostro en
la luna). De todos modos el papel de la imaginación no tiene que ser visual,
ni tiene que ser una imagen, sino que puede ser algo ficticio que creamos o
añadimos a aquello que se le aparece a nuestra consciencia.
Toda esta caracterización de las sensaciones dirigidas le permite a Gol-
die mostrar que las emociones no son hechos brutos e inanalizables, pues
podemos entender mejor cómo funcionan al estudiar los pensamientos que
se dan en ellas. Además, muestra lo problemáticas que son las teorías de las
emociones que no tienen en cuenta las sensaciones como un elemento central.
Esto le permite a Goldie explorar con mayor profundidad la relación entre las
emociones y las creencias, y qué límites tiene dicha relación. Por un lado, la
estructura de cada emoción parece poner un límite a las creencias en las que
se la pueda fundar: la envidia, por ejemplo, sólo puede sentirse por objetos
que consideramos ajenos; en caso de que sintamos envidia por algo que nos
pertenece, tendríamos que creer que es de otra persona.
Goldie explica esto sirviéndose de lo que llama la diferencia entre propie-
dades determinables y propiedades determinadas. Las primeras son propie-
dades generales, como lo sería el ser coloreado/de algún color, mientras que
las segundas son específicas, como sería el ser rojo o verde. Un ejemplo de
esto puede ser el miedo por un toro: puedo creer que este tiene la propiedad
determinable de ser peligroso, pues tiene la propiedad determinada de tener
cuernos afilados.6 Así, las propiedades determinables que se relacionan con
cada emoción delimitan las creencias en las que se pueden basar. Retoman-
do el ejemplo anterior, la propiedad determinable con la que se relaciona la
envidia es la de pertenecer a otros, por lo que es imposible que sintamos
envidia de algo que es nuestro.
De todos modos, no es posible decir que las emociones dependen de las
creencias (como Goldie demuestra en el capítulo 3). Esto es importante por-
que tal postura ha llevado a muchos a afirmar erróneamente que podemos
6
Goldie considera que no es necesario poder reconocer las propiedades determinadas
para que reconozcamos que un objeto tiene una cierta propiedad determinable.
5
servirnos de un sólo concepto para explicar o dar sentido a una emoción.
Más bien, propone Goldie, debemos pensar en varios factores para poder
entender una emoción. Primero está su inteligibilidad, la cual depende de las
circunstancias: es posible que alguien se asuste al ver a su hermana inespe-
radamente por la noche, cosa que usualmente no pasaría; aunque el miedo
pueda resultar injustificado, podemos entender por qué surge. Por otro lado
es posible entender que una emoción es o no apropiada (como lo es el mie-
do por un toro furioso) y proporcional (como no lo sería sentir una tristeza
desmedida por la muerte de una mascota).7 Goldie considera que estos tres
conceptos, de inteligibilidad, propiedad y proporcionalidad, son los que nos
ayudan a entender las emociones, por lo que si nos centráramos en uno sólo
nuestra comprensión sería incompleta.
Luego de esto Goldie trata dos puntos problemáticos sobre la teoría de
las emociones que se basa en las creencias y deseos (belief-desire account).
Los resalta con la intención de tener en cuenta cómo se diferencian y cómo
se pueden relacionar entre sí, y así no caer en algunos errores en los que han
caído dichas teorías. Tradicionalmente se ha distinguido entre las creencias
y los deseos planteando que “tienen diferentes direcciones”: las creencias pre-
tenden imitar al mundo, por lo que cambian para corresponderse con él; en
cambio los deseos quieren cambiar el mundo, por lo que permanecen mientras
este es modificado. A partir de esto Goldie precisa:
1. En primer lugar que una particularidad de los deseos emocionales es
que estos no sólo quieren que el mundo sea de una cierta forma, sino
que la persona con la emoción sea la que lo haga: cuando deseamos
vengarnos, no sólo queremos que le pase algo malo a otra persona, sino
que seamos nosotros los que lo hagamos. Esto no parece basarse en las
creencias mismas, por más que estén enmarcadas en la narrativa de
una emoción.
2. En segundo lugar, Goldie considera que los deseos emocionales pueden
plantear un problema a la diferencia de dirección que antes atribuimos
a deseos y creencias: es posible que una acción satisfaga un deseo, pe-
ro eso no nos satisfaga nosotros (como cuando algo nos inquieta y no
logramos calmarnos pese a que nos dediquemos a cosas que queremos
hacer). Esto es problemático para la distinción tradicional porque pa-
rece que no podemos definir a los deseos simplemente apelando a la
satisfacción, al menos si tenemos en cuenta al resto de la narrativa en
7
Estos últimos dos factores dependen en gran medida de la cultura en la que crezcamos,
y en la educación que se nos dé, como Goldie estudiará en la próxima sección.
6
la que nos encontremos.
4. Education of the Emotions and the Recognition–Response
Tie
El poder analizar las emociones trae a colación el efecto que tiene la
educación sobre estas, pues parece posible que alguien aprenda a reaccionar
de una cierta manera al reconocer ciertas propiedades (sean determinadas
o determinables) en un objeto. Es por esto que, por ejemplo, le podemos
enseñar a los niños a temer (de manera apropiada y proporcional) a cosas
peligrosas. Para profundizar en esto, Goldie se sirve de dos conceptos: los
conceptos de las cualidades determinables que invocan emociones (concepts
of emotion-invoking determinable features; cosas como peligro) y los concep-
tos que podemos tener de las emociones (como el concepto del miedo).
Hablando de los conceptos en general, Goldie considera que podemos
tener distintos grados de habilidad al usarlos, del mismo modo en el que hay
distintos grados de habilidad para montar en bicicleta. Al igual que con ese
ejemplo, somos capaces de utilizar los conceptos a pesar de que no poseamos
el máximo grado de habilidad al hacerlo, lo que nos permitiría reconocer
a qué cosas se refiere. Para mostrar esto, Goldie propone el ejemplo de una
persona que no puede ver colores pero que tiene algún método confiable para
reconocer qué cosas son rojas: aunque no tenga un concepto completo de lo
que es rojo (por ignorar cómo se ve), sí muestra una buena habilidad para
reconocer la extensión a la que aplica el concepto.
Con esto Goldie quiere mostrar que podemos tener conceptos de cuali-
dades determinables que invocan emociones y de emociones que nos sirvan
para reconocer a qué casos aplican sin tener una comprensión completa de
los mismos. Sobre los conceptos de cualidades determinables que invocan
emociones, Goldie dice que son categorizaciones válidas a pesar de no tener
fundamentos estrictamente científicos. Para explicar esto toma como ejemplo
el caso de las piedras ornamentales, que no se categorizan por ninguna cuali-
dad química o geológica, sino simplemente por cuestiones estéticas; con base
en esta categorización somos capaces de comerciar, diseñar, decorar, etc.,
por lo que como concepto resulta útil. Del mismo modo, aunque al llamar
a ciertas cosas como peligrosas (concepto de cualidad determinable etc.) no
nos basemos en ningún tipo de datos científicos, las estamos categorizando de
forma válida partiendo de una perspectiva puramente humana y/o cultural.
Otra cualidad que Goldie resalta de este tipo de conceptos es que pueden
ser evaluativos, lo que quiere decir que cuando los reconocemos en un objeto,
7
consideramos que este amerita una cierta respuesta emocional. Así, cuando
reconocemos que algo es peligroso, estamos evaluando que ante eso se debe
reaccionar con miedo. Por esto parte del objetivo de la educación debe ser
enseñar cómo se debe reaccionar ante las cualidades determinables. Goldie,
con base en lo dicho, concluye que es imposible separar del todo, en el caso de
las emociones, el reconocimiento de la respuesta, pues ambas forman parte
de la narrativa de la experiencia emocional.
Combinando este último punto con lo dicho anteriormente sobre las sen-
saciones, Goldie nos dice que no es posible comprender (grasp) un concepto
evaluativo como los que se dan en las emociones si uno no puede apreciar
la evaluación que hace. Esto es así porque la forma de responder ante dicho
tipo de cualidad es el único criterio de unidad que tienen dichas categorías.
Tomando el miedo como ejemplo, una persona que nunca lo haya sentido no
podrá entender el concepto de peligroso por no poder entender realmente la
evaluación que hacemos frente a las cosas que consideramos de esta manera.
Como lo que hace que el paracaidismo, los tigres, las tormentas eléctricas,
etc., sean todas consideradas como peligrosas es que consideramos que hay
que tenerles miedo (en mayor o menor grado), sin haber experimentado mie-
do no se podrá entender el por qué de dicha categorización.
Esto también nos lleva al conocimiento del concepto que tenemos so-
bre las emociones. Muchos consideran que es imposible saber lo que están
sintiendo los demás si no se ha tenido una experiencia de la emoción. Así,
en el ejemplo anterior, el personaje que nunca ha sentido miedo ni siquiera
podría reconocer si otras personas lo están sintiendo. Goldie está de acuer-
do hasta cierto punto con esta postura, lo que lo hace distinguir entre dos
interpretaciones. Si cuando decimos que no puede saber lo que otros están
sintiendo nos referimos a si reconoce que otra persona está teniendo una
emoción particular, no sería necesario haberla sentido; es posible que simple-
mente reconozca la estructura narrativa paradigmática8 de la emoción que
tiene la otra persona, sin tener que remitirse a las sensaciones particulares.
Pero si nos referimos a si sabe cómo se siente la emoción de esa persona, en
ese caso sí sería necesaria la experiencia personal, pues dicho conocimiento sí
depende de la experiencia personal de las sensaciones propias de la emoción.
8
Para Goldie, la estructura narrativa paradigmática de una emoción consiste en pensa-
mientos de reconocimiento, respuestas que involucran pensamientos y sensaciones paradig-
máticas, además de cambios corporales, actividad expresiva, acciones, etc. Estos últimos
son opcionales, mientras que los primeros son los que definen a una emoción. Así, podemos
reconocer que alguien está enamorado porque manifiesta ciertos pensamientos en los que
reconoce a la otra persona como amable, y responde a esto pensando con cariño sobre la
otra persona, sintiéndose de una cierta forma cuando está con ella, etc.
8
De todas formas cabe aclarar que saber cómo se siente tener una emoción no
nos da un conocimiento completo de la misma, pues siempre habrá grados
mayores y menores de la misma que nunca hayamos experimentado.
Por lo dicho se puede ver la importancia de la narrativa propia de la
emoción. Pero Goldie considera que la relación entre el reconocimiento y la
respuesta frente a las cualidades mencionadas implica que hay que tener en
cuenta una narrativa más amplia para entender las emociones. Esta debe
incluir la crianza y educación que hemos tenido, pues nuestras respuestas
emocionales dependen de esta: no por nada hay personas que consideran a
los toros tan peligrosos como lo hacen los demás, pero que en vez de huir se
vuelven toreros.
Esto lleva a Goldie a discutir los casos en los que las personas reconocen
los conceptos asociados con una emoción, pero no reaccionan de acuerdo
con estos. Para analizar estos casos se necesita distinguir entre dos tipos de
elementos: los afectivos (las sensaciones, como el miedo) y los conativos (los
pensamientos motivantes, típicamente deseos). Dejando una investigación
más profunda sobre este problema para el capítulo 3, Goldie se limita a
analizar una forma de pensar sobre, que serían las sensaciones dirigidas. Tener
una sensación de miedo dirigida hacia algo es pensarlo como peligroso de una
manera especial que involucra sentir miedo (es decir, incluye los elementos
afectivos). Por eso las sensaciones dirigidas juegan un papel especial en esta
relación entre reconocimiento y respuesta, pues (como se argumenta en el cap
3) el contenido mental es diferente si pensamos con sensación a si pensamos
sin ella. Pero esto no implica que también se vayan a dar los elementos
conativos usuales y una respuesta acorde con ellos. Por ejemplo, un soldado
puede reconocer que una ametralladora es peligrosa, pero aún así coordinarse
perfectamente con su escuadrón para intentar quitársela al enemigo. Aquí no
parece que el soldado no reconozca el peligro de la situación, y en principio
es posible que tampoco tenga la motivación de evitarlo: puede que esté tan
comprometido con su escuadrón que ni siquiera se llegue a sentir motivado
a responder con miedo. Así, hay ciertos casos en los que se carece de la
motivación, sin que esto implique que no se está reconociendo una cierta
cualidad (en este caso el peligro).
5. Explanation of an Emotion and of Action out of
Emotion
La cuestión de cómo se da la reacción tras reconocer una cualidad nos
lleva al estudio de las acciones que surgen a partir de emociones. Goldie
9
quiere tratar este tema particularmente porque es gracias a este punto que
se han extendido las teorías de las emociones que se centran en las creencias
y deseos: como estos son los elementos con los que se suele explicar la acción,
deben ser también la base de las acciones que surgen de las emociones, y por
ende de las emociones mismas. El objeto central de crítica son las teorías de
emociones proposicionales (en general basadas en Davidson).
Para desarrollar esta discusión se sirve como ejemplo de “Jane golpea a
Jim, pues está molesta porque cree que este la insultó”. La forma tradicional
de explicar dicha escena es plantear una serie de creencias y actitudes que
se relacionan entre sí como si fueran un silogismo, cuya conclusión es la
motivación de una acción. Este sería:
1. Jane tiene una actitud desfavorable hacia las personas que hacen in-
sultos injustificados (premisa universal).
2. Jane cree que Jim la ha insultado sin justificación (premisa particular).
3. Jane tiene una actitud desfavorable hacia Jim siempre que este la haya
insultado sin justificación (conclusión).
La teoría tradicional dice que la actitud desfavorable de la conclusión
sería la ira de Jane hacia Jim. Pero la conclusión en sí misma no explica
la acción, aunque explique una inclinación hace esta, ya que Jane, como las
personas molestas suelen hacerlo, desea vengarse (get one’s back ) de Jim.
Este deseo se combinaría con una creencia de medios-fines:
1. Jane cree que la mejor forma de vengarse de Jim es golpear a la persona
que ella cree que es Jim.
Y así finalmente se puede llegar a que Jane golpea a Jim.
El problema de este tipo de explicaciones es que sirven para explicar una
acción tanto si viene de una emoción como si no: siguiendo estos mismos
pasos podemos explicar cómo un líder de mafia asesina a alguien que cree
le ha faltado al respeto, pero sin tener ninguna emoción al respecto (puede
hacerlo para mandar el mensaje de que debe ser respetado, no porque esté
ofendido). La incapacidad de distinguir entre ambos tipos de acciones serían
una señal de que la teoría es incompleta. Un intento de solucionar este pro-
blema dice que hay que tratar a 3 como la emoción misma (en este caso la
ira); pero como dicha proposición se sigue de 1 y 2, ninguna de las cuales
menciona algún factor emocional, Goldie considera que no es una solución
válida. Además, como esta explicación no tiene en cuenta factores corporales,
10
habría que buscar otra explicación para explicar por qué Jane tiene la cara
roja, o tiembla un poco al golpear a Jim, etc.
Pero en contra de este análisis se encuentra la fenomenología de la acción,
el cómo se siente para el agente y los afectados. El carácter fenomenológico
de una acción cambia radicalmente nuestra comprensión de la misma cuando
se hace con base en una emoción a cuando no. Como esta explicación consi-
dera ambos casos como iguales (quizá añadiendo luego las sensaciones como
si fueran un add-on), no parece capturar lo que sucede realmente. Goldie
propone como ejemplo la distinción que hay entre hacer el amor apasiona-
damente y hacerlo sin sentir nada; hay una enorme diferencia entre ambos
actos, la cual no sería explicada con esta postura tradicional. Por esto Gol-
die rechaza las teorías que dicen que las emociones y creencias son los únicos
elementos intencionales de la emoción, pues dejan por fuera un factor tan
fundamental como lo son las sensaciones. Este es el problema que resuelven
las sensaciones dirigidas, que Goldie desarrolla en el capítulo 3.
Lo que en general Goldie le critica a este tipo de teorías es que sobre
intelectualizan a las emociones, crítica que se puede resumir en tres puntos.
El primero es que las emociones terminan por ser vistas de forma impersonal,
pues siempre se las ve como meras proposiciones en la mente de un sujeto;
Goldie cree que esta interpretación se suele adoptar por la identificación de
las acciones con movimientos corporales descritos de forma impersonal, por lo
que cuadraría con el resto de la teoría ver a las emociones de la misma forma.
Otra razón por la que algunos filósofos se inclinan por esta perspectiva es que
creen que podemos dividir las acciones mentales en procesos de entrada y
salida (input-output) impersonales y en una experiencia subjetiva personal,
distinción altamente cuestionable.
La segunda forma en la que se sobre intelectualiza a las emociones sale
a la luz al contrastar la postura de Goldie con la proposicional. Aunque
ambas explicaciones comparten muchas creencias y deseos, desde el punto
de vista explicativos difieren radicalmente. Goldie se sirve de un ejemplo para
poder comparar la diferencia. En un primer caso, se nos propone a alguien
que le prepara té a su pareja cuando llega cansada del trabajo, cosa que
justifica inicialmente aludiendo a creencias y deseos como “creo que esto la
hará sentir mejor” o “deseo que pueda tomar el te que le gusta”. Pero en el
fondo lo que le motiva, y hace que todos los demás elementos de la narrativa
en la que se encuentra cobren sentido, es que la ama: “le hice te porque la
amo”. Otra explicación del mismo escenario, que comparte muchas de las
creencias, deseos, etc., es que le prepara te porque es un acto amoroso. Este
razonamiento puede darse cuando la justificación de la acción es que la ama,
pero en principio la acción no se enmarca en el amor que tiene por su pareja,
11
sino en alguna otra intensión; es decir, se puede todavía quedaría por explicar
por qué hace dicha acción amorosa. En el primer caso los pensamientos
son inteligibles de forma primitiva (primitively intelligible), es decir, sólo se
pueden explicar como formando parte de una narrativa emocional, por fuera
de la cual carecen de sentido. En el segundo caso, decir que le hace té porque
es una acción amorosa, no termina de explicar la acción, y es necesario seguir
investigando por qué se hizo. Así, actuar a partir de una emoción no es lo
mismo que actuar en vista de (for the sake of ) de una emoción. El segundo
caso muestra la limitación que tienen las posturas proposicionales, en las
que la emoción misma, con todo su carácter fenomenológico, explica todas
las acciones; en otras palabras, una vez se nos dice “le hice té porque la amo”
podemos entender sus acciones, cosa que no explicaría la teoría tradicional.
La tercera y última forma en la que se intelectualizan las emociones es
la idea de que una “premisa universal” puede servir de base para explicar-
las. Más bien parece que la respuesta emocional es la que fundamenta la
eventual creencia universal. Hay casos en los que las emociones no parecen
ser explicables a partir de creencias universales: aunque en el caso de Jane
podría funcionar, en otros casos no, como el estar humillado porque uno ha
vivido con una persona que lo vive comparando con alguien más tras haber
tenido una mala tarde. Este último tipo de casos deben ser explicados más
por la narrativa en la que se encuentra la persona, que la lleva a interpretar
las cosas de una cierta manera. Pues, no tiene sentido decir que alguien tiene
la creencia “es humillante el que alguien haya vivido con una persona que lo
compara con otro tras haber tenido que pasar por X, Y y Z”; en casos tan
particulares como este a lo sumo se tendrá una creencia que aplica para el
caso personal, pues es difícil creer que otras personas hayan vivido exacta-
mente lo mismo que uno. Así, sólo teniendo en cuenta la narrativa es posible
explicar la emoción de la persona, sin tener que enmarcarla dentro de un
silogismo basado en una premisa universal.
Por esto insiste Goldie que, aunque las creencias y deseos puedan formar
parte de las emociones, estas no tienen un papel central o primario. Cuando
tenemos un episodio emocional, lo primero que hacemos es responder emo-
cionalmente (tenemos una sensación dirigida hacia el objeto), y más tarde
cuando reflexionamos sobre dicho episodio buscamos entenderlo por medio
de creencias que lo funden y hagan inteligible. Para mostrar cómo las creen-
cias son algo más bien secundario, Goldie nos propone dos casos en los que
el miedo nos lleva a actuar:
1. En el primero somos investigadores en un laboratorio, y nos enteramos
que este se va a fusionar con otro, por lo cuál habrá muchos puestos
12
que terminarán por ser redundantes. Viendo que uno de esos puestos
será el nuestro y que no hemos tenido tanto éxito últimamente, nos da
miedo quedar desempleados, lo que nos lleva a buscar trabajo.
2. En el segundo nos encontramos pensando mientras caminamos en una
calle vacía, y de repente nos damos cuenta que un bus se aproxima a
gran velocidad. Así, saltamos inmediatamente a un lado para que no
nos atropelle.
En ambos casos las creencias y deseos juegan papeles distintos. En el
primer caso parece claro que somos conscientes de nuestras creencias, y que
actuamos con base en ellas, mientras que en el segundo caso no parece haber
esta consciencia. Pero más allá de esto, parece que las creencias y deseos
no explican causalmente la situación, pues estos pueden aparecer de forma
posterior, mientras analizamos lo sucedido (como en el segundo caso). De
todas formas Goldie no niega que haya factores psicológicos involucrados en
la respuesta emocional, sino que dice que llamar a este factor una creencia
es delimitarlo en muchos sentidos (como requerir que tenga una cierta cohe-
rencia, etc.). Más bien parece que estamos racionalizando la experiencia de
forma posterior, intentando entender la respuesta emocional. Esto no quie-
re decir que estamos inventando que teníamos ciertas creencias, sino que al
adscribirlas estamos intentando entender la experiencia más que explicarla
causalmente.
6. Conclusion
Como hemos visto, Goldie no está de acuerdo con muchos detalles de las
teorías que se basan en creencias y deseos. Pero a pesar de esto, encuentra
en ellas varios elementos con los que está de acuerdo y que piensa usar en
capítulos posteriores del libro. Estos son:
1. Cuando tenemos una emoción nos estamos relacionando con (we are
engaged with) el mundo, siendo conscientes de lo que pasa y respon-
diendo acorde. Así, el objeto de nuestra emoción no es nuestro cuerpo,
sino algo externo.
2. Las emociones y las acciones emocionales son inteligibles por su refe-
rencia a pensamientos, que pueden estar o no fundamentados, pueden
ser irracionales, apropiados o proporcionados.
3. Es posible educar a las emociones para que sean (o no) adecuadas y
proporcionadas, pues uno aprende a reconocer cuáles son las respuestas
13
emocionales que se deben tener ante las cualidades que encontramos
en los objetos.
4. Las emociones nos ayudan a formar y determinar lo que valoramos, y
forman parte de las narrativas que constituyen nuestra vida a corto o
largo plazo.
5. Así, se vuelven una herramienta poderosa para saber qué cosas valo-
ramos, y en qué sentido lo hacemos.
6. Finalmente, debemos respetar nuestras respuestas emocionales, pues
pueden decirnos cosas sobre nosotros, aunque se las debe analizar bajo
la luz conjunta de la razón, las emociones y los valores, para poder
entender realmente si está o no justificada una emoción. Cuando sólo
usamos la razón dejamos necesariamente por fuera elementos como las
sensaciones y aquello que estas nos muestran.
7. Preguntas
Más que una pregunta es una tarea, pero la descripción que Goldie
da de la narrativa en este cap es demasiado ambigua. En general se
entiende lo que quiere decir con unfolding sequence of, pero considero
que todavía hace falta entender en qué consiste bien este concepto. En
otras palabras: hay que buscar qué mas ha dicho sobre el tema.
¿Hasta qué punto se da la continuidad de las emociones? Goldie expli-
ca que estas (en parte) consisten en episodios emocionales. Así, en el
caso de los celos, yo puedo estar celoso del carro de un compañero la
primera vez que me lo muestra (episodio 1), y puedo estar celoso de
este en otra ocasión en la que se va de una fiesta en su carro (episodio
2). Suponiendo que ambos eventos sucedieron en momentos muy leja-
nos, ¿son la misma emoción compuesta por dos episodios emocionales
distintos, o dos envidias diferentes?
• Teniendo en cuenta que la narrativa es una especie de “despliegue
sucesivo”, parece que la continuidad es importante, pero no sé
hasta qué punto.
• Esto puede afectar casos como el que uno se ría dos veces del
chiste del pan que habla (suponiendo que es el mismo chiste).
¿Uno siente la misma gracia? Entender esto puede ser útil para
caracterizar el conocimiento en el humor: yo puedo o profundizar
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en la misma gracia, o distintas gracias me pueden mostrar cosas
distintas de su objeto. Así como está planteado, no es claro cuál
de las dos opciones sería (aunque tampoco es tan claro si importe
mucho).
¿Cuál es la diferencia exacta entre los cambios corporales que sí forman
parte de una emoción y una expresión física de la misma? Esto es
importante porque no es claro si la risa es parte de la gracia o si es una
expresión de la misma. En lo personal me inclino por considerar que la
risa es una expresión de la gracia que algo me causa, ya que puede o
no estar presente (hay muchos memes que consideramos graciosos que
pero que no nos hacen reír).
Goldie dice que las sensaciones dirigidas son una forma de pensar sobre
las cosas. ¿Esto significa que debemos entenderlas, al menos parcial-
mente, como una actividad, o como algo en lo que no sólo se tiene un
carácter pasivo?
8. Punchline
Como el objeto de las emociones es “más bien amplio”, es posible que al
escuchar un chiste la gracia se concentre en uno u otro elemento. Esto
nos permite tener cierta libertad “dentro del chiste”, por lo que podemos
analizarlo de diversas formas sin dejar de pensarlo como gracioso. Esto
se parece mucho a la intuición de Carroll según la cual “saboreamos”
el punchline de un chiste.
Ya que las emociones son un pensar sobre algo con ciertas sensacio-
nes, el humor tendría como objetivo hacernos pensar sobre su objeto
haciéndonos sentir gracia. Pero esta gracia no sería un añadido al pen-
samiento, sino que forma parte de la forma en la que pensamos en el
objeto (como Goldie argumenta en el capítulo 3).
Como las emociones no son brutas/simples, es posible descubrir qué
pensamiento específico nos causa gracia. Así, cuando la caricatura de
Quino me causa gracia puedo ver que es ese el pensamiento gracioso,
lo que me puede llevar al análisis de por qué lo es.
• Que aquí de hecho resulta muy útil el que las emociones se basen
en propiedades determinables, y que el reconocimiento de las de-
terminadas sea “opcional”. Puedo saber que algo es gracioso sin
saber exactamente por qué, lo que me puede llevar a analizarlo.
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Los comentarios sobre la comprensión de los conceptos resultan bas-
tante útiles. Por un lado, esto explica por qué podemos considerar que
algo es chistoso (concepto de cualidad determinable que invoca una
emoción) sin saber por qué nos causa gracia. Además, aunque alguien
sin sentido del humor puede reconocer qué cosas son graciosas (tenien-
do acceso a la extensión del concepto), no puede realmente entender el
concepto de la gracia que es producida por el chiste.
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