Procesos de Dolomitización en Petrología
Procesos de Dolomitización en Petrología
Facultad de Ingeniería
Departamento de Postgrados
Petrología Sedimentaria
Dolomitización:
Procesos, Mecanismos y Modelos de Formación
Elaborado por:
Ingeniero Ernesto José Vieira.
Índice General
1. Introducción y términos básicos...............................................................................................2
2. Consideraciones químicas y de balance de masa en la formación de dolomitas......................3
3. Consideraciones termodinámicas y cinéticas para la formación de dolomitas........................4
4. Ambientes y modelos de dolomitización.................................................................................8
4.1. Modelos asociados a ambientes hiposalinos y de mezcla.................................................8
4.1.1 Modelo de Dorag.............................................................................................................8
4.2. Modelos de dolomitización asociados a ambientes hipersalinos......................................9
4.2.1 Modelo de reflujo..........................................................................................................10
4.2.2 Modelo de sabkha..........................................................................................................11
4.3. Dolomitización por agua marina.....................................................................................12
4.4. Modelos de dolomitización asociados a soterramiento intermedio a profundo
(dolomitización subterránea)......................................................................................................13
4.4.1 Dolomitización por compactación.................................................................................14
4.4.2 Dolomitización por convección termal.........................................................................15
4.4.3 Dolomitización por flujo topográfico............................................................................17
4.4.4 Dolomitización por tectónica (“escurrimiento”)...........................................................18
4.5. Dolomitización penecontemporánea (modelo microbiano/orgánico).............................18
5. Dolomitización como proceso generador o destructor de la porosidad.................................20
6. Bibliografía.............................................................................................................................22
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(Ecuación 2)
→
2+¿( ac) +2 CO 3 ¿
2+¿(ac)+ Mg
Ca ¿
CaCO 3 ( s )+ Mg
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Machel y Mounthoy (1986) discuten muchas otras reacciones que satisfacen la química asociada
a la formación de dolomitas, así como las condiciones bajo las cuales se justifica el uso de cada
una. En particular, los autores establecen que las ecuaciones (1) y (3) son miembros extremos de
todo un rango de posibles reacciones estequiométricas que se pueden producir a partir de la
siguiente ecuación:
2+¿ (ac) ¿
2−¿ (ac ) produce CaMg (CO3 ) 2 (s )+ (1−x )Ca ¿
La ecuación 4 parece ser una alternativa razonable para representar la dolomitización natural
bajo una gran variedad de condiciones por las siguientes razones: (1) permite ser ajustada para la
preservación, ganancia o pérdida de volumen durante el proceso de reemplazo, (2) incluye CO32-
en la reacción, lo que favorece el equilibrio termodinámico, ya que ni la calcita ni la dolomita
pueden ser estables en una solución acuosa si no hay carbonato disuelto en el sistema (Machel y
Mounthoy, 1986), y (3) la mayoría de las otras ecuaciones empleadas para representar la
dolomitización se derivan de la ecuación 4. Por ejemplo, la ecuación 3 se produce al sustituir x =
1 en la ecuación 4. En ese caso la reacción involucra un aumento en el volumen molar de 88%
por el reemplazo de calcita (75% para aragonito), y por tanto una considerable perdida de la
porosidad. De esta forma, la ecuación 3 es una representación razonable de dolomita que se
presenta solo como cemento (Machel y Mounthoy, 1986). Por otro lado, el caso x = 0 implica
que la ecuación 4 se reduce a la ecuación 1, que como fue mencionado anteriormente y bajo
ciertas condiciones, involucra un aumento del 13% en la porosidad (8% para aragonito).
Finalmente, para un valor x = 0.25 (0.11 en el caso de aragonito) la reacción 4 corresponde al
caso en el cual que no se produce ni ganancia ni perdida de volumen, y por tanto pudiera
representar aquellos procesos de dolomitización que resultan en una buena preservación de la
fábrica original sin perdida ni ganancia de porosidad.
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Figura 2. Diagrama trivariado de estabilidad termodinámica para el sistema calcita-dolomita-agua. Los corchetes
denotan actividad. Modificado de (Machel y Mounthoy, 1986).
En cuanto a los factores cinéticos, es decir los catalizadores e inhibidores que intervienen en la
formación de dolomitas, estos continúan siendo fuente de controversia aun en la actualidad. En
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este sentido, Machel y Mounthoy (1986) presentan un resumen de los principales factores
cinéticos que ha sido identificado, y que tienen influencia en la nucleación y/o precipitación de
dolomitas bien ordenadas, por debajo de 100ºC. A continuación se nombran brevemente los más
importantes:
1. Las dolomitas están formadas por capas de cationes ocupadas de forma alternada por un
Ca+2 o un Mg+2. Además, existe una gran variedad de “protodolomitas” desordenadas en
las cuales los cationes se encuentra de forma aleatoria (Usdowski 1994). La rápida
cristalización de soluciones supersaturadas (por ejemplo salinas) impide la segregación
de los iones de Ca+2 y Mg+2 en sus respectivas capas, debido a que la adherencia a las
capas equivocadas es más probable.
2. La gran diferencia entre la energía de hidratación (aproximadamente 20% mayor para el
Mg+2 que para el Ca+2), reduce las posibilidades de deshidratación del Mg+2, a favor de
las fases ricas en minerales de Ca+2.
3. La baja actividad del CO32- en la mayoría de las soluciones naturales inhibe la
precipitación de los carbonatos ricos en Mg, porque sólo algunos iones de carbonato
tienen la suficiente energía cinética para penetrar la barrera de hidratación, debido al
Mg2+ hidratado en la superficie de los cristales.
4. La disolución de las soluciones disminuye la tasa de formación de las dolomitas, porque
les tomas más tiempo a los pocos iones presentes desplazarse al sitio de la reacción (Esto
también se puede expresar como un menor grado de supersaturación).
Es importante señalar, como bien lo explica Machel y Mounthoy (1986), que estos factores
descritos anteriormente interactúan entre ellos y, en parte se contrarrestan, lo que implica que un
mismo factor puede producir efectos contrarios. Por ejemplo, de acuerdo al punto 1 una
disminución de la salinidad favorecería cinéticamente la formación de dolomita. Sin embargo,
esto tiene un efecto contrario de acuerdo al punto 4.
Por otro lado, se sabe de experimentos realizados (Usdowski 1994, Arvidson y Mackenzie 1999)
que la mayoría de los inhibidores que disminuyen la tasa de nucleación y el crecimiento de la
dolomita son especialmente potentes a temperaturas inferiores a 50ºC. De donde se desprende de
forma directa que la formación de dolomita se facilitada a altas temperaturas (Machel 1994). En
partícula Usdowski (1994) demostró mediante una serie de experimentos que por debajo de 60ºC
la formación de dolomita se compromete de manera importante.
Otro punto que es motivo de gran controversia es el efecto del sulfato como catalizador o
inhibidor en los procesos de dolomitización. Baker y Kastner (1981) (citado por Machel, 1994)
sugieren mediante una serie de experimentos hidrotermales que el sulfato disuelto inhibe la
formación de dolomita, y que al disminuir la concentración de éste se incrementa la tasa de
formación de dolomita. Por otro lado, Morrow y Rickets (1986) y Morrow y Abercrombie (1994)
(citados por Machel, 1994) mostraron que la cantidad de sulfato disuelto no tiene influencia en la
tasa de dolomitización a temperaturas relativamente bajas (< 80ºC). No obstante, también
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Figura 2. Diagrama trivariado de estabilidad cinética para el sistema calcita-dolomita-agua. Las tasas iónicas son
tasas molares. El agua marina se encuentra justo sobre el campo de la calcita. El límite de la parte punteada en el
gráfico se inclina hacia valores más altos de relación Ca/Mg y salinidades superiores a 35%. Modificado de Machel
y Mounthoy (1986).
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Figura 3. Efecto de la mezcla de aguas subterráneas de Yucatán con agua marina en el grado de saturación de calcita
y dolomita. Eje vertical: índice de saturación (SI), con la saturación indicada por la línea horizontal; eje horizontal:
salinidad. La dolomitización ocurre cuando la mezcla se encuentra supersaturada con respecto a dolomita, pero
subsaturada con respecto a calcita (entre las flechas). Modificado de Badiozamani (1973).
El modelo de Dorag ha sido invocado por muchos años para explicar la dolomitización
observada en extensas plataformas carbonáticas de varios de cientos a miles de kilómetros
cuadrados. Sin embargo, muchos autores (Carpenter, 1976; Machel y Mounthoy, 1986)
consideran que el modelo de mezcla está sobrevalorado en relación a su capacidad para la
formación de dolomitas. Por ejemplo Carpenter (1976), basado en el cambio de energía libre de
la reacción para varios estados de saturación concluye lo opuesto a Badiozamini (1973). Según
éste, la zona de mezcla de aguas subterráneas y marinas generalmente actúa inhibiendo la
formación de dolomitas. Por otro lado, Machel y Mounthoy (1986) plantean que las curvas
presentadas por Badiozamini (1973) (figura 3) son el resultado de cálculos puramente
termodinámicos, y que por consiguiente no tienen implicaciones cinéticas de ningún tipo. En este
sentido, la dolomitización no es favorecida por una disminución en la salinidad, ya que el cambio
de energía libre de la reacción (G) se incrementa a medida que decrece el grado de saturación
(SI), de acuerdo a la relación (SI=G/C; C=constante), o lo que es equivalente, el mecanismo
termodinámico para la formación de dolomitas aumenta con un aumento de la salinidad (Machel
y Mounthoy, 1986).
Finalmente, muchos de los detractores del modelo de Dorag se basan en el hecho de que no
existe en ninguna parte en el mundo, carbonatos ni recientes ni antiguos que hayan sido
dolomitizados de manera extensa en una zona de mezcla de agua dulce-marina. Además, hay
muchas evidencias que parecen indicar que la dolomitización masiva en las zonas de mezcla es
poco probable.
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menores a los 30º. Estos ambientes, definidos de la forma anterior, también incluyen los
mesosalinos, que son aquellos que tienen salinidades intermedias, es decir entre la salinidad
normal del agua de mar (35-36 g/l) y la correspondiente a la saturación de yeso (120 g/l). En
estos casos las dolomitización se produce en las aguas con alta salinidad relativa, la cual es
controlada por la evaporación en zonas cercanas a la superficie, y en ambientes diagenéticos de
soterramiento somero. (Machel, 2004).
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profundidades que no había sido anticipadas por el modelo de Adams y Rhodes (1960). También
permitieron reconocer la presencia de un tipo de flujo hasta ahora desconocido al que
denominaron “flujo latente”, el cual actúa luego de que cesa la generación de aguas hipersalinas
en el tope de la plataforma y ésta se encuentra cubierta con agua de salinidad normal.
El modelo de reflujo se ha convertido en uno de los más populares y duraderos, y ha sido
invocado en muchas oportunidades para explicar la dolomitización de plataformas carbonáticas
enteras. Sin embargo, trabajos como los de Jones et. al., (2003) y Xiao, et. al., (2013)
demostraron que la dolomitización por reflujo solo es capaz de generar patrones complejos de
capas discretas de dolomitas (“dedos de dolomitas”) alternadas con capas no dolomitizadas de
calizas. Además, para dolomitizar una plataforma carbonática completa es necesario la presencia
de altas permeabilidades, y que no existan capas impermeables (como lutitas o evaporitas) que
impidan que las condiciones de reflujo persistan por periodos de tiempo suficientemente
prologados. Finalmente, es poco probable que se produzcan en la naturaleza estados de reflujo
constantes, ya que esto dependen de factores que actúan en escalas de tiempo pequeña tales
como: el clima, el nivel del mar, y la geomorfología, que modifican las condiciones de salinidad
y por ende de reflujo en el tope de la plataforma (Xiao, et. al., 2013).
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Figura 4. Características topográficas e hidrológicas principales del sabkha de Abu Dahbi. El nivel agua subterránea
(Groundwater Table = GWT) buza de manera suave y se hace menos profundo en dirección hacia el mar. Las aguas
hipersalinas subterráneas fluyen por debajo de la laguna (reflujo). La dolomitización ocurre en una delgada franja
intermareal o supramareal (aproximadamente de 1 km) afectada por la inundación (zona D). Modificado de
MacKenzie et. al., (1980).
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desacredita, sugiriendo que no era posible forma dolomitas a partir de agua marina normal
debido a los inhibidores cinéticos (Machel, 2004), en la actualidad existen evidencias que
siguieren que no solo es posible, sino bastante probable en una gran cantidad de casos en los
cuales no existe evidencias de reflujos por evaporación o zonas de mezcla de agua marina y
subterráneas (Modelo de Dorag). Land (1985) (citado por Machel, 2004) reconoció que el agua
de mar es el fluido natural más común rico en Mg, y que solo es necesario que existan
mecanismos (hidrología) para que esta sea bombeada a través de los carbonatos luego de su
depositación a gran profundidad, de forma de reducir las barreras cinéticas.
Sass y Katz (1982) mostraron de manera convincente y basado en una extensa evidencia
experimental, que la dolomitización en ambientes submareales someros es bastante común. Su
investigación se basó en un análisis geoquímico y petrográfico detallado de una pequeña parte de
la secuencia dolomitizada Cretácica de las colinas de Judea en Israel. Específicamente los
autores se enfocaron en la parte inferior de la Formación Soreq, compuesta por alrededor de 130
metros de dolomitas bien estratificadas, intercaladas con lutitas y margas. Estos sedimentos
fueron depositados en una plataforma carbonática interna somera bordeada por una barrera
arrecifal. De sus estudios Sass y Katz (1982) concluyeron, luego de un análisis crítico en el cual
se descartó varios modelos clásicos de dolomitización (“ambientes hipersalinos” y “de mezcla”),
que la dolomitas estudiadas se formaron en una diagénesis muy temprana, bajo condiciones
submareales y a partir de soluciones que variaban en composición entre agua marina normal y
tres veces agua de mar evaporada (Sass y Katz, 1982). Otro caso que ha sido discutido dentro de
este contexto de dolomitización es la Formación San Andrés del Pérmico (Bein y Land, 1983)
(citado por Machel y Mounthoy, 1986). La cual también fue depositada en un ambiente
submareal somero, pero más hipersalino que la Formación Soreq. Las dolomitas Cenozoicas de
la plataforma de las Bahamas también son consideradas como dolomitización por agua marina.
En este caso, los datos petrofísicos y geoquímicos indican que aguas marinas normales y/o
ligeramente modificadas químicamente fueron el principal agente dolomitizador a profundidades
someras e intermedias (Machel, 2004).
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de dolomitización asociada a soterramiento profundo, estas son resumidas por Machel (2004) y
se nombran a continuación: (1) las dolomitas cortadas de forma trasversal por estilolitas sugiere
profundidades de al menos 600 m; (2) el desarrollo de texturas de cristales no planares, y
texturas gruesas planares se originan a temperaturas mayores a 60ºC; y (3) la formación de
dolomitas en textura de sandalias, sugiere temperaturas de formación superiores a 80ºC.
Todos los modelos de dolomitización subterránea son esencialmente hidrológicos. Es decir,
difieren básicamente en el mecanismo mediante el cual los fluidos son movidos dentro de las
rocas y en qué dirección esto ocurre. En este sentido, (Machel, 2004) reconoce los siguientes
tipos de flujos: (1) flujo por compactación; (2) convección termal; (3) flujo por topografía; y (3)
flujo producido tectónicamente. Considerando la gran cantidad de potenciales sub-ambientes
relacionados a estos tipos de flujos, no es de extrañar que tantas dolomitas hayan sido asociadas
a este tipo de dolomitización. De hecho algunos autores consideran a este tipo de dolomitización,
junto con la producida en ambientes submareales, como las más abundantes en la naturaleza
(Machel y Mounthoy, 1986).
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dolomitización disminuye hacia el interior del arrecife. De igual forma, Machel y Anderson
(1989) (citado por Machel, 2004) propusieron el modelo de compactación canalizada como una
de las dos alternativas viables para la dolomitización de un arrecife del Devónico Superior en
Alberta, Canadá.
Figura 5. Corte oeste-este a lo largo del arrecife de la ciudad de Marine. La dirección del flujo durante la
compactación es indicada por las flechas. Note que la capa de anhidrita por encima de la formación Niagaran actúa
como una capa impermeable. La dolomitización ocurre mayormente cerca de la base del arrecife. Modificado de
Jodry (1969).
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que pueden recargar y descargar agua de mar. Se han realizado numerosas simulaciones
numéricas de este tipo de flujo. En particular, las más recientes han demostrado que los
principales parámetros que controlan los patrones de dolomitización son el número de Rayleigh
(el cociente entre la fuerza viscosa y boyante) y la anisotropía entre la permeabilidad horizontal y
vertical (KH:KV), los patrones predichos por este modelo se observan en la figura 6 (derecha)
(Wilson et. al., 1990) (citado por Whitaker et. al., 2004). Además, han permitido determinar que
la convección por Kohout es activa hasta una profundidad de entre 2-3 km, ya que por debajo de
esta profundidad la compactación ha reducido la porosidad y la permeabilidad a niveles
demasiado bajos como para sostener celdas de convección viables. Estas simulaciones también
han servido para descartar algunas asunciones comúnmente aceptadas acerca de la convección
termal, por ejemplo y de forma sorpréndete, la geometría de la plataforma y en nivel relativo del
mar parecen ser controles de segundo orden en la magnitud del flujo por convección (Whitaker
et. al., 2004).
Si existen las condiciones de permeabilidad adecuadas, la circulación termal puede continuar
operando después del soterramiento en una celda de convección cerrada (figura 6 C, lado
izquierdo). Sin embargo, estas celdas solo se pueden establecer (y ser capaces de dolomitizar) si
la secuencia carbonática es sustancialmente espesa (varios cientos de metros), altamente
permeable, y no se encuentra inter-estratificada con capas impermeables. Aún en las condiciones
anteriormente expuestas (las cuales son muy raras en cuencas sedimentarias típicas), la cantidad
de dolomita que se pueden formar es muy limitada, ya que una vez establecida la celda el sistema
no recibirá más Mg (Machel, 2004).
La limitación severa que supone el suministro restringido de Mg en las celdas de convección
termal cerradas, puede ser superada cuando algún flujo producido por un gradiente hidráulico
externo interactúa con ésta, a esto se le denomina flujo mixto (Raffensberger y Vlassopoulos
1999) (citado por Whitaker et. al., 2004 y Machel, 2004). De esta forma, el Mg puede ser
proporcionado al sistema continuamente, incrementando el potencial de dolomitización de la
celda.
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Figura 6. Izquierda: convección termal en una plataforma carbonática aislada: (A) sumergida con convección
abierta; (B) emergida con convección abierta; y (C) soterrada con convección cerrada. Modificado de Whitaker et.
al., (2004). Derecha: Convección geotermal y distribución predicha de dolomitas resultantes: (A) y (B) originadas
por un flujo geotermal normal, (A) con KV > KH y (B) con KV < KH; (C) y (D) con un flujo geotermal elevado, en
(D) el tope de la plataforma esta emergido. Modificado de Wilson et. al., (1990).
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Dentro de los ejemplos de este tipo de mecanismo se encuentra la dolomitización masiva y por
reemplazo de la Formación Bonneterre de edad Cámbrica, del sureste de Missouri (Gregg, 1985)
(citato por Machel y Mounthoy, 1986). Estas dolomitas forman un estrato de 6 metros de espesor
en promedio y se extienden en un área de más de 16600 km2. Basado en datos estratigráficos,
petrográficos y químicos se ha sugerido que esta formación se formó por fluidos salobres de
origen marino que fueron desplazados lateralmente y luego hacia arriba a través de la Formación
Bonneterre, en una configuración similar a la que se observa en la figura 7.
Figura 7. Modelo conceptual de flujo provocado por topografía en el subsuelo de una cuenca sedimentaria. La
configuración del nivel de agua y la distribución de la permeabilidad del subsuelo controlan la geometría del sistema
de flujo (indicado por las flechas). Nótese la exageración vertical del perfil. Modificado de Garven y Freeze (1984).
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Figura 8. Sección estructural E-O generalizada de los Apalaches. Los caminos de migración de los fluidos son
indicados por las flechas grandes. Los fluidos pueden haber migrado durante la generación de los corrimientos
cuando existían condiciones de sobrepresión en la base de las capas sobrecorridas. Modificado de Dorobek (1989).
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dolomitizador es agua marina evaporada por encima del nivel de saturación de yeso (Budd,
1997). Uno de los ejemplos más importantes de dolomitización penecontemporánea en
ambientes marino someros, son los diversos carbonatos que precipitan en los lagos alcalinos y
efímeros de la laguna de Coorong, al sur de Australia. En este caso, la dolomitización está
controlada mayormente por la hidrología del ambiente de depositación, ya que estos lagos son
recargados por aguas continentales subterráneas derivadas de áreas más lluviosas relativamente
lejanas, que luego fluyen a zonas donde la evaporación excede tanto el régimen pluviométrico,
como el ingreso de agua subterránea (Muir et. al., 1980).
En los ambientes hemipelágicos a pelágicos las dolomitas penecontemporáneas se forman
comúnmente en pequeñas cantidades y como protodolomita microcristalina. Sin embargo, bajo
condiciones favorables se pueden alcanzar cantidades locales de dolomitas de hasta 100 %. Un
ejemplo de esto son los sedimentos carbonáticos hemipelágicos de edad Mioceno del margen del
Banco de Gran Bretaña, los cuales se encuentran de parcial a totalmente dolomitizados en un
rango de profundidad de entre 50 a 500 metros por debajo del nivel del mar (Swart y Melim,
2000) (citado por Machel, 2004).
Ambas configuraciones de ambientes descritas anteriormente para la formación de dolomitas
están íntimamente relacionadas, ya que formar parte del modelo de dolomitización microbiana u
orgánico. De acuerdo a este modelo, las dolomitas se formarían sindepositacionalmente o muy
temprano luego de la depositación (a profundidades de unos cuantos centímetros hasta unos
cuantos cientos de metros), influenciado o promovido por la reducción del sulfato producto de la
acción bacteriana, y/o por metanogénesis (Machel, 2004). El rol exacto de la actividad
microbiana en la reducción de las barreras cinéticas para la formación de dolomitas parece estar
relacionado con: (1) la disminución de las barreras de hidratación del Mg y el Ca; (2) el
incremento en la alcalinidad; y (3) cambios en el PH (Machel y Mounthoy 1986; Machel 2004)
(ver capítulo de consideraciones cinéticas para la formación de dolomitas en este documento).
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los cuales pueden promover la ganancia o pérdida de porosidad. De hecho, desde el punto de
vista puramente de las reacciones estequiométricas, se puede explicar la reducción, el
incremento, o inclusive la invariabilidad de la porosidad durante el proceso de reemplazo
(reacciones 1 a 4).
Otro de los aspectos que ha generado controversia, y que contrasta con las calizas, son las
condiciones químicas y físicas que determinan la creación de la porosidad en las dolomitas. En
las calizas la porosidad está relacionada con las estructuras sedimentarias primarias o la
subsecuente diagénesis, cuyos efectos en el espacio poroso son bastante obvios. Por el contrario,
en muchas dolomitas la fábrica completa y la porosidad asociada parecen ser diagenéticas en su
origen. Como resultado de esto se ha considerado que la porosidad se encuentra genéticamente
relacionada al proceso de dolomitización en sí, lo cual es particularmente correcto para la
dolomitización que destruyen la fábrica original de la roca. Sin embargo, esta asunción es
igualmente simplista, ya que mucha de la porosidad interpartícula y por disolución es heredada
de las calizas precursoras, e inclusive muchos poros como las fracturas, los moldes de cristales
de dolomitas, y los moldes de disolución de evaporitas, son claramente posteriores a la
dolomitización, (Purser et. al., 1994).
Por otro lado, algunos autores entre ellos Lucia (2004) (citado por Machel, 2004) afirma que la
dolomitización normalmente no resulta en un aumento de la porosidad, argumentando en contra
de la noción general de que las porosidades mayores observadas en las dolomitas (en
comparación con las calizas) son el resultado del proceso de dolomitización. Estos autores
sugieren que la mayoría de las dolomitas tienen menor porosidad que las calizas debido a la
“sobredolomitización”, o lo que es lo mismo la generación de cemento de dolomita luego del
reemplazo de la matriz. Sin embargo, esta noción aunque correcta en parte, es una explicación
incompleta de las causas por las cuales algunas dolomitas tiene menor porosidad de las calizas
correspondientes. Ya que, como se ha visto, en los casos donde la dolomitización ocurre de
manera parcial el reemplazo mol a mol pudiera generar porosidad.
Existen tres relaciones posibles entre la dolomitización y la evolución de la porosidad. En primer
lugar, la dolomitización puede promover la destrucción de la porosidad del carbonato precursor,
lo cual resulta lógico de pensar ya que este proceso implica el crecimiento de cristales en un
sistema abierto con el aporte de CaCO 3 y Mg. De igual forma, cuando la dolomitización ocurre
durante el soterramiento, la compactación mecánica puede reducir la porosidad (Purser et. al.,
1994). Esta relación entre la dolomitización y la porosidad se encuentra ampliamente demostrada
en la gran cantidad de ejemplos de dolomitas con baja porosidad que han sido reportadas. En
segundo lugar, la dolomitización también se puede producir sin ganancia o pérdida de porosidad,
simplemente por la redistribución del espacio poroso. Al igual que en el caso anterior, esto
parece lógico ya que este proceso involucra la disolución de un carbonato precursor (caliza o
aragonito), y la subsecuente precipitación de dolomitas. Sin embargo, la dolomitización se debe
producir en un sistema abierto (al menos para los iones de Mg), por lo que un simple re-arreglo
del espacio poroso preexistente requeriría un balance de volumen entre el MgCO 3 que ingresa al
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sistema y el CaCO3 que sale, lo cual es una situación poco probable (Purser et. al., 1994). En
tercer lugar, la dolomitización también pudiera generar un aumento en la porosidad como
consecuencia del cambio en el volumen molar (Machel y Mounthoy, 1986). Pero es importante
señalar que al ser este un proceso diagenético abierto, es posible que se produzca con la misma
facilidad una excesiva disolución del carbonato precursor o una excesiva precipitación de
cemento de dolomita (Purser et. al., 1994). A pesar de esto, la porosidad intercristalina y algunos
tipos de porosidad móldica son evidencias de la creación de porosidad durante la dolomitización.
Machel (2004) reconoció seis procesos que parecen ser responsables de esta distribución y
evolución de la porosidad en las dolomitas, estos son: (1) el reemplazo mol a mol; (2) la
disolución de la calcita no reemplazada (la solución se encuentra subsaturada con respecto a
calcita luego de que se ha agotado todo el Mg en exceso); (3) disolución de dolomita (sin
acidificación controlada externamente); (4) acidificación del agua de los poros (por
descarboxilación, diagénesis de minerales de arcilla, entre otros); (5) mezcla de fluidos; y (6)
reducción termoquímica de sulfatos.
La evolución de la porosidad en las dolomitas tiende a complicarse aún más con el hecho de que
este es un mineral complejo, de composición variable (variables reacciones estequiométricas), lo
que hace que la porosidad evolucione de forma diferente en cada tipo de dolomita: algunas
pueden disolverse para generar nueva porosidad, mientras otras pudieran recristalizar y promover
la pérdida de esta, e inclusive otras pudieran conservarla.
Finalmente, y a pesar de la poca documentación a respecto, es aceptado que existe una relación
entre la profundidad y la evolución de la porosidad tanto en las calizas como en las dolomitas.
Los estudios de Schmoker y Halley (1982) (citados por Purser et. al., 1994) en los carbonatos
Terciarios del sureste de Florida así lo confirman, indicando que la porosidad decrece con la
profundidad. Adicionalmente, Sus análisis comparativos de la evolución en las calizas y las
dolomitas muestran que la porosidad es inicialmente menor en las dolomitas (a poca
profundidad), pero la taza de perdida de porosidad con la profundidad es mayor en las calizas.
De esta forma, a profundidades mayores a 2000 metros las dolomitas tienen porosidades
promedios mayores que las calizas respectivas. La misma preservación selectiva de la porosidad
en las dolomitas ocurre en las cuencas afectadas por altos niveles de deformación estructural.
Esto parece ser causado, al menos en parte, por el mayor grado de estilolitización de las calizas,
las cuales poseen una mayor presión-disolución que las dolomitas a unas condiciones dadas de
esfuerzos litostático y tectónico (Amthor et. al., 1994 y Purser et. al., 1994). Esto implica que, al
menos para las dolomitas soterradas a grandes profundidades, la porosidad no es solo una
cuestión de creación de nuevos espacios porosos, sino de la preservación selectiva de estos.
Siendo así, las dolomitas son posiblemente los únicos carbonatos con propiedades potenciales de
reservorio en condiciones de soterramiento profundo, o de grandes esfuerzos tectónicos (Purser
et. al., 1994).
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