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Procesos de Dolomitización en Petrología

Este documento trata sobre los procesos, mecanismos y modelos de formación de dolomitas a través del proceso de dolomitización. Explica conceptos básicos como dolomitización, dolomita ideal y protodolomita. Analiza consideraciones químicas, termodinámicas y cinéticas para la formación de dolomitas, así como diferentes ambientes y modelos asociados a dolomitización en ambientes someros e hipersalinos, y dolomitización subterránea. Finalmente, discute cómo la dolomitización puede promover gan

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Procesos de Dolomitización en Petrología

Este documento trata sobre los procesos, mecanismos y modelos de formación de dolomitas a través del proceso de dolomitización. Explica conceptos básicos como dolomitización, dolomita ideal y protodolomita. Analiza consideraciones químicas, termodinámicas y cinéticas para la formación de dolomitas, así como diferentes ambientes y modelos asociados a dolomitización en ambientes someros e hipersalinos, y dolomitización subterránea. Finalmente, discute cómo la dolomitización puede promover gan

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Universidad Central de Venezuela

Facultad de Ingeniería
Departamento de Postgrados
Petrología Sedimentaria

Dolomitización:
Procesos, Mecanismos y Modelos de Formación

Elaborado por:
Ingeniero Ernesto José Vieira.

Caracas, Julio de 2018.


Universidad Central de Venezuela
Departamento de Postgrado

Índice General
1. Introducción y términos básicos...............................................................................................2
2. Consideraciones químicas y de balance de masa en la formación de dolomitas......................3
3. Consideraciones termodinámicas y cinéticas para la formación de dolomitas........................4
4. Ambientes y modelos de dolomitización.................................................................................8
4.1. Modelos asociados a ambientes hiposalinos y de mezcla.................................................8
4.1.1 Modelo de Dorag.............................................................................................................8
4.2. Modelos de dolomitización asociados a ambientes hipersalinos......................................9
4.2.1 Modelo de reflujo..........................................................................................................10
4.2.2 Modelo de sabkha..........................................................................................................11
4.3. Dolomitización por agua marina.....................................................................................12
4.4. Modelos de dolomitización asociados a soterramiento intermedio a profundo
(dolomitización subterránea)......................................................................................................13
4.4.1 Dolomitización por compactación.................................................................................14
4.4.2 Dolomitización por convección termal.........................................................................15
4.4.3 Dolomitización por flujo topográfico............................................................................17
4.4.4 Dolomitización por tectónica (“escurrimiento”)...........................................................18
4.5. Dolomitización penecontemporánea (modelo microbiano/orgánico).............................18
5. Dolomitización como proceso generador o destructor de la porosidad.................................20
6. Bibliografía.............................................................................................................................22

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1. Introducción y términos básicos


La roca dolomita ha atraído la atención de la comunidad científica desde el mismo momento en
que fue descrita hace más de 200 años por el científico francés Déodat de Dolomieu. El término
“dolomita”, empleado para referirse a esta, fue introducido por primera vez por Shrock (1948) y
corresponde a una roca que tiene una composición de más del 75% de mineral de dolomita.
Desde el punto de vista mineralógico, una dolomita “ideal” y “bien ordenada” cosiste en capas
alternadas de Ca2+-CO32--Mg2+-CO32--Ca2+ perpendiculares al eje cristalográfico c (Machel, 2004).
Estas deben ser diferenciadas de las “menos ideales” y “ordenadas” denominadas comúnmente
“protodolomitas”, las cuales tienen entre 55 y 60 % de Ca, presentan una estructura pobremente
desarrollada, y comúnmente son un precursor metaestable de las anteriores (Machel, 2004).
Existen dos mecanismos comunes para la formación de dolomitas, lo que se conoce como
dolomitización, que es el reemplazo de CaCO3 por CaMg(CO3)2, y la cementación de dolomitas
(precipitación). En este punto es importante señalar que el reemplazo no debe ser confundido con
neomorfismo, ya que en el primero el mineral de carbonato es substituido por un mineral de
composición diferente.
La formación de dolomitas, de acuerdo al conocimiento que se tiene en la actualidad, es
favorecido químicamente, termodinámicamente, y cinéticamente por una baja relación de
Ca2+/Mg2+ y de Ca2+/CO32-, altas temperaturas, salinidades sustancialmente más bajas o más altas
que el agua marina, y donde los fluidos liberen CO 2 (Machel y Mounthoy 1986; Machel 2004;
Carpenter, 1980; Usdowski, 1994; y Arvidson y Mackenzie, 1999). Adicionalmente, la
formación de grandes cantidades de dolomitas requiere de advención (el transporte de fluidos al
interior de la roca), ya que el Mg necesario para este proceso debe ser importado al lugar de la
reacción. Por otro lado, pequeñas cantidades de dolomitas pueden formarse sin advención, en
cuyo caso el Mg necesario es generado localmente y redistribuido (Machel, 2004).
Genéticamente todas las dolomitas pueden ser agrupadas en dos grandes familias:
penecontemporáneas y post-depositacionales. Las primeras, (también denominadas
sinsedimentarias o de diagénesis temprana) se forman mientras el sedimento de carbonato se
encuentra todavía en el ambiente original de depositación, y como resultado de las condiciones
geoquímicas de éste. Las dolomitas post-depositacionales, también llamadas post-sedimentarias
o de diagénesis tardía, se forman luego de que el sedimento ha sido depositado y removido de la
zona activa de sedimentación (Machel, 2004).
Otro aspecto fundamental relacionado con la dolomitización y la formación de dolomitas, y que
será abordado de manera más extensa en el presente documento, es la gran cantidad de modelos
que existen para explicar su origen. En este sentido, los modelos de dolomitización de ambientes
diagenéticos someros o cercanos a la superficie se definen en base a la química de las aguas. Por
otro lado, en ambientes diagenéticos de soterramiento profundo estos se basan en la hidrología
de los fluidos que intervienen en el proceso (Whitaker et. al., 2004; Machel y Mounthoy 1986; y
Machel, 2004). En la actualidad es aceptado que la mayoría de los cuerpos dolomíticos masivos

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formados por reemplazamiento son post-depositacionales, y se han producido durante algún


grado de soterramiento, de allí la gran cantidad de modelos que tratan de explicar el mecanismo
de flujo mediante el cual los reaccionantes y los productos son transportados desde y hacia el
sitio de la dolomitización.
Finalmente, en el siguiente documento se abordará el tema de la porosidad desde el punto de
vista de cómo el proceso de dolomitización puede promover la pérdida o ganancia de esta, y bajo
qué condiciones se puede producir cada caso. También se analizaran los mecanismos que
intervienen en la evolución de la porosidad en las dolomitas, y las causas por las cuales
comúnmente se consideran más porosas que las calizas.

2. Consideraciones químicas y de balance de masa en la formación de dolomitas


Uno de los parámetros que intervienen en la cantidad de dolomita que se puede formar en un
ambiente diagenético determinado, es la estequiometria de la reacción involucrada (Machel,
2004). Existen numerosas reacciones estequiométricas que han sido invocadas para explicar este
proceso. Entre las más utilizadas se encuentra aquella que expresa el remplazo del Ca 2+ por Mg2+,
de forma que el calcio es exportado del sitio de la reacción, mientras que el magnesio es
importado a este (ecuación 1). La razón por la cual esta reacción ha sido tan usada es porque el
volumen molar de dos moles de calcita (o aragonito) es 13% mayor (8% en el caso del aragonito)
que el volumen molar de un mol de dolomita (Machel y Mounthoy, 1986). De esta forma, la
ecuación 1 parece explicar con rigurosidad química la razón por la cual muchas dolomitas son
más porosas que las calizas. Sin embargo, como es lógico pensar, la generación de esta porosidad
solo ocurrirá si no se producen dos condiciones: (1) la precipitación de dolomita adicional
producto de la intervención de una fuente externa de carbonato, y (2) la subsecuente
compactación luego del remplazo del calcio por el magnesio. Si la primera condición se produce,
(precipitación de dolomita por el aporte de una fuente de carbonato) entonces la dolomita
adicional se generará a través de la reacción estequiométrica dada por la ecuación 2
(cementación dolomítica). Otra importante reacción de balance de masa que ha sido utilizada
para representar la formación dolomitas en ambientes naturales, es aquella en la cual no se
produce calcio extra (Ca2+), como se observa en la ecuación 3.
2+ ¿(ac )¿
2+¿(a c) produce CaMg ( CO3 )2( s ) +Ca ¿
2 CaCO 3 ( s ) + Mg → (Ecuación 1)
2−¿ (ac) produce CaMg CO (s )¿
( 3 )2

(Ecuación 2)

2+¿( ac) +2 CO 3 ¿
2+¿(ac)+ Mg
Ca ¿

2−¿ ( ac ) produce CaMg ( CO3 )2 ( s )¿


2+ ¿ ( ac ) + CO 3 ¿
(Ecuación 3)

CaCO 3 ( s )+ Mg

(Donde s = sólido y ac = acuoso)

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Machel y Mounthoy (1986) discuten muchas otras reacciones que satisfacen la química asociada
a la formación de dolomitas, así como las condiciones bajo las cuales se justifica el uso de cada
una. En particular, los autores establecen que las ecuaciones (1) y (3) son miembros extremos de
todo un rango de posibles reacciones estequiométricas que se pueden producir a partir de la
siguiente ecuación:
2+¿ (ac) ¿
2−¿ (ac ) produce CaMg (CO3 ) 2 (s )+ (1−x )Ca ¿

( 2−x ) CaCO 3 ( s ) + Mg 2+¿ (ac )+ xC O (Ecuación 4)



3 ¿

La ecuación 4 parece ser una alternativa razonable para representar la dolomitización natural
bajo una gran variedad de condiciones por las siguientes razones: (1) permite ser ajustada para la
preservación, ganancia o pérdida de volumen durante el proceso de reemplazo, (2) incluye CO32-
en la reacción, lo que favorece el equilibrio termodinámico, ya que ni la calcita ni la dolomita
pueden ser estables en una solución acuosa si no hay carbonato disuelto en el sistema (Machel y
Mounthoy, 1986), y (3) la mayoría de las otras ecuaciones empleadas para representar la
dolomitización se derivan de la ecuación 4. Por ejemplo, la ecuación 3 se produce al sustituir x =
1 en la ecuación 4. En ese caso la reacción involucra un aumento en el volumen molar de 88%
por el reemplazo de calcita (75% para aragonito), y por tanto una considerable perdida de la
porosidad. De esta forma, la ecuación 3 es una representación razonable de dolomita que se
presenta solo como cemento (Machel y Mounthoy, 1986). Por otro lado, el caso x = 0 implica
que la ecuación 4 se reduce a la ecuación 1, que como fue mencionado anteriormente y bajo
ciertas condiciones, involucra un aumento del 13% en la porosidad (8% para aragonito).
Finalmente, para un valor x = 0.25 (0.11 en el caso de aragonito) la reacción 4 corresponde al
caso en el cual que no se produce ni ganancia ni perdida de volumen, y por tanto pudiera
representar aquellos procesos de dolomitización que resultan en una buena preservación de la
fábrica original sin perdida ni ganancia de porosidad.

3. Consideraciones termodinámicas y cinéticas para la formación de dolomitas


Las condiciones químicas para la formación de dolomita han sido investigadas desde que el
mineral y la roca fueron definidos. Desde entonces, numerosos experimentos se han realizado en
este sentido, y como resultado gran parte de los aspectos termodinámicos para su formación han
sido estudiados y se conocen bastante bien.
Arvidson y Mackenzie (1999) realizaron una serie de experimentos con el propósito de medir la
tasa de precipitación de cristales de dolomita bajo diferentes condiciones de temperatura y
saturación. Los resultados demostraron que, bajo las condiciones experimentales impuestas, es
posible lograr la precipitación de dolomita (en este caso, y de acuerdo a la composición química
y a la solubilidad, protodolomita), y que la tasa de precipitación depende fuertemente de la
temperatura y de la composición de la solución. De forma que pequeños incrementos en la
temperatura pueden provocar incrementos grandes en la tasa de precipitación de dolomita
relativo a calcita (Arvidson y Mackenzie 1999).

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Por su parte Usdowski (1994) logró sintetizar dolomita y magnesita a 60 y a 90 ºC mediante la


reacción de CaCO3 con soluciones saturadas de CaCl2-MgCl2, por periodos de 7 años. Su trabajo
permitió demostrar que el campo de la formación de la dolomita coincide con relaciones de
Ca2+/Mg2+ que se encuentran en la mayoría de las soluciones subterráneas a 120ºC. Lo que
implica que existe alta probabilidad de que se produzcan procesos de dolomitización luego del
soterramiento (Usdowski 1994). De igual forma, según sus resultados la temperatura más
frecuente para la dolomitización por soterramiento se encentra entre 80 y 90ºC. Al igual que
muchos experimentos anteriores y posteriores a los de Usdowski (1994), no fue posible sintetizar
dolomitas a temperatura ambiente, ya que a bajas temperaturas la formación de dolomita (y
magnetita) a partir de su precursor CaCO3 requiere una considerable cantidad de tiempo, y una
gran fuerza iónica (Usdowski 1994). Por ejemplo, para forma dolomitas a 30ºC se requiere un
periodo de 600 años, y durante este tiempo las condiciones geoquímicas favorables para su
formación deben mantenerse.
Por otro lado, Machel y Mounthoy (1986) analizaron varias reacciones estequiométricas con el
propósito de determinar la más adecuada para representar el equilibrio termodinámico del
sistema dolomita/calcita. En este caso, si se aplica la condición de equilibrio termodinámico de
energía libre para reacción 4, el límite dolomita/calcita debe ser graficado en un diagrama de tres
ejes (trivariado) que contiene los siguientes elementos: el consiente de la actividad Ca2+/Mg2+, la
temperatura (T) y el cociente de la actividad Ca2+/CO32-. Como se observa en la figura 1, para
esta condición los límites de equilibrio son representados por un plano, y dependen de la
actividad de CO32-. Sobre la base de este gráfico trivariado de estabilidad termodinámica, es
posible inferir que existen tres procesos mediante los cuales una solución es desplazada hacia el
campo de dolomitización: (1) una disminución en la razón de la actividad Ca2+/Mg2+, (2) una
disminución en la razón de actividad Ca2+/CO32-, y (3) un aumento en la temperatura (Machel y
Mounthoy, 1986).

Figura 2. Diagrama trivariado de estabilidad termodinámica para el sistema calcita-dolomita-agua. Los corchetes
denotan actividad. Modificado de (Machel y Mounthoy, 1986).

En cuanto a los factores cinéticos, es decir los catalizadores e inhibidores que intervienen en la
formación de dolomitas, estos continúan siendo fuente de controversia aun en la actualidad. En

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este sentido, Machel y Mounthoy (1986) presentan un resumen de los principales factores
cinéticos que ha sido identificado, y que tienen influencia en la nucleación y/o precipitación de
dolomitas bien ordenadas, por debajo de 100ºC. A continuación se nombran brevemente los más
importantes:
1. Las dolomitas están formadas por capas de cationes ocupadas de forma alternada por un
Ca+2 o un Mg+2. Además, existe una gran variedad de “protodolomitas” desordenadas en
las cuales los cationes se encuentra de forma aleatoria (Usdowski 1994). La rápida
cristalización de soluciones supersaturadas (por ejemplo salinas) impide la segregación
de los iones de Ca+2 y Mg+2 en sus respectivas capas, debido a que la adherencia a las
capas equivocadas es más probable.
2. La gran diferencia entre la energía de hidratación (aproximadamente 20% mayor para el
Mg+2 que para el Ca+2), reduce las posibilidades de deshidratación del Mg+2, a favor de
las fases ricas en minerales de Ca+2.
3. La baja actividad del CO32- en la mayoría de las soluciones naturales inhibe la
precipitación de los carbonatos ricos en Mg, porque sólo algunos iones de carbonato
tienen la suficiente energía cinética para penetrar la barrera de hidratación, debido al
Mg2+ hidratado en la superficie de los cristales.
4. La disolución de las soluciones disminuye la tasa de formación de las dolomitas, porque
les tomas más tiempo a los pocos iones presentes desplazarse al sitio de la reacción (Esto
también se puede expresar como un menor grado de supersaturación).
Es importante señalar, como bien lo explica Machel y Mounthoy (1986), que estos factores
descritos anteriormente interactúan entre ellos y, en parte se contrarrestan, lo que implica que un
mismo factor puede producir efectos contrarios. Por ejemplo, de acuerdo al punto 1 una
disminución de la salinidad favorecería cinéticamente la formación de dolomita. Sin embargo,
esto tiene un efecto contrario de acuerdo al punto 4.
Por otro lado, se sabe de experimentos realizados (Usdowski 1994, Arvidson y Mackenzie 1999)
que la mayoría de los inhibidores que disminuyen la tasa de nucleación y el crecimiento de la
dolomita son especialmente potentes a temperaturas inferiores a 50ºC. De donde se desprende de
forma directa que la formación de dolomita se facilitada a altas temperaturas (Machel 1994). En
partícula Usdowski (1994) demostró mediante una serie de experimentos que por debajo de 60ºC
la formación de dolomita se compromete de manera importante.
Otro punto que es motivo de gran controversia es el efecto del sulfato como catalizador o
inhibidor en los procesos de dolomitización. Baker y Kastner (1981) (citado por Machel, 1994)
sugieren mediante una serie de experimentos hidrotermales que el sulfato disuelto inhibe la
formación de dolomita, y que al disminuir la concentración de éste se incrementa la tasa de
formación de dolomita. Por otro lado, Morrow y Rickets (1986) y Morrow y Abercrombie (1994)
(citados por Machel, 1994) mostraron que la cantidad de sulfato disuelto no tiene influencia en la
tasa de dolomitización a temperaturas relativamente bajas (< 80ºC). No obstante, también

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demostraron que el sulfato disuelto parece reducir la formación de dolomita a temperaturas


relativamente altas (100-200 ºC), pero solo de forma indirecta (el grado de calcita subsaturada
correlaciona de forma inversa con la concentración de sulfato, lo que se traduce en tasas de
disolución de calcita mayores y esto incrementa la tasa de formación de dolomita).
Adicionalmente, Brandy et. al., (1996) (citado por Machel, 2004) sugiere, sobre la base de datos
experimentales, que una forma para el crecimiento de dolomita es a través de la absorción de
complejos de sulfato de Mg, de esta forma el sulfato promovería la formación de dolomita. La
discusión anterior indica que la generalización del rol del sulfato como inhibidor de la
dolomitización ha sido significativamente sobrevalorada, y que debe ser reconsiderada sobre la
base de las evidencias.
Por su parte, Morrow (1982) (citado por Machel y Mounthoy 1986) generó un diagrama
trivariado de estabilidad cinética, en base a los factores que son más importantes en la formación
de dolomitas (figura 2). Estos factores corresponden a los puntos 1, 2 y 3 de la lista presentada
por Machel y Mounthoy (1986).
Finalmente, en base al conocimiento que se tiene se cree que la formación de dolomita es
favorecido químicamente, termodinámicamente (figura 1) y cinéticamente (figura 2) bajo las
siguientes condiciones: (1) baja relación Ca2+/Mg2+; (2) baja relación Ca2+/CO32-; (3) altas
temperaturas; (4) salinidades sustancialmente más abajas o más altas que el agua marina, y (5)
donde los fluidos liberan CO2 (Machel y Mounthoy 1986; Machel 2004; Carpenter, 1980;
Usdowski, 1994; y Arvidson y Mackenzie, 1999).

Figura 2. Diagrama trivariado de estabilidad cinética para el sistema calcita-dolomita-agua. Las tasas iónicas son
tasas molares. El agua marina se encuentra justo sobre el campo de la calcita. El límite de la parte punteada en el
gráfico se inclina hacia valores más altos de relación Ca/Mg y salinidades superiores a 35%. Modificado de Machel
y Mounthoy (1986).

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4. Ambientes y modelos de dolomitización


4.1. Modelos asociados a ambientes hiposalinos y de mezcla.
Los ambientes hiposalinos son aquellos que presentan salinidades por debajo del agua marina
normal (35-36 g/l). Estos ambientes incluyen: zonas de mezcla de agua dulce y marina costeras e
internas, marismas, ríos, lagos y cavernas. En estos se han encontrado dolomitas post-
depositacionales, pero sólo en pequeñas cantidades y comúnmente como cemento. Los
ambientes hiposalinos normalmente se presentan asociados a escenarios diagenéticos cercanos a
la superficie o de soterramiento superficial, a profundidades menores de entre 600-1000 m
(Machel, 1994).

4.1.1 Modelo de Dorag


Unos de los modelos más populares usado para explicar la formación de dolomitas en ambientes
hiposalinos, es aquel en el cual la dolomitización es producida por aguas salobres en la zona de
mezcla de agua dulce y agua de mar. Este modelo, también conocido como “modelo de Dorag”,
fue introducido por Badiozamini (1973) con el propósito de explicar el origen de ciertas
dolomitas asociadas a elementos positivos o plataformas epicontinentales sin el requerimiento de
evaporación, o grandes valores de Mg2+/Ca2+. En particular, Badiozamini (1973) lo empleó para
explicar las facies dolomíticas de la serie del Ordovícico Medio, en el sureste de Wisconsin.
El modelo de Dorag se basa en la interacción entre un lente de agua dulce (poco contenido de
Mg2+) con masas de aguas intersticiales saladas (principal fuente de Mg2+). La solución que se
produce con una mezcla de hasta 30% de agua marina es subsaturada con respecto a calcita,
mientras que la saturación con respecto a dolomita se incrementa continuamente. De esta forma,
en el rango entre 5 a 30 % de agua marina, de acuerdo a este modelo, la calcita puede ser
reemplazada por dolomita (Badiozamini, 1973). Desde el punto de vista químico la esencia de
este modelo está representado en la figura 3. En su experimento Badiozamini (1973) analizó
siete aguas subterráneas de la Península de Yucatán (México) para determinar el efecto
producido por la mezcla de aguas meteóricas con aguas marinas, en el grado de saturación de
calcita y dolomita. Como se observa en la figura 3, el agua subterránea pura (0% agua marina) se
encuentra subsaturada con respecto a calcita y a dolomita. Al incrementar la salinidad el grado de
saturación aumenta (eje vertical en la figura 3) y cualquier mezcla con más de 5% de agua
marina se encontrará supersaturada con dolomita, hasta 50% de agua marina en donde la mezcla
estará supersaturada tanto para calcita como para dolomita. En este punto es importante destacar
que en el artículo original el autor establece como límite superior para la dolomitización 30% de
agua marina, lo que contradice a la figura 3 en donde se observa 50% (flecha derecha).

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Figura 3. Efecto de la mezcla de aguas subterráneas de Yucatán con agua marina en el grado de saturación de calcita
y dolomita. Eje vertical: índice de saturación (SI), con la saturación indicada por la línea horizontal; eje horizontal:
salinidad. La dolomitización ocurre cuando la mezcla se encuentra supersaturada con respecto a dolomita, pero
subsaturada con respecto a calcita (entre las flechas). Modificado de Badiozamani (1973).

El modelo de Dorag ha sido invocado por muchos años para explicar la dolomitización
observada en extensas plataformas carbonáticas de varios de cientos a miles de kilómetros
cuadrados. Sin embargo, muchos autores (Carpenter, 1976; Machel y Mounthoy, 1986)
consideran que el modelo de mezcla está sobrevalorado en relación a su capacidad para la
formación de dolomitas. Por ejemplo Carpenter (1976), basado en el cambio de energía libre de
la reacción para varios estados de saturación concluye lo opuesto a Badiozamini (1973). Según
éste, la zona de mezcla de aguas subterráneas y marinas generalmente actúa inhibiendo la
formación de dolomitas. Por otro lado, Machel y Mounthoy (1986) plantean que las curvas
presentadas por Badiozamini (1973) (figura 3) son el resultado de cálculos puramente
termodinámicos, y que por consiguiente no tienen implicaciones cinéticas de ningún tipo. En este
sentido, la dolomitización no es favorecida por una disminución en la salinidad, ya que el cambio
de energía libre de la reacción (G) se incrementa a medida que decrece el grado de saturación
(SI), de acuerdo a la relación (SI=G/C; C=constante), o lo que es equivalente, el mecanismo
termodinámico para la formación de dolomitas aumenta con un aumento de la salinidad (Machel
y Mounthoy, 1986).
Finalmente, muchos de los detractores del modelo de Dorag se basan en el hecho de que no
existe en ninguna parte en el mundo, carbonatos ni recientes ni antiguos que hayan sido
dolomitizados de manera extensa en una zona de mezcla de agua dulce-marina. Además, hay
muchas evidencias que parecen indicar que la dolomitización masiva en las zonas de mezcla es
poco probable.

4.2. Modelos de dolomitización asociados a ambientes hipersalinos


Los ambientes hipersalinos son aquello que presentan salinidades mayores a las del agua marina
normal, y generalmente, aunque no de forma exclusiva, se encuentran asociados a latitudes

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menores a los 30º. Estos ambientes, definidos de la forma anterior, también incluyen los
mesosalinos, que son aquellos que tienen salinidades intermedias, es decir entre la salinidad
normal del agua de mar (35-36 g/l) y la correspondiente a la saturación de yeso (120 g/l). En
estos casos las dolomitización se produce en las aguas con alta salinidad relativa, la cual es
controlada por la evaporación en zonas cercanas a la superficie, y en ambientes diagenéticos de
soterramiento somero. (Machel, 2004).

4.2.1 Modelo de reflujo


Este modelo fue propuesto originalmente por Adams y Rhodes (1960) para explicar la gran
cantidad de ejemplos antiguos de dolomitas asociadas a rocas evaporíticas. En particular, los
autores lo aplicaron en las extensas capas estratiformes de la cuenca Pérmica del Oeste de Texas
y Nuevo México, en Estados Unidos. La conclusión a la que llegaron sobre la base de sus
observaciones es que la presencia de lagunas restringidas formadas detrás de una barrera (por
ejemplo un arrecife) en plataformas carbonáticas con comunicación eventual con el océano
abierto, es esencial para la formación de extensas zonas de dolomitas (Adams y Rhodes, 1960).
En estas plataformas se produce un aumento de la salinidad y de la densidad del agua producto
de la evaporación, la cual al ser más pesada (densa) migra a las depresiones más cercanas del
fondo de la laguna, se acumula, y fluyen hacia abajo en busca de un aliviadero natural. Estos
“reflujos” de salmueras hipersalinas al encontrar zonas ligeramente más permeables, se filtran y
desplazan el agua connata (menos densa) de los sedimentos del fondo, lo que produce la
dolomitización de las rocas carbonáticas química y físicamente inestables que van atravesando
(Adams y Rhodes, 1960).
En sus estudios Adams y Rhodes (1960) encontraron ciertas “huellas” de reflujo dejadas por el
paso de estas soluciones hipersalinas a través de las calizas Pérmicas de Texas. Estas pueden ser
utilizadas como evidencias para soportar este modelo de dolomitización, y a la hora determinar si
es aplicable en otros casos, entre estas se encuentran: (1) inclusiones de anhidrita; (2) la
presencia de dolomitas con inclusiones de halita y anhidrita; (3) la abundancia de soluciones
hipersalinas atrapadas en carbonatos pre-evaporíticos y evaporíticos; y (4) en el caso de las
calizas Pérmicas de Texas, las grandes secciones espesas de dolomitas sub-lagunares.
Por otro lado, el uso de modelos numéricos basados en ecuaciones matemáticas de flujo
(Reactive Transport Models o RTM) ha sido de gran utilidad para describir los procesos
geoquímicos involucrados en la interacción roca-fluido asociados a la dolomitización por reflujo.
Estas simulaciones han demostrado, entre otras cosas, el efecto significativo que tienen las
heterogeneidades en las porosidades y permeabilidades iniciales presentes en el sedimento
precursor, sobre los patrones de dolomitización resultantes. Además, han permitido entender la
asociación compleja que existe entre la cementación de anhidrita y la distribución de las capas de
dolomitas (Xiao, et. al., 2013). Por otro lado, las simulaciones numéricas realizadas por Jones et.
al., (2002) (citado por Machel, 2004) mostraron la penetración de “flujos activos” mesosalinos a

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profundidades que no había sido anticipadas por el modelo de Adams y Rhodes (1960). También
permitieron reconocer la presencia de un tipo de flujo hasta ahora desconocido al que
denominaron “flujo latente”, el cual actúa luego de que cesa la generación de aguas hipersalinas
en el tope de la plataforma y ésta se encuentra cubierta con agua de salinidad normal.
El modelo de reflujo se ha convertido en uno de los más populares y duraderos, y ha sido
invocado en muchas oportunidades para explicar la dolomitización de plataformas carbonáticas
enteras. Sin embargo, trabajos como los de Jones et. al., (2003) y Xiao, et. al., (2013)
demostraron que la dolomitización por reflujo solo es capaz de generar patrones complejos de
capas discretas de dolomitas (“dedos de dolomitas”) alternadas con capas no dolomitizadas de
calizas. Además, para dolomitizar una plataforma carbonática completa es necesario la presencia
de altas permeabilidades, y que no existan capas impermeables (como lutitas o evaporitas) que
impidan que las condiciones de reflujo persistan por periodos de tiempo suficientemente
prologados. Finalmente, es poco probable que se produzcan en la naturaleza estados de reflujo
constantes, ya que esto dependen de factores que actúan en escalas de tiempo pequeña tales
como: el clima, el nivel del mar, y la geomorfología, que modifican las condiciones de salinidad
y por ende de reflujo en el tope de la plataforma (Xiao, et. al., 2013).

4.2.2 Modelo de sabkha


El modelo de dolomitización de los sabkha se encuentra hidrológica e hidroquímicamente
relacionado con el modelo de reflujo. Sin embargo, representa un ambiente de sedimentación con
características diferentes a las que fueron invocadas inicialmente por Adams y Rhodes (1960).
Un sabkha es una superficie costera muy plana de deflexión por viento, con una pendiente que
buza suavemente en dirección hacia el mar. Generalmente consiste en una zona que da hacia el
mar (sabkha “marina”) que presenta sedimentos marinos, y grada a una zona de sabkha
“continental”, más allá del mayor nivel del mar, donde solo se depositan sedimentos
continentales (MacKenzie et. al., 1980) (figura 4).
Uno de los casos más estudiados de dolomitización en este tipo de ambiente corresponde a los
sabkhas de las costas de Abu Dhabi (MacKenzie et. al., 1980). En estas el Mg necesario para la
dolomitización es proporcionado de forma sinsedimentaria por el agua de mar, la cual es
propulsada periódicamente a la zona supramareal baja y a lo largo de canales de marea
remanentes por fuertes vientos. En este caso, el agua que ingresa presenta salinidades de agua
marina normal (hasta aproximadamente 38 g/l), pero se vuelve significativamente más salina
(más allá del nivel de saturación del yeso) en las llanuras supramareales producto de la
evaporación, lo que genera un incremento en la densidad y el subsecuente reflujo (Machel,
2004).
El tipo de sedimento más común dolomitizado en los sabkhas es lodo de aragonito, pero
secciones algales y arenosas estratigráficamente equivalentes, pueden estar afectadas de igual

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forma. La dolomita se forma como cemento y el aragonito es remplazado, pero la litificación no


ocurre, u ocurre solo de forma parcial. La zona dolomítica más marina del sabkha contiene yeso
discoidal, mientras que la zona más terrestre presentan diferentes tipos de yeso y anhidrita por
encima y entre las partes dolomitizadas de la sección (MacKenzie et. al., 1980). En los sabkhas
los fluidos con potencial de dolomitización (baja relación Ca2+/Mg2+) se presenta en una franja
angosta de entre 1 y 1.5 kilómetros cercana a la línea de costa (figura 4), y los cristales de
dolomita (protodolomita) se forman en los primeros metros de los sedimentos de la zona
intermareal y supramareal inferior (entre 1 a 1.5 metros), y preferiblemente donde prevalecen
condiciones reductoras (MacKenzie et. al., 1980).
Es importante destacar que para que se pueda desarrollar una secuencia de sabkha como la de la
costa de Abu Dhabi, es necesario que se establezca y mantenga una muy delicada interrelación
entre parámetros climáticos, fisiográficos, hidrológicos y sedimentológicos, y aun bajo estas
condiciones favorables, sólo una delgada zona cercana a la línea de costa será capaz de forma
dolomitas. Por esta razón, los sabkhas típicamente no producen o solo producen pequeñas
cantidades de cristales finos de protodolomita (Machel y Mounthoy, 1986).

Figura 4. Características topográficas e hidrológicas principales del sabkha de Abu Dahbi. El nivel agua subterránea
(Groundwater Table = GWT) buza de manera suave y se hace menos profundo en dirección hacia el mar. Las aguas
hipersalinas subterráneas fluyen por debajo de la laguna (reflujo). La dolomitización ocurre en una delgada franja
intermareal o supramareal (aproximadamente de 1 km) afectada por la inundación (zona D). Modificado de
MacKenzie et. al., (1980).

4.3. Dolomitización por agua marina


La dolomitización por agua marina se refiere a un grupo de modelos que tienen como
denominador común el agua marina como principal fluido dolomitizador, y que difieren en la
hidrología, la profundidad y/o la sincronización en la que esta ocurre. Todas las dolomitas en
este grupo son post-depositacionales, y el marco diagenético varía en profundidad entre somero e
intermedio (Machel, 2004). A pesar de que inicialmente este tipo de dolomitización había sido

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desacredita, sugiriendo que no era posible forma dolomitas a partir de agua marina normal
debido a los inhibidores cinéticos (Machel, 2004), en la actualidad existen evidencias que
siguieren que no solo es posible, sino bastante probable en una gran cantidad de casos en los
cuales no existe evidencias de reflujos por evaporación o zonas de mezcla de agua marina y
subterráneas (Modelo de Dorag). Land (1985) (citado por Machel, 2004) reconoció que el agua
de mar es el fluido natural más común rico en Mg, y que solo es necesario que existan
mecanismos (hidrología) para que esta sea bombeada a través de los carbonatos luego de su
depositación a gran profundidad, de forma de reducir las barreras cinéticas.
Sass y Katz (1982) mostraron de manera convincente y basado en una extensa evidencia
experimental, que la dolomitización en ambientes submareales someros es bastante común. Su
investigación se basó en un análisis geoquímico y petrográfico detallado de una pequeña parte de
la secuencia dolomitizada Cretácica de las colinas de Judea en Israel. Específicamente los
autores se enfocaron en la parte inferior de la Formación Soreq, compuesta por alrededor de 130
metros de dolomitas bien estratificadas, intercaladas con lutitas y margas. Estos sedimentos
fueron depositados en una plataforma carbonática interna somera bordeada por una barrera
arrecifal. De sus estudios Sass y Katz (1982) concluyeron, luego de un análisis crítico en el cual
se descartó varios modelos clásicos de dolomitización (“ambientes hipersalinos” y “de mezcla”),
que la dolomitas estudiadas se formaron en una diagénesis muy temprana, bajo condiciones
submareales y a partir de soluciones que variaban en composición entre agua marina normal y
tres veces agua de mar evaporada (Sass y Katz, 1982). Otro caso que ha sido discutido dentro de
este contexto de dolomitización es la Formación San Andrés del Pérmico (Bein y Land, 1983)
(citado por Machel y Mounthoy, 1986). La cual también fue depositada en un ambiente
submareal somero, pero más hipersalino que la Formación Soreq. Las dolomitas Cenozoicas de
la plataforma de las Bahamas también son consideradas como dolomitización por agua marina.
En este caso, los datos petrofísicos y geoquímicos indican que aguas marinas normales y/o
ligeramente modificadas químicamente fueron el principal agente dolomitizador a profundidades
someras e intermedias (Machel, 2004).

4.4. Modelos de dolomitización asociados a soterramiento intermedio a profundo


(dolomitización subterránea).
Los ambientes de dolomitización subterráneos son aquellos que han sido removidos de la
sedimentación activa producto del soterramiento, y en donde la química de los fluidos presentes
en el espacio poroso no se encuentra gobernada (al menos no de forma exclusiva) por procesos
superficiales. Es decir, donde la interacción roca-agua ha modificado de forma significativa el
agua original contendida en los poros, o donde la química de los fluidos se encuentra dominada
por procesos diagenéticos subterráneos. Estos ambientes se presentan a profundidades de
soterramiento intermedio a profundo, y se caracterizan por presentar condiciones químicamente
reductoras (Machel, 2004). Existen tres características que pueden ser consideradas indicativas

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de dolomitización asociada a soterramiento profundo, estas son resumidas por Machel (2004) y
se nombran a continuación: (1) las dolomitas cortadas de forma trasversal por estilolitas sugiere
profundidades de al menos 600 m; (2) el desarrollo de texturas de cristales no planares, y
texturas gruesas planares se originan a temperaturas mayores a 60ºC; y (3) la formación de
dolomitas en textura de sandalias, sugiere temperaturas de formación superiores a 80ºC.
Todos los modelos de dolomitización subterránea son esencialmente hidrológicos. Es decir,
difieren básicamente en el mecanismo mediante el cual los fluidos son movidos dentro de las
rocas y en qué dirección esto ocurre. En este sentido, (Machel, 2004) reconoce los siguientes
tipos de flujos: (1) flujo por compactación; (2) convección termal; (3) flujo por topografía; y (3)
flujo producido tectónicamente. Considerando la gran cantidad de potenciales sub-ambientes
relacionados a estos tipos de flujos, no es de extrañar que tantas dolomitas hayan sido asociadas
a este tipo de dolomitización. De hecho algunos autores consideran a este tipo de dolomitización,
junto con la producida en ambientes submareales, como las más abundantes en la naturaleza
(Machel y Mounthoy, 1986).

4.4.1 Dolomitización por compactación


En este modelo el agua marina soterrada junto con los sedimentos es bombeada a través de las
rocas a varias decenas o centenas de metros producto de la compactación (Machel, 2004). Esto
ocurre ya que a medida que los sedimentos son soterrados y compactados se incrementa el
esfuerzo y por ende la presión de poro, lo que produce el movimiento de los fluidos hacia la
superficie, o lateralmente hacia los sedimentos que se compactan menos rápido (Whitaker et. al.,
2004). Desde sus inicios este modelo ha sido descartado como un mecanismo efectivo de
dolomitización por dos razones. En primer lugar, los fluidos de compactación son considerados
con poco contenido de Mg (Machel y Mounthoy, 1986), lo cual es fundamental para la
precipitación de dolomitas; y en segundo lugar, debido a las cantidades limitadas de fluidos que
se pueden mover por este mecanismo (Machel, 2004). Sin embargo, Illing (1959) y Jodry (1969)
propusieron modelos que se basan en dirigir grandes cantidades de agua proveniente de la
compactación a través de pequeños volúmenes de roca. El modelo propuesto por Jodry (1969)
sirvió para explicar la dolomitización asociada a un arrecife en la ciudad de Marine. En este caso,
si la compactación en la zona alrededor del arrecife es mayor que la compactación en el centro,
el fluido expelido será canalizado hacia y a través del arrecife. Para que el modelo funcione es
necesario la presencia de una capa impermeable por encima de la zona alrededor del arrecife
(figura 5). Modelos como los de Illing (1959) y Jodry (1969) son muy factibles, y deben ser
tomados en cuenta cuando existen evidencias de dolomitización subterránea (Machel y
Mounthoy, 1986).
Un ejemplo de este tipo de dolomitización es el complejo arrecifal Devónico de Miette (Mattes y
Mountjoy, 1980) (citado por Machel y Mounthoy, 1986). En éste un anillo de la parte delante del
arrecife, y la parte central se encuentran masivamente dolomitizados, y el grado de

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dolomitización disminuye hacia el interior del arrecife. De igual forma, Machel y Anderson
(1989) (citado por Machel, 2004) propusieron el modelo de compactación canalizada como una
de las dos alternativas viables para la dolomitización de un arrecife del Devónico Superior en
Alberta, Canadá.

Figura 5. Corte oeste-este a lo largo del arrecife de la ciudad de Marine. La dirección del flujo durante la
compactación es indicada por las flechas. Note que la capa de anhidrita por encima de la formación Niagaran actúa
como una capa impermeable. La dolomitización ocurre mayormente cerca de la base del arrecife. Modificado de
Jodry (1969).

4.4.2 Dolomitización por convección termal


El flujo por convección termal es provocado por variaciones espaciales en la temperatura, lo cual
genera cambios en la densidad del agua en el espacio poroso y por tanto empuje hidráulico
efectivo (Machel, 2004). Esto puede ser producto del contraste lateral entre los fluidos cálidos
del interior de una plataforma y el agua fría del océano que la rodea. De esta forma, las aguas
cálidas de la plataforma ascienden y descargan a poca profundidad con la entrada de aguas frías
en las zonas más profundas, como se observa en las figura 6 A y B (izquierda) (Whitaker et. al.,
2004). Este fenómeno fue reconocido por primera en el sur de Florida por Kohout et. al., (1977).
En este caso, el aumento de la temperatura en las aguas subterráneas del interior de la plataforma
reducen las barreras cinéticas para la nucleación y el crecimiento de las dolomitas, y también
disminuyen la relación Ca/Mg necesario para llevar los fluidos al campo de estabilidad de las
dolomitas (Hardie, 1987) (citado por Whitaker et. al., 2004). Por otro lado, las variaciones en la
temperatura también puede ser producto de un elevado flujo de calor en las cercanías de una
intrusión ígnea (Wilson et. al., 1990) (citado por Machel, 2004), o por variaciones en la
conductividad termal controladas por la litología (por ejemplo donde existen carbonatos
cubiertos por capas de evaporitas espesas).Según Raffensberger y Vlassopoulos (1999) la
convección termal se puede clasificar en: abierta, cerrada y mixta.
La convección termal abierta (o de media celda) fue estudiada por primera vez por Kohout et. al.,
(1977), y por esta razón se le conoce como “convección Kohout”. Este tipo de convección se
forma en plataformas carbonaticas que se encuentran abiertas lateralmente y en el tope, de forma

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que pueden recargar y descargar agua de mar. Se han realizado numerosas simulaciones
numéricas de este tipo de flujo. En particular, las más recientes han demostrado que los
principales parámetros que controlan los patrones de dolomitización son el número de Rayleigh
(el cociente entre la fuerza viscosa y boyante) y la anisotropía entre la permeabilidad horizontal y
vertical (KH:KV), los patrones predichos por este modelo se observan en la figura 6 (derecha)
(Wilson et. al., 1990) (citado por Whitaker et. al., 2004). Además, han permitido determinar que
la convección por Kohout es activa hasta una profundidad de entre 2-3 km, ya que por debajo de
esta profundidad la compactación ha reducido la porosidad y la permeabilidad a niveles
demasiado bajos como para sostener celdas de convección viables. Estas simulaciones también
han servido para descartar algunas asunciones comúnmente aceptadas acerca de la convección
termal, por ejemplo y de forma sorpréndete, la geometría de la plataforma y en nivel relativo del
mar parecen ser controles de segundo orden en la magnitud del flujo por convección (Whitaker
et. al., 2004).
Si existen las condiciones de permeabilidad adecuadas, la circulación termal puede continuar
operando después del soterramiento en una celda de convección cerrada (figura 6 C, lado
izquierdo). Sin embargo, estas celdas solo se pueden establecer (y ser capaces de dolomitizar) si
la secuencia carbonática es sustancialmente espesa (varios cientos de metros), altamente
permeable, y no se encuentra inter-estratificada con capas impermeables. Aún en las condiciones
anteriormente expuestas (las cuales son muy raras en cuencas sedimentarias típicas), la cantidad
de dolomita que se pueden formar es muy limitada, ya que una vez establecida la celda el sistema
no recibirá más Mg (Machel, 2004).
La limitación severa que supone el suministro restringido de Mg en las celdas de convección
termal cerradas, puede ser superada cuando algún flujo producido por un gradiente hidráulico
externo interactúa con ésta, a esto se le denomina flujo mixto (Raffensberger y Vlassopoulos
1999) (citado por Whitaker et. al., 2004 y Machel, 2004). De esta forma, el Mg puede ser
proporcionado al sistema continuamente, incrementando el potencial de dolomitización de la
celda.

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Figura 6. Izquierda: convección termal en una plataforma carbonática aislada: (A) sumergida con convección
abierta; (B) emergida con convección abierta; y (C) soterrada con convección cerrada. Modificado de Whitaker et.
al., (2004). Derecha: Convección geotermal y distribución predicha de dolomitas resultantes: (A) y (B) originadas
por un flujo geotermal normal, (A) con KV > KH y (B) con KV < KH; (C) y (D) con un flujo geotermal elevado, en
(D) el tope de la plataforma esta emergido. Modificado de Wilson et. al., (1990).

4.4.3 Dolomitización por flujo topográfico


El flujo por topografía se produce en todas la cuencas sedimentarias que han sido levantadas y se
encuentran expuestas a la recarga de aguas meteóricas, y puede ocurrir en escala de unas cuantas
decenas de kilómetros, y hasta de la cuenca completa (Garven, 1995) (citado por Machel, 2004).
La velocidad del flujo, profundidad, y distancia lateral dependen fundamentalmente del empuje
hidráulico (elevación del área de recarga) y la distribución de permeabilidad en el subsuelo
(Garven y Freeze, 1984) (Citado Machel y Mounthoy, 1986). Con el tiempo, el flujo por
topografía puede proporcionar enormes cantidades de fluidos a través del subsuelo y hacia la
cuenca. Por lo que es de suponer que a través de este mecanismo se pudieran llegar a formar
dolomitas masivas, pero siempre y cuando estos fluidos tengan el potencial químico para esto
(Machel y Mounthoy, 1986). Sin embargo, muchos investigadores consideran que este tipo de
flujo no es capaz de generar dolomitas de forma significativa, y la razón que esgrimen para esto
es la baja concentración de Mg que por lo general presentan las aguas meteóricas (Hardie, 1987)
(citado por Whitaker et. al., 2004). El agua meteórica también es capaz de desplazar fluidos más
ricos en Mg, como aguas salobres en cuencas de antepaís, o agua marina en plataformas activas
expuesta a la caída relativa del nivel del mar. Pero el volumen total de fluidos ricos en Mg
desplazado está limitado al que se encuentra almacenado. Por esta razón, no parece probable la
dolomitización extensiva por medio de este mecanismo, a menos que los fluidos involucrados
tengan un alto contenido de Mg (lo que no parece ser común) y/o estos sean considerablemente
canalizados a lo largo de caminos muy permeables (Whitaker et. al., 2004).

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Dentro de los ejemplos de este tipo de mecanismo se encuentra la dolomitización masiva y por
reemplazo de la Formación Bonneterre de edad Cámbrica, del sureste de Missouri (Gregg, 1985)
(citato por Machel y Mounthoy, 1986). Estas dolomitas forman un estrato de 6 metros de espesor
en promedio y se extienden en un área de más de 16600 km2. Basado en datos estratigráficos,
petrográficos y químicos se ha sugerido que esta formación se formó por fluidos salobres de
origen marino que fueron desplazados lateralmente y luego hacia arriba a través de la Formación
Bonneterre, en una configuración similar a la que se observa en la figura 7.

Figura 7. Modelo conceptual de flujo provocado por topografía en el subsuelo de una cuenca sedimentaria. La
configuración del nivel de agua y la distribución de la permeabilidad del subsuelo controlan la geometría del sistema
de flujo (indicado por las flechas). Nótese la exageración vertical del perfil. Modificado de Garven y Freeze (1984).

4.4.4 Dolomitización por tectónica (“escurrimiento”)


En este modelo los fluidos metamórficos son expelidos de secciones corticales afectadas por
peso tectónico, de forma que son desplazados hacia los márgenes de la cuenca. Posteriormente,
los fluidos pueden ser reinyectados en sistemas de flujo por topografía o compactación (Machel,
2004). Oliver (1986) fue el primero en generar una hipótesis y soportarla en relación a este
mecanismo. Según ésta cuando los márgenes continentales en zonas de convergencias son
soterrados por debajo de corrimientos, los fluidos que se encuentran en los sedimentos del
margen son expulsados y desplazados hacia el interior de la cuenca antepaís resultante y hacia el
continente (Oliver, 1986). Estos fluidos juegan un papel fundamental en el transporte de
minerales y por ende pueden tener un gran potencial dolomitizador. Dorebek (1989) empleó este
modelo de “escurrimiento” tectónico para explicar extensas capas dolomitizadas en los
carbonatos deformados del Grupo Helderberg de edad Siluro-Devónico, en los Apalaches
centrales (Figura 8). Sin embargo, algunos autores consideran que es poco probable que el flujo
inducido por tectónica sea capaz de formar dolomitas masivas, debido a que estos tienden a ser
de corta duración (Machel, 2004). Por otro lado, si estos fluidos son calientes, fluyen
relativamente rápido, y si se encuentran en el camino dolomitas preexistentes muy porosas, estas
pueden recristalizar de forma que su textura y geoquímica refleja el evento de recristalización, en
lugar de la dolomitización original (Machel, 2004).

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Figura 8. Sección estructural E-O generalizada de los Apalaches. Los caminos de migración de los fluidos son
indicados por las flechas grandes. Los fluidos pueden haber migrado durante la generación de los corrimientos
cuando existían condiciones de sobrepresión en la base de las capas sobrecorridas. Modificado de Dorobek (1989).

4.5. Dolomitización penecontemporánea (modelo microbiano/orgánico)


Las dolomitas penecontemporáneas (o sinsedimentarias) se forman muy temprano luego de la
depositación (en los primeros años o decenas de años), y normalmente como subproducto de las
condiciones geoquímicas del lugar. En términos diagenéticos, este tipo de dolomitización ocurre
cercana a la superficie y preferiblemente en dos tipos de ambientes: (1) marino somero a
supramareal; y (2) hemipelágico a pelágico (Machel, 2004).
En los ambientes marinos someros a supramareales las dolomitas penecontemporáneas se
presentan en una gran variedad de formas, las cuales incluyen: cortezas supramareales (de
espesores del orden de centímetros) formadas por encima o por debajo de la superficie de los
sedimentos de llanuras de mareas; lodos de pellets ricos en dolomitas ubicados por debajo de
capas de yeso en salinas costeras; cristales aislados o agregados de cristales en sedimentos
submareales o perimareales que se encuentran cubiertos por sedimentos supramareales (Budd,
1997); y capas disecadas y estromatolitos en lagunas o lagos evaporíticos (lago Coorong) (Muir
et. al., 1980). En estos ambientes las dolomitas se caracterizan por presentar propiedades
texturales relativamente uniformes: son pobremente ordenadas y calcíticas, los cristales
individuales son pequeños, euhedrales a rombos subeuhedrales con un rango de tamaño
promedio de entre 1 y 3 m, y comúnmente se encuentran en cantidades menores al 5% del
volumen (Budd, 1997). Inicialmente se pensaba que el sedimento depositado en estos ambientes
era precursor de este tipo de dolomitas. Esta interpretación se basaba en que la cantidad de estas
aumentaba a expensas de la disminución de aragonito. Sin embargo, estudios recientes indican
que la mayoría de estas dolomitas se forman como cemento, y lo que ocurre es la disolución del
aragonito y la formación de dolomita en los poros (Lasemi et al., 1989) (citado por Budd, 1997).
El origen de las dolomitas penecontemporáneas asociadas a estos ambientes está íntimamente
relacionado con agua marina en un rango de salinidad entre normal a ligeramente evaporada. El
mecanismo de circulación de ésta es el bombeo por mareas a los largo de las llanuras de mareas,
para el caso de las cortezas supramareales. Mientras que en las salinas de islas, el fluido

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dolomitizador es agua marina evaporada por encima del nivel de saturación de yeso (Budd,
1997). Uno de los ejemplos más importantes de dolomitización penecontemporánea en
ambientes marino someros, son los diversos carbonatos que precipitan en los lagos alcalinos y
efímeros de la laguna de Coorong, al sur de Australia. En este caso, la dolomitización está
controlada mayormente por la hidrología del ambiente de depositación, ya que estos lagos son
recargados por aguas continentales subterráneas derivadas de áreas más lluviosas relativamente
lejanas, que luego fluyen a zonas donde la evaporación excede tanto el régimen pluviométrico,
como el ingreso de agua subterránea (Muir et. al., 1980).
En los ambientes hemipelágicos a pelágicos las dolomitas penecontemporáneas se forman
comúnmente en pequeñas cantidades y como protodolomita microcristalina. Sin embargo, bajo
condiciones favorables se pueden alcanzar cantidades locales de dolomitas de hasta 100 %. Un
ejemplo de esto son los sedimentos carbonáticos hemipelágicos de edad Mioceno del margen del
Banco de Gran Bretaña, los cuales se encuentran de parcial a totalmente dolomitizados en un
rango de profundidad de entre 50 a 500 metros por debajo del nivel del mar (Swart y Melim,
2000) (citado por Machel, 2004).
Ambas configuraciones de ambientes descritas anteriormente para la formación de dolomitas
están íntimamente relacionadas, ya que formar parte del modelo de dolomitización microbiana u
orgánico. De acuerdo a este modelo, las dolomitas se formarían sindepositacionalmente o muy
temprano luego de la depositación (a profundidades de unos cuantos centímetros hasta unos
cuantos cientos de metros), influenciado o promovido por la reducción del sulfato producto de la
acción bacteriana, y/o por metanogénesis (Machel, 2004). El rol exacto de la actividad
microbiana en la reducción de las barreras cinéticas para la formación de dolomitas parece estar
relacionado con: (1) la disminución de las barreras de hidratación del Mg y el Ca; (2) el
incremento en la alcalinidad; y (3) cambios en el PH (Machel y Mounthoy 1986; Machel 2004)
(ver capítulo de consideraciones cinéticas para la formación de dolomitas en este documento).

5. Dolomitización como proceso generador o destructor de la porosidad


Ha sido aceptado comúnmente que las dolomitas son más porosas que las calizas. Esta creencia
se debe en parte a que, de acuerdo a la relación estequiométrica comúnmente empleada para
representar la dolomitización (ecuación 1), el reemplazo molecular de caliza por dolomita
implica una pérdida de volumen de 13% (8% para el caso de aragonito) (Machel y Mounthoy,
1986). Sin embargo, como se analizó en la sección dedicada a las consideraciones químicas y de
balance de masa, esta manera de abordar el análisis de la porosidad en las dolomitas es
extremadamente simplista. En primer lugar, y como ya ha sido mencionado, esto solo es posible
en el caso de que no se produzca precipitación adicional como consecuencia de la intervención
de una fuente externa de carbonato (en cuyo caso se produciría una disminución de la
porosidad); y en segundo lugar, porque existen muchos otros procesos que están involucrados en
el desarrollo de la porosidad en las dolomitas, tales como disolución, cementación, entre otros,

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los cuales pueden promover la ganancia o pérdida de porosidad. De hecho, desde el punto de
vista puramente de las reacciones estequiométricas, se puede explicar la reducción, el
incremento, o inclusive la invariabilidad de la porosidad durante el proceso de reemplazo
(reacciones 1 a 4).
Otro de los aspectos que ha generado controversia, y que contrasta con las calizas, son las
condiciones químicas y físicas que determinan la creación de la porosidad en las dolomitas. En
las calizas la porosidad está relacionada con las estructuras sedimentarias primarias o la
subsecuente diagénesis, cuyos efectos en el espacio poroso son bastante obvios. Por el contrario,
en muchas dolomitas la fábrica completa y la porosidad asociada parecen ser diagenéticas en su
origen. Como resultado de esto se ha considerado que la porosidad se encuentra genéticamente
relacionada al proceso de dolomitización en sí, lo cual es particularmente correcto para la
dolomitización que destruyen la fábrica original de la roca. Sin embargo, esta asunción es
igualmente simplista, ya que mucha de la porosidad interpartícula y por disolución es heredada
de las calizas precursoras, e inclusive muchos poros como las fracturas, los moldes de cristales
de dolomitas, y los moldes de disolución de evaporitas, son claramente posteriores a la
dolomitización, (Purser et. al., 1994).
Por otro lado, algunos autores entre ellos Lucia (2004) (citado por Machel, 2004) afirma que la
dolomitización normalmente no resulta en un aumento de la porosidad, argumentando en contra
de la noción general de que las porosidades mayores observadas en las dolomitas (en
comparación con las calizas) son el resultado del proceso de dolomitización. Estos autores
sugieren que la mayoría de las dolomitas tienen menor porosidad que las calizas debido a la
“sobredolomitización”, o lo que es lo mismo la generación de cemento de dolomita luego del
reemplazo de la matriz. Sin embargo, esta noción aunque correcta en parte, es una explicación
incompleta de las causas por las cuales algunas dolomitas tiene menor porosidad de las calizas
correspondientes. Ya que, como se ha visto, en los casos donde la dolomitización ocurre de
manera parcial el reemplazo mol a mol pudiera generar porosidad.
Existen tres relaciones posibles entre la dolomitización y la evolución de la porosidad. En primer
lugar, la dolomitización puede promover la destrucción de la porosidad del carbonato precursor,
lo cual resulta lógico de pensar ya que este proceso implica el crecimiento de cristales en un
sistema abierto con el aporte de CaCO 3 y Mg. De igual forma, cuando la dolomitización ocurre
durante el soterramiento, la compactación mecánica puede reducir la porosidad (Purser et. al.,
1994). Esta relación entre la dolomitización y la porosidad se encuentra ampliamente demostrada
en la gran cantidad de ejemplos de dolomitas con baja porosidad que han sido reportadas. En
segundo lugar, la dolomitización también se puede producir sin ganancia o pérdida de porosidad,
simplemente por la redistribución del espacio poroso. Al igual que en el caso anterior, esto
parece lógico ya que este proceso involucra la disolución de un carbonato precursor (caliza o
aragonito), y la subsecuente precipitación de dolomitas. Sin embargo, la dolomitización se debe
producir en un sistema abierto (al menos para los iones de Mg), por lo que un simple re-arreglo
del espacio poroso preexistente requeriría un balance de volumen entre el MgCO 3 que ingresa al

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sistema y el CaCO3 que sale, lo cual es una situación poco probable (Purser et. al., 1994). En
tercer lugar, la dolomitización también pudiera generar un aumento en la porosidad como
consecuencia del cambio en el volumen molar (Machel y Mounthoy, 1986). Pero es importante
señalar que al ser este un proceso diagenético abierto, es posible que se produzca con la misma
facilidad una excesiva disolución del carbonato precursor o una excesiva precipitación de
cemento de dolomita (Purser et. al., 1994). A pesar de esto, la porosidad intercristalina y algunos
tipos de porosidad móldica son evidencias de la creación de porosidad durante la dolomitización.
Machel (2004) reconoció seis procesos que parecen ser responsables de esta distribución y
evolución de la porosidad en las dolomitas, estos son: (1) el reemplazo mol a mol; (2) la
disolución de la calcita no reemplazada (la solución se encuentra subsaturada con respecto a
calcita luego de que se ha agotado todo el Mg en exceso); (3) disolución de dolomita (sin
acidificación controlada externamente); (4) acidificación del agua de los poros (por
descarboxilación, diagénesis de minerales de arcilla, entre otros); (5) mezcla de fluidos; y (6)
reducción termoquímica de sulfatos.
La evolución de la porosidad en las dolomitas tiende a complicarse aún más con el hecho de que
este es un mineral complejo, de composición variable (variables reacciones estequiométricas), lo
que hace que la porosidad evolucione de forma diferente en cada tipo de dolomita: algunas
pueden disolverse para generar nueva porosidad, mientras otras pudieran recristalizar y promover
la pérdida de esta, e inclusive otras pudieran conservarla.
Finalmente, y a pesar de la poca documentación a respecto, es aceptado que existe una relación
entre la profundidad y la evolución de la porosidad tanto en las calizas como en las dolomitas.
Los estudios de Schmoker y Halley (1982) (citados por Purser et. al., 1994) en los carbonatos
Terciarios del sureste de Florida así lo confirman, indicando que la porosidad decrece con la
profundidad. Adicionalmente, Sus análisis comparativos de la evolución en las calizas y las
dolomitas muestran que la porosidad es inicialmente menor en las dolomitas (a poca
profundidad), pero la taza de perdida de porosidad con la profundidad es mayor en las calizas.
De esta forma, a profundidades mayores a 2000 metros las dolomitas tienen porosidades
promedios mayores que las calizas respectivas. La misma preservación selectiva de la porosidad
en las dolomitas ocurre en las cuencas afectadas por altos niveles de deformación estructural.
Esto parece ser causado, al menos en parte, por el mayor grado de estilolitización de las calizas,
las cuales poseen una mayor presión-disolución que las dolomitas a unas condiciones dadas de
esfuerzos litostático y tectónico (Amthor et. al., 1994 y Purser et. al., 1994). Esto implica que, al
menos para las dolomitas soterradas a grandes profundidades, la porosidad no es solo una
cuestión de creación de nuevos espacios porosos, sino de la preservación selectiva de estos.
Siendo así, las dolomitas son posiblemente los únicos carbonatos con propiedades potenciales de
reservorio en condiciones de soterramiento profundo, o de grandes esfuerzos tectónicos (Purser
et. al., 1994).

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