Inteligencia emocional
Armando Gómez Villalpando
Maestro - Investigador de la
Unidad UPN 111 Guanajuato
En este programa de la serie “Temas educativos contemporáneos”
desarrollaremos el tema de la inteligencia emocional. El concepto inteligencia
emocional apareció por primera vez desarrollado en 1990 en un artículo
publicado por Peter Salovey y John Mayer. No obstante, quedó relegado al
olvido durante cinco años hasta que Daniel Goleman, psicólogo y periodista
americano con una indudable vista comercial y gran capacidad de seducción y
de sentido común, convirtió estas dos palabras en un término de moda al
publicar su libro Inteligencia emocional (1995). La tesis primordial de este libro
se resume en que necesitamos una nueva visión del estudio de la inteligencia
humana más allá de los aspectos cognitivos e intelectuales que resalte la
importancia del uso y gestión del mundo emocional y social para comprender el
curso de la vida de las personas.
Goleman afirma que existen habilidades más importantes que la inteligencia
académica a la hora de alcanzar un mayor bienestar laboral, personal,
académico y social. Esta idea tuvo una gran resonancia en la opinión pública y
parte de la aceptación social y de la popularidad del término se debió
principalmente a tres factores:
1. El cansancio provocado por la sobrevaloración del cociente intelectual
(CI) a lo largo de todo el siglo XX, ya que había sido el indicador más
utilizado para la selección de personal y recursos humanos.
2. La antipatía generalizada en la sociedad ante las personas que poseen
un alto nivel intelectual, pero que carecen de habilidades sociales y
emocionales.
3. El mal uso en el ámbito educativo de los resultados en los tests y
evaluaciones de CI que pocas veces pronostican el éxito real que los
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alumnos tendrán una vez incorporados al mundo laboral, y que tampoco
ayudan a predecir el bienestar y la felicidad a lo largo de sus vidas.
Como consecuencia de este conjunto de eventos y tras el best-seller de
Goleman, fuimos invadidos por una oleada de información mediática de todo
tipo (prensa, libros de autoayuda, páginas web, etc.). Por otra parte, diferentes
autores publicaron aproximaciones al concepto de lo más diversas, propusieron
sus propios componentes de la inteligencia emocional y elaboraron
herramientas para evaluar el concepto. Aunque la mayoría de ellos discrepa en
las habilidades que debe poseer una persona emocionalmente inteligente,
todos están de acuerdo en que estos componentes, le hacen más fácil y feliz
su vida. Lamentablemente, desde estas aproximaciones se han realizado
multitud de afirmaciones sobre la influencia positiva de la inteligencia
emocional, que no han sido contrastadas de forma empírica. Las
aseveraciones más usuales se han relacionado con el efecto y la influencia de
la inteligencia emocional en nuestras vidas, o bien, con las distintas áreas en
las que la inteligencia emocional podía influir.
Así, el fomento de la inteligencia emocional ayudaría a potenciar las relaciones
con nuestros hijos, ayudaría a mejorar nuestro trabajo o tendrían efectos
beneficiosos en el contexto educativo, entre otros. El único inconveniente fue
que todas estas afirmaciones no fueron avaladas por datos empíricos
contrastados que sistemática y rigurosamente demostrasen, por un lado, el
grado explicativo de la inteligencia emocional y, por otro, el papel real de ésta
en las distintas áreas de nuestra vida, en comparación con otras dimensiones
del ser humano (p.e., inteligencia general, personalidad, características
sociodemográficas, redes sociales, etc.).
Hasta finales de la década pasada y comienzos de la actual se empezaron a
dar los primeros pasos firmes en la constatación empírica de los efectos que
una buena inteligencia emocional puede ejercer sobre las personas. En
general, los primeros trabajos se encaminaron a examinar el constructo de
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inteligencia emocional, se centraron en el desarrollo teórico de modelos y la
creación de instrumentos de evaluación rigurosos. En la actualidad, existe
suficiente base teórica y se han desarrollado las herramientas necesarias para
examinar de forma fiable la relación de este concepto con otras variables
relevantes, tanto en experimentos de laboratorio como en estudios de campo.
De hecho, la línea de investigación vigente se centra en establecer la utilidad
de este nuevo constructo en diversas áreas vitales de las personas, con el
objetivo de demostrar cómo la inteligencia emocional determina nuestros
comportamientos y en qué áreas de nuestra vida influye más
significativamente. Entre los diferentes acercamientos a la inteligencia
emocional, la teoría desarrollada por los creadores del concepto, John Mayer y
Peter Salovey (1990) –a nuestro juicio–, sigue siendo la más defendida y
avalada empíricamente. Desde esta perspectiva, la inteligencia emocional
engloba un conjunto de habilidades relacionadas con el procesamiento
emocional de la información. En concreto, la definición más concisa delimita la
inteligencia emocional como la habilidad para percibir, asimilar, comprender y
regular las propias emociones y la de los demás promoviendo un crecimiento
emocional e intelectual.
Fuentes para profundizar en el tema:
Extremera, N. y Fernández-Berrocal, P. (2004). El papel de la
inteligencia emocional en el alumnado: evidencias empíricas. Revista
Electrónica de Investigación Educativa, 6 (2). En este artículo, se
contextualiza históricamente al concepto de inteligencia emocional, y se
presentan las investigaciones más relevantes de este tema con relación
a los estudiantes.
¿Cuál es el papel de la inteligencia emocional en los estudiantes?
Los invitamos a que escuchen el siguiente programa de la serie “Temas
educativos contemporáneos”. Para sugerencias y comentarios, escríbanos a la
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