0% encontró este documento útil (0 votos)
164 vistas7 páginas

Metáfora del Olvido Social

Este documento presenta un diálogo entre el Dr. Expósito y el Sr. Baldi en un sótano oscuro. El Dr. Expósito borra nombres de una lista con un lápiz rojo mientras recuerda a su madre. Le pide a Baldi que le masajee los pies y cante una canción de cuna que su madre cantaba. El intercambio sugiere una relación perturbadora entre el Dr. Expósito, su madre y Baldi en el pasado.

Cargado por

Daniela Aguilar
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
164 vistas7 páginas

Metáfora del Olvido Social

Este documento presenta un diálogo entre el Dr. Expósito y el Sr. Baldi en un sótano oscuro. El Dr. Expósito borra nombres de una lista con un lápiz rojo mientras recuerda a su madre. Le pide a Baldi que le masajee los pies y cante una canción de cuna que su madre cantaba. El intercambio sugiere una relación perturbadora entre el Dr. Expósito, su madre y Baldi en el pasado.

Cargado por

Daniela Aguilar
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“EL QUE BORRA LOS NOMBRES”

de Ariel Barchilón
Una metáfora alertante, de un sistema que, si bien no visible, sigue latente y que amenaza, ante
cualquier descuido u olvido, con brotar como pústulas infectas de una nueva peste. Metáfora y
reflejo de un sistema de pensamiento de una sociedad que cada vez que no trabaja para recuperar
su identidad, está "borrando un nombre".
“EL QUE BORRA LOS NOMBRES”
PERSONAJES:
Dr. Expósito
Sr. Baldi
Galpón enorme, vacío y oscuro. En el centro, una lámpara cenital que cae hasta dos metros del
piso e ilumina la mesita blanca, de metal, donde trabaja el Dr. Expósito. Se trata de un hombre
muy alto y pesado, de unos 55 años, completamente calvo. Está sentado en una sillita minúscula,
leyendo -con los ojos cerrados- un largo listado de nombres impresos en formulario continuo de
computadora. En el cenicero se quema un habano del que sale un humo blando y voluptuoso, que
crece hacia el haz de luz. El hombre viste un impecable traje de lino blanco. El chaleco, la camisa,
la corbata de seda, el sombrero y los zapatos también son blancos Todos los objetos que lo rodean,
del mismo color salvo el marrón del habano y un lápiz de carpintero (mitad azul, mitad rojo) con el
que va señalando nombre por nombre. En algún momento se detiene en uno. La tensión es enorme.
Da vuelta el lápiz y con la parte roja lo marca con un círculo. Luego toma una goma y lo borra
minuciosamente.
Se relaja en la silla como si el esfuerzo de borrar un nombre hubiera sido semejante a derribar un
árbol con un hacha. Chupa con placer el habano, busca en uno de sus bolsillos un pañuelo blanco
y se limpia el sudor.
En su cuerpo siempre habrá mucho calor en contraste con el frío tremendo que padece el Sr. Baldi.
Durante toda la escena el Dr. Expósito permanecerá con los párpados cerrados, en un gesto de
placer beatífico. El público nunca verá sus ojos abiertos.
Da dos o tres chupadas a su habano y presiona un botón blanco que hay en la mesita. De
inmediato suena un timbre y un instante después se abre una escotilla en el techo por donde entra
un chorro de luz fría. Aparece la cabecita del Sr. Baldi, allá arriba, lejano.

Baldi- ¿Llamaba, doctor?


Dr. Expósito- Disculpe la hora, Baldi. ¿Dormía?
Baldi- Con los ojos abiertos, doctor.
Dr. Expósito- Estamos atrasados. Baje. Ya terminé una de las nóminas.
Baldi- Voy, doctor.
(Baldi lanza una escala de cuerdas y palos desde la claraboya hasta el piso y baja como una
animalito complaciente. Es delgado, pequeño, movedizo. Suele asustarse de su propia sombra. Usa
botas de goma, fuertes pantalones de franela, un sobretodo viejísimo, bufanda, guantes y un
sombrero negro. Dominan en él los colores oscuros. Tendrá un frío tremendo todo el tiempo. Su
edad es imprecisa, entre treinta y cuarenta años.)
Dr. Expósito- La nómina está sobre la mesa. Dos en diez mil, Baldi. Dígale a Mayorga que
Strudel y Quiroga fueron borrados.
Baldi- Correcto. (Le da un grueso fajo de hojas.) La otra, doctor.
Dr. Expósito- ¿Otra? Estoy fatigado, Baldi.
Baldi- Mucho trabajo. Estamos atrasados.
Dr. Expósito- Así son las emergencias. ¿Cuántos?
Baldi- Uno en quince mil, Dr. Expósito.
Dr. Expósito- ¿Es la última?
Baldi- No creo, doctor. En la oficina de estrategias operativas siguen elaborando nóminas.
Dr. Expósito- ¡Farsantes! El verdadero peso del trabajo se hace en este sótano.
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- ¿Sabe cómo se desgasta uno al tener que tomar decisiones
constantemente? Borrar nombres no es tarea grata. Pero alguien tiene que hacerlo, ¿no?
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- Vaya, Baldi. Y dígale a Mayorga que me informe sobre el curso de las
operaciones y que éste es el último nombre que borro por hoy...
Baldi- Sí, doctor. (Empieza a subir por la escala.)
Dr. Expósito- Baldi.
Baldi- ¿Doctor?
Dr. Expósito- ¿Es de día o de noche?
Baldi- No sabría decirle.
Dr. Expósito- ¿Cómo: "No sabría decirle"? Baje. (Baldi baja, intimidado. El Dr. Expósito
pregunta con amabilidad, pero el peso de su poder está dado por su quietud de párpados cerrados
y eso aterra a Baldi.) ¿Noche o día, señor Baldi?
Baldi- No sabría decirle, doctor. (Pausa.) Yo estoy en el segundo subsuelo, y desde la
emergencia no he vuelto a la superficie.
Dr. Expósito- ¿No le pedí que contabilizara el tiempo, Baldi?
Baldi- Sí, doctor, pero... He tenido tanto trabajo... Creo que hace dos noches que no
duermo... O tres... No estoy seguro.
Dr. Expósito- (Pausa tensa.) Está bien. Vaya. Y averigue si es de día o de noche.
Baldi- Sí, doctor. (Empieza a subir por la escala.)
Dr. Expósito- Baldi.
Baldi- ¿Doctor?
Dr. Expósito- Siento pesadumbre. (Su rostro seguirá beatífico, plácido, con los párpados
cerrados.)
Baldi- Es cansancio, señor.
Dr. Expósito- No. Es otra vez la sombra. (Pausa. Baldi congelado en mitad de la escalera.)
Entra por mis pies y me agobia el pecho.
Baldi- (Dándole ánimos.) Siempre que hay una emergencia...
Dr. Expósito- (Lo corta, autoritario.) Baje, Baldi.
Baldi- Sí, señor. (Baja. El Dr. Expósito permanece con los párpados cerrados, pero
dirigiéndoselos a Baldi. Este se siente intimidado. Se frota las manos por el frío. Un silencio
incómodo.)
Dr. Expósito- Cuando era chico sentía esta misma sombra, Baldi. Entraba como ahora,
por los pies. Yo quería gritar, pero mi padre me había prohibido tener miedo.
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- (Pausa.) Me duelen los pies.
Baldi- Con gusto, doctor. (Sin que se lo pida, Baldi le quita los zapatos y empieza a masajearle
los pies. Obsecuente.)
Dr. Expósito- (Evocativo.) Mi madre olía tan bien. (Pausa.) Si ella hubiera ido a arroparme a
mi dormitorio esa sombra no me hubiera entrado por los pies.
Baldi- Como usted diga, doctor.
Dr. Expósito- ¿Se acuerda del olor de mi madre, Baldi?
Baldi- (Pausa. Con terror.) Sí, doctor...
Dr. Expósito- (Frío.) Descríbalo.
Baldi- No sabría decirle, señor.
Dr. Expósito- Arriesgue, Baldi. Usted sabe que no me gusta la obsecuencia.
Baldi- Como usted diga, doctor. (Breve pausa.) El olor de su madre era... No sé... Era
como...Era tan... ¡Era el olor de su madre, doctor!
Dr. Expósito- Correcto. (Pausa.) ¿La recuerda, Baldi?
Baldi- (Eficiente.) Perfectamente, señor.
Dr. Expósito- Una vez ella transgredió el rigor de mi padre y vino a mi dormitorio...
(Se corta. En mal modo.) ¿Qué hace, Baldi?
Baldi- Masajes, doctor.
Dr. Expósito- ¡Saque sus manos de ahí, quiere!
Baldi- Como usted diga.
Dr. Expósito- (Lo amonesta.) ¿No tiene criterio? ¿No se da cuenta de que estamos en
emergencia, tapados de trabajo, y usted me hace perder el tiempo con masajes? Suba,
Baldi. Llévele, la nómina a Mayorga y dígale que Strudel y Quiroga fueron borrados.
Baldi- De inmediato, señor. (Baldi deja los pies y empieza a subir por la escala. El Dr. Expósito
permanece con los párpados bajos.)
Dr. Expósito- Baldi.
Baldi- (Se paraliza.) ¿Doctor?
Dr. Expósito- Los zapatos.
Baldi- Sí, doctor. (Baja y le pone los zapatos.)
Dr. Expósito- (Evocativo, tierno.) Ella me cantó una canción de cuna, Baldi. ¿La recuerda?
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- Cante, Baldi.
Baldi- Con todo respeto, doctor...Yo...
Dr. Expósito- Cante, hombre.
Baldi- Desafino mucho, doctor...
Dr. Expósito- ¿Me va a privar del recuerdo de mi madre?
Baldi- No, doctor. Yo...
Dr. Expósito- Cante.
Baldi- (Aterrado.) No... No puedo...
Dr. Expósito- Usted me decepciona. (Pausa. Cortante.) Suba. Dígale a Mayorga que Strudel
y Quiroga fueron borrados de la nómina.
Baldi- De inmediato, señor. (Baldi sube apresuradamente la escala.)
Dr. Expósito- Baldi.
Baldi- (Se paraliza.) ¿Doctor?
Dr. Expósito- Usted la conoció bien, ¿no?
Baldi- No sé a quién se refiere, doctor.
Dr. Expósito- No me irrite, Baldi. Hablo de ella. (Pausa tensa.)
Baldi- (Titubeante.) Sí...
Dr. Expósito- ¿Sí, qué?
Baldi- La conocí bien.
Dr. Expósito- ¿Intimaron?
Baldi- Yo... No... No recuerdo, doctor...
Dr. Expósito- Han pasado muchos años, Baldi. Los crímenes ya han prescripto. Sea
sincero, hombre.
Baldi- (Después de mucha angustia.) Ssssí.
Dr. Expósito- Sí, ¿qué?
Baldi- Intimamos.
Dr. Expósito- Eso quiere decir que se tocaban, Baldi.
Baldi- Por favor, doctor, respetemos la memoria de sus señora madre...
Dr. Expósito- ¡Hable! ¿Se tocaban, Baldi?
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- ¿Usted estaba aquella noche que ella transgredió la orden de mi padre y
vino a mi dormitorio a cantarme la nana?
Baldi- (Silencio. Terror.)
Dr. Expósito- Conteste.
Baldi- Sí, señor.
Dr. Expósito- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
Baldi- No sé, doctor.
Dr. Expósito- ¿Cuánto?
Baldi- No tanto, creo...
Dr. Expósito- Mucho, Baldi, mucho. Yo tenía diez años.
Baldi- Como usted diga, doctor.
Dr. Expósito- Cante.
Baldi- No me pida eso.
Dr. Expósito- Usted escuchó perfectamente la nana que ella me cantó, ¿no?
Baldi- (Silencio. Terror.)
Dr. Expósito- Conteste
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- Cante.
Baldi- (Canta la nana con voz muy desafinada)
Nana, nanita
duérmase nenita
de mi corazón.
Nana, nanita
quédese quietita
con esta canción
Nana, nenita
borro la velita
de su corazón
Nana, nanita
duérmase nenita
con esta canción.
Dr. Expósito- (Tierno, evocativo.) Qué voz tenía mi madre, Baldi. Qué olor se desprendía de
su carne. (De mal modo.) Suba de una vez. ¿Qué espera?
Baldi- Ya mismo, doctor. (Esta vez sube por la escala casi hasta desaparecer por la claraboya.)
Dr. Expósito- Baldi.
Baldi- (Se paraliza.) ¿Doctor?
Dr. Expósito- Me arden los ojos.
Baldi- Mucho trabajo, doctor.
Dr. Expósito- Demasiado. No voy a poder leer la nómina.
Baldi- Va a tener que hacerlo señor.
Dr. Expósito- Son quince mil nombres, Baldi.
Baldi- Su tarea es irreemplazable, doctor. Nadie puede... (Se corta. Miedo.)
Dr. Expósito- Hable.
Baldi- Nadie tiene su autoridad como para borrar nombres, señor.
Dr. Expósito- Pero no puedo abrir los párpados. Me duelen, Baldi. Llevo meses leyendo
nóminas. Los nombres me persiguen. Tengo los ojos rojos.
Baldi- Como usted diga, doctor.
Dr. Expósito- ¿Sabe por qué se me han puesto rojos los ojos, Baldi? (Pausa.) Cada vez
que borro un nombre... (Pausa.) ¿Sabía que los nombres sangran, Baldi?
Baldi- No señor.
Dr. Expósito- Sangran porque se resisten. No quieren desaparecer de la nómina. Me
salpican los ojos.
Baldi- Como usted diga, doctor.
Dr. Expósito- Como si supieran que uno los va a borrar. ¿Entiende?
Baldi- Ya mismo, doctor.
Dr. Expósito- A veces me parece que sufren. ¿Usted sufre, Baldi?
Baldi- Como usted ordene, doctor...
Dr. Expósito- Parecen seres humanos, los nombres. Miles, decenas de miles de nombres
que pasan por mis ojos. Tiemblan. (Pausa. Agobiado, muy humano.) No doy más.
Baldi- Entiendo, señor.
Dr. Expósito- Baje, Baldi.
Baldi- Ya mismo, doctor. (Baja la escala. Pausa. El Dr. Expósito permanece siempre con los
párpados bajos, mojado por el calor, en contraste con Baldi que está muerto de frío.)
Dr. Expósito- (En voz baja. Conspirativo.) ¿Puede ayudarme?
Baldi- (En voz baja.) No es reglamentario, doctor.
Dr. Expósito- Se trata de una emergencia.
Baldi- Está prohibido.
Dr. Expósito- Lo sé. (Pausa.) Pero míreme bien. No puedo levantar los párpados. No doy
más. Tengo los ojos llenos, Baldi.
Baldi- No es conveniente, señor.
Dr. Expósito- (Sutilmente amenazador.) ¿Se niega?
Baldi- No, doctor. (Aterrado.) Cumplo los reglamentos.
Dr. Expósito- (Suave, dulce.) Burócrata. Cagatinta. Nunca va a llegar a nada...
Baldi- No se puede, doctor. Usted lo sabe.
Dr. Expósito- ¿Donde estaba aquella noche, Baldi?
Baldi- ¿Cómo, doctor?
Dr. Expósito- Le pregunto que dónde estaba la noche en que mi madre transgredió la
prohibición de mi padre y me cantó la nana.
Baldi- Yo...
Dr. Expósito- Hable.
Baldi- No me acuerdo, doctor.
Dr. Expósito- Eso dicen todos, Baldi. (Pausa.) Hable.
Baldi- Pasó mucho tiempo. No recuerdo.
Dr. Expósito- No me obligue a ir por el camino del mal.
Baldi- No, doctor. Le digo la verdad.
Dr. Expósito- ¿Cerca o lejos de mi cuarto?
Baldi- (Pausa.) Cerca.
Dr. Expósito- ¿En el pasillo o en el cuarto de mi madre?
Baldi- No... Yo... Por favor, no removamos escombros...
Dr. Expósito- ¡Hable!
Baldi- En el cuarto de su madre.
Dr. Expósito- ¿En la cama o detrás de la puerta?
Baldi- El señor Mayorga espera la nómina...
Dr. Expósito- Conteste.
Baldi- En la cama.
Dr. Expósito- ¿Qué hacía en ella?
Baldi- Dormía, señor.
Dr. Expósito- ¿Por qué dormía en la cama de mi madre?
Baldi- Era también mi cama, doctor.
Dr. Expósito- ¿Y si dormía... cómo escuchó la nana?
Baldi- Un mosquito, doctor. Fue una fatalidad. El zumbido de un mosquito me despertó.
Dr. Expósito- ¿Y?
Baldi- Usted ya sabe.
Dr. Expósito- Quiero oirlo de sus labios.
Baldi- La escuché cantar. Ella me había desobedecido y... (Se corta.)
Dr. Expósito- Se puso furioso, ¿no?
Baldi- Peor que eso.
Dr. Expósito- (Pausa larga.) ¿Va a ayudarme, entonces?
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- Gracias, Baldi. Usted es un excelente auxiliar.
Baldi- Para servirle, señor.
Dr. Expósito- Mis ojos están cansados.
Baldi- Mucho trabajo.
Dr. Expósito- Lea.
Baldi- Ya mismo, doctor.
Dr. Expósito- Despacito y con voz clara.
Baldi- (Baldi toma la nómina y empieza a leer)
Almirón, Dalia Cecilia
Alomar, Feliciana Rosaura
Alsina, Rafael Eduardo
Alttmann, Cristina Ruth
Appel, Osvaldo Antonio
Balbo, Aída Susana
Balciscuenta, Alicia Noemí
Baldassari, Esteban Julián
(Se detiene ante el siguiente nombre, muerto de terror. Silencio.)
Dr. Expósito- ¿Qué pasa, Baldi? Siga.
Baldi- (Silencio.)
Dr. Expósito- ¿Se quedó mudo, hombre?
Baldi- (Silencio.)
Dr. Expósito- Vamos, siga.
Baldi- (Silencio.)
Dr. Expósito- ¡Siga leyendo!
Baldi- (Silencio.)
Dr. Expósito- Pasa algo. Usted me oculta algo, y eso no me gusta.
Baldi- No.
Dr. Expósito- Siga. El próximo nombre.
Baldi- No puede ser, doctor. Debe haber un error.
Dr. Expósito- Los de estrategia no se equivocan nunca. Lea.
Baldi- Esta vez sí, debe ser... un error de concepto.
Dr. Expósito- ¿Qué pasa?
Baldi- No puede ser...
Dr. Expósito- (Autoritario.) ¡Lea, Baldi!
Baldi- (Pausa. Lee.) Baldi, Ernesto Jeremías.
Dr. Expósito- (Largo silencio.) Qué raro. Tantos años que nos conocemos y no sabía que
su segundo nombre era Jeremías.
Baldi- (Aterrado.) No puede ser, doctor. Dígame que se han equivocado.
Dr. Expósito- ¿Por qué nunca me dijo que se llamaba Jeremías?
Baldi- Yo soy sólo un empleado de maestranza. Sirvo café, hago las compras de los
insumos, llevo legajos de una oficina a otra. No puede ser...
Dr. Expósito- Conteste, Baldi.
Baldi- (Angustiado.) ¡Ay, doctor!
Dr. Expósito- ¿Por qué me ocultó durante tanto años que se llamaba Jeremías?
Baldi- Yo... No... Tengo cuatro hijos, tres van al colegio...
Dr. Expósito- Me siento herido... Tantos años confiando en usted...
Baldi- Soy leal. Silencioso. Una tumba. No entiendo por qué... No entiendo por qué figura
mi nombre en la nómina...
Dr. Expósito- Nunca se lo dije, Baldi, pero yo lo considero como un padre para mí.
Baldi- ¡Ayúdeme, doctor!
Dr. Expósito- Ocultarle a un hijo el segundo nombre. Qué tenebroso.
Baldi- Dígales que yo... No... (Pausa.) ¿Me va a ayudar?
Dr. Expósito- ¿En qué?
Baldi- Mi nombre está en la nómina.
Dr. Expósito- (Indiferente.) ¿Y qué hay con eso?
Baldi- Puede ser borrado.
Dr. Expósito- No sea necio, Baldi. Esta nómina es uno en quince mil.
Baldi- Ya sé, pero...
Dr. Expósito- ¿Qué le hace pensar que justo voy a elegir su nombre teniendo a mi
disposición otros 14. 999?
Baldi- Nada, pero... Nunca me imaginé que mi nombre....
Dr. Expósito- Su imaginación es breve. Yo tampoco imaginé que me iba a engañar
durante décadas. (Con ironía.) ¡Jeremías! ¿No le da verguenza haber ocultado su
segundo nombre tanto tiempo?
Baldi- Mucha, doctor.
Dr. Expósito- ¿Se arrepiente?
Baldi- Sí, doctor.
Dr. Expósito- Eso habla en favor suyo.
Baldi- ¡Ayúdeme, doctor!
Dr. Expósito- (Indiferente.) Suba, Baldi, y dígale a Mayorga que Strudel y Quiroga fueron
borrados de la nómina.
Baldi- Ya mismo. (Se queda en el lugar. Pausa incómoda.)
Dr. Expósito- (Inmóvil, con los párpados bajos.) ¿Qué hace? Suba de una vez.
Baldi- Ya mismo. (Apesadumbrado, muerto de terror, comienza a subir por la escala.)
Dr. Expósito- Baldi.
Baldi- (Se paraliza.) ¿Doctor?
Dr. Expósito- Dígale a Mayorga que en diez minutos venga a buscar esta nómina.
Baldi- Puedo bajar yo, doctor. Es mi función.
Dr. Expósito- Usted está cansado. Vaya a dormir nomás. Yo lo autorizo. Dígale a Mayorga
que baje él personalmente.
Baldi- Como usted diga, doctor.
(Baldi desaparece. Recoge la escala. Se cierra la puerta metálica de la escotilla. Inmóvilidad del
Dr. Expósito. Sin abrir los párpados, los pasa por la nómina. Hace un círculo con el lápiz rojo
alrededor de un nombre. Luego comienza a borrarlo.)
Apagón suave
Esta obra recibió el 1º premio del Concurso Nacional de Dramaturgia organizado
por el Centro de Estudiantes de la Escuela de Teatro de Junín, 1998, Provincia de
Buenos Aires, Argentina

También podría gustarte