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El Caso Radowitzky: Análisis Legal y Social

Este documento presenta el caso de Simón Radowitzky, un anarquista que asesinó a un coronel en 1909 y fue condenado a prisión perpetua. Argumenta que Radowitzky debería ser liberado ya sea a través de un indulto presidencial o mediante una solicitud judicial de libertad condicional. Sin embargo, es poco probable que los jueces concedan la libertad condicional debido a su mentalidad conservadora y prejuicios contra los delitos vinculados a cuestiones sociales.

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El Caso Radowitzky: Análisis Legal y Social

Este documento presenta el caso de Simón Radowitzky, un anarquista que asesinó a un coronel en 1909 y fue condenado a prisión perpetua. Argumenta que Radowitzky debería ser liberado ya sea a través de un indulto presidencial o mediante una solicitud judicial de libertad condicional. Sin embargo, es poco probable que los jueces concedan la libertad condicional debido a su mentalidad conservadora y prejuicios contra los delitos vinculados a cuestiones sociales.

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Nueva entrega de la Biblioteca Virtual de

EL CASO RADOWITZKY
Buenos Aires 1928

Por el Dr. Ramón Doll*

 
 * Crítico y escritor argentino nacido en 1896 y fallecido en 1970. De sus libros se destacan:
"Liberalismo acerca de una política nacional" y "Policía intelectual", entre otros.

Simón Radowitzky a los 17 años

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ANTECEDENTES

Simón Radowitzky dio muerte al coronel Falcón y su secretario Lartigau, en el día 14


de noviembre de 1909, siendo condenado por el delito de doble homicidio, según
sentencia de la Cámara Criminal de la Capital fecha 16 de

Diciembre de 1910, a la pena de penitenciaría por tiempo indeterminado.

Desde hace tiempo, algunos centros libertarios, tratan de agitar el

ambiente pro liberación del recluso de Usuahia y como creo que con el indulto o
conmultación (sic) de la pena, que sufre Radowitzky, la opinión pública act
relacionando el delito con la pena ya sufrida, el ambiente de aquella época con el d
actual y los aspectos que ofrecía el caso en 1909, con los que ofrece en 1928, no
sentiría tan irritada, ni tan alarmada como lo creen algunos, deseo bosquejar algu
consideraciones en apoyo de la modificación de aquella pena.

LAS VÍAS DE LA LIBERTAD

Sólo por dos vías podrá obtener Radowitzky su libertad. Por la judicial o por la
indulto presidencial.

La primera podrá solicitarla a los jueces, una vez cumplidos los requisitos del art.
del Código Penal. En efecto: por le argumento del art 305 del Código Penal, la pena
penitenciaría por tiempo indeterminado, aplicada durante la vigencia del cód
anterior, debe ser traducida hoy por la reclusión perpetua, que determina el art. 80
Código Penal actual. Y de acuerdo con el art. 13 de éste, cumplidos 20 años de
reclusión, Radowitzky podrá solicitar a sus jueces la libertad condicional y los jue
podrán acordarla en las condiciones que prevee dicha disposición legal. En tal sent
y haciendo una liquidación sumaria de la pena que lleva cumplida, computando
mitad del término de la prisión preventiva que sufrió, tal cual lo establece el art. 24
Código Penal, creo que Radowitzky podría solicitar la libertad condicional del art.
recién a mediados de 1930 más o menos. Como nos interesa la exactitud del cómpu
paso por cualquier error de detalle.

Pero lo que me interesa hacer notar es que a mi juicio, ese procedimiento liberato
por vía judicial ha de resultar poco menos que inútil y no ha de dar ningún resulta
pues el art. 13 del C. Penal, impone requisitos al reo, pero no obliga a la Cám
Criminal, tribunal que debe entender en el pedido. La libertad condicional
facultativa de los jueces que han de acordarla y pueden concederla o no, una
cumplidas las condiciones externas de la ley, por razones que quedan libradas
arbitrio judicial, según sea la clase del delito, la calidad de las personas, etc.

Y bien; creo que es inútil pedir a los jueces que ejerciten la facultad que les confier
art. 13 del C. Penal: 1° por la idiosincrasia del poder judicial y 2°, porque los jue
tiene prejuicios contra los casos judiciales que se presentan como la consecuencia
la llamada cuestión social, tanto en lo criminal como en lo civil.

PSICOLOGÍA DE JUEZ

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Con respecto a lo primero, no puedo detenerme en el examen de las característ


del Poder Judicial, pero sí he de hacer notar que es un lugar común en la literat
jurídica el espíritu rutinario, reaccionario, conservador que posee por lo general a
hombres dedicados a la función judicial.

¿Cuáles son las causas de que el funcionario judicial devenga generalmente el hom
más incomprensivo y menos tolerante con todo lo que significa evolución, reform
progreso social?

Será tal vez al decir de Lambert, porque los jueces representan la mentalidad me
de la profesión legal, y ésta ha sido siempre la mentalidad social menos permeab
los fermentos revolucionarios o aun reformistas.

En algunos países, como Norte América, habrá que buscar la causa con Henry Geo
(hijo) en que los jueces son elegidos entre los abogados de las grandes empre
capitalistas, que no pueden menos de ser conservadores y resistirse a los cambios
sino, diremos con Elihú Root que los abogados, y por lo tanto los jueces,
educación y por ambiente, devienen siempre celosos defensores del individualis
que considerado como principio económico, es hoy la fortaleza, cuyo sitio estrec
más y más las nuevas ideas de justicia social.

Pero no solamente esos factores externos o locales hacen generalmente del juez
fuerza estática en la sociedad: las características, las modalidades de la func
judicial, producen ese misoneísmo en los hombres que la ejercen. Mientras la socie
cambia incesantemente, la norma jurídica se fija mediante la ley, a través de
generaciones, en un marco demasiado rígido para abarcar ese continuo devenir soc
en vano, en nombre dela equidad o del derecho natural, adquiere a veces cie
flexibilidad en su aplicación práctica, pues siempre deberá existir esa discrepan
entre la ley y la opinión pública de un momento dado, aunque sea ese momento
mismo en que la ley se sanciona.

Nada extraño tiene que el juez a quien le está vedado referirse a otras normas que
del derecho positivo, desconfíe de toda otra voz que no se la de la ley, dogm
oráculo cuya autoridad no puede discutir. Y nada de extraño tiene, que quien consa
su vida a hacerse el intérprete de la ley, especializándose en el estudio del texto, q
maneja con eficacia y se adentra y se identifica en él conociendo las autorida
doctrinarias y jurisprudenciales al dedillo, termine por simpatizar con el sistema
que él resulta su mejor expositor y termine también por desconfiar de todo o
sistema legal que trate de sustituir al que tan bien él conoce. ¿Por pereza de troca
revisar nuestras ideas? ¿O porque no deja de ser un desencanto haberse quemado
cejas en el estudio de un derecho que resulta a los ojos de los nuevos, cadu
arcaico, injusto? Sería interesante plantear el estudio del misoneísmo judicial, de
ese punto de vista estrictamente psicológico. ¡Cuántas sugestiones para la pluma
un jurista que fuera también un buen psicólogo proporcionaría el análisis de la cr
de un juez que, por ejemplo educado en el ambiente retórico, charlatanes
semicatólico y burgués de nuestra Facultad de Derecho de hace cuarenta o cincue
años, en que era autoridades José María Moreno y Estanislao S. Zevallos, se encuen
con las nuevas generaciones socialistas, reformistas, que abominan de un derecho
privilegio, enseñado por profesores de relumbrón...! Pero todo esto nos alejaría de

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cuestión.

Sea lo que fuere, y dejando para otro momento las causas del misoneísmo judicia
cierto es que para quienes conocemos a los hombres de la justicia, no es una nove
ese espíritu de traición y de respeto al colega, al Tribunal Superior y al au
doctrinario, que termina por helar con una resolución llena de arcaísmos forenses
más cálida, la más apasionada y justiciera de las peticiones.

Pues bien; la liberación de Radowitzky, no pueden concederla hombres que de bu


fe creen que un homicidio social es un hecho simple que en 1928 tiene las mism
proyecciones que en 1909, que dada su idiosincrasia creen que los hechos que juzg
no tiene matices, "nuances", formas, mucho más sutiles, más inasibles que las q
suelen aparecer en los papeles de un expediente. Y en consecuencia, si la liberac
debe fundarse en consideraciones sobre los sacudimientos sociales ocurridos en
últimos 20 años y particularmente en que el crimen de Radowitzky, debe
contemplado como un desprendimiento teratológico, pero asimismo derivado
corrientes de progreso, de anhelos de reforma y de justicia social reconocidos co
legítimas pretensiones, es difícil que los jueces perciban esos matices, porque
aplicación diaria de la ley anestesia la sensibilidad del funcionario y dentro de
tribunales, esos hechos nuevos, esos ideales, sólo por excepción encuentran homb
que los perciban.

DELITO SOCIAL

En segundo lugar, he dicho que sería inútil intentar la vía judicial, dada la clase
delito de Radowitzky. Es éste un crimen de los llamados sociales, quizás porque so
desviación, el caso patológico, deforme, que necesariamente debe producir to
proceso de lucha y más cuando ésta tiene toda la pasión y la emoción de la act
lucha de clases. No es un crimen pasional o de un mercenario; es un crimen soc
nace o mejor dicho, aborta como un cuerpo amorfo o monstruoso engendrado en
escisión honda, que trasciende a todas las sociedades y que las hiende en la mode
guerra de clases.

He aquí, pues que los jueces a estos casos judiciales que se presentan co
ineludibles aberraciones de todo fenómeno social, pero aún así, anuncian el despe
de las clases explotadas, en el futuro vuelco de todo el contenido social en los mol
del nuevo Estado y del nuevo Derecho, suelen encararlo con doble severidad: prim
por ser crímenes y después porque son cometidos por un individuo de la cl
adversaria a la que pertenece el juez.

Es evidente que un juez pertenece siempre a la burguesía y que por lo tanto todos
intereses, prejuicios, su comodidad misma, lo llevarán a solidarizarse con su clase y
con los de la clase proletaria, de tal modo que a la intolerancia que debe tener p
todo crimen, dóblase la que puede tener para el criminal que además es
adversario.

OBJECIONES

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Pero Se dirá: el juez no hace sino aplicar la ley, es su portavoz imparcial, que se
abstrae de sí mismo, de modo que no tiene ninguna importancia su actitud persona
frente al hecho y las palabras tolerancia o intolerancia así como el antagonismo de
clases están fuera de lugar, como factores que puedan influenciar su ánimo.

Es ello así?...En otro lugar nos hemos de ocupar con más detenimiento de e
asunto; pero considerándolo sumariamente ¿quién no sabe que el juez se encuentr
cada momento con textos oscuros, con lagunas de la ley que debe interpretar y q
esa interpretación de objetiva que debe ser, se cambia a menudo en exége
subjetiva como decía Cosentini? Es decir, que el juez no es siempre un traductor,
vulgar instrumento de la ley, sino que es su persona, sus prejuicios, quizás hasta
sentimientos (y no subalternos sino los que él cree de buena fé, que son de justi
los que animan sus considerandos en la sentencia. Pero si eso ocurre en todos
fueros ¿qué decir del fuero criminal, donde la ley y la categoría de los asuntos perm
al juez a cada momento resolver de acuerdo con la impresión personal, esa sínte
oscura del caso que marca repentinamente la conciencia del juez?

Los antecedentes personales, la naturaleza del delito, dice, por ejemplo, a c


momento la ley de fondo y de forma, facilitan o dificultan una medida judicial. Por
se presta al más franco de los subjetivismos, porque ¿no observamos a cada paso
cuan distinto criterio un hecho es más o menos grave según la situación social de
persona, la experiencia de quien lo juzga? Ahora bien, un crimen común, un homic
pasional no encuentra sino el juez; un crimen social encuentra al juez y detrás del j
puede también encontrar al hombre que es rico, que pertenece a las cla
acomodadas y que es burgués. No será siempre así, dependerá de la cultura y de
conciencia del funcionario, pero desgraciadamente no hemos podido sino compro
una mayor severidad con los delitos de orden social que con los de otro orden y b
podríamos hacer nuestras aquellas palabras amargas de Turari, cuando refiriéndos
los presos, llamados en el lenguage (sic) policíaco argentino, sociales, decía:
gastado años enteros de mi juventud, militando en el foro, para disputar cuantas
esas víctimas pude al dragón judicial y he concluido por ceder las armas en la lu
judicial. Ni la evidencia de los hechos ni la generosidad del ánimo, ni la energía
defensor, nada hay que pueda, no ya vencer, sino al menos amortiguar un poco,
esta lucha, la ferocidad refinada del poder judicial...El órgano más ejercitado y pote
de la clase dominante para esta obra de selección servil".

Y cuando el preso o el litigante tiene la desgracia de caer en manos de jueces que


saben sustraerse al espíritu de clase, a la influencia de la clase prepotente que
domina y a la que perteneces, si la ley que los ampara no es suficientemente clar
terminante y le impone al funcionario un mandato inevitable, si un texto oscuro h
posible aquella exégesis subjetiva de que habla Cosentini y permite al juez imponer
voluntad personal, entonces debe perder toda esperanza el preso o el litigante, porq
el juez resulta doblemente peligroso creyendo que en ese caso no solamente cast
un crimen sino defiende a la sociedad, la sociedad a la que él pertenece, en
incólumes principios.

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p p

Carruaje en el que viajaban el Cnel. Ramón L. Falcón y su


Secretario, Juan Lartigau, con muestras de los destrozos causados
por la bomba de Radowitzky

EL INDULTO PRESIDENCIAL

La modificación de su pena o la libertad de Radowitzky debe obtenerse del Presiden


Es posible que el Presidente se coloque en un plano más elevado para apreciar el c
Radowitzky y no padezca de esa miopía que produce la labor liliputiense que se lla
administrar la justicia legal.

He dicho que los jueces son misoneístas que no tienen la costumbre de percibir
anhelos, los ideales nuevos, obsesionados en auscultar la imagen grotesca de la ley
Presidente en cambio, no es un legista, no tiene su alma apergaminada, laminada,
el papeleo diario de los expedientes. Aunque abogado puede ser que no sufra de
fetichismo ante la ley escrita, del que un síntoma que no puedo menos de señalar,
las palabras del Profesor de Derecho Constitucional Dr. González Calderón, cuando
pesadez plúmbea suele decir que dentro de nuestra Constitución, todos los ma
sociales, encuentran remedio. Es necesario salvar el escollo de hombres así, que a
cuando no son jueces, son los profesores de los jueces, hombres a los que habría q
hacerlos de nuevo, para extirparles esa superstición de la organización política act
que apoya un puntal de Marshall y otro en los ciento y tantos tomos de los fallos d
Suprema Corte Norte Americana, arca santa del privilegio y del más fe
individualismo.

Con respecto a las observaciones, que hice sobre los jueces, se me podrá decir que

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presidente pertenece también a las clases burguesas y que por lo tanto, concient
inconcientemente opondría las mismas resistencias al indulto o conmutación de p
por un delito social. Es cierto, pero como los jueces están obligados a fundar
resoluciones, es claro que se verán más precisados a nutrirse en los principios que
rutina de años les sirve para respaldar una justicia de clase, en consecuencia es m
fácil que el espíritu de clase, la influencia de hecho de las clases a que pertene
resulte el verdadero fundamento de la negativa. En cambio la espontaneidad q
caracteriza la gracia presidencial, permite al funcionario a quien otras razones lo
llevado al convencimiento del perdón, pasar o sustraerse a esa influencia por
innecesaria.

¿Qué motivos, qué razones podrían influir en el ánimo del Presidente para indulta
Radowitzky? Porque sería pueril que los indultos se hicieran al azar, sin ningún fin
motivados por razones que buenas o malas han causado el indulto.

No he de expresar razón o motivo alguno en tal sentido; no se mueven las almas


compasión, con frases mendicantes. El que no sabe ser magnánimo y gra
espontáneamente ¡peor para él!

En cambio, sino he de ser yo quien se encargue de inyectar humanidad en


funcionarios trataré, eso sí, de indicar el estado de la opinión pública, respecto a e
asunto.

LOS AÑOS SUFRIDOS

En primer término la opinión pública, comprendería que si el Presidente indultara ho


a Radowitzky no haría más que adelantarse a conceder por gracia, lo que en rigor
podría obtener Radowitzky por derecho en 1930, solicitando su libertad condicional.
Implicaría una disminución de dos años, prácticamente uno, si se liquidan sus años
cárcel con arreglo al sentido común y no con arreglo a ese cómputo, chocante para
concepto popular, del art. 24 del C.P. que quiere que un día entero de prisión
preventiva no sea más que medio día de reclusión.

LA CUESTIÓN SOCIAL

Otra razón es el profundo cambio de la opinión pública argentina en los últimos 20


años, sobre el concepto de la cuestión social.

En 1909, aunque teóricamente la Constitución amparaba la libertad de pensamient


el derecho del sufragio, en realidad solo las oligarquías burguesas podían pen
libremente. No ya el anarquismo, el socialismo por pálido que fuera, era acorral
por las autoridades. Estoy afirmando un hecho que todo el mundo con
perfectamente. En realidad, la falta de libertad de sufragio, el desinterés del pue
ante la función pública, hacían que mientras en Europa ya el ardor de la lucha
clases había trascendido a la lucha política, en la Argentina aún estábamos en
creencia de que no había clases y de que la sociedad argentina podía divid
verticalmente entre bando pos cuestiones nimias de colores o de vagas declaracio
pero que era inaudito; era miserable y suicida, presentarse al terreno de la acc
económica o política, invocando una escisión horizontal de clases opresoras
oprimidas, que el argentino no concebía.

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¡Bien fue esgrimida más tarde y con malicia la frase de Ferri cuando dijo que
socialismo no tenía razón de ser en la Argentina! Era tal la incomprensión de la lu
de clases, que se llegó a sostener que el socialismo no era un partido constitucion
todos los dirigentes actuales del socialismo que peinan canas, pueden aseverar si
su juventud no se han preguntado alguna vez si eran parias o ciudadanos. Es c
que no en ese estado de la conciencia social, en ese concepto de iniquidad que
lucha de clases tenía para el nacionalismo pueril de la época, un atentado ácra
embebido de ideología libertaria producía un doble exacerbamiento. Primero, porq
era un crimen, un desgarramiento y después porque anunciaba la existencia
antagonismo de las clases. Es cierto que la lucha de clases, fenómeno universal q
engendra la revolución conciente de sus fines o el avance del proletariado en la
política, al engendrar un atentado ácrata, no hace más que abortar un monstruo, p
el aborto es signo de fecundidad y anuncia el laboratorio de concepciones mejore
eso era quizás lo que irritaba más. Pero hoy los tiempos han cambiado. Los parti
de clase, de ideas "avanzadas" han hecho irrupción entre las fracciones de
burguesía.

El proletariado tiene personería propia en el pleito económico y político, nadie


asusta de la lucha de clases sino tal vez los parásitos que bajo la ruda ley del trab
se encuentran indefensos y atrofiados. Ya no hay machete ni nadie lo pide, para
socialistas, comunistas y anarquistas y los estudiantes de derecho que en 1909
presentaban babeantes de servilismo a pedir puestos honorarios de pesquisas en
Departamento, para incendiar bibliotecas hoy en plena Facultad han manifestado
repugnancia por la intromisión "académica" de los militares en las aulas. El Preside
puede indultar como se ha indultado a criminales mucho más feroces, la opin
pública no tiene ya hoy ningún prejuicio contra el criminal social que venga a dupl
el odio que en principio necesariamente sentimos todos contra el que mata, cualqu
sea el motivo.

Simón Radowitzky en el prontuario policial

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CRIMEN SOCIAL, CRIMEN POLÍTICO

Por último creo que si se consulta a la verdadera opinión pública contestaría que
crimen de Radowitzky no es ni más ni menos horrendo que los crímenes que a dia
se cometen con motivo de las luchas electorales argentinas, ambas nacen con mo
de los antagonismo que dividen a la sociedad, antagonismos de clase, que la divid
horizontalmente, unos; antagonismos de facciones o de banderías que la divid
verticalmente, otros. El crimen no tiene porque aparecer revestido de tintes m
sombríos en uno que en otro caso; en los dos es igualmente repulsivo y en los
puede encontrar iguales circunstancias que lo atenúen.

Ahora bien, el crimen llamado político, el asesinato del adversario en la pre y p


elección, no es algo que a los argentinos nos tome completamente de sorpresa ¿ y
lenidad del castigo, la impunidad policial y judicial asegurada generalmente a
matones de la política criolla nos causaría mayor asombro?

Apasionamiento partidario, imperfección de nuestra incipiente cultura democrática,


dice generalmente y quizá buscando cohonestar el crimen, los funcionarios q
contemplan esos hechos con más parsimonia no sufren el total repudio de la opin
pública, porque se considera que el crimen en ese caso es producto de incultura
que los dos bandos políticos tienen igual cantidad de culpa. Y ya que cuando se tr
de fracciones políticas de la burguesía, los funcionarios tiene en cuenta el ambient
implícitamente parece que considerarían que todo crimen encuentra cierta justificac
en el estado de exacerbamiento político que provocan todas las fracciones por ig
¿por qué el crimen social no se ha de encarar con el mismo espíritu, considera
también ese natural exacerbamiento? Se dirá que el funcionario lo es de un Est
que se supone ordenado jurídicamente y que por lo tanto no puede considerar ot
escisiones que las que dirimen sus antagonismo por los medios legales y como
anarquismo no toma parte ni intenta tomar parte en semejante liza política, mal pu
considerarse un homicidio ácrata como nacido en un ambiente de lucha legal, aunq
exacerbado, como sería el crimen cometido por un individuo de los bandos q
ejercitan sus derechos políticos. Pero eso sería juzgar lo sustantivo y fundamental
lo adjetivo y accidental. El anarquismo, al que por un ejercicio deductivo que
intentaré desarrollar, se puede llegar a un tiempo mismo siguiendo la derecha o
izquierda de la sociedad, no es un partido político, pero pretende ser un ideal y
forma de liberación de clases y como tal exterioriza también como hecho y co
teoría, una posición de lucha entre el proletariado y la burguesía. Y como e
escisión, este antagonismo es el que deben contemplar los funcionarios y no
accidente de que la fórmula anarquista no trascienda a la acción política, creo que
crimen debe así situarse en el mismo plano que el producido en los partidos. To
recordamos con que tolerancia policial, judicial y parlamentaria se juzgaron los hec
criminosos cometidos en 1905 (tanto los delitos políticos como los comunes cometi
en ocasión de la asonada radical). Sin embargo los radicales en esa época
abstenían de participar en la acción política, de modo que la ausencia de las urnas
ha sido en la Argentina la causa que empeorara el crimen en ocasión de las luchas
tendencias.

LA PALABRA DEL PUEBLO Y DE LA BURGUESÍA

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Es hora, pues, de escuchar la verdadera voz del pueblo en estos crímenes que
burguesía pretende revestirlos de una aparatosidad trágica, nada más que porq
entre el humo y la sangre de un homicidio repugnante y estúpido se recuerdo lo q
en realidad sí es trágico para la burguesía, el movimiento hondo, serio, irresistible
la lucha proletaria. Obsérvese la actitud de la burguesía frente a dos críme
igualmente nauseabundos – un atentado anarquista y un asesinato nocturno- .
caso del segundo, se comenta, se critica quizás apasionadamente, pero siempre
termina dejándolo librado a la "serena majestad de la justicia"; en el primero
burguesía toma parte en su represión, se producen razzias policiales, se agitan
guardias blancas. Y parece que mientras el segundo obra en la digestión de
satisfechos, como amable distracción que la facilita, el primero produce asient
perturba el trabajo gástrico y origina dificultades posteriores. Reconocido que en
uno y otro no hay, no puede haber ninguna diferencia, que los dos son igualme
brutales, que como decía un diputado en el Congreso Nacional al discutirse la antig
ley de Defensa Social, uno no debe perturbar más que el otro, el reconocimiento
parte del Presidente, de que ello sea realmente así, dentro de la masa del pue
aunque entre los banqueros, los obispos y los generales ocurra algo distinto, permit
reconsiderar el caso Radowitzky.

FIN

 
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