6-Duranti - Cap 1. Alcances Del Campo de La AL
6-Duranti - Cap 1. Alcances Del Campo de La AL
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)
Capítulo 1
1
Datos sobre Alessandro Duranti
Alessandro Duranti enseña Antropología en la University of California - Los Angeles. Nació en Roma, Italia el 17
de Septiembre de1950. Desde 1970-1974, asistió a la Universidad de Roma. Continuó luego sus estudios
de Lingüística en la University of Southern California, donde recibió su Ph.D. en enero de 1981. Luego de
esto, fue a la Research School of Pacific Studies en la Australian National University en Canberra con una beca
para realizar estudios de Postdoctorado.. luego de terminar esta Beca, comenzó a trabajar en el
Laboratory of Comparative Human Cognition en la University of California at San Diego. Desde 1984-1988,
enseño en el Pitzer College, y el UCSD en el Departamento de Comunicación. Luego de 1988, enseñó en
el Departamento de Antropología de la UCLA, donde trabajó durante 12 años y actualmente es Profesor.
Anthropology 33 es el curso anual que da allí desde 1988. Ha publicado diversos libros desde 1977. Entre
ellos: Linguistic Anthropology, Key Terms in Language and Culture, From Grammar to Politics in a
Western Samoan Village; y tam,bién numerossos artículos en revistas especializadas. Participa también
en royectos de investigación; algunos de los más recientes son: Walter Capps for the US Congress: The
Birth of a Political Voice and Socialization of Scientific Discourse in Samoan American Households.
URL: http://www.sscnet.ucla.edu/anthro/faculty/duranti/publish.htm
2
Los dos términos “antropología lingüística” y “lingüística antropológica” han sido empleados en el pasado de manera
más o menos intecambiable y cualquier intento de rastrear su contenidos o sus distinciones prácticas nos hace correr el
riesgo de tener que reescribir la historia. Desde la década de los ’60 Hymes (1963,1964c) trató de estabilizar el uso del
término antropología lingüística en una cantidad de ensayos. Pero incluso Hymes, siendo un historiador tan
escrupuloso, pudo encontrar alternancias entre ambos. En Language in culture and society, emplea “Antropología
lingüística” cuando define este campo en la introducción (Hymes 1964ª:xxiii) – ver nota 6 más abajo – y emplea
ambos “lingüística antropológica” y “antropología lingüística” cuando considera la influencia que tuvo Boas en este
campo. “Boas y otros constructores de la Antropología lingüística en EEUU...” y, en el siguiente parágrafo “ Boas et al.
(1916) define un estilo que caracteriza el campo de trabajo que Boas y una generación de antropólogos lingüísticos
norteamericanos” (p. 23)
3
Cardona (1973, reimpreso en 1999:13-44) menciona varios derivados del término inglés ethnolinguistics en otras
lenguas europeas, como el rudo etnolingvistika, el alemán Ethnolinguistik, el español etnolingüística y el portugués
etnolinguística . El mismo Cardona eventualmente siguió esta tendencia europea abandonando la expresión lingüística
antropológica por etnolingüística en la introducción de su obra (Cardona 1976).
4
Malinowski también empleó el término ethnolinguistics en sus primeros escritos, donde explicitó “una urgente
necesidad de una teoría etnolingüística, una teoría para la orientación de la investigación lingüística que se tenía que
llevar a cabo entre los nativos y en relación con el estudio etnográfico” (1920:69) (citado por Hymes 1964c:4).
5
Mi posición aquí contrasta fuertemente con la definición de lingüística antropológica que ofrece Hoijer (1961:110)
como “... un área de investigación dedicada principalmente a los estudios, sincrónicos y diacrónicos, de las lenguas de
pueblos sin escritura”.
temas y tópicos que son centrales para la investigación antropológica, tales como las políticas de la
representación, la constitución del poder, la legitimación del poder, las bases culturales del
racismo y el conflicto étnico, el proceso de socialización, la construcción cultural de la persona ( o
el yo), las políticas de las emociones, la relación entre la actuación ritual y las formas de control
social, la cognición y el conocimiento de dominios específicos, la actuación artística y las políticas
de consumo estético, el contacto cultural y el cambio social.
La AL se presenta a menudo como una de las cuatro ramas tradicionales de la antropología ( las
otras son la Antropología arqueológica, biológica o física, y socia-cultural ( 6)). No obstante, ser un
antropólogo y trabajar con el lenguaje son dos condiciones que no necesariamente califican a
alguien como un antropólogo lingüístico. En verdad, es muy posible que un antropólogo produzca
una descripción gramatical de una lengua que tenga poco o nada que ofrecer para la teoría y los
métodos de la Antropología Lingüística. La AL debe considerarse como parte de campo más amplio
de la antropología, no porque sea una clase de lingüística practicada en los departamentos de
antropología, sino porque analiza el lenguaje desde una perspectiva antropológica. Esta
perspectiva incluye la preocupación por la transmisión y la reproducción de la cultura, la relación
entre sistemas culturales y diferentes formas de organización social, y el rol que juegan las
condiciones materiales de existencia en la comprensión del mundo de un pueblo. Esta concepción
de la Antropología Lingüística no implica, sin embargo, que estas preguntas de investigación
siempre deban ser configuradas por los otros subcampos de la antropología. Por el contrario, la 4
misma existencia de un campo independiente de la AL se justifica sólo en la medida en que ésta
sea capaz de establecer su propia agenda de investigación, la cual se informa de los temas
antropológicos, pero no necesariamente se tiene que limitar a esas cuestiones ( 7). En particular,
como se dirá más abajo, no todas las concepciones de la cultura que se han desarrollado dentro de
la antropología social contribuyen de la misma manera a la dinámica y compleja noción de lenguaje
asumida en el presente por muchos antropólogos lingüísticos. Muchos antropólogos culturales
continúan considerando al lenguaje primordialmente como un sistema de clasificación y de
representación, y aun cuando las etnografías emplean formas lingüísticas, tienden a considerarlas
como meras etiquetas de un significado establecido de manera independiente. Los antropólogos
lingüísticos han afirmado, en cambio, una perspectiva del lenguaje como conjunto de prácticas que
juegan un papel central en la mediación de los aspectos materiales e ideativos de la existencia
humana, y por lo tanto, en la producción de modos particulares de ser en el mundo. Esta
perspectiva dinámica del lenguaje es la que otorga a la AL su lugar específico en las humanidades y
las ciencias sociales.
6
Para los propósitos que persigue esta discusión, estoy fusionando en un solo término la distinción que se plantea a
veces entre antropología social – se ocupa de la reproducción de determinados sistemas sociales – y la antropología
cultural – que se ocupa de las nociones más cognitivas de la cultura, propuesta por Boas y sus estudiantes.
7
Aquí estoy reformulando una vieja definición de Hymes (1964ª: xxiii): “ En cierto sentido, [la antropología Lingüística
] es una actividad característica, la actividad de quienes plantean sus cuestiones sobre el lenguaje son configuradas
desde la antropología... Su alcance puede incluir problemas que caen fuera de las preocupaciones habituales de los
lingüistas y siempre incluye de manera singular el problema de la integración con el resto de la antropología”.
Como dominio de investigación la AL empieza a partir de la presunción de que las palabras tienen
importancia y a partir del descubrimiento empírico de los signos lingüísticos como
representaciones del mundo y de que sus conexiones con el mundo nunca son neutrales, ya que
constantemente se emplean para la construcción de afinidades y diferencias culturales. (...)
A la intuición del estructuralismo de que la interpretación es principalmente un proceso de
comparación que entraña la diferenciación, la AL le agrega que esas diferencias no solamente viven
en los códigos simbólicos que las representan. Las diferencias no se deben sólo a la sustitución de
un sonido por otro (cana/cama/caña) o de una palabra por otra (una gran amiga mía / una gran
preocupación mía). Las diferencias viven también en los actos de habla concretos, en la
combinación de palabras con acciones, en la sustitución de palabras por acciones. También a los
estructuralistas debemos el prestar atención a lo no dicho, a las preguntas y respuestas
alternativas, al silencio, no preferido, pero posible, y por tanto, significativo (Basso 1972; Bauman
1983). Cuando pensamos en lo que se dice en contraste con lo que no se dice, sentamos una base
para evaluar lo que se ha dicho (Tyler 1978). ¿Cuál debe ser la amplitud y la profundidad de esta
investigación? ¿Cuántos niveles de análisis se necesitan? Esta cuestión no sólo tiene que ver con la
cantidad de enunciados, hablantes y lenguas que deben investigarse, sino con el alcance de la
etnografía, sus méritos y sus límites, con la cantidad de fenómenos que estimamos pertinentes,
los cuales pueden ser muchos, pero que de hecho se limitan a la acción y la comprensión humanas.
No se puede pensar en el mundo como un todo al mismo tiempo. Gran parte del trabajo realizado 5
por los antropólogos lingüísticos se relaciona con los modos en que las palabras dichas en una
ocasión particular proporcionan (a los participantes, en primer lugar, y luego, a los investigadores)
un punto de vista, un modo de pensar acerca del mundo y la naturaleza de la existencia humana.
Como lo señalaron los filósofos del pasado, los humanos son las únicas criaturas que pueden
pensarse a sí mismas mientras están pensando. Tal estado de conciencia está estrechamente
relacionado con la representación simbólica y por, ende, con la facultad del lenguaje. Pero el
lenguaje es más que una herramienta de reflexión con la cual intentamos dar sentido a nuestros
pensamientos y a nuestras acciones. Mediante el uso lingüístico también entramos en un espacio
interaccional que en parte, ya ha sido conformado para nosotros, un mundo en el que algunas
distinciones parecen más importantes que otras, un mundo donde cada elección que hacemos es,
en parte, contingente en relación con lo que ha ocurrido antes y contribuye a la definición de lo
que ocurrirá luego.
Tomemos el ejemplo de los saludos: en muchas sociedades los saludos adoptan la forma de una
pregunta por la salud de una persona: en español, ‘¿Cómo estás?’; mientras que en otras
sociedades, incluyen preguntas por el derrotero de la persona que se saluda, como el saludo
polinesio ‘¿adónde vas?’, mencionado por Firth (1972). ¿Son preguntas de fórmula? Y si es así,
¿por qué importa el modo en que uno responde? ¿El contenido de esos intercambios rutinarios
revela algo acerca de los usuarios, sus ancestros, o de toda la humanidad? ¿Por qué se saluda la
gente? ¿Cómo saben cuándo saludar y a quién? Las similitudes y las diferencias en los saludos en
diferentes variedades lingüísticas y en diferentes comunidades de habla y en diferentes tipos de
encuentros dentro de una misma comunidad ¿revelan algo interesante acerca de los hablantes o
para los hablantes?
Traducción: Elsa Ghio
Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)
Aunque la AL se define también por sus métodos etnográficos (ver cap. 4) esos métodos no son de
ninguna manera exclusivos; hay otras disciplinas que se ocupan de la investigación empírica del
comportamiento humano que siguen procedimientos similares, aunque no necesariamente
idénticos. Los antropólogos lingüísticos también asignan una gran importancia a las prácticas de
escritura, es decir, los modos en que se documentan tanto el discurso oral como otras actividades
simbólicas, y cómo esas prácticas se vuelven accesibles, primero para su análisis y luego para
argumentar acerca de ellas, mediante una gran variedad de convenciones de transcripción y de
nuevas tecnologías (ver cap. 5). Pero también en este caso existen muchas disciplinas que pueden
reclamar su experticia en estos procedimientos. Aunque los métodos pueden ser útiles para
establecer una tensión creativa entre la teoría y la práctica, nunca pueden agotar o definir la
singularidad de una disciplina.
Lo que es propio de la AL radica en alguna otra parte, como lo es su interés por:
los hablantes como actores sociales,
el lenguaje como producto de la interacción social y como recurso para construir esa
interacción social,
las comunidades lingüísticas como entidades simultáneamente auténticas e imaginarias,
cuyos límites son constantemente reconfigurados y negociados mediante una gran
cantidad de actos de habla. 6
La AL se construye parcialmente a partir del trabajo de los lingüistas estructuralistas, pero
proporciona una perspectiva diferente sobre el objeto de su estudio, el lenguaje, y en última
instancia, configura un nuevo objeto. Este nuevo objeto incluye el ‘instinto del lenguaje’ discutido
por los gramáticos formalistas, quienes ponen el acento en las bases biológicas de la facultad del
lenguaje (Pinker 1994), pero también manifiestas un conjunto de preocupaciones diferentes, y por
tanto, una agenda de investigación diferente.
Como se verá en las capítulos siguientes, los gramáticos se ocupan de manera típica del lenguaje
como sistema abstracto de reglas para la combinación de elementos distintos y carentes de
significado (fonemas) para formar unidades significativas (morfemas), que a su vez se combinan
para formar unidades de nivel superior (palabras, frases, oraciones). La separación teórica entre
lenguaje como sistema abstracto y lenguaje como sistema concreto, que se encuentra implícita en
la lingüística estructural, restringe el rango de los fenómenos que se consideran relevantes para la
teoría (8). Este tipo de idealizaciones implicaron un considerable progreso en la comprensión de
las propiedades formales del lenguaje. No obstante, su objetivo final no es la comprensión del
papel y el lugar de las formas y los contenidos lingüísticos (incluida la gramática) en las vidas de las
personas y las comunidades, sino un comprensión de las propiedades universales de la mente
humana, que entraña las propiedades formales de los sistemas lingüísticos inferidos a partir del
estudio de las intuiciones. Desde esta perspectiva, los hablantes sólo pueden considerarse como
representativos de una especie humana abstracta. Las comparaciones de las actuaciones de
8
Aquí me refiero a la distinción saussureana entre langue/parole (Saussure 1916) y reformulada luego por Chomsky
como competencia/actuación (Chomsky 1965) y luego reformulada como lenguaje I y lenguaje E (Chomsky 1986).
hablantes individuales o de dialectos particulares sólo interesan si revelan algo acerca del cerebro
humano y de la capacidad innata de tener un lenguaje. El objeto de estudio de la mayor parte de
la lingüística formal contemporánea es la facultad de hablar, más que el hablar mismo. Por lo
tanto, lingüística formal se ocupa de estudiar un homo sapiens demasiado abstracto y sin
atributos, y no los chicos de un barrio de Filadelfia o los oradores Akan de Ghana. Para la AL, en
cambio, el objeto y la finalidad es estudiar el lenguaje como medida de nuestras vidas (metáfora
tomada de Toni Morrison, 1994). Por esta razón centra el interés en la actuación lingüística y en el
discurso situado. En lugar de concentrarse exclusivamente en lo que nos hace cognitivamente
iguales, la AL centra su interés también en la manera en que el lenguaje crea diferencias, entre
grupos, individuos, personalidades.
El lenguaje es la herramienta intelectual más poderosa desarrollada por los humanos. Una de sus
funciones es la reflexividad, es decir, la posibilidad de reflexionar sobre el mundo, incluyendo el
propio lenguaje. El lenguaje puede usarse para hablar acerca de lenguaje (ver cap. 3). De manera
más general, como dice Michael Silverstein (1976b, 1981, 1993), la posibilidad de realizar
descripciones culturales y por ende, el destino de la antropología cultural, dependen de en qué
medida una lengua determinada permite a sus hablantes articular con palabras lo que hacen en su
vida cotidiana. Boas, Malinowski y otros fundadores de la moderna antropología sabían desde el
principio que es el lenguaje el que proporciona las interpretaciones de los eventos que observa el
etnógrafo. En verdad, sin lenguaje no existe descripción ni relato de eventos. Los etnógrafos 7
trabajan con textos, con libros de notas llenos de descripciones, relatos, listas de nombres y
objetos, unos cuantos dibujos y algunos torpes intentos de traducción. Este aspecto de su trabajo
los obliga a convertirse en expertos en análisis del discurso.
Pero una cultura no está contenida sólo en los relatos que uno puede escuchar de sus miembros.
También está en los encuentros que hacen posibles los relatos, en los tipos de organización que
permiten a la gente participar o no, ser o no competentes, dar órdenes o ejecutarlas, hacer
preguntas o contestarlas. Como se discutrá en los próximos capítulos, ser un etnógrafo implica
poseer los instrumentos para oir y luego escuchar cuidadosamente lo que las personas están
diciendo cuando están juntas. Significa aprender a entender qué es lo que están haciendo los
participantes de la interacción particular que estamos estudiando, qué es lo que para ellos es
significativo, a qué le están prestando atención y para qué. Los grabadores y las cámaras de video
son una gran ayuda, por cierto, pero también necesitamos instrumentos analíticos muy
sofisticados.
En este libro, la consideración acerca de las unidades de análisis se basa en la idea de que analizar
significa dividir el flujo continuo de la experiencia – característico de nuestra propia percepción del
mundo – en fragmentos manejables que puedan ser aislados y examinados de una manera
reproducible en otras situaciones. Un enfoque antropológico del problema de las unidades de
análisis implica la preocupación acerca de si la segmentación que proponemos como analistas es
consistente con lo que los mismos participantes creen que ocurre en sus encuentros.
Desafortunadamente (o afortunadamente, según el punto de vista), no podemos simplemente
preguntarle a una persona si tiene sentido analizar lo que hace empleando las nociones
desarrolladas por los lingüistas o los analistas de la lengua. Conceptos como morfemas, oraciones,
juegos de lenguaje, pares adyacentes, marcos de los participantes, tienen por lo general escaso, o
ningún, sentido fuera de un determinado paradigma de investigación. La cuestión reside entonces
en encontrar conceptos analíticos que sean consistentes con la perspectiva de los propios
participantes, sin convertir a cada participante en un antropólogo que tiene que compartir
nuestras propias preferencias analíticas.
La búsqueda de las dimensiones relevantes del entendimiento humano y de los criterios de
relevancia, ha llevado a los antropólogos lingüísticos a prestar atención a los detalles de los
encuentros cara a cara. Algunos teóricos sociales han considerado que esto implicaría aislar las
interacciones estudiadas de las fuerzas sociales que operan fuera o más allá de esas interacciones.
Así, Pierre Bourdieu (1990; Bourdieu y Wacquant 1992) sostiene que algunos trabajos realizados
por los analistas de la conversación y los antropólogos lingüísticos caen dentro de lo que ellos
llaman una “falacia ocasionalista”, es decir, creer que cada encuentro se crea en el acto mismo de
su realización, cuando por el contrario, el mundo en el que ocurre cualquier encuentro está pre-
definido por relaciones más amplias, relaciones raciales, de género y de clase social (Bourdieu y
Wacquant 1992:144f) pre-existentes.
Sin embargo, ningún antropólogo lingüístico se manifestaría en contra de esta relevancia de las
“relaciones más amplias”. En realidad, gran parte de los trabajos empíricos realizados en esta
disciplina tratan de descubrir maneras de conectar los fenómenos de micro-level (analizables
8
mediante grabaciones y transcripciones) con el trasfondo social macro, muchas veces invisible, de
las relaciones establecidas entre las personas, y mediatizadas por sus historias particulares, e
incluso, por historias institucionales. El hecho de que estas conexiones sean a veces muy difíciles
de establecer – y por cierto, todavía queda mucho por hacer en este sentido- no siempre es un
indicio de debilidad teórica o de ingenuidad política. Lo que podría parecer un hueco teórico por
parte de los antropólogos culturales, se debe en verdad, a su renuencia a adoptar teorías y
metodologías nacidas de trabajos empíricos que no resultan fiables. Muchas veces, la suposición
de que "cada intercambio lingüístico contiene en potencia un acto de poder” (Bourdieu y Wacquant
1992: 145) implica que los analistas pueden ignorar o dejar de investigar cómo se producen
concretamente estos actos de poder. Muchas veces los fenómenos observados parecen sacados de
un guión (script) basado en el conocimiento o en la astucia política del momento. La astucia del
investigador implica prestar atención a lo que hace como analista. Si una de las preguntas
etnográficas más básicas es “¿Para quién es importante esto?", debemos estar preparados a
admitir que en algunos casos algo es importante para nosotros como investigadores, que nosotros
estamos en el contexto, tal como nos han enseñado los antropólogos críticos contemporáneos
(Clifford y Marcus 1986). Pero este reconocimiento – y la reflexividad que implica este
reconocimiento - no puede agotar toda nuestra búsqueda epistemológica. Debemos poder
descentrarnos de otros momentos históricos, debemos poder ‘dejar en suspenso’ nuestros juicios
y aprender a “alejarnos” o a “tomar distancia”, debemos ser capaces de escuchar los enunciados
de los hablantes de una manera más próxima al modo en que ellos las han escuchado – aunque de
ninguna manera sea idéntica. Conocer la clase social, los antecedentes familiares o el género al
que pertenecen los participantes, sólo nos proporciona una parte – aunque potencialmente
Traducción: Elsa Ghio
Alessandro Duranti
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UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)
importante – del relato que estamos construyendo. Como señaló Susan Gal (1989), los trabajos
recientes sobre la lengua de las mujeres rechazan toda idealización esencialista de la “voz de una
mujer” y la noción implícita de que existe una cultura propia de la mujer, y colocan en primer lugar
la hipótesis que sostiene la existencia de "prácticas lingüísticas más ambiguas, muchas veces
contradictorias, que difieren de una mujer a otra, en diferentes clases sociales y en diferentes
grupos étnicos y que varían desde la adaptación hasta la oposición, la subversión, el rechazo o la
reconstrucción de las definiciones culturales imperantes" (Gal 1989: 4). Si queremos hablar sobre el
género, el discurso y el poder, sostiene Gal, lo primero que tenemos que hacer es averiguar qué es
lo que se considera ‘poder’ y ‘discurso poderoso’ en distintas culturas. Debemos prepararnos para
admitir la posibilidad de que el poder signifique diferentes cosas en diferentes culturas. Para el
antropólogo lingüístico, una noción diferenciada del poder significa que es probable que
encontremos que las prácticas lingüísticas se distribuyen de manera diferente a través los límites
étnicos del género, de la clase social. Pero esta distribución no es absoluta, no puede determinarse
de una vez para siempre, basándose exclusivamente en el supuesto de la dominación o la
hegemonía, e independientemente del lenguaje.
Los antropólogos lingüísticos parten del supuesto de que existen dimensiones de habla que sólo
pueden ser captadas estudiando lo que las personas hacen efectivamente con el lenguaje, uniendo
las palabras, los silencios y los gestos con el contexto en el que estos signos son producidos. Esta
posición ha permitido descubrir que el habla es un acto social, y como tal, está sujeta a las 9
restricciones que impone la acción social. También nos ha permitido ver de qué modo el habla
produce la acción social y tiene consecuencias sobre nuestros modos de ser en el mundo, y en
última instancia, sobre la condición humana.
9
Como señaló Dreyfus (1991: 205), Heidegger y Bourdieu comparten la idea de que el comportamiento humano tiene
lugar como una estrategia de supervivencia en curso [ongoing skillful doping], sin necesidad de recurrir a estados
mentales (i.e. creencias, deseos, intenciones, etc.)..."
Entre las disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales que se dedican al estudio de la
comunicación, la Sociolingüística es la más cercana a la Antropología Lingüística. En realidad, si no
fijamos en la historia de ambas disciplinas, a veces resulta difícil separarlas. Aunque muchos
sociolingüistas están más a favor de los métodos cuantitativos y tienden a trabajar en ambientes
urbanos, mientras que la mayoría de los antropólogos prefieren los métodos cualitativos y tienden 12
a trabajar en sociedades más pequeñas, los objetivos generales de sus investigaciones parecen
bastante similares – especialmente a partir de que cada vez más los antropólogos tienden a dirigir
su atención hacia los contextos urbanos.
Algunas de las diferencias entre ambas disciplinas tienen que ver con su historia. Cuando el campo
disciplinario fue definido oficialmente por Boas y sus colegas a comienzos del siglo XX (ver sección
3.1), la Antropología Lingüística se incluía uno de los cuatro sub-campos de la Antropología. Por su
parte, la Sociolingüística surgió de la dialectología urbana a finales de la década del ’50 y principios
de los ’60. La cercanía entre ambas disciplinas fue acentuada en parte durante la década 1960-
1970 por los diferentes esfuerzos realizados para fusionarlas entre sí, entre ellos los intentos de
Dell Hymes por definir un campo interdisciplinario en torno al estudio del uso lingüístico. Esto se
evidencia en la introducción de la antología de Gumperz y Hymes (1964), donde Hymes trató
fuertemente de constituir el campo que llamó etnografía de la comunicación creando vínculos con
todo lo que en ese momento podía pensarse relevante, o incluso marginal, para el estudio de la
interfase entre el lenguaje y la cultura o entre el lenguaje y la sociedad. Cuando analizamos los
temas de los artículos y los autores incluidos en la antología de 1964, advertimos que allí se
encontraban representados los siguientes campos de conocimiento: la lingüística sociológica
(Bernstein), el folklore (Arewa & Dundes), la sociolingüística interaccional (Ervin-Tripp), la
sociolingüística comparativa (Ferguson), la antropología cognitiva y la etnociencia (Frake), la
lingüística histórica (Malkiel), la sociolingüística cuantitativa (Labov), y la (micro) sociología
interaccional (Goffman). En una antología posterior (Gumperz & Hymes 1972), encontramos
algunas contribuciones similares, pero también muchas otras nuevas, particularmente sobre la
comunicación no-verbal (o kinésica), representada por los trabajos de Birdwhistell y por la escuela
de la etnometodología, representada por Garfinkerl, Sacks y Schegloff.
Gumperz y Hymes contribuyeron a configurar las relaciones que siguen siendo importantes para la
antropología lingüística como campo interdisciplinario, pero no lograron su intento ecuménico de
crear un campo unificado en el que todos los autores y las escuelas mencionados pudieran
reconocerse a sí mismos. Esto se hizo evidente cuando examinamos los intereses teóricos
principales de la Sociolingüística y la Antropología Lingüística contemporáneas.
La Sociolingüística ha continuado trabajando con la selección lingüística y en torno al problema del
cambio lingüístico, al tiempo que intenta entablar un diálogo más asiduo con los gramáticos
formales, con quienes comparte el interés por cómo representar la competencia lingüística,
aunque no logran ponerse de acuerdo en los criterios para evaluar esa competencia y sus límites.
Los sociolingüistas también siguen preocupados por definir la ‘comunidad de habla’ como punto de
referencia para investigar los límites de la variación individual en el uso lingüístico. Para lograr
estos objetivos, el estudio de fenómenos como las lenguas pidgin y las lenguas criollas, y las
cuestiones de planificación lingüística, parecen ser terrenos de comprobación muy fuertes ( 10).
Otras áreas de estudio, como los registros, las relaciones entre lenguaje y género, los actos de
habla y el discurso, han sido a menudo compartidas por los sociolingüistas y los antropólogos
lingüísticos, y por lo tanto, han permitido intercambios provechosos entre ambas disciplinas. 13
Además de la importancia del concepto de cultura (ver capítulo 2), que por sí solo marca la
diferencia de los métodos y los objetivos teóricos de la Antropología lingüística con los de la
investigación sociolingüística, existe toda una serie de preocupaciones teóricas asociadas de
manera singular con el trabajo de los antropólogos lingüísticos. Me ocuparé de ellas en las
siguientes secciones.
1.4. Preocupaciones teóricas de la Antropología lingüística contemporánea
Hay tres grandes áreas que se han desarrollado dentro de la antropología lingüística en las últimas
décadas. Cada una de ellas está dedicada a la comprensión de una de las siguientes nociones
analíticas:
(i) la actuación (performance),
(ii) la indicialidad, y
(iii) la participación.
Como veremos a continuación, las tres nociones se interconectan.
11
En escritos más recientes de Chomsky, la distinción entre competence y performance ha sido revisada a través de la
distinction entre lo que él llama "lenguaje interno" (I-language) y lenguaje externo (E -language) (Chomsky 1986) (ver
sección 3.5.1).
12
La noción de ‘competencia’ de Chomsky fue criticada por Dell Hymes (1972b) quien introdujo la noción alternativa
de competencia comunicativa. Esta es el conocimiento que hablante necesita tener para funcionar como un
miembro de su grupo social. Aunque la noción de Hymes trata de resolver algunos de los problemas inherentes a la
noción de Chomsky, subscribe los mismos supuestos epistemológicos. Algunos de estos supuestos han sido
cuestionados por concepciones teóricas más recientes, como la teoría de la práctica y de la distribución del
conocimiento (ver capítulo 2).
llamó la "función poética" del discurso (ver sección 9.2). La ‘performance’ es algo creativo,
realizado, logrado" (Hymes 1981: 81). Es una dimension de la vida humana que se ha enfatizado en
la música, el teatro y otras exhibiciones públicas de la creatividad y las habilidades artísticas. Se
encuentra, por ejemplo en los debates públicos, en el relato de cuentos, en el canto, y en otras
actividades en las que lo que los hablantes dicen se evalúa de acuerdo con cánones estéticos, es
decir, por la belleza de su dicción o de acuerdo con el efecto que tiene sobre la audiencia, por
ejemplo, por su habilidad para "conmover" al público (Briggs 1988). Pero esta noción de
performance también puede describir lo que a menudo se halla en los encuentros más comunes,
cuando los actores sociales muestran sus habilidades y demuestran una atención particular en la
distribución de un mensaje. Interesarse y suscribir esta noción de performance implica algo más
que reconocer que el el habla siempre existe una dimensión estética, entendida como la atención
que se presta a la forma de lo que se dice. También implica destacar que el habla implica una
exposición al juicio, la reacción y la cooperación de un público o audiencia, que interpreta, evalúa,
aprueba, sanciona, amplía o minimiza lo que se ha dicho (Duranti & Brenneis 1986). En esta otra
significación de performance, además de la dimensión de la responsabilidad o justificabilidad
(accountability), está también la dimensión o el riesgo o el desafío (Bauman 1977). Incluso el
hablante más competente puede decir una palabra equivocada en el momento equivocado así
como el mejor de los actores puede calcular mal una pausa o una cantante de ópera puede fallar
en el control de la altura de su voz. Esta dimensión dramática de la actuación verbal es reconocida 15
en varios enfoques de las ciencias sociales, incluso en el uso que hace Goffman de metáforas
tomadas de la dramaturgia, como actor, escenario, primer plano/trasfondo (foreground
/background), marco (frame), y la crítica de Bourdieu (1977) a los paradigmas objetivistas en la
antropología que, al tratar de desentrañar la "lógica de la acción humana, olvidan la importancia
de lo "desconocido" – con su suspenso y su incertidumbre – en las diferentes fases de un
intercambio (ver sección 2.1.5).
La actuación (performance) en este sentido es una dimensión siempre presente en el uso
lingüístico porque es una dimensión siempre presente en la evaluación lingüística y porque no
existe ningún uso que no esté sujeto a evaluación. Constantemente estamos siendo evaluados por
nuestros oyentes y por nosotros mismos como oyentes.
Por último, la noción de actuación implica una noción de creatividad (Paltrier & Jankowiak 1996) y
de improvisación (Sawyer 1996). Esta se encuentra en todos los tipos de actividades y eventos de
habla, desde los más ritualizados y formales a los más comunes y casuales. En la tradición del norte
Yemeni estudiada por Steven Caton, la habilidad del poeta en su actuación concreta no sólo para
recitar versos memorizados, sino para “situar la actuación (performance) en su escenario concreto
con pocos detalles de referencia y orientación" (Caton 1990: 106). Esto implica que el poeta debe
saber cómo conectar los versos tradicionales con el aquí y el ahora de su actuación. Esto vale en
general para todo tipo de actuación (performance) verbal. Uno de los atributos de un gran orador
en Samoa es conocer qué incluir y qué dejar de lado en un discurso mientras se conectan
metáforas y proverbios conocidos por todos con la ocasión en que el discurso se pronuncia, incluso
los nombres y los títulos de las personas presentes.
Ser un hablante fluido de una lengua implica ser capaz de entrar en cualquier conversación de una
manera considerada apropiada y no perturbadora para los otros participantes. Estas habilidades
conversacionales, que por lo general damos por sentadas (hasta que encontramos a alguien que no
las posee o que ignora sus implicaciones sociales), no son demasiado diferentes de las maneras en
que un hábil músico de jazz puede entrar en la composición de otro y embellecerla, jugando en
torno a su motivo principal, destacando algunos elementos de la melodía más que otros, citando
otras ejecuciones de la misma pieza realizadas por otros músicos, e intentando diferentes
conexiones armónicas – y puede hacer todo esto sin perder conciencia de lo que cada uno de los
miembros de la banda está haciendo (Berliner 1994).
1.4.2. Indicialidad
Los filósofos han reconocido hace mucho tiempo que existen diferentes tipos de signos. Inmanuel
Kant en su Anthropology from a pragmatic point of view ([1781] 1974), distinguió entre los signos
arbitrarios y naturales. Las letras que representan los sonidos lingüísticos serían un ejemplo de
sonidos arbitrarios. No existe una relación necesaria entre la forma de una letra y la cualidad del
sonido o de los sonidos que representa, como lo demuestra el hecho de que un mismo sonido
pueda ser representado por letras diferentes en el mismo alfabeto o por diferentes símbolos en
diferentes tradiciones ortográficas (e.g. Latín vs. cirílico). Una letra representa un sonido y puede
evocar ese sonido en un lector porque se ha establecido una convención para ello, y la comunidad 16
acepta esa convención. Por otra parte, el humo que nos alerta de que existe fuego es un signo no
establecido por ninguna convención, sino por el conocimiento de un fenómeno natural recurrente.
Existe una relación de contigüidad entre el signo (humo) y el fenómeno que está en su lugar
(fuego). Basándose en la creencia de que "si hay humo, entonces hubo/hay fuego", una persona
que ve humo puede inferir que proviene de un fuego cercano. El humo no "está en lugar" del fuego
del mismo modo en que la palabra fuego podría ser usada para contar un relato acerca de un
evento pasado. El fuego real está conectado, espacio-temporalmente y físicamente, con otro
fenómeno, relacionado, y adquiere su “significado” a partir de esa conexión espacio-temporal y
física (13). Partiendo de observaciones similares, el filósofo norteamericano Charles Peirce llamó al
humo un índice y lo distinguió de los signos completamente arbitrarios (símbolos) y de los signos
que tratan de reproducir algún aspecto de su referente (íconos) (ver sección 6.8). Los índices (o
indicios) son signos que poseen algún tipo de relación existencial con aquello a lo que se refieren
(Burks 1949). Esta categoría puede fácilmente extenderse a las expresiones lingüísticas como los
pronombres demostrativos este, ese, aquel, los pronombres personales como yo y tú, las
expresiones temporales como ahora, entonces, ayer, y las expresiones espaciales como arriba,
abajo, debajo, encima. La propiedad de estas expresiones ha sido denominada indicialidad y se
puede extender a gran parte de la comunicación lingüística. El uso lingüístico está lleno de
ejemplos de expresiones lingüísticas que se conectan con o que apuntan hacia ciertos aspectos del
contexto sociocultural.
13
El filósofo Paul Grice (1957/1971) llamó a este tipo de significado "natural” y al significado establecido por
convención "no natural". Para Grice, el significado no natural se caracteriza por la intencionalidad (ver sección 7.3.2).
14
A veces la “flecha” no es tan imaginaria, dado que el uso de demostrativos como este a menudo van acompañados
por gestos.
15
En una nota al pie, Helier señala que esta expresión, como es común en situaciones de contacto lingüístico, parece
ser una traducción palabra por palabra de la formula en ingles “ may I help you?” en lugar de la expresión francesa
correspondiente para lograr el mismo efecto.
1.4.3. Participación
Como se ha mencionado antes en este capítulo, los antropólogos lingüísticos comparten con otros
científicos sociales la preocupación por los hablantes como actores sociales. Esto significa que el
habla se considera por sobre todo una actividad social que siempre involucra algo más que el
empleo de expresiones lingüísticas. Esta posición epistemológica se capta bien en la siguiente cita,
que fue originalmente escrita por Hymes como crítica la noción de competencia de Chomsky:
Tenemos que ... explicar el hecho de que un niño normal adquiere el conocimiento de
oraciones, no sólo como oraciones gramaticales, sino también como oraciones adecuadas. El
niño o la niña adquieren la competencia de cuándo hablar, cuándo no, de qué hablar, con
quiéne, cuándo, dónde y de qué manera. En síntesis, un niño se vuelve capaz de llevar a cabo
un repertorio de actos de habla, de tomar parte en eventos de habla y de evaluar cómo son
realizados por otras personas. Esta competencia se integra, además, con sus actitudes,
valores y motivaciones relativas al lenguaje, sus característcias y sus usos, y se integra con las
actitudes y la competencia para interrelacionar el lenguaje con los otros códigos de la
conducta comunicativa. (Hymes 1972b: 277-8) 19
Uno de los puntos principales de este fragmento es el reconocimiento de que ser hablante de una
lengua implica ser miembro de una comunidad de habla. Esto ultimo implica, a su vez, tener acceso
a una cantidad de actividades y usos lingüísticos. Ser un hablante competente de una lengua
implica ser capaz de hacer cosas con esa lengua como parte de actividades sociales más amplias
que están organizadas culturalmente y deben ser interpretadas culturalmente. Las nociones de
evento comunicativo, evento de habla y actividad de habla son algunas de las nociones empleadas
en el pasado para expresar esta idea básica. El concepto que se emplea por lo general para decir
que el habla es parte de actividades más amplias es el concepto de participación. Esta noción
destaca la cualidad inherentemente social, colectiva y distribuida de cualquier acto de habla.
Hablar una lengua implica ser capaz de usar los sonidos que nos permiten participar en una
interacción con otros evocando un mundo que por lo general es más amplio que lo que podemos
ver y tocar en un momento dado. La conexión a través de este mundo más amplio, ya sea real o
imaginaria, es producida en parte mediante la habilidad que tienen las palabras para hacer cosas,
de su poder performativo (ver sección 1.4.1 más arriba), la cual, a su vez, es posible en parte
gracias a su capacidad de indicar algo que está más allá de las palabras, mediante sus propiedades
indiciales (ver sección 1.4.2 más arriba).
La participación presupone el conocimiento para manejar la recuperación de la información y la
predicción de las acciones de los otros, necesarios para la resolución de problemas. También
presupone un componente corpóreo, un cuerpo vivo que interactúa con su medio ambiente, no
sólo físicamente (por ejemplo, mediante el tacto) sino también, significativamente. Ser un ser
humano implica estar comprometido en un continuo proceso de interpretación de las relaciones
espaciales y temporales con el mundo que nos rodea (Umwelt). Ese mundo incluye no sólo objetos
Traducción: Elsa Ghio
Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)
materiales – herramientas y artefactos – sino también, otros cuerpos vivos (C. Goodwin ,1981, en
prensa; Goodwin & Goodwin 1996; Hanks 1990; Heidegger 1962; Merleau-Ponty 1962). La
participación implica compartir los recursos materiales e ideacionales (incluyendo las lenguas),
pero no presupone que el conocimiento o el control de esos recursos sea compartido
igualitariamente. Una de las razones para investigar la noción de participación en el estudio de las
prácticas culturales ha sido la diferenciación característica de cualquier comunidad o grupo de
personas (ver capítulo 2). Por último, la participación, como concepto analítico, reemplaza a las
viejas dicotomías como hablante-oyente, emisor-receptor. Como veremos en el resto de este libro
(especialmente en el capítulo 9), cualquier texto puede representar simultáneamente a varios
autores; a menudo, el significado es construido por la yuxtaposición de voces diferentes, cada una
de las cuales se logra mediante eñ uso de diferentes lenguas, dialectos y estilos.
1.5 Conclusiones
21