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6-Duranti - Cap 1. Alcances Del Campo de La AL

Este documento resume el libro "Linguistic Anthropology" de Alessandro Duranti, en el que explora el campo de la antropología lingüística. Duranti define la antropología lingüística como el estudio del lenguaje como recurso cultural y el habla como práctica cultural. Explica que aunque se basa en métodos de disciplinas como la lingüística y la antropología, la antropología lingüística ha desarrollado su propia identidad intelectual. El objetivo del libro es describir esta identidad y

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6-Duranti - Cap 1. Alcances Del Campo de La AL

Este documento resume el libro "Linguistic Anthropology" de Alessandro Duranti, en el que explora el campo de la antropología lingüística. Duranti define la antropología lingüística como el estudio del lenguaje como recurso cultural y el habla como práctica cultural. Explica que aunque se basa en métodos de disciplinas como la lingüística y la antropología, la antropología lingüística ha desarrollado su propia identidad intelectual. El objetivo del libro es describir esta identidad y

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Alessandro Duranti

Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

Alcances del campo de la Antropología Lingüística

Alessandro Duranti (1)

Capítulo 1

La antropología lingüística ha sufrido considerables transformaciones en las últimas décadas y el


libro de Duranti presenta algunas de las características principales que ha asumido esta
transformación.
La obra está concebida como expresión de la investigación contemporánea sobre el lenguaje y la
cultura desde un punto de vista particular, la suya, aunque también señala que hará referencia al
trabajo de muchos investigadores de antropología, lingüística, lingüística aplicada, sociología,
folklore, estudios de la actuación (performance), filosofía, etnomusicología y comunicación, que 1
tienen en común su interés en las prácticas comunicativas como constitutivas de la cultura en la
vida cotidiana. Aunque no todos ellos se dediquen a la antropología lingüística, sí se ocupan del
estudio del lenguaje como recurso cultural y del habla como práctica cultural, o se apoyan en la
etnografía como elemento esencial de sus análisis y sus trabajos se inspiran en una variedad de
fuentes filosóficas de las ciencias sociales y las humanidades.

1. El campo de estudio y los alcances de la AL

1
Datos sobre Alessandro Duranti

Alessandro Duranti enseña Antropología en la University of California - Los Angeles. Nació en Roma, Italia el 17
de Septiembre de1950. Desde 1970-1974, asistió a la Universidad de Roma. Continuó luego sus estudios
de Lingüística en la University of Southern California, donde recibió su Ph.D. en enero de 1981. Luego de
esto, fue a la Research School of Pacific Studies en la Australian National University en Canberra con una beca
para realizar estudios de Postdoctorado.. luego de terminar esta Beca, comenzó a trabajar en el
Laboratory of Comparative Human Cognition en la University of California at San Diego. Desde 1984-1988,
enseño en el Pitzer College, y el UCSD en el Departamento de Comunicación. Luego de 1988, enseñó en
el Departamento de Antropología de la UCLA, donde trabajó durante 12 años y actualmente es Profesor.
Anthropology 33 es el curso anual que da allí desde 1988. Ha publicado diversos libros desde 1977. Entre
ellos: Linguistic Anthropology, Key Terms in Language and Culture, From Grammar to Politics in a
Western Samoan Village; y tam,bién numerossos artículos en revistas especializadas. Participa también
en royectos de investigación; algunos de los más recientes son: Walter Capps for the US Congress: The
Birth of a Political Voice and Socialization of Scientific Discourse in Samoan American Households.
URL: http://www.sscnet.ucla.edu/anthro/faculty/duranti/publish.htm

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

Las contribuciones de la AL al conocimiento de la naturaleza del lenguaje como herramienta social


y del habla como práctica cultural han establecido un dominio de investigación que otorga un
nuevo sentido a las tradiciones pasadas y presentes de las humanidades y las ciencias sociales e
invita a repensar la relación entre lenguaje y cultura.
Decir que la AL es un campo interdisciplinario implica que se construye en gran parte a partir de
aportes de otras disciplinas, particularmente de aquellas que forman su nombre: la antropología y
la lingüística. (...) [No obstante,] el campo de la AL ha desarrollado su propia identidad intelectual.
El objetivo principal de este libro es describir en qué reside esta identidad y explicar cómo puede
aumentar nuestra comprensión del lenguaje no sólo como un modo de pensamiento, sino, sobre
todo, como una práctica cultural, es decir, como una forma de acción que presupone y al mismo
tiempo produce modos de ser en el mundo. Sólo en el contexto de esta concepción del lenguaje
podrá la AL seguir influyendo creativamente sobre los campos de estudio de los que se alimenta al
mismo tiempo que realiza su propia contribución singular a la comprensión de qué significa ser
humano.
1.1. Definiciones
El término antropología lingüística –AL- (y su variante, antropología lingüística- LA ( 2)) se entiende
por lo general de diferentes maneras; por eso es necesario aclarar el modo en que se empleará en
este libro. 2
(...)
En este punto debería mencionar que gran parte de lo que se considera en esta obra también ha
sido llamado etnolingüística, un término que aunque en EEUU sólo logró popularidad a finales de
los años ’40 y principios de los ’50 (Olmsted 1950; Garvin y Riesenberg 1952), es bastante común
entre los estudiosos europeos (3), quizás porque siguieron la preferencia por la denominación
“etnología” y sus derivados en lugar de “antropología”, dominante en general hasta hace poco en
la Europa Continental. (4) Como quedará claro en el resto de este capítulo, mi propia elección de la
expresión “antropología lingüística” (AL) sobre la de “lingüística antropológica” (LA) y sobre

2
Los dos términos “antropología lingüística” y “lingüística antropológica” han sido empleados en el pasado de manera
más o menos intecambiable y cualquier intento de rastrear su contenidos o sus distinciones prácticas nos hace correr el
riesgo de tener que reescribir la historia. Desde la década de los ’60 Hymes (1963,1964c) trató de estabilizar el uso del
término antropología lingüística en una cantidad de ensayos. Pero incluso Hymes, siendo un historiador tan
escrupuloso, pudo encontrar alternancias entre ambos. En Language in culture and society, emplea “Antropología
lingüística” cuando define este campo en la introducción (Hymes 1964ª:xxiii) – ver nota 6 más abajo – y emplea
ambos “lingüística antropológica” y “antropología lingüística” cuando considera la influencia que tuvo Boas en este
campo. “Boas y otros constructores de la Antropología lingüística en EEUU...” y, en el siguiente parágrafo “ Boas et al.
(1916) define un estilo que caracteriza el campo de trabajo que Boas y una generación de antropólogos lingüísticos
norteamericanos” (p. 23)
3
Cardona (1973, reimpreso en 1999:13-44) menciona varios derivados del término inglés ethnolinguistics en otras
lenguas europeas, como el rudo etnolingvistika, el alemán Ethnolinguistik, el español etnolingüística y el portugués
etnolinguística . El mismo Cardona eventualmente siguió esta tendencia europea abandonando la expresión lingüística
antropológica por etnolingüística en la introducción de su obra (Cardona 1976).
4
Malinowski también empleó el término ethnolinguistics en sus primeros escritos, donde explicitó “una urgente
necesidad de una teoría etnolingüística, una teoría para la orientación de la investigación lingüística que se tenía que
llevar a cabo entre los nativos y en relación con el estudio etnográfico” (1920:69) (citado por Hymes 1964c:4).

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

“etnolingüística” es parte de un intento consciente por consolidar y redefinir el estudio del


lenguaje y la cultura como uno de los principales subcampos de la antropología. Esta perspectiva
del campo fue claramente establecida por Hymes (1963:277), cuando lo definió como ‘ el estudio
del habla y el lenguaje en el contexto de la antropología’.
En este libro la AL se presenta como el ‘ estudio del lenguaje como recurso cultural y el habla como
una práctica cultural’. Como campo inherentemente interdisciplinario, se apoya en los métodos de
otras disciplinas, en particular, la lingüístico y la antropología, al mismo tiempo que aporta a su
desarrollo. Su objetivo fundamental es proporcionar una comprensión de los múltiples aspectos
del lenguaje como conjunto de prácticas culturales, es decir, como un sistema de comunicación
que permite las representaciones interpsíquicas (entre individuos) e intrapsíquicas (en el mismo
individuo) del orden social y ayuda a la gente a usar esas representaciones para sus acciones
sociales básicas. Inspirado en el trabajo de una gran cantidad de antropólogos importantes de la
primera mitad del siglo XX que hicieron del lenguaje su preocupación primordial y lo convirtieron
en una herramienta indispensable para la Antropología cultural, la producción de trabajos con un
fundamento etnográfico que realizaron los antropólogos lingüísticos tratando de explicar las
estructuras lingüísticas tal como las emplean las personas reales en situaciones de tiempo y
espacio reales. Esto implica que la AL considera a los sujetos de su estudio, es decir, a los
hablantes, primero y por sobre todo, como actores sociales, es decir, como miembros de
comunidades particulares y complejas, organizadas en diversas instituciones sociales y 3
relacionadas mediante conjuntos interrelacionados de expectativas, creencias y valores morales,
que se intersectan pero no necesariamente se superponen entre sí.
A diferencia de las primeras definiciones de este campo de estudio y de algunas ideas vulgares de
‘sentido común’ sostenidas por personas no profesionales, la Antropología lingüística no se
considera en este libro como sinónimo de cualquier estudio del lenguaje realizado por
antropólogos. Tampoco es equivalente a las colecciones de textos ‘exóticos’ estudiados
tradicionalmente por los antropólogos, y producidos por lo general por miembros de sociedades
tecnológicamente desarrolladas o sin escritura. ( 5) El producir un informe escrito de algunos
aspectos de la gramática de una lengua hablada por personas sin escritura – ya sea en la jungla
brasilera o en el desierto de Kalahari – no es suficiente para calificar a una persona como un
antropólogo lingüístico. Lo que distingue a la AL son más bien sus objetivos, el desarrollo y el
empleo de métodos específicos a una investigación en antropología lingüística y que la diferencian
tanto de una investigación lingüística como de un informe etnográfico.
Lo que distingue a los estudiosos de AL de otros estudiosos del lenguaje no es sólo su interés en el
uso lingüístico – perspectiva compartida por otros investigadores, dialectólogos y sociolingüístas
(en particular Hudson 1980), sino su interés en el lenguaje como conjunto de recursos simbólicos
que contribuye a la constitución del tejido social y a la representación individual de mundos reales
o posibles. Este interés permite a los antropólogos lingüísticos ocuparse de manera innovadora de

5
Mi posición aquí contrasta fuertemente con la definición de lingüística antropológica que ofrece Hoijer (1961:110)
como “... un área de investigación dedicada principalmente a los estudios, sincrónicos y diacrónicos, de las lenguas de
pueblos sin escritura”.

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
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1997 (Reprinted 1999)

temas y tópicos que son centrales para la investigación antropológica, tales como las políticas de la
representación, la constitución del poder, la legitimación del poder, las bases culturales del
racismo y el conflicto étnico, el proceso de socialización, la construcción cultural de la persona ( o
el yo), las políticas de las emociones, la relación entre la actuación ritual y las formas de control
social, la cognición y el conocimiento de dominios específicos, la actuación artística y las políticas
de consumo estético, el contacto cultural y el cambio social.
La AL se presenta a menudo como una de las cuatro ramas tradicionales de la antropología ( las
otras son la Antropología arqueológica, biológica o física, y socia-cultural ( 6)). No obstante, ser un
antropólogo y trabajar con el lenguaje son dos condiciones que no necesariamente califican a
alguien como un antropólogo lingüístico. En verdad, es muy posible que un antropólogo produzca
una descripción gramatical de una lengua que tenga poco o nada que ofrecer para la teoría y los
métodos de la Antropología Lingüística. La AL debe considerarse como parte de campo más amplio
de la antropología, no porque sea una clase de lingüística practicada en los departamentos de
antropología, sino porque analiza el lenguaje desde una perspectiva antropológica. Esta
perspectiva incluye la preocupación por la transmisión y la reproducción de la cultura, la relación
entre sistemas culturales y diferentes formas de organización social, y el rol que juegan las
condiciones materiales de existencia en la comprensión del mundo de un pueblo. Esta concepción
de la Antropología Lingüística no implica, sin embargo, que estas preguntas de investigación
siempre deban ser configuradas por los otros subcampos de la antropología. Por el contrario, la 4
misma existencia de un campo independiente de la AL se justifica sólo en la medida en que ésta
sea capaz de establecer su propia agenda de investigación, la cual se informa de los temas
antropológicos, pero no necesariamente se tiene que limitar a esas cuestiones ( 7). En particular,
como se dirá más abajo, no todas las concepciones de la cultura que se han desarrollado dentro de
la antropología social contribuyen de la misma manera a la dinámica y compleja noción de lenguaje
asumida en el presente por muchos antropólogos lingüísticos. Muchos antropólogos culturales
continúan considerando al lenguaje primordialmente como un sistema de clasificación y de
representación, y aun cuando las etnografías emplean formas lingüísticas, tienden a considerarlas
como meras etiquetas de un significado establecido de manera independiente. Los antropólogos
lingüísticos han afirmado, en cambio, una perspectiva del lenguaje como conjunto de prácticas que
juegan un papel central en la mediación de los aspectos materiales e ideativos de la existencia
humana, y por lo tanto, en la producción de modos particulares de ser en el mundo. Esta
perspectiva dinámica del lenguaje es la que otorga a la AL su lugar específico en las humanidades y
las ciencias sociales.

1.2. El estudio de las prácticas sociales

6
Para los propósitos que persigue esta discusión, estoy fusionando en un solo término la distinción que se plantea a
veces entre antropología social – se ocupa de la reproducción de determinados sistemas sociales – y la antropología
cultural – que se ocupa de las nociones más cognitivas de la cultura, propuesta por Boas y sus estudiantes.
7
Aquí estoy reformulando una vieja definición de Hymes (1964ª: xxiii): “ En cierto sentido, [la antropología Lingüística
] es una actividad característica, la actividad de quienes plantean sus cuestiones sobre el lenguaje son configuradas
desde la antropología... Su alcance puede incluir problemas que caen fuera de las preocupaciones habituales de los
lingüistas y siempre incluye de manera singular el problema de la integración con el resto de la antropología”.

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
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Como dominio de investigación la AL empieza a partir de la presunción de que las palabras tienen
importancia y a partir del descubrimiento empírico de los signos lingüísticos como
representaciones del mundo y de que sus conexiones con el mundo nunca son neutrales, ya que
constantemente se emplean para la construcción de afinidades y diferencias culturales. (...)
A la intuición del estructuralismo de que la interpretación es principalmente un proceso de
comparación que entraña la diferenciación, la AL le agrega que esas diferencias no solamente viven
en los códigos simbólicos que las representan. Las diferencias no se deben sólo a la sustitución de
un sonido por otro (cana/cama/caña) o de una palabra por otra (una gran amiga mía / una gran
preocupación mía). Las diferencias viven también en los actos de habla concretos, en la
combinación de palabras con acciones, en la sustitución de palabras por acciones. También a los
estructuralistas debemos el prestar atención a lo no dicho, a las preguntas y respuestas
alternativas, al silencio, no preferido, pero posible, y por tanto, significativo (Basso 1972; Bauman
1983). Cuando pensamos en lo que se dice en contraste con lo que no se dice, sentamos una base
para evaluar lo que se ha dicho (Tyler 1978). ¿Cuál debe ser la amplitud y la profundidad de esta
investigación? ¿Cuántos niveles de análisis se necesitan? Esta cuestión no sólo tiene que ver con la
cantidad de enunciados, hablantes y lenguas que deben investigarse, sino con el alcance de la
etnografía, sus méritos y sus límites, con la cantidad de fenómenos que estimamos pertinentes,
los cuales pueden ser muchos, pero que de hecho se limitan a la acción y la comprensión humanas.
No se puede pensar en el mundo como un todo al mismo tiempo. Gran parte del trabajo realizado 5
por los antropólogos lingüísticos se relaciona con los modos en que las palabras dichas en una
ocasión particular proporcionan (a los participantes, en primer lugar, y luego, a los investigadores)
un punto de vista, un modo de pensar acerca del mundo y la naturaleza de la existencia humana.
Como lo señalaron los filósofos del pasado, los humanos son las únicas criaturas que pueden
pensarse a sí mismas mientras están pensando. Tal estado de conciencia está estrechamente
relacionado con la representación simbólica y por, ende, con la facultad del lenguaje. Pero el
lenguaje es más que una herramienta de reflexión con la cual intentamos dar sentido a nuestros
pensamientos y a nuestras acciones. Mediante el uso lingüístico también entramos en un espacio
interaccional que en parte, ya ha sido conformado para nosotros, un mundo en el que algunas
distinciones parecen más importantes que otras, un mundo donde cada elección que hacemos es,
en parte, contingente en relación con lo que ha ocurrido antes y contribuye a la definición de lo
que ocurrirá luego.
Tomemos el ejemplo de los saludos: en muchas sociedades los saludos adoptan la forma de una
pregunta por la salud de una persona: en español, ‘¿Cómo estás?’; mientras que en otras
sociedades, incluyen preguntas por el derrotero de la persona que se saluda, como el saludo
polinesio ‘¿adónde vas?’, mencionado por Firth (1972). ¿Son preguntas de fórmula? Y si es así,
¿por qué importa el modo en que uno responde? ¿El contenido de esos intercambios rutinarios
revela algo acerca de los usuarios, sus ancestros, o de toda la humanidad? ¿Por qué se saluda la
gente? ¿Cómo saben cuándo saludar y a quién? Las similitudes y las diferencias en los saludos en
diferentes variedades lingüísticas y en diferentes comunidades de habla y en diferentes tipos de
encuentros dentro de una misma comunidad ¿revelan algo interesante acerca de los hablantes o
para los hablantes?
Traducción: Elsa Ghio
Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

Aunque la AL se define también por sus métodos etnográficos (ver cap. 4) esos métodos no son de
ninguna manera exclusivos; hay otras disciplinas que se ocupan de la investigación empírica del
comportamiento humano que siguen procedimientos similares, aunque no necesariamente
idénticos. Los antropólogos lingüísticos también asignan una gran importancia a las prácticas de
escritura, es decir, los modos en que se documentan tanto el discurso oral como otras actividades
simbólicas, y cómo esas prácticas se vuelven accesibles, primero para su análisis y luego para
argumentar acerca de ellas, mediante una gran variedad de convenciones de transcripción y de
nuevas tecnologías (ver cap. 5). Pero también en este caso existen muchas disciplinas que pueden
reclamar su experticia en estos procedimientos. Aunque los métodos pueden ser útiles para
establecer una tensión creativa entre la teoría y la práctica, nunca pueden agotar o definir la
singularidad de una disciplina.
Lo que es propio de la AL radica en alguna otra parte, como lo es su interés por:
 los hablantes como actores sociales,
 el lenguaje como producto de la interacción social y como recurso para construir esa
interacción social,
 las comunidades lingüísticas como entidades simultáneamente auténticas e imaginarias,
cuyos límites son constantemente reconfigurados y negociados mediante una gran
cantidad de actos de habla. 6
La AL se construye parcialmente a partir del trabajo de los lingüistas estructuralistas, pero
proporciona una perspectiva diferente sobre el objeto de su estudio, el lenguaje, y en última
instancia, configura un nuevo objeto. Este nuevo objeto incluye el ‘instinto del lenguaje’ discutido
por los gramáticos formalistas, quienes ponen el acento en las bases biológicas de la facultad del
lenguaje (Pinker 1994), pero también manifiestas un conjunto de preocupaciones diferentes, y por
tanto, una agenda de investigación diferente.
Como se verá en las capítulos siguientes, los gramáticos se ocupan de manera típica del lenguaje
como sistema abstracto de reglas para la combinación de elementos distintos y carentes de
significado (fonemas) para formar unidades significativas (morfemas), que a su vez se combinan
para formar unidades de nivel superior (palabras, frases, oraciones). La separación teórica entre
lenguaje como sistema abstracto y lenguaje como sistema concreto, que se encuentra implícita en
la lingüística estructural, restringe el rango de los fenómenos que se consideran relevantes para la
teoría (8). Este tipo de idealizaciones implicaron un considerable progreso en la comprensión de
las propiedades formales del lenguaje. No obstante, su objetivo final no es la comprensión del
papel y el lugar de las formas y los contenidos lingüísticos (incluida la gramática) en las vidas de las
personas y las comunidades, sino un comprensión de las propiedades universales de la mente
humana, que entraña las propiedades formales de los sistemas lingüísticos inferidos a partir del
estudio de las intuiciones. Desde esta perspectiva, los hablantes sólo pueden considerarse como
representativos de una especie humana abstracta. Las comparaciones de las actuaciones de
8
Aquí me refiero a la distinción saussureana entre langue/parole (Saussure 1916) y reformulada luego por Chomsky
como competencia/actuación (Chomsky 1965) y luego reformulada como lenguaje I y lenguaje E (Chomsky 1986).

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
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UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

hablantes individuales o de dialectos particulares sólo interesan si revelan algo acerca del cerebro
humano y de la capacidad innata de tener un lenguaje. El objeto de estudio de la mayor parte de
la lingüística formal contemporánea es la facultad de hablar, más que el hablar mismo. Por lo
tanto, lingüística formal se ocupa de estudiar un homo sapiens demasiado abstracto y sin
atributos, y no los chicos de un barrio de Filadelfia o los oradores Akan de Ghana. Para la AL, en
cambio, el objeto y la finalidad es estudiar el lenguaje como medida de nuestras vidas (metáfora
tomada de Toni Morrison, 1994). Por esta razón centra el interés en la actuación lingüística y en el
discurso situado. En lugar de concentrarse exclusivamente en lo que nos hace cognitivamente
iguales, la AL centra su interés también en la manera en que el lenguaje crea diferencias, entre
grupos, individuos, personalidades.
El lenguaje es la herramienta intelectual más poderosa desarrollada por los humanos. Una de sus
funciones es la reflexividad, es decir, la posibilidad de reflexionar sobre el mundo, incluyendo el
propio lenguaje. El lenguaje puede usarse para hablar acerca de lenguaje (ver cap. 3). De manera
más general, como dice Michael Silverstein (1976b, 1981, 1993), la posibilidad de realizar
descripciones culturales y por ende, el destino de la antropología cultural, dependen de en qué
medida una lengua determinada permite a sus hablantes articular con palabras lo que hacen en su
vida cotidiana. Boas, Malinowski y otros fundadores de la moderna antropología sabían desde el
principio que es el lenguaje el que proporciona las interpretaciones de los eventos que observa el
etnógrafo. En verdad, sin lenguaje no existe descripción ni relato de eventos. Los etnógrafos 7
trabajan con textos, con libros de notas llenos de descripciones, relatos, listas de nombres y
objetos, unos cuantos dibujos y algunos torpes intentos de traducción. Este aspecto de su trabajo
los obliga a convertirse en expertos en análisis del discurso.
Pero una cultura no está contenida sólo en los relatos que uno puede escuchar de sus miembros.
También está en los encuentros que hacen posibles los relatos, en los tipos de organización que
permiten a la gente participar o no, ser o no competentes, dar órdenes o ejecutarlas, hacer
preguntas o contestarlas. Como se discutrá en los próximos capítulos, ser un etnógrafo implica
poseer los instrumentos para oir y luego escuchar cuidadosamente lo que las personas están
diciendo cuando están juntas. Significa aprender a entender qué es lo que están haciendo los
participantes de la interacción particular que estamos estudiando, qué es lo que para ellos es
significativo, a qué le están prestando atención y para qué. Los grabadores y las cámaras de video
son una gran ayuda, por cierto, pero también necesitamos instrumentos analíticos muy
sofisticados.
En este libro, la consideración acerca de las unidades de análisis se basa en la idea de que analizar
significa dividir el flujo continuo de la experiencia – característico de nuestra propia percepción del
mundo – en fragmentos manejables que puedan ser aislados y examinados de una manera
reproducible en otras situaciones. Un enfoque antropológico del problema de las unidades de
análisis implica la preocupación acerca de si la segmentación que proponemos como analistas es
consistente con lo que los mismos participantes creen que ocurre en sus encuentros.
Desafortunadamente (o afortunadamente, según el punto de vista), no podemos simplemente
preguntarle a una persona si tiene sentido analizar lo que hace empleando las nociones

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
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desarrolladas por los lingüistas o los analistas de la lengua. Conceptos como morfemas, oraciones,
juegos de lenguaje, pares adyacentes, marcos de los participantes, tienen por lo general escaso, o
ningún, sentido fuera de un determinado paradigma de investigación. La cuestión reside entonces
en encontrar conceptos analíticos que sean consistentes con la perspectiva de los propios
participantes, sin convertir a cada participante en un antropólogo que tiene que compartir
nuestras propias preferencias analíticas.
La búsqueda de las dimensiones relevantes del entendimiento humano y de los criterios de
relevancia, ha llevado a los antropólogos lingüísticos a prestar atención a los detalles de los
encuentros cara a cara. Algunos teóricos sociales han considerado que esto implicaría aislar las
interacciones estudiadas de las fuerzas sociales que operan fuera o más allá de esas interacciones.
Así, Pierre Bourdieu (1990; Bourdieu y Wacquant 1992) sostiene que algunos trabajos realizados
por los analistas de la conversación y los antropólogos lingüísticos caen dentro de lo que ellos
llaman una “falacia ocasionalista”, es decir, creer que cada encuentro se crea en el acto mismo de
su realización, cuando por el contrario, el mundo en el que ocurre cualquier encuentro está pre-
definido por relaciones más amplias, relaciones raciales, de género y de clase social (Bourdieu y
Wacquant 1992:144f) pre-existentes.
Sin embargo, ningún antropólogo lingüístico se manifestaría en contra de esta relevancia de las
“relaciones más amplias”. En realidad, gran parte de los trabajos empíricos realizados en esta
disciplina tratan de descubrir maneras de conectar los fenómenos de micro-level (analizables
8
mediante grabaciones y transcripciones) con el trasfondo social macro, muchas veces invisible, de
las relaciones establecidas entre las personas, y mediatizadas por sus historias particulares, e
incluso, por historias institucionales. El hecho de que estas conexiones sean a veces muy difíciles
de establecer – y por cierto, todavía queda mucho por hacer en este sentido- no siempre es un
indicio de debilidad teórica o de ingenuidad política. Lo que podría parecer un hueco teórico por
parte de los antropólogos culturales, se debe en verdad, a su renuencia a adoptar teorías y
metodologías nacidas de trabajos empíricos que no resultan fiables. Muchas veces, la suposición
de que "cada intercambio lingüístico contiene en potencia un acto de poder” (Bourdieu y Wacquant
1992: 145) implica que los analistas pueden ignorar o dejar de investigar cómo se producen
concretamente estos actos de poder. Muchas veces los fenómenos observados parecen sacados de
un guión (script) basado en el conocimiento o en la astucia política del momento. La astucia del
investigador implica prestar atención a lo que hace como analista. Si una de las preguntas
etnográficas más básicas es “¿Para quién es importante esto?", debemos estar preparados a
admitir que en algunos casos algo es importante para nosotros como investigadores, que nosotros
estamos en el contexto, tal como nos han enseñado los antropólogos críticos contemporáneos
(Clifford y Marcus 1986). Pero este reconocimiento – y la reflexividad que implica este
reconocimiento - no puede agotar toda nuestra búsqueda epistemológica. Debemos poder
descentrarnos de otros momentos históricos, debemos poder ‘dejar en suspenso’ nuestros juicios
y aprender a “alejarnos” o a “tomar distancia”, debemos ser capaces de escuchar los enunciados
de los hablantes de una manera más próxima al modo en que ellos las han escuchado – aunque de
ninguna manera sea idéntica. Conocer la clase social, los antecedentes familiares o el género al
que pertenecen los participantes, sólo nos proporciona una parte – aunque potencialmente
Traducción: Elsa Ghio
Alessandro Duranti
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1997 (Reprinted 1999)

importante – del relato que estamos construyendo. Como señaló Susan Gal (1989), los trabajos
recientes sobre la lengua de las mujeres rechazan toda idealización esencialista de la “voz de una
mujer” y la noción implícita de que existe una cultura propia de la mujer, y colocan en primer lugar
la hipótesis que sostiene la existencia de "prácticas lingüísticas más ambiguas, muchas veces
contradictorias, que difieren de una mujer a otra, en diferentes clases sociales y en diferentes
grupos étnicos y que varían desde la adaptación hasta la oposición, la subversión, el rechazo o la
reconstrucción de las definiciones culturales imperantes" (Gal 1989: 4). Si queremos hablar sobre el
género, el discurso y el poder, sostiene Gal, lo primero que tenemos que hacer es averiguar qué es
lo que se considera ‘poder’ y ‘discurso poderoso’ en distintas culturas. Debemos prepararnos para
admitir la posibilidad de que el poder signifique diferentes cosas en diferentes culturas. Para el
antropólogo lingüístico, una noción diferenciada del poder significa que es probable que
encontremos que las prácticas lingüísticas se distribuyen de manera diferente a través los límites
étnicos del género, de la clase social. Pero esta distribución no es absoluta, no puede determinarse
de una vez para siempre, basándose exclusivamente en el supuesto de la dominación o la
hegemonía, e independientemente del lenguaje.
Los antropólogos lingüísticos parten del supuesto de que existen dimensiones de habla que sólo
pueden ser captadas estudiando lo que las personas hacen efectivamente con el lenguaje, uniendo
las palabras, los silencios y los gestos con el contexto en el que estos signos son producidos. Esta
posición ha permitido descubrir que el habla es un acto social, y como tal, está sujeta a las 9
restricciones que impone la acción social. También nos ha permitido ver de qué modo el habla
produce la acción social y tiene consecuencias sobre nuestros modos de ser en el mundo, y en
última instancia, sobre la condición humana.

1.3. La Antropología lingüística y otras disciplinas humanas y sociales


En los últimos 20 años, el campo de la Antropología Lingüística ha tendido a aprovechar los aportes
de una gran cantidad de campos del conocimiento, entre los que se incluyen los estudios
folklóricos y de la actuación [performance] (Bauman 1975; 1977; 1986; Bauman y Briggs 1990;
1992; Briggs 1988; Hymes 1981), la alfabetización y la educación (Cook-Gumperz 1986; Heath
1983; Schieffelin y Gilmore 1986; Scollon y Scollon 1981; Scribner y Cole 1981), la sociología
cognitiva (Cicourel 1973), la sociología interaccional (Goffman 1961, 1963, 1972, 1974, 1981),
social cognición (Hutchins 1995; Lave 1988; Lave y Wenger 1991; Rogoff 1990; Rogoff y Lave 1984),
y la adquisición del lenguaje por los niños (Ochs y Schieffelin 1984; 1995; Schieffelin y Ochs 1986).
Algunos antropólogos lingüísticos también han sido influidos por un activo grupo de psicólogos
preocupados por la cultura (Michael Cole y James Wertsch en particular) quienes acercaron a los
estudiosos norteamericanos el trabajo de la escuela soviética de psicología liderada por Lev
Vygotsky y sus colegas, y ayudó a revitalizar el interés de los científicos sociales y cognitivos por las
contribuciones teóricas de otros estudiosos rusos, en particular, los escritos de crítica literaria de
Mijaíl Bajtín y su círculo (Bajtin 1968,1973,1981a; Clark y Holquist 1984; Cole y Griffin 1986;
Volosinov 1973; Wertsch 1985a; 1985b; 1991). Como veremos en los próximos capítulos, algunos
de los conceptos introducidos por estos estudiosos, como los de actividad, discurso referido, voz,

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
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1997 (Reprinted 1999)

y heteroglosia, han cumplido un importante papel en la elaboración de los modelos de uso


lingüístico contemporáneos.
La etnometodología, como estudio de los métodos empleados por los actores sociales en su
interpretación de la vida cotidiana (Garfinkel 1972), también ofreció muchas ideas importantes e
innovadoras para los investigadores interesados en aplicar los métodos etnográficos tradicionales
para el estudio del habla en la vida cotidiana. A partir de este enfoque de inspiración
fenomenológica, los antropólogos lingüísticos pueden ver confirmadas varias de sus intuiciones
más recurrentes acerca de la constitución de la cultura y la sociedad en los encuentros
comunicativos. Primero, pueden relacionar fácilmente con el principio etnometodológico la idea
de que la estructura social no es una variable independiente, que existe fuera de las prácticas
sociales, ya sea en la forma de categorías sociales como "status" y "rol" (Cicourel 1972) o en los
presupuestos acerca de qué es lo que constituye el género de una persona (Garfinkel 1967). La
estructura social es un producto emergente de las interacciones, en las que los actores sociales
producen la cultura aplicando los métodos (por lo general, implícitos) nativos (de los miembros de
una cultura) de comprender y comunicar lo que son y a qué cosas están prestando atención. En
otras palabras, los miembros de una sociedad trabajan para producir acciones (y aquí se pueden
incluir también las palabras) que sean justificables, es decir, racionales y significativas, para sus
propósitos prácticos.
Segundo, si el conocimiento es implícito, no podemos ir a preguntarles a las personas qué es lo que
10
piensan (esto sólo nos proporcionaría más datos para analizar – y si seguimos aplicando más
entrevistas, estaríamos produciendo una regresión al infinito). Debemos buscar, en cambio, cómo
realizan los participantes sus interacciones cotidianas y cómo resuelven sus problemas cotidianos,
cómo llevarse bien con los demás, cómo hacer y mantener amistades, cómo obtener una
dirección, dar órdenes, llenar un formulario, buscar un trabajo, pagar un ticket de tránsito. Antes
de involucrarse en estas actividades cotidianas, los miembros suelen demostrar a los otros que
comprenden qué es lo que está sucediendo. Dado que gran parte del control mutuo acerca de lo
que está ocurriendo en cualquier interacción se realiza mediante el discurso – así como mediante
otros recursos semióticos (e.g. gestos y posturas, artefactos y documentos de diferente tipo), el
uso lingüístico se ha convertido en una importante área de estudio para los sociólogos con
orientación etnometodológica. Entre ellos, los analistas de la conversación han introducido ideas y
métodos que han influido en muchos antropólogos lingüísticos interesados en la organización de la
conversación cotidiana (ver capítulo 8).
Los antropólogos lingüísticos también han aprovechado el trabajo de los teóricos sociales que
prestan atención a la constitución de la sociedad y la cultura en la vida cotidiana. En particular, la
teoría de la práctica de Bourdieu (1977, 1990), la teoría de estructuración de Anthony Giddens
(1979, 1984) y el estudio histórico de las tecnologías del conocimiento como tecnologías de poder,
de Michel Foucault (e.g. 1973, 1979, 1980a, 1988).
Bourdieu ha sido particularmente influyente en la crítica de la concepción de la cultura como
sistema racional de creencias o de reglas organizadas jerárquicamente. Ha destacado la
importancia de la socialización y la prioridad de nuestra experiencia vivida por sobre la

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racionalización y la tematización de distintas categorías y normas sociales. Esta perspectiva, que


intenta integrar el tema heideggeriano de la primacía de nuestro ser-en-el-mundo con los métodos
de la ciencia social tradicional ( 9), ofrece un modelo de la dominación simbólica basado en las
disposiciones inconscientes inculcadas a través de la participación en interacciones rutinarias más
que a través de los procesos cognitivos adscritos a un sujeto racional.
En la concepción de Giddens, los agentes y las estructuras sociales representan un proceso
reproductivo organizado temporal y espacialmente, mediante el cual la sociedad ofrece los
recursos para organizar la vida social de sus miembros, en tanto el uso que hacen los miembros de
esos recursos los reproducen. La idea de las propiedades estructurales de los sistemas sociales
como recurso y como resultado de las prácticas que ellos organizan recursivamente – este el
principio de la “dualidad de la estructura” de Giddens – se vincula con la concepción de los
antropólogos lingüísticos que entienden que la conversación no sólo es un medio para representar
una realidad independiente del lenguaje, sino también un recurso ubicuo para reproducir la
realidad social, y por lo tanto, para reproducir las relaciones de dependencia y de poder existentes.
El trabajo de Giddens sobre la regionalización, definida como la "zonificación del espacio-tiempo
en relación con las prácticas sociales rutinarias" (Giddens 1984: 119) es particularmente relevante
para los antropólogos lingüísticos que analizan cómo los hablantes emplean la conversación y los
recursos materiales (incluso el medio ambiente construido y otros artefactos existentes) en sus
prácticas comunicativas y en sus interacciones cotidianas (ver sección 9.6). Al sintetizar los
11
primeros trabajos de Teun Hägerstrand y otros, Giddens destacó que un espacio vital (por ejemplo,
una casa) es un escenario natural, un lugar que en el que se producen " una gran cantidad de
interacciones en el curso de una jornada típica. En las sociedades contemporáneas, las casas son
regionalizadas en pisos, salas de estar y dormitorios. Pero las diferentes habitaciones de la casa son
zonificadas de manera diferente tanto en el tiempo como en el espacio" (1984: 119).
El espacio es el campo de estudio más importante, y es la metáfora del pensamiento social que
empleó Foucault en su consideración de la relación entre conocimiento y poder. Para Foucault, el
siglo XIX estaba obsesionado con la historia y por lo tanto, con el tiempo, pero el siglo XX se
reconoce como la era del espacio (Foucault 1980b; Soja 1989). Para comprender que el
conocimiento nunca es neutral y siempre es una forma de poder, Foucault sugiere que pensemos
en el empleo de conceptos espaciales tales como "región, dominio, implantación, desplazamiento,
transposición" (1980b: 69). Una vez que comenzamos a hacer esto, nos enfrentamos con las
connotaciones políticas o militares de estos términos y rápidamente podemos darnos cuenta de
que esas connotaciones no son accidentales. Corresponden a los marcos de referencia que
informan el modo en que comprendemos y empleamos el lenguaje dentro de cada institución.
Foucault emplea el término "discurso" con un sentido mucho más amplio que el de texto o
secuencia de actos de habla. Para Foucault, el discurso es una manera particular de organizar el
conocimiento mediante el habla pero también mediante otros recursos y prácticas semióticos (por

9
Como señaló Dreyfus (1991: 205), Heidegger y Bourdieu comparten la idea de que el comportamiento humano tiene
lugar como una estrategia de supervivencia en curso [ongoing skillful doping], sin necesidad de recurrir a estados
mentales (i.e. creencias, deseos, intenciones, etc.)..."

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ejemplo, el modo en que se conceptualizó e institucionalizó la higiene en el siglo XVIII en Francia) –


este uso explica porqué Foucault habla de discursos (en plural). Esta ampliación del significado del
término ‘discurso’ tiene importantes consecuencias para cualquiera que esté interesado en la
relación entre lenguaje y contexto, porque llama la atención al hecho de que determinados usos
lingüísticos, determinados actos de habla (ver capítulo 7), secuencias de turnos (ver capítulo 8), y
marcos de los participantes (ver capítulo 9) están conectados con determinados ordenamientos
espacio-temporales para que los hablantes puedan relacionarse entre sí en configuraciones
espaciales limitadas y durante períodos de tiempo limitados. Por último, este énfasis en los
discursos como tecnologías de conocimiento nos hace tomar conciencia del papel del lenguaje en
los esfuerzos que realizan las instituciones (en las escuelas, los hospitales, las prisiones) para
organizar y, por tanto, para controlar las vidas privadas de los miembros de la sociedad, incluso las
concepciones que tienen de sí mismos, de su identidad étnica y de sus relaciones de género.

1.3.1 La antropología lingüística y la sociolingüística

Entre las disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales que se dedican al estudio de la
comunicación, la Sociolingüística es la más cercana a la Antropología Lingüística. En realidad, si no
fijamos en la historia de ambas disciplinas, a veces resulta difícil separarlas. Aunque muchos
sociolingüistas están más a favor de los métodos cuantitativos y tienden a trabajar en ambientes
urbanos, mientras que la mayoría de los antropólogos prefieren los métodos cualitativos y tienden 12
a trabajar en sociedades más pequeñas, los objetivos generales de sus investigaciones parecen
bastante similares – especialmente a partir de que cada vez más los antropólogos tienden a dirigir
su atención hacia los contextos urbanos.
Algunas de las diferencias entre ambas disciplinas tienen que ver con su historia. Cuando el campo
disciplinario fue definido oficialmente por Boas y sus colegas a comienzos del siglo XX (ver sección
3.1), la Antropología Lingüística se incluía uno de los cuatro sub-campos de la Antropología. Por su
parte, la Sociolingüística surgió de la dialectología urbana a finales de la década del ’50 y principios
de los ’60. La cercanía entre ambas disciplinas fue acentuada en parte durante la década 1960-
1970 por los diferentes esfuerzos realizados para fusionarlas entre sí, entre ellos los intentos de
Dell Hymes por definir un campo interdisciplinario en torno al estudio del uso lingüístico. Esto se
evidencia en la introducción de la antología de Gumperz y Hymes (1964), donde Hymes trató
fuertemente de constituir el campo que llamó etnografía de la comunicación creando vínculos con
todo lo que en ese momento podía pensarse relevante, o incluso marginal, para el estudio de la
interfase entre el lenguaje y la cultura o entre el lenguaje y la sociedad. Cuando analizamos los
temas de los artículos y los autores incluidos en la antología de 1964, advertimos que allí se
encontraban representados los siguientes campos de conocimiento: la lingüística sociológica
(Bernstein), el folklore (Arewa & Dundes), la sociolingüística interaccional (Ervin-Tripp), la
sociolingüística comparativa (Ferguson), la antropología cognitiva y la etnociencia (Frake), la
lingüística histórica (Malkiel), la sociolingüística cuantitativa (Labov), y la (micro) sociología
interaccional (Goffman). En una antología posterior (Gumperz & Hymes 1972), encontramos
algunas contribuciones similares, pero también muchas otras nuevas, particularmente sobre la

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comunicación no-verbal (o kinésica), representada por los trabajos de Birdwhistell y por la escuela
de la etnometodología, representada por Garfinkerl, Sacks y Schegloff.
Gumperz y Hymes contribuyeron a configurar las relaciones que siguen siendo importantes para la
antropología lingüística como campo interdisciplinario, pero no lograron su intento ecuménico de
crear un campo unificado en el que todos los autores y las escuelas mencionados pudieran
reconocerse a sí mismos. Esto se hizo evidente cuando examinamos los intereses teóricos
principales de la Sociolingüística y la Antropología Lingüística contemporáneas.
La Sociolingüística ha continuado trabajando con la selección lingüística y en torno al problema del
cambio lingüístico, al tiempo que intenta entablar un diálogo más asiduo con los gramáticos
formales, con quienes comparte el interés por cómo representar la competencia lingüística,
aunque no logran ponerse de acuerdo en los criterios para evaluar esa competencia y sus límites.
Los sociolingüistas también siguen preocupados por definir la ‘comunidad de habla’ como punto de
referencia para investigar los límites de la variación individual en el uso lingüístico. Para lograr
estos objetivos, el estudio de fenómenos como las lenguas pidgin y las lenguas criollas, y las
cuestiones de planificación lingüística, parecen ser terrenos de comprobación muy fuertes ( 10).
Otras áreas de estudio, como los registros, las relaciones entre lenguaje y género, los actos de
habla y el discurso, han sido a menudo compartidas por los sociolingüistas y los antropólogos
lingüísticos, y por lo tanto, han permitido intercambios provechosos entre ambas disciplinas. 13
Además de la importancia del concepto de cultura (ver capítulo 2), que por sí solo marca la
diferencia de los métodos y los objetivos teóricos de la Antropología lingüística con los de la
investigación sociolingüística, existe toda una serie de preocupaciones teóricas asociadas de
manera singular con el trabajo de los antropólogos lingüísticos. Me ocuparé de ellas en las
siguientes secciones.
1.4. Preocupaciones teóricas de la Antropología lingüística contemporánea
Hay tres grandes áreas que se han desarrollado dentro de la antropología lingüística en las últimas
décadas. Cada una de ellas está dedicada a la comprensión de una de las siguientes nociones
analíticas:
(i) la actuación (performance),
(ii) la indicialidad, y
(iii) la participación.
Como veremos a continuación, las tres nociones se interconectan.

1.4.1 Performance (actuación)

El concepto de actuación (performance) proviene de diferentes fuentes y, por lo tanto puede


interpretarse de diferentes formas. Uno de los empleos del término se origina en el trabajo teórico
de Noam Chomsky y en la distinción que plantea en Aspects of theTheory of Syntax (1965) entre
10
Ver Hymes (1971), Jourdan (1991), MtilhAusler (1986), Romaine (1986, 1994: cap. 6). Thomason and Kaufman
(1988). For a survey of the structure of pidgin and creole languages, see Holm (1988, 1989).

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competencia y actuación (performance). Esta distinción se inspiraba en parte en el contraste de


Saussure entre langue y parole (Saussure 1959), donde el primero es el sistema como totalidad,
independiente de los usos particulares que hagan los hablantes particulares, y el segundo es el
lenguaje de un usuario particular del sistema. En este contexto, la competencia describe la
capacidad para el lenguaje, es decir, el conocimiento – en su mayor parte inconsciente – que posee
un hablante nativo de los principios que permiten la interpretación y el uso de una lengua
particular. En cambio, la actuación (performance), es el uso real de una lengua y Chomsky no sólo
considera que se basa en la competencia, sino que está sujeta a los principios de la atención, la
percepción y la memoria, que no necesitan invocarse para la noción de competencia como
conocimiento abstracto que tienen los hablantes del lenguaje, independientemente del uso que
hagan de él (11). En este caso, la competencia es el conocimiento de la lengua que posee un
hablante –oyente ideal (12). La actuación es, en cambio, la implementación de ese conocimiento en
los actos de habla.
Esta noción de actuación (performance) es diferente de la empleada por el filósofo J. L. Austin
(1962) en su categoría de verbos performativos, que explicita el tipo de acción que está tratando de
lograr un enunciado particular (ver capítulo 7). En el enunciado Te ordeno que abandones esta
habitación, dicho por una persona que tiene la autoridad para enunciar una orden como esta a
otra persona que ocupa una posición para ejecutar esta orden, el verbo ordeno no describe lo que
el hablante cree que es verdadero acerca de una realidad independiente. Es por el contrario un 14
intento de afectar la realidad, haciéndola conformar según los deseos y expectativas del hablante.
Este es un ejemplo de la manera en que las palabras hacen cosas. Para Austin, todos los
enunciados hacen algo, incluso aquellos que simplemente describen un estado de cosas (el cielo es
azul) que cumplen la acción de informar.
No hay dudas de que los antropólogos lingüísticos están interesados en lo que los hablantes hacen
con el lenguaje. En este sentido, puede considerarse que su trabajo cae dentro de la noción de
‘actuación’ [performance] que Chomsky define como "uso del sistema lingüístico" o dentro de la
noción de ‘performance’ que Austin define como "hacer cosas con palabras". No obstante,
cualquiera de estas interpretaciones acerca del interés de los antropólogos lingüísticos por la
actuación, dejaría de lado un tercer sentido del término, igualmente importante, y que proviene de
los estudios folklóricos, de la poética y en general, de las artes (Bauman 1992b; Bauman & Briggs
1992; Palmer & Jankowiak 1996). En este sentido la ‘performance’ refiere al dominio de la acción
humana donde se presta especial atención a la manera en que se ejecutan los actos
comunicativos. Esta atención especial a la forma del mensaje es lo que Roman Jakobson (1960)

11
En escritos más recientes de Chomsky, la distinción entre competence y performance ha sido revisada a través de la
distinction entre lo que él llama "lenguaje interno" (I-language) y lenguaje externo (E -language) (Chomsky 1986) (ver
sección 3.5.1).
12
La noción de ‘competencia’ de Chomsky fue criticada por Dell Hymes (1972b) quien introdujo la noción alternativa
de competencia comunicativa. Esta es el conocimiento que hablante necesita tener para funcionar como un
miembro de su grupo social. Aunque la noción de Hymes trata de resolver algunos de los problemas inherentes a la
noción de Chomsky, subscribe los mismos supuestos epistemológicos. Algunos de estos supuestos han sido
cuestionados por concepciones teóricas más recientes, como la teoría de la práctica y de la distribución del
conocimiento (ver capítulo 2).

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llamó la "función poética" del discurso (ver sección 9.2). La ‘performance’ es algo creativo,
realizado, logrado" (Hymes 1981: 81). Es una dimension de la vida humana que se ha enfatizado en
la música, el teatro y otras exhibiciones públicas de la creatividad y las habilidades artísticas. Se
encuentra, por ejemplo en los debates públicos, en el relato de cuentos, en el canto, y en otras
actividades en las que lo que los hablantes dicen se evalúa de acuerdo con cánones estéticos, es
decir, por la belleza de su dicción o de acuerdo con el efecto que tiene sobre la audiencia, por
ejemplo, por su habilidad para "conmover" al público (Briggs 1988). Pero esta noción de
performance también puede describir lo que a menudo se halla en los encuentros más comunes,
cuando los actores sociales muestran sus habilidades y demuestran una atención particular en la
distribución de un mensaje. Interesarse y suscribir esta noción de performance implica algo más
que reconocer que el el habla siempre existe una dimensión estética, entendida como la atención
que se presta a la forma de lo que se dice. También implica destacar que el habla implica una
exposición al juicio, la reacción y la cooperación de un público o audiencia, que interpreta, evalúa,
aprueba, sanciona, amplía o minimiza lo que se ha dicho (Duranti & Brenneis 1986). En esta otra
significación de performance, además de la dimensión de la responsabilidad o justificabilidad
(accountability), está también la dimensión o el riesgo o el desafío (Bauman 1977). Incluso el
hablante más competente puede decir una palabra equivocada en el momento equivocado así
como el mejor de los actores puede calcular mal una pausa o una cantante de ópera puede fallar
en el control de la altura de su voz. Esta dimensión dramática de la actuación verbal es reconocida 15
en varios enfoques de las ciencias sociales, incluso en el uso que hace Goffman de metáforas
tomadas de la dramaturgia, como actor, escenario, primer plano/trasfondo (foreground
/background), marco (frame), y la crítica de Bourdieu (1977) a los paradigmas objetivistas en la
antropología que, al tratar de desentrañar la "lógica de la acción humana, olvidan la importancia
de lo "desconocido" – con su suspenso y su incertidumbre – en las diferentes fases de un
intercambio (ver sección 2.1.5).
La actuación (performance) en este sentido es una dimensión siempre presente en el uso
lingüístico porque es una dimensión siempre presente en la evaluación lingüística y porque no
existe ningún uso que no esté sujeto a evaluación. Constantemente estamos siendo evaluados por
nuestros oyentes y por nosotros mismos como oyentes.
Por último, la noción de actuación implica una noción de creatividad (Paltrier & Jankowiak 1996) y
de improvisación (Sawyer 1996). Esta se encuentra en todos los tipos de actividades y eventos de
habla, desde los más ritualizados y formales a los más comunes y casuales. En la tradición del norte
Yemeni estudiada por Steven Caton, la habilidad del poeta en su actuación concreta no sólo para
recitar versos memorizados, sino para “situar la actuación (performance) en su escenario concreto
con pocos detalles de referencia y orientación" (Caton 1990: 106). Esto implica que el poeta debe
saber cómo conectar los versos tradicionales con el aquí y el ahora de su actuación. Esto vale en
general para todo tipo de actuación (performance) verbal. Uno de los atributos de un gran orador
en Samoa es conocer qué incluir y qué dejar de lado en un discurso mientras se conectan
metáforas y proverbios conocidos por todos con la ocasión en que el discurso se pronuncia, incluso
los nombres y los títulos de las personas presentes.

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
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Ser un hablante fluido de una lengua implica ser capaz de entrar en cualquier conversación de una
manera considerada apropiada y no perturbadora para los otros participantes. Estas habilidades
conversacionales, que por lo general damos por sentadas (hasta que encontramos a alguien que no
las posee o que ignora sus implicaciones sociales), no son demasiado diferentes de las maneras en
que un hábil músico de jazz puede entrar en la composición de otro y embellecerla, jugando en
torno a su motivo principal, destacando algunos elementos de la melodía más que otros, citando
otras ejecuciones de la misma pieza realizadas por otros músicos, e intentando diferentes
conexiones armónicas – y puede hacer todo esto sin perder conciencia de lo que cada uno de los
miembros de la banda está haciendo (Berliner 1994).

1.4.2. Indicialidad

Los filósofos han reconocido hace mucho tiempo que existen diferentes tipos de signos. Inmanuel
Kant en su Anthropology from a pragmatic point of view ([1781] 1974), distinguió entre los signos
arbitrarios y naturales. Las letras que representan los sonidos lingüísticos serían un ejemplo de
sonidos arbitrarios. No existe una relación necesaria entre la forma de una letra y la cualidad del
sonido o de los sonidos que representa, como lo demuestra el hecho de que un mismo sonido
pueda ser representado por letras diferentes en el mismo alfabeto o por diferentes símbolos en
diferentes tradiciones ortográficas (e.g. Latín vs. cirílico). Una letra representa un sonido y puede
evocar ese sonido en un lector porque se ha establecido una convención para ello, y la comunidad 16
acepta esa convención. Por otra parte, el humo que nos alerta de que existe fuego es un signo no
establecido por ninguna convención, sino por el conocimiento de un fenómeno natural recurrente.
Existe una relación de contigüidad entre el signo (humo) y el fenómeno que está en su lugar
(fuego). Basándose en la creencia de que "si hay humo, entonces hubo/hay fuego", una persona
que ve humo puede inferir que proviene de un fuego cercano. El humo no "está en lugar" del fuego
del mismo modo en que la palabra fuego podría ser usada para contar un relato acerca de un
evento pasado. El fuego real está conectado, espacio-temporalmente y físicamente, con otro
fenómeno, relacionado, y adquiere su “significado” a partir de esa conexión espacio-temporal y
física (13). Partiendo de observaciones similares, el filósofo norteamericano Charles Peirce llamó al
humo un índice y lo distinguió de los signos completamente arbitrarios (símbolos) y de los signos
que tratan de reproducir algún aspecto de su referente (íconos) (ver sección 6.8). Los índices (o
indicios) son signos que poseen algún tipo de relación existencial con aquello a lo que se refieren
(Burks 1949). Esta categoría puede fácilmente extenderse a las expresiones lingüísticas como los
pronombres demostrativos este, ese, aquel, los pronombres personales como yo y tú, las
expresiones temporales como ahora, entonces, ayer, y las expresiones espaciales como arriba,
abajo, debajo, encima. La propiedad de estas expresiones ha sido denominada indicialidad y se
puede extender a gran parte de la comunicación lingüística. El uso lingüístico está lleno de
ejemplos de expresiones lingüísticas que se conectan con o que apuntan hacia ciertos aspectos del
contexto sociocultural.

13
El filósofo Paul Grice (1957/1971) llamó a este tipo de significado "natural” y al significado establecido por
convención "no natural". Para Grice, el significado no natural se caracteriza por la intencionalidad (ver sección 7.3.2).

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En una imagen topológica, la indicialidad es por definición lo que yo llamo un concepto de


coordenada radial o polar de la relación semiótica:
Los signo-vehículos indiciales apuntan desde un origen establecido en, por y "en torno a" su
ocurrencia como el “centro” aquí-y-ahora, o como la cola, por así decir, de una flecha
semiótica. Al final de la ruta radial, o de la punta de la flecha, se encuentra su objeto indicial ,
no importa cuáles sean las dimensiones perceptuales y conceptuales o las propiedades de la
cosa indicada. Estrictamente, en virtud de la semiosis indicial, el "espacio" que rodea al signo-
vehículo indicial es ilimitadamente grande (o pequeño), caracterizable de infinitas maneras y
su establecimiento (en el sentido de haber sido producido o de haber llegado a ser) indicial,
casi ilimitadamente anulable o revocable. (Silverstein 1992: 55)
De modo que una expresión como esta mesa incluye una flecha imaginaria (14) hacia algo
reconocible, mus probablemente a la vista o perceptible tanto para el hablante como para su
interlocutor. Esa perceptibilidad no necesita ser inmediata. Por ejemplo, una palabra una
expresión puede usarse para indicar una experiencia pasada o futura. El cambio de código se
emplea a menudo como un indicio de este tipo. Al enunciar una palabra en otra lengua, los
hablantes pueden apuntar a otro tiempo u otro espacio, donde ni él ni su interlocutor hayan
estado o vayan a estar presentes. En las comunidades bilingües donde el cambio de códigos es una
cuestión cotidiana, la selección de una lengua particular sobre la otra puede indicar la etnicidad del
hablante o una posición política particular hacia la relación entre el lenguaje y la etnicidad. Este es
17
el caso, por ejemplo, en Quebec, Canadá (Heller 1982,1995). En la siguiente conversación
telefónica, por ejemplo, el uso del francés por la paciente que pide una cita en el hospital se
interpreta como un indicio de la preferencia de la paciente por el francés en lugar del inglés:
(1) EMPLEADA: Central Booking, may I help you?
PACIENTE: Oui, alló?
EMPLEADA: Bureau de rendez-vous, est-ce que je peux vous aider? (15)
(de Helier 1982:112)
Por sus implicaciones políticas, el ofrecimiento de optar entre una de las dos lenguas podría haber
sido cuestionada o resistida por el interlocutor, como ocurre en el siguiente ejemplo:

(2) MOZO: Anglais ou français, English or French?

14
A veces la “flecha” no es tan imaginaria, dado que el uso de demostrativos como este a menudo van acompañados
por gestos.
15
En una nota al pie, Helier señala que esta expresión, como es común en situaciones de contacto lingüístico, parece
ser una traducción palabra por palabra de la formula en ingles “ may I help you?” en lugar de la expresión francesa
correspondiente para lograr el mismo efecto.

Traducción: Elsa Ghio


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CLIENTE: Bien, les deux ...


MOZO: No, mais, anglais ou français?
CLIENTE: It doesn't matter, c'est comme vous voulez.
MOZO: (suspira) OK, OK, I'll be back in a minute.
(de Helier 1982:116)
Estos ejemplos muestran que los indicios pueden ser desde preguntas aparentemente inocuas
(¿puede hablar francés?) hasta el compromiso político más explícito (¿de qué lado está usted?). Por
esta razón, es importante distinguir entre diferentes clases o grados de indicialidad. Por ejemplo,
Silverstein (1976b) sugirió que el índice este (this) simplemente presupone la existencia de un
referente identificable. El pronombre tú/usted (you), por otra parte, hace algo más que implicar al
existencia de un interlocutor, en realidad hace que ocurra, o al menos vuelve pública, la categoría
de “interlocutor/receptor”. Una persona no es oficialmente un interlocutor hasta que alguien se
dirija a ella como tú/usted (mientras que la mesa ya está cerca del hablante antes de que dijo
“esta”). Las lenguas que tienen pronombres de 2ª persona diferenciados (por ejemplo, el clásico
tipo de distinción T/V de muchas lenguas europeas, como el francés tu/Vous, el español tú/Usted,
el alemán du/Sie, el italiano tu/Lei) aprovechan aún más las propiedades indiciales de los
pronombres personales empleándolos como indicadores de las coordenadas sociales 18
contextualmente relevantes de igualdad/ desigualdad, solidaridad/ poder (Brown & Gilman 1960).
Estos son los indicios que Silverstein (1976b) denominó "creativos o performativos en grado
máximo". Las maneras de definir el mundo que nos rodea forma parte de la constitución de ese
mundo. Es este aspecto creativo y preformativo de la indicialidad el que emplean los hablantes en
la construcción de sus identidad étnica y de género (Gumperz 1982a, 1982b; Hall & Bucholtz 1995).
Decir que las palabras están indicialmente relacionadas con algún “objeto” o aspecto del mundo
exterior implica reconocer que las palabras cargan un poder que va más allá de la descripción y la
identificación de las personas, los objetos, las propiedades y los eventos. Implica tratar de
identificar de qué manera el lenguaje se convierte en una herramienta con la cual nuestro mundo
social y cultural es constantemente descrito, evaluado y reproducido. De acuerdo con Gumperz,
este trabajo interaccional es realizado a través de una gran cantidad de señales de
contextualización, una subclase de signos indiciales que permite a una persona saber qué es lo que
está ocurriendo en cualquier situación dada y cómo se espera que prosiga la interacción (ver
sección 6.8.2.2). Dado que las señales de contextualización están distribuidas de manera desigual
en cualquier población dada, la indicialidad muestra un aspecto importante del modo en que se
juegan las relaciones y la dinámica del poder en los encuentros institucionales donde un grupo
minoritario es confrontado con un nuevo conjunto de indicios:
Las prácticas de contextualización se difunden de acuerdo con redes institucionalizadas de
relaciones y su adquisición está restringida por las fuerzas económicas, políticas e ideológicas
que convierten en minorías a grandes sectores de la población. Este desajuste se torna
particularmente importante a medida que las poblaciones antes aisladas son absorbidas por
los modernos estado-naciones ... (Gumperz 1996:402)

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

Ahora estaríamos en condiciones de advertir la fuerte conexión entre la indicialidad y la actuación-


performance. Esta conexión se hace más notable en la participación.

1.4.3. Participación

Como se ha mencionado antes en este capítulo, los antropólogos lingüísticos comparten con otros
científicos sociales la preocupación por los hablantes como actores sociales. Esto significa que el
habla se considera por sobre todo una actividad social que siempre involucra algo más que el
empleo de expresiones lingüísticas. Esta posición epistemológica se capta bien en la siguiente cita,
que fue originalmente escrita por Hymes como crítica la noción de competencia de Chomsky:
Tenemos que ... explicar el hecho de que un niño normal adquiere el conocimiento de
oraciones, no sólo como oraciones gramaticales, sino también como oraciones adecuadas. El
niño o la niña adquieren la competencia de cuándo hablar, cuándo no, de qué hablar, con
quiéne, cuándo, dónde y de qué manera. En síntesis, un niño se vuelve capaz de llevar a cabo
un repertorio de actos de habla, de tomar parte en eventos de habla y de evaluar cómo son
realizados por otras personas. Esta competencia se integra, además, con sus actitudes,
valores y motivaciones relativas al lenguaje, sus característcias y sus usos, y se integra con las
actitudes y la competencia para interrelacionar el lenguaje con los otros códigos de la
conducta comunicativa. (Hymes 1972b: 277-8) 19
Uno de los puntos principales de este fragmento es el reconocimiento de que ser hablante de una
lengua implica ser miembro de una comunidad de habla. Esto ultimo implica, a su vez, tener acceso
a una cantidad de actividades y usos lingüísticos. Ser un hablante competente de una lengua
implica ser capaz de hacer cosas con esa lengua como parte de actividades sociales más amplias
que están organizadas culturalmente y deben ser interpretadas culturalmente. Las nociones de
evento comunicativo, evento de habla y actividad de habla son algunas de las nociones empleadas
en el pasado para expresar esta idea básica. El concepto que se emplea por lo general para decir
que el habla es parte de actividades más amplias es el concepto de participación. Esta noción
destaca la cualidad inherentemente social, colectiva y distribuida de cualquier acto de habla.
Hablar una lengua implica ser capaz de usar los sonidos que nos permiten participar en una
interacción con otros evocando un mundo que por lo general es más amplio que lo que podemos
ver y tocar en un momento dado. La conexión a través de este mundo más amplio, ya sea real o
imaginaria, es producida en parte mediante la habilidad que tienen las palabras para hacer cosas,
de su poder performativo (ver sección 1.4.1 más arriba), la cual, a su vez, es posible en parte
gracias a su capacidad de indicar algo que está más allá de las palabras, mediante sus propiedades
indiciales (ver sección 1.4.2 más arriba).
La participación presupone el conocimiento para manejar la recuperación de la información y la
predicción de las acciones de los otros, necesarios para la resolución de problemas. También
presupone un componente corpóreo, un cuerpo vivo que interactúa con su medio ambiente, no
sólo físicamente (por ejemplo, mediante el tacto) sino también, significativamente. Ser un ser
humano implica estar comprometido en un continuo proceso de interpretación de las relaciones
espaciales y temporales con el mundo que nos rodea (Umwelt). Ese mundo incluye no sólo objetos
Traducción: Elsa Ghio
Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

materiales – herramientas y artefactos – sino también, otros cuerpos vivos (C. Goodwin ,1981, en
prensa; Goodwin & Goodwin 1996; Hanks 1990; Heidegger 1962; Merleau-Ponty 1962). La
participación implica compartir los recursos materiales e ideacionales (incluyendo las lenguas),
pero no presupone que el conocimiento o el control de esos recursos sea compartido
igualitariamente. Una de las razones para investigar la noción de participación en el estudio de las
prácticas culturales ha sido la diferenciación característica de cualquier comunidad o grupo de
personas (ver capítulo 2). Por último, la participación, como concepto analítico, reemplaza a las
viejas dicotomías como hablante-oyente, emisor-receptor. Como veremos en el resto de este libro
(especialmente en el capítulo 9), cualquier texto puede representar simultáneamente a varios
autores; a menudo, el significado es construido por la yuxtaposición de voces diferentes, cada una
de las cuales se logra mediante eñ uso de diferentes lenguas, dialectos y estilos.

1.5 Conclusiones

En este capítulo he presentado una introducción a la antropología lingüística, centrándome en sus


principales nociones y preocupaciones teóricas. He destacado la importancia de concebir al
lenguaje como un conjunto de prácticas culturales y la necesidad de comprender a la Antropología
lingüística como una empresa fundamentalmente interdisciplinaria que se vale de una gran
variedad de enfoques y métodos elaborados en las humanidades y las ciencias sociales con una
perspectiva propia acerca de la naturaleza del habla y el discurso y de su papel en la constitución 20
de la sociedad y la interpretación de la cultura. Entre todas las otras ciencias, la antropología
lingüística es la más cercana a la sociolingüística. Como se verá en los siguientes capítulos, los
antropólogos lingüísticos comparten con los sociolingüistas el interés por los hablantes como
miembros de comunidades de habla y por la distribución desigual de los repertorios, las formas
lingüísticas y las actividades discursivas.
Los sociolingüistas tienden a considerar a los gramáticos formalistas y a los lingüistas históricos
como sus principales interlocutores, en cambio, los antropólogos lingüísticos se preocupan por
mantener un diálogo fluido con las ciencias sociales en general y con los otros sub-campos de la
antropología en particular. Este diálogo es posible por el desarrollo de áreas de investigación
centradas en torno a una cantidad de conceptos clave. Entre ellos, he introducido tres: actividad-
performance; indicialidad y participación. Volveré a ellos en los próximos capítulos, pero, de los
tres, la participación es que se desarrollará de manera más plena (ver capítulo 9) porque lo
considero potencialmente útil para relacionar las importantes corrientes de investigación dentro y
fuera de la Antropología lingüística. Al proponer diferentes unidades de análisis para el estudio del
lenguaje, las unidades de participación emergerán como un promisorio intento de estudiar las
estructuras lingüísticas sin perder de vista la rico tejido social en el que son empleadas.

Traducción: Elsa Ghio


Alessandro Duranti
Linguistic Anthropology
UK, Cambridge University Press
1997 (Reprinted 1999)

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Traducción: Elsa Ghio

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