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Impacto de los RAEE en el medio ambiente

El documento describe los residuos electrónicos (RAEE) y su creciente volumen a nivel mundial. Casi 50 millones de toneladas de RAEE se generaron en 2018 y se espera que la cantidad aumente a 120 millones de toneladas para 2050. Sin embargo, solo el 20% de los RAEE se recicla adecuadamente, con el resto terminando en vertederos en países pobres que carecen de la infraestructura para un manejo seguro, causando daños a la salud y el medio ambiente. A pesar de acuerdos internacionales para regular el

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El documento describe los residuos electrónicos (RAEE) y su creciente volumen a nivel mundial. Casi 50 millones de toneladas de RAEE se generaron en 2018 y se espera que la cantidad aumente a 120 millones de toneladas para 2050. Sin embargo, solo el 20% de los RAEE se recicla adecuadamente, con el resto terminando en vertederos en países pobres que carecen de la infraestructura para un manejo seguro, causando daños a la salud y el medio ambiente. A pesar de acuerdos internacionales para regular el

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Cibervertederos

Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid


Ingeniería en producción y calidad.
Ecologia.

Daniela Luján Cañaveral.


2021.
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¿A DONDE VA A PARAR LA BASURA DIGITAL?

Casi 50 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en el mundo, según


estimaciones del Fondo Económico Mundial. El futuro es más abrumador: en 2050
llegaremos a 120 millones de toneladas. ¿Su paradero? Grandes brechas ubicadas en las
zonas más pobres del mundo.

La cantidad de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) que generamos


crece vertiginosamente. El Foro Económico Mundial estima que la suma global generada
en 2018 alcanzó los 48,5 millones de toneladas (el equivalente a unas 4.500 torres Eiffel),
cantidad que valora en unos 55.000 millones de euros. ¿Lo más desmoralizador del
asunto? Solo el 20% se recicló debidamente. Es decir, casi 40 millones de toneladas
terminaron en vertederos como el de Agbogbloshie, donde el tratamiento irresponsable de
la basura tecnológica provoca daños irreparables en la salud de las personas y en el medio
ambiente.

Por increíble que parezca, existe un acuerdo internacional, la Convención de Basilea de


Naciones Unidas, que regula el tránsito de desechos peligrosos entre países y prohíbe que
los Estados desarrollados envíen estos residuos a países en vías de desarrollo, porque no
cuentan con las infraestructuras necesarias para una correcta gestión de reciclaje. Pero
esta Convención no es efectiva y los residuos tecnológicos siguen inundando países como
Ghana, Nigeria o India. Según Salomé Stähli, responsable de Programas de e-Stewards
Initiative, un estándar de residuos de aparatos electrónicos creado por la organización
Basel Action Network (BAN, por sus siglas en inglés), hay cuatro motivos fundamentales
para que se produzcan estas exportaciones. Primero, «bajo la Convención de Basilea las
exportaciones quedan reguladas (previo consentimiento), pero no prohibidas», por lo que
cada país termina decidiendo si importa o no esta basura. Segundo, «reforzar tratados
internacionales o convenciones como esta es complicado, porque no existe una corte
internacional que los regule y al final depende de los Estados el que se refuercen dichos
acuerdos». Por eso, países con leyes laxas, bajo grado de cumplimiento legal o alto grado
de corrupción son caldo de cultivo para que se produzcan importaciones y exportaciones
ilegales. Tercero, «Estados Unidos es uno de los mayores exportadores de basura
electrónica y el único país desarrollado que no ha ratificado la Convención», que también
establece que los países signatarios no pueden importar de países no signatarios (como
EE. UU.). Sin embargo, la Agencia de Protección Ambiental estadounidense permite la
exportación de RAEE, lo que facilita que su basura electrónica termine en estos países.
Por último, «la Unión Europea [signataria del acuerdo y donde las exportaciones son
ilegales] y otras potencias desarrolladas están intentando fomentar ciertos vacíos legales,
ya que la Convención no aplica a los equipos electrónicos funcionales, solo a la basura
electrónica.
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Los aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) son productos que están presentes en
prácticamente toda nuestra vida cotidiana y están conformados por una combinación de
piezas o elementos que para funcionar necesitan corriente eléctrica o campos
electromagnéticos y realizan un sinnúmero de trabajos y funciones determinadas. En el
momento en que sus dueños consideran que no les son útiles y los descartan, se
convierten en residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE).

La fabricación y el consumo de aparatos y dispositivos eléctricos, electrónicos,


informáticos y sus combinaciones, aumentan como consecuencia del actual modelo
socioeconómico de crecimiento ilimitado y del consumismo, soportado en los
vertiginosos avances científicos y tecnológicos de la sociedad contemporánea.

Esta situación desencadena en el ciclo de vida de estos productos unas afectaciones en


términos de explotación incontrolada de materias primas, consumo energético
proveniente mayormente de fuentes fósiles y generación de residuos, que ponen en riesgo
la sostenibilidad ambiental del planeta y pueden afectar la salud y la vida de todos sus
habitantes.

Así, la rápida innovación tecnológica y la reducción del tiempo de vida de los aparatos,
entre otros factores, contribuyen a que estos residuos sean una de las corrientes de mayor
crecimiento en el mundo, tanto en los países industrializados como no industrializados,
con una tasa de crecimiento anual y global del 5 %. En Colombia, la generación de
RAEE domésticos en el 2014 se estimó en 252.000 toneladas, equivalente a 5,3 kg por
habitante (Baldé, Wang, Kuehr, & Huisman, 2015).

¿Cómo se clasifican?
La categorización de los AEE que más comúnmente se utiliza desde la perspectiva de su
comercialización se relaciona con los equipos electrodomésticos, es decir, aquellos que
sirven para realizar o agilizar tareas domésticas o que tienen que ver con el hogar. Estas
categorías son las líneas blanca, marrón, gris y los pequeños electrodomésticos.
Por otra parte, la Directiva de la Unión Europea 2012/19/UE, que comenzará a regir a
partir del 15 de agosto de 2018 clasifica los AEE en seis categorías considerando las
posibles fracciones de recolección y separación de los RAEE. Estas categorías son:
aparatos de intercambio de temperatura, pantallas y monitores, lámparas, grandes y
pequeños aparatos, y aparatos de informática y telecomunicaciones.

En términos generales se puede decir que existen dos grandes grupos: los AEE
domésticos o de consumo masivo y los especializados o de uso industrial.

Impacto sobre la salud y el ambiente


La presencia de metales pesados, contaminantes orgánicos persistentes, retardantes de
llama y otras sustancias peligrosas que se pueden encontrar en los RAEE constituyen un
riesgo para la salud humana y el ambiente si estos residuos no se gestionan
adecuadamente.
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Hay tres fuentes principales de sustancias que se pueden liberar durante la recuperación
de materiales y el reciclaje de los RAEE que son motivo de preocupación mundial: los
constituyentes originales de los equipos, como el plomo, el cadmio y el mercurio; las
sustancias que pueden añadirse durante algunos procesos de recuperación, como el
cianuro; y las sustancias no intencionales que pueden formarse durante estos procesos
como las dioxinas y furanos (Lundgren, 2012).

Por otra parte, la contaminación ambiental que resulta de la extracción inapropiada de los
materiales aprovechables de los RAEE, puede conducir a exposiciones indirectas de las
personas que habitan o permanecen en los alrededores de los sitios de manipulación de
los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos por medio de la contaminación del
suelo, el aire y el agua.

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