Instituto Superior IDRA
Profesorado en Educación Inicial
Primer año
2021
Catalina Gabilán Gianoli
Taller a cargo de Carina Curutchet
Aquella lectura que habitamos es nuestra: la lectura como forma ilimitada de
resistencia.
“una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos”
Alejandra Pizarnik
“Leer vale la pena... Convertirse en lector vale la pena... Lectura a lectura, el lector –todo lector,
cualquiera sea su edad, su condición, su circunstancia…– se va volviendo más astuto en la búsqueda de
indicios, más libre en pensamiento, más ágil en puntos de vista, más ancho en horizontes, dueño de un
universo de significaciones más rico, más resistente y de tramas más sutiles”, así comienza La Gran
Ocasión, el ensayo de Graciela Montes que, generando una especie de entramado que conecta lo poético
con lo tangible, logra transmitir la esencia de lo que la escuela promueve, al mismo tiempo que nos
permite soñar con una institución ligada, no sólo al compromiso con la educación, sino a la
individualidad de los seres y sus pensamientos. Invita a la escuela a que “se asuma como la gran ocasión
para que [...] cualquiera sea nuestra edad, nuestra condición, nuestra circunstancia…– lleguemos a ser
lectores plenos, poderosos" (p.3). Es que la gestación de un lector, plantea, no está ligada a una edad en
específico, sino a la posición que tengamos con respecto a dicho material de lectura, a cómo nos
posicionemos frente al mismo. Y si aún no tenemos una mirada consolidada acerca del mundo, luego
de una buena lectura, se gesta la creación. Soñamos con un mundo en donde intercambiar miradas,
lecturas, paradigmas. La lectura, bien lo dice, no tiene nada que ver con el mero acto de sentarse a leer,
sino de la mirada que tiene el individuo sobre su entorno, cómo pinta el paisaje de su vida, con qué hilos
de pensamiento lo atraviesa y, sería incoherente, inocente y, hasta absurdo de nuestra parte, no asociar
directamente nuestra mirada con nuestras lecturas.
“No sólo se “lee” lo que está cifrado en letras. Se “lee” una imagen, la ciudad que se recorre, el
rostro que se escudriña... Se buscan indicios, pistas, y se construye sentido, se arman pequeños
cosmos de significación en los que uno, como lector, queda implicado.”
Los libros nos van formando como individuos, nos invitan a reflexionar, a intervenir, a interactuar con
su contenido. Lejos estamos de concebir que aquello que leemos, independientemente de su fuente,
habla de la verdad, pero entendemos que cada autor tiene la propia, y cuando nos involucramos en el
acto de la lectura, tanto como el de la escucha, la estamos dejando entrar. “Lectura a lectura, el lector
va construyendo su lugar en el mundo” (p.3)
“Otras veces, en cambio, cuando contamos una película que hemos visto, por ejemplo, o cuando
relatamos un suceso, algo de lo que fuimos testigos, damos voz a nuestra ‘lectura’.” (p.4) Damos voz a
nuestra lectura situándola en el mundo del discurso. Toda aquella significación que podamos aportarle
a nuestra vida es, precisamente nuestra, está inundada de objetividades, la hacemos propia, la
envolvemos en nuestro manto, la acunamos y la depositamos únicamente en aquellas personas en las
que sentimos que nuestra lectura va a estar a salvo. “El lector incipiente, que comienza siendo un “lector
oral”, tendrá mucho para “leer” antes de llegar a la escuela… Y también para “escribir” en la medida
en que tenga la palabra y encuentre quién lo escuche” (p.5). Y si, tomamos la palabra de Graciela, cada
individuo, desde el momento de su nacimiento hace una lectura del mundo, buscando sentidos
infatigablemente, entonces no podemos omitir que los propios se entrelazan con los de un otro de
manera constante. Lo único que nos diferencia del resto, además de la capacidad de intervenir, describir,
emplear el vocabulario pertinente, algunos más o menos, es nuestra mirada. Nuestra mirada es única en
el mundo, porque está gestada en libros, en audiovisuales, en artes, en crianzas, en desvelos, en
paradigmas, en estructuras, en vínculos, en formaciones, en capacidades, en diversas inteligencias, en
consumos. Cada decisión que tomamos, cada acción que realizamos, habla de a dónde posamos la
mirada, e incluso cuando lo creemos arbitrario, hay ciertas acciones que nos trasladaron a donde nos
encontramos hoy. “Cada lenguaje, cada variante de cada lenguaje contiene una historia, una lectura del
mundo, una idea del tiempo, ciertos puntos de vista… Cada lenguaje tiene sus vueltas, sus giros, sus
precisiones y sus ambigüedades” (p.5)
Es que leer también está vinculado a la capacidad de observación, qué tanto estemos dispuestos a posar
la mirada sobre un otro sin intervalos, dejándonos envolver por una propuesta, apostando al contenido
vinculado a aquel individuo que nos es ajeno y permitirle llevarnos a donde su mente se dirige sin
cuestionarlo, sin interrumpirlo. Si no nos gusta lo que leemos, muchas veces, decidimos cerrarnos en
nuestro propio universo, no escucharlo, como si lo que dijera dejara de existir porque nosotros no lo
elijamos, omitiendo su lectura, dejándolo en algún costado de la biblioteca o del mundo, cuando, en
realidad, es mucho más valioso terminar de percibir aquel discurso y poder decir “no estoy de acuerdo”
con fundamentos. Tal vez el mundo sería un lugar con lectores más ávidos si decidiéramos continuar
aquellos libros que no resuenan con nosotros, porque, aunque tal vez no sea lo que esperamos, seguro
algo tenga para aportarnos. Así la lectura, así la vida. Nuestras decisiones nos definen, el decidir qué
hacemos con aquello que nos cuentan, casi en privado, como una especie de cita entre el autor y uno,
donde nos invitan a explorar algo que comienza siendo ajeno, y termina siendo propio, compartiéndolo
nos forman como personas (uno no puede estar en desacuerdo con aquello que no escucha).
“o al mismo tiempo se le volverá familiar, y poco a poco se adueñará de él para dar voz a su lectura del
mundo” así como nuestra canción favorita es nuestra también, solía escuchar decir a una profesora
“cuando uno escribe, ese escrito ya no es propio, sino del mundo” y creo que pasa un poco eso con la
lectura. Incluso en nuestros primeros años, cuando nos encontramos cara a cara con las letras, ese
desciframiento es una lectura, aunque aún no podamos comprenderlo. Ese momento inicial, donde
debemos encontrarle un sentido a lo abstracto, habla, también, de nuestro posicionamiento frente al
mundo. Muchas de nuestras lecturas privadas, íntimas, permanecerán en el orden de lo invisible, hasta
que alguien, algún día, pose su mirada sobre nosotros y nos pregunte, por ejemplo, alguna cuestión que
atraviese aquel ensayo de Graciela Montes que hemos leído alguna vez.
Referencias bibliográficas
Graciela Montes (2006). La gran ocasión. La escuela como sociedad de lectura. Buenos aires: Plan
Nacional de lectura. Ministerio de educación, Ciencia y Tecnología.