Parab 2
Parab 2
MIS
PARÁBOLAS
Índice general - 2
278. Dios te toca 295 305. El anillo del rey 333. El escozor del derviche 354
253. Cristiano aprovechado 269 279. Hombrecillos de papel 322 334. El pavo real 355
254. Cristiano amargado 296 306. Dios ayuda como 335. El filtro del amor 356
270 280. Medias tintas 297 tiene que ayudar 323 336. Las ranas y la grulla
255. Cristiano-movida 281. La fuga de Bach 298 307. Funeral por la muerte..., 357
271 282. Doctrina de la parroquia 324 337. El búfalo y el ratón
256. Parábola del pastor tonto 272 299 308. Todo tiene alma e historia 325 359
257. Parábola del pastor libertario 283. Un rey bueno 309. También el camino es meta 326 338. El águila y la castora 361
273 300 310. Pañales desechables 339. La partida de guerreros 362
258. Televisión ...y familia 284. El señor García 301 311. Margarita y las burbujas 328 340. Vivir el presente
274 285. ¿Estoy curada? 302 312. La paloma real 330 364
259. Imágenes 286. El príncipe y su sombra 303 313. El poblado de los caracoles 331 341. El amuleto de la buena suerte
275 287. La rosa blanca 304 314. Todavía era posible vivir 365
260. El vivo retrato 288. El espíritu del árbol 332 342 El místico y el ateo 367
276 305 315. Nacer al perdón 343. El elefante y la rata
261. Don Criticencio y las flores 289. La iglesia samaritana 333 368
277 306 316. Los tres anillos 344. La fiesta de los pequeños
262. A dos pasos de la libertad 278 290. Santos con corona 334 369
263. El niño caprichoso 307 317. Cuestión de oído 335 345. Las cebollas y el sabio 370
279 291. La zarza humilde 318. Ojos para ver 336 346. Testimonio 371
264. La búsqueda del asno 280 308 319. Por un taparrabos 347. Ganas de arrodillarse 372
265. Desierto ancho, mente 292. La ciudad mágica 337 348. El maderero y el bosque 373
estrecha, corazón mezquino 281 309 320. Ojos cerrados, ojos abiertos338 349. El primer llanto 374
266. Por suerte no coincidimos en...282 293. Creer en Dios 321. La verdad os hará libres 339 350. La base de lo maravilloso 375
267. El espejo-test 310 322. El diablo y su amigo 340 351. Lo cotidiano y lo esencial 376
283 294. Leyenda rusa 323. Una tienda en el cielo 341 352. Nuestras oportunidades
268. Poca vista y mucho tacto 311 324 El tío y el sobrino 343 377
284 295. La linterna 325. Los puercoespines 353. La búsqueda
269. ¿Eterna duda? ¡Muerte segura! 312 344 378
285 296. La curación del drogadicto 326. La abuela 354. El mal produce mal 379
270. Mariposas amigas y curiosas 313 345 355. La rigidez y la flexibilidad 380
286 297. Manos a la obra 327. El mendigo 356. Los libros sagrados 381
271. El zapping y el hijo prodigio 314 346 357. La única preocupación 382
287 298. ¿Quién puede hacerlo? 315 328. Los pies fríos 347 358. El tazón roto
272. Los olmos 288 299. La poda 316 329. Malentendidos 383
273. Cielo 289 300. El grito 317 348 359. Tiempo sin reloj
274. La marcha 290 301. Deseos torcidos 318 330. El burro 349 384
275. ¿Evangelizamos? 292 302. Quiero el secreto 319 231. Una cama para cuatro 350 360. La vid, el olmo y la yedra 385
276. 1.444 columnas 293 303. La hija pequeña del rey 320 332. La ostra y el pez 361. Proyecto personal 386
277. Opinión 294 304. Ahora ya lo sé 321 351
362. El regalo de la esperanza 373. Centrado, descentrado 385. ¿Dónde está Dios? 398. Gente «a rayas» 423
387 398 410 399. Música para sordos 424
363. ¡Baja ...! ¡Baja...! 374. Los radios y la llanta 386. La vida 400. La religión de la vieja dama425
388 399 411 401. Viajar gratis 426
364. En el reino de las mariposas 375. Hacer beber al burro 387. Dar la vida 402. Las cuatro ranas 427
389 400 412 403. La piedra en mi mesa
365. Un cesto lleno de arena 390 376. Mangos largos 388. Los dos amigos y el oso 413 428
366. Demonio mudo 391 401 389. Fanatismo 404. División exacta
367. Confesión general 377. Gestos de amistad 414 429
392 402 390. El león y el ratón 405. El talismán de los miedos 430
368. Un océano bajo la tierra 393 378. El contestador 403 415 406. Miedo y ambición
369. Tan distinto 379. Cucú, cucú 391. La gallina de los huevos de... 431
394 404 416 407. Prakash quería ver a Dios 432
370. La oración matinal 380. Concientizar 405 392. El ciervo dorado 417 408. El mono 435
395 381. Cachorro de león 406 393. Todos contentos 418 409. La rana 438
371. La parábola de la felicidad 382. Cambiar 407 394. Los espíritus del río 419 410. Una fábula de amor 440
396 383. Oro y ceniza 395. ¿Por qué? 420
372. El pobre 408 396. Muñeca rota 421
397 384. El leproso 409 397. ¿Quién soy yo? 422
- “Toma, hijo, vete a trabajar al campo, que hay mucha faena pendiente. El
domingo lo celebramos”.
Resignación
Pasividad 254. Cristiano amargado M.
Valmaseda
253. Cristiano aprovechado M.
Valmaseda
Fatalismo
255. Cristiano-movida M. Culpabilización
Valmaseda 256. Parábola del pastor tonto M. Valmaseda
Durante los días siguientes a su vuelta se veía al hijo pródigo un tanto ¿Quién de ustedes tiene cien ovejas en el redil y se le pierden noventa y
extraño. Trabajaba en el campo ensimismado, leía mucho por las noches y cinco (o sea, que la resta da cinco ¿no?), y va uno de ustedes y se queda con
hacía extrañas llamadas por teléfono. las susodichas cinco, mientras las otras noventa y cinco andan por ahí
“Este hijo tuyo - decía al padre el hijo mayor, tan chinche como siempre - despistadas, balando o sufriendo los topetazos de los carneros?... Y el pastor,
está mal de la cabeza..”. tan tranquilo en el redil con su quinteto, aconsejándolas paternalmente.
Un día, el hijo ex pródigo volvió a desaparecer. -“Ovejitas mías ...no se vayan ustedes por ahí, como esas locas que se andan
“Ya se fue otra vez ése a prodigar por ahí”, comentó el mayor, tan puñetero perdiendo por los montes; no se asomen a la puerta del redil, que les puede
como siempre. dar un vértigo. Fuera de este redil no hay salvación; así que todos juntitos
El padre, ¡hala!, a la puerta a esperar. Hasta que un día llegó una postal. pediremos por ellas, las noventa y cinco locas, y por el lobo, para que no se
Sobre fondo de picos nevados (no, Suiza no), un tocador de quena con su indigeste...”
poncho multicolor. “Querida familia: Aquí estoy. Me vine con una ONG a ¿Quién de ustedes hará eso de quedarse en el redil? ¿Eh? ¿Quién?...Bueno,
trabajar en una escuelita rural. Padre, no esperes a la puerta, que te vas a no pongan esa cara ¿He dicho algo inconveniente?...
(Aquí está rasgado el papel y no puede leerse lo que sigue.)
Negatividad
Pasividad
258. Televisión ...y familia A. Francia
Tolerancia
259. Imágenes C.
G. Vallés Negatividad
260. El vivo retrato A. Francia
Dicen arqueólogos que los hindúes más antiguos hacían las imágenes de sus La madre estaba encantada con su hijo mayor. Todo eran alabanzas. Es que
dioses sólo en barro, nunca en piedra o mármol. El barro dura poco y la el niño era estudioso, limpio, educado, atento con la familia, dispuesto...
imagen ha de cambiarse al cabo de algún tiempo. Quizá un resto de esta Cada poco repetía - y si había extraños más todavía - : “Este hijo mío es el
costumbre es la ceremonia que vemos todos los años en Bombay cuando en vivo retrato de su padre”.
la fiesta de Ganesh Chaturti, después de rendir culto a imágenes de barro o Para el pequeño no quedaban más piropos que el de: “Es un desastre de
escayola del dios Gánpati, se sumergen en el mar en procesión solemne, y estudiante, es peleón, caprichoso, flojo, respondón...” Y, después de otras
allí se hunden, se disuelven y desaparecen. Las imágenes de piedra vinieron lindezas y retahílas por el estilo, siempre remataba: “No sé a quién habrá
más tarde en la historia, bajo la influencia del budismo y el jainismo. salido este hijo mío”.
La teología del barro es digna y profunda. Una sola imagen, por bella que Un día, ese niño “tan respondón”, harto ya de tanta comparación ofensiva y
sea, no capta la infinitud de Dios. Está bien tenerla y venerarla por un humillaciones, le espetó, entre rabioso e irónico: “Mamá, estoy tan orgulloso
tiempo; y está bien, también, dejar que se disuelva y dé lugar a otra imagen, de ti que me encantaría que, al menos, alguna vez dijeras que yo soy tu vivo
a otro aspecto, a otro rostro de divinidad, que nunca agotamos con nuestros retrato”.
flores: se abren y son receptivas al suave rocío, se cierran al viento y a los
aguaceros”.
Responsabilidad
261. Don Criticencio y las flores A. Francia
Imposible
262. A dos pasos de la libertad A. Francia
El maestro Criticencio era enormemente exigente y crítico con el grupo, en
general, y con cada uno de los alumnos, en particular. Lo era porque creía
que debía serlo: lo razonaba y los alumnos aceptaban sus juicios y hasta sus
reprimendas. Aquel prisionero no era como los otros. Había sido un soldado luchador
A padres, colegas de la educación y compañeros les extrañaba su éxito como nadie, con mucha fuerza, mucha constancia y mucha astucia. Habría
educativo. luchado hasta la tortura y la muerte por la libertad de su pueblo.
Un día lo abordaron en pleno pasillo de la escuela. Él los llevó al jardín y les Atado de pieS y manos con gruesas cuerdas, hacía a escondidas enormes
dijo: “Yo no hice grandes estudios. Aprendí en el campo y del campo. Veo esfuerzos por frotarlas hasta romperlas. Así gastó horas y horas del día, más
que me sirve para la ciudad. Observo, analizo, preparo y siembro. Me cultivo todavía, de la noche, sin que los guardianes ni vieran ni sospecharan nada.
al tiempo que cultivo. Todo se reduce a tratar a las personas como a las “Si lograra - se decía él - liberarme las manos, las ataduras de los pies iban a
ser coser y cantar”.
A veces creía lograr su objetivo, otras pensaba que su esfuerzo era inútil y En esos momentos vino a casa Carlos, con su madre, la vecina del 2º. Ése sí:
tal vez contraproducente. Con el paso de las horas frotaba con menos no había acabado de ofrecerle el dulce y ya lo tenía en la boca. ¡Vaya
convicción y menos fuerza hasta que, totalmente desesperanzado, abandonó manera de comer! Luis miraba con la cabeza baja, como toro que va a
la idea. Incluso lamentó el tiempo y las energías perdidas. Hizo proyecto de embestir. Efectivamente, no había pasado medio minuto cuando Luis se
conformarse con su suerte, armarse de paciencia para lo que viniera: hambre, abalanzó sobre Carlos, y de un zarpazo le arrebató el dulce, y se fue
malos tratos, tortura, peleas, humillaciones, enfermedad.... corriendo a comérselo en un rincón.
Al quinto día de prisión hubo una inspección pormenorizada por parte de los Antes de que la madre pudiera reñirle se lo había tragado y se había
jefes. Pronto descubrieron el estado de las ataduras. El jefe se desató en refugiado en su habitación.
gritos y amenazas, primero contra el prisionero, luego hacia el guardián: El ingenio de Luis vino después, a la hora de ganarse a su madre para que no
“¿No ves, so idiota, que este preso está punto de romper las cuerdas y le castigase. Qué cara de no haber roto un plato, qué gestos, qué melindres,
escapar o matarnos? ¡ Si llego diez minutos más tarde, quizás ya se hubiera qué miraditas, qué apoyos buscaba en su padre, qué amigo se hizo de pronto
escapado! ¡Átalo cinco veces más y no le pierdas de vista! ¡A ti ya te tocará de Carlos, qué rápidamente fue a buscar un juguete para enseñárselo e
también lo tuyo por inútil e imbécil! “ invitarle a jugar....
El soldado preso, tan luchador como siempre, quedó más abatido al verse
prisionero también de su propia desconfianza. “¡Pensar que por unos
minutos más de constancia hubiera quedado libre..!”, se repitió a sí mismo
infinidad de veces.
Aprobación
263. El niño caprichoso Intransigencia
264. La búsqueda del asno A. de
Mello
Luis era un niño caprichoso y un poco cruel. Aquel día se empeñó, con
modales muy feos, en no comer el dulce.
¡Cuidado que le insistieron los padres!: lo rico que estaba, que todos los Todo el mundo se asustó al ver al Mullab Nasrudim recorrer
niños lo estaban deseando, que si no se lo comía no le iban a dar otra cosa, apresuradamente las calles de la aldea, montado en su asno.
que otro día cuando lo pidiera..., que no iba a ver los dibujos - “¿Adónde vas, Mullab?“, le preguntaban.
animados...Nada, nada y nada. Todos los recursos pedagógicos fueron - “Estoy buscando a mi asno”, respondía Nasrudim al pasar.
inútiles. Luis seguía erre que erre. ¡Llega uno a encontrarse con gente seriamente dedicada a buscar a Dios!
desierto que debían atravesar era inmenso. Si querían sobrevivir,
irremediablemente debían aliarse los dos.
Aun antes de ponerse de acuerdo sobre lo que convenía hacer, habían reñido
áspera y violentamente. Comenzaron la dura marcha sin decirse una sola
palabra durante kilómetros y kilómetros. Se odiaban tanto como se
necesitaban. Más que buscar puntos de coincidencia y de encuentro para
hacer más llevadera la escapada, alimentaban cada vez más el odio el uno
hacia el otro.
Después de muchos kilómetros, ya a mediodía del día siguiente, a uno de
ellos llegó a pesarle tanto el silencio como el desierto; no pudo más y, casi
temblando, se atrevió a decir: “Este calor ya se me hace insoportable”.
El otro, que ni siquiera se había enterado, respondió con un tono y un gesto
ofensivo: “Pues, anda, que tú”.
Culpabilización
Responsabilidad
265. Desierto ancho, A. Francia
266. Por suerte A.
mente estrecha, corazón mezquino Francia
no coincidimos en el gusto
Intransigencia
Comprensión
267. El espejo-test A. Francia
268. Poca vista y mucho tacto A. Francia
Perfeccionismo Superación
269. ¿Eterna duda? ¡Muerte segura! A. Francia 270. Mariposas amigas y curiosas A. Francia
El sabio filósofo había hecho un larguísimo camino. Estaba casi extenuado. Eran tres mariposas amigas. Se querían, se ayudaban, siempre estaban
Por fin pudo sentarse a la mesa. A su izquierda un enorme vaso de agua, a su juntas. Un día vieron una puerta abierta por donde entraba mucha luz.
derecha un frutero con las frutas más variadas. Volaron ágil y alegremente para curiosear y conocer aquello tan claro y tan
vivo. Entraron en aquella habitación. Sentían una irresistible atracción hacia
esa luz. Acordaron tantear y conocer bien aquel misterio. Enviaron a la El hijo pequeño, de ocho años, se levantó decidido y, sin permiso de nadie,
primera para que inspeccionara. Muy decidida, se acercó a la bombilla y apagó el televisor, se colocó delante, como saliendo de la pantalla, y
enseguida regresó diciendo: “No he sabido qué es aquello porque me comenzó, haciendo gestos y carantoñas, a presentar su propio e improvisado
cegaba”. programa.
La segunda fue más intrépida, se acercó bastante más, y volvió volando y Todos estaban alucinados por el ingenio y desparpajo del niño. Y fue tal la
diciendo: “¡Ay!, por poco me ciego y me quemo”. aceptación del “programa”, el encanto del presentador, las risas que suscitó;
La tercera, casi enfadada con las otras dos compañeras por no haber traído la y tan bonito el clima creado que, unánimemente, solicitaron un “programa”
respuesta, voló con mucha fuerza y decisión hacia la bombilla. La pobrecilla semanal por el estilo.
no pudo dar marcha atrás: la luz era también fuego para esas alas tan débiles. ¡Ah!, los otros dos hermanos pidieron también una oportunidad. Pero, por
Chamuscada y ciega, cayó al suelo gritando y llorando: “¡Ya sé lo que es, ya aclamación, esta nueva manera de zapear la controlará el pequeño
sé lo que es! ¡Una bombilla!“. protagonista. Los padres también tendrán oportunidad, al final, “cuando
hayan aprendido”, dijo el chico con el encanto que da una cierta ironía en
boca de un inocente.
Creatividad
271. El zapping y el hijo prodigio A. Francia Intransigencia
272. Los olmos C.
G. Vallés
Un día estaba reunida toda la familia: los padres y los tres hijos. El padre no
hacía más que zapear en la televisión, enfadado porque no encontraba nada
adaptado a todos los gustos.
Chesterton introduce a un personaje, por lo demás algo excéntrico, que al dar
a sus amigos la dirección de su nueva residencia les da su nombre: “Los A un discípulo, que vivía obsesionado por la idea de la vida después de la
olmos”, y les indica el lugar donde se encuentra. Van allá sus amigos a muerte, le dijo el Maestro:
visitarlo, pero no encuentran ninguna casa por esos terrenos y piensan que - ¿Por qué malgastas un solo momento pensando en la otra vida?
han debido entender mal la dirección. Se vuelven frustrados, pero uno de - Pero, ¿acaso es posible no hacerlo?
ellos dice: “Nos hemos olvidado de una cosa” “¿De qué? “ “De mirar hacia - Sí
arriba”. Vuelven al lugar, se fijan en los árboles del terreno, notan un par de - ¿Y cómo?
olmos cercanos, miran hacia arriba, y en efecto, uniendo las ramas de los dos - Viviendo el cielo aquí y ahora.
olmos, su excéntrico amigo había construido una cabaña de madera, y esa - ¿Y dónde está el cielo?
era su residencia. Vivía literalmente en los olmos. - Aquí y ahora mismo.
Si el cartel “Los olmos” hubiera estado fijado en la pared de una casa de
ladrillos, la hubieran reconocido enseguida. Pero cuando los olmos eran
verdaderos olmos, dejaron de verlos. Llegaron a acusar en su enfado a su
amigo, al volver frustrados de la primera búsqueda, de haberlos engañado,
de haberles tomado el pelo, de haberse escabullido dándoles una dirección
falsa que no existía. Sólo uno de ellos cayó en la cuenta de que aquel
hombre, por más excéntrico que fuera, decía siempre la verdad, y la verdad
es siempre lo más difícil de creer.
Estamos perdiendo naturaleza, y ya ni sabemos volver a ella. Nos olvidamos
de que los olmos son ante todo olmos, antes de ser el nombre de un chalet, y
el “Impala” es un antílope, antes de ser una marca de coche, y “Lewis
Strauss” es un sabio antropólogo, antes de ser una marca de ropa vaquera.
Perdemos cultura, perdemos contacto, perdemos vida. Volvamos a los
olmos.
Pasividad
Creatividad
274. La marcha
273. Cielo A. M. Valmaseda
de Mello
de los (in) voluntarios
Al siguiente martes el voluntario se dirigió a dicha dirección, valga la
Érase un joven generoso, que se había ofrecido de voluntario en una redundancia. En la puerta de aquella casa del viejo Madrid había un
asociación que tenía la voluntad de ayudar, voluntariamente, a los cartelillo: “Asociación de involuntarios”, piso 2º, derecha. Estuvo a punto de
involuntariamente desfavorecidos de la fortuna. marcharse confundido, pero le ganó la curiosidad y subió. En recepción una
El joven generoso se había ofrecido voluntario, etc.... Como era voluntario muchachita estaba poniéndose el abrigo.
tenía muy buena voluntad, pero no muy grande (el tamaño es lo de menos). - “Hola, ¿eres nuevo, no? Aquí tienes un prospecto de la asociación.
Se había comprometo a acudir a la asociación todos los martes, jueves y Ella se fue. Por la sala de recepción entraban y salían jóvenes y maduros de
viernes, a las seis de la tarde. distinta carrocería. Leyó: “Asociación de involuntarios. Fundación de la
En la asociación estaban muy contentos con el nuevo fichaje porque hacía unión de agrupaciones de servicio social. Nuestro objetivo es ofrecer un
falta su colaboración como estudiante de economía para llevar las cuentas campo de actividades a todos aquellos jóvenes o adultos inquietos que
que en aquella asociación (como en casi todas estaban manga por hombro.) quieren hacer algo (pero no demasiado) en su vida. Esta asociación cuenta
Pero he aquí que el voluntario, para eso era voluntario y no recibía ningún con sala de revistas, videoteca, sala de reuniones informales.. No hay horario
sueldo, apareció un martes, pero el jueves tenía un partido de tenis al que no fijo ni reglamento concreto. Puede usted venir cuando le apetezca y
podía faltar, y el viernes ponían en el cineclub de la universidad una “comprometerse” en la actividad que usted elija, aunque luego sus múltiples
interesantísima película que no podía perderse. ocupaciones y contactos no le permitan llevar a cabo su compromiso. Las
Al martes siguiente el voluntario llegó involuntariamente una hora y cuarto ventajas de esta asociación son: a) que usted se sentirá realizado. b) que no
más tarde, y se puso al trabajo con gran entusiasmo. El jueves siguiente llegó dejará empantanada la acción de las organizaciones que se baten el cobre por
sólo media hora tarde, y cuando estaba en lo más arduo de su tarea de causas serias en defensa de los desfavorecidos (robados) de la fortuna (los
economista, recibió la llamada de Yolanda: poderosos). Posibles actividades que le ofrecemos...”
- “ Pero ¿no te acuerdas de que hoy es mi cumple? Al voluntario no le pareció mal la idea e iba a ponerse a elegir una actividad
- ¡Ay, perdona! entre la amplia lista. Pero en aquel momento miró el reloj:
Dejó los papeles revueltos sobre la mesa y salió corriendo. Estuvo en la - “¡Uy, las siete y media. Hoy transmiten el partido Oviedo-Osasuna!”
asociación como un clavo los tres días siguientes, porque al llegar el viernes Y salió, involuntariamente, corriendo.
notó una cara extraña en el coordinador. Pero he aquí que dos semanas
después encontró en el periódico el anuncio de curso intenso de danza-jazz.
¡Con el interés que tenía el voluntario por la cultura afroamericana, la
solidaridad con el mundo negro, la expresión corporal! Avisó al coordinador.
“No serán más que dos semanas ... Luego podré aportar...”
Las dos semanas se convirtieron en cinco, pero el martes de la sexta apareció
puntualísimo en la asociación. En la mesa que él ocupaba normalmente
había trabajando una señora mayor, con lentes finitas de esas de mirar por
encima. “ ¡Buenas tardes! ”.- “ ¡Buenas tardes! ”, contestó la señora mayor
y siguió a lo suyo.
El coordinador se asomó a la puerta: “Hola, te presento a Doña Rosalía...Es
contable jubilada que se ha ofrecido... ¿Vienes un momento? “
Se lo llevó a su despacho.
- Mira, es que urgía el asunto de cuentas y ella, aunque a veces tiene que
traerse a su nieto, o se le pone el marido enfermo, tiene más tiempo....
- Pero es que yo soy voluntario....
- Bueno, bueno... Hay otro rollo para ti. Hemos tenido una reunión los
Responsabilidad
responsables de asociaciones no gubernamentales: ONGs, fundaciones, pías
uniones, clubes benéficos..., y hemos organizado algo que creo que te 275. ¿Evangelizamos? B. Brecgy
resultará interesante. Apunta esta dirección...
El templo jainista de Ranakpur, en el Rayasthán,. tiene 1.444 columnas. Yo,
escéptico que soy, me puse a contarlas, y cuando pasaba de mil lo dejé.
Preguntaron a un proletario en el tribunal qué fórmula elegía para su
Desde luego las hay. Y entre tantas no hay dos iguales. Todas cambian de
juramento: la religiosa o la laica.
estilo, en dibujo, en remate. Me fijé en que había algunas sin labrar, toscas
- “No tengo trabajo”, contestó.
como si hubieran reemplazado tardíamente a las originales. Pero no era así.
- No fue aquello simple distracción. Con su respuesta aquel hombre quiso
El sacerdote guardián del templo, cuya familia ejerce hereditariamente el
dar a entender que se hallaba en una situación en que ese tipo de preguntas, y
oficio hace quinientos años, me explicó la verdadera razón. Me llevó junto a
tal vez el mismo proceso, carecían de sentido.
la imagen del dios que preside el gran atrio y me dijo: “Fíjese usted desde
aquí. Todas las columnas que se ven desde aquí, es decir, las que ve el dios,
están cuidadosamente labradas. Las que no se ven son las que quedaron sin
labrar. Si dios no las ve, ¿para qué esforzarse?”
En una columna alejada, pero desde donde se ve la imagen de la divinidad,
está esculpida la imagen de un hombre con la cabeza inclinada y las manos
juntas. Es el mismo arquitecto, que no dejó su nombre, pero dejó su imagen
en adoración devota para siempre en el templo que él había construido.
Hay una columna desagradablemente torcida en ángulo. Parece un error
imperdonable. Pero ella también tiene su explicación. Entre tanta perfección
tan acabada, había que dejar algún defecto patente para que la gente lo
criticase..., y el arquitecto se evitase así el mal de ojo que viene de la envidia
cuando todo es perfecto. Por eso la columna estaba torcida a idea.
En el templo hay 350 estatuas del mismo Dios. Todas parecen iguales, pero
todas tienen algo distinto. Dios nunca se repite... aunque lo parezca.
Un aviso: Se prohibe la entrada a señoras con la regla.
Tolerancia Esperanza
276. 1.444 columnas C. 277. Opinión
G. Vallés Cristiano joven
Había una vez un hermoso planeta(para algunos) en el que sucedían cosas
como éstas, y en el que más de las dos quintas partes de la población morían Señor, mis manos tiemblan cuando quieren acariciar y no pueden.
de hambre, vivían tristes o carecían de sentido. Señor, mis ojos lloran cuando quieren hablar y temen descubrirse.
- ¿Cómo vamos a poder decir Feliz Navidad este año? - preguntaron los más Señor, mi boca se cierra y no salen de ella palabras de aliento y de esperanza
inquietos. para los demás.
- Con corazón silencioso, mente despierta y acción decidida - respondió el Señor, mi cuerpo se siente atado sin expresión de vida.
maestro -, para que vuestras palabras no sean mentira, y para que de nuevo Señor, tú abrazas a los más pequeños.
podáis cantar juntos “Gloria a Dios en las alturas (no a los que mandan) Con tus manos lavaste los pies en señal de servicio y de entrega.
porque en la tierra ya tienen paz (¡y pan!) los hombres (y las mujeres y En tu cuerpo encontraban refugio otros cuerpos que vagaban sin rumbo.
especialmente los niños), porque lo único que les mantiene en vida es su Tú les diste paz.
buena voluntad. Señor, no quiero limitarme a la palabra; necesito sentir a los demás para
llegar a ti.
Todo lo que soy se puede transformar en lenguaje de evangelio.
Mis miedos son los que me ahogan y mi egoísmo el que no me deja gritar lo
que llevo dentro.
Señor, hoy mis manos suplican tu presencia y se abrazan al silencio
profundo de tu mirada.
Creatividad
Autonomía 279. Hombrecillos de papel F. Alonso
278. Dios te toca A. López
Era una mañana como otras muchas, y una niña jugaba en su cuarto. Jugó
con un tren, con una pelota y con un rompecabezas. Pero de pronto se
aburría de todo. Entonces hizo un hombrecillo de papel de periódico. Y ¿A qué se parece este mundo, o a qué lo compararemos? Es como el amo
estuvo toda la mañana jugando con él. Por la tarde la niña bajó al parque que mandó a su criado traerle un pescado fresco del mercado. El criado lo
para jugar con sus amigos. Iba con ella el hombrecillo de papel, que se trajo, pero el pescado estaba podrido. Mandó el amo: “Escoge tu castigo:
mostraba muy feliz y quería que los niños estuvieran contentos. Comerte el pescado, recibir cien azotes o pagar cien dinares”.
Por eso, el hombrecillo de papel, comenzó a contarles las historias que abía. El criado escogió: “Me como el pescado”. Pero después de tomar unos
No obstante, sus historias eran historias de guerras, de catástrofes. de bocados le dio tanto asco que suplicó: “¡Dadme los azotes!” Lo comenzaron
miserias... Y los niños, al oír aquellas historias, se quedaron muy tristes. a azotar hasta que no pudo más, y gritó antes de llegar a los cien: “¡Parad,
Algunos se echaron a llorar. Entonces, el hombrecillo de papel de periódico parad! Pagaré la multa”. Y pagó los cien dinares. Con lo cual sufrió tres
pensó: “Lo que yo sé no es bueno, porque hace llorar a los niños”. Y echó a castigos quien podría haberse librado con uno.
andar solo por las calles. Hacer las cosas a medias es gozar a medias y sufrir el doble. En este mundo
De pronto vio una lavandería. El muñeco de papel dio un salto de alegría y, el sufrimiento es inevitable. Pero al menos podemos no aumentarlo.
con paso decidido, entró.
- “Aquí podrán borrarme todas las cosas que llevo escritas. Todo lo que hace
llorar a los niños”.
Al salir... ¡nadie le habría reconocido! Blanco como la nieve. Planchado y
almidonado como un niño de primera comunión. Dando grandes saltos, se
fue hacia el bosque.
Los niños le rodearon muy contentos y jugaron a su alrededor. El
hombrecillo de papel sonreía satisfecho. Pero, cuando quiso hablar...¡de su
boca no salía ni una palabra! Se sintió vacío por dentro y por fuera. Y, muy
triste, volvió a marcharse. Caminó por todas las calles de la ciudad...Y salió
al campo.
Y entonces, de pronto, se sintió feliz. Comenzó a empaparse de todos los
colores y de palabras nuevas y hermosas. Cuando volvía hacia el pueblo, se
llenaba igualmente de las expresiones y rostros de la gente que ahora
parecían otros. Y volvió junto a los niños.
Les habló de todas las personas que trabajan por los demás: para que nuestra
vida sea mejor, más justa, más libre...La voz del hombrecillo de papel se
hizo muy suave cuando les habló de las flores, y de los pájaros del aire, y de
los peces del río o del mar, y ...los rostros de los niños y del hombrecillo de
papel se llenaron de sonrisas. Y cantaron y bailaron cogidos de las manos.
Creatividad
Resignación 281. La fuga de Bach C.
280. Medias tintas C. G. G. Vallés
Vallés
Había un hombre que tenía una doctrina. Una gran doctrina que llevaba en el
El doctor Sauerbruch, cirujano de guerra en la primera guerra mundial de pecho(junto al pecho, no dentro del pecho), una doctrina escrita que
1914, inventor de la prótesis artificial “mano Sauerbruch”, que ayudaba a guardaba en el bolsillo interno del chaleco.
recobrar cierto movimiento manual a soldados que habían perdido manos y La doctrina creció. Y tuvo que meterla en un arca de cedro, en un arca como
brazos en la guerra, cuenta esta sentida anécdota de su vida: la del viejo testamento. Y el arca creció. Y tuvo que llevarla a una casa muy
“Después de la guerra ocurrió algo que nunca olvidaré. Tuve que pasar la grande. Entonces nació el templo. Y el templo creció. Y se comió el arca de
noche en un pueblecito. Caminaba por la plaza del mercado, cuando oí una cedro y la doctrina escrita que guardaba en el bolsillo interno del chaleco.
música de órgano que salía de la iglesia. Tocaban una fuga de Bach. Entré, Luego vino otro hombre que dijo: El que tenga una doctrina que se la coma,
me senté en una silla, y me gustó tanto la ejecución, que pregunté al antes de que se la coma el templo; que se la vierta en su sangre, que la
sacristán quién tocaba. Me contestó: “Un estudiante de música” Y añadió: disuelva en su sangre, que la haga carne de su cuerpo....y que su cuerpo sea
“Es completamente increíble. Perdió una mano en la guerra. Le hicieron una bolsillo, arca y templo.
mano artificial según invención de un profesor llamado Sauerbruch...¡Y
fíjese cómo toca!”
Escuché la música profundamente absorto. No creo ser un hombre
sentimental. Pero aquellos instantes en la iglesia me provocaron una
emoción inenarrable.
Satisfacción de hacer el bien. Algún día, en algún pueblecito perdido,
volveremos a oír la fuga de Bach.
Superación
Autonomía
283. Un rey bueno
282. Doctrina
Érase una vez un rey bueno. Pero vivía tan lejos de la gente, que el pueblo
no lo conocía. Y era un pueblo desgraciado. El rey enviaba médicos, Hay tensión en casa de los García. Discuten. Después, largos silencios.
maestros y hasta curas a las provincias más alejadas. Pero algunos Mutismo. El señor García se va pronto a la cama. Su mujer, cuando se fue a
mensajeros no sabían hacer las cosas. Y otros se aprovechaban de la gente. acostar, se encuentra con esta nota:
Cuando el rey iba de visita por su reino le recibían con banderitas. Había - “Por favor, despiértame a las cinco”.
fuegos artificiales. La gente se alegraba. Pero al día siguiente... se sentían A la mañana siguiente el señor García se despertó a las siete. Furioso, miró a
doblemente desgraciados. su alrededor. Su vista chocó con un papel. En él se decía:
El rey lo intuyó y tomó una decisión: “Quiero vivir desconocido en medio de - “Levántate, por favor. Son las cinco”.
mi pueblo, trabajaré con mis manos. Al atardecer me reuniré con los
vecinos. Algún día sabrán quién soy”.
El jefe de protocolo lo disuadió: “Cuando hayáis conseguido hacer felices a
una decena de vecinos.... quedarán decenas de millones de hombres
desgraciados”. Pero el rey contestó: “Enseñaré a una decena de vecinos a
hacer lo mismo con otros tres, cuatro o diez, según sus posibilidades. Si cada
uno comunica así un poco de felicidad a sus prójimos, toda la gente del reino
se transformará”.
Intransigencia
Culpabilización 285. ¿Estoy curada?
284. El señor García
Érase una vez un príncipe al que le gustaban los lujosos vestidos y las joyas
Un buen día mi marido me echó en cara que hablaba exactamente igual que brillantes. Quería aparecer ante su pueblo siempre por la mañana, cuando el
mi madre. Y me mandó al psicoanálisis. Y trabajé durante un año. Pero sol le daba de cara y podría mostrar todo el brillo de su persona.
cuando ya estaba convencida de que hablaba mejor, mi marido me dice que Pero una vez el príncipe tuvo que aparecer ante su pueblo a la caída de la
hablo igual que mi padre. De nuevo fui al psicoanálisis y trabajé durante un tarde; el sol le daba por la espalda y el príncipe vio su sombra por primera
año. Cuando pensé que hablaba mejor, mi marido me dice que cada palabra vez. Se llenó de ira, montó su caballo y marchó. Quería ir a un país donde no
que digo se parece a las del psicoanalista. Me hizo cambiar de psicólogo y tuviera ninguna sombra y se puso a buscarlo cabalgando. Y sigue
trabajé durante un año. Desde hace seis meses hablo como mi marido. Él cabalgando todavía.
piensa que estoy curada.
Resignación
Perfeccionismo
287. La rosa blanca
286. El príncipe y su sombra
Cuentan que en un monasterio, cuando un monje iba a morir se encontraba la - “¿Qué es esto?”
víspera una rosa blanca en su silla del coro. Era una gracia para él. Le daba - “ Un trozo de leña “, le respondí.
tiempo a despedirse de todo lo terreno, a lo que tuviere pegado su corazón. Me miró y se puso triste, dejó el trozo en el suelo, silencioso. Yo seguí
Pero, en cierta ocasión, un monje encontró la rosa blanca en su sitio. Se llenó pensando:
de miedo, la agarró y la puso en el puesto del compañero; éste se asustó y la - “ Es un trozo de leña, sí, un trozo de árbol”.
pasó a otro. Y el otro la cogió y la guardó bajo un hábito. Al día siguiente Se le iluminó la cara y me dijo:
murió rodeado de sus hermanos. Pero, desde entonces, ya no hubo paz entre - “ Cuando puedes ver cada hoja por separado, no ves el árbol. Cuando
los monjes y nadie más vio la rosa blanca. puedes ver el árbol, puedes ver el espíritu del árbol y puedes hablarle y tal
vez empieces a aprender algo”.
Optimismo
Pasividad
288. El espíritu del árbol
289. La iglesia samaritana
Yo estaba sentado con otro anciano junto al fuego. Después de comer agarró
un trozo de madera de los que habíamos recogido y me preguntó:
Érase una vez un pueblo de agricultores. Era difícil llegar a él. La carretera
era estrecha. Tenía muchas curvas. Una era especialmente peligrosa. En cierta ocasión una persona que pensaba que los santos llevan corona, le
Causaba muchos accidentes. El cura predicaba sobre la iglesia samaritana y preguntó a un monje:
decidieron atender a los accidentados. Era una misión religiosa. - “¿Qué eras hace 20 años?”
Alguien sugirió comprar una ambulancia para socorrer rápidamente a los El monje le respondió:
accidentados. Y todos colaboraron. Era una obra religiosa. - “Un pecador”.
Un buen día un concejal propuso la construcción de una carretera más ancha. - “¿Y qué eres ahora?”, le preguntó de nuevo.
Y sin aquella curva. Pero el alcalde tenía allí una finca y se puso en contra. - “Un pecador”, le respondió.
Alguien sugirió al cura que hablara con el alcalde y que informara al pueblo. - “¿Y llevas 20 años para eso?”, le preguntó.
Pero el cura y algunas otras personas pensaron que era meterse en política. - “Hace 20 años era un pecador corriendo tras el pecado, y ahora soy un
Al domingo siguiente habló de la iglesia samaritana. Y animó a seguir pecador que trata de escapar de él”.
atendiendo a los accidentados. Y así lo hicieron.
Intransigencia
Superación
291. La zarza humilde
290. Santos con corona
Intransigencia
292. La ciudad mágica Esperanza
293. Creer en Dios
En una conversación sobre el terror nazi y la persecución de los judíos le Una leyenda rusa cuenta que un hombre rico y avaro estaba a punto de
preguntaron a un rabino: morir. En el último esfuerzo dio a la criada la llave que llevaba colgada al
- “Después de todo lo que ha pasado, ¿cómo puedes creer todavía en Dios?” pecho y le mandó que cogiera la cartera con todo el dinero y lo metiera en el
La respuesta del piadoso rabino fue, a su vez, una pregunta: ataúd. Al llegar al cielo se encontró con una mesa llena de manjares.
- “¿Cómo puedes no creer en Dios, después de todo lo que ha pasado?” - “¿Cuánto cuestan estas ostras?”, preguntó.
- “Cinco duros, aquí todo es a cinco duros”, le respondieron.
- “Es barato”, comentó.
Se sirvió un buen menú. Al ir a pagar, entregó una moneda de oro. El
dependiente la rechazó y le dijo:
- “Qué poco has aprendido en la vida. No has aprendido que aquí sólo vale
lo que se ha regalado”.
Comprensión Autonomía
294. Leyenda rusa 295. La linterna
Tener fe es como recibir una linterna en una excursión nocturna. El paisaje En aquel tiempo un joven se acercó a Jesús. Por sus ojos húmedos y el
no cambia al ser iluminado, ni disminuye el cansancio por la marcha. Lo que temblor de sus manos supieron todos que era drogadicto.
pasa es que el que tiene la linterna ve mejor en la espesura y camina con más - Maestro, te lo suplico, apaga esta sed que me abrasa. Desde hace días me
seguridad. El peso de la linterna le puede exasperar a veces. Las sombras niegan el agua en las posadas y me rehuyen los caminantes. Noto que las
producidas hacerle imaginar feroces fantasmas, pero afortunado el fuerzas poco a poco me abandonan pero no quiero morir. Tú eres la
caminante que posea una linterna en su deambular nocturno: iluminará con Medicina Suprema, el Hombre que nos cura.
ella su camino y no caerá. Jesús, conmovido por aquella Fe, sonrió dulcemente. Le preguntó:
- ¿Cuántos años tienes?
- Diecisiete, Señor.
Cristo tomó las manos del joven, secas y frágiles, entre las suyas y elevó los
ojos. Al instante cerraron las heridas y desaparecieron los temblores. De la
muchedumbre surgió un murmullo, pues la curación de drogadictos estaba
prohibida; pero un gesto del Maestro impuso silencio:
- ¡Ay de aquellos que desprecien a estos hermanos suyos y les llamen
impuros! Más les valdría errar por sus barrios y caer en sus pozos. Pues
sabed que en los perseguidos vive el Padre y que un grano de su fe vale más
que toda vuestra cosecha de oraciones y sacrificios. Ellos os precederán en el
Reino.
Y, abriéndose camino entre el gentío, abandonó la ciudad seguido de sus
discípulos más fieles. El joven al que había curado se unió para siempre a
ellos.
Bondad
296. La curación del drogadicto F. Pérez Polo Responsabilidad
297. Manos a la obra J. del
Olmo
El mundo es la gran casa común en construcción para cinco mil millones de
personas, que necesita mucha mano de obra. La casa lleva muchos años en Esta es la historia de cuatro personas que se llamaban Cadauno, Alguno,
obras...Actualmente se trabaja en la cubierta del edificio. Cualquiera y Ninguno. Había que hacer un trabajo importante y se pidió a
‘Manos Unidas’ quiere que este año hagamos una visita a las obras para ver Cadauno que lo hiciera. Cualquiera estaba seguro de que Alguno lo haría,
si nos animamos a echar una mano. La casa tiene andamios por todos los pero Nadie lo hizo.
lados porque ninguna zona está terminada. La zona ‘norte’, en su estructura, Alguno se molestó a causa de ello, porque era el trabajo de Cadauno.
es la que va más avanzada...En la zona ‘sur’ los obreros andan levantando Cadauno pensó que Cualquiera podía hacerlo, pero Ninguno se dio cuenta de
todavía los cimientos. que Cadauno no lo había hecho.
Los trabajadores están en plena actividad. Sorprende que haya tan pocos Al final, resultó que Cadauno riñó a Alguno, cuando Ninguno hizo lo que, en
obreros para tanta obra. Subidos a los andamios, sin casco y sin red, los realidad, Cualquiera podría haber hecho.
obreros se juegan la vida. Muchos han dejado ya su vida en el trabajo, lo
que, lejos de desmoralizar al personal, le ha dado nueva fuerza para seguir
en la brecha.
Hay una persona que ha llegado a pie de obra pero de momento se lo está
pensando. No sabe a qué carta quedarse. Aún no ha decidido si se
incorporará al tajo o se marchará a casa para seguir por televisión, desde
lejos, la marcha de la obras.
Tampoco hace falta ser especialista en albañilería, ni arquitecto en la
construcción; cualquiera puede valer para transportar cubos de agua o
cemento, para empujar vagonetas cargadas de ladrillos o simplemente
acercar el botijo a los trabajadores.
Aunque no se espera finalizar la casa este año, se trabaja a destajo, con el fin
de adelantar las obras para hacer la casa común más habitable para todos.
Después de haber visto lo que falta por hacer en el mundo, yo me subo al
andamio. ¿Se sube usted?
Intransigencia
Pasividad
299. La poda C. G.
298. ¿Quién puede hacerlo? H. Otero Vallés
La narración se sitúa en una prisión de la policía secreta de Moscú durante
Bertolt Brecht hace decir al señor Keuner en una de sus historias: “En cierta los peores tiempos de la ‘guerra fría’ y de la represión religiosa en la ex
ocasión trabajé con un jardinero que me entregó unas tijeras de podar y me Unión Soviética. Una de las presas - la señora Arsenjeff - cuenta una
dijo que podara un laurel. El árbol se hallaba en una maceta y se alquilaba en experiencia en aquel lugar de terror.
ciertas festividades. Para ello debía tener forma de bola. De inmediato “Un atardecer mi compañera de celda me susurraba al oído: ¿Sabe usted qué
empecé a cortar los salvajes retoños, pero por más esfuerzos que hacía, no día es mañana...? ¡Mañana es Pascua de Resurrección!
lograba coronar con éxito mi empresa. Unas veces podaba demasiado de un Yo casi dudaba. ¿Realmente se nos había echado encima el día de Pascua?
lado, otras, del lado contrario. Cuando por fin adquirió forma de bola, ésta Pascua es un inmenso gozo para toda la humanidad. Sólo nosotras estábamos
resultó ser muy pequeña. Y el jardinero dijo desilusionado: ¡Muy bien, ésta excluidas de ese gozo... Profundamente desconsolada, me fui andando a lo
es la bola!; pero ¿dónde está el laurel? “ largo de la galería.
Mucho podar y mucho retocar, mucha forma y mucho detalle, mucha De pronto, en medio del opresivo silencio, irrumpió un grito: “¡Cristo ha
imagen preconcebida y mucho modelo idealizado. resucitado!”
Entonces vi a mi compañera de celda: unos grandes ojos le brillaban en su
pálido rostro... Y de cada una de las celdas fueron saliendo las respuestas
con agudas voces cargadas de esperanza: “¡Verdaderamente ha resucitado!”
Los vigilantes se quedaron atónitos, como petrificados, ante tamaña osadía.
Cuando reaccionaron, se precipitaron sobre la joven señora y, arrastrándola,
se la llevaron.
Después de cuatro días, la mujer volvió a la celda: su cara demacrada
reflejaba la desdicha. Había pasado todos los días de Pascua a oscuras y sin
probar alimento en un frío y húmedo cuarto de castigo.
Al verme, comentó: “Ya ves, me he atrevido a gritar el mensaje de Pascua,
he podido hacerlo... Todo lo demás no tiene importancia”.
Esperanza
300. El grito Abbé
Pierre L. Optimismo
301. Deseos torcidos C.
G. Vallés Apertura
302. Quiero el secreto A. Francia
Un santo asceta hindú llevaba años haciendo penitencia. Sabía que cuando
alcanzase cierta cuota certificada de penitencias oficiales, tendría derecho a
Aquel caminante apenas lograba ya mantenerse en pie. El camino había sido
pedirle al dios Brahma una gracia concreta, y éste habría de concederla. Él
muy largo y muy duro. Y el hambre lo había hecho desfallecer.
había dicho a Brahma:
Con los ojos medio extraviados miraba a un lugar y a otro por ver si algo o
- “Deseo el don de la levitación. No lo pido por mí, sino por vos. Cuando la
alguien podría aliviar su hambre. Lejos divisó un monasterio. Se atrevió a
gente me vea suspendido en el aire, vendrán a mí, y yo aprovecharé para
llamar. ¡Qué alivio! Le dieron comida. Le dieron cama. Le dieron un
enseñarles entonces con autoridad el camino del cielo y el culto a vos. Por su
excelente trato. Y le dieron hasta una bolsa de dinero para el camino.
bien y por vuestro bien lo hago”.
A la mañana siguiente se marchó dando saltos de contento. Pero, al
Brahma no las tenía todas consigo, pues temía que en el fondo lo que el
anochecer, ante el estupor de los monjes, volvió con la bolsa llena de dinero,
asceta quería era presumir ante la gente de acrobacias místicas, y eso no
como se la llevó, y la tiró sobre la mesa diciendo:
estaba bien. Pero no tuvo más remedio. Cuando el asceta llenó la cuota y
- “Me habéis tratado muy bien, me habéis dado mucho, pero os guardáis lo
presentó el certificado de sus penitencias, Brahma accedió a regañadientes y
mejor. Me he dado cuenta de que vosotros sois felices sin dinero. Yo quiero
le dijo: “Pide lo que quieras, pero una sola gracia”
más. Sed generosos conmigo y dadme vuestro secreto de felicidad. Me
Hubo un silencio. El asceta dijo al final:
interesa más que el dinero.”
- “Os pido la gracia de que nunca más vuelva yo a desear la gracia de la
Alfonso Francia
levitación”.
Brahma sonrió. La penitencia había hecho su efecto. Le concedió la gracia
de no tener ya el deseo. Y luego, sí, le concedió la gracia de la levitación.
Tolerancia
Superación 304. Ahora ya lo sé A. Francia
303. La hija pequeña del rey A. Francia
Superación
305. El anillo del rey A. Francia 306. Dios ayuda como tiene que ayudar A. Francia
Un rey con apariencia de todopoderoso llamó a su palacio a sabios y a Era un pobretón de solemnidad. Y lo era por flojo. Pero el hambre le daba
magos del reino. Les propuso un asunto difícil: tales pellizcos al estómago que ya no aguantaba más sin comer.
- “Yo sé que todos me consideran sereno, fuerte, equilibrado y seguro. Pero - “Dios es bueno - se decía a sí mismo - y además es mi amigo, le pido lo
en lo más profundo de mí, yo me siento inseguro, inestable, cobarde ante las que sea y verás cómo me lo concede”.
dificultades. Unas veces cualquier cosa me deprime y otras cualquier cosa Se puso a pedir y venga pedir.... Dios estaba ya harto de ese pelmazo y
me lleva al entusiasmo explosivo o a la euforia descontrolada. Quisiera un quiso darle una lección. Un día en que el pobretón acudió a Dios para
amuleto que me protegiera de estos vaivenes tan nocivos para mi vida y mi pedirle, Dios le contestó:
pueblo.” - “Bueno, mira, pídeme tres gracias; piénsalo bien, que no voy a concederte
Ninguno de los presentes se atrevió a aconsejarle algún amuleto o remedio, ni una más en la vida”.
sobre todo después de lo que había dicho. El pobretón se frotó las manos de contento y ni lo pensó.
El rey montó en cólera al constatar que él había contado sus problemas y - “Señor, - dijo -haz que todo lo que toque se convierta en oro”.
defectos a unos sabios inútiles, pero que pasan como los más sabios de su Pero cuando llegó la hora de comer, se dio cuenta que cuchara, tenedor,
reino. Si no son capaces de curar a su rey, ¿para qué quieren su ciencia y sus plato y alimentos, ¡todo!, se convertía en oro. ¡No podía comer!
artes? Tuvo que reconocer que se había equivocado. Y pidió la segunda cosa:
Del fondo del grupo se adelantó el más humilde de los sabios, el que tenía un - “Que no se convierta todo en oro”.
historial menos brillante y, casi con voz temblorosa pero con cariño, le dijo: Como le quedaba una petición, se puso a reflexionar en serio y no sabía lo
- “Majestad, mañana yo le traeré el amuleto que busca, un anillo. Cada vez qué pedir: salud, amor, fama... a todo le encontraba peros. Al fin acudió a
que lo mire, si está triste, se pondrá alegre, y si está nervioso, se calmará” contarle la cosa a Dios que le contestó así:
Al día siguiente el humilde sabio trajo el anillo prometido, y en profundo - “No pidas oro, ni bienes perecederos pide el arte de ver siempre lo positivo
silencio general, se lo entregó al rey. de todo y el arte de sacar positivo de lo que consideres negativo”.
El rey, con gran curiosidad y nerviosismo, miró el anillo y leyó una frase:
“También esto pasará”.
El rey sonrió y se lo colocó en el dedo.
Creatividad
Un día impresionó a todos los lectores del periódico local la noticia que Era un joven como tantos otros. Bien que mal había terminado sus estudios
apareció también en los muros de la iglesia: “Con profundo dolor de bachillerato. Estaba, eso sí, muy acostumbrado a que todo se lo dieran
comunicamos la muerte de la parroquia de Santa Rufina. Los funerales hecho: sus padres, sus educadores, la parroquia... le sobreprotegían.
tendrán lugar el domingo a las 11:00”. Siempre pedía consejos o siempre le llovían aunque no los pidiera. Llegó, así
El domingo la iglesia estaba llenísima. Nunca se había visto cosa igual. El lo sentía él, el momento de probar quién era de verdad al tener que marchar a
párroco había colocado el féretro arriba, junto al altar, sobre un vistoso la universidad a una gran ciudad lejana.
catafalco. Acertó a pasar por allí un renombrado profesor universitario, amigo de la
Los feligreses, atentos y con los ojos bien abiertos, se estiraban para ver y oír familia. Mientras tomaban café, el joven preguntó cómo valerse solo en la
mejor. Ni respiraban. universidad, qué orientaciones seguir, a quién acudir, cómo seguir
El párroco pronunció una homilía muy sencilla y emotiva. Al final ya, en madurando...
tono misterioso y compasivo, dijo: El buen profesor, con la seguridad que da la experiencia y el conocimiento
- “Creo, hermanos, que nuestra parroquia ya no puede resucitar. Ni soy Dios del alma joven, y con la responsabilidad del educador, le dijo casi con tono
ni tengo poderes extraordinarios, pero - ya que habéis venido todos porque la de misterio:
queríais -, voy a hacer una última tentativa. Mientras rezo, con la mayor fe - “Tú eres tu mejor consejero y te lo vas a probar. Analízate en todos tus
posible, vosotros, en fila de uno en uno, podéis ir pasando para ver el actos y sentimientos, observa todo lo que sucede a tu alrededor, en las
cadáver”. personas y en las cosas, trata de interpretar la sonrisa y la lágrima, el letrero
El párroco abrió el ataúd. Todos se preguntaban curiosos quién podría estar y el gesto del anciano..., dialoga humilde y valientemente con todos”.
dentro. Al llegar a casa cogió una libreta y escribió en la portada: “ Diario de un
Comenzó con mucha lentitud el desfile y, al pasar, todos miraban, entre hombre”. Y en el interior: “Hoy, 24 de marzo de 1996, empiezo”.
curiosos y extrañados, en el ataúd. Como en el fondo había un espejo, cada
uno veía su propio rostro.
Creatividad Creatividad
309. También el camino es meta A. Francia
Responsabilidad
310. Pañales desechables C. C.
Un monitor de tiempo libre decía vivir la pasión por la montaña, aunque Vallés
ahora residía en zona costera. Poco a poco logró convencer a un grupo de
jóvenes para salir con él de excursión a la montaña.
Él, para motivarles, no sabía más que decirles: “Es algo formidable, una
Un obispo norteamericano explicaba con gracia las causas que, según él,
experiencia única, quien prueba repite...”
eran responsables de la alarmante baja en el número de vocaciones a la vida
Un día cogieron el tren y luego se pusieron en marcha monte arriba. A la
religiosa en su país. Él enumeraba tres: los pañales desechables, el
mitad del camino, cansados unos y agotados otros, preguntaban con cierta
microondas y la aspirina. Tras la primera sorpresa, pasaba a explicar las
dosis de frustración y agresividad: “¿Dónde están los preciosos paisajes y el
razones.
cacareado encanto de la montaña?”
Los pañales desechables son el símbolo de la práctica de usar y tirar que
El monitor sonreía y contestaba: “Estáis pisando encima de ellos. Lo
caracteriza nuestra actitud actual en la sociedad de consumo. Nada dura,
comprobaréis cuando lleguemos a la cima”.
nada es estable, nada es para siempre. Usar y tirar. Esto no encaja en la vida
Efectivamente, cuando llegaron a la cima y contemplaron el espléndido
religiosa.
paisaje que desde allí se divisaba, cuando fueron rehaciendo con los ojos el
El microondas encarna el efecto de acción instantánea con resultado visible e
trayecto tan precioso que habían hecho, comprendieron lo que les había
inmediato que demandan los jóvenes de hoy. Tampoco eso deja lugar a la
dicho el monitor.
larga espera, formación y madurez de una vocación religiosa.
Sólo uno -el más crítico del grupo -le amargó la tarde al monitor al atreverse
La aspirina propicia la falta de tolerancia del dolor.
a decir:
El analgésico rápido, el remedio inmediato, la huida de todo lo que sea dolor
- “¿Cómo es posible que un apasionado de la naturaleza, atravesando por
y sufrimiento. Y sin paciencia, tolerancia y sacrificio no puede haber
sitios tan bellos, no ha sabido aliviar el esfuerzo de la subida, ni ha sabido
vocación a la vida religiosa.
ayudarnos a saborear el aire y la amistad, ni nos ha enseñado a admirar el
Esto decía el buen obispo, y cuando yo les cuento la ocurrencia episcopal a
encanto del camino? ¿Cómo es que nos ha querido emborrachar de belleza y
religiosos y religiosas, todos se ríen y dicen que es verdad, y se lo cuentan
de felicidad sólo al final del trayecto?”
unos a otros con sano humor contagioso. Algunos incluso se ponen a pensar
en serio qué hacer para volver a conseguir vocaciones en un ambiente
adverso.
Pero, por ahora, a nadie he visto todavía sacar la conclusión que yo saco del
simpático diagnóstico episcopal. Y es ésta: Ya que los pañales, el
microondas y la aspirina forman parte de nuestra vida y no se van a marchar,
¿no nos valdría más inventar un género de vida religiosa que sea compatible
con los pañales desechables, el microondas y la aspirina?
Margarita respondió:
- Sí claro. ¿Por qué no pruebas a regarte con agua otra vez?...Ven, vamos a
la terraza a tomar el aire. Te sentará bien. Has estado últimamente mucho
Comprensión
tiempo en la oscuridad.
311. Margarita y las burbujas Teresa Glez. Pasaron los días. La amiga de Margarita recuperó su color. Sus pétalos
Garzón volvieron a salir.
- Margarita - dijo la amiga - te llamé sosa y aburrida. No sabía que iba a ser
tan divertido poder jugar juntas. ¡Qué bien se está cuando uno se encuentra
bien!
Érase una vez una flor que se llamaba Margarita. Margarita tenía diez
- ¡ Claro que sí -contestó Margarita - vamos a divertirnos. Jugaremos un
bonitos pétalos. Vivía contenta dentro de su maceta. La tierra estaba húmeda
partido de ping-pong con las gotas de agua!
y recibía mucha luz.
Un día llegó otra flor y le dijo:
- ¡Uf!, Margarita. Tú no estás a la moda. Te riegas sólo con agua. El agua es
sosa. No tiene sabor, ni olor. Tampoco tiene color. ¡Pruébate a regarte con
champú!
- ¿Con champú ? Eso no será bueno -contestó Margarita.
La amiga respondió:
- ¡Tú qué sabes si es bueno! Mira, cuando te riegas con champú, las
burbujas te hacen cosquillas en las raíces. Luego llegan hasta los pétalos.
¡Son unas cosquillas estupendas y te ríes un mogollón!
Margarita miró a su amiga. Vio que le faltaba un pétalo. Otro empezaba a
estropearse.
Margarita le dijo:
- Oye, ¿Qué les ha pasado a tus pétalos? ¿Será que las burbujas los están
estropeando?
La amiga respondió:
- ¡Chica, qué miedosa eres! Me dices eso porque tú no te atreves. Con las
cosquillas me lo paso muy bien.
Margarita se quedó pensativa. No sabía qué hacer. El champú era muy
bonito. A ella también le gustaba sentir cosquillas. Alguna vez las gotitas de
agua le hacían reír. Su amiga le decía que las burbujas hacían unas cosquillas
que pasaban por todo el tallo.... Si su amiga decía que era tan divertido...
¡No sé, no sé qué hacer!
Margarita contestó:
- Lo he pensado mejor. He decidido seguir regándome con agua. El agua es
muy clara y limpia. Estoy contenta así.
- ¡Bueno, chica, tú te lo pierdes! Ya sabía yo que eres una sosa. Adiós - le
dijo la amiga -.
Al poco tiempo volvió la amiga. Le faltaban tres pétalos y tenía un color más
pálido.
- Creo que el champú era malo. Me encuentro mal y no sé qué hacer. ¿Me
quieres ayudar?
Intransigencia Bondad
312. La paloma real A. de 313. El poblado de los caracoles V. Aguilar Domingo
Mello
Nasrudim llegó a ser primer ministro del rey. En cierta ocasión, mientras El poblado de Pestar es una de las mayores y de las más importantes
deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un halcón real. ciudades de los caracoles en muchos kilómetros a la redonda, en la zona del
Hasta entonces Nasrudim jamás había visto semejante clase de ‘paloma’. De Amazonas. Allí vivía una familia compuesta por papá caracol, mamá caracol
modo que tomó unas tijeras y cortó con ellas las garras, las alas y el pico del y dos hijos que les ayudaban en las tareas del campo; el mayor se llamaba
halcón. Daniel y el pequeño Sergio.
- “Ahora pareces un pájaro como es debido -dijo -. Tu cuidador te ha tenido Los dos se dedicaban a vender hojas. Sergio vendía más hojas y ganaba más
muy descuidado. dinero que su hermano Daniel. Un día, mientras iban a vender a un poblado
cercano, un humano, descuidado, pisó el caparazón de Daniel y se lo rompió,
perdiendo toda su mercancía. Sollozando fue a su hermano, que se había
enriquecido con las ventas, y le pidió dinero para comprarse un caparazón
nuevo y poder pagar la mercancía perdida. Pero su hermano, que era muy
avaro, se negó. Daniel, triste, marchó a ver a su amigo el molinero; de
camino se le acercó su gran ‘Desdicha’ y Daniel, con lágrimas en los ojos, le
pidió que se hiciera más pequeña que su ojo; la ‘Desdicha’, viendo la
injusticia de la situación, cumplió su deseo. Desde ese momento comenzaron
a irle bien las cosas y se hizo tan rico como su hermano.
Sergio, al enterarse de lo sucedido, fue a su casa y le preguntó el porqué de
ese cambio tan grande en su vida. Daniel se lo contó todo y al día siguiente
Sergio quemó aposta su mercancía y se puso a llorar para que se le
apareciera su ‘Desdicha’. Y esto es lo que pasó. La ‘Desdicha’, viendo que
Sergio fingía, le dijo:
- “Ya que me has estado buscando, me has encontrado y no voy a separarme
nunca más de ti”.
La ‘Desdicha’, haciendose cada vez más grande, desapareció. A partir de ese
día a Sergio le sucedía una desgracia tras otra y empezó a empobrecerse
poco a poco. Daniel, al enterarse, fue a ayudar a su hermano, demostrándole
que no le guardaba rencor por no haberle ayudado cuando él lo necesitaba.
Daniel le ofreció su ayuda y desde entonces lo han compartido todo.
Bondad
314. Todavía era posible vivir R.
Garaudy Bondad
315. Nacer al perdón Clade
Crebson
Mis últimas palabras fueron seguidas de un tremendo silencio. Mi cuerpo se
paralizó como si fuese de piedra. Tuve la impresión de caer en un pozo,
cuando me volví a sentar entre aquellos 2.000 camaradas, la mayoría de los
cuales, hasta el día anterior, habían sido mis amigos, y, de entre ellos, más Nadie sabía por qué llevaban ya 17 años sin hablarse. Entre ellos se alzaba
de uno en ese momento compartía mis opiniones, y, sin embargo, no se un muro de silencio tan pesado que ni la muerte parecía capaz de romper. El
habían atrevido a decir ni palabra. Cuando se levantó la sesión se apartaron anciano padre no había estado asociado al nacimiento de sus nietos. El hijo
de mí como de un leproso. no había consentido que las vidas recién surgidas abriesen la más pequeña
Me pregunté hacia dónde dirigirme: no quería entrar en mi casa, llevando brecha en la muralla.
toda aquella tristeza a mis hijos, a mi familia. Eran casi las dos de la tarde. Pero un día, un primero de enero, el anciano padre dijo simplemente: “¡Que
Maquinalmente me puse en camino, y sin saber a ciencia cierta dónde iba, vuelva!”. Los demás hijos se miraron atónitos. La madre sí que lo sabía, ella
me encontré ante la casa de mi primera esposa, con la que me casé en 1937, estaba acostumbrada a los más pequeños detalles. Y ella lo había dicho:
cuando ella se disponía a entrar en el Carmelo, y a la que yo había “Será cuando menos lo esperemos”. Lo sabía pero no había dicho nada. Ella
abandonado en 1945, hacía veinticinco años. quería que el anciano padre le diera a aquel día primero del año el vigor y la
Subí las escaleras como si fuese un sonámbulo. Apenas llamé se abrió la alegría de los nuevos nacimientos.
puerta, cual si una mano estuviese al pestillo. Y me encontré ante una mesa El hijo no acababa de creérselo. Luego se puso a llorar en silencio. También
con dos cubiertos, lo que me hizo caer en la cuenta de lo absurdo de mi él empezó a ceder y regresó a casa. El anciano padre le abrazó. Le pidió que
acción. Di, pues, un paso atrás. se sentara y se pusieron a hablar. O mejor dicho, siguieron con la
- Perdona, ¿esperabas a alguien? conversación que habían interrumpido hacía 17 años.
- Sí, esperaba a uno: a ti. He escuchado tu intervención por la radio y aquel La madre, desde su sillón, cerraba los ojos para no perder las palabras de
silencio de muerte. Entonces estuve segura de que no podías venir sino aquí. nacimiento que se cruzaban por encima de los vasos de vino que les había
Entra y observa: creo que no he olvidado el vino que te gusta, el que te servido. Los veía nacer a los dos a la grandeza del perdón, a ese perdón que
gustaba hace veinticinco años, ni el pan de centeno... se da sin explicaciones, sin rencores, sin cálculos. A ese perdón que se da,
Cuando una hora después me fui, tras haber besado la frente de la mujer, sin más, como un regalo inesperado.
todo se había transfigurado. El milagro del amor de aquella espera venía a
ser el triunfo de la vida sobre la muerte. La existencia de un ser semejante,
bien puede compensar el abandono de millares de seres. Todavía era posible
vivir.
Y Natán concluye: “También nosotros: judíos, cristianos y musulmanes,
somos de un mismo linaje, pero nos vemos en la imposibilidad de probar
hoy cuál es la verdadera fe”.
“Natán - le dijo Tulaytuli -, desde ahora sólo se te conocerá como Natán el
Sabio”.
Tolerancia
316. Los tres anillos
G.E. Lessing
Un día le preguntaba el moro Tulaytuli (el Toledano) al judío Natán cuál era, Imposible
según él, la ley más luminosa. Sonrió y por toda respuesta le contó esta 317. Cuestión de oído C. G.
historia tan bella. Vallés
“Hace siglos, en Oriente, vivía un hombre que poseía un anillo de un valor
incalculable. No porque fuera de un metal precioso, sino porque tenía el
secreto poder de volver agradable a Dios y a los hombres a su portador.
Hacía de quien lo poseía el jefe indiscutible y venerado de toda su casa. A su Dos amigos andan juntos por una calle de Hamburgo. Pavimento de
muerte el hombre legó el anillo a su hijo preferido, que a su vez lo transmitió Alemania comercial, tiendas y bancos y anuncios y tráfico. Los envuelve el
a quien fue elegido como futuro jefe de su casa. ruido multiforme de la ciudad moderna.
De generación en generación el anillo vino a recaer en manos de un padre de Aunque los amigos son diferentes y se nota en su andar. Uno es alemán de la
tres hijos que no podía resolverse a elegir uno, pues los amaba por igual. tierra, hijo de la ciudad, criatura del asfalto, ciudadano del marco. El otro es
Incluso tuvo la debilidad de prometérselo a cada uno de ellos. un yogui hindú. Está de visita. Lleva ropas anaranjadas y mirada inocente.
Sintiendo próximo su fin, convocó en secreto a su vecino Mardoqueo, el Anda con pies descalzos que se ve apresuran su ritmo normal para seguir a
orfebre, y le encargó dos anillos semejantes en todo al primero. El artesano su amigo en la ciudad. Caminan juntos por la calle comercial.
lo logró tan bien que el mismo padre fue incapaz de distinguir cuál era el De repente el yogui se para, toma del brazo a su amigo alemán y le dice:
original. Hizo venir uno a uno a sus hijos y, sin testigos, le dio a cada uno un “Escucha, está cantando un pájaro”. El amigo alemán le contesta: “No digas
anillo. tonterías. Aquí no hay pájaros. Vamos. No te detengas”.
A la muerte del padre cada uno de los tres hijos exhibe el signo de autoridad Al cabo de un rato el yogui disimuladamente deja caer una moneda sobre el
y se presenta como el elegido. ¡Estupor! Es imposible probar cuál es el pavimento. El amigo alemán se detiene y le dice: “Espera. Se ha caído algo”.
verdadero anillo, y los tres hijos pretenden legítimamente la dirección de la El yogui sonríe. El pájaro sí que había cantado.
casa común”.
mirada del discípulo bajó del rostro del maestro al cuerpo del gato, y luego
del gato a su cola. Era un gato negro con la cola blanca. Era el gato de
siempre, el del maestro, el de la escuela. Mil veces lo había visto... pero
nunca lo había visto. Ésa era la lección. Lo tenemos delante de los ojos y no
lo vemos. Aprendamos a ver.
¡Error! Nombre de archivo no válido.
Imposible
Aprobación
318. Ojos para ver C. G.
319. Por un taparrabos C. G.
Vallés
Vallés
El maestro dio una orden extraña al discípulo: “Tráeme un gato negro con la
Había un asceta, santo y penitente, que vivía en la selva, lejos de caminos
cola blanca. Sólo entonces podrás seguir el curso como discípulo mío”. El
humanos; se sustentaba de los frutos de los árboles y las raíces del suelo, y
discípulo se lanzó a la búsqueda. Lo que más le interesaba era continuar en
bebía del agua cristalina del río que fluía al borde de su cabaña. Vestía sólo
la escuela del maestro, cuya dirección aseguraba el progreso espiritual y la
un taparrabos y guardaba otro para cambiarse. Y pasaba todo el día en la
iluminación definitiva. Llevaba ya años en su servicio. ¿Cómo podía echar a
contemplación sagrada del Dios que había hecho esas maravillas. Pero había
perder todo eso? Había que encontrar a toda costa un gato negro con cola
ratones en la selva y, mientras él estaba en la oración, le roían el taparrabos
blanca. Y salió en su busca.
que había puesto a secar. Pronto quedó inservible. Había que hacer algo.
Vio muchos gatos. Vio gatos negros con cola negra y gatos blancos con cola
Los vecinos devotos de aldeas cercanas y lejanas, que lo visitaban para
blanca, y gatos de mezcla de colores; los vio de día y los vio de noche, los
pedirle su bendición, le indicaron el remedio. La presencia de un gato
vio de lejos, y muchas veces creyó haber encontrado el ejemplar que
ahuyenta los ratones. Le trajeron un gato y el taparrabos quedó a salvo. Pero
buscaba, pero nunca resultó ser así. Pasaron los días. Pasaron mil gatos. Pero
ahora había que darle de comer al gato. Al gato le gustaba la leche. Los
no pasó ante su mirada un solo gato negro con la cola blanca.
siempre devotos visitantes le regalaron una vaca. ¿Qué comerá la vaca?
Volvió a su maestro y confesó su fracaso. El maestro escuchó con paciencia.
Hierba, ya se entiende. Pues le regalaron unos campos para que pastara la
Mientras escuchaba, acariciaba al gato de la escuela que correteaba a placer
vaca. El ermitaño sólo tenía que cuidar los campos, regarlos, abonarlos,
por todos los rincones y se refugiaba a ratos en el regazo del maestro como
cortar hierba para cuando hiciera falta. Y ordeñar la vaca para que diera
un discípulo más. El maestro escuchó al discípulo y no dijo nada. Sólo
leche y comiera el gato y espantara a los ratones y quedara protegido el
siguió acariciando al gato. El discípulo acabó de hablar. Levantó la vista
taparrabos de cambio. Así lo hizo el monje, dejándose llevar por el cariño y
para adivinar el rostro del maestro. Éste siguió acariciando al gato. La
la sabiduría práctica de sus fieles devotos.
Hasta que un día cayó en la cuenta de que ya no hacía oración. Se le pasaba
todo el tiempo con los campos y la vaca y el gato. No tenía tiempo. No tenía
ganas. Se había convertido en un terrateniente. Y los vecinos devotos
dejaron de visitarlo. Decían que su bendición ya no surtía efecto.
Creatividad
321. La verdad os hará libres A. Francia
Responsabilidad
320. Ojos cerrados, ojos abiertos A. Francia
Un joven se lanzó en busca de la Verdad. Deseaba encontrarla costase lo que
costase y estuviese donde estuviese. Donde preguntaba, siempre le decían
Yashoda es la madre de Krishna, la encarnación de Dios más popular, que más allá, que más arriba, que más lejos. Atravesó desiertos, cruzó ríos,
querida y venerada en la India. Ella lo cuidó mientras era niño, adolescente, escaló montañas. Y por fin, en un pico de los Himalayas, en una cueva
joven, con todo el cariño de madre y la sumisión de la fe. Creció Krishna y escondida, entre hielos y nieves, encontró a la Verdad. Era una anciana
le llegó el momento de dejar su casa, su pueblo y a su madre para predicar, decrépita con un solo diente en su boca, rostro con más arrugas que la piel, y
ayudar y redimir a su pueblo. Al despedirse su madre le pidió una gracia: lacios cabellos blancos sobre sus hombros. Pero era la verdad, y su voz clara
- “Que siempre que cierre yo los ojos, te vea”. y firme daba testimonio a su saber de todo lo que había sucedido desde el
Krishna le contestó: principio del mundo.
- “Te concedo una gracia mejor: que siempre que abras los ojos, me veas”. El joven comenzó a preguntarle sobre las dudas que tenía, que eran muchas;
Saber ver. Ver a Dios en todo. y a todas contestó la Verdad con certeza indudable. Le preguntó si los
gobernantes de turno decían la verdad. (No). Si su mujer le engañaba. (Lo
mismo que él a ella). Si el pelo de su vecino era postizo.(Sí). Si los
quitamanchas quitaban las manchas de verdad. (No). Y así siguió
preguntando sobre todo lo que se le ocurrió preguntar, y recibió siempre la
respuesta definitiva y clara a cada pregunta. Durante un año y un día estuvo
preguntando, hasta que se le acabaron las preguntas y se dispuso a
despedirse. Preguntó a la dama:
- “¿ Y qué deseáis que les diga de vos a los hombres y mujeres de allá
abajo?”
A lo cual ella respondió con viveza:
“Decidles que soy joven y hermosa”.
Y sonrió con su único diente.
Fatalismo
Creatividad
322. El diablo y su amigo A. de
323. Una tienda en el cielo Pilar Castillo
Mello
En un crudo día invernal los puercoespines de una manada se apretaron unos La abuela de Bertha Jensen murió maldiciendo. Ella había vivido toda su
contra otros para prestarse mutuo calor. Pero, al hacerlo así, se hirieron vida de puntillas, como pidiendo perdón por molestar, consagrada al servicio
recíprocamente con sus púas y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a de su marido y de su prole de cinco hijos. Esposa ejemplar, madre abnegada,
juntarse por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas alternativas silencioso ejemplo de virtud, jamás una palabra de queja había salido de sus
de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado hallar una labios, ni mucho menos una palabrota. Cuando la enfermedad la derribó,
distancia media en la que ambos males resultaban mitigados. llamó al marido, lo sentó ante la cama y empezó. Nadie sospechaba que ella
conocía aquel vocabulario de marinero borracho. La agonía fue larga.
Durante más de un mes la abuela vomitó desde la cama un incesante chorro
de insultos y blasfemias de los bajos fondos. Hasta la voz le había cambiado.
Ella, que nunca había fumado ni bebido nada que no fuera agua o leche,
puteaba con su voz ronquita. Y así, puteando, murió; y hubo un alivio
general en la familia y en el vecindario.
Superación
Apertura 328. Los pies fríos C. G.
327. El mendigo C. G. Vallés
Vallés
El maestro invitó un día a sus discípulos a que expresaran ante los demás, de
la manera que quisieran, sus experiencias en el curso que seguían. Algunos
Una señora que tenía por costumbre dar limosna a un pobre a la puerta de la expusieron sus convicciones, otros contaron anécdotas, otros, en fin,
iglesia que frecuentaba, se llevó un día la mano al bolso y sólo entonces repitieron enseñanzas o hicieron preguntas. El maestro no se marchó de la
cayó en la cuenta de que se lo había dejado en casa. El mendigo mantenía su sala, pero permaneció sentado en típica postura oriental, sereno e
mano extendida hacia ella, y ella entonces reaccionó con tacto y rapidez. Le inescrutable. Por fin un alumno, cuando le tocó el turno, habló y dijo:
dijo: “Hoy no tengo nada que darle, pero al menos puedo estrecharle la “Tengo los pies fríos”. Y el maestro sonrió y le hizo una inclinación de
mano”. Y así lo hizo, con cierta naturalidad y sentimiento. El mendigo no se cabeza. Era el premio que consagraba su respuesta como la única válida. El
dejó ganar en cortesía, aceptó el apretón de manos y dijo: “Hoy me ha dado discípulo sonrió también y se inclinó a su vez ante el maestro.
usted más que todos los demás días”.
Culpabilización Culpabilización
329. Malentendidos C. 330. El burro C.
G. Vallés G. Vallés
El Mu-lá Naserudín vio una vez un grupo de policías en la plaza del pueblo El Mul-lá Naserudín le daba de comer al burro todos los días, pero un día le
y echó a correr inmediatamente a toda velocidad para escaparse. Los policías dio pereza y le dijo a su mujer: “Ve a darle de comer al burro”. A la mujer
lo persiguieron calle tras calle y campo tras campo por todo el pueblo y los no le sentó bien la orden y se pusieron a discutir quién debería hacerlo. No
alrededores. Por fin él se paró de repente, se dio la vuelta y dio la cara a sus se pusieron de acuerdo y al fin Naserudín dijo: “Hagamos una apuesta,
perseguidores. Los policías casi se le cayeron encima con la velocidad que vamos a guardar silencio los dos, y el primero que hable le da de comer al
llevaban; por fin pararon y le rodearon. Cuando todos recobraron el aliento, burro”. La mujer asintió con la cabeza y ambos cerraron la boca dispuestos a
el Mu-lá preguntó: no abrirla por nada.
- “¿Por qué me perseguíais? “ Naserudín se sentó en un rincón del cuarto, cerrado en su silencio absoluto.
- Porque te estabas escapando de nosotros. Su mujer se aburrió pronto y se fue a casa del vecino, donde permaneció
- “Bien, replicó el Mu-lá, pero ahora no me escapo de vosotros” hasta el anochecer. Les dijo a los vecinos lo que había pasado y añadió: “Él
A lo cual respondió el jefe de la policía: es tan tozudo que antes moriría de hambre que ceder ante mí. Vamos a
- “Tampoco nosotros te perseguimos ahora”. enviarle una sopa caliente, porque tendrá hambre para estas horas”. Le
dieron una cazuela con sopa hirviendo al chico de la casa para que se la
llevase a Naserudín.
Mientras tanto, un ladrón había entrado en la casa de Naserudín y había
empezado a cargar con todo lo que encontraba. Cuando vio a Naserudín
sentado en un rincón sin moverse, se creyó que estaba paralítico, y le cogió
incluso el gorro que el Mul-lá llevaba puesto, pero éste no se movió ni dijo
palabra.
En el mismo sitio y postura estaba cuando llegó el muchacho con la sopa. El
chico dijo: “Le traigo esta sopa de casa de sus vecinos”. El Mul-lá trató de
hacerle entender por señas lo que había pasado, cómo había venido un
ladrón y había llevado todo lo que había en la casa, incluso su propio gorro.
Para expresar la pérdida del gorro y del turbante que se ceñía alrededor del
gorro, señaló a su propia cabeza dando vueltas con el dedo. El muchacho
entendió que quería que le echase la sopa por la cabeza, y así lo hizo sin
fijarse en la temperatura del líquido. Naserudín recibió la espesa lluvia
ardiente sobre la cabeza, pero ni se movió ni dijo palabra. Su cara y su barba
habían quedado en estado lamentable, y el muchacho, al verlo, volvió
corriendo a su casa a contar todo lo que había visto y entendido: el robo, el
baño de sopa y el silencio de Mul-lá.
Al oír el informe su mujer cayó en la cuenta de todo lo sucedido y fue en
seguida a casa. Allí encontró a su marido exactamente en el mismo sitio en
que lo había dejado, sin moverse; y llorando y riendo al mismo tiempo, le
dijo toda excitada: “¿Se puede saber qué quiere decir todo esto?” El Mul-lá
contestó: “Ve a darle de comer al burro. Y no vuelvas a ser tan terca”.
Moraleja: el burro no se queda sin comer.
Resignación
331. Una cama para cuatro C. G. Vallés Creatividad
332. La ostra y el pez
Intransigencia
335. El filtro del amor C. G.
Vallés Perfeccionismo
336. Las ranas y la grulla
Un joven se acerca a escondidas a la trastienda del viejo alquimista que le
enseña sus mezclas.
- “Ésta es un veneno instantáneo que no tiene olor ni sabor ni deja rastro
alguno. Es muy útil en ocasiones pero cuesta diez mil ducados,. que bien sé En lo más recóndito del bosque había una laguna fresca y verdosa. Cubrían
es una suma enorme” sus orillas hileras de espadañas que crujían agitadas por el viento, y en las
El joven sonríe: “Yo no tengo diez mil ducados ni necesito ese veneno. Sólo ensenadas poco profundas había flotillas de grandes hojas de nenúfar. Entre
necesito un filtro de amor”. juncos y cañaverales y en el agua mansa vivía una tribu de ranas numerosas.
El alquimista comprende: “Ah, eso. Claro que si tuvieras diez mil ducados Todas las noches templadas de primavera las ranas cantaban alegres a coro.
no necesitarías un filtro de amor. Pero tengo lo que necesitas. Aquí está. Es Algunas tenían la voz grave y profunda(las ranas más sabias y antiguas);
lo que más vendo, por eso tengo tanta abundancia. Basta una cucharada como mínimo eran bastante mayores para recordar los tiempos en que tenían
mezclada con cualquier líquido, con tal de que tú se lo des de beber a ella, cola y no tenían patas.
para que se enamore locamente de ti. Garantizado.”
- ¡Croac, croac! ¡En esta laguna mando yo! - croaba una rana toro bosque para cenársela. Así se libró la tercera rana; pero la grulla la había
grandísima sentada a la sombra de una hoja de nenúfar herido gravemente con el pico y no se atrevió a volver a abrir la boca.
- ¡Croac, croac! ¡En esta laguna mando yo! - replicó una voz ronca desde la
otra orilla.
- ¡Croac, croac! ¡En esta laguna mando yo! - proclamó una tercera voz desde
la orilla más alejada.
Mientras ocurría todo esto, muy cerca de allí había una grulla zanquilarga,
escondida entre los matorrales de la orilla. Aquella noche estaba hambrienta
y, al oír la voz grave de la primera rana bramadora, se acercó a ella
rápidamente y metió el pico largo y cruel bajo la gran hoja. La rana croó
aterrada y pateó intentando escapar, mientras en la tranquila laguna se oía el
chapoteo de las ranas pequeñas que saltaban al agua profunda.
A punto estaba la grulla de tragarse a la rana cuando sintió que algo frío y
legamoso se le enroscaba en una pata. Retrocedió un instante ¡y la rana
consiguió escapar! Pero la grulla no se quedó sin cena pese a todo, pues
enroscada en su pata había una culebra negra de agua, que era un manjar
suculento.
Se quedó descansando luego un rato a la pata coja, escuchando. La primera
rana se había callado, pero en la otra orilla se oyó croar a otra, muy ufana.
- ¡Croac, croac! ¡En esta laguna mando yo!
La grulla sintió el hambre otra vez. Rodeó la orilla sigilosamente y saltó
sobre la segunda rana, que estaba tan tranquila al descubierto, hinchada de
orgullo, porque de verdad se creía dueña y señora del lugar.
La grulla metió el pico y casi todo el largo pescuezo bajo el agua, y por toda
la laguna se oyó el plaf, plaf de las ranitas que saltaban a los agujeros más
profundos para ponerse a salvo.
Cuando la grulla tenía ya a la rana agarrada por una pata trasera, vio algo
que la obligó a marcharse; abrió las grandes alas y se alejó volando
torpemente hacia la orilla más lejana. Era una visión de pardo cuerpo esbelto
y ojos traviesos, que se había acercado muy sigilosamente a la grulla ¡para
atraparla y comérsela! Así que la segunda rana también se salvó; pero estaba Intransoigencia
tan aterrada que no volvió a abrir la boca.
Al cabo de un buen rato, a la grulla se le pasó el susto y volvió a sentir 337. El búfalo y el ratón
hambre. La laguna llevaba tanto tiempo silenciosa que muchas ranas
reiniciaron su alegre coro sobre el que retumbaba la voz grave de la tercera y
última rana, que decía:
- ¡Croac, croac! ¡En esta laguna mando yo!
La grulla no estaba lejos de la rana cantora y decidió hacerla callar de una Érase una vez un ratón de campo que estaba recogiendo cacahuetes
vez por todas. Cuando volvió a abrir la boca, le agarró una pata sin darle silvestres para el invierno, cuando su vecino el búfalo llegó a pastar en la
tiempo a decir más que “croac”. La rana croó y se debatió en vano; un pradera. Al ratoncillo no le gustaba esto, porque sabía que el búfalo cortaría
instante más y estaría recorriendo el largo pescuezo de la grulla. la hierba alta con su lengua pinchosa y luego él no tendría donde esconderse.
Pero en aquel preciso momento un zorro se acercó sigiloso a la grulla por Decidió presentar batalla como un hombre.
detrás ¡y la atrapó! La grulla soltó a la rana y el zorro la arrastró gritando al - ¡Eh, amigo búfalo, te desafío a un combate! - gritó con vocecilla chillon.a
El búfalo le ignoró, pues sin duda creía que era una broma. El ratón volvió a - Quiero que me prepares ese búfalo para mí y te daré algo de carne - ordenó
retarle muy enfadado, pero su enemigo siguió pastando tranquilamente. El el ratón.
ratoncillo entonces repitió el desafío con risa despectiva. El búfalo lo miró al - Gracias, amigo, lo haré con mucho gusto - repuso el zorro cortésmente.
fin y contestó con indiferencia: El zorro se puso a trabajar mientras el ratón esperaba sentado en un
- ¡Más vale que te calles, pequeñajo, si no quieres que vaya ahí y te aplaste montículo próximo, observándole y dándole órdenes.
de un pisotón sin dejar rastro! - Tienes que cortar la carne en trozos pequeños - le dijo. Cuando el zorro
- No eres capaz de hacerlo - contestó el ratón. acabó la tarea, el ratón le dio un trocito de hígado. El zorro se lo comió
- Te digo que te calles - repitió el búfalo, que estaba empezando a enfadarse vorazmente y chasqueó los labios.
-. ¡Te aseguro que si vuelves a abrir la boca voy ahí y te aplasto! - ¿Me das otro trocito, por favor? - preguntó entonces con toda humildad.
- ¡Atrévete a hacerlo, anda - dijo el ratón, provocándole. - ¡Caramba, ya te he dado un trozo bien grande! ¡Eres un glotón! - protestó
Así que el otro hacia él. Pisoteó la hierba desmañadamente y rompió la tierra el ratón.
con las pezuñas delanteras. Cuando acabó, buscó al ratón, pero no lo vio por Y añadió con desprecio: “Puedes coger un poco de sangre”.
ningún sitio. Así que el pobre zorro se comió los coágulos de sangre y hasta lamió la
- ¡Ya te dije que te aplastaría y no quedaría ni rastro! - murmuró. hierba. Tenía muchísima hambre realmente.
En aquel preciso instante sintió un arañazo en la oreja derecha. Sacudió la - ¿Me das un trocito para llevármelo a casa? - suplicó -. Tengo seis hijos
cabeza con toda su fuerza y agitó las orejas atrás y adelante. El dolor se pequeños y no tienen nada que comer.
intensificó hasta hacerse insoportable. El búfalo escarbó y corneó el suelo, - Llévate los pies del búfalo. ¡Eso será suficiente para todos vosotros!
destrozándolo. Echó a correr, a todo correr, bramando enloquecido, primero - ¡Bien, bien! ¡Gracias, gracias! - dijo el zorro. Pero, verás, tengo también
recto y luego en círculos, pero al final se detuvo y se quedó allí plantado, esposa y nos ha ido muy mal la caza. Estamos casi muertos de hambre. ¿No
temblando. Entonces el ratón salió de su oreja de un brinco y le dijo: podrías darme algo más?
- ¿Reconocerás ahora que aquí mando yo? - ¡Caramba! - exclamó el ratón -, ya te he pagado con creces el trabajo
- ¡No! - bramó el búfalo, y de nuevo corrió hacia el ratón, dispuesto a insignificante que has hecho. ¡Pero puedes llevarte también la cabeza!
aplastarlo. El pequeño no aparecía por ningún sitio, pero al instante el búfalo Entonces el zorro saltó sobre el ratón, que soltó un gritito y desapareció.
lo sintió en la otra oreja. Otra vez enloqueció de dolor y corrió a un lado y Si eres soberbio y egoísta al final te quedarás sin nada.
otro por la pradera, saltando a veces en el aire. Al final cayó a tierra y se
quedó completamente inmóvil. El ratón salió de la oreja y se plantó
orgulloso sobre su cuerpo muerto.
- ¡Hurra! - gritó -. He matado a la bestia más grande que existe. ¡Esto
demostrará a todos que soy el amo!
De pie sobre el cuerpo del búfalo muerto, pidió a gritos un cuchillo para
desollarlo y despiezarlo.
En otro lugar de la pradera estaba el zorro pardo, muy hambriento, cazando
ratones para desayunar. Vio uno y saltó sobre él a cuatro patas, pero el
ratoncillo consiguió escapar, para un gran disgusto del zorro. Entonces creyó
oír un grito lejano: “¡Traedme un cuchillo! ¡Traedme un cuchillo!”
Al oír la segunda llamada, el zorro siguió la dirección de las voces. Se
detuvo en el primer montículo y escuchó, pero ya no se oía nada. A punto
estaba de dar la vuelta cuando oyó con toda claridad la llamada, aunque con
Intransigencia
una voz muy débil: “¡Traedme un cuchillo”! El zorro corrió entonces a todo
correr. 338. El águila y la castora
A fin llegó junto al inmenso búfalo tirado en el suelo. Vio al ratoncillo de pie
encima.
La gran águila de la guerra surgió como una flecha en el sereno cielo azul. Tortuga se dispuso un día a emprender el camino de la guerra. Los
Una castora estaba partiendo leña junto al arroyo de aguas turbias. Pero no compañeros que querían ir también eran Ascuas, Cenizas, Espadaña,
estaba tan concentrada que no advirtiera el batir de las alas del águila y ésta Saltamontes, Libélula y Lucio. Así que los siete guerreros partieron hacia el
llegó demasiado tarde, pues la castora ya había desaparecido en el centro del primer campamento muy animados. Allí se levantó un viento muy fuerte por
pozo resplandeciente. la mañana temprano y se llevó a Cenizas.
El águila se posó malhumorada en un árbol seco próximo y clavó los ojos en - ¡Vaya! - exclamaron los otros -. ¡Éste no era guerrero!
el suave manto de agua del dique. Al cabo de un rato el agua se agitó Los seis siguieron su camino y el segundo día llegaron a un río. Allí pereció
suavemente y una lustrosa cabeza marrón asomó a la superficie Ascuas, al cruzarlo.
cautelosamente. - Ssss.. - dijo, y desapareció.
- ¿Qué derecho tienes a molestar así a la madre de un pueblo pacífico y - ¡Bien se ve que no podía luchar! - dijeron los otros cinco.
trabajador? - exclamó ofendida la castora. Al llegar a la otra orilla, miraron hacia atrás y vieron que Espadaña se había
- ¡Uf!, tengo hambre - contestó escuetamente el águila. rezagado. Estaba quieto, agitando la mano hacia los otros que murmuraban
- Entonces, ¿ por qué no trabajas para ganarte el sustento y dejas en paz a los entre sí, diciendo:
demás, como hago yo? - ¡Ése no era un auténtico guerrero!
- Eso está muy bien para ti - repuso el águila -, pero no todos podemos cortar Los cuatro que quedaban siguieron su camino hasta llegar a un lugar
árboles con los dientes ni alimentarnos de corteza y hierbas en una tienda pantanoso y allí quedó estancado Saltamontes. Debatiéndose para salir de la
cubierta de lodo. ¡Yo soy guerrera, no una vieja! ciénaga se arrancó las dos patas. ¡Ya sólo quedaron tres guerreros para
- Ciertamente algunos son alborotadores natos - dijo a su vez la castora seguir el sendero de la guerra!
tranquilamente -. Pero no veo ninguna razón por la que tú no te conformes Libélula lloró por su amigo. Lloró con desconsuelo y al final se sonó tan
como nosotros con alimentos sencillos ni decidas trabajar como es debido fuerte la nariz que se partió en dos el delgado cuello.
para conseguir lo que quieres. Además, mi trabajo es útil para otros y no sólo - ¡Bueno! - exclamaron los otros dos -, ¡estamos mejor sin esos debiluchos!
para mi familia y para mí, porque construyendo el dique ahondo el arroyo Lucio y Tortuga, que se habían quedado solos, avanzaron valerosamente
para el disfrute de todos sus habitantes, mientras que tú aterrorizas a todas hacia el territorio enemigo. Pero al llegar al lago les sorprendieron y les
las criaturas más débiles que tú. Bien harías en aprovechar mi ejemplo. cercaron rápidamente. Lucio escapó nadando, pero capturaron a Tortuga, esa
Y dicho esto, se zambulló otra vez en el agua. criatura tan lenta.
El águila esperó pacientemente un buen rato, pero no volvió a verla; y así, a Llevaron a Tortuga a la aldea enemiga, donde los jefes celebraron consejo
pesar de su desdén por la inofensiva laboriosidad de la castora, fue el águila para decidir lo que debían hacer.
y no ella quien se quedó en ayunas aquel día. - ¡Haremos una hoguera y lo quemaremos! - propuso uno
El orgullo solo no llenará el estómago. -¡ Hiiii ! - Tortuga lanzó su grito de guerra -. ¡Precisamente es la muerte de
guerrero que yo había elegido! Pisotearé el fuego y esparciré las ascuas!
- No - declaró otro - ¡Pondremos agua a hervir y le coceremos vivo!
- ¡Hiiii! - volvió a gritar Tortuga -. ¡Bailaré en el agua hirviendo y las nubes
de vapor os cegarán!
Los ancianos se miraron indecisos, y al final uno dijo:
-¿Por qué no le llevamos al centro del lago y le ahogamos?
Tortuga entonces escondió la cabeza y guardó silencio.
- ¡Ay de mí! - gimió -. ¡Ésa es la única muerte que temo!
Creatividad
Así que subieron a Tortuga a una canoa y remaron hasta el centro del algo.
339. La partida de guerreros Allí lo echaron al agua ¡y se hundió como una piedra!
Pero inmediatamente salió a la superficie y volvió a lanzar su grito de
guerra.
- ¡Hiiii! - gritó -. ¡Ahora estoy en mi elemento! - y se zambulló y se fue 340. Vivir el presente A. de
nadando a sus anchas. Mello
Responsabilidad Creatividad
341. El amuleto de la buena suerte
- Éstos - le dijo - son frutos de la suerte y si llevas uno en el zurrón cuando
sales de caza, ¡cazarás un oso!
El chico así lo hizo y, para gran alegría de sus pobres abuelos, se hizo un
cazador famoso y nunca volvió a faltar carne en su casa.
Había una vez una pareja de ancianos que vivían solos con su nietecito en
medio de un gran bosque. Eran muy pobres, porque el anciano ya no tenía
fuerzas para cazar y solía regresar a casa con las manos vacías. La anciana
buscaba tubérculos y recogía bayas para comer; pero, ¡ay!, su vista ya no era
tan buena y a veces pasaban días enteros sin que hubiera nada que comer en
la casa.
Un día el chico tenía mucha hambre y le dijo a su abuelo:
- Hazme un arco y unas flechas, abuelo, y ¡yo cazaré para todos!
La primera vez que salió al bosque con el arco y las flechas se encontró al
Pájaro carbonero, que le dijo:
- ¡Mátame! Estoy dispuesto a dar mi vida para saciar tu hambre.
El muchacho disparó y se llevó el pájaro a casa; y cuando lo echó delante de
su abuela ya no era un pájaro carbonero sino una espléndida perdiz y los
abuelos no cabían en sí de gozo.
- ¡Caramba, nieto! - exclamaron -. ¡Eres todo un cazador!
Cuando salió a cazar al día siguiente, anduvo un buen rato sin encontrar
nada. Al final le pareció oír risas a lo lejos. Así que se adentró en el bosque y
a medida que avanzaba oía más cerca las risas. Luego oyó claramente a una
persona que hablaba sola y al final entendió claramente lo que decía, aunque
no veía a nadie.
- Ja, ja - gorjeaba la voz alegremente -. ¡Sin duda soy la criatura más
afortunada de la tierra! Me paso el día saltando y brincando de rama en
rama. Soy rápida como el rayo, así que puedo escapar sin problema de mis
enemigos. En mi vida libre y feliz sólo temo una cosa ¡ y es la flecha de
punta roma de un chico!
El muchacho avanzó intrépidamente al oír esto y descubrió con su vista
aguda un tipi confortable en el hueco de un árbol muy grande. Miró dentro y
vio que la casa era acogedora y estaba bien provista de frutos secos. Su
pequeño propietario se sentaba acicalándose la cola peluda en el rincón,
sobre un lecho de hojas secas. Pero al ver al muchacho, pasó corriendo a su
lado con un chillido de espanto y se alejó en la espesura.
El muchacho corrió detrás a toda prisa y, tras una larga persecución, agotó y
alcanzó a la Ardilla, que se sentó jadeando y gruñendo en la rama de un
árbol justo encima de él.
- Muchacho - exclamó el animal -, ¡perdóname la vida y te daré un amuleto
que te hará cazador afortunado mientras vivas!
El muchacho aceptó y la Ardilla volvió con él a su tienda, donde llenó el
zurrón del muchacho de frutos del montón que tenía.
Comprensión
342. El místico y el ateo A. de
Mello
Culpabilización
Perfeccionismo
344. La fiesta de los pequeños
343. El elefante y la rata A. de Mello
El vozarrón del abejorro se oyó en todos los escondrijos y rincones del
bosque y de un extremo a otro del gran valle, porque Unktomi, la generosa,
Había una vez un huerto de hortalizas, árboles frutales y toda clase de
daba un banquete y Abejorro era su mensajero, el pregonero del día.
plantas. Como todos los huertos tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba
- Oídme bien todos los trepadores, zumbadores, todos los pequeños sin
gusto sentarse a la sombra de un árbol a contemplar todo aquel verdor y a
plumas que voláis, venid hoy a la fiesta - vociferó el abejorro -. Preparaos
escuchar el canto de los pájaros.
todos a demostrar vuestras habilidades. El sapo, que no sabe volar ni correr,
Pero un buen día comenzaron a nacer cebollas especiales. Cada una tenía un
su hermana la rana bramadora, con su orquesta de músicos, incluso la ardilla
color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado...Y sus colores eran irisados,
voladora con todos los demás. El juez de la belleza será Tanagela, el colibrí,
deslumbrantes, centelleantes, como el color de una mirada, o de una sonrisa,
y Murciélago juzgará vuestra destreza acrobática. ¡Y asistirá también
o el color de un bonito recuerdo.
Serpiente, la sabia hechicera!
Después de grandes investigaciones sobre la causa de aquel misterioso
Así que el pregonero de Unktomi hizo resonar su pregón en los barrancos
resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismísimo corazón -
bordeados de cedros y las cumbres de las colinas que olían a pino.
porque las cebollas también tienen su corazón - una piedra preciosa. Ésta
Era el mes de Julio, la Luna de las Moras, y los pequeños acudieron en gran
tenía un topacio; la otra, una aguamarina; aquélla, un lapislázuli; la de más
número al lugar de la Cascada Cantarina, que había sido elegido en la
allá, una esmeralda... ¡Una verdadera maravilla!
reunión. El valle resonaba feliz con su millón de voces. Entonces Unktomi,
Pero, por alguna incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era
la prudente, consideró oportuno encargar a algunos guerreros que
peligroso, intolerable, inadecuado y ¡hasta vergonzoso!...
mantuvieran el orden porque eran tantos los asistentes que podrían
Y las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa
cometerse tropelías e injusticias.
e íntima con capas y más capas, cada vez más feas y oscuras, para disimular
Se ordenó al Lobo vigilar las colinas circundantes, para que no pudieran
cómo eran por dentro, hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de
acercarse ningún enemigo. Se encargó a Búho mantener el orden en el
lo más vulgar.
campamento y sobre todo encargarse de que ni Murciélago, ni Halcón
Pasó por allí un sabio, al que le gustaba sentarse a la sombra del huerto y que
Nocturno, ni la tribu Golondrina tuvieran ocasión de molestar a los pequeños
sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles
insectos.
una por una:
El día empezó bien, con un coro de alabanza de la gran orquesta: un canto de
- “¿Por qué no te muestras cómo eres por dentro?”
saludo al sol, que inició Ta-she-ya-ka, Alondra, a quien se unieron incluso
Y ellas le iban respondiendo:
los grillos con sus pobres instrumentos. Luego llegó el concurso de belleza,
- “Me obligaron a ser así... Me fueron poniendo capas... Incluso yo me puse
en el que las mariposas, con sus diáfanos vestidos multicolores, ganaron el
alguna, para que no me dijeran...”
primer premio. Murciélago, sin embargo, que era el juez de las acrobacias,
Algunas cebollas tenían hasta diez capas y ya casi no se acordaban de por
se había zampado furtivamente a algunos de los concursantes más pequeños.
qué se pusieron las primeras.
Búho se precipitó sobre él para castigarle y se armó un gran revuelo.
Y, al final, el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensó
Unktomi no podía hacer nada con sus invitados. Sapo empezó a devorar a
que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes. Por eso,
los pequeños trepadores, la Serpiente atacó al sapo y hasta el Lobo bajó de
todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así
su puesto de vigilancia en las colinas para hacer una incursión entre los
será hasta el fin del mundo.
desvalidos pequeños.
Así empezaron la guerra y los ataques entre estas débiles tribus que han
durado hasta el día de hoy.
Autonomía
345. Las cebollas y el sabio
Apertura Apertura
346. Testimonio C. 347. Ganas de arrodillarse Mariola L. V.
G. Vallés
En cierta ocasión un discípulo se encontró con un manuscrito de un viejo Cuando le preguntaron al Maestro qué era la vida, éste respondió con las
Maestro. Tan denso y profundo era, que, en su avidez, el discípulo se siguientes palabras:
lamentó de hallar espacios en blanco entre las letras. Si no los hubiera, creía, - La vida es semejante a un saco de trigo. Pero en él se oculta una copa de
podría disfrutar aún más de las maravillosas enseñanzas que contenía. oro. Generalmente ignoramos la existencia de esta copa, pero si la
Un día que lo releía por enésima vez, deseó tan fuertemente que no hubiera sospecháramos, nos olvidaríamos del trigo y buscaríamos la copa con todas
espacios blancos entre las letras, que el manuscrito se volvió completamente nuestras fuerzas. Cada pensamiento recibido del mundo de arriba que nos
negro. hace indiferentes para con el mundo de abajo, es como el reflejo y el brillo
Entonces comprendió que, mientras estuviera en este mundo, luz y oscuridad de esa copa que se oculta en el saco.
tenían que alternarse, que la verdad sólo se podía manifestar de un modo Estamos tan ocupados con lo cotidiano que olvidamos que tras él se oculta
intermitente, y el único Reposo sólo se establece en el Inefable, porque sólo lo eterno, lo esencial. Sin embargo, cuando descubrimos lo esencial, nos
en el Único se establece el Reposo Inefable. olvidamos automáticamente de lo cotidiano.
En cualquier situación que nos haya tocado vivir se halla inscrita la situación
contraria.
Superación 353. La búsqueda J.
352. Nuestras oportunidades J. Peradejordi
Peradejordi
Creatividad Negatividad
354. El mal produce mal Narración
árabe
Tolerancia
Una vez un eremita caminaba por un lugar desierto, cuando llegó a una
enorme cueva, cuya entrada no era fácilmente visible. Decidió descansar 355. La rigidez y la flexibilidad Narración árabe
dentro de ella y entró. Sin embargo, pronto notó un brillante reflejo de la luz
sobre una enorme cantidad de oro. En cuanto tomó conciencia de lo que
había encontrado, el eremita comenzó a correr, huyendo lo más rápido que
El discípulo de un filósofo fue a visitar al Maestro en su lecho de muerte.
pudo de la cueva. En ese lugar del desierto había tres ladrones, que pasaban
- “¿No tenéis todavía algo que decir a vuestro discípulo? “, le preguntó.
mucho tiempo por allí con la intención de robar a los viandantes. En su
Entonces aquel Maestro sabio abrió la boca y dijo al joven que mirara
huida, al poco tiempo, el hombre piadoso tropezó con ellos. Los ladrones se
dentro.
sorprendieron y hasta se alarmaron viendo a un hombre correr sin que nadie
- “¿Todavía tengo mi lengua? “, le dijo.
lo persiguiera. Salieron de su escondite y lo detuvieron preguntándole qué
- “Ciertamente”, respondió el otro.
sucedía.
- “Y mis dientes, ¿están todavía?”
- Estoy huyendo, hermanos, del diablo y la muerte que me están
- “No”, replicó el discípulo.
persiguiendo.
- “¿Y sabes por qué la lengua dura más que los dientes? Porque es blanda, es
Los ladrones no veían que nadie le persiguiera y dijeron:
flexible. Los dientes caen antes porque son duros. Ahora has aprendido todo
- Muéstranos quién es el que te persigue.
aquello que vale la pena aprender. No tengo otra cosa que enseñarte.
- Lo haré, dijo, viendo que estaban dispuestos a pegarle.
Y los condujo hacia la cueva, al mismo tiempo que les rogaba que no se
acercaran a ella.
- Aquí están el diablo y la muerte que me perseguían.
Los ladrones se precipitaron dentro de la cueva. Consideraron que el
ermitaño estaba loco y lo dejaron irse, mientras se felicitaban por su buena
suerte. Al poco, empezaron a discutir acerca de qué debían hacer con el
botín, ya que temían fuera robado el tesoro si abandonaban la cueva.
Finalmente decidieron que uno de ellos tomaría un poco de oro y lo llevaría
a la ciudad, donde lo cambiaría por comida y otras necesidades; luego
procederían a la división del botín.
Uno de los rufianes se ofreció voluntario para realizar esta misión. Pensó
para sí mismo: “Cuando llegue a la ciudad podré comer todo lo que quiera,
envenenaré el resto de la comida y así morirán los otros dos. De esa manera
el tesoro será mío”.
Sin embargo, durante su ausencia los otros dos también habían estado
tramando las suyas. Habían decidido que, en cuanto regresara el pillo, lo
matarían, comerían toda la comida y dividirían el botín en dos partes en
lugar de tres.
En el instante en que regresó el ladrón que fue a buscar la comida, los otros
dos cayeron sobre él y lo apuñalaron hasta matarlo. A continuación
comieron toda la comida y murieron a causa del veneno que su compañero
había echado en ella.
Creatividad Responsabilidad
356. Los libros sagrados Narración 357. La única preocupación J.
japonesa Peradejordi
En continua querella, una vid y una yedra, a un olmo asidas, se Cuando los ingenieros construyen una presa, el torrente de la montaña, que
despreciaban, de odio estremecidas, poniéndose a su vez de peor es ella. salía caprichosamente entre desniveles y piedras, no entiende nada y se
- ¿Ves aquel ave, que en tendido vuelo - dijo la vid por fin - ya besa el enfada.
cielo?; pues si quiero subir, sin más arrimo, le llevo a que meriende este ¿Dónde va a parar su espontaneidad salvaje? ¿En qué se convertirá cuando
racimo. se estrelle ante el muro de cemento?
- Pues si me subo yo - dijo la yedra, que sólo asida de los olmos medra - Poco a poco, sin embargo, la masa de agua se transforma en un lago quieto,
formo un dosel al cielo, que, interpuesto entre el sol, enlute el suelo. Vamos alimenta las turbinas, produce luz, vida, fuerza. Cada uno de los riachuelos
a ver, si no, - siguió importuna. que bajaban de la montaña se ha enriquecido de su eficacia común.
- Vamos - dijo la vid -: ¡A una! ¡A una! Pero aún hay que llegar más lejos. Para que una región se electrifique -
En tono el más sencillo: ¡No, por Dios! ¡No, por Dios! - gritó un tomillo -, cristianice - no es suficiente con que el agua acepte renunciar a ser una
que pueden sus bravuras dejar el mundo a oscuras. cascada salvaje. Debe, además, dicen los técnicos, desaparecer, dejarse
Llegando ya de su impaciencia al colmo, dijo al tomillo el olmo: engullir por una ‘conducción forzada’ que no ha elegido. Al final rebrotará,
- Puedes perder el miedo, en mi conciencia, si nadie miedo a los cobardes poderosamente viva, y sus gotitas de espuma, a la manera de un Niágara,
tuvo, pues sé por experiencia que jamás subirán si yo no subo. olvidarán su lentitud.
Cristianos, ¿continuaréis reclamando la espontaneidad de vuestro ‘proyecto
personal’ sólo para mover vuestro propio molino?. O bien, haciendo crecer
el nivel de la presa, ¿seréis generadores de luz para otros muchos?
Optimismo Aprobación
362. El regalo de la esperanza 363. ¡Baja ...! ¡Baja...! C. G.
Vallés
Cuenta una leyenda americana que había una vez una tribu india acampada a “¡Bájate del elefante!”
la ladera de una montaña. Y el jefe de la tribu estaba muy enfermo. Llamó a Es un dicho indio de aplicación universal. Su significación también es
sus tres hijos y les dijo: “Yo voy a morir y uno de vosotros tiene que inmediata, y su aplicación diaria. El elefante es la soberbia, el orgullo, la
sucederme. Quiero que subáis a la montaña santa y me traigáis un bello tozudez, el ego. Todo aquello a lo que uno se “sube” para mirar desde arriba
regalo. Aquel que me traiga el mejor regalo será el nuevo jefe”. a los demás con aislamiento autoritario y engreimiento altivo. Los demás
Después de algunos días regresaron. El primero trajo una flor rara y continúan a pie, pegados a la superficie humilde del andar cotidiano. Yo
extraordinariamente bella. El segundo vino con una piedra llena de color, vivo en otro plano, tengo mi trono asentado en alturas paquidérmicas y
suave y redonda, pulida por la lluvia y el viento. El tercero dijo a su padre: contemplo desde ahí al resto de la Humanidad con autosuficiencia crítica y
“Yo no he traído nada. Estando en lo alto de la montaña pude ver que a la condescendencia indulgente. Me dejo mecer por el andar rítmico del palacio
otra parte hay unas praderas maravillosas, llenas de hierba verde. Vi también ambulante que se abre paso entre la multitud con el empuje masivo de su
un lago cristalino. Tuve la visión de dónde podía ir nuestra tribu para tener eterno ingente y la seguridad reposada de su firme pisar. Es cómodo y
más calidad de vida. Quedé tan sobrecogido por lo que vi, que no pude halagador atravesar las calles de la multitud a lomos del elefante real.
traerme nada”. Pero es artificial, es egoísta y es falso. Desde arriba no se ve la realidad de
Y el anciano jefe replicó: “Tú serás el jefe, porque tú nos has traído el regalo las cosas, ni se capta la expresión de las personas. No se siente su cercanía,
de la visión de un futuro mejor”. no se aprecia su talante, no se establece contacto. La gente se separa para
dejar paso. Se ponen a salvo. Quizá saludan con un gesto de miedo. Pero no
hay presencia, no hay amistad, no hay calor. El orgullo se paga caro.
Bájate del elefante. Deja de creerte distinto, superior, separado. Bájate y
ponte a nivel y pisa el suelo y anda como todos andan y siente la igualdad y
mira cara a cara, y habla de persona a persona y sonríe y saluda, y tiende la
mano y abraza a tus semejantes. Secreto de paz para siempre. Saber andar la
vida a pie. Nada de elefantes.
Bondad
Responsabilidad 365. Un cesto lleno de arena Bernard Bro
364. En el reino de las mariposas Cuadernos
El último colegial sabe que bajo la aridez del desierto del Sahara se extiende
un mar inmenso. Cuando aflora la capa subterránea florece un oasis
maravilloso. La otra mañana viví una de esas situaciones que se agradecen mucho. Tengo
En cualquier sitio sería suficiente horadar las arenas hasta encontrar las una amiga que está haciendo prácticas en ginecología y para ella era algo tan
aguas para hacer nacer otros oasis igual de bellos. Hay que cavar lo apasionante que quería compartirlo. Así que allá me fui. Había visto partos
suficientemente profundo. en la televisión, pero no tenía nada que ver, y me rondaban las imágenes que
En la aridez de desiertos humanos - los desiertos que son las ciudades de Jesús y Pablo utilizaban de esos dolores que son para la vida.
millones de habitantes - el creyente es una plataforma de excavación hacia la La mañana fue muy intensa; vimos niños prematuros y una cesárea; pero de
capa de amor inagotable del Dios escondido y desconocido que puede saciar lo que quiero hablarte es de cómo nacieron Álvaro y Rosa María. El parto de
cualquier sed. Álvaro fue precioso. La enfermera decía: ‘si esta mujer es tan guapa en un
“El desierto florecerá”. Esta frase de la Biblia aún es actual. Se contratan momento así cómo será arreglada’. El marido le tocaba la cabeza y le decía
excavadores. palabras de ánimo. Eran jóvenes y esperaban su primer hijo. Al niño le
costaba salir; ella lo intentaba una y otra vez; veíamos su cabecita moverse
dentro. Por fin, con la ayuda de varias mujeres, aquel pequeño cuerpo
emergía ante nuestro asombro. Antes de cortarle el cordón umbilical se lo
pusieron a la madre junto a su pecho, y podíamos palpar aquello que Jesús
nos dice: “la mujer, cuando da a luz, está triste, porque le ha llegado la hora;
pero cuando el niño le ha nacido ya no se acuerda del aprieto por el
gozo…”(Jn 16,21). Pesó cuatro kilos y medio y el padre no cabía en sí. A la
salida esperaban los familiares, preguntaban si el niño estaba sano y lloraban
de alegría. En otra sala nacía Rosa María. La madre era una mujer
seropositiva y su rostro reflejaba que consumía heroína; la última toma la
había hecho hacía dos días. Nadie había ido a acompañarla. Estaba sola.
Tenía dos niños varones y ésta era la tercera. “Tenemos que bajarnos a la
niña”, le dijeron. “¿No se puede venir conmigo al cuarto?”, preguntó ella.
“No, por tus circunstancias tiene que estar en observación”. La mujer sólo
quería que después no se la quitaran. Antes de bajarla se la enseñaron para
que la viera. La niñita era menuda y lloraba mucho.
Álvaro y Rosa María habían nacido a la vez, y sobrecogía sentir que tenían,
ya desde el primer momento, un futuro tan distinto.
Negatividad Creatividad
370. La oración matinal 371. La parábola de la felicidad J.L. Ducamp
¿Qué hay que hacer para que beba un burro que no tiene sed?. Salvando las
distancias, ¿qué hacer para devolver la sed y el gusto de Dios a los hombres
Y, puesto que hablamos de bicicletas, no olvidemos los radios y la llanta. que lo han perdido? ¿A bastonazos? El burro es más testarudo que nuestro
¿Qué son los radios? Cada uno de nosotros. Sólidamente unidos en el centro, bastón. Además este antiguo método ha sido declarado demasiado directivo
partimos de ese centro común del que vamos divergiendo. Ésa es nuestra por los educadores modernos. ¿Hacerle tragar sal?. Aún peor por lo que tiene
naturaleza y nuestra riqueza. Pero somos inútiles hasta que la llanta viene a de tortura psiquiátrica. ¿Cómo hacer beber, pues, a este burro respetando su
unir nuestras diferencias y a ensamblarnos. La llanta indispensable, y de la libertad?. Sólo hay una contestación: encontrar otro burro que tenga sed… y
que huimos a menudo, es el equipo, la comunidad, la iglesia. que beba mucho delante de él, con alegría y entusiasmo. Y esto, no para
darle buen ejemplo, sino ante todo porque tenga sed, porque de verdad tenga
sed, simplemente sed.
Un día, quizás su hermano, lleno de envidia, se pregunte si no haría mejor
metiendo también él su hocico en el cubo de agua fresca. Hacen falta
hombres con sed de Dios, que son más eficaces que todas las necedades
dichas sobre Él.
Creatividad
376. Mangos largos
Esperanza
377. Gestos de amistad C. G.
Vallés
Un rabino mantuvo una conversación con el Señor acerca del cielo y del
infierno. “Te mostraré el infierno”, dijo el Señor, y lo condujo a una
habitación en medio de la cual había una mesa redonda muy grande. La
gente sentada a su alrededor estaba hambrienta y desesperada. En medio de
la mesa había un gran puchero de cocido, lo bastante como para alimentarlos Me senté a la mesa del desayuno en un albergue de Dehli donde convergían
a todos y a todas y que todavía sobrara. viajeros exóticos de países remotos. Justo enfrente de mí, en la estrecha
El olor del cocido era delicioso y al rabino se le hizo la boca agua. La gente mesa se sentó un monje japonés. Túnica amarilla, cabeza rapada, bordón en
sentada alrededor sostenía cucharas con mangos muy largos. Cada uno la mano y bolsón a la espalda. Saludo mínimo. Él no sabía inglés ni yo
descubría que era posible llegar hasta el puchero para tomar una sola japonés. Pensé aislarme. Miré al plato de arroz prensado y me dispuse a
cucharada de cocido, pero como el mango de la cuchara era más largo que el desayunar en silencio. Pero de pronto cambié de opinión. Levanté los ojos.
brazo de la persona, no podía llevarse la comida a la boca. El rabino se dio Miré al monje. Él me miró. Me guiñó un ojo. Yo le guiñé el otro. Me hizo
cuenta que el sufrimiento de aquellas personas era terrible. una mueca. Le contesté. Le cambié su taza de café por la mía. Se rió a
“Y ahora te mostraré el cielo”, dijo el Señor, y entraron en otra estancia carcajadas. Ya no sé ni que comí. Pero fue un desayuno memorable. Nos
exactamente igual que la primera. Allí estaba la misma gran mesa redonda y despedimos con cien y una reverenciaS a todo reír. No le he vuelto a ver.
el mismo puchero de cocido. Las personas también estaban equipadas con El autobús se paró ante el semáforo obstruyéndome justo el camino. Me
las mismas cucharas de mango largo, pero aquí estaban todos bien dispuse a esperar el verde. Pero miré dentro del autobús. Estaba lleno de
alimentados y rollizos, reían y hablaban entre sí. chicos y chicas de colegio. Les hice un gesto cómico como protestando de
Al principio el rabino no pudo comprender. “Es muy sencillo, pero exige un que se habían parado sobre el paso de cebra. Se levantaron y señalaron al
poco de habilidad - dijo el Señor -. Ellos han aprendido a alimentarse los conductor. Entablamos un diálogo a gestos. Hacía frío y tenía los cristales
unos a los otros”. subidos, y no hubo palabras. Pero todA una función de circo, ellos dentro y
yo fuera. Intimamos anónimamente en treinta segundos. Arrancó el autobús
y nos mandamos muchos besos. Adiós.
Paseaba yo en Lucerna por la mañana cuando pasé por delante de un prado
en el que hacían gimnasia al unísono un grupo de muchachos y muchachas
suizos. Ya estaba yo pasando de largo cuando, súbitamente, me volví. Me
puse con toda caradura enfrente de ellos imitando muy serio los
movimientos que hacían. Se rieron los suizos. Me uní al grupo. La clase de
gimnasia continuó, pero más como juerga que como ejercicio.
Esperanza
Pasividad
378. El contestador Celia
Fernández 379. Cucú, cucú
[Link]
Un avaro muy rico encontró un día su oro convertido en ceniza. Fue tal su
No hace mucho tiempo vi una casa que ardía. Su techo era ya pasto de las disgusto que ni apetito tenía. Un amigo se le acercó para decirle: “No hacías
llamas. Al acercarme, advertí que aún había gente en su interior. Fui a la buen uso de tus riquezas. Cuando las amasabas no eran mejores que la
puerta y les grité que el techo estaba ardiendo. Pero aquella gente no parecía ceniza. Sigue mi consejo: abre tu tienda y pon en venta esta ceniza”.
tener prisa. Uno preguntó qué tiempo hacía fuera: si llovía, si no hacía El avaro así lo hizo. Y cuando la gente le decía: “¿Por qué vendes ceniza?”.
viento, si existía otra cosa, y otras cosas parecidas. Sin responder, volví a El respondía: “Pongo en venta mis riquezas”. Un día pasó por allí una
salir. Esa gente, pensé, tiene que arder antes que acabe con sus preguntas. huerfanita muy pobre y sin codicia en el corazón. Le dijo al comerciante:
Verdaderamente, amigos, a quien el suelo no le queme en los pies hasta el “Señor, ¿por qué has reunido tanto oro para venderlo?” Y el comerciante le
punto de desear gustosamente cambiar de sitio, nada tengo que decirle. respondió: “Si quieres puedes llevarte un puñado, te lo regalo”. Y ella tomó
un puñado de ceniza, que en seguida se convirtió en oro.
Para quien tiene las manos puras, la ceniza se convierte en oro; para quien
tiene codicia en el corazón, el oro se le convierte en preocupación y
amargura.
Negatividad
Creatividad 385. ¿Dónde está Dios?
384. El leproso D.
Lapierre
Un día los judíos fueron obligados por las fuerzas de las SS a asistir al
ahorcamiento de un niño de Auschwitz. Muchos de ellos rezaban para que
Un leproso entró en la chabola del padre Lambert. Le preguntó quién era Dios lo librara de aquel momento y castigara a tan desalmados criminales.
aquel de la estampa. Como Dios no intervino ostensiblemente, una persona gritó desengañada:
-Es Jesús, la cara de Jesús del Santo Sudario. -¿Dónde está Dios?
-¡Cómo va a ser Jesús! - replicó el hindú. El Jesús que está pintado en otros
lugares tiene cabellera rubia, ojos azules, el rostro muy bonito y larga
barba…
-Éste es Jesús maltratado, sufriente, cuando iba a ser crucificado.
Lambert le explicó que Jesús ahora sufre por los demás, ya no por sí mismo.
Después de esta aclaración, al leproso le pareció que aquel Jesús de cara
magullada y sudorosa era más hermoso que el de la barba rubia.
Responsabilidad
Perfeccionismo 387. Dar la vida A. de
386. La vida Lao Tsé Mello
Cuando un hombre entra en la vida, es blando y débil, y cuando muere es Una niña estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano había
duro y fuerte. logrado recuperarse tiempo atrás. El médico dijo al muchacho: “Sólo una
Cuando las plantas entran en la vida, son blandas y tiernas, y cuando mueren transfusión de tu sangre puede salvar la vida de tu hermana. ¿Estás dispuesto
se quedan rígidas y secas. a dársela?”. Los ojos del muchacho reflejaron verdadero pavor. Dudó por
Por eso los duros y fuertes son compañeros de la muerte, y los blandos y unos instantes, y finalmente dijo: “De acuerdo, doctor, lo haré”. Una hora
débiles, compañeros de la vida. después de realizar la transfusión, el muchacho preguntó indeciso: “Dígame,
doctor, ¿cuándo voy a morir?”.
Sólo entonces comprendió el doctor el momentáneo pavor que había
detectado en los ojos del muchacho: creía que, al dar su sangre, iba también
a dar la vida por su hermana.
Fatalismo
389. Fanatismo A.
Negatividad de Mello
388. Los dos amigos y el oso
Tolerancia
392. El ciervo dorado C.
G. Vallés
Creatividad
El maestro dijo al discípulo: «Hoy en mi paseo por la selva he visto algo
maravilloso. De repente en mi camino se ha presentado de un salto un gran
393. Todos contentos C.
G. Vallés
ciervo. Era casi tan alto como yo, la cabeza alzada y los cuernos divididos y
erguidos como ramas simétricas de un árbol. Era de color pardo bruñido,
casi dorado. Se paró un instante en el camino. Me miró. Luego, de un gran
salto, desapareció al otro lado en la selva. Me dejó con la admiración Dos caravanas iban a salir de Benarés hacia el oeste y no podían ir juntas
agradecida de un momento de cielo. Quién sabe si lo volveré a ver.» para no agotar los recursos en los caminos. Dijo el jefe de una caravana: «Yo
El discípulo rogó: «¿Y no podéis enseñármelo a mí? Ya veo que no. prefiero ir el primero. Así no habrá surcos en el camino, mis bueyes comerán
Entonces, al menos, ¿podríais enseñarme el sitio en que lo visteis, para ver si hierba fresca que nadie ha tocado, mis hombres encontrarán hojas tiernas en
se me muestra a mí algún día?» los árboles para condimentar sus caldos, beberemos agua limpia de pozos
El maestro, complacido, lo llevó y se lo enseñó. El discípulo lo vio y lo que nosotros mismos cavaremos, y en el destino podré vender mis
marcó. mercancías al precio que quiera yo porque seré el primero en llegar.»
Si el maestro lo había visto, él quería verlo también. Comenzó a ir todos los Dijo el jefe de la otra caravana: «Yo prefiero ir el segundo. Así los que han
días al sitio marcado en la selva. Luego se quedó allí todo el día. Construyó ido primero habrán allanado los parajes irregulares del camino, sus bueyes
una pequeña choza para cobijarse. Luego todo una casa. Fue a vivir allí. La habrán comido la hierba recia vieja de la primera cosecha y los míos
gente devota de los alrededores supo que un nuevo asceta había ido a vivir disfrutarán de la tierna hierba que habrá brotado entre tanto, mis hombres
en la selva, y los aldeanos comenzaron a visitarlo, venerarlo y consultarlo. encontrarán en los árboles las hojas recién salidas que darán el mejor sabor
Se extendió su fama de hombre santo por la comarca. Él predicaba y en sus a sus caldos, en sitios donde no hay agua podremos sacarla sin trabajo de los
sermones hablaba de la divinidad que se aparecía en forma de ciervo dorado pozos que habrán excavado los de la primera expedición, y luego, una vez
a quienes se mostraban dignos de ella. Con los donativos de la gente edificó que lleguemos a nuestro destino, podremos vender rápida y directamente
un templo y organizó el culto solemne al dios-ciervo. Se constituyó en su todas nuestras mercancías a los precios ya establecidos por los otros sin
guardián y su sacerdote. Los peregrinos venían desde lejos y creció la perder el tiempo y la paciencia en regatear, con todo el mundo, que es lo
devoción popular. más desagradable de nuestro oficio.
Un día, de repente, cuando el asceta estaba predicando a la multitud, Y todos contentos.
apareció de un salto el ciervo dorado en su presencia. El asceta lo espantó
con un gesto y una voz y siguió con su sermón. Después hizo construir una
cerca para que los animales de la selva no distrajeran a sus oyentes mientras
él predicaba.
Pasividad
394. Los espíritus del río C. G.
Vallés Resignación
395. ¿Por qué? C.
G. Vallés
Iba yo en tren de Vadodara a Ahmedabad. El tren cruza el río Mahí sobre un
puente larguísimo que une las dos diócesis en tráfico continuo. En la India
todo río es sagrado, porque da agua y da frescor y lleva al mar; y los
Fue en el paseo de la Castellana y estaba lloviendo. En medio del paseo
pasajeros del tren saludan de pasada desde el puente a los espíritus del río
estaba una motocicleta atascada, y a su lado su dueño, un hombre de
que nos bendicen.
mediana edad. El hombre contemplaba su vehículo estropeado, tenía los
En frente de mí iba sentado un matrimonio, la mujer junto a la ventanilla. Al
puños cerrados, que agitaba por encima de la cabeza, y gritaba bien alto sin
comenzar el puente, y avisada por el ruido metálico del trayecto, hizo su
preocuparse de los que a su lado pasaban, lo veían y lo oían: « ¿Por qué?
reverencia al río y musitó plegarias. Después, en gesto silencioso, extendió
¿Por qué? ¿Por qué?». Y le daba patadas a la moto. Y seguía lloviendo.
su mano al marido como pidiendo algo. Éste entendió. Sacó su bolsa de
La imagen era cómica y patética. Hubiera yo querido grabarla como
efectos personales y comenzó a hurgar en ella. Todo con mucha calma, ya
documento vivo de la queja más frecuente que pronunciamos los mortales.
que estábamos en la India. El hombre revolvía, el tren seguía, la mujer
¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? ¿Por qué? ¿Por
rezaba. Por fin el hombre sacó una moneda del fondo de la bolsita y se la dio
qué? ¿Por qué? El hombre tendría prisa, necesidad de llegar pronto,
a su mujer. Ésta la mantuvo en su mano. El río ya había pasado y el puente
confianza en su moto, malestar por la lluvia, frustración en la soledad,
nivelaba ya nuestra llegada a tierra firme. La mujer miró al río que se alejaba
desesperación de la condición humana en los momentos sin sentido de la
y miró la moneda en su mano. Pareció dudar un momento, hasta que,
vida. Todo esto, y mucho más, se sentía, se veía, se vivía en la imagen
evidentemente, triunfó la decisión práctica y le devolvió la moneda a su
teatral del motorista alocado. Y seguí la lluvia.
marido. No dijo nada, pero la situación hablaba. Se había pasado el río y no
Seguí mi camino y reflexioné que, cuando la televisión nos presenta en
tenía sentido arrojar la moneda sobre bancos de arena. No llegaría a los
Navidades cuadros y escenas de las personas a quienes les ha tocado el
espíritus del agua.
gordo de la lotería, no he visto a ninguna que pregunte confusa: «¿Por qué?
Quien habló pícaramente fue el marido. Dijo reposadamente: «Tú estás
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué así?». Parece
contenta porque has tenido el mérito de querer echar la moneda; y yo estoy
que no hace falta preguntarlo, y que basta con brindar con champán,
contento porque me he ahorrado el dinero». Mientras tanto, su rostro pícaro
abrazarse y felicitarse mutuamente. No hay que preguntar por qué.
decía que el retrasarse había sido a idea. Todos contentos.
La vida es una. Tanto cuando sube como cuando baja. Tanto cuando las
Todos, menos los niños indigentes que acurrucados junto a la base de los
cosas van bien y todo está en alza y nos toca la lotería, como cuando se
pilares del puente esperaban las monedas de los pasajeros devotos para
tuercen las cosas y nos sobrevienen contrariedades y se nos estropea la moto
recobrarlas rápidamente.
en la mitad de la calle bajo la lluvia cuando más la necesitábamos. Es oferta
Ellos son los verdaderos espíritus del río.
conjunta. Habrá que tomarla como viene. Aunque algún día se nos estropee
la moto.
mismo, que no supe o no me atreví o no me decidí a parar su locura en la
calle y tratar de enderezar sus instintos. Allí quedaron, mientras yo me
alejaba triste, y siguieron dándole patadas a la muñeca negra. Ya sólo le
quedaba la cabecita.
Negatividad
396. Muñeca rota C. G.
Vallés Autonomía
397. ¿Quién soy yo? C.
G. Vallés
Estaban jugando en la calle. Los vi al pasar. Un grupo de niños, ni muy
pequeños ni muy grandes, se divertían dándole patadas a una pelota y
mandándola de un lado para otro con gritos de alegría. Al acercarme más vi
que la pelota no era una pelota sino una muñeca. A cada patada volaba por
Cuentan de Jorge Luis Borges que un día, al cruzar la calle, ya bastante
el aire y se le sacudían los brazos y las piernas con movimientos de pelele
ciego, dudó de su paso y alguien lo notó y le ayudó a cruzar. Esta persona se
inerte, y doblaba la cabeza a un lado y a otro con resignación divertida como
fijó en él al cruzar, creyó reconocerlo, y al dejarlo sano y salvo al otro lado
parte del juego. Pronto se le desprendió una pierna por un lado y un brazo
de la calle, le preguntó con respeto: «¿Es usted Borges? A lo que el escritor
por otro, y los muchachos seguían jugando al fútbol con el cuerpo
contestó con modestia rápida: «A veces».
desmembrado. Muñeca vieja que ya no servía para nada y que, al despedirse
Cuentan de Arthur Schopenhauer que andaba un día por la calle sumergido
del mundo de los niños, los divertía hasta el final con su sonrisa fija en
en sus pensamientos como era su costumbre, y al ir a cruzar con rapidez se
generosidad póstuma. Ya quedaba poca parte de su ser. Y los muchachos
topó sin querer con otro peatón que cruzaba en dirección contraria y que por
seguían dándole patadas y gritando.
poco se cae del golpe. Se indignó el desconocido, se incorporó y le gritó al
En esto la muñeca, o lo que quedaba de ella, cayó a mis pies, y noté algo que
filósofo: «¿Quién se cree usted que es?». A lo que el pensador respondió
no me había imaginado. La muñeca era negra. El rostro tostado, el pelo
ensimismado: ¿Que quién soy yo? Ya me gustaría saberlo».
rizado, las manos, las piernas eran inconfundiblemente la imagen de un
Cuentan de Shri Raman Maharshi, el santo y sabio asceta de Tiruvanamalai,
personaje de color. Y los gritos que los niños lanzaban al darle patadas y
que un visitante le preguntó: «Usted ha escrito un breve tratado con el título
hacerla volar por los aires y desgajar sus miembros, uno a uno eran gritos de
‘¿Quién soy yo? ‘ ¿Podría usted ayudarme a averiguar quién en verdad soy
insulto y de desprecio. Los niños eran blancos y era un juego racista.
yo?» A lo que el sabio contestó: «¿Quién soy yo? Es una pregunta que sólo
Volví a mirar a los niños que jugaban y esta vez me parecieron diferentes. Vi
puede contestar el Yo. Y como el Yo en realidad no existe, nos pone la cosa
violencia en sus gestos, odio en sus voces, sangre en sus miradas. Eran
difícil».
pequeños asesinos que ensayaban desde ahora el juego mortal que iban a
Los griegos decían que el principio de la sabiduría era ‘ Conócete a ti
jugar de mayores. Discriminación, rivalidad, enfrentamiento. Superioridad
mismo’. Y una persona de gran valer y amplia influencia. a quien conocí al
pretendida de una raza sobre otra, temor de competencia en un mercado
fin de su vida, decía de sí misma: «Si yo me hubiera conocido a mí misma
libre, prejuicio enraizado de diferencias imaginarias cuando todos somos
hace cuarenta años como me conozco ahora, mi vida hubiera sido distinta...,
iguales. Triste preparación de violencias futuras.
y la de algunos a quienes yo he dirigido también».
¿Dónde habían aprendido aquellos niños este juego? ¿De sus padres? ¿De la
televisión? ¿De las noticias? ¿Del ambiente? Todos somos culpables. Yo
Parece que los sabios coinciden. Parece que el conocimiento propio, en
psicología y en conciencia, en cualidades y en defectos, en definición
filosófica y en profundidad mística, es la condición práctica de sentirnos
bien y hacer el bien. Sin ambiciones metafísicas, y con pura sencillez
inocente, sí que podemos ahondar un poquillo en nuestro propio carácter,
idiosincrasia, experiencias y cualidades, e incluso podemos pedir a quienes
nos conocen de cerca que se atrevan a decirnos cómo nos ven. A ver si
podemos cruzar la calle sin tropezar.
Intransigencia Tolerancia
Superación
402. Las cuatro ranas C. G.
Vallés
Creatividad
403. La piedra en mi mesa C. G.
Cuatro ranas se han montado sobre un madero que navega arrastrado por las Vallés
aguas del río. Es una experiencia nueva para ellas y cada una la interpreta a
su manera.
La primera rana dice: «¡Qué madero tan maravilloso¡ Es un madero mágico
Parece una piedra ordinaria. Pero no lo es. Ni en su forma irregular, ni su
que se mueve por fuerza propia como nunca habíamos visto. Parece tener
color medio blancuzco, medio grisáceo, ni su tamaño discreto, ni su base
vida».
insegura hacen sospechar su procedencia y su valor. Valor comercial
La segunda rana corrige a la primera: «Te equivocas. El madero no tiene
ninguno, pedagógico sí.
vida ni se mueve. Es como cualquier otro madero inerte. Lo que se mueve
Vino de Sudáfrica. De unas minas de oro cerca de Johannesburg. Firmé una
son las aguas del río que van hacia el mar y arrastran el madero».
declaración de que, si me sucedía algo, la compañía no era responsable. Me
La tercera corrige a las dos primeras: «Ni se mueve el madero ni se mueve el
interné por laberintos de galerías, avancé a gatas, me di coscorrones para
río. Lo único que se mueve es nuestro pensamiento. El movimiento está sólo
llegar a un rincón final, estrecho, angustioso, donde un solo minero
en la mente. Lo demás es pura ilusión. Esa es la verdad».
agachado arrancaba con la perforadora a la pared pedazos de piedra. Y me
La cuarta rana escucha callada la discusión de las otras tres que se enzarzan
dio uno. Y me lo traje.
en argumentos, y de repente grita: «¡Cuidado! Oigo el ruido de una catarata
No tiene veta ninguna, no brilla, no pesa, y, si se rompe, su interior
par donde nos va a precipitar el río si no escapamos antes». Ella deja el
aparecerá como su exterior. No tiene nada. Pues sí tiene algo. Hace tiempo
madero de un salto y se salva en la orilla. Las otras tres caen con el madero
que en las minas dejaron de aparecer pepitas de oro. Lo que ahora aparecen
por la catarata, mientras el ruido de las aguas ahoga las palabras de su
son piedras como ésta. Parece no tener nada; pero por dentro sí que tiene
discusión.
algo. Tiene oro. No se ve, no se adivina. Pero allí hay escondidas partículas
No es que no haya que pensar, interpretar, discutir, estudiar... Todo eso está
mínimas del rey de los minerales. El minero lo sabe y la extrae y la entrega
bien a su tiempo y en su medida. Pero las aguas de la vida avanzan veloces y
al proceso penoso que le hará entregar su tesoro para sumarlo al de otras sí que vino y nos hirió. Y ahora queda la memoria herida, dolorida, afligida.
piedras iguales, hasta formar el lingote solemne y pesado. Esto lo vi. Queda el residuo colgando y dañando. No salió la división exacta.
Se pulverizan las piedras. Se revuelven en agua. Forman un barro que va Y el gozo viene cuando todo salió muy bien, demasiado bien, y nos
resbalando despacio y sucio por mantas de pana con estrías profundas. El alegramos y nos congratulamos y nos felicitamos. Fue maravilloso lo que
oro es el más pesado de los metales; tras horas de barro que pasa y que pasa, pasó. Tan maravilloso que se nos pega la memoria, quiere vivir de
se adivinan en las estrías unas líneas amarillentas. Se exprimen hasta que recuerdos, intenta repetir lo pasado, se atasca en lo vivido. Lo sucedido ya
ceden al calor, se consolida, se suma, se apila y nace el lingote. Hasta pasó, pero una huella quedó en la añoranza del momento feliz, y eso daña
convertir las piedras en polvo, no sale el oro. también e impide vivir con libertad los momentos más humildes y reducidos
La vida tiene oro. Escondido, disimulado, perdido en sus entrañas, pero lo que se siguen. Tampoco salió la división exacta.
tiene. Hay que estrujarla un poquillo para sacárselo. Hay que aguantar los El verdadero acontecimiento es el que se vive del todo, a tope, con
tirones y dejar que se disuelva el orgullo. Y sale el oro. Sale cuando nos intensidad, pero sin lamentos ni nostalgias. Si fue alegre, fue alegre; y si fue
dejamos trabajar por manos [Link] le creí al minero. Y me guardé la triste, fue triste. Cada cosa es lo que es. Que lo sea en su plenitud y su
piedra. La tengo encima de la mesa para recordar la lección. Entre tanto, me totalidad. Y que deje paso a lo que sigue con apertura y generosidad. El vivir
sirve de pisapapeles. de prestado no es vivir. Hay que vivir al contado. Cuentas claras en cada
momento. División exacta en cada ocasión. Ni lamentos, ni nostalgias, ni
repeticiones, ni felicitaciones. Vivir lo que vivimos y hacer lo que hacemos.
A capítulo nuevo, página nueva. A dividendo nuevo, cociente nuevo. Sin
resto. Ése es el álgebra de la felicidad.
Tolerancia
404. División exacta C. Esperanza
G. Vallés
405. El talismán de los miedos C. G. Vallés
Pasividad
406. Miedo y ambición C. G.
Vallés
407. Prakash quería ver a Dios Esbural