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Teorias

La fenomenología y el construccionismo social influyeron en la psicología comunitaria al enfatizar el estudio de la vida cotidiana y la concepción del ser humano como constructor social. Las ideas de Marx, especialmente las de los Manuscritos económico-filosóficos, también fueron fundamentales al permitir comprender los problemas comunitarios en su contexto socioeconómico más amplio. La educación popular de Paulo Freire aportó nuevas formas de intervención social mediadas por la comunidad. Inicialmente se acudió a la noción gramsciana
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Teorias

La fenomenología y el construccionismo social influyeron en la psicología comunitaria al enfatizar el estudio de la vida cotidiana y la concepción del ser humano como constructor social. Las ideas de Marx, especialmente las de los Manuscritos económico-filosóficos, también fueron fundamentales al permitir comprender los problemas comunitarios en su contexto socioeconómico más amplio. La educación popular de Paulo Freire aportó nuevas formas de intervención social mediadas por la comunidad. Inicialmente se acudió a la noción gramsciana
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La influencia de la fenomenología

La fenomenología, a su vez -a través de Dilthey, de Schutz y de dos de sus expresiones en las


ciencias sociales: la etnometodología y el construccionismo social-, aporta a la naciente
psicología comunitaria la búsqueda de la totalidad, la visión holista y la necesidad de
abandonar la idea de separación entre investigador e investigado fundamentada en la
supuesta "neutralidad" del primero y "no contaminación" del segundo. El carácter falaz y a la
vez utópico de tal afirmación fue denunciado por Goldmann (1972) y demostrado en los años
ochenta con obras como la de Prigogine y Stengers (1982), desde las ciencias naturales. La
etnometodología, en particular, insistía en la importancia del estudio de la vida cotidiana como
ámbito de adjudicación de sentido al quehacer humano y a su entorno, como un modo de
producir respuestas más eficientes, expeditas y económicas a los problemas que surgen en ese
ámbito. Y en la psicología, obras como la de Gergen (1985, 1991), uno de los principales
impulsores de la corriente socio-construccionista, coincidirán con la psicología comunitaria en
muchos aspectos de base: principalmente en asumir la comunidad como una totalidad en la
cual se da una transformación social a partir de la vida diaria y la concepción del ser humano
como actor y constructor de realidad. Esa relación con los supuestos fenomenológicos y
construccionistas es evidente en los escritos iniciales de investigadores en psicología
comunitaria puertorriqueños (por ejemplo; Serrano-García e Irizarry, 1979; Santiago, Serrano-
García y Perfecto, 1983), quienes analizan y critican, en función de la práctica comunitaria que
llevaban a cabo, los postulados iniciales de Berger y Luckman (1966) acerca de la construcción
social de la realidad.

El aporte de Marx y de las corrientes de influencia marxiana

Las ideas de Marx, de forma explícita o implícita, son la base de gran parte de la psicología
comunitaria latínoamericana (Montero, 1980, 1982, 1984a), especialmente las ideas de los
Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y 1848. La relación con esta teoría nos permitió
comprender los problemas comunitarios en el plano de la totalidad económica, social, política
en la cual se producen, superando la tendencia psicologista a hacer del sujeto el universo de
estudio, descontextualizándolo. No se trató de una adopción religiosa o de acuerdo con
lineamientos partidarios de las ideas de Marx y de Engels. Fue, y continúa siendo, una lectura
crítica que ha permitido ir a las fuentes de ciertas ideas, tales como la relación amo-esclavo -
planteada por Hegel-, animada por el deseo de comprender las relaciones de exclusión, de
sumisión, de opresión y de obediencia, pero también de resistencia. Un ejemplo lo podemos
encontrar en la obra de Cronick (2002, 1999). Igualmente podemos hallar la huella de autores
marxianos como Goldmann (Serrano-García e Irizarry, 1979) o autores pertenecientes a la
Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer) y desarrollos posmarxistas de la teoría crítica,
como los de Habermas y la Escuela de París (Althusser, Goldmann).

A estas influencias tempranas se unió la de sociólogos latinoamericanos igualmente influidos


por las ideas marxianas, entre las cuales encontramos la teoría de la dependencia (Cardoso y
Faletto, 1978) y el movimiento de la llamada sociología militante o ciencia social crítica, en la
cual los trabajos de Fals Borda (1959,1979, 1970/1987, 1985) y Molano (1979) sentaron las
bases para una praxis renovadora de las ciencias sociales, del rol de los investigadores e
interventores sociales y para el desarrollo de métodos, entre los cuales está la transformación
participativa de la investigación-acción.

Asimismo, dentro del amplio campo de la influencia marxiana, colocamos a la educación


popular postulada por Paulo Freiré, si bien esta poderosa y original corriente, quizás la praxis
más creativa y transformadora generada en el campo socioeducativo en el siglo XX, aportó
nuevas formas de intervención social, mediadas y efectuadas por y con la comunidad, es decir,
realizadas con un sujeto activo, en relación, actor de su propia transformación, en control de
sus circunstancias de vida y del rumbo de su acción. Esta corriente constituyó una importante
contribución al crear los conceptos, y muchas técnicas unidas a ellos, de problematización,
desideologización, concientización y liberación (Freiré, 1970, 1969; Barreiro, 1974).

Asimismo, y para definir el rol que los psicólogos comienzan a jugar en este naciente campo,
para lo cual la psicología tradicional no daba la respuesta adecuada, se acude inicialmente a la
concepción gramsciana de intelectual orgánico (Gramsci, 1970), que va a producir en algunas
interpretaciones ad hoc una figura que es vista como la de un agente "iluminador", pues
sugiere la figura de intermediarios conocedores de una forma de verdad que debía ser
transmitida al pueblo engañado, alienado y mantenido en la ignorancia, a fin de que pudiera
liberarse y desarrollar sus capacidades para producir transformaciones sociales. Esa
concepción inspiró una corriente de acción y reflexión calificada, en algunas de sus primeras
expresiones, como una "psicología del iluminismo", en el sentido de que se partía, de alguna
manera, de "abrir" o "desarrollar" (es decir iluminar) la conciencia oscurecida por ciertas
circunstancias de vida y por las carencias de ellas derivadas. Cabe decir que esta concepción
fue rápidamente superada y ha sido criticada, entre otros autores, por Santiago, Serrano-
García y Perfecto (1983). Casi simultáneamente se hablaba (Escovar, 1980) de una "psicología
para el desarrollo", en la cual factores psicológicos y sociales, más la incorporación de las
personas necesitadas del cambio, producirían intervenciones transformadoras en su ambiente
y en sí mismas (véase infra).

Hacer de necesidad, virtud

. Y lo que la psicología social comunitaria comenzó a hacer, aún sin tenerlo muy claro, fue
construir el puente psicosocial comunitario entre unas y otras. Cabe decir, en este sentido, que
no se trataba de buscar una teoría porque sus autores fuesen más o menos prestigiosos,
aprobados o aprobables académica o socialmente. Se trataba de encontrar explicaciones e
hipótesis que nos permitiesen comprender mejor lo que observábamos, y -siguiendo la
máxima cartesiana: hacer de necesidad, virtud- realizar un trabajo que nos condujera, junto
con las personas involucradas en él, a las transformaciones buscadas. Un trabajo que de alguna
manera diera sentido a lo que estábamos generando, permitiendo a la vez elaborar sentidos
nuevos que sustituyeran a aquellos que nos sirvieron de palanca para mover el mundo en
construcción, y que explicara cómo lo individual se hace comunitario y cómo lo comunitario
afecta a lo individual, construyéndose a sí mismo.

Esas concepciones, unidas a la experiencia en el campo, permitieron a la naciente rama


comunitaria crear su propia plataforma de lanzamiento, a la vez que aportaban perspectivas
para la delimitación de su objeto de conocimiento. Pero muy pronto cedieron el centro de la
escena para dar lugar a las explicaciones, interpretaciones e hipótesis que comenzaron a surgir
dentro de la psicología social comunitaria en los años ochenta. Tal condición parece haber sido
una de las razones por las cuales, aun bien avanzados los noventa, algunos autores se
quejaban de la ausencia teórica de la subdisciplina, empowerment, pero usado desde sus
inicios latinoamericanos como potenciación o fortalecimiento). Y hay también explicaciones
teóricas de mayor alcance, como la concepción relacional del poder (SerranoGarcía y López
Sánchez, 1994).

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