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Sanidad Interior 45

Este documento describe las maldiciones como consecuencias de la iniquidad que se transmiten de generación en generación. Explica que las maldiciones se adhieren a la iniquidad en el corazón y regresan si no se desarraigan sus causas. Identifica varios síntomas comunes de maldiciones como enfermedades, pobreza y problemas familiares, y sus raíces como idolatría, brujería y derramamiento de sangre. Para romper maldiciones, se debe identificar la iniquidad subyacente a través de arrepentimiento y oración

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Sanidad Interior 45

Este documento describe las maldiciones como consecuencias de la iniquidad que se transmiten de generación en generación. Explica que las maldiciones se adhieren a la iniquidad en el corazón y regresan si no se desarraigan sus causas. Identifica varios síntomas comunes de maldiciones como enfermedades, pobreza y problemas familiares, y sus raíces como idolatría, brujería y derramamiento de sangre. Para romper maldiciones, se debe identificar la iniquidad subyacente a través de arrepentimiento y oración

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Sanidad Interior – La Iniquidad y Las Maldiciones

Tanto las bendiciones como las maldiciones son leyes espirituales que están
buscando dónde asirse. Son como un pájaro en vuelo que está procurando dónde posarse
para hacer su nido, para establecerse y cumplir sus propósitos.

«Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca


vendrá sin causa» (Proverbios 26:2).

Al mismo tiempo nos encontramos en Deuteronomio 28: «Y vendrán sobre ti todas estas


bendiciones y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios»… «Pero acontecerá, si no
oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos los mandamientos y sus
estatutos que yo te intimo hoy, Que vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te
alcanzarán» (Deuteronomio 28:2 y 15).

En muchas ocasiones me encuentro con personas que habiendo leído libros, o escuchado
enseñanzas sobre maldiciones, las revocan y las cancelan de sus vidas, pero al tiempo éstas
regresan sobre ellos. La razón de esto es que por el poder del Espíritu lograron apartarlas
por un tiempo, pero nunca desarraigaron su causa, que es la iniquidad.

La maldición quedó flotando, buscando otra vez donde adherirse y al ver de nuevo la
iniquidad en la persona se volvió a asir a ella. Si tratáramos de imaginarnos en una forma
visual el cuerpo de iniquidad. Sería como un torcido cordón negro que está dentro de
nosotros. Este está formado por cientos de nudos, y capas sobre capas que lo engruesan
como si fueran trapos inmundos llenos de información y de pactos, que se han ido
acumulando de generación en generación. A este se van a ir pegando una cantidad de
maldiciones, de decretos hechos por nuestros ancestros y por nosotros mismos.

«El pecado de Judá está escrito con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está
en la tabla de su corazón» (Jeremías 17:1).

En este complicado cuerpo de iniquidad han quedado grabados todos los pecados hechos
por las generaciones que nos precedieron y es precisamente de esta información que va a
volver a surgir el pecado y se va a manifestar. Esto no se quita por medio de una oración
generalizada: «Oh Señor borra todas mis iniquidades». Tanto el pecado, como la rebelión y
la iniquidad, requieren de un escrutinio profundo, de observar y analizar nuestro corazón
con detenimiento.

Si bien en la sincera oración de una genuina conversión muchos pecados no fueron


confesados, Jesús toma nuestro corazón arrepentido para darnos salvación. Sin embargo a
partir de ahí el Espíritu Santo empezará a remodelar nuestra conciencia mostrándonos y
dándonos entendimiento sobre pecados que ni siquiera los considerábamos como tales.
Traerá arrepentimiento a obras en nuestra vida de las que nunca antes habíamos sentido
vergüenza. En la medida que somos dóciles y nos entregamos al Señor, él va a
tratar con cada área en nosotros, en aras de santificarnos.
De la misma manera él tiene que tratar con nuestras iniquidades, ya que es aquí donde se
encuentra la raíz de todos nuestros problemas y donde más actividad demoníaca es
engarzada.

«Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay


engaño. Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y
de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi
pecado te declararé y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
y tu perdonaste la maldad (iniquidad) de mi pecado» (Salmo 32:2-5)

Note cómo la obra redentora de Dios tiene que llegar hasta lo profundo, al lugar donde se
originó el pecado. Si solo tratamos con el pecado en forma superficial, ese cuerpo de
iniquidad que acabamos de describir seguirá vivo y operando toda clase de mal sobre
nosotros.

Al estudiar la iniquidad con relación a las maldiciones va a ser necesario identificar en


oración la raíz de iniquidad que produjo tal maldición, para entonces desarraigar la una y la
otra.

¿Qué es en sí una maldición?

Me gusta la definición dada por El Apóstol John Eckhard en su libro: “Identificando y


rompiendo maldiciones”. «Una maldición, es el pago dado por Dios sobre una persona y su
descendencia como resultado de su iniquidad». «Dales el pago oh Dios según la obra de sus
manos. Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos»
(Lamentaciones 3:64-66).

Las maldiciones pueden identificarse a través de varios síntomas recurrentes y provienen de


raíces específicas de iniquidad:

 Problemas financieros crónicos, pobreza y miseria, tierra que no produce fruto,


negocios que se secan sin razón aparente.
 Causa: Robo, fraude, brujería o hechicería, idolatría, confiar en el hombre antes
que en Dios, robarle a Dios en diezmos y ofrendas (Malaquías 3:8-9). Jurar
falsamente en el nombre de Dios (Zacarías 5:4).
 Problemas ginecológicos en la mujer: flujo de sangre continuo, desórdenes crónicos
en la menstruación, esterilidad, abortos naturales.
 Causa: Incesto, adulterio, divorcio, perversión Sexual, abortos, pornografía,
fornicación, rebeldía y desobediencia (Génesis 3:16).
 Enfermedades crónicas o diversas, una tras otra.
 Causa: Idolatría, hechicería, derramamiento de sangre (Deuteronomio 28:27 y
35).
 Problemas de hongos en la piel o uñas, fiebres y calamidades.
 Causa: Hechicería, prácticas inmundas, maldiciones lanzadas sobre una persona
(Deuteronomio 28:22).
 Propensión a accidentes.
 Causa: Homicidio, muerte, derramamiento de sangre, culto a los muertos,
espiritismo, hechicería, idolatría, satanismo (Deuteronomio 28).
 Problemas maritales, divorcios, deslealtad del cónyuge.
 Causa: Divorcios, deslealtad, idolatría, hechicería, incestos, adulterios
(Deuteronomio 28:30).
 Muertes prematuras, suicidios.
 Causa: Homicidio, derramamiento de sangre, idolatría, hechicería, amor al dinero
(Proverbios 2:22, Salmo 37:28).
 Problemas de robos continuos, fraudes, herencias paralizadas, pérdida total de
casas o propiedades.
 Causa: Robo, fraude, tráfico ilegal de mercancía, tráfico de esclavos o de blancas
(Zacarías 5:3-4).
 Problemas mentales, locura, Alzheimer, demencia senil.
 Causa: Orgullo, altivez, confianza en las riquezas, testarudez (Daniel 4:32,
Deuteronomio 28:18).
 Destrucción de diversas índoles.
 Causa: Homicidio, violencia, borrachera, drogadicción, brujería, idolatría, suicidio
(Deuteronomio 28:20).
 Agravio y abusos de todo tipo.
 Causa: Violación, abusos, calumnia, lengua maledicente (Salmo 53:4).
 Volverse errante, vagabundo. Ser echado de su propia tierra, vivir como ilegales en
tierra ajena.
 Causa: Homicidio, confianza en la riqueza (Génesis 4:12 y Salmo 109:10).
 Derrota en contra de los enemigos.
 Causa: Idolatría, hechicería, rebeldía (Deuteronomio 28:25).
Cuando una persona identifica que está en maldición, lo primero que tiene que hacer es
identificar la causa. Esta puede encontrarse en ella misma o en su línea generacional,
comúnmente es en ambas. A veces necesitamos que el espíritu Santo nos revele
acontecimientos del pasado. Después será necesario arrepentirse de la iniquidad y entonces
desarraigarla del espíritu de la persona. Una vez hecho esto habrá que revocar y cancelar
las maldiciones, rompiendo su poder sobre su vida.

Concluir proclamando sobre su vida la victoria de Jesús en la cruz, donde Él se hizo


maldición para liberarnos. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros
maldición (porque está escrito: maldito todo aquel que es colgado en un madero), para que
en Cristo Jesús, la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe
recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:13-14).
Extracto del libro “La Iniquidad”

Por Ana Méndez Ferrel

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