LA TIERRA PROMETIDA
El éxito de los grupos opositores en los años 2007 y 2015 estuvo precedido de
una alta y amplia participación y organización ciudadana. La capacidad de invocar,
convocar y movilizar a los estudiantes, gremios, atletas, federaciones,
asociaciones, movimientos culturales, sindicatos, maestros y organizaciones
políticas, entre otros; logró, de cierto modo, frutos en la búsqueda de los cambios
sociales y democráticos de la nación. El minúsculo inconveniente surgió cuando
no supieron administrar y darle forma a las victorias conseguidas al calor de la
calle y de las protestas que sirvieron de chispa para encender la mecha que exigía
con urgencia reivindicaciones sociales.
El papel orientador de las organizaciones políticas se esfumó en cada proceso tras
las aspiraciones personalistas de distinta índole, unos manteniendo pequeños
espacios de poder, otros entendiéndose con el gobierno para obtener beneficios
económicos y los demás solicitando y exigiendo puñaladas al país para obtener un
poco de las prebendas antes mencionadas. No existe desapego,
desprendimiento, ni voluntad, en la tradicional dirigencia política que
permita la ascensión de nuevos liderazgos, ni la construcción de una
plataforma unitaria, ética, con objetivos claros y con una ruta transparente que
ejerza presión a la administración de Maduro.
La necesidad de crear un bloque serio, unitario y antagónico al gobierno es
impostergable. Pero esa unión debe ser fundada desde el respeto, el
reconocimiento y las ganas de construir desde una nueva forma de hacer
política. Hay que rechazar las imposiciones que seguramente tratarán de ejecutar
algunos. Los egos, la soberbia y la arrogancia no serán de mucha ayuda. Muy
probablemente la élite opositora de los partidos tradicionales evitará ceder
espacios a nuevos liderazgos, excepto aquellos que estén bajo su tutela.
Es deber de todo el que desee construir una plataforma unitaria rechazar la actitud
acomodaticia y oportunista de cualquier dirigencia política, es preciso reivindicar
a aquellos que siguiendo la vía electoral, han visto desprestigiada su
reputación y esfuerzos democráticos. No hacerlo sería un insulto a quienes
arriesgaron mucho por mantenerse en la senda del voto, el costo político de
quienes siguieron la ruta electoral ha sido elevado y deben ser reconocidos.
La conformación de una plataforma de esa índole puede ejercer presión desde
los distintos sectores que conforman el tejido social, para intentar así, lograr
una ruptura en las filas de la coalición dominante, como bien ha expresado el
profesor J. Magdaleno en sus investigaciones. Este mismo, citando a Treisman
(2017), nos señala que “la mayoría de las democratizaciones ocurridas entre 1800
y 2015 tuvieron lugar no porque, la élite gobernante lo decidió conscientemente
sino porque, al procurar evitarla, cometieron errores que debilitaron su capacidad
para mantenerse en (y controlar) el poder”. De allí lo importante que es lograr el
establecimiento de dicha estructura y su incidencia en el seno de la población. Por
ello es necesario motivar a la gente, al ciudadano, pensarlo sólo desde los
partidos políticos es un error. Por lo tanto, es obligatorio diseñar una narrativa que
invite a la acción. Una narrativa que permita a la mayoría salir de ese estado
zombie o dócil, en el que se encuentran.
Es imperante presentarle a los venezolanos, “… un objetivo deseable que
alcanzar, una tierra prometida a la cual llegaremos si hacemos uso de nuestra
voluntad, de nuestras fortalezas y virtudes. Eso nos da propósito y dirección: es la
esperanza que nos llama a la acción.” (L.A. Espino 2015). Esa tierra prometida no
es otra cosa que una reconstrucción de la democracia en Venezuela. Hemos visto
como sectores diferentes al G4 pretenden actuar de la misma manera que los
primeros, pero también hemos observado cómo han sido señalados factores
revolucionarios que han sido críticos con la cúpula gubernamental, replicar esas
prácticas serían el primer obstáculo para lograr una amplia cohesión social, que
además sea el motor para llegar a esa tierra prometida.
El escenario electoral es hoy el peor para todo el que adversa a la administración
de Maduro. En principio por la desconfianza, inducida desde una cúpula, ante el
árbitro electoral y el ejercicio del voto como mecanismo democrático. De igual
modo la desconexión de los partidos con la gente, el desinterés de la población en
lo político pero sobre todo en los políticos, una maquinaria electoral inexistente y la
falta de unidad orgánica para hacer frente al gobierno, son parte de las múltiples
debilidades que presentan los que desean un cambio de gobierno.
Pero ese escenario también sirve para aceitar una maquinaria electoral que
intente ganar espacios en los próximos procesos electorales, una maquinaria que
se componga de todos los sectores de la sociedad y que tenga como fin último la
realización de un plebiscito al jefe de gobierno. “El reto está en inspirar para
movilizar a la acción colectiva. Y eso sólo puede lograrse a través de una
comunicación política centrada en las aspiraciones, emociones y valores de la
gente. Una comunicación política en la que los líderes hagan lo que dicen
(congruencia) y digan lo que hacen (transparencia). Una comunicación política
que, en suma, sea producto de un liderazgo ético dedicado a construir y
reconstruir los lazos de confianza entre gobernantes y gobernados.” (L.A. Espino
2015).
Yaxis. Aristigueta.