Transgenerismo:
La reestructuración de la realidad
Tim Geiger, Ex director de Harvest USA
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El 13 de mayo del 2016 muchos se sorprendieron al saber que el gobierno federal emitió
una directiva relacionada al transgenerismo para las escuelas que reciben subvenciones
de Título IX. La directiva indicaba que las escuelas deben permitir a los estudiantes
transgénero utilizar el baño y el vestuario que se adecúe a su identidad de género. Un
tema ya confuso a nivel personal, se volvió aún más confuso a medida que se convirtió en
un asunto de política pública.
El surgimiento del escrutinio público acerca del género crea preguntas en la mente de
muchos cristianos: ¿Por qué alguien se identificaría como transgénero? ¿Qué entendemos
por género? ¿Es posible que haya más de dos géneros, masculino y femenino? ¿Cómo
llaman las Escrituras a los cristianos a interactuar con las personas transgénero?
Estas preguntas y las diversas respuestas dadas han provocado una tremenda confusión, e
incluso, de parte de algunos, hostilidad hacia lo que muchos ven como otro ejemplo de
una sociedad descarrilada. Se ha vuelto crucial para los cristianos saber cómo razonar en
relación a estos problemas de género. Con opiniones sobre el género que nos llegan de
todas direcciones, debemos encontrar claridad para comprender y responder, de manera
inteligente y con la compasión de Cristo.
¿Cómo entendemos qué es género?
¿Cuál es la comprensión tradicional del género? Para entender lo revolucionario de la
política de género actual, es necesario dar un vistazo rápido a cómo se ha visto el género
históricamente en todas las culturas. Durante toda la existencia humana, la sociedad, con
pocas excepciones, ha afirmado un binario hombre-mujer en cuanto al género. En otras
palabras, el sexo físico [dado] de un individuo al nacer revelaba y determinaba el género
de la persona, sin embargo, esos roles de género de ser hombre o mujer se expresaban en
el período de tiempo cultural determinado.
En las áreas gemelas de la sexualidad – comportamiento sexual e identidad
de género – la iglesia está experimentando una tremenda presión para
cambiar su comprensión de lo que dice la Escritura sobre la personalidad y
la identidad, y englobar su autoridad a la del individuo.
Esta visión del género entendía que para muy pocos individuos (más o menos 1 de cada
1,500 nacimientos, o .007% de la población), esta clasificación binaria no era clara al
nacer. Una condición conocida como intersexualidad, anteriormente llamada
hermafroditismo, ocurre cuando un individuo nace con genitales de ambos sexos o con
genitales ambiguos. Esto plantea tremendos desafíos para estos niños y sus padres con
respecto al género que vivirán. Debemos mostrar mucha comprensión y compasión en
estas situaciones difíciles. Sin embargo, las condiciones intersexuales no se han visto
históricamente como evidencia de múltiples géneros, sino más bien como trastornos del
desarrollo sexual. Al igual que alguien que nace sin la capacidad de usar las piernas para
ponerse de pie o caminar, esta condición no significa que existan múltiples puntos de vista
de para qué sirven las piernas.
¿Cuál es la nueva comprensión cultural del género? En términos simples, es esta: en lugar
de poseer uno de dos géneros fijos de por vida, la nueva comprensión es que el género es
fluido. El género no existe como dos puntos fijos permanentes, sino más bien en un
continuo que va de hombre a mujer. La experiencia que uno tiene del género ya no es uno
o el otro; en cambio, puede ser completamente opuesto al sexo biológico que uno posee,
o se puede alternar entre los dos géneros. El objetivo de esta redefinición cultural del
género es, en última instancia, acabar incluso con las categorías de hombre y mujer. El
género no importa para comprender lo que significa ser humano.
Un segundo elemento de esta nueva comprensión cultural es que el género no es innato,
sino adquirido. Si bien un niño nace con genitales masculinos o femeninos, ese niño no
desarrolla su sentido de identidad de género hasta mucho después del nacimiento, según
los psicólogos. En la mayoría de las personas, el género psicológico es congruente con el
sexo físico. Sin embargo, en algunos casos, esto no es así. Por lo tanto, es posible que un
individuo nazca con genitales asociados con un género, pero tenga una concepción
psicológica de su género que es incongruente con su sexo físico.
Transgénero es un término general que se aplica a una persona cuya experiencia subjetiva
de género es incongruente con su sexo físico. Debido a esta discrepancia percibida, una
persona transgénero puede optar por vivir su género de varias maneras. Uno podría optar
por identificarse con un género particular diferente de su sexo físico, pero nunca tomar
medidas para alterar quirúrgica o farmacológicamente su sexo físico. Alguien podría pasar
por un proceso de uso de ciertos medicamentos para alterar la química cerebral y los
niveles hormonales, y así desarrollar características físicas de su género de preferencia. O
uno podría optar por someterse a una cirugía de reasignación de género. Estos dos
últimos procesos se conocen coloquialmente como transición.
El género es importante para Dios, y como portadores de su imagen debería
importarnos a nosotros también.
Este particular concepto cultural del género es nuevo y está en un estado de evolución.
En el 2012, el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM-IV, siglas en inglés) de la Asociación
Psiquiátrica Americana, categorizó los antes mencionados tipos de incongruencias de
género como una afección psiquiátrica: Trastorno de Identidad de Género (GID, siglas en
inglés). Hace apenas cuatro años, la comunidad psiquiátrica habría aconsejado al paciente
de GID que aceptara su sexo físico.
Cuando el DSM-IV se actualizó en el 2013 (DSM-V), los criterios de diagnóstico para el GID
cambiaron, de modo que la mayoría de las personas que fueron diagnosticadas
previamente con un trastorno psiquiátrico ahora son diagnosticadas con Disforia de
Género, un problema de percepción, en lugar de un trastorno . Ahora el objetivo del
terapeuta es ayudar a los pacientes a aceptar su género psicológico percibido o preferido.
¿Cuál es el problema con las personas transgénero? Esencialmente, esta visión del sexo y
del género hace que la experiencia y los sentimientos del individuo sean primordiales
sobre lo que significa ser una persona. Quién soy y qué soy se basa en lo que siento o creo
sobre mí mismo. Todo lo demás, ya sean las Escrituras, la realidad física o la comprensión
social milenaria, se vuelve secundario a mi comprensión de la personalidad. Entonces, si
siento que soy de otro género, ya sea masculino, femenino o algo intermedio, eso es lo
que realmente soy.
Esta visión radical de la personalidad y la identidad surge del movimiento hacia la
deconstrucción del género y el sexo (como se han entendido tradicional e históricamente),
el cual es fruto de la revolución sexual que comenzó hace más de medio siglo. Los límites
sexuales y la comprensión de género se ven como construcciones sociales, impuestas por
la tradición (religiosa y civil) y por quienes están en el poder. Al ver el problema desde esa
cosmovisión, el individuo se eleva por encima de la sociedad y ahora es visto como
autodeterminante y autoritario, capaz de elegir lo que mejor se adapta a su propia
percepción de la realidad. El resultado de esta cosmovisión rechaza cualquier tipo de
verdad objetiva de Dios: que el mundo que él creó tiene un diseño particular y un
propósito particular dentro del cual la gente encuentra el plan de Dios, sus propósitos y a
ellos mismos.
En las áreas gemelas de la sexualidad —comportamiento sexual e identidad de género—
la iglesia está experimentando una tremenda presión para cambiar su comprensión de lo
que dice la Escritura sobre la personalidad y la identidad, y englobar su autoridad a la del
individuo. Mientras que el mundo ve este proceso como libertad y búsqueda de la
autenticidad propia, las Escrituras lo ven como el efecto del pecado y la rebelión, que es el
resultado del quebrantamiento de la vida. La última línea del libro de Jueces, "Cada uno
hacía lo que le parecía mejor", describe acertadamente nuestro mundo de creciente caos
y quebrantamiento.
¿Cuál es la visión de Dios del género?
Entender la narrativa de las Escrituras cuando habla de los seres humanos, hechos a la
imagen de Dios como hombre o mujer, nos dará un punto de partida crítico para entrar en
esta discusión.
La Biblia es el punto de partida de cómo los Cristianos deben pensar y vivir. La Palabra de
Dios tiene mucho que decir en relación al género, y deja especialmente claro lo siguiente:
1. Identifica dos (y sólo dos) géneros en la creación, sin distinción entre el sexo
biológico (masculino y femenino) y el género (ser hombre o mujer)
2. Describe el quebrantamiento de la creación en la Caída, de donde surge la
confusión de género.
La Biblia identifica dos (y sólo dos) géneros en la creación
Vemos esto claramente cuando Dios establece dos géneros – hombre y mujer – por
decreto en Génesis 1:27:
Y Dios creó al ser humano a su imagen;
Lo creó a imagen de Dios.
Hombre y mujer los creó.
Dios creó al hombre y a la mujer específicamente para tener un tipo particular de relación
entre ellos: El pacto del matrimonio, donde la procreación de niños, que conduce al
desarrollo de la familia y la sociedad, es una razón primordial para nuestra sexualidad. La
actividad sexual está conectada al propósito de la humanidad en la vida, un propósito que
Dios menciona en Génesis 1:28 para administrar la tierra y hacer de ella un lugar fructífero
y hermoso. Crear vida es una parte esencial de esto.
Pero la historia de Génesis, como pilar para nuestra comprensión de la sexualidad y el
género, no limita las diferencias de género únicamente a la reproducción. El hombre y la
mujer reflejan la imagen de Dios ante el mundo, especialmente cuando marido y mujer se
unen en matrimonio. La narrativa del Génesis insinúa cómo las diferencias de género
moldean profundamente a la humanidad y nuestras relaciones. Cuando Adán ve a Eva por
primera vez, habla de similitud y diferencia, y entre ellos se desarrolla una relación en la
que la intimidad, la transparencia, el amor mutuo y la unidad crecen de una manera
diferente a cualquier otra relación humana (Génesis 2:21-25). La designación de Eva como
"ayudante" de Adán habla de una relación de unidad y propósito compartido (y no, como
algunos piensan erróneamente, que la mujer es inferior al hombre).
La importancia del género no está tampoco relegada solamente al matrimonio. Un
hombre o una mujer soltera también viven sus identidades y personalidades únicas en el
cotexto de su masculinidad y feminidad. Todas las relaciones se estructuran y mejoran a
través de cómo nos relacionamos los unos con los otros como seres de género.
Así que, Dios estableció dos géneros – hombre y mujer – generalmente, en la creación.
Pero, también debemos notar que él estableció estos géneros particularmente en las vidas
de cada individuo. Esto quiere decir que Dios asignó uno de los dos géneros a cada
persona en su nacimiento. La Biblia declara que Dios planeó nuestras identidades únicas,
lo cual incluye el sexo biológico con el que nacemos.
El Salmista en el Salmo 139 dice claramente que Dios diseñó a cada persona antes de que
existiera:
• “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre”. (Salmo 139:13)
• “Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo
formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido”. (Salmo
139:15)
• “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos
mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos”. (Salmo 139:16)
Dios declara y conoce de antemano el género que nos ha dado. Encontramos ejemplos de
esto en las Escrituras: Se le dice a Agar que va a tener un hijo que sería llamado Ismael
(Génesis 16:11); se les dice a Abraham y a Sara que ella va a tener un hijo, y que deben
llamarlo Isaac (Génesis 17:19); el ángel del Señor le dice a Manoa que su esposa estéril
pronto tendrá un hijo (Jueces 13:3); y María recibe la sorprendente noticia, siendo soltera,
de que ella tendría un hijo, Jesús, quien sería el Mesías (Lucas 1:31).
Estos actos clave de la historia redentora, aunque solo anuncian el nacimiento de hijos
varones, establecen sin embargo el hecho de que es Dios quien ordena quiénes somos
como hombre o mujer, como hijos o hijas.
La Escritura describe el quebrantamiento de la creación en la Caída, de la cual surge la
confusión de género.
Los cristianos no viven en un mundo perfecto y trascendente; comparten el extenso
quebrantamiento de toda la creación. En el área de la conducta sexual, las numerosas
prohibiciones del Antiguo Testamento con respecto a actos sexuales particulares son
reveladoras. La razón por la que Dios tuvo que detallar una prohibición sexual tras otra, no
fue porque él ve el sexo como intrínsecamente malo (como algunos piensan que enseña la
doctrina cristiana), sino porque nuestros corazones caídos y pecadores son capaces de
hacer el mal incluso con las cosas buenas que Dios ha creado.
Aunque el orden de Dios para la creación existe de forma fracturada, todavía permanece.
Todavía importa que vivamos de acuerdo a él. Con respecto a la confusión o fluidez de
género, en Deuteronomio 22:5, el Señor le dice a su pueblo que vivir como si fueras
alguien del género opuesto es pecado. Durante muchos años, Deuteronomio 22:5 se usó
como un texto de prueba contra el travestismo, pero su significado va mucho más allá de
simplemente usar la ropa del otro género. La cláusula de verbo-objeto que se usa en el
verso significa “ponerse el manto” del género opuesto; en otras palabras, vivir como si
fueras del otro género.
Toda la narración de las Escrituras, incluido este pasaje, proclama que Dios creó a todos
los individuos para que fueran hombres o mujeres, y para que vivieran como hombre o
mujer en armonía con su sexo físico. (Como se mencionó anteriormente, se debe dar una
consideración especial a aquellos que nacen con condiciones intersexuales, ya que
requerirán decisiones difíciles que se toman en beneficio del niño; pero estas raras
situaciones no binarias, que algunos proclaman como evidencia de un "tercer" género o
sexo, son evidencia de que el diseño original de Dios está roto y no que él pretendiera
múltiples formas de género).
El género es importante para Dios y, como portadores de su imagen, también debería
importarnos a nosotros. Alterar el género de nacimiento de uno o vivir como miembro del
otro género es, por lo tanto, pecado, ya que es un repudio de la voluntad y la intención de
Dios para la criatura en particular.
Uno recuerda las palabras del Señor a su pueblo rebelde en Isaías 29:16:
¡Qué manera de falsear las cosas!
¿Acaso el alfarero es igual al barro?
¿Puede un objeto decir del que lo modeló:
«Él no me hizo»?
¿Puede una vasija decir de su alfarero:
«Él no entiende nada»?
Vivir fuera de su diseño y propósito es participar en una rebelión contra él, incluso si esa
rebelión es el resultado de la confusión y el dolor personal. La confusión sobre el género
es el resultado de nuestro mundo alejándose de la aceptación de Dios como creador y
gobernante. Las implicaciones para el individuo en peligro, y para la sociedad en su
conjunto, son enormes. Es correcto, bueno y necesario que proclamemos una verdadera
visión de la persona humana, y los beneficios que se obtienen al adoptarla.
Artículo Original:
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