Barroco
Las meninas (1656), de Diego Velázquez, Museo del Prado, Madrid.
El Barroco fue un período de la historia en la cultura occidental originado por una
nueva forma de concebir el arte (el «estilo barroco») y que, partiendo desde
diferentes contextos histórico-culturales, produjo obras en numerosos campos
artísticos: literatura, arquitectura, escultura, pintura, música, ópera, danza, teatro,
etc. Se manifestó principalmente en la Europa occidental, aunque debido
al colonialismo también se dio en numerosas colonias de las potencias europeas,
principalmente en Latinoamérica. Cronológicamente, abarcó todo el siglo XVII y
principios del XVIII, con mayor o menor prolongación en el tiempo dependiendo de
cada país. Se suele situar entre el Manierismo y el Rococó, en una época
caracterizada por fuertes disputas religiosas entre países católicos y protestantes,
así como marcadas diferencias políticas entre los Estados absolutistas y
los parlamentarios, donde una incipiente burguesía empezaba a poner los
cimientos del capitalismo.1
Como estilo artístico, el Barroco surgió a principios del siglo XVII (según otros
autores a finales del XVI) en Italia —período también conocido en este país
como Seicento—, desde donde se extendió hacia la mayor parte de Europa.
Durante mucho tiempo (siglos XVIII y XIX) el término «barroco» tuvo un sentido
peyorativo, con el significado de recargado, engañoso, caprichoso, hasta que fue
posteriormente revalorizado a finales del siglo XIX por Jacob Burckhardt y, en
el XX, por Benedetto Croce y Eugenio d'Ors. Algunos historiadores dividen el
Barroco en tres períodos: «primitivo» (1580-1630), «maduro» o «pleno» (1630-
1680) y «tardío» (1680-1750).2
Aunque se suele entender como un período artístico específico, estéticamente el
término «barroco» también indica cualquier estilo artístico contrapuesto
al clasicismo, concepto introducido por Heinrich Wölfflin en 1915. Así pues, el
término «barroco» se puede emplear tanto como sustantivo como adjetivo. Según
este planteamiento, cualquier estilo artístico atraviesa por tres fases: arcaica,
clásica y barroca. Ejemplos de fases barrocas serían el arte helenístico, el arte
gótico, el romanticismo o el modernismo.2
El arte se volvió más refinado y ornamentado, con pervivencia de un cierto
racionalismo clasicista pero adoptando formas más dinámicas y efectistas y un
gusto por lo sorprendente y anecdótico, por las ilusiones ópticas y los golpes de
efecto. Se observa una preponderancia de la representación realista: en una
época de penuria económica, el hombre se enfrenta de forma más cruda a la
realidad. Por otro lado, a menudo esta cruda realidad se somete a la mentalidad
de una época turbada y desengañada, lo que se manifiesta en una cierta
distorsión de las formas, en efectos forzados y violentos, fuertes contrastes de
luces y sombras y cierta tendencia al desequilibrio y la exageración.3
Se conoce también con el nombre de barroquismo el abuso de lo ornamental, el
recargamiento en el arte.