PARA UNA ADOLESCENCIA SIN ESCENARIO.
Entrevista a Jorge Sánchez.
Mónica Jasso.
Conocí el teatro de Jorge Sánchez en el Encuentro Estatal de 2002, y me
sorprendió. Su Julieta y Romeo por Shakespeare William era una adaptación
desenfadada e inteligente del clásico, en la que César Tapia y Carlos Navarrete
actuaban con tal vigor que brindaban al público una experiencia entrañable. Pero
el valor verdadero de esta pieza sólo podría verse con el tiempo: es el hito que
marca el inicio de una nueva generación de creadores de teatro en Monterrey.
Enseguida de Sánchez surgirían otros artistas con impetuosas propuestas, como
Alberto Ontiveros o Iván Domínguez-Azdar, también representantes de un cambio
de dirección en el teatro regiomontano.
Me reuní con Sánchez a mediados de enero para que me diera su opinión sobre el
teatro; esta vez, particularmente sobre aquel destinado a adolescentes —uno tan
escaso como necesario— a propósito de su próximo estreno. Sanchéz dirigirá el
texto de Saúl Enríquez ¿En qué estabas pensando? en el ciclo de Teatro Escolar
que este año llega a su edición XXII —quizá la última.
***
Mónica Jasso: Te conocemos por hacer teatro para público adulto, ¿cómo se da,
en tu caso, el acercamiento a los adolescentes?
Jorge Sánchez: Tengo un hijo adolescente, y convivo con él en el día a día,
mientras lidia con los problemas propios de su edad. Es por esta experiencia que,
cuando conocí la obra, sentí que me correspondía dirigirla. Se la pedí al autor
(Enríquez) hace dos años; en ese momento no podía cederme los derechos
porque la tenía en repertorio con su compañía. Recientemente volví a insistirle, y
esta vez sí hubo oportunidad.
MJ: En cuanto a la creación de esta puesta en escena, ¿cómo hiciste para entrar
al mundo de los adolescentes?
JS: Esa fue la primera disyuntiva. ¿Cómo carajos voy a hablarle a los jóvenes
cuando yo no soy uno de ellos? Ni siquiera tengo ya la edad para la beca de
Jóvenes Creadores del FONCA. Entonces, me puse a investigar. Todos en el
equipo nos pusimos a trabajar en ello y encontramos una frase que nos pareció
interesante: “Se es adolescente desde pasada la infancia, hasta que el individuo
encuentra su camino en la vida”. Desde esta perspectiva, prácticamente todos
somos adolescentes o, al menos, mantenemos rasgos de la adolescencia.
Podríamos decir que somos adolescentes de diferentes generaciones —y en ese
sentido me pareció necesario indagar sobre las diferencias generacionales. En la
búsqueda dimos con cierta información –alguna sabida y otra que
desconocíamos– como que esta nueva generación de jóvenes, llamada
normalmente millenials, se caracteriza por el uso de la tecnología, son nativos
digitales, lo cual no somos en mi generación. Los millenials tienen una preferencia
generalizada por alargar la adolescencia, no pretenden casarse o vivir en pareja,
no quieren responsabilidades, son los eternos Peter Pan. Y aunque quizá en eso
no me identifique con esta generación, hay otros rasgos que me son más
cercanos, como la rebeldía, esa necesidad de romper ciertos esquemas. Y bueno,
una manera que encontré de unir a los adolescentes de esta generación con los
de mi generación y los de otras anteriores, fue la música. En la puesta hay música
de adolescentes de varias generaciones, y eso resulta muy divertido. Pues de
pronto ves cómo la música de alguien como Elvis Presley, que era escandalosa en
su tiempo, hoy es algo que pueden bailar los niños.
MJ: Mencionaste el uso de la tecnología digital como parte de la vida cotidiana de
esta generación, ¿la utilizas en la puesta en escena?
JS: Aparece sólo a nivel de lenguaje. Es decir, se habla de ella, pero no usamos
dispositivos móviles en escena. Empezamos usándolos, pero resultaron
demandantes de atención para los actores, y se perdía lo esencial, lo humano.
Este aparato es teatro, y no pertenece a la tecnología digital.
MJ: ¿Qué panorama percibes en el teatro destinado al joven público?
JS: Creo que el teatro infantil y juvenil, o adolescente, se mueve regularmente a
través de “la fórmula”. Un pensamiento común de los teatristas es “hacemos una
obra pequeñita, nos vestimos de payasos, decimos cualquier tontería, y ya
tenemos una obra infantil”. Este proceder lo conocemos porque somos una
comunidad muy pequeña. Así es. Desafortunadamente, la mayoría de las veces,
este teatro no es considerado más que como una manera de hacer dinero fácil y
rápido, cuando no es así. Mi resistencia a hacer trabajos para niños o para
jóvenes es precisamente porque son el público más difícil, más honesto. Si al
chico no le gusta, se levanta y se va. Punto. No tienen miramientos. Y por eso
ahora estoy muy nervioso, me estoy haciendo muchas preguntas sobre si está
funcionando o no lo que estoy preparando para estos jóvenes. En fin. Otro asunto
es, que desde cierta óptica, también podría decirse que este teatro es desdeñado
por las instituciones culturales, pues lo vemos en la diferencia presupuestal que se
invierte en éste y en el teatro destinado a los adultos. Por ejemplo, hay una
diferencia notable entre la cantidad de dinero que se destina al Encuentro Estatal
de Teatro y la que se invierte en el Encuentro Estatal de Teatro para Niños.
Aunque en este programa en particular (Teatro Escolar) es de llamar la atenció n
cómo ha subido la apuesta por generar público. De hecho este año es atípico,
porque Teatro Escolar, por primera vez, sucede en todos los estados del país. Eso
me parece loable, me parece un punto a considerar, es un valor agregado, es un
punto a favor del desarrollo del teatro y del público.
MJ: ¿Permanecerá esta iniciativa de Teatro Escolar para todos los estados?
JS: El panorama es terrible. Es desalentador y desolador. Es la primera vez que
Teatro Escolar se establece en todos los estados, y posiblemente sea la última.
Por la forma en que se están manejando ahora los presupuestos, parece que no
hay cabida para este programa el próximo año. El estado cree que puede
simplemente dejar de hacer las cosas, y los creadores tendríamos que hacer algo
al respecto.
MJ: ¿Cuál consideras que pueda ser el objetivo del teatro para adolescentes?
JS: En principio no creo que deba ser didáctico, en el sentido de aleccionar o
moralizar; como esa idea clisé que dicta que hay que montar “clásicos” como
Caperucita –eso no nos representa. El teatro tiene la mágica capacidad de
reflejarnos a nosotros mismos, de mostrarnos deshumanizados –como estamos
ahora–, y confrontarnos. A nosotros nos toca confrontar. Vivimos en un estado que
invierte más dinero en armamento y equipo bélico que en educación y en
actividades artísticas. El estado nos enseña que eso es lo importante, y los niños y
adolescentes reproducen esos esquemas. Lo hemos visto. No queda más que
confrontar, y creo ciegamente que el camino para hacerlo es a través de las
humanidades y no de las armas.
¿En qué estabas pensando?
Dramaturgia: Saúl Enríquez
Dirección: Jorge Sánchez
Con: José Olivares, Carlos Navarrete, Eduardo Guardado, Yesica Silva, Danyra
Ramos, Daniela Veloz y Cecilia Ramos.
Temporada escolar enero-marzo de 2017.
Teatro de la Ciudad.