Facultad de Psicología
Trabajo de Fin de Grado
Fase diagnóstica en el cáncer; reacciones emocionales del paciente y
la importancia de la primera entrevista en Psicooncología
Marina Pérez Juárez
Grado de Psicología
Año académico 2018-2019
DNI del alumno: 43233495-G
Trabajo tutelado per María Jesús Serrano Ripoll
Departamento de Psicología Social
Se autoriza a la Universidad a incluir este trabajo en el Autor Tutor
Repositorio Institucional para su consulta en acceso abierto y
Sí No Sí No
difusión en línea, con finalidades exclusivamente académicas y
de investigación.
Palabras clave: Cáncer, Emociones, Estilo de afrontamiento, Psicooncología, Counselling.
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Índice
Resumen .................................................................................................................................... 3
Introducción y objetivos .......................................................................................................... 3
Metodología .............................................................................................................................. 4
Capítulos ................................................................................................................................... 5
1. ¿Qué es el cáncer? ..................................................................................................................... 5
2. Noticia y respuestas emocionales ............................................................................................. 6
2.1. Duelo oncológico ................................................................................................... 7
2.2. Estrategias de afrontamiento ................................................................................ 10
3. Psicooncología ......................................................................................................................... 12
3.1. Funciones y habilidades del Psicooncólogo ........................................................ 14
3.2. Primera entrevista en Psicooncología .................................................................. 16
3.2.1. El counselling……………………………………………………………………18
Discusión ................................................................................................................................. 22
Referencias bibliográficas ..................................................................................................... 22
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Resumen
El cáncer es una de las enfermedades más relevantes y preocupantes de nuestra sociedad
actual. Entre los motivos de su importancia destaca el fuerte impacto a nivel físico, emocional
y social que provoca la enfermedad tanto en la vida del paciente como en la de los de su
alrededor. El hecho de recibir el diagnóstico suele producir un shock inicial en el paciente al
que éste suele responder con una estrategia de negación. Posteriormente, a medida que avanza
la enfermedad, está primera reacción irá variando y el paciente transcurrirá por el denominado
duelo oncológico. En el presente trabajo se realiza una revisión sobre las fases que tienen lugar
en dicho duelo y que estrategias de afrontamiento suelen utilizar los pacientes. A su vez, se
indica la importancia de la figura del psicooncólogo en el tratamiento multidisciplinar que debe
recibir el paciente y la relevancia que adquiere la técnica del counselling en la primera entrevista
en Psicooncología.
Introducción y objetivos
Cuando una persona recibe la noticia de que padece un cáncer, suelen tener lugar unas
reacciones emocionales, específicas de cada paciente y a su vez, la persona pone en
funcionamiento un estilo de afrontamiento que cambiará a medida que vaya avanzando la
enfermedad (Kübler-Ross, 1969; Moorey y Greer, 1989). Viendo la complejidad que engloba
esta primera fase resulta imprescindible la figura del psicooncólogo para aportar un tratamiento
holístico y multidisciplinar al paciente (Engel, 1977). En el caso de aquellos pacientes en los
que se solicita la intervención de psicooncólogo; éste tendrá como objetivo realizar una
evaluación psicooncológica diferenciando aquellas reacciones emocionales “normales” de las
patológicas y a su vez, se empezará a plantear que intervención psicológica puede ser útil para
mejorar la situación del paciente (Rojas, 2006; Vidal, 2006). Aun así, para lograr beneficios
resultará imprescindible crear una relación de confianza entre el terapeuta y el paciente. Entre
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las herramientas más útiles se ha destacado el counselling (Modolell, Sanz, y Casado, 2004;
Arranz y Cancio, 2003). Tratándose el counselling de una técnica de apoyo psicológico, que se
basa en situar al psicooncólogo como aquel profesional que mediante diferentes herramientas
y habilidades que iniciará en la primera entrevista ayudará al paciente a crear sus propios
recursos para hacer frente a su situación, validando y reforzando aquellas estrategias efectivas
(Dietrich,1986; Costa y Arranz, 2013).
Por ello, el objetivo principal del presente trabajo se basará en ofrecer una amplia visión de
todos los sucesos que tienen lugar en esta primera etapa del cáncer. Concretamente, los
objetivos específicos serán describir la enfermedad y las emociones que suelen tener los
pacientes, explicando las fases del duelo oncológico. También se indicarán los estilos de
afrontamiento que suelen utilizar y su funcionalidad y finalmente, se mostrarán que aspectos
debe cumplir la primera entrevista con el psicooncólogo y la importancia de la comunicación.
Metodología
El diseño de investigación que se llevó a cabo para realizar el siguiente trabajo consistió en
la realización de una revisión bibliográfica en diversos recursos tanto electrónicos - haciendo
servir buscadores como google académico, dialnet y revistas científicas - y también manuales
específicos sobre el ámbito. Para realizar la búsqueda online se utilizaron las combinaciones de
palabras tales como “cáncer”, “primera noticia cáncer”, “respuestas emocionales ante el
cáncer”, “psicooncología”, “counselling”, entre otros. Finalmente, en relación a los artículos, a
pesar de que se han utilizado obras de años anteriores, la mayoría de las seleccionadas fueron
aquellas que presentaban datos a partir del año 2002.
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Capítulos
1. ¿Qué es el cáncer?
Si nos centramos en el término del cáncer, la Sociedad Española de Oncología Médica
(SEOM) lo define como:
Un concepto que engloba un grupo numeroso de enfermedades que se caracterizan por el
desarrollo de células anormales que se dividen, crecen y se diseminan sin control en cualquier
parte del cuerpo. Las células normales se dividen y mueren durante un periodo de tiempo
programado. Sin embargo, la célula cancerosa o tumoral “pierde” la capacidad para morir y se
divide casi sin límite. Tal multiplicación en el número de células llega a formar unas masas,
denominadas “tumores” o “neoplasias”, que en su expansión pueden destruir y sustituir a los
tejidos normales (Puente y De Velasco, 2017).
En la sociedad actual, y específicamente en la cultura occidental, el término cáncer aún sigue
siendo un concepto tabú que resulta estar muy asociado al proceso de muerte. Tal y como
indican los autores Puerto y Gamba (2015) a ningún ser humano le agrada estar enfermo, pero
dentro de las enfermedades que podemos padecer, pocas crean tanta aversión como el cáncer;
la idea de que un tumor puede estar creciendo dentro de nuestro organismo, de forma que pueda
estar amenazando nuestra vida, es uno de los mayores temores que podemos tener las personas.
El origen del cáncer puede ser múltiple, sin embargo, tal y como indica Romero (2009) entre
los factores de riesgo de dicha enfermedad se destacan las causas genéticas, el tabaco, las causas
infecciosas, las dietas y contaminantes, las radiaciones ionizantes y la disminución de la
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inmunidad. Aun así, se debe destacar que el simple hecho de presentar factores de riesgo no es
determinante.
Actualmente, los datos disponibles sobre el cáncer en España son los siguientes; en primer
lugar, en relación a su incidencia se estima que en el año 2035 se producirán 315.413 casos
nuevos de ambos sexos, afectando tanto a menores de 65 como a mayores de esta edad. En
segundo lugar, en la estimación de la prevalencia a 5 años para ambos sexos en el año 2017 se
destacaban: el cáncer de mama con 104.405 casos, el cáncer de próstata con 101.781 casos,
cáncer de colorrecto con 89.635 individuos, cáncer de vejiga con 46.936 casos, el de pulmón
con 27.985 casos y finalmente, el cáncer de útero y riñón con cifras de 19.308 y 18.607 casos
respectivamente (SEOM,2018).
Además, dicha enfermedad es una de las principales causas de mortalidad en nuestro país.
De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2016 un 27,5 %
de muertes fueron debidas al cáncer. Y se estima que para el año 2035, dicho valor ascenderá
a 156.898 (SEOM, 2018).
Pero la realidad es que, a pesar de estas cifras tan devastadoras, la supervivencia en España
se sitúa alrededor de un 53% a los 5 años. Además, se debe tener en cuenta los avances médicos
y la influencia de las campañas de prevención y detección que hacen que estas cifras aumenten
en relación a otros años, pero a su vez, también provocan que haya más casos de curación
(SEOM, 2018).
2. Noticia y respuestas emocionales
La historia oncológica suele iniciarse por alguna molestia o alguna revisión rutinaria. Ante
un marcador o resultado sospechoso, el equipo médico inicia toda una serie de procedimientos
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y es de una forma muy rápida e inesperada, que el paciente se ve inmerso en una gran cantidad
de pruebas que producen una gran incertidumbre. En algunas ocasiones, el diagnóstico no está
claro, pero en otras, las pruebas son bastante obvias. Es en ese preciso instante cuando entra en
juego uno de los grandes retos del oncólogo, la comunicación del diagnóstico pertinente.
Este primer comunicado, conocido tradicionalmente como “mala noticia” es entendida como
“la indicación de cualquier información que puede alterar de manera drástica la visión de su
futuro (ya sea en el momento del diagnóstico o al enfrentar el fracaso en la intención de
curarse)”. (Buckman, 1984, p. 1597). Es por ello, que esta información es considerada como
un evento vital muy estresante, que afectará tanto al individuo como a su entorno familiar y
social (Cano, 2005).
Inicialmente, al recibir la noticia el paciente suele quedarse en shock, sin lograr entender la
situación e inmediatamente como bien indican Robert et al (2013) empieza a pensar en la
posibilidad de morir. A su vez, dichos autores afirman que, tras este shock inicial, el individuo
experimenta un proceso de duelo inevitable, entendiendo este duelo como un proceso en el que
la persona se debe adaptar ante una serie de pérdidas, no solo en relación a la salud, sino también
aquellas relacionadas con su seguridad y estabilidad como puede ser la pérdida de la rutina y
de su rol social.
[Link] oncológico
Dicho duelo inevitable ha sido denominado como duelo oncológico. Definiéndose éste
mismo como un conjunto de etapas, las cuales no es necesario que sean secuenciales, pero que
suceden desde que se informa del diagnóstico al paciente en adelante. Dicho proceso es muy
frecuente y además se indica que es “un mecanismo de reconstitución psíquico fundamental,
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que le permite al paciente estructurar una respuesta a los desafíos orgánicos, cognitivos, sociales
y emocionales a los cuales se ve enfrentado a partir de ese momento” (Rojas, 2006, p.195).
Entre los modelos evolutivos que explican este tipo de duelo, se debe resaltar el planteado
por la autora Kübler-Ross en su obra On Death and Dying (1969). Dicho modelo destaca cinco
fases por las que puede transitar el paciente durante el duelo. Éstas son: la negación, la ira, la
negociación o pacto, la depresión y la aceptación.
Al recibir la noticia, la primera etapa que tiene lugar es la negación. Kübler-Ross (1969)
define la negación como la imposibilidad que presenta el paciente de aceptar y reconocer la
enfermedad como un hecho real. De esta forma, el diagnóstico es atribuido a alguna
equivocación o error del médico. A su vez, la autora afirma que la negación, al menos la
negación parcial, es utilizada por casi todos los pacientes, tanto al inicio de la noticia, como en
la confrontación, y más tarde, durante otras etapas de forma alternativa. Dicho uso no se debe
a que no sean conscientes de la posibilidad de morir, de hecho, sí lo son, pero deben y a su vez,
deciden dejar esta opción de lado para poder continuar con sus vidas. Es por ello que dicha
negación incluiría un aspecto positivo al funcionar como amortiguador frente a este tipo de
noticias tan impactantes, permitiendo así que el paciente se pueda recuperar. Será al cabo de un
tiempo indeterminado que el paciente se empezará a movilizar y utilizará otro tipo de
mecanismo.
Cuando la negación ya no se puede mantener, Kübler-Ross (1969) afirma que entran en
juego los sentimientos de rabia, ira y resentimiento. Dichos sentimientos tienen lugar porque el
paciente interpreta que la situación ataca de manera injustificada su dominio personal; por ello,
algunos de ellos se aíslan de su entorno o se enfadan con el médico, con los familiares, o incluso
con ellos mismos. En esta línea, la autora indica que dicha ira hacia los demás, tiene como
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consecuencia una mayor complicación para manejar la situación por parte de la familia y el
equipo oncológico, que la que sucede en la etapa de negación. A su vez, en el caso de que el
paciente se enfade consigo mismo, la ira se une con el sentimiento de culpa. Un ejemplo sería
que el paciente se culpase de no haber llevado una vida lo suficientemente “saludable”.
La tercera fase es la etapa de negociación o pacto. Dicha etapa se caracteriza por ser una
forma de afrontar el sentimiento de culpa; de forma que, aquellos sujetos en los que el paciente
había focalizado su rabia ahora son percibidos como participantes de la recuperación y no como
culpables. Como consecuencia, en esta fase el paciente empieza a comprometerse con la
recuperación y se establece metas terapéuticas.
Centrándonos ahora en la cuarta etapa, es decir la de depresión; esta fase se define por unos
sentimientos de tristeza y dolor ante la situación experimentada. El equipo de Greer, Moorey y
Watson (1989) indican que esta gran tristeza resulta ser consecuencia de haber perdido
cuestiones que conformaban su dominio personal, como sus actividades de ocio o trabajo
(Romero, 2009). Por otro lado, en el caso de que sea un paciente en fase terminal, Kübler-Ross
(1969) apunta que en situaciones donde el paciente no puede negar su enfermedad, está siendo
sometido a varias operaciones o a un duro tratamiento, y siente como su cuerpo se debilita, es
esperable que su ira sea reemplazada por una sensación de gran pérdida. Por otro lado, en estos
casos de final de vida, la autora indica que no se debe fomentar al paciente a mirar hacia otro
lado evitando así visualizar su proceso de muerte, sino que se debe permitir al paciente expresar
su pena. Si se posibilita, el individuo sentirá una aceptación más agradable y a su vez, estará
agradecido por aquellas personas que le han acompañado durante el proceso.
Por último, la etapa de aceptación es aquella en la que el paciente reconoce su enfermedad
y las limitaciones que le conlleva. En esta fase, el paciente cambia su actitud y en el caso de
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que esté en tratamiento activo, asume su responsabilidad de lucha y supervivencia. En
contraposición y siguiendo el ejemplo expuesto anteriormente, en el caso de que sea un paciente
en fase terminal, la autora indica que el individuo no resultará estar deprimido ni enfadado, sino
al ya haber podido preparar esta última etapa, el paciente estará más tranquilo. Finalmente, en
esta fase es donde la familia necesita más ayuda y comprensión.
[Link] de afrontamiento
Una vez planteadas que reacciones emocionales son las habituales en el diagnóstico, es
relevante destacar que dichas emociones, inicialmente ya marcarán un modo concreto de
enfrentarse a la enfermedad, es decir, el paciente utilizará una determinada estrategia de
afrontamiento. El afrontamiento ha sido definido a lo largo de la historia por una gran cantidad
de autores, pero los mayores exponentes de esta rama de investigación han sido Richard
[Link] y Folkman (1984), quienes lo definieron en su trabajo sobre afrontamiento como los
“esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que sirven para manejar las
demandas externas y/o internas que son valoradas como excedentes o desbordantes de los
recursos del individuo” (Soriano, 2002, p.74).
Centrándonos en el ámbito del cáncer, el afrontamiento fue definido también como aquellas
respuestas cognitivas y conductuales que se ponen en funcionamiento, pero en este caso y tal
como indican Watson y Greer (1998) son aquellas que utilizan los pacientes para hacer frente
a la enfermedad en cuestión, comprendiendo tanto la valoración (significado del cáncer para el
sujeto) como las reacciones subsiguientes (lo que el individuo piensa y hace para reducir la
amenaza que supone el cáncer)” (Soriano, 2002).
Por ello, ante la primera noticia del cáncer el individuo tendrá una primera reacción
emocional. Sin embargo, se debe destacar que dicha reacción también será realizada en función
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de cómo valore él la noticia considerando si presenta o no los recursos pertinentes para hacerle
frente. Dicha etapa ha sido denominada como el proceso de valoración. De esta forma, el
paciente puede valorar la situación de dos maneras diferentes; como un desafío o como una
amenaza. Si lo percibe como un desafío, el sujeto considerará la enfermedad como un reto y se
verá capacitado para hacer frente a la situación. En contraposición, si la situación es percibida
como una amenaza, él mismo considerará que no cuenta con los recursos necesarios para
afrontarla (Soriano, 2002).
Sin embargo, las estrategias de afrontamiento no se limitan únicamente a una primera
valoración; en relación a esta cuestión, los autores Moorey y Greer (1989) son referentes en
dicho ámbito y fueron ellos quienes plantearon el modelo “esquema de supervivencia” donde
se engloba la capacidad de adaptación, la respuesta emocional y los estilos de afrontamiento
que llevan a cabo los pacientes. En el esquema se plantea que, en función del tipo de respuesta,
ésta tendrá unas repercusiones. De esta forma, diferenciaron dos grupos de respuestas: las
activas y las pasivas. Las respuestas activas serían las estrategias de espíritu de lucha y de
evitación/negación, respuestas que han resultado tener un mejor ajuste. Contrariamente, las
respuestas pasivas serían las estrategias de fatalismo, preocupación ansiosa y desesperanza, que
obtendrían un peor ajuste. (Soriano, 2002).
El esquema siguiente expone dicha teoría:
Tabla 1. Esquema de supervivencia (Moorey y Greer, 1989)
Extraído de (Soriano, 2002, p.78)
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A modo de ejemplo y siguiendo el esquema, si en la fase de diagnóstico el paciente adquiere
un afrontamiento de espíritu de lucha, el diagnóstico lo enfocará como un reto y el control será
percibido como moderado. A su vez, visualizará que su pronóstico es optimista, buscando
información por sí mismo y no presentará niveles de ansiedad elevados. En el otro extremo, si
el afrontamiento se basa en una preocupación ansiosa, la noticia será enfocada como una gran
amenaza, el paciente no sabrá si tiene control sobre ella, ni tampoco que expectativas de futuro
hay. A su vez, el paciente se centrará en buscar aquellos elementos o personas que le dan
seguridad y no información. Finalmete, su respuesta emocional se basará principalmente en la
ansiedad.
Como se puede observar en la tabla, cada estilo de afrontamiento tendrá unas consecuencias
determinadas. Además, como ya se ha comentado anteriormente, dichas estrategias irán
variando en función del momento en el que se encuentre el paciente. De esta forma, Heim y
colaboradores (1993) describen cuáles son las más utilizadas según el momento. En una
primera fase de diagnóstico se suelen utilizar las estrategias de aceptación estoica, confianza y
análisis del problema. En una segunda y tercera etapa, es decir, en la fase de intervención y
tratamiento (radioterapia y quimioterapia) tienen lugar las mismas estrategias que en la fase de
diagnóstico, sumándole el hecho de acometer el problema. En una cuarta fase, de diagnóstico
de metástasis, las estrategias utilizadas son las mismas: aceptación estoica, confianza, análisis
del problema y acometer el problema. Por último, en la fase terminal entran en juego las
estrategias relacionadas con la religión, la cooperación pasiva y la aceptación estoica y la
confianza (Soriano, 2002).
3. Psicooncología
Tal y como hemos podido observar y como bien indica el autor Soriano (2002) el cáncer
presenta reacciones emocionales que coincidirían con una enfermedad crónica como es el
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miedo, la preocupación, el pensamiento de que la muerte está cerca, las relaciones afectivas con
su familia y amigos, etc. Pero, además, al cáncer se le suman unos tratamientos bastante duros
que aumentan el miedo, la incertidumbre a un pronóstico incierto y unos efectos secundarios
muy devastadores. Es por ello que tras ver la complejidad que se esconde tras dicha enfermedad
y todo lo que engloba únicamente una primera fase de diagnóstico, se hace evidente los déficits
que surgen si se limita a tratar al paciente únicamente desde un modelo estrictamente médico.
Por ello, hoy en día la práctica médica se basa en un modelo biopsicosocial o multidimensional
y centrado en el paciente.
En primer lugar, tal y como plantea el autor Engel (1977) el modelo biopsicosocial
proporciona un marco conceptual idóneo para responder a las necesidades y amenazas que
tienen lugar en el ámbito hospitalario. De esta forma, se plantea una visión basada en que no
hay enfermedades si no enfermos y se debe tratar al paciente desde una visión
multidimensional, uniendo tanto su cuerpo, mente y entorno. Dicha perspectiva según los
autores Bartz (1999) y Vegni (2001) ha generado el llamado “modelo centrado en el paciente”
que tiene como objetivos explorar las creencias y expectativas del paciente, a la vez que se le
hace partícipe en todas las tomas de decisiones que tienen que ver con su salud, dejando atrás
el tradicional modelo sanitario donde el paciente era tratado como un receptor pasivo (Arranz
y Cancio, 2003).
Resulta evidente que, para tratar al paciente desde un modelo multidimensional, es esencial
contar con la presencia de un psicólogo. Tal y como indica la autora Die Trill (2003) la figura
del psicooncólogo ha ganado un mayor interés y presencia dentro del ámbito hospitalario como
consecuencia de una serie de cuestiones: en primer lugar, la existencia de una menor tolerancia
al sufrimiento por parte de las sociedades contemporáneas. A su vez, una mayor importancia
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de los factores psicológicos en la sociedad actual, aumentando así los conocimientos populares
acerca del psicólogo y aceptando su relevancia en diferentes ámbitos. Por otro lado, esta mayor
visibilidad ha tenido como consecuencia una creciente demanda por parte de los pacientes con
cáncer y sus familiares. Y, por último, el creciente interés por parte de los profesionales por
adquirir un modelo biopsicosocial ha provocado la importancia que tiene hoy en día la
Psicooncología.
Si nos centramos en el concepto de la disciplina, la Psicooncología es definida por Rojas
(2006) como una subespecialidad “bisagra” de la oncología, la psiquiatría y la psicología, que
entiende el cáncer como una enfermedad multifactorial, tanto en su génesis, como en su
tratamiento y evolución. A su vez, la disciplina focaliza su atención en el paciente y no de
manera única en la enfermedad. De esta forma, el enfermo es tratado desde una perspectiva
biopsicosocial; es decir, teniendo en cuenta tanto la ayuda médica como los aspectos
emocionales y sociales. En consecuencia, la figura del psicooncólogo es definida como “aquel
profesional de la salud mental formado y especializado en el cuidado del enfermo con cáncer y
de su familia, y en el trabajo con los miembros del personal sanitario oncológico” (Die Trill,
2003, p.1).
[Link] y habilidades del psicooncólogo
En relación a sus funciones, el Grupo Madrileño de Psicooncología (2003) indica que el
psicólogo realiza funciones asistenciales, docentes, de investigación y de prevención. En primer
lugar, las funciones asistenciales están enfocadas a la atención y evaluación psicooncológica
del paciente con cáncer, de su familia y del equipo médico durante todo el proceso de
enfermedad. En segundo lugar, las funciones docentes se dirigen a los profesionales de la salud
mental, a todo el equipo médico y el equipo de enfermería. Entre los objetivos se destacan
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algunos como el de evitar fenómenos como el burnout o trabajar sobre áreas específicas como
la comunicación de malas noticias. Dichas funciones docentes también englobarían la
formación a aquellos voluntarios que deseen trabajar con este colectivo. Por otro lado, las
funciones de investigación se centrarían en mejorar la actividad preventiva y asistencial y
finalmente, en relación a las funciones de prevención, sería el psicólogo el encargado de
fomentar tanto recursos teóricos como técnicos para evitar los factores de riesgo y a su vez,
fomentar una vida saludable.
En este trabajo en concreto nos centramos en el primer ámbito, es decir, en las funciones
asistenciales. De esta forma, en una primera instancia, el psicooncólogo tendrá como objetivo
realizar la evaluación psicooncológica al paciente y en el caso de que se precise, también a su
familia y al equipo médico. Para ello, la autora Die Trill (2003) indica que los conocimientos y
habilidades que debe presentar el profesional para ello son los siguientes:
• Conocer e identificar las reacciones emocionales apropiadas o normales del
enfermo y de sus familiares ante el cáncer y sus tratamientos, distinguiéndolas de las
que son patológicas.
• Facilitar el tratamiento psicológico adecuado a dichas reacciones según el
momento en el que se encuentre el paciente y la familia en relación a la enfermedad.
• Identificar las reacciones emocionales inadecuadas del personal sanitario como
por ejemplo las respuestas de estrés o ansiedad o incluso el fenómeno burnout y
proporcionar la ayuda psicológica que sea la más adecuada y pertinente.
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A su vez, el Hospital Universitario de Son Espases (2013) indica que el profesional deberá:
• Evaluar la presencia e intensidad del malestar emocional y nivel de adaptación
a la enfermedad y/o su tratamiento.
• Fomentar los propios recursos del paciente para afrontar la situación.
• Facilitar el manejo de reacciones emocionales intensas como resultado del
diagnóstico o pronóstico: ansiedad, tristeza, apatía, hostilidad, sentimientos de culpa o
negación.
• Fomentar la comunicación abierta entre el enfermo, la familia y el equipo.
• Potenciar estrategias de afrontamiento a los tratamientos oncológicos y sus
efectos colaterales.
Esta serie de habilidades se trabajarán una vez que el profesional inicie el primer contacto
con el paciente. Es por ello, que la primera entrevista con el psicooncólogo resultará de gran
relevancia ya que en ella se empezarán a fomentar las estrategias ya comentadas.
[Link] entrevista en Psicooncología
Según Vidal (2006) los pacientes diagnosticados de cáncer suelen asistir a la consulta
generalmente derivados por su oncólogo, aunque a veces, también lo solicitan por su cuenta al
verse desbordados para hacer frente a la situación. Dicha autora, indica que esta primera
entrevista debe abordar tanto la realización de la evaluación psicooncológica del paciente, como
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la intervención sobre las primeras emociones creando así una sensación de alivio en el paciente
al haber acudido a consulta. Es por ello, que la primera entrevista será tanto diagnóstica como
terapéutica.
En relación a la intervención psicooncológica, según Rojas (2006) y Vidal (2006) la
intervención en esta fase de diagnóstico tendrá como objetivos principales realizar el
diagnóstico psicopatológico del paciente, evaluando a su vez, el grado de conciencia de su
enfermedad y estilos de afrontamiento. También se fomentará al paciente a que reflexione
acerca de lo que ha representado para él el cáncer y se centrará en desmontar prejuicios ligados
a la enfermedad por cuestiones culturales. A su vez, se evaluará el vínculo establecido con el
médico y se fomentará la adherencia tanto del paciente como su familia a los tratamientos
médicos.
Partiendo de la base sobre que cuestiones se desarrollarán en esta primera entrevista, lo
laborioso es indicar cómo se van a conseguir dichos objetivos. Por ello, es relevante resaltar el
aspecto que puntualizan los autores Modolell, Sanz, y Casado (2004) afirmando que el
verdadero objetivo inicial de la primera entrevista con el paciente debe ser conocer a la persona
y su situación. Y que para ello, en este primer encuentro será muy relevante cuidar ciertos
aspectos para crear una relación de confianza donde el paciente se sienta cómodo, ya que de lo
contrario será imposible realizar una evaluación psicooncológica. En esta misma línea, los
autores Arranz y Cancio (2003) afirman que para crear dicha alianza terapéutica, resultará
imprescindible una buena comunicación y una serie de conocimientos, habilidades y actitudes.
Concretamente, éstos mismos autores indican que si no se crea un “clima emocional” adecuado,
la eficacia de las técnicas se verá reducida considerablemente. Por lo tanto, establecen que
determinadas formas de relación y comunicación resultan ser terapéuticas en sí mismas,
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independientemente de la técnica o la escuela terapéutica a la que el psicólogo corresponda.
Entre estos instrumentos terapéuticos se encuentra el counselling.
3.2.1. El counselling
El counselling ha sido definido por Dietrich (1986) como:
“En su núcleo sustancial es esa forma de relación auxiliante, interventiva y preventiva, en la
que un asesor, a través de la comunicación, intenta, en un lapso de tiempo relativamente corto,
provocar en una persona desorientada o sobrecargada, un proceso activo de aprendizaje de tipo
cognitivo-emocional, en el curso del cual se pueda mejorar su disposición de autoayuda, su
capacidad de autodirección y su competencia operativa” (Arranz, y Cancio, 2003).
Como se puede derivar de su definición, esta técnica se basa en fomentar un cambio en el
propio paciente para que él mismo pueda hacer frente a la situación. Unido a este punto, Barbero
(2006) indica que se debe tener en cuenta que la mayoría de pacientes son autónomos
moralmente, por lo que la práctica clínica se basará en el hecho de que se considera que los
sujetos están capacitados para regular y tomar decisiones sobre su vida. De esta forma, los
pacientes son los protagonistas de la situación, y los profesionales deben respetar su autonomía
y dignidad como persona, siendo la relación profesional – paciente una condición de simetría
moral. Como se puede observar, la transformación a un modelo sanitario biopsicosocial y
centrado en el paciente, requiere dicho punto, potenciando así la autonomía de los pacientes.
Para que resulte más fácil entender esta primera entrevista y la importancia del counselling
en ella, se ha optado por plasmar el Protocolo Básico de Ayuda: la comunicación efectiva y
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afectiva realizado por Arranz, Costa y Cancio a partir de una adaptación de la Guía de Calgary
Cambridge (Kurtz et al., 2003) en (Costa y Arranz, 2013).
El primer paso al que hacen referencia es la preparación que se debe realizar antes del
encuentro. Para ello, indican que es positivo parar y conectar con las reacciones que nos ha
producido leer -en el caso de que haya sido posible- la biografía de la otra persona. Para ello,
se propone adoptar un estilo proactivo donde se escuchan y validan las propias emociones. A
su vez, afirman que realizar este ejercicio ayuda a disminuir el desgaste emocional que se asocia
al trabajo, permitiendo el autocuidado personal y a su vez, se dota al profesional de habilidades
para afrontar posibles situaciones críticas.
El segundo paso, consiste en el primer contacto que se tiene con el paciente, es decir la
primera entrevista, donde resultará imprescindible acogerlo y validarlo. En primer lugar, para
acoger a la persona indican que es imprescindible saludar y presentarse manteniendo el contacto
visual con una cálida sonrisa. Una vez que se inicie la entrevista y la dinámica de preguntas y
respuestas es relevante validar con gestos y palabras al paciente – siendo este uno de los puntos
clave del counselling - y sobre todo de la simetría entre paciente y profesional. Para ello algunas
de las directrices que proponen son: en todo momento escuchar sin juzgar al paciente, en el
caso de estar bajo un fuerte estado emocional no intentar razonarlo ni calmarlo. También,
legitimar opiniones, emociones o conductas, y, por último, enfatizarle al paciente que es el
protagonista de su historia, y que, por ello, resulta ser la única autoridad para gestionar y dirigir
su vida, resistiendo por parte del profesional el hecho de querer corregirlo o decirle lo que tiene
que hacer. Los autores Costa y Arranz (2013) afirman que la validación hará reducir las
resistencias por parte del paciente y provocará que se sienta aceptado y entendido, lo que
promoverá que se abran los canales de comunicación con el psicooncólogo.
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El tercer punto esencial que plantea el protocolo se basa en explorar la perspectiva del
paciente, concretamente, se indagarán sobre las cuestiones comentadas anteriormente de la
evaluación psicooncológica a la vez que ya se produce la intervención. Para ello, el profesional
le preguntará sobre qué es lo que le preocupa de su enfermedad y que alternativas se ha
planteado. Siguiendo con los principios del counselling resultará imprescindible el hecho de
preguntar ya que hará que el paciente reflexione, promoviendo el compromiso y la opción de
elegir. Algunas de las habilidades que se indican para realizar preguntas son las siguientes:
• Verificar el conocimiento y comprensión del paciente de su diagnóstico. Por
ejemplo: ¿Qué conoce acerca de su diagnóstico? ¿Sabe su nombre?
• Realizar preguntas acerca de la importancia o preocupación que tiene el paciente.
Como, por ejemplo: ¿Cuánto le preocupa la situación del 0 al 10? ¿Qué es lo que más
le preocupa?
• Efectuar preguntas cerradas y concretas para precisar y confirmar que se ha
entendido bien. Por ejemplo: ¿Exactamente qué es lo que más le preocupa?
• Invitar al paciente a que realice las preguntas que desee y hacerle saber que le
puede ayudar a clarificar sus dudas. Un ejemplo sería realizando preguntas abiertas
como; ¿Hay algo que desee preguntarme? Sabe que puede hablarme de lo que usted
desee.
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• Animar a la expresión de sus sentimientos sin temor. Un ejemplo sería indicarle
que es importante para el psicooncólogo conocer cómo se siente y que le preocupa.
• Y, por último, preguntas que fomenten un espacio para deliberar opciones y a su
vez, orientadas a la acción. Por ejemplo, se le puede plantear que le parece hablar sobre
las opciones de tratamiento y que cree él que le puede ayudar en ese proceso.
Según Costa y Arranz (2013) los tipos de preguntas que han sido expuestas serán de ayuda
para que el psicooncólogo pueda comprender como se siente el paciente y así evitar errores de
interpretación. A su vez, al preguntar, podrá ver qué tipo de estrategias de afrontamiento está
utilizando y podrá descifrar posibles mitos, prejuicios y falsas expectativas del paciente acerca
de la enfermedad, y se podrán corregir en la sesión, realizando ya una intervención.
Finalmente, el cuarto aspecto consiste en acordar la intervención con el paciente, haciéndole
partícipe en todas aquellas decisiones o actividades que se van a realizar. Al haber realizado un
proceso de empoderamiento sobre el paciente durante la sesión, está última fase debería resultar
sencilla. Entre sus objetivos, resultará muy relevante que el paciente se vaya a casa con algunas
estrategias o ejercicios para realizar. Entre ellos, se suelen indicar breves y sencillos ejercicios
de relajación para que pueda practicar en casa, o actividades que consistan en plasmar en un
papel aquellos pensamientos, sensaciones y emociones que siente cuando está preocupado,
decaído o triste. Con estos ejercicios, se fomentará que el paciente siga trabajando desde casa,
haciéndole ver que él también es capaz de generar un cambio y, además, en la siguiente sesión
se podrán abordar mejor estas cuestiones y otras que hayan surgido.
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Discusión
Tal y como se ha podido observar, siendo el cáncer considerado como una de las
enfermedades que marca un antes y un después en la vida del paciente, la atención
psicooncológica va a resultar imprescindible. Para que ésta resulte ser efectiva, cobra especial
relevancia la técnica del counselling. Dicha técnica se ha considerado una gran herramienta en
fases de crisis ya que sitúa al paciente y al profesional en una situación de simetría moral, donde
basándose desde el respeto y fomento a la autonomía, se podrá crear un clima emocional
adecuado donde el paciente podrá expresar todas sus emociones. Basándose en los principios
que postula dicha técnica, será a través de diferentes tipos de preguntas, donde el psicooncólogo
podrá ir realizando la evaluación psicooncológica a la vez que tiene lugar su intervención. El
hecho de preguntar y hacer reflexionar al paciente, le ayudará a ganar en autonomía y poder,
provocándose así el cambio. En conclusión, será desde el arte de comunicar que podrán
empezar a tener lugar los cambios positivos en relación a la situación del paciente.
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