LA ÉTICA
“Si el conocimiento no sirve para algo, entonces no sirve para nada. El principal
servicio que puede prestar todo el conocimiento acumulado al ser humano es que
ayude a este a conducirse mejor. Si entre las preguntas claves de la filosofía se
encuentra el sentido de la vida, el cómo vivirla no es lateral. Por eso, desde que el
ser humano es consciente del conocimiento, sus acciones empezaron a estar dentro
sus preocupaciones, y así poder responder: ¿Qué es lo bueno y lo malo? ¿Qué es
la felicidad? ¿Somos libres? ¿Qué criterios usa el ser humano para decidir por tal o
cual opción? Por eso dentro de la filosofía surge la ética”.
Definición de ética
La ética es una reflexión filosófica sobre los fundamentos de los actos humanos,
pero no solo de sus motivaciones o de su clasificación en buenos o malos, sino que
se pregunta por la naturaleza misma de lo bueno y lo malo.
La importancia de la ética para el buen desenvolvimiento de la vida humana es
incuestionable. De todas las partes de la filosofía, es la ética la más necesaria para
la sociedad.
Los problemas de la ética, Aunque cada filósofo puede dar una respuesta distinta a
la pregunta sobre cuáles son los problemas que busca resolver la ética, en general
se pueden mencionar: ¿En qué se basa la moral? ¿Qué son el bien y el mal? ¿Qué
es el deber? ¿Qué es la virtud? ¿Qué es la libertad?
LA DIMENSIÓN MORAL Y ÉTICA
DEL SER HUMANO
El presente fragmento, es a su manera una introducción a la discusión sobre los ámbitos que
definen la ética y la moral.
CUATRO VERSIONES DE LA ÉTICA Y LA MORAL
Es común escuchar a algunos intelectuales y políticos hablar del “comportamiento
ético y moral”, que tal acción “no es ética ni moral”, que aquel congresista merece
una “sanción ética y moral”, es decir, cada vez que hablan de lo ético lo relacionan
inmediatamente con la moral o viceversa, como si uniendo ambos términos tuviese
más importancia lo que se dice. Ese uso tan libre e impreciso esconde no sólo
confusión, sino una desvalorización de la ética en nuestro tiempo. En este ensayo,
vamos a presentar cuatro maneras de entender la ética y la moral que quizá
sean las más comunes, de ese modo ayudarnos a esclarecer las implicancias y
consecuencias de cada definición.
Primera versión. Académicamente suele considerarse a la ética como una
disciplina teórica que pertenece a la filosofía cuya tarea es estudiar la moral,
definición que podemos encontrarla en manuales de introducción a la ética. Esta
disciplina también es conocida como filosofía moral. Mientras que la moral también
denominada moralidad es el ámbito de la experiencia social donde se ponen en
juego normas, valores y acciones, es decir, el espacio de las costumbres
tradicionales sobre lo bueno y justo que son considerados obligatorios en una
sociedad. Esta distinción ha sido hecha por buena parte de los eticistas
contemporáneos. También Augusto Salazar hizo suya dicha distinción cuando
sostuvo que “La investigación filosófica de estos problemas relativos a la
conducta humana es la tarea de la Ética o Filosofía moral” (Salazar s/f, 141). Y
entendía la moral como “el orden de valores y deberes en el cual está instalado
el ser personal y en contacto con el cual desenvuelve su conducta” (Ibíd.).
Desde ese punto de vista, existirían problemas éticos distintos de los problemas
morales. Tipos de problemas éticos serían los siguientes: ¿qué es el bien?,
¿qué es la justicia?, ¿cuándo una norma es moral?, etc. Tipos de problemas
morales serían: ¿debo decirles la verdad a mis padres?, ¿puedo utilizar a mi
amigo para lograr mis propios fines?, ¿puedo faltar a la verdad para no dañar
a mi hermano? Esta primera forma surgió, entre otras cosas, debido a la
especialización de los conocimientos en el siglo XX. La filosofía siguió los pasos de
dicha especialización y surgieron las disciplinas filosóficas, dentro de la cual se
encontraba la ética.
Segunda versión. La ética sería el ámbito de las decisiones y acciones que
afectan a la familia, la sociedad y al Estado, es decir, la ética como una
actividad social y política. Mientras que la moral sería el ámbito de la subjetividad:
pensamientos, sentimientos, voluntad, deseos e intereses. Por ejemplo, una
persona sería ética cuando defiende a los pobres, trabaja por construir una sociedad
justa, es solidaria, pero sería moral cuando tiene buena voluntad, intención de
ayudar a los otros, buenos deseos, pensamientos altruistas, etc. Así, si esa
persona dice que tiene un “compromiso moral y ético” estaría refiriéndose a
que su vida interior y exterior, su mente y acciones se encuentran
involucrados en el logro de algún objetivo que involucra el bienestar de otros.
Este parece ser el uso frecuente de nuestros intelectuales y políticos.
Esta segunda forma tiene dos antecedentes. Una es hegeliano, porque fue
Hegel quien consideró a la ética (Sittlichkeit) como el reino de la “voluntad objetiva”
cuya sustancia abarca la familia, la sociedad civil y el Estado (Hegel 1968, 65,
parágrafo 33). Es el ámbito de la “exigencia” que surge de la “relación y del deber-
ser” (Ibíd. Parágrafo 108). En tanto que la moralidad (Moralität) es el ámbito del
derecho de la “voluntad subjetiva” (Ibíd. Parágrafo 33), lo que Kant consideraba la
parte más importante: la conciencia del deber. Y en dicha conciencia racional
encontraba Kant los principios de la moral. Si bien es cierto que Hegel hizo la
distinción entre derecho y moral para luego realizar una síntesis dialéctica en
la ética, sin embargo, la cultura moderna ha marcado más la contraposición
moral-ética que la superación dialéctica de ambos. Quizá porque nos cuesta
vernos y sentirnos como seres relacionales, marcados irremediablemente por
la intersubjetividad.
Dentro de esta segunda versión hay otro antecedente. Aquellos que
entienden la ética como un asunto social y la moral un asunto personal, por
ejemplo, si alguien es un buen político es ético, pero todo lo que tenga que ver con
la forma de tratar a su familia, su promiscuidad, el uso de drogas, eso sería juzgado
dentro de su moral personal, donde los demás no tienen derecho de intervenir. Sin
duda, esta forma de entender la moral está marcada por la concepción liberal
del hombre y de la vida humana, donde la moral se convierte en un asunto
privado. Mientras que el ámbito de lo ético puede ser el lugar de los
consensos, donde nos ponemos de acuerdo sobre nuestros intereses que
afectan a los demás, pero sin limitar nuestra libertad personal. Bien puede el
contractualismo, expresión política del liberalismo, ser colocado en esta variante.
Tercera versión. La ética es el arte de aprender a vivir bien, por lo tanto,
abarca y trasciende lo moral, porque busca una vida armónica articulada con
las distintas dimensiones de la vida humana. La moral es el ámbito personal-
social donde experimentamos con valores, normas, juicios, etc., contenidos y
trasmitidos por la tradición. Desde ese punto de vista, todos nacemos dentro
de una moral social, pero tenemos la tarea de convertirnos en seres éticos.
Esta tercera forma es de tradición socrática, ya que hace suyo el mensaje de
no vivir por vivir sino vivir bien, llevando una vida meditada. La ética no se
reduce en esta versión ni a lo privado ni a lo público, ni a lo individual o social,
sino que es la forma de aprender a vivir bien con otros. De esa manera había
que entender precepto délfico “conócete a ti mismo”, en donde la ética es una
búsqueda de la vida buena. Mientras que la moral es lo recibido por la tradición,
muchas veces aceptadas sin razón dialógica alguna, costumbres que nos enseñan
distinciones cualitativas morales a veces sin justificación alguna. Pero es en la
tradición que los humanos aprendemos a construir nuestra vida ética, con críticas,
revisiones, intercambios de opiniones, reflexiones, etc., es decir, la construcción
dialógica de la ética se da en el terreno de la tradición.
Desde este significado, los problemas morales son importantes en tanto
que ahí ejercitamos nuestro pensamiento reflexivo y crítico y eso ya es el
inicio del pensar ético. La ética agrega una visión racional a los problemas
morales que afrontamos. De ese modo, el pensar ético nos dice algo a nuestra
moral heredada, entra en diálogo con ella. Existiría pues una relación fluida entre
la ética y la moral, pero dicha relación no es entre lo exterior y lo interior, entre
lo social y lo personal, sino entre lo pasivo y lo dinámico, entre el vivir por
vivir y el anhelo de vivir bien, entre una vida mecánica y sin sentido y una vida
atenta.
Cuarta versión. Es aquella que no hace ninguna distinción entre ética y
moral, ya que todo se da en la misma realidad. Por ejemplo, nos dice Francisco
Miro Quesada desde la filosofía profesional: “La disciplina filosófica que estudia
racionalmente los problemas relacionados con la posibilidad de saber cuáles deben
ser los fines últimos de nuestra acción se denomina ética o moral” (Miro Quesada
1981, 125). Mucha mayor confusión produce dicha identificación en el plano social,
porque puede llevar a confundir el discurso moralista con un discurso ético.
Las cuatro maneras de entender la ética y la moral pueden generar
problemas y confusiones. Por ejemplo, en la primera versión, puede darse el
caso que para ser un profesor de ética no necesite ser una persona moral,
dado que enseña pura teoría que no compromete a su práctica. Además,
ocasiona la ambigüedad del termino: moral como realidad social y moral como
acto bueno. En la segunda versión, puede darse el caso de una persona que
obre legalmente en un proceso (es decir, éticamente), pero esconda
sentimientos de venganza, mezquinos intereses, mala voluntad (es decir, sea
inmoral). También esa división entre subjetivo/objetivo, interior/exterior, trae
como consecuencia un conflicto entre voluntad libre y responsabilidad social.
La cuarta versión también genera serias confusiones porque, desde el plano
filosófico que los identifica, no podría hablarse de una moral religiosa ya que
utiliza criterios de fe y no reflexiona racionalmente. Pero también desde la vida
cotidiana no podríamos distinguir entre una obligación de un padre hacia su hijo de
la reflexión teórica del deber. Lo que hace el padre y lo que hace el eticista serían
lo mismo.
La tercera versión es la que considero menos problemática porque si bien
no confunde los planos, los interrelaciona, los integra dentro de una visión de
hombre que abarca lo subjetivo y lo objetivo, lo personal y lo social, lo humano
y lo no humano. Desde esta tercera versión, no existe razón para dejar de
considerar la ética como disciplina filosófica, es decir, como actividad teórica, cuya
labor es pensar reflexiva y críticamente sobre la moralidad socialmente heredada.
Pero no es sólo eso. Es un pensar que nos involucra y nos pide una respuesta
personal. Al modo griego, en materia de ética estamos en un terreno que nos
envuelve, donde nosotros mismos somos dicho terreno, por eso —
parafraseando a Aristóteles— no se trata de pensar sobre la virtud para
aprender teóricamente lo que es, sino para ser virtuosos. De ese modo,
podemos seguir sosteniendo que el “objeto de estudio” de la ética es la
moralidad social, pero añadiendo que en dicha moralidad estamos implicados
cada uno de nosotros. Eso no permitiría, como ya he sostenido (Polo 2001, 32-
37), la separación entre el que hace el discurso y el mismo discurso teórico.
¿Qué es lo que tiene que hacer el eticista? Creo que son tres grandes
cosas: comprender, evaluar y proponer. Comprender la moral heredada en
sus distintas manifestaciones, su devenir histórico y estado actual, dar cuenta
de la moral en la vida humana en sus distintas formas de constituirse (niveles
personales, sociales, políticos). Evaluar que es tanto justificar como criticar.
Justificar las creencias morales que se poseen en la medida que sean
racionalmente defendibles, saber por qué se cree lo que se cree, tanto en
materia de virtudes, normas y valores que sustentan la vida moral de un
pueblo o comunidad cultural. Criticar las morales tradicionales cuando éstas
han olvidado sus fuentes primigenias o cuando se han desgastado. Proponer
o prescribir caminos para solución de conflictos, así como para la promoción
y construcción de la sociedad ética. Todo esto acompañado de una coherencia
personal, tan difícil de lograr en nuestros días. De ese modo, reducir la brecha entre
lo que es y lo que debería ser, entre lo fáctico y lo normativo, entre lo que somos y
lo que podríamos ser.
Todas estas versiones de la ética y la moral conviven en la sociedad actual,
generando muchas veces confusión y conflicto, ya que cada forma de entenderlas
genera formas de vida. Este significado impreciso de la ética y la moral es parte de
nuestra incertidumbre actual, hasta el punto que tienden a hacerse
inconmensurables como lo sostiene MacIntyre. Ante tal estado, lo único que nos
queda es seguir indagando, buscando, alimentados por la necesidad de
esclarecer más esta dimensión humana tan importante para vivir personal y
socialmente.
POLO S. Miguel A. La morada del hombre: ensayos sobre la vida ética. Lima,
UNMSM. Fondo Editorial; Instituto de Salud-MSC Cristóforis Deneke, 2004.