N°407
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IEMBRE
2019
BOLETÍN
DE LA
ACADEMIA
NACIONAL
DE LA
HISTORIA
ה
N° 407
JULIO-SEPTIEMBRE
2019
COMISIÓN DE PUBLICACIONES
Dr. Elías Pino Iturrieta
Dr. Pedro Cunill Grau
Dra. Inés Quintero Montiel
Dr. Germán Carrera Damas
COMITÉ EDITORIAL
Dra. Carole Leal Curiel
Dra. Inés Quintero Montiel
Dr. Manuel Donís Ríos
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
CARACAS-VENEZUELA
JULIO-SEPTIEMBRE 2019
COMPILACIÓN
María del Consuelo Andara D.
DIAGRAMACIÓN
Consuelo Iranzo
DEPÓSITO LEGAL
ISSN 02547325
ESTA EDICIÓN HA SIDO FINANCIADO BAJO LOS COAUSPICIOS DE
LA FUNDACIÓN BANCARIBE PARA LA CIENCIA Y LA CULTURA Y LA
ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA.
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
CARACAS – VENEZUELA
(Fundada el 28 de octubre de 1888)
INDIVIDUOS DE NÚMERO
I. GUILLERMO MORÓN
II. CARLOS F. DUARTE
III. MARIO SANOJA OBEDIENTE
IV. MARIANELA PONCE
V. JOSÉ DEL REY FAJARDO
VI. ELÍAS PINO ITURRIETA
VII. JOSÉ RAFAEL LOVERA
VIII. PEDRO CUNILL GRAU
IX. INÉS MERCEDES QUINTERO MONTIEL
X. GERMÁN CARRERA DAMAS
XI. MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA
XII. EDGARDO MONDOLFI GUDAT
XIII. MANUEL DONÍS RÍOS
XIV. MARÍA ELENA PLAZA DE PALACIOS
XV. DIEGO BAUTISTA URBANEJA
XVI. ROGELIO PÉREZ PERDOMO
XVII. TOMÁS STRAKA
XVIII. CAROLE LEAL CURIEL
XIX. P. LUIS UGALDE, S.J.
XX. GUSTAVO VAAMONDE
XXI. CATALINA BANKO
JUNTA DIRECTIVA 2019-2021
DIRECTORA: DRA. CAROLE LEAL CURIEL
PRIMER VICE DIRECTOR: DR. EDGARDO MONDOLFI GUDAT
SEGUNDO VICE-DIRECTOR: DRA. INÉS QUINTERO MONTIEL
VICE DIRECTOR SECRETARIO: DR. GUSTAVO VAAMONDE
VICE-DIRECTOR ADMINISTRATIVO: DRA. CATALINA BANKO
VICE-DIRECTOR DE PUBLICACIONES: DR. MANUEL DONÍS RÍOS
VICE-DIRECTOR BIBLIOTECARIO-ARCHIVERO: DR. TOMÁS STRAKA H.
Los Académicos de Número y miembros correspondientes son colaboradores natos de
este Boletín. La colaboración de todos los autores es arbitrada. Ni la Academia Nacional
de la Historia ni la Comisión Editora de su Boletín son necesariamente responsables de
las ideas expresadas por los colaboradores.
ה ÍNDICE
Pag. 5 PRESENTACIÓN
Pag. 9 SIMPOSIO
A 200 AÑOS DEL CONGRESO DE ANGOSTURA
Pag. 10 ANGOSTURA: LA PRIMERA REPÚBLICA BOLIVARIANA
ELÍAS PINO ITURRIETA
Pag. 18 UN “FENÓMENO DE LAS REVOLUCIONES” EN EL
CONGRESO DE ANGOSTURA
MANUEL DONÍS RÍOS
Pag. 31 EN EL UMBRAL DE LA INDEPENDENCIA. EL ORDEN
COMO PRIORIDAD Y LA LIBERTAD COMO PROMESA.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA
Pag. 64 ANGOSTURA Y EL COMERCIO EXTERIOR EN TIEMPOS
DE GUERRA (1817-1822)
CATALINA BANKO
Pag. 76 LA IGLESIA EN EL CONGRESO DE ANGOSTURA
LUIS UGALDE S.J.
Pag. 85 EL CONGRESO DE ANGOSTURA: LINEAMIENTOS
INSTITUCIONALES PARA LA CONSOLIDACIÓN DE LA
INDEPENDENCIA Y LA UNIÓN AMERICANA
GUSTAVO VAAMONDE
Pag. 97 ESTUDIOS
Pag. 98 ALEXANDER VON HUMBOLDT
O EL VIAJERO AMABLE (1799-2019)
EDGARDO MONDOLFI GUDAT
Pag. 120 DE LA DEMOCRACIA A CHÁVEZ
HÉCTOR SILVA MICHELENA
ה PRESENTACIÓN
En la primera parte de este número se publican las ponencias presentadas
por los Individuos de Número durante el Simposio Bicentenario del
Congreso de Angostura, celebrado el 11 de julio de 2019 en la sede de la
Academia Nacional de la Historia, en el cual participaron los académicos
Elías Pino Iturrieta, Manuel Donis Ríos, María Elena González Deluca,
Catalina Banko, Luis Ugalde S.J. y Gustavo Vaamonde.
El académico Elías Pino Iturrieta, en su texto titulado La Primera
República Bolivariana, destaca el Discurso de Angostura, pronunciado
por Simón Bolívar en Angostura en 1819, como uno de los documentos
más influyentes de la historia de Venezuela. En su opinión, el documento
no solo refleja la orientación política republicana que predomina entonces,
sino también permite entender la sociedad que permanece en el futuro.
El autor se propuso desarrollar cómo pensó Bolívar su república en 1819 y
cómo la fabricó y entendió en nuestros días un “soldado de la actualidad”.
El trabajo del académico Manuel Donís Ríos, titulado Un “fenómeno
de las Revoluciones” en el Congreso de Angostura, evalúa la calificación
de fenómeno que José Domingo Díaz −encargado de la redacción
de la Gaceta de Caracas en 1819− hiciera del eclesiástico, Doctor en
Cánones y en Derecho Civil, Ramón Ignacio Méndez, firmante del Acta
de Independencia en 1811. Méndez, capellán y lancero en el ejército del
general Páez, repitió como diputado por Barinas en Angostura, cambiando
la lanza por el atavío de parlamentario, y demostró su republicanismo
con hechos: rechazó la imposición civil sobre los privilegios de la iglesia,
defendió los privilegios de la institución eclesiástica y se identificó con los
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ideales de Bolívar, viendo en él la salvación de la moralidad, el orden civil
y la religión de la república.
Seguidamente se presenta el trabajo de la académica María Elena
González Deluca, quien, bajo el título En el umbral de la independencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa, examina cómo
después de perdida la primera república en 1812 la política fue “más
acción” que pensamiento, y cómo justamente a partir de 1819, en
Angostura, las ideas encontraron un nuevo foro de debate que supuso el
regreso a las deliberaciones que había caracterizado el inicio e instalación
de la república. Se detiene extensamente la autora sobre las circunstancias
cambiantes de los años de guerra, las acciones militares de caudillos
regionales carentes de coordinación, las acciones decisivas del año 1813
6 −Santiago Mariño en el Oriente y Bolívar en el Occidente y la recuperación
de Caracas−, las tensiones de concepciones encontradas de los proyectos
de gobierno de Bolívar y Mariño, la desbandada que se inicia a partir de
1814, y el reflujo obligado del movimiento independentista entre 1814 y
1816 que apenas sobrevivía en contados focos con Páez en Apure y algunas
partidas de guerrillas en el oriente del país. Asimismo, evalúa González
Deluca las dificultades de Bolívar para imponerse como el líder y jefe
supremo de los independentistas y rescata el significado y peso que tuvo en
el contexto hispanoamericano la instalación del Congreso de Angostura,
y la imposición de un nuevo orden político, militar y social, en el cual la
libertad, al amparo de un ideal sin plena vigencia, se “forjó” −afirma la
autora− “en el campo de batalla” y no por decisión de los legisladores.
Por su parte, la académica Catalina Banko, en Angostura y el
Comercio Exterior en tiempos de guerra (1817-1822), luego de hacer
un recorrido por las grandes dificultades económicas que se vivieron a
partir de 1811 producto de la Guerra de Independencia, se detiene en
el año 1815 cuando, debido a la ocupación de la región central por los
realistas, estos iniciaron una reconstitución de las relaciones económicas
con algunas colonias. Y muestra cómo con la ocupación de la Provincia de
Guayana por los republicanos en 1817, Angostura, su capital, se convirtió
Presentación
en el epicentro del comercio exterior, además de centro estratégico y
político de primer orden. Destacó en un primer momento el arribo de
comerciantes ingleses, pero las posibilidades ciertas de la liberación de
la totalidad del territorio nacional pronto atrajeron capitalistas de otras
latitudes. A partir de 1821, Caracas y su puerto de La Guaira retomaron
su rol de centro económico de la República, dirigiendo Inglaterra sus
esfuerzos para establecer relaciones económicas con la República de
Colombia, de la que formamos parte hasta 1830.
El académico Luis Ugalde S.J., en un artículo que lleva por título
La Iglesia en el Congreso de Angostura, nos advierte que la manera como
consideremos debe ser la relación entre la Iglesia y el Estado, determinará
la lectura de los hechos y decisiones del Congreso de Angostura: Si se
piensa que lo ideal es el sometimiento de la iglesia católica a la naciente 7
república; o, por el contrario, que esta debe supeditarse a la iglesia. El
padre Ugalde lee la presencia de la iglesia y del tema eclesiástico desde
la visión del Concilio Vaticano II, asamblea que actualizó temas que
marcaban la ruptura e incomprensión entre la iglesia católica y el mundo
moderno. Y concluye que la Constitución de 1819 no era confesional y dejó
la puerta abierta a la tolerancia y al apoyo de naciones no católicas como
Inglaterra que, en aquellos momentos, estaba presente en Angostura con
más de cinco mil legionarios, la mayoría protestantes, que sirvieron bajo
las órdenes del Libertador. Sumemos que los congresistas tuvieron la
intención de firmar un Concordato con la Santa Sede y en esta dirección,
el presidente del Congreso, Juan Germán Roscio, giró instrucciones:
había que dejar atrás la identificación de la fe católica con el Antiguo
Régimen y la monarquía española; y trabajar para que naciera una iglesia
que aceptara la soberanía popular y el gobierno legítimo nacido de la
voluntad de los americanos.
Finaliza la primera parte de este Boletín con el trabajo del
académico Gustavo Vaamonde, titulado El Congreso de Angostura:
lineamientos institucionales para la consolidación de la Independencia
y la unión americana. El autor revisa la realidad histórica desde 1811,
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necesaria de conocer para poder comprender el proceso constituyente e
integrador presente en Angostura en 1819. En su opinión, el propósito
fundamental en Angostura fue rescatar formalmente los derechos de la
soberanía fundamentada en la voluntad popular. Además, señala, este
segundo Congreso Constituyente tuvo un segundo objetivo prioritario:
lograr la unión entre la Nueva Granada y Venezuela. Los antecedentes del
Congreso de Cúcuta de 1821 se encuentran en su homónimo de Angostura.
En la segunda parte, sección Estudios, se incluye un artículo
del Individuo de Número, Edgardo Mondolfi Gudat, que lleva por
título Alexander von Humboldt o el viajero amable (1799-2019). Con
un enfoque novedoso, el historiador dedica estos apuntes a Humboldt
como viajero amable, aquél que se detiene en la comprensión de la
8 realidad social circundante más allá del aspecto científico en su viaje
por Venezuela. Se detiene el alemán, por ejemplo, en las consecuencias
negativas de tipo poblacional y ocupación del territorio que trajo la
expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 en el selvático y casi desierto
Alto Orinoco, en el que solo encontró algunas misiones franciscanas. Las
observaciones del alemán son singulares para la época, concluye el autor
y en ellas no hay el menor gesto de menosprecio hacia el elemento nativo.
Cierra el Boletín con el trabajo del economista Héctor Silva
Michelena titulado De la Democracia a Chávez. La democracia, expresa,
siempre ha sido “una ecuación compleja” para los venezolanos, existiendo
factores internos que han impedido su consolidación y el paso a una
democracia participativa y protagonista. Destaca que, entre 1960-1999,
Venezuela vivió el único período de su historia republicana en el cual el
liderazgo civil-democrático se erigió como el factor central del sistema
político nacional. Esto cambió radicalmente con la llegada al poder
del comandante Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro. Sostiene
Silva Michelena que en la actualidad debe pensarse en mecanismos no
electorales para cambiar la grave situación política y humanitaria. En su
opinión debe contarse con una combinación de protestas y la presión del
mundo occidental para producir un quiebre dentro del Gobierno.
ה Simposio
A 200 años del Congreso de Angostura
Caracas, 11 de julio de 2019
ה ANGOSTURA:
LA PRIMERA REPÚBLICA BOLIVARIANA1
ELÍAS PINO ITURRIETA
El Discurso de Angostura, pronunciado por Bolívar ante los diputados
que convoca en 1819 para la reconstrucción de la república, es uno de los
documentos más influyentes de la historia de Venezuela. No solo refleja
un pensamiento capaz de resumir la orientación política que predomina
en uno de los capítulos esenciales de la Independencia, sino también
un entendimiento de la sociedad que permanece en el futuro. La idea
de la sociedad y de la forma de gobernarla que contiene el documento
pretende la oferta de una base sólida a un proyecto urgido de rectificación
y llamado a perdurar, a la cual han acudido los políticos de la posteridad
para sostener sus planes en la época que les ha tocado, o como referencia
retórica. Es, por lo tanto, uno de los testimonios históricos que mejor ha
resistido el paso del tiempo, y al cual se puede acudir cuando la república
del futuro pasa aprietos que pudieran relacionarse con sus contenidos, o
que pudieran encontrar explicación en la propuesta que entonces hace el
autor.
No debemos olvidar que hoy vivimos en la República Bolivariana
de Venezuela, es decir, en una especie de creación confesional que tiene
como base, según el texto constitucional, el pensamiento de Simón
Bolívar. En consecuencia, que se trate de establecer un vínculo entre lo
que pensó el héroe de 1819 con lo que pudo considerar un protagonista de
nuestros días sobre lo que convenía a la colectividad, no parece exagerado.
Trataremos de ver cómo pensó el héroe su república en 1819, en cuanto
posibilidad de entender cómo la fabricó o destruyó después un soldado
1
Ponencia presentada en el Simposio A 200 años del Congreso de Angostura celebrado
el 11 de julio de 2019 en la Academia Nacional de la Historia.
ELÍAS PINO ITURRIETA Angostura: la primera república bolivariana
de la actualidad según lo que puedan relacionar o imaginar quienes lean
y oigan esta ponencia ahora. Tal vez descubramos una familiaridad que
no es superficial, ni que se sugiere por capricho.
Sobre la solvencia de lo que Bolívar piensa en 1819 sobre la
república conviene recordar que no la había observado con buenos ojos
en la víspera. El Manifiesto que publica en Cartagena en 1812 pretende su
desmantelamiento y es la antesala de su dictadura personal, después de
proclamar la Guerra a Muerte. La Carta de Jamaica, escrita en 1815, es la
reivindicación del gobierno administrado por los blancos criollos, según
he tratado de mostrar en otro lugar. El documento de 1812 denuncia la
existencia de ¨repúblicas aéreas¨ que se deben reformar con el auxilio
del hierro y a través de una influencia personal. La correspondencia de
1815 es una reflexión que pretende cambiar el camino del rigor y del 11
holocausto por la sabiduría de los “padres de familia”, una diferencia con
la propuesta anterior, pero una insistencia en torno al encuentro de un
gobierno adecuado para los venezolanos en cuyo centro está presente la
consideración del republicanismo. Lo que presenta en Angostura ante los
diputados no es una improvisación, por consiguiente, sino la muestra de
una evolución sobre las formas de gobierno para la nación en ciernes,
un conjunto de planteamientos que ha elaborado en el último lustro y
que considera maduros, es decir, susceptibles de presentación ante un
congreso encargado de hacer la nueva Constitución de la República.
Un acercamiento a la reunión de Angostura debe considerar que
es producto de una iniciativa personal, a través de la cual se pretende
la liquidación de la decisión del individuo que la ha producido para dar
paso a un sistema de frenos y contrapesos a través del cual se llegue a la
meta todavía inaccesible de una democracia liberal e ilustrada por la que
se ha derramado la sangre. Se está dando un paso en la construcción de
domicilio consistente para la convivencia de nuevo cuño, en principio,
pero las palabras iniciales del convocante pueden ponernos a cavilar si se
analizan con cuidado. Veamos:
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Señor. ¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de
su mando ha convocado la soberanía nacional para que ejerza
su voluntad absoluta! Yo, pues, me cuento entre los seres más
favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor
de reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este
augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de
la voluntad soberana y árbitro del destino de la nación.2
Y a continuación:
¡Legisladores! Yo deposito en vuestras manos el mando supremo
de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros
a la felicidad de la República; en vuestras manos está la balanza
de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria, ellas sellarán
los decretos que fijen nuestra libertad. En este momento el Jefe
Supremo de la República no es más que un simple ciudadano;
y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré, sin embargo, en la
carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela.3
12
Dos cuestiones de importancia se advierten en el comienzo del
Discurso, que es lo que se ha copiado. La vuelta a la república no se produce
por una decisión colectiva, sino por la voluntad del Jefe Supremo. Es la
más accesible de las vías para juntar una representación de la sociedad
debido a la situación de guerra, desde luego, pero no es un detalle que
debe pasar inadvertido. Quizá piensen que desde ahora se está buscando
la quinta pata del gato, especialmente porque el anfitrión afirma que lleva
a cabo un acto público y solemne de despedida. Sin embargo, pese a que
pueda suponerse que solo leemos la letra pequeña, en realidad el orador
no se está despidiendo, o lo hace en términos retóricos. ¿No adelanta
que continuará en el ejército mientras permanezca la contienda con los
realistas? ¿Quién tiene entonces la sartén por el mango, los diputados,
los letrados, los sacerdotes o el oficial de más alto rango? Estamos ante
un curioso adiós debido a que, además, el supuesto peregrino quiere
proponer una Constitución. Le pone demasiados escollos a la partida, o
quiere que los oyentes los encuentren.
2
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura” en: Documentos que hicieron historia,
Caracas, Ediciones Presidencia de la República, Caracas, 1989, tomo I, p. 210.
3
Ibídem, pp. 211-212.
ELÍAS PINO ITURRIETA Angostura: la primera república bolivariana
En especial porque, más adelante, hace en extenso párrafo el
encomio de los hombres armados en cuya cabeza se encuentra.
Representaros la historia militar de Venezuela, sería recordaros
la historia del heroísmo republicano entre los antiguos; sería
deciros que Venezuela ha entrado en el gran cuadro de los
sacrificios hechos sobre el altar de la libertad. Nada ha podido
llenar los nobles pechos de nuestros generosos guerreros,
sino los honores sublimes que se tributan a los bienhechores
del género humano. No combatiendo por el poder, ni por
la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan solo por la libertad,
títulos de libertadores de la República, son dignos galardones.
Yo, pues, fundando una sociedad sagrada con estos ínclitos
varones, he instituido el orden de los Liberadores de Venezuela.
¡Legisladores! A vosotros pertenecen las facultades de conocer
los honores y decoraciones, vuestro es el deber de ejercer este
acto augusto de la gratitud nacional.
13
Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos
los bienes que antes poseían, como el producto de su virtud y
talentosos hombres que han experimentado cuanto es cruel en
una guerra honrosa, padeciendo las privaciones más dolorosas,
y los tormentos más acerbos, hombres tan beneméritos de
la patria, han debido llamar la atención del gobierno. En
consecuencia he mandado recompensarlos con los bienes de
la nación. Si he contraído para con el pueblo alguna especie
de mérito, pido a sus representantes oigan mi súplica como
el premio de mis débiles servicios. Que el Congreso ordene la
distribución de los bienes nacionales, conforme a la ley que a
nombre de la República he decretado a beneficio de los militares
venezolanos.4
Habla de un género de individuos, cuya participación en la Inde-
pendencia ha sido el producto de un cúmulo de virtudes que los hacen
excepcionales. Pondera la existencia de un conjunto insólito de hombres
de armas que jamás pensaron en el beneficio material, mucho menos
en los provechos del botín o del saqueo, pero para quienes ordena los
beneficios económicos que supuestamente no les interesan y que no
4
Ibídem, p. 237.
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deben quedar en hecho aislado. Salta a la vista el vínculo del orador con
los militares, es decir, la posibilidad de mantenerse en la cumbre de la
escena, pero no a solas sino mediante la elevación de los oficiales y de la
tropa que consagren las instituciones, en este caso, los representantes del
pueblo. De nuevo conviene recordar que se lleva a cabo la guerra contra
el trono y que todavía debe pasar la sociedad de entonces por aprietos
dependientes de pólvoras y lanzas, pero también que la asociación, debido
a que es promovida por el héroe calificado como Padre de la Patria, puede
tener repercusiones en el porvenir.
Como también, en especial, la idea que se ha formado del pueblo
para cuyo gobierno propone ahora el manual que se debe redactar en
breve. Aunque tal idea se expresa en el conjunto más socorrido de sus
14 afirmaciones, vamos a recordarla:
Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la
tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder,
ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros las lecciones
que hemos recibido, y los ejemplos que hemos estudiado son
los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más
que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien
que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas;
un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia
destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad
y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento
político, económico o civil; adoptan como realidades las que son
puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición
por el patriotismo; la venganza por la justicia. Semejante
a un robusto ciego que, instigado por el sentimiento de sus
fuerzas, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz,
y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos. Un
pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a
perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la
felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de
las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más
inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las
buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes;
que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así,
legisladores, vuestra empresa es tanto más ímproba cuanto que
tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del
ELÍAS PINO ITURRIETA Angostura: la primera república bolivariana
error, y por incentivos nocivos. ¨La libertad –dice Rousseau–
es un alimento suculento, pero de difícil digestión¨. Nuestros
débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu
mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la
libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada
su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por
las pestilencias serviles, ¿serán capaces de marchar con pasos
firmes hacia el augusto templo de la libertad? ¿Serán capaces de
admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión
el éter puro que allí reina?5
Quiere hacer una república, pero no encuentra republicanos. Está
empeñado en el logro de la felicidad del pueblo, pero el destinatario no
sabe de qué se trata ni está, por lo tanto, dispuesto a participar en la obra.
Solo hay un repertorio selecto de venezolanos, el que habla y quienes lo
escuchan, en la vanguardia de la nave. También están los imprescindibles 15
señores de la guerra, desde luego. Los demás son galeotes desafortunados.
Bolívar declara la inhabilidad de la sociedad para la fundación de una
república moderna y democrática en cuyo centro reine la libertad.
Pero no plantea una incapacidad natural, sino histórica y, por lo tanto,
superable. La incompetencia se debe a la dependencia de la cultura
colonial y desaparecerá cuando se extirpen las raíces de la influencia del
conquistador. Tal vez hubiera sentido la enormidad de su sentencia con
solo mirarse en la tribuna y al contemplar a los diputados de Angostura,
criaturas nacidas en el pasado que ahora condena y de cuyo seno salieron
con luces de sobra para cortar un nexo fundamental, un cordón de
siglos y de sensibilidades. Ahora, sin reflexionar sobre el origen de sus
pericias, los ve como extirpadores de una tradición nefasta si hacen lo
que deben hacer para que los estómagos del común se adapten a la cocina
de Rousseau.
Muchos historiadores se han detenido en la preocupación bolivariana
de levantar un Ejecutivo fuerte y centralizado que evite la dislocación de la
5
Ibídem, pp. 214-215.
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sociedad que da sus primeros pasos, y en las prevenciones que le provoca
la posibilidad de que las pasiones de la multitud impidan la estabilidad
de la república. De allí que hayan examinado sus designios de Angostura
para la creación de un senado hereditario, dique capaz de impedir
colisiones entre el pueblo y su gobierno, y para el establecimiento de un
Poder Moral que se ocupe de meter a las masas en el sendero de la virtud.
Sin embargo, la faena que pretende encargar a los detentadores de ese
Poder Moral es tan meticulosa, pero también tan excesiva en el control de
la vida de unos hombres considerados como educandos obligatorios, de
una especie de cohorte de párvulos susceptibles de invasión pedagógica
sin fin, que conviene volver de nuevo a sus cometidos, esta vez con
asombro. Así, por ejemplo:
16 (…) demos a nuestra República una cuarta potestad cuyo dominio
sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público,
las buenas costumbres y la moral republicana. Constituyamos
este areópago para que vele sobre la educación de los niños,
sobre la instrucción nacional; para que purifique lo que se
haya corrompido en la República; que acuse la ingratitud, el
egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia
de los ciudadanos; que juzgue de los principios de corrupción,
de los ejemplos perniciosos; debiendo corregir las costumbres
con penas morales, como las leyes castigan los delitos con penas
aflictivas, y no solamente lo que choca contra ellas, sino lo que las
burla; no solamente lo que las ataca, sino lo que las debilita; no
solamente lo que viola la Constitución, sino lo que viola el respeto
público. La jurisdicción de este tribunal verdaderamente santo,
deberá ser efectiva con respecto a la educación y a la instrucción,
y de opinión solamente en las penas y castigos. Pero sus anales,
o registros donde se consignan sus actas y deliberaciones; los
principios morales y las acciones de los ciudadanos, serán los
libros de la virtud y del vicio. Libros que consultará el pueblo
para sus elecciones, los magistrados para sus resoluciones, y los
jueces para sus juicios. Una institución semejante que más que
parezca quimérica, es infinitamente realizable que otras que
algunos legisladores antiguos y modernos han establecido con
menos utilidad del género humano.6
Ibídem, pp. 233-234.
6
ELÍAS PINO ITURRIETA Angostura: la primera república bolivariana
Las posibilidades de clasificación que propone nos colocan ante un
desafío anti republicano provocado por la desconfianza que el pueblo
le produce, pero especialmente por el papel de tutor que se atribuye.
Pretende la creación de una cátedra susceptible de hacer de los ciudadanos
el material de un filtro manejado desde una única atalaya, de un juzgado
de cualidades y torpezas que determinará el destino de los hombres en
el parecer de una república incapaz de juzgarse por sí misma. No habla
de un estrado finito, de una fiscalización que terminará su trabajo en un
tiempo determinado, sino de una actividad permanente. Puestos ante
un descomedimiento, frente a un exceso sin paliativos, los diputados
de Angostura sugieren al proponente que le deje el proyecto al futuro,
que ya habrá oportunidad de ponerlo en práctica, que es mejor ocuparse
de negocios perentorios cuando el establecimiento por el cual luchan
se encuentra todavía en pañales rodeado de enemigos, y así detienen el
17
designio.
El republicanismo es ahora encarnado cabalmente por los
representantes del pueblo, pese a que deben sus curules a la voluntad
del Jefe Supremo que se despide sin ganas de partir y quien termina
quedándose en el cargo hasta cuando una enfermedad terminal le
aconseja lo contrario, once años más tarde.
Si era lo que buscaba de veras, para el cometido se sirvió del papel
de las deliberaciones, de la compañía de los hombres de armas y de la
presunción de enseñar al pueblo los principios de civilidad que no podía
aprender por su cuenta. Si hablaba de buena fe y desde un convencimiento
pleno, desde la seguridad de captar con solvencia los rasgos y los límites
de su época, lo pone en aprietos la sociedad que en breve pudo construir
una república hecha y derecha. O quizá no, si consideramos cómo han
seguido muchas ideas y ciertas estrategias del Discurso de Angostura
los políticos del mañana, algunos hasta el extremo de rebautizar a la
república con su nombre.
ה UN “FENÓMENO DE LAS REVOLUCIONES”
EN EL CONGRESO DE ANGOSTURA1
MANUEL DONÍS RÍOS
I. Un fenómeno de las revoluciones
Al calificar a los asistentes patriotas al Congreso de Angostura, José
Domingo Díaz, realista, médico, cronista, historiador, periodista y autor
de Recuerdos de la Rebelión de Caracas y encargado de redacción en la
Gaceta de Caracas para 1819, dijo que Ramón Ignacio Méndez, (Ciudad
de Barinas, 1761-Villeta, Colombia, 1839) era “un fenómeno de las
revoluciones”.2
Méndez, Doctor en Cánones (Ciencias Eclesiásticas) y Doctor
en Derecho Civil, fue Diputado por Guasdalito, provincia de Barinas
al Congreso Nacional de 1811 y firmante del Acta de Independencia.
Preso por los realistas en 1812 fue llevado al castillo de Puerto Cabello y
liberado por órdenes de Monteverde en septiembre de ese año. En 1814
se internó en los Llanos del Casanare hasta 1816, cuando se incorporó
al ejército del general José Antonio Páez. Realizó la Campaña de los
Llanos y participó como cura-soldado, lanza en mano, en las acciones de
Trinidad de Arichuna, batalla de El Yagual y toma de Achaguas.
Ramón Ignacio Méndez cambió la lanza por el atavío del
parlamentario y fue electo diputado por Barinas al Congreso a celebrarse
en Angostura en 1819. Fue el único sacerdote del Congreso de 1811 que
repetía, al igual que dos civiles: Fernando Peñalver y Juan Germán
Roscio, por Valencia y Calabozo, respectivamente.
La participación de la Iglesia había bajado de 9 diputados sobre
un total de 44 en 1811 a solo 3 sobre 30 para 1819. En Angostura, Méndez
1
Ponencia presentada en el Simposio A 200 años del Congreso de Angostura celebrado
el 11 de julio de 2019 en la Academia Nacional de la Historia.
2
Gaceta de Caracas, n° 253, miércoles, 23 de junio de 1819, 1952-1953.
MANUEL DONÍS RÍOS Un "fenómeno de las revoluciones"
en el Congreso de Angostura
estuvo acompañado por Antonio María Briceño Altuve y Eduardo
Antonio Hurtado Barrios, sacerdotes que habían participado activamente
en la contienda como capellanes castrenses. El primero era oriundo de
Trujillo o de Mérida, era doctor en Teología e hizo la Campaña de 1816
en los Llanos bajo las órdenes de Páez. El segundo era de Barcelona y
perteneció a la diócesis de Guayana. Fue compañero de armas de los
Monagas y participó en la batalla de Aragua de Barcelona.
La Iglesia católica en Venezuela vivió tiempos muy difíciles entre
1811 y 1819. Sus miembros se dividieron y tomaron posición a favor de
uno u otro contendiente, pero la mayoría del clero criollo fue partidaria
de la revolución, no así la Jerarquía. Persecuciones, juicios, causas de
infidencia, vetos, expulsiones, destierros, ejecuciones, divisiones internas
de orden político dentro de los conventos, plazas vacantes sin ocupar en 19
las diócesis se hicieron presentes. Las consecuencias de los terremotos de
1812, la participación directa de los seminaristas en las acciones bélicas
(febrero de 1814) y las obligadas suplencias de los párrocos fugados
produjeron una disminución significativa del clero tanto regular como
secular.
La carrera eclesiástica se volvió poco atractiva. Sumemos el
impacto que causó en un importante sector del clero la posición del
papa Pío VII en su Encíclica Legitimista de 30 de enero de 1816 –en un
momento en el que la causa independentista no vivía su mejor momento
y podía naufragar– exhortando, “con el mayor ahínco” al estamento
eclesiástico en general a la fidelidad y obediencia al rey Fernando
VII.3 Y la Carta Pastoral (12 de octubre de 1818) del vicario general del
Arzobispado de Caracas, Manuel Vicente Maya (el único diputado que en
1811 no firmó el Acta de Independencia) en la que denunció a los Franc-
Masones, “apóstoles de Satanás”, como los autores y promovedores de
Hermann González Oropeza, S. J., Iglesia y Estado en Venezuela (1997), Caracas,
3
UCAB, p. 107.
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las revoluciones políticas, que habían “formado prosélitos de entre los
hijos mismos de la Iglesia” con los males que esto acarreaba.4
Sin duda, la Santa Sede se equivocó al considerar que los
movimientos independentistas en la América española “eran solo una
sedición contra la monarquía española que actuaba por contagio con
las ideas impías de la Revolución Francesa”.5 Esta situación comenzará
a cambiar a partir de 1820, cuando la revolución Liberal española
haya triunfado y el Papa Pío VII preste una favorable audiencia a los
independentistas y en América la balanza política y militar comience a
inclinarse a favor de éstos.
II. Un Congreso Nacional a celebrarse en Angostura
20 La conquista de Guayana en 1817 fue un hecho crucial que cambió
definitivamente el curso de la guerra a favor de los patriotas. La
importancia geoestratégica, económica y militar de la entidad era
innegable. Bolívar pudo consolidar el éxito táctico de San Félix (11 de
abril de 1817) obtenido por el general Manuel Carlos Piar y lo convirtió
en una victoria estratégica de primer orden. El Libertador se dedicó a
organizar la República y darle una salida constitucional Desde Angostura
se podía soñar, con visos de realidad, la Independencia de Venezuela y
de América del Sur.
La situación política del momento: un país en guerra y sin
instituciones republicanas, donde solo imperaba el mando militar de
realistas y patriotas, decidió al Libertador para convocar un Congreso
Nacional a celebrarse en Angostura a partir del 22 de octubre de 1818,
pero que solo se pudo instalar el 15 de febrero del año siguiente.
Bolívar no pensaba restaurar el régimen constitucional de 1812 y
desconfiaba de las legislaturas. No obstante, valoró las ventajas políticas,
4
Ibídem, p. 111.
5
Hermann González oropesa, S. J., “Surgimiento de los Estados Latinoamericanos
y su Relación con la Santa Sede” (1996). En: La Iglesia en los Avatares del Siglo XIX
venezolano, Boletín CIHEV, año 8, nº 16, Caracas, p. 36.
MANUEL DONÍS RÍOS Un "fenómeno de las revoluciones"
en el Congreso de Angostura
internas y externas, que podría ofrecerle la elección de un nuevo Congreso.
Era necesario crear un cuerpo constituyente que diera “al Gobierno una
forma y un carácter de legalidad y permanencia”.6 En principio, expresa
David Bushnell, “una demostración de principios liberales a la vez que de
una consolidación institucional bastante más allá de la desnuda realidad
de las cosas”.7
Una “demostración de principios liberales”, “una consolidación
institucional” en un territorio y población bajo control realista,
exceptuando Guayana, Margarita y parte de los Llanos. Obviando esta
realidad se eligieron 30 diputados correspondientes a las provincias
de Caracas, Barcelona, Cumaná, Barinas, Guayana, Margarita, e
incluso Casanare, provincia de la Nueva Granada. El Congreso estuvo
conformado principalmente por civiles, pero el elemento militar (33%) 21
fue significativo: 4 generales, 5 coroneles y 1 teniente coronel. La
presencia castrense y la nueva correlación de fuerzas era producto del
estado de guerra presente.
Al igual que en 1810, el Reglamento para elegir a los electores
no acogió el principio democrático del voto de todo hombre libre. Pero
permitió votar a los militares “desde cabo hacia arriba sin ninguna
limitación económica”.8 Una especie de “populismo militar” ha dicho
David Bushnell.9 Para Domingo Irwin el celo de Bolívar se debatió “por
ceñirse al imperio de la ley y al mismo tiempo mantener su autoridad
sobre el aparato militar”,10 en la búsqueda de un modelo de control liberal
sobre el aparato militar, más adecuado a la realidad que en 1811.
6
Pedro Grases, Notas Editorial en El libertador y la Constitución de Angostura de
1819, Caracas, 1969, p. 7.
7
David Bushnell, Simón Bolívar, proyecto de América (2007), Bogotá, Universidad
Externado de Colombia, pp. 147-148.
8
Ídem.
9
Ídem.
10
Domingo Irwin e Ingrid Micett, Caudillos, Militares y Poder. Una historia del
pretorianismo en Venezuela (2008), Caracas, UPEL-UCAB, pp. 51-53.
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La guerra había acabado con buena parte de la elite intelectual
que dirigió la revolución y por esta razón, Bolívar en 1819 atendió las
exigencias de la nueva oligarquía: la militar. La “virtud armada” desplazó
la nobleza, la de los notables. El problema –como bien advierte Tomás
Straka– fue que la virtud a la que se refería el Libertador “pronto se hará
militar” y tendrá “el amor a la patria y la heroicidad bélica como el núcleo
de sus valores”.11 Esto no serviría para la paz y la República lo pagaría
caro durante el resto del siglo XIX.
En su Discurso ante el Congreso Bolívar reafirmó la convicción
de que no se podía volver a la debilidad de la Primera República.
Estaba convencido de la ineptitud del pueblo para vivir bajo el
régimen republicano; para sacarlo de esta situación estaba la elite. La
22 República debía tener un poder central fuerte que no permitiera “las
veleidades” del sistema federal: “Cuanto más admiro a la excelencia de
la Constitución Federal de Venezuela [de 1812], tanto más me persuado
de la imposibilidad de su aplicación a nuestro Estado”.12 Bolívar expuso
en su discurso los fundamentos de un proyecto de Constitución que
presentaba al Congreso e hizo ver que era el más adaptable a Venezuela.13
III. Un defensor de Bolívar y la Iglesia en Angostura
Ramón Ignacio Méndez estuvo presente el 15 de febrero de 1819 en la
inauguración del Congreso y escuchó el Discurso del Libertador. Firmó
la primera Acta y al día siguiente formó parte de la comisión encargada
de redactar el Reglamento interno del cuerpo deliberativo.
11
Tomás Straka, Las Alas de Ícaro. Indagación sobre ética y ciudadanía en Venezuela
(1800-1830), 2005, Caracas, Konrad Adenauer Stiftung-UCAB, p. 100.
12
José Félix Blanco y Ramón Azpurúa, Documentos para la historia de la vida pública
del Libertador (1977), Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, p. 588.
13
Francisco Armando Maldonado, Ramón Ignacio Méndez 1827-1839, Analectas de
Historia Eclesiástica Venezolana, Arzobispos de la República de Venezuela, Caracas,
Ediciones del Ministerio de Justicia, Serie Histórica 1, 1973, p. 14.
MANUEL DONÍS RÍOS Un "fenómeno de las revoluciones"
en el Congreso de Angostura
Él era un sobreviviente del antiguo orden de cosas de 1811 y su
actuación en el Congreso de 1819 apuntó a la consolidación y justificación
de la República. Algunos autores han dudado de su republicanismo y han
señalado que Méndez trató de retardar la declaración de Independencia
con sus objeciones a última hora. Pero él aclaró este punto en Angostura:
“dimos este paso prematuro en la ignorancia de nuestros Pueblos, que
tantos males produjo”. Consideró la Independencia como “prematura”
pero firmó el Acta de 1811.
En Angostura Méndez estuvo presente de manera ininterrumpida
hasta la sesión 147. Asumió la Vice Presidencia del Congreso en diversas
ocasiones en las que se discutieron proyectos de ley sobre contrabando,
instrucción pública y la utilidad del establecimiento del Poder Moral
referido por Bolívar en su discurso. Incluso, ocupó el asiento del presidente 23
en sustitución del titular. Sus intervenciones apuntaron a consolidar y
justificar la República y combatir la Monarquía, haciendo un recorrido
por el largo y difícil camino transitado desde 1811. Refiriéndose a la
reacción de Domingo de Monteverde y el inicio de la revolución violenta
a partir de 1812 expresó: “la pésima conducta de aquel gobierno de sus
gentes y asesinos continuada por el mismo Fernando [Fernando VII]
después de su vuelta al trono nos ha confirmado en nuestra deliberación
y puesto el sello a nuestros designios”.14
Y criticó la conducta y actuación del general Pablo Morillo, quien a
su llegada en 1815 al frente de la expedición “pacificadora”, caracterizada
en realidad por una fuerte represión destinada a reducir los focos de
resistencia patriota “nos ha conducido [expresó] al último término de
desesperación, y arrancado el propósito de llevar al cabo la empresa, o su
fin con resignación nuestro exterminio”.15
Ídem.
14
Ídem.
15
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Méndez demostró su republicanismo con hechos. Su compromiso
con la República fue su norte y en sus momentos difíciles, cuando le
correspondió defender los derechos de la Iglesia, siempre privó en su
pensamiento el respeto a la Ley que soportaba la nueva realidad política.
Lo demostrará en 1830, cuando desde el exilio al cual fue obligado
escribirá a su amigo y antiguo jefe, ahora presidente de la República,
general José Antonio Páez, que él era antes que nada un venezolano
y, por lo tanto, jamás desmentiría sus sentimientos tomando parte en
partidos de ninguna clase.16
Méndez se identificó en Angostura con los ideales políticos del
Libertador, quien estaba dejando de lado el lenguaje directo e hiriente
con la Iglesia católica y se inclinaba hacia una posición más conservadora
24 que permitiera mejorar las relaciones con la Santa Sede. Recordamos que
el 8 de noviembre de 1817 Bolívar, arrogándose atribuciones de Patrono
Regio, dictó en Angostura un Decreto a fin de restaurar canónicamente
el vacío existente en la jerarquía católica. Como Jefe Supremo de la
República se atrevía, leemos en el documento, “a excitar, llamar y
convocar con todo el afecto de mi corazón y en caso necesario con el
poder de la Autoridad, a todos y cada uno de los que componen el muy
respetable Clero de esta Diócesis [de Guayana], para que se presenten
por sí o sus legítimos poderes en esta capital en el preciso término de
cincuenta días, a deliberar sobre las necesidades de esta Santa Iglesia,
y muy particularmente a nombrar un Superior Eclesiástico que la
administre”.17
Méndez vio en Bolívar la salvación de la moralidad, el orden
civil y la religión de la República. Pero no se crea que esta adhesión era
irreflexiva o producto de una admiración sin límites, o solo producto
16
Ídem.
17
Lucas Guillermo Castillo Lara (Recopilación, Selección y Estudio Preliminar),
Personajes y Sucesos venezolanos en el Archivo Secreto Vaticano (Siglo XIX), Caracas,
Academia Nacional de la Historia4, Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela,
t. I., 1998, p. 7.
MANUEL DONÍS RÍOS Un "fenómeno de las revoluciones"
en el Congreso de Angostura
de una amistad profunda. No. Es el mismo Méndez que en 1821 en el
Congreso de Cúcuta se opondrá por considerarlo funesto e inconveniente
al proyecto de colocar un busto del Libertador en los salones del Congreso
y mucho menos debajo del solio.18
Pero en la ocasión que hoy nos ocupa solo nos detendremos en
tres asuntos en los que participó quien, a partir de 1827, será designado
por el Papa para ocupar la silla arzobispal de Caracas.
1. Méndez apoyó la propuesta del Libertador de la creación del
Senado vitalicio y hereditario. El Senado, diría, sería el fiel de la balanza
entre el pueblo
… siempre propenso a sacudir todo yugo por gozar de una
libertad desenfrenada que degenera en licencia y las miras
ambiciosas del Gobierno que aspira siempre a dominar 25
como Señor absoluto: un cuerpo intermedio que modere las
agitaciones del pueblo, al paso que reprima la arrogancia del
Gobierno, tocado por lo común del deseo de oprimir, esclavizar
y entronizarse (…) estoy persuadido que ningún establecimiento
político, por más democrático que sea, puede hacer que no
se respete en los hijos la sangre ilustre que heredaron de los
héroes que les dieron el ser. (…) un cuerpo, por último, grande,
majestuoso, y poderoso para obrar el bien; nulo, impotente,
e insignificante para el mal: un cuerpo de estas cualidades y
quilates es un cuerpo sólido y estable, y el único que puede dar,
a mi entender, solidez y firmeza a la Constitución del Estado.19
Méndez tomó como ejemplo la vida de algunos santos, cuyos
biógrafos se empeñaron en “encarecernos las glorias de aquellos
dichosos troncos de quienes descienden como para hacernos ver que las
han heredado”.20
18
Protesta de Ramón Ignacio Méndez. Anexa al final del tomo II, “Congreso de Cúcuta
1821”, Congreso de la República, Actas de los Congresos del Ciclo Bolivariano, Caracas,
1983, pp. 346-347.
19
Correo del Orinoco, nº 37, t. II., Angostura, sábado 21 de agosto de 1819.
20
Correo del Orinoco, nº 37, t. II., Angostura, sábado 21 de agosto de 1819.
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Méndez teme la anarquía; reconoce que el sistema republicano
es por su naturaleza “el más deleznable y débil entre todos los que se
conocen”. Dice:
Hay en las sociedades Republicanas empleos cuya perpetuidad
es peligrosa y funesta a los pueblos que se gobiernan por
sus máximas; y los hay que por su naturaleza están mejor
administrados cuando no están sujetos a mutaciones y
variaciones: del primer género creo es el Poder Ejecutivo
que desempeña en el proyecto de Constitución el Presidente
del Estado y los Representantes del pueblo; y del segundo el
Supremo Poder Judicial y el Senado.21
Al final expresó:
He expuesto mi juicio con candor, mirando únicamente por la
felicidad de mi país natal (…) a mí me queda la gloria de haber
26 expresado con sencillez mis sentimientos, y entre ellos no puedo
dejar oculto que aunque mi opinión en cuanto al Poder Ejecutivo
es terminante, me parece que cuando se ponen los cimientos de
la República debe tener alguna duración más, porque conviene
mucho que aquel que ha comenzado a poner en práctica la
Constitución, sea quien lleve al cabo el designio, principalmente
cuando lo descarnado que quedan los Estados en su primera
existencia, y la libertad que está naciente, son dos obstáculos
poderosísimos que excluyen las miras de los más ambiciosos.22
2. En la sesión del 23 de abril se discutió la moción del diputado
García Cádiz relativa a que conforme a la solicitud del diputado Méndez se
expresara en la Constitución la religión católica como religión de Estado.
Luego de un largo debate se resolvió por mayoría, que no profesando el
pueblo venezolano otra religión que la católica como única y exclusiva,
estaba de más esta declaratoria, que por otra parte era impolítica en las
circunstancias en que se hallaba el país, “siendo socorridos de toda clase
de extranjeros para asegurar nuestra libertad e independencia”.23
21
Correo del Orinoco, n° 37, t. II., Angostura, sábado 21 de agosto de 1819.
22
Correo del Orinoco, n° 38, t. II., Angostura, sábado 28 de agosto de 1819.
23
Congreso de Angostura 1819-1821, t. I, (1983). Caracas, Congreso de la República,
Actas de los Congresos del Ciclo Bolivariano, nº 3, pp. 157-158.
MANUEL DONÍS RÍOS Un "fenómeno de las revoluciones"
en el Congreso de Angostura
¿Socorridos de toda clase de extranjeros para asegurar nuestra
libertad e independencia? En efecto. Desde 1817 Bolívar había pedido
al representante de Venezuela en Londres, Luís López Méndez, que
reclutara oficiales y tropas que quisieran unirse al ejército y la armada
patriota; y este había iniciado con éxito el trabajo, al punto de que en solo
cinco años llegaron a Guayana cerca de 5.300 efectivos y armas de todo
tipo, munición y pólvora.24 El reclutamiento dio sus frutos y a pesar de
las dificultades que se presentaron en suelo venezolano, en la campaña
de 1819 las tropas británicas marcaron la diferencia.25
Y no olvidemos que esos legionarios británicos que llegaron a
Angostura y sirvieron bajo las órdenes del Libertador, eran protestantes,
lo cual representó un problema para la Iglesia católica. A partir de 1823
se establecieron en La Guaira, Puerto Cabello y Angostura importantes
firmas comerciales. Cinco años más tarde, la presencia extranjera en el 27
país alcanzó las 170 personas. Limitada presencia, cierto, pero dinámica
y económicamente importante. Pronto pedirían la implantación de sus
iglesias y cementerios para sus difuntos.26
¿Existían otras razones de peso que inclinaban a la mayoría hacia
una no oficialización de la religión católica? Alberto Gutiérrez dice:
No parece que los diputados hayan considerado nunca la
posibilidad de una separación entre la Iglesia y el Estado;
es más probable que hubieran fluctuado, como en el debate
suscitado en Francia con motivo del concordato napoleónico de
1801, entre admitir una religión de Estado y una religión de
la mayoría de los ciudadanos: si se recuerda que en Francia
se consagró esta segunda fórmula y que los Estados abrieron
una nueva época para las relaciones con la Iglesia Católica por
medio de los Concordatos, tal vez se encuentra respuesta para
el interrogante.27
24
John Lynch, Simón Bolívar, (2006), Crítica, Barcelona-España, p. 165.
25
John Lynch, ob. cit., p. 168.
26
Véase: Manuel Donís Ríos, “Sir Robert Ker Porter y los inicios del Protestantismo en
Venezuela” (1989), Caracas, Boletín CIHEV, año I, n° 2-3, 100 y ss.
27
Alberto Gutiérrez, S. J., La Iglesia que entendió el Libertador Simón Bolívar (1981),
Caracas, Colección Manoa, UCAB, p. 91.
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La Constitución que se aprobó en Angostura tuvo este
encabezamiento: En el nombre de Dios Todopoderoso Autor y Supremo
Legislador del Universo, Nos el pueblo de Venezuela, por la gracia de
Dios y por las leyes de la naturaleza… Y no hay más.28 Méndez no había
logrado su objetivo.29
3. El otro asunto de vital importancia para la Iglesia católica no
se discutió en el Congreso: el Patronato. En Angostura no se discutió el
Patronato, pero se insistió en mantener el pensamiento plasmado en la
Constitución de 1811 sobre este punto, designándose, con la aprobación
del Libertador, a Fernando Peñalver José María de Vergara y Manuel
Palacio Fajardo para viajar al “Viejo Continente” e iniciar contactos con
las cancillerías europeas y la Santa Sede y proponer al Papa la celebración
28 de un Concordato. La Misión se inició en Londres y don Andrés Bello,
quien se hallaba en la capital británica, redactó “un bello memorial en
latín [una profesión de fe religiosa católica y de devoción al Papa], que a
27 de marzo de 1820 enviaban al Nuncio Apostólico en París, que lo hizo
llegar a la Secretaría de Estado”.30
El eje de las relaciones entre la Iglesia y el Estado era el Patronato
Eclesiástico. Para el Estado, la institución eclesiástica debía estar
supeditada al Estado. Para la Iglesia esta concepción era inadmisible.
La institución eclesiástica alegaba que gozaba de una potestad espiritual
de carácter universal superior a los límites del Estado; su legislación
no obedecía a leyes civiles, sino que era el resultado de decisiones de la
Santa Sede, a través de Sínodos y Concilios.
Para un hombre como Ramón Ignacio Méndez, con visión histórica,
el Patronato regio “era un compendio de atropellos a la Iglesia, y su
28
Congreso de Angostura 1819-1821, t. I, ob. cit., pp. 268-269.
29
Ramón Ignacio Méndez no aceptaría nunca razones temporales que favoreciesen
en el país las prácticas de cultos distintos al catolicismo. Temía la libertad de cultos,
en abierta oposición al Gobierno que, por el contrario, esgrimía que para fomentar la
inmigración extranjera y las ventajas que esta traería, era necesario decretarla.
30
Lucas Guillermo Castillo Lara, ob. cit., p. 49.
MANUEL DONÍS RÍOS Un "fenómeno de las revoluciones"
en el Congreso de Angostura
futuro republicano lo veía con caracteres ominosos”.31 Sería un ardiente
opositor al Patronato Republicano y así lo expresó como diputado en
los Congresos de 1821 y 1824. Luego como arzobispo de la República de
Venezuela separada de Colombia en 1830.
Testimonio vivencial de lo que había sido el Patronato hispano y
profecía de lo que sería en la República, son las palabras que escribió al
papa León XII en 1828:
Cuantos males han sucedido y cuantos van a suceder, ninguno
puede contarlos mejor que quien conoce cuántos son los
derechos abusivos con que los Reyes de España, bajo este
título, o bajo el pretexto de una delegación Apostólica como
hablan los pragmáticos, sacrificaron los derechos de la Iglesia,
principalmente en estas tierras. Para resumirlo todo en una
palabra, solo el sacrosanto sacrificio de la Misa se le escapó de
las manos a los patronos o Vicepatronos.32
29
IV. A manera de conclusión
Ramón Ignacio Méndez destaca como uno de los caracteres más
cabales de su tiempo, conjugando su sabiduría en jurisprudencia civil y
eclesiástica, textos sagrados e historia eclesiástica, a las que sumó una
sólida cultura literatura y científica. De gran robustez mental y firme en
sus convicciones y principios, fue un hombre de temperamento fuerte,
vehemente, que discutía con pasión cualquier asunto; para algunos
destemplado en sus reclamos, pero de estas categorías escapan pocos
notables de entonces.
Para algunos, su intransigencia trajo como consecuencia los
conflictos y desavenencias con el Estado que tanto daño hicieron a la
Iglesia. Al revisar sus escritos resaltan de inmediato sus dotes de espíritu,
su cultivada mentalidad, la entereza de su carácter y resulta imposible
tacharlo de ignorante ni de corrompido. Directo en sus observaciones,
31
Hermann González Oropeza, S. J., (1988). Caracas, La liberación de la Iglesia
Venezolana del Patronato, 3, Ediciones Paulinas, p. 51.
32
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enemigo de atajos, pastor diligente y celoso, ardoroso en la defensa de los
derechos de la Iglesia, rechazó toda imposición del poder civil sobre los
privilegios de la Iglesia; de allí su posición cerrada y de enfrentamiento
con los representantes del Estado. Y así lo demostró como arzobispo de
Venezuela.
Pero esta es una historia para otra oportunidad.
30
ה EN EL UMBRAL DE LA INDEPENDENCIA.
EL ORDEN COMO PRIORIDAD
Y LA LIBERTAD COMO PROMESA1
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA
“La base del orden, en la clase militar, es la
disciplina, es decir, la falta de libertad”.
León Tolstoi, La Guerra y la Paz.2
Introducción
La primera república venezolana, creación del Congreso de 1811, donde
se advertía una evidente suspicacia hacia el mundo y los procedimientos
militares, se disolvió en 1812 ante la emergencia de la invasión de Domingo
de Monteverde y la rendición firmada por Francisco de Miranda en San
Mateo. La independencia, hasta entonces un tema de debate que, dentro
del nuevo orden republicano, la élite civil urbana conducía en clave
política, replanteó su discurso en atención a la relevancia de los asuntos
militares y las urgencias de la guerra.
Después de 1812, la etapa militar va ocupando el centro de
la escena, complicada, difícil, encarnizada, de filiaciones difusas, de
algunas lealtades inquebrantables y muchas otras no tanto, de altos y
bajos constantes. En esos años, ocurrió todo lo que cabría esperar en un
escenario de guerra que, como el venezolano, se fue definiendo sobre la
marcha y, a la vez, fue el más cruento y dilatado de la independencia
1
Ponencia presentada en el Simposio A 200 años del Congreso de Angostura celebrado
el 11 de julio de 2019 en la Academia Nacional de la Historia.
2
En la novela de Tolstoi, el príncipe Andrés Bolkonsky, oficial del ejército ruso, describe
así el oficio militar: “la guerra, la batalla, el homicidio, los instrumentos de guerra, el
espionaje, la traición, la ruina de los habitantes, la rapiña, el robo para alimentar a los
ejércitos, el engaño y la mentira que se llama astucia militar”. L. Tolstoy, La guerra y
la paz. Barcelona, José Janés Editor, 1952, parte X, cap. XXV, p. 792.
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hispanoamericana. La política, que en 1811 se asociaba sobre todo con
el debate de ideas, dio un giro hacia las demandas funcionales, las
necesidades del conflicto inmediato, la urgencia de resolver asuntos
militares y rivalidades personales. Por unos años, la política fue más
acción, más la urgencia de resolver lo inmediato que debatir los proyectos
a futuro, más procedimiento que pensamiento. Hasta que las ideas
encontraron en 1819 un nuevo foro de debate en Angostura que marcó
el retorno de las deliberaciones sobre opciones políticas, propuestas
legislativas, instituciones, derechos, obligaciones, la confrontación del
pensamiento.
En este ciclo, entre 1814 y 1819, lleno de complejidades, asperezas
y momentos dramáticos, se definen la jerarquía de los liderazgos militares
32 y el liderazgo político de la independencia. El independentismo, no solo
salió indemne de los debates políticos, del faccionalismo, de los celos y
rivalidades entre los líderes militares, y de los fracasos, sino que desarrolló
un duro y necesario aprendizaje.
Aunque los objetivos militares pasaron a ser la prioridad, dos de
los temas de fondo en el debate político en el Congreso de 1811, el orden
y la libertad, siguieron vigentes en el cuadro de la política de esos años.
Intentamos destacar cómo se resignificó la tensión entre el compromiso
ideológico con la libertad y la necesidad de establecer o restablecer,
por una parte, el orden político, suspendido por la ruptura con España,
por el quiebre de las jerarquías sociales, y el desacuerdo sobre la nueva
estructura institucional, por otro, el orden militar que buscaba disolver
los distintos espacios de poder de los caudillos regionales, para imponer la
jerarquía vertical defendida por el general Simón Bolívar. Un dilema que
ya aparecía claramente en los debates del primer congreso republicano y
reapareció en estos años reforzando el conflicto interno.
Con el segundo congreso constituyente convocado por Bolívar, co-
mo jefe supremo de la República, comenzó otra etapa de la independencia,
más estructurada en cuanto a los liderazgos, al desarrollo de la guerra y
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
a las metas políticas del proceso. El Congreso de Angostura se instaló el
15 de febrero de 1819, con la representación de las seis “provincias libres
de Venezuela”.3
I. El giro militar
A la capitulación de San Mateo, el 25 de julio de 1812 y la caída de la
primera república, siguió una pausa de unos meses en el movimiento
de la independencia, mientras desde el exilio se decidía el giro militar
del proceso. En los años siguientes, la violencia extrema se desplegó en
todas direcciones, obra de la sargentada de Domingo Monteverde, del
implacable gobernador Eusebio Antoñanzas en Cumaná, de la ferocidad
de José Tomás Boves, de su segundo Francisco Tomás Morales, y de la
declaración de guerra a muerte por decreto de Bolívar, en 1813. Entre
33
1813 y mediados de 1814, los centros de poder del territorio quedaron
nuevamente en manos de los patriotas, excepto en Coro, Maracaibo y
Guayana. El éxodo esta vez tocó a los realistas, peninsulares y venezolanos.
Las circunstancias cambiantes de la guerra, acentuaban la
inestabilidad de las definiciones políticas. Salvo en los niveles del
liderazgo más visible, las lealtades de uno y otro lado no eran muy firmes,
y había razones para que eso fuera así. Las ideas de independencia, de
república, de nación y ciudadanía eran una novedad y lo que el cambio
político podía traer como realidad cotidiana era un enigma para la
mayoría, acostumbrada a la lealtad a una figura lejana, desconocida y casi
mítica Pero, aparte de las dos grandes causas, de la independencia y del
rey, cada sector social tenía su propia parcialidad y su propia lucha: los
pardos por su plena inclusión; los esclavos por su libertad personal, ambos
grupos con sus propios resentimientos sociales de raíz local; los criollos
propietarios, los mantuanos, por la seguridad de sus bienes y privilegios.
En cada uno de esos grupos, muchos estaban dispuestos a seguir al
3
Las provincias representadas fueron: Caracas, Barcelona, Cumaná, Barinas, Guayana
y Margarita.
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partido que mostrara un compromiso creíble con sus aspiraciones, o que
juzgaran menos perjudicial a sus intereses. Extraordinario hubiera sido
que las posiciones fueran firmes y definidas desde el comienzo.
A partir de 1813 se desarrollaron acciones militares por la iniciativa
propia de caudillos regionales en distintas provincias venezolanas,
coincidentes en el tiempo y en la causa común contra los realistas, pero
sin coordinación formal de algún tipo. En los hechos, la simultaneidad
de esas acciones parecía ir gestando las bases de un acuerdo entre los
caudillos, que tardó unos años en alcanzarse formalmente, cuando los
desacuerdos y recelos se sosegaron. La campaña de oriente en 1813
recuperó las provincias de Cumaná y Barcelona que quedaron al mando
de Santiago Mariño en tanto que Margarita quedó bajo la autoridad
34 de Juan Bautista Arismendi, dos liderazgos mal avenidos entre sí. Por
occidente, avanzó desde territorio colombiano a la reconquista de Caracas
la llamada “Campaña Admirable”, al mando de Bolívar, el único de estos
movimientos que contó con respaldo oficial del gobierno neogranadino,
aunque obedecía a un plan de Bolívar y de Antonio Nicolás Briceño.4
El 6 de agosto de 1813 Bolívar ocupó Caracas y disipó así el temor
de que “los de Cumaná y de Barcelona” llegaran antes. Caracas era para
el Libertador de Venezuela, título que ese año le otorgaron Mérida y
Caracas, el baluarte del poder, la pieza fundamental de su proyecto de
poder centralista. Era ya el jefe militar con más proyección y se proponía
que “…ningún libertador pise las ruinas de Caracas primero que yo”.5
Efectivamente, Mariño, opuesto al proyecto centralista de Bolívar,
preparaba una fuerza de “cuatro o cinco mil hombres y la fuerza naval
contra [el gobierno realista de] Caracas”, cuando el comandante de La
4
Aunque la expedición de Bolívar contó con autorización y apoyo material del gobierno
patriota de Nueva Granada, la campaña de 1813 con la determinación, ya tomada, de
recuperar a Caracas, se inició antes de obtener permiso del gobierno neogranadino.
5
Citado por Caracciolo Parra Pérez, “Mariño y la independencia de Venezuela”.
Obras Completas. Caracas, Academia Nacional de la Historia- Fundación Bancaribe,
2014, tomo I, p. 324.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
Guaira le informó que ya las tropas del “ejército de Occidente” habían
ocupado la ciudad.6
Sobre esos triunfos, ciertamente precarios como eran los que
obtenían tanto patriotas como realistas, se levantó rápidamente un
escenario político que avivó las tensiones y discrepancias por los
liderazgos y por las bases del futuro político del territorio ya evidentes
desde 1812. En Caracas, se restableció el gobierno republicano, pero
ahora de composición militar, orientación centralista, de carácter fuerte,
capaz de imponer el terror entre los conspiradores, el respeto entre “los
súbditos” y una digna consideración en las demás naciones. Así lo definía
Bolívar, quien asumía la autoridad suprema como “jefe de Venezuela”.7
Aunque en las circunstancias imperantes, un gobierno centralista y
un régimen absolutista y despótico no podía ser una realidad plena, 35
declaraciones como esta ahondaban las diferencias con Mariño y con los
demás caudillos orientales y de otras provincias.
Aunque Bolívar negara ambiciones personales de mando y decla-
rara su rechazo al gobierno despótico, sobre todo en sus proclamas,
discursos, manifiestos y en su correspondencia directa con quienes recha-
zaban esas ideas, sus convicciones reales sobre el régimen político más
conveniente para Venezuela eran conocidas. Su concepción de gobierno
tenía, por una parte, el sello de la sociedad jerárquica y autoritaria
en la que se había formado y, por otra, respondía a las demandas de
subordinación, dirección y orden impuestas por la guerra y por la fractura
del orden social y político colonial.
El Proyecto de un gobierno provisorio para Venezuela, presen-
tado por Francisco Xavier Uztáriz, en respuesta a la consulta de Bolívar,
sobre la forma de gobierno más apropiada para la segunda república,
6
Ibíd, p. 325. Mariño y otros caudillos federales no vieron con buenos ojos el título de
Libertador de Venezuela.
7
“Simón Bolívar al Arzobispo de esta Arquidiócesis. Caracas, 10 de agosto de 1813”.
Simón Bolívar, Obras Completas. Caracas, Librería Piñango, s/f, tomo I, p. 59.
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confirmó la desconfianza de Mariño y de otros caudillos provinciales, al
conocerse su contenido y el apoyo que le manifestaron el General en Jefe,
y sus asesores Miguel Peña y Miguel José Sanz. No fue la única respuesta
al requerimiento de Bolívar, pero el otro proyecto, el Plan de Gobierno de
Ramón García Cádiz, tomaba en cuenta a las provincias que, a su juicio,
no podían ser incorporadas a la Unión con Nueva Granada, el plan de
Bolívar, sin su previa consulta.8 El Plan de Ustáriz, en cambio, interpretó
cabalmente las ideas de Bolívar en cuanto a la concentración del poder
militar y político, incluyendo la facultad legislativa, “…en el general en jefe
del Ejército Libertador…”. Las provincias quedaban sometidas al poder
central en lo militar y en la política los gobernadores tenían funciones
administrativas dependientes también de Caracas. El proyecto asumía,
sin asomar la posibilidad de una consulta, que Venezuela era parte de
36 Nueva Granada.9
La atribución de poderes dictatoriales, la radicación de un
poder central y centralizador en Caracas como un acto natural en
correspondencia con la omisión de las entidades provinciales y la unión
con Nueva Granada, eran los puntos que resumían el proyecto republicano
de Bolívar. Eran también los que creaban malestar sobre todo entre los
caudillos orientales que entre 1813 y 1817, sostenían el principal frente de
la guerra contra los realistas.
En julio de 1814 con la caída del gobierno revolucionario, Caracas
dejó de ser el centro de la actividad patriota que se trasladó hacia las
provincias de oriente y los llanos. Bolívar no abandonó su obsesión de
reconquistar a Caracas, empeñó en el que fracasó en varias oportunidades.
Todavía en 1818, según refiere el general José Antonio Páez, Bolívar
insistía en recuperar el dominio de la capital, incluso arriesgando la
8
C. Parra Pérez, ob. cit., p. 367.
9
Francisco Javier Ustáriz, “Proyecto de un gobierno provisorio para Venezuela”.
Testimonios de la época emancipadora. Caracas, Academia Nacional de la Historia.
Colección Bicentenario de la Independencia, 2011, pp. 193-205.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
oportunidad de vencer a las tropas del general Pablo Morillo detenidas
en Calabozo.10
Por lo pronto, en 1814 el maltrecho movimiento independentista,
entre deserciones, éxodos, pugnas internas, rivalidades, entró en una
etapa de obligado reflujo, aunque no se dio tregua hasta alcanzar cohesión
y capacidad militar para recuperar espacios, después de unos años de
contados triunfos y unas cuantas derrotas.
En abril de 1815 desembarcó el ejército profesional de más de diez
mil efectivos, fogueados en la guerra contra Napoleón, enviado por la
monarquía borbónica restaurada, bien afianzada en su raigambre más
ranciamente conservadora. En pocas semanas, las tropas españolas
al mando del general Pablo Morillo sofocaron el foco insurgente en
Margarita, ocuparon Caracas y en julio marchaban a Nueva Granada. 37
La desbandada de los jefes, iniciada en 1814, dejó el campo patriota sin
cabezas visibles. La única actividad patriota contra los realistas sería
emprendida por las tropas llaneras de José Antonio Páez. Bolívar que,
con el general Santiago Mariño, intentó en vano frenar el cerco contra los
patriotas en Cartagena, se refugió en Jamaica y luego en Haití.
Entre 1814 y 1816, la escalada militar española contra los patriotas
parecía anticipar un final favorable; en tanto que la independencia,
sin recursos, sin ejército estable, con apoyos dispersos y poco seguros
y sin estrategia clara, podía verse como una causa perdida. Quedaban
focos prendidos, con Páez en Apure y partidas de patriotas en oriente,
que tan pronto se concentraban como se dispersaban, episodios débiles,
intermitentes. Sin embargo, estos sucesos indicaban que el movimiento
patriota con todas sus debilidades no cesaba de hostigar al ejército
español, al que no le escaseaban apoyos internos. Mucho menos aflojaba
10
José Antonio Páez, Autobiografía. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1987,
tomo I, pp. 139-140. Páez se opuso a ese plan en una acalorada discusión con Bolívar.
Hasta 1817 Páez conducía la guerra en los llanos de Apure con total independencia. A
fines de ese año, reconoció la jefatura suprema de Bolívar.
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el ánimo obsesivo de Bolívar y la actividad de los principales caudillos
convencidos de que la independencia era un destino irrevocable y de que
el empeño de España en derrotarla era una “loca empresa” destinada al
fracaso.11
En Haití, Bolívar no cejó en el empeño de obtener recursos
para reanudar la lucha. Apoyado por el presidente Alexandre Pétion, a
condición de que Bolívar ejerciera la jefatura del movimiento, armó la
expedición de Los Cayos y en mayo de 1816, desembarcaba en Margarita
con los principales caudillos patriotas y un frente de pocos cientos de
hombres. Bolívar, escogido Jefe Supremo, por los mismos caudillos, en
un tenso acto de elección en el que Santiago Mariño quedó como segundo
jefe, anunció el tercer período de la República. El empeño en continuar
38 era más fuerte que los recelos entre los jefes militares, la precariedad de
los aprestos y toda clase de dificultades.
Si desde 1815 el giro militar fue dominante, de ningún modo la
política quedó en un plano secundario, aunque no tuviera un marco
definido, ni instituciones, ni organizaciones o cuerpos políticos que
orientaran los asuntos en ese campo. Los testimonios del período dan
cuenta de cómo en el espacio militar del lado patriota, se impuso la
necesidad de asumir decisiones políticas en asuntos que no podían
resolverse militarmente, o no era conveniente hacerlo. No había lugar
para la acción militar sino para el trámite político en situaciones como:
los trastornos y demandas de la vida ordinaria en las movilizaciones de
un lado a otro del territorio de civiles y militares; el ímpetu del variopinto
liderazgo militar y los abiertos o solapados conflictos y tensiones internas
entre los caudillos, ofuscados por una acentuada conciencia de poder;
las dificultades para acordar una jefatura y una cadena de mando clara,
efectiva y respetada, o la constante necesidad de conseguir recursos para
el ejército.
Carta de Jamaica, 1815.
11
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
Por otra parte, las relaciones entre los jefes militares tenían un
componente político no menor, bien porque se oponían al poder de otro
caudillo y buscaban hacer frentes en contra o porque ellos mismos tenían
ambiciones que requerían las armas de la política. Sin embargo, la astucia,
la palabra, el dominio de los sentimientos, la capacidad para avanzar
o retroceder, para esperar la oportunidad y reconocer su presencia,
los recursos usuales de la política, no eran talentos frecuentes. Bolívar
sobresalía en estas capacidades, y fue con una mezcla de persuasión
verbal, al estilo de un predicador que señala el camino correcto, y de
mano dura para establecer disciplina y orden, que impuso su autoridad y
su liderazgo entre los jefes militares.12
Las estrategias combinadas de la política y la acción militar,
finalmente empezaron a librar de atascos el camino. El rumbo se despejó
39
a partir de un conjunto de decisiones sobre la guerra, y la organización
de la república y su estructura de gobierno. Las propuestas de Bolívar
terminaron por imponerse, pero estos fueron tiempos de aprendizaje,
militar y político. Después de años de lucha militar y política, con fracasos
y triunfos a la par, su autoridad como jefe supremo militar y político fue
aceptada.
II. Significado del año 19 en la independencia hispanoamericana
En el curso del decenio transcurrido desde los primeros enfrentamientos
con las autoridades españolas, la voluntad de independencia pasó a ser
un compromiso claro, aunque el camino no estaba allanado en 1819. La
guerra continuaba y las autoridades del gobierno colonial mantenían
posiciones claves en el territorio hispanoamericano, tampoco estaba bien
definido si el apoyo a la independencia ganaba entre las mayorías. Las
circunstancias del conflicto eran diversas.
El Virreinato de Nueva España seguía incólume, más afectado
por los acontecimientos de la península que por la guerra insurgente
John Lynch, Simón Bolívar. A life, p. 74
12
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iniciada por Miguel Hidalgo y continuada por José María Morelos,
ambos prisioneros y ejecutados. Sin líderes, la lucha independentista,
con Vicente Guerrero al frente de acciones de guerrilla poco efectivas,
apenas sobrevivía. El Acta de Independencia mexicana, aprobada en 1814
por el Congreso de Chilpancingo, convocado por Morelos, al igual que la
Constitución de Apatzingan, que creaba el gobierno republicano, eran en
1819 actos casi olvidados.
En el Virreinato del Perú, las amenazas internas todavía no habían
puesto en jaque a la monarquía española, que confiaba en que el virrey
Joaquín de la Pezuela y los jefes militares al servicio de la corona, podían
defender ese reducto vital del sistema colonial y actuar como puntal
de la reconquista de los demás territorios. Una aspiración que ni los
40 funcionarios, ni los militares curtidos en guerras europeas, pudieron
cumplir. En 1819, la expedición chileno-rioplatense al mando de José
de San Martín y de Bernardo de O’Higgins comenzó al sur del Perú la
planificada independencia del Virreinato que consideraban un seguro
para su propia independencia. Pero el plan no logró aglutinar las fuerzas
internas suficientes, políticas y militares, para llevar adelante el proyecto;
tampoco se alcanzó años después el acuerdo con Bolívar para combinar
las fuerzas con el ejército colombo-venezolano. El territorio peruano sería
el escenario de la derrota militar de los españoles que puso fin a la guerra
de independencia, entre 1823 y 1824, cuando la estrategia de Bolívar y el
general Antonio José de Sucre diera el resultado esperado.
La independencia chilena, declarada formalmente el 12 de febrero
de 1818, fue la primera que se consolidó militarmente en la batalla de
Maipú del 5 de abril de ese año, donde el ejército unido de O’Higgins y
San Martín obtuvo una clara victoria. Después de meses de preparación
en el campamento de Mendoza, el ejército de San Martín había cruzado
Los Andes el año anterior hacia el lado chileno, en la primera etapa de la
campaña del Perú desde el sur. Chile iniciaba como república su historia
independiente, con los mismos temores que en otras partes, la posibilidad
de una reconquista española, las tensiones y la violencia de la política
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
interna, y los “excesos” de una plena libertad. O’Higgins inició su gestión
de escasos tres años como Director de un gobierno amenazado en su
estabilidad por los disensos internos y las conspiraciones, que finalmente
lo empujaron al exilio. Así comenzaba la historia independiente de las
nuevas repúblicas.
En las Provincias del Río de la Plata, la independencia abrió un
proceso de fragmentación político territorial y de conflictos locales,
que anarquizaron la política e impidieron la creación de estructuras de
gobierno de alcance nacional. La independencia, declarada formalmente
en un Congreso reunido en Tucumán, en 1816, era el único acuerdo
alcanzado, después de muchas dilaciones. Ningún otro consenso fue
posible entonces, ni lo sería por muchas décadas.
En 1819, el primer intento de organización nacional con la 41
“Constitución de las Provincias Unidas en Sud América”, abrió otra etapa
de discordia y guerra civil. La Constitución aprobada en Buenos Aires,
dejaba en suspenso la creación de un sistema de gobierno porque definirlo
como republicano o como monárquico abría un previsible conflicto. Otro
tema polémico era la decisión de un régimen federal o centralista, unitario
en el lenguaje de la política rioplatense. Sin embargo, en esto no hubo
omisión, la constitución adoptó un gobierno centralizado, con sede en
Buenos Aires, que fue inmediatamente rechazado por las provincias. Se
inició la guerra contra Buenos Aires y su gobierno, que no tardó en caer.
Así, de difícil fue el inicio de la independencia en el territorio de
las Provincias Unidas del Río de la Plata, que décadas después pudo
organizarse como la República Argentina. Tan difícil que ningún acuerdo
fue posible fuera de la independencia. Todo lo que correspondía a la
organización nacional era motivo de conflicto, no se definió el régimen
político nacional, tampoco el orden administrativo. La nación no existía
como tal, ni siquiera en el papel de las declaraciones y lo único que
parecía posible negociar eran los términos de algunos tratados entre las
provincias que les permitían convivir mientras eran respetados.
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El panorama general se presentaba en toda la región como una
compleja combinación de diversidades donde destacaban algunas
tendencias comunes que vale mencionar. Primero, el protagonismo
de las acciones militares y de los liderazgos de origen militar, ya no
exclusivamente político y civil, como al inicio del proceso. Segundo,
la manifestación de idiosincrasias que marcaban las manifestaciones
tempranas de los procesos nacionales o protonacionales. Tercero,
los incidentes que acompañaron el desarrollo de la estrategia militar
convergente desde el sur chileno-rioplatense y desde el norte colombiano,
para vencer las fuerzas españolas en el Perú. Cuarto, los enfrentamientos
internos de diversa raíz, sociales, políticos, ideológicos, de liderazgos en
disputa y las expresiones de hostilidad y rivalidades nacionalistas.
El eje de esta historia en toda la región, la lucha contra el poder
42
colonial español, formó un lienzo común sobre el que se desarrollan
interminables conflictos locales. Entre ellos, el que ocupó buena parte de
las luchas políticas del siglo XIX en toda la región, el conflicto centralismo-
federalismo que comenzó en paralelo con la lucha por la independencia.
Más allá de sus fundamentos político ideológico, estas dos tendencias
eran expresión de enfrentamiento de intereses y de poderes entre las
distintas elites locales y, a veces, ni siquiera entre ellas, sino entre jefes
locales, los caudillos que no estaban dispuestos a entregar las armas y a
someterse a un orden político superior, que anulara o limitara su cuota
de poder. Pero también era un conflicto que buscaba un equilibrio de
poder entre los intereses locales y los poderes centrales.
El año 1819 señaló una estación principal en el itinerario de la
independencia en el sur americano, un año de definiciones y cambios que
abrió un camino menos incierto y más despejado hacia la culminación de
ese proceso. Pero, sin superar los conflictos internos y las limitaciones que
harán lenta y enrevesada la creación del ordenamiento político nacional.
Después de 1811, las polémicas políticas no tuvieron la misma
presencia fuerte y la misma riqueza de argumentos. El combate tomó el
lugar del debate. Incluso los asuntos internos, que ocupan el centro de
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
la política, comienzan a dirimirse más con las armas que con la palabra.
De allí que un escenario como el de la ceremonia de instalación del
Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819, fuera un acontecimiento
extraordinario por sus características poco usuales en el contexto que
hemos reseñado. El acto se realizó con un cuidadoso protocolo centrado en
el jefe supremo, Simón Bolívar, quien fue recibido a las puertas del recinto
por una comisión de diputados y conducido al “asiento preeminente bajo
el solio nacional”.13
Se abrió la sesión con la lectura que hizo Bolívar de su extenso
discurso, una de las piezas claves de su pensamiento político, el célebre
“Discurso de Angostura”. Al concluir, fue elegido presidente del Congreso
el diputado Francisco Antonio Zea, que prestó juramente ante el Jefe
Supremo y pasó a la silla antes ocupada por Bolívar. Siguió una escena
43
cargada de un significativo simbolismo. Bolívar habló a sus compañeros
de armas presentes y declaró que todos tenían la condición de simples
ciudadanos, por lo que en su nombre y en el de ellos, presentaba a Zea el
bastón de general en señal de la subordinación y de la obediencia ciega
del cuerpo militar al Congreso, “que debe distinguir a todo soldado de la
República”, y se sometía a la decisión de los diputados con respecto a su
destino. A continuación, Zea pidió al Congreso, bajo la formalidad de una
pregunta, confirmar los grados y empleos conferidos al general Simón
Bolívar. Los diputados respondieron que sí y el presidente devolvió el
bastón a Bolívar.
La escena ponía de relieve cómo concebía Bolívar los espacios del
poder político y el del poder militar en esa república que nacía en el contexto
de la guerra, al dejar constancia de estos principios: 1. Que el poder civil,
Descripción tomada de las Actas del Congreso de Angostura, 1819-1820, Roberto
13
Cortázar y Luis Augusto Cuervo compiladores. Bogotá, Edición de la Fundación para la
conmemoración del Bicentenario del natalicio y el Sesquicentenario de la muerte del
general Francisco de Paula Santander. Biblioteca de la Presidencia, 1988. Publicación
digital: www.bdigital.unal.edu.co/ 1847/ Actas del Congreso de Angostura 1819-1820 #
143. El llamado “Palacio de Angostura”, no era un palacio, fue construido en 1777 para
el Colegio de Latinidad y Letras.
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es decir el poder político, tenía el mando simbólico de la República. 2.
Que el poder militar se declaraba voluntariamente subordinado al poder
político. 3. Que el poder militar ejercía un poder de hecho que le permitía
tomar iniciativas políticas. 4. Que el poder político ejercía facultades en
conformidad con el poder militar.
Durante los meses siguientes, los treinta representantes, un
buen número de ellos militares, debatieron el proyecto de constitución
presentado por Bolívar, que quedó aprobado el 15 de agosto. La
organización política propuesta, se revisaría diez años después, según
disponía la misma constitución. Pero antes de ese plazo, en 1821,
la Constitución fue sustituida por la Constitución de Cúcuta, por la
que Venezuela pasó a ser un departamento de la nueva República de
44 Colombia.
III. Orden, des-orden, desorden
En la dimensión discursiva de la independencia el concepto de orden
tiene una presencia ubicua que requiere precisiones, bien sea que se
complemente con otra palabra o que aparezca sin compañía: orden
colonial, orden monárquico, orden republicano, orden político, orden
constitucional, orden militar, orden social, orden moral, orden institu-
cional, orden jurídico, o simplemente orden.14 Su significado, sin embargo,
es consistente con una misma idea, aunque el principio ordenador no
sea el mismo. El concepto de orden refiere a todo lo que se ajusta a un
canon, a un conjunto de reglas o preceptos, es lo que está en armonía
con un sistema, una estructura, una escala jerárquica establecida y la
correspondiente subordinación asociada, lo que responde a lo esperado,
El concepto de orden en el contexto de la independencia de Venezuela es analizado
14
por Carole Leal con un enfoque distinto al de este artículo en dos trabajos de importante
consulta: “1) La revolución del orden: el 19 de abril de 1810”. Revista Politeia. Caracas,
Instituto de Estudios Políticos, Universidad Central de Venezuela, nº 43, 2009, pp.
65-86. 2) “El concepto de orden en tiempos de transición: Venezuela (1770-1850)”.
Bulletin de l’Institut française d’etudes andines. [En línea), 39 (1), 2010. Consultado el
26 de octubre de 2020.
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El orden como prioridad y la libertad como promesa
a los usos y normas de una organización. El desorden es entendido
como su contrario, es el desconocimiento o la negación del orden o de
un determinado orden, es lo imprevisible, lo inesperado, lo que escapa
a la norma y no se ajusta a un sistema de relaciones preponderante, en
su expresión más extrema es la anarquía, el caos. Pero también puede
ser entendido de otra manera como veremos. El orden y el desorden
describen la dinámica del tiempo que analizamos.
El orden colonial estructurado durante los tres siglos de dominio
español según las disposiciones de la legislación de Indias y las
prácticas de funcionamiento de la sociedad colonial, quedó fracturado
irremediablemente después de 1810, a la espera de un nuevo orden.
Según el cálculo de los protagonistas de la independencia venezolana
en 1811, esa operación de des-orden, es decir la acción de desarticular 45
o desmontar el orden político colonial, su aparato institucional, podía
hacerse sin desorden, aplicando un procedimiento constitucional que
resignificaría el concepto de orden dándole un contenido secular a las
nociones de orden natural, político y social. El iusnaturalismo racionalista
y el republicanismo fundamentarían en adelante los nuevos usos del
concepto.15
El propósito de la elite política de la Primera República no
era cambiar las bases de la estructura social, ni el aforo del espacio
ocupado por quienes tomaban las decisiones. El desorden, que a veces
se calificaba apresuradamente como anarquía −¿el gentle chaos del
historiador Fredrick Pike?−,16 no estaba dentro de las previsiones, no
15
C. Leal, “La revolución del orden”, Politeia, nº 43, pp. 79-80.
16
FDR’s Good Neighbor Policy: Sixty Years of Generally Gentle Chaos. Texas,
University of Texas Press, 1995. En “Preserving the Tradictional Society Through
Major Innovations: The Case of Venezela”. Spanish América, 1900-1970. Tradition
and Social Innovation. (London, Thames and Hudson, 1973, p.7) Pike sostiene que la
historia venezolana es única en la región, en tanto que, desde la independencia, cada
cierto tiempo una clase gobernante desprestigiada es desplazada por grupos de “nuevos
ricos” y hombres recién llegados a las esferas de poder. Este periódico ascenso al poder
de nuevos grupos habría amortiguado la virulencia de los factores de conflicto social.
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era una necesaria consecuencia del des-orden, puesto que rápidamente
se constituyó en 1810 una élite política que condujo el proceso con
cuidadosos procedimientos que permitieron elegir diputados, reunir un
congreso constituyente, declarar la independencia y acordar el orden
republicano, todo en el mismo año de 1811. Sin embargo, el proceso, tan
pronto como comenzó, despertó temores y cautela, paradójicamente
entre quienes habían promovido la destrucción del orden colonial, tal vez
sin medir sus consecuencias.
Para apreciar mejor el proceso venezolano, vale observar por
contraste el caso del Río de la Plata, ya mencionado, donde la ruptura
del orden político colonial no fue seguida inmediatamente por una clara
decisión de crear un nuevo orden político: ni república ni monarquía, ni
46 régimen unitario ni federal, ni colonia ni independencia. La independencia
tardó seis años en declararse y el nuevo orden fue posible casi medio siglo
después de la independencia. La consecuencia del des-orden fue entonces
el desorden
La operación quirúrgica propuesta en el Congreso de 1811, en
Caracas, pretendía eliminar la estructura política que servía de soporte
al nexo colonial, crear la república, sin alterar demasiado el orden
jurídico, ni el orden social vigente, para crear las bases constitucionales
del nuevo orden institucional republicano. El delicado procedimiento
imponía a la élite política reunida en Caracas la múltiple y complicada
tarea de desmontar la maquinaria colonial y franquear el paso al orden
republicano, a la vez que actuaban como custodios del viejo orden, a fin
de poder controlar qué aspectos conservar y cuáles no. La conciliación
de esos cometidos fue improbable desde sus inicios. No porque no
tuvieran claro lo que pretendían, des-ordenar el orden colonial y ordenar
la república sin desorden, sino porque se rompieron las amarras que en
el pasado contenían los disensos, aseguraban las lealtades y anclaban la
estructura social.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
El curso de los acontecimientos posteriores a 1810 planteó la
necesidad de atender las contingencias del orden y detener el desorden
en tres frentes, el político, el social y el militar, cada uno con sus propias
demandas. Veamos.
IV. El orden como prioridad
En el orden político, la adopción del régimen republicano suponía un
cambio radical, no solo en la estructura institucional y jurídica sino en la
introducción del concepto de ciudadanía, aplicado a un segmento de la
sociedad, que comportaba nociones de una cultura política desconocida
hasta entonces: la exigencia de lealtad al nuevo orden jurídico; a las
instituciones republicanas y a los gobernantes electos, en lugar de la
fidelidad a la monarquía y al monarca, heredero de la corona por derecho 47
de familia; el acatamiento y cumplimiento de nuevas normas legales y
un comportamiento político activo, en tanto que el ciudadano, según
la ley, elegía y también podía ser elegido, siempre que reuniera ciertos
requisitos.
En las circunstancias que siguieron a la capitulación del 25 de julio
de 1812, el orden republicano establecido en la constitución del once, que
nunca llegó a tener fuerza legal ni poder efectivo, se disolvió. De allí que,
al amparo del des-ordenamiento colonial y de la libre interpretación de
las nuevas ideas, emergieran prácticas calificadas como desorden, sobre
todo visibles en las pugnas por el poder, en los abusos de autoridad y en
las controversias sobre los derechos de las provincias.
El constante riesgo físico y moral de la guerra y las demandas
de todo tipo para derrotar el desafío militar español, no parecen haber
sido un obstáculo tan retador para alcanzar la victoria y para la vigencia
del nuevo orden político como el “huracán revolucionario”, de la época
republicana, según la expresión empleada por Bolívar en su Discurso
de Angostura. En esa época se vivía un “torrente infernal”, afirmaba el
Libertador, en medio del “desarrollo de los elementos desorganizadores”.
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Así describía a la des-organización de la estructura colonial que se vivía
con gran intensidad en esos años.17
En la segunda década del siglo diecinueve, no hubo orden colonial
ni orden republicano, se vivía una irrealidad jurídica que podía ser de
uno o de otro, según qué bando dominara determinado espacio. Pero,
aun bajo esa irrealidad, la disciplina y el acatamiento de la autoridad se
planteaban como prioridad tanto en la política como en el ámbito militar,
que desde entonces se combinaron. Imponer orden y acatamiento, sin
abandonar los principios de la república y la democracia, lo que requería
un arte especial y el maestro que lo dominara.
“Tramoyista incomparable”, como Napoleón, llamó Caracciolo
Parra Pérez a Bolívar, a quien describió así: “Espíritu realista y realizador,
48 tenía sed de autoridad y sabía ejercerla, odio al desorden y no temía
reprimirlo, habilidad para escoger sus medios y mano ruda al aplicarlos.
Poseía en grado mayor la virtud del príncipe que, según Maquiavelo,
consiste en inclinar la fortuna hacia el buen lado”, en este caso, agregamos,
el “buen lado” era el suyo propio.18
El rechazo frontal de la Constitución Federal de 1811 y su insistencia
en atribuir al régimen federal, con débiles fundamentos, la caída de la
primera república, era uno de los argumentos que Bolívar repetía en la
defensa de su concepción del poder ejercido por una autoridad máxima
que concentrara la capacidad de tomar decisiones. No por un triunvirato
como proponía la constitución del once, sino por una cabeza que podía
encarnarse en la figura del dictador si las circunstancias lo requerían.
Además, debía residir en una sede geográfica que fuera la marca de
identidad fija del nuevo régimen institucional, reconocida así por todas
las provincias. Esa sede para Bolívar era indiscutiblemente Caracas, el
17
Simón Bolívar, “Discurso pronunciado por el Libertador ante el Congreso de
Angostura el 15 de febrero de 1819, día de su instalación”. Simón Bolívar, Escritos
fundamentales. Caracas, Monte Ávila Editores, Colección Simón Bolívar, 1982, p. 113.
18
Parra Pérez, ob. cit., tomo II, pp. 91 y 360. La cita larga es de esta última página.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
símbolo de la unidad del poder político y del rechazo al federalismo.
Se explica así su insistencia en ocupar la ciudad hasta que los fracasos
militares y el escaso apoyo que encontró, lo convencieron de que no era
una meta realizable entonces. A su pesar tuvo que aceptar la realidad:
la independencia se forjó en las provincias, no en Caracas. La ciudad
volvería a ser la capital después de la batalla de Carabobo.
En el proyecto constitucional de Bolívar, los mecanismos para
imponer el orden en la política se apoyaban en un Poder Ejecutivo fuerte y
unipersonal, en el régimen político centralizador y en el Poder Moral, con
un tribunal de jueces, el Areópago, que controlaría la educación y vigilaría
la moral republicana y las buenas costumbres. Bolívar, consideraba que
Venezuela debía alejarse de los modelos perfectos de una república liberal,
organizar un gobierno sólido controlado por una élite política y militar, 49
rechazar el federalismo y adoptar un régimen centralista que ejerciera
un poder efectivo sobre todo el territorio. La estructura propuesta
mantenía las formalidades del modelo liberal, participación electoral
ciudadana, división de poderes, responsabilidad de los funcionarios, pero
concentraba el poder en el Poder Ejecutivo unipersonal, según su forma
peculiar de interpretar la división de poderes.
Si en el ámbito de la política esa concepción del poder vertical se
imponía por la incumbencia de civiles y militares, las decisiones sobre
el orden militar eran un asunto de competencia exclusiva de la gente
de guerra, sin otra participación de los civiles más que en el plano de
las propuestas teóricas. La breve experiencia del fracaso militar en la
defensa de la Primera República, sumada a las ideas ya formadas sobre
cómo organizar el esquema defensivo −que según Bolívar debía apoyarse
en una estrategia ofensiva− debilitó el planteamiento del ciudadano
en armas. Es decir que la defensa de la patria debía ser una de las
obligaciones del ciudadano libre.19 Bolívar, por su formación intelectual
Las distintas concepciones sobre la organización de la defensa son analizadas por
19
Fernando Falcón en “La relación entre guerra y política en la Primera República
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y su visión de la independencia no creía compatibles las demandas de la
actividad militar con el ejercicio de las libertades ciudadanas. La defensa
de Venezuela requería un ejército con disciplina profesional, lo que
suponía un esquema de jerarquías y subordinación rígido y un mando
centralizado, unipersonal, como en la política.20
No le fue fácil a Bolívar imponer su criterio del orden militar, sobre
todo porque los caudillos regionales sabían que esa jefatura única tenía
su nombre. Pero en marzo de 1816, un año de mucha actividad militar
pero pocos avances, ganó su primera batalla política cuando logró reunir
en Los Cayos un cónclave de caudillos para elegir la cadena de mando
del ejército, ante la inminencia de la expedición militar que zarpó de esa
localidad en Haití con destino a Venezuela para reanudar la guerra.
50 Entre pleitos, desafíos, dudas y reservas acalladas, como narra
Parra Pérez, finalmente se escogió a Bolívar para ocupar el comando
supremo. Una decisión que contrarió abiertamente a caudillos como
Francisco Bermúdez y Mariano Montilla, pero contó con el apoyo
decisivo del presidente Alexandre Pétion y del capitán Pedro Luis
Brion, la aceptación de Santiago Mariño, su rival de mayor peso y otros
caudillos que participaron de la reunión. Mariño fue designado segundo
jefe y Luis Brión como jefe de la escuadra; completaban el comando de
la expedición, Henry Ducoudray-Holstein, Francisco Zea, Manuel Piar y
Gregor MacGregor.21 En total la expedición no pasaba de 250 hombres.22
La autoridad de Bolívar fue luego ratificada en territorio venezolano en
asambleas y acuerdos entre los principales caudillos. Lo que no impidió
que su autoridad siguiera siendo cuestionada, incluso que ese mismo
año, Bermúdez atentara contra su vida en Güiria. Su desempeño militar
venezolana (1810-1812). Politeia. Caracas, Instituto de Estudios Políticos, Universidad
Central de Venezuela, nº 28, 2002, pp. 61-92.
20
En realidad, a la inversa, en la política como en el campo militar.
21
Parra Pérez, ob. cit., II, pp. 53-56.
22
Ibíd, p. 57.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
ese año no fortaleció su jefatura, que seguía siendo un título más, como el
de Libertador de Venezuela.
El empeño en retomar a Caracas, que otros jefes militares
consideraban un error, condujo a dos de las actuaciones más deslucidas
del expediente militar de Bolívar. La primera fue en Ocumare, punto de
desembarco para iniciar una marcha por los valles de Aragua y seguir
hasta Caracas, cuya ocupación consideraba como el triunfo final contra
las fuerzas españolas. El fracaso fue inmediato, por la improvisación, la
falta de disciplina y la falsa expectativa de colaboración de los habitantes
de la provincia de Caracas, que se alejaron por temor a quedar entre dos
fuegos y por las posibles consecuencias si se alineaban con los perdedores.
Bajo la jefatura de MacGregor, el resto de la expedición emprendió una
larga y audaz marcha llena de incidentes, pero finalmente épica, hacia los 51
llanos centrales y luego hacia oriente. En tanto que Bolívar nuevamente
buscó refugio en una de las islas cercanas y permaneció hasta fines de
1816 en Haití. El imperativo del orden que Bolívar pretendía encarnar
seguía lejano al igual que el respeto de los demás caudillos hacia sus
dotes militares.
A su regreso, sin tropas ni mando, explicó el fracaso de Ocumare
y volvió a proclamar la necesidad de organizar un gobierno para ordenar
los asuntos públicos. En enero de 1817, había logrado reunir una pequeña
tropa, con la que se atrevió a lanzar un ataque a los realistas frente al
pueblo de Clarines. El plan parece haber sido avanzar hacia Caracas, pero
el encuentro conocido como la derrota del combate de Clarines, le hizo
desistir del proyecto, aunque no de modo definitivo.23 Un nuevo fracaso
de su estrategia centrista.
Las razones del avance sobre Clarines son discutidas: para Vicente Lecuna la idea
23
de marchar sobre Caracas era una maniobra para engañar a las tropas monárquicas. C.
Parra Pérez afirma que el plan realmente tenía como objetivo ocupar a Caracas. Bolívar
no admitió que el objetivo final fuera Caracas. Sin embargo, Páez confirma que en 1818
mantenía esa idea.
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Ya entonces, Manuel Piar había iniciado la campaña en Guayana
y tomaba control de Angostura, que se convertiría en la plaza fuerte
del movimiento patriota y pronto en la sede de los poderes públicos
de la república. Bolívar aceptó finalmente que la estrategia de dominar
la provincia de Guayana y establecer allí su base de operaciones tenía
sólidos fundamentos. El proceso militar y político de la independencia,
comenzó a echar bases duraderas en la provincia, donde precisamente el
centralismo caraqueño tenía más rechazo.
No deja de ser paradójico que el proyecto centralista de Bolívar
adquiriera vigencia en la provincia, y que la independencia avanzara
en la dirección esperada lejos de Caracas, en territorios aislados de los
tradicionales centros urbanos de poder al norte del territorio. El proyecto
52 fue posible cuando el foco de la acción militar se trasladó a Guayana y
avanzó hacia Casanare por los llanos, donde Páez comandaba sus tropas
sin dar tregua a los españoles. El ejército Libertador pudo seguir hasta
Boyacá, el lugar de la victoria decisiva del 7 de agosto de 1819 que derrotó
a los españoles en Nueva Granada. La guerra, en cierto modo parecía
reafirmar en los hechos la existencia de una realidad federal, entendido
el federalismo como descentralización del poder. Aunque no por ley, sino
de facto. Podía perfectamente entenderse que el orden militar y el orden
político se impusieron con menos obstáculos a partir del reconocimiento
de esta realidad.
El desafío a la autoridad de Bolívar por los principales caudillos,
renuentes a aceptar las órdenes de un jefe al que no reconocían méritos
superiores, no provenía de los celos en el desempeño militar, era un
desconocimiento del papel central que Bolívar intentaba tener en la
política y en el proyecto de la nueva república. La independencia de
Venezuela es singular, entre otras cosas, por la nutrida representación
de jefes militares que a la vez que se destacaban en acciones militares,
tenían aspiraciones políticas que retaban las de Bolívar.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
En las provincias orientales, el gran caudillo era Santiago Mariño,
desde que, en 1813, su famosa expedición de los “Cuarenta y Cinco” desde
Trinidad a Güiria, había activado la guerra contra la ocupación realista,
había recuperado Cumaná y Barcelona y establecido su liderazgo militar
en la región. No tenía un proyecto político independiente para la región,
pero defendía la autonomía federal y rechazaba el centralismo que se
pretendía imponer desde Caracas, una postura que compartían los demás
caudillos. El prestigio de Mariño lo convirtió desde entonces en el jefe
natural de los caudillos de oriente. Una jefatura, sin embargo, que no era
entendida como una relación de estricta subordinación, sino más bien
como la autoridad del primus inter pares.
El episodio más ostensible contra la autoridad de Bolívar, fue
el Congreso de Cariaco de mayo de 1817, que reunió a los principales 53
jefes militares y a un relevante grupo de civiles de la primera hora de
la república, no todos hostiles a Bolívar, por cierto, para dar nueva
vida a la Constitución Federal de 1811 y a las instituciones del gobierno
federal. Ciertamente, no quedaron evidencias, y probablemente no las
hubo, de que este fuera un acto hostil hacia el Libertador. Por otra parte,
la convocatoria era, tal vez, la consecuencia de las mismas palabras de
Bolívar, proclive a dejarse llevar por el entusiasmo del discurso, cuando,
después de ser designado “Comandante y Jefe Supremo de las Repúblicas
de Venezuela y Nueva Granada”, en mayo de 1816 en Margarita, autorizó
la instalación del Congreso de Venezuela y la designación de los diputados,
sin más trámite.24
Sin embargo, no se le había participado la convocatoria y nadie
ignoraba la posición de Bolívar contraria al régimen federal de gobierno,
que fue el proyecto propuesto en Cariaco. El congreso reunió a conocidos
defensores del sistema federal, los caudillos regionales, civiles conven-
cidos de sus bondades, y un nombre conocido por los venezolanos, el
Parra Pérez, ob. cit., tomo II, p. 64.
24
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clérigo José Cortés de Madariaga, el personaje anecdótico del 19 de abril
de 1810. Esto, sumado a la ausencia del jefe Supremo, dieron pie para
considerar la reunión como un intento de desconocer la autoridad de
Bolívar.
En 1817, después del Congreso de Cariaco, Bolívar decidió actuar
drásticamente, aunque con arreglo a las formas. El escarmiento cayó
sobre el general Manuel Piar, uno de sus más enconados antagonistas, a
quien se le abrió juicio militar y condenado a muerte por un Consejo de
Guerra.
Después del fusilamiento de Piar en octubre de 1817, el cuestiona-
miento de la jefatura de Bolívar no desapareció, pero amainó tanto como
para permitirle en 1818 dedicarse a consolidar las herramientas de su
54 poder militar y político. La principal tarea militar fue “crear, disciplinar y
armar” el Ejército Libertador bajo su jefatura. El orden militar finalmente
se impuso y en el Congreso de Angostura se consagró el orden político en
sus términos, aunque su propuesta no fuera totalmente aceptada por los
constituyentes. El ejército Libertador uniría ese año fuerzas con Páez en
varios combates en los llanos y cruzaría en 1819 a Colombia, en el inicio
de la Campaña Libertadora.25
En el orden social, las tempranas fracturas de la jerarquía social
de la colonia y las contradicciones que se planteaban por la presión para
dar real contenido a los principios fundacionales de igualdad y libertad
individual del nuevo orden, provocaron inquietud general entre la gente
de la elite. En las sesiones del Congreso de 1811 se expresaron claramente
las inquietudes sobre el tema, que esencialmente era el temor a los de
abajo. El diputado José Sata y Bussi, alertaba en uno de los debates
contra el “espíritu desorganizador” que podía introducirse de alterarse el
25
José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución de la República de Colombia,
tomo V, p. 75.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
statu quo.26 Y Juan Germán Roscio advertía que la ruptura con España
no podía disolver todos los pactos anteriores porque eso equivaldría a
destruir toda relación social, a “anular la dependencia del hijo al padre,
del inferior al superior, del soldado al jefe, del esclavo al Señor” lo que
llevaría a la anarquía.27 Estos temores condicionaron las discusiones
sobre los temas que se presumían como parte del nuevo orden social de
la república, como la igualdad de los pardos o la libertad de los esclavos.
El mismo Bolívar no ocultaba sus temores de una guerra civil
provocada por el “odio del hombre de color contra el blanco”. La minoría
blanca, el propietario mantuano, el dueño de tierras y esclavos, y también
los miembros de la pequeña elite urbana con acceso a la educación y a
ciertos privilegios sociales, en el nivel superior de la jerarquía tradicional
se sentían amenazados. “Nuestros enemigos” escribía Bolívar en 55
1814, “Han dado la libertad a nuestros pacíficos esclavos y puesto en
fermentación, las clases menos cultas de nuestros pueblos para que
asesinen individualmente a nuestras mujeres” … “a nuestros tiernos
hijos, al anciano respetable…”.28 Los temores eran manifiestos desde el
comienzo del conflicto.
En julio de 1811, la noticia de la participación de 300 “pardos
facciosos” en el levantamiento de Valencia provocó temores entre los
representantes reunidos en el primer congreso constituyente, aunque
Fernando de Peñalver, diputado por esa ciudad, considerara que se
trataba solo de “algunos pardos incautos”.29 En Cumaná, declaraba su
representante, no había problemas con los pardos que no aspiraban
26
María Elena González Deluca, “Entre la libertad y el orden. Expresiones tempranas
de un dilema no resuelto de la política venezolana”. Presente y Pasado, Mérida, julio-
diciembre, 2018, p. 52.
27
Ibíd., p. 51.
28
“Bolívar al Gov. Maclean, Colonial Office, Caracas, 17 de junio de 1814”. Simón
Bolívar, Obras Completas. Caracas, Librería Piñango, vol. 1, p. 98.
29
Libro de Actas del Supremo Congreso de Venezuela, 1811-1812. Caracas, Academia
Nacional de la Historia, 2011, II, pp. 76-85.
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“a otra cosa que a ser ciudadanos” puesto que, explicaba, la población
“quiere democracia, pero no el desorden”.30 Sin embargo, en la provincia
de Caracas, los pardos, entre quienes había unas cuantas familias
pudientes y educadas, tenían un buen historial de tenaz defensa de sus
derechos frente a las barreras que levantaban los mantuanos. No tenían,
por lo tanto, muy buena disposición hacia los miembros de la minoría
blanca que, por su parte, no se consideraban responsables del trato
discriminatorio.
La discusión sobre el tema se planteó desde el inicio de las sesiones
del Congreso como asunto prioritario, pero fue diferida reiteradamente.
Algunos representantes consideraban que la igualdad no debía reafirmarse
mediante una declaración especial referida al segmento de los pardos,
56 que formaban la mayoría de la población, y en la provincia de Caracas era
el 46% de la población.31 Se esgrimía como argumento en favor de una
declaración explícita de igualdad que Caracas ya lo había hecho y una
manifestación clara de reconocimiento de sus plenos derechos, evitaría
conflictos con los pardos. La constitución de 1811, finalmente declaró
“revocadas y anuladas” las leyes que desconocían los derechos civiles
de los pardos, cuya condición ciudadana no estaba en discusión.32 La
disposición, como todas las demás quedó como testimonio documental
del acuerdo alcanzado, sin consecuencias efectivas.
Otro asunto, que provocaba inquietud y temores, era el de los
esclavos, que no existían como individuos legalmente libres y, desde
luego, no como ciudadanos, pero sí fueron reiteradamente solicitados
por patriotas y realistas para servir en la tropa de los ejércitos, con el
ofrecimiento de su libertad. Pero esa solicitud era menos por la necesidad
de hombres, que era una realidad, que por el temor de que apoyaran
30
Ibíd., I, p. 344.
31
Jean Carlos Brizuela, “Manifestaciones liberales en tiempos de edificación
republicana”. Presente y Pasado. Revista de Historia. Mérida, Universidad de los
Andes, nº 46, julio-diciembre, 2018, pp. 87-124
32
Constitución Federal para los Estados de Venezuela, artículo 203.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
al enemigo, o se rebelaran contra los ricos criollos. El recuerdo de las
cruentas rebeliones de esclavos en Haití no se borraba entre los que
se representaban como posibles víctimas de episodios semejantes en
Venezuela. Poco confiaban los esclavos en el ofrecimiento de los jefes
militares patriotas.33
En 1819, el segundo congreso reunido para elaborar la constitución
republicana para la nueva nación, la reunión de Nueva Granada y
Venezuela, propuesta por Bolívar, daría también una respuesta a la
necesidad de regular la vida de la sociedad venezolana en el nuevo
contexto. El orden social republicano establecido por la Constitución de
Angostura, no era el de la igualdad social, no se mencionaba el papel de
los criterios raciales en la estructura social, ni hubo ninguna referencia
a la esclavitud, por lo que la abolición tampoco se mencionaba. La ley,
57
propuesta como el marco que igualaba a la población, tenía un alcance
estrictamente jurídico. Todos respondían a las mismas leyes, “sea que
castigue, ó que premie”, ese era el nuevo orden social republicano.34 No
obstante, no todos eran iguales legalmente, porque unos podían hacer
las leyes y podían elegir a quienes las hacían, los ciudadanos activos,
privilegio que se concedía a los militares de la independencia aunque no
reunieran los requisitos, mientras que otros, los ciudadanos pasivos, solo
podían aspirar a ser protegidos por las leyes que otros creaban.
La propuesta constitucional contiene, además, otra barrera a los
excesos sociales. El senado, hereditario en la propuesta del Discurso de
Angostura pero vitalicio en la Constitución aprobada, debía actuar en
las tempestades políticas en rechazo a las olas populares “…se opondría
siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la
autoridad de sus magistrados”.35
33
Parra Pérez, ob. cit., tomo II, p. 76.
34
Constitución de 1819, Título I, art. 16º
35
Simón Bolívar, “Discurso al Congreso de Angostura”, p. 129.
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V. La libertad como promesa
El concepto de “libertad” empleado con frecuencia en la gran oratoria
pública de la independencia, además de una presencia ubicua, revela
un contenido marcadamente polisémico. Dado que es una de las ideas
centrales de la filosofía política de la época, es fácil entender su uso
repetido en el discurso, aunque muy a menudo fue un recurso retórico
incorporado al estilo ampuloso de ese tiempo. Por otra parte, los diversos
significados que adquiere en el discurso forman un registro que, si bien
no es el tema que nos concierne, tampoco puede ser ignorado.
En el Congreso de 1811 y en los discursos de la época, el concepto
de libertad, representativo de las teorías y propuestas políticas del siglo
XVIII, es uno de los temas del debate de ideas de la independencia.
58 En el lapso aquí considerado, los discursos de Bolívar son una fuente
fundamental para examinar los usos del concepto de la libertad, aunque
es también una fuente que requiere una atención crítica, considerando los
sagaces artificios del discurso público del Libertador y el uso del concepto
como recurso de oratoria.
Su empleo frecuente como sinónimo de independencia indica,
probablemente, el propósito de difundir una percepción de la lucha
patriota como defensa de la libertad de la sociedad venezolana y debilitar
su valoración como una pugna de poder entre los blancos criollos y entre
estos y el poder colonial. Bolívar es el Libertador y Libertador es también
el ejército que está bajo su mando. La libertad, la independencia, fue,
finalmente, el compromiso más efectivo y auténtico; y, a la postre, el
único que llegó a ser real.
La libertad ofrecida a los esclavos en varias oportunidades se
afianzó en el discurso de Bolívar a partir de 1816, en cumplimiento de
la promesa hecha en Haití al presidente Pétion. Sin duda, fue también
un recurso para ganar la voluntad de miles de hombres cuyo interés
en la independencia no podía anteponerse a su libertad personal como
derecho humano, sin que percibieran algún beneficio. El seguimiento de
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
esta propuesta indica las dificultades, al cabo insuperables, para convertir
la promesa de la libertad en una realidad.
Bolívar, desde entonces, incorporó a su discurso, de manera formal
y reiterada, la oferta de libertad a los esclavos. En la Proclama de Ocumare,
del 6 de julio de 1816, ratificaba que en el nuevo orden no habría más que
una clase de hombres, los de condición libre, los ciudadanos, y declaraba
que los esclavos eran ya libres. Señalaba, además, que quienes se sumaran
a la lucha contra los realistas tendrían consideraciones especiales. Sin
embargo, muy pocos atendieron, en esa y en otras ocasiones, su promesa
de libertad y los más siguieron a los españoles o se embarcaron en buques
ingleses hacia las islas vecinas, donde fueron vendidos nuevamente.36
Bolívar culpaba a “la tiranía de los españoles” de haber anulado
la voluntad de los esclavos y de haber eliminado en ellos hasta el aprecio 59
por su propia libertad, sin advertir que tampoco había razón para que
los esclavos confiaran en su palabra, que era la de sus antiguos amos.
Quienes ofrecían ahora la libertad a los esclavos eran los mismos dueños
de su propia libertad, o sus descendientes, o blancos más identificados
con los propietarios que con las aspiraciones de libertad de los esclavos.
Por otra parte, la independencia nada significaba para los esclavos en
términos de cambios en sus circunstancias de vida.
Pero, si en medio de la guerra, sin recursos para hacer efectivas sus
palabras, Bolívar ofrecía a los esclavos una libertad que esperaba que los
liberara también de la fidelidad al régimen monárquico para servir a la
independencia, en 1819, el Congreso de Angostura fue el escenario de su
llamado a los legisladores para que aprobaran la “libertad absoluta de los
esclavos”. Una libertad sin condiciones, porque “…no se puede ser libre y
esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas
36
“Bolívar al General Marion, Gobernador del departamento de Los Cayos, Carúpano
27 de junio de 1816”. Simón Bolívar, Obras Completas, vol. 1, p. 200.
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y las leyes civiles”.37 La esclavitud “atroz e impía”, consideraba Bolívar,
constituía una amenaza en el espacio venezolano, amenaza “un diluvio de
fuego”. Sin embargo, la esclavitud se prolongaría todavía durante más de
tres décadas. La promesa no se hizo realidad.
El proyecto constitucional de Angostura, dejó la libertad en el
mismo plano de un ideal sin plena vigencia, como parte de los derechos del
hombre. La única libertad por la que se luchó para convertirla en realidad,
la independencia, no dependía de la decisión de los legisladores, sino que
se forjó en el campo de batalla en sus propios términos. Esta libertad,
recalcaba Bolívar en su discurso, debía su existencia a la historia militar
la historia del heroísmo republicano. Los militares, decía, han hecho el
sacrificio más grande y, por lo tanto, tienen privilegios en la constitución
como el derecho a la ciudadanía activa, incluidos los extranjeros que
60
combatieron por la independencia.38 Es así que, la sociedad de iguales
ante la ley, nacía con un segmento de la sociedad que, por haber servido a
la patria, se había ganado una posición por encima de la ley. Esta era una
realidad sin promesa previa.
En el Discurso de Angostura Bolívar hilvanó una serie de
argumentos para explicar por qué la sociedad venezolana no estaba
preparada para vivir en libertad y tenía que hacer su aprendizaje antes de
poder disfrutarla, porque “el bien, como el mal, da la muerte cuando es
súbito y excesivo”.39 Citó a Rousseau para afirmar que la libertad “…es un
alimento suculento, pero de difícil digestión…”.40 Por lo tanto, la libertad
no podía ser por el momento más que una promesa para toda la sociedad.
El “incentivo de la libertad”, señalaba, es un don que la naturaleza nos
da al nacer, pero es prisionera de la indolencia humana que afianza el
“hábito de la dominación”. Así se expresaba Bolívar de la libertad, que el
mismo consideraba el más sagrado de los derechos humanos.
37
Simón Bolívar, “Discurso al Congreso de Angostura”, p. 141.
38
Ibíd, pp. 141-143.
39
Ibíd., pp. 122-123.
40
Ibíd., p. 117.
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
No es posible dejar de apreciar la oratoria enfática y solemne que
conduce el razonamiento para explicar esta dualidad con respecto a la
libertad. Por un lado, es el principio fundacional de la independencia, del
Estado y del proceso de cambio en marcha. Es también el más sagrado
de los derechos. Por otro, las restricciones expresan el temor a la libertad,
la necesidad de evitar el inevitable giro perverso de la libertad “excesiva”,
por lo tanto, hay que ir poco a poco, aplicarla en dosis.
Como en la Constitución de 1811, la libertad tenía una cara buena
y una cara mala, “la libertad ilimitada y licenciosa”. En la Constitución
de 1819, el papel del Poder Legislativo, cuya columna fundamental es el
Senado vitalicio, es poner límites, por la vía de la ley, a los excesos de
una libertad mal entendida, para impedir que se convierta en licenciosa.
La libertad es un derecho sagrado, afirmaba Bolívar, pero no un derecho 61
natural como cabría pensar al calificarlo como sagrado. Empleando
una de sus astucias verbales, relacionó la libertad con los atributos que
el ser humano trae al nacer, pero no llegó a afirmar que la libertad es
inherente a la condición humana; el individuo, afirmaba, no nace libre,
sino con el “incentivo de la libertad”.41 La sutileza verbal que supone el
empleo de la palabra “incentivo”, un estímulo, un aliciente, indicaría que
el derecho positivo debía completarlo; es decir correspondería a la ley
hacer realidad ese incentivo, y también sería facultativo de la ley ponerle
límites, e incluso eliminarlo. Pero esto no llegó a insinuarlo.
En suma
La apretada trama de acontecimientos en el breve lapso que va de 1813
a 1819, ofrece una de las oportunidades más fecundas para estudiar el
complejo desarrollo de la independencia venezolana y latinoamericana
en sus diversos registros: militar, político, social, el pensamiento político,
la interesante dimensión de las relaciones humanas entre las figuras del
caudillismo militar con fuertes motivaciones políticas y de poder, las
41 Ibíd., p. 118.
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contradicciones y dificultades del proceso, la formación de los liderazgos
en medio de fuertes rivalidades e intrigas, los cambios y definición de las
estrategias militares y políticas, y el cauce que conduce al gran escenario
de las ideas sobre el nuevo orden en el Congreso de Angostura.
En las páginas precedentes nos asomamos a este segmento por
demás sugerente de la independencia venezolana, desde una perspectiva
que intenta dar cuenta de esa intrincada trama. Aunque se trata de una
coyuntura que no cuenta con un repertorio historiográfico extenso, los
volúmenes de la pormenorizada historia de Caracciolo Parra Pérez,
centrada en la figura del primer caudillo del oriente venezolano, y el más
relevante rival de Simón Bolívar, Santiago Mariño, son un valiosísimo
instrumento de estudio para armar una visión de conjunto de ese período.
62 Nuestro enfoque del tema destaca tres aspectos: la relevancia del
giro militar a partir de la caída de la primera república y el traslado del
foco de las acciones militares y de las decisiones políticas a los espacios
del territorio provincial; la preocupación por la creación del nuevo
orden en la dimensión política, militar y social y las manifestaciones
del desorden, como expresión del des-orden de las estructuras del
régimen colonial; y, como tercer aspecto, el problema de la libertad como
principio fundacional, sus diversos contenidos y manifestaciones, y sus
limitaciones.
La riqueza temática de este período da pie para reexaminar
y renovar ciertas nociones de la historiografía venezolana. Basten
dos consideraciones que parecen evidentes a partir del examen de los
hechos. Una se refiere a la oportunidad de revisar el enfoque centralista
de la independencia que mira su desarrollo a partir de las actuaciones y
decisiones tomadas en Caracas, y también la centralidad de la figura de
Simón Bolívar. Entre 1814 y 1819 la independencia se decidió militar y
políticamente en los espacios más profundos del territorio venezolano, lo
que obligó a Bolívar a reconocer que Caracas no jugaría por muchos años
ningún papel en los acontecimientos centrales. Por otra parte, el peso
MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA En el umbral de la idependencia.
El orden como prioridad y la libertad como promesa
regional de los caudillos le impuso a Bolívar, a su pesar, la necesidad de
aceptar límites a su posición como Jefe Supremo de la independencia.
La otra consideración se refiere a la idea de una tardía integración
nacional que la historiografía suele vincular con las grandes distancias y
las dificultades de comunicación por las condiciones del territorio. Sin
embargo, la rápida movilización de los ejércitos por todo el territorio y la
ininterrumpida comunicación entre distintos y lejanos espacios, donde en
esos años se decidía el curso de la guerra y de la política, sugieren que las
dificultades de la comunicación no representan un factor determinante
de la integración nacional. Tal vez haya que explorar el papel de otros
factores en la idea de la nación que finalmente es un imaginario que toma
forma y se vigoriza, o no, en largos procesos.
63
ה ANGOSTURA Y EL COMERCIO EXTERIOR
EN TIEMPOS DE GUERRA (1817-1822)1
CATALINA BANKO
Las relaciones comerciales con el exterior en el siglo XVIII
La Europa del siglo XVIII es escenario de profundas transformaciones
que se expresan en la modernización de las técnicas industriales,
principalmente con la difusión de la máquina de vapor, haciendo
posible un incremento sustancial de los volúmenes de producción. De
este proceso se desprenden importantes modificaciones del sistema
comercial que habrá de requerir de transportes rápidos y baratos, nuevos
métodos de distribución y la consiguiente extensión de las operaciones
de crédito. En el marco de estos cambios de la dinámica económica, se
va incrementando el interés de los comerciantes europeos por establecer
lazos con los mercados hispanoamericanos que estaban aún sujetos a un
riguroso control monopólico desde la península.
A finales del siglo XVIII, ante la imposibilidad de proseguir
abasteciendo a sus colonias debido a las recurrentes guerras europeas, la
Metrópoli se ve obligada a flexibilizar el comercio. El tráfico con países
amigos y neutrales es autorizado a partir de noviembre de 1797, medida
que solamente podía aplicarse mediante autorizaciones especiales y
por determinados períodos, favoreciendo sobre todo a Estados Unidos
y Dinamarca, esta última a través de la isla San Thomas. Por entonces,
una buena parte de la carga de los barcos norteamericanos estaba
integrada por artículos provenientes de Inglaterra, aunque para burlar la
prohibición de entrada de tales mercancías a las colonias españolas, los
1
Ponencia presentada en el Simposio A 200 años del Congreso de Angostura celebrado
el 11 de julio de 2019 en la Academia Nacional de la Historia.
CATALINA BANKO Angostura y el comercio exterior en tiempos de guerra (1817-1822)
cargamentos venían acompañados de facturas adulteradas que indicaban
su origen en los Estados Unidos. Al respecto es menester puntualizar que
Inglaterra no podía acceder directamente al tráfico con las colonias de
España a causa de las reiteradas contiendas entre ambas naciones.
Durante las últimas décadas del siglo XVIII, las Ciudades
Hanseáticas van acrecentando progresivamente sus conexiones
comerciales con Hispanoamérica en la medida en que se van abriendo
algunos mercados antillanos. En 1763, Francia permite a los extranjeros
el envío de mercancías a sus islas ubicadas en el Caribe a cambio de
transportar melaza y ron de regreso. En 1764, Dinamarca asigna a
Charlotte Amalie (San Thomas) la condición de puerto libre, facilidad
que será utilizada por Hamburgo, Bremen y Lübeck para internarse en el
ambicionado mercado ultramarino. Tras el éxito inicial de una empresa 65
de Hamburgo en ese tráfico, en 1782 también Bremen envía un barco a
San Thomas que retorna con café, tabaco, algodón, índigo y pequeñas
cantidades de azúcar.
En 1799 hacen su aparición en La Guaira los dos primeros barcos
procedentes de Hamburgo, en el marco de la nueva política española de
autorizar operaciones comerciales con países amigos y neutrales.2 Estos
primeros pasos se ven luego obstaculizados por los conflictos europeos
que impiden el ensanche del horizonte comercial hanseático. Uno de
los momentos de mayor gravedad corresponde a la declaración del
Bloqueo Continental por parte de Francia en 1806 con las consiguientes
represalias en caso de no cumplirse con las prohibiciones dispuestas,
situación irregular que se prolonga hasta la derrota de Napoleón. Los
comerciantes alemanes emplean en tales circunstancias a San Thomas,
isla danesa, como puente para vincularse con Venezuela. Su interés radica
en la introducción de mercancías y en la compra de cacao y café, aunque
la producción de este último rubro es aún muy reducida.
Kurt Nagel Von Jess, El elemento alemán en Maracaibo 1818-1939, p. 12.
2
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Gracias al incentivo de las medidas de apertura comercial y al
incontrolable contrabando, a comienzos del siglo XIX, las provincias de
la Capitanía General de Venezuela están disfrutando de una coyuntura
favorable, que se traduce en la expansión de la producción de cacao y
tabaco. En aquellos años se va abriendo paso lentamente la exportación
de café. Estos signos económicos positivos se desvanecen al estallar en la
península los graves conflictos políticos que a partir de 1808 arrastran a
la monarquía borbónica al colapso.
Efectos de las guerras en el tráfico comercial
En Venezuela, el comercio experimenta los primeros trastornos a partir
de los acontecimientos del 19 de abril de 1810. Desde el primero de
66 agosto de ese mismo año, la Regencia ordena el bloqueo de las costas
de la provincia de Caracas. Al principio son enviados desde Puerto Rico
unos navíos que no están en condiciones de cumplir con su cometido,
pero posteriormente el bloqueo se hace más efectivo, sobre todo tras la
declaración de la independencia, el 5 de julio de 1811.
Con el inicio de las hostilidades en Venezuela se abre una etapa de
grandes dificultades económicas a causa de la paralización de muchos
cultivos por la falta de mano de obra, problema que se agrava debido
a varios factores. Por un lado, el tráfico de esclavos es suprimido en
1810 y, por otro, los realistas incorporan a los esclavos al ejército con
la promesa de su futura libertad.3 A la insuficiencia de mano de obra
se une el saqueo de muchas haciendas todo lo cual genera un severo
impacto en la producción agrícola. En la medida en que los gastos se van
acrecentando y los ingresos se reducen por la disminución del tráfico
comercial, surgen obstáculos para continuar sosteniendo el ejército
republicano.
El otorgamiento de la libertad de los esclavos que se incorporan al ejército fue una
3
medida adoptada también por el sector republicano desde 1816.
CATALINA BANKO Angostura y el comercio exterior en tiempos de guerra (1817-1822)
La situación cambia a partir de 1815 con la ocupación de la región
central por los realistas cuyo dominio persistirá hasta 1821.4 España, tras
la expulsión de los franceses, logra reconstituir sus relaciones económicas
con algunas colonias. El comercio de ultramar adquiere un significativo
impulso, como era tradicional a través de La Guaira, aun cuando los
tiempos no son propicios todavía para que comerciantes extranjeros se
instalen en puertos venezolanos.
En el transcurso del proceso emancipador se multiplican las
rivalidades entre las naciones industrializadas para obtener el control del
mercado hispanoamericano, contexto en el que se manifiestan diversas
iniciativas de los comerciantes norteamericanos y europeos para fortalecer
sus lazos comerciales con Venezuela. Sin embargo, tras la derrota napo-
leónica en 1815, las nuevas relaciones políticas europeas se constituyen en 67
un freno para los objetivos de expansión de los comerciantes alemanes y
británicos. Nos referimos concretamente a la Cuádruple Alianza (1815),
promovida por Austria, Prusia, Inglaterra y Rusia, con la finalidad de
sostener a las monarquías absolutistas de Europa, lo cual implicaba
el reconocimiento de la legitimidad de las posesiones españolas en
América, algunas de ellas ya independizadas y otras en plena lucha por su
emancipación.5
4
Yoston Ferrigni, La crisis del régimen económico colonial en Venezuela 1770-1830,
vol. I, p. 25. En lo concerniente a los efectos de la guerra en la economía venezolana,
el autor afirma que se trata de un tema aún poblado de muchas lagunas. A su juicio,
la ignorancia sobre el devenir económico condujo a adjudicar a la contienda una
excesiva responsabilidad en numerosos fenómenos. De acuerdo al resultado de sus
investigaciones, sostiene que es necesario diferenciar dos etapas: la primera se extiende
de 1810 a 1814, lapso en el que efectivamente se padeció una profunda recesión debido
a los constantes trastornos políticos y a la virulencia de la guerra. La segunda etapa está
comprendida entre 1815 y 1821, en cuyo transcurso las exportaciones experimentan un
notable crecimiento al pasar de 1.186.599 pesos en 1815 a 1.386.l729 pesos en 1818. El
restablecimiento del comercio, aunque débil, es el resultado del prolongado período de
estabilidad que disfruta la región central bajo el dominio realista (Ferrigni, ob. cit., vol.
II, p. 119).
5
Manfred Kossok, Historia de la Santa Alianza y la emancipación de América Latina,
p. 40.
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Angostura: epicentro del comercio con el exterior
La Cuádruple Alianza se convierte, como ya indicamos, en un escollo para
entablar relaciones diplomáticas con las naciones hispanoamericanas. A
pesar de las ataduras que representan los compromisos asumidos por los
miembros de esa alianza, un buen número de comerciantes británicos ya se
había establecido en el puerto de Angostura, quienes debían actuar por su
cuenta y riesgo dado que no poseían el respaldo diplomático de su nación
de origen. De este modo, Angostura se transforma entre 1817 y 1819 en un
centro estratégico tanto en lo político como en lo económico, al convertirse
en la sede de las autoridades revolucionarias.
Por otra parte, es conveniente acotar que en ese proceso están
presentes a un tiempo, tanto el interés económico inmediato en cuanto
68 al tráfico establecido en un puerto sudamericano, como la aspiración de
promover la independencia de estos territorios a fin de ampliar los mercados
para la exportación de artículos manufacturados y la importación de ciertas
materias primas.
A través del puerto de Angostura ingresan los suministros bélicos, que
se constituyen en una significativa fuente de beneficios para los extranjeros,
consistente en la venta de municiones, armas, vestuarios y alimentos para el
ejército republicano, a cambio de frutos y dinero, aunque esta última forma
de pago era poco frecuente por las reducidas disponibilidades de metálico
que tenían los republicanos. Entre los comerciantes que se encargan de
este tráfico destacamos a los ingleses: Charles Hurry, Samuel Powles,
William C. Jones, James Hamilton, John Princeps, William Anderson,
John Alderson y el norteamericano Samuel Forsyth, entre otros. En el caso
de Alderson, este se había radicado en Caracas desde los primeros años
de la contienda, para trasladarse luego a Angostura. Asimismo, el veronés
Juan Bautista Dalla Costa estaba residenciado en dicho puerto desde 1814,
donde participó activamente en apoyo de la causa independentista.
Los capitalistas ingleses, además de estar consagrados a las
transacciones comerciales, muestran gran interés por las inversiones
CATALINA BANKO Angostura y el comercio exterior en tiempos de guerra (1817-1822)
vinculadas a las actividades agrícolas. Ejemplo de ello es el proyecto de
inmigración presentado por Charles Hurry en 1819 y las negociaciones
entabladas en ese mismo año por Luis López Méndez, Comisionado de
Venezuela en Londres, con R. Ackermann, M. Currie, D. Currie y S. D.
Powles para instalar colonias en el Orinoco, cerca de Angostura o en otros
puntos del interior que fueran aptos para la agricultura.6 También en 1819,
John Princeps y James Hamilton pretenden obtener tierras en Guayana
para el cultivo y el establecimiento de colonias agrícolas. En ese mismo año
le es concedido a Hamilton el arrendamiento de las Misiones del Caroní,
contrato que tendrá vigencia hasta 1829.7 Muchas de estas solicitudes
tienen por objeto obtener compensaciones por las deudas contraídas por
los republicanos.
Por su parte, Frederick Douglas, miembro de la Cámara de los 69
Comunes en Londres, resalta el 3 de junio de 1819 la importancia de
los mercados sudamericanos para la economía británica, además de
alertar acerca de la influencia norteamericana en dichos territorios. El
fortalecimiento de las relaciones de los Estados Unidos con el resto del
continente podría conducir a una “alianza de incalculable poder para
establecer relaciones comerciales siempre más estrechas” y “emplear todas
sus energías contra el comercio y el poder de Gran Bretaña”.8
Cuando en febrero de 1819 se celebra la instalación del Congreso
de Angostura, ya se había acumulado una deuda de cierta magnitud con
los negociantes ingleses por concepto de las provisiones entregadas al
ejército, pero la nueva república no disponía de recursos para efectuar las
correspondientes cancelaciones. Precisamente, Francisco Antonio Zea,
6
Luis López Méndez, “Memorandum of a contract…”, London, 19 de abril de 1819 en
Manuel Pérez Vila, El aporte particular británico en la independencia de Venezuela,
pp. 280 y 281.
7
James Hamilton, “A su excelencia Don Francisco Antonio Zea…”, Angostura, 11 de
mayo de 1819 en Ibídem, pp. 282 y 283.
8
Frederick Douglas, “Discurso en la Cámara de los Comunes”, 3 junio 1819, en Bolívar y
Europa, vol. I, Siglo XIX, pp. 396-397.
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vicepresidente de la República de Colombia y ministro plenipotenciario
ante las cortes europeas, arriba a Londres en diciembre de 1819 con la
finalidad de entablar conversaciones con los acreedores británicos.
A tal efecto se constituye un comité especial, integrado por Hurry
Powles, Charles Herring y William Graham, en representación de la
totalidad de los acreedores que superan el centenar, entre ellos: William
Duncan Campbell, Edward Hall Campbell, Samuel y James Mackintosh
y Thomas Thompson. Con la finalidad de acordar los términos de las
condiciones de pago, la garantía y los intereses de la deuda, Francisco
Antonio Zea y los miembros del comité antes mencionado firman un
Acta el primero de agosto de 1820 con el objetivo de brindar una solución
provisoria al problema.9
70 Si bien aún el territorio venezolano no se encontraba totalmente
liberado, se podía vaticinar el inminente triunfo de las fuerzas revolucionarias.
Por ello, la posibilidad de comerciar con la naciente república se convierte
en un fuerte atractivo para muchos capitalistas de Hamburgo, Bremen y
Lübeck, ciudades que están sufriendo las consecuencias de los compromisos
políticos adquiridos con la Cuádruple Alianza, que les impide comerciar
abiertamente con Sudamérica.
Luego, en la medida en que la liberación del territorio venezolano
se va extendiendo hacia la región oriental y central, Caracas y La Guaira
adquieren un papel preponderante en el comercio y se convierten en foco
de atracción para los comerciantes extranjeros. En los años sucesivos,
Angostura perderá la significación que había logrado en aquellos momentos
estelares de las guerras por la independencia.
Es interesante puntualizar que Francisco Antonio Zea declara en
París el 8 de abril de 1822 que la emancipación de América es un hecho
irreversible y que en este continente había terminado para siempre la
9
Antonio María Barriga Villalba, El empréstito de Zea y el préstamo de Erick
Bollmann de 1822, pp. 13-15.
CATALINA BANKO Angostura y el comercio exterior en tiempos de guerra (1817-1822)
dominación colonial. Asimismo, Zea señala que Colombia adoptará la
política de abrir sus puertas al extranjero, siempre que ello se asiente sobre
la base de la reciprocidad. El ministro expresa también que las autoridades
de Colombia no admitirán la presencia en su territorio de súbditos de
aquellos estados que no hubieran reconocido la República. Aún más,
concluye señalando que “el gobierno de Colombia prohibirá la entrada de
toda mercancía proveniente de los países cuyos gobiernos se rehusaran y
dilataran dicho reconocimiento”.10
El pronunciamiento de Francisco Antonio Zea genera honda
preocupación en los medios mercantiles europeos, ya que representa una
amenaza a sus intereses económicos. En el caso concreto de Hannover,
el jefe del gobierno responde a tales planteamientos, expresando que el
reconocimiento de la independencia de Colombia reportaría múltiples 71
ventajas al comercio. Igual preocupación se observa en Hamburgo, donde
41 comerciantes suscriben un petitorio dirigido a la Diputación de Comercio
para solicitar se estudie la futura política, dado que próximamente se
produciría “el reconocimiento de las repúblicas sudamericanas por el
gobierno norteamericano, y que todas las apariencias indican que Inglaterra
seguirá pronto este ejemplo para asegurarse las ventajas que los nuevos
gobiernos, particularmente el de Colombia, prometen dejar disfrutar a
aquellos que primero los reconozcan”. Se admite que los argumentos
de Francisco Antonio Zea son legítimos, pero también se señala que de
adoptarse esta política se podría correr el riesgo de provocar conflictos
con las potencias europeas y en particular con España. Para evitar esos
trastornos, la Diputación de Comercio de Hamburgo evalúa la posibilidad
de enviar agentes que no ejerzan una representación oficial, es decir, “sin
carácter público como ya lo hicieron América e Inglaterra”. Con tal finalidad
podrían utilizarse los servicios de comerciantes que estén residiendo en
territorio sudamericano quienes se desempeñarían como “agentes” de
Francisco Antonio Zea, “Nota Circular”, París, 8 abril 1822, en Karl Wilhelm Körner,
10
La independencia de la América española y la diplomacia alemana, pp. 233-234.
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Hamburgo, sin que ello signifique ningún tipo de compromiso que altere
las relaciones con sus aliados europeos.11
Ampliación de las redes comerciales tras la liberación de la
región central
El proceso emancipador llega a su punto culminante con la batalla de
Carabobo el 24 de junio de 1821. El 30 de agosto de ese mismo año se
promulga en Cúcuta la Carta Fundamental que regirá a la República de
Colombia, integrada por Venezuela y Nueva Granada, a las que se unirá
al año siguiente Quito tras lograr su independencia. Progresivamente,
en la medida en que se alcanza la pacificación de Venezuela, Caracas y el
puerto de La Guaira se convierten nuevamente en el centro económico de
72 la república y en foco de atracción para los comerciantes extranjeros.
A esta altura de los acontecimientos ya la República de Colombia
había puesto en práctica ciertas restricciones a las actividades de los
extranjeros. El 27 de febrero de 1822 se decreta la Ley de Consignaciones
Mercantiles, estipulando que todo extranjero que pretenda llevar a cabo
transacciones comerciales en el país, debe consignarse en personas
nacionales, bajo cuyo nombre giraría la empresa. La ley estaba destinada
a presionar a los gobiernos extranjeros para que éstos reconocieran
formalmente a la República.
Ante esa resolución, los comerciantes extranjeros responden con la
solicitud de su naturalización, como puede apreciarse en las largas listas
publicadas en la Gaceta de Colombia. Por ejemplo, entre setiembre de
1822 y octubre de 1824 se verifican 114 casos de naturalización, dato que
nos indica la gran preocupación del sector mercantil foráneo por no perder
el control de las actividades comerciales.12
11
Karl Wilhelm Körner, La independencia de la América española y la diplomacia
alemana, pp. 233-240.
12
Gaceta de Colombia, “Naturalización de extranjeros”, nº 114, 21 diciembre 1823, nº
137, 30 mayo 1824.
CATALINA BANKO Angostura y el comercio exterior en tiempos de guerra (1817-1822)
El interés de Inglaterra por entablar relaciones mercantiles con la
República de Colombia se evidencia en los conceptos expresados, en marzo
de 1822, durante el homenaje ofrecido en París por la casa inglesa Graham,
Herring y Powles al ministro de Colombia, Francisco Antonio Zea. Las
palabras de John Diston Powles, socio de la mencionada firma londinense,
revelan la preocupación por intensificar el tráfico con América:
Apenas puede concebirse que haya dos países tan adaptados
para un tráfico el más agradable y mutuo como Europa y
América. Por una parte, un pueblo agrícola, y por otra un pueblo
manufacturero, y traficante no pueden desear otras relaciones
sino las de prosperidad mutua. Difícil es imaginarse que resulte
un punto discordante entre países situados como estos dos.13
También en 1822, un grupo de comerciantes y propietarios de buques
presenta en Londres un Memorial en el que se enfatiza la importancia de 73
admitir en los puertos ingleses a los barcos de “Colombia, Buenos Aires y
otros países independientes de Suramérica”. En ese documento se plantean
interesantes conceptos:
Temen los exponentes que los países extranjeros, especialmente
los Estados Unidos, cuyas providencias se dirigen por la
regla adoptada por los mencionados gobiernos nuevamente
establecidos, aprovechándose de la oportunidad que les brinde
cualquiera especie de variación de parte de la Gran Bretaña, se
aseguren las más importantes ventajas a expensas de los intereses
marítimos, comerciales e industriales de este reino.14
Estas consideraciones nos revelan que los capitalistas ingleses tienen
absoluta claridad en cuanto al importante papel que están adquiriendo
los norteamericanos en el comercio de Hispanoamérica, aun cuando para
ese momento los Estados Unidos no disponían todavía de un aparato
productivo lo suficientemente amplio como para satisfacer la demanda de
estos mercados. Sin embargo, el temor de los comerciantes ingleses está
Gaceta de Colombia, “Correspondencia particular”, nº 43, 11 de agosto de 1822.
13
Gaceta de Colombia, “Inglaterra”, nº 46, setiembre de 1822.
14
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fundado en que, desde fines del siglo XVIII, los Estados Unidos venían
ensanchando su comercio exterior gracias a su neutralidad frente a los
conflictos en los que España se hallaba envuelta en aquel entonces. Esta
tendencia a la expansión económica tendrá su expresión política poco
después, cuando el presidente James Monroe lance en 1823 su famosa
doctrina, oponiéndose a cualquier intento de colonización del continente
americano por parte de las potencias europeas con el fin de asegurar su
hegemonía en la región.
En 1823, el bloque europeo de la Cuádruple Alianza comienza a
resquebrajarse, ya que Inglaterra se dispone a romper sus compromisos
políticos para tener libertad en su acción diplomática con las repúblicas
sudamericanas. Por otra parte, es irrefutable el hecho de que Gran Bretaña
74 había propiciado los movimientos emancipadores y que, en el caso de
Venezuela, los comerciantes ingleses cumplieron una acción fundamental
desde 1817 mediante el aprovisionamiento del ejército republicano a través
de Angostura, puerto que perderá este importante papel inicial tras la
liberación de la región central. Tanto los Estados Unidos como Inglaterra
habían ido estructurando las bases para concretar los futuros convenios
diplomáticos. La República de Colombia firma su primer tratado con
un país extranjero en el año 1824: se trata de los Estados Unidos. Al año
siguiente se suscribe un tratado semejante con Inglaterra, y de esta manera
quedan ya abiertas formalmente las puertas para la realización de un tráfico
comercial asentado sobre la base de condiciones de libertad y reciprocidad.
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ה LA IGLESIA EN EL CONGRESO
DE ANGOSTURA1
LUIS UGALDE S.J.
Desde la perspectiva del Concilio Vaticano ii
Mutua libertad y autonomía entre Iglesia y Estado
El modo como consideremos que debe ser la relación Iglesia-Estado
determinará la lectura de los hechos y decisiones del Congreso de
Angostura sobre la religión. Si se considera como ideal el sometimiento
de la Iglesia católica a la naciente República, o por el contrario que esta
debe someterse a la Iglesia, la lectura de los mismos hechos y decisiones
será diversa. Así mismo si se considera que pertenece a la identidad de
la Iglesia consagrar y defender la monarquía y el Antiguo Régimen social
y político como único posible para el católico, tendrá que ser negativa la
lectura de los hechos y decisiones del Congreso en relación a la religión
y la Iglesia católica. No olvidemos que, por ejemplo, en España en los
días de la proclamación de la 2ª República (1931) y en las consiguientes
elecciones se defendía que el voto católico debía ser monárquico, mientras
que el voto católico-republicano era objeto de repudio o sospechoso de
heterodoxia.
Nosotros leeremos la presencia de la Iglesia y del tema religioso en
Angostura desde la visión del Concilio Vaticano II que, en esto, como en
otras cosas, fue una puesta al día en temas que marcaban la ruptura e
incomprensión entre la Iglesia y el mundo moderno. El 7 de diciembre
de 1965, concluyendo el Concilio luego de 4 años de trabajo, los obispos
reunidos con el Papa Pablo VI envían unos Mensajes del Concilio
a la Humanidad con referencias específicas a determinados grupos
1
Ponencia presentada en el Simposio A 200 años del Congreso de Angostura celebrado
el 11 de julio de 2019 en la Academia Nacional de la Historia.
LUIS UGALDE La Iglesia en tiempos del Congreso de Angostura
con los que había habido malentendidos y rupturas, como las mujeres,
los hombres del pensamiento y de la ciencia, los trabajadores, los
gobernantes y otros. Nos interesa la página dedicada a los gobernantes.
A ellos les reconoce su autónoma autoridad: “Es a vosotros a quienes
toca ser sobre la tierra los promotores del orden y la paz entre los
hombres…”. Y agrega:
En vuestra ciudad terrestre y temporal construye El (Cristo)
misteriosamente su ciudad espiritual y eterna: su Iglesia.
¿Y qué pide ella de vosotros, esa Iglesia, después de casi dos
mil años de vicisitudes de todas clases en sus relaciones con
vosotros, las potencias de la tierra, qué os pide? Os lo dice en
uno de los textos de mayor importancia de su Concilio; no
os pide más que la libertad: la libertad de creer y de
predicar su fe; la libertad de amar a su Dios y servirle;
la libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje 77
de vida. No la temáis: es la imagen de su Maestro, cuya acción
misteriosa no usurpa vuestras prerrogativas, pero que salva a
todo lo humano de su fatal caducidad, lo transfigura, lo llena
de esperanza, de verdad, de belleza.2
(...)Vuestros pueblos serán los primeros beneficiarios, porque
la Iglesia forma para vosotros ciudadanos leales, amigos de la
paz social y del progreso.3
En la Declaración Conciliar sobre la Libertad Religiosa dice:
Igualmente, la Iglesia reivindica para sí la libertad, en cuanto
es una sociedad de hombres que tienen derecho a vivir en
la sociedad civil según las normas de la fe cristiana (…) Y
al mismo tiempo los cristianos, como los demás hombres,
gozan del derecho civil de que no se les impida vivir según su
conciencia. Hay, pues, concordancia entre la libertad de la
Iglesia y la libertad religiosa que debe reconocerse como un
derecho a todos los hombres y comunidades y sancionarse en el
ordenamiento jurídico.4
2
Papa Pablo VI, Mensajes del Concilio a la Humanidad.
3
Papa Pablo VI, Mensajes del Concilio a la Humanidad, nº 4 y 5 del Mensaje a los
Gobernantes (subrayado nuestro).
4
Declaración sobre la libertad religiosa nº 13.
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En el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia se dice:
La Iglesia no quiere mezclarse de modo alguno en el gobierno
de la ciudad terrena. No reivindica para sí otra autoridad que
la de servir, con el favor de Dios, a los hombres con amor y
fidelidad.5
¿Estado confesional católico?
La confesionalidad del Estado en la Constitución de 1811 es clara y
rotunda. En su capítulo primero establece:
La Religión Católica, Apostólica, romana es también la del
estado, y la única y exclusiva de los habitantes de Venezuela.
Su protección, conservación, pureza e inviolabilidad será uno
de los primeros deberes de la Representación nacional, que
no permitirá jamás en todo el territorio de la Confederación,
78 ningún otro culto público, ni privado, ni doctrina contraria a
la de Jesucristo.6
En contraste, la Constitución de 1819 no es confesional debido a
razones no explicitadas pero recogidas en el libro de Actas del Congreso
de Angostura. El 23 de abril de 1819 una veintena de diputados bajo
la presidencia de Roscio trataron el tema de la religión católica en la
Constitución y dice el Acta:
(…) habiéndose conferenciado larga y detenidamente, se
resolvió por la mayoría, que no profesando el pueblo de
Venezuela otra religión que la católica como única y exclusiva,
que hemos recibido de nuestros mayores y la misma que siempre
sostendrá el gobierno, estaba de más esta declaratoria, que por
otra parte es impolítica en las circunstancias en que estamos,
siendo socorridos de toda clase de extranjeros para asegurar
nuestra libertad e independencia.7
Tras esa decisión, la Constitución de Angostura queda encabezada
de la siguiente manera:
5
Decreto sobre Actividad Misionera de la Iglesia nº 12. (Mat. 20, 26; 23, 11).
6
Cfr., p. 15.
7
Constitución de 1819.
LUIS UGALDE La Iglesia en tiempos del Congreso de Angostura
En el nombre de Dios todopoderoso Autor y supremo Legislador
del Universo, Nos el pueblo de Venezuela, por la gracia de Dios
y por las leyes de la naturaleza (…).8
Con este cambio la Constitución de Angostura dejaba la puerta
abierta a la tolerancia y al apoyo de potencias no católicas como Inglaterra
con la presencia de cerca de 5.000 extranjeros en armas, la mayoría no
católicos.
Al mismo tiempo había la intención de firmar un Concordato
con la Santa Sede, que por diversas razones nunca se firmó en los 200
años siguientes de historia republicana. Hubo que esperar hasta 1964
para que el gobierno de Rómulo Betancourt firmara el Modus Vivendi
conciliatorio días antes de entregar la Presidencia de la República a su
sucesor Raúl Leoni. 79
Del Patronato Regio al Patronato Republicano
El tema del Patronato tenía consecuencias prácticas complicadas y su
tratamiento en los días del Congreso de Angostura y luego en la República
fue más incoherente.
Nada dice la Constitución de Angostura sobre el Patronato que
la mayoría de los republicanos quería mantener. El clérigo diputado
Méndez (luego Arzobispo de Caracas) defendía el estado confesional
y rechazaba el mantenimiento del Patronato Real, que era defendido
por quienes querían una Iglesia controlada por el Estado. Prevaleció el
Patronato, a pesar de que era una incongruencia, pues por él se convertía
la Iglesia en un apéndice del Estado, luego de haberse suprimido en la
Constitución toda referencia a ella.
El tema del Patronato tenía consecuencias prácticas complicadas
y su tratamiento en los días del Congreso de Angostura y luego en la
República fue más incoherente.
8
Ídem.
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Quienes defendían que el Patronato Real pasara a ser Patronato
Republicano argumentaban que el estado venezolano republicano
heredaba todos los derechos y atribuciones que tenía la Monarquía
española. Por otro lado, quienes se oponían a que continuara con la
República el régimen de patronato argumentaban que eso no era un
derecho del Estado sino un privilegio concedido por la Santa Sede al
monarca español a cambio de que este asumiera la responsabilidad de
evangelizar y “catolizar” a los pueblos sometidos a España. La Corona
española cargaba sobre sus hombres la enorme tarea de evangelizar
y organizar la estructura eclesiástica y sostenerla económicamente.
Al mismo tiempo convertían a la Iglesia en una dependencia en la
estructura del estado colonial. El Rey se convertía en una especie de
Vicario de la Iglesia católica y todo nombramiento de la Santa Sede
80 pasaba por el Gobierno español; ningún clérigo ni orden religiosa podía
venir a América sin aprobación y apoyo de la Corona española y ningún
documento pontificio se promulgaba en América sin previa aprobación
del Rey. Esto dejaba especialmente desconectado de la Santa Sede al
mundo católico de la naciente República. Además, toda la estructura
burocrática eclesiástica era muy dependiente y subordinada a la Corona
con juramento de fidelidad, lo que condicionaba sus posiciones políticas
sobre la independencia y quedaban cerradas para que los republicanos
las entradas para el contacto directo con la Santa Sede. Por ejemplo,
las sedes vacantes de las diócesis no podían ser atendidas con nuevos
nombramientos. Esta es la razón de las instrucciones que desde Angostura
envió Roscio, como veremos.
En Venezuela la larga guerra trastocó la vida de la Iglesia y el clero
estuvo muy dividido entre realistas y patriotas. A la caída de la Primera
República en 1812 centenares de sacerdotes fueron sometidos a “Juicios
de Infidencia” acusados de ser simpatizantes de la República. A medida
que la guerra avanzaba clérigos que fueron monárquicos se abrieron a
las nuevas realidades republicanas. Por otro lado, también los líderes
del Estado veían la necesidad que había de la colaboración del clero en
LUIS UGALDE La Iglesia en tiempos del Congreso de Angostura
la naciente república, sin instituciones y con peligro de anarquía. A su
vez España ponía un cerco para impedir esa comunicación y manipulaba
a la Santa Sede para que condenara el movimiento independentista
como impío. Luego de la derrota de Napoleón, Europa vivía en clima
de restauración del Antiguo Régimen y el Papado está influido y
condicionado por el movimiento restaurador del Congreso de Viena y la
Santa Alianza. El embajador español Vargas Llaguno estuvo muy activo
hasta lograr la encíclica Etsi Longissimo (1816) de rotunda condenación
papal sobre la Independencia.
Luego de 1820 destacará de manera especial el caso del obispo Lasso
de La Vega nacido en Panamá y arzobispo de Mérida. El contribuyó de
manera muy exitosa a la apertura de Bolívar a la Santa Sede y de esta a
la República con el nombramiento de nuevos obispos. En 1827 el Papa 81
León XII atenderá la necesidad de nuevos arzobispos de Bogotá y Caracas
y obispos de Cuenca, Santa Marta, Quito, Antioquia y Guayana.
Instrucciones de Juan Germán Roscio
A pesar de la estrecha conexión de la Iglesia colonial al dominio político
español los líderes del Congreso de Angostura no proponen la creación
de una Iglesia nacional independiente –como aconsejaba por ejemplo el
abate De Prat al Libertador– sino que buscan la comunicación directa
con el Papa, rompiendo el cerco español en Roma. El presidente del
Congreso Juan Germán Roscio –con preparación y profunda reflexión
en esta materia religioso-política– en 1819 escribe a Peñalver y Vergara,
Comisionados del Congreso de Venezuela en la Corte de Londres con
instrucciones para su buen desempeño político en Europa. En ellas aborda
el tema de las relaciones con el Papa con las siguientes instrucciones:
“Abrirán comunicaciones con el Papa como Jefe de la Iglesia Católica y
no como señor temporal de las legaciones”.
Muy importante esta distinción (difícil en la época) entre el papel del
Jefe espiritual y Jefe de Estado identificado con la monarquía española.
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En este segundo papel los independentistas serán considerados rebeldes
al Papa, mientras que en el otro se mostraban como católicos deseosos
de fidelidad y encuentro. Roscio no aceptaba el Regio Patronato.
1. Contra las imposturas de nuestro enemigo le declararán que
la religión católica es la que se profesa en la Nueva Granada y
Venezuela y en toda la América insurrecta contra la dependencia
colonial y tiránica del Gobierno español.
2. Le dirán que este mismo gobierno opresor y desolador de la
América se jacta de ser auxiliado por el sucesor de San Pedro
contra la emancipación y felicidad de estos países; sus fieles
habitantes han tenido por apócrifas las letras comprobantes del
auxilio (Que le informen al Papa como es utilizado por España el
82 apoyo papal para defender la opresión. Se refiere a la Encíclica
papal Etsi Longissimo de 1816 que tuvo poca incidencia y que
muchos en América divulgaron la idea de que era falsa…).
Agrega Roscio varios argumentos y gestiones más:
3. Le comunicarán, si fuese necesario, las pruebas ineludibles de
la justicia de nuestra causa, acumuladas en una multitud de
impresos.
4. Le recordarán la homilía que predicó el mismo Papa siendo
obispo de Ímola en la República Cisalpina, aplaudiendo el
sistema republicano como conforme al Evangelio de Cristo.
5. Le demostrarán que ninguna autoridad es más legítima y digna
de ser obedecida que aquella que se deriva del pueblo, única
fuente inmediata y visible de todo orden temporal (…)
6. En suma, le propondrán las bases de un Concordato y el
nombramiento de una persona suficientemente autorizada para
concluirlo en Venezuela.9
Luis Ugalde, El pensamiento teológico-político de Juan Germán Roscio. Caracas,
9
UCAB, 2007.
LUIS UGALDE La Iglesia en tiempos del Congreso de Angostura
Para los republicanos americanos el problema no era la fe católica si
no la identificación de esa fe con el Antiguo Régimen y con la monarquía
española. En consecuencia, tenían que hacer lo posible para disminuir
la influencia de ese aspecto de la Iglesia y de esa mentalidad y para
que naciera una Iglesia que aceptara la soberanía popular y el legítimo
gobierno nacido de la voluntad de independencia de los americanos. Ello
facilitaría la nueva relación positiva entre el Estado y la Iglesia y en eso
el pensamiento de Juan Germán Roscio era clave: Dios quiere la libertad
de los pueblos y no su sometimiento a los déspotas.
Dificultades y soluciones prácticas
Las dificultades iniciales e incompatibilidades entre la Iglesia colonial y
la República se fueron resolviendo a medida que avanzaba el avance y 83
la consolidación de la independencia. Cada una de las partes necesitaba
de la otra y el realismo y sentido común iría superando las barreras:
La República no podía reconocer autonomía a la Iglesia monárquica
y antirrepublicana. Al mismo tiempo necesitaba de la Iglesia a la que
pertenecían casi todos los habitantes. Necesidad acentuada con el peligro
de anarquía.
A su vez la Iglesia necesitaba relación directa con el Papa,
nombramiento de obispos sin pasar por el Patronato español, sino en
entendimiento con la república. No solo Juan Germán Roscio, sino que
cada vez más obispos, sacerdotes y fieles católicos van reconociendo
la soberanía de los americanos, el sistema político republicano frente
al despotismo monárquico y desean “el triunfo de la libertad sobre el
despotismo”.
Papel extraordinario del Obispo Lasso de La Vega (1764-1831)
Destaca de manera especial el caso del obispo Lasso de La Vega nacido
en Panamá y luego arzobispo de Mérida. El contribuyó de manera muy
exitosa a la apertura de Bolívar a la Santa Sede y de esta a la República
con el nombramiento de nuevos obispos.
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Nace en Panamá y estudia en Panamá y Bogotá. Párroco de Funza
y canónigo de la catedral de Bogotá.
En 1815 Fernando VII lo presenta para obispo de Mérida y se
residencia en Maracaibo y Mérida.
Furibundo realista: ir contra el rey es ir contra Dios. Incluso niega
los sacramentos a los republicanos.
En 1820 se produce un cambio en España con el alzamiento de
Riego. Fernando VII se ve obligado a jurar la liberal Constitución de
Cádiz de 1812. Lasso también la jura. Morillo jura la Constitución liberal
y se produce el Encuentro de Morillo y Bolívar en Santa Ana.
El obispo Lasso en 1821 se entrevista con Bolívar en Trujillo y se
pasa al bando republicano. Se justifica con los siguientes argumentos:
84
Si el Rey juró la Constitución, la soberanía es del pueblo. ¿La
soberanía volvió a los españoles? ¿Por qué no a los americanos?
Razones pastorales prácticas para que los fieles no quedaran sin
pastores.
Se convierte en defensor de la soberanía popular y “virtudes
republicanas”. Bolívar lo valoró mucho.
Hizo un extraordinario servicio a la República y a la Iglesia
escribiendo en 1822 al Papa Pío VII con éxito una carta que abrió las
comunicaciones y el camino para los nombramientos de los primeros
obispos de la América republicana sin medición de España. Promovido a
la diócesis de Quito, muere allí en 1831.
Nota: Sacerdotes en el Congreso de Angostura
• Antonio María Briceño (merideño o trujillano). Luchó con Páez.
• Eduardo Antonio Hurtado Barrios de Aragua de Barcelona. Luchó
con los Monagas. Dejó luego el estado clerical. En 1846 fue Jefe del
Estado Mayor de José Tadeo Monagas.
• Ramón I. Méndez de Barinas. Luchó con Páez. Luego arzobispo de
Caracas.
ה EL CONGRESO DE ANGOSTURA:
LINEAMIENTOS INSTITUCIONALES PARA LA
CONSOLIDACIÓN DE LA INDEPENDENCIA Y
LA UNIÓN AMERICANA1
GUSTAVO VAAMONDE
La realización de este evento, gracias al apoyo de todos los presentes el día
de hoy, es un motivo de orgullo para esta Academia Nacional de la Historia
y para los estudios históricos de nuestro pasado ya que se conmemoraron,
durante el mes de febrero del año en curso, los 200 años de la instalación
del Congreso de Angostura. Esta efeméride no podía pasar desapercibida
para los investigadores e historiadores especializados en el tema, razón
por la que nos complace que se haya podido desarrollar este Simposio
que, seguramente, dejará para el conocimiento y el debate propuestas
interpretativas de tan importante proceso de nuestra independencia
nacional, así como también del continente americano.
Quisiera comenzar esta intervención revisando una realidad
histórica necesaria de conocer para comprender el proceso constituyente
e integrador adelantado en Santo Tomás de la Guayana de la Nueva
Angostura del Orinoco. Como primer punto debemos repasar en este
momento la situación constitucional de Venezuela antes del 15 de febrero
de 1819. En una breve reconstrucción podemos precisar que a partir del
día 19 de abril de 1810 se inició en Caracas, capital de la Capitanía General
de Venezuela, un proceso de transformación político e institucional
al instaurarse una Junta Conservadora de los Derechos del monarca
Fernando VII, corporación que asumió las funciones de gobierno y
1
Ponencia presentada en el Simposio A 200 años del Congreso de Angostura
celebrado el 11 de julio de 2019 en la Academia Nacional de la Historia.
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administración de la jurisdicción luego de expulsar del territorio a los
funcionarios monárquicos allí destacados. Esta junta convocó a los
pocos meses a los integrantes de las otras juntas que se erigieron a lo
largo del territorio de la Capitanía General para que enviasen Diputados
con los cuales conformar el Congreso General de Venezuela, el cual se
reunió en Caracas a comienzos del mes de marzo del año de 1811. Este
primer Congreso Constituyente de Venezuela decretó la independencia
de España el día 5 de julio de 1811 y sancionó durante el mes de diciembre
la primera Constitución de la Venezuela independiente.
Este primer intento institucional para la consolidación tanto del
Estado como de la nación venezolana duró pocos meses. Desde finales
del mes de marzo del año 1812 hasta comienzos del mes de abril del
86 año 1817, se desencadenó un abierto conflicto militar entre las fuerzas
independentistas de Venezuela y los defensores de la monarquía en la
misma jurisdicción. Durante este período la situación militar para el
bando patriota fue difícil y cambiante motivado al empuje de las fuerzas
monárquicas. Luego de lograr Simón Bolívar, al mando de tropas
neogranadinas, ocupar Caracas a mediados del año 1813, comenzó un
complejo proceso de vacío constitucional ya que el nombrado Libertador
de Venezuela se negó a promulgar nuevamente la Constitución del año
1811. ¿Por qué tomó esta decisión?
Uno de los primeros elementos que debe señalarse que propiciaron
esa situación puede encontrarse en la reacción –negando cualquier
posibilidad de copia de conductas militares y retaliación– del Libertador
Simón Bolívar quien conoció, al igual que la mayoría de los habitantes
de estas jurisdicciones, del accionar del Capitán de Fragata Domingo
de Monteverde, Comandante de las fuerzas monárquicas en Venezuela
a partir del año de 1812, y quien, habiendo ocupado nuevamente la
jurisdicción a favor de la causa real, se negó sistemáticamente a jurar y
promulgar la Constitución de la Monarquía Española sancionada por las
Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación durante ese mismo año
bajo el siguiente argumento:
GUSTAVO VAAMONDE El Congreso de Angostura: lineamientos institucionales para la
consolidación de la independencia y la unión americana
No se ha diferido la publicación de la Constitución por
descuido, omisión ni capricho, consideraciones muy graves lo
han motivado: Aquella ley sabia, liberal y fundamental de la
monarquía española fue dictada para regir lugares pacíficos,
[y a] súbditos leales. Poblaciones quietas. En muy distinto caso
se hallan estas Provincias. Su vecindario lleno del más feo
crimen, humeando todavía el fuego de la rebelión más atroz
y escandalosa: en fermentación los ánimos de los facciosos,
y finalmente en estado de no haberse separado el trigo de la
sisaña. He aquí el estado de Caracas. Querer gobernar una
sociedad de bandoleros alevosos y traidores por las reglas con
que se manda una compuesta de fieles vasallos de honor y de
bien es un error, un delirio.2
Entonces nos encontramos con una situación constitucional
compleja ya que el Libertador de Venezuela se negó también, a
mediados del año de 1813, a promulgar nuevamente la Constitución 87
Federal de 1811. Él mismo se preocupó por aclararlo en sus documentos
públicos. En el Manifiesto de Cartagena, escrito el 15 de diciembre del
año 1812, puntualizó que una de las causas esenciales que propició la
caída del primer intento independentista fue el haber asumido aquella
Constitución Federal:
…entre las causas que han producido la caída de Venezuela,
debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su constitución
que, repito, era tan contraria a sus intereses como favorable a
los de sus contrarios.3
2
Domingo de Monteverde, oficio. Caracas, 29 de octubre de 1812. AGI, Sevilla.
Sección V, Gobierno, 14, leg. 177, doc. 282, fol. 411. Citado por Veronique Hébrad en
“La participación popular en la guerra de independencia”, en Germán Cardozo Galué
y Arlene Urdaneta Quintero (Comps.). Colectivos sociales y participación en la
independencia hispanoamericana, Maracaibo: Universidad del Zulia, 2005, pp. 212-
213.
3
Simón Bolívar; “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un
caraqueño. Cartagena de Indias, 15 de diciembre, 1812”, en: Simón Bolívar, Obras
Completas, (Cartas del Libertador comprendidas en el período de 20 de marzo de 1799
a 3 de noviembre de 1820, vol. I, Madrid, Maveco de Ediciones, S. A, 1992, p. 45.
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Y reafirmó su desprecio por el sistema de organización y
funcionamiento del gobierno adoptado al sentenciar en el mismo
documento lo siguiente:
El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse en
el teatro político fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo
del sistema tolerante; sistema improbado como débil e ineficaz…4
Esta experiencia histórica consolidó la firme posición de Simón
Bolívar en favor del centralismo. Esta posición política del Libertador
generó, entre otros factores también, el hecho de que en Venezuela no
se tuviese ninguna constitución vigente por más de siete años, a pesar de
que existieron muchos espacios del territorio en poder y control de los
patriotas. Bolívar, para robustecer su posición en contra de la constitución
88 del año 1811, buscó la asesoría de su tío, el jurista Francisco Javier Ustáriz,
y la del letrado Miguel José Sanz, para que justificaran la concentración
de poderes en su persona como comandante del ejército neogranadino
libertador de Venezuela. El día 18 de agosto de 1813, Uztáriz presentó un
“Plan Provisorio de Gobierno de Venezuela”. Estableció que la prioridad
del comandante militar era terminar de expulsar a los enemigos de la
patria, por ello debía concentrarse en la celeridad y contundencia de las
acciones necesarias para lograr este objetivo. Esto era razón suficiente
para no preocuparse por convocar ningún congreso ni sancionar tampoco
una nueva constitución. La inseguridad imperaba en Venezuela, por esta
razón era difícil poder reunir con garantías mínimas de seguridad a un
grupo de diputados y, menos aún, convocar a las antiguas autoridades
de Venezuela. De igual manera no debía pensarse, según el letrado,
en ninguna situación de ilegalidad en Venezuela ya que el Brigadier
Libertador venía con el mandato de una autoridad legítima como lo
era el soberano Poder Ejecutivo de la Unión Neogranadina. Propuso
entonces que se escogiesen diputados de varias jurisdicciones
de Venezuela para que fuesen a la Nueva Granada a formalizar
Ibíd., p. 41.
4
GUSTAVO VAAMONDE El Congreso de Angostura: lineamientos institucionales para la
consolidación de la independencia y la unión americana
la unión entre las dos naciones. Estamos en presencia entonces
de las primeras formalidades jurídicas exigidas para la unión
o asociación entre ambos países.
Volviendo entonces a la situación de Venezuela en 1813, Simón
Bolívar dio instrucciones precisas de cómo manejar los asuntos de
gobierno y de administración de justicia, sin un ordenamiento jurídico
vigente, en las disposiciones que envió a Manuel Antonio Pulido en
Barinas para atender la situación de insubordinación que se vivía en
aquella región:
Mientras no se haya conseguido arrancar de raíz el germen de
las irrupciones, fijar la opinión a favor de la independencia, y
mientras no se vea el orden nacer de la fuerza, no es posible
abandonar la suerte de la provincia de Barinas al régimen
de las leyes, yugo impotente sobre espíritus descontentos, 89
arrastrados del fanatismo religioso, y dirigidos por hombres
perversisimos. (…) Bajo este concepto he dispuesto en las
actuales críticas circunstancias sea gobernada militarmente la
provincia de Barinas, como en estado de conquista, y que los
mismos negocios políticos se expidan por el jefe militar.5
Esta realidad militar, política e institucional imperó en Venezuela
durante más de un quinquenio, a pesar de los intentos como los del
Congreso de Cariaco. Con el control de la provincia de Guayana, luego
de la batalla de San Félix en el mes de abril de 1817, los patriotas de
Venezuela se hicieron con un territorio estratégico que les posibilitó
establecer una base de operaciones para continuar la guerra de
liberación, contando entonces con el elemento territorial y humano que
eran las bases necesarias para la consolidación del Estado independiente.
Simón Bolívar, quien había asumido la jefatura suprema de las fuerzas
independentistas en el Congreso de Cariaco, emitió una proclama en
la ciudad de Angostura del Orinoco el día 22 de octubre del año 1818
5
Carta de Simón Bolívar, a Manuel Antonio Pulido, Gobernador de Barinas, Valencia,
10 de diciembre de 1813.
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para reunir el Segundo Congreso Constituyente de Venezuela, instancia
de organización política e institucional necesaria para terminar de
consolidar la república de Venezuela. En el documento el Libertador
precisó que, luego de las dificultades que generó durante todos aquellos
años el conflicto bélico, ya estaban dadas las condiciones para poder
congregar un nuevo congreso, eso sí, aclarando la caducidad de cualquier
vestigio constitucional, legal y de representación del congreso así como
de la constitución del año 1811.
El propósito principal fue rescatar formalmente todos los derechos
de la soberanía, fundamentada en un nuevo principio de la titularidad
y representación de este derecho: la voluntad popular. En palabras
del Libertador se aspiraba consolidar este fundamento político de la
república:
90
Pero si al beneficio de la emancipación no añadiésemos el de la
Libertad Civil bien constituida, poco habríamos adelantado en la
carrera de nuestra regeneración política. (…) No someterse á una
ley que no sea la obra del consentimiento general del Pueblo, no
depender de una autoridad que no sea derivada del mismo origen,
es el carácter de la Libertad civil à la que aspiramos.6
Además del magno objetivo de consolidar las bases del poder
dentro de la nación, así como el de establecer la forma de gobierno,
las instituciones y las relaciones que garantizarían la existencia y la
independencia de la república de Venezuela, Bolívar precisó que el
Segundo Congreso Constituyente tendría como objetivo prioritario
también lograr la unión entre la Nueva Granada y Venezuela. Retomaba
de esta manera una idea propuesta desde el año de 1813, la cual
justificaba por las garantías que otorgaría para consolidar militarmente
la independencia de ambas jurisdicciones. En el reglamento para la
convocatoria del congreso expuso lo siguiente:
6
Simón Bolívar; “Reglamento para la segunda Convocatoria del Congreso de
Venezuela” en: Correo del Orinoco, Angostura, sábado 24 de octubre de 1818. 8ª. nº.
14, tomo I. Edición Facsimilar, Venezuela, Ministerio de la Cultura-Centro Nacional de
Historia, 2017.
GUSTAVO VAAMONDE El Congreso de Angostura: lineamientos institucionales para la
consolidación de la independencia y la unión americana
Nosotros no debemos contentarnos con libertar el país,
comprendido entre las aguas del Orinoco y la Guagira, y
entre los límites de las posesiones Portuguesas, Río Negro y
la Nueva-Esparta; poco habríamos hecho sí reconquistada
la independencia Venezolana nos circunscribiésemos a
los términos de estas Provincias, y no aspirásemos a la
emancipación de todo el hemisferio colombiano.7
Ya usaba Bolívar el nombre propuesto por el Precursor de la
independencia venezolana, Francisco de Miranda, para identificar
a todo el hemisferio americano una vez liberado de la autoridad de la
monarquía hispánica, Colombia, aunque el historiador Manuel Pérez
Vila demostró que funcionarios de la corte del emperador Carlos I ya
habían propuesto el nombre de Colón para identificar a todo el territorio
por ellos descubierto. En este momento, previo a la reunión del Congreso
de Angostura, la preocupación por lograr la unión americana partía de 91
la necesidad estratégica de garantizar la independencia de Venezuela
consolidando también la independencia de los países vecinos. Para
ello los diputados asistentes a la asamblea tendrían un mandato y unas
potestades especiales;
Nuestros Diputados pues aunque por el momento hayan de
contraer sus funciones a los términos de Venezuela, formarán
la dulce idea de que en el exercicio de ellas van á proponer el bien
estar de toda la América insurrecta contra el poder arbitrario
de la España.8
Una preocupación y atribuciones de alcance general, por lo tanto,
deberían ejercer los diputados al Congreso. En este contexto Bolívar
expresó entonces una propuesta de unión simbólica de Venezuela y la
Nueva Granada al fijar la integración en el congreso de cinco diputados
del Departamento del Casanare;
Así podrá mejor consultar aquel Departamento la
emancipación y libertad de la Nueva Granada, en que
7
Ídem.
8
Ídem.
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tienen los Venezolanos contraída una obligación especial.
Como parte integrante de toda la América encorvada bajo el
yugo Español, es del interés de Venezuela su sacudimiento:
como vecina y aliada desde los primeros pasos de nuestra
revolución, su suerte será identificada con la nuestra: y como
auxiliadora de nuestros libertadores en la segunda época de
la República, nosotros todos debemos corresponderle con otro
tanto, por lo menos.9
A las razones de tipo estratégico referidas a la necesidad de seguridad
militar del vecino, ahora el Libertador agregó una nueva, la cual pasará
a formar parte de los variados motivos que existieron y se exigieron en
su momento para consolidar la unión colombiana; era un deber moral,
una contraprestación de los venezolanos auxiliar a la Nueva Granada
y a su pueblo ya que en el año de 1813 con recursos, armas, hombres
92 y, sobre todo, con el apoyo solidario del Congreso de la Unión se logró
la independencia de Venezuela por medio de la Campaña Admirable
liderada por el Brigadier del Ejército Neogranadino Simón Bolívar.
Pero vayamos al Congreso de Angostura. Durante las más de 340
sesiones de trabajo que se realizaron en el Congreso Constituyente de
Venezuela entre el 15 de febrero de 1819 y el 31 de julio de 1821 los pocos
diputados presentes en Angostura, los cuales por cierto en muchas
ocasiones no lograron conformar el quórum necesario para iniciar las
sesiones por la falta absoluta de representantes, sin embargo, lograron
establecer y designar a los encargados de los poderes del Estado.
Tramitaron los recursos necesarios para continuar la guerra sostenida
en los distintos frentes contra las tropas monárquicas, administraron la
justicia, iniciaron trámites para lograr el reconocimiento de la república
de Venezuela, atendieron las innumerables peticiones de soldados,
mercenarios, aventureros e inversionistas europeos que llegaron a
Angostura durante aquellas calendas para buscar fortuna, enrolarse en
el ejército patriota y, sobre todo, para invertir recursos en la población de
Ídem.
9
GUSTAVO VAAMONDE El Congreso de Angostura: lineamientos institucionales para la
consolidación de la independencia y la unión americana
los territorios de país. Lo más importante de este trabajo constituyente
fue que los diputados pudieron sancionar el día 11 de agosto del año 1819
la Constitución Política de Venezuela.
En el plano que nos interesa, la unión de Colombia, el día 12 de
junio se dio un importante paso en el Congreso cuando fueron admitidas
las credenciales de los diputados del Casanare; su principal vocero, el
patriota neogranadino José María Vergara, expuso ese día una línea de
acción que podría consolidar la unión deseada. El diputado del Casanare
propuso:
El señor Vergara pidió la palabra, y leyó un discurso concerniente
al mismo fin (necesidad de la unión entre Venezuela y la Nueva
Granada), en el cual se proponen algunos medios de consolidar
esta unión, y contrayéndose especialmente a que se suspenda
la Constitución hasta que puedan tomar parte en ella los 93
pueblos de la Nueva Granada; a que se restablezca el Gobierno
provincial que se estableció cuando se vieron libres del yugo
español; y se recomiende a los jefes y tropas de ambos Estados
la moderación y recíproca armonía que deben observar.10
Con estas propuestas y muchos otros intereses en torno a la idea de
la Unión Colombiana se planteó en la Constitución Política de Venezuela
un artículo innovador –pionero hasta el momento que hemos adelantado
esta investigación– al establecerse en la historia constitucional de
Venezuela, y posiblemente del continente, el principio de la doble
ciudadanía o nacionalidad. En efecto, el artículo 15 del Título 11 de las
Disposiciones Generales estableció lo siguiente:
Verificada la unión que se espera de Venezuela y la Nueva
Granada, conforme al voto y al interés de ambos pueblos, esta
Constitución será examinada y discutida en el Congreso General
que ha de formarse. Entretanto los ciudadanos de la Nueva
Granada serán reputados ciudadanos de Venezuela
Pedro Grases (Comp.), Actas del Congreso de Angostura (15 de febrero de 1819
10
-31 de julio de 1821). Caracas, Fundación Biblioteca Ayacucho y Banco Central de
Venezuela, 2011.
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por nacimiento y tendrán opción a todos los empleos,
residiendo en su territorio.11
España, en 1931, estableció la doble nacionalidad y una propuesta de
Wiston Churchill en 1943 para la creación de una ciudadanía común para
norteamericanos e ingleses son los casos más cercanos temporalmente
hablando que hemos conseguido.
El impulso de asociación lo concretó el Congreso Constituyente de
Venezuela el día 17 de diciembre del año de 1819 cuando sancionó la
Ley Fundamental de Colombia. Sus principales artículos contenían lo
siguiente:
Considerandos: El Soberano Congreso de Venezuela, a cuya
autoridad han querido voluntariamente sujetarse los pueblos de
94 la Nueva Granada, recientemente libertados por las armas de la
República, y considerando:
1. Que reunidas en una sola República las provincias de Venezuela
y de la Nueva Granada tienen todas las proporciones y medios de
elevarse al más alto grado de poder y prosperidad;
2. Que constituidas en Repúblicas separadas, por más estrechos
que sean los lazos que las unan, bien lejos de aprovechar tantas
ventajas, llegaría difícilmente a consolidar y hacer respetar su
Soberanía;
3. Que estas verdades altamente penetradas por todos los hombres
de talentos superiores y de un ilustrado patriotismo habían movido
los Gobiernos de las dos Repúblicas a convenir en su reunión, que
las vicisitudes de la guerra impidieron verificar.
Artículo 1.- Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada
quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso
de República de Colombia.
Artículo 2.- Su territorio será el que comprendían la antigua
Capitanía General de Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de
Granada, abrazando una extensión de 115.000 leguas cuadradas,
cuyos términos precisos se fijarán en mejores circunstancias.
Ibíd., p. 206 (resaltados nuestros).
11
GUSTAVO VAAMONDE El Congreso de Angostura: lineamientos institucionales para la
consolidación de la independencia y la unión americana
Artículo 5.- La República de Colombia se dividirá en tres
grandes Departamentos: Venezuela, Quito y Cundinamarca, que
comprenderá las provincias de la Nueva Granada, cuyo nombre
queda desde hoy suprimido. Las capitales de estos Departamentos
serán las ciudades de Caracas, Quito y Bogotá, quitada la adición
de Santa Fe.
Artículo 7.- Una nueva ciudad, que llevará el nombre del
Libertador Bolívar, será la capital de la República de Colombia.
Su plan y situación se determinarán por el Primer Congreso
General bajo el principio de proporcionarla a las necesidades de
los tres Departamentos y a la grandeza a que este opulento país
está destinado por la Naturaleza.
Artículo 8.- El Congreso General de Colombia se reunirá el 1º
de enero de 1821 en la villa del Rosario de Cúcuta, que por todas
circunstancias se considera el lugar más bien proporcionado. Su
convocatoria se hará por el Presidente de la República el 1º de enero
de 1820, con comunicación del Reglamento para las elecciones, 95
que será formado por una Comisión especial y aprobado por el
Congreso actual.
Artículo 10.- Las armas y el pabellón de Colombia se decretarán
por el Congreso General, sirviéndose entretanto de las Armas y
Pabellón de Venezuela, por ser más conocido.
Artículo 11.- El actual Congreso se pondrá en receso el 15 de enero
de 1820, debiendo procederse a nuevas elecciones para el Congreso
General de Colombia.
Artículo 14.- El aniversario de esta regeneración política se
celebrará perpetuamente con una Fiesta Nacional, en que se
premiarán como en las de Olimpia las virtudes y las luces. La
presente Ley Fundamental de la República de Colombia será
promulgada solemnemente en los Pueblos y en los Ejércitos,
inscrita en todos los Registros Públicos y depositada en todos los
Archivos de los Cabildos, Municipalidades y Corporaciones, así
Eclesiásticas como Seculares.
Dada en el Palacio del Soberano Congreso de Venezuela en la
ciudad de Santo Tomás de Angostura, a diecisiete días del mes de
diciembre, del año del Señor mil ochocientos diecinueve, noveno
de la Independencia.
El Presidente del Congreso, Francisco Antonio Zea.- Juan
Germán Roscio.- Manuel Sedeño.- Juan Martínez.- José España.-
Luis Tomás Peraza.- Antonio M. Briceño.- Eusebio Afanador.-
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Francisco Conde.- Diego Bautista Urbaneja.- Juan Vicente
Cardoso.- Ignacio Muñoz.- Onofre Basalo.- Domingo Alzuru.- José
Tomás Machado.- Ramón García Cádiz. -El Diputado Secretario,
Diego de Vallenilla.
Palacio del Soberano Congreso de Venezuela.12
Conclusiones
Razones históricas, geográficas, de comunicación, fundacionales,
sociales, militares, de cooperación estratégica para el logro de objetivos
comunes –como el caso de la guerra contra las tropas monárquicas–
y la necesidad de consolidar una República fuerte con la cual lograr
el reconocimiento de las potencias europeas y de los Estados Unidos,
movieron a Simón Bolívar y a otros actores del momento a proponer
96
la asociación o unión entre Venezuela y la Nueva Granada, anhelo que
materializó el Congreso de Angostura, sentando un precedente en el
subcontinente que posiblemente había tenido como referentes históricos,
según algunos estudiosos, la Confederación de las ciudades-estados de
Grecia y la unión de los Estados Unidos de América.
12 Ley Fundamental de Colombia.
GUSTAVO VAAMONDE El Congreso de Angostura: lineamientos institucionales para la
consolidación de la independencia y la unión americana
ה ESTUDIOS
97
ה ALEXANDER VON HUMBOLDT
O EL VIAJERO AMABLE (1799-2019)
EDGARDO MONDOLFI GUDAT1
El hecho de que en julio del 2019 se cumplieran exactamente doscientos
veinte años desde que Alexander von Humboldt emprendiera su recorrido
por tierras venezolanas ello me compromete, muy en lo personal y por
dos razones distintas, a la hora de hablar de un viajero que, como él,
recaló en estos parajes por obra de una simple casualidad. El primero
de esos dos motivos que me gustaría explicar se debe a que, hace ya una
cantidad un tanto remota de años, egresé como bachiller del Colegio
Humboldt –del Humboldt Schule–, en el cual si algo aprendí con pasión
fue el amor por la naturaleza y el amor por la música, ambos rasgos muy
distintivos de mi instituto escolar y, por extensión, del gentilicio alemán.
Lo segundo es que soy hijo de un naturalista devoto del sabio
Humboldt, tal como lo fue mi padre, el zoólogo Edgardo Mondolfi Otero
(1918-1999). A él le debo mis primeras aproximaciones a la obra del
viajero, pues siempre tuvo en su biblioteca, al alcance de la mano, los cinco
tomos de la edición venezolana del Viaje a las regiones equinocciales del
Nuevo Continente en la traducción de Lisandro Alvarado. Esta edición –
por cierto– aún la conservo, descosida por el uso y la frecuente consulta a
la cual la sometió el viejo Edgardo en busca de detalles de interés sobre tal
o cual especie de nuestra fauna tropical. De hecho, y lo más interesante
de todo, es que cuando Humboldt comenzó a escribir al respecto muchas
de esas especies le eran totalmente desconocidas; aun así, y como jamás
se cansó de repetírmelo mi padre, las descripciones zoológicas del
científico alemán lucen admirablemente libres de errores o, digámoslo
así, de exageraciones fantásticas muy propias de otros viajeros.
1
Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. Doctor en Historia por
la Universidad Católica Andrés Bello.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
Por otra parte, quisiera dedicar estos apuntes al Humboldt
viajero, no al Humboldt naturalista, aun cuando a veces resulte difícil
deslindar las fronteras que separan a uno del otro. Al mismo tiempo, y
ya cuando solo del viajero se trata, debo hacer una precisión necesaria.
Ello es así puesto que, a la hora de leerlo, en el caso de Humboldt figuran
dos viajeros a la vez. Por un lado, un Humboldt que podría resultar
agotador; hablo, en este caso, de quien atiborra las páginas de su libro
de minuciosos apuntes de carácter científico. Dicho de otro modo: me
refiero así al Humboldt que se destaca más bien por la precisión de
sus cálculos matemáticos, por sus mediciones trigonométricas, o por
la insistencia de quien, a fin de cuentas, se propuso dejar un registro
pormenorizado de las temperaturas de los sitios visitados o de lo que
le indicaran las distintas posiciones astronómicas, o de lo que leyera
su brújula de inclinación, la columna de mercurio de su barómetro, los
99
ángulos horarios de su cronómetro, o el registro de lo que terminaran
revelando algunos de los otros tantos frágiles instrumentos con los que
cargara a cuestas, bien fuera en este caso el electrómetro de Volta, su
sextante de Ramsden o su sextante de Troughton.
Pero al mismo tiempo existe el viajero amable, aquél que de mane-
ra tan graciosa como espontánea va cifrando en su pupila cuadros de
interés social, detalles sobre la vida cotidiana y, en suma, apreciaciones
acerca de lo que consideraba la franca jovialidad, la inveterada cortesía
y, especialmente, la hospitalidad a prueba de todo que eran capaces de
exhibir los habitantes de la Capitanía General de Venezuela. Por algo
suena necesario recalcar que el testimonio de un viajero como Humboldt
se convierte, en este caso, en una fuente valiosa para la comprensión de
la realidad circundante más allá de lo científico. Además, esa faceta de
“viajero” forma parte si se quiere del hombre de ciencias que fue capaz de
exhibir, entre otras cosas, una prosa cuya calidad revela el sólido bagaje
y la asombrosa formación que traía a sus espaldas.
En Humboldt rara vez está presente el comentario incisivo
acerca de la cultura o las relaciones sociales de los moradores de Tierra
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Firme. Quisiera ser enfático en este punto puesto que a Humboldt no le
faltaron razones para sentirse contrariado a lo largo de sus viajes ni dejó
de encarar, en los rincones más apartados, situaciones que fácilmente
habrían podido enervar a cualquiera provisto de menos aplomo. Por eso
mismo es que la serenidad humboldtiana contrasta de manera notable
con otros viajeros un tanto deslenguados que hicieron profesión de
maledicencia a la hora de topar con el primer revés o, en líneas generales,
cada vez que les daba por dejar algún apunte acerca de la calidad de
los pobladores locales o de sus hábitos y costumbres. Esto que vengo
diciendo se advierte con relativa facilidad en una legión de naturalistas
y exploradores posteriores a Humboldt que no completaron tan siquiera
un tercio del recorrido emprendido por él entre julio de 1799 y noviembre
de 1800, ni quienes jamás le consagraron tampoco una descripción tan
100 brillante a la naturaleza venezolana como la que corriera a su cargo.
No menos importante resulta decir algo acerca de las circunstancias
que definieron este viaje venezolano que, en parte, fue producto del
azar. Tengamos en cuenta que lo que apenas debió ser una recalada de
algunos días en Tierra Firme con el objeto de seguir hacia La Habana,
devino en un recorrido de más de novecientas leguas que lo condujo, sin
proponérselo, a visitar prácticamente toda la Capitanía General con la
sola excepción de los Andes. Así, la ruta en cuestión lo llevó a explorar
casi todo el oriente, desde Güiria hasta Barcelona; el centro (incluyendo
Caracas, La Victoria, Maracay, Puerto Cabello y Valencia); los Llanos
occidentales y orientales, así como los confines del alto Orinoco, el
Guaviare, el Río Negro y el Casiquiare.
Tal vez sería oportuno, a este respecto, comenzar por hacer
mención a lo que fuera el particular privilegio del cual, por iniciativa de
Mariano Luis Urquijo, Secretario de Estado, se viera provisto Humboldt
a la hora de pasar a las Indias Occidentales en calidad de viajero y
observador científico. A fin de recibir el aval de la Corte de Carlos IV,
Humboldt se vio obligado a componer ante la autoridad regia una suerte
de breve autobiografía –lo que hoy entenderíamos, de manera pedestre,
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
como la necesidad de presentar un currículum vitae– entre cuyas páginas
destaca curiosamente una lámpara de seguridad inventada por él mismo
para uso de mineros, la cual era capaz de resistir los efectos de cualquier
gas. También menciona como de su propia hechura una máscara de
protección respiratoria para el trabajo en ambientes subterráneos. Esa
habilidad técnica de la que da cuenta su esbozo autobiográfico, compuesto
a los efectos de lo que le solicitara la Corte española, era resultado de sus
años de estudio en la academia de minería de Freiberg.
Aparte, pues, de tratarse en su caso de una rarísima excepción,
consta que Humboldt zarpó prevalido de extensas recomendaciones
dirigidas a las principales autoridades de Cuba, México y el litoral
venezolano, amén de que se le extendiera un pase amplísimo con el fin
de que pudiese recorrer a sus anchas las comarcas americano-españolas. 101
Hay que tener en cuenta que hasta entonces la nómina de tales científicos
o geógrafos no españoles había sido limitada en número. Si descontamos
el caso de algunos oficiales de marina con veleidades de naturalistas y
quienes, por lo general, no llegaron a asomarse más allá de los límites
de la costa, la capacidad que tuvieron otros extranjeros de ampliar las
observaciones existentes se limitó de manera esencial a la licencia que
le fuera otorgada al botánico sueco Peter Löefling, discípulo de Carl
Linneo, quien concentró su estadía en el oriente y la región del Caroní,
entre 1754 y 1756 (y habiendo fallecido no lejos de Angostura),2 y al
Conde de Ségur, quien, como huésped del Capitán General en 1783, hizo
lo propio en la región norte-costera, pero cuyas observaciones son de
interés social, no científico.
Existe también el valioso caso del explorador Nicolás Hortsman,
quien recorrió Guayana en 1739 pero quien lo hizo en realidad bajo
2
El propio Humboldt hace referencia a su muerte como víctima de una afección
tropical. A. Humboldt, Por tierras de Venezuela. Presentación y selección de Pedro
Grases. Prólogo de Eduardo Röhl. Caracas: Fundación de Promoción Cultural de
Venezuela, 1987, p. 326.
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patrocinio holandés, en tiempos de un Esequibo cuyos títulos de
propiedad aún lucían confusos. Sin embargo –y como correctamente lo
apunta el naturalista estadounidense Paul Russell Cutright– el verdadero
(o, por mejor decir, moderno) espíritu investigativo haría realmente su
entrada a este particular confín de la América española a partir de la
visita de Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland.3
Todo esto lo traigo a colación con el objeto de poner de relieve
que la limitada presencia de los científicos viajeros formaba parte de esa
misma gramática del exclusivismo con que las autoridades de la Metrópoli
juzgaban casi todos los asuntos atinentes a la América española. No tiene
nada de extraño que así fuera puesto que ese mismo carácter restrictivo
se extendía a lo que eran las leyes y ordenanzas relativas al comercio con
102 extranjeros que solo, en muy contados casos, llegaron a flexibilizarse a
favor de breves interludios del llamado “comercio neutral”. Y eso mismo,
desde luego, aplicaba al potencial que, como informantes, podían tener
los viajeros científicos como proveedores de valiosas noticias acerca de
los recursos con que contaba la América española.
Esta política, tan celosa como aplicada de manera efectiva a tal
fin, eludió inclusive, con un notable grado de éxito, a la penetración
británica. No perdamos de vista que ni tan siquiera Gran Bretaña, como
impenitente rival del poder español, había llegado a poseer información lo
suficientemente precisa, en términos estadísticos, acerca de las ventajas
comerciales y naturales que era capaz de ofrecer la América española. De
hecho, cuando los ingleses llegaron a tener acceso a tal información fue
en una fecha más bien tardía, hacia finales de esa última década del siglo
XVIII. Y ni tan siquiera dispuso de ella tan prolijamente a través de sus
funcionarios destacados en el Caribe, o de los propios agentes comerciales
británicos que merodeaban el vecindario americano-español, como lo
hizo gracias a lo que les fuera aportando, metódica y sistemáticamente
P. Russell Cutright, The great naturalists explore South America. New York, The
3
Macmillan Company, 1940, p. 7.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
en materia de población, minas, productos naturales, consumo y rentas,
una leva de criollos avecindados en Londres en calidad de exiliados: me
refiero al neogranadino Antonio Nariño; al cubano Pedro José Caro; al
porteño Mariano Castilla; al chileno Eugenio Cortés; al novohispano
José Pavía y, desde luego, al caraqueño Francisco de Miranda, todos ellos
surtidores de información sensible y, por ello mismo, altamente valiosa
para el Gabinete inglés.
Vale la pena preguntarse lo siguiente: ¿A qué pudo deberse
que Humboldt llegara a ser una excepción ante lo que dictaban tales
limitaciones? La respuesta quizá estribe hasta cierto punto en la
flexibilidad que facilitara la experiencia de las reformas borbónicas
entonces en boga, las cuales –de paso– fueron responsables de otras dos
cosas también: primero, de que se verificara uno de los interludios más 103
importantes en materia de libertad de comercio con el mundo no español;
y segundo, tal como lo avala un amplio consenso historiográfico, que se
diera un nivel de crecimiento y prosperidad tal que hizo posible que se
estimulara el potencial agrícola de la América española y se promoviera la
expansión de su producción metalífera. Prueba de ello será, por ejemplo,
que las primeras exportaciones regulares de café a la ciudad portuaria de
Hamburgo llegaran a registrarse entre 1786 y 1790.4
Existe un testimonio valioso acerca de esa libertad de comercio que
emana directamente de lo dicho por el propio Humboldt. Será cuando,
luego de su tránsito por Cumaná, el Golfo de Cariaco, Araya, Cumanacoa
y Caripe, el viajero resolviera dirigirse a La Guaira para tramontar a la
capital. En ese trayecto, Humboldt hará un alto, en plena escalada de El
Ávila, en la hostería conocida como “La Venta”, cuyos restos, por cierto,
tuve la oportunidad de visitar (en años tan remotos como los de mi paso
por el Colegio Humboldt), cuando pertenecía al Grupo Scout N. 4 del
4
H. Herwig, Sueños alemanes de un imperio en Venezuela. Caracas, Monte Ávila
Editores, 1991, p. 26.
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Colegio La Salle de la Colina. Lo cierto del caso es que, hallándose en esa
posada en ruta hacia el valle de Caracas, Humboldt anotaría lo siguiente:
[D]espués de la época en que los neutrales han sido de vez en
cuando admitidos en los puertos de las colonias españolas, se
ha permitido a los extranjeros subir a Caracas más fácilmente
(…). La Venta goza ya de alguna celebridad en Europa y en los
Estados Unidos por la belleza de su situación.5
Sería pues, trayendo a sus espaldas esa excepcional década
borbónica de 1780 a 1790, que Humboldt hiciera pie en Cumaná y
permaneciera en territorio venezolano más de lo que jamás hubiese
previsto, tal como lo dejé apuntado líneas antes. Porque lo cierto del caso
–y según el mismo se hace cargo de aclararlo–, su viaje a lo largo de
cuarenta y un días de navegación se vio interrumpido de pronto por una
104 epidemia de fiebre maligna que había cundido a bordo de la nave que lo
traía desde La Coruña.
A causa de tal motivo, él y su compañero Bonpland, quienes no
habían sido tocados por los síntomas de la enfermedad, resolvieron
desembarcar por simple prudencia en el primer puerto disponible para
ello, el cual resultó ser Cumaná. A propósito de este azar, y de un viaje
que no estaba predeterminado a ocurrir tal como ocurrió, Humboldt dirá:
La resolución que tomamos en la noche del 14 al 15 de julio [de
1799] tuvo una influencia feliz en la dirección de nuestros viajes.
En lugar de algunas semanas, nosotros residimos un año entero
en la Tierra Firme; sin la enfermedad que reinó a bordo (…)
no hubiéramos jamás penetrado en el Orinoco, el Casiquiare y
hasta los límites de las posesiones portuguesas del Río Negro.
Y concluiría observando:
[Nos hubiera] dado pena desembarcar en Cumaná (…) sin
penetrar en el interior de un país tan poco visitado por los
naturalistas.6
5
A. Humboldt, Por tierras de Venezuela, p. 123.
6
Ibíd., p. 44.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
Existe además algo particularmente precioso del encuentro de
Humboldt con esta geografía que se le ofrecía como una auténtica novedad.
Acostumbrados a creer que al trópico se llega casi exclusivamente a
través del aspecto imponente de su vegetación –y, para ello, solo bastaría
pensar en el verso “las riberas bordadas de palmeras” del poema Vuelta
a la Patria de Juan Antonio Pérez Bonalde–, la de Humboldt será en
cambio la bienvenida que, como astrónomo aficionado, le dispensara
una bóveda celeste absolutamente inimaginable a su vista. Por ello dirá:
No es menester ser botanista para reconocer la zona tórrida
con el simple aspecto de la vegetación. (…) No sé qué sensación
desconocida se experimenta cuando, al aproximarse al ecuador,
pasando sobre todo de uno a otro hemisferio, se mira descender
progresivamente, y luego desaparecer, las estrellas que uno
conoce desde tu tierna infancia. No hay cosa que recuerde con
mayor viveza al viajero la inmensa lejanía de su patria que el 105
aspecto de un cielo nuevo.7
Estas comarcas, cuyas costumbres y hábitos describirá junto al
acopio que hiciera de noticias de carácter científico, serán todo menos
apacible en lo político. Resulta preciso tener en cuenta que Humboldt
llegaría a Cumaná en 1799, dos años después de ocurrida la insurrección
de José María España, y casi siete años antes del intento de Miranda –en
1806– de incursionar, sin éxito, sobre la costa venezolana. Basta para
ello citar este apunte del propio Humboldt, a propósito de sus dos meses
de residencia en la capital:
Cuando llegué a Caracas, [los blancos] acababan de escapar al
peligro de que se habían creído amenazados con el levantamiento
proyectado por España.8
Además, publicados años más tarde en París, Humboldt tendrá
la oportunidad de entremezclar en las páginas de los Viajes por las
Regiones Equinocciales sus propias vivencias personales con lo que, hasta
7
Ibíd., p. 39.
8
Ibíd., p. 129.
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entonces, habían sido los avances registrados por la causa insurgente en
contra de las autoridades leales a Fernando VII. Por tanto, los Viajes
estarán llenos de sutiles –y de no tan sutiles– observaciones de carácter
político. Y cabe anotar lo siguiente: no todas esas observaciones irán
en desmedro del régimen español en Venezuela. De hecho, sin excusar
la incuria, los desatinos, los errores o excesos, los juicios que ofrece en
torno a la administración española, así como acerca de algunos de sus
principales funcionarios, resultan valiosos desde muchos puntos de vista.
Por ejemplo, a propósito del siempre tan desmerecido Vicente
Emparan –a quien conoció en Cumaná en calidad de gobernador, mucho
antes de verse elevado al rango de Capitán General– hablará no solo de
su eficaz labor en materia vial o de sus protestas ante el escandaloso
106 hecho de que a los lugareños se les cobrara peaje por un camino que
prácticamente no existía como tal (dadas las precarias condiciones del
mismo) sino que, incluso, estimará en mucho su sensibilidad a la hora de
valorar el potencial que, para la prosperidad de su comarca, podía tener
la explotación comercial de la cuspa, conocida también como la Quina
de la Nueva Andalucía. Humboldt resumiría esa hazaña de Emparan en
estos términos:
La cuspa, común en los alrededores de Cumaná (…), es un árbol
desconocido todavía [entre] los botanistas de Europa. (…) La
cuspa se administra con el mayor éxito en extracto alcohólico
o en infusión acuosa, tanto en las fiebres intermitentes como en
las malignas. El señor de Emparan, Gobernador de Cumaná,
envió una cantidad considerable a los médicos de Cádiz; y,
según informes dados hace poco [por el boticario del hospital
militar] de Cumaná, la cuspa se ha hallado en Europa ser casi
tan buena como la quina de Santa Fe.9
Habrá incluso un gesto de significativa condescendencia de parte
de Emparan que a Humboldt no se le escapará mencionar; será cuando,
justamente a causa de la conmoción provocada en la comarca por la
Ibíd., pp. 80-81.
9
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
conjura de Gual y España, un comerciante de origen francés, domiciliado
en el Morro de Barcelona, resultara arrestado y fuera conducido a Caracas
por órdenes de la Real Audiencia, acusado de haberle ofrecido asilo a José
María España durante el tiempo en que se mantuvo prófugo. Los buenos
oficios de Emparan, basados –según Humboldt–, “en el recuerdo de los
servicios que [este francés] había prestado a la naciente industria de esta
región”,10 hicieron posible que, al poco tiempo, recobrara su libertad.
Iguales palabras de elogio irán dirigidas a Manuel Guevara
Vasconcelos, el mismo que, luego de fracasada la expedición de Miranda
en 1806, hizo que se fijara una recompensa por su cabeza que rondaría la
exorbitante suma de treinta mil pesos. Acerca de él y, en general, acerca
de la calidez de los caraqueños, Humboldt apuntará:
Si teníamos por qué estar satisfechos de la disposición de la casa 107
[en la cual nos habíamos alojado], lo estábamos aún más por la
acogida que nos hacían las clases todas de habitantes. Es un
deber para mí citar la noble hospitalidad que, para nosotros,
usó el jefe de gobierno, Señor de Guevara Vasconcelos, Capitán
General por entonces de las Provincias de Venezuela.11
Sin duda también tendrán cabida sus quejas acerca de la
administración de justicia y tal será el caso a resultas de lo que
probablemente fuera el acontecimiento más penoso que pudo registrar
durante un año de viajes por distintas regiones del país. Lejos de haber
sido víctima del encuentro cercano con una fiera –si bien relata el caso
de un jaguar que estuvo a punto de darle alcance a orillas del río Apure–12
fue en realidad un atraco del cual fueron objeto él y Bonpland lo que
se conservaría como el más amargo de sus recuerdos en la Capitanía
General de Venezuela. La descripción de lo ocurrido amerita citarse casi
en su totalidad:
Ibíd., p. 346.
10
Ibíd., p. 136.
11
12 Ibíd., p. 215.
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Permanecimos un mes todavía en Cumaná. La navegación
que debíamos emprender sobre el Orinoco y Río Negro exigía
todo género de preparativos (…) Poco faltó para que un
accidente funesto me obligase a renunciar al viaje al Orinoco.
(…) [F]uimos como de costumbre a la orilla del golfo para tomar
fresco y observar el instante de la pleamar. (…) Atravesamos la
playa [y] oí [a alguien] andar detrás de mí y, al volverme, vi un
hombre de alta estatura del color de los zambos (…). Casi sobre
mi cabeza tenía una macana, grueso garrote de madera de
palmera, engrosado hacia la punta en forma de maza. Evité el
golpe saltando a la izquierda. El Sr. Bonpland, que caminaba a
mi derecha, fue menos feliz. Había percibido al zambo después
que yo, y recibió por encima de la sien un golpe que lo tendió
por tierra. Nos hallábamos solos, sin armas, a media legua de
lo habitado. (….) El zambo, en vez de atacarme de nuevo, se
apartó despacio para coger el sombrero del Sr. Bonpland que
(…) había caído lejos de nosotros.13
108
La feliz intervención –según refiere Humboldt– de “unos
comerciantes vizcaínos que tomaban fresco en la playa”, hizo posible
atrapar al malhechor y conducirlo hasta el castillo de San Antonio, el
cual fungía, entre otras cosas, como sitio para el depósito de presos.
Humboldt mismo concluye su reláfica de este modo:
El macanazo le había alcanzado al Sr. Bonpland hasta la
coronilla y le afectó por dos o tres meses. (…) Inclinándose
para recoger plantas le dio varias veces un desvanecimiento
que nos hizo temer que se hubiese formado un derrame interno.
Felizmente no eran fundados estos temores, y los síntomas, al
principio tan alarmantes, desaparecieron poco a poco.14
Por supuesto, para su contrariedad y amargura, Humboldt se vería
obligado a reconocer lo siguiente, a propósito de la enervante demora
procesal y sus consecuencias:
Siendo la justicia tan despaciosa en este país, en que los
detenidos que llenan las prisiones se quedan siete u ocho años
sin obtener su juicio, supimos (…) que, pocos días después de
Ibíd., pp. 111-112.
13
Ibíd., pp. 112-113.
14
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
nuestra partida de Cumaná, el zambo había logrado escaparse
del castillo de San Antonio.15
Iguales quejas se repetirían luego de su largo recorrido por el
sur, al recalar de vuelta en la ciudad de Barcelona. A lo ya observado
por él en relación a la lentitud procesal y a la facilidad con que los
detenidos lograban evadirse Humboldt se referiría también –ni más ni
menos– al estado de insalubridad de los presidios, el cual se habría visto
alarmantemente agravado –a su juicio– si “no se hubieran visto [vacíos
tales presidios] de tiempo en tiempo por la fuga de los detenidos”.16
Punto interesante, en lo que a sus observaciones de tipo político
se refiere, tiene que ver con la trata de esclavos. Aquí, incluso, opera un
contraste interesante con Miranda. Fuera porque el propio Miranda
procediera de un contexto esclavista, lo cierto del caso es que, viajando 109
quince años antes que Humboldt por Carolina del Norte y Carolina del
Sur, Miranda no pareció interesarse por el elemento más volcánico que
se gestaba en las entrañas de esa sociedad: el carácter no precisamente
en declive sino en franca expansión de la institución esclavista durante
los años que coincidirían con su visita a los Estados Unidos. Al menos,
en su diario, no figura ninguna referencia al respecto. A Humboldt sí le
impresionaría vivamente en cambio el hecho y, no menos, la hipocresía
con que algunos gobiernos europeos –como el de Dinamarca– figuraran
entre los primeros en haber abolido la trata pero, no obstante lo cual,
siguieran tolerando que a bordo de las naves de sus respectivos países
se mantuviera con todo vigor el tráfico negrero. A tanto llegaría su
disgusto con el espectáculo del tráfico humano que lo estimaría como la
nota más indigna y discordante que halló frente a la dicha que, en estas
latitudes, ofrecía la singular observación de los astros y los fenómenos
meteorológicos.
Ibíd., p. 113.
15
Ibíd., p. 340.
16
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Su descripción de lo visto en un mercado de esclavos correría
expresada así:
Los esclavos ofrecidos a la venta eran jóvenes de quince a veinte
años. (…) A cada momento se presentaban compradores que,
por el estado de la dentadura, juzgaban de la edad y la salud
de los esclavos, abriéndoles la boca con fuerza, como se hace en
los mercados con los caballos. Esta vil costumbre proviene de
África, como lo prueba el cuadro fiel que, acerca de la venta de
cristianos esclavos en Argel, trazó Miguel de Cervantes en una
de sus obras dramáticas.17
Mención aparte merece lo que Humboldt consideraba que venía
perfilándose como la configuración de una identidad autonómica a partir
de sensibilidades y peculiaridades propias de estas regiones. En otras
palabras, el viajero creía hallarse en presencia de un mundo que, al irse
110
criollizando, le costaba reafirmar cada vez más su pertenencia originaria
al mundo de la metrópoli. Apelando para ello a otras experiencias,
Humboldt se afincaría en el notable contraste que ofrecieran los antiguos
dominios griegos del sur de Italia con lo que creía observar del fenómeno
moderno de la expansión en estas posesiones de ultramar. Por ello dirá:
Entre los antiguos, por ejemplo, los griegos, los recuerdos
nacionales pasaron de la metrópoli a las colonias donde,
perpetuándose de generación en generación, no cesaron de
influir favorablemente sobre las opiniones, costumbres y política
de los colonos. Los climas de estos primeros establecimientos
ultramarinos diferían poco del de la Madre Patria. Los griegos
de Sicilia no fueron extranjeros para los habitantes de Argos,
de Atenas, de Corinto, de quienes tenían por gloria descender.
Una grande analogía de costumbres contribuía a cimentar la
unión que se fundaba en intereses religiosos y políticos. (…)
Estas ventajas (…) faltan a las colonias modernas. La mayor
parte de ellas está fundada en una zona donde el clima,
las producciones, el aspecto del cielo y del paisaje, difieren
totalmente de los de Europa. En vano da el colono a las mon-
tañas, a los ríos, a los valles, nombres que recuerdan los lugares
17
Ibíd., p. 60.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
de la Madre Patria; estos nombres pierden pronto su atractivo,
y ya no hablan a las generaciones siguientes.18
Todo esto resulta interesante mencionarlo puesto que entre algu-
nos contemporáneos de Humboldt –radicados en otras latitudes– se
estaría librando justamente por entonces un acalorado debate acerca de
estas motivaciones de carácter identitario en torno a lo específicamente
americano. Para algunos –como el jesuita Juan Pablo Vizcardo– esa
identidad propia, por diferenciación, daba pie para pensar en la ruptura
que, tarde o temprano, pudiera verificarse con la Metrópoli; para otros,
como el neogranadino Camilo Torres, obsesionado con el sentimiento de
pertenecer legítimamente al mundo español, había bastado con dirigirse
a las Cortes, como lo hiciera en 1809 en representación del Cabildo de
Santafé, para proclamar con sonoro orgullo lo siguiente: “Aquí no hay
111
que engañarnos: tan españoles somos como los descendientes de don
Pelayo”.19 Pero, justamente a propósito de don Pelayo, Humboldt apuntará
lo siguiente acerca de la forma como su memoria parecía haberse diluido
en estas comarcas. Dice Humboldt: “Bajo la influencia de una naturaleza
exótica nacen hábitos adaptados a nuevas necesidades; los recuerdos
nacionales se borran insensiblemente y los que se conservan (…) no se
refieren ya ni a un tiempo ni a un lugar determinado. La gloria de don
Pelayo y del Cid Campeador ha penetrado hasta las montañas y las selvas
de la América; pronuncia a veces el pueblo esos nombres ilustres, pero
se presentan a su espíritu como pertenecientes a un mundo ideal, a la
vaguedad de los tiempos fabulosos”.20
Otro comentario digno de nota acerca de las diferenciaciones
tendrá que ver más bien con lo que Humboldt creyera advertir en relación
a la diversidad de intereses y la heterogeneidad del mundo americano-
18
Ibíd., p. 69.
19
Citado por J. M. Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. Bogotá,
Imprenta y estereotipia de Medardo Rivas, 1869 (II), p.163.
20
A. Humboldt, Por tierras de Venezuela, pp. 69-70.
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español resultante, a la vez, del carácter marcadamente heterogéneo de
la propia Península ibérica. Por ello dirá:
Cuando se quiere tener una idea precisa de estas vastas
provincias (…) hay que distinguir las partes de la América
española opuestas al Asia de las que están bañadas por el
Océano Atlántico; hay que discutir (…) dónde está colocada la
mayor parte de la población y si ella está aproximada a las
costas o si está concentrada en el interior. (…)
[Resulta preciso] examinar a qué raza pertenece el mayor
núcleo de blancos de cada parte de las colonias. Los andaluces
y canarios de Venezuela, los montañeses y los vizcaínos de
México, los catalanes de Buenos Aires, difieren esencialmente
entre sí en lo que hace a su aptitud para la agricultura, para
las artes mecánicas, para el comercio y para las cosas que
provienen del desarrollo de la inteligencia. Cada una de estas
112 razas ha conservado, en el Nuevo como en el Viejo Mundo, los
matices que constituyen su fisonomía nacional.21
Humboldt –como ya he dicho antes– no excusa en ningún caso la
incuria colonial; pero, a su regreso a Europa, y mientras completaba la
redacción de sus viajes, creerá percibir un tono demasiado negador, de
parte de la propaganda insurgente, en contra de los trescientos años de
logros por parte de la administración en la América española. De hecho,
creerá percibir mucho de candidez en tal esfuerzo propagandístico. Por
ello dirá que se gustaba
(…) aumentar la lista de los males. Es casi vengarse de la
Metrópoli exagerar el estancamiento del comercio y la lentitud
del progreso de la población [como si no existieran causas
naturales que pudieran explicarlo]. Dudo que el crecimiento del
comercio y la lentitud del progreso de la población pueda ser,
en general, tan rápido [ante] los obstáculos que una naturaleza
poderosa opone a los esfuerzos del hombre en climas ardientes
y húmedos.22
21
Ibíd., pp. 127-128.
22
Ibíd., pp. 353-354.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
Esto lleva directamente a otro tema que no deja de suscitar interés.
Contra la tesis central sostenida por los insurgentes (y, más tarde, por
el leninismo con relación al carácter expoliador de toda metrópolis),
Humboldt estará más bien entre quienes creían observar que los costos
para el mantenimiento, protección y defensa del Imperio español supe-
raban los beneficios que, a la larga, pudieran continuar obteniéndose
fuera de ese esquema de poder (coincidiendo por cierto así con lo que
opinaran al respecto otros contemporáneos frente a quienes, en cambio,
seguían erigiéndose como defensores a ultranza de la economía imperial
y de sus méritos). Por tanto, en relación a los supuestos beneficios
excedentarios que dejaba la economía de ultramar, Humboldt observaría
que prácticamente todas las entradas correspondientes por concepto de
aduanas, del estanco del tabaco y de las alcabalas de puertos y tierra 113
adentro habían sido absorbidas por los gastos corrientes de la Capitanía
General. Y luego apuntará:
Algunas veces ha habido un sobrante líquido (…) que ha ido al
tesoro de Madrid; pero los ejemplos de estos sobrantes enviados
a Madrid han sido sumamente raros.23
Su siguiente ejemplo obraría a mayor escala, abarcando inclusive
a la América española en su conjunto, con el fin de demostrar cuánto era
consumido por los propios dominios en detrimento de la exportación
neta de ganancias con destino a España:
Ya he hecho ver (…) que las colonias españolas en América,
para la época de la mayor actividad del comercio y de las
minas, tenían una renta bruta de 36 millones de piastras y
que la administración interior de estas colonias absorbía cerca
de 29 millones, mientras que siete u ocho millones solamente
refluyeron al tesoro de Madrid.24
Ibíd., p. 366.
23
Abide.
24
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Venezuela ISSN 0254-7325 / Depósito Legal: DC2020000674
Huelga repetir que este juicio de Humboldt acerca de los costos de
la administración de ultramar se hallará muy a tono con lo que habían
llegado a opinar en su momento otros contemporáneos suyos. Tal sería
el caso del político inglés Edmund Burke, quien, sin jamás haber sido
partidario de la separación de las provincias americanas del Norte, ya
había denunciado ciertas prácticas engorrosas de la economía imperial
(lo que llamaría a thicket of restrictions) que perturbaban el comercio
con algunos establecimientos como los de Georgia y Maryland.25 Así,
pues, la tesis humboldtiana coincidiría a su manera con lo que sostenían
los promotores de la economía de libre comercio –comenzando por
el muy leído Adam Smith– para quienes el carácter coercitivo de la
estructura imperial distorsionaba las fuerzas del mercado. Para Smith, a
fin de cuentas, la sola noción de Imperio se traducía en un drenaje para
114 el erario y, por tanto, en una irremisible pérdida de recursos difícil de
sostener.
Si no fuera por el arbitrio que impone el espacio a la hora de
referirme al tema de Humboldt y a sus observaciones “menos” científicas
de su recorrido por las regiones de Venezuela, me habría tomado la
libertad de ahondar en otra serie de detalles que se ven recogidos en
sus Viajes por las Regiones Equinocciales. Algunos de ellos, por cierto,
exhiben un tono verdaderamente simpático como, por ejemplo, en la
oportunidad en la que, a juicio de Humboldt, los caraqueños se sintieron
profundamente ofendidos una vez que, medición en mano, les revelara la
auténtica altura de la Silla de Caracas, a la cual los orgullosos moradores
de la capital creían superior a la cumbre más alta de los Pirineos. Sin
embargo, me limitaré al cierre de estas páginas a dejar expuesta una
serie de consideraciones que me resultan dignas de la mayor atención.
La primera de ellas es que, dentro del universo de los viajeros a
Venezuela, la ruta emprendida por Humboldt, si bien eminentemente
25
G. M. Collins, Commerce and manners in Edmund Burke´s political economy.
Cambridge, Cambridge University Press, 2020, p. 166.
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o el viajero amable (1799-2019)
científica –puesto que no se trata, de buenas a primeras, de una ex-
cursión a través de las costumbres y la cultura local, sino que este
aspecto termina convirtiéndose más bien en algo sucedáneo–, permite
apreciar una valoración bastante positiva del elemento humano de parte
del naturalista alemán. Esto, dicho así, resulta tanto más notable cuanto
que difícilmente puede dejar de tomarse el peso que, a finales de ese siglo
XVIII, ejerciera el cientificismo racial. En realidad, las observaciones
sociales de Humboldt son bastante singulares para su época. No hay en
él –y quisiera ser enfático al respecto– el menor gesto de menosprecio
hacia lo nativo. Incluso, su valoración del elemento indígena parte de
una sensibilidad poco común. Escuchémosle hablar al respecto:
Porque el indio (…) es tratado como siervo en la mayor parte
de las misiones, [es decir] porque no goza allí del fruto de su
trabajo [es que] los establecimientos cristianos del Orinoco 115
permanecen desiertos. Un gobierno fundado en las ruinas de la
libertad de los indígenas extingue las facultades intelectuales o
detiene el desenvolvimiento de ellas.
Cuando se dice que el salvaje, así como el niño, no puede ser
gobernado sino por la fuerza, se fundan falsas analogías.
Los indios del Orinoco tienen algo de infantil en la expresión
de su alegría, en la rápida sucesión de sus emociones; pero
no son grandes niños, que tan escasamente lo son como los
pobres labriegos del Este de la Europa, a quienes la barbarie
de nuestras instituciones feudales ha mantenido en el mayor
embrutecimiento.26
La segunda consideración apunta al hecho de que Humboldt es el
hombre que capitula ante la naturaleza y su fuerza ingobernable. Resulta
importante subrayarlo puesto que el registro de las emociones que
experimenta contrasta con la fe en el progreso, la cual, ya avanzado el
siglo XIX, será piedra angular del empeño por domeñar la naturaleza y,
por tanto, el estribo de todo un empuje tan despiadado como destructor
de los entornos naturales, bien fuera este el caso en la América del Sur o
en el África ecuatorial.
A. Humboldt, Por tierras de Venezuela, pp. 232-233.
26
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Basta oír esta conmovedora confesión de parte del viajero para así
demostrarlo:
Abarcando de una ojeada este vasto paisaje (…) no se presenta
ya el hombre como el centro de la creación. Lejos de domar los
elementos, no procura sino sustraerse del imperio de ellos. (…)
En el interior del Nuevo Continente casi se acostumbra uno a
mirar al hombre como no formando parte esencial en el orden
de la naturaleza. (…) Los caimanes y las boas son los amos de
los ríos; el jaguar, el pecarí, la danta y los monos atraviesan
la selva sin temor y sin peligro: se han establecido allí como en
una antigua heredad. (…) Aquí, en un país fértil, adornado de
un eterno verdor, se buscan en vano las huellas del poderío del
hombre.27
La tercera consideración va en relación a lo siguiente. Como es de
116 suponer, la espesura de la selva constituye un tramo importante de su
viaje; y, como es de suponer también, una vez que Humboldt deje atrás
los Llanos, el paisaje humano se reducirá prácticamente a la presencia
de mercaderes de aceite de tortuga que traficaban con los indios de las
misiones y a los propios aborígenes –bien fueran otomacos, chaimas,
piaroas, maipures o maquiritares– cuyas costumbres describe. Ahora
bien, acostumbrado como se había visto desde que saliera de Cumaná
a depender de los misioneros (especialmente de los capuchinos) para
la procura de víveres y noticias, la presencia cuasi-fantasmal de los
asentamientos jesuitas será en cambio la nota que domine una vez que
se adentre en la selva. De algún modo, en su narración se percibe el peso
de lo que significara la expulsión de la Compañía de Jesús ordenada
por Carlos III en 1767. Humboldt no solo hará numerosas referencias
al jesuita Bernardo Rotella, fundador de la misión de Cabruta y de
otros asentamientos ya extintos, sino que en más de una oportunidad
reconocerá haber dependido, para su orientación, de las relaciones
cartográficas dejadas por el padre Filipo Gilij o el padre José Gumilla
–ambos también jesuitas– al remontar el Orinoco.
27
Ibíd.,141, p. 276.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
Dirá más: solo diez misiones había hallado repartidas dentro del
vasto cinturón de la región de Guayana, es decir, entre el alto Orinoco,
el Casiquiare y Río Negro. Y, para prueba del antiguo esplendor que
el sistema misionero jesuita exhibiera en las inmediaciones del alto
Orinoco, bastaría consultar este pasaje que ofrece Humboldt al referirse
a la localidad de Atures, cuyo origen se debía a la misma orden religiosa:
Los padres [jesuitas] poseían en las sabanas de Atures (…) de
20 mil a 30 mil cabezas de ganado. (…) Hoy no se cultiva más
que un poco de yuca y de plátanos. (…) Los caballos y las vacas
han desaparecido. (…)
[Los] agentes del gobierno secular, con el nombre de comisarios
reales, administraron con culpable negligencia los hatos
o dehesas de los jesuitas. Mataron el ganado para vender el
cuero (…).
Desde el año 1795 ha desaparecido enteramente el ganado 117
de los jesuitas: solo quedan hoy, como testigos de la antigua
cultura de estas comarcas y de la industriosa actividad de los
primeros misioneros, pies de naranjo y tamarindos aislados en
las sabanas, rodeados de árboles silvestres.28
Las implicaciones de todo ello irán más allá de lo apuntado por
Humboldt puesto que la desaparición de los jesuitas que tuvieron a su
cargo la administración espiritual de esa comarca hablará de un elemento
de población, de un elemento de presencia del cual las autoridades
españolas se verían privadas a partir de entonces; o, dicho en otras
palabras, todo ello monta a lo que alguna vez significó –para decirlo en
términos modernos– un ejercicio de soberanía sobre territorios que, al
darse la expulsión de los jesuitas, terminaron viéndose despoblados para
siempre.
Viene de seguidas la cuarta y última consideración. Ello tiene
que ver con que Humboldt se refiriera en sus apuntes a la prodigiosa
confluencia del Orinoco, el Atabapo, Río Negro y el Casiquiare como
una zona que, por ello mismo, estaba llamada a convertirse en motor
Ibíd., pp. 250-251.
28
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de prosperidad y donde, en el futuro, podrían verse reunidas “las artes
industriales” y el comercio del mundo.29 Sin duda su recorrido por esa
región, en el año 1800, fue difícil y no estuvo exento de peligros; pero
probablemente fuera menos riesgoso de lo que supondría ponerlo en
práctica hoy en día.
Hablamos, desde luego, de riesgos y peligros distintos, aunque
quizá más escalofriantes: eso que para Humboldt era el asiento del futuro
ha devenido, en estos tiempos del siglo XXI, en una región librada a la
suerte de grupos armados y donde campean por turnos (o en consonancia)
el bandolerismo, la narco-guerrilla, las redes informales de contrabando,
la actividad extractiva sin control y la minería ilegal. Todo ello –como
bien se sabe– ha venido provocando tanto la alarmante degradación de
118 las comunidades indígenas como una depredación medio-ambiental de
consecuencias trágicas e irreversibles.
Al cabo de dieciséis meses, y pronto a dejar atrás su aventura
venezolana, Humboldt habría de recurrir una vez más a un tema al cual
no dejaría de dedicarle varias páginas cuando los Viajes por las Regiones
Equinocciales vieran su edición definitiva en París. Me refiero, como ya lo
he mencionado, a la proverbial hospitalidad que siempre creyó percibir
de parte de los vecinos y pobladores de la Capitanía General. Por ello diría
una vez más lo siguiente, al finalizar su obra: “Por largo tiempo nuestros
ojos quedaron fijos sobre [esta tierra] donde no habíamos tenido que
quejarnos de los hombres sino una sola vez”.
Aunque no lo precisara, seguramente se refería de este modo a la
oportunidad en que lo atracaran, a pleno atardecer, en aquel solitario
pasaje del Golfo de Cariaco.
29 Ibíd., p. 296.
EDGARDO MONDOLFI Alexander Von Humboldt
o el viajero amable (1799-2019)
Bibliografía
G. M. Collins, Commerce and manners in Edmund Burke´s political
economy. Cambridge. Cambridge University Press, 2020.
J.M. Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. Bogotá,
Imprenta y estereotipia de Medardo Rivas, 1869, tomo II.
H. Herwig, Sueños alemanes de un imperio en Venezuela. Caracas,
Monte Ávila Editores, 1991.
A. Humboldt, Por tierras de Venezuela. Presentación y selección de
Pedro Grases. Prólogo de Eduardo Röhl. Caracas, Fundación de
Promoción Cultural de Venezuela, 1987.
P. Russell Cutright, The great naturalists explore South America. New
York, The Macmillan Company, 1940.
119
ה DE LA DEMOCRACIA A CHÁVEZ
HÉCTOR SILVA MICHELENA1
En Venezuela, la democracia en cualquiera de sus variantes (desde
la democracia directa de Atenas hasta la democracia participativa y
protagónica, de 1999, pasando por la democracia liberal de partido),
es algo prácticamente excepcional. La primera alusión pública sobre la
necesidad de construir una democracia se evidenció en el Decreto de
Garantías proclamado por el general Juan Crisóstomo Falcón el 8 de
agosto de 1833 gracias al triunfo de la Revolución Federal. Se señala
que “triunfante la revolución deben elevarse a canon los principios de
democráticos proclamados por ella y conquistados por la civilización, a
fin de que los venezolanos entren al pleno goce de sus derechos políticos
e individuales”.2
Sin embargo, nuestra democracia solo se haría una realidad
concreta en 1945 con la llamada Revolución de Octubre (Trienio 1945-
1948). Fue el resultado de una larga lucha del liderazgo civil democrático
de la famosa generación del 28, que transitó un camino lleno de grandes
obstáculos.
En el siglo XIX la democracia en Venezuela sigue siendo un
proyecto histórico y político, al cual le falta aún mucho por transitar. En
aras de la brevedad no voy a definir la democracia moderna, que puede
considerarse un epifenómeno de los Estados liberales clásicos. Estos
incluyen la libertad en todo sentido, la igualdad ante la ley, la justicia, la
relación entre individuo y comunidad, y, lo más importante, la interacción
1
Individuo de número de la Academia de Ciencias Económicas, ex director del Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales. Doctor en economía, una amplia trayectoria
en la docencia en la que destaca el curso impartido en la Universidad de Cambridge.
Articulista de El Nacional. Publicó en julio de 2018 el libro titulado: Pensadores de la
democracia, Caracas, UCAB, 2018.
2
Citado por Carrera Damas en Hacia dónde va Venezuela, 2011, p. 13.
HÉCTOR SILVA MICHELENA De la democracia a Chávez
entre soberanía popular y Estado de Derecho. Por lo tanto, la democracia
es una ecuación compleja en el caso nuestro, ha habido siempre factores
internos que han impedido la consolidación de nuestra frágil democracia,
entre ellos el militarismo histórico, la corrupción, el caudillismo y
personalismo, el clientelismo y el populismo, la partidización del Estado
y los discursos sectarios e intolerantes de algunos líderes políticos.
En las últimas tres décadas se ha planteado la necesidad de superar
la democracia representativa tradicional para lograr una forma donde
las bases puedan participar en el ejercicio del poder político y controlar
socialmente las acciones del gobierno. Las formas alternativas de
democracia desarrolladas en los últimos tiempos intentan, en alguna
forma, retomar mecanismos de acción política y participación ciudadana
que vayan más allá del sufragio, al estilo de la democracia directa 121
ateniense. La idea es lograr más y mejor democracia para todos.
Periodos constitucionales de Venezuela
y conceptos pertinentes
¿Qué dice la ciencia política de la democracia? Responder a esta cuestión
es situarse bien lejos de reunir los elementos necesarios, ya que los
científicos sociales han sido principalmente críticos de la democracia;
así, para Platón es clara: la democracia es el régimen que, bajo pretexto
de libertad, renuncia a toda norma que regule la vida de los hombres
y de la Ciudad-Estado; y en nombre de la igualdad, la democracia
asigna los cargos sin importarle las competencias. Para Aristóteles, las
constituciones reflejan el modo de vivir y de relacionarse una sociedad
(Cité), y forman un pacto social normativo. La constitución por excelencia
es la Politeia, o régimen en el que gobierna la mayoría sin perjudicar a la
minoría, asimilándolo a “república” (en su Teoría de las Constituciones).
Se trata, pues, de un gobierno constitucional, superior a la democracia,
porque según Aristóteles, este no es un gobierno concebido para el
interés de todos sino solamente el del pueblo, y de no someter el poder a
la autoridad de las leyes.
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Desde esta remota época, como dijimos, el concepto ha ido evolu-
cionando hasta llegar a lo que hemos mencionado como democracias
participativas y protagónicas, como modo de acercarse a la democracia
directa ateniense. Es obvio decir que esto último no es viable en las
naciones modernas sencillamente por razones de crecimiento demográfico
y ampliación de la ciudadanía. Por eso, todos los Estados democráticos
modernos son democracias representativas, en tanto que se ejercen
mediante el sufragio universal que elige los poderes como representación
del interés colectivo. Así que, la llamada democracia participativa y
protagónica es, en esencia, una democracia representativa, que incluye
mecanismos novedosos para facilitar e impulsar la participación ciuda-
dana en las acciones de gobierno.
122 La conformación político-constitucional del Estado venezolano
La conformación político-constitucional del Estado venezolano, y en
consecuencia sus regímenes políticos, ha sido bien larga, y abarca un lapso
de casi dos siglos, desde 1811 hasta 1999. Pero hay una incertidumbre:
el 1º de mayo de 2017, Nicolás Maduro promueve la realización de una
Asamblea Nacional Constituyente con facultades plenipotenciarias
por encima de los demás poderes públicos del Estado, y anuncia bases
comiciales “comunales” o sectoriales. El 30 de julio fueron realizadas
elecciones para escoger a los 545 constituyentes que la conformarían;
el 4 de agosto se instaló formalmente en el Salón Elíptico del Palacio
Federal Legislativo (también sede de la Asamblea Nacional). Este no es
nuestro tema, acotado más arriba: el período democrático 1959-1999.
Durante dos siglos de historia republicana hubo 26 constituciones;
pero esto no significa que fueran pactos diferentes: la gran mayoría
solo fueron reformas o enmiendas de las precedentes. Nuestra historia
muestra múltiples rupturas del orden constitucional entre 1812 y 1899, y
luego entre 1945 y 1958, por revoluciones sucesivas. Siguiendo a Brewer
Carias este largo lapso demarca cuatro períodos a saber:
HÉCTOR SILVA MICHELENA De la democracia a Chávez
I. El Estado independiente, incluso formando parte de Colombia,
un proceso primario que va de 1811 a 1819, y la consolidación de la
República autónoma conservadora, entre 1830 y 1863, generó un Estado
semi-centralizado que concluyó con las Guerras Federales (1858-1863).
II. El segundo período va de 1863 a 1901. Es el de la federalización
del Estado, distinguido por las Constituciones que dieron forma al
Estado Federal. En este contexto se desarrolló la autocracia liberal, con
muchas modificaciones. Concluye con la Revolución liberal restauradora
de 1899, y las guerras contra los caudillos regionales.
III. El tercer período, va de 1901 a 1945. Es el de la consolidación del
Estado Nacional, signado por constituciones que dieron forma al Estado
Centralizado y Autocrático. Concluye con la Revolución de Octubre de
1945. 123
IV. El cuarto período va de 1945 a 1999. Le corresponde a la
democratización del Estado petrolero, marcado profundamente por la
avanzada Constitución de 1947, resultado de una Constituyente, la cual
inspiró el texto de la Constitución de 1961. Corresponde a la etapa inicial
del populismo (1945-1948), le sigue un intervalo militarista (1948-1958),
seguido del periodo de Estado Democrático Centralizado de partidos,
que comenzó en 1958 y se desarrolló bajo la égida de la Constitución de
1961, sostenida por el llamado Pacto de Punto Fijo. Termina en 1999, con
la Constitución actual, emanada de una Constituyente.
El período democrático
A la caída de la que creíamos última dictadura militar en Venezuela,
en enero de 1958 el liderazgo civil democrático retoma las sendas de
la democratización nacional, cuestión que suscitó la instrumentación
de un conjunto de negociaciones cuya finalidad era cimentar sobre
bases sólidas la joven democracia venezolana. Surgió así el Pacto de
Punto Fijo, un bloque histórico, en el sentido de Gramsci, que significó
un máximo esfuerzo por lograr, entre los sectores que conformaban
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el liderazgo político democrático, un acuerdo primario para alcanzar
los niveles requeridos de gobernanza y gobernabilidad posterior a la
dictadura militar. Todo esto en el contexto de la configuración de la
democracia representativa y el Estado centralizado de partidos políticos,
principalmente AD y Copei, que gobernaron cuatro décadas.
En estos cuarenta años, el único período en la historia republicana
de Venezuela en el cual el liderazgo civil-democrático se erigió como el
factor central del sistema político nacional, sin tutelaje del estamento
militar, la democracia transcurre por cuatro etapas que definieron el
proceso de desarrollo, auge y caída de la democracia representativa en
Venezuela. Esas etapas son:
1. Formación y consolidación de la democracia representativa (1958-
124 1969), fase en la cual el liderazgo civil logra superar grandes obstáculos
que intentaron destruir a la renaciente democracia venezolana, como
los alzamientos militares llamados, el Barcelonazo de junio 1961, el
Carupanazo en mayo 1962, el Porteñazo de junio 1962, e incluso la
formación de grupos guerrilleros y de las Fuerzas Armadas de Liberación
Nacional (FALN).
2. Estabilización y desarrollo del sistema político nacional 1969-
1979, caracterizado por el crecimiento económico sostenido, debido al
flujo de petrodólares que significó una mejora sustancial de la calidad de
vida de la sociedad en su conjunto y que se tradujo en un apoyo sólido
de la ciudadanía a sus instituciones y actores políticos fundamentales,
es decir, el Estado y los partidos políticos gobernantes. Sabido es que el
PCV y el MIR se movieron en el doble terreno de la participación política
y la lucha armada.
3. Desgaste y desarticulación del modelo político venezolano (1980-
1989). En esta década se inicia la agudización de las contradicciones del
modelo político y económico configurado en la Constitución de 1961; su
símbolo mayor es el episodio conocido como el Viernes negro de 1983,
gran devaluación de la moneda, hasta entonces muy estable. Estos signos
HÉCTOR SILVA MICHELENA De la democracia a Chávez
mostraban que el sistema político y su dirigencia ya no eran capaces de
satisfacer las demandas y aspiraciones de amplios sectores de la sociedad
venezolana que, más allá de la riqueza petrolera, se veían condenados
de nuevo a la pobreza. En este momento de la década de los 80, la
estrategia del liderazgo político de turno consistió en aproximarse a un
modelo neoliberal conforme a las recetas del FMI y del BID. El anuncio
del modelo por el presidente Carlos Andrés Pérez, desató formidables
protestas conocidas como el Caracazo que dio lugar a una sangrienta
represión por parte del ejército. El presidente CAP quiso enmendar la
plana y envió una carta al FMI requiriéndole un trato preferencial.
4. Crisis y colapso de la democracia puntofijista (1999). Este
escenario está marcado por episodios dramáticos, resultado del
descontento endémico generalizado y los intentos de golpe militar de 125
febrero y noviembre de 1992, cuestión que puso en evidencia que el
liderazgo civil había perdido su capacidad para el mantenimiento de la
paz social. De esta manera, la última década del siglo XX transcurre por
un proceso de pérdida de legitimidad del liderazgo político en general
y de los partidos políticos en particular (la partidocracia), así como de
aversión a los políticos (la anti-política), dado que se percibía en la opinión
pública que los partidos habían perdido la perspectiva democrática real
e incurrido en gran corrupción, todo lo cual desembocó en el colapso
estrepitoso del Estado centralizado de partidos políticos.
De Chávez a Maduro: muerte de la democracia
De la crisis y colapso del modelo puntofijista surge el liderazgo político,
carismático y neo-populista del teniente coronel Hugo Chávez Frías,
líder del golpe militar del 4 de febrero de 1992. Chávez logró aglutinar
buena parte del descontento que se manifestaba en la anti-política y el
rechazo a los partidos tradicionales, a los que acusaba de corrupción
y traidores al ideario de Simón Bolívar. Para Chávez, Venezuela había
perdido su independencia y su vitalidad en el largo interregno que iría
desde la muerte de Simón Bolívar en 1830 hasta el segundo gobierno de
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Rafael Caldera en 1999, es decir 169 años. Chávez, con base en su enorme
carisma y gran capacidad comunicativa y populista, inculcó en las masas
populares desfavorecidas la convicción de que había que refundar la
república mediante una Constituyente, y que Venezuela había sido
traicionada y corrompida por los partidos tradicionales.
Hagamos ahora una breve reflexión sobre la crisis societaria actual
que padece Venezuela; extraigo algunas ideas del libro titulado How
Democracies Die (Cómo mueren las democracias) que describe los
caminos institucionales a través de los cuales las democracias pueden
colapsar.
Sostiene uno de sus autores, Steven Levitsky, profesor de Harvard,
que las democracias no solo colapsan al ruido de golpes militares. De
126 hecho, lo común hoy en día es que el colapso de las democracias sea
resultado de un proceso gradual, a veces silencioso, en el cual las propias
instituciones de la democracia son empleadas para desmantelarlas y así
imponer un régimen dictatorial. Las democracias mueren, entonces,
en manos de las propias instituciones llamadas a protegerlas, sobre
todo cuando permiten la elección de un líder populista que, una vez en
el poder, subvierte los controles de la democracia liberal, e incluso la
participativa y protagónica, para imponer un régimen autocrático.
Finalizo esta parte recogiendo tres lecciones que se desprenden
de la crisis venezolana. La primera, y más importante de todas, es que
la consolidación democrática no es una situación inmodificable. En
realidad, ninguna democracia puede darse por sentada. Venezuela tenía
una democracia real que colapsó; la segunda lección es que las crisis
económicas sostenidas pueden derivar en grave crisis de la democracia.
La Venezuela de hoy es un ejemplo paradigmático de esta lección;
por eso Levitsky deja caer esta sentencia lapidaria: la democracia en
Venezuela está muerta. La tercera y última lección es que es importante
tomar en cuenta cómo los mecanismos instrumentados para consolidar
la democracia pueden ser un arma de doble filo. Así, el pacto de Punto
Fijo, duramente cuestionado por el chavismo, fue un instrumento
HÉCTOR SILVA MICHELENA De la democracia a Chávez
indispensable para consolidar la democracia, y así produjo importantes
beneficios. Pero, a la vez, este pacto actuó como un arma de doble filo
pues, en el largo plazo, el pacto derivó en severas limitaciones del ejercicio
realmente democrático, la participación popular, la equidad y la justicia.
La partidocracia se había impuesto sobre la democracia de partidos. El
Pacto de Punto Fijo se había agotado.
Tras la muerte de Chávez accedió al poder Nicolás Maduro quien,
desde sus inicios, mostró incapacidad para ejercer un buen gobierno,
como lo demuestra bien la carta de renuncia del entonces poderoso
ministro Jorge Giordani, titulada “Testimonio y responsabilidad ante la
historia”.3 Los puntos centrales que esgrime Giordani son: que Maduro
no continúa los procesos de desarrollo político y social diseñados por
Chávez; que no tiene capacidad administrativa ni es hombre de Estado; 127
que carece de liderazgo político, y que ha permitido una gran corrupción
a través de Cadivi.
Yo me quedo perplejo al ver cómo una crisis económica tan profunda,
que ha reducido en casi 40% el ingreso per cápita de los venezolanos
en cinco años, no haya significado un cambio político. Ciertamente la
oposición, que había acertado en las elecciones parlamentarias del
2015, no percibió que tanto Diosdado Cabello, entonces presidente
de la Asamblea Nacional, como Nicolás Maduro, podían actuar
descaradamente. En efecto Cabello, en una sesión de la AN celebrada el
23 de diciembre de 2015, nombró ilegítimamente un Tribunal Supremo
de Justicia completamente oficialista; ese tribunal, mediante sentencia
cautelar del 30 de diciembre de 2015, suspendió la investidura de los
diputados del Estado Amazonas (4 en total, de los cuales 3 eran de la
oposición), con lo cual suprimió la mayoría calificada de 112 votos.
Desde entonces, la conducta abiertamente autoritaria de Maduro
destruyó la Asamblea Nacional al quitarle atribuciones y transferirlas
https://www.aporrea.org/ideologia/a190011.html, fecha 18/06/2014.
3
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al TSJ, rompiendo el orden constitucional (algo que fuera tardíamente
denunciado por la Fiscal Luisa Ortega Díaz) y cerrando las vías
democráticas, todo lo cual ha debido llevar su régimen al colapso. Más
aún, convocó, contra lo pautado en la Constitución, en mayo
de 2017, una Asamblea Nacional Constituyente, con bases
comiciales fascistas; la Carta Magna es bien explícita: el presidente
está facultado para iniciar el proceso, mas no para convocarlo, pues
eso es atributo inalienable del pueblo, donde reside la soberanía. Debió
hacerse un referéndum consultivo vinculante, como en 1999.
Pero eso no sucedió; por eso, para mí, es una sorpresa que Maduro
subsista tanto tiempo en medio de una severa crisis humanitaria y sin
apoyo político. Creo que la sobrevivencia de Maduro y su régimen se deben
128 al apoyo inconstitucional e incondicional del Alto Mando Militar, quienes
son los verdaderos dueños del poder, tanto político como económico. En
efecto, más del 70% de los cargos públicos importantes están en manos
de militares, incluida ahora PDVSA, donde el Mayor General de la GN,
Manuel Quevedo, ajeno por completo a la industria, ejerce una verdadera
dictadura interior. Bajo su corto mandato la producción de PDVSA cayó
de 2 millones de b/d a 1 millón 250 mil de b/d, una verdadera catástrofe
pues las divisas indispensables para el funcionamiento de la economía
han caído a pesar de que los precios del petróleo se incrementaron en
11% en el 2017.
¿Qué hacer? No tengo respuesta. Veo a una oposición no solo
carente de liderazgo y de propuestas sino minada de conflictos en su
propio interior y alejada de la real crisis humanitaria que padece la
inmensa mayoría de los venezolanos. Doy un solo dato: de acuerdo con
la pirámide de edad y sexo de UNICEF, en Venezuela hay 6 millones
de niños y niñas, entre cero y nueve años, entre los cuales el 16,4 % es
calificado de desnutrición severa por organizaciones tan creíbles como
la Fundación Bengoa y Cáritas; hablamos de poco más de 1 millón de
niños y niñas que sufrirán daños irreversibles en su desarrollo corporal
y mental.
HÉCTOR SILVA MICHELENA De la democracia a Chávez
Unas palabras finales
Venezuela es, políticamente, una insólita paradoja. Tiene un presidente
reelecto con el expediente del fraude electoral estructural masivo, un
delito muy grave que conlleva penas severas. Es autoritario y dictatorial,
pero ejerce un populismo exacerbado, aumentando repetidamente el
salario, repartiendo bolsas CLAP, bonos de todo tipo (desde Navidad
hasta el 24 de julio contamos siete, asignados a quienes poseen el
orwelliano “Carnet de la Patria”). Según las encuestas más conocidas y
creíbles, más del 70% de la población votante lo rechaza y lo considera
el responsable de la profunda y larga crisis que nos azota. El mundo
occidental, al cual pertenecemos, lo rechaza por dictador y no lo reconoce
como presidente legítimo. Lo apoyan los enormes, aunque muy lejanos
países orientales, como China, Rusia e Irán. Maduro no cae –reitero–
129
solo porque lo sostienen quienes se han apropiado de las armas de la
nación, usándolas en beneficio propio.
En su editorial del 1º de junio de 2018 del diario argentino La
Nación se lee:
El concepto más elemental de legalidad y legitimidad, como
son la democracia y el Estado de Derecho, han desaparecido
de Venezuela. Ni qué decir de la situación de la economía (…).
Según el FMI, este año la inflación llegará al 13.864% y el
desempleo al 33%.4
Un panel de expertos de la OEA presentó un informe que concluye
que existen fundamentos suficientes para considerar que en Venezuela
se han cometido crímenes de lesa humanidad, lo cual abre la posibilidad
de que altos funcionarios, incluido Maduro, puedan ser juzgados por
la Corte Penal Internacional. El reporte identificó a 131 víctimas de
asesinatos durante las protestas de 2014 y 2017.
Según el Índice de Percepción de la Corrupción, publicado por
Transparencia Internacional, Nicaragua y Venezuela son los países peor
La Nación, editorial del 1º de junio de 2018.
4
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clasificados. Un informe elaborado por la Unidad de Investigación de la
Fundación In SightCrime y el observatorio de Crimen Organizado de la
Universidad del Rosario, de Bogotá, concluye que Venezuela se convirtió
en un eje del crimen de la región.
El estudio, titulado Venezuela: ¿un Estado mafioso?,5 es el
resultado de tres años de investigaciones. Entre el fuerte aislamiento y
el negacionismo de la realidad por parte de sus ilegítimas autoridades
puede concluirse que nada queda ya de la democracia venezolana.
Dicho estudio consta de 84 páginas bien documentadas esta-
dísticamente e ilustradas con mapas en colores sobe el flujo de drogas,
dinero y hombres en este gran tráfico criminal.6
Estoy persuadido, junto con numerosos analistas políticos
130 occidentales, de que en las actuales condiciones, cuando la oposición
está impedida de participar políticamente, y cuando no hay ninguna
vía electoral institucional disponible, debe pensarse en mecanismos
no-electorales para lograr el cambio. Así, la combinación de protestas
–que generarán represiones– con la presión del mundo occidental,
pudieran llevar a un quiebre dentro del gobierno, siempre y cuando sus
funcionarios, para salvar pellejo y dinero, decidan no seguir las órdenes
arbitrarias de Maduro.
El lúcido sacerdote jesuita, Luis Ugalde, después analizar nuestra
casi terminal condición, propone lo siguiente en un artículo del 13 de
junio de 2018 titulado "La enfermedad, el remedio y la ruta":
La ruta más razonable y democrática hacia la que todos unidos
debemos empujar nacional e internacionalmente es:
A. Renuncia de Maduro y su gobierno, con salida negociada.
B. Gobierno de transición presidido por el Presidente de la
legítima AN.
5
https://es.insightcrime.org/investigaciones/venezuela-estado-mafioso-2/
6
Puede leer el estudio en www.insightcrime.org, o escribir, como lo hice yo, a info@
insightrime.org
HÉCTOR SILVA MICHELENA De la democracia a Chávez
C. Junta de Gobierno civil con participación militar para de
inmediato tomar las medidas de ayuda humanitaria, frenar
la hiperinflación y establecer las condiciones y garantías
jurídicas para la reactivación económica y la inversión. En la
Junta debe haber una representación empresarial-trabajadora
capaz de elaborar una propuesta económica-social productiva
y generadora de trabajo e ingresos dignos, consciente de que si
no trae solución para los pobres no la habrá para nadie.
D. Restablecimiento de la legalidad constitucional con sepa-
ración de poderes, liberación de presos políticos, exiliados y
perseguidos.
Habilitación de políticos y partidos arbitrariamente inha-
bilitados. Restauración de la plena libertad de expresión y de
comunicación.
E. Eliminación de la dictatorial Asamblea Nacional Constitu-
yente y nombramiento del nuevo CNE.7
131
Sépase o recuérdese que, según todas las encuestas, la Iglesia es
la institución más aceptada y respetada por los venezolanos, seguida
de las universidades. Habrá que dejar la indiferencia y pasividad, el
conformismo; vencer el miedo y ejercer nuestra voluntad de poder como
ciudadanos para alcanzar la indispensable Unidad Nacional, articulada
con la solidaridad internacional, ya manifestada sin reticencias.
7
Luis Ugalde s.j. “La enfermedad, el remedio y la ruta” de 13 de junio de 2018, en:
https://elucabista.com/2018/06/13/la-enfermedad-remedio-la-ruta/