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Evau Lengua

El documento resume los movimientos literarios del Modernismo, la Generación del 98, el Noventismo y las Vanguardias en España. El Modernismo se introdujo a través de Rubén Darío y renovó la poesía con un estilo musical y sensorial. La Generación del 98 analizó los problemas de España a través de la novela, con autores como Unamuno y Azorín. El Noventismo fue un movimiento puente entre ambos, con énfasis en el ensayo y la poesía lírica. Finalmente, las Vanguardias incluyeron el Futurismo, el Cubismo,

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El documento resume los movimientos literarios del Modernismo, la Generación del 98, el Noventismo y las Vanguardias en España. El Modernismo se introdujo a través de Rubén Darío y renovó la poesía con un estilo musical y sensorial. La Generación del 98 analizó los problemas de España a través de la novela, con autores como Unamuno y Azorín. El Noventismo fue un movimiento puente entre ambos, con énfasis en el ensayo y la poesía lírica. Finalmente, las Vanguardias incluyeron el Futurismo, el Cubismo,

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EVAU LENGUA

BLOQUE 1: MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98.


El Siglo XIX termina con una gran crisis en todos los ámbitos de la vida española. Ante
este hecho, los intelectuales abogan por una reforma general. La literatura, en
concreto, opta por dos caminos dentro del denominador común del inconformismo y
del deseo de cambio literario: modernismo, que se inclina por la evasión temática y la
preocupación por la forma y la generación del 98, que plasma su preocupación por
España con un estilo mucho más sencillo. Estos dos movimientos convivirán y tendrán
su apogeo en las dos primeras décadas del siglo. El Modernismo es un movimiento
cultural y literario que se introdujo en España de la mano de Rubén Darío desde
Latinoamérica, y que supuso una renovación total de la literatura, sobre todo de la
poesía. Tuvo una influencia enorme en los autores de principios de siglo. La poesía
modernista, género que más se adecúa al talante modernista, tiene sus fuentes en la
poesía romántica (tono intimista, simbolista y sentimental) y en la poesía francesa, de
la que serán de suma importancia las aportaciones del parnasianismo (se busca la
perfección formal) y el simbolismo (se hacen presentes los estados de ánimo del autor
a través de la interpretación simbólica de la realidad circundante.) Rescatará temas de
Romanticismo como son los de línea escapista a lugares exóticos y exquisitos, a
paraísos artificiales y épocas pasadas pues el descontento con el mundo no les mueve
al cambio sino a la huida. El cosmopolitismo, que concibe al autor como ciudadano del
mundo, va unido a la evasión ya que busca lo diferente. También una línea íntima
cargada de sensualidad, erotismo, melancolía o hastío, que permite traducir el
malestar del poeta con lo que le rodea. Debido a todo lo dicho anteriormente se
desarrolla un estilo con el fin de conseguir la ansiada belleza mediante la musicalidad y
el colorido: una métrica innovadora con ritmos muy marcados, con versos de arte
mayor, estrofas nuevas, pies acentuales; un léxico muy rico que evoca lo lujoso,
exquisito o exótico para crear sonoridad y crear imágenes brillantes que se relacionan
con lo sensorial, con abundantes figuras retóricas como las aliteraciones y las
sinestesias Los poetas fundamentales son: Rubén Darío, con Prosas profanas y Azul, se
convierte en el modelo de los poetas de esta época, Antonio Machado seguiría la
estela de Darío en su primer libro, Soledades, galerías y otros poemas, en el que se
reflejan sentimientos universales o Juan Ramón Jiménez con Arias tristes, en la que se
muestran también los sentimientos del poeta envueltos de melancolía. En prosa
destacan Las Sonatas de Valle-Inclán. Son cuatro y se caracterizan por una prosa
modernista tendente al esteticismo y a la sensualidad cuyos temas principales son el
amor y la muerte. El teatro poético es un teatro innovador que se desarrolla influido
por el Modernismo y caracterizado por sus temas históricos y conservadores. Destacan
los hermanos Machado, La Lola se va a los puertos. La generación del 98 supone una
reacción contra el realismo y el naturalismo anteriores que se junta con una voluntad
de innovación tanto en los temas como en las formas narrativas. Surge como
consecuencia de la crisis moral, política y económica en España a finales del siglo XIX y
el agotamiento de las formas narrativas decimonónicas. Esto hace que el grupo del 98
busque la esencia de España y su destino y la reflexión sobre el hombre. Con raíces
comunes más radicales en lo político y marcados por corrientes filosóficas
irracionalistas (“Dios ha muerto”, de Nietzsche, el dolor y el sufrimiento humano de
Kierkegaard y Schopenhauer) y por corrientes existencialistas y metafísicas (sentido de
la vida, fe …), esta generación ve en la novela el cauce para analizar los problemas de
España y aportar soluciones desde una perspectiva idealista. La novela será, por tanto,
el instrumento adecuado para sus propósitos. Será una novela abierta (se combinará la
parte narrativa con las reflexiones del autor y sin un final claro para provocar la
reflexión del lector), Se centrará en el tema de España, a la cual hay que regenerar a
partir de sus raíces y de la educación, también en el paisaje de Castilla (donde se busca
la esencia y modelo de España), la intrahistoria (vida de las personas anónimas) y el
tema existencial, que abarca la preocupación por los temas relacionados con el sentido
de la vida y la muerte. Debido a estos temas el estilo narrativo que se desarrollará se
caracterizará por la sencillez y la claridad, presencia de un estilo personal por parte de
cada autor, el alejamiento de la técnica de la etapa realista, el empeño por expresar las
emociones y opiniones por parte del autor (subjetivismo), el autor está omnipresente
mediante el narrador, sobriedad, escasez de recursos, léxico valorativo y preferencia
de relatos cortos con frecuentes finales abiertos. Autores: como Miguel de Unamuno,
en Niebla, en la que refleja mejor las características temáticas y formales de sus
nivolas, como él las llamaba, y San Manuel bueno mártir, en la que trata el recurrente
tema de de la fe; Azorín, La voluntad, viene a decirnos que España comenzaría a
recuperarse con un ejercicio de voluntad colectivo; Pio Baroja critica la sociedad a la
que achaca una conducta hipócrita, injusta y aburguesada desde un pesimismo y
escepticismo en obras de la talla de El árbol de la ciencia y La busca; Valle-Inclán, El
ruedo ibérico, trilogía de tema histórico. El teatro renovador del 98 se consiguió
gracias a la elevación del nivel literario del teatro español que se convirtió en un teatro
comercial, adaptado a los gustos de la mayoría del público pero que no consiguió dejar
grandes obras. Destacan Fedra, de Unamuno; Lo invisible, de Azorín, El esperpento de
Valle-Inclán, género creado por el propio autor, basado en la deformación sistemática
de personajes y valores con la que ofrece una denuncia de la sociedad literaria dejará
obras teatrales de gran calidad como Luces de Bohemia. En poesía destaca Antonio
Machada con Campos de Castilla en la que el autor expresa sus preocupaciones
noventaychosistas sobre los males de España inspirado en las tierras y gentes de
Castilla.
BLOQUE 2: NOVECENTISMO Y VANGUARDIAS.

El novecentismo fue un movimiento puente entre la generación del 98 y las


vanguardias que surge alrededor de 1910. Este grupo de escritores entrañan una
renovación estética e individual alejada del pesimismo y desasosiego. Participan en la
inquietud por el problema de España presentando una tendencia a universalismo. Se
declaran antirrománticos, apasionados por lo clásico y buscan la claridad racional,
dirigiéndose a una minoría selecta. Se preocupaban por el lenguaje, huyendo de lo fácil
y mostrando una profunda obsesión por la obra bien meditada y hecha, y defienden el
“arte puro”. Su condición de “intelectuales” explica el predominio del ensayo sobre los
otros géneros literarios en detrimento de la poesía, pero a la vez se observa una
tendencia al lirismo que impregnará a partir de ellos, a toda la literatura posterior,
como lo prueba la extraordinaria calidad de la poesía de los autores de la generación
del 27. Entre los poetas destaca Juan Ramón Jiménez cuya obra es de gran sensibilidad.
Tras su etapa sensitiva modernista, se aprecia una intelectual y pura donde expresa
poesía desnuda y pura con obras como “Diario de un poeta recién casado” y
“Eternidades”. El ensayo fue el género dominante y destacan autores como Ortega y
Gasset (guía indiscutible) con “La deshumanización del arte” (alejamiento de los temas
humanos, evitando lo sentimental), y su ensayo sociopolítico, “La España
invertebrada”; Eugenio d´Ors con “Tres horas en el museo del prado” y Gregorio
Marañón con “Don Juan”. En la novela destaca Ramón Pérez de Ayala, que cultiva la
novela intelectual, tratando temas de moral y política desde una perspectiva irónica y
humorística, con vocabulario culto y popular y con obras como “Berlamino y Apolonio”
y con rasgos autobiográficos “Tigre Juan”; y Gabriel Miró que destaca su novela “Las
cerezas del cementerio”.
Las vanguardias fueron movimientos de revolución estética y artística que surgieron
entre las dos guerras mundiales, apareciendo y desapareciendo con rapidez siendo un
surrealismo perdurable. En España tuvo su auge entre 1910 y 1925, siendo la influencia
de generaciones posteriores, como la del 27. Ramón Gómez de la Serna fue el pionero
de estas vanguardias renovadoras, que las difundirá a través de sus Greguerías
(pequeñas composiciones poéticas de metáfora más humor) y a través de revistas y
tertulias literarias. El futurismo, promovido por Marinetti mostró gran admiración por
el progreso con temas en los que se alaba a la civilización mecánica y la técnica, el
deporte… El cubismo literario arranca hacia 1913, gracias a los caligramas de
Apollinaire. El caligrama es un poema frase palabra o un conjunto de palabras cuyo
propósito es formar una figura acerca de lo que trata el poema, configurado de tal
manera que se crea una especie de imagen visual (poesía visual). El dadaísmo, que
defendía la fantasía y la irracionalidad, rechazando la lógica y la incoherencia, abrió
paso al surrealismo, vanguardia con más relevancia que surgió en Francia en 1924 de la
mano de André Bretón, cuyo objetivo es la libertad de expresión del autor y pretende
liberar y manifestar los impulsos reprimidos. En la poesía se utiliza la escritura
automática (transcripción de lo que la mente dicte sin que medie la razón lógica).
Podemos encontrar imágenes irracionales, así como asociaciones léxicas insólitas. En
castellano tienen importancia dos corrientes poéticas vanguardistas: ultraísmo, que
fue el primer movimiento de la vanguardia española y recoge parte de la influencia
futurista y dadaísta. Pretendía dar una mayor importancia a la imagen y a la metáfora,
suprimiendo la anécdota y el exceso retórico. Como temática podemos encontrar
aspectos del mundo moderno, y a veces pueden presentar una poesía visual que
disponen los versos de un modo singular. Destacan Gerardo Diego con “imagen” y
Guillermo de Torre con “hélices”; y el creacionismo, que fue un movimiento creado
por Vicente Huidobro que pretendía dotar la importancia al poema en sí. El poeta no
quiere imitar la realidad sino crearla dentro del problema. El mejor representante de
esta vanguardia será Gerardo Diego.
BLOQUE 3: POESÍA DE LA GENERACIÓN DEL 27.

El nombre de Generación del 27 designa a un grupo de poetas intelectuales nacidos


alrededor de 1895, cuyas primeras obras se publicaron entre 1920 y 1928. Entre ellos
existieron lazos de amistad y convivencia, se reunían en la Residencia de Estudiantes
de Madrid, en el Centro de Estudios históricos, en tertulias y participaron en actos
comunes como el tricentenario de la muerte de Góngora en 1927, también
colaboraron en revistas como la revista de Occidente. Entre estos jóvenes
encontramos a Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Gerardo Diego,
Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Emilio prados y
Manuel Altolaguirre. Hasta la guerra civil, que fue el periodo de estrecha convivencia,
muestran un nuevo espíritu creador manteniendo el equilibrio entre lo intelectual y lo
sentimental, entre lo culto y lo popular (gusto por el Romancero…), entre lo universal y
lo español, además se sienten atraídos por lo tradicional (admiración por los clásicos:
Jorge Manrique, Bécquer, los Machado…) y la innovación (vanguardias), también
presentan un afán de perfeccionismo intelectual y recurren a la metáfora como
recurso principal, recuperan la métrica (décimas, romances y sonetos) y el verso libre.
En sus inicios, aunque aún se aprecian tonos becquerianos y posmodernistas, se da un
afán de modernidad, el purismo (J. R. Jiménez), y el cultivo de la lírica más sencilla y
neopopular. También se observa una gran huella clasicista en busca de la perfección
formal (fervor Góngora). En esta primera etapa, hasta el 27, se rechazan actitudes
románticas y la creación es antisentimentalista, dándose así la poesía deshumanizada.
A partir del 1927 y hasta el 36 se inicia un proceso de rehumanización se intensifican
los contenidos humanos y se gana en emoción. Se da la entrada del surrealismo
opuesto radicalmente a la poesía pura. El período de la guerra civil fue difícil, ya que el
grupo se dispersó y la evolución fue muy distinta e individual, aunque coinciden en
hacer una poesía más relacionada con el mundo y la realidad de nuestro tiempo.
Algunos poetas se quedaron en España, donde se dio un humanismo angustiado de
tonos existenciales (“Hijos de la ira” de Dámaso Alonso e “historia del corazón” de
Vicente Aleixandre), mientras que la mayoría partieron al exilio, donde la nota
dominante será la nostalgia de la patria `el paraíso perdido´ (“cánticos” de Jorge
Guillén). Lorca había muerto en 1936.
Para completar el panorama de esta generación, repasaremos brevemente la creación
de algunos de sus componentes:
-Jorge Guillén, que fue el representante máximo de la poesía pura en la generación,
cuya toda publicación hasta 1950 quedó recogida en su libro “Cántico”. El dolor, las
imperfecciones y la muerte lo hallaremos en su siguiente libro “Clamor”.
-Pedro Salinas, cuya poesía evoluciona de la influencia machadiana hacia una visión
más intelectualizada. El eje central de su obra es el amor y destacamos “La voz a ti
debida” y “Razón de amor”.
-Gerardo Diego, cuya obra es una síntesis de vanguardia y tradición. Dentro de la
poesía absoluta está “Imagen”, y de la relativa “Versos humanos”.
-Federico García Lorca, que trataba temas como el amor, la libertad, la muerte, la
frustración… expresados a través de un lenguaje poético cargado de símbolos. En
poesía tradicional, destacamos “Romancero gitano”, y en la vanguardista “Poeta en
Nueva York”.
-Rafael Alberti, que evolucionó desde el neopopulismo, con obras como “Marinero en
tierra”, hasta el surrealismo con “Sobre Los Ángeles”.
-Vicente Aleixandre, cuya obra es uno de los máximos ejemplos del surrealismo. Trata
temas del amor y erotismo en un sentido cósmico y en su etapa pura y surrealista
encontramos “La destrucción o el amor”.
-Miguel Hernández, considerado el epígono de la generación, combina la influencia
gongorina en “El rayo que no cesa”, el neopopularismo y el compromiso social en “El
hombre acecha”. Desde la cárcel escribió “Nanas de la cebolla”.
BLOQUE 4: TEATRO ANTERIOR A 1939. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS
PRINCIPALES.

Los condicionamientos económicos provocaron que el teatro español fuera de menor


calidad comparado con el europeo. A los empresarios les interesaba el teatro como
negocio, por ello, daban al público (clase media-alta), lo que querían (obras ajenas a
planteamientos ideológicos ambiciosos). Este condicionamiento estético unido al
ideológico dio lugar a dos tipos de teatro muy diferenciados en el primer tercio del
siglo XX. El que triunfa, heredado del postromanticismo donde destaca José Echegaray
y el género costumbrista. En esta línea se sitúa la comedia burguesa de Benavente
(“Los intereses creados” presentando una cínica versión de los ideales burgueses. El
amor de los protagonistas purificará los intereses materiales “La malquerida”) y la de
sus seguidores; el teatro cómico (comedia costumbrista y sainetes) donde destacan los
hermanos Quintero que llevan a escena las costumbres andaluzas (“Malvaloca”) o
Carlos Arniches, que refleja el ambiente madrileño como en el sainete “Don quintín el
amargao”. A partir de 1910 cultiva la tragicomedia grotesca (junta la comicidad
exterior con la tragedia interior de los personajes creando una pieza magistral): “La
señorita de Trevélez”, donde unos jóvenes gastan una cruel broma a una solterona
poco agraciada; y Muñoz seca, creador del género cómico llamado astracán cuyo fin
era provocar la risa presentando el disparate al descubierto “La venganza de Don
Mendo” (gran burla del teatro modernista); y el teatro modernista en el que
encontramos autores como Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina con su obra “En
Flandes se ha puesto el sol”, los hermanos Machado con “La Lola se va a los puertos” y
Valle-Inclán con “Cuentos de abril”. El que no triunfa, un teatro que no se adaptó a los
gustos del público y por lo tanto tampoco les interesó a los empresarios. Pretende
romper con el drama burgués realista de fines del XIX. Los noventayochistas quisieron
renovar el teatro como hicieron con la novela: Unamuno trató temas existenciales y de
fe (“El otro” trata sobre la doble personalidad y en “Febra”, actualiza la tragedia de
Eurípides); Azorín utiliza elementos simbólicos e irreales como en “Lo invisible”; y
Jacinto Grau con “El señor de Pigmalión” (trata sobre creador de muñecos que se
rebelan contra él y recuerda a Niebla de Unamuno), los cuales presentan un teatro de
tono serio en el que se muestran los conflictos humanos. En la segunda generación
destaca Ramón Gómez de la Serna que calificó el teatro de su época de vacío, con
obras como “Utopía”, aunque el verdadero innovador por su influencia posterior fue
Valle Inclán, creador del esperpento (mezcla de lo cómico y lo trágico con personajes
degradados y convertidos en fantoches deshumanizados que se encuentran en
situaciones sórdidas. Se aprecia una visión sarcástica de aquella España lamentable)
destacando “Luces de bohemia” (sátira de la España de la época) siendo la más
importante y “Divinas palabras”. Los autores de la Generación del 27 también
intentaron llevar su renovación lírica a las tablas, destaca Alejandro Casona (en el
exilio) con triunfos antes de la guerra como “La dama del Alba”. Muy importante fue
Federico García Lorca que trató temas como la frustración, el deseo de libertad y el
poder represivo de la sociedad, destaca “Mariana Pineda” (obra modernista), “La
zapatera prodigiosa” y “El amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín”. Su teatro
vanguardista nunca llegó a subir a las tablas, él mismo lo llamó “comedias imposibles”
como “El público”. El culmen lo alcanzaría con obras como “La casa de Bernarda Alba”
y “Bodas de sangre”, aunque su trayectoria fue cortada por su trágica muerte.
BLOQUE 5: NOVELA DE 1939 A 1974. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS.

Las duras condiciones de la posguerra llevaron a los novelistas hacia una literatura
realista en la que mostrarán sus inquietudes sociales y existenciales. Los exiliados
trataron el tema de España desde una perspectiva crítica y mostraron la realidad de los
países que los acogieron, buscaban un realismo de carácter social y humanizado, por
ello, la mayoría se alejaron de la novela de vanguardia. Destacaron Rosa Chacel con “La
sinrazón” (1960), Max Aub con “El laberinto mágico”, Francisco Ayala con “Los
usurpadores” (1949) y Ramón J. Sender con “Réquiem por un campesino español”
(1953). En la década de los 40, algunos novelistas de la generación anterior siguen
publicando, como Fernández Flórez; otros cultivan una novela tradicional de estilo
decimonónico (Ignacio Agustí). Con la publicación en 1942 de “La familia de Pascual
Duarte”, C. José Cela da inicio al tremendismo, mostrando un análisis descarnado de la
violencia. En 1945 se publica “Nada” de Carmen Laforet, dando paso al realismo
existencial (refleja la incertidumbre del ser humano). También Miguel Delibes
publicará “La sombra del ciprés es alargada” en 1947. Durante la década de los 50,
surge una narrativa que se centra en la sociedad de su tiempo con un afán crítico y
testimonial cuyo objetivo es reflejar la realidad con la mayor veracidad posible. Los
escritores pretenden crear una literatura con función social en la que se plasme la
penosa realidad de nuestro país y se denuncie la situación del ser humano,
reproduciéndose a través del habla popular y coloquial. Destacan: Camilo José Cela con
“La Colmena” (1951 en Buenos Aires), Miguel Delibes con “El Camino”, Carmen Martín
Gaite con “Entre visillos” (1958), etc. Un realismo más crítico que denuncia las
injusticias y desigualdades lo vemos en “Central eléctrica” 1958, de López Pacheco.
También se cultivó la narrativa fantástica, alejándose del realismo y reivindicando la
imaginación y la fantasía: Álvaro Cunqueiro con “Merlín y familia” (1955). En la década
de los 60, se buscó otras formas narrativas, introduciendo muchas innovaciones
técnicas de la literatura europea y americana, se renovó el estilo, lenguaje y se
transformó todos los elementos de la sintaxis narrativa, también se dio lugar a los
saltos temporales, narración en segunda persona, perspectivismo, fusión de géneros,
se incorporan procedimientos de vanguardias, etc. Hubo diversas influencias como
Virginia Woolf, Juan Rulfo, Vargas Llosa, etc. Entre las obras y autores de esta narrativa
experimental cabe destacar:
“Tiempo de silencio” (1962) de Luis Martín Santos, una espiral de violencia en la que se
ve inmerso un joven médico al tratar de salvar a una paciente.
“Cinco horas con Mario” (1966) de Miguel Delibes, Largo monólogo de una viuda
velando sola a su marido fallecido.
“Últimas tardes con Teresa” (1966) de Juan Marsé, que destaca por el retrato
descarnado de la sociedad con un estilo sarcástico e irónico.
“La saga/fuga de J.B” (1972) de Gonzalo Torrente Ballester, en el que se crea una
fusión de realidad y fantasía.
BLOQUE 6: TEATRO 1939 HASTA HOY. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS.

Tras la Guerra civil, se estableció una rígida censura de todas las representaciones, que
se irá suavizando con el paso del tiempo. El teatro se vio condicionado por la nueva
situación sociopolítica y comercial en la que dependían de los intereses de los
empresarios (por ello, algunos crearon su propia compañía teatral). Muchos
renovadores habían muerto durante la guerra y otros se exiliaron. El teatro del exilio
quedó de la siguiente forma: los que seguían cultivando del drama del aquí y ahora
español como Max Aub con “San Juan” (1942); los que escribían dramas atemporales
como Alejandro Casona “Prohibido suicidarse en primavera” (1937) o “La dama del
alba” (1944); y el teatro para el nuevo público como José María Camps. Destacan
también otros autores como Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jacinto Grau, etc. Durante
los años 40 y 50 hubo varias corrientes. Siguiendo la línea del teatro Benavente,
aparece una comedia burguesa (neobenaventina) en la que se aprecia una sutil crítica
de costumbres y que defendía los valores tradicionales. Predominan las comedias de
salón (“Celos al aire” de José López Rubio), de tesis (“La muralla de Joaquín Calvo
Sotelo en 1954 cuyo éxito fue muy importante), de humor (“Margarita y los hombres”
de Edgar Neville), etc. En línea con el teatro del absurdo aparece un teatro
vanguardista de humor y destacan Enrique Jardiel Poncela con “Eloisa está debajo de
un almendro” en 1940 y Miguel Mihura con “Tres sombreros de copa” en 1936. Hay
que destacar en los años 50 el teatro existencial: serio, preocupado e inconformista,
dentro de una corriente existencial. Se destacan dos fechas importantes, 1949
“Historia de una escalera” de Antonio Buero Vallejo, y 1953 “Escuadra hacia la muerte”
de Alfonso Sastre; ambos iniciaron el teatro social. El teatro de Buero Vallejo une lo
existencial con lo social, un teatro crítico que busca un compromiso ético-social con el
individuo y su realidad. Aprovecha las fórmulas del teatro comercial y les da una nueva
dimensión. Hubo varias etapas: enfoque existencial (“Historia de una escalera”);
enfoque social y ético (“La tejedora de sueños” 1952); de fondo histórico (“Las
meninas 1960); de contenidos sociales y políticos más explícitos con incorporación de
experimentos escénicos (“La doble historia del doctor Valmy” 1968). Alfonso Sastre,
junto a Alfonso Paso, firmó el artículo “Teatro de Agitación Social”, que defendía el
teatro como elemento revolucionario desde una concepción marxista de la literatura.
En sus obras hace una denuncia a las injusticias y al poder tiránico (“La mordaza”). Las
décadas de los 80 y 90 fueron de mayor riqueza y variedad teatral debido a la
desaparición de la censura y una nueva política de apoyo y subvención al teatro.
Teatros y compañías dieron cabida a obras clásicas y modernas, españolas y
extranjeras, en montajes innovadores, llevados a cabo por profesionales formados en
teatro comercial e independiente (directores que destacan: José Carlos Plaza, José Luis
Gómez o Miguel Narros). A esto hay que sumar la pervivencia de grandes grupos
(ElsComediants…), la formación de nuevos (La fura del Baus) y el teatro tradicional en
salas privadas. Resalta la creación de José Luis Alonso de Santos “Bajarse al moro”, o
las obras de José Sanchís Sinisterra “¡Ay, Camela!”, así como otras como las de Paloma
Pedrero “Besos de lobo”, Fernando Fernán Gómez “Las bicicletas son para el verano”;
Ignacio Amestoy, Premio Nacional de Teatro del 2002 con “Cierra bien la puerta”, etc.
BLOQUE 7: POESÍA DE 1936 HASTA HOY. TENDENCIAS, AUTORES Y
OBRAS.

Tras la guerra, grandes figuras han muerto (Lorca, Antonio Machado, Miguel
Hernández “El rayo que no cesa” …), y otros se exiliaron (León Felipe “Llamadme
publicano”, Rafael Alberti, Pedro Salinas “Largo lamento”, etc). En la década de los 40,
hubo distintas tendencias: La poesía arraigada, con autores en torno a la revista
“Garcilaso”, buscan la perfección del verso y belleza externa, se inspiran en lo religioso
y temas tradicionales (paisaje y amor), también huyen de la realidad angustiosa y canta
al hombre en su dimensión personal utilizando una métrica tradicional (Luis Rosales
“Abril”; Leopoldo Panero…); La poesía desarraigada, que surge en contraposición con
lo anterior y tras la publicación de “Hijos de la ira” (grito de angustia) de Dámaso
Alonso. Habla del hombre en su dimensión colectiva, recuperando ecos existenciales y
angustiados y utilizando el verso libre. Los autores colaboran con la revista Españada y
destacan: Victoriano Crémer (Poesía Total), y Blas Otero con “Ancia” (dos obras: Ángel
fieramente humano y Redoble de conciencia); y El grupo Cántico, una vertiente más
neobarroca (Pablo García Baena), y postismo, más vanguardista (Carlos Edmundo de
Ory), ambos presentando un enfoque más esteticista. En los años 50 se da el realismo
social. El existencialismo y la angustia derivan en una poesía social que se centra en el
hombre como realidad total. Se expresan de forma sencilla y directa, contemplan la
realidad y la crítica o denuncia. Los autores sufren y desean ayudar a cambiar la
realidad, destacan: Blas Otero “Pido la paz y la palabra”, Gabriel Celaya “Cantos
iberos”, José Hierro “Quinta del 42”, y Gloria Fuertes “Isla ignorada”. En los años 60
surge la Generación de los 50, con una posición muy crítica, aunque menos dramática,
expresada desde la subjetividad y el intimismo, a veces recurriendo al humor e ironía.
Para ellos, la poesía es un modo de explorar la realidad, destacan: Claudio Rodríguez
con “Alianza y condena”, Jaime Gil de Biedma “Compañeros de viaje”, y Ángel
González “Palabra sobre palabra”. Hacia los 70 encontramos los Novísimos, con versos
llenos de alusiones y referencias filosóficas, mitológicas, literarias… Buscan la
renovación recuperando técnicas como la escritura automática o el collage. Guillermo
Carnero “El azar objetivo”, Pere Gimferrer “Arde el mar”, Manuel Vázquez Montalbán,
Gloria Fuertes, Antonio Colinas, etc. A parir de 1975, aparecen distintos grupos: La
poesía de la experiencia, trata de asuntos cotidianos utilizando lenguaje cercano y
composiciones como el soneto, romance y metros tradicionales, y destacan: Ana
Rossetti, Juan Lamillar, etc.; Neosurrealismo, inspirados de la G.27, destacan: Blanca
Andreu y Amalia Iglesias; Neopurismo, con dos tendencias: poesía del silencio (Álvaro
Valverde) y el objetivismo (Julia Castillo); Poesía trascendente, apoyada en el valor
simbólico del lenguaje (Julio Llamazares…); y poesía clasicista, que persiguen la
perfección formal con estrofas y metros clásicas (Antonio Carvajal…). Poesía del siglo
XXI, con poetas de gran talento que han tratado de innovar con composiciones
originales y de gran calidad. Cabe destacar el estudio literario “Poetas españoles del
siglo XXI”, en el que muestra la riqueza de los primeros años del siglo. Los poetas
reflejan sus inquietudes, angustias y pasión, se muestran cómplices de la vida y nos
transmiten sus emociones a través de una poesía significativa. Destacan poetas como:
Caballero Bonald “Manual de infractores”, Dionisia García “Aun a oscuras”, Martínez
Sarrión “Poeta en diván” y García Montero con “La intimidad de la serpiente”.
BLOQUE 8: NOVELA DE 1975 - HOY. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS.

Tras la muerte de Franco (1975), poco a poco se vuelve a la normalización de la vida


política y social, y a la mercantilización de la cultura. La novela fue el género preferido
por los lectores. Se expanden los grupos editoriales y los premios literarios. Coexistirán
autores de distintas generaciones: de los 50 (Cela, Delibes…), del experimentalismo
(Juan Marsé…), y de las nuevas generaciones (Julio Llamazares, Muñoz Molina…). Hay
tres aspectos significativos: el carácter aglutinador, la individualidad creadora y el
triunfo de la novela de género. “La verdad sobre el caso Savolta” de Eduardo Mendoza
(1975) supone el paso de la novela experimental de los 70 s la nueva narrativa.
También es interesante “El invierno en Lisboa” de A. Muñoz Molina (1987). Se aprecia
en la narrativa gran variedad de temática y estilística. Resurge el neorrealismo, pero se
vuelve al intimismo, fantasía y subjetividad. Conviven la novela ambientada en el
pasado y visión del presente; la realidad y la fantasía. Se prefiere la estructura lineal
del relato, narrado en primera o tercera persona; se fusionan géneros y resurgen
novelas de género policiaca, eróticas, sentimentales… Entre las diversas tendencias
novelísticas destacamos las siguientes:
-La metanovela, se cuenta una historia y el proceso seguido en la narración de esta. “El
desorden de tu nombre” de J. José Millás (1988).
-Culturalista y estilística, obras eruditas y reflexivas de gran calidad poética. “Corazón
tan blanco” de Javier Marías (1992).
-Reflexión intimista y psicológica. “Malena tiene nombre de tango” de Almudena
Grandes (1994).
-Realismo crítico y social, se aprecia el conflicto entre personajes y el mundo.
“Crematorio” de Rafael Chirbes (2007).
- Alegórica, mítica y fantástica. “El oro de los sueños” de José María Merino (2010).
-Histórica, como consecuencia de “El nombre de la rosa” de Umberto Eco. Se recrean
distintos episodios de nuestra historia, por ejemplo, el Siglo de Oro en “Las aventuras
del capitán Alatriste” de Arturo Pérez Reverte (1996-98); la Guerra Civil y posguerra en
“Beatus ille” de A. Muñoz Molina (1986).
-Erótica, que triunfó en los años 80. “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes(1989).
-Suspense y ambientación histórica. “La sombra del viento” de Ruiz Zafón (2001)
Otros autores y obras que mencionar son:
Rosa Montero: “Crónicas del desamor” 1979; Manuel Vázquez Montalbán: “Galíndez”
1990; Isabel Allende: “Paula” 1994; A. Muñoz Molina: “Plenilunio” 1997; Rafael
Chirbes: “Los viejos amigos” 2003; Laura Gallego: “Donde los árboles cantan” 2011.

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