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José de Páez: Maestro del Barroco Novohispano

José de Páez fue un pintor prolífico del siglo XVIII en Nueva España que dominó diversos géneros como el religioso, el retrato y la pintura de castas. Fundó un taller donde creó cientos de obras que combinaban influencias europeas y novohispanas. Sus pinturas religiosas, en particular representaciones de la Virgen y escenas bíblicas, gozaron de gran demanda entre patrones eclesiásticos y laicos. Páez también se destacó como retratista de figuras importantes de la época como vir
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José de Páez: Maestro del Barroco Novohispano

José de Páez fue un pintor prolífico del siglo XVIII en Nueva España que dominó diversos géneros como el religioso, el retrato y la pintura de castas. Fundó un taller donde creó cientos de obras que combinaban influencias europeas y novohispanas. Sus pinturas religiosas, en particular representaciones de la Virgen y escenas bíblicas, gozaron de gran demanda entre patrones eclesiásticos y laicos. Páez también se destacó como retratista de figuras importantes de la época como vir
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José de Páez (Ciudad de México, 1720 – ca.

1790) fue un pintor prolífico y versátil que


desarrolló su obra creativa en Nueva España, durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Fundó un taller, donde junto a sus discípulos pudo crear una gran cantidad de obras
ganando progresivamente prestigio y clientela. La etapa de mayor productividad del
pintor fue de 1751 a 1777, siendo la década de 1770 su periodo más creativo. Se
conocen un gran número de cuadros firmados y fechados; algunos con inscripciones que
indican que fueron creados en su ciudad natal.

Recibió disímiles influencias modélicas como de la pintura y el grabado europeos,


nutriéndose particularmente del rubenismo y del murillismo. De igual manera, asumió
el influjo de artistas novohispanos precedentes; entre ellos es válido mencionar a José
de Ibarra, Miguel Cabrera, Ignacio Rodríguez y Nicolás Enríquez. A la vez que estuvo
vinculado a los pintores contemporáneos a él como Francisco Antonio Vallejo y José
Alzibar. De modo que su obra es el resultado de la tradición pictórica y de los recursos y
normativas técnicas y estilísticas del arte novohispano de su tiempo.

José de Paéz representó los diferentes géneros del arte de su época, el religioso, el
retrato y la pintura de castas. La mayor parte de su creación fue religiosa, dentro de la
cual abordó varias temáticas: la mariana, con abundantes representaciones de
advocaciones; la hagiográfica y la cristológica, en las cuales predominó la
representación de los sucesos narrativos de las Sagradas Vidas. También plasmó el tema
angélico y los exvotos. Su producción incluye además alegorías místicas dotadas de
gran riqueza simbólica, de hecho el modelo de la Santísima Trinidad antropomorfa se
considera como la imagen característica del autor, por la profusión de esta tipología en
su creación.

Las pinturas religiosas de Páez gozaron de gran éxito y demanda, eran usadas como
símbolo de persuasión y devoción, en ocasiones repetía algunos temas iconográficos
para complacer a sus clientes. Recibió encargos de diversos patrocinadores, entre las
que se encuentran las órdenes de los betlemitas, carmelitas, franciscanos y medicantes.
De igual modo, hizo cuadros para la congregación de los oratorianos. Dedicados a las
monjas realizó miniaturas magistralmente elaboradas para los escudos que colocaban
sobre su pecho y ejecutó iluminaciones para los libros que ellas leían.
La producción retratística Páez fue solicitada y patrocinada por autoridades religiosas,
civiles y aristocráticas. Toda una gama de representantes de la sociedad novohispana
fue representada por su pincel, entre ellos estaban virreyes, jueces, arzobispos,
fundadores de la orden betlemita y familias de la nobleza. En sus retratos demostró
maestría en la técnica de la proporción y la anatomía de los personajes, tanto en los
retratos personales como en lo colectivos. Páez individualizó a los efigiados
representando las características faciales y sus expresiones, al mismo tiempo, los
vinculó con su contexto a través de sus ropajes suntuosos a la usanza de la época.

El artista creó varias series de pinturas de castas, en ellas expuso, con sutiles
pormenores, la identidad racial de los representados. Los situaba en un diálogo cultural
fresco y narrativo, creando una escenografía particular para cada obra en la detallaba la
relación que se establecía entre los personajes.

Entre las características estéticos formales de la pintura de Páez se distinguen: un estilo


refinado y sutil que evoca delicadeza y dulzura. Sus composiciones son luminosas en
clave barroca llena de suntuosidad. De igual manera, los diversos elementos dentro del
cuadro tienen un ordenamiento escenográfico y sus imágenes fluctuaban entre las
sencillas de una sola figura o las majestuosas saturadas de personajes y símbolos.

Los personajes de Páez generalmente son jóvenes de tierna belleza dotados de la


elasticidad, proporción y escala, de manera que todos podían ser apreciados con claridad
desde el más pequeño querubín, hasta la divina imagen de una Virgen Inmaculada. Es
frecuente en sus ejecuciones la repetición de los rostros de los representados.

Igualmente es un rasgo pictórico de sus cuadros el empleo de una suave y difuminada


pincelada a través de la cual lograba perfilar detalles con cierto preciosismo. Aplicaba
una gama cromática armónica y brillante de tenues contrastes, con preferencia en los
tonos dorados, rojos y azules a la vez que jerarquizaba el uso del color sobre el dibujo y
los trazos.

Realizó obras en varios formatos, mayormente pequeños y medianos –aproximadamente


de 20 x 30 cm–. Ejecutó, además, aunque en menor cuantía, cuadros de gran tamaño
que cubrían espacios extensos de paredes. Pintó sobre diversos soportes, lienzo, papel,
madera y metal, las láminas de cobre de medida 30 x 40 cm, fue el material más
utilizado por el pintor y con el cual alcanzó loable habilidad.

Este manejo del metal como soporte y el tamaño facilitaron la transportación y la


resistencia de las obras que pudieron ser trasladadas largas distancias y manipuladas con
facilidad. Lo anterior y las iconografías que representaban cubrían las demandas de los
patrocinadores, razones que explican la gran movilidad que alcanzó su obra en la misma
época de producción, tanto dentro del Virreinato de Nueva España como en el exterior.
Pinturas suyas se encuentran en muchas zonas del virreinato. De igual modo llegaron a
diversas regiones de España y a varios países de Latinoamérica, como Venezuela,
Colombia, Perú, Guatemala y Cuba.

Sus imágenes sacras contribuyeron al fortalecimiento de la fe y sirvieron para la


decoración de conventos, iglesias, espacios de culto y capillas domésticas. A la vez que
las representaciones magistrales de series castas y los retratos se emplazaron en espacios
sociales. Su virtuosismo como retratista le ayudó a consolidar la fama y ampliar y
fortalecer su clientela. La creación de José de Páez es admirada como una de las más
transcendentales del arte pictórico del barroco novohispano y latinoamericano colonial.
En la actualidad sus obras son muy bien vendidas en diversas subastas de arte, a la vez
que constituyen objeto de catalogaciones y estudios en universidades y museos de
varios países del mundo.

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