PRÓLOGO
Pirkei Avot es el legado ancestral de nuestros sabios. Podría definírselo como
«una perla de sabiduría», pues las frases que se incluyen en Pirkei Avot son
verdaderas perlas que había en la boca de los eruditos cuando hablaban y
disertaban. Por eso, en el interior del tratado hallamos con asiduidad la
expresión: «marguela de Rabi [...]», que literalmente significa: «la perla de
Rabí [...]».
La sabiduría de este tratado, y la gran calidad de sus enseñanzas, cautivaron
los corazones de las personas de todas las generaciones. Por eso los sabios de
todas las épocas se han inspirado, y se inspiran, en este tratado para elaborar
sus conferencias y disertaciones. Las frases de esta obra son directas y
también sumamente profundas. Se han elaborado a través de la historia
centenas de explicaciones y comentarios alusivos. Cada vez que se la lee
nuevamente el contenido de este tratado, y se medita en el mismo, se
descubren más enseñanzas y nuevos mensajes de sabiduría.
ACERCA DEL AUTOR
Rabí Iehuda fue el sabio que compiló la Mishná, un grandioso compendio
que alberga 60 tratados, entre ellos, Pirkei Avot. Para hacerlo, reunió todas las
enseñanzas y todas las leyes legisladas desde la época de Moshé hasta los
sabios de la última generación. Además atesoró todas las explicaciones de los
eruditos, y las palabras de los debates que fueron escuchadas de Moshé, y
también las que fueron enseñadas por los tribunales rabínicos de cada
generación.
Además, él mismo fue quién recibió la Torá en su generación. Pues en cada
generación había un receptor de toda la Torá, y él lo fue en la suya,
recibiéndola de su padre, Shimón. Con todo ese material en su poder, se
dispuso a compilar la Mishná, que fue el nombre elegido para denominar al
libro que contendría la Torá oral.
LA COMPILACIÓN DE LA MISHNÁ
El paso elemental dado por el autor previo a la consumación de esta
monumental labor fue elaborar un esquema general de la obra. Pensó que lo
más apropiado era dividir el compendio en seis temas generales,
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denominados «órdenes». Los mismos contendrían en su interior todos los
demás contenidos –todos los tratados de la Mishná-.
La razón por la que Rabí Iehuda compiló la Mishná fue porque vio que los
estudiosos de esa época eran ya muy pocos, y las aflicciones se multiplicaban
en forma alarmante. Además, el imperio romano se expandía por el mundo, y
tomaba el poder, provocando que los integrantes del pueblo de Israel se
esparcieran por todos los rincones del continente. Por esa razón, el sabio
compuso un compendio íntegro, para que esté en manos de todos, con el fin
de que estudiaran rápido y no se olvidaran de lo aprendido (Hakdamá de
Maimónides al libro Iad Hajazaká).
UN TRATADO ESPECIAL
Todos los tratados de la Mishná se ocupan de esclarecer las diversas leyes
relacionadas con la temática abordada en los mismos. Sin embargo, hay una
excepción, el tratado de Avot, que no se ocupa de leyes, sino de las conductas
humanas, las normas de ética y moral, y las buenas cualidades. Y éstas
enseñanzas fueron emitidas por los sabios de las distintas generaciones,
considerados los padres -avot-, y por eso este tratado se llama así.
INDICACIONES DE LOS JUECES
Éstas normas de ética y moral expuestas en el tratado de Avot, consisten en la
base de toda sabiduría y ley, siendo asimismo la guía para todas las
cualidades de las personas. Por eso este tratado fue incluido en el orden
denominado «Daños –nezikim-», porque todo juez que resuelva pleitos entre
los litigantes, y juzgue los daños, debe conocer y respetar estas normas.
Además, estas normas consisten en la base esencial de la piedad, la cualidad
de excelencia de un ser humano, como está escrito en el Talmud: «quien
quiere ser piadoso, que cumpla las palabras del tratado de Avot» (Talmud,
tratado de Babá Kama 30a).
A continuación de la traducción del tratado hallaréis una selección de
explicaciones del Pirkei Avot. Y aunque las mismas son maravillosas, debe
saberse que son tan sólo una mínima parte de lo que allí se encierra, como
una gota de entre todas las que hay en las aguas del océano. Ciertamente que
hay mucho más, un mundo entero guardado en este magnífico tratado.
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I
Mishná 1
Moshé recibió la Torá del Sinai y la transmitió a Iehoshúa, y Iehoshúa a los
ancianos, y los ancianos a los profetas, y los profetas la transmitieron a los
hombres de la Gran Asamblea. Ellos dijeron tres cosas: sed circunspectos en
el juicio, estableced muchos alumnos y haced cerco a la Torá.
Mishná 2
Shimón el justo era del remanente de la Gran Asamblea. Él solía decir: el
mundo se mantiene por tres cosas: por la Torá, por el servicio y por las obras
de bien.
Mishná 3
Antignos, hombre de Sojo, recibió –las enseñanzas– de Shimón el justo. Él
solía decir: no seáis como los siervos que sirven a su amo para recibir
recompensa; sed como los siervos que no sirven a su amo para recibir
recompensa; y que el temor del Cielo esté sobre vosotros.
Mishná 4
Iosei, hijo de Ioezer, hombre de Tzeredá, y Iosef hijo de Iojanán, hombre de
Jerusalén, recibieron –las enseñanzas– de ellos. Iosei, hijo de Ioezer, decía:
sea tu casa un sitio de reunión de los sabios, empólvate con el polvo de los
pies de ellos, y bebe con sed sus palabras.
Mishná 5
Iosef, hijo de Iojanán, hombre de Jerusalén, decía: esté tu casa abierta
ampliamente, y sean los pobres hijos de tu casa. Y no aumentes conversación
con la mujer. Con su esposa dijeron –los sabios–, y con mucha más razón con
la esposa de su compañero; de aquí dijeron los sabios: todo el tiempo en que
el hombre incrementa conversación con la mujer se provoca daño a sí mismo,
anula el estudio de la Torá y en definitiva heredará el Infierno.
Mishná 6
Iehoshúa, hijo de Perajiá, y Nitai de Arbel, recibieron –las enseñazas– de
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ellos. Iehoshúa, hijo Perajiá, decía: haz para ti un maestro, adquiere para ti un
amigo y juzga a toda persona meritoriamente.
Mishná 7
Nitai de Arbel decía: aléjate del mal vecino, no te juntes con el malvado y no
renuncies del castigo.
Mishná 8
Iehuda, hijo de Tabai, y Shimón, hijo de Shataj, recibieron –las enseñazas–
de ellos. Iehuda, hijo de Tabai, decía: no actúes como los abogados –
enseñando a uno de los litigantes qué argumentar–; y cuando los litigantes
estén de pie delante de ti sean ante tus ojos como malvados, pero cuando se
retiren sean ante tus ojos como inocentes, cuando hubiesen recibido el
veredicto.
Mishná 10
Shimón, hijo de Shataj, decía: indaga mucho a los testigos, y sé cauteloso con
tus palabras, por si aprenden a mentir a raíz de ellas.
Mishná 11
Shmaiá y Avtalión recibieron –las enseñanzas– de ellos. Shmaiá decía: ama
la labor y aborrece el poder, y no te hagas conocer por los gobernantes.
Mishná 12
Avtalión decía: sabios, sed cautelosos con vuestras palabras, por si se os
condena al exilio y sois exiliados a un lugar de malas aguas y los alumnos
que vendrán después de vosotros las beban y mueran, y resulta profanado el
Nombre del Omnipresente.
Mishná 13
Hilel y Shamai recibieron –las enseñanzas– de ellos. Hilel decía: sé de los
alumnos de Aharón, ama la paz y persigue la paz, ama a las criaturas –las
personas– y acércalas a la Torá.
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Mishná 14
Él solía decir: quien estira su nombre –para engrandecerlo y obtener honores
inmerecidos–, pierde su nombre –la buena fama que se ha ganado–; y quien
no incrementa –en el estudio de la Torá– será reducido; y quien no estudia –
en absoluto– está obligado a morir; y quien usa la corona –de la Torá para su
propio provecho– fenecerá.
Él solía decir: ¿Si yo no –lo hago– por mí, quién –lo hará– por mí? ¿Y
cuando yo –lo hago– sólo para mí, qué soy yo? ¿Y si no es ahora, cuándo?
Mishná 15
Shamai decía: haz a tu –estudio de la– Torá fijo, habla poco y haz mucho, y
recibe a toda persona con una agradable expresión del rostro.
Mishná 16
Rabán Gamliel decía: haz para ti un maestro y apártate de la duda; y no te
habitúes a separar el diezmo en forma estimativa.
Mishná 17
Shimón, su hijo, decía: todos mis días he crecido entre los sabios y no he
hallado para el cuerpo algo mejor que el silencio. Y la disertación no es lo
principal, sino la acción. Y todo el que aumenta palabras provoca el pecado.
Mishná 18
Rabán Shimón, el hijo de Gamliel, decía: el mundo se mantiene por tres
asuntos: por el juicio, por la verdad y por la paz; como está dicho: «Con
verdad, juicio y paz juzgad en vuestros portales» (Zacarías 8:16).
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II
Mishná 1
Rabí decía: ¿Cuál es el camino recto que debe elegir el hombre para él? Todo
el que sea bello para quien lo hace –va por ese camino– y lo embellecen las
personas –lo elogian por ir por ese camino–. Sé cuidadoso con los preceptos
leves como con los severos, ya que tú no conoces la recompensa de los
preceptos. Considera la pérdida que conlleva un precepto en contraposición
con su recompensa, y el pago de una transgresión en contraposición con su
pérdida. Observa tres asuntos y no llegarás a pecar: sabe qué hay sobre ti: un
ojo que ve, un oído que escucha, y todas tus acciones son escritas en un libro.
Mishná 2
Rabán Gamliel, el hijo de Rabí Iehuda Hanasí, decía: es bello el estudio de la
Torá junto con el camino de la tierra –el trabajo–, ya que esforzarse en ambos
hace que el pecado sea olvidado; y toda Torá que no va seguida de trabajo,
finalmente quedará anulada y provocará el pecado. Todos los que se
esfuerzan con la congregación –trabajan para el beneficio de la
congregación–, que se esfuercen con ellos en el Nombre del Cielo, ya que el
mérito de los padres les será de ayuda y su dignidad perdura por siempre. Y a
vosotros, Yo os asignaré un gran pago, como si hubieran hecho.
Mishná 3
Sed cuidadosos con la autoridad gubernamental, pues ellos sólo acercan a la
persona para su propia necesidad; se muestran como amigos cuando les es
provechoso, y no ayudan a la persona cuando está apremiada.
Mishná 4
Él –Rabán Gamliel– solía decir: Haz Su voluntad como tu voluntad, para que
Él haga tu voluntad como Su voluntad. Anula tu voluntad ante Su voluntad,
para que Él anule la voluntad de otros ante tu voluntad. Hilel decía: No te
apartes de la congregación y no confíes en ti mismo hasta el día de tu muerte;
y no juzgues a tu prójimo hasta que estés en su lugar; y no digas que algo no
se puede oír, pues finalmente se oirá; y no digas: «Cuando esté desocupado,
estudiaré», pues tal vez no te desocuparás.
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Mishná 5
Él –Hilel– solía decir: no hay ignorante que sea temeroso del pecado, y no
hay iletrado que sea piadoso; el vergonzoso no aprende –apropiadamente–, y
el riguroso no enseña –apropiadamente–; y todo el que incrementa su
actividad comercial no amplía su sabiduría; y en el lugar en el que no hay
hombres, esfuérzate en ser hombre.
Mishná 6
Él –Hilel– también vio una calavera que flotaba sobre el agua. Le dijo: «Por
cuanto que has ahogado te han ahogado, y finalmente, quienes te han
ahogado serán ahogados».
Mishná 7
Él –Hilel– solía decir: quien aumenta carne aumenta gusanos; quien aumenta
bienes aumenta preocupación; quien aumenta mujeres aumenta brujería;
quien aumenta siervas aumenta impudicia; quien aumenta siervos aumenta
robo; quien aumenta Torá aumenta vida; quien aumenta en estar sentado –
estudiando– aumenta sabiduría; quien aumenta consejo aumenta
entendimiento; quien aumenta caridad aumenta paz. Quien adquirió un buen
nombre, lo adquirió para sí mismo; quien adquirió para sí palabras de Torá,
adquirió para sí vida en el Mundo Venidero.
Mishná 8
Rabán Iojanán Ben Zakai recibió –las enseñanzas– de Hilel y Shamai. Él
solía decir: Si has estudiado mucha Torá no te amerites un bien a ti mismo,
pues para eso has sido formado. Rabán Iojanán Ben Zakai tenía cinco
discípulos, y estos son: Rabí Eliezer hijo de Orkenus, Rabí Iehoshúa hijo de
Jananiá, Rabí Iosei el sacerdote, Rabí Shimón hijo de Netanel y Rabí Elazar
hijo de Araj. Él –Rabán Iojanán Ben Zakai– solía contar las cualidades de
ellos. (Decía:) Rabí Eliezer hijo de Orkenus: es como un pozo –revestido de–
cal, que no pierde ni una gota; Rabí Iehoshúa: dichosa la que lo dio a luz;
Rabí Iosei: es un piadoso; Rabí Shimón hijo de Netanel: es temeroso del
pecado; y Rabí Elazar hijo de Araj: es como un manantial surgente. Él –
Rabán Iojanán hijo de Zakai– solía decir: Si estuvieran todos los sabios de
Israel en un platillo de la balanza y Eliezer hijo de Orkenus en el segundo
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platillo, él inclinaría a todos. Aba Shaul decía en su nombre –de Rabán
Iojanán Ben Zakái–: si todos los sabios de Israel estuvieran en un platillo de
la balanza y Eliezer hijo de Orkenus con ellos, y Rabí Elazar hijo de Araj en
el segundo platillo, él inclinaría a todos.
Mishná 9
Él –Rabán Iojanán Ben Zakai– les dijo –a sus discípulos–: salid y observad
cuál es el camino recto al cual debe apegarse la persona. Rabí Eliezer dijo:
buen ojo. Rabí Iehoshúa dijo: un buen compañero. Rabí Iosei dijo: un buen
vecino. Rabí Shimón dijo: el que ve el nacimiento –de las cosas, lo que
ocurrirá en el futuro con lo que se hace–. Rabí Elazar dijo: buen corazón. Él –
Rabán Iojanán Ben Zakai– les dijo: «yo veo a las palabras de Elazar hijo de
Araj –como la base de todo–, pues en las palabras de él se incluyen vuestras
palabras». –Rabí Iojanán Ben Zakai– les dijo: «Salid y observad cuál es el
mal camino del que la persona debe alejarse». Rabí Eliezer dijo: mal ojo.
Iehoshúa dijo: un mal compañero. Rabí Iosei dijo: un mal vecino. Rabí
Shimón dijo: quien pide prestado y no paga –sus deudas–. Uno que pide
prestado a un hombre es como si le pidiera prestado al Omnipresente,
Bendito es Él, como está dicho: «El malvado pide prestado y no paga, y el
justo se apiada y da» (Salmos 37:21). Rabí Elazar dijo: mal corazón. Él –Rabí
Iojanán Ben Zakai– les dijo: «yo veo a las palabras de Elazar hijo de Araj –
como la base de todo–, pues en las palabras de él se incluyen vuestras
palabras».
Mishná 10
Ellos dijeron tres cosas: Rabí Eliezer decía: sea el honor de tu compañero tan
apreciado para ti como el tuyo propio, y no seas fácil de encolerizar; y
rectifícate un día antes de tu muerte. Y caliéntate frente al fuego de los
sabios, y sé cuidadoso de sus brasas para no quemarte, pues su mordedura es
como la mordedura de zorro, su picadura es como la picadura de escorpión,
su sonido –sus palabras– es como el sonido –de la mordedura– de serpiente, y
todas sus palabras son como brasas ardientes.
Mishná 11
Rabí Iehoshúa decía: el mal del ojo, la inclinación al mal y el odio hacia las
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criaturas –personas– sacan a la persona del mundo.
Mishná 12
Rabí Iosei decía: sea el dinero de tu prójimo tan preciado para ti como el tuyo
propio; prepárate a ti mismo para el estudio de la Torá pues no es una
herencia que sea heredada por ti; y sean todas tus obras realizadas en el
nombre de los Cielos.
Mishná 13
Rabí Shimón decía: sé cuidadoso con el recitado del Shemá y en la plegaria;
y cuando ores, no hagas a tu plegaria fija, sino que has de implorar y pedir
ante el Omnipresente, Bendito Sea, como está dicho: «Porque –El Eterno– es
clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele
del mal» (Joel 2:13). Y no seas malvado ante ti mismo.
Mishná 14
Rabí Elazar decía: sé constante en el estudio de la Torá; y sabe qué has de
responderle al renegado; y sabe ante quien te esfuerzas y que tu patrón –El
Santo, Bendito Sea– es fidedigno y te otorgará la paga por tu labor.
Mishná 15
Rabí Tarfón decía: el día es breve, y la labor es mucha, y los obreros son
holgazanes, y la paga es mucha, y el dueño de casa ejerce presión.
Mishná 16
Él –Rabí Tarfón– solía decir: no está sobre ti culminar la labor, y –aun así–
no eres libre para anularla; si has estudiado mucha Torá, se te otorgará mucha
paga; y tu patrón –El Santo, Bendito Sea– es fidedigno y te otorgará la paga
por tu labor; y sabe que el pago de los justos se entregará en el Mundo
Venidero.
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III
Mishná 1
Akaviá hijo de Mahalalel decía: observa en tres asuntos y no llegarás a pecar:
sabe de donde vienes, hacia donde vas y ante quien rendirás cuentas en el
futuro. ¿De dónde vienes? De una gota hedionda. ¿Hacia dónde vas? Hacia
un lugar de polvo, carroña y gusanos. ¿Y ante quien rendirás cuentas en el
futuro? Ante El Rey de Reyes, El Santo, Bendito Sea.
Mishná 2
Rabí Janina, el asistente de los sacerdotes, decía: has de orar por la paz del
reino, pues si no fuera por su temor –del reino–, un hombre engulliría vivo a
su compañero. Rabí Jananiá hijo de Teradión, decía: dos –hombres– que
están sentados y no hay entre ellos palabras de Torá, es ese un recinto de
libertinos, como está dicho: «Bienaventurado el hombre que no anduvo en
consejo de malvados, ni estuvo en camino de pecadores, ni se ha sentado en
un recinto de libertinos» (Salmos 1:1). Pero cuando dos –hombres– están
sentados y hay entre ellos palabras de Torá, la Presencia Divina –Shejiná–,
está entre ellos, como está dicho: «Entonces los que temían a El Eterno
hablaron, cada hombre a su compañero; y El Eterno atendió y escuchó, y fue
escrito libro de memoria delante de Él para los que temen a El Eterno, y para
los que piensan en su nombre» (Malaquías 3:16). No –sabemos que esto es
así– sino acerca de dos, ¿de dónde –sabemos– que incluso si uno solo que
está sentado y ocupándose de la Torá, El Santo, Bendito Sea, le fija una
paga? Como está dicho: «Que se siente solo y –estudie la Torá– en silencio,
porque ha tomado –paga– sobre él –por hacerlo–» (Lamentaciones 3:28).
Mishná 3
Rabí Shimón decía: tres que comieron –juntos, sentados– a una mesa y no
pronunciaron junto a ella palabras de Torá, es como si hubiesen comido de
los sacrificios de los muertos, como está dicho: «Porque todas las mesas –de
los ebrios– están llenas de vómito y suciedad, sin lugar –limpio–» (Isaías
28:8). Sin embargo, tres que comieron –juntos, sentados– a una mesa, y
pronunciaron junto a ella palabras de Torá, es como si hubiesen comido de la
mesa del Omnipresente, Bendito Sea, como está dicho: «Y me dijo: esta es la
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mesa que está delante de El Eterno» (Ezequiel 41:22).
Mishná 4
Rabí Janania, hijo de Jajinai, decía: quien permanece despierto en la noche, y
quien marcha solo por el camino, y quien dirige su corazón –su pensamiento–
vanamente, es culpable por –poner en riesgo– su vida.
Mishná 5
Rabí Nejunia, hijo de Hacana, decía: todo el que recibe sobre él el yugo de la
Torá, le es quitado el yugo del reino y el yugo del sustento; y todo el que no
recibe sobre él el yugo de la Torá, le es dispuesto –sobre él– el yugo del reino
y el yugo del sustento.
Mishná 6
Rabí Jalafta, varón de la aldea Janania, decía: diez –hombres– que se sientan
y se ocupan de la Torá la Presencia Divina –Shejiná– se posa entre ellos,
como está dicho: «Dios está con la congregación de Él» (Salmos 82:1). ¿Y de
dónde sabemos –que esto es así– incluso cuando son cinco? Como está dicho:
«Y ha fundamentado su congregación sobre la Tierra» (Amós 9:6). ¿Y de
dónde sabemos –que esto es así– incluso cuando son tres? Como está dicho:
«Juzga en medio de los jueces» (Salmos 82:1). ¿Y de dónde sabemos –que
esto es así– incluso cuando son dos? Como está dicho: «Entonces los que
temían a El Eterno hablaron, cada hombre a su compañero; y El Eterno
atendió y escuchó, y fue escrito libro de memoria delante de Él para los que
temen a El Eterno, y para los que piensan en su nombre» (Malaquías 3:16).
¿Y de dónde sabemos –que esto es así– incluso cuando son dos? Como está
dicho: «En todo el lugar en que se mencione Mi Nombre, vendré hacia ti y te
bendeciré» (Éxodo 20:21).
Mishná 7
Rabí Elazar, varón de Bartota, decía: dale a Él de lo de Él, pues tú y lo que
tienes, es de Él; y así –está dicho acerca– de David, que dijo: «Pues todo –
viene– de Ti, y de Tu mano –viene lo que– te hemos dado» (I Crónicas
29:14). Rabí Shimón decía: quien marcha por el camino y estudia, e
interrumpe su estudio y dice: «¡Qué agradable es este árbol!» y «Qué
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agradable es esta pradera!», recae sobre él lo que está escrito –en el versículo,
en Deuteronomio 4:9), considerándoselo como culpable por –poner en
riesgo– su vida.
Mishná 8
Rabí Dostai, hijo de Rabí Ianai, decía en nombre de Rabí Meir: todo el que
olvida un asunto de su estudio, recae sobre él lo que está escrito –en el
versículo–, considerándoselo como culpable por –poner en riesgo– su vida,
como está dicho: «Únicamente, sé cuidadoso de ti, y sé muy cuidado de tu
alma –vida–, para que no olvides las cosas que vieron tus ojos»
(Deuteronomio 4:9). ¿Es posible suponer –que esto es así– incluso si se le
hizo difícil su estudio? En el versículo se declara: «y para que no se aparten
de tu corazón todos los días de tu vida» (Ibíd.). He aquí que no se lo
considera como culpable por –poner en riesgo– su vida, hasta que se siente –
perezosamente– y las aparte de su corazón.
Mishná 9
Rabí Janina, hijo de Dosa, decía: todo el que su temor por el pecado preceda
a su sabiduría, su sabiduría se mantendrá; y todo el que su sabiduría preceda a
su temor por el pecado, su sabiduría no se mantendrá. Él solía decir: todo el
que sus acciones son mayores que su sabiduría, su sabiduría se mantendrá; y
todo el que su sabiduría es mayor que sus acciones, su sabiduría no se
mantendrá.
Mishná 10
Él –Rabí Janina, hijo de Dosa– solía decir: todo aquel que el espíritu de las
criaturas –personas– se conforta con él, el espíritu de El Omnipresente se
conforta con él; y todo aquel que el espíritu de las criaturas –personas– no se
conforta con él, el espíritu de El Omnipresente no se conforta con él. Rabí
Dosa, hijo de Harquinas, decía: el sueño matutino, y el vino del mediodía, y
la conversación de los niños, y estar sentado en las casas de reunión de los
iletrados, sacan al hombre del mundo.
Mishná 11
Rabí Elazar modaita –de Modiim–, decía: el que profana las santidades, el
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que desprecia las festividades, el que avergüenza el rostro de su compañero
públicamente, el que anula el pacto de nuestro patriarca Abraham, que la paz
sea con él, y el que revela interpretaciones de la Torá que no están de acuerdo
con la ley, aunque sea que hay en su poder Torá y buenas acciones, no tiene
parte para el Mundo Venidero.
Mishná 12
Rabí Ishmael decía: sé –un hombre– fácil para la cabeza –el líder–, y
sosegado con la juventud, y has de recibir todo hombre con alegría.
Mishná 13
Rabí Akiva decía: la risa sardónica y la trivialidad adiestran a la persona para
la impudicia; la tradición es un cerco para la Torá; los diezmos son un cerco
para la riqueza; las promesas son un cerco para el apartado –de los malos
hábitos–; el silencio es un cerco para la sabiduría.
Mishná 14
Él –Rabí Akiva– solía decir: apreciado es el hombre que fue creado a
Imagen; le fue anunciado un aprecio adicional al haber sido creado a Imagen,
como está dicho: «Pues con la Imagen de Dios Él hizo al hombre» (Génesis
9:6). Apreciados son los Hijos de Israel, que fueron denominados hijos del
Omnipresente; les fue anunciado un aprecio adicional al ser denominados
«hijos del Omnipresente», como está dicho: «Vosotros sois hijos para El
Eterno, vuestro Dios» (Deuteronomio 14:1). Apreciados son los Hijos de
Israel, pues les fue otorgado un objeto estimado; les fue anunciado un aprecio
adicional, pues les fue otorgado un objeto estimado con el que fue creado el
mundo, como está dicho: «Porque os he otorgado un buen presente, a Mi
Torá no la abandonéis» (Proverbios 4:2).
Mishná 15
Todo es sabido –desde un comienzo por El Santo, Bendito Sea–, y el permiso
–de actuar libremente– es otorgado –al hombre–; y el mundo es juzgado con
el bien; y todo –se determina– de acuerdo con la mayoría de las acciones.
Mishná 16
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Él –Rabí Akiva– solía decir: todo –lo que la persona hace en el mundo– es
otorgado por prenda –y la persona es garante por ello–, y hay una red tendida
sobre toda la vida. La tienda está abierta, y el vendedor fía, y el cuaderno está
abierto, y la mano escribe, y todo el que quiere tomar prestado, viene y toma
prestado; y los acreedores rondan continuamente, cada día, y cobran del
hombre a sabiendas –de que tenía una deuda– y sin saberlo –pues olvidó que
tenía una deuda–; y ellos tienen en qué basarse, y el juicio es un juicio de
verdad; y todo está preparado para la comida.
Mishná 17
Rabí Elazar, hijo de Azaria, decía: si no hay Torá, no hay ética y moral; si no
hay ética y moral, no hay Torá. Si no hay sabiduría, no hay temor; si no hay
temor, no hay sabiduría. Si no hay entendimiento, no hay conocimiento; si no
hay conocimiento, no hay entendimiento. Si no hay harina, no hay Torá; si no
hay Torá, no hay harina. Él solía decir: todo el que su sabiduría supera a sus
acciones, ¿a qué se compara? A un árbol cuyas ramas son muchas, y sus
raíces pocas, y el viento llega, lo arranca y lo da vuelta, como está dicho:
«Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que
morará en los sequedales en el desierto, en tierra salitrosa y deshabitada»
(Jeremías 17:6). Pero todo el que sus acciones superan a su sabiduría, ¿a qué
se compara? A un árbol cuyas ramas son pocas y sus raíces muchas, que
incluso si todos los vientos del mundo llegaran y soplaran sobre él, no lo
moverían de su lugar, como está dicho: «Porque será como el árbol plantado
junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando
viene el calor, sino que su hoja estará fresca; y en el año de sequía no se
apesadumbrará, ni dejará de dar fruto» (Jeremías 17:8).
Mishná 18
Rabí Elazar Jisma decía: lo concerniente a –las leyes de las ofrendas de aves,
que se denominan– los nidos, y las permisiones tocantes al periodo
catamenial, son los cuerpos de las leyes; la astronomía y los cálculos
numéricos de las letras son el aperitivo de la sabiduría.
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IV
Mishná 1
El hijo de Zomá decía: ¿Quién es sabio? El que aprende de todo hombre,
como está dicho: «De todos mis enseñadores he aprendido» (Salmos 119:99).
¿Quién es valiente? El que domina su –mal– instinto, como está dicho:
«Mejor es el que tarda en irritarse que el valiente; y el que domina su espíritu,
que el que conquista una ciudad» (Proverbios 16:32). ¿Quién es rico? El que
se alegra con su parte, como está dicho: «Cuando comieres del esfuerzo de
tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien» (Salmos 128:2).
«Bienaventurado serás», en este mundo, «y te irá bien», en el Mundo
Venidero. ¿Quién es honrado? El que honra a las criaturas –personas–, como
está dicho: «Porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian
serán desechados» (I Samuel 2:30).
Mishná 2
El hijo de Azai decía: has de correr por un precepto simple como por uno
severo, y huye del pecado; pues una buena acción provoca una –nueva–
buena acción, y un pecado provoca –un nuevo– pecado; pues el pago por una
buena acción es –otra– buena acción, y el pago por un pecado es –otro–
pecado.
Mishná 3
Él solía decir: no desprecies a todo hombre, y no te alejes de todo asunto;
pues no hay hombre que no tenga su momento, y no hay asunto que no tenga
su sitio.
Mishná 4
Rabí Levitas, varón de Iavne decía: has de ser de perfil muy, muy, bajo, pues
la esperanza del hombre es la carroña. Rabí Iojanán, el hijo de Beroka, decía:
todo el que profana el Nombre del Omnipresente ocultamente, se cobran de él
reveladamente. –Esto es así– tanto –si lo hizo– involuntariamente, tanto –si lo
hizo– adrede, en lo concerniente a la profanación del Nombre.
Mishná 5
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Rabí Ishmael, su hijo, decía: quien estudia para enseñar, se le suministra la
capacidad de estudiar y enseñar; y quien estudia para hacer, se le suministra
la capacidad de estudiar y enseñar, y de cuidar y hacer. Rabí Tzadok decía:
no las transformes en una corona para engrandecerte con ellas, ni en un hacha
para cavar con ellas –las palabras de la Torá–. E Hilel solía decir así: «y el
que la utiliza por corona –a la Torá–, pasará –morirá–». He aquí has
aprendido –de esto–, que todo aquel que se aprovecha de las palabras de la
Torá, toma su vida del mundo.
Mishná 6
Rabí Iosei decía: todo el que honra a la Torá, su cuerpo es honrado por las
criaturas –personas–; y todo el que profana la Torá, su cuerpo es profanado
por las criaturas –personas–.
Mishná 7
Rabí Ishmael, su hijo, decía: el que evita el juicio, se quita de encima
aborrecimiento, robo y jurar en vano; y el –juez– que se engríe en el
dictamen, es insensato, malvado y altanero.
Mishná 8
Él solía decir: no juzgues solitariamente, pues no hay quien juzgue
solitariamente sino uno –El Santo, Bendito Sea–; y no digas: «aceptad mi
opinión», pues ellos están autorizados –a aceptar tu opinión o descartarla– y
tú no –tienes derecho de obligarlos a aceptar tu opinión–.
Mishná 9
Rabí Iojanán decía: todo el que cumple la Torá desde la pobreza, finalmente
la cumplirá desde la riqueza; y todo el que anula la Torá desde la riqueza,
finalmente la anulará desde la pobreza.
Mishná 10
Rabí Meir decía: has de disminuir ocupaciones y ocuparte de la Torá; y has
de ser de perfil bajo ante todo hombre; y si has anulado –el estudio de– la
Torá, tienes muchas causas de anulación delante de ti –que desviarán tu
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atención e impedirán que estudies la Torá–; y si te has esforzado en la Torá,
hay mucho pago para otorgarte.
Mishná 11
Rabí Eliezer, hijo de Jacob, decía: el que cumple un precepto, adquiere para
él un defensor; y el que comete una falta, adquiere para él un acusador. La
rectificación y las buenas acciones son como un escudo ante el castigo. Rabí
Iojanán, el zapatero, decía: toda reunión que es en el nombre del Cielo,
finalmente se cumplirá –su objetivo–; y la que no es en el nombre del Cielo,
finalmente no se cumplirá –su objetivo–.
Mishná 12
Rabí Elazar, hijo de Shamua, decía: sea el honor de tu alumno apreciado por
ti como el tuyo; y el honor de tu compañero, como el temor por tu maestro; y
el temor por tu maestro, como el temor del Cielo.
Mishná 13
Rabí Iehuda decía: sé meticuloso con el estudio, pues el error involuntario –
cometido– por –falta de meticulosidad en– el estudio, se considera
intencional. Rabí Shimón decía: hay tres coronas: la corona de la Torá, la
corona del sacerdocio, y la corona del reino. Y la corona del buen nombre
asciende por sobre ellas.
Mishná 14
Rabí Nehorai decía: has de exiliarte a un lugar de Torá; y no digas que ella
vendrá detrás de ti, o, que tus compañeros la cumplirán por ti; y no te bases
en tu entendimiento.
Mishná 15
Rabí Ianai decía: no tenemos –explicación razonable– del sosiego de los
malvados, ni tampoco de los flagelos de los justos. Rabí Matia, hijo de
Jarash, decía: has de anticipar el saludo a todo hombre; y has de ser cola de
leones; y no seas cabeza de lobos.
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Mishná 16
Rabí Jacob decía: este mundo se asemeja a un pasillo ante el Mundo
Venidero; arréglate en el pasillo para entrar al palacio.
Mishná 17
Él solía decir: es más bello un momento con rectificación y buenas acciones
en este mundo, que toda la vida en el Mundo Venidero. Y es más bello un
momento de deleite espiritual en el Mundo Venidero, que toda la vida en este
mundo.
Mishná 18
Rabí Shimón, hijo de Elazar, decía: no quieras confortar a tu compañero en el
momento de su enojo; y no lo consueles en el momento en que su muerto está
dispuesto delante de él. Y no le preguntes –por su voto– en el momento en
que hace un voto; y no te esfuerces en verlo en el momento de su traspié.
Mishná 19
Samuel, el pequeño, decía: «No te alegres de la caída de tu enemigo; y de su
tropiezo, no se alegre tu corazón. No sea que El Eterno lo observe, y sea malo
en Sus ojos, y aparte de sobre él su enojo –para arrojarlo sobre ti–»
(Proverbios 24:17–18).
Mishná 20
Elisha, hijo de Abuia, decía: el que estudia de niño ¿a qué se asemeja? A
escritura de tinta sobre papiro nuevo. Y quien estudia siendo anciano, ¿a qué
se asemeja? A escritura de tinta sobre papiro borrado. Rabí Iosei, hijo de
Iehuda, varón de la aldea babilonia, decía: el que aprende de los niños
pequeños, ¿a qué se asemeja? Al que come uvas –inmaduras– que
ennegrecen –los dientes– y bebe vino de lagar –en medio de su
fermentación–. El que aprende de los ancianos, ¿a qué se asemeja? Al que
come uvas maduras y bebe vino añejo. Rabí decía: no observes el odre, sino
lo que hay en él: hay odre nuevo lleno de –vino– añejo, y –odre– añejo, que
ni siquiera hay en él –vino– nuevo.
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Mishná 21
Rabí Eliezer, –y hay quienes versan, Rabí Elazar– Hakafar, decía: la envidia,
los placeres –viciosos–, y el honor, sacan a la persona del mundo.
Mishná 22
Él solía decir: los nacidos, morirán, los muertos, vivirán, y los vivos, serán
juzgados; para que sepas, para que sepan –otros–, y para que se sepa –en todo
el mundo–, que –El Santo, Bendito Sea– es Dios, Él es el Formador, Él es el
Creador, Él es el que entiende, Él es el Juez, Él es testigo, Él es fiscal, y Él
juzgará en el futuro. Bendito es Él, que no hay delante de Él, perversión, y
tampoco olvido, y tampoco favoritismos, y tampoco soborno, pues todo es de
Él. Y has de saber, que todo va de acuerdo con los registros. Y no dejes que
tu –mal– instinto te asegure que en el Seol hay escapatoria para ti. Pues tú
eres formado forzosamente, y naces forzosamente, y vives forzosamente, y
mueres forzosamente, y forzosamente en futuro deberás rendir cuentas ante
El Rey de Reyes, El Santo, Bendito Sea.
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V
Mishná 1
Con diez pronunciaciones fue creado el mundo, ¿y qué se aprende de esto?
¿Acaso no podría haber sido creado con una sola pronunciación? –No fue
creado de este modo– sino para cobrarse de los malvados que arruinan el
mundo que fue creado con diez pronunciaciones; y para otorgar un buen pago
a los justos, que mantienen al mundo que fue creado con diez
pronunciaciones.
Mishná 2
Hubo diez generaciones desde Adán hasta Noe, para informar qué gran
tolerancia hay ante Él, pues todas las generaciones lo encolerizaban, y
seguían haciéndolo, hasta que trajo sobre ellos las aguas del Diluvio. Hubo
diez generaciones desde Noe hasta Abraham, para informar qué gran
tolerancia hay ante Él, pues todas las generaciones lo encolerizaban, y
seguían haciéndolo, hasta que llegó Abraham y recibió el pago de todos.
Mishná 3
Nuestro patriarca Abraham, que la paz esté con él, fue probado con diez
pruebas, y las superó a todas, para informar cuán grande era el aprecio que
tenía nuestro patriarca Abraham, que la paz esté con él –por El Santo,
Bendito Sea–.
Mishná 4
Diez milagros les fueron hechos a nuestros ancestros en Egipto y diez sobre
el mar. El Santo, Bendito Sea, trajo diez plagas sobre los egipcios en Egipto,
y diez sobre el mar. Diez pruebas pusieron nuestros ancestros al
Omnipresente, Benito Sea, en el Desierto, como está dicho: «Me pusieron a
prueba estas diez veces y no escucharon Mi voz» (Números 14:22).
Mishná 5
Diez milagros les fueron hechos a nuestros ancestros en Templo Sagrado: no
abortó –jamás– una mujer a causa del aroma de la carne de las santidades; y
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no se descompuso la carne de las santidades; y no se vio una mosca en el
lugar de los sacrificios; y no le sobrevino una efusión seminal involuntaria al
sumo sacerdote en el Día del Perdón; y las lluvias no apagaron el fuego de las
maderas del orden; y el viento no venció a la columna de humo –
desviándola–; y no fue hallada una ineptitud en la –ofrenda denominada–
Omer, y en los Dos Panes, y en el Pan de la Proposición; estaban de pie
apretados, y se prosternaban ampliamente; y no dañó una serpiente, o un
escorpión, jamás en Jerusalén; y un hombre no dijo a su compañero: «Me es
estrecho el lugar para pernoctar en Jerusalén».
Mishná 6
Diez cosas fueron creadas en la víspera del Día de Reposo, entre los soles –
con la caída de la tarde–. Y estas son: la boca de la tierra, y la boca del
manantial, y la boca del asno, y el arco iris, y el maná, y el cayado, y el
gusano que cortaba la piedra –shamir–, y la escritura, y el escrito, y las
Tablas. Y hay quienes dicen: también los demonios, y la sepultura de Moshé,
y el carnero de nuestro patriarca Abraham. Y hay quienes dicen: también la
tenaza que fue hecha con una tenaza.
Mishná 7
Hay siete características en el inmaduro y siete en el sabio. El sabio no emite
juicio ante quien es más grande que él en sabiduría; y no se entromete en la
conversación de su compañero; y no se precipita a responder; pregunta
acorde al tema, y responde acorde a la ley; y habla sobre lo primero, primero,
y sobre lo último, último; y respecto a lo que no oyó dice: «no he oído»; y
reconoce la verdad; y lo opuesto en el inmaduro.
Mishná 8
Siete tipos de castigos vienen al mundo por siete tipos de pecados: cuando
algunos diezman y algunos no diezman, viene hambre de sequía, y –
consecuentemente– algunos están hambrientos y algunos están saciados.
Cuando –todos– determinaron no diezmar, viene hambre de guerra y de
sequía. –Y si determinaron– no separar la ofrenda de la masa, viene hambre
devastadora. La pestilencia viene al mundo por las muertes mencionadas en
la Torá –para aquellos casos de personas que cometieron faltas graves– que
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no fueron entregadas al Tribunal; y por las frutas del Séptimo Año. La espada
viene al mundo por aplazar el juicio, y por torcer el juicio, y por los que
enseñan las leyes de la Torá de modo incorrecto.
Mishná 9
Los animales dañinos vienen al mundo por jurar vanamente, y por profanar el
Nombre –de El Santo, Bendito Sea–. El exilio viene al mundo por la práctica
de idolatría, y por las relaciones sexuales prohibidas, y por el derramamiento
de sangre, y por –incumplir– el Año de Remisión de la tierra. En cuatro
periodos la pestilencia se acumula: en el año cuarto y en el séptimo –del
periodo de siete años que comprende la Remisión–, y en el séptimo. Y
cuando culmina el séptimo año, y cuando culmina la festividad –de Sucot–
cada año y año. En el tercer año, por el diezmo del pobre del tercer año; y en
el séptimo año, por el diezmo del pobre del sexto año; y cuando culmina el
séptimo año, por las frutas del séptimo año; y cuando culmina la festividad –
de Sucot– cada año y año, por el robo de los presentes de los pobres.
Mishná 10
Existen cuatro tipos de cualidades en el hombre: El que dice: «Lo mío es mío
y lo tuyo es tuyo», es una cualidad media. Y hay quien dice: Esta es una
cualidad sodomita. El que dice: «Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío», es un
ignorante. El que dice: «Lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo», es un generoso. El
que dice: «Lo mío es mío y lo tuyo es mío», es un perverso.
Mishná 11
Hay cuatro medidas de –tipos de– temperamentos: El que es ligero para
enojarse y ligero para calmarse, es más lo que pierde que lo que gana. El que
es tardo para enojarse y tardo para calmarse, es más lo que gana que lo que
pierde. El que es tardo para enojarse y ligero para calmarse, es generoso –
jasid. El que es ligero para enojarse y tardo para calmarse, es un perverso.
Mishná 12
Existen cuatro diferentes cualidades entre los estudiantes: el que es ligero
para escuchar y ligero para olvidar; es más lo que pierde que lo que gana. El
que es tardo para escuchar y tardo para olvidar; es más lo que gana que lo que
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pierde. El que es ligero para escuchar y tardo para olvidar; es sabio. El que es
tardo para escuchar y ligero para olvidar; es una parte mala.
Mishná 13
Existen cuatro diferentes cualidades en los que ayudan a los demás: El que
desea dar, pero se opone a que otros den; su ojo es malo con lo de los otros.
El que desea que otros den, y él no está dispuesto a dar; su ojo es malo con lo
de él. El que desea dar, y que otros den; es un generoso. El que no desea dar,
y se opone a que otros den; es un malvado.
Mishná 14
Hay cuatro cualidades en los que van a la Casa de Estudio: El que asiste y no
hace, recibe la recompensa por asistir. El que hace y no asiste, recibe la
recompensa por hacer. El que asiste y hace, es generoso –jasid–. El que no
asiste ni hace, es un malvado.
Mishná 15
Existen cuatro cualidades diferentes entre los que se sientan ante los sabios:
el que se impregna; el que transfiere; el que retiene; el que filtra. El que se
impregna, almacena todo; el que transfiere, incorpora por aquí, y lo arroja por
allí; el que retiene, extrae el vino y expulsa la borra; el que filtra, libera el
polvillo y retiene la harina.
Mishná 16
Todo amor que depende de un factor determinado, cuando ese factor
desaparece, el amor desaparece. Pero aquel amor que no depende de un factor
determinado, no desaparece jamás. ¿Cuál es el amor que depende de un factor
determinado? El amor de Amnón y Tamar. ¿Y el que no depende un factor
determinado? Este es el amor de David y Iehonatán.
Mishná 17
Toda discusión mantenida en el Nombre del Cielo, finalmente se mantendrá;
y la que no es en el Nombre del Cielo, finalmente no se mantendrá. ¿Cuál es
la discusión en el Nombre del Cielo? La discusión de Hilel y Shamai. ¿Y la
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que no es en el Nombre del Cielo? La discusión de Koraj y toda su cofradía.
Mishná 18
Todo el que amerita a la multitud, no surge pecado a través de él; y todo el
que hace pecar a la multitud, no se le suministra –la posibilidad y la ayuda–
para rectificarse. Moshé se ameritó y ameritó a la multitud; el mérito de la
multitud depende de él, como está dicho: «Él hizo la justicia de El Eterno y
Sus ordenanzas con Israel» (Deuteronomio 33:21). Iorabam pecó e hizo pecar
a la multitud; el pecado de la multitud depende de él, como está dicho: «Por
los pecados de Iorabam con los que pecó, e hizo pecar a Israel» (I Reyes
15:30).
Mishná 19
Todo el que posee estas tres características es de los alumnos de nuestro
patriarca Abraham; y –si posee– otras tres características es de los alumnos
de Bilam, el malvado. Quien posee buen ojo, espíritu bajo, y alma humilde,
es de los alumnos de nuestro patriarca Abraham; –quien posee– mal ojo,
espíritu altivo, y alma expansiva, es de los alumnos de Bilam, el malvado.
¿Qué –diferencia– hay entre los alumnos de nuestro patriarca Abraham y los
alumnos de Bilam, el malvado? Los alumnos de nuestro patriarca Abraham
comen en este mundo y heredan en el Mundo Venidero, como está dicho:
«Poseo para hacer heredar a los que me aman, y que colme mis depósitos»
(Proverbios 8:21). Pero los alumnos de Bilam, el malvado, heredarán el
Infierno y descenderán al pozo del abismo, como está dicho: «Y Tú, Dios, los
harás descender al pozo del abismo; los hombres sanguinarios y engañadores
no llegarán a la mitad de sus días, y yo confiaré en Ti» (Salmos 55:24).
Mishná 20
Iehuda, hijo de Teima decía: sé atrevido como el leopardo, liviano como el
águila, y corre como el ciervo, y valiente como el león, para hacer la voluntad
de tu Padre que está en los Cielos. Él solía decir: el insolente, al Infierno; y el
vergonzoso, al Jardín del Edén. Sea la voluntad ante ti, El Eterno, Dios
nuestro, que edifiquéis tu ciudad pronto, en nuestros días, y otórganos nuestra
parte en tu Torá.
Mishná 21
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Él solía decir: –un individuo– de cinco años, –es propicio– para la lectura; de
diez años, para la Mishná; de trece años, para los preceptos; de quince años,
para el Talmud; de dieciocho años, para el palio nupcial; de veinte años, para
perseguir; de treinta años, para la fuerza; de cuarenta años, para el
entendimiento; de cincuenta años, para el consejo; de sesenta años, para la
ancianidad; de setenta años, para las canas; de ochenta años, para el poder; de
noventa años, para hablar; de cien años, es como hubiera muerto y pasado, y
anulado del mundo.
Mishná 22
El hijo de Bag Bag, decía: gírala y vuélvela a girar –a la Torá–, porque en ella
está todo; y contempla en ella, envejece y consúmete en ella, y no te alejes,
porque no tienes mejor cualidad que ella.
Mishná 23
El hijo de He He, decía: según el sufrimiento es la paga.
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VI
Los sabios estudiaron según el lenguaje de la Mishná. Bendito El –
Omnipresente–, que los ha elegido a ellos y a los estudios de ellos.
Mishná 1
Rabí Meír decía: todo el que se ocupa de la Torá incondicionalmente, se
amerita muchos beneficios, y no sólo eso, sino que todo el mundo es propicio
por él. Se lo denomina amigo, amado, amante del Omnipresente, amante de
las criaturas –las personas–, alegrador del Omnipresente, alegrador de las
criaturas –las personas–. –La Torá– lo viste de humildad y temo, y lo torna
apto para ser justo, piadoso, recto y fiel, y lo aleja del pecado y lo acerca al
mérito. Y –los demás individuos– aprovechan de él consejo y enseñanza,
sabiduría y rigor –de la acción–, como está dicho –acerca de la Torá–: «Poseo
consejo y la enseñanza; yo soy el entendimiento, mío es el rigor»
(Proverbios 8:14). Y le otorga reinado y gobierno, e indagación del juicio; y
se le revelan los misterios de la Torá, y se torna como un manantial surgente,
y como un río que no cesa –de fluir–; es recatado, paciente y perdona su
vergüenza; y –la Torá– lo engrandece y lo encumbra por sobre todos los
hechos.
Mishná 2
Dijo Rabí Iehoshúa Ben Levi: cada día y día el eco de una voz sale del monte
Jorev que pregona y dice: «¡Ay de las criaturas –personas–, por la vergüenza
de la Torá!». Pues todo el que no se ocupa de la Torá se denomina
«reprendido», como está dicho: «Como zarcillo de oro en el hocico de un
cerdo es la mujer hermosa y apartada de razón» (Proverbios 11:22). Y está
dicho: «Las Tablas eran obra hecha por Dios y la escritura era la escritura de
Dios, grabada –jarut– en las Tablas» (Éxodo 32:16). No leas «jarut –
grabada», sino «jerut –libertad», pues no es libre sino el que se ocupa del
estudio de la Torá. Y todo el que se ocupa de la Torá frecuentemente, es
encumbrado, como está dicho: «El regalo fue al valle, y del valle a las
alturas» (Números 21:19).
Mishná 3
El que aprende de su compañero un capítulo, o una ley, o un versículo, o una
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palabra, o incluso una sola letra, debe conducirse con él honorablemente;
pues así hallamos en David, rey de Israel, que no aprendió de Ajitofel sino
solamente dos asuntos, y lo llamó su maestro, su señor, su íntimo, como está
dicho: «Y tú, hombre, según mi estimación, mi señor, y mi maestro» (Salmos
55:14). ¿Y acaso no se aprende por deducción?: Si David, el rey de Israel,
que no aprendió de Ajitofel sino solamente dos asuntos, y lo llamó su
maestro, su señor y su íntimo, quien aprende de su compañero un capítulo, o
una ley, o un versículo, o una palabra, o incluso una sola letra, cuanto más
que debe conducirse honorablemente con él. Y no hay honor sino en la Torá,
como está dicho: «Los sabios heredarán el honor» (Proverbios 3:35); y «Los
íntegros heredarán el bien» (Proverbios 28:10); y no hay bien sino en la Torá,
como está dicho: «Porque os he dado una buena enseñanza: Mi Torá, no la
abandonéis» (Proverbios 4:2).
Mishná 4
Así es el camino de –quien se esfuerza en– la Torá: come pan con sal, y bebe
agua por medida, duerme sobre el suelo, vive una vida de sufrimiento, y
esfuérzate en la Torá; y si tú haces así, «Bienaventurado serás, y te irá bien»
(Salmos 128:2). «Bienaventurado serás», en este mundo, «y te irá bien», en el
Mundo Venidero. No pidas grandeza para ti mismo, y no codicies el honor.
Haz más de lo que estudias; y no codicies las mesas de los reyes, pues tu
mesa es más grande que las mesas de ellos, y tu corona es más grande que las
coronas de ellos. Y es fiel el patrón de tu trabajo, que te pagará el pago por tu
labor.
Mishná 5
La Torá es más grande que el sacerdocio y que el reinado, pues el reinado se
adquiere a través de treinta grados y el sacerdocio a través de veinticuatro, y
la Torá se adquiere a través de cuarenta y ocho medios:
Estudiando –con dedicación y ahínco–
Escuchando –las palabras de los maestros–
Ordenando en los labios –repasando lo aprendido–
Reflexionando –sobre lo estudiado prestando atención especial–.
Analizando –con profundidad lo aprendido, para llegar a la raíz del asunto–.
Reverenciando –al maestro–.
Teniendo temor –del Todopoderoso– en el corazón.
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Con humildad
Con alegría
Asistiendo a los sabios
Agudizando –el estudio– con sus compañeros.
Cotejando con sus compañeros –lo aprendido a través de un riguroso
intercambio de ideas para llegar a la verdad–.
Con las discusiones de los discípulos.
Aplacamiento. –Ya que a través de ello, su raciocinio estará asentado–.
Torá escrita. –Debe convertirse en un experto en los 24 libros de la Biblia,
Pentateuco, Profetas y Escritos Sagrados–.
Mishná.
Durmiendo poco.
Disminuyendo la conversación.
Disminuyendo los placeres.
Disminuyendo la risa
Disminuyendo el trabajo.
Alejándose de la ira.
Buen corazón.
Fe en los sabios.
Aceptando las aflicciones.
Mishná 6
Conociendo su lugar.
Alegrándose con su parte.
Poniendo vallas a sus palabras.
No siendo engreído.
Siendo amado.
Amando al lugar.
Amando a las criaturas –las demás personas–.
Amando la justicia
Amando los reproches
Amando la rectitud
Alejándose de los honores.
No enorgulleciéndose con su estudio
No alegrándose con la sentencia
Cargando con el yugo de su compañero
Juzgándolo para el lado meritorio
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Encauzándolo en la verdad
Encauzándolo hacia la paz
Manteniendo el corazón asentado en el estudio
Preguntando y respondiendo
Escuchando y agregando
Estudiando para enseñar
Estudiando para hacer
Tornando más sabio a su maestro
Orientando correctamente lo que escuchó
Diciendo lo que escuchó en nombre de quien lo dijo. Esto has aprendido, que
todo el que dice –lo que escuchó– en nombre de quien lo dijo, trae la
redención al mundo, como está dicho: «Ella dijo al rey Asuero en nombre de
Mordiqueo» (Ester 2:22).
Mishná 7
La Torá es extraordinaria, pues ella da vida a los que la ponen por obra –
estudiándola y cumpliéndola–, en este mundo, y en el Mundo Venidero.
Como está dicho: «Porque –las palabras de Torá– son vida para los que las
hallan, y medicina para todo su cuerpo» (Proverbios 4:22). Y está dicho:
«Porque será medicina para tu cuerpo, y humectante para tus huesos»
(Proverbios 3:8). Y está dicho: «Es Árbol de Vida para los se aferran a ella y
los que la apoyan son bienaventurados» (Proverbios 3:18). Y está dicho:
«Porque son prendedores de gracia para tu cabeza, y collares para tu cuello»
(Proverbios 1:9). Y está dicho: «Dará prendedores de gracia a tu cabeza; te
otorgará corona de hermosura» (Proverbios 4:9). Y está dicho: «Largura de
días hay en su derecha; en su izquierda, riquezas y honra» (Proverbios 3:16).
Y está dicho: «Porque largura de días, y años de vida, y paz, te serán
aumentados» (Proverbios 3:2).
Mishná 8
Rabí Shimón hijo de Menasia decía en nombre de Rabí Shimón hijo de Iojai:
el ornamento, la fuerza, la riqueza, el honor, la sabiduría, la ancianidad, las
canas, y los hijos, es bello para los justos y bello para el mundo. Como está
dicho: «Corona de magnificencia son las canas, la hallaréis en el camino de la
justicia» (Proverbios 16:31). Y está dicho: ««Corona de los sabios es su
riqueza» (Proverbios 4:24). Y está dicho: «Corona de los ancianos son los
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nietos, y la gloria de los hijos, sus padres» (Proverbios 17:6). Y está dicho:
«La gloria de los jóvenes es su fuerza; y el esplendor de los ancianos son las
canas» (Proverbios 20:29). Y está dicho: «La Luna se avergonzará, y el Sol
se confundirá, cuando El Eterno de los ejércitos reine en el monte de Sion y
en Jerusalén, y delante de sus ancianos esté su gloria» (Isaías 24:23). Rabí
Shimón hijo de Menasia decía: estas siete cualidades que los sabios
enumeraron de los justos, todas se cumplieron en Rabí y sus hijos.
Mishná 9
Dijo Rabí Iosei hijo de Kisma: una vez yo marchaba por el camino, y se
encontró conmigo un hombre; él me saludó y yo le devolví el saludo. Me
dijo: «Rabí, ¿de qué lugar vienes?». Le dije: «Yo vengo de una gran ciudad
de sabios y escribas». Me dijo: «Rabí, ¿quisieras morar con nosotros, en
nuestro lugar? ¡Yo te daré mil millares de monedas de oro, piedras preciosas
y perlas!» Le dije: «Hijo mío, aunque me dieras toda la plata, el oro, las
piedras preciosas y las perlas del mundo, yo no viviría sino en un lugar de
Torá. Pues cuando el hombre se va de este mundo, no lo acompañan la plata
ni el oro, y tampoco las piedras preciosas, ni las perlas, sino únicamente la
Torá y las buenas acciones. Como está dicho: «Cuando marches, te guiará,
cuando te acuestes, te cuidará, y cuando despiertes, será tu habla»
(Proverbios 6:22). «Cuando marches, te guiará», en este mundo; «cuando te
acuestes, te cuidará», en el sepulcro; «y cuando despiertes, será tu habla», en
el Mundo Venidero. Y así está escrito en el libro de los Salmos, de David, rey
de Israel: «Mejor me es la Torá de tu boca, que millares de oro y plata»
(Salmos 119:72). Y está dicho: «Mía es la plata y Mío es el oro, palabra de El
Eterno de las legiones» (Hageo 2:8).
Mishná 10
El Santo, Bendito Sea, adquirió cinco adquisiciones en su mundo, y estas son:
la Torá, una adquisición. Los Cielos y la Tierra, una adquisición. Abraham,
una adquisición. Israel, una adquisición. El Templo Sagrado, una adquisición.
La Torá, una adquisición, ¿de dónde lo sabemos? Como está escrito: «El
Eterno me adquirió por principio de su camino, desde antaño, antes de sus
obras» (Proverbios 8:22). Los Cielos y la Tierra, una adquisición, ¿de dónde
lo sabemos? Como está dicho: «El Cielo es mi Trono, y la Tierra estrado de
mis pies; ¿dónde está la Casa que me edificaréis, y dónde el Lugar de mi
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reposo?» (Isaías 66:1). Y está dicho: ¡Cuán innumerables son tus obras, El
Eterno! Has hecho a todas ellas con sabiduría, la Tierra se ha llenado de tu
adquisición» (Salmos 104:22). Abraham, una adquisición, ¿de dónde lo
sabemos? Como está escrito: «Él lo bendijo, diciendo: Bendito es Abram de
Dios, el Supremo, Adquiridor de los Cielos y de la Tierra» (Génesis 14:19).
Israel, una adquisición, ¿de dónde lo sabemos? Como está escrito: «El temor
y el terror cayeron sobre ellos, ante la grandeza de Tu brazo se enmudecieron
como la piedra; hasta que pase Tu pueblo, El Eterno, hasta que pase este
pueblo que Tú adquiriste» (Éxodo 15:16). Y está dicho: «Para los santos que
están en la Tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia» (Salmos
16:3). El Templo Sagrado, una adquisición, ¿de dónde lo sabemos? Como
está dicho: «El Santuario, mi Señor, que Tus manos establecieron» (Éxodo
15:17). Y está dicho: «Los trajo a las fronteras de su –Lugar– santo, este
monte que adquirió su derecha» (Salmos 78:54).
Mishná 11
Todo lo que El Santo, Bendito Sea, creó en su mundo, no lo creó sino en su
honor. Como está dicho: «Todo es llamado por Mi nombre, y en mi honor lo
he creado, lo he formado, también lo he hecho» (Isaías 43:7). Y está dicho:
«El Eterno reinará por siempre jamás» (Éxodo 15:18)».
Rabí Janania hijo de Akashia, decía: El Santo, Bendito Sea, quiso ameritar a
–los Hijos de– Israel, por eso aumentó para ellos Torá y preceptos, como está
dicho: «El Eterno se complació en aras de su justicia en magnificar la ley y
engrandecerla» (Isaías 42:21).
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EXPLICACIONES SELECTAS
LOS BENEFICIOS DEL TRABAJO
Shmaiá decía: «Ama la labor» (Avot 1:11).
Los sabios enseñaron en relación con este asunto que el trabajo es muy
importante en la vida de la persona, incluso cuando no se lo necesita para
obtener el sustento. ¿Cuál es la razón? Porque el ocio causa graves trastornos.
A raíz de eso, los sabios enseñaron:
—El hombre que está desocupado, ¿qué debe hacer? Si tiene un campo, o un
patio, ha de ocuparse del mismo.
Ya que la Torá fue entregada por medio de un pacto, y lo mismo ocurre con
la labor, como está dicho: «Seis días trabajarás y harás toda tu labor; mas el
séptimo día es Día de Reposo para El Eterno, tu Dios; no harás ninguna
labor, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, tu animal y tu converso dentro
de tus portales» (Éxodo 20:9–10).
Hemos de considerar que el primer hombre, Adán, no probó bocado hasta
que realizó una labor, como está escrito: «El Eterno Dios tomó al hombre y lo
colocó en el Jardín del Edén, para que lo trabajara y lo cuidara» (Génesis
2:15). Y a continuación está escrito: «Y El Eterno Dios le ordenó al hombre,
diciendo: “De todo árbol del jardín podrás comer”» (Génesis 2:15)
(explicación a la Mishná, tratado de Avot 1:11, Mefarshei Hamishná).
EL ARTE DE VIVIR CON HONRADEZ
Rabán Gamliel, el hijo de Rabí Iehuda Hanasí, decía: «Es bello el estudio de
la Torá junto con el camino de la tierra –el trabajo–, ya que esforzarse en
ambos hace que el pecado sea olvidado; y toda Torá que no va seguida de
trabajo, finalmente quedará anulada y provocará el pecado» (Avot 2:2).
Explicación
Estudiando la Torá, la persona aprende a servir correctamente a Dios, y no
sólo eso, sino que también aprende a convivir dentro de la sociedad,
sustentándose honradamente con su propio esfuerzo, sin despojar a las demás
personas (Mishná, tratado de Avot 2:2, Rashi).
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HÁBITOS DESACERTADOS
Rabí Iehoshúa decía: «El mal del ojo, la inclinación al mal –mal instinto–, y
el odio hacia las criaturas –sus semejantes– sacan a la persona del mundo»
(Avot 2:11).
Explicación:
¿A qué se refiere el mal del ojo? A la avaricia y la envidia por las posesiones
de las otras personas.
¿A qué se refiere el mal instinto? A la impaciencia y desesperación por
satisfacer todos los deseos de su corazón.
¿A qué se refiere el odio hacia sus semejantes? Al odio vano, que se
manifiesta incluso cuando no hubiese motivos valederos.
Esos malos hábitos mencionados sacan a la persona del mundo, arruinándola
físicamente consumiendo su cuerpo; y asimismo trastornan a su alma
(explicación a la Mishná, tratado de Avot 2:11, Mefarshei Hamishná).
LAS PRUEBAS DE ABRAHAM
Nuestro patriarca Abraham, que la paz esté con él, fue probado con diez
pruebas, y las superó a todas, para informar cuán grande era el aprecio que
tenía nuestro patriarca Abraham, que la paz esté con él –por El Santo,
Bendito Sea– (Avot 5:3).
¿Cuáles fueron esas diez pruebas? Todas están registradas en los versículos
del Pentateuco:
✓ La primera prueba fue irse del lugar donde vivía, como está dicho:
«El Eterno le dijo a Abram: ¡Vete de tu tierra, de tus familiares y de
la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré!» (Génesis 12:1).
✓ La segunda prueba consistió en la necesidad de abandonar en
forma penosa el lugar donde estaba establecido, como está dicho:
«Había hambre en la tierra y Abram descendió a Egipto para morar
allí, pues el hambre que había en la tierra era severa» (Génesis
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12:10).
✓ La tercera prueba consistió en que su esposa le sea quitada, como
está dicho: «Y ocurrió que al llegar Abram a Egipto, los egipcios
vieron que la mujer era muy hermosa; cuando la vieron los ministros
del Faraón, la alabaron ante el Faraón y fue conducida a la casa del
Faraón» (Génesis 12:14–15).
✓ La cuarta prueba consistió en afrontar una guerra contra cuatro
reyes, como está dicho: «Y cuando Abram se enteró de que su
hermano había sido tomado cautivo, armó a sus discípulos que
habían nacido en su casa, trescientos dieciocho, y los persiguió hasta
Dan» (Génesis 14:14).
✓ La quinta prueba consistió en tener que allegarse a su sierva por la
esterilidad comprobada de su mujer, como está dicho: «Y Sarai le
dijo a Abram: “He aquí que El Eterno me ha impedido tener hijos,
allégate ahora a mi sirvienta y tal vez yo me edifique a través de
ella”; y Abram aceptó la petición de Sarai» (Génesis 16:2).
✓ La sexta prueba consistió en circuncidarse siendo un hombre
anciano, como está dicho: «Cuando Abram tenía noventa y nueve
años, El Eterno se le apareció a Abram y le dijo: “Yo soy el
Todopoderoso, anda ante Mí y sé íntegro [...] Éste es Mi pacto que
guardarán entre Mi y vosotros y tu futura descendencia: todo varón
de entre vosotros será circuncidado» (Génesis 17:1–10).
✓ La séptima prueba consistió en que Avimelej se llevara a su mujer,
como está dicho: «Abraham dijo acerca de Sara su mujer: “ella es mi
hermana”; y Abimelej, rey de Guerar, envió y tomó a Sara»
(Génesis 20:2).
✓ La octava prueba consistió en la expulsión de su concubina, la
sierva de su mujer, como está dicho: «Sara vio que el hijo de Hagar,
la egipcia, que había parido a Abraham, se estaba burlando. Le dijo
a Abraham: “¡Echa a esa esclava con su hijo, pues el hijo de esa
esclava no heredará junto con mi hijo, con Itzjak!”» (Génesis 21:9–
10).
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✓ La novena prueba consistió en apartar a su hijo Ismael, como está
dicho: «El asunto perturbaba mucho a Abraham, por causa de su
hijo» (Génesis 21:11).
✓ La décima prueba consistió en el sacrificio de su hijo, como está
dicho: «Y fue después de estos hechos que Dios puso a prueba a
Abraham, y le dijo: “¡Abraham!”. Y él respondió: “¡Heme aquí!”. Y
Él dijo: “Toma por favor a tu hijo, a tu único hijo, a quien amas, a
Isaac, y ve a la tierra de Moriá; ofrécelo allí como ofrenda sobre una
de las montañas que Yo te diré”» (Génesis 22:1–2) (explicación a la
Mishná, tratado de Avot 5:3; Maimónides).
LOS MILAGROS DEL TEMPLO
Diez milagros les fueron hechos a nuestros ancestros en Templo Sagrado: no
abortó –jamás– una mujer a causa del aroma de la carne de las santidades; y
no se descompuso la carne de las santidades; y no se vio una mosca en el
lugar de los sacrificios; y no le sobrevino una efusión seminal involuntaria al
sumo sacerdote en el Día del Perdón; y las lluvias no apagaron el fuego de las
maderas del orden; y el viento no venció a la columna de humo –
desviándola–; y no fue hallada una ineptitud en la –ofrenda denominada–
Omer, y en los Dos Panes, y en el Pan de la Proposición; estaban de pie
apretados, y se prosternaban ampliamente; y no dañó una serpiente, o un
escorpión, jamás en Jerusalén; y un hombre no dijo a su compañero: «Me es
estrecho el lugar para pernoctar en Jerusalén» (tratado de Avot 5:5).
Explicación:
✓ Lo que se dijo acerca de una mujer preñada que jamás resultó
dañada por el aroma de la carne que surgía de los sacrificios que se
asaban en el recinto del Templo, se debía a que era factible que le
sobreviniera un antojo tras percibir el magnífico aroma, existiendo la
posibilidad de que sufriese un daño a raíz de eso. Ya que la mujer
que tiene un antojo, y no se satisface su deseo, puede ser peligroso;
sin embrago nunca ocurrió un hecho de este tipo en el Templo
Sagrado.
✓ Asimismo, la carne de los animales sacrificados para ser
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ofrendados, jamás se echó a perder. Y esto era así aunque en
determinadas circunstancias se permitía esa carne en dos días
consecutivos, como el caso de las ofrendas de paz denominadas
shelamim, que se degollaban en todo lugar del Atrio del Templo
Sagrado, y se las podía comer en toda la ciudad, en dos días y una
noche. Y algo sorprendente era que pese a la gran cantidad de horas
que la carne quedaba expuesta al Sol, aún en los calurosos días del
verano, jamás se echó a perder.
✓ Otro de los asuntos mencionados en la Mishná es el que manifiesta
que en un flanco del patio del Templo Sagrado había mesadas de
mármol sobre las que eran lavadas las entrañas de los animales. Por
esa causa había constantemente allí dispuesta carne. Y si bien es
común ver que las moscas se reúnan en un sitio con esas
características, jamás sucedió que una mosca hubiera sido vista
merodeando por ese lugar.
✓ Además, otro milagro destacado que ocurría en el Templo Sagrado,
era el que tenía lugar con el sumo sacerdote en el Día del Perdón –
Iom Kipur-, que era la persona que realizaba todo el servicio, y por
eso debía conservar la pureza durante todo ese día y su
correspondiente noche. Y jamás sucedió que el sumo sacerdote
sufriera un percance nocturno en el Día del Perdón.
✓ Otro hecho destacado era el que ocurría con el fuego de la pira, ya
que en ninguna ocasión sucedió que las lluvias apagasen el fuego de
la pira, aunque se encontraba a la intemperie.
✓ En cuanto a la columna de humo que se elevaba de la pira, en
forma milagrosa siempre ascendía en forma vertical, y nunca jamás
fue desviada por el viento.
✓ Además, jamás fue hallada una ineptitud en la ofrenda denominada
omer, que se traía para permitir la nueva cosecha. Y tampoco se
halló ningún defecto que invalidara los Dos Panes de la festividad de
Shavuot, y los Panes de la Proposición. Ya que se requería para ello
producto nuevo y que se conservara su pureza. Considérese que esos
tres tipos de ofrenda se adquirían con dinero de la ofrenda de la
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Cámara del Templo Sagrado, en la que se guardaban los siclos de
los pobladores, ya que todos traían medio siclo para abastecer las
arcas de esa Cámara. Y los responsables adquirían con ese dinero la
cebada para la ofrenda vegetal del Omer, y el trigo para la ofrenda
vegetal de los Dos Panes, y el Pan de la Proposición, además de
todas las otras ofrendas públicas. Y como esas tres ofrendas
mencionadas eran tan importantes, debían ofrecerse siempre,
también en el Año de Remisión, o sea, el séptimo año de cada ciclo
de siete años, cuando por prescripción de la Torá todos los campos
son declarados libres, sin dueño, y todos pueden entrar libremente y
comer de sus frutos. Y por eso los sabios establecieron que se
dispusieran cuidadores de los brotes del Séptimo año, para que
protegieran el crecimiento de la cebada y el trigo para necesidad de
la ofrenda vegetal del Omer, y los Dos Panes, en los campos
seleccionados. Esos cuidadores impedían que las personas y los
animales pisaran esos campos, arruinando las plantas preparadas
para llevar de ellas la ofrenda. Y los cuidados que se requerían
después de cortada la ofrenda eran también muchos, ya que si la
ofrenda del omer se tornaba inválida era prohibido traer otra ofrenda
para reemplazarla, ya que el omer se cortaba en la noche, y no
mucha cantidad. Y en cuanto a los Dos Panes de Shavuot, se los
horneaba en la víspera de la festividad, y su horneado no desplazaba
a la festividad para que se lo pudiera hacer en medio de la misma. Y
en cuanto al Pan de la Preposición era horneado en la víspera de
Shabat. Y aunque se requerían muchos cuidados, jamás esas tres
ofrendas sufrieron ninguna ineptitud, y siempre se las ofreció con
pureza.
✓ Otro hecho milagroso que sucedía en el Templo Sagrado era que la
gente que asistía a las festividades lo hacía en forma multitudinaria,
y aún así se prosternaban con amplitud. Ya que la concurrencia
masiva provocaba que en muchos casos los pies de los concurrentes
no tocaran el suelo por los apretujones, quedando las personas
suspendidas en el aire. No obstante, cuando llegaba el momento de
la prosternación a tierra, durante el servicio, cada individuo se
prosternaba con naturalidad, abriéndose en forma milagrosa un
espacio de cuatro codos para cada uno. Y la razón era para que cada
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uno confesara ante El Santo, Bendito Sea, lo que debía confesar, y
otro no oyera lo que decía.
✓ Otro milagro que ocurría en relación con la asistencia al Templo
Sagrado era que jamás dañó una serpiente o un escorpión en
Jerusalén, aunque había de esas especies, y eran muy peligrosas.
✓ Además, jamás sucedió que una persona que llegaba a Jerusalén
para asistir al Templo Sagrado dijera a otra: «Me es estrecho -tzar-
el lugar». Es decir, nadie dijo: «Estoy apretado», tal como el sentido
de la expresión tzar que consta en la declaración bíblica que
manifiesta: «Aún los hijos desamparados –cuyos padres se le han
perdido- dirán a tus oídos: “estrecho -tzar- es para mí este lugar”;
apártate, para que yo more» (Isaías 49:20). Esta declaración
mencionada en la Mishná incluye tanto cuestiones de dinero, como
lo relacionado con un lugar para dormir, que a nadie le faltó en
Jerusalén cuando asistía al Templo Sagrado. Y esto era así pese a la
gran concurrencia masiva de personas durante las festividades
(Mishná, tratado de Avot 5:5; véase explicación de Rabí Ovadia de
Bartenura; Mefarshei Hamishna).
DIEZ CREACIONES EN EL ÚLTIMO MOMENTO
Diez cosas fueron creadas en la víspera del Día de Reposo, entre los soles –
con la caída de la tarde–. Y estas son: la boca de la tierra, y la boca del
manantial, y la boca del asno, y el arco iris, y el maná, y el cayado, y el
gusano que cortaba la piedra –shamir–, y la escritura, y el escrito, y las
Tablas (Avot 5:6).
✓ La boca de la tierra que tragó a Koraj y a su gente, ¿de dónde se
aprende? Como está escrito: «La tierra abrió su boca y los tragó, a
ellos y a sus casas, y a toda la gente que había junto a Koraj, y a toda
su riqueza» (Números 16:32).
✓ La boca del manantial que proporcionó agua a Israel en el desierto,
¿de dónde se aprende? Como está escrito: «Y de allí hacia la fuente,
es la fuente sobre la cual El Eterno le dijo a Moshé: “Reúne al
pueblo y les daré agua”» (Números 21:16).
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✓ El habla de la boca del asno de Bilam, ¿de dónde se aprende?
Como está escrito: «El Eterno abrió la boca del asno y éste le dijo a
Bilam: “¿Qué fue lo que te hice para que me golpearas estas tres
veces”?» (Números 22:28).
✓ El arco iris que se convertiría en pacto, ¿de dónde se aprende?
Como está escrito: «He puesto Mi arco iris en la nube y será señal
del pacto entre Yo y la Tierra» (Génesis 9:13).
✓ El maná que descendería en el desierto para alimentar a los Hijos
de Israel, ¿de dónde se aprende? Como está escrito: «Los Hijos de
Israel vieron y se dijeron los unos a los otros: “¿Qué es eso –man
hu–?”, pues no sabían lo que era; Moshé les dijo: “¡Éste es el pan
que El Eterno os ha dado para que comáis!”» (Éxodo 16:15). La
expresión man, corresponde con la raíz de la expresión maná.
✓ El cayado con el que Moshé hizo los milagros, ¿de dónde se
aprende? Como está escrito: «Y esta vara tomarás en tu mano, con la
que harás las señales» (Éxodo 4:17).
✓ El gusano denominado shamir fue utilizado para cortar y tallar las
piedras en la construcción del Templo Sagrado y el Pectoral del
sumo sacerdote, como se enseña en el Talmud: cuando el Templo
Sagrado fue destruido, el gusano denominado shamir fue anulado –
desapareció- (Talmud, tratado de Sotá 48a). ¿Y cuáles eran las
características de ese gusano? Era pequeño, y lo colocaban sobre
una piedra para cortarla, o tallarla, según fuese necesario para la
elaboración de las piedras del Templo Sagrado y el pectoral del
sumo sacerdote.
En el Talmud se enseñó la fuente bíblica y otros detalles relevantes
de este asunto: los sabios estudiaron: el gusano denominado shamir
con el que el rey Salomón edificó el Templo Sagrado, fue anulado –
desapareció-, como está escrito: «Y cuando se edificó la Casa fue
edificada con piedras completas, que traían ya acabadas, de tal
manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en
la casa, ni ningún otro instrumento de hierro» (I Reyes 6:7). Resulta
que el Templo Sagrado fue edificado con piedras completas y
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terminadas, tal como las traían del lugar de donde las extraían, sin
utilizar ninguna herramienta de hierro (Talmud, tratado de Sotá
48b). Es decir, las piedras eran cortadas con precisión absoluta, y
también talladas, por el gusano denominado shamir.
✓ La escritura, o sea, la forma de las letras para componer el texto de
las Tablas de la Ley (véase Mishná, tratado de Avot 5:6, Bartenura).
✓ El escrito, ¿de dónde se aprende? Como está escrito: «Las Tablas
eran obra hecha por Dios y la escritura era el escrito de Dios,
grabado en las Tablas» (Éxodo 32:16). (Mishná, tratado de Avot
5:6).
ANTÍTESIS ENTRE SABIOS E INMADUROS
Hay siete características en el inmaduro y siete en el sabio. El sabio no emite
juicio ante quien es más grande que él en sabiduría; y no se entromete en la
conversación de su compañero; y no se precipita a responder; pregunta
acorde al tema, y responde acorde a la ley; y habla sobre lo primero, primero,
y sobre lo último, último; y respecto a lo que no oyó dice: «no he oído»; y
reconoce la verdad; y lo opuesto en el inmaduro (Avot 5:7).
Explicación:
El sabio tiene siete características:
✓ No emite juicio ante quien es más grande que él.
✓ No se entromete en la conversación de su compañero cuando habla
con otro.
✓ No se precipita a responder.
✓ Pregunta de acuerdo con el tema que se está tratando, y debido a
ello el maestro, que se encuentra concentrado en el mismo, responde
acorde a la ley.
✓ Si le preguntan dos o más asuntos simultáneamente, responde en el
debido orden.
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✓ Si emite una reflexión propia, y no la escuchó de boca de un
maestro, lo que le posibilitaría poseer una fuente sólida para que su
mención sea aceptada sin atenuantes, reconoce y dice: «No escuché
al respecto».
✓ Cuando un compañero discrepa con él y se percata que tiene razón,
reconoce la verdad sin ningún tipo de obstinaciones (Mishná, tratado
de Avot 5:7).
El individuo inmaduro tiene siete características:
✓ Emite juicio ante quien es más grande que él.
✓ Se entromete en la conversación de su compañero cuando habla
con otro.
✓ Se precipita a responder.
✓ Pregunta sobre cualquier tema, aunque nada tenga que ver con el
asunto que se está tratando, e impide al maestro dar una respuesta
idónea.
✓ Si le preguntan dos o más asuntos simultáneamente, responde sin
respetar ningún orden.
✓ Si emite una reflexión propia, y no la escuchó de boca de un
maestro, lo que le posibilitaría poseer una fuente sólida para que su
mención sea aceptada sin atenuantes, no reconoce que no escuchó al
respecto.
✓ Cuando un compañero discrepa con él y se percata que tiene razón,
es obstinado y no reconoce la verdad (Mishná, tratado de Avot 5:7;
Mefarshei Hamishna).
TEMPERAMENTOS DISPARES
Hay cuatro medidas de –tipos de– temperamentos:
✓ El que es ligero para enojarse y ligero para calmarse, es más lo que
pierde que lo que gana.
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✓ El que es tardo para enojarse y tardo para calmarse, es más lo que
gana que lo que pierde.
✓ El que es tardo para enojarse y ligero para calmarse, es generoso –
jasid.
✓ El que es ligero para enojarse y tardo para calmarse, es un perverso
(Avot 5:11).
Explicación:
El que es ligero para enojarse y ligero para calmarse, es más lo que pierde
que lo que gana. Pues si bien es cierto que cuando le hacen algo que no le
agrada se irrita, la irritación no dura demasiado en él y se calma rápido, pero
aún así, el beneficio que obtuvo no le representa demasiados beneficios. Pues
es un hombre propenso a enojarse permanentemente, a cada instante, y por
eso pierde con rapidez los beneficios que obtuvo. Al comportarse de ese
modo, provoca que las demás personas se aparten de él.
El que es tardo para enojarse y tardo para calmarse, es más lo que gana que lo
que pierde. Pues no se enoja constantemente, sino en algunas ocasiones
aisladas. Al comportarse de ese modo logra ser una persona centrada y
coherente en la mayoría de sus acciones.
El que es tardo para enojarse y ligero para calmarse, es generoso –jasid. Las
pocas veces que se irrita siguen una razón valedera, y aunque así sea, esa
reacción va en contra de su propia naturaleza. Sin embargo, es muy fácil
apaciguar a una persona de este tipo para que abandone su enojo. Pues se
conduce por encima de lo estipulado por los estándares comunes de vida.
El que es ligero para enojarse y tardo para calmarse, es un perverso. Se enoja
permanentemente por cualquier asunto menor. Pese a que intentan apaciguar
su animo, persiste en su enojo y no cede. Es un perverso. Pues fue estudiado:
todo el que se enoja, con certeza sus faltas son más que sus méritos (Talmud,
tratado de Nedarim 22a, Avot 5:11, R. Pinjas Kehaty, Mefarshei Hamishna).
CUALIDADES DE LOS ESTUDIANTES
✓ El que es ligero para escuchar y ligero para olvidar.
✓ El que es tardo para escuchar y tardo para olvidar.
✓ El que es ligero para escuchar y tardo para olvidar.
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✓ El que es tardo para escuchar y ligero para olvidar (Avot 5:12).
El que es ligero para escuchar y ligero para olvidar, obtiene beneficios, pues
capta los conceptos inmediatamente, pero en verdad no le sirven demasiado,
pues así como los capta con rapidez, del mismo modo los pierde, enseguida.
Por tanto haberlos aprendido no le reporta demasiada utilidad.
El que es tardo para escuchar y tardo para olvidar, es más lo que gana que lo
que pierde. Pues no es ligero para escuchar y por eso le resulta muy
dificultoso aprender cada concepto; no obstante, una vez que lo aprehendió,
lo conserva y no lo olvida con facilidad. Y esa virtud le proporciona un gran
beneficio, superior a lo que tuvo que invertir para conseguirlo.
El que es ligero para escuchar y tardo para olvidar, es un hombre sabio. Ya
que las valiosas facultades que posee le permiten atesorar permanentemente
nuevos conocimientos y dotarse de sabiduría, por lo que convertirse en un
hombre sabio no le resulta difícil.
El que es tardo para escuchar y ligero para olvidar, es poseedor de una virtud
inadecuada. Pues le es difícil captar cada concepto y aprenderlo, y no sólo
eso, sino que después de captarlo con mucho esfuerzo, lo pierde con
facilidad. A raíz de eso no obtiene grandes beneficios de su estudio, ya que
todo lo que consigue se desvanece con rapidez (Mishná, tratado de Avot
5:12; Mefarshei Hamishná).
LA CIENCIA DE SABER AYUDAR
Existen cuatro diferentes cualidades en los que ayudan a los demás:
✓ El que desea dar, pero se opone a que otros den.
✓ El que desea que otros den, y él no está dispuesto a dar.
✓ El que desea dar, y que otros den.
✓ El que no desea dar, y se opone a que otros den.
Explicación:
El que desea dar, pero se opone a que otros den, es un hombre malicioso con
lo de los demás. Pues con esa actitud aciaga pretende ser sólo él quien se
lleve los honores por ayudar a los demás. Y en su afán por conseguirlo
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impide que otros aplaquen las penurias del necesitado.
El que desea que otros den, y él no está dispuesto a dar, es malicioso con lo
de él. Pues actuando de ese modo busca cuidar que no se pierda nada de su
propio capital, y limita la generosidad con su prójimo.
El que desea dar, y que otros den, es generoso –jasid. Pues se conduce por
encima de lo estipulado por los estándares comunes de la sociedad. No
impide a los que desean ayudar a los necesitados, a pesar de que se llevarán
los honores correspondientes por hacerlo, y además él mismo lo hace a mano
abierta. En relación con él esta escrito: «El generoso aconsejará
generosidades, y por generosidades se levantará» (Isaías 32:8).
El que no desea dar, y se opone a que otros den, es un malvado. Es tan
infame que desalienta toda propuesta de los bienhechores por ayudar a los
necesitados, no considerando en absoluto los padecimientos ni la angustia de
los pobres. Acerca de él está escrito: «Los medios del tramposo son malos;
trama maniobras infames para dañar a los afligidos con palabras mentirosas,
y para hablar en juicio contra el pobre» (Isaías 32:7). (Mishná, tratado de
Avot 5:13, Mefarshei Hamishná).
CONDUCTA EN LA CASA DE ESTUDIO
Hay cuatro cualidades en los que van a la Casa de Estudio:
✓ El que asiste y no hace, recibe la recompensa por asistir.
✓ El que hace y no asiste, recibe la recompensa por hacer.
✓ El que asiste y hace, es generoso –jasid–.
✓ El que no asiste ni hace, es un malvado (Avot 5:14).
El que asiste y no hace, recibe la recompensa por asistir: la razón es porque si
bien este hombre no presta atención a lo que el maestro explica, y aunque en
ocasiones sí lo hace, no muestra ningún tipo de interés por desarrollar lo que
escuchó, ocupándose de otros asuntos y desviando su atención del tema
abordado, de todos modos, recibe la recompensa por el esfuerzo que se tomó
al asistir. Pues ese hombre tuvo la intención de encontrarse en un ambiente de
Torá, y lo hizo.
El que hace y no asiste, recibe la recompensa por hacer: la razón es porque
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ese hombre tiene capacidad de estudiar solo, en su casa, y lo hace, sin
embargo, pierde la recompensa de asistir a la casa de estudios y participar con
la congregación.
El que asiste y hace, es generoso –jasid: pues si bien es un hombre que no
necesita de demasiadas explicaciones, dado que sabe estudiar solo
perfectamente, de todos modos asiste a la casa de estudio y participa con la
congregación. Se le considera una actitud muy generosa, pues al proceder de
ese modo genera la impresión como si necesitara de los demás. Ese hombre
es denominado jasid y recibe doble recompensa.
El que no asiste ni hace, es un malvado: pues desprecia a la Torá y a la
congregación (Mishná, tratado de Avot 5:14, Mefarshei Hamishná).
EL ARTE DE SABER ESCUCHAR
Existen cuatro cualidades diferentes entre los que se sientan ante los sabios:
✓ El que se impregna.
✓ El que transfiere.
✓ El que retiene.
✓ El que filtra (Avot 5:15).
EXPLICACIÓN:
El que se impregna, almacena todo lo que oye; se asemeja a una esponja, que
absorbe todo líquido con el que toma contacto, no importando si es
transparente, o turbio. Un alumno que posee esas características incorpora
todo lo que escucha sin discernir entre lo correcto y lo erróneo.
El que transfiere, incorpora por aquí, y lo arroja por allí: pues se asemeja a un
embudo, que todo lo que se le introduce por el orificio superior, lo transfiere
sin retener absolutamente nada, enviándolo a un recipiente que se encuentra
debajo a través de su orificio inferior. Un alumno que tiene estas
características olvida rápidamente lo que aprendió, no reteniendo
prácticamente ninguna enseñaza en su interior.
El que retiene, extrae el vino y expulsa la borra: un hombre con estas
características se asemeja a un cedazo, que retiene la borra y deja pasar el
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vino. Este tipo de alumno retiene lo secundario, dejando ir lo trascendental e
importante.
El que filtra, libera el polvillo y retiene la harina: este tipo de alumno actúa
correctamente, pues discierne entre lo correcto y lo incorrecto, seleccionando
como es debido lo que debe ser incorporado a su mente, eligiendo siempre lo
que considera correcto (Mishná, tratado de Avot 5:15, Mefarshei Hamishná).
SABIOS CONSEJOS, Y ACERTADOS
«Un individuo de cincuenta años, para el consejo» (Avot 5:21)
¿Por qué se enuncia que un hombre de cincuenta años de edad es apropiado
para aconsejarse con él?
La razón es porque una persona de 50 años cuenta con los dos requisitos
necesarios para otorgar un buen consejo:
✓ Inteligencia y capacidad de razonamiento innatos del ser humano.
✓ Experiencia lograda a través del tiempo.
Pues cuando una persona llega a la edad de 50 años, aún posee la capacidad
del razonamiento intacta, y por eso es un hombre completamente lúcido,
como cualquier otra persona más joven. Pero hay una gran diferencia entre él
y otro hombre más joven, ya que posee una vasta experiencia determinada
por lo que aprendió y vivió a lo largo de su vida. Debido a ello, su mente se
encuentra forjada por ambos factores, razonamiento y experiencia, y por eso
es apropiado aconsejarse con él (Mishná, tratado de Avot 5:21, Meiri, ,
Mefarshei Hamishná).
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ÍNDICE
Prólogo ág. 3
P
Capítulo I Pág. 8
Capítulo II Pág. 15
Capítulo III Pág. 24
Capítulo IV Pág. 35
Capítulo V Pág. 45
Capítulo VI Pág. 57
Explicaciones selectas Pág. 69
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