Carl Rogers: biografía, teoría y
conceptos principales
Cornelis George Boeree · 23 Mar, 2016
Carl Rogers: biografía, teoría y conceptos principales
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Introducción
Teoría de la personalidad de Carl Rogers
Conceptos principales de la teoría de Carl Rogers
Incongruencia
Defensas
La persona funcional
Terapia de Carl Rogers
Referencias
Introducción
Carl R. Rogers nació el 8 de enero de 1902 en Oak Park, Illinois, un
suburbio de Chicago, siendo el cuarto de seis hijos. Su padre fue un
exitoso ingeniero civil y su madre ama de casa y devota cristiana.
Su educación comenzó directamente en segundo grado, ya que
sabía leer incluso antes de entrar en parvulario.
Cuando Carl tenía 12 años, su familia se trasladó a 30 millas al
oeste de Chicago, y sería aquí donde pasaría su adolescencia. Con
una estricta educación y muchos deberes, Carl sería más bien
solitario, independiente y auto-disciplinado.
Fue a la Universidad de Wisconsin a estudiar agricultura. Más tarde,
se cambiaría a religión para ser religioso. Durante esta época, fue
uno de los 10 elegidos para visitar Beijing para el “World Student
Christian Federation Conference” por 6 meses. Carl nos comenta
que esta experiencia amplió tanto su pensamiento que empezó a
dudar sobre algunas cuationes básicas de su religión.
Después de graduarse, se casó con Helen Elliot (en contra de los
deseos de sus padres), se mudó a Nueva York y empezó a acudir al
Union Theological Seminary, una famosa institución religiosa liberal.
Aquí, tomó un seminario organizado de estudiantes llamado “Why
am I entering the ministry?” Debería decirles que, a menos que
quieran cambiar de carrera, nunca deberían asistir a un seminario
con tal título. Carl nos cuenta que la mayoría de los participantes
“pensaron en salirse inmediatamente del trabajo religioso”.
La pérdida en la religión sería, por supuesto, la ganancia de la
psicología: Rogers se cambió al programa de psicología clínica de la
Universidad de Columbia y recibió su PhD en 1931.
No obstante, Rogers ya había empezado su trabajo clínico en la
Rochester Society for the Prevention of Cruelty to Children
(Sociedad Rochester para la Prevención de la Crueldad en los
Niños). En esta clínica, aprendería la teoría y aplicaciones
terapéuticas de Otto Rank, quien le incitaría a coger el camino del
desarrollo de su propia teoría.
En 1940, se le ofreció la cátedra completa en Ohio. Dos años más
tarde, escribiría su primer libro “Counseling and Psychotherapy”.
(Todos los títulos de sus libros en castellano, lo situaremos al final
del capítulo. N.T.).
Más tarde, en 1945 fue invitado a establecer un centro de asistencia
en la Universidad de Chicago. En este lugar, en 1951, publicó su
mayor trabajo, la Terapia Centrada en el Cliente, donde hablaría de
los aspectos centrales de su teoría.
En 1957, volvió a enseñar en su alma mater, la Universidad de
Wisconsin. Desafortunadamente, en ese momento había serios
conflictos internos en el Departamento de Psicología, lo que motivó
que Rogers se desilusionara mucho con la educación superior. En
1964, aceptó feliz una plaza de investigador en La Jolla, California.
Allí atendía terapias, dio bastantes conferencias y escribió, hasta su
muerte en 1987.
Teoría de la personalidad de Carl
Rogers
La teoría de Rogers es de las clínicas, basada en años de
experiencia con pacientes. Rogers comparte esto con Freud, por
ejemplo, además de ser una teoría particularmente rica y madura
(bien pensada) y lógicamente construida, con una aplicación amplia.
Sin embargo, no tiene nada que ver con Freud en el hecho de que
Rogers considera a las personas como básicamente buenas o
saludables, o por lo menos no malas ni enfermas.
En otras palabras, considera la salud mental como la progresión
normal de la vida, y entiende la enfermedad mental, la criminalidad y
otros problemas humanos, como distorsiones de la tendencia
natural. Además, tampoco tiene que ver con Freud en que la teoría
de Rogers es en principio simple.
En este sentido, no es solo simple, sino incluso ¡elegante! En toda
su extensión, la teoría de Rogers está construida a partir de una
sola “fuerza de vida” que llama la tendencia actualizante. Esto
puede definirse como una motivación innata presente en toda forma
de vida dirigida a desarrollar sus potenciales hasta el mayor límite
posible.
No estamos hablando aquí solamente de sobreviviencia: Rogers
entendía que todas las criaturas persiguen hacer lo mejor de su
existencia, y si fallan en su propósito, no será por falta de deseo.
Rogers resume en esta gran única necesidad o motivo, todos los
otros motivos que los demás teóricos mencionan. Nos pregunta,
¿por qué necesitamos agua, comida y aire?; ¿por qué buscamos
amor, seguridad y un sentido de la competencia? ¿por qué, de
hecho, buscamos descubrir nuevos medicamentos, inventar nuevas
fuentes de energía o hacer nuevas obras artísticas?. Rogers
responde: porque es propio de nuestra naturaleza como seres vivos
hacer lo mejor que podamos.
Es importante en este punto tener en cuenta que a diferencia de
cómo Marlow usa el término, Rogers lo aplica a todas las criaturas
vivientes. De hecho, algunos de sus ejemplos más tempranos
¡incluyen algas y hongos!
Piénsese detenidamente. ¿No nos sorprende ver cómo las
enredaderas se buscan la vida para meterse entre las piedras,
rompiendo todo a su paso; o cómo sobreviven los animales en el
desierto o en el gélido polo norte, o cómo crece la hierba entre las
piedras que pisamos?
También, el autor aplica la idea a los ecosistemas, diciendo que un
ecosistema como un bosque, con toda su complejidad, tiene mucho
mayor potencial de actualización que otro simple como un campo de
maíz.
Si un simple bichito se extinguiese en un bosque, surgirán otras
criaturas que se adaptarán para intentar llenar el espacio; por otro
lado, una epidemia que ataque a la plantación de maíz, nos dejará
un campo desierto.
Lo mismo es aplicable a nosotros como individuos: si vivimos como
deberíamos, nos iremos volviendo cada vez más complejos, como
el bosque y por tanto más flexiblemente adaptables a cualquier
desastre, sea pequeño o grande.
No obstante, las personas, en el curso de la actualización de sus
potenciales, crearon la sociedad y la cultura. En sí mismo esto no
parece un problema: somos criaturas sociales; está en nuestra
naturaleza. Pero, al crear la cultura, se desarrolló una vida propia.
En vez de mantenerse cercana a otros aspectos de nuestras
naturalezas, la cultura puede tornarse en una fuerza con derecho
propio. Incluso, si a largo plazo, una cultura que interfiere con
nuestra actualización muere, de la misma manera moriremos con
ella.
Entendámonos, la cultura y la sociedad no son intrínsecamente
malas. Es un poco como los pájaros del paraíso de Papúa en Nueva
Guinea. El llamativo y colorido plumaje de los machos
aparentemente distrae a los depredadores de las hembras y
pequeños. La selección natural ha llevado a estos pájaros a cada
vez más y más elaboradas alas y colas, de forma tal que en algunas
especies no pueden ni siquiera alzar el vuelo de la tierra.
En este sentido y hasta este punto, no parece que ser muy colorido
sea tan bueno para el macho, ¿no? De la misma forma, nuestras
elaboradas sociedades, nuestras complejas culturas, las increíbles
tecnologías; esas que nos han ayudado a prosperar y sobrevivir,
puede al mismo tiempo servirnos para hacernos daño e incluso
probablemente a destruirnos.
Conceptos principales de la teoría
de Carl Rogers
Rogers nos dice que los organismos saben lo que es bueno para
ellos. La evolución nos ha provisto de los sentidos, los gustos, las
discriminaciones que necesitamos: cuando tenemos hambre,
encontramos comida, no cualquier comida, sino una que nos sepa
bien. La comida que sabe mal tiende a ser dañina e insana. Esto es
lo que los sabores malos y buenos son: ¡nuestras lecciones
evolutivas lo dejan claro! A esto le llamamos valor organísmico.
Rogers agrupa bajo el nombre de visión positiva a cuestiones
como el amor, afecto, atención, crianza y demás. Está claro que los
bebés necesitan amor y atención. De hecho, muy bien podría
morirse sin esto. Ciertamente, fallarían en prosperar; en ser todo lo
que podrían ser.
Otra cuestión, quizás exclusivamente humana, que valoramos es
la recompensa positiva de uno mismo, lo que incluye la
autoestima, la autovalía y una imagen de sí mismo positiva. Es a
través de los cuidados positivos de los demás a lo largo de nuestra
vida lo que nos permite alcanzar este cuidado personal. Si esto, nos
sentimos minúsculos y desamparados y de nuevo no llegamos a ser
todo lo que podríamos ser.
De la misma forma que Maslow, Rogers cree que si les dejamos a
su libre albedrío, los animales buscarán aquello que es lo mejor
para ellos; conseguirán la mejor comida, por ejemplo, y la
consumirán en las mejores proporciones posible. Los bebés también
parecen querer y gustar aquello que necesitan.
Sin embargo, a todo lo largo de nuestra historia, hemos creado un
ambiente significativamente distinto de aquel del que partimos. En
este nuevo ambiente encontramos cosas tan refinadas como el
azúcar, harina, mantequilla, chocolate y demás que nuestros
ancestros de Africa nunca conocieron.
Esta cosas poseen sabores que parecen gustar a nuestro valor
organísmico, aunque no sirven para nuestra actualización. Dentro
de millones de años, probablemente logremos que el brócoli nos
parezca más apetitoso que el pastel de queso, pero para entonces
no lo veremos ni tu ni yo.
Nuestra sociedad también nos reconduce con sus condiciones de
valía. A medida que crecemos, nuestros padres, maestros,
familiares, la “media” y demás solo nos dan lo que necesitamos
cuando demostremos que lo “merecemos”, más que porque lo
necesitemos.
Podemos beber sólo después de clase; podemos comer un
caramelo sólo cuando hayamos terminado nuestro plato de verduras
y, lo más importante, nos querrán sólo si nos portamos bién.
El lograr un cuidado positivo sobre “una condición” es lo que Rogers
llama recompensa positiva condicionada. Dado que todos
nosotros necesitamos de hecho esta recompensa, estos
condicionantes son muy poderosos y terminamos siendo sujetos
muy determinados no por nuestros valores organísmicos o por
nuestra tendencia actualizante, sino por una sociedad que no
necesariamente toma en cuenta nuestros intereses reales. Un “buen
chico” o una “buena chica” no necesariamente es un chico o una
chica feliz.
A medida que pasa el tiempo, este condicionamiento nos conduce a
su vez a tener una autovalía positiva condicionada. Empezamos
a querernos si cumplimos con los estándares que otros nos aplican,
más que si seguimos nuestra actualización de los potenciales
individuales.
Y dado que estos estándares no fueron creados tomando en
consideración las necesidades individuales, resulta cada vez más
frecuente el que no podamos complacer esas exigencias y por
tanto, no podemos lograr un buen nivel de autoestima.
Incongruencia
La parte nuestra que encontramos en la tendencia actualizadora,
seguida de nuestra valoración organísmica, de las necesidades y
recepciones de recompensas positivas para uno mismo, es lo que
Rogers llamaría el verdadero yo (self). Es éste el verdadero “tú”
que, si todo va bien, vas a alcanzar.
Por otro lado, dado que nuestra sociedad no está sincronizada con
la tendencia actualizante y que estamos forzados a vivir bajo
condiciones de valía que no pertenecen a la valoración organísmica,
y finalmente, que solo recibimos recompensas positivas
condicionadas, entonces tenemos que desarrollar un ideal de sí
mismo (ideal del yo). En este caso, Rogers se refiere a ideal como
algo no real; como algo que está siempre fuera de nuestro alcance;
aquello que nunca alcanzaremos.
El espacio comprendido entre el verdadero self y el self ideal; del
“yo soy” y el “yo debería ser” se llama incongruencia. A mayor
distancia, mayor será la incongruencia. De hecho, la incongruencia
es lo que esencialmente Rogers define como neurosis: estar
desincronizado con tu propio self. Si todo esto les suena familiar, es
porque ¡precisamente es de lo que habla Karen Horney!
Defensas
Cuando te encuentras en una situación donde existe una
incongruencia entre tu imagen de ti mismo y tu inmediata
experiencia de ti mismo (entre tu Ideal del yo y tu Yo) (a partir de
este momento utilizaremos indistintamente los conceptos de Ideal
del Self, Ideal del Yo, Yo ideal, etc.
Para definir de forma más simple el mismo concepto exclusivamente
con fines docentes, aún sabiendo que estos conceptos son
etimológicamente distintos según las distintas escuelas
psicológicas. N.T.) , te encontrarás en una situación amenazante.
Por ejemplo, si te han enseñado a que te sientas incómodo cuando
no saques “A” en todos tus exámenes, e incluso no eres ese
maravilloso estudiante que tus padres quieren que seas, entonces
situaciones especiales como los exámenes, traerán a la luz esa
incongruencia; los exámenes serán muy amenazantes.
Cuando percibes una situación amenazante, sientes ansiedad. La
ansiedad es una señal que indica que existe un peligro potencial
que debes evitar. Una forma de evitar la situación es, por supuesto,
poner “pies en polvorosa” y refugiarte en las montañas. Dado que
esta no debería ser una opción muy frecuente en la vida, en vez de
correr físicamente, huimos psicológicamente, usando las defensas.
La idea rogeriana de la defensa es muy similar a la descrita por
Freud, exceptuando que Rogers la engloba en un punto de vista
perceptivo, de manera que incluso los recuerdos y los impulsos son
formas de percepción. Afortunadamente para nosotros, Rogers
define solo dos defensas: negación y distorsión perceptiva.
La negación significa algo muy parecido a lo que significa en la
teoría freudiana: bloqueas por completo la situación amenazante.
Un ejemplo sería el de aquel que nunca se presenta a un exámen, o
que no pregunta nunca las calificaciones, de manera que no tenga
que enfrentarse a las notas finales (al menos durante un tiempo).
La negación de Rogers incluye también lo que Freud llamó
represión: si mantenemos fuera de nuestra consciencia un recuerdo
o impulso (nos negamos a recibirlo), seremos capaces de evitar la
situación amenazante (otra vez, al menos por el momento).
La distorsión perceptiva es una manera de reinterpretar la
situación de manera que sea menos amenazante. Es muy parecida
a la racionalización de Freud. Un estudiante que está amenazado
por las calificaciones y los exámenes puede, por ejemplo, culpar al
profesor de que enseña muy mal, o es un “borde”, o de lo que sea.
(Aquí también intervendría la proyección como defensa – según
Freud- siempre y cuando el estudiante no se crea además capaz de
superar exámenes por inseguridad personal. N.T.)
El hecho de que en efecto existan malos profesores, hace que la
distorsión sea más efectiva y nos pone en un aprieto para poder
convencer a este estudiante de que los problemas son suyos, no del
profesor. También podría darse una distorsión mucho más
perceptiva como cuando uno “ve” la calificación mejor de lo que
realmente es.
Desafortunadamente, para el pobre neurótico (y de hecho, para la
mayoría de nosotros), cada vez que usa una defensa, crea una
mayor distancia entre lo real y lo ideal. Se va tornando cada vez
más incongruente, encontrándose cada vez más en situaciones
amenazantes, desarrollando mayores niveles de ansiedad y usando
cada vez más y más defensas…se vuelve un círculo vicioso que
eventualmente será imposible de salir de él, al menos por sí mismo.
Rogers también aporta un explicación parcial para la psicosis: ésta
surge cuando “se rebosa el caldero”; cuando las defensas se
sobresaturan y el mismo sentido del self (la propia sensación de
identidad) se “esparce” en distintas piezas desconectadas entre sí.
Su propia conducta tiene poca consistencia y estabilidad de acuerdo
con esto. Le vemos cómo tiene “episodios psicóticos”; episodios de
comportamientos extraños. Sus palabras parecen no tener sentido.
Sus emociones suelen ser inapropiadas. Puede perder su habilidad
para diferenciar el self del no-self y volverse desorientado y pasivo.
La persona funcional
Como Maslow, Rogers solo se interesa por describir a la persona
sana. Su término es funcionamiento completo y comprende las
siguientes cualidades:
1. Apertura a la experiencia. Esto sería lo opuesto a la
defensividad. Es la percepción precisa de las experiencia
propias en el mundo, incluyendo los propios sentimientos.
También comprende la capacidad de aceptar la realidad, otra
vez incluyendo los propios sentimientos. Los sentimientos son
una parte importante de la apertura puesto que conllevan a la
valoración organísmica. Si no puedes abrirte a tus propios
sentimientos, no podrás abrirte a la actualización. La parte
difícil es, por supuesto, distinguir los sentimientos reales de
aquellos derivados de la ansiedad subsecuente a cuestione
sde valía personal.
2. Vivencia existencial. Esto correspondería a vivir en el aquí y
ahora. Rogers, siguiendo su tendencia a mantenerse en
contacto con la realidad, insiste en que no vivimos en el
pasado ni en el futuro; el primero se ha ido y el último ni
siquiera existe. Sin embargo, esto no significa que no
debamos aprender de nuestro pasado, ni que no debamos
planificar o ni siquiera soñar despiertos con el futuro.
Simplemente, debemos reconocer estas cosas por lo que son:
memorias y sueños, los cuales estamos experimentando
ahora, en el presente.
3. Confianza organísmica. Debemos permitirnos el dejarnos
guiar por los procesos de evaluación o valoración organísmica.
Debemos confiar en nosotros, hacer aquello que creemos que
está bién; aquello que surge de forma natural. Esto, como
imagino que podrán observar, se ha convertido en uno de los
puntos espinosos de la teoría rogeriana. La gente diría: “sí, no
hay problema, haz lo que te surja”; o sea, si eres un sádico,
haz daño a los demás; si eres un masoquista, hazte daño; si
las drogas o el alcohol te hacen feliz, ve a por ello; si estás
deprimido, suicídate…Desde luego esto no nos suena a
buenos consejos. De hecho, mucho de los excesos de los
sesenta y setenta fueron debidos a esta actitud. Pero a lo que
Rogers se refiere es a la confianza en el propio yo; en el sí
mismo real y la única manera que tienes para conocer lo que
es verdaderamente tu self es ¡abriéndote a la experiencia y
viviendo de forma existencialista! En otras palabras, la
confianza organísmica asume que está en contacto con la
tendencia actualizante.
4. Libertad experiencial. Rogers pensaba que era irrelevante
que las personas tuvieran o no libre albedrío. Nos
comportamos como si lo tuviéramos. Esto no quiere decir, por
supuesto, que somos libres para hacer lo que nos dé la gana:
estamos rodeados de un universo determinista, de manera
que aunque bata las alas tanto como pueda, no volaré como
Superman. Realmente lo que significa es que nos sentimos
libres cuando se nos brindan las oportunidades. Rogers dice
que la persona que funciona al cien por cien reconoce ese
sentimiento de libertad y asume las responsabilidades de sus
oportunidades.
5. Creatividad. Si te sientes libre y responsable, actuarás acorde
con esto y participarás en el mundo. Una persona
completamente funcional, en contacto con la actualización se
sentirá obligada por naturaleza a contribuir a la actualización
de otros. Esto se puede hacer a través de la creatividad en las
artes o en las ciencias, a través de la preocupación social o el
amor paternal, o simplemente haciendo lo mejor posible el
trabajo propio. La creatividad de Rogers es muy parecida a la
generatividad de Erikson.
Terapia de Carl Rogers
Carl Rogers es mejor conocido por sus contribuciones en el área
terapéutica. Su terapia ha cambiado en un par de ocasiones de
nombre a lo largo de su evolución: al principio la llamó no-
directiva, ya que él creía que el terapeuta no debía guiar la
paciente, pero sí estar ahí mientras el mismo llevaba el curso de su
proceso terapéutico.
A medida que maduró en experiencia, Carl se dio cuenta que
mientras más “no-directivo” era, más influía a sus pacientes
precisamente a través de esa postura. En otras palabras, los
pacientes buscaban una guía en el terapeuta y lo encontraban
aunque éste intentara no guiarles.
De manera que cambió el nombre a centrada en el
paciente (también llamada terapia centrada en el cliente. N.T.).
Rogers seguía creyendo que el paciente era el que debía decir lo
que estaba mal, hallar formas de mejorar y de determinar la
conclusión de la terapia (aunque su terapia era “centrada en el
paciente”, reconocía el impacto del terapeuta sobre el paciente).
Este nombre, desafortunadamente, supuso una cachetada en la
cara para otros terapeutas: ¿es que no eran la mayoría de las
terapias “centradas en el paciente”?
Actualmente, a pesar de que los términos “no-directiva” y “centrada
en el paciente” se mantienen, la mayoría de las personas
simplemente le llaman terapia rogeriana. Una de las frases que
Rogers utiliza para definir su terapia es “de apoyo, no
reconstructiva” y se apoya en la analogía de aprender a montar en
bicicleta para explicarlo: cuando ayudas a un niño a aprender a
montar en bici, simplemente no puedes decirle cómo, debe traralo
por sí mismo. Y tampoco puedes estarle sujetando para siempre.
Llega un punto donde sencillamente le dejas de sostener. Si se cae,
se cae, pero si le agarras siempre, nunca aprenderá.
Es lo mismo en la terapia. Si la independencia (autonomía, libertad
con responsabilidad) es lo que quieres que un paciente logre, no lo
logrará si se mantiene dependiente de ti como terapeuta.
Los pacientes deben experimentar sus introspecciones por sí
mismos, en la vida cotidiana, fuera de la consulta de su terapeuta.
Un abordaje autoritario en la terapia parece resultar fabuloso en la
primera parte de la terapia, pero al final solo crea una persona
dependiente.
Existe solo una técnica por la que los rogerianos son conocidos: el
reflejo. El reflejo es la imagen de la comunicación emocional: si el
paciente dice “¡me siento como una mierda!”, el terapeuta puede
reflejar esto de vuelta diciéndole algo como “Ya. La vida le trata mal,
¿no?” Al hacer esto, el terapeuta le está comunicando al paciente
que de hecho está escuchando y se está preocupando lo suficiente
como para comprenderle.
También el terapeuta está permitiendo que el paciente se de cuenta
de lo que él mismo está comunicando. Usualmente, las personas
que sufren dicen cosas que no quieren decir por el hecho de que el
sacarlas hacen sentir mejor. Por ejemplo, una vez una mujer entró
en mi consulta y dijo “¡Odio a los hombres!” Le reflejé diciéndole:
“¿Odia a todos los hombres?” Ella contestó: “Bueno, quizás no a
todos” Ella no odiaba a su padre, ni a su hermano y por continuidad,
ni a mí. Incluso con esos hombres a los que “odiaba”, se dio cuenta
luego que en la gran mayoría de ellos no sentía hasta el punto de lo
que la palabra “odio” implica. De hecho, mucho más adelante se
percató de que lo que sentía era desconfianza hacia los hombres y
de que tenía miedo de que le trataran como lo hizo un hombre en
particular.
De todas formas, el reflejo debe usarse cuidadosamente. Muchos
terapeutas novatos lo usan sin sentirlo o sin pensarlo, repitiendo
como loros las frases que salen de la boca de sus pacientes.
Luego creen que el cliente no se da cuenta, cuando de hecho se ha
vuelto el estereotipo de la terapia rogeriana de la misma manera en
que el sexo y la madre lo han hecho en la terapia freudiana. El
reflejo debe surgir del corazón (genuino, congruente).
Esto nos conduce a los famosos requerimientos que según Rogers
debe presentar un terapeuta. Para ser un terapeuta especial, para
ser efectivo, un terapeuta debe tener tres cualidades especiales:
1. Congruencia. Ser genuino; ser honesto con el paciente.
2. Empatía. La habilidad de sentir lo que siente el paciente.
3. Respeto. Aceptación, preocupación positiva incondicional
hacia el paciente.
Rogers dice que estas cualidades son “necesarias y suficientes”:
si el terapeuta muestra estas tres cualidades, el paciente mejorará,
incluso si no se usan “técnicas especiales”. Si el terapeuta no
muestra estas tres cualidades, la mejoría será mínima, sin importar
la cantidad de técnicas que se utilicen.
Ahora bien, ¡esto es mucho pedir a un terapeuta! Simplemente son
humanos, y con frecuencia bastante más “humanos” que otros. Es
como ser más humanos dentro de la consulta que lo que
normalmente somos. Estas características deben dejarse ver en la
relación terapéutica.
Estamos de acuerdo con Rogers, aunque estas cualidades sean
bastante demandantes. Algunas de las investigaciones sugieren que
las técnicas no son tan importantes como la personalidad del
terapeuta, y que, al menos hasta cierto punto, los terapeutas
“nacen”, no se “hacen”.
Referencias
Rogers era un gran escritor; un verdadero placer para leer. La
mayor exposición de sus teorías se encuentra en su libro Client-
centered Therapy (1951). Existen dos colecciones de ensayos muy
interesantes: On Becoming a Person (1961) y A Way of Being
(1980). Finalmente, existe una buena colección de su trabajo en el
The Carl Rogers Reader, editado por Kirschenbaum and Henderson
(1989). El siguiente es un listado de los libros de Rogers en
castellano, N.T.:
Rogers, Carl. y Mariam Kinget (1971) Psicoterapia y
relaciones humanas (dos tomos). Madrid: Alfaguara.
Rogers, Carl. (1972) Psicoterapia centrada en el
cliente. Buenos Aires: Paidós.
Rogers, Carl. (1978) Orientación psicológica y
psicoterapia. Madrid: Narcea.
Rogers, Carl. (1979) El proceso de convertirse en
persona. Buenos Aires: Paidós.
Rogers, Carl. y otros (1980) Persona a persona. Buenos Aires:
Amorrortu.
Rogers, Carl. y C. Rosenberg (1981) La persona como
centro. Barcelona: Herder.
Artículo original del Dr. George Boeree, traducido por Rafael Gautier. Foto de ibm4381, vía Flickr.