LEYENDAS COLONIALES
La llorona
Es un personaje muy conocido en el folclor latinoamericano. La
historia se ubica en la época de la Colonia, cuando una mujer
española tuvo un romance con un indígena. De este romance
nacieron varios niños.
Cuando el hermano de la mujer se enteró de lo sucedido, decidió
matar a sus sobrinos. Desde ese momento la mujer vaga llorando
y suplicando por los hijos.
Según cuenta la leyenda, la llorona se aparece a cualquier tipo de
persona que se cruce en su camino, especialmente a las madres
irresponsables.
La tunda
Se le conoce ampliamente entre Colombia y Ecuador, y su origen
se remonta al s. XVI. La leyenda indica que un grupo de esclavos
escaparon de un buque que iba de Panamá a Perú. Al llegar a
tierra, estos tuvieron que enfrentarse contra aguerridos indígenas.
Durante el enfrentamiento, y gracias a los gritos de dolor de los
esclavos, despertó al diablo, quien decidió matarlos a todos al
disfrazarse del príncipe Macumba. Más tarde, el diablo se enamoró
y se casó con una mujer con quien tuvo varios hijos; entre estos
hijos estaba la tunda.
Debido a los poderes de su padre, la tunda es capaz de
transformarse en prácticamente lo que sea. Se presenta ante los
hombres como una dulce mujer con el fin de seducirlos, para luego
convertirlos en esclavos sujetos a su voluntad.
LEYENDAS PREHISPANICAS
Fantasmas
Según el fraile Bernardino de Sahagún, en el libro V de su Historia General
de las Cosas de la Nueva España, la aparición de los fantasmas se
atribuía al dios Tezcatlipoca y el primero era Cuitaplaton o Centlapachton,
una mujer enana o pequeña, de cabellos largos, hasta la cintura, con un
andar muy parecido al pato. Cuitaplaton se aparecía a los hombres cuando
iban al sanitario para sorprenderlos, y quienes la veían volvían a sus casas
temblando de pavor con la convicción de que tarde o temprano morirían o
les ocurriría alguna tragedia. Si algún valiente quería atraparla le resultaba
imposible, pues la figura desaparecía y reaparecía hasta que el intrépido
quedaba burlado. La última forma, también consignada por Sahagún, era
cuando Tezcatiploca se aparecía en forma de coyote para impedir el
paso a los viajeros o para advertirles de algún peligro o desgracia en ese
camino.
Xtabay
Xtabay es una bella mujer que se aparece a los hombres bajo las
ceibas, mientras peina su larga cabellera, empieza a enamorarlos y una vez
que los atrae y los tiene bajo su poder los mata o los pierde en un amor
infernal. Los antecedentes de esta leyenda se remontan a tiempos de
los antiguos mayas donde existían dos mujeres: Xtabay y Utz-Colel.
Xtabay tenía gran amor y pasión, por lo que ofrecía su cuerpo y belleza a
todo aquel joven que se lo solicitara; mientras que Utz-Colel era considera
una mujer decente y virtuosa a quien no se le conocía ningún
amorío pero que en el fondo era envidiosa y nunca ayudaba a los pobres.
Sucedió una vez que Xtabay murió abandonada y sola en su casa, sin
que el pueblo se diera cuenta, sólo se percataron cuando un agradable olor
empezó a inundar el ambiente. Utz-Colel envidiosa dijo a todos que
cuando ella muriera el olor sería doblemente agradable. Tiempo
después murió, la gente le realizó un funeral grandioso donde todos
evocaban sus virtudes, sólo que cuando su cuerpo estuvo en la tierra el
olor se hizo insoportable que alejó a los pobladores. Ya muerta Utz-Colel
pensó en seguir los pasos de Xtabay e imitarla, entregándose al
amor. Entonces ayudada por malos espíritus regresa al mundo para
atraer a los hombres.
LEYENDAS DE LA EPOCA CONTEMPORANEA
La autoestopista fantasma
Lleva circulando siglos, adaptándose a los distintos medios de
transporte. Consiste básicamente en que una mujer hace autostop al
borde de una carretera: Un coche se detiene y se sube a la parte de
atrás. Al llegar a una peligrosa curva, la autoestopista advierte del
peligro. Cuando el vehículo ha rebasado la curva, la mujer ha
desaparecido misteriosamente. Luego, el conductor, o conductor y
copiloto, se entera de que en ese punto murió trágicamente una
mujer. En algunas versiones, la pasajera no avisa del peligro y el
coche sufre un accidente y mueren conductor o pasajeros, aunque
siempre queda algún superviviente, claro, para poder contar la
historia. En nuestro país la fatídica curva se ubica en el puerto de la
Cruz Verde, un paso de montaña de la sierra de Guadarrama, y se
dice que hay otra curva con su fantasma en el puerto de Galapagar.
También hay variaciones en las que el autoestopista es un padre
angustiado que tiene que llegar como sea al lecho de su hijo
moribundo. O ancianas siniestras que anuncian el fin del mundo. A
veces es una novia vestida de blanco que murió el día de su boda.
Vamos, que hay versiones para todos los gustos.
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Hace unos años, se hizo viral un vídeo de apariencia casero que
espantó a medio Portugal. Estaba rodado desde dentro de un coche
en el que viajaban tres amigos. El vehículo recogía en mitad de la
noche a una joven, Teresa Fidalgo, y sufre un accidente. Según los
créditos murieron los tres amigos. En realidad era un fragmento del
vídeo A Curva que su director, David Rebordão, quiso promocionar
por internet. Causó furor en redes sociales, muchos creyeron que era
real. Fue tal la conmoción que el director tuvo que aclarar la
situación.
Los suicidios de Pokémon
En marzo de 1996, tras el lanzamiento de Pokémon Rojo y Verde 1.0,
en Japón se dieron 104 suicidios de niños entre 10 y 15 años.
Algunos se ahorcaron, otros se arrojaron al vacío desde altos
edificios, los hubo que se cortaron las venas. ¿Qué tenían todos en
común? Todos ellos, según sus padres, estaban enganchados al
juego. Se desencadenó el rumor de que escuchar la música del
Pueblo Lavanda incitaba a los menores al suicidio. Según esta
leyenda urbana, ritmos binaurales de tono alto afectaban al cerebro
de los niños, aunque, como sucede con el test del mosquito, los
adultos eran inmunes a esa frecuencia. Alguien se inventó una
enfermedad, "el Síndrome del Pueblo Lavanda", que inducía a los
niños al suicidio. La leyenda se disparó por las redes, amenizada con
todo tipo de especulaciones, como el peligro inminente de los
cartuchos de juego que todavía circulaban por el mundo,
responsables directos de las muertes. Se habló mucho del suicidio de
uno de los programadores, Chiro Miura, y del macabro legado que
dejó.
El problema de los suicidios juveniles en Japón poco tiene que ver
con los videojuegos y mucho con las gran presión que sufren los
adolescentes: el temor al fracaso escolar es tan acuciante que la
angustia juvenil que se da en cualquier cultura se convierte aquí en
obsesión y terror.