PROCESO DE COMPRENSIÓN DE TEXTOS
Una vez que se ha ejecutado el acto físico de la lectura que consiste en la percepción de los
grafemas (letras) y se ha descodificación los enunciados, prosigue el acto de la comprensión
propiamente dicha.
¿Qué es la comprensión?
En un sentido amplios se concibe como un proceso cognitivo mediante el cual se abstrae el
significado del texto. Es decir, el lector recupera el pensamiento del autor, valora la estructura
textual desde la perspectiva gramatical, semántica y pragmática. Y compromete una serie de
criterios, procedimientos y hábitos.
Existen dos enfoques sobre el concepto de la comprensión lectora. Por una parte, se define
como un complejo proceso de interacción del lector con el texto para construir la comprensión
de la información (Ricalde, 2008). Por otra parte, se concibe como un proceso mental
mediante el cual se transforma un texto (Texto Base) en otro texto (Texto Resultado) (Blay,
1970).
Pero, en esencia, las dos posturas teóricas no se excluyen: el proceso mental que se ejercita
sobre el texto constituye al mismo tiempo una interacción del lector con el texto.
¿Qué es un proceso mental?
Un proceso mental significa la transformación de un elemento en otro elemento. En la
comprensión lectora, significa la transformación de un texto (TB) en otro texto (TR). Eso
significa que el lector no capta únicamente la información sino la procesa mentalmente hasta
construir un nuevo texto para la memoria largo plazo.
Reglas transformacionales
La mente humana, al momento de la comprensión, ejecuta tres reglas transformacionales:
a) Supresión y selección: El lector suprime las ideas secundarias o de menor relevancia
para la comprensión y selecciona las ideas principales o los datos relevantes que se
registrarán para la memoria a largo plazo.
A continuación, ejecutamos la supresión de ideas secundarias y selección de ideas
principales en cada uno de los párrafos del texto La Nueva Religión de Mario Bunge.
¿Qué pasos debo ejecutar?
-Enumeración de los párrafos e identificación de las ideas principales mediante el
subrayado.
LA NUEVA RELIGIÓN
Mario Bunge
1) A mediados de nuestro siglo surgió una religión que hoy cuenta millones de fieles.
Como toda religión, es un sistema de mitos que atribuyen propiedades
extraordinarias a los seres que adora. Como toda religión, ha acabado por
institucionalizarse en poderosas organizaciones. Como toda religión, ha penetrado
en hogares y escuelas. Como toda religión, alienta en algunos respectos y ata en
otros.
2) A diferencia de las demás religiones, la que nos ocupa rinde culto a ciertos
artefactos que encontramos en lugares no consagrados, tales como laboratorios,
comercios y oficinas estatales. Y, a diferencia de las demás religiones, ha captado a
las personas
más prácticas del mundo: los científicos, ingenieros y administradores. El lector ya
adivinó: se trata del culto de los ordenadores.
3) Sería ridículo poner en tela de juicio la potencia y versatilidad de los ordenadores, y
por consiguiente su utilidad. Sería absurdo negar que su difusión masiva está
revolucionando la vida diaria, la economía y la cultura. Lo discutible es la ideología
que suele acompañar a la revolución de marras. Veamos por qué.
4) Son artículos de fe de la nueva religión: que los ordenadores pueden hacer cuanto
hacemos los humanos, sólo que mucho mejor; que el cerebro no es sino un
ordenador, de modo que la mejor manera de entenderlo es estudiar cómo
funcionan los ordenadores; y que los ordenadores terminarán por dominar al
hombre. Examinaremos brevemente estas tesis.
5) Es verdad que los ordenadores pueden almacenar y elaborar (“procesar”)
cantidades prodigiosas de información. Pero es falso que puedan reemplazar con
ventaja al cerebro humano en todos los campos. Esto se debe a que tiene, entre
otras, las siguientes limitaciones.
6) Primero, los ordenadores no plantean problemas nuevos, sino que nos ayudan a
resolver problemas de ciertos tipos. Esta es una limitación clave porque toda
investigación o exploración, sea científica, técnica, humanística o artística, consiste
en investigar problemas.
7) Segundo, los ordenadores carecen de iniciativa y de originalidad. Más aún, no
queremos que las tengan; se los diseña para que obedezcan instrucciones, no para
que las inventen.
8) Tercero, los ordenadores carecen de intuición (flair, insight) para imaginar y
evaluar ideas nuevas. Más aún, no nos gustaría que poseyesen intuición, ya que
entonces no serían de fiar. Por el contrario, hacemos uso de ordenadores para
controlar nuestras corazonadas. En resumidas cuentas, no es verdad que los
ordenadores puedan hacer todo lo que podemos hacer los humanos.
9) Tampoco es cierto que los cerebros funcionen como ordenadores. No podrían
hacerlo puesto que están compuestos por células vivas que satisfacen leyes
biológicas, no por objetos físicos. Para refutar la tesis de la semejanza esencial
entre cerebros y ordenadores basta recordar que éstos sólo elaboran información:
no la crean. Los ordenadores son dispositivos combinatorios carentes de
espontaneidad y creatividad. Incluso la memoria humana difiere de la de un
ordenador. La primera borra, agrega, reorganiza y a menudo embellece, en tanto
que el segundo conserva fielmente cuanto se le ha confiado.
10) Como si esto fuera poco, la inteligencia humana no es puramente combinatoria ni,
en general, puramente racional: está íntimamente ligada a la percepción y la
afección. A diferencia de los ordenadores, somos capaces de tomarnos algunas
ideas a pecho y aun con pasión, lo que a veces nos ciega y otras nos ilumina. Dadas
estas diferencias, la estrategia de buscar entender el cerebro en términos
informáticos es fundamentalmente errada. El cerebro y sus funciones mentales se
van entendiendo a medida que se profundiza el estudio del ser humano vivo.
11) Finalmente, el temor (o la esperanza) de que los ordenadores terminen por
dominarnos es absurdo, ya que, en últimas instancias, quienes los controlan son
seres humanos. Basta desconectarlos para inactivarlos.
12) Lo que sí debemos temer es que se abuse de los programas que dan como
resultados finales decisiones que afectan a nuestras vidas. Esto es de temer
porque, al habituarnos a delegar decisiones a ordenadores, podemos delegar
nuestra
responsabilidad, convirtiéndonos en seres amorales. Al obrar de esta manera
olvidamos que los programas respectivos suponen principios científicos,
tecnológicos o morales falibles, por lo cual debiéramos revisarlos de cuando en
cuando. En otras palabras, el abuso de los ordenadores nos torna dogmáticos sin
advertirlo: nos acostumbramos a aplicar (vía ordenadores) principios científicos,
técnicos o morales, olvidando la necesidad de controlarlos, revisarlos,
enriquecerlos o abandonarlos.
13) En resolución, los ordenadores no sienten ni dudan: no formulan problemas ni
tienen “olfato” para “ver” y sopesar ideas o actos: no tienen corazonadas ni
escrúpulos. Ni siquiera calculan por cuenta propia, esto es, independientemente de
los programas que los alimentan. Por estos motivos no se equivocan al ejecutar
instrucciones (a menos, claro está, que se les dé alguna instrucción errada o se
descompongan). Por los mismos motivos los ordenadores son incapaces de crear y
evaluar ideas y métodos radicalmente nuevos: son, por decirlo
antropomórficamente, conservadores y dogmáticos.
14) La vida, en cambio, exige innovación y flexibilidad, y por esto también crítica,
permanentes. Y éstas no son computables, aun cuando el cálculo interviene a
menudo en la innovación y la crítica. El cálculo vale plata, pero la intuición vale oro,
y la originalidad – sea intelectual, artística o moral – no tiene precio.
15) Dado el enorme valor instrumental de los ordenadores, honremos a sus
diseñadores, constructores y programadores, y difundamos esas máquinas
maravillosas en fábricas, oficinas, escuelas y hogares. Pero impidamos que
contribuyan a aumentar el paro, y no tomemos en serio la religión del ordenador.
Este no es sino un auxiliar neutro. Al igual que las tijeras, puede usárselos para
trabajar o para herir; al igual que la escritura, puede usárselos para iluminar o
para ofuscar. El buen o mal uso que hagamos de los ordenadores depende
exclusivamente de nosotros.
(El texto La nueva religión es un artículo publicado en el libro “Vistas y entrevistas.
Opiniones impopulares sobre problemas de actualidad, del filósofo Mario Bunge,
publicado en Buenos Aires, a través de la editorial Siglo XXI, en 1987).
b) Generalización y relación: Consiste en determinar las secuencias textuales. Esto
significa que existen grupos de ideas principales que desarrollan un subtema. Estas
ideas principales afines requieren un nivel de generalización en cada parte del texto.
Esta regla transformacional consiste en generalizar ideas principales en tópicos
temáticos.
El texto La Nueva Religión de Mario Bunge se generaliza en 5 secuencias respetando el
orden de los párrafos:
Secuencia 1 (1-2): Ha surgido una nueva religión que consiste en rendir culto a los
ordenadores.
Secuencia 2 (3-8): Posee la falsa ideología que cree en la superioridad de los
ordenadores.
Secuencia 3 (9-11): No toma en cuenta que el cerebro cumple una función distinta a la
del ordenador.
Secuencia 4 (12-14): Si no se diferencia el dogmatismo de los ordenadores de la
flexibilidad de la vida, debemos temer el abuso de los programas.
Secuencia 5 (15) El buen o mal uso de los ordenadores depende del hombre.
c) Construcción y redacción: Corresponde a la etapa tercera del proceso mental. Es el
momento en que las ideas generalizadas el Texto Base se integran en el Texto
resultado que posee las características de un resume, síntesis o macroestructura
textual que incorpora a la memoria de largo plazo.
El texto La Nueva Religión de Mario Bunge concluye en la siguiente construcción o
redacción de Texto Resultado.
Construcción o redacción
Mario Bunge expresa que ha surgido una nueva religión que consiste en rendir culto a
los ordenadores. Esta religión posee la falsa ideología que cree en la superioridad de
los ordenadores y no toma en cuenta que el cerebro cumple una función distinta a la
del ordenador. Asimismo, aclara que, si no se diferencia el dogmatismo de los
ordenadores de la flexibilidad de la vida, debemos temer el abuso de los programas.
Pues su buen o mal uso (elipsis) depende del hombre.