Compañías Deslindadoras en Quintana Roo
Compañías Deslindadoras en Quintana Roo
COMPAÑÍAS DESLINDADORAS Y
SOCIEDADES FORESTALES
EMPRESARIADO EN EL ENTORNO FRONTERIZO DE LA
COSTA ORIENTAL Y CREACIÓN DE UN BORDE EN LAS
MÁRGENES DEL RÍO HONDO, 1876-1935
T E S I S
QUE PARA OPTAR AL GRADO DE
DOCTOR EN HISTORIA
P R E S E N T A
Director de Tesis
Dr. Mario A. Trujillo Bolio
Lectora
Dra. Isaura Inés Ortiz Yam
Lector
Dr. Carlos Macías Richard
Lector
Dr. Gabriel Aarón Macías Zapata
0
Para Fénix, gracias por el amor, la inspiración, en especial,
por estar a mi lado en esta empresa.
Para Elí Gabriel, a pesar de la distancia siempre estás a mi lado.
0
AGRADECIMIENTOS
La concreación de este trabajo fue posible gracias al apoyo y colaboración de varias
instituciones y la generosidad de diversas personas. En primera instancia debo agradecer al
programa de Posgrado en Historia del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social (CIESAS) Unidad Peninsular que me dio cabida para cursar el Doctorado
en Historia, promoción 2010-2014. Igualmente, resalto el apoyo recibido por la beca de
manutención del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). El soporte de estas
dos instituciones permitió viajar a los avervos y realizar las pesquisas requeridas para la
presente tesis. Agradezco en especial a mi director de tesis, el doctor Mario A. Trujillo Bolio,
cuya experiencia, conocimientos y consejos me guiaron a la elaboración del presente texto. De
igual manera, aprecio enormemente las observaciones y comentarios de los lectores y
sinodales, a la doctora Inés Ortiz Yam, a los doctores Carlos Macías Richard y Gabriel A.
Macías Zapata y a la maestra Teresa Ramayo Lanz, quienes desde el inicio de la investigación
fortalecieron las ideas y planteamientos vertidos en esta tesis.
Igualmente, deseo externar mi agradecimiento al personal y directivos de los acervos
consultados, como fue el Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY), el Acervo
Histórico del Archivo General Notarial del Distrito Federal (AGNOT), el Archivo General de
la Nación (AGN), el Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones
Exteriores (AHSRE), el Archivo General del Estado de Quintana Roo (AGEQRoo), el
Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (AHUNAM), la
Colección Porfirio Díaz (CPD), de la Universidad Iberoamericana, el Archivo Histórico del
Banco Nacional de México (ABANAMEX), la Biblioteca Yucatanense, la Biblioteca “Chilam
Balam de Tusik” del Instituto de Cultura del Estado de Quintana Roo, la Sociedad Mexicana
de Geografía y Estadística (SMGE), la Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOyB), la
Biblioteca “Carlos R. Menéndez” y la Hemeróteca Nacional de la Ciudad de México. Por
último y para no omitir nombres, agradezco a todos y todas aquellas personas que de alguna
manera coadyuvaron a la realización de la presente tesis doctoral en historia.
i
RESUMEN
A 112 años de la creación del Territorio de Quintana Roo y a cuatro décadas de su
constitución como estado libre y soberano de la República mexicana, aquella costa oriental de
la península de Yucatán situada en el Caribe mexicano, concebida como región de frontera, es
el resultado de un proceso histórico, la imbricación de sucesos y la presencia de diversos
actores que se remonta al momento de la conquista y transita por una serie de hechos como la
pax porfiriana, la creación del borde territorial en el río Hondo en 1897, la economía de
extracción forestal o la consolidación del Territorio de Quintana Roo en 1935. Esta vasta
extensión territorial, de unos 50 mil kilómetros cuadrados, se caracterizó por ser un espacio en
disputa por el control económico y político durante el siglo XIX y las primeras tres décadas de
la siguiente centuria, especialmente por el usufructo de los recursos forestales. El entorno de
esta frontera-forestal nos obliga a detenernos en el actuar del empresariado y las empresas que
aprovecharon la oportunidad del negocio de los terrenos baldíos y los bosques durante el
proceso de creación de un borde territorial en el río Hondo. En el transcurso de seis décadas, a
partir del régimen porfiriano hasta el afianzamiento del nuevo orden que trajo consigo la
Revolución mexicana con los gobiernos constitucionalistas-posrevolucionarios, estos las
dificultades para la empresa fueron la guerra social de los mayas, las actividades de los
madereros-comerciantes ingleses, la falta de infraestructura y comunicaciones. Pero debemos
considerar también que a partir de 1876 esta costa oriental paulatinamente se transformó en el
Territorio de Quintana Roo, cuya consolidación como entidad dependiente del gobierno
federal se alcanzó hasta el año de 1935. Por las condiciones político-sociales y para establecer
marcadores económicos de soberanía, se constituyó un sistema de concesiones que permitió
tres autorizaciones para el deslinde de terrenos baldíos a favor de Antonio Espinosa, Manuel J.
Sierra y Faustino Martínez, empresarios que se apropiaron de ocho mil kilómetros cuadrados
de tierras. Hubo alrededor de 80 contratos de arrendamiento en más de 40 mil kilómetros
cuadrados de bosques nacionales. En ese sentido, centramos nuestra investigación en las
autorizaciones de Felipe Ibarra, Manuel J. Sierra y Faustino Martínez. Se presentó la
oportunidad para la constitución de dos únicas sociedades forestales que fueron la Compañía
Agrícola del Cuyo y Anexas y la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán.
ii
ÍNDICE
Agradecimientos i
Resumen ii
Introducción 1
iii
3.1.2. Relaciones comerciales entre Toledo y los mayas sublevados 152
3.2. The British Honduras Company y sus cortes ilícitos en bosques mexicanos 156
3.2.1. Renta de los bosques icaichés 160
3.3. Intercambio comercial y explotación forestal de Melhado en bosques orientales 161
3.3.1. Melhado, los santacruzanos y los bosques de la costa oriental 163
3.3.2. Pretensiones para legalizar su empresa en territorio mexicano 167
3.4. John Edward Plummer y sus negocios en la costa oriental 171
3.4.1. Sobre la forma en que se concretó la “Concesión Plummer” en bosques
quintanarroenses 179
4. Usufructo del semidespoblado: del deslinde a las concesiones forestales (1884-1921) 184
4.1. Antonio Espinosa: sus deslindes y mapas de la costa oriental 185
4.1.1. Un visionario agrimensor y su intento por habilitar el semidespoblado 190
4.2. Un hombre de negocios y su intento de explotar la costa oriental 194
4.2.1. Un efímero y redituable negocio: el enganche de canarios 204
4.2.2. Un concesionario pionero en la costa oriental (1887-1892) 213
4.2.3. Defensa de la empresa o de los intereses nacionales ante los “piratas
ingleses” 219
4.3. Los negocios en Yucatán de un gestor: deslinde y explotación forestal 223
4.3.1. Tres décadas del Marquesado de Cozumel (1888-1921) 229
4.3.2. Gestión forestal y el intento por aprovechar los bosques 236
4.3.3. Gestiones para un nuevo contrato y la representación de concesionarios 242
iv
5.2.3. Explotación y comercialización de palo de tinte, sal, chicle y azúcar 287
5.2.4. Fuerza de trabajo temporal: poblamiento efímero en las vastas tierras 290
5.3. Derrumbamiento del trust: últimos años de la Compañía Agrícola (1900-1927) 294
5.3.1 Participación del Banco Nacional de México en la sociedad forestal 297
5.3.2 El Cuyo, últimos años de la sociedad forestal y del latifundio 299
v
ANEXOS
Leyes en materia de colonización, deslinde de terrenos baldíos y explotación de bosques
(1813-1923) 388
Contratos federales de colonización y deslinde en la República mexicana (1878-1910) 392
Permiso de explotación de maderas de construcción, ebanistería y tinte, así como para la
extracción de gomas y resinas de todos los árboles que existan en una porción de
terrenos baldíos y nacionales en el estado de Yucatán 401
TABLAS
1. Terrenos baldíos deslindados por agentes económicos privados (1881-1889) 60
2. Suma total de terrenos adjudicados (1821-1910) 65
3. Distribución de la tierra adjudicada (1877-1910) 65
4. Terrenos adjudicados en la porción oriental de la península de Yucatán (1877-1897) 74
5. Sistema de concesiones para la explotación forestal en la costa oriental (1887-1902) 82
6. Sistema de concesiones forestales en el Territorio de Quintana Roo (1903-1914) 83
7. Traspaso de las concesiones forestales en el Territorio de Quintana Roo (1910-1914) 83
8. Sistema constitucionalista de concesiones forestales en el Territorio de Quintana
Roo (1916-1929) 87
9. Autoridades Político-Administrativas del Territorio de Quintana Roo (1903) 135
10. Palo de tinte extraído fraudulentamente de la costa oriental de Yucatán (1896) 146
11. Palo de tinte extraído fraudulentamente de la costa oriental de Yucatán por
Melhado & Koop (1896) 169
12. Explotación de recursos forestales de John E. Plummer (1908-1909) 183
13. Inmigrantes canarios consignados a Ibarra Ortoll (Marzo-Diciembre, 1883) 210
14. Inmigrantes consignados a Ibarra Ortoll en el vapor “Victoria” (1883) 212
15. Fincas y Ranchos existentes en las Islas de Cozumel y de Mujeres (1900) 235
16. Propietarios en la isla de Cozumel (1920) 235
17. Adquisición de terrenos por parte de Ramón Ancona (1882-1897) 254
18. Terrenos que conformaron El Cuyo de Ancona (1882-1897) 254
19. Diferencias de peso en los embarques de palo de tinte de Ramón Ancona (1894-
1895) 263
20. Distribución de las acciones de la Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas (1897) 270
21. Inventario del establecimiento agrícola “Cuyo de Ancona” (noviembre de 1897) 273
22. Exportaciones de chicle y palo de tinte de la Compañía Agrícola (1897-1909) 289
23. Distribución de trabajadores en la Finca 1-El Cuyo (1910) 292
24. Distribución de trabajadores en la Finca 2-Moctezuma (1910) 293
25. Distribución de trabajadores en la Finca 3-Otzceh (1910) 293
26. Distribución de trabajadores en la Finca 4-Solferino (1910) 293
27. Distribución de trabajadores en el ingenio San Eusebio (1910) 294
IMÁGENES
1. Decreto Presidencial relativo a la formación del Territorio de Quintana Roo (1902) 133
2. Certificado de una acción de The British Honduras Co. Ltd. 157
3. Carlos Melhado (1911) 162
4. Carlos Melhado y José Crescencio Puc en la ciudad-puerto de Belice (1892-1898) 166
5. Vapores consignados a la Agencia Marítima Ibarra Ortoll 200
6. Vapores consignados a la Agencia Marítima Ibarra Ortoll 200
7. Predio donde se estableció el taller “Las Monjas” 201
8. Notificación de Felipe Ibarra Ortoll al comercio de Belice 220
9. Viaducto o terracería sobre el río Lagartos del Cuyo de Ancona 256
10. “Charcos de cuajar” sal marina de El Cuyo 260
11. Carta pública de Ramón Ancona al Secretario de Fomento (1893) 266
12. Socios fundadores de la “Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas, S. A.” (1897) 269
13. Muelle de El Cuyo 284
14. Maniobras de carga de madera en el muelle de El Cuyo (1960) 285
15. Fanal y faro de “El Cuyo” 386
16. Anuncio publicitario de “La Pasamanería” de Faustino Martínez y Cía. (1883) 304
17. Contrato entre la Secretaría de Fomento y Faustino Martínez y Cía. (1893) 312
18. Testimonio del acta constitutiva de la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental
de Yucatán (2 de marzo de 1893) 327
19. Acción de la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental del Yucatán (1896) 329
20. Información sobre los valores mexicanos en la Bolsa de México (Mayo, 1896) 330
21. Publicidad de “La Prueba” de los Hermanos Balsa y Cía. (1899) 341
22. Fanal antiguo y faro actual en Puerto Morelos 345
23. Placa conmemorativa de la fundación de la colonia “Santa María” (1912) 345
24. Casa principal y administración de la Compañía Colonizadora en la colonia Santa
María 346
25. Vestigios de la bodega que el Banco de Londres y México tuvo en la colonia Santa
María 346
vii
CUADROS
1. Vínculos comerciales y políticos de John E. Plummer en la costa oriental 174
2. Vínculos comerciales, sociales y políticos de Antonio Espinosa Rendón 192
3. Vínculos familiares, políticos y comerciales del empresario Felipe Ibarra Ortoll 203
4. Manuel Sierra Méndez: vínculos familiares, políticos, sociales y comerciales 228
5. Consejo de Administración de la Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas (1897) 271
6. Consejo de Administración de la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de
Yucatán (Marzo, 1896) 330
GRÁFICAS
1. Exportaciones de palo de tinte (tn) por el puerto de Progreso (1894-1917) 85
2. Exportaciones de chicle (kg) por Progreso (1895-1917) 85
PLANOS
1. Distribución de la infraestructura en la finca El Cuyo 283
2. Distribución de la infraestructura en Puerto Morelos 347
3. Colonia Santa María de la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán 348
MAPAS
1. Semidespoblado y recursos forestales en la península de Yucatán (Siglo XIX) 32
2. Repartición de la riqueza forestal en la renovada frontera quintanarroense (1902-1910) 88
3. Territorio controlado por los Santacruzanos y Chichanhás-Icaichés en la costa oriental de
Yucatán (1847-1893) 113
4. Carta del Territorio de Belice (1893) 120
5. Territorio Federal de Quintana Roo (1902-1931) 135
6. Terrenos utilizados por The Young, Toledo & Co. en Blue Creek 151
7. Concesiones federales otorgadas a Felipe Ibarra Ortoll (1887-1892) 216
8. Mapa de los deslindes en las islas de Cozumel y de Mujeres (1884-1888) 232
9. Concesión forestal otorgada a Manuel Sierra Méndez (1892) 241
10. Terrenos del Cuyo de Ancona y la Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas (1882-
1910) 264
11. Terrenos de Faustino Martínez y Cía. y de la Compañía Colonizadora de la Costa
Oriental de Yucatán (1890-1910) 324
viii
INTRODUCCIÓN
A 112 años de la creación del Territorio de Quintana Roo y a cuatro décadas de su
constitución como estado libre y soberano de la República mexicana, es conveniente resaltar
que, aquella costa oriental del Caribe mexicano se puede concebir como región de frontera, es
el resultado de un proceso histórico, la imbricación de sucesos y la presencia de diversos
actores que se remonta al momento de la conquista y transita por una serie de hechos como la
pax porfiriana, la creación del borde territorial en el río Hondo en 1897, la economía de
extracción forestal o la consolidación del Territorio de Quintana Roo en 1935. Nuestro estudio
se centra en el espacio geográfico de la península de Yucatán denominado desde el periodo
colonial como la “Costa del Oeste” o Costa Oriental, que abarcó desde Cabo Catoche hasta la
boca del río Dulce en el Golfo de Honduras, en la cual se incluyen las islas Contoy, de Mujeres,
Coancum (Kan Kum o Cancún), Cozumel y Chinchorro bajo. En el mismo podemos incluir
las bahías de la Ascensión, Espíritu Santo y Chetumal, así como una serie de arroyos y ríos,
siendo los más representativos el Hondo, el Nuevo Wallis, el Sibún y el Sarstún (Calderón,
1984: 393). Esta vasta extensión territorial se caracterizó por ser un espacio en disputa por el
control económico y político durante el siglo XIX y las primeras tres décadas de la siguiente
centuria, especialmente por el usufructo de los recursos forestales. También la podemos
concebir como una región con baja densidad demográfica, por contener población dispersa y
temporal. Las actividades extractivas y el proceso de ocupación que caracterizaron a la zona no
pueden entenderse sin considerar la presencia de varios actores, intereses y diversidad de
procesos políticos, económicos, sociales, culturales e históricos.
El entorno de esta frontera-forestal nos obliga a detenernos en el actuar de los
empresarios y las empresas que participaron en la creación de un borde en el río Hondo a
finales del siglo XIX. Al situar la investigación en una mirada local, la problemática esencial de
la costa oriental la identificamos a través de características: 1) frontera-frente; 2) frontera-límite
y, 3) frontera-forestal. El primero por ser una zona amplia, móvil, indefinida, violenta,
insalubre o semidespoblada, susceptible a los proyectos civilizatorios de la autoridad federal
para su ocupación y expansión del control territorial (Turner, 1893). El segundo por contener
un espacio limítrofe, de lindero o border, que coadyuvó a la consolidación del Estado mexicano
al establecer el límite de su organización y jurisdicción con respecto a Guatemala y Gran
Bretaña, especialmente el río Hondo (De Vos, 1993: 13). A partir de estas dos acepciones,
frontier y border, consideramos que nuestra región es una frontera-forestal por ser un área de
-1-
confrontación comercial entre el empresariado y las empresas establecidas en la República
mexicana y los madereros-comerciantes de Honduras Británicas por el usufructo de los vastos
bosques y sus ricos recursos forestales, así como para la atracción o enganche de fuerza de
trabajo. Además, la existencia de las dificultades que se presentaron para estos personajes
como la guerra social de los mayas y las actividades de los madereros-comerciantes ingleses. En
la conformación de un territorio federal. Todo ello en el transcurso de seis décadas, a partir del
régimen porfiriano hasta el afianzamiento del nuevo orden que trajo consigo la Revolución
mexicana con los gobiernos constitucionalistas-posrevolucionarios hasta 1935.
También este espacio se caracterizó por el control territorial ejercido por los pueblos
mayas denominados sustraídos, así como de sus recursos forestales, logrando establecer
relaciones económicas con los madereros-comerciantes ingleses provenientes de Honduras
Británicas. Estas condiciones favorecieron las voraces actividades extractivas forestales e
intereses económicos se beneficiaron a costa de los recursos maderables en un territorio
considerado formalmente parte de la soberanía mexicana. Situación que dificultó un verdadero
control territorial por parte del gobierno federal, que todavía no podía hacer valer su
jurisdicción. El Estado mexicano decimonónico no logró la adscripción que se requiere de una
región o la “asociación territorial” de una colectividad que se asocia, identifica o adhiere a un
elemento integrador común (García, 1992: 47-48, 2003: 25)
Por las condiciones político-sociales, entre los años de 1876 y 1935 en esta región se
autorizaron tres concesiones para el deslinde de terrenos baldíos que permitieron la propiedad
de solamente unos ocho mil kilómetros cuadrados de tierras. Hubo alrededor de 80 contratos
de arrendamiento en más de 40 mil kilómetros cuadrados de bosques nacionales para la
explotación de recursos maderables y se permitió una docena de traspasos de éstos a capitales
extranjeros. Se intentó, por medio de dos concesiones ferroviarias, construir caminos de hierro
para conectar los ferrocarriles yucatecos con la costa oriental y el río Hondo. Se presentó la
oportunidad para la constitución de las dos únicas sociedades forestales de origen mexicano y
se permitió el asentamiento de al menos seis empresas extranjeras que llevaron a cabo la
extracción de maderas y chicle para su transformación en manufacturas fuera del país. Además,
se promovió la ocupación del semidespoblado y la construcción de vías de comunicación para
acercar a la región al resto de la economía nacional y el mercado mundial. En esta frontera
forestal se cuestionó la soberanía mexicana pues el reconocimiento del río Hondo como borde
territorial se llevó a cabo hasta la última década del siglo XIX. La presencia de una guerra social
maya y las actividades de los madereros británicos propició que la región fuese dividida en tres
-2-
subregiones: el norte susceptible al deslinde, explotación forestal y la agricultura. El centro
reservado para los pueblos mayas. El sur, adyancente al borde territorial y óptimo para el
arrendamiento de bosques nacionales. La imbricación de todos estos hechos y de todos los
actores nos permiten vislumbrar el devenir de las relaciones económicas, políticas y sociales de
la región. Pero debemos considerar también que a partir de 1876 esta costa oriental
paulatinamente se transformó en el Territorio de Quintana Roo, cuya consolidación como
entidad dependiente del gobierno federal se alcanzó hasta el año de 1935.
La incursión de un empresariado la hemos considerado a través de las actividades de
madereros-comerciantes ingleses como The Young, Toledo & Company; The British Honduras
Company (Belice Estate and Produce Company, Limited); el comerciante John Edward Plummer y;
Bernard Crammer & Company (Melhado & Koop). Que fueron rivales y ejemplo para la incursión
de personajes centrales como fueron Antonio Espinosa, Felipe Ibarra, Manuel J. Sierra, J.
Ramón Ancona, Faustino Martínez. Igualmente, observamos la constitución de sociedades
forestales como la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán y la Compañía
Agrícola del Cuyo y Anexas. Este proceso tendrá continuidad durante la época revolucionaria
hasta la crisis mundial de la década de 1930 que entre otras cosas provocó la paralización de la
economía de extracción, la desaparición momentánea de la entidad y marcó la pauta para el
corporativismo y las empresas madereras que se establecieron en las décadas de 1940 y 1950. 1
Por ello es que la temporalidad de la presente investigación tiene una duración de más
de cincuenta años, en donde se incorporan, interactúan y participan las compañías
deslindadoras y las sociedades forestales a partir del sistema de concesiones que promovió en
primera instancia el régimen porfiriano. Se facilitó así la incursión del empresariado y de las
empresas que tuvieron en propiedad terrenos entre el río Lagartos y Tulum, que se dedicaron a
la explotación de maderas y resinas para su exportación. Proceso inmerso en un contexto
social y político en el que sobresalen la guerra social de los mayas, las actividades de los
madereros británicos, la paulatina presencia de la oligarquía mexicana y extranjera, el
sometimiento de los mayas santacruzanos, la creación del Territorio de Quintana Roo, el ocaso
del régimen porfiriano, el advenimiento del movimiento armado de 1910, la dinámica
extractiva de exportación susceptible al comportamiento y requerimientos del mercado
mundial y la repetición del sistema de concesiones forestales por parte de los gobiernos
1 Durante la década de 1940 las empresas madereras más importantes fueron Maderas de Yucatán, S. A. y
Maderas del Trópico, S. A., que operaron en los bosques adyacentes a la línea divisoria entre Yucatán y Quintana
Roo, cuyas concesiones forestales por parte del gobierno federal superaron el millón de hectáreas. Para el
siguiente decenio Maderas Industrializadas de Quintana Roo S. A. (MIQROO) obtuvo la autorización para
explotar más de cuatrocientas mil hectáreas de selvas quintanarroenses.
-3-
constitucionalista-posrevolucionario. Proceso que llegó a su fin en la primera mitad de la
década de 1930 a partir de dos eventos. Uno económico, el crack de 1929 y la subsecuente crisis
mundial que disminuyó la necesidad de materias primas. El otro político, el reparto agrario y la
conformación de cooperativas chicleras y madereras. Con lo que la existencia de las sociedades
forestales y la participación del capital privado llego a su fin. Pero hay que destacar que estas
autorizaciones paulatinamente fortalecieron el derecho del Estado mexicano sobre el territorio.
En ese sentido, nuestro objetivo es analizar el perfil empresarial, las relaciones del
empresariado y las actividades de las sociedades conformadas que se beneficiaron del sistema
de concesiones para aprovechar la oportunidad de negocios para la habilitación de terrenos
baldíos, la explotación de recursos forestales y la ocupación del semidespoblado. Destacar su
participación y actividades como marcadores económicos de soberanía en el entorno de la
frontera forestal y la creación del borde territorial en el río Hondo. Señalar las dificultades para
la empresa de deslinde, colonización y usufructo de los recursos forestales.
Los aspectos antes señalados nos condujeron a cuestionarnos lo siguiente: ¿Qué
significo la participación de las compañías deslindadoras y las sociedades forestales en el
proceso de apropiación territorial y aprovechamiento económico de la región fronteriza de la
costa oriental de Yucatán proyectado por el Estado mexicano? De ahí, nos planteamos una
serie de cuestionamientos secundarios, como: ¿Cuál fue la participación de estas negociaciones
en su carácter de marcadores económicos de soberanía mexicana y sí éstos coadyuvaron para
consolidarla? ¿Quiénes fueron los actores de este proceso a partir de la construcción de su
perfil empresarial? ¿Cómo se relacionaron estos actores con la oligarquía porfiriana? ¿Qué
mecanismo de explotación utilizaron estas compañías y empresas para llevar a cabo sus
explotaciones? ¿Las compañías deslindadoras y las empresas madereras coadyuvaron a cumplir
con el objetivo del gobierno mexicano de poseer la jurisdicción y fortalecer la apropiación
territorial de la costa oriental de Yucatán?
A partir de lo anterior, planteamos que las compañías deslindadoras y las sociedades
forestales que analizamos se establecieron en nuestra región de estudio para constituirse
además, como marcadores económicos de soberanía en esta zona de frontera, a través de la
apropiación de terrenos y el usufructos de los bosques para fortalecer el control territorial, la
aparente ocupación del semidespoblado y la expansión de instituciones nacionales. El
concepto de marcadores económicos de soberanía lo construimos a partir de la consideración
de Antoinette Nelke-Terner, quien señala que en un espacio de frontera se establecen
elementos rígidos, representados por las construcciones, asentamientos o centros productivos,
-4-
y móviles, como son naves o pabellones, el pontón “Chetumal”, que son un producto
histórico-jurídico y derivado de las relaciones de poder entre las partes involucradas (1997:
148-166). La conformación de esta región de frontera, ubicada entre la actual ría Lagartos y el
río Hondo, de selva, bosque tropical o monte, como un espacio semidespoblado con reducido
movimiento de personas y tránsito de mercancías. Establecido como una guarnición militar,
cuya soberanía y jurisdicción territorial estuvo en pugna por el gobierno de la República
mexicana con la autonomía maya y la expansión territorial de los madereros británicos.
Una región de oportunidad dispuesta para la inserción de compañías deslindadoras,
sociedades forestales y agencias de inmigración como marcadores económicos de soberanía en
la zona de frontera desde el nororiente de la península yucateca hasta la margen mexicana del
río Hondo, cuyas dificultades para la empresa fueron la presencia de los mayas sublevados y los
madereros-comerciantes ingleses. Se trata entonces, de un espacio en el que se imbricaron los
intereses económicos y políticos de diversos actores para aprovechar las vastas tierras y el
usufructo de los ricos recursos forestales, como el palo de tinte, caobas, cedros, maderas duras
y resinas, especialmente el chicle. La existencia de tres subregiones coadyuvó al proceso de
control territorial, en la zona norte por medio del deslinde de terrenos baldíos y el
establecimiento de sociedades forestales, en la zona centro con la contención de los mayas
sublevados y la zona sur con la expansión de las concesiones para la extracción de recursos
maderables para contener la expansión de estos cortadores de madera furtivos. El sistema de
concesiones utilizado por el gobierno mexicano entre las décadas de 1880 y 1930, cedió al
empresariado y a las empresas el usufructo de la pertenencia del dominio público en un plazo
determinado y bajo ciertas condiciones, permitió la apertura al capital privado –nacional y
extranjero- para llevar a cabo en una primera instancia la habilitación de tierras baldías, la
ocupación temporal a través del enganche de fuerza de trabajo y el usufructo de l os bosques
nacionales, para constituir la principal actividad económica y negocio de la región.
En la segunda mitad del siglo XIX, esta región semidespoblada comenzó a ser ocupada
en gran parte por los pueblos mayas sublevados a partir de la guerra social que estalló a finales
de la década de 1840, que se prolongó por más de cincuenta años, y propició la reservación
como propiedad del gobierno mexicano de los terrenos disponibles de la costa oriental con el
decreto de 1895. En consecuencia concebimos a esta región como un espacio que poseyó un
límite que transitó desde lo geográfico, lo político, lo militar, lo económico y lo cultural.
Proceso que por cierto se plasmó en la cartografía histórica de la región. Para lograr nuestro
objetivo, al espacio geográfico de estudio lo hemos conceptualizado a partir de una
-5-
metodología de historia regional para poder diferenciar el fenómeno espacial y extraer
elementos novedosos de análisis. Esto es, una especie de “registros” en las sistematizaciones
espaciales que se abordan desde la perspectiva de la problemática. Es decir, una área en la que
podemos señalar espacios diferentes con connotaciones diversas, adentro y/o afuera, el
considerado propio o ajeno, lo que podemos percibir como de aquí o de allá (Aboites, 1995:
17; García, 2001: 21, Van Young, 1992: 102). Este proceso se hace tangible cuando el gobierno
mexicano, porfiriano y constitucionalista-posrevolucionario, ejerció su soberanía contra la
autonomía maya, la injerencia de madereros-comerciantes ingleses y las pretensiones
secesionistas yucatecas. En materia económica y comercial, se permitió la explotación de ricos
recursos agrícolas y forestales, el enganche de fuerza de trabajo, el establecimiento de circuitos
comerciales y relaciones de intercambio.
En espacios como el que nos ocupa en la presente investigación, concebido desde la
época colonial un área de semidespoblado, fue susceptible a la expansión, la habilitación, la
colonización y usufructo de sus recursos forestales. El recurrir a agentes económicos –
empresariado y empresas- que gozaron de los beneficios del que hemos denominado sistema
de concesiones amistosas y a largo plazo. Entendido éste como el conjunto de elementos que
se vinculan entre sí, la existencia de recursos naturales y tierras, un régimen político estable, el
andamiaje legal necesario para ordenar las relaciones y actividades económicas, el capital
nacional y extranjero, todos con el objetivo de usufructuar la riqueza nacional -vastas tierras y
ricos recursos naturales-. Estos marcadores económicos permitieron al gobierno federal
conocer, controlar y delimitar este vasto territorio, considerado dentro de la República
mexicana, pero con dinámicas económicas, políticas y culturales distinta a otras latitudes del
país.
Como punto de partida de este proceso, el gobierno mexicano de manera unilateral
otorgó concesiones, dispuso de los terrenos baldíos y nacionales, favoreció la explotación
irracional de los recursos forestales, constituyó un territorio federal, designó las autoridades
locales, estableció la infraestructura necesaria para favorecer los circuitos comerciales y
favoreció la incursión de grandes capitales extranjeros. Se observa igualmente que no se
permitieron las condiciones para el establecimiento de una sociedad moderna con una
población estable y una recaudación fiscal eficaz que permitiera un sustento para las finanzas
públicas de la nueva entidad. Lo cual no redujo la desigualdad y el desequilibrio en la
distribución de la riqueza, a nivel local, nacional e internacional. Por las condiciones
económicas existentes a fines del siglo XIX, se privilegió la inserción de la economía mexicana
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al mercado mundial a través de la agroexportación y la comercialización de materias primas.
Las relaciones sociales de producción se valieron de la atracción de inmigrantes extranjeros, del
enganche de trabajadores y la explotación de peones mexicanos. Con lo que se percibe la
injerencia de la autoridad nacional para mantener el buen curso de los intereses económicos,
garantizar la acumulación de capital, fomentar la importación de insumos, promover la
exportación de materias primas y fortalecer la jurisdicción del territorio ocupado. Fue necesario
además, contar con el debido conocimiento geográfico y económico del territorio.
A diferencia de otras regiones de la República mexicana donde la extracción de
maderas se desarrolló una década antes, como es el caso de la explotación de caoba y cedro
que monopolizaron comerciantes e industriales de Tabasco desde la Laguna de Términos, a lo
largo de la Selva Lacandona, hasta el Petén y la frontera con Guatemala, como lo documentó
Jan De Vos en su texto Oro Verde (1988). Observamos que los madereros tabasqueños llevaron
a cabo la explotación forestal en la franja fronteriza mexicano-guatemalteca gracias a la
aparente ausencia de control y jurisdicción territorial que significó la falta de una demarcación
limítrofe.2 Caso contrario en cuanto a los madereros británicos, que establecieron sus
monterías al norte del río Hondo, incluso después del acuerdo para establecer este afluente
como el borde territorial en 1893. Las sociedades forestales mexicanas pudieron aprovechar los
recursos forestales hasta los dos últimos años del siglo XIX.
Un contexto que se caracterizó por las intenciones del gobierno mexicano para lograr
la estabilidad política y el desarrollo económico. Ya como parte de la soberanía nacional, el
momento en que se insertó a la costa oriental de Yucatán al mercado mundial como un
proveedor de diversas materias primas, vastas tierras desocupadas y fértiles, un mercado para la
inversión de capital externo. Es decir, una gran oportunidad para el desarrollo de los
capitalistas nacionales y extranjeros. Por ello, consideramos que se trata de un espacio idóneo
para reconstruir el accionar de los empresarios de la época, las políticas del Estado como
interventor de la economía, protector del mercado y promotor de la industria. Todo ello para
llevar a cabo el usufructo de las vastas tierras y bosques a través del establecimiento de
monterías, campamentos, asentamientos, embarcaderos y precarias vías de comunicación, que
respondían a la explotación forestal. Así como establecer el resguardo aduanal-militar con el
2 Las compañías que aborda De Vos en su obra son las Casas: Bulnes, Valenzuela, Jamet y Sastré, Romano y
Schindler, que establecieron sus “monterías” en los ríos que forman la frontera entre México y Guatemala, como
son: Jataté, Chocoljá, San Pedro Mártir, Usumacinta, Lacantún, Chinox, Pasión y Tzendales. Sus actividades
extractivas se vieron inmersas en el conflicto limítrofe que se presentó entre los años de 1892 a 1895, que puso en
jaque las relaciones entre los dos países. Incluso, señala De Vos, las rivalidades entre estas casas madereras
propiciaron que el conflicto internacional alcanzase la tentativa de declarar la guerra.
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pontón “Chetumal”, erigir un poblado como lo fue Payo Obispo (hoy Chetumal) y la creación
del Territorio de Quintana Roo.
Estos capitales y sus actividades extractivas coadyuvaron a la demarcación del borde
territorial mexicano en las márgenes del río Hondo a través del establecimiento de monterías,
campamentos, colonias, muelles, infraestructura en comunicación, la atracción de fuerza de
trabajo o una marina mercante. Algunos de los empresarios y sociedades forestales que
analizamos en la investigación pudieron llevar a cabo sus actividades hasta la segunda y tercera
décadas del siglo XX. Tal fue el caso del gestor-empresario campechano Manuel J. Sierra y los
intereses de la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán. Ello fue posible hasta
que se presentó el reparto agrario y la constitución de cooperativas chicleras que impulsó el
gobierno cardenista y la administración quintanarroense.
A la luz de lo anterior, esta investigación es resultado de la inquietud que surgió por
discernir las actividades del empresariado y las empresas que participaron en el deslinde de
terrenos baldíos, la explotación de los bosques nacionales y la colonización temporal de una
zona de más de cincuenta kilómetros cuadrados del sureste mexicano. A partir del contexto de
la pax porfiriana que buscó la pacificación y el sometimiento de los pueblos mayas autónomos,
el control territorial, la ocupación del semidespoblado y el usufructo de los ricos recursos
forestales existentes como materias primas demandadas por los centros manufactureros del
mercado mundial. Razón por la que el sistema de concesiones facilitó el establecimiento de
compañías deslindadoras y sociedades forestales que, además de aprovechar en conjunto esta
disponibilidad de tierras y bosques, fungieron como marcadores económicos de la soberanía
mexicana.
Debemos reconocer que nuestra investigación parte de los trabajos elaborados previamente,
los que han abordado desde varias perspectivas estos tópicos en la historiografía de la región,
estudios que nos permitieron construir nuestro problema de investigación. Por sus
características político-sociales, esta zona ha sido abordada desde dos perspectivas, la primera
para el análisis de los orígenes y repercusiones de la guerra social que emprendieron los
pueblos mayas a fines de la década de 1840 y hasta su aparente conclusión en 1901. 3 La
3 El origen de la guerra de castas ha sido un tópico que ha sido abordado por la historiografía desde el siglo XIX
hasta la actualidad. Se han resaltado aspectos que señalan el despojo de tierras comunales, el tránsito de tributarios
a contribuyentes, la explotación laboral, entre los más recurridos. Otros trabajos han destacado las relaciones
comerciales que los pueblos mayas sostuvieron con los cortadores y casas comerciales inglesas. Pero en general
todos apuntan a destacar la autonomía, jurisdicción y soberanía que sobre el espacio suroriental de la península de
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segunda se ha centrado en los aspectos que caracterizan la creación y desarrollo del Territorio
de Quintana Roo en la que se han incluidos tópicos como la “guerra de castas”, las
negociaciones diplomáticas entre los gobiernos México y Gran Bretaña para la definitiva
demarcación territorial, la injerencia y el expansionismo de las los madereros ingleses, la
propiedad de la tierra y el reparo agrario. Consideramos que estos trabajos no han analizado
profundamente la importancia en la historiografía de la costa oriental de los empresarios-
comerciantes y las compañías-sociedades que incursionaron, especialmente durante el régimen
porfiriano y las tres primeras décadas del siglo XX, que fue el periodo de concepción y
formación del territorio quintanarroense en la costa oriental.
Los estudios sobre las empresas y empresariado en México comenzaron en la década
de 1970 y 1980, se aceleraron en la década de 1990 y alcanzaron bríos en las dos últimas
décadas (Cardoso, 1978; Collado, 1987; Herrero, 2004; Lida, 1981; Ludlow y Marichal, 1998;
Meyer y Salazar, 2003; Pérez y Savarino, 2001; Pérez-Rayón, 1995; Romero y Serrano, 1998;
Olveda, 1991; Trujillo, 2001, 2000). Para el caso de la península de Yucatán han centrado su
análisis en el desarrollo de la comercialización del henequén, el establecimiento de la banca, el
desarrollo de las vías férreas y la explotación forestal en la costa oriental. Los dos volúmenes
escritos por Víctor M. Suárez Molina (1977), La evolución económica de Yucatán a través del siglo
XIX, contienen datos importantes sobre los aspectos antes mencionados y para entender el
proceso económico comercial de la península yucateca. Por su esbozo general a pesar de que
aborda a algunas de las empresas que incursionaron en las actividades extractivas forestales,
consideramos que otorga poca atención a los empresarios que participaron en las mismas.
Siendo la actividad más representativa el comercio exterior de la fibra para la península
de Yucatán, entendemos el porqué de las investigaciones como la editada por Othón Baños
Ramírez (1990), Sociedad, estructura agraria y estado en Yucatán, o las realizadas por Alejandra
García Quintanilla (1986), Los tiempos en Yucatán, por Gilbert M. Joseph y Allen Wells (2011),
Verano del descontento, épocas de trastorno, por Marisa Pérez y Franco Savarino (2001), El cultivo de
las élites, por Raquel O. Barceló Quintal (1982), “La oligarquía henequenera”, por citar algunas.
Las que centran su análisis en la zona henequenera, la apropiación de tierras para la expansión
de las haciendas, las relaciones sociales entre la oligarquía yucateca y los peones acasillados, y la
participación de hombres de negocios encabezados por las dinastías Escalante y Molina Solís.
En las que se destaca a los hacendados que se enriquecieron con el cultivo y exportación del
Yucatán ejercieron los pueblos mayas de oriente y sur (Ancona, 1974; Baqueiro, 1915; Careaga, 1981 y 1998;
Reed, 1971; Sullivan, 1998; Sweeny, 2004; Villa Rojas, 1978; Dumond, 2005; Villalobos, 2006).
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agave, por lo que no prestan atención a la región forestal del oriente de Yucatán, donde
participó la oligarquía empresarial mercantil y agrícola, tanto regional como nacional en la
conformación de compañías deslindadoras y sociedades forestales.
Con relación a Quintana Roo, observamos que a partir de la década de 1980 existió una
importante producción de estudios, de los que podemos destacar los dos tomos realizados por
Alfredo A. César Dachary y Stella M. Arnaiz Burne (1983-1984), Quintana Roo. Sociedad,
economía, política, cultura, relativos a las características del territorio, la población, el sector
agropecuario, la explotación forestal y el turismo. En virtud de que se trata estudios que
abarcan los años de 1902 a 1983 y por las características de los mismos, no se detienen a
considerar a los empresarios y las sociedades forestales que fueron constituidas en el territorio
de la costa oriental. Para los años noventa tenemos otro estudio de César y Arnaiz (1990)
Estudios socioeconómicos preliminares de Quintana Roo, que nos brinda, entre otros, aspectos sobre la
economía de extracción de la entidad, pero debido a que su análisis no es historiográfico, no se
detiene en los empresarios y las sociedades forestales que nosotros consideramos. Otros textos
son los realizados por Lorena Careaga (1990), Quintana Roo. Textos de su historia y Quintana Roo
una historia compartida, como una aproximación histórica de la entidad, desde la época colonial
hasta las primeras décadas como estado de la federación.
A finales de la década de 1990, encontramos una serie de textos histórico-
antropológicos pero de nueva cuenta, los objetivos de éstas no se centran en el actuar del
empresariado, la conformación de las sociedades forestales y sus modelos productivos. Por un
lado, la obra de “historia política” de Carlos Macías (1997), Nueva frontera mexicana, tiene el
objetivo de resaltar los más significativos y trascendentes episodios para la concepción,
creación y consolidación del territorio quintanarroense a partir de los periodos de formación
(1902-1920) y de gestación del prototipo territorial posrevolucionario (1926-1927). Cuyos ejes
de análisis son: la “milicia”, como parte del proceso de instauración de la administración y
gobierno; la “burocracia” o formación de cuadros dirigentes del ejercicio del poder; y la
“ocupación territorial”, tema que para nosotros es central en procesos en los cuales agentes del
gobierno porfiriano tuvieron un papel central como “capitalistas de vanguardia” que se
beneficiaron con las concesiones de “tamaño porfirista”. Un texto de similares objetivos, es el
de Antonio Higuera (1997), Quintana Roo entre tiempos, que como parte del proceso de
conformación de una “región fronteriza”, considera como ejes de análisis los elementos de la
“vida local”: la política o acciones del Estado y el poblamiento de la zona como parte del
proceso productivo de explotación forestal en el período de 1872 a 1925.
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Pero la obra que nos proporcionó un mejor panorama histórico de los procesos
económicos de la costa oriental de Yucatán, es el que llevó a cabo Gabriel A. Macías (2002), La
península fracturada. En la que se analizó el ciclo forestal que se realizó en la zona durante el
periodo porfiriano, en el proceso de la conformación marítima, social y forestal
quintanarroense. Este autor fijó su atención en la explotación y flujos comerciales de los
recursos maderables, siendo su línea de análisis el desarrollo de la formación de las actividades
productivas de la región en el ámbito marítimo. Aunque este autor aborda a las sociedades
forestales como la Compañía Agrícola del Cuyo y la Colonizadora de la Costa Oriental de
Yucatán, resalta el papel de las autoridades aduanales fronterizas que se van estableciendo y los
intereses del capital privado en las actividades productivas de extracción forestal, su
participación en los procesos de colonización y explotación de los bosques, las características
de su estudio no permiten ahondar ampliamente en la formación del empresariado, la
conformación de las empresas, las relaciones con la oligarquía económica y política –nacional y
regional-. Un texto que también nos proporcionó una visión de la situación política de la
región a inicios del siglo XX es el elaborado por Teresa Ramayo Lanz (2013), Política, economía
chiclera y territorio: Quintana Roo 1917-1940, que tiene el propósito de analizar la explotación
chiclera y los aspectos político y económico entorno a esta actividad en la conformación del
territorio quintanarroense durante la Revolución y hasta la década de 1940. La obra otorga
mayor énfasis a la explotación chiclera, la importancia para la capitalización de los grupos de
poder regionales y federales, la integración a la vida nacional de la entidad y la organización y
agrupaciones sociales que emprendieron los trabajadores, chicleros y estibadores, el proceso
corporativista primario. 4 A pesar de que menciona algunos de los concesionarios, no centra su
análisis en el perfil empresarial de éstos y por la temporalidad, deja fuera a los precursores de
las actividades forestales en la región.
Por las condiciones sociales de la región, no podemos dejar de lado la dinámica que
llevaron a cabo los líderes de los pueblos mayas santacruzanos e chichanhás -icaichés, con los
madereros ingleses de Honduras Británica. Razón por la cual tomamos en consideración la
obra de Martha Herminia Villalobos González (2006), El bosque sitiado, en el cual la autora
destaca las actividades que llevaron a cabo los pueblos mayas santacruzanos e icaichés para
adquirir los medios de supervivencia en el contexto de la larga guerra de castas y la jurisdicción
que estas comunidades ejercieron en la costa oriental de Yucatán y la franja forestal fronteriza
del río Hondo. Proceso que les permitió establecer un circuito comercial con las casas
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Dificultades con las fuentes primarias
La principal dificultad que tuvimos para llevar a cabo la investigación fue la falta de archivos
personales de los principales empresarios y empresas analizados como es el caso de los
comerciantes Antonio Espinosa, Felipe Ibarra Ortoll, Manuel J. Sierra, Ramón Ancona y
Faustino Martínez. Así como de las sociedades como la Compañía Colonizadora de la Costa
Oriental de Yucatán y la Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas. Cabe destacar que la ausencia
de documentación del Archivo General Agrario se debe a las dificultades administrativas que
experimentamos para acceder a este acervo dependiente de la aún vigente Secretaría de la
Reforma Agraria. Para sortear esta carencia de documentación, llevar a curso la investigación y
responder a las preguntas previamente planteadas, nos dimos a la tarea de realizar el acopio de
información en diversos acervos como fueron: el Archivo General del Estado de Yucatán
(AGEY), particularmente en sus ramos Colonial, Poder Ejecutivo, Congreso del Estado y
Justicia, en los que pudimos localizar documentación relativa a permisos y concesiones,
balances comerciales y querellas jurídicas. El Archivo Notarial del Estado de Yucatán (ANEY)
y libros notariales que contiene donde constatamos la conformación de negociaciones y
alianzas comerciales. El Acervo Histórico del Archivo General Notarial del Distrito Federal
(AGNOT), en cuyos fondos Antiguo y Contemporáneo ubicamos escrituras, acuerdos y
contratos relativos a las actividades económicas de ciertos empresarios. Otros acervos que
fueron de utilidad para vislumbrar el desarrollo de las actividades empresariales, las
autorizaciones y las sociedades agrícolas-forestales establecidas en nuestra región de estudio,
especialmente en materia de concesiones y contratos para el deslinde y la explotación forestal
fueron: el Archivo General de la Nación (AGN), los ramos consultados fueron Gobernación,
Fomento, Hacienda Pública y Presidentes. Así como su Biblioteca-Hemeroteca “Ignacio
Cubas”, lo que nos posibilitó la revisión de los diarios oficiales del gobierno mexicano de la
época. Igualmente, la consulta del Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de
Relaciones Exteriores (AHSRE), nos permitió revisar los expedientes relativos a asuntos
transfronterizos como la “Cuestión de Belice”, Inmigración y Tratado Mariscal-Saint John. En
este último, observamos la participación de los agentes económicos y la importancia de los
contratos forestales en el proceso diplomático que se sostuvo para la delimitación territorial
entre el estado de Yucatán y Honduras Británicas.
Los mismos permitieron la construcción de este proceso de control territorial por
medio del deslinde y la apropiación de tierras semidespobladas, la ocupación de las mismas, la
explotación forestal y la diplomacia para delimitar el territorio mexicano. Nos dieron los
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componentes para vislumbrar el sistema porfiriano de concesiones. También permitieron
identificar a los actores políticos, económicos y sociales que participaron en la conformación
de compañías deslindadoras agencias de inmigración y sociedades forestales que actuaron en
nuestra zona de estudio. Debemos señalar que la consulta de diversos archivos, permitió
superar los sesgos de información existentes ante la falta de los archivos privados de la mayoría
de nuestros personajes centrales, de las concesiones de que fueron objeto, las actividades
productivas y las rivalidades que mantuvieron en el ámbito comercial. En los acervos
mencionados que trabajamos, nos abocamos a la tarea de identificar los documentos relativos a
la región que nos ocupa. Asimismo permitieron comprender a los sujetos a historiar, esto es,
los empresarios, funcionarios públicos y sociedades mercantiles. A todos los hemos
identificado partiendo de las escrituras públicas y poderes notariales, misivas, los informes
comerciales y militares, los juicios civiles y mercantiles, los reportes de confiscaciones y multas
en las aduanas marítimas y fronterizas, en los artículos periodísticos que dan cuenta de ellos, así
como también en documentación, los contratos, concesiones, decretos presidenciales y la
legislación que en materia de deslinde y explotación forestal fueron emitidas durante el espacio
temporal que estamos considerando. Aunque no hemos podido agotar las fuentes primarias, ya
fuese por no existir o no estar a disposición, los datos que hemos acopiado hasta el momento
nos han permitido el desarrollo del capitulado que nos planteamos para el desarrollo de la
presente investigación. Esta revisión de diversos acervos la llevamos a cabo debido a la
necesidad de innovar datos presentados por la historiografía regional y así poder aportar nueva
información a la misma.
En otros archivos que hemos consultado y que nos brindaron información documental
que complementó lo que ubicamos en los acervos antes mencionados, encontramos informes,
contratos, documentos de propiedad por parte de autoridades estatales, federales o de los
administradores de las sociedades agrícolas-forestales. A partir de los cuales, pudimos
reconstruir actividades extractivas, el enganche laboral y la atracción de fuerza de trabajo y las
acciones de las autoridades mexicanas, mayas y británicas. Algunos documentos que nos
brindaron un panorama de sobre la propiedad de terrenos de algunos de nuestros actores
económicos, fueron consultados en el Archivo General del Estado de Quintana Roo
(AGEQRoo), en los ramos Territorio Federal y Registro Público de la Propiedad. Asimismo,
para conocer aspectos que abordaron alguna de las comisiones enviadas al territorio
quintanarroense, consultamos el Archivo Amado Aguirre (AAA), incorporado al Archivo
Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (AHUNAM). En la Colección
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Porfirio Díaz (CPD), de la Universidad Iberoamericana, se consultaron documentos y cartas
personales que fueron remitidas por algunos de nuestros actores económicos al entonces
presidente mexicano, que nos brindaron a visión de ciertos empresarios sobre los problemas y
potencial de la costa oriental de Yucatán.
Una fuente de información trascendente fue el Centro de Estudios sobre Historia de
México-Archivo CARSO (CEHM), que contiene los llamados fondos Limantour y Siglo XX,
donde encontramos datos tanto del periodo porfiriano como revolucionario que nos
permitieron apreciar la importancia de nuestra región de estudio para el Estado mexicano, así
como la trascendencia de algunos actores económicos que analizamos. Toda esta información,
se complementó con la consulta de acervos como el Archivo Histórico del Banco Nacional de
México (ABANAMEX), la consulta de libros de actas y sesiones, que nos permitieron
confirmar la injerencia de esta institución en territorio quintanarroense. De igual manera, l a
consulta de diarios oficiales del gobierno yucateco y de boletines de estadística en la Biblioteca
Yucatanense o Biblioteca Virtual de Yucatán (BVY), que nos permitieron acceder a folletos y
periódicos del fondo Reservado para conocer más sobre los empresarios y las compañías que
abordamos. No podemos dejar de mencionar la Biblioteca “Chilam Balam de Tusik” del
Instituto de Cultura del Estado de Quintana Roo, en la que se nos facilitó el acceso a diversas
publicaciones y copias de documentos que posteriormente pudimos consultar los originales en
algunos de los archivos antes señalados.
En cuanto a la revisión de mapas y estudios económicos que nos permitieron conocer
características geográficas, la ubicación de las concesiones, autorizaciones y otros datos
político-económicos de la costa oriental de Yucatán y la franja forestal fronteriza del río
Hondo, tuvimos acceso a la biblioteca de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística
(SMGE) que cuenta con una inmensa colección de boletines, así como mapas relativos a la
región de estudio. También la Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOyB), que nos brindó las
fuentes para realizar el mapeo de la región de estudio. En el acercamiento del imaginario de la
época, la participación de la oligarquía porfiriana, la opinión pública y demás aspectos que en
los archivos no se pueden encontrar con facilidad, utilizamos fuentes hemerográficas que
consultamos en la biblioteca “Carlos R. Menéndez” en la ciudad de Mérida, como fueron los
diarios regionales La Razón del Pueblo, La Revista de Mérida, El Eco del Comercio y El Horizonte. Así
como también la Hemeroteca Digital de la Ciudad de México (HDCM), donde consultamos
los periódicos más importantes de la época como El Tiempo, El Diario del Hogar, El Imparcial, El
Correo Español, The Mexican Herald o El Economista Mexicano, entre otros. Esta revisión de los
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diarios y publicaciones fueron útiles para llenar algunos vacíos de información y datos, así
como incorporar a la investigación la opinión de la prensa en nuestra problemática.
Esquema de presentación
Para el desarrollo de esta investigación nos hemos planteado la elaboración de seis capítulos,
cuya distribución, información y análisis que contienen los consideramos pertinentes para los
objetivos planteados. En el primero, Un espacio de oportunidades y retos: el entorno fronterizo forestal de
la costa oriental de Yucatán, se estudia la construcción de un espacio de frontera y su borde, que se
presentó como un área de oportunidad para el empresariado y las empresas be neficiadas por el
sistema de concesiones. Se plantea también que estos actores se constituyeron en marcadores
económicos de soberanía por medio de la ocupación con fuerza de trabajo, el establecimiento
de asentamientos productivos-extractivos y la construcción de una infraestructura para
aprovechar los circuitos comerciales de los recursos forestales. Ello se elabora por medio de la
historia regional, la metodología idónea para plantear el impacto del sistema capitalista mundial
vigente en la época de estudio, las asociaciones entre empresarios nacionales y extranjeros, la
emisión de las concesiones para fortalecer el control económico y territorial en los vastos
terrenos y bosques disponibles para la apropiación y ocupación del semidespoblado. En este
apartado, ubicamos al mapeo como una herramienta para el control y jurisdicción territorial de
esta región de estudio, por medio de marcadores económicos.
En el capítulo segundo, Dificultades para la empresa: la “cuestión de Belice”, los madereros
británicos y la guerra social de los mayas (1847-1935), se logra diferenciar la estructura y la
transformación de la costa oriental de Yucatán en una renovada franja forestal fronteriza para
el usufructo de sus recursos forestales con la creación del Territorio de Quintana Roo,
resultado de la “cuestión de Belice”, la guerra social de los mayas, la expansión de los
madereros-comerciantes británicos y las negociaciones diplomáticas para concretar el Tratado
Mariscal-St. John (1893-1897). Se considera que estos hechos son parte de las dificultades que
experimentó el empresariado y las empresas para aprovechar la explotación y exportación de
los recursos forestales para que se pudieran establecer de una manera efectiva hasta el año de
1898.
En el desarrollo del tercer capítulo, Comerciantes-madereros británicos en la franja forestal
fronteriza y el río Hondo (1857-1909), se analiza la presencia en la costa oriental de los madereros-
comerciantes ingleses: The Young, Toledo & Company; The British Honduras Company (Belice Estate
and Produce Company, Limited); el comerciante John Edward Plummer y; Bernard Crammer &
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Company (Melhado & Koop). Se enfatizan las relaciones comerciales y políticas que establecieron
con los líderes mayas santacruzanos y chichanhás-icaichés. A pesar de ello, damos cuenta de
los conflictos de intereses económicos que estos actores presentaron en el curso de las
relaciones comerciales. Se destaca también que los circuitos comerciales establecidos, fueron
un modelo a seguir para los inversionistas nacionales. Un aspecto que se considera relevante es
que los empresarios ingleses intentaron legalizar su situación con el gobierno mexicano y
asociarse con los empresarios mexicanos. Lo que pudo lograr solamente un comerciante inglés,
John E. Plummer.
En el capítulo cuatro, Usufructo del semidespoblado: del deslinde a las concesiones forestales (1884-
1921), se presenta de manera argumentada, aquellos primeros empresarios beneficiados del
sistema de concesiones en la costa oriental para el deslinde de tierras y la explotación de
recursos forestales en la década de 1880. El ingeniero meridano Antonio Espinosa Rendón,
que ubicaremos como un agrimensor punta de lanza. El visionario comerciante campechano
Felipe Ibarra Ortoll, quien emprendió una serie de negocios para promover la ocupación del
semidespoblado y fue un pionero en los negocios para la explotación de recursos forestales y
marinos de la región de estudio. Y el científico-gestor-empresario campechano Manuel José
Sierra Méndez y su “marquesado de Cozumel”. Estas autorizaciones y las actividades
productivas que se desarrollaron posteriormente propiciaron un aprovechamiento incipiente de
los terrenos y de los bosques existentes en la región. Todos ellos, llevaron a cabo acciones
relevantes, aunque no suficientes, en el proceso de dominio y control territorial, a través de la
habilitación y conocimiento de las tierras baldías, el precario establecimiento de población y
aportando información o proyectos para la autoridad mexicana, como el establecimiento de un
resguardo aduanal, la construcción de vías férreas o la erección de un territorio federal en la
región de estudio.
Con respecto al capítulo quinto, Empresariado yucateco en la frontera forestal oriental: El Cuyo
y Anexas (1876-1927), se analiza la recuperación económica del semidespoblado en la subregión
norte, El Cuyo que aprovechó el comerciante izamaleño José Ramón Ancona Bolio para llevar
a cabo actividades productivas y extractivas legales y furtivas de recursos forestales. Un
negocio familiar que, en la década de 1890, se transformó en una sociedad agrícola-forestal que
involucró a los más destacados miembros de la oligarquía yucateca en la Compañía Agrícola
del Cuyo y Anexas, que constituyó una de las propiedades más extensas de la región. A pesar
de su importancia económica y comercial, esta sociedad forestal fue involucrada en uno de los
negocios especulativos de Yucatán. Lo que resultó en la desintegración de la sociedad y la
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presencia de una de las instituciones financieras establecidas en el país, el Ba nco Nacional de
México, cuya apropiación de los terrenos estuvo vigente entre las décadas de 1910 y 1920.
En el desarrollo del capítulo sexto, Oligarquía económica en una sociedad forestal: deslinde y
explotación en la costa oriental, se esclarece una de las concesiones y negocios más representativas
en la región de estudio, en el que incursionó el comerciante español Faustino Martínez y que
aglutinó a miembros de la oligarquía nacional para establecer la Compañía Colonizadora de la
Costa Oriental de Yucatán. Centramos la atención en los negocios que desarrollo el
comerciante español y su asociación con los más destacados comerciantes y políticos de finales
del siglo XIX. Se considera la importancia de esta sociedad forestal y la propiedad de grandes
extensiones de terrenos, lo que coadyuvó a la creación del Territorio de Quintana Roo a inicios
del siglo XX. Esta controversial propiedad de tierras y concesión forestal que estuvo en manos
de un capitalista español desde la década de 1890, fue centro de interés de los más destacados
miembros de la oligarquía porfiriana y que terminó en manos de una de las más importantes
casas financieras de la época, el Banco de Londres y México. Situación que estuvo vigente
hasta mediados de la década de 1930.
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1. UN ESPACIO DE OPORTUNIDADES Y
RETOS: EL ENTORNO FRONTERIZO
FORESTAL DE LA COSTA ORIENTAL DE
YUCATÁN
En el quehacer historiográfico es fundamental abordar la región como metodología y
construcción de un problema y un espacio pues, a decir de Eric Van Young (1991; 101), se
trata de nuestra primera hipótesis por demostrar.. A partir de esto cabría preguntarse: ¿Cuál es
la relevancia histórica de la costa oriental de Yucatán? El entorno de este espacio económico-
político-social representa el punto de arribo o llegada de los conquistadores españoles a inicios
del siglo XVI, lo que la convirtió en una región de frontera en el proceso de conquista y
colonización del Nuevo Mundo. Para José A. Calderón Quijano esta porción fue conocida
desde la época de la Colonia como la “Costa del Este”, que abracó desde Cabo Catoche hasta
la boca del río Dulce en el Golfo de Honduras, incluyendo las islas Contoy, de Mujeres,
Coancum (Kan Kum o Cancún), Cozumel y Chinchorro bajo (Calderón, 1984: 393). En dicha
costa, además encontramos las bahías de la Ascensión, Espíritu Santo y Chetumal, y sus
caminos de agua como los ríos Hondo, Azul, Chac, Kik, Huach, Indio, Nuevo, Wallis, Sibún,
Sarstún, por señalar los más importantes. Esto es, una vasta zona que alcanzó una extensión
territorial de más de 60 mil kilómetros cuadrados. Un extenso bosque tropical rico en recursos
forestales para la construcción, la ebanistería y la tintórea pues contó con caoba, cedro, palo de
tinte, chicozapote, jabín, entre otras.
Por estos recursos forestales, la costa oriental se insertó en el mercado internacional
como proveedor de materias primas desde el siglo XVII. Siendo las actividades extractivas de
maderas la base de la economía local. Pero también la región de estudio se caracterizó por ser
un espacio con limitado control español y una creciente presencia y resistencia de los pueblos
mayas originarios que permanecieron dispersos en varios asentamientos, al que se
incorporaron los piratas-madereros ingleses (Bracamonte y Solís, 2006: 452; Macías Richard,
2006: 257). Así, la “Costa del Este” de Yucatán se convirtió en una región de frontera donde
estuvo en disputa el control territorial y el aprovechamiento económico de sus recursos
forestales hasta la tercera década del siglo XX. La manera más sencilla de identificar este
espacio es observar con detenimiento un mapa, que geográficamente muestra a la región y sus
límites. Pero la “cuestión espacial” va más allá pues es necesario también fijar la atención en
aspectos no considerados por la historiografía en ocasiones, extraer los elementos que nos
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parecen novedosos para analizarla. Es decir, aquellos “registros” sistematizados que nos
permiten construir un problema (Van Young, 1991: 102; Aboites, 1995: 17).
El espacio para la presente investigación, lo ubicamos en una porción territorial de la
península de Yucatán con una extensión de más de 55 mil kilómetros cuadrados (5,500,000 ha)
que se caracterizó desde la época colonial hasta entrado el siglo XX como un semidespoblado,
en el que la autoridad, las leyes y la territorialidad mexicanas se vieron afectadas por las
siguientes razones: 1) La predominancia de vastas tierras aparentemente disponibles entre los
ríos Lagartos y Hondo, con enormes recursos maderables. 2) La existencia de una frontera
forestal delimitada de facto por el río Hondo que representó una negociación diplomática de
más de setenta años entre los gobiernos mexicano e inglés. 5 3) La presencia de un asentamiento
que se extendió territorialmente y se desarrolló en colonia de Gran Bretaña, y cuya principal
actividad productiva fue la extracción y exportación de recursos maderables. 4) También otro
aspecto importante, sin duda cabe, la duración por más de medio siglo de una guerra social
encabezada por los pueblos mayas dispersos y sustraídos en este extenso monte, del que
obtuvieron el control territorial y establecieron relaciones comerciales con otras
organizaciones, con lo que gozaron de autonomía. 5) El desarrollo paulatino de una actividad
económica extractiva de los bosques y exportación de las materias primas forestales y
maderables, la cual se llevó a cabo de manera irracional e ilícita por parte de los madereros
mexicanos, ingleses o mayas. 6) La exigencia de propiciar la inserción de la zona a la economía
nacional por medio de la participación de agentes económicos afines a la autoridad mexicana,
para así controlar las relaciones existentes con el mercado mundial.
De igual manera, confluyen varios sujetos históricos con organización y relaciones
económicas afines. Podemos señalar los cuatro siguientes: 1) La presencia de intereses
económicos de los piratas que se transformaron en los madereros-comerciantes británicos que,
implantados en los Establecimientos Británicos de Honduras desde el siglo XVII, expandieron
sus actividades extractivas; influyeron en el comportamiento de los líderes mayas, con quienes
establecieron relaciones comerciales y políticas, causando disputas diplomáticas entre los
gobiernos español, inglés y mexicano. 2) La autonomía por más de 50 años de los pueblos
mayas sublevados, que incursionaron y se posesionaron de la zona y sus recursos forestales. 3)
Los intereses de la oligarquía económica y política –banqueros, comerciantes, hacendados y
burocrátas- que buscó beneficiarse del usufructo de las vastas tierras y los ricos recursos
5Cabe señalar que estas negociaciones son el resultado de la disputa existente desde el siglo XVII entre España y
Gran Bretaña por el usufructo de la zona existente entre los ríos Sibún y Hondo. Sobre el tema, en el capítulo 2
abordamos los antecedentes.
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naturales de la zona, desplazaron a los pobladores mayas y compitieron con los comerciantes-
madereros británicos. 4) Las acciones de la autoridad mexicana por ejercer la jurisdicción
territorial por medio del control fiscal y la soberanía nacional de la región.
A partir de ello y considerando los enriquecedores elementos que ofrece Lilian
Vizcaíno (1991: 125) respecto al análisis regional como un estudio del “ordenamiento” de un
espacio que posee características históricas comunes, a partir de una organización propia o
aspectos geográficos, culturales, lingüísticos, étnicos; el pasado, las estructuras sociales, el
modo de producción, la población y su adscripción o las nociones de soberanía, jurisdicción y
territorialidad. Todas ellas permiten establecer cierta afinidad o identidad, que la distingue de
otras. En consecuencia, podemos decir que la costa oriental se trató de un espacio de
oportunidades económicas inmersas en un conflicto por el establecimiento del borde territorial
en el río Hondo. Una franja forestal fronteriza que determinó el alcance o extensión de un
sistema o jurisdicción, donde interactúan subsistemas internos y otros sistemas externos.
Al respecto, Mario Trujillo (2005: 23) expone la presencia de un “subsistema regional”,
compuesto por varios puntos que interactúan para conformar un circuito marítimo o
comercial, como el existente entre los puertos importantes del sureste mexicano a partir de
Coatzacoalcos y el tráfico de cabotaje hacia Isla del Carmen, Campeche, Sisal y Progreso.
Mientras que Eric Van Young (1991: 102) hace referencia a “sistemas externos” que
manifiestan aspectos transfronterizos. Con esto podemos decir entonces que, la región
congrega también subregiones y zonas, una división más específica con características
parecidas. Que la misma contiene una serie de relaciones espaciales, que no deja de ser
cambiante, y está determinada por la cultura y la historia comunes (García, 2003: 259). En este
sentido, queremos enfatizar que no necesariamente, se trata de una división impermeable pues
podemos identificar a la costa oriental como una subregión de la península de Yucatán y a la
vez parte misma de la República mexicana. Pero al interior de esta extensa franja forestal
fronteriza, señalamos la existencia de tres subregiones: 1) El norte productivo y controlado
económicamente por un grupo reducido de empresarios. 2) El centro dominado por los
pueblos mayas, dispuesto a los intereses de los líderes santacruzanos. 3) El sur en
confrontación por el control económico y político, para determinar el borde territorial entre el
estado de Yucatán y Honduras Británica.
Su situación geográfica e importancia económica resultado del usufructo de los
recursos existentes en la zona, las formas de producción, las relaciones sociales y la división del
trabajo, la vincularon comercialmente con la ciudad-puerto de Belice y otras zonas del mercado
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mundial. También se incluyen aspectos como la emigración y la inmigración, las sublevaciones
o la autonomía de ciertas comunidades. Intrínsecamente, el intercambio cultural que resulta de
esta movilización de personas a través de los límites territoriales. Así, el ejercicio de la
jurisdicción territorial y la búsqueda de adscripción de la población por parte de las
autoridades, son elementos que dependerán de la fuerza y condiciones en que se encuentren las
variables antes mencionadas.
La región como historia nos puede proporcionar ciertas características sociales,
políticas, económicas o culturales. Es decir, los matices de organización al interior de una
comunidad y sus relaciones con otras que se encuentren adyacentes. Por tanto, el espacio de
influencia o de control se convierte en un ámbito territorial y de la esfera de acción de los
integrantes de cada comunidad. Comprender cómo es que se presenta históricamente el
control territorial de una porción de tierra se puede ejercer con el establecimiento de un
asentamiento, en el cual existan pobladores o sujetos sometidos a la autoridad y leyes de una
organización político-social, o comunidad organizada. Más allá de las cuestiones antes
señaladas, las relaciones económicas nos permiten establecer la construcción de un espacio,
delimitado territorialmente y por un sistema regulado socialmente (Van Young, 1991: 101-102).
Pero al mismo tiempo, consideramos que se ejerce un vínculo en virtud del sistema de
producción, de intercambio o de la división internacional del trabajo predominante en las
relaciones internacionales que, como veremos para el espacio que nos ocupa, se trata de la
inserción comercial al mercado mundial.
Con el establecimiento de monterías de extracción y exportación de maderas tintóreas,
preciosas y duras, la constitución de campamentos con hatos chicleros y la construcción de
algunas fincas, haciendas o estancias para llevar a cabo el usufructo de los vastos bosques y
terrenos, se utilizó un sistema de concesiones. Un rasgo característico que nuestra región de
estudio presentó con respecto a otras zonas del sureste mexicano fue el enganche de
trabajadores, que proporcionó la mano de obra requerida para la explotación que nutrió la
exportación de recursos forestales y maderables. Por sus características geográficas y existencia
de recursos naturales, estas relaciones laborales fueron necesarias y permitidas. Las
exportaciones mexicanas de maderas en la zona cesaron a partir de la segunda mitad del siglo
XIX. Los constantes intentos de los comerciantes interesados en este negocio fueron
infructuosos, aparentemente, pues solamente los pueblos mayas sublevados y pacíficos,
permitieron a los madereros-comerciantes ingleses aprovechar el usufructo de los bosques. De
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ahí las diferencias históricas, económicas y sociales con respecto a otras regiones fronterizas
del país, como Baja California.
Al situar la investigación en una mirada regional, la problemática esencial de la costa
oriental es su carácter de frontera-frente, frontera-límite y frontera-forestal. El primero por ser
una zona amplia, móvil, indefinida, violenta, insalubre o semidespoblada, un frontier susceptible
a los proyectos civilizatorios de ocupación y control territorial para su inserción al Estado.
Frederick Jackson Turner (1893), acuñó el término frontier en el siglo XIX, con base en
argumentos de establecer una zona de colonización-expansión con preceptos ideológicos
como el racismo, presenta pretensiones territoriales sobre zonas que se consideran vacías. El
estudio de Rosa Torras (2012: 12) sobre la región de Palizada, Tabasco, señala que el concepto
de frontera en el siglo XIX se consideró a partir de los proyectos “civilizatorios colonialistas”
para controlar o conquistar esa zona “violenta”, “insalubre”, “despoblada” y “rica en recursos”
con el fin de incorporarla a los imperios o los Estados en formación.
El segundo al ser un espacio limítrofe, de lindero o border, en donde se establece una
línea política e imaginaria que divide dos entidades o países, papel representado por el río
Hondo. El borde, nos dice Jan De Vos (1993: 13), es un aspecto importante para la
conformación y consolidación del Estado liberal moderno, pues establece el límite de su
organización y jurisdicción interna y marca la diferenciación con los demás estados del sistema
internacional. Por su parte Roger Bartra (1987: 15) señala que los bordes políticos son
entonces esas líneas imaginarias que son plasmadas en los mapas y/o planos, que pueden ser
resultado de guerras, expansiones, conquistas o tratados. Esas líneas negras dibujadas en los
mapas políticos como cicatrices de guerra, conquista o de la violencia de un estado sobre otro.
El tercero lo consideramos por ser un área de confrontación comercial entre el empresariado
establecido en la República mexicana y los madereros-comerciantes de Honduras Británicas
por el usufructo de los vastos bosques y sus ricos recursos forestales, así como para la
atracción o enganche de fuerza de trabajo.
Entonces tenemos la imbricación entre la jurisdicción territorial que ejercieron el
gobierno mexicano y los líderes mayas santacruzanos y chichanhás-icaichés, así como las
acciones de las compañías deslindadoras, sociedades forestales y los madereros furtivos
nacionales y extranjeros. Esta convergencia de actores e intereses generó conflictos, diferendos
y rivalidades comerciales, como veremos en los capítulos posteriores. Estos elementos
simbólicos nos permiten identificar la dinámica económica y las relaciones entre todos los
actores involucrados. Tal como lo apunta Rodolfo Fernández (1992: 31), los símbolos como
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parte del análisis regional y una reflexión de la manera en que el territorio –espacio de
relaciones sociales a partir del medio físico- incide en la “construcción de las
intersubjetividades compartidas” de los actores. Por su parte Andrés Fábregas (1999: 44) anota
el vínculo del tiempo y el espacio con la sociedad, el medio y la historia para el establecimiento
de una estructura propia, es decir símbolos de identidad que “recuperan y unifican la vivencia
compartida”. Además, como espacio de frontera, las implicaciones políticas, esta extensa franja
forestal es un espacio donde encontramos rivalidades comerciales de diversos grupos
económicos, entre los que podemos mencionar a los líderes mayas santacruzanos y
chichanhás-icaichés, los madereros-comerciantes británicos y nuestro objeto de estudio, el
empresariado, las compañías deslindadoras y las sociedades forestales constituidas para llevar a
cabo la empresa de extracción forestal.
En el mismo se presentó una pugna por ejercer el control territorial y la soberanía, pues
el gobierno mexicano mantuvo la percepción de un semidespoblado, susceptible a la
colonización. Lo cual le obligó a establecer, lo que Antoinette Nelken-Terner (1997: 148-166)
ha denominado, “marcadores de soberanía” de carácter rígido o móvil. A partir de procesos
histórico-jurídicos, las fronteras pueden ser rígidas y móviles, por tanto los dichos marcadores
se constituyen por medio de la existencia de construcciones, murallas o fortines, elementos
“rígidos”. Asimismo, las naves o pabellones, como aspectos “móviles”, permiten llevar la
soberanía nacional a los puntos donde no hay fortificaciones o asentamientos, que fingen
como un punto limítrofe. En cuanto a los marcadores móviles, el mejor ejemplo de este tipo
fue el caso de embarcaciones como el pontón “Chetumal” que fungió en primera instancia
como un resguardo aduanal-militar en la bahía del mismo nombre y en el río Hondo. Por
tanto, consideramos que se tornó necesario para una ejercer una efectiva jurisdicción de la
autoridad mexicana establecer referencias geoeconómicas para justificar el control territorial
hasta el río Hondo, un espacio terrestre y marítimo que se consideró propio. Esta situación
prevaleció durante tres momentos: 1) La década de 1890 con la firma del Tratado Mariscal-St.
John. 2) La primera década del siglo XX con la pacificación de la guerra social de los mayas. 3)
El periodo entre 1910 y 1930 con la presencia de un nuevo régimen político.
En ese sentido, para efectos de nuestra investigación histórica consideramos que el
estado mexicano -porfiriano, constitucionalista-posrevolucionario- instrumentó y fortaleció un
sistema de concesiones que benefició al capital privado y permitió establecer paulatinamente
marcadores económicos de soberanía por medio de la intervención de empresarios y
sociedades. Partiendo de la noción de que un sistema, de acuerdo al Diccionario de la lengua
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española, es un conjunto de cosas que relacionadas entre sí contribuyen a un determinado
objetivo y que una concesión es un negocio jurídico a través del que la administración central
cede a una persona o grupo de personas facultades de uso privativo de una pertenencia del
dominio público o la gestión de un servicio público en plazo determinado y bajo ciertas
condiciones (Diccionario de la legua española, 2001). Nuestra concepción del sistema de
concesiones es un conjunto de los siguientes elementos: 1) La existencia de vastas tierras y
ricos recursos naturales y materias primas para su transformación. 2) Un régimen estable que
trató de proporcionar condiciones idóneas para el establecimiento de un mercado regional y su
vinculación a la economía mundial, en especial para el establecimiento de rutas marítimas,
facilidades para la construcción de puertos y las franquicias aduanales para la importación de
insumos y alimentos, principalmente de Belice. 3) El andamiaje jurídico en materia de deslinde,
colonización y explotación forestal, como la Constitución de 1857, Ley sobre Ocupación y
Enajenación de Terrenos Baldíos (20-jul.-1863), la Ley de colonización (15-dic.-1883), los
códigos de comercio (15-abr.-1884 y 15-sep.-1889), la Ley sobre Ocupación y Enajenación de
Terrenos Baldíos (26-mar.-1894) y los reglamentos para la Explotación de los Bosques y
Terrenos Baldíos y Nacionales (1-oct.-1864 y 1-oct.-1894), el decreto federal que reservó los
bosques de la costa oriental (4-sep.-1895), la ley Porfirio de Díaz (6-jun.-1896), hasta la
Constitución de 1917. 4) El escenario económico propicio para que el empresariado y las
empresas, su inversión y los medios para generar la acumulación de capital, para el desarrollo
de negocios y usufructo de los recursos.
Este sistema de grandes concesiones fueron otorgadas a personajes relacionados
directamente con funcionarios de alto nivel del gobierno, en primera instancia al régimen
porfiriano y posteriormente al gobierno constitucionalista-posrevolucionario. Existieron de
deslinde, que fomentaron la privatización de vastas tierras a cambio de precios bajos y con
facilidades de pago. Así como también, forestales que en la mayoría de las veces permitió
durante periodos de hasta 10 años la explotación de enormes bosques nacionales por parte del
empresariado y las empresas. En otros casos, como veremos más adelante, fueron autorizados
concesiones de deslinde y de explotación forestal en el mismo terreno. Igualmente se
comprometieron a atraer fuerza de trabajo, población sujeta a la autoridad nacional para
ocupar el semidespoblado, la construcción de infraestructura en comunicaciones, el
fortalecimiento de circuitos comerciales y el pago de impuestos al erario público. Es así que, en
nuestra región de frontera-forestal existe una sinergia entre las autorizaciones para el deslinde
de tierras baldías, los permisos para la explotación forestal y el establecimiento de marcadores
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económicos de soberanía. Ello en virtud de que las concesiones se fueron extendiendo -
movilizando- en los terrenos y bosques nacionales adyacentes al borde del río Hondo y
próximos a la zona bajo control de los pueblos mayas sublevados.
Al no contar el gobierno porfiriano con el pleno control económico y territorial de
toda la República mexicana, así como establecer el escenario idóneo para el desarrollo del
empresariado y las empresas, las inversiones nacionales y extranjera demoraron en la región de
estudio. Es decir, la modernidad y el progreso de fines del siglo XIX caracterizado en el
desarrollo de las vías férreas no se extendieron a la región, incluso hasta nuestros días, a pesar
de los varios intentos por lograr ello. Podemos establecer que este proceso abarcó hasta el
Atlántico mexicano decimonónico, donde se desarrolló la interacción marítima de los
principales puertos como Veracruz, Isla del Carmen, Campeche, Sisal y Progreso.6 Además, la
sinergia existente entre las regiones del Golfo de México y la costa oriental de Yucatán se hace
latente a partir de la apropiación de los espacios semidespoblados con vastas y fértiles tierras,
ricos recursos naturales y costeros. La explotación de recursos forestales, fuese hecha por el
empresariado propietario, las empresas o sociedades forestales, constituyó la oportunidad para
exportar materias primas y aprovechar los circuitos comerciales de maderas tintóreas, preciosas
y resinas, fueron establecidas rutas marítimas. Pero este proceso se vio entorpecido por varios
aspectos sociales, políticos y económicos que caracterizaron nuestra zona de estudio. Muestra
de ello la podemos identificar en la problemática que enfrentaron las autoridades y los
capitalistas con el escaso desarrollo, lo ineficiente de las políticas del gobierno mexicano para
impulsar la marina mercante nacional en la zona y la falta de una representación mexicana en la
ciudad-puerto de Belice (Macías Zapata, 1997: 116.). Ello generó un aparente abandono u
olvido de zonas como Bacalar o las islas de Cozumel y de Mujeres, en el Caribe mexicano.
En ese sentido, consideramos que la costa oriental y sus vastas tierras se constituyen
como un espacio para reconstruir el accionar del empresariado y las empresas constituidas en
la época, las acciones del Estado mexicano como interventor de la economía, protector del
mercado y promotor de la industria. Todo ello para reafirmar su soberanía territorial. En este
sentido coincidimos con Eric Van Young (1992: 105-106), pues en nuestra región de estudio
convergen una serie de relaciones económicas, políticas y sociales entre los diversos sujetos
que interactúan en ella. Al mismo tiempo, éstas se multiplicaron para alimentar los vínculos
6 La construcción de esta zona es el resultado de la conectividad con las redes fluviales, las condiciones propicias a
la entrada de barcos de poco calado y la necesaria adaptación de la infraestructura portuaria que esta nueva etapa
de la economía mexicana experimentó durante la era porfiriana. Con ello, la viabilidad para el intercambio
comercial o el establecimiento de circuitos comerciales de las actividades agrícolas, la existencia de recursos
naturales y la existencia de poblados o centros urbanos (Trujillo, 2005: 18-23).
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comerciales que nutren los mercados locales, regionales e internacionales. Aspecto que se
reproduce hasta inicios dela década de 1930.
Y, precisamente, la explotación comercial de los bosques fue la actividad productiva
que caracterizó las relaciones en la costa oriental. Siguiendo a Eric Van Young (1991: 106-107),
este espacio puede ser caracterizado por medio del modelo de “olla de presión”. Al interior
distinguido por una compleja y polarizada situación de las estructuras internas, en virtud de que
las relaciones sociales se desarrollan entre los puestos jerárquicos y la fuerza de trabajo
enganchadas, la existencia de intermediarios o contratistas, los créditos y adelantos para la
actividad extractiva de temporal o los contratos de explotación y comercialización. Al respecto,
las economías y sociedades regionales mexicanas presentan diferencias entre sí, de
conformidad con sus nexos a los mercados internos o externos. Pero también, consideramos
que se trata de una región periférica, un espacio que se ligó en mayor instancia a los mercados
externos, tanto por ser los demandantes y receptores de los recursos exportados, como por ser
la fuente de gran parte de la mano de obra que se utilizó en este proceso. Con la existencia de
centros urbanos emplazados fuera de la región, a excepción de la ciudad-puerto de Belice, el
más próximo, pues los demás se establecieron en Mérida, Progreso y la ciudad de México, de
acuerdo a la presencia de las unidades productivas o empresas nacionales y extranjeras que
llevaron a cabo el proceso de extracción de los recursos naturales.
De ahí la necesidad de establecer de construir el espacio propicio para aprovechar la
proximidad a subsistemas regionales como el Golfo de México, el Mar Caribe, el Istmo
Centroamericano, Norteamérica y Europa. En virtud de que la zona manifestó una precaria
presencia de puntos de embarque, pues prácticamente el puerto de Bacalar, enclavado en la
laguna y en conexión con el río Hondo y la bahía de Chetumal, fue el único por mucho
tiempo. Un área que desde la década de 1720 se perfiló como el border de la jurisdicción
española con el establecimiento de una fortificación como un marcador de soberanía ante el
expansionismo de los piratas-cortadores de palo de tinte ingleses. La ocupación con
inmigrantes de regiones con clima de características similares a la zona, como fueron
labradores de las Islas Canarias, hábiles tabacaleros cubanos y portorriqueños, diestros
chicleros tuxpeños o trabajadores beliceños. Con ello incentivar la economía a través de
actividades extractivas de recursos forestales. Como veremos a lo largo de la presente
investigación, en las dos última décadas del siglo XIX se incentivó la presencia de agentes
económicos que constituyeron lugares de importancia comercial como El Cuyo, el puerto de
Morelos (hoy Puerto Morelos), San Miguel de Cozumel, playa El Carmen (hoy Playa del
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Carmen), asentamientos como Santa María (hoy Leona Vicario), la Vega de San José y
Nichupté (cerca de Cancún), Moctezuma, Solferino o campamentos como Aguas Blancas,
Xcopen, entre otros. Muchos de éstos se comunicaron con vías férreas portátiles, líneas
telegráficas, que fueron dispuestas a medida que la explotación forestal lo requirió, brechas o
veredas, caminos de herradura para las arrias chicleras y el río Hondo.
Consideramos pertinente resaltar algunas nociones para entender ciertas características que
hemos identificado para comprender el entorno fronterizo de la costa oriental y la creación del
borde en las márgenes del río Hondo. En primera instancia podemos señalar que el borde
sureste mexicano posee una extensión de mil 838 kilómetros. De estos, 962 kilómetros son los
límites con Guatemala y 166 kilómetros corresponden a la división territorial con Belice. Para
nuestra región de estudio, es necesario resaltar su situación como un espacio semidespoblado.
Esta noción la consideramos a partir de la escasa población existente entre los ríos Lagartos y
Hondo, más de 50 mil kilómetros cuadrados de extensión territorial. Por ejemplo, en el censo
de 1900 se registró que para la costa oriental de Yucatán una población de más de tres mil
habitantes (3,572 hs) en las municipalidades de Río Lagartos, Isla Mujeres, Cozumel, El Cuyo,
Holbox y la Vega de San José. Lo que significó una baja densidad de población (0.07 hs por
km2). Para el año de 1903, en el Territorio de Quintana Roo se contabilizó una población de
más de cuatro mil personas (4,017 hs), junto con alrededor de cuatro mil efectivos militares
(4,093 soldados). La densidad de población se incrementó mínimamente (0.08 hs por km2).7
Cabe destacar que en estos dos conteos no fue considerada la población maya dispersa en la
zona, pues existen variaciones en los pobladores de Noh Cah Santa Cruz Balam Na o Chan
Santa Cruz (hoy Felipe Carrillo Puerto). Para mediados del siglo XIX se ha estimado que las
huestes de la guerra social de los mayas estaban integradas entre cien mil y ciento cincuenta mil
indígenas y mestizos. Los chichanhás que fueron desplazados hacia Icaiché se contabilizan
alrededor de ocho mil. Para inicios del siglo XX, se estimó que el bastión santacruzano tuvo
entre dos mil y cinco mil habitantes y para la segunda mitad de la década de 1910, se reportó
en Santa Cruz de Bravo (Felipe Carrillo Puerto) una población de alrededor de cinco mil
7 División Territorial de la República Mexicana formada con los datos del censo verificado el 28 de octubre de 1900, 1900, pp. 50.
Archivo General de la Nación (AGN). Gobernación (G). Sin Sección (S/S). caja 767. exp. 1. Informe administrativo
rendido a la Secretaría de Gobernación, por el Jefe Política del Territorio de Quintana Roo, Gral. José M. de la Vega.
Campamento Vega. 30 de noviembre de 1903. f. 11.
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mayas. El censo general de población de 1921 reportó casi siete mil habitantes (6,966 hs) en
todo el territorio quintanarroense. 8
Esta aparente desocupación del espacio fue uno de los aspectos que dieron la pauta
para la participación del empresariado y las empresas en el proceso de deslinde de terrenos
baldíos, la explotación de recursos forestales y fomentar la ocupación del semidespoblado, así
fortalecer el control económico y territorial. Desde la época colonial hasta el siglo XIX, la
existencia de población seminómada nos permite percibir que no hubo “vacíos humanos”
(César y Arnaiz, 1984: 48). Pero como ya dimos cuenta, la densidad de población no era lo
suficiente para aprovechar los vastos terrenos y sobre todo los ricos recursos forestales. En el
Mapa 1, plasmamos que los extensos bosques de la costa oriental de Yucatán, pero que se
caracterizó por ser una zona de huida y con poca población sujeta a la autoridad mexicana.
Pero la percepción vigente durante la época colonial resultado de la existencia de una
única villa y “última fortaleza” que representó Bacalar desde finales del siglo XVII, como la
frontera suroriental de la Nueva España. 9 Hasta la toma de esta villa por los mayas sublevados
en 1848 y 1858. Condición que fue una constante en la zona que abarcó desde el noroeste de la
península de Yucatán hasta el río Hondo se designó por las autoridades gubernamentales como
“desierto”, “vacío” o “despoblado”, a pesar de la existencia de varias comunidades mayas que
huyeron a la zona o la selva rebelde. La zona tuvo fama de ser “salvaje” e intocable para el
hombre “blanco”. Este no fue sólo un señalamiento en los mapas de la porción oriental de la
península de Yucatán, se consolidó como un “concepto ideológico” que calificó a esta zona de
más de cincuenta mil kilómetros cuadrados (Reed, 1971: 230-231; De Vos, 1988: 10, 1993: 55-
60; Ramayo, 1996: 95; Macías Zapata, 2002: 217; Bracamonte, 2004: 51-53; Castillo, Toussaint
y Vázquez, 2006: 21; Dumond, 2005: 81; Sweeney, 2006: 166). Cabe decir que en ese entorno
de la delimitación territorial mexicana fue considerada, inclusive desde siglos atrás, como un
espacio que careció de asentamientos poblacionales de españoles o criollos desde la colonia,
“concepto ideológico” y percepción por parte del Estado que pretendió impulsar al país a la
8 Para 1901, el viajero Karl Sapper calculó de 1,500 a 3,000 mayas en Santa Cruz cuando la campaña del general
Bravo arribó a la población. Para 1902, Nelson Reed señaló que en Santa Cruz de Bravo había 4,000 habitantes.
El mismo Sapper señalo que en 1904 no pasaban de 800. En 1907 se reportó la cantidad de 2,258 habitantes en la
capital maya (Reed, 1971: 240; González, 1974: 33; Ramayo, 2013; 36).
9 En el año de 1544 se fundó la villa de Bacalar, adyacente a la laguna de mismo nombre, como el último bastión
español en contra de la resistencia de los pobladores mayas y el acoso de los piratas ingleses. Durante el siguiente
siglo fue escenario de sublevaciones y de la “resistencia indígena”. Las autoridades españolas trataron de refundar
la población, de hecho unos monjes franciscanos fundaron la iglesia de San Jacinto de Bacalar y la milicia
novohispana construyó el fuerte de San Felipe de Bacalar. En 1762, el entonces gobernador de Yucatán, Antonio
de Figueroa impulso el “repoblamiento” de dicha villa, con el propósito de hacer frente a los piratas ingleses
(Bracamonte y Solís, 2003: 439-440; Espinosa, 2010: 38).
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“modernidad”, que persistió hasta el periodo de la institucionalización de la revolución
mexicana (Bracamonte, 2004: 52-53; Joseph y Wells, 2011: 442).
De ahí que para efectos de nuestra investigación, consideramos a la región de la costa
oriental como un semidespoblado, en términos del ejercicio de la jurisdicción territorial
mexicana. Situación que perduró a finales de la década de 1870, a pesar de la paulatina
inserción de empresarios, la diversificación de productos de exportación para comercializar en
el mercado internacional como materias primas, el enganche de fuerza de trabajo temporal y el
nulo interés por parte de las empresas colonizadoras y forestales de fraccionar los terrenos.
Incluso, aún para mediados de la década de 1930 podemos observar este semidespoblado
debido a que el sistema de enganche utilizado, las precarias condiciones laborales y la falta de
fraccionamiento de tierras no permitieron la permanencia de la mayor parte de la fuerza de
trabajo. El lento avance territorial del empresariado hacia la costa oriental puede ser
considerado en términos de apropiación de ciertas tierras propicias para el cultivo de henequén
y caña de azúcar. Así como también, la renta de bosques para el usufructo de recursos
forestales (Véase Mapa 1). Las expresiones de algunos diarios capitalinos de la época, que
señalan la existencia bosques casi vírgenes en la “rica costa oriental” del Estado de Yucatán,
con maderas preciosas y de construcción que no habían sido explotadas en virtud de la
resistencia de los mayas sublevados.10 Una región de oportunidad susceptible para el
establecimiento de asentamientos clandestinos en la extensa franja forestal hasta el río Hondo.
Pero es necesario cuestionarnos: ¿Por qué fue importante ejercer el control económico
y territorial en la costa oriental de Yucatán? Desde finales del siglo XVIII, con el advenimiento
de la revolución industrial, esta región se manifestó como proveedora de materias primas para
la pujante industria textil europea. Siendo el palo de tinte uno de los colorantes más
demandados, incluso hasta la primera década del siglo XX. La extracción de la resina del árbol
del chicozapote (Manilkara zapota o Achras zapota) y la preparación del chicle fue la siguiente
materia prima de exportación durante las décadas de 1920 y 1930. En la coyuntura que dio
inicio con la pax porfiriana y que continuó con las administraciones constitucionalistas-
posrevolucionarias, se buscó aprovechar las zonas que podían ser fuente de materias primas
para el mercado mundial, como el henequén, las maderas, extractos tintóreos, el caucho y el
chicle del sureste mexicano (Rosenzweig, 1965: 420-422; Contreras, 1990; Millet, 1990: 21-44;
Vadillo, 2003: 304-318). En ese sentido, la territorialidad jugó un papel importante en la
apropiación de los vastos terrenos de nuestra zona de estudio, para desarrollar las actividades
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Mapa 1
Semidespoblado y recursos forestales en la península de Yucatán (Siglo XIX)
Fuente: Elaboración propia con información de Mauricio Aceves (1976); Gabriel Macías (2002: 35); Martha
Villalobos (2006: 28).
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Estos asentamientos se constituyeron como centros de población conformados por la
fuerza de trabajo enganchada, que paulatinamente conformó la escasa población adscrita a la
autoridad mexicana, ante la existencia de las comunidades mayas rebeldes-sustraídas y de la
expansión de los madereros ingleses establecidos en la ciudad-puerto de Belice, Honduras
Británica. Todo este proceso se sustentó en el andamiaje jurídico creado desde los primero
años de independencia de México, como lo podemos observar en el ANEXO I. Estas
legislaciones nacionales y locales estuvieron dirigidas a fomentar la colonización de espacios
semidespoblados, como la costa oriental, e incrementar el aprovechamiento de los bosques. En
cuanto nuestra zona de estudio, se optó por incentivar el establecimiento de monterías y el
desarrollo de negociaciones forestales.
De acuerdo a la noción de colonización de Luis Aboites (1995: 13), podemos
considerar la ocupación del semidespoblado de la costa oriental con población que provino de
una comunidad o sociedad, de un estado “hegemónico o conquistador” en un territorio o
terreno que o está sujeto a la jurisdicción o soberanía de esta comunidad o estado. En ese
sentido, podemos señalar que la colonización esta “ligada a la propiedad de los medios de
producción”, que en este caso es la tierra, como lo señala Juan Preciado (citado en Fort, 1979:
12). La colonización se halla ligada a la propiedad de los medios de producción, para
constituirse como una válvula de escape ante la demanda de empleo, pues otorgaría la dotación
de medios de producción, como la tierra. Respecto a este proceso, Luis Aboites (1995: 14-16)
señala que la colonización es: “una empresa gubernamental interesada en trasladar pobladores
hacia partes del territorio de una manera inducida o artificial”. Siguiendo a este autor,
entendemos por colonización al movimiento artificial de población, preferentemente agraria,
promovido por la autoridad con el objeto de ocupar “tierras vacías”. Además, señala que su
concepción de colonización responde más a una perspectiva de análisis de las relaciones entre
Estado y sociedad, en lugar de Estado y territorio (vacío o sin jurisdicción o soberanía), es
decir, otorga a la colonización el carácter de “respuesta del poder público ante un problema
social que ante un problema territorial (político)”. Un movimiento de población dirigida o
incentivada por la autoridad a través del uso de la tierra. Pero al mismo tiempo, la inmigración
también puede ser un “movimiento espontáneo”, o no organizado, mediante el cual, grupos de
individuos deciden cambiar de lugar o residencia por diversas razones (económicas, religiosas),
sin que el gobierno interviniera en la instrumentación del movimiento demográfico.
La población que se movilizó a nuestra región de estudio se compuso por inmigrantes
extranjeros y trabajadores enganchados. Como veremos más adelante, los primeros fueron
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algunos canarios, cubanos y portorriqueños. En cuanto a los segundo, princip almente se trató
de los chicleros tuxpeños que solamente radicaban por temporadas. Pero todos fueron
movilizados por los empresarios y empresas establecidas en los bosques. Como parte de una
estrategia económica y como medio para fomentar la ocupación de un territorio
semidespoblado. Aspecto que vendría aparentemente a fortalecerse con la habilitación de
terrenos baldíos y la ocupación de los mismos por medio de las compañías autorizadas para
ello. Por las condiciones de la región se fomentó el establecimiento de sociedades forestales.
Los únicos beneficiados fueron los grandes capitales y los gestores que se apoderaron de las
mejores tierras y en oposición al fraccionamiento, fortaleciendo el latifundismo y el
arrendamiento de los bosques.
La mayoría de estos proyectos se propiciaron a partir de contratos realizados entre
particulares y autoridades el gobierno federal y estatal. Ejemplo de ello, es la participación de
un personaje que seguimos detenidamente, como lo fue Felipe Ibarra Ortoll y su Agencia de
Inmigración para los estados de Yucatán y Campeche, negocio en el que buscó el enganche de
colonos provenientes de las Islas Canarias y alguna otra región con condiciones climáticas
similares a la península yucateca. Sobresale también otro protagonista como sucedió con
Manuel J. Sierra Méndez, quien se abocó a trasladar canarios a la isla de Cozumel o beliceños
para llevar a cabo los trabajos de la Compañía de los Ferrocarriles Sud-Orientales en Yucatán.
El caso de Faustino Martínez, que hizo intentos por instalar inmigrantes cubanos y
portorriqueños como fuerza de trabajo para las fincas y monterías en los terrenos que le
concedió el gobierno federal mexicano. Siendo la movilización de chicleros tuxpeños la más
representativa para las actividades de extracción que caracterizó la zona, aunque éstos
permanecieron de manera temporal.
Este proceso de atracción o enganche de población extranjera, con base en las
condiciones del capitalismo liberal y el sistema de concesiones, coadyuvó al establecimiento de
negocios para la extracción de maderas. Siendo apremiante consolidar esta condición en la
franja forestal fronteriza del río Hondo, donde se acordó con Gran Bretaña en junio de 1893 el
borde político, el límite geográfico entre los territorios mexicano e inglés. Una vasta zona
fronteriza que estuvo bajo el control territorial de las comunidades mayas sustraídas desde
mediados del siglo XIX, las cuales entablaron mejores relaciones políticas y comerciales con los
madereros-comerciantes ingleses. Situación que posibilitó la expansión de las actividades
extractivas de éstos últimos en la franja forestal fronteriza del río Hondo y dificultó el proceso
de territorialidad de la República mexicana.
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Con todo, nuestra propuesta es diferenciar que en la costa oriental de Yuc atán como
una región de frontera forestal, un espacio semidespoblado susceptible a los proyectos de
colonización que fue inducido por parte de las autoridades mexicanas y compañías de
particulares. Una inmigración de pobladores extranjeros, o la movilización de nacionales, que
coadyuvaría en el proceso de territorialidad necesario para contar con una población adscrita al
gobierno de la República mexicana, que permitiera extender su jurisdicción y control territorial.
Así como también, proveer de fuerza de trabajo necesaria para las actividades productivas de la
economía nacional, en especial las agrícolas y extractivas. Por estas mismas condiciones
económicas, el arraigo de los trabajadores enganchados fue nulo. Entendemos entonces que a
pesar de la existencia de los preceptos constitucionales en materia laboral desde 1917, la
situación de los peones, jornaleros en Quintana Roo continuó hasta mediados de la década de
1930, con la instauración de las cooperativas chicleras y agrícolas que permitieron la
intervención de la fuerza de trabajo en el proceso de comercialización de la resina. Así como la
participación del Estado en el establecimiento del precio y el incentivo al circuito comercial de
la materia prima.
Hasta mediados del siglo XIX, la elaboración de mapas estuvo vinculada más a cuestiones
militares que económicas. Es a partir de la década de 1850 que la necesidad de instrumentar de
mejor manera los proyectos económicos para incentivar la inversión, promover la colonización
e incrementar la promoción económica de la República mexicana. Con la creación del
Ministerio de Fomento en 1853, una de las principales preocupaciones del gobierno fue la
aplicación de la “ingeniería geográfica” con el propósito de asociar la geografía con las
reformas liberales. Este proceso requirió, además de la legislación, decretos y escritos, estar
plasmado en papel de manera gráfica y así contar con un “escenario geográfico-topográfico”.11
Con ello, observamos la necesidad de contar con profesionales y técnicos que llevasen a cabo
las actividades para plasmar en los mapas las características de la nación mexicana, la división
política, la orografía, las fuentes acuíferas y fluviales, las características de los suelos, las
existencias de recursos naturales, entre otros aspectos. Igualmente, como veremos adelante,
11 El mapeo del territorio mexicano data desde la época colonial, pues los ingenieros militares novohispanos
elaboraron la cartografía de defensa de la vasta superficie territorial y del extenso litoral. Además, identificaron las
provincias y sus límites, las montañas, bosques, ríos y lagunas. Se indicaron características como el clima, los
recursos naturales (minerales, vegetales y animales), la industria y el comercio, montes, valles, ríos navegables, así
como los puntos donde era necesario edificar nuevas construcciones de defensa e industria (Mendoza, 2000: 91-
107).
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estos profesionales coadyuvarán con los primeros pasos del apeo, deslinde y habilitación de la
gran riqueza nacional, la tierra.
Esa función la desempeñó en primera instancia el grupo de agrimensores
pertenecientes a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, el club de élite al servicio de
las autoridades mexicanas que apoyó las iniciativas de los gobiernos liberales, se abocó a la
labor de dotar a la nación de mapas geográficos y estadísticos. En enero de 1851 la Sociedad
publicó el interesante Atlas y Portuario de los Estados Unidos Mexicanos, cuyos mapas mostraron
“cambios en la representación” de algunas regiones particulares, como los estados de los
estados de Guanajuato, Michoacán, Sonora, Sinaloa y zonas fronterizas como las penínsulas de
Baja California al norte y la de Yucatán en el sureste. En medio de la contienda político-bélica
entre liberales y conservadores, fueron publicadas las obras de otro miembro de la Sociedad, el
ingeniero Antonio García Cubas, quien dio a conocer la Carta general de la República Mexicana
(1857) y el Atlas geográfico, estadístico e histórico de la República Mexicana (1856-1858), ambas
contribuciones fueron acogidos favorablemente por los socios de la Sociedad. 12 Fue a partir de
este periodo que el proceso para la identificación y el fraccionamiento de los terrenos baldíos
requirió estar plasmado en papel, poseer un mayor conocimiento de las tierras nacionales, así
poder definir de una manera clara y científica su ubicación, su habilitación y apeo.
Durante las últimas décadas del siglo XIX, el gobierno mexicano se abocó a “rectificar
y remodelar la imagen del país”. Ello con el objeto de atraer a los inversionistas extranjeros
mostrándoles las “riquezas fabulosas” del vasto territorio de la República mexicana. Los
trabajos cartográficos de García Cubas fueron integrados a la “propaganda” para la apertura
económica y el desarrollo, pues al contar con un mejor conocimiento del país, tanto en el
interior como en el exterior, se contó con una impresión rápida de los sectores productivos, las
regiones geográficas y los recursos naturales. Se mostró al mundo capitalista la “radiografía”
económica y social del extenso territorio mexicano decimonónico.13
12 Los antecedentes de esta Sociedad se remontan al 18 de abril de 1833, fecha en que se constituyó el Instituto
Nacional de Geografía y Estadística vigente hasta el año de 1839. Al constituirse el 20 de diciembre de 1849, la
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, fue soporte del gobierno de Valentín Gómez Farías. Antonio
García Cubas ingresó a la Sociedad a la edad de 24 años como socio honorario. Para este ingeniero los mapas de
su Atlas podrían apoyar «la realización de los grandes proyectos» de la Reforma liberal (Craib, 2000: 150;
Mendoza, 2000: 103-107; Rebert, 2000: 113).
13 Las once cartas temáticas del Atlas pintoresco e histórico de los Estados Unidos (1885), proporcionaron un
panorama de la política, la etnografía, las religiones, las vías de comunicación, la instrucción pública, la orografía,
la agricultura, la minería, la arqueología y la historia del país. En 1886, García Cubas publicó la edición del Atlas
Geográfico y Estadístico de los Estados Unidos Mexicano, en la cual ofreció, además de los mapas de cada uno
de los estados y territorios de la República mexicana, una descripción escrita en español, inglés y francés con
varias características geográficas y estadísticas de cada una de las entidades políticas del país, como clima, límites,
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La necesidad de contrarrestar los efectos producidos por la inestabilidad y anarquía
política comenzó a superarse a partir de la segunda mitad de la década de 1850. Momento en
que al diversificar la economía nacional y obtener recursos para liquidar la deuda pública se
propició los “adelantos” en los ámbitos mercantil, crediticio y en negocios como la
colonización y la apropiación de la tierra. Los “patrones de crecimiento económico” como la
ocupación de tierras improductivas, el desarrollo de vías de comunicación y medios de
transporte o la multiplicación de firmas y empresas caracterizaron el periodo de la pax
porfiriana. Pero al mismo tiempo, alimentó una estructura piramidal social, cuya parte superior
estuvo ocupada por unos cuantos inversionistas. En la parte media se encontraba un numeroso
grupo que no eran ni ricos ni pobres. La “anchísima y de escasa altura” base estuvo
conformada por la “gran masa de los pobres”, sin aspiraciones de ascenso social. Pero esta
estructura piramidal tenía aparentemente la posibilidad de ser escalada por aquellos que se
beneficiaran de la “lluvia fertilizante” que permea por la estratificación, lo que proporciona la
noción de poder acceder de una manera fácil a la cúspide y a la riqueza (Cosío, 1973: 130;
Ludlow, 2001: 21).
Este proceso caracterizó a la economía de finales del siglo XIX e inicios del XX, donde
un reducido grupo oligarca se colocó por encima de la clase media y la gran inmensidad de
peones, campesinos, obreros, jornaleros y pobres. Esta base social no tuvo acceso a la
propiedad de los medios de producción, pero sí fue parte fundamental para producir la riqueza
del pequeño sector ubicado en la punta de la pirámide social. Es así que, el capitalismo liberal
de corte porfiriano persiguió la obtención de beneficios y la acumulación de excedentes en
forma de capital. Las relaciones sociales se supeditan al mercado, por lo que la regla básica
consiste en acumular o perecer (Collado, 1987. 45; Wallerstein, 2001: 159; González, 2004:
668).
En ese sentido, el liberalismo como ideología de la economía-mundo capitalista,
perspectiva política, social, pero en esencia económica, es generar el aparato de estado que
garantice la acumulación de capital, el máximo fin de la economía-mundo capitalista liberal.
Aunque no sabemos exactamente el momento en que este empresariado se vinculó con la clase
política, podemos observar que las relaciones comerciales fueron las que facilitaron el
acercamiento a este grupo. Posiblemente estos empresarios ya no dependen de la especulación
de la deuda pública como a inicios de consumación de la independencia mexicana. Lo que sí es
extensión, producción minera, agrícola, ganadera, pesquera, la división administrativa y datos demográficos.
(Mendoza, 2000: 105. -107).
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un hecho es que la precaria situación del erario público y la incapacidad por parte del gobierno
federal de invertir en negocios que consideró importantes para el fortalecimiento o continuidad
de la economía nacional en el mercado mundial.
Los integrantes de la oligarquía económica decimonónica, el grupo de poder, la elite
“adinerada”, las familias prominentes se adaptaron al contexto político, vislumbraron las
oportunidades de negocios y aprovecharon los espacios económicos que se abrieron como
resultado de la emancipación y el ingreso de la economía (precaria) mexicana al mercado
internacional como abastecedor de materias primas y productos de agro-exportación. El
concepto de oligarquía connota aquí la concentración de poder económico y político en grupo
social muy reducido, ligado todavía en gran medida por vínculos tradicionales de parentesco,
amistad y clientelismo. La minoría que domina e impone la reproducción de ciertas relaciones
sociales en una región determinada. Este grupo aprovechó las estructuras preestablecidas en la
colonia y el reacomodo de fuerzas que generó el movimiento de independencia nacional
(Olveda, 1991: 13; Pérez-Rayón, 1995: 18; Valerio, 2003: 66).
Para ello, una condición fue la consolidación de un Estado-Nacional conducido por los
grupos sociales interesados en los sectores productivos idóneos para el mercado mundial “cuya
estructura respondiera a las necesidades de funcionamiento del nuevo tipo de producción para
la exportación” (Cardoso y Pérez, 1976: 193). En los primeros años de independencia de
México, la extracción de la plata se estancó por la precaria situación de la minería, pero el
cultivo de productos como el café, azúcar, tabaco, algodón y henequén se impusieron sobre el
maíz y el frijol. Aunque en la segunda década del siglo XIX, la plata regreso a ser la principal
mercancía de ingreso de remesas. Contexto en el que se presentó el tránsito de los talleres
artesanales a las fábricas textiles que llevaron a cabo una producción en masa. Como señala
Mario Trujillo (2000: 43-142) en el caso de la ciudad de México y las zonas rurales de su
periferia, estas “protofábricas” fueron constituidas con el capital y la visión de los empresarios
del México decimonónico. Empresariado que se conformó con los comerciantes, agiotistas y
aviadores de minas, se puede identificar a Juan Antonio Béistegui, Pío Bermejillo, Antonio
Garay y Martínez del Río Hermanos -casa mercantil panameña-, los españoles Cayetano Rubio,
Isidoro de la Torre, la compañía de Domingo y Pedro Ansoástegui, el comerciante Anselmo
Zurutuza, Manuel Escandón, Eustaquio Barrón, Eduardo M. Keon y Juan Antonio Béistegui.
Las condiciones políticas y económicas de la República mexicana durante sus primeros
cincuenta años de existencia propiciaron la falta de instituciones bancarias y el desarrollo de
una clase empresarial que conformó a partir de la década de 1870 las principales compañías.
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Como ejemplo de ello, Mario Trujillo (2001: 33-34) distingue de tres tipos de empresarios
textiles: “fabricantes-financieros”, “empresariado industrial” y “empresarios-corporativos”, los
que participación en negocios mercantiles y en la “naciente” industria textil que permitió una
importante “acumulación de capitales”, les permitió lucrar en los procesos productivos –
materia prima y manufacturas- y la conformación de un conglomerado de negocios
compuestos por fábricas, casas mercantiles, actividades agrícolas, bancos, bienes raíces y
transporte.
Aunque esta clasificación es utilizada para empresariado textil decimonónico
establecido en la ciudad de México y la periferia, nosotros planteamos la presencia de un
empresariado forestal y corporativo para destacar a los inversionistas que aprovecharon las
oportunidades de negocio en la costa oriental de Yucatán, espacio donde fueron desarrollados
negocios con variadas actividades mercantiles, agroexportadoras, financieras, especulativas,
medios de transporte y propiedades. Como veremos más adelante, algunos de nuestros
personajes centrales realizaron prácticas refaccionarias para la producción henequenera, unos
recurrieron a la explotación forestal para financiar sus actividades agrícolas y otros
constituyeron corporaciones para usufructuar los bosques. A partir de ello, podemos
identificar dos modelos de empresariado: 1) Agrimensor, que estableció sociedades para
aprovechar el sistema de concesiones y realizar la habilitación de terrenos baldíos. 2) Mercantil -
forestal, cuya diversificación de los negocios a través de casas mercantiles y otras sociedades, le
permitió realizar la explotación y comercialización de maderas y algunos productos agrícolas.
Es así que, este empresariado pudo desarrollar empresas comerciales con alcance local,
nacional e internacional, las empresas de importación-exportación que caracterizaron las
sociedades latinoamericanas donde llegaron a intervenir capitales e inversionistas de distintas
nacionalidades, con diversos intereses y negocios en sectores estratégicos, que se sirvieron del
andamiaje legal y para constituir unidades de producción (Cardoso y Pérez, 1976: 279). Tal fue
el caso de la habilitación de los terrenos baldíos y la explotación de recursos forestales pues
recordemos que las concesiones otorgadas por el gobierno mexicano fueron emitidas por dos
motivos. Ya fuese por el incumplimiento de los compromisos financieros de la deuda pública.
O por la estrecha relación existente entre un miembro del grupo económico con alguno de los
funcionarios políticos de alto nivel. Podemos mencionar el monopolio de la producción y
venta del tabaco, la administración de las casas de acuñación o de las aduanas marítimas, la
explotación de salinas o de otros recursos naturales susceptible de ganancia, el deslinde de
baldíos. Todo aquello considerado actividad del Estado. A partir de la década de 1860 que
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fueron reguladas las actividades de habilitación de baldíos y la extracción de recursos forestales
por parte de particulares, se recurrió a la realización de contratos entre la autoridad federal para
legalizar las concesiones. Proceso que se impulsó de mayor manera a partir de la República
Restaurada, se fortaleció durante la era porfiriana y se dio continuidad a partir de la emisión de
la Constitución de 1917.
Durante las cuatro décadas de liberad, orden y progreso, la aparente calma política
conformó lo que Juan Felipe Leal (1991: 65-69) ha denominado el “estado liberal-oligárquico”
o “liberal-totalitario”. A partir de la supuesta la división de poderes, el Estado y el Ejecutivo
eran los rectores de los ámbitos, pero debían establecer una alianza con la naciente burguesía
mexicana que posteriormente ingresaría, además de los negocios, a la política. El fomento a las
actividades económicas y productivas dio lugar a lo expuesto por Luis González (2004: 638-
641) como la conformación de una “elite liberal” integrada por alrededor de una treintena de
personajes. La consolidación de un grupo reducido que se encargó de los negocios políticos y
económicos de la República mexicana. Ambos aspectos perduraron desde el periodo de la
República Restaurada hasta el inicio de la Revolución mexicana.
Un grupo que tuvo su antecedente en el club de los 18 letrados, cuyos representantes
fueron Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, quienes ocuparon la presidencia entre 1867
y 1872 el primero, y de 1872 a 1876 el segundo. Así como en la camarilla militar, encabezada
por Porfirio Díaz Morí o “el manco” Manuel González Flores, conocida como la docena
armada, que se caracterizó por los vertiginosos ascensos que tuvieron en sus carreras políticas y
trayectorias militares. Personajes que también fueron presidentes en los periodos 1876-1880 y
1884-1911, en el caso de Díaz, y 1880-1884, de González.14 Este “establishment liberal”
mexicano, permitió de alguna manera al país gozar de cierta paz política y centrarse en los
aspectos económicos y sociales para aprovechar los recursos susceptibles a la exportación. Se
transformó en un “mito político unificador”. Pero en este proceso la presencia de capitalistas
nacionales y extranjeros no fue la esperada, los externos eran pocos y sin interés de invertir en
el país, es decir, los grupos oligárquicos mexicanos tuvieron escasa participación en la
14El club de los 18 letrados también se conformó por: José María Iglesias, José María Lafragua, José María
Castillo Velasco, José María Vigil, José María Mata, Juan José Baz, Manuel Payno, Guillermo Prieto, Ignacio
Ramírez, Ignacio Luis Vallarta, Ignacio Manuel Altamirano, Antonio Martínez de Castro, Ezequiel Montes, Matías
Romero, Francisco Zarco y Gabino Barreda. La docena armada se conformó también por: Vicente Riva Palacio,
Ramón Corona, Mariano Escobedo, Donato Guerra, Ignacio Mejía, Miguel Negrete, Gerónimo Treviño, el
“general caballero” Ignacio Alatorre, Sostenes Rocha y Diódoro Corella (González, 2004: 638-641).
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economía. Como resultado del pasado de guerra intestina de la República mexicana, se
manifestó un distanciamiento entre la élite económica y el gobierno.15
Así el establishment liberal mexicano denominado por Charles Hale (2010: 101) se
fortaleció con la oligarquía liberal que se consolidó en el gobierno nacional entre las décadas de
1860 y 1910. En este contexto las élites, caciques, caudillos militares se beneficiaron del sistema
de reparto de las gubernaturas como pago a la fidelidad y apoyo mostrados. Lo que se mostró
con mayor énfasis durante el ascenso, desarrollo y consolidación del régimen porfiriano, no
quedando exentos los más destacados e influyentes empresarios o inversionistas que
aprovecharon el sistema de concesiones para constituir instituciones bancarias, la construcción
de ferrocarriles, el deslinde de tierras y la explotación de recursos forestales (González, 2004:
638-641; Hale, 2010: 101). A finales de la década de 1870 las ideas ideas de un “grupo de
jóvenes” liberales, dentro de los que se destacó el campechano Justo Sierra Méndez, que
fundaron el diario La Libertad, se convirtieron en asesores del gobierno mexicano. Ya para la
década de 1880, se comenzó a gestar el “grupo de jóvenes abogados”, “intelectuales” y
tecnócratas de la época, tutelados por Manuel Romero Rubio, que vislumbraron en el régimen
de Díaz un nuevo orden y progreso.16 Esta tecnocracia-burocracia positivista y científica,
integrada por un grupo de abogados, funcionarios de alto nivel, diputados, senadores y
gestores, la encabezó el “mago” de las finanzas mexicanas, José Yves Limantour. Se conformó
así la “maffia científica”, que buscó en las leyes la estabilidad que dejó la “anarquía liberal” y
puso en marcha el sistema de concesiones para beneficio del empresariado nacional y
extranjero amigo y allegado a éste grupo. 17
15 Comenzó así la instrumentación de la filosofía positivista, emprendida por los gobiernos decimonónicos de
Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias, Manuel González Flores y el largo régimen de
Porfirio Díaz. Continuado por los regímenes revolucionarios, constitucionalistas y posrevolucionarios del siglo
XX. Los postulados, eran básicamente la libertad del individuo, la igualdad legal, limitar la autoridad central, la
celebración de una Constitución, el establecimiento de instituciones representativas, la división de poderes, el
federalismo, toda política necesaria para proteger al ciudadano del despotismo (Hale, 2002: 9-16 y 66).
16 La Libertad se fundó el 5 de enero de 1877 y estuvo vigente hasta el año de 1884, fue liderado por Justo Sierra
(29 años, jurista, poeta y periodista), Francisco G. Cosmes (27 años, periodista), Telésforo García (español, 33
años, publicista y empresario comercial), Santiago Sierra (27 años), Jorge Hammeken y Mexía (26 años), Enrique
Olavarría y Ferrari (español, treinta y tantos años, literato), Carlos Olaguíbel y Arista (31 años, Porfirio Parra (24
años, profesor de la Escuela Nacional Preparatoria-ENP), Manuel Flores (25 años, profesor ENP), Luis E. Ruíz
(21 años, profesor ENP), Eduardo Garay (33 años), Agustín F. Cuenca (28 años), Jesús E. Valenzuela (22 años) y
Manuel Gutiérrez Nájera (19 años). Por su parte, el despacho de Romero fue abierto en el año de 1881, donde se
reunieron los jóvenes abogados como José Y. Limantour, Rosendo Pineda, Justo Sierra M., Joaquín Diego
Casasús, Roberto Núñez, Emilio Pimentel, José María Gamboa, Fernando Duret y Pablo Macedo (Hale, 2002: 51-
52, 174-175).
17 A partir de 1884 el renovado gabinete porfiriano se compuso por varios gonzalista y científicos como: Ignacio
Mariscal, ministro de Relaciones Exteriores a partir de enero de 1885, fungió en el mismo despacho de diciembre
de 1880 a mayo de 1883; Joaquín Baranda, ostentó el cargo de ministro de Justicia desde septiembre de 1882 hasta
abril de 1901 y, Carlos Pacheco, que remplazó a Díaz como ministro de Fomento en junio de 1881 y continuó
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Entonces tenemos que, los científicos se conformaron por tres grupos estratégicos. Por
un lado los especialistas de la legislación y las oportunidades de inversión, que se enriquecieron
e incorporaron a la burguesía u oligarquía porfiriana. Por ello, coincidimos con François-
Xavier Guerra en que este nuevo equipo económico de tecnócratas fue factor determinante del
despegue económico de México 2012: 84 y 329).18 Por el otro, no podemos obviar que algunos
de estos “científicos” se desarrollaron como el reducido grupo de gestores, representantes de
los Congresos federal y local, funcionarios del gabinete presidencial, familiares, comerciantes,
industriales y la oligarquía agrícola-comercial vinculada con la agroexportación, en fin, toda una
red de intereses de las cúpulas políticas y económicas que predominaron durante los últimos
años del siglo XIX y las posteridades de la siguiente centuria (Macías Richard, 1997: 118). Los
más destacados gestores fueron Manuel Sierra Méndez, Joaquín Diego Casasús, Rosendo
Pineda, entre otros. El concepto de “gestores” lo tomamos del trabajo de Carlos Macías. Por
último, los empresarios prominentes interesados en formar parte de este grupo, que
aprovecharon este escaparate para fomentar sus negocios e incrementar sus capitales (Collado,
1987: 42). Esta oligarquía se conformó con elementos de la burocracia y los profesionales –
agrimensores, agrónomos y abogados-, los inversionistas que actuaron donde el Estado
mexicano no pudo o no quiso. Incluso, muchos de ellos llegaron a destacarse en los ámbitos
político y económico durante la Revolución y los gobiernos constitucionalistas.
A finales del siglo XIX se gestó lo que Luis González (2010: 51) denominó la
“aristocracia de la industria, el comercio y los servicios”, integrada por los empresarios
capitalistas, fabricantes de la industria textil, los hacendados terratenientes, los mercaderes de
almacén, los prominentes banqueros, los inversionistas del ferrocarril o los altos funcionarios
de la burocracia. Estos actores económicos propiciaron la acumulación de capital del país, la
concentración de los medios de producción y se enriquecieron de manera vertiginosa, incluso
hasta la tercera década del siglo XX. Provenientes en su mayoría de las casas mercantiles que
hasta marzo de 1891. Se destacaron además: el ingeniero Francisco Bulnes, Sebastián Camacho, el licenciado
Joaquín Diego Casasús, Ramón Corral, Francisco Cosmes, Enrique C. Creel, Alfredo Chavero, Manuel María
Flores, Guillermo de Landa y Escandón, José Yves Limantour, los hermanos Miguel y Pablo Macedo, Jacinto
Pallares, Porfirio Parra, Emilio Pimentel, Fernando Pimentel y Fagoaga, Rosendo Pineda, Emilio Rabasa, Rafael
Reyes Espínola, Justo Sierra Méndez, Joaquín Baranda, Diódoro Batalla, Teodosio Dehesa, José López Portillo,
Bernardo Reyes, Francisco G. Cosmes, Roberto Núñez, Rafael y Emilio Pardo, Porfirio Parra, Rafael Reyes
Spíndola, Rafael L. Hernández, Ramón Prida, entre otros (Hale, 2002: 102-103; González, 2010: 19-20; Guerra,
2012: 380-382).
18 Dirigidos por Limantour, quien en 1892 fue nombrado oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, de la cual
está encargado Matías Romero, y a quien suple en el cargo en 1893. En este despacho se reveló como un “experto
en finanzas”, pues logró en dos años resolver el problema financiero de la República mexicana, propiciando el
superávit en las cuentas federales en el año fiscal 1894-1895, saneó la deuda externa, reorganizó las instituciones
de crédito, suprimió las alcabalas en 1896 y restableció el crédito internacional.
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iniciaron sus fortunas como agiotistas del gobierno y aviadores de minas, que instalaron
“modernos y grandes centros fabriles” en la zonas rurales periféricas de la ciudad de México
(Trujillo, 2000: 43). Esa oligarquía económica avecindada en la capital de la República
mexicana y otros centros urbanos como Guadalajara, Puebla, Mérida, Querétaro, Monterrey,
Guanajuato y San Luis. Familias que vivían el “beau monde”, que invirtieron grandes sumas de
dinero en enviar a sus hijos a estudiar al extranjero, residir por largas temporadas a Europa, en
construir y vivir en “palacetes incómodos” pero estéticamente a la moda (González, 2010: 51).
En fin, ese puñado de personas que asistían a los banquetes y bailes de palacio nacional, de los
clubes o asociaciones de empresarios, asiduos de la beneficencia pública, la “gente chic” que
leía sus nombres en la prensa liberal de la época. Entre este privilegiado grupo que incluso tuvo
la capacidad de decidir el destino económico y político de México encontramos a las familias
Braniff, Escandón Barrón, Escandón Arango, Rincón Gallardo, Barrón, Cuevas y Pimentel
Escandón.19
Un grupo conformado especialmente por capitalistas extranjeros avecindados en el
país, como Thomas Braniff, León Signoret, León Honorat, Jules y Henri Tron, Joseph y
Antoine Olliver, Julio Limantour, Hugo Scherer, Porfirio Díaz hijo, Félix Cuevas, Rafael
Dondé, Faustino Martínez, Iñigo y Remigio Noriega, Félix Cuevas, Guillermo Barrón, Justo
Benítez, Pablo Escandón y Casimiro Pacheco, entre otros. Se ubicó en la punta de la pirámide
social, se benefició del apoyo que brindó al régimen porfiriano por medio de la “Sociedades de
amigos del presidente” o el “Círculo de amigos del general Porfirio Díaz”, organizaciones
dedicadas a apoyar y hacer propaganda al régimen (Collado, 1987: 40; Cosío, 1972: 167 y 362).
De acuerdo a François-Xavier Guerra (2012: 154-156), como parte de esta fidelidad, entendida
como una que responde al “binomio lealtad-favores”, podemos entender cuál fue la relación
existente entre las autoridades de Estado y los agentes económicos que representaron los
inversionistas nacionales y extranjeros. Si bien, los personajes centrales de esta investigación,
como Antonio Espinosa, Felipe Ibarra, Manuel J. Sierra, José Ramón Ancona o Faustino
Martínez, no han sido reconocidos por la historiografía mexicana, no podemos negar su
integración a la clase dominante nacional o regional, cuyos intereses se vieron beneficiados por
la política económica y la paz porfiriana, así como también por el sistema de concesiones que
resultó de este proceso.
19Los estudios realizados por María del Carmen Collado sobre Thomas Braniff y Nora Pérez-Rayón sobre la
familia Escandón contribuyen a conocer y comprender el proceso de formación y desarrollo de la burguesía
mexicana en el siglo XIX (Collado, 1987; Pérez-Rayón, 1995).
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Cabe destacar que al hacer referencia al gobierno de Díaz lo hacemos con la premisa de
que fue el punto de partida para el desarrollo de negocios, establecimiento de empresas y la
acumulación de fortunas por parte de estos personajes. Es así que, el progreso y el desarrollo
del México porfiriano benefició sólo a unos cuantos, al grupo de gestores, científicos y
capitalistas mexicanos y extranjeros allegados al régimen. Para autores como María del Carmen
Collado, el “niño mimado” fue el sector extranjero que conformó la burguesía. Recordemos
que uno de los principales objetivos de los gobiernos mexicanos desde el siglo XIX hasta
nuestros días ha sido la atracción de capital externo. Así, como apunta Fernando Rosenzweig,
se formó y se dedicó a la explotación del mercado interno. Cabe advertir que esta oligarquía
fue uno de los principales pilares de los gobiernos mexicanos, tanto en el régimen porfiriano
como en las administraciones constitucionalistas-posrevolucionarias. No sólo por su apoyo,
sino también por ocupar importantes cargos públicos como una gubernatura o una curul en el
Congreso, ejemplo de ello son Manuel J. Sierra Méndez, Enrique Creel o Rafael Zurbarán
Capmany. Otro sostén del gobierno fueron los latifundistas, quienes respondieron al apoyo y
protección que el gobierno les otorgó con el andamiaje legal establecido en la materia
(Rosenzweig, 1965: 405-454; Córdova, 1975: 41; Collado, 1987: 45). Aunque para la segunda
década del siglo XX se desarticularon las grandes propiedades de tierras, los empresarios
continuaron siendo parte fundamental del nuevo régimen.
En ese sentido, observamos la existencia de una sinergia entre los sectores dominantes
y la clase política mexicana con un empresariado que establecieron casas mercantiles,
aprovecharon la certidumbre económica, la apertura del mercado nacional, y la atracción de
capital que caracterizó las décadas de 1870 a 1890. Con ello, pudieron diversificar sus
inversiones en actividades productivas como la construcción de las primeras vías férreas, la
constitución de instituciones financieras y el establecimiento de complejos manufactureros a
gran escala, en ramos como el textil por ejemplo. 20 Asimismo, altos funcionarios con
significativo poder en el régimen porfiriano vincularon la administración pública con la gestión
de negociaciones. Se estableció así una “nueva forma” de asociarse y hacer negocios se reflejó
con la conformación de “empresas modernas” capitalizadas con acciones y encabezadas por un
grupo de socios organizados en consejos directivos y administrativos, pero controlados por los
20 Empresarios españoles como Ricardo Sáinz y Manuel Ibáñez, junto con otros comerciantes de la talla de
Nicolás de Teresa, Fausto Sobrino, Bermejillo Hermanos, Manuel Mendoza Cortina, Francisco Azurmendi y
Remigio Noriega, conformaron instituciones financieras como el Banco Mercantil Mexicano, en 1881. Al año
siguiente, se constituyó el Banco Nacional de México con capitales de Antonio de Mier y Celis, Eustaquio Barrón,
I. R. Cardeña y Sucesores, los hermanos Manuel y Pablo Escandón y José María Bermejillo. Igualmente,
participaron en empresas textiles como La Fama Montañesa, San Fernando, La Hormiga, Río Hondo (Trujillo,
2003: 13, 2000: 142-146, 1996: 21-24).
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principales accionistas (Valerio, 2003: 66). Con ello, se presentó un fenómeno que permitió la
construcción de emporios económicos que simulaban a los grandes trusts estadounidenses de la
época, cuyos integrantes, socios, accionistas y miembros consultivos, se constituyeron en los
personajes que ocuparon lugares clave de la vida política, económica, social y cultural de la
República mexicana y de ciertas regiones como la península yucateca, como es el caso de las
sociedades forestales objeto de estudio, la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de
Yucatán y la Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas.21 El incremento de los productos dirigidos
a la agro-exportación como el chicle y maderas preciosas, incentivó las actividades extractivas y
productivas de las negociaciones establecidas en la costa oriental de Yucatán. Lo que atrajo
intereses de la oligarquía económica avecindada en la ciudad de México.
Pero debemos señalar que, este grupo no fue el único que actuó en la región pues
encontramos también una serie de madereros-comerciantes ingleses, establecidos en los
llamados British Settlement of the Bay of Honduras o los Establecimientos Británicos de Honduras,
que desde el siglo XIX establecieron sus monterías y llevaron a cabo el corte de maderas al
amparo de las autorizaciones brindadas por la autoridad yucateca o por los líderes mayas. De
igual manera, un reducido número de comerciantes-hacendados yucatecos y extranjeros
tuvieron la oportunidad de invertir y establecer haciendas azucareras, estancias y monterías.
Todos ellos contaron con casas mercantiles, representación de líneas navieras, medios de
transporte, pero sobre todo, la visión de aprovechar la oportunidad existente en la zona de
estudio.
Algunos llegaron a contar con fábricas y talleres, pero la mayoría diversificaron sus
negocios o inversiones en actividades agrícolas, de gran comercio, intereses bancarios, bienes
raíces, transportes y actividades de extracción forestal, tal como fue el caso de Iñigo Noriega o
uno de nuestros personajes, el comerciante español Faustino Martínez, que se vincularon en
los negocios emprendidos por la generación de inversionistas que entre las décadas de 1870 y
1880 diversificaron sus inversiones del capital en la construcción de ferrocarriles, en el
establecimiento de bancos, en la industria textil o en plantaciones agrícolas. Fue el caso de
Felipe Ibarra, J. Ramón Ancona, Eusebio Escalante, Raimundo Cámara, Manuel J. Sierra,
Rafael Peón, entre otros. Igualmente, podemos señalar que los personajes centrales de nuestra
21Algunas de las negociaciones fueron: el Banco de Londres y México, S. A., la Negociación Agrícola del Xico, S.
A., la Compañía Papelera San Rafael, S.A., la Compañía Industrial de Hilados, Tejidos y Estampados San Antonio
Abad y Anexa, S. A., El Buen Tono, S. A., la Compañía de Ferrocarriles Unidos de Yucatán, S. A., la Compañía
del Ferrocarril, Muelle y Almacenes del Comercio, S. A., la Compañía Fundidora de Fierra y Acero de Monterrey,
S. A., la Cervecería Cuauhtémoc, S. A., la Cervecería Moctezuma, S. A., la Cervecería Yucateca, S.A., la Gran
Fábrica de Chocolates Yucateca, S. A., entre otras sociedades que se establecieron a nivel nacional.
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historia formaron parte de la oligarquía económica nacional o yucateca y otros se mantuvieron
en la periferia de este grupo de poder, pero beneficiándose de sus relaciones, nexos y
concesiones del gobierno. Formaron parte y se asociaron con ese grupo que participó en el
desarrollo capitalista que experimentó México a finales del siglo XIX y principios del XX ya
fuese como comerciantes, propietarios o empresarios. Es decir, un grupo social reducido con
vínculos de parentesco, amistad y clientelismo que se conformó por medio de acuerdos entre
diversas “oligarquías regionales” que participaron de un proyecto que les garantizó el
enriquecimiento y cuotas de poder (Pérez-Rayón, 1995: 18-19).
Nos parece conveniente denominar a este grupo como los “científicos-gestores”. Por
medio de estos actores, durante las últimas décadas del siglo XIX, la estabilidad política
nacional alcanzada permitió a las autoridades nacionales incentivar la economía interna,
desarrollar las vías de comunicación, atraer al capital externo, repartir las vast as tierras y atraer
paulatinamente población económicamente activa. A partir de estas consideraciones que
permiten vislumbrar la necesidad de este orden y progreso, el establecimiento de una filosofía
que insertaría a la naciente y en formación República mexicana, en la dinámica internacional.
Por lo tanto, nos dimos a la tarea de analizar sus variados “perfiles empresariales”, el demostrar
sus características que los distinguieron como adeptos al gobierno, ya fuese por sus nexos
familiares, comerciales o políticos, a partir de su desarrollo en ámbitos regionales
económicamente distintos. Aunque no consideramos que todos estos hombres de negocios se
les pueda identificar como los empresarios “puros” que alude Paolo Riguzzi (1999: 63),
aquellos que son independientes, no proclives a asociarse y supeditarse con capitales externos y
representante del interés nacional. En virtud de que sus actividades se desarrollaron con el
apoyo y anuencia del gobierno federal o se fortalecieron con capital extranjero, es decir , no
fueron completamente agentes económicos independientes. Igualmente, identificaremos sus
principales actividades económicas, sus redes político-económicas y sus nexos con
inversionistas extranjeros, resaltando sus negociaciones en la costa oriental de Yucatán.
Una de las características que tuvieron los inversionistas en bienes raíces y en la explotación
forestal de finales del siglo XIX, fue el contar con los recursos, el financiamiento y las
relaciones políticas para aprovechar las oportunidades del sistema de concesiones, así solventar
los depósitos y trámites requeridos por la legislación mexicana, solicitar o denunciar en
propiedad un terrenos baldío, el arrendamiento de un bosque, contratar agrimensores, realizar
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el apeo –deslinde y medición de tierras-, enganchar fuerza de trabajo, comercializar los
insumos, proveer de herramientas, construir infraestructura y transportar las materias primas y
el personal. En ese sentido, los capacitados económicamente para estas actividades fueron los
grandes capitales, que comenzaron a participar en este proceso por medio de las compañías
colonizadoras, deslindadoras y sociedades forestales. La participación del empresariado en este
proceso productivo se presentó de manera directa a partir de 1863, al amparo de la “Ley sobre
Ocupación y Enajenación de Terrenos Baldíos”. Esta legislación federal fue uno de los
intentos por definir el usufructo de todas las tierras de la nación que hasta ese momento no
tuvieran uso público, oneroso, lucrativo o que no contaren con título de propiedad individual o
corporativa. Así, todo habitante mexicano, o más bien todo aquel con recursos económicos,
tuvo el derecho de denunciar en propiedad una superficie de hasta dos y medio kilómetros
cuadrados (2,500 ha) de tierras.22
Para efectos de nuestra investigación, consideramos necesario resaltar que esta
legislación autorizó la participación del empresariado en el proceso de denuncio y deslinde de
tierras, quienes recibirían una tercera parte del terreno como pago. Al mismo tiempo, el
gobierno se ocupó de otorgar seguridad, conciliar los intereses “nacionales” con los
“particulares”, pues ofreció “cierto respeto” a los terrenos que, a pesar de estar en abandono,
habían sido laborados en algún tiempo, así como también a la posesión por “viciosa que
fuera”. Asimismo, se publicó la tarifa de precios para las diferentes entidades del país, la cual
no contó con una tabulación de acuerdo a la calidad de las tierras disponibles. Los actores
principales de la colonización y el deslinde fueron: el estado, el capital privado, las compañías
de colonización y deslindadoras, las comisiones exploradoras y los agrimensores. Así se otorgó
poca protección a la pequeña propiedad, al no considerar los títulos de propiedad ya existentes
y brindar la tenencia verbalmente (Calderón, 1973: 61-62; De Vos, 1984: 77-79).
Entonces, observamos la sinergia existente entre los intereses privados y públicos para
lograr el control económico y territorial de los espacios semidespoblados de la República
mexicana. Aunque hay que resaltar que, este tipo de contratos fueron entregados a capitales
extranjeros en virtud de que los inversionistas mexicanos eran escasos (González, 2010: 911).
Pero observamos de nueva cuenta que, estos primeros contratos para habilitar terrenos
baldíos, se destinaron a espacios históricamente geoestratégicos para la política y la economía
22La ley se promulgó el 20 de julio de 1863, en San Luis Potosí. Con el pretexto de incentivar la ocupación,
sustituyó el sistema de “deslinde general” por el de “denuncias”. Además, como muchas de sus predecesoras, tuvo
por objeto principal hacerse de recursos para sustentar la guerra civil y la invasión externa. Véase: El Foro (EF),
Cd. de México, 24 de noviembre de 1885, pp. 1-3.
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mexicana, tanto por sus fértiles tierras, como por su situación espacial para favorecer una vía
transoceánica, en el caso del istmo de Tehuantepec. Igualmente, destacamos la necesidad de
que el capital privado llevase a cabo el aprovechamiento de estos espacios para promover la
atracción de mano de obra y realizar actividades productivas. Por lo que se continuó otorgando
prioridad a las compañías colonizadoras y se pretendió fortalecer el establecimiento de colonias
extranjeras en los terrenos semidespoblados del territorio nacional, pero se le otorgó
preferencia a la porción norte, al territorio de Baja California.23 Uno año más tarde, en octubre
de 1864, se emitió un nuevo ordenamiento jurídico como fue el “Reglamento para la
Explotación de los Bosques y Terrenos Baldíos y Nacionales”, que se abocó a ordenar la
explotación forestal en el sureste mexicano (Véase ANEXO I). En primera instancia, este
reglamentación se emitió para regular la explotación forestal que comenzó a desarrollarse en el
sureste mexicano, principalmente en Veracruz y Tabasco (Ponce, 2002; Zarauz, 2003: 286).
23El primer contrato sobre la materia de que se tiene noticia data del 31 de marzo de 1864, a la primera sociedad
establecida, la “Compañía Colonizadora de la Baja California”, del ranchero Jacobo P. Leese. Con el cual se
comprometió a establecer al menos veinte familias en el territorio bajacaliforniano, pero al no cumplir ello, la
concesión fue cancelada en el año de 1871 (Aboites, 1995: 57; Calderón, 1973: 70; Fort, 1979: 20).
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Debemos remitirnos también a los estudios elaborados por Daniel Cosío Villegas en la
década de 1950, de los cuales se han derivado trabajos como el coordinado por Enrique Semo
(1988), en los que se analizan cuestiones como: la participación de las compañías
deslindadoras; la colonización de regiones por parte de extranjeros, los cuales se convirtieron
en propietarios, latifundistas o agroexportadores. 24 También podemos señalar el estudio de
Arturo Güémez Pineda (1994) que realiza un esbozo para comprender la relación existente
entre la política liberal territorial con los grupos sociales y las instituciones de la península
yucateca para la primera mitad del siglo XIX. En ese sentido, los análisis del tema se han
realizado desde una perspectiva agrícola, como parte de un proceso en el que los gobiernos
mexicanos decimonónicos instrumentaron una serie de políticas económicas dirigidas a la
consolidación de un mercado nacional, a la generación de una propiedad privada, la
conformación de una clase media propietaria, así como a los aspectos relativos al despojo y la
enajenación de terrenos que ya poseían dueños desde épocas previas como la colonia.
Encontramos otros estudios específicos que nos permiten modificar esta percepción
con relación a las compañías deslindadoras y percibir su desempeño como agentes efectivos
del gobierno mexicano y la política de modernizar el campo, por medio de la legalización y
deslinde para definir la extensión de los terrenos baldíos y los que ya contaban con
propietarios. Dentro de éstos tenemos los estudios de Robert M. Holden (1990, 1988), que es
fundamento para nuestro planteamiento relativo a la participación de estos actores en el
proceso de control y jurisdicción territorial de la costa oriental de Yucatán. Un estudio reciente
es el elaborado por Justus Fenner Bieling (2009), relativo a los intereses económicos de la
compañía deslindadora Mexican Land and Colonization Company, en territorio chiapaneco. Misma
que se puede comparar con lo realizado por Faustino Martínez, al ser el mayor deslindador y
propietario de la península de Yucatán, como veremos en el capítulo destinado a este actor
central de nuestra investigación.
La noción de las tierras desocupadas que tuvo la autoridad colonial desde finales del
siglo XVII y que pone de manifiesto la necesidad de ocupar con ranchos, haciendas y
campamentos madereros en el semidespoblado de la costa oriental de Yucatán. El interés por
poner en circulación la tierra y hacerla productiva es el resultado de las reformas liberales del
siglo XVIII, contexto en el que ya existían pocos propietarios de grandes extensiones de tierras
pues la presencia de los especuladores o miembros de la oligarquía colonial ya era eminente. A
24En el estudio coordinado por Enrique Semo, Historia de la cuestión agraria mexicana, la tierra y el poder. 1800-1910,
encontramos trabajos como el de Antonio García León (1988: 13-85) “Las grandes tendencias de la producción
agraria” o el de Ilán Semo (1988: 290-333) “Tierra de nadie”.
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este respecto, Pedro Bracamonte (2004) considera que en la mayoría de las veces, hasta
mediados del siglo XVIII, las autoridades coloniales respetaron los documentos que
ampararon la propiedad de las tierras de comunidad, en las cuales los cabildos poseían el
dominio o control en su jurisdicción, y también, la posibilidad de la propiedad individual. Estos
documentos, registros o títulos de propiedad, básicamente eran los testamentos y
certificaciones de caciques y cabildos, redactados por lo general en lengua nativa. 25
El ímpetu opositor a la “inalienabilidad” de la tierra fue adoptado por los liberales de
las Cortes de Cádiz (Güémez, 1994: 34-35). En ese sentido, podemos señalar que en los
últimos años del periodo colonial, incluso ya en el marco de la revolución de Independencia,
las autoridades españolas ya manifestaban su preocupación por la apropiación de los terrenos
realengos, denominados también baldíos o nacionales, con el fin de obtener recursos
económicos y aparentemente para promover la pequeña propiedad privada que las haciendas
ganaderas requerían para su desarrollo al substituir éstas a las otrora estancias. Como ejemplo
podemos señalar la publicación de una Real Cédula de enero de 1813. Al realizar la lectura de
este documento, constatamos la necesidad por parte de la autoridad de la metrópoli de lograr
una mayor utilización de la tierra, al considerar que la disminución de los “terrenos comunes” a
la propiedad particular para el “fomento” de la agricultura, la industria y el bienestar del
pueblo.26
Observamos entonces que, la costumbre que se manifestó durante los primeros años
del siglo XIX de ocupar los terrenos baldíos de las zonas semidespobladas y las franjas
fronterizas debía iniciarse con la asignación de tierras a miembros del ejército y la enajenación
para vecinos de las mismas áreas. Un aspecto que consideramos relevante es que la propiedad
de la mitad de estas tierras baldías quedó en poder de la Corona española, siendo la mitad
restante susceptible a la privatización. La concepción de terrenos baldíos fue muy discutida y
25 Aunque este autor señala que esta práctica prevaleció hasta mediados del siglo XVIII, estimamos que fue con
las reformas borbónicas y la necesidad de tierras para las haciendas ganaderas y agrícolas que se comenzó con la
absorción de tierras para el desarrollo de estas actividades productivas. Cabe señalar que de los documentos que
cita el autor, ninguno hace referencia a tierras localizadas en la porción o costa oriental de la península de Yucatán
(Bracamonte, 2000: 154).
26 La Real Cédula, en su artículo I, estableció que todos los terrenos baldíos o realengos, de propios y arbitrios,
excepto los ejidos necesarios, se reducirían a propiedad particular. Se destaca igualmente, la marcada insistencia y
necesidad de los propietarios de acotar dichos terrenos, destinarlos a las actividades productivas que les acomode
y resaltando que no podían “jamás vincularlos” a “manos muertas”. Señaló que de las tierras baldías o realengas o
de las labrantías de propios y arbitrios de los pueblos, se otorgarían gratuitamente las necesarias, como premio
patriótico, para el cultivo de cada capitán, teniente o subteniente, sargento, cabo, soldado, trompeta y tambor, que
se haya retirado del servicio por avanzada edad o por haberse inutilizado. La condición era que debían fijar su
residencia en la zona donde les fueran asignados los terrenos. Véase: Archivo General del Estado de Yucatán
(AGEY), Colonial (C), vol. 2, exp. 23, Decreto de las Cortes sobre la enajenación de Tierras baldías, exceptuando las de ejidos,
a los vecinos y comuneros de los pueblos, Cádiz, 4 de enero de 1813, s/f.
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cuestionada, en virtud de la vaga noción que se tuvo al respecto desde el régimen colonial.
Pero prácticamente los baldíos se identificaron en las regiones de semidespoblado, espacios
agrícolas que no fueron repartidos o reconocidos en propiedad por la autoridad colonial, por lo
que devino la denominación que ha sido utilizada en la jerga jurídica, política y económica,
desde la independencia hasta el siglo XX, la de “terrenos baldíos”. Esta noción no hace
referencia precisa para una porción de tierra baldía o inculta, incultus ager –terrenos no
cultivados-, perteneciente al pueblo o comunidad, o que no está labrado. Se trata más bien, de
una extensión de tierra, de proporciones mayores, cuyos linderos se ignoran y al no haber sido
mercedada o vendida durante la colonia, su dominio se trasladó al Estado mexicano, en todos
los actos de soberanía y de dominio eminente. Por tanto, las tierras que se incluyen en esta
noción forman propiamente el ager publicus –la tierra pública- dentro de la jurisdicción territorial
de la República mexicana.27
Como parte del ejercicio de la soberanía y efectivo control territorial de la tierra
pública, era necesario contar con población adscrita a la autoridad mexicana, y eso se podía
llevar a cabo por medio de la colonización, como se intentó en tiempos novohispanos por
medio de presidios o misiones. Además del reconocimiento del borde por parte de las naciones
adyacentes. Pero las zonas de frontera como la costa oriental de Yucatán, alejadas de los
centros administrativos de la ciudades de México o Mérida, no contaron con la suficiente
población adscrita a la autoridad del endeble Estado mexicano posindependiente. Aunado al
desconocimiento de los más de 50 mil kilómetros cuadrados que conformaron la frontera
forestal, la presencia de los pueblos mayas dispersos y las actividades extractivas de los
madereros-comerciantes ingleses. Por ello la necesidad de establecer marcadores de soberanía
económica y llevar a cabo una efectiva colonización, lo cual se procuraría con la habilitación,
deslinde y apeo de los terrenos baldíos para darles un estatus jurídico de terrenos nacionales,
así como por medio del usufructo de los bosques.
27 En diversos diccionarios de la lengua castellana existentes en el siglo XIX, los terrenos baldíos fueron
considerados tierras del común de algún pueblo que ni se labra, ni está adehesado, es decir, que no es utilizado
para el cultivo o que es un monte o en calidad de bosque. Es así que, no había una diferencia clara entre los
baldíos y los realengos, términos comunes para denominar a las tierras sin propietario, vacantes, fuera de cultivo o
mostrencos, los cuales por lo general eran de una extensión mayor, por lo que pasaban a la potestad del Estado,
para que fueran ofertados a los empresarios deslindadores o particulares que los denunciaban. Una definición que
se puede considerar como la más apropiada para el contexto mexicano decimonónico en la construcción del
andamiaje legal que sustentará la colonización, propiedad y habilitación de los terrenos baldíos, es la que Castillo
Velasco consideró los “terrenos incultos que el Estado conserva en su dominio”, los que “pertenecen al dominio
público” y los que “no están destinados a labor alguna”. La prescripción es una institución civil reglamentada por
el derecho positivo, la cual tiene por objeto “impedir las controversias, favoreciendo á los que han poseído sin
interrupción determinados bienes, con perjuicio de los que han sido ominosos ó negligentes”. Véase: El Siglo Diez
y Nueve (SXIX), Cd. de México, 29 de septiembre de 1869, p. 1. EF, Cd. de México, 24 de noviembre de 1885, pp.
1-3.
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Interesantes estudios de Justo Sierra O‟Reilly (citado en Bracamonte, 2000: 150 y 155)
relativos a la sinergia que se presentó entre la propiedad indígena y al desarrollo de las
empresas agropecuarias, relación que se sustentó en el pensamiento criollo liberal que
consideró la “tenencia indígena” de la tierra, como el obstáculo para el crecimiento de la
economía empresarial que modernizaría a la República mexicana. En ese sentido, el
pensamiento liberal decimonónico no concibió los otrora documentos coloniales que
reconocían la propiedad de las tierras del común o de propiedad individual, pues éstos fueron
diseñados para afianzar el poder, dominio y la explotación de los recursos por parte del
soberano español. Es decir, los documentos indígenas fueron resultado de componendas y
carecían de valor legal. En contraparte, el reparto agrario y la colonización sería la clave para
constituir la tan anhelada expansión de la clase de propietarios que propiciaría el desarrollo
económico de Yucatán y de otras zonas de la nación.
En materia legislativa que se emitió durante la primera mitad del siglo XIX, como lo
plasmamos en el ANEXO I, existió una relación entre la ocupación del semidespoblado y la
consecuente privatización de la tierra. Es decir, las autoridades del naciente país y de los
estados que lo conformaron consideraron que, con las primeras leyes de colonización emitidas
en la década de 1820, los inmigrantes extranjeros ocuparían las vastas tierras disponibles. Se
autorizó otorgar entre 23 a 93 kilómetros cuadrados de terrenos, dependiendo de la calidad de
los mismos. La propiedad de terrenos para los extranjeros exceptuó una franja de casi 100
kilómetros (20 leguas) adyacente a los bordes nacionales del norte y el sureste. Se hizo énfasis
en la prohibición de trasladar los terrenos a “manos muertas” (De Vos, 1984: 77). A partir de
lo anterior, el gobierno mexicano instauró una política denominada como de registro,
distribución y colonización de terrenos baldíos con miras a fomentar la ocupación del
semidespoblado propiedad de la nación, incrementar la producción agrícola-comercial y en
especial, “fomentar una clase agrícola” próspera mexicana (Nickel, 1988: 108). Además, esta
legislación sirvió como sustento para que los estados que conformaban la nación mexicana
expidieran sus legislaciones en la materia, pues facultó a las entidades a llevar a cabo este
proceso.
En el caso de la península de Yucatán, la legislación emitida en la materia tuvo la
intención fue invitar a colonos extranjeros interesados en adquirir tierras a los precios
establecidos por el gobierno, de conformidad con la zona y entidad en que se interesasen. Para
Robert W. Patch (1990) esta ley facilitó la adquisición de terrenos baldíos para su
transformación en propiedad privada. Aunque nuestra investigación no se centra en el análisis
- 52 -
agrario, debemos señalar lo que Pedro Bracamonte considera al respecto, pues argumenta el
rechazo de dicha legislación por parte de los dueños yucatecos de las estancias ganaderas y las
haciendas agrícolas, los que se vieron amenazados por privilegios que el gobierno de Yucatán
les había otorgado previamente.
De acuerdo a los estudios de Pedro Bracamonte (2007: 143, 2000: 157), la situación que
prevalecía al iniciar la vida independiente del país, que se trató de continuar con las mismas
estructuras o privilegios por parte de los estancieros, no permitieron la aplicación de esta ley de
desamortización en la península de Yucatán, en virtud de los negocios existentes como la
ganadería extensiva y los cultivos de caña en el sur. Así como la explotación de palo de tinte en
la franja forestal fronteriza, hasta el río Hondo y Bacalar. Para la década de 1820, el desarrollo
de la ganadería y de la agricultura comercial fue impulsado por el gobierno de Yucatán, que
representó los intereses de la antigua élite colonial de hacendados y comerciantes vigente aún.
No es de extrañar que en el transcurso de las décadas de 1830 a 1840, los hacendados
yucatecos adquirieran las tierras consideradas baldías. La disponibilidad de éstas y la demanda
por parte de militares y hacendados de grandes extensiones de tierras se presentó en
detrimento de los pequeños, ranchos, rancherías y ejidos de las comunidades mayas. Así se
reconfiguró la tenencia de la tierra. En la frontera-extractiva de la costa oriental podemos
señalar que, a pesar de las actividades la explotación del palo de tinte realizada en la porción
norte y sur, solo se registró la apropiación de terrenos para este tipo de actividades y las
agrícolas en el borde del río Hondo.
Como podemos advertir, el andamiaje jurídico que se emitió en el estado de Yucatán
durante la década de 1840 propició la entrada de recursos al erario y que los pueblos mayas
erogasen el pago de los agrimensores que llevaban a cabo el deslinde de los ejidos. Pero limitó
la extensión de los ejidos y, por tanto de las rancherías, a unos 23 kilómetros cuadrados. Así,
las tierras más allá de esta medida fueron susceptibles a la apropiación del capital privado y por
los efectivos militares. Esta situación se caracterizó por una disputa por la tenencia de la tierra
en los poseedores de grandes capitales o vínculos con las autoridades, siendo los más
beneficiados las élites. Para Pedro Bracamonte (2000), este andamiaje jurídico fortaleció el
proceso de privatización de las tierras baldías yucatecas y desvirtuó la costumbre para normar
la tenencia de la tierra. De igual modo, mermó la preeminencia de los cacicazgos y el cabildo
“indígena”.28 Esta situación es considerada como una de las tantas cuestiones que fomentaron
28Las leyes de colonización propiciaron la desarticulación de los pueblos como corporaciones indígenas con
gobierno propio, validez jurídica y territorios de jurisdicción. Resultado principalmente de tres aspectos: el
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el estallido de la guerra social que emprendieron los pueblos mayas a finales de 1847. A partir
de este levantamiento armado, se llevaron a cabo algunas modificaciones que restituyeron las
“repúblicas indígenas”, esta organización de las comunidades mayas dependió en mayor
medida del gobierno estatal.29
Como veremos más adelante, el impase que se generó en la península de Yucatán a
partir del surgimiento de este levantamiento de los pueblos mayas, disminuyó notablemente la
colonización y la apropiación de tierras baldías orientales. Además, mermó la estabilidad social,
la estructura política, el control territorial y las actividades productivas que se comenzaron a
prosperar en la zona suroriental del enorme estado yucateco. Por lo que, las actividades
económicas se concentraron en la porción norte, la zona henequenera, y en las áreas de
influencia de las ciudades-puertos de Campeche y el Carmen, donde se realizó la extracción de
palo de tinte. El semidespoblado de la costa oriental, fue el espacio idóneo para que los mayas
sublevados colonizaran estas tierras, sin conflictos con los pobladores establecidos
previamente (Patch, 1990: 60-61).
En ese sentido, observamos que durante la primera mitad del siglo XIX las políticas de
colonización y deslinde se vincularon con la atracción de fuerza de trabajo foránea para ocupar
y hacer productiva la tierra otorgada por la autoridad central y estatal. Pero también
vislumbramos la falta de claridad en los apeos y la distinción por parte de las autoridades
mexicanas durante la centuria decimonónica entre los terrenos baldíos, las tierras comunales o
ejidos y los terrenos nacionales. Ello generó el despojo, acrecentó los latifundios por parte del
capital privado y no atrajo al país la mano de extranjera requerida. Es un hecho que, hasta
mediados de la década de1850 las autoridades mexicanas y yucatecas no garantizaron el
derecho a la propiedad de las tierras, por lo que fueron emitidas nuevas legislaciones en la
materia.30 Con ello, las instancias estatales abrieron la puerta a la habilitación de terrenos por
primero, la escasez de tierras para hacer las milpas de subsistencia, debido a la expansión de las estancias y
haciendas; el segundo, el desarrollo de la ganadería afectó la “precaria economía indígena” y, el tercero, derivado
del despoblamiento que suscitó la adscripción de los pobladores mayas a las haciendas en calidad de luneros
(Bracamonte, 2000: 160).
29 Este régimen estuvo vigente hasta la década de 1870, con excepción de los periodos 1820-1824, con la
agrarios obtenidos desde septiembre de 1821, a revisión por parte del gobierno central. Otro fue una ley emitida
por Ignacio Comonfort el 3 de diciembre de 1855, que derogó la legislación santaanista y dio por validos todos los
títulos emitidos por medio de las leyes de colonización de 1824 y 1854. Para el año de 1852, se instalaron
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parte de compañías particulares. Es decir, se trató de contratos que beneficiaron tanto al
gobierno mexicano como a los inversionistas extranjeros.
Como señaló el diario capitalino El Republicano en 1856, era necesario que el capital
particular aprovechase la oportunidad que representaron las tierras semidespobladas de la
nación para actividades de cultivo, el pastoreo de ganado vacuno u ovino y ocupar a la mano
de obra para trabajarla, que la política de colonización atraería. Consideramos que, en la década
de 1850 las administraciones mexicanas aportaron la legislación que permitió al capital privado
llevar a cabo la habilitación y colonización de terrenos baldíos. Como fue el caso del contrato
celebrado con la sociedad del financiero suizo Juan B. Jecker y del empresario azucarero
gaditano, Isidoro de la Torre Carsi, en 1854 para el deslinde de tierras en Sonora. Otra
autorización ventajosa benefició a la casa bancaria de estos empresarios, Jecker-Torre y
Compañía, dos años después para habilitar los baldíos existentes en Tehuantepec, Oaxaca. Con
estas primeras concesiones a agentes económicos particulares de procedencia extranjera y el
“control federal” sobre los terrenos baldíos experimentó la cumbre de la “etapa formativa” de
la política de colonización y deslinde en el México decimonónico.31 Con la Ley Lerdo de 1856,
aparentemente el gobierno mexicano pretendió tener un mejor control de las tierras o terrenos
considerados baldíos, para promover su deslinde y venta en todo el país. Esto es, conformar
un sistema de propiedad o tenencia de la tierra, el cual se sentará sobre una clase media y que a
su vez generara un “incremento general” en la productividad económica.32
A partir de la década de 1860, una vez acontecida la confrontación civil entre liberales y
conservadores, el gobierno mexicano instrumentó una “tentativa” de ocupación de terrenos
baldíos. Se emitió una serie de leyes o decretos con el propósito de ocupar zonas
semidespobladas de la República mexicana, como fue el decreto de marzo de 1861 (Fort, 1979:
agricultores alemanes por la Sociedad Nacional de Darmstadt. El 16 de febrero de 1854, Alberto Owen fundó la
colonia Topolobampo en Sinaloa, en la Bahía de la Encantada (Fort, 1979: 19).
31 Se trató de un negocio provechoso para todas las partes, en especial para la “nación”. Además, instó al gobierno
federal para extender la invitación a otras casas comerciales o mercantiles extranjeras y llevar a cabo otros
contratos de esta naturaleza, para lo cual, es necesario: “dar una ley para introducir población en la república,
poniendo, si se quiere, la única condición de que sea católica, y se vería cuánto se aumentaba la riqueza de la
nación”. Los gastos corrieron por cuenta de esta sociedad y como pago se les otorgó la tercera parte de los
terrenos que habilitaron. La concesión brindó a la compañía la “plena y absoluta propiedad” de la tercera parte de
los terrenos deslindados como pago de sus servicios. Los deslindes sirvieron para fomentar el poblamiento y la
explotación de recursos mediante la colonización extranjera. Véase: El Republicano (ER), Cd. de México, 4 de junio
de 1856, p. 1.
32 En este sentido, fue la Constitución liberal jacobina de febrero de 1857 la que incluyó en su art. 27º, entre otros
aspectos, que la propiedad sólo podría ocuparse por causa de utilidad pública y previa indemnización. Las tierras
que no estuvieran en posesión de privados fueron consideradas baldías, es decir, la propiedad o tenencia de la
tierra se convierte en factor esencial para las políticas económicas liberales y para el desarrollo económico del
estado. El texto de la Constitución Política de la República Mexicana, aprobada el 12 de febrero de 1857, se puede
consultar en: Dublán y Lozano (1877: 384-399, t VIII).
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20). Igualmente, se reguló un aspecto que para nuestro estudio resulta de gran interés, esto es,
la explotación maderera que ya se venía efectuando desde tiempo atrás en los bosques
nacionales y debido a la ineficacia del decreto de 1854 para reducir los cortes de maderas
furtivos, en abril de 1861 se emitió el “Reglamento expedido por el Ministerio de Fomento á
que deben sujetarse los cortadores de árboles en terrenos nacionales” (Véase ANEXO I). Con
ello se regularizó la actividad de los madereros en los bosques nacionales, se comenzó la
emisión de autorizaciones para su arrendamiento, se promovió su conservación y exportación
bajo la anuencia de la autoridad. Este reglamento marcó el inicio del servicio forestal mexicano
al concebir al guarda-bosque como funcionario federal encargado de supervisar el
cumplimiento del ordenamiento, el debido corte de árboles maduros, la reforestación, evitar la
defraudación fiscal, etcétera. También, los que denunciaban los cortes clandestinos de árboles
pudieron reclamar un tercio de las multas impuestas. Con ello se incentivó la lucha contra los
madereros ilegales. Entendemos la necesidad de la autoridad federal por regular una actividad
que se desarrolló desde décadas previas y que demostró ser nicho para los madereros
clandestinos, la comercialización fraudulenta de los recursos forestales. Además, este
reglamento fue la pauta para los siguientes ordenamientos en la materia.
33 La autorización se firmó el 6 de febrero de 1878, que obligó a la empresa a establecer alrededor de 200 familias
anualmente en el Territorio Nacional de Baja California durante cinco años, a las que se les debió otorgar “gratis”
por lo menos 0.01 km² (una hectárea) de tierras para cultivo y casa. Además, el colono podía comprar más tierras
a un costo de $0.65 por hectárea, con rédito de 6%, si la venta era a plazos. Igualmente, la compañía tuvo la
obligación de suministrarán a los inmigrantes por un año víveres, instrumentos de labranza, animales de trabajo y
cría y materiales de construcción para habitaciones. El gobierno mexicano se comprometió a pagar a la compañía
$50.00 por persona que fuese desembarcada en puerto mexicano y $100.00 por cada familia extranjera establecida
en alguna de las colonias, y $150.00 por familia mexicana que hubiera estado más de tres años fuera del país.
Véase: El Monitor Republicano (EMR), Cd. de México, 14 de febrero de 1878, p. 1.
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la tercera parte de los terrenos habilitados. Consideramos que a partir de este momento estas
compañías se posicionaron como de agentes del gobierno en el proceso de poblamiento y
habilitación de terrenos baldíos.34
Es por ello que planteamos el inicio del sistema de concesiones, basado en la
complicidad y las ambiciones, conformó los vínculos de clientelismo que François-Xavier
Guerra (2012: 150-151) considera como “la formalización de las relaciones entre los actores
visibles y el funcionamiento del sistema político”. En una primera instancia se repartieron las
concesiones de tierras y forestales, denominadas por Carlos Macías Richard (1997: 14.), de
“tamaño porfirista”. Durante el régimen porfiriano se privilegió a amigos, familiares y
conocidos cercanos al grupo en el gobierno para incentivar la participación de capitales
nacionales y en especial extranjeros en áreas económico-productivas como la textil, los
ferrocarriles, la minería, la agricultura, la explotación forestal, entre otras. Este sistema se
fortaleció a partir de la década de 1890 y caracterizó la política del gobierno mexicano hasta la
década de 1920, en sus intentos por fomentar la propiedad de la tierra, explotar los recursos de
los bosques nacionales y ocupar los semidespoblados del país. Proceso que se nutrió de la
relaciones de un actor con otros actores, fuese por el parentesco, la amistad o enemistad, la
solidaridad social, las relaciones militares o los lazos de clientela. Los beneficiados de este
sistema de concesiones fueron aquellos comerciantes, empresarios, gestores, políticos o
parientes que aprovecharon el contexto económico nacional e internacional. Son los mismos
que hicieron posible la acumulación de capital, que a partir de sus casas mercantiles, amasaron
grandes fortunas, después de instalar centros manufactureros, haciendas henequeneras,
plantaciones agrícola-forestales, se apropiaron de grandes latifundios o de bosques. Sin duda
un selecto grupo perteneciente a la oligarquía económica porfiriana.
Observamos aún la tendencia de la autoridad de incentivar la propiedad de la tierra por
medio de la atracción de fuerza de trabajo, principalmente extranjera, aunque aparentemente
fracasaron en su intento de atraerla para el progreso de la República mexicana. Lo que sí
resultó un negocio para los capitalistas fue la apropiación de grandes extensiones de tierra que
conformaron latifundios. Cabe señalar que con la participación del empresariado y las
empresas se incrementó la extensión de tierras habilitadas, a diferencia de lo experimentado
una década atrás. Como podemos ver en la Tabla 1, de acuerdo con el Boletín Estadístico de la
34Poseen este carácter en las cuestiones que se susciten en los Juzgados de Distrito con motivo de la presentación
de documentos que establecen derechos sobre terrenos considerados baldíos. Como un «sistema de operaciones»,
compuesto por la medición, el apeo, la descripción, el avalúo y el fraccionamiento de terrenos, pero debido a la
complejidad del concepto. Véase: La Voz de México (LVM), Cd. de México, 28 de julio de 1885, p. 2.
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Secretaría de Fomento, publicado en 1889, entre los años de 1881 y 1889, las deslindadores
privados habilitaron más 384 mil kilómetros cuadrados de tierras (38,446,900 ha).
Por ley, recibieron en pago por sus actividades más de 126 mil kilómetros cuadrados
(12,694,700 ha), compraron al gobierno federal más de 131 mil kilómetros cuadrados
(13,148,900 ha) y la federación quedó en poder de más de ciento veintitrés mil kilómetros
cuadrados (12,331,200 ha).35 A diferencia de lo sucedido entre julio de 1863 y diciembre de
1867, donde vendieron más de 17 mil 300 kilómetros cuadrados (1,737,468 ha) por un monto
de 109 mil 719 pesos, para lo que se expidieron trescientos nueve títulos de propiedad. 36 O
para el año fiscal de 1868-1869, de acuerdo a la Memoria de Fomento (1870: 69-70) se
enajenaron más de mil 700 kilómetros cuadrados (161,212.37 ha), lo que significó un ingreso a
la hacienda pública de más de 37 mil pesos ($37,693.50). 37 En este intento se intentó conjuntar
el proceso de habilitación y apropiación de la tierra con su ocupación con fuerza de trabajo
extranjera para llevar a cabo la producción agrícola, en beneficio de los propietarios y en
detrimento del fraccionamiento y la pequeña propiedad.
En la década de 1890, se propició la constitución de grandes latifundios. Como señala
Francisco González de Cosío (1973: 187), este proceso dio pauta al surgimiento de “una nueva
castas de latifundistas”, auspiciada por el notable grupo de “científicos”. Estos terratenientes,
integrantes de la oligarquía o aristocracia económica porfiriana con mentalidad capitalista,
constituyeron las haciendas productoras y las plantaciones agrícolas que proveyeron de los
productos requeridos tanto para el mercado interno como para el externo. Entre ellos
podemos destacar a los Terrazas en el norte, los Garza en Durango, Lorenzo Torres en
Sonora, los Madero en Coahuila, los Cedros en Zacatecas, los Martínez del Río en Durango,
los García Pimentel en Morelos, José Escandón en Hidalgo, Dante Cuzi en la Tierra Caliente
de Michoacán, Justino Ramírez en Puebla, Iñigo Noriega en México y Michoacán. En nuestro
35 De los 382,493 km² (38,249,373 ha) deslindados y el gobierno mexicano quedó en posesión de solamente de
123,663 km² (12,366,321 ha) de terrenos nacionales. Las entidades de Baja California y Chihuahua fueron en
donde se llevó a cabo una mayor habilitación de tierras. En el territorio bajacaliforniano, cuatro personas
recibieron concesiones por 118 045 km² (11,804,584 ha). En el estado más grande de la República mexicana, tres
familias se beneficiaron del sistema porfiriano de concesiones con una extensión de (14,208,458 ha), más de la
mitad de la superficie total de la entidad (Secretaría de Fomento, 1889: 209).
36 Fueron concedidas gratuitamente 12,078 km 2 (120,784 ha) para fines diversos, “[…] como la construcción de
un camino de Santa Catarina (Coahuila) a Camargo (Chihuahua), la constitución de ejidos a favor de varias
poblaciones, en su mayoría fronterizas, y la dotación de tierras para algunas tribus indígenas pacificadas”
(Calderón, 1973: 64).
37 Los terrenos baldíos habilitados se ubicaron en los estados como: Campeche, una superficie de 107.44 km²
(10,743.89 ha). Chiapas, unos 199.74 km² (19,973.99 ha). Chihuahua, una extensión de 389.81 km² (38,981.13 ha).
Baja California, alrededor de 24.043 km² (2,404.35 ha). Sinaloa, un área de 218.77 km² (21,876.57 ha). Tabasco,
unos 128.11 km² (12,811.31 ha). Tamaulipas, con 101.14 km² (10,114.35 ha). Yucatán, unos 101.14 km²
(10,114.35 ha).
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caso destacan Olegario Molina en parte de la península de Yucatán, dos de los protagonistas de
la investigación como fueron los casos del español Faustino Martínez y el campechano Manuel
J. Sierra Méndez con fuerte presencia económica en la costa oriental yucateca. Además, en este
periodo se constituyen las dos sociedades más importantes en esa región, que son parte de
nuestro análisis posterior, las compañías Agrícolas del Cuyo y Anexas y la Colonizadora de la
Costa Oriental de Yucatán, que se dedicaron a la explotación forestal.
Tabla 1
Terrenos baldíos deslindados por agentes económicos privados (1881-1889)
Estado Concesionario Superficie Tercio Superficie Terreno
Deslindada Regalado Vendida Nacional
Kilómetros cuadrados
Baja Conrado Flores y Santiago H. Hale 14,965 4,988 9,976 0
California Adolfo Bulle y Socios 10,534 3,511 3,511 3,511
Luis Hüller 54,342 18,071 36,269 1.8
Pablo Macedo 38,205 12,068 13.82 24,123
Guillermo Andrade (Mar de Cortés) 1,641 547 227 867
Coahuila Plutarco Ornelas 959 316 632 0
Francisco Sada 1,967 656 0 1,311
Emeterio de la Garza 49,227 16,409 23,069 9,749
Chihuahua Ignacio Gómez del Campo 43,225 14,408 15,836 12,230
Patricio Gómez del Campo 10,709 3,570 6,581 558
Jesús E. Valenzuela 69,546 23,182 22,200 24,165
José I. Valenzuela 445 148 0 297
Jacobo Mucharraz 79 0 79 0
Ignacio Sandoval 18,604 6,201 0 12,403
Antoni Azúnsolo 3,515 1,172 0 2,343
Chiapas Bulnes Hermanos (Manuel y Francisco) 401 134 1 266
Luis Hüller 2,880 970 1,440 480
Durango Rafael Martínez 7,876 2,632 0 5,264
Antonio Azúnsolo 10,431 3,477 0 6,954
Guanajuato Manuel Noqueras 52 17 34 0
Yucatán Manuel Sierra Méndez 401 134 133 134
Antonio Espinosa 2,117 706 104 1,308
Oaxaca Eduardo Subikuski 607 0 406 201
Puebla Rivas Bonell y Compañía 732 0 0 732
Sonora Adolfo Bulle 6,255 2,085 0 4,170
Plutarco Ornelas 609 203 406
Manuel Peniche 21,881 7,294 10,671 3,917
Francisco Olivares 3,419 1,140 0 2,280
Sinaloa José Ma. Becerra 167 56 0 111
Mariano Gallegos 293 98 0 195
San Luis P. Mariano Gallegos 125 0 0 125
Tabasco Bulnes Hermanos 368 123 0 255
Policarpo Valenzuela 7,433 2478 0 4,955
Veracruz Eulalio Vela 459 153 306 0
Total 18 concesionarios 384,469 126,947 131,489 123,312
Fuente: Elaboración propia con datos de la Secretaría de Fomento (1889: 209) y Jan De Vos (1984: 85).
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explotación forestal. Ello en virtud de que el desarrollo de este tipo de políticas solamente
benefició a los clientes o allegados del gobierno, esto es, a las compañías deslindadoras y
sociedades forestales. En ese sentido, en diciembre de 1893, los diputados federales Pablo
Macedo, el campechano Justo Sierra, el oaxaqueño Rosendo Pineda, el tabasqueño Manuel
Sánchez Mármol, Manuel M. Flores, Ramón Prida, Julián Montiel y Duarte, el tabasqueño
Francisco Bulnes, entre otros, presentaron un proyecto de ley para incrementar la extensión de
tierra adjudicable y suprimir la obligación de colonizarla (González, 1973: 190). Debemos
señalar que algunos de estos personajes jugaron un papel central en el proceso de enajenación
de tierras o en la celebración de contratos para la explotación de recursos forestales,
especialmente en el sureste mexicano. Además, se benefició a los empresarios que tuvieron
propiedades en la costa oriental de Yucatán, como fue el caso del español Faustino Martínez.
De nueva cuenta, el gobierno mexicano y la oligarquía económica se dieron a la tarea
de contar con el andamiaje legislativo idóneo para promover la concentración de la tierra en
pocas manos, evitar el fraccionamiento y establecer un mínimo de colonos. Ello se puede
observar con la nueva ley sobre terrenos baldíos de marzo de 1894, concebida bajo la
consideración de algunos “vacíos e inconvenientes” (De Vos, 1984: 89). Básicamente, eliminó
la restricción de 25 kilómetros cuadrados (2,500 ha) para la extensión de terrenos, así como la
obligación de los propietarios para mantener pobladas sus tierras. No estableció en cambio,
restricciones para la colonización, deslinde o apropiación de terrenos adyacentes a las zonas
fronterizas. Su reglamento consideró como labradores pobres a los que tenían terrenos baldíos
o nacionales cuyo valor fiscal fuera inferior a 200 pesos.
Además, su innovación fue la creación del Gran Registro de la República, que tuvo
como objeto el otorgar seguridad completa a los terratenientes. Esta normatividad aseguró
básicamente la propiedad de las extensas tierras que ya habían sido distribuidas con el siste ma
de concesiones, pues los títulos no serían cuestionados o rectificados al estar registrados ante
las autoridades mexicanas. Igualmente, favoreció más a las compañías deslindadoras al
otorgarles mayor libertad y extender el límite de las hectáreas que podían enajenar. Además, en
octubre del mismo año, se expidió el Reglamento para la Explotación de los Bosques y
Terrenos Baldíos y Nacionales, a través de éste, las grandes extensiones boscosas, en especial
las existentes en el sureste mexicano, se pusieron a disposición de la iniciativa privada
solamente para su usufructo, sin estar sujetas a enajenación alguna, como se puede ver en el
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Anexo I (Secretaría de Fomento, 1897: 5-8).38 Para ese memomento, en la costa oriental de
Yucatán ya habían sido habilitados más de ocho mil kilómetros cuadrados de tierras y se
entregaron en arrendamiento 40 mil kilómetros cuadrados de bosques.
Cabe destacar que esta legislación pretendió una mayor atracción de inversionistas,
nacionales o extranjeros, la colonización y la apropiación de los vastos terrenos no enajenados
hasta ese momento. Reiteramos, la estrategia de colonización dirigida no había arrojado los
resultados esperados, por ende el fraccionamiento de la tierra no se llevó a cabo como sucedió
en Australia, Argentina y Estados Unidos. A pesar de los intentos por colonizar las vastas
tierras desocupadas del territorio mexicano, durante el periodo porfiriano, fueron establecidas
70 colonias, 16 de ellas oficiales y más de 40 particulares (González, 1960: 36; De Vos, 1984:
83).39 En el caso de la costa oriental de Yucatán, solamente se registró la constitución de la
colonia tabacalera la “Vega de San José”, que estableció a inicios de la década de 1890 el
empresario español Faustino Martínez y sus socios frente a la isla de Kim Kun (Cancún). Así,
hemos documentado que con la legislación emitida en 1894, el gobierno mexicano celebró más
de 200 contratos, 145 de deslinde, 56 de colonización y alrededor de 40 para el arrendamiento
bosques y la explotación de maderas, gomas y resinas. Es así que, los últimos años del siglo
XIX, menos de 30 personas se apoderaron de más de 380 mil kilómetros cuadrados
(38,000,000 ha) del territorio nacional.40
38 La ley, que se aprobó el 26 de marzo y el Reglamento se emitió el 1º de octubre de 1894. Véase: El Nacional
(EN), Cd. de México, 4 de abril de 1894, p. 1.
39 En cuanto a los inmigrantes que albergaron, los números no fueron satisfactorios del todo, pues para 1887, se
habían establecido en el territorio nacional un total de 6,747 colonos, de éstos más de 2,000 fueron extranjeros.
Para 1895, el número se incrementó a 7,792 inmigrantes, se integraron más de 3,300 procedentes de naciones
amigas, es decir, un 43%. Un lustro más tarde, la cantidad de colonos disminuyó a 5,910 con una proporción de
extranjeros del 73%. Para el año de 1902, las colonias oficiales albergaron alrededor de 1,700 mexicanos y 2,300
extranjeros. En el año de 1904, se llegó a 6,585 colonos y cuatro años después a 8,481 inmigrantes, de éstos 3,901
habitaban colonias oficiales y 4,580 en las particulares. La distribución del origen de la población fue desigual. En
el caso de las colonias oficiales, ocho fueron conformadas por mexicano, seis se fundaron con italianos, una con
guatemaltecos nacionalizados mexicanos y una con indios norteamericanos. En el caso de las particulares, 10 se
formaron con mexicanos y las restantes 34 se integraron de la manera siguiente: 20 por norteamericanos, dos por
alemanes, dos por cubanos, una por italianos, una por franceses, una por belgas, una por españoles, una por
japoneses, una por rusos, una por puertorriqueños y una por sudafricanos. La distribución geográfica de las
sesenta colonias fue la siguiente: 11 en el pacífico norte, 20 en la zona norte, 11 en el centro, siete en el pacífico
sur y 11 en el Golfo de México. Chihuahua fue la entidad que más concentró, con 16. Para inicios de la década de
1900, las colonias autorizadas por el gobierno federal fueron: “Oaxaca” en Sonora. “Juárez”, “Díaz”, “Pacheco”,
“García”, “Innominada” y “Las Palomas” en Chihuahua. “Tlahualilo” en Durango. “Metlaltoyuca” en Puebla.
“Topolobampo” y “Navolato” en Sinaloa. “Carlos Pacheco” y “Romero Rubio” en Baja California. “Santana” en
Tamaulipas. Véase: The Mexican Herald (TMH), Cd. de México, 4 de febrero de 1902, p. 3.
40 Podemos señalar que las adjudicaciones más relevantes de estos años se llevaron a cabo en el norte de la
República mexicana, los propietarios más importantes fue el alemán Luis Hüller, a través de su Mexican Land and
Colonization Ltd., a quien se le adjudicaron 56,740 km 2 (5,673,974 ha) localizadas en Baja California y otros estados
como Chiapas. De igual manera, en la península californiana encontramos a Pablo Macedo, dueño de 12,082 km 2
(1,208,225 ha), Conrado Flores con 15,000 km 2 (1,500,000 ha) y Adolfo Bulle, que adquirió 7,920 km 2 (792,268
ha). Ignacio G. del Campo y Jesús Valenzuela, a los que se les adjudicaron 40,000 km 2 (4,000,000 ha) de hectáreas
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Como podemos observar, los beneficiados fueron un grupo de empresarios, políticos,
gestores o capitalistas nacionales y extranjeros cercanos a la presidencia o a algunos de los más
representativos miembros del gabinete, especialmente a los despachos de Hacienda y Fomento.
Cabe señalar que, entre 1890 y 1910 solamente se llevaron a cabo entre 36 y 38 contratos de
deslinde y colonización. Aunque el gobierno mexicano reconoció el fracaso del proceso de
deslinde, debemos resaltar el enorme ingreso que le representó la venta de terrenos baldíos y
nacionales a particulares. Por ejemplo, la Secretaría de Fomento (1897: 3 y 10) y Jan De Vos
(1984: 86) nos señalan que las enajenaciones efectuadas entre los años de 1883 a 1893,
generaron ingresos al erario público de una suma superior a siete millones de pesos. Entre los
años de 1892 a 1896, la hacienda pública recibió más de un millón de pesos ($1.065,730.04).
Otro beneficio que trajo consigo el proceso de colonización y deslinde de terrenos baldíos, fue
que se logró conocer la extensión de las tierras, le proporcionó al gobierno federal la
posibilidad de conocer de una mejor manera la extensión territorial y las zonas fronterizas, en
especial en el sureste y suroriente, para determinar por medio de negociaciones diplomáticas,
los límites con naciones amigas como Guatemala y con la colonia inglesa de Honduras
Británica. 41
En el caso de nuestra región de estudio, podemos señalar que solamente se llevaron a
cabo deslindes en la zona considerada como la frontera oriental, en virtud de la presencia de las
comunidades mayas que se encontraron sustraídas a la autoridad del gobierno mexicano, lo que
propició que en 1895 fuesen aprobados dos decretos que previnieron la entrega de enormes
cantidades de tierras y bosques en propiedad privada. El primero fue el decreto del mes de
septiembre de ese año excluyó del deslinde y puso bajo el control del Estado mexicano una
extensa zona que comprendió toda la franja forestal fronteriza de oriente, desde los terrenos
del empresario español Faustino Martínez, el punto llamado Yuah -al norte de la punta
Chachalal-, pasando por Kobá, Tepich, Tiholop, siguiendo hasta el norte de la laguna
Chichancanab y al extremo noreste de la sierra de Becanchem (Becanché). Desde este punto,
hasta la aguada Holanolpoch. De ahí a San Antonio, para terminar en el meridiano que sirve de
límite entre México y Guatemala. Como límite oriental de la reservación se tenía el litoral de la
península.42
en Chihuahua y otros estados. Faustino Martínez, a quien le fueron extendidos los títulos que ampararon 6,738
km2 (673,850 ha) en la costa oriental de Yucatán. Las demás autorizaciones se pueden ver en el ANEXO II.
41 En el capítulo 2 realizamos el análisis de la demarcación del límite territorial entre la península de Yucatán y la
Relaciones Exteriores (AHSRE), leg. 44-12-54, Resolución de la Secretaría de Fomento sobre terrenos baldíos en la costa
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En octubre de 1895, el gobierno federal, a través de la Secretaría de Fomento,
comunicó al gobierno de Yucatán que para coadyuvar a la pacificación de la costa oriental,
fomentar la reducción de los mayas en poblados, se procediera al “restablecimiento de las
antiguas poblaciones y la formación de otras nuevas”. Así, se recomendó señalar el terreno
destinado para el fundo legal y los ejidos de los pueblos existentes antes del inicio de la guerra
social de los mayas y la propiedad privada para cada individuo mayor de 15 años de una
extensión de 50 mil metros cuadrados (5 ha).43 En esta reservación el gobierno mexicano pudo
ejercer un mayor control y dominio, evitando la especulación de la tierra a través de los
denuncios de los terrenos de los santacruzanos e icaichés. Pero también allanó el camino para
comenzar la campaña militar para terminar de manera definitiva con la guerra social de los
grupos mayas de la región. A partir de lo anterior podemos señalar que los deslindes fueron
suspendidos y solamente se autorizaron contratos temporales para la explotación forestal. Por
ello los beneficiados del sistema de concesiones forestales fueron los ya mencionados Manuel
J. Sierra, Faustino Martínez, Rafael Peón, Olegario Molina y la empresa estadounidense The
Stamford Manufacturing Company.
Como podrá observarse en la información que contiene la Tabla 2, resaltamos que a
nivel nacional la gran parte de los casi 430 mil kilómetros cuadrados (42,990,332 ha) de tierras
que fueron adjudicadas durante casi un siglo, el 90 por ciento fue vendida durante la era
porfiriana, principalmente a manos privadas o a las compañías deslindadoras que llevaron a
cabo la habilitación de los terrenos baldíos como “compensación”. En materia de ejidos, la
Tabla 3 nos permite observar que se emitieron más del 72 por ciento de los títulos de
propiedad, pero solamente ampararon cinco mil 859 kilómetros cuadrados (585,492.62 ha), es
decir, el uno y medio por ciento de las tierras adjudicadas. Así, el 30 de diciembre de 1902, el
presidente Porfirio Díaz expidió un decreto, derogando de manera “expresa y terminante” las
disposiciones que autorizaron a las compañías deslindadoras a llevar a cabo la habilitación de
terrenos baldíos. Siete años más tarde, en diciembre de 1909, se abrogó la Ley de 1894,
suspendiéndose así todo nuevo deslinde y sólo los realizados por las comisiones oficiales serían
válidos.
oriental de Yucatán, Cd. de México, 15 de octubre de 1895, 1 f. “Oficio núm. 1,745 de la Secretaría de Estado y del
despacho de Fomento, Colonización é Industria, relativo a los terrenos disponibles para el deslinde y los bosques
nacionales en la península de Yucatán, de 2 de septiembre de 1895”, Diario Oficial del Supremo Gobierno de los Estados
Unidos Mexicanos (DOEUM), Cd. de México, 20 de septiembre de 1895, p. 3.
43 Dicha instrucción fue decretada el 15 de octubre de 1895. Véase: “Reglas para el restablecimiento de las
antiguas poblaciones y formación de nuevas en Yucatán”, El Economista Mexicano, 2 de noviembre de 1895, pp.
159-160.
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En consecuencia, se autorizó el arrendamiento de los terrenos baldíos y nacionales por
un término no mayor de 10 años y el pago anual mínimo del cinco por ciento del valor de los
mismos. Se fijó en 50 kilómetros cuadrados (5,000 ha) el límite enajenable a favor de una sola
persona. Así, entre febrero de 1878 y abril de 1910, particulares y compañías deslindadoras
llevaron a cabo la habilitación de 585 mil 713 kilómetros cuadrados (58,571,300 ha).
Igualmente, entre los años de 1889 y 1916, las compañías deslindadoras obtuvieron como pago
alrededor de 168 mil kilómetros cuadrados (16,800,000 ha) (Cosío, 1961: 292; De Vos, 1984:
89-92; Nickel, 1988: 109). A pesar de que el gobierno porfiriano aparentemente se percató del
error que fue permitir la apropiación de vastas tierras, los grandes latifundios ya estaban
consolidados, como lo veremos para la porción de la costa oriental de Yucatán.
Tabla 2
Suma total de terrenos adjudicados (1821-1910)
Periodos Títulos expedidos Superficie adjudicada %
Número %
1821 – 1857 ¿ 1,054,490 2.3
1863 – 1866 ¿ 1,737,465 4.0
1867 – 1876 880 1,424,097 3.3
1877 – 1910 42,428 38,774,280 90.4
Total 42,990,332 100.00
Fuente: Elaboración propia con datos de las Memoria de la Secretaría de Fomento (1857, 1868, 1897, 1909, 1912);
Anuario Estadístico (1893, 1898, 1900, 1907).
Tabla 3
Distribución de la tierra adjudicada (1877-1910)
Tipo Títulos % Superficie % Hectáreas
Ejidos 72.52 1.51 585,492
Colonias 2.34 0.03 11,632
Terrenos nacionales 4.21 14.05 5,447,786
Terrenos baldíos 17.67 25.53 9,899,074
Compensación 0.73 51.88 20,116,096
Total 100% 100% 38,774,280
Fuente: Elaboración propia con datos de las Memoria de la Secretaría de Fomento (1857, 1868, 1897, 1909, 1912).
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alrededor de un millón 200 mil pesos. Con ello, se planteó el objetivo de establecer una colonia
de franceses en el Departamento de Palenque. 44
44 El Imparcial (EI), Cd. de México, 24 de mayo de 1910. El País (EP), Cd. de México, 25 de octubre de 1910.
45 Rodríguez poseyó desde el año de 1830 terrenos en el paraje el Palmar donde estableció campamentos para el
corte de caoba y otras maderas. En julio de 1840, le fue confirmada la autorización. En cuanto a Esteves, este
comerciante llevo a cabo sus actividades en el paraje nombrado Esteves del Rio Hondo, en el cual dio trabajo a
más de sesenta hombres. El 1º de abril de 1896, se publicó la adjudicación a Esteves y otra de dos terrenos José
Eulogio Rosado en 1845, situados en la comprensión de Bacalar. Véase: AGEY, Poder Ejecutivo (PE), vols. 1 y
11, exps. 27, 33 y 35.Expediente promovido por Don Victoriano Rodríguez, vecino y del comercio de Bacalar, relativo a la
legalización de un paño de tierras nacionales al norte del Rio Hondo, que le concedió el Gobierno, para el establecimiento de un corte
de maderas, Tekax, enero de 1840, s/f. Representación de Matías Esteves, vecino de Bacalar, solicitando un paño de tierra para
continuar sus cortes de madera en el paraje que tiene en Río Hondo, Bacalar, 10 de mayo de 1840, s/f. Representación de
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Lo que podemos resaltar es que los terrenos fueron otorgados en la porción sur de la
frontera forestal de la costa oriental, en la margen del río Hondo. Con relación al resto de la
región solamente contamos con datos de algunas solicitudes de tierras que se dieron en las
inmediaciones de los pueblos de Tihosuco y Peto, en la zona de la frontera-extractiva entre el
este henequenero y el oeste forestal. Robert W. Patch (1990: 61-62) señala la existencia de un
par de solicitudes de tierras. Una en el año de 1837 por parte de Francisco Buenfil, a quien las
autoridades del pueblo de Tihosuco le confirmaron la propiedad de terrenos que ocupó
previamente por cinco años, fuera del ejido de dicha villa, donde ya tenía construidas
edificaciones como una noria, casas y corrales. Otra fue aprobada por el gobierno yucateco en
1841, a favor de Pablo José Arceo, avecindado en Peto, quien también ya contaba con
edificaciones para producir azúcar, viviendas para sus peones y cultivos de caña y maíz.
En el año de 1846, se adjudicó al empresario Manuel Galera un terreno de 23
kilómetros cuadrados (una legua cuadrada) situados en Labcah (Pueblo Viejo), donde ya tenía
establecida una factoría de extracto de palo de tinte. Otra compra por seis kilómetros
cuadrados (un cuarto de legua cuadrada) de tierra, en Yalahau, que se realizó por Rufino
Contreras.46 Ambas propiedades se convirtieron en una hacienda azucarera y una finca
ganadera. Hay que destacar que, lo más al oriente que llegaron los interesados en este proceso
de privatización de tierras entre los años de 1843 y 1847, fueron las jurisdicciones de Peto y
Tihosuco, pues de los ocho mil kilómetros cuadrados de terrenos baldíos que se enajenaron ,
una tercera parte se realizó en esta zona. Ello como resultado de dos aspectos económicos,
como fueron la expansión de la industria azucarera y las actividades extractivas de la tintórea.
Aunado a la confrontación política entre liberales y conservadores yucatecos y mexicanos, que
a nivel regional, también observó en la venta de terrenos baldíos el medio para capitalizar las
finanzas del estado.
La mayor parte de las tierras enajenadas en el estado se realizó la porción noreste de la
Península, el área más poblada, como las prefecturas y subprefecturas de Maxcanú,
Hecelchakán, Ticul, Motul, Izamal y Tecoh. En este contexto, el crecimiento de las haciendas
cañeras, ganaderas y agrícolas comenzó a interrumpirse con el conflicto político-militar que se
generó entre liberales y conservadores, federalistas y centralistas, propició una lucha intestina
en la península de Yucatán y una confrontación con el gobierno central mexicano. Una vez que
Francisco Basquez, vecino de Bacalar, solicitando tierras para ampliar su paraje San Luis, donde cultiva caña dulce y cereales,
Bacalar, 1840, s/f. La Revista de Mérida (LRM), Mérida, 25 de abril de 1896, p. 4.
46 Encontramos esta información del abogado e ingeniero Antonio Espinosa, agente de tierras en Yucatán para
1896, quien informó sobre la existencia de estos expedientes en su oficina. Véase: LRM, Mérida, 25 de abril de
1896, p. 4.
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la guerra social de los pueblos mayas, todas las actividades económicas desarrolladas hasta la
década de 1840 en la costa oriental yucateca se vieron truncadas (Bracamonte, 1990: 101;
Patch, 1990: 51, 69 y 71). Aunque debemos señalar que hubo pretensiones por afectar las
tierras de comunidades mayas, como fue el caso de la solicitud de José Felipe Gil para la venta
de un terreno perteneciente al común del pueblo de Ucú, misma que no se realizó. 47 Asimismo,
podemos destacar que los pueblos mayas de Dzilam, Buctzotz, Cenotillo, Sucilá y Panabá, en el
Partido de la Costa, al oriente de Yucatán, solicitaron la suspensión de la Ley del 28 de
diciembre de 1833. 48
Debemos recordar que, el estallido de la guerra social de los pueblos mayas a finales de
la década de 1840, les proporcionó a éstos el control y dominio territorial en las zonas sur y
oriental de la península yucateca, situación que aletargó el proceso de apropiación de las vastas
tierras en este espacio considerado semidespoblado. Incluso, los mayas provocaron afectar a
algunas factorías constituidas en la porción norte de la costa oriental. Fue el caso de los
establecimientos San Fernando de los Negros (San Fernando Aké), ubicado en la costa
próxima al río Lagartos en Tizimín, y el rancho Monte Bravo, erigido entre Yalahau y Labcah,
éste fue propiedad de los empresarios Tomás Luján y Manuel Galera. Estas empresas se
dedicaron, entre otras actividades económicas, al procesamiento del extracto del palo de tinte.
Incluso, para el año de 1845 llegaron a producir más de 158 toneladas (350 000 lb), que fueron
comercializadas principalmente en Alemania y Estados Unidos (Millet, 1990: 37-38; Villalobos
y Macías, 2000: 37-38).49
Encontramos hasta el momento documentación que nos permite señalar un par de
autorizaciones para la extracción de maderas en la margen mexicana del río Hondo. Se destaca
que en agosto de 1851 el gobierno de Yucatán otorgó al comerciante inglés Philip Toledo una
concesión para explotar, por 15 años, los bosques adyacentes al afluente y la laguna de Bacalar,
en una franja de hasta 38 kilómetros. La contribución anual de Toledo fue de más de 10 mil
47 Gil solicitó al ayuntamiento meridano la venta de un terreno de 160 km² (400 mecates) que se ubicó el pozo
Boloncohsib. Dicha venta no procedió al constatarse que la porción de terreno era perteneciente a la comunidad
de Ucú. Véase: AGEY-PE, caja 38, vol. 1, exp. 30, Representación de Felipe Gil, sobre que se le conceda la venta de unas
tierras baldías pertenecientes al pueblo de Ucú, Mérida, 11 de julio de 1837, s/f.
48 Estas comunidades solicitaron esta suspensión con el argumento de que la legislación “obstruía” los escasos
medios de subsistencia que tenían sus habitantes, pues la supuesta existencia de tierras baldías afectó las
actividades agrícolas y ganaderas. Véase: AGEY-PE, caja 38, vol. 1, exp. 25, Representación de varios municipios del
partido de la Costa ante el gobernador del Estado, para que se suspendan los efectos de la ley del 28 de diciembre de 1831 sobre
tierras baldías, por los efectos perjudiciales que causa a sus moradores, Partido de la Costa, 18 de mayo de 1834, s/f.
49 Además del corte de palo de tinte y maderas blancas, en estos establecimientos se cultivó caña de azúcar y
50 AHSRE, leg. L-E-1690, Contrato para el corte de madera que concede el estado de Yucatán a la empresa Young Toledo and
Company, Mérida, 26 de agosto de 1851, ff. 8-9. Archivo de Belice (AB), R. 54, Mariano Trejo al Superintendente W.
Stevenson, 15 de septiembre de 1856. Young, Toledo and Co. al Superintendente W. Stevenson, 16 de septiembre de 1856.
Los documentos del Archivo de Belice se encuentran citados en Angel Cal (1983, p. 140).
51 AGEY-PE, caja 212, vol. 162, exp. 46, José Dolores Zetina solicita al gobernador declare nulo el contrato celebrado por el
anterior gobernador con los Sres. Young Toledo y Compañía del comercio de Belice por ser extranjeros, Mérida, 23 de agosto de
1853, 1 ff.
52 En la península de Yucatán, el Comisario Imperial emitió, el 10 de octubre de 1864, una orden del emperador
Maximiliano de Habsburgo, por medio de la cual se ordenó el cese a las denuncias de terrenos de la nación, aun
cuando lleven el nombre de municipales. Para 1862, la legislación que se promulgó durante el gobierno de
Maximiliano de Habsburgo fue la Ley agraria del Imperio del 16 de septiembre de 1866 (Ancona, 1887: 107-108,
t. III; Escárcega, 1990, p. 56).
- 69 -
consideró que, en virtud de los dictámenes efectuados al respecto, no recomendó la
mencionada solicitud.53
Éstos fueron el comerciante yucateco Mauricio Palmero, quien a finales de la década de
1860 fundó el rancho Xuxub, que tuvo una extensión de 300 metros cuadrados (31 ha), aunque
éste no prosperó. Los españoles Ramón y Tomás Aznar, quienes conformaron una enorme
plantación azucarera denominada Salsipuedes y el rancho Axnal de dos y medio kilómetros
cuadrados de extensión. Además, Tomás Aznar adquirió otros seis kilómetros cuadrados de
terreno adyacentes a la laguna de Conil (Yalahau). Otros que incursionaron en el área fueron
Andrés y Manuel Urcelay Martínez, quienes adquirieron alrededor de 20 kilómetros cuadrados
de tierras para conformar el rancho ganadero San José Majas. Además, erigieron el rancho
Solferino, en el antiguo pueblo de Labcah. Otro rancho azucarero, próximo a Solferino, fue
Dzaptún. Estas condiciones atrajeron la atención del ingeniero estadounidense Robert L
Stephens, el cual se asoció con Ramón Aznar para adquirir el mencionado rancho Xuxub para
cultivar caña de azúcar y comerciar sus productos derivados. (Villalobos y Macías, 2000: 388;
Sullivan, 2004: 19-33).54
En virtud de que, desde finales de la década de 1870, esta región, con sus principales
islas de Cozumel y de Mujeres, fue percibida como un semidespoblado susceptible de la
colonización, enajenación de sus tierras baldías y usufructo de los ricos recursos forestales.
Igualmente, para aprovechar los enormes recursos marítimos como la esponja, la tortuga de
carey, varios mariscos como caracol, pulpo, ostión u ostras y también la actividad ganadera.
Estos productos atrajeron la atención de comerciantes que se convirtieron en concesionarios
del gobierno federal para el aprovechamiento y control de los terrenos. Por ejemplo, lo
sucedido en 1878 cuando el entonces jefe político de Espita, informó al gobernador de
Yucatán que en dicho partido “nadie” llevó a cabo el corte de palo de tinte y que no existían
53 AGEY-PE, caja 248, vol. 198, exp. 60, Francisco Jiménez comunica al Comisario Imperial de Yucatán, José Salazar
Ilarregui, la remisión de una solicitud particular pretendiendo privilegios para cortar y exportar madera de caoba en la costa oriental
de la península, México, 9 de marzo de 1866, 5 ff.
54 Palmero comenzó sus labores en Xuxub con 30 trabajadores y sus familias para cultivar maíz y caña de azúcar,
contó también con trapiches y alambiques para procesar azúcar y aguardiente. En cuanto a los hermanos Aznar,
sus actividades fueron el cultivo de maíz, algodón y caña de azúcar, la producción de azúcar y ron, así como
también el corte de maderas. El 15 de noviembre de 1869, la Secretaría de Fomento, comunicó al gobernador de
Yucatán, el dictamen relativo al denuncio de unos terrenos baldíos realizados por Andrés y Manuel Urcelay en
Labcah. En esta propiedad comenzaron sus actividades agrícolas, con 16 peones y sus familias, instalaron un
molino de vapor para procesar la caña de azúcar y un equipo para destilar alcohol y aguardiente, el cual fue
construido por el ingeniero estadounidense Robert L. Stephens. Podemos inferir que la producción en la
plantación agrícola de los Urcelay fue significativa con el hecho de contar al menos con más de cien peones, más
sus respectivas familias. Véase: AGEY-PE, vol. 237, exp. 22, caja 287, Dictamen sobre la denuncia terrenos baldíos en
Labcah, Cd. de México, 15 de noviembre de 1869, s/f. El Correo del Comercio (ECC), Cd. de México, 10 de
noviembre de 1875, p. 3; EF, Cd. de México, 11 de noviembre de 1875, p. 3; LVM, Cd. de México, 11 de
noviembre de 1875, p. 3; EMR., Cd. de México, 12 de noviembre de 1875.
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denuncias de baldíos.55 Podemos constatar entonces, la existencia de terrenos yermos en la
zona norte de la península yucateca, así como de recursos forestales que no estuvieron sujetos
a la explotación legal.
Realmente fueron pocos los empresarios-comerciantes que disfrutaron de la propiedad
y de los recursos, pues ubicamos la presencia de cinco proyectos y negociaciones que
consideramos como agentes económicos que fungieron como marcadores de soberanía
económico-políticos, como veremos en capítulos posteriores. Aunque como veremos más
adelante, el expansionismo de sus actividades agrícolas propició el ataque de los mayas
sublevados de oriente. Las incursiones de los “rebeldes” propiciaron la huida de los
hacendados e inversionistas yucatecos y extranjeros que se encontraban en las tierras
adyacentes a El Cuyo y la laguna de Yalahau.
O el caso de las islas de Cozumel y Mujeres, que se constituyeron como espacio para el
establecimiento de pobladores que huyeron de las incursiones de los mayas orientales. De
conformidad con el informe de la Secretaría de Hacienda a mediados de la década de 1870
hubo unos 600 pobladores dedicados a la agricultura. Una casa comercial cuyo propietario era
un mexicano, con un capital no mayor de tres mil pesos que surtió los artículos requeridos por
los vecinos para su subsistencia y actividades agrícolas. Insumos provenientes de los puertos de
Progreso y Belice. En virtud de la precaria situación de la isla, muchos habitantes emigraron a
Belice “para procurarse trabajo y recursos”. Aunque, como señalan César y Arnaiz (1988: 69-
75), para esta misma época, el “auge henequenero” en Cozumel se alimentó de la producción
de la hacienda Colombia de cuatro y medio kilómetros cuadrados (446 ha) propiedad de Dalio
Galera y el rancho Buenaventura, propiedad de Buenaventura Martínez, en éste se cultivó
tabaco y se crió ganado. Ambos establecimientos agrícolas estuvieron ubicados al sur de la
isla.56
55 A pesar de que en el expediente que abarca el mes de abril del año en cuestión, el jefe político Manuel Negroe,
señaló que en Espita no se habían presentado ataques por parte de los “mayas orientales”. Véase: AGEY-PE, caja
331, vol. 281, exp. 82, Manuel Negroe, Jefe Político de Espita, comunica al gobernador el informe de no haber quien corte el palo
de tinte, 2 de abril de 1878, f. 2.
56 Los pobladores fueron 51 familias de artesanos-comerciantes, 86 mestizos y 350 mayas de Valladolid que
huyeron de los azotes de los mayas rebeldes en el contexto de la guerra social. San Miguel fue el primer
asentamiento erigido por el entonces gobernador yucateco Miguel Barbachano. Cabe destacar que las principales
familias de blancos yucatecos fueron entre otros: Novelo, Angulo, Alcocer, Cárdenas, Rivero, Vivas, Aguilar,
Anduze, Esquival, Vega, Martín, Corral. A finales de la década de 1860, la isla de Cozumel contó con 779
habitantes, diseminados en 9 ranchos agrícolas productores de caña de azúcar, maíz, tabaco, algodón y sagú,
cuatro haciendas ganaderas y la zona agrícola de El Cedral. En cuanto a la actividad agrícola henequenera, se
estableció un “tren de raspa” en la hacienda Colombia y un puerto en el rancho Buenaventura por el cual se
embarcó el henequén rumbo a Yucatán. Véase: AHSRE, leg. 1-1-105, Informe de la Sección 1ª de la Secretaría de
Hacienda sobre la agencia comercial de Estados Unidos en Cozumel, Cd. de México, 9 de enero de 1875, f. 18. Boletín
Estadística del Estado de Yucatán (BEY), Mérida, 15 de diciembre de 1900, p. 167.
- 71 -
En la década de 1880, a pesar de la existencia de población y asentamientos
productivos, en el caso de las islas de la costa oriental, este espacio fue considerado por las
autoridades mexicanas y por los empresarios, como un espacio semidespoblado, de
oportunidades, que aprovecharon para desarrollar negocios en los vastos bosques, litorales y
los ricos recursos naturales. Con las actividades de apeo y deslinde del ingeniero meridano
Antonio Espinosa. Fue ocupado nuevamente con la empresa forestal del comerciante
izamaleño J. Ramón Ancona en sus propiedades de El Cuyo. También contó con la presencia
de intereses de los empresarios campechanos Felipe Ibarra y Manuel J. Sierra. Se destacó la
habilitación de terrenos, las actividades agrícolas y la explotación forestal de la sociedad del
empresario español Faustino Martínez. 57
Al parecer el gobierno mexicano generó la confianza en los capitales nacionales y
extranjeros, pues durante los años de 1880 a 1884 se llevaron a cabo al menos cuarenta y seis
contratos de colonización y deslinde. Cabe destacar que a pesar de que muchos empresarios
presentaron, gran cantidad de proyectos que no llegaron a formalizarse. Pero se denota el
beneficio concedido a ciertos personajes, en especial a aquellos que poseyeron el capital
necesario para atender las concesiones. En el caso de nuestra zona de estudio, podemos
destacar los contratos de colonización extendidos a favor de Rafael Porras Martínez y Manuel
Campos Díaz, este último traspasado a Felipe Ibarra O. Los convenios de deslinde de
personajes centrales para nuestra investigación como Antonio Espinosa Rendón, Justo Sierra y
Fernando Zetina, que fue trasladado a Manuel Sierra. Entre los contratos de colonización y
deslinde, para la península yucateca encontramos los siguientes beneficiarios del sistema de
concesiones: Rafael Porras Martínez (30-oct.-1882), Yucatán y Campeche. José Matilde
Alcocer (5-jun.-1883), Yucatán. Manuel Campos Díaz (10-jul.-1883), Yucatán y Campeche.
Antonio Espinosa Rendón (13-nov.-1883), Yucatán. Justo Sierra y Fernando Zetina (18-jul.-
1884), Cozumel e Isla Mujeres. En cuanto a las autorizaciones para el resto del país véase el
ANEXO I.
Podemos señalar que la apropiación de tierras baldías durante las últimas tres décadas
del siglo XIX cubrió dos procesos. Por un lado, la habilitación, apeo y deslinde de terrenos
para su conversión a tierras nacionales, para su posterior venta, colonización y usufructo.
Asimismo, se buscó consolidar la propiedad privada, asegurar el ingreso de capitales a la
hacienda pública y el desarrollo económico que la política liberal estableció para modernizar al
57En el capítulo 4 abordamos el caso de Antonio Espinosa, Ibarra Ortoll y Sierra Méndez. En cuanto a Ancona
Bolio y Martínez, en los capítulos 5 y 6, respectivamente llevamos a cabo un análisis de su trayectoria y
participación en las actividades económicas en la costa oriental.
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país. Por el otro, la existencia de negociaciones forestales incentivó la concesión de terrenos
para la extracción y comercio de recursos maderables. Pero debido a que este espacio estuvo
controlado por los poblados mayas sublevados de oriente y pacíficos del sur, la ocupación del
semidespoblado no se realizó, en virtud de que las condiciones laborales de este sector no
fueron propicias para generar que los trabajadores se mudasen con sus familias a las regiones
donde se llevó a cabo la explotación de recursos madereros. En una primera instancia, el
gobierno mexicano buscó que las compañías deslindadoras llevasen a cabo la habilitación y
venta de los terrenos baldíos. También por medio del establecimiento de algunas sociedades
forestales para realizar la explotación de los bosques de la costa oriental de Yucatán. Pero la
presencia del escenario de guerra y el control de los grupos mayas santacruzanos e icaichés no
lo permitió.
Como podemos ver en la Tabla 4, se realizó la habilitación de baldíos en la porción
norte de la costa oriental, pues la subregión centro continuaba bajo el control económico y
territorial de los santacruzanos y la zona sur bajo la influencia de los chichanhás -icaichés.
Aunque encontramos que uno de los primeros contratos que tenemos referencia es el
efectuado en junio de 1883 a favor del diputado José Martínez Alcocer. Pero cabe señalar que
esta autorización no se llegó a instrumentar, pues no hemos localizado en los documentos de
archivo revisados algún dato sobre la extensión y lugar de terrenos deslindados.58 Se destacaron
por ser beneficiados de este sistema de concesiones, Antonio Espinosa, Manuel J. Sierra, J.
Ramón Ancona y Faustino Martínez. Otros fueron los comerciantes-hacendados: Juan Urcelay
Martínez, Domingo Soberanis, Nicolás Urcelay, Pascual Evía, Domingo Evía, Pascual Evía,
Manuel Brito, Felipe Pérez Alcalá, Manuel Narváez Pérez, Prudencio Hijuelos, Filiberto I.
Méndez, José Inés Pérez Leal, Pablo Bolio, José Font, Eugenio Rosas, Claudio Herrera, Tomás
Castellanos, Ignacio Alfaro, Vicente Escalante Galera, Manuel Cicerol y Roberto Casellas
Rivas.
58 “Contrato celebrado con el C. General Carlos Pacheco, Secretario de Estado y del despacho de Fomento, en
representación del Ejecutivo de la Unión, y el C. José Matilde Alcocer, o a la Compañía que al efecto organice,
para deslindar sin perjuicio de tercero que mejor derecho represente, terrenos baldíos en el Estado de Yucatán de
la República Mexicana”, DOEUM, Cd. de México, 26 de junio de 1883, pp. 2-3.
- 73 -
Tabla 4
Terrenos adjudicados en la porción oriental de la península de Yucatán (1877-1897)
Comprador Superficie Superficie Precio Año Localidad
(km²) (ha) (pesos) Península de Yucatán
Nicolás Urcelay 25 2,500-00-00 625.00 1877 Chumpixoy, Partido de Temax
Domingo Soberanis 4 407-32-60 203.66 1880 Partido de Espita
Felipe Pérez A. y 14.5 1,450-58-25 725.29 1881 Partido de Tizimín
Manuel Narváez P.
Domingo Evía 0.8 86-77-10 43.58 1882 “Santa María de Jesús” o “La Virgen
de Hocaba”, Partido de Sotuta
Pablo Bolio 0.8 81-88-00 40.98 1883 Municipio de Yzamal
Antonio Espinosa R. 119 11,940-00-00 (Deslinde) 1883 frente a la Isla de Holbox)
Pascual Evía 3 313-91-57 156.95 1884 “San Juan”, Partido de Sotuta
2 228-45-22 113.20 1885 Partido de Sotuta
Manuel Brito 3.7 374-25-80 187.12 1886 Partido de Tekax
José Inés Pérez Leal 0.9 97-15-95 75.13 1887 Municipio de Mocochá
Manuel J. Sierra M. 265 26,522-00-00 (Deslinde) 1888 Cozumel e Isla Mujeres
Prudencio Hijuelos 25 2,500-00-00 1,875.00 1889 Isla Mujeres
Filiberto I. Méndez 25 2,500-00-00 1,875.00 1889 Isla Mujeres
Juan Urcelay M. 23 2,340-87-50 2,574.96 1891 Partido de Temax
Alberto González 52 5,254-00-00 s/d 1892 Partido de Tizimín
José Font s/d s/d s/d 1893 s/d
Eugenio Rosas s/d s/d s/d s/d Partido de Temax
Claudio Herrera s/d s/d s/d 1893 s/d
Tomás Castellanos s/d s/d s/d 1893 s/d
Ignacio Alfaro s/d s/d s/d 1893 Dzilam de Bravo
Vicente Escalante G. s/d s/d s/d 1893 Sur de Tekax
Manuel Cicerol s/d s/d s/d 1893 Tekax
Roberto Casellas R. s/d s/d s/d 1893 Partido de Temax
Juan Urcelay M. s/d s/d s/d 1893 Partido de Temax
Faustino Martínez 2,410 241,083-33-33 (Deslinde) 1893 Costa oriental de Yucatán
4,821 482,167-00-00 361,625.25 1894 Costa oriental de Yucatán
J. Ramón Ancona 970 97,084-00-00 s/d 1897 Al oriente de El Cuyo de Ancona
Bolio
Fuente: Elaboración propia con datos del Archivo General de la Nación (Fomento y Obras Públicas. Colonización y
Terrenos Baldíos). Archivo General de Estado de Yucatán (Poder Ejecutivo), 1877-1897.
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la cantidad de palo de tinte que exportaba. Es decir, una situación que denota una clara evasión
fiscal que se llevó a cabo por parte de los comerciantes mencionados. En marzo de 1878, el
celador del puerto de Sial, Saturnino Solís, informó sobre la resistencia que Isidro Herrera y
Carlos Castro, encargados de las casas de los señores J. Crassemann y Cía. y Augusto L. Peón
para llevar a cabo la cuenta de los quintales de palo de tinte llevados en los buques “Romo” y
“Balier”. El expediente en sí, señala la necesidad por parte de la autoridad portuaria de Sisal
para poder pesar el palo de tinte existente en las bodegas de los barcos. De acuerdo al celador,
el “Roma” tenía una capacidad para embarcar hasta 600 toneladas (6,000 qq) de la tintórea. 59
A pesar de ello y de no contar con un contrato con el gobierno federal, este
comerciante izamaleño se dedicó a la venta de la tintórea en el mercado internacional. A partir
de este proceso, éstos y otros empresarios-propietarios pudieron establecer sociedades
forestales y posteriormente, conformaron una serie de sociedades con base en sus relaciones
político-económicas, para llevar a cabo la explotación de los ricos recursos naturales y las
vastas tierras que les fueron adjudicadas. Entre las que destacamos y son objeto de estudio de
esta investigación señalamos las siguientes: Antonio Espinosa y Compañía, la Agencia de
Colonización para Yucatán y Campeche, la Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas y la
Compañía Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán.
Un aspecto que nos permite señalar la existencia de campamentos o monterías previos
a la emisión de concesiones por parte del gobierno federal en la zona, es la presencia de
cortadores clandestinos de maderas en el poblado de Labcah, cuya traducción del maya
significa “pueblo viejo”, el cual fue denominado como Solferino por los hacendados Urcelay y
Castillo, quienes se dedicaban entre otras cosas, al cultivo de caña y la producción de azúcar en
la zona de la laguna de Yalahau, frente a la isla de Holbox. De acuerdo con los relatos, al
apilarse las trozas de palo de tinte y con las lluvias, el lugar se pintaba de un color rojizo,
denominado como color solferino. El color solferino es un tono moderado entre purpura y
rojo, descubierto en la villa italiana de Solferino en 1859. En otra carta del 26 de abril de 1878,
se informó al gobierno yucateco sobre la existencia de palo de tinte para ser embarcado libre
de derechos propiedad de la empresa alemana, J. Crasemann y Compañía, consignataria de
buques cuyo apoderado fue Juan Crasemann. 60 En este contexto las condiciones sociales,
políticas y económicas propiciaron que esta región fuera dividida en tres zonas: 1) La porción
59 AGEY-PE, caja 330, vol. 280, exp. 65, Saturnino Solis comunica al gobernador resistencia que le opusieron al celador de
Sisal por los encargados de las casas comerciales Crassenmann y Compañía, y Augusto L. Peón para pesar y llevar la cuenta de palo
de tinte de los buques, Sisal, 4 de marzo de 1878, 9 ff.
60 AGEY-PE, caja 331, vol. 281, exp. 30, Francisco Rejón Espinosa comunican al gobernador la averiguación de la
Durante el siglo XIX, nuestra zona de estudio se caracterizó por poseer áreas mayoritariamente
boscosas, con terrenos fértiles para el cultivo de varios productos. El principal interés de los
residentes fue en primera instancia el establecimiento de cortes de maderas tintóreas, para
ebanistería y construcción, siendo las principales explotaciones del palo de tinte, la caoba y el
cedro. A partir de la década de 1840, los hacendados y propietarios yucatecos buscaron
expandir sus plantaciones henequeneras y cañeras, así como sus estancias ganaderas. Unidades
productivas donde los mecanismos de explotación o las relaciones de producción significaron,
como lo señala Pedro Bracamonte (1990: 112), tres tipos de excedente económico: 1) La renta
de tierras a cambio de los productos, como el maíz que pagaron los aparceros. 2) El usufructo
de parcelas a cambio un día de labores, como los luneros. 3) El trabajo asalariado, como fue el
caso de los vaqueros o arrieros. Este proceso también requirió la expansión de las propiedades,
siendo la única zona aparentemente libre, el semidespoblado de la costa oriental de Yucatán.
- 76 -
Pero como analizamos en el siguiente capítulo, la guerra social de los mayas, la
“cuestión de Belice” y la presencia de los madereros-comerciantes ingleses entorpecieron la
empresa de los inversionistas mexicanos. En la década de 1880 se percibe una recuperación de
la economía capitalista internacional. Surgió al mismo tiempo la necesidad de nuevos mercados
abastecedores de materias primas y receptores de bienes de consumo por parte de los centros
manufactureros de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia. La nueva división
internacional del trabajo establecida con este proceso, incrementó la especialización de ciertos
países periféricos o dependientes. En el caso de Latinoamérica, podemos señalar ejemplos
como Bolivia, Chile o Perú que se volvieron exportadores de ciertos productos mineros. Otros
como Brasil, Colombia, Ecuador, países centroamericanos, caribeños y México, se volcaron a
las exportaciones de origen agropecuario. Debemos reconocer que, esta expansión de la
economía-mundo y el sistema de concesiones favorecieron la apertura al capital extranjero en
el negocio de la explotación de recursos forestales. Desde finales del siglo XIX y hasta la
década de 1930, México figuró como gran abastecedor de materias primas del mercado
internacional, rebasando la dependencia de los productos mineros del norte del país y
expandiendo la agricultura de exportación del sureste mexicano, donde se establecieron
plantaciones agrícolas y forestales (monterías). Enclaves que guardaron una mayor relación con
los centros productivos, el origen del capital y el destino de los productos de bienes primarios y
que generaron el enganche de la fuerza de trabajo. 61
A partir de ello, podemos observar entonces que estos sistemas económico -sociales
son negocios conformados por sociedades mercantiles que aportan abundante capital, cuya
fuerza de trabajo contratada y/o enganchada se supedita a la explotación que permitió la
acumulación de capital. Este procedimiento se efectuó por medio de contratos celebrados
entre los contratistas y los jornaleros, a quienes se les entregaba un adelanto de sus jornales
para asegurar la mano de obra. Por lo general los peones eran enganchados para a ir a laborar
lejos de sus sitios de origen. En los contratos se estableció que los gastos de transporte,
alimentación, alojamiento, vestido y herramientas de trabajo se les descontaba de su paga, por
lo que se generó un endeudamiento casi imposible de pagar. Una vez que arribaban a las fincas,
haciendas o monterías, las jornadas de trabajo o las cuotas de producción fueron excesivas. Por
61 En el caso mexicano, una vez que se sorteó la gran depresión de 1873-1880, el mercado mundial se recuperó y
el intercambio comercial se modificó e intensificó. Por ejemplo, Brasil se convirtió en agroexportador de azúcar;
Colombia se caracterizó por la producción cafetalera; Ecuador experimentó el auge bananero; países
centroamericanos como Costa Rica, Guatemala y Honduras se especializaron en el cultivo de café para su
exportación; en el Caribe, Jamaica se convirtió en receptor de plantaciones azucareras; y en el caso de México,
tenemos la existencia de plantaciones azucareras en el estado de Morelos, tabacaleras en Oaxaca y cafetaleras en
Chiapas (Florescano, 1979; Bartra, 1996: pp. 14-26).
- 77 -
ende, el acasillamiento no era necesario, pero las deudas que contraían los enganchados les
impedían dejar las plantaciones. Como lo documentan en sus obras Bruno Traven (2003) y
Kenneth Turner (2008).
Pero uno de los negocios más importantes en el sureste mexicano fue la explotación de
maderas tintóreas, finas y de construcción –palo de tinte, caoba y cedro-, así como resinas
como el chicle. En ese sentido, la franja forestal comprendida entre Chiapas, Tabasco,
Campeche y Yucatán fue objeto del saqueo de sus recursos para satisfacer los mercados
anglosajones. En el sur de Veracruz, se desarrolló la explotación y exportación de caoba y
cedro. En Tabasco se llevó a cabo la extracción de recursos madereros desde la Laguna de
Términos hasta el Petén guatemalteco. En el caso de Campeche, se constituyó un enclave
económico para abastecer el mercado internacional de materias primas. Un “reducido círculo”
de comerciantes y terratenientes ya habían amasado capital a partir del corte y comercialización
de la tintórea, maderas preciosas y gomas a través de los puertos de El Carmen y Campeche. 62
En la costa oriental o territorio quintanarroense, las principales actividades para la
obtención de materias primas fue corte de palo de tinte para el mercado textil internacional, las
maderas preciosas como la caoba y el cedro para la ebanistería, las maderas duras para la
construcción de barcos y casas, o bien para la fabricación de durmientes de ferrocarril. Los
principales puertos de entrada fueron Belice, Nueva York, Nueva Orleáns, La Habana,
Liverpool, Manchester, Le Havre, Glasgow, Bremen, Hamburgo o Rotterdam, entre otros. En
los albores de la siguiente centuria, se incrementó la extracción y exportación de gomas como
el chicle y resinas tales como hule y tuno, y cuyo destino principal fue el puerto neoyorquino.
La población que integró esta zona fue principalmente constituida por trabajadores temporales,
62 En el caso de estas regiones, desde mediados del siglo XIX ya se llevaba a cabo la comercialización al exterior
de las maderas extraídas. En la era porfiriana este proceso se incrementó en virtud de que estos recursos
maderables altamente demandados en Europa y Estados Unidos alimentaron los sectores de la construcción, el
armado de buques, la ebanistería y la fabricación de durmientes. En el caso de Veracruz, los exportadores de
maderas fueron principalmente: La casa Ricardo H. Leetch, Exportadora de Maderas Welsh (James Welsh), Casa
Prince, Casa Wright (James Wright), Compañía Whaley , Samuel Baldwin, León Duplán, George Green, Cayetano
Blanco, Juan B. Vidaña, José Guerrero, Rafael Pavón, Antonio Rodríguez Guerra, Adolfo Marroquín, Nicolás A.
López. En Tabasco, se destacaron: Policarpo Valenzuela, Bulnes y Compañía, la Casa Jamet y Sastré, la empresa
de los españoles Romano & Cía., Rafael Dorantes, Maximilian y Josef Doremberg, Julio Baemeister, W. M. Mac
Wood, Luis Martínez Castro, Enrique Sardaneta y Alejandro Legler y Yoshiburni Marota, entre otros. Ya para la
década de 1890, las casas más importantes en El Carmen fueron “Sres. Benito Anizán y Cía.” (exportadores de
caoba, cedro y palo de tinte), “Viuda de Reppeto” (palo de tinte) y “Juan Reppeto”, “Joaquín Quintana” (palo de
tinte), la casa de Juan Bautista, “Romano y Cía.”, Policarpo Valenzuela, la “Jamet y Sastre” y “Bulmes Hermanos”.
Los consignatarios de los embarques de la tintórea que se exportó para los puertos europeos fueron algunas casas
comerciales en Liverpool como Tylor Sons Company, Cearins Crany Company, W. Rose Company, J. H. Broch y otras. En
el caso de las empresas estadounidenses chicleras, destacaron en suelo campechano Leslie Moore (Mexican Gulf Land
and Lumber Company), Cecil L. H. Branson de The Laguna Corporation, P. H. Hearst y William Wrigley Company,
representada por Juan Oliver y Luis P. Florencia (De Vos, 1988: 130-172; Vadillo, 2003: 308-318; Zarauz, 2003:
272).
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enganchados y acasillados procedentes de Tuxpan, Campeche, Honduras Británica, Cuba,
Puerto Rico y Las Canarias, como parte de los intentos colonizadores que se manifestaron.
Esta mano de obra foránea fue atraída a los campamentos madereros a través de una práctica
común utilizada por los dueños de las sociedades forestales, el enganche. Un mecanismo que
trasladó contingentes humanos de zonas con excedente de fuerza de trabajo a regiones urgidas
de peones y jornaleros nacionales y extranjeros temporales (Rosenzweig, 1965; Báez, 1985:
156-165; Pohlenz, 1985: 56; Bartra, 1996: 14-15; Arellanes, 1998: 293; Zarauz, 2003: 269-297;
Joseph y Wells, 2010: 250). No podemos olvidar que esta región se convirtió en la principal
fuente de la resina para fabricar el chicle.
Así, la nueva dinámica internacional, obligó al gobierno mexicano a establecer que ni
las selvas ni los bosques ubicados en terrenos nacionales o baldíos eran susceptibles a la
adquisición por parte de los capitalistas, quienes sólo pudieron llevar a cabo la explotación de
los recursos forestales. Nuestra región de estudio fue objeto de la especulación para
usufructuar los vastos y ricos bosques y la extracción de maderas, gomas y resinas, materias
primas de exportación. Estos empresarios aprovecharon la integración mercantil que ya estaba
en marcha y que se aceleró con la expansión comercial que se presentó con la consolidación de
otras potencias económicas como Estados Unidos o Gran Bretaña y su búsqueda de nuevas
rutas comerciales, materias primas y puntos de abastecimiento y de nuevos mercados para sus
productos manufacturados (Zarauz, 2003: 270). Así, diversas regiones del sureste mexicano
que poseían vastos y ricos bosques, fueron el punto de atención para la inversión y para
fomentar el intercambio comercial que la economía nacional estaba experimentando. Este
esquema de extracción forestal, requirió de grandes inversiones de capital, generalmente de
procedencia externa. Con ello se fomentó también un proletariado forestal a través del sistema
de enganche, la presencia de contratistas y las sociedades forestales.
A partir de 1894, el gobierno mexicano celebró alrededor de 40 contratos de
arrendamiento para la explotación de maderas, gomas y resinas. Estos últimos, fueron
realizados con una vigencia de 10 años con posibilidad de prórroga y las zonas de aplicación
fueron los bosques o selvas tropicales de los estados de Campeche, Chihuahua, Chiapas,
Durango, Tabasco, Veracruz y Yucatán. Hay que señalar que, algunos de los contratos de
colonización y habilitación de terrenos nacionales autorizados desde una década atrás, para los
estados de Campeche y Yucatán y el territorio de Baja California, ya contenían en sus artículos
la explotación de bosques. En el caso de las demás entidades, los convenios se llevaron a cabo
entre 1897 y 1908 (Véase ANEXO II). En general, la extensión de terrenos concedidos en
- 79 -
arrendamiento figuró entre mil y tres mil kilómetros cuadrados (100,000 y 300,000 ha). Aunque
tenemos algunas excepciones, como los contratos celebrados con Faustino Martínez en 1903, a
quien se le concedió una extensión siete mil kilómetros cuadrados (700,000 ha) de bosques
nacionales en el Territorio de Quintana Roo, o José Ferrel, a quien en 1904 le fue autorizado
explotar una extensión similar (792,370 ha) en Campeche. 63
Con la incursión de sociedades forestales en la costa oriental de Yucatán, las estructuras
productivas utilizadas fueron similares a las aplicadas en el sur de Veracruz, la Laguna de
Términos, el corredor forestal establecido en el Petén y las márgenes del río Hondo. Es decir,
el establecimiento de monterías en los tíntales o en los sitios donde se encontraron las
“maderas blancas” o duras, destinadas para la ebanistería o la construcción. La extracción de
chicle, por medio del establecimiento de los campamentos chicleros y la contratación de
extractores capacitados que supieran llevar a cabo los cortes correctos en el chicozapote para
aprovechar por más tiempo la resina que extraían de éste. Un rasgo que tuvieron fue que,
debido a la falta de vías fluviales, la transportación de las trozas y troncos desde los
campamentos a los centros de distribución y puertos de embarque, se llevó a cabo a través del
establecimiento de vías férreas portátiles o decauville, como se acostumbró en la producción de
las haciendas henequeneras del noroeste de la península. Infraestructura de transporte que se
estableció para conectar los embarcaderos con las monterías y campamentos en los bosques,
de los que ya hemos señalado a El Cuyo, Yalinkín y el puerto de Morelos. Igualmente, llevaron
a cabo la siembra de cultivos de caña de azúcar, sus derivados como azúcar y destilados,
vainilla y así como de hortalizas para el consumo de los peones y jornaleros. Y en algunos
sitios apropiados, la extracción de sal marina. El desarrollo de una ganadería para el consumo
interno y para llevar a cabo las labores de acarreo de las materias primas con bueyes o mulas
para las plataformas.
Como consecuencia de lo anterior, consideramos que las sociedades forestales
constituidas para demarcar el control económico y territorial mexicano a finales del siglo XIX,
pudieron consolidarse a partir de las inversiones y negocios emprendidos por el comerciante
campechano Felipe Ibarra Ortoll, el científico-gestor Manuel J. Sierra Méndez, el armador
meridano José Ramón Ancona Bolio y el banquero español Faustino Martínez. Todos ellos
junto con sus destacados asociados, se convirtieron en agentes del gobierno mexicano,
aprovecharon las oportunidades para sus empresas que les brindó el sistema de concesiones de
deslinde y forestales. A partir de este proceso, estos empresarios-propietarios pudieron
Debemos dar cuenta de la repartición de la riqueza forestal por parte del gobierno federal en
nuestra región de estudio, como podemos ver en la Tabla 5. Los beneficiados del sistema de
concesiones fueron empresarios fieles al régimen desde finales de la década de 1870. Entre los
que se empeñaron por establecer negocios encontramos a los ya mencionados personajes
centrales de nuestra historia: Ibarra, Espinosa, Sierra y Martínez. Las autorizaciones para la
explotación forestal fueron otorgadas también a empresarios como Olegario Molina, Rafael
- 81 -
Peón y gestores y representantes de interés extranjeros como Alberto Terrazas, Bernardo
Reyes o Rómulo Fernández, entre otros. En cuanto a la presencia de capitales externos fue el
caso del inglés John E. Plummer y la sociedad estadounidense The Stamford Manufacturing Co.
(Véase Mapa 2).
Tabla 5
Sistema de concesiones para la explotación forestal en la costa oriental (1887-1902)
Fecha Concesionario Superficie Superficie Terreno Sub- Años Vencimiento
de firma (km) (ha) Región
16-nov.-1887 Felipe Ibarra Ortoll +40,000.0 +4,000,000 TB Y-C 10 17-nov.-1897
22-oct.-1888 Felipe Ibarra Ortoll +40,000.0 +4,000,000 TB CO 1* ¿?-sep.-1892
19-nov.-1892 Manuel J. Sierra +30,000.0 +30,000,000 TB CO 1* ¿?-mar.-1898
Méndez
¿?-oct.-1896 The Stamford -1,900.0 -190,000 TN RH 10 ¿?-sep.-1906
Manufacturing Co.
26-ago.-1897 The Stamford 1 920.0 192,000 TN RH 1* 31-dic.-1902
Manufacturing Co.
8-mar.-1898 Manuel J. Sierra 3 891.6 389,160 TN CO (sur) 1* 31-dic.-1902
Méndez
23-mar.-1898 Rafael Peón y Losa s/d s/d TN CO (sur) 1* 31-dic.-1902
28-mar.-1898 Olegario Molina s/d s/d TN CO (sur) 1* 31-dic.-1902
21-may.-1898 The Stamford 1 920.0 192,000 TN RH s/d 31-dic.-1902
Manufacturing Co.
14-jul.-1898 Faustino Martínez 7 000.0 700,000 TN RH 1* 31-dic.-1902
24-oct.-1902 Rodolfo Reyes O. 1 722.2 172,220 TN CO (sur) 10 31-oct.-1912
25-oct.-1902 John Edward 2 169.4 216,940 TN RH 10 31-oct.-1912
Plummer
TB: Terreno Baldío - TN: Terreno Nacional - Y-C: Yucatán-Campeche - CO: Costa oriental - RH: Río Hondo
* La duración del contrato se acordó a un año pero con la posibilidad de efectuar la prórroga anualmente.
Fuente: Elaboración propia con datos de Diario Oficial de los Estados Unidos Mexicanos (1887-1902); Secretaría de
Fomento (1892-1900).
A partir de finales de 1902, con la constitución del Territorio de Quintana Roo en, las
concesiones forestales se distribuyen en el Distrito del Centro, donde se reafirmó el
arrendamiento del hacendado-gobernador yucateco Olegario Molina y se repartió entre el
empresario y político chihuahuense Alberto Terrazas Cuilty, el político yucateco Jacinto Marín
Carrillo, el gestor-empresario Benjamín Barrios y el comerciante de Progreso Rómulo
Fernández. En el Sur, el gobierno respetó las concesiones otorgadas previamente en el borde
mexicano del río Hondo, como fueron el hacendado yucateco Rafael Peón y Losa, el banquero
español Faustino Martínez, el abogado jalisciense Rodolfo Reyes, el comerciante inglés John E.
Plummer, la empresa maderera estadounidense The Stamford Manufacturing Co. y el empresario
norteamericano James D. Anderson (Véase Tabla 6). En la década de 1910, se reconfiguró el
mapa de las concesiones forestales en el territorio quintanarroense, como damos cuenta en la
Tabla 7 de las distintas transferencias de autorizaciones que se presentaron en este decenio. Se
consolidó así la presencia del capital externo a través de sociedades forestales y chicleras como:
The C.C. Mengel & Bros. Co., The Mexican Chicle Mahogany Co., The Mexican Exploitation Co., The
- 82 -
Quintana Roo Development Company y el Banco de Londres y México. Con estas transacciones, se
puso de manifiesto el interés que los grandes capitales extranjeros -ingleses y estadounidenses-
tuvieron para llevar a cabo la explotación de recursos forestales en la región.
Tabla 6
Sistema de concesiones forestales en el Territorio de Quintana Roo (1903-1914)
Fecha Concesionario Superficie Superficie Terreno Distrito Años Vencimiento
de firma (km) (ha)
2-may.-1903 Faustino Martínez 7 000.0 700,000 TN Sur 10 15-may.-1914
19-jun.-1903 O. Molina y Cía. Sucs. 3 280.0 328,000 TN Sur 10 19-jun.-1913
11-ago.-1903 Alberto Terrazas C. 1 440.0 144,000 TN Centro 10 11-ago.-1913
5-sep.-1903 Jacinto Marín Carrillo 4 442.3 444,230 TN Centro 10 22-sep.-1913
28-dic.-1903 James D. Anderson & 705.0 70,500 TN Sur 10 28-dic.-1913
G.
28-dic.-1903 Benjamín Barrios 6 310.0 631,000 TN Norte 10 12-may.-1913
30-sep.-1904 Rafael Peón y L. 2 796.8 279,680 TN Sur 10 10-feb.-1914
21-dic.-1904 Rómulo Fernández 3 144.5 314,450 TN Centro 10 21-dic.-1914
26-jul.-1905 The Stamford 1 920.0 192,000 TN Sur 10 28-ago.-1915
Manufacturing Co.
27-nov.1912 Francisco B. Salazar s/d s/d TN s/d s/d 13-abr.-1915
27-nov.-1912 Juan V. Rondero s/d s/d TN s/d s/d 3-abr.-1915
27-nov.-1912 Gonzalo Sierra s/d s/d TN s/d s/d 13-abr.-1915
27-nov.-1912 Plutarco Castillejos s/d s/d TN s/d s/d 11-ago.-1913
27-nov.-1912 Miguel Alessio Robles s/d s/d BN s/d s/d 13-jun.-1913
27-nov.-1912 Manuel J. Urrea s/d s/d BN s/d s/d 13-abr.-1915
17-ene.-1913 Juan de la Borbolla s/d s/d BN s/d s/d 13-abr.-1915
17-ene.-1913 Alexandre Rueff s/d s/d BN s/d s/d 13-abr.-1915
(francés)
17-ene.-1913 Juan P. Grovas s/d s/d BN s/d s/d 13-abr.-1915
17-ene.-1913 Javier Icaza y Landa y s/d s/d BN s/d s/d 13-abr.-1915
Alberto Gorletti
17-ene.-1913 Manuel Zetina s/d s/d BN s/d s/d 13-abr.-1915
4-oct.-1913 The Quintana Roo 3,130.0 331,300 BN 10 ¿?-ago.-1925
Development Co.
17-oct.-1913 Banco de Londres y 7 444.7 744,477 BN 10 ¿?-ago.-1925
México.
TN: Terreno Nacional - TB: Terreno Baldío
Fuente: Elaboración propia con datos de Diario Oficial de los Estados Unidos Mexicanos (1903-1913).
Tabla 7
Traspaso de las concesiones forestales en el territorio de Quintana Roo (1910-1914)
Año Concesionario Extensión Extensión Nuevo Concesionario Vencimiento
(km) (ha)
1903 James D. Anderson 705.0 70,500 The C. C. Mengel & Bros. Co. 28-dic.-1913
1903 Alberto Terrazas 1,440.0 144,000 The Mexican Chicle Mahogany 11-ago.-1913
Co.
1904 Rómulo Fernández 3,144.5 314,400 The Mexican Exploitation Co. 21-dic.-1914
1910 Rafael Peón 2,796.8 279,680 John E. Plummer 12-abr.-1915
(Rescindido)
1910 Olegario Molina S. 3,280.0 328,000 John E. Plummer 19-jun.-1913
1913 Benjamín Barrios 6,310.0 631,000 The Quintana Roo Development 12-may.-1913
Co.
1914 Compañía 7 000.0 700,000 Banco de Londres y 15-may.-1914
Colonizadora de la México, S. A.
Costa Oriental de
Yucatán
Fuente: Elaboración propia con datos de la Secretaría de Fomento (1913: 352).
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En 1903 se verificó el traspaso a dos empresas estadounidenses. Anderson cedió poco
más de 700 kilómetros cuadrados a la Mengel & Bros. y Terrazas transfirió sus 14 mil kilómetros
cuadrados a la chiclera Mexican Chicle Mahogany. En 1904 Fernández transfirió su autorización –
más de 31 mil kilómetros cuadrados- a la sociedad británica Mexican Exploitation. Para el año de
1910 Molina y Peón traspasaron sus concesiones al inglés Plummer -–unos 60 mil kilómetros
cuadrados de bosques nacionales-. Una extensión similar transfirió, en mayo de 1913, Barrios a
The Quintana Roo Development Co. En 1914, la concesión más grande hasta el momento de 700
mil kilómetros cuadrados, fue cedida por la Compañía Colonizadora al Banco de Londres y
México (Véase Mapa 2). Otras autorizaciones, en menor escala, fueron otorgadas a los
siguientes personajes: Aurelio Cadena y Marín, Narciso Rivero (440 m2 -44 ha-). Joaquín
Fernández (250 m2 -25 ha-). Francisco Martín (130 m2 -13 ha). Marcelino Villanueva (950 m2 -
95 ha-). Eduardo Lecuona (30 m2 -3 ha-). Guadalupe Comilla (300 m2 -30 ha-). Jacobo Handall
(220 m2 -22 ha-). Asunción Castilla (100 m2 -10 ha-). Eduardo Martínez (40 m2 -4 ha-). Amilcar
Vidal (140 m2 -14 ha-). Gabriel Goytia (120 m2 -12 ha-). Justina A. de Portillo (700 m2 -70 ha-).
Gumersindo Vivas Vasillo (190 m2 -19 ha-). Oscar Coldwell Anduze y Félix Bonastre (1,116
m2 -116 ha-) (Xacur, 1998: 287-288, t. 5).
La importancia del comercio internacional de los recursos forestales de la costa oriental
la podemos observar en los volúmenes de exportación que se registraron. En la Gráfica 1,
presentamos las exportaciones por el puerto de Progreso de palo de tinte, que presentaron un
descenso considerable entre los años de 1896 con más de 47 mil toneladas y 1898 solamente
fueron arriba de tres mil toneladas. Entre los años de 1897 y 1898 el palo de tinte exportado
por Yucatán fue de casi siete mil toneladas (6,900,000 kg) y cinco mil toneladas y media
(5,500,00 kg) respectivamente. De igual manera, a nivel nacional las exportaciones pasaron de
más de 18 mil toneladas (18,165,570 kg) a casi 17 mil toneladas (15,967,500 kg). Entre 1899 y
1914, se exportó un promedio de casi dos mil toneladas anuales. Recordemos que esta caída de
las exportaciones de tintórea fue el resultado del surgimiento de las anilinas y del alto costo de
los fletes marítimos (Suárez, 1977: 215, t. I; Villalobos y Macías, 2000: 391-394). Con respecto
al comercio exterior del chicle por el puerto yucateco, en la Gráfica 2 se observa el repunte que
se presentó desde el año de 1899, con un promedio anual de casi 500 kilogramos hasta el año
de 1904. Se percibe una caída entre 1905 y 1917, pues se registró un promedio de 150 mil
kilogramos anuales, cuyo precio en el mercado internacional fluctuó entre siete y ocho
centavos la libra.
- 84 -
Gráfica 1
Exportaciones de palo de tinte (tn) por el puerto de Progreso (1894-1917)
60,000
40,000
20,000
0
1894
1895
1896
1897
1898
1899
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
Fuente: Elaboración propia con datos del Boletín de Estadística del estado de Yucatán (1895-1917).
Gráfica 2
Exportaciones de chicle (kg) por Progreso (1895-1917)
600,000
500,000
400,000
300,000
200,000
100,000
0
1895
1896
1897
1898
1899
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
Fuente: Elaboración propia con datos del Boletín de Estadística del estado de Yucatán (1895-1917).
- 85 -
A mediados de 1917 el gobierno mexicano comenzó a celebrar nuevos contratos de
arrendamiento de bosques en la región. Tenemos la existencia de alrededor de cuarenta
autorizaciones para el corte de maderas y la extracción de resinas en una superficie de más de
20 mil kilómetros cuadrados (Véase Tabla 8). Pero no arrendo la extensa superficie que ocupó
la Compañía Colonizadora y el Banco de Londres en la porción norte de la costa oriental. E n
junio de 1922 el gobierno federal decretó no emitir más concesiones forestales en el territorio
quintanarroense. 64 En las dos décadas posteriores y previamente a la segunda desaparición del
Territorio Federal el 4 de diciembre de 1931. Prácticamente el Territorio de Quintana Roo se
partió por la mitad, la porción sur que contuvo las localidades de Payo Obispo, Bacalar,
Calderitas y los asentamientos de la ribera del río Hondo, fueron incorporadas al Estado de
Campeche. La zona norte, que comprendió Santa Cruz de Bravo, Tulum, Santa María, Puerto
Morelos se integraron a Yucatán. Esta región sufrió una transformación en los siguientes
aspectos: a) La cancelación de todas las autorizaciones y contratos que el sistema de
concesiones porfiriano emitió. B) La posesión por parte del nuevo gobierno revolucionario de
todas las plantaciones y negociaciones existentes. c) La redistribución de las concesiones a
nuevos actores adeptos a los constitucionalistas. d) La restitución de los contratos y
propiedades a ciertos concesionarios.
64 AGN, Presidentes Obregón-Calles (OC), caja 241, exp. AQ2, Acuerdo presidencial para extender concesiones forestales
en Quintana Roo, Jalisco, 1º de noviembre de 1923, s/f.
- 86 -
Tabla 8
Sistema de concesiones forestales en el Territorio de Quintana Roo (1916-1929)
Fecha Concesionario Superficie Superficie Terreno Distrito Años Vencimiento
de firma (km) (ha)
2-jul.-1916 Manuel G. Marín 100.0 10,000 BN s/d 1 2-jul.-1917
9-jun.-1917 Gonzalo Sierra 1,250.0 125,000 BN s/d 10 9-jun.-1927
12-jun.-1917 Alfredo Garzón 1,100.0 110,000 BN s/d 10 12-jun.-1927
13-jun.-1917 Juan de la Borbolla 1,100.0 110,000 BN s/d C 23-nov.-1917
Yermo
13-jun.-1917 Arcadio Molina 1,350.0 135,000 BN s/d C 23-nov.-1917
15-jun.-1917 Compañía Explotadora 1,330.0 133,000 BN s/d 10 15-jun.-1927
de Caobas y Chicles
18-jun.-1917 Francisco B. Salazar 1,460.0 146,000 BN s/d 10 18-jun.1927
19-jun.-1917 Salvador Madrazo 580.0 58,000 BN s/d 10 19-jun.-1927
Arcocha
19-jun.-1917 Manuel Bauche Alcalde 1,440.0 144,000 BN s/d C 19-sep.-1917
19-jun.-1917 Joaquín Cifuentes 1,350.0 135,000 BN s/d 10 19-jun.-1927
21-jun.-1917 Isaías Zamarripa 1,480.0 148,000 BN s/d C 19-sep.-1917
23-jun.-1917 Fritz Müller 230.0 23,000 BN s/d 10 23-jun.-1927
23-jun.-1917 Sebastián Carranza 1,265.0 126,500 BN s/d 10 23-jun.-1927
(hijo)
23-jun.-1917 Fritz Müller 640.0 64,000 BN s/d 10 23-jun.-1927
23-jun.-1917 Guillermo L. Rossell 1,040.0 104,000 BN s/d 10 23-jun.-1927
25-jun.-1917 Manuel Morales 490.0 49,000 BN s/d C 23-nov.-1917
25-jun.-1917 Manuel Riveroll 1,240.0 124,000 BN s/d 10 25-jun.-1917
5-jul.-1917 Aurelio Leal Treviño y 583.0 58,300 BN s/d C 19-sep.-1917
José de la Luz Treviño
20-jul.-1917 Leopoldo Hernández 1,450.0 145,000 BN s/d 10 20-jul.-1927
Aceves
¿?-¿?-1918 Gral. Francisco May 2,000.0 200,000 BN s/d ¿?-ago.-1925
Pech
3-abr.-1918 Juan Zurbarán Capmany 1,000.0 100,000 BN s/d 10 3-abr.-1928
(Negociación Chiclera
Mexicana)
3-abr.-1918 Gonzalo Sierra 1,000.0 100,000 BN s/d 10 3-abr.-1928
4-abr.-1918 Manuel Morales 509.0 50,900 BN s/d 10 4-abr.-1918
13-mar.-1919 Rodolfo Lazcano 1,000.0 100,000 BN s/d 10 13-mar.-1929
31-may.-1919 Alberto Martínez 1,000.0 100,000 BN s/d 10 31-may.-1929
28-mar.-1919 Leonardo A. Torres 650.0 65,000 BN s/d 10 28-mar.-1929
(Isauro Bustamante)
11-jun.-1919 Ramón N. García 500.0 50,000 BN s/d 10 11-jun.-1929
(Joaquín Lanz Galera)
14-jun.-1919 Alberto Leal 200.0 20,000 BN s/d 10 14-jun.-1929
19-jun.-1919 Félix Abdelnur 500.0 50,000 BN s/d 10 19-jun.-1929
(Joaquín Lanz Galera)
19-jun.-1919 Ramón Gallegos 800.0 80,000 BN s/d 10 19-jun.-1929
(Joaquín Lanz Galera)
28-jul.-1919 Jesús Monroy Terres 500.0 50,000 BN s/d 10 28-jul.-1929
21-ago.-1919 José Eizner Vel Shaller 1,000.0 100,000 BN s/d 10 21-ago.-1929
26-ago.1919 Gonzalo Lecuona 920.0 92,000 BN s/d 10 26-ago.1929
(Juan Zurbarán
Capmany)
18-feb.-1920 Alfredo R. Tayelor 509.0 50,900 BN s/d 10 18-feb.-1929
(inglés)
¿?–feb.1927 Miguel Ramoneda 25,000.0 250,000 BN Centro 10 ¿?-feb.-1939
¿?-¿?-1927 Robert Sydney Turton- 180.0 18,000 BN Sur s/d s/d
Belice Comercial y Cía.
BN: Bosque Nacional - C: Caduco
Fuente: Elaboración propia con datos de Diario Oficial de los Estados Unidos Mexicanos (1916-1929).
- 87 -
Mapa 2
Repartición de la riqueza forestal en la renovada frontera quintanarroense (1902-1910)
Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría
de Relaciones Exteriores y del Diario Oficial del Supremo Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos.
- 88 -
2.DIFICULTADES PARA LA EMPRESA:
LA “CUESTIÓN DE BELICE”, LOS
MADEREROS BRITÁNICOS Y LA GUERRA
SOCIAL DE LOS MAYAS (1847-1935)
Durante el siglo XIX, uno de los grandes problemas que enfrentó el gobierno mexicano fue
ejercer un efectivo control de la vasta extensión territorial del país, en especial las regiones
fronterizas del norte y el sureste. Esta situación se debió, entre otros factores, por la
inestabilidad política, la falta de población sujeta a su autoridad y el aprovechamiento de la
tierra y los ricos recursos naturales. Así, se presentaron varios intentos de secesión que
fragmentaron a la naciente nación. El primer “desgarrón” fue resultado de la separación de
Texas, los vaivenes de la adscripción de Yucatán y la pérdida de más de la mitad del territorio
norte, la Alta California, Nuevo México y Texas. Al respecto, François-Xavier Guerra (2012:
195) sostiene que dichas separaciones estuvieron “potencialmente” presentes en las bases
teóricas del nuevo Estado moderno capitalista mexicano, cuya existencia se basó en la
consideración de su soberanía. En la región fronteriza sureste, una zona rica en recursos
forestales y tierras fértiles, la conformación del borde territorial de mil ciento veintiocho
kilómetros de extensión se concretó hasta fines de la década de 1890. Este proceso requirió en
las ocho décadas que perduró, de las negociaciones diplomáticas con los gobiernos de
Guatemala y Gran Bretaña, así como también del establecimiento de marcadores económicos
de soberanía nacional para alcanzar la total jurisdicción y el control territorial de la región.
Recordemos que el borde sureste mexicano con Guatemala se acordó después de 61 años de
negociaciones.65 Igualmente, es necesario que consideremos los intereses económicos que
65Con la independencia de México, las Provincias centroamericanas se adhirieron al Plan de Iguala, para separarse
después al derrocarse el primer Imperio Mexicano en 1823. La reincorporación de las Chiapas y El Soconusco a
México se presentó en octubre de 1824. Se inició un diferendo que caracterizaría las relaciones diplomáticas entre
los gobiernos mexicano y guatemalteco, que se desarrolló desde el arbitraje propuesto en 1832 por ambas
naciones, hasta la amenaza de guerra 10 años más tarde. En el año de 1854, el gobierno guatemalteco propuso la
realización de una demarcación fronteriza en línea recta, a partir de los linderos de Chiapas, pero sin perder el
Soconusco. Ello entorpeció las negociaciones por más de 15 años, aunado al hecho de la confrontación doméstica
entre conservadores y liberales mexicanos, la invasión francesa y el segundo imperio. La reincorporación a México
de las Chiapas, en octubre de 1824, y la posterior integración de la región soconusquense al departamento
chiapaneco, el 15 de agosto de 1841, pronunció las diferencias diplomáticas entre los gobiernos mexicano y
guatemalteco. El 7 de diciembre de 1877 ambos países celebran una Convención preliminar sobre límites y se
acordó una Comisión mixta de Ingenieros con el objeto de elaborar el reconocimiento científico y geodésico para
delimitar la línea fronteriza. El acuerdo se alcanzó el 12 de agosto de 1882, con la firma de una Convención en
Washington, por medio de la cual México aceptó el arbitraje de Estados Unidos para la demarcación fronteriza. El
27 de septiembre de ese año se firmó el Tratado sobre Límites entre México y Guatemala, en cuyo texto se
establece la renuncia del gobierno guatemalteco a sus derechos sobre Chiapas y El Soconusco. La frontera natural
se acordó en el río Suchiate, hacía el norte el río Tilalpa, el límite anterior de El Soconusco, el volcán Tacaná, una
- 89 -
manifestaron las casas mercantiles tabasqueñas que se dedicaron a la explotación de recursos
forestales en los ríos Jataté, Chocoljá, San Pedro Mártir, Usumacinta, Lacantún, Chixoy y
Pasión, ubicados en la zona fronteriza de los estados de Tabasco y Chiapas y la nación
guatemalteca. 66
En el caso de la gran franja forestal fronteriza de la costa oriental de Yucatán,
consideramos que la empresa presentó seis dificultades: 1) El semidespoblado de los más de
cincuenta mil kilómetros cuadrados. 2) El expansionismo de los madereros-comerciantes
ingleses al norte del río Hondo. 3) La guerra social y la autonomía de las comunidades mayas.
4) La explotación y tráfico ilícito de los recursos maderables por parte de las empresas
madereras nacionales y extranjeras. 5) La ausencia de empresarios, negociaciones,
infraestructura y población adscrita a la autoridad mexicana. 6) La “cuestión de Belice” que
significó la falta de una demarcación definitiva del borde territorial. Por lo anterior, nuestro
planteamiento es que esta región se convirtió en un aspecto primordial a solucionar, es decir,
delimitar el borde con el propósito de consolidar el alcance y jurisdicción territorial del Estado
mexicano decimonónico. Proceso en el que los capitales –nacional y extranjero- fungieron
como agentes de avanzada para reconocer y habilitar los terrenos baldíos; propiciar
activamente la propiedad privada de extensas tierras desocupadas; realizar el usufructo de los
ricos recursos naturales; exportar estas en materias primas; generar las condiciones propicias
para el establecimiento de puntos aduanales; y coadyuvar a incrementar la jurisdicción del
gobierno mexicano y la delimitación de los confines de la costa oriental mexicana.
porción de la Sierra que se dividió entre ambos países. El 2 de abril de 1899, se firmó la carta general
internacional, con la que se recopiló la información para la demarcación definitiva de la línea territorial. Por tal
motivo, el 20 de mayo de 1899 se conformó la “Comisión Internacional de Límites entre México y Guatemala”
para llevar a cabo el establecimiento de monterías. Los trabajos de medición y delimitación se concluyeron hasta
1902, pero el proceso en sí concluyó hasta el 28 de marzo de 1941. En esta región actualmente se encentran los
municipios mexicanos de Motozintla, el Porvenir, la Grandeza, Bella Vista, Mazapa y Amatenango de Hidalgo
(antes de la Frontera); la separación de Ayutla y pueblos circundantes para Guatemala. Este largo proceso nos
permite vislumbrar que las autoridades gubernamentales de ambas entidades tuvieron como objeto consolidarse
territorialmente y cohesionar a la población de la región fronteriza (Báez, 1985: 142-198; Lajous, 1990: 87-102; De
Vos, 1993: 84-102; Pohlenz, 1997: 75-89, 1985: 57-61; Secretaría de Relaciones Exteriores, 2005; Castillo,
Toussanint y Vázquez, 2006: 9-183; Vázquez, 2009, 2004: 395-426; Sección Mexicana de la Comisión
Internacional de Límites y Aguas México-Guatemala, s/a).
66 Estas empresas tabasqueñas fueron: la Casa Bulnes, de los hermanos Manuel y Francisco, que se estableció en
los ríos Jataté y Chocoljá; la Casa Valenzuela, de los terratenientes Policarpo, Jesús y José, quienes establecieron
sus cortes en los ríos San Pedro Mártir y Usumacinta; la Casa Jamet y Sastré en los ríos Lacantún, Chixoy y
Pasión; la Casa Romano se estableció en el río Tzendales, y la Casa Schindler en el alto Usumacinta. En el caso de
las casas Valenzuela, Jamet y Sastré, Romano y Schindler, establecieron sus monterías en los ríos que forman la
frontera entre México y Guatemala. En virtud de sus ambiciosas actividades extractivas y la rivalidad existentes
entre ellas, se vieron inmersas en las negociaciones para la demarcación limítrofe efectuadas entre los años de
1892 a 1895, generando un conflicto entre ambos gobiernos que casi los lleva a la confrontación bélica. Jan De
Vos (1988, pp. 10-11) documenta el accionar de estas casas tabasqueñas.
- 90 -
Durante el siglo XIX, la demarcación fronteriza en la porción sur se debatió entre los
intereses de tres entidades, México, Guatemala y los asentamientos de los madereros ingleses
que se consolidaron en una colonia. Así, el proceso diplomático se realizó de manera conjunta
con la ejecución de las políticas para fomentar la propiedad y la participación de las compañías
deslindadoras en la habilitación, enajenación y colonización de los terrenos nacionales. Esto se
vio obstaculizado por los siguientes aspectos: 1) La falta de demarcación territorial entre la
península de Yucatán y Honduras Británica desde 1821. 2) El surgimiento de la guerra social
que comenzaron los pueblos mayas sublevados en 1847. 3) La existencia de relaciones políticas
y económicas entre los líderes de las comunidades mayas de oriente y los madereros ingleses.
La demarcación con Honduras Británica tomó 72 años para llegar a un entendimiento con
Gran Bretaña. Por lo que podemos cuestionarnos: ¿Cuál fue el escenario político-económico
de la costa oriental durante la segunda mitad del siglo XIX? ¿Cómo afectó el expansionismo de
los madereros británicos al empresariado y las empresas nacionales? ¿Qué efectos tuvo sobre
las actividades extractivas la guerra social de los mayas? ¿Cómo afectó la falta de una
demarcación definitiva del borde territorial en esta región de frontera? ¿Cuál fue el impacto de
la creación de un territorio federal?
Debemos resaltar el conflicto conocido como la guerra de castas. El mismo generó
costos humanos y materiales para los gobiernos estatal y federal, hizo imposible la explotación
y usufructo de los recursos forestales de la zona sur oriental de la península de Yucatán por
parte del gobierno mexicano, y también la erradicación del contrabando que se había generado
de los insumos y productos de consumo provenientes de Europa, el Caribe y Centroamérica,
propiciado por los ingleses. La autoridad de la nación no poseyó el control de la región ya que
el acuerdo limítrofe se llevó a cabo hasta 1893. Esta vasta franja fronteriza forestal que nos
ocupa en la presente investigación, resulta ser compleja al poseer una serie de características
similares, desde la noción de integrar la región mesoamericana; constituirse como franja
estratégica para los intereses coloniales de españoles e ingleses en la época colonial; y ser, al
mismo tiempo, la frontera entre la estructura estatal y social de la civilización y la “barbarie” de
la resistencia de los pueblos mayas.
De igual manera, se constituye en una zona donde se llevaron a cabo actividades
extractivas de los recursos forestales y circuitos comerciales entre los pueblos mayas dispersos
en la costa oriental de Yucatán, la poca población mestiza o blanca y los madereros británicos.
Asimismo, el lindero de explotación forestal se convirtió en una zona de conflicto por el
control territorial y el ejercicio de la soberanía pues, hemos constatado a través de la
- 91 -
documentación la existencia de un difuso lindero desde la época colonial, como resultado de
los tratados “anglo-españoles”, realizados entre 1667 y 1802. 67 Lo que facilitó la expansión de
las actividades de extracción forestal en la costa oriental yucateca de los pobladores del British
Settlement of the Bay of Honduras o los Establecimientos Británicos de Honduras. Lo que denota
el fracaso de la autoridad española por ocupar ese espacio bajo su soberanía. Situación que
aprovecharon los piratas-leñadores ingleses para incursionar en el territorio, quienes explotaron
el palo de tinte y establecieron desde inicios de la década de 1670, una serie de campamentos
clandestinos en la costa oriental de Yucatán, conocidos como the bay settlement (De Vos, 1984:
66. Contreras, 1990: 95; Toussaint, 1993: 21-23).68
A principios del siglo XVIII, los españoles lograron expulsar a los ingleses de la Laguna
de Términos (1717) y Bacalar (1727), con ello, se establecieron de manera definitiva en el río
Wallis (río Belice), a Cayo Cocinas (St. George’s Key) y Zacatán. Fue hasta el año de 1762 que
unos monjes franciscanos fundaron la iglesia de San Jacinto y la milicia novohispana construyó
el fuerte de San Felipe de Bacalar. Se impulsó así el “repoblamiento” de dicha villa, con el
propósito de hacer frente a los piratas ingleses (Rosado, 1898: 2). A partir de ese momento,
67 Estos acuerdos son: el “Tratado de Paz, Comercio y Alianza entre España y Gran Bretaña”, signado en mayo
de 1667, por el cual se proscribió la piratería. El Tratado de Madrid o Tratado de Godolphin, signado 18 de julio
de 1670, el cual legalizó la presencia inglesa en el continente americano. El Tratado de Comercio y Amistad,
conocido como Tratado de Ultrech, celebrado el 11 de diciembre de 1713, por el cual la Gran Bretaña incrementó
sus actividades comerciales con las colonias españolas americanas. El Tratado Definitivo de Paz de París, firmado
el 10 de febrero de 1763, al término de la Guerra de los Siete Años, por el cual se legalizó el establecimiento de
madereros ingleses en el río Belice (Wallis). El Tratado de Versalles, signado en enero y ratificado el 3 de
septiembre de 1783, con el que se puso fin a la guerra de independencia de Estados Unidos, pero también
estableció los límites en los cuales lo madereros ingleses debían realizar sus actividades extractivas entre los ríos
Belice, Hondo y Nuevo. La Convención de Londres firmada el 14 de julio de 1786, que a pesar de confirmar la
soberanía española, permitió a los cortadores de madera británicos establecerse entre los ríos Hondo y Sibún. El
Tratado de Amiens, firmado el 25 de marzo de 1802, el cual aparentemente devolvió las antiguas posesiones a
España (Fabela, 1944: 22-23, 29-30 y 36-37; De Vos, 1993: 63; Toussaint, 1993, 2004: 59-92; César y Arnaiz, 1998:
40-44).
68 Se tiene referencia que desde el siglo XVIII los habitantes y las autoridades inglesas lo denominaron al espacio
ocupado al sur de la costa oriental de Yucatán como The Settlement of the Bay of Honduras. La connotación de
“Establecimiento Inglés de Belice” fue otorgada por las autoridades españolas y adoptada por las yucatecas y
mexicanas para identificar los terrenos que usufructuaban los cortadores de maderas británicos que se apostaron
en los bosques ubicados al sur del río Hondo. Por ejemplo, encontramos una misiva fechada el 1º de octubre de
1839, escrita por el entonces Gobernador del Departamento de Yucatán y dirigida al Superintendente del
establecimiento ingles de Belice relativa a los tratados que firmaron España y Gran Bretaña en el siglo XVIII
relativos a la demarcación de los terrenos que fueron ocupados por los cortadores de madera. Por su parte, los
piratas ingleses manifestaron su interés en la zona, con el propósito de ocultarse de la milicia española, que
encontró sin el control efectivo hispano, un semidespoblado propicio para la “infiltración de otros europeos”.
Ante ello, en 1672 la Corona española decretó que el comercio de la tintórea era exclusivamente ibero, pero los
piratas-leñadores habían afianzado la comercialización de este recurso por medio de varios asentamientos erigidos
desde la Laguna de Términos, la isla de Trist, Beef island, bahía de Campeche, Cabo Catoche, el río Wallis, hasta la
costa Mosquita en Nicaragua. Véase: Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY), Poder Ejecutivo (PE), vol.
11, exp. 19, Copia de una nota informativa y circunstanciada del gobernador del Departamento de Yucatán, al Ministro del
Exterior del Gobierno Nacional, sobre un caso de invasión del territorio fronterizo de la villa de Bacalar por un colono del
establecimiento de Belice, Belice, 1º de octubre de 1839, s/f; British Honduras Citizens (1824); El Siglo Diez y Nueve
(SXIX), Cd. de México, 30 de mayo de 1843, p. 2.
- 92 -
esta población se representó como la última fortaleza española, junto con los grupos de
soldados apostados en el estero del Chac, en la costa atlántica y en la ribera del río Hondo. En
ese sentido, se puede entender que los voraces madereros británicos continuaron ingresando a
los bosques ubicados al norte del Hondo, situación que prevaleció hasta las tres primeras
décadas del siglo XIX. Así, Bacalar se transformó en “frontera comercial” con los
Establecimientos Británicos, esto es, el estratégico mercado próximo para la exportación de sus
productos agropecuarios y el punto abastecedor de insumos de importación (César y Arnaiz,
1984: 93). Estos militares mantuvieron vigilada la franja forestal fronteriza y las zonas en
donde los madereros ingleses llevaron a cabo sus actividades, con la restricción de no
realizarlas más allá de la ribera norte del río Hondo, de conformidad con la convención de
1783. Estas autoridades tuvieron la noción, bajo los tratados anglo-españoles, de que los
británicos tenían la autorización para incursionar en la zona comprendida entre los ríos Valiz,
Nuevo y Hondo, en el territorio de la provincia de Yucatán, para lleva a cabo el corte de palo
de tinte.69
El contrabando de tintórea se hizo realidad en la costa oriental de Yucatán debido a la
expansión de los madereros británicos, que políticamente fueron considerados como
“enemigos”, pero en realidad eran competencia en un negocio inalcanzable para los españoles.
Ello se denota en el intercambio de misivas entre el gobernador de Mérida y el
Superintendente de los Establecimientos Británicos de Honduras y se señaló que las
actividades forestales de los súbditos ingleses se establecieron en la isla de Cozumel, el 18 de
febrero de 1808. 70 Debemos destacar que, hasta ese momento, los acuerdos pactados entre las
coronas española e inglesa, autorizó realizar la explotación únicamente de palo de tinte y caoba
en la zona comprendida entre los ríos Hondo y Siboon o Sibún. 71
69 AGEY, Colonial (C), vol. 1, exp. 3 y 19, Correspondencia de Felipe María Codallos, Gobernador Militar y Político del
Presidio de San Felipe de Bacalar, con el Capitán General Pérez Valdemar, Bacalar, 2 de abril de 1801, s/f; Remitiendo copias
documentales sobre el Tratado definitivo de Paz con Inglaterra, en su relación con los cortadores de palo de tinte, Belice, 24 de
octubre de 1783, s/f.
70 En la traducción de la misiva que envío el Superintendente de Belice, Arthur Hamilton, al gobernador de
Yucatán, Benito Pérez Valdelomar, se señaló que previamente a la paz que trajo consigo el Tratado de Amiens, los
madereros británicos ya se habían extendido más allá del río Sibún o Siboon. Véase: AGEY-PE, vol. 1, exp. 6,
Carta del Superintendente de Su Majestad Británica al Gobernador de Yucatán, Belice, 9 de agosto de 1808, s/f.
71 Hasta ese momento, los instrumentos jurídicos vigentes para este asunto eran el Tratado de 1783 y la
Convención de 1786, en las que se autorizó a los madereros ingleses realizar prácticas comerciales y
administrativas pero sin la formación de sistemas de gobierno o de defensa. Pero dichas concesiones no atentarían
a los derechos de soberanía españoles. Véase: Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones
Exteriores (AHSRE), leg. 1-1-248, Copia de la misiva de Manuel Crescencio Rejón al Ministro de Relaciones Exteriores sobre
la cuestión de Belice, Cd. de México, 6 de septiembre de 1849, s/f.
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2.1. La franja forestal fronteriza a través del borde mexicano del río Hondo
“Los súbditos de Su Magestad Británica no podrán por ningún título ni pretesto, cualquiera
que sea, ser incomodados ni molestados en la pacifica posesion y ejercicio de cualesquiera
derechos, privilegios, é inmunidades, que en cualquiera tiempo hayan gozado dentro de los
límites descritos y fijados en una Convención firmada entre el referido Soberano y el Rey de
España, en 14 de Julio de 1786, ya sea que estos derechos, privilegios, é inmunidades
provengan de las estipulaciones de dicha Convencion, ó de cualquiera otra concesion que en
algun tiempo hubiese sido hecha por el Rey de España, ó Sus Predecesores á los Subditos ó
Pobladores Británicos, que residen y siguen sus ocupaciones legítimas dentro de los limites
espresados; reservandose, no obstante, las dos Partes Contratantes, para ocasion mas
oportuna, hacer ulteriores arreglos sobre este punto”.73
Aunque este acuerdo no fue ratificado por el gobierno británico, debido a no quiso
entrar de nuevo en disputa con España al reconocer a la nación mexicana. Pero se llegó al
entendimiento mutuo -de facto- del borde entre ambos territorios. A partir de ello, este espacio
dejo de ser disputa entre mexicanos y británicos. El entonces Superintendente inglés en la
ciudad-puerto de Belice, mayor George Arthur, proclamó que todas las tierras comprendidas
en el área establecida por los tratados de 1783 y 1786, “no reclamadas” por algún propietario,
pertenecían a Gran Bretaña (Bolland, 1992: 220; Toussaint, 1993: 43). En estas circunstancias
las autoridades mexicanas no pudieron hacer lo mismo en la margen norte del río Hondo, pues
solamente se había autorizado a algunos permisionarios para realizar cortes de madera. A partir
adicionales. Eso en el entendido de que el citado artículo 14º del Tratado estableció los linderos descritos y fijados
en la Convención de Londres (1786) -que complementó el Tratado de Versalles de 1783-, los cuales otorgaron a
los madereros ingleses el usufructo de los territorios comprendidos entre los ríos Hondo y Sibún. Véase: Archivo
General de la Nación (AGN), Gobernación (G), 2ª secc., exp. 827-29 (1), Decreto del Tratado de Amistad, Comercio y
Navegación entre los Estados Unidos Mexicanos y Su Magestad [sic] el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda, Cd.
de México, 25 de octubre de 1827, 12 pp.
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de lo anterior, observamos el interés de los madereros-comerciantes ingleses por ocupar la
zona, con la anuencia de la autoridad de los Establecimientos Británicos.
Por ello, continuaron las explotaciones furtivas de los bosques mexicanos. Como
ejemplo, podemos señalar que en 1837 un inglés llamado Francis Young, arribó al estero Azul
(Blue Creek), jurisdicción de Bacalar, y con violencia, expulsó a varios madereros bacalareños
que laboraban en los campamentos que Victoriano Rodríguez estableció en la zona. El inglés
Young actuó con la autorización del Superintendente coronel Alexander McDonald, bajo el
entendido y consideración con unos “planos mas correctos” que señalaron al Estero Azul
parte del rio Hondo, por lo que este territorio al sur de dicho afluente se consideró territorio
inglés. En 1839, otra incursión a territorio yucateco fue denunciada nuevamente por
Rodríguez, ahora contra el británico William Usher, que contó con una licencia otorgada por
McDonald. Se introdujo en terrenos del citado estero e intentó desalojar a los cortadores del
vecino bacalareño. Antes estas dificultades para la empresa de los madereros mexicanos, el
gobierno federal se acercó a su homólogo inglés, con el fin de nombrar comisionados que
llevasen a cabo una “nueva y clara” demarcación del reconocido borde, con base al acuerdo de
1825. Pero el vecino de Bacalar abandonó sus cortes en el Estero Azul. En virtud de la
percepción inglesa de que Blue Creek era parte de su territorio, a partir de la autorización de
William Usher para llevar a cabo sus cortes de madera desde 1836. Pero al mismo tiempo que,
Victoriano Rodríguez tuvo la anuencia del gobierno yucateco para realizar sus cortes de
madera en bosques nacionales, en Palmar, cerca del Estero Azul, desde finales de la década de
1820.74
Para la década de 1840, las incursiones de los madereros británicos se incrementaron en
virtud de los intentos secesionistas yucatecos. Así, la “guerra con los mexicanos” obligó a la
autoridad de Yucatán a llamar a los vecinos y a los pueblos mayas para conformar un ejército
defensor en contra de los agresores que pretendían establecer en la península el centralismo.
En este contexto, los “políticos criollos” yucatecos prometieron a los pueblos mayas a cambio
de su apoyo: la abolición de obvenciones parroquiales, la disminución de contribuciones
74 AGEY-PE, vols. 11 y 15, exps. 10 y 19, Copias de la correspondencia entre el Comandante General del Departamento de
Yucatán con el Sr. Ministro de Guerra, sobre pretensiones del gobierno inglés a una parte del territorio de la República, Campeche,
2 de mayo al 17 de julio de 1837, 2 ff. Copia de una nota informativa y circunstanciada del gobernador del Departamento de
Yucatán, al Ministro del Exterior del Gobierno Nacional, sobre un caso de invasión del territorio fronterizo de la villa de Bacalar
por un colono del establecimiento de Belice, Mérida, 1º de octubre de 1839, 3 ff. AHSRE, leg. L-E-1687, Extracto de la
cuestión de los Límites con Wallis, para el Ministro de Relaciones Exteriores, Juan de Dios Cañedo, Cd. de México, 4 de
noviembre de 1839, ff. 22-24, Transcripción de una Carta de Juan de Dios Cañedo, Ministro de Relaciones Exteriores, al S.E.
el Sr. D. Ricardo Pakeham, Ministro de Negocios de la Gran Bretaña (31 de diciembre de 1839), Cd. de México, 7 de
noviembre de 1839, f. 25.
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fiscales y el reparto de tierras. Muchos de los pueblos mayas fueron armados, con machetes al
menos, para combatir en la “lucha que sostuvieron contra el Supremo Gobierno”.
Encontramos entre los voluntarios a Venancio Pec, Cecilio Chi y Jacinto Pat.75
A fines de julio de 1843, se retomaron las negociaciones entre representantes de
Yucatán con el gobierno de México, que envió a Andrés Quintana Roo para disuadir a sus
paisanos de reincorporarse a la República mexicana y la firma de un tratado en diciembre de
ese año. Para enero de 1844, el Departamento de Yucatán era parte integrante del país bajo un
régimen centralista, lo que diezmó el libre comercio que los empresarios yucatecos venían
realizando desde inicios del siglo XIX (Baranda, 1991: 334-384).76 Ante la eminente
inestabilidad, sobresalen en este espacio la existencia de ranchos de ingleses provenientes de
los Establecimientos Británicos de Honduras en la ribera norte del rio Hondo para sacar
maderas de caoba, con la autorización del jefe político de Bacalar. De igual manera, podemos
percibir la falta de regulación al respecto y la notable facilidad con que los madereros británicos
pudieron introducirse en lo que se consideró territorio del Estado de Yucatán. 77 A principios
de 1846, ante la amenaza de guerra con Estados Unidos, resurgió la tentación secesionista
yucateca y Miguel Barbachano declaró el “fin de la obligación de Yucatán de reconocer la
supremacía mexicana” y se declaró su neutralidad en el conflicto (Dumond, 2005: 119).
75 AGEY-PE, vol. 1, exp. 1, Lista de los vecinos del pueblo de Espita, que han constituido con el Gobierno del Estado, para el
sostenimiento de las tropas contra los invasores, Espita, 8 de noviembre de 1842, 1 f. AHSRE, leg. 1-1-248, Transcripción de
la carta del Superintendente del Establecimiento inglés de Belice al gobernador de Yucatán sobre los indios sublevados, Posesiones
Británicas de Honduras, 10 de diciembre de 1849, ff. 50-52.
76 Una zona abstraída de la jurisdicción de la República mexicana desde principios de 1841, en guerra con los
“enemigos mejicanos”, que durante el mandato del presidente Bustamante, se llevó a cabo la “revolución de
Yucatán” de 1840 en respuesta a la pérdida de autonomía que significó la vuelta al sistema centralista. El gobierno
yucateco solicitó el apoyo de los jefes políticos de la comarca con el fin de “sostener las tropas defensoras del
Estado”. El 24 de abril de 1843, se realizó la capitulación del general Peña y Barragán en Tixpehual,
posteriormente, el 14 de diciembre de ese año, se firmaron los “célebres” convenios de la reincorporación de
Yucatán a la República Mexicana. Durante el mandato del presidente Bustamante, se llevó a cabo la “revolución
de Yucatán” de 1840 en respuesta a la pérdida de autonomía que significó la vuelta al sistema centralista. El
gobierno yucateco solicitó el apoyo de los jefes políticos de la comarca con el fin de “sostener las tropas
defensoras del Estado”. El 24 de abril de 1843, se realizó la capitulación del general Peña y Barragán en
Tixpehual. El 3 de agosto de ese año, los gobiernos de México y Yucatán firman acuerdo para a reincorporación
del estado de Yucatán a la República mexicana. En noviembre de ese 1843, el gobierno yucateco envió a los
distintos departamentos del territorio la solicitud de aprobación por parte de la mayoría de los yucatecos para tal
efecto. El 14 de diciembre de ese año, se firmaron los “célebres” convenios de la reincorporación de Yucatán a la
República Mexicana. El 11 de enero de 1844 se dicta decretó para la anexión de Yucatán a la nación y se inició el
proceso para que las autoridades locales juraran las Bases Orgánicas de junio de 1843, en las cuales ya se
consideraba a la antigua Capitanía de Yucatán como parte del territorio mexicano. Véase: AGEY-PE, vol. 1, exp.
1, Lista de los vecinos del pueblo de Espita, que han contribuido con el Gobierno del Estado, para el sostenimiento de las tropas
contra los invasores, Espita, 8 de noviembre de 1842, 1 f.
77 El gobierno del estado de Yucatán señaló la necesidad de suspender las autorizaciones a los madereros
yucatecos que permitiesen a ingleses cortar las maderas, pues solamente se podía comercializar con ellos las trozas
no los árboles en pie. Véase: AGEY-PE, caja 67, vol. 17, exp. 61, El Consejo informa al gobernador haber examinado las
diligencias practicadas por el Jefe Superior Político de Bacalar sobre la venta hecha a los ingleses de un considerable número de árboles
de caoba existentes en terrenos del Estado, Bacalar, 31 de diciembre de 1843, ff. 3-4.
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Aunado a esto, al finalizar la década de 1840 se estalló la guerra social de los pueblos mayas -
“guerra de castas”-. Este fue escenario adverso para las negociaciones diplomáticas para
rectificar y demarcar de manera definitiva los límites con los Establecimientos Británicos de
Honduras, con base en la convención de 1786.
El entorno de la costa oriental de Yucatán, como región de frontera, no puede estudiarse sin
considerar la guerra social emprendida por los pueblos mayas orientales. Conflicto que
obstaculizó el control económico y territorial, la ocupación del semidespoblado, el
aprovechamiento de las vastas tierras y ricos recursos forestales. Esta guerra no puede ser
explicada a partir de un solo factor pues la cuestión agraria, la explotación laboral, el pago de
altas contribuciones y obvenciones, entre otros aspectos detonaron la rebelión de los pueblos
mayas del oriente de Yucatán. La tesis de Howard F. Cline, que rescata la interpretación de
Justo Sierra O‟Reilly, hace referencia a que la rápida expansión de las haciendas azucareras en
la frontera oriental (la región al sur de Tekax y Valladolid), fue percibida por los pueblos mayas
como una invasión por los “blancos” a sus tierras. Otro aspecto, es la presencias de intereses
de los madereros británicos, aunque no hay evidencia aún de que hayan generado la guerra, si
hay certidumbre del interés que tuvieron en prolongarla, sean por la lucrativa actividad
extractiva de recursos forestales, o bien, por la intensa actividad comercial que representó, no
sólo por la venta de armas, pólvora y pertrechos de guerra, sino por la venta de insumos y la
compra de los botines de las incursiones de los mayas sublevados. 78 Lo que veremos en el
presente capítulo, las relaciones comerciales y políticas entre los líderes mayas y los madereros-
comerciantes ingleses, como una de las dificultades enfrentadas por los empresarios para
aprovechar la oportunidad de negocio en la región.
Esta situación generó la guerra social que llegó a prolongarse hasta la década de 1900,
por lo que consideramos tres etapas. La primera, denominada por los historiadores del siglo
78 Proceso que se fortaleció con las leyes de colonización que permitieron la apropiación por parte de los
denominados terratenientes de grandes extensiones de terrenos, de los cuales los dueños originarios y las
comunidades mayas no podían ejercer la legal propiedad. Esta tendencia a interpretar las causas de la sublevación
maya en el oriente de Yucatán, fue acogida en la historiografía que ha trabajado la guerra de castas. Las élites
yucatecas, en primera instancia, y las provenientes de la ciudad de México posteriormente, pretendieron
“controlar” vastas extensiones de tierras, al amparo de una política agraria “menos restrictiva”, participar en el
proceso de colonización y gozar del usufructo de la producción azucarera, de aguardiente y de la explotación de
los recursos madereros, así como también, contar con mano de obra proveniente de la población rural que
circundaba las haciendas “maiceras-ganaderas”, principalmente en la zona norte de la península. Recordemos que,
desde el inicio de la sublevación, Bonifacio Novelo, un mestizo “símbolo” de la matanza de Valladolid y proscrito
de la ley yucateca, fue el emisario maya para adquirir armas en la ciudad-puerto de Belice (Reed, 1971: 72;
González, 1979; Lapointe, 1983; Patch, 1990: 46-52; Careaga, 1990b: 69-70).
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XIX como “guerra de castas” que abarcó de 1847 a 1849, año en que el gobierno de Yucatán
logró la paz con los pueblos mayas de Chichanhá. La segunda, comprende los años de 1850 a
1883, en donde el espacio político-territorial se reacomodó y fracturó en tres zonas de
influencia, dos ajenas al control de las autoridades mexicana y yucateca, que gozaron de cierta
autonomía, a partir de la división entre las facciones de los pueblos mayas, los icaichés (sureños
pacíficos) y los santacruzanos (orientales sublevados). La tercera, muestra el control territorial
que tuvo el gobierno mexicano entre los años de 1883 y 1904, por medio del restablecimiento
de las relaciones internaciones entre la República mexicana y Gran Bretaña, donde se llevó a
cabo una serie de acciones por parte de la autoridad de nuestro país, como fueron la campaña
de pacificación-civilización y la erección de una nueva entidad federativa.
En enero de 1847, se presentó la matanza de Valladolid y el 30 de julio de ese año, Cecilio Chi,
líder de los “alzados” inició la primera etapa la “rebelión de los indios de Yucatán” al grito de
“¡Mueran los blancos!”, atacaron en primera instancia los poblados de Tepich, Tihosuco,
Ichmul, Sacala y otros. Con esta insurrección dio que dio inicio la guerra social denominada
“guerra de castas”. Un mes después, se privó a los pueblos mayas yucatecos de los derechos
que les había concedido la Constitución del estado de Yucatán de 1841, restableciéndose la
administración de las Repúblicas de Indios y el subsecuente nombramiento por parte del
gobierno yucateco de caciques, alcaldes y jueces de paz (González, 1968: 11-34; Reed, 1971: 67;
Villa Rojas, 1978: 95). Así, la emancipación yucateca se vio afectada por este levantamiento
maya y generó en poco tiempo una precaria situación económica en el estado. La floreciente
industria cañera y la naciente producción henequenera se vieron afectadas por la “desastrosa
sublevación de la raza indígena”. 79 Así como algunas factorías de extracto de palo de tinte y las
monterías establecidas en el norte y sur de la costa oriental. A mediados de 1848 las huestes
dirigidas por Jacinto Pat, Cecilio Chi, Vicente Novelo y otros comandantes rebeldes
controlaron las zonas adyacentes a Valladolid, Peto, Sotuta, Ticul, Izamal y Bacalar, alrededor
de doscientos pueblos.
Así comenzó el éxodo de bacalareños hacia el río Hondo con destino a los
Establecimientos Británicos, “en donde fueron muy mal recibidos y mal tratados […] recibidos
a insultos por los morenos”. El superintendente John Francourt envió al capitán de infante ría
79AGEY-PE, caja 112, vol. 62, exp. 19, Antonio García y poblaciones sub-ayudante permanente del Batallón Ligero número
quince solicita al gobernador un ascenso para ocupar el cargo de capitán de la milicia local, Campeche, 7 de agosto de 1849, 1 f.
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Glubb para prestar auxilio a los yucatecos para cruzar el río Hondo (Rosado, 1898: 1-2).80 En
el borde forestal del río Hondo, se manifestó la huida hacia el sur de los pobladores “blancos”
y sus criados hacia Corozal, San Esteban y otros poblados. Esta emigración se consideró como
un elemento de riesgo y amenaza bélica para los colonos ingleses pues, la autoridad del
establecimiento británico, aceptó a los pobladores bacalareños que huyeron. Aunque, como
apunta Marie Lapointe, algunos “empresarios forestales blancos” permanecieron en Bacalar
durante los primeros años de la guerra y colaboraron “alegremente” con los sublevados. Ello
denota la importancia de esta actividad productiva en esta subregión. Además, llegaron a
contar con una fuerza de entre 100 y 150 mil hombres (indígenas y mestizos). Entre los años
de 1847 y 1849, los madereros de Bacalar y los británicos fueron la fuente que avitualló a los
mayas sublevados (Hübbe, 1940: 109-115; Lapointe, 1983: 60-71; Sweeney, 2006: 70). Este
entorno geopolítico se tradujo en una división de la frontera forestal oriental. El noroeste con
algunas negociaciones agrícolas y forestales, el centro santacruzano y el sur chichanhá-icaiché.
Por lo que la frontera militar abarco más de la mitad de la península de Yucatán, pues se
apoderaron de los partidos de Bacalar, Beneficios Altos, Valladolid, Tizimín, Beneficios Bajos y
Sierra Alta, partes de Camino Real Alto, la Costa y Sierra Baja (Véase Mapa 3). Caracterizada
por Howard F. Cline (citado en Patch, 1990: 69) como “La Frontera”, a partir de los poblados
señalados, fue el área en donde mayor impacto tuvo la política agraria estatal de la década de
1840, pues ahí se ubicó un tercio de los terrenos que se enajenaron a manos privadas.
Como es sabido, en los primeros meses del conflicto el gobierno yucateco intentó
ponerle fin con los tratados de Tzucacab, firmados en abril de 1848 entre Miguel Barbachano y
Jacinto Pat, este último líder de la “corriente moderada” de los mayas rebeldes. Pero esta
pacificación se remitió a dar el derecho que tenían los mayas de retornar a vivir en sus solares y
tierras que poseyeron antes de la “gran insurrección indígena”, demostrando la debida
propiedad legal, conforme a las leyes vigentes.81 Así, la guerra se desarrolló con mayor
intensidad pues en sus primeros tres años provocó, de acuerdo a Nelson Reed (1971: 131), la
80 El 20 de abril de 1848 se dio la noticia a los bacalareños que unos 10 mil mayas sitiaron la villa. Un grupo en la
laguna de Bacalar atacó las embarcaciones militares “Iris” y “Cristal”. Este contingente fue lidereado por
Venancio Pec, José María Cocom y Teodosio Villanueva.
81 El acuerdo del 23 de abril de 1848, estableció el derecho de los pueblos mayas: a rozar los montes para
establecer sus sementeras; formar sus ranchos en los ejidos de los pueblos en terrenos de la comunidad y baldíos;
se exento del pago de arrendamiento y, estas tierras no serían enajenadas. Además, los terrenos que se
encontraban en ese momento en proceso de denuncia y mensura, sin haber sido extendidos los títulos de
propiedad, quedaron disponibles para el uso de los pueblos mayas. En este acuerdo, los líderes mayas confiaron
en el restablecimiento de la “antigua territorialidad” del régimen colonial y de la convención de Maní de 1557, en
la cual se incluyeron los terrenos realengos del norte y oriente de la península de Yucatán para hacer la “milpa” de
los pobres (Bracamonte, 1994: 229-232, 2000: 161-162).
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“merma” de casi un cuarto de millón de la población yucateca, entre huidos, exiliados y
muertos.82 A partir de esto, tanto los comerciantes como los emisarios de la autoridad del
establecimiento inglés, al ver la posibilidad de extender sus intereses económicos en la zona, se
acercaron a los dirigentes mayas. Los primeros para entablar relaciones comerciales y los
segundos, aparentemente, para mediar en el conflicto armado. Pero en octubre de 1849, la
mediación de éstos propició la muerte de Jacinto Pat y Cecilio Chi, por parte de algunos de sus
correligionarios con el pretexto de haberse dejado engañar por los británicos.
En este reacomo de fuerzas, la plaza bacalareña fue recuperada momentáneamente por
las tropas yucatecas a cargo del coronel Eulogio Rosado. Por lo que en ese momento,
Chichanhá se convirtió en el único punto de intercambio comercial para que los mayas
sublevados tuvieran acceso a las armas, municiones y pólvora provistas por los comerciantes
ingleses. Consideramos que, las relaciones comerciales desarrolladas hasta ese momento por
los madereros ingleses con los pobladores y comerciantes yucatecos de Bacalar, les permitió
establecer el intercambio comercial de caoba y palo de tinte por azúcar, maíz, gallinas,
hortalizas, mantas y telas. Con el movimiento armado se fortaleció, pues ahora los nuevos
socios eran los mayas sublevados, incorporándose al intercambio de recursos forestales los
pertrechos de guerra y los botines de los ataques, como puercos y hamacas. Por lo menos
durante medio siglo, las relaciones fueron satisfactorias, la economía de guerra que se realizó
con la venta de armas, pólvora y municiones. Pero lo más relevante fue el control territorial
que lograron los líderes mayas desde Tulum hasta el río Hondo, que les permitió llevar a cabo
el arrendamiento de bosques para el corte y exportación de maderas tintóreas y preciosas. Pero
también se presentó un periodo en el que los ingleses se negaron a pagar los arriendos en
virtud de considerar que se trataban de terrenos bajo jurisdicción británica (Careaga, 1990a: 80-
81; Macías, 1985: 239; Villalobos, 2006: 123).
Al mismo tiempo que los madereros ingleses aprovecharon la oportunidad para
comerciaron con los mayas sublevados, encontramos una aparente participación por parte de
las autoridades del establecimiento británico para mediar en el conflicto entre mayas y
yucatecos. Como podemos observar, las relaciones comerciales y las facilidades otorgadas por
los líderes mayas, permitió a los madereros-comerciantes británicos establecer bodegas de
granos, productos alimenticios, armas y productos maderables, en virtud de las relaciones
comerciales que se fortalecieron en esta franja forestal fronteriza. Pero al mismo tiempo, esta
82El estudio de Reed (1971) señaló que unos 10,000 mayas y ladinos se trasladaron a territorio inglés, unos
“cuantos miles” huyeron a Guatemala, otros 10,000 ladinos se embarcaron hacia Cuba, Tabasco o Veracruz y
hubo 147,000 personas que estimo fueron muertas por la sublevación.
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presencia de súbditos ingleses en la villa bacalareña denotó la influencia económica y política
en los santacruzanos. A partir de la propuesta hecha por el reverendo John Kingston y otro
súbdito inglés, ambos avecindados en Bacalar, quienes expresaron a los jefes de los mayas
sublevados celebrar una tregua e iniciar negociaciones con el gobierno mexicano. Además,
solicitaron al coronel Francourt, ser mediador. Iniciativa que fue secundada por el gobierno
británico y puesto a la consideración de la autoridad mexicana en agosto de 1849, la autoridad
mexicana aceptó los “buenos oficios” británicos y manifestó que en primera instancia celebrar
un armisticio con los mayas sublevados, para sentar las bases de un arreglo pacífico y la cesión
de una porción de terreno. 83
En los primeros años de iniciada la rebelión, el entonces Superintendente británico,
John Francourt, envió una misiva al gobernador yucateco, Miguel Barbachano, con el fin de
extender su disposición para la “mediación” inglesa en el conflicto con los mayas de oriente,
así como también para “prevenir” la exportación de armas y municiones desde su territorio.
De acuerdo a Francourt, “as the friend of the mexican Government [cursivas nuestras]” trató de
mediar entre los mayas de oriente y el gobierno estatal, al entrevistarse con Venancio Pec. Con
la intensión de dirimir las diferencias entre ambos bandos. Además resaltó en cierta forma
demagógica, que los mayas del sur buscaban su “autogobierno”, y que llegaron a expresarle sus
deseos de que la autoridad del establecimiento británico de Belice los acogiera en su propio
gobierno, a lo cual señaló la imposibilidad de tal aspiración. Al final, Venancio Pec señaló que
al menos les fuese permitido emigrar a territorio inglés.84
El intercambio comercial y la mediación de los ingleses fue un aspecto utilizado por el
gobierno de Gran Bretaña para presionar a las autoridades de la República mexicana con el fin
de establecer límites territoriales definitivos, a partir de lo acordado en la Convención de 1786.
Con lo cual, las negociaciones diplomáticas se enfrascan entre los reclamos mexicanos por la
venta de armas de los súbditos ingleses a los mayas y las pretensiones británicas de confirmar el
linde interestatal en el río Hondo. Hemos reconstruido dichas comunicaciones y se puede
83 AHSRE, leg. 1-1-248, Memorándum al Ministro Plenipotenciario de México en Londres sobre la medición británica en la
guerra de castas, Cd. de México, 1 de agosto de 1849, 3 ff., El Ministro de Relaciones Exteriores de la República al Ministro
Plenipotenciario en Londres, Cd. de México, 12 de septiembre de 1849, f. 7.
84 En este sentido, Francourt escribió a Barbachano sobre su negativa e imposibilidad de tal solicitud en virtud de
que el gobierno de México y su Majestad la Reina Británica mantenían relaciones amistosas, por lo cual no pudo
atender ese proyecto. Igualmente, comentó sobre sus instrucciones para que los cortadores de madera del
asentamiento inglés no exportarán armas, municiones, pólvora y pertrechos de guerra, en especial al caso de las
embarcaciones “Dart” y “Dream”, de las cuales se le informó que estaban en la Bahía de la Ascensión para
comerciar con los mayas sureños. Se solicitó la presencia de un enviado del gobierno yucateco para entablar una
reunión con los jefes de los mayas sureños. Véase: AGEY-PE, caja 112, vol. 62, exp. 49, Informe de John Francourt de
la Casa de Gobierno, posesiones Británicas en Honduras, relativo a su mediación para solucionar el conflicto entre los indios y el
gobierno, Mérida, 31 de octubre de 1849, 2 ff.
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distinguir que la “prolongación” de la guerra de los mayas en la península yucateca, fue
resultado del apoyo de los madereros-comerciantes establecidos en la ciudad-puerto de Belice.
Así lo denota el intercambio epistolar celebrado entre los años de 1848 a 1849, entre el
secretario de Relaciones Exteriores, José María Lacunza, y la oficina del Encargado de
Negocios de Gran Bretaña, Percy W. Doyle, relativas a los “auxilios” que los may as sublevados
de Yucatán recibían de los comerciantes del establecimiento británico para mantener la guerra
social. Incluso que éstos ya habían establecido almacenes en Bacalar, “provistos de pólvora y
armas y plomo”, destinados al intercambio de los efectos que los mayas obtienen en sus
incursiones a los pueblos. 85
En ese sentido, las relaciones entre los líderes mayas sublevados y los madereros
británicos gozaron de una aparente libertad en la explotación forestal al no existir una
guarnición o aduana fronteriza mexicana efectiva. Consideramos que, Bacalar fue el último
bastión de la endeble jurisdicción mexicano-yucateca. Recordemos que el fortín de San Felipe
fue reconquistado por los santacruzanos el 21 de febrero de 1858 y será recuperado por el
gobierno mexicano hasta inicios del siglo XX. Tal situación facilitó el intercambio comercial
entre los pobladores mayas rebeldes y los ingleses. Precisamente en el intercambio epistolar
entre los ministerios de relaciones exteriores de la República mexicana y de Gran Bretaña,
encontramos valiosas referencias en 1849, en el sentido de que se tuvieron informes de la
captura de un pailebot inglés llamado “Cuatro Hermanos”, en el cual se encontraron
municiones, armas y pólvora que los comerciantes de la ciudad-puerto de Belice entregarían a
los mayas “sublevados” de Yucatán. 86 Este tipo de acciones, propiciaron reclamos por parte del
gobierno yucateco y réplicas de la autoridad de los Establecimientos Británicos de Honduras.
Percibimos aquí que, en consecuencia el gobierno mexicano consideró como
posibilidad la cesión de tierras para alcanzar un acuerdo de paz con los mayas sublevados. Pero
esta concesión de una porción de la costa oriental de Yucatán de ninguna manera incluyó ceder
la soberanía sobre la zona. Además, con estas condiciones, el gobierno mexicano buscó que los
pueblos mayas no tuvieran mayor protección de las autoridades británicas y se repitiese el caso
Orange Walk por indios Icaiché, Cd. de México, 12 de febrero de 1873, ff. 13-22.
- 102 -
del protectorado que se ejerció con las tribus de los Mosquitos al sur del golfo de Honduras.
En ese sentido, la propiedad se extendería en tres grados: 1) Como propietarios agricultores de
la tierra sin mantener ninguna relación con el gobierno, es decir, que tendrán autoridad y
organización propia. 2) Como una prefectura sujeta políticamente al gobierno del Estado de
Yucatán según su Constitución. 3) Como un territorio independiente del Estado de Yucatán
pero sí sujeto directamente al gobierno de la República mexicana, con base en la Constitución
Federal, tomando como ejemplos los casos concretos de Tlaxcala y Colima. 87
Durante el transcurso de la primera etapa de la guerra social de los mayas, observamos
que la economía del territorio yucateco vio afectada, por lo que se recurrió a la imposición de
una contribución a los capitales y propiedades. En agosto de 1848 se cobró un derecho al palo
de tinte en los puertos de Yucatán por donde se comercializó esta materia prima que había
estado “libre de tal impuesto”. Por lo que, ante la impotencia del gobierno de Yucatán para dar
término a la sublevación maya, en septiembre de 1849, el entonces gobernador Manuel
Crescencio Rejón, en una extensa misiva al ministro de Relaciones Exteriores mexicano
denunció las relaciones comerciales de los súbditos del establecimiento británico con los mayas
y las extracciones forestales ilegales en bosques yucatecos. Pero sobre todo, llama la atención
dos solicitudes que realizó al gobierno federal: 1) El envío de efectivos militares a Yucatán para
dar fin definitivo a la guerra social de los mayas. 2) Las especificaciones sobre la cuestión de la
soberanía territorial de la República mexicana sobre los Establecimientos Británicos de
Honduras. Además, señaló que dicho comportamiento era contrario a los establecidos en los
tratados anglo-españoles de 1763, 1783 y 1786, así como al artículo 14º del convenio anglo-
mexicano de 1826. 88
Pero al mismo tiempo, observamos los distintos puntos por donde se efectuó el
intercambio comercial: Bacalar y Chichanhá. Zonas donde circularon recursos forestales,
armas, pertrechos, municiones, alimentos y productos de uso común provenientes de Nueva
Orleans, vía el puerto de Belice. Así como también el intercambio de sal y tortugas con los
chichanhás.89 Con todo lo anterior se percibe la falta de control económico, fiscal y territorial
en esta franja forestal fronteriza por parte del gobierno mexicano-yucateco, lo que facilitó las
actividades de madereros-comerciante ingleses. Una zona abstraída de la jurisdicción de la
87 AHSRE, leg. 1-1-248, El Ministro de Relaciones Exteriores de la República Mexicana al Ministro Plenipotenciario en
Londres, Cd. de México, 12 de septiembre de 1849, f. 7.
88 AHSRE, leg. 1-1-248, Copia de la misiva de Manuel Crescencio Rejón al Ministro de Relaciones Exteriores sobre la cuestión de
a la introducción de pólvora, armas y municiones para los indios sublevados por Chinchanhá, Mérida, 12 de septiembre de 1849,
2 ff.
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República mexicana desde principios de 1841, por la emancipación yucateca y en poder de los
mayas sublevados del oriente y sur de la costa oriental, a partir de 1848. Podemos señalar
también que una de las primeras casas comerciales establecida en la ciudad-puerto de Belice
que incursionó en territorio mexicano en la primera mitad del siglo XIX fue Vaughn and
Christie, Company, la cual se dedicó a la extracción de caoba en ambas márgenes del río Hondo.
Dicha empresa contó con la concesión para extraer recursos forestales en terrenos baldíos de
la zona. Se sabe sobre la incursión de los cortadores de madera de esta sociedad, porque en
agosto de 1845, Domingo Martínez, entonces jefe político de la Villa de Bacalar, envío al
gobierno yucateco información sobre la solicitud por parte de esta sociedad.90
En esta segunda etapa, con la muerte de los principales caudillos mayas pareció que las huestes
de los sublevados habían sido presas del “desaliento”, pues se dividieron en dos grandes
bandos. Por un lado, el sucesor de Pat y Chi, José María Barrera, tuvo la brillante idea de
comenzar un culto a la denominada “Cruz Parlante”, con la ayuda de un “indio” llamado
Manuel Nahuat, que hizo las veces de ventrílocuo. Este hecho “sobrenatural” proporcionó un
nuevo ímpetu adorador y militar, así como un santuario a la guerra social que congregó a los
rebeldes dispersos en las cercanías de un cenote. Sitio en donde, se fundó el 2 de noviembre de
1850, el pueblo conocido como Noh Cah Santa Cruz Balam Na o Chan Santa Cruz, con unas
dos mil almas, donde construyeron un oratorio de mampostería. Su significado fue tan
trascendente que esta comunidad se convirtió en la capital maya del oriente, el gran bastión de
los que denominamos santacruzanos, los “sublevados bravos del oriente”, los cruzoob o “los
cruces”. Éstos dominaron entonces la zona centro de la costa oriental de Yucatán hasta
Bacalar. De acuerdo a la historiografía de la guerra social, José María Barrera, designó el sitio
donde se erigió Santa Cruz y, por medio de la ayuda de un ventrílocuo, se comenzó el culto a la
“Cruz Parlante” para dar nuevos bríos a la sublevación de los mayas. A partir de este hecho,
los mayas rebeldes de oriente fueron denominados cruzoob, denominación acuñada por Nelson
Reed (Reed, 1971: 161-184; Villa Rojas, 1978: 97-103; Fort, 1979: 45-46; Careaga, 1998: 20-21;
Cásares, 1998: 205-206; Dumond, 2005: 179-186). Por el otro lado, algunos líderes como
Angelino Itzá y José María Tzuc, se movilizaron con un contingente a la población de
Chichanhá, ubicada al suroeste de Chan Santa Cruz, en las cercanías del río Hondo. A partir de
90 AGEY-PE, caja 74, vol. 24, exp. 29, Acuse de recibo de Domingo Martínez al Secretario General de Gobierno relativo a la
solicitud de prórroga y venta de árboles de caoba, Bacalar, 14 de abril al 12 de agosto de 1845, 1 f.
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lo cual, a estos sublevados los denominamos chichanhás. 91 Éstos se apoderaron y controlaron
la zona adyacente al Estero Azul (Véase Mapa 3). Aunque se mostraron autónomos, se
acercaron a la autoridad regional y nacional como veremos adelante.
Consideramos que en el desarrollo de la segunda etapa de la guerra social de los mayas,
encontramos también el curso de tres momentos políticos: el Segundo Imperio, la República
Restaurada y el Porfiriato. En este periodo podemos identificar un movimiento político-
económico-social que cobró fuerza entre los santacruzanos por medio del llamado bélico-
religioso de la cruz parlante, que colocó a Noh Cah Santa Cruz Balam Na como la fortaleza de
este pueblo maya en el centro de la selva oriental. Se presenta también un conflicto por el
control territorial y áreas de influencia entre los santacruzanos y los chichanhás, sobre todo
para hacerse de recursos económicos y pertrechos de guerra por medio de sus relaciones
comerciales con los madereros-comerciantes británicos. Pero haciendo latente su autonomía
frente a las autoridades mexicanas, campechanas y/o yucatecas. Podemos observar la
renuencia del gobierno del Estado de Yucatán por recurrir al apoyo de la autoridad mexicana
para doblegar a los pueblos mayas sustraídos. Incluso, en el cantón de los Chenes, el coronel
Cirilo Baqueiro se puso en contacto con el corregidor del Petén, para solicitar su apoyo para
controlar a los mayas “rebeldes”. Todo esto, denota que a pesar del carácter pacífico de los
pueblos mayas del sur, las relaciones con las autoridades de la nación mexicana no eran las
óptimas para alcanzar un acuerdo de pacificación. A fines de 1851, el corregidor guatemalteco
Modesto Méndez fue autorizado por su gobierno para entablar negociaciones con los
dirigentes chichanhás.92
Igualmente, como resultado de la confrontación entre liberales y conservadores que
aconteció en el centro del país, la voluntad y presupuesto de la entidad se encausaron a
conservar el gobierno regional. Además, el entonces presidente mexicano designó al general
Rómulo Díaz de la Vega como gobernador de Yucatán, quien suplió a Miguel Barbachano. El
91 Este poblado existió desde la época colonial, fue abandonado en 1695 y repoblado hasta 1733. Para mediados
del siglo XIX, su población se dispersó con el advenimiento de la guerra social. Durante la “guerra de castas”,
algunos líderes de los pueblos mayas sublevados, como Angelino Itzá y José María Tzuc, se movilizaron con un
contingente a la población de Chichanhá, ubicada al suroeste de Chan Santa Cruz, en las cercanías del río Hondo.
Este poblado existió desde la época colonial, fue abandonado en 1695 y repoblado hasta 1733. Para 1813 tenía
una población mixta que se dispersó a finales de la década de 1840, a raíz de la guerra de Castas (Careaga; 1990b:
69; Macías Zapata, 1985: 255; Sweeney, 2006: 15).
92 En diciembre de 1850, el gobierno de Yucatán estuvo en contacto con el corregidor del Petén guatemalteco,
Modesto Méndez, con el propósito de solicitar su apoyo para pacificar la zona limítrofe con Guatemala y terminar
con las incursiones de los mayas del sur. Véase: AGEY-PE, cajas 78 y 79, vols. 28 y 29, exps. 58 y 3, Modesto
Méndez corregidor del Petén comunica al gobernador los esfuerzos que ha realizado de pacificación de los indios realizados, Petén,
Guatemala, 9 de diciembre de 1850, s/f, Acuerdos tomados por el Cura Juan de la Cruz Joil y los indios de Chichanhá para el
restablecimiento de la paz y su evangelización enviados por Modesto Méndez al Secretario General de Gobierno, Chichanha-Flores,
Petén, Guatemala, 1 de abril al 24 de noviembre de 1851, 3 ff.
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nuevo gobernante de Yucatán buscó la paz con los chichanhás para asegurar una alianza contra
los santacruzanos. En septiembre de 1853, se llevó a cabo la firma de un acuerdo de paz en la
casa de gobierno en la ciudad-puerto de Belice, en el que, los líderes mayas de Chichanhá se
comprometieron a someterse a la autoridad del gobierno yucateco y defender la región de los
ataques emprendidos por los santacruzanos. Para tal efecto los caciques chichanhás se
comprometieron a establecer una guardia 400 hombres armados, por lo que pudieron
conservar sus armas hasta alcanzar la paz definitiva. Además, se les exentó del pago de
impuestos, se les garantizó amnistía general, el respeto a sus derechos civiles y, fueron
retribuidas y respetadas sus propiedades, siempre y cuando demostrasen su tenencia legal. 93
Pero continuaron con sus relaciones comerciales con los ingleses.
A partir de este arreglo de paz, los mayas pacíficos del sur sirvieron de contención
militar ante las incursiones de los mayas sublevados de oriente y del tráfico de armas y
pertrechos procedentes de la colonia británica. Pero continuaron con sus relaciones
comerciales con los ingleses. Podemos indicar a partir del Mapa 3, que los pueblos mayas
sureños conservaron su autonomía pero debían mantener una guardia de cuatrocientos
hombres armados para atacar a los mayas “sublevados bravos del oriente”, acantonados en
Noh Cah Santa Cruz Balam Na. En ese sentido, un total de 18 pueblos de Chichanhá, Ixkanhá,
Macanche, Mesapich, Lochhá, Nohayin, Xkanhá, Xmaben, comenzaron a ser identificados
como los “sublevados pacíficos del sur” y sus jefes se autonombraron oficiales del ejército
yucateco, campechano y mexicano. Aunque esta paz con el gobierno de Yucatán, les redituó la
enemistad de los mayas santacruzanos.
En este contexto, estos poblados recibieron la denominación de “sublevados pacíficos
del sur” y sus jefes se consideraron a sí mismos oficiales del ejército yucateco, campechano y
mexicano. Ello causó diferencias diplomáticas entre los gobiernos de México y Gran Bretaña
por las incursiones que llevaron a cabo al sur del río Hondo y los ataques a los campamentos
de los cortadores ingleses establecidos en dicha zona (Reed, 1971:. 154; Macías Zapata, 1985:
255; Careaga, 1990b: 70-71; Higuera, 1997: 49; Macías y Villalobos, 2002: 44; Sweeney, 2006:
78 y 80). Durante esta segunda etapa hay que considerar que la aparente pacificación de los
mayas de Chichanhá reconfiguró las relaciones políticas, económicas y sociales entre los
93 Este acuerdo de paz se celebró el 17 de septiembre de 1853, en la ciudad de Belice. Se compuso por 15
artículos. Fue firmado por los comisionados del gobernador Yucateco, Gregorio Cantón y el teniente coronel
Edmundo López, y los Jefes de los mayas sublevados del sur, José María Tzuc, Andrés Luna, José María Cocom,
Pablo Balam, Pedro Regalado Ek, Pedro José Ix, José Leocadio Lima, José María Hernández, Juan Bautista Yam,
Raimundo Chi y Pablo Encalada. Véase: AHSRE, leg. L-E-1691, Copia protocolizada del Tratado celebrado en 1853 entre
los comisionados del Gobernador de Yucatán, D. Rómulo Díaz de la Vega por una parte y algunos capitancillos de los indios
sublevados, por otra, Mérida, 1º de abril de 1888, ff. 177-181.
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mismos pueblos mayas que se sublevaron, los yucatecos, los campechanos, el gobierno federal
y los madereros ingleses de la ciudad-puerto de Belice. En este contexto, el punto estratégico
político-económico que representó Bacalar estuvo asediado por los santacruzanos. Con ello,
podemos establecer que los mayas de oriente tuvieron la capacidad militar de conquistar la
franja forestal fronteriza del río Hondo, hostigando tanto a los mayas chichanhás como a los
bacalareños.
Al mismo tiempo, las actividades extractivas de los madereros-comerciantes ingleses
continuaron, principalmente en la recurrente zona del Estero Azul. En julio de 1854, el
entonces secretario de Asuntos Extranjeros británico, George William Frederick Villiers –Lord
Clarendon- dirigió una misiva a su homólogo mexicano, Joaquín María del Castillo y Lanzas,
ministro de Relaciones Exteriores. En dicha carta, Lord Clarendon fue enfático en señalar que
dicho borde ya había sido acordado por ambas naciones por medio del artículo 14º del Tratado
de navegación y comercio de 1826, bajo los preceptos del Tratado de 1783 y la Convención de
1786. Es decir, que el límite territorial se estableció en el río Hondo. Por lo que las actividades
extractivas de los súbditos británicos no eran susceptibles a reclamo alguno. 94 Aunque no se
hizo mención al intercambio comercial, especialmente al aprovisionamiento de armas por parte
de los comerciantes ingleses, para octubre de 1855, el entonces Superintendente en Belice,
William Stevenson, comunicó a la autoridad mexicana estar al tanto de que los comerciantes de
esa ciudad-puerto vendían grandes cantidades de pertrechos a los mayas de la costa oriental de
Yucatán, pero con el fin de llevar a cabo el “lícito comercio”. Agregó además que:
“… como las armas son muy corrientes y se destruyen pronto, los consumidores tiene que
reponerlas casi cada año lo mismo que la pólvora que siempre es de mala calidad; y que este
comercio, siendo al menudeo, no podía evitarse ni era posible á las autoridades de Belice
ejercer ninguna vigilancia en tan dilatada frontera”.95
94 AHSRE, leg. 4-22-6736, Copia de la Nota dirigida por Claredon al Ministro en Inglaterra, Castillo y Lanzas, sobre límites
entre Belice y Yucatán (4 de julio de 1854), Londres, Gran Bretaña, 6 de junio de 1894, 5 ff.
95 AHSRE, leg. L-E-1687, Contestación del ministro mexicano de Relaciones Exteriores, Lafragua, sobre el ataque al pueblo de
Orange Walk por indios Icaiché, Cd. de México, 12 de febrero de 1873, ff. 13-22.
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este contexto, la construcción del canal interoceánico comenzó a concretarse y el istmo
centroamericano se convirtió en la zona geoestratégica para fomentar el comercio y el
movimiento militar (Granados, 1989: 74-89; Rouquié, 1992: 24-27; Toussaint, 1996: 81-97).
Aunado a lo anterior, otro aspecto que fortaleció la presencia del establecimiento británico en
la porción sur de la costa oriental de Yucatán y a las actividades extractivas de sus madereros-
comerciantes, fue la firma del acuerdo limítrofe celebrado en 1859 entre los gobiernos de la
Gran Bretaña y Guatemala, conocido como Tratado Aycicena-Wyke, expandiendo así su área
de influencia política y de acción económica entre los ríos Hondo y Sarstún, las actuales
fronteras de Belice.96 Consideramos también que la disposición del gobierno de Londres de
elevar a calidad de colonia y la constitución oficial de Honduras Británica en mayo de 1862
favoreció la soberanía inglesa en la zona. 97 Debemos señalar que, autores como Nigel Bolland
(1992: 175), consideran para este periodo que una preocupación para la autoridad inglesa fue
asegurar su frontera “occidental y norte”. Es decir, en la bahía de Chetumal y los afluentes del
río Hondo. Además, la pacificación de los pueblos mayas icaichés, con el fin de atraer a la
inversión de los pobladores “blancos”.
A este proceso hay que incorporar el conveniente vacío jurisdiccional que propició el
aparente fortalecimiento militar de los santacruzanos, quienes llevaron a cabo el asedio a
Bacalar y Chichanhá, que entorpeció la demarcación del límite territorial en la costa oriental
entre México y Gran Bretaña. Por ejemplo, el 9 de febrero de 1856, el jefe político bacalareño,
Tiburcio R. Esteves -hijo del maderero-propietario Matías Esteves- y otros funcionarios de la
villa solicitaron al gobierno yucateco apoyo militar con el fin “laudable” de dar constante
persecución a los santacruzanos y evitar su avituallamiento con pertrechos de guerra ingleses
en la ribera del río Hondo.98 Ante el conflicto armado, las autoridades mexicanas en Yucatán
96 La “Convención entre la República de Guatemala y su Majestad Británica, relativa a los límites de la Honduras
Británica”, conocida como Tratado Aycinena–Wyke, fue signada el 30 de abril de 1859 por el Pedro de Aycinena,
Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guatemala y Charles Lennox Wyke, Representante
Plenipotenciario de Gran Bretaña. De acuerdo a varios textos, su ratificación se llevó a cabo el 1° de abril de 1859
por los británicos y el 12 de junio del mismo año, por los guatemaltecos. El intercambio de ratificaciones se
realizó el 12 de septiembre de 1859. Esta negociación otorgó a los ingleses confirmar la posesión de los terrenos
comprendidos entre los ríos Sibún y Sarstún, en los cuales ya se encontraban realizando actividades productivas.
En su art. I los siguientes linderos: “Comenzando en la Boca del Río Sarstún en la Bahía de Honduras y
remontando la madre del río hasta los Raudales de Gracias a Dios; volviendo después a la derecha, y continuando
por una línea recta tirada desde los Raudales de Gracias a Dios hasta los de Garbutt en el Río Belice, y después de
los Raudales de Garbutt Norte derecho hasta donde toca con la frontera mexicana” (Paz, 1979: 103-104; De Vos,
1993: 153-155; Toussaint, 2004: 93-96).
97 El 12 de mayo de 1862 se decretó la creación formal de la colonia Honduras Británica, el entonces
superintendente Frederick Seymour fue nombrado gobernador de la misma (Toussaint, 1993: 67).
98 Su petición la llevaron a cabo con el argumento de que los vecinos se dedicasen a sus labores de campo y los
que emigraron pudieran retornar a su país con sosiego y se dé término a la “fatal guerra” que los afligió. Véase:
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perdieron aún más el control de esta región de frontera. Lo anterior propicio que los emisarios
del establecimiento inglés se acercaron a los dirigentes mayas. Ese mismo año, los
santacruzanos atacaron las poblaciones de Chikindzonot, Peto, Ichmul, Tihosuco y Tekax. Es
decir, cruzaron la “línea del sur”, concebida como la división entre las fuerzas yucatecas y el
territorio de los mayas. Esta “línea del Sur” se estableció a partir de los poblados de Peto y
Tihosuco. A partir de esta imaginaria división y hasta el río Hondo, se consideró el territorio
que controlaron los pueblos mayas de oriente (Aldherre y Mendiolea, 1869: 73-81; Hübb, 1940:
109-115). En agosto de 1857, estalló la rebelión independentista de los campechanos, al mando
de Pablo García, Pedro Baranda e Irineo Lavalle. Esta longeva confrontación político-
económica entre los comerciantes-hacendados campechanos y los henequeneros-ganaderos
meridanos se avivó con el conflicto nacional que representó entre liberales y conservadores.
En ese sentido, con el triunfo de los “revolucionarios campechanos”, consideramos que el
levantamiento indígena y la situación de economía de guerra que se vivió coadyuvó a
reconfigurar la región, al considerar la distinción o división existente en este espacio, entre los
territorios bajo control y dominio de las autoridades yucatecas y de los pueblos mayas rebeldes,
sublevados, de oriente o los pacíficos del sur.99
En este contexto de inestabilidad política regional, podemos señalar que las empresas
nacionales no contaron con las oportunidades para llevar a cabo el usufructo de los bosques de
la costa oriental. Ello se muestra con la ausencia de empresarios mexicanos y de referencias
que señalen el establecimiento de negociaciones diplomáticas, tal como sucedió un par de
décadas atrás. Oportunidad que aprovecharon los madereros-comerciantes británicos. Fue el
caso de la casa comercial establecida en Belice, The Young, Toledo and Company, que en 1857,
acordó con los líderes santacruzanos el arrendamiento de bosques para la extracción de
maderas preciosas por una suma de 400 dólares anuales (Lapointe, 1983: 86). Proceso que se
dio de manera continúa hasta finales de la década de 1890, como veremos posteriormente. Los
santacruzanos en su audacia guerrera recuperaron Bacalar para contar con el punto estratégico
para el desarrollo comercial y la compra venta de armas y municiones provenientes de la
AGEY-PE, caja 58, vol. 8, exp. 48, Solicitud de las autoridades de la Villa de Bacalar para que se proteja dicha Villa con las
fuerzas militares pertinentes, Bacalar, 9 de febrero de 1856, 1 f.
99 El 6 de agosto de agosto de 1857, la confrontación entre los liberales campechanos y los conservadores
yucatecos derivó en que el “revolucionario” Pablo García fue nombrado jefe político y militar del distrito de
Campeche. En mayo del año siguiente, el congreso yucateco cedió al deseo de emancipación campechano y se
acordó la línea divisoria entre ambas entidades al sur de Celestún, siguiendo la ruta Puuc hasta el sur de Tekax.
(Dumond, 2005: 243; Ramayo, 1996: 74; Sweeney, 2006: 82-88).
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ciudad-puerto de Belice.100 Aprovecharon el abandono militar en que se encontraba el último
bastión yucateco-mexicano. La noche del 21 de febrero de 1858, una nueva incursión de este
grupo maya encabezada por José Venancio Pec se apoderó de la villa y el fortín. Ello generó
que la guerra se desarrollase con mayor intensidad y fueron expulsados los pobladores de la
misma (Careaga, 1998: 42; Dumond, 2005: 336; Sweeney, 2006: 70). Lo que les permitió ejercer
un efectivo control económico de la zona y fortalecer el intercambio comercial con los
ingleses.
Una vez que se tuvo control de la zona estratégica bacalareña, para febrero de 1860, los
santacruzanos atacaron de nueva cuenta la zona de influencia de los chichanhás, quienes
comenzaron a manifestar debilidad en su fuerza militar y económica. Un ataque con “mayor
saña” tuvo lugar en el año de 1863, por lo que alrededor de ocho mil mayas chichanhás se
desplazaron el sur. Lo trascendente es que Luciano Tzuc se instaló junto con mil seguidores en
el poblado abandonado de Santa Clara de Icaiché, próximo a la frontera con Guatemala y los
Establecimiento Británicos. Otro grupo, encabezado por Asunción Ek, se internó hasta la zona
del río Bravo, en los límites de lo que se consideró aún territorio mexicano por ser éste
afluente del río Hondo, donde se fundó San Pedro, San José y Holmul, zona de las colinas de
Yalbac, al norte del valle del río Belice, cercano a Young Girl.101 En consecuencia, se constata la
aparente facilidad con que los santacruzanos lograron controlar la mayor parte de la costa
oriental de Yucatán, desde playa Maroma hasta Bacalar. Por su parte, los icaichés controlaron
una zona menor pero económica y geográficamente estratégica, esto es, una parte de la ribera
del río Hondo hasta el Estero Azul -Blue Creek-, frontera con la colonia británica, y hasta los
ríos Booths y Bravo. Esto modificó la geopolítica de nuestra región de estudio, el gobierno
yucateco perdió influencia y control, por lo que los madereros ingleses optaron por tratar
directamente con los líderes mayas sublevados y pacíficos, a pesar de que algunos de éstos
contaban con la anuencia del gobierno de Yucatán, como veremos adelante.
Las alianzas comerciales entre los santacruzanos e icaichés con los ingleses claramente
se manifestaron a través de contratos para la explotación de recursos forestales y la adquisición
de armamento y pertrechos de guerra. Contrario a lo sucedido entre las autoridades mexicanas
e inglesas, cuyas negociaciones comerciales y limítrofes no prosperaron y las relaciones
100 La falta de control y autoridad desde la época colonial permitió que los pueblos mayas dispersos en la costa
oriental estableciesen relaciones económicas con los madereros-comerciantes de los Establecimientos Británicos
de Honduras, especialmente con la venta de palo de tinte (Villalobos, 2006: 24).
101 Estos poblados se establecieron en un área de unos 1,100 km 2, en la frontera entre Belice y el Petén
guatemalteco, a unos 90 kilómetros al sur de Santa Clara de Icaiché (Careaga, 1990a: 94; Bolland, 1992: 76, 141-
213; Sweeney, 2006: 88-95; Villalobos, 2006: 61-69).
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diplomáticas se estancaron notablemente a partir de la década de 1860 y por las dos décadas
siguientes, gracias a las condiciones precarias de la economía nacional y los reclamos
internacionales por el cumplimiento de la deuda externa. Empero, hay que decir que ello no
evitó el intercambio epistolar de carácter diplomático, el que por cierto se centró básicamente
en los reclamos mutuos por las incursiones y las relaciones comerciales existentes en la franja
forestal fronteriza de la costa oriental de Yucatán. El saldo de lo anterior fue que el
arrendamiento de los bosques favoreció a las compañías madereras beliceñas como la Vaughn
and Christie, The Young, Toledo & Company, The B. Crammer & Company y The Melhado & Koop Co.
A pesar del acuerdo limítrofe entre Gran Bretaña y Guatemala, a la proclamación de
Honduras Británica como colonia inglesa y que las relaciones diplomáticas entre los gobiernos
mexicano e inglés estaban estancadas, en 1864, durante el Segundo Imperio, se decretó que la
extensión territorial del entonces Departamento de Yucatán abarcó hasta el río Sarstún y parte
del Petén guatemalteco (Lapointe, 1983: 185). Es decir, que la frontera mexicana incluyó toda
la costa oriental hasta el Golfo de Honduras. Obviamente, esta pretensión del gobierno
imperial mexicano no fue aceptada por los gobiernos guatemalteco y británico y dio pauta al
incremento de las relaciones comerciales entre los madereros-comerciantes ingleses con los
santacruzanos, prolongándose así la guerra social.
Para el periodo de la República Restaurada, se rompieron las relaciones diplomáticas
entre el gobierno México y Gran Bretaña. Con ello, tanto la “cuestión de Belice” como la
sublevación maya se prolongó por dos décadas más. Lo que podemos destacar en este
contexto es que en 1867 el jefe santacruzano, Bonifacio Novelo, apoyado por los generales
Crescencio Poot y Bernabé Cen, externó a un comerciante-maderero inglés su deseo de ser
incorporados “en todos sentidos” bajo la tutela de la autoridad de Honduras Británica. Es
decir, convertirse en súbditos de “Su Majestad Británica” y que fuese incorporado a sus
dominios el territorio que controlaban en la costa oriental de Yucatán. De acuerdo con la
lectura de Marie Lapointe (1983: 89), el entonces teniente-gobernador, John G. Austin,
rechazó “elegantemente” dicha “dependencia” por resultar de alto costo administrativo a la
colonia.
En un tercer momento, al inicio del régimen porfiriano, las relaciones diplomáticas
entre ambas naciones continuaron suspendidas hasta mayo de 1883, en que comenzaron a
estrechar vínculos con el nombramiento de los siguientes representantes diplomáticos: El
embajador inglés Spencer Saint-John, en la ciudad de México. El ministro plenipotenciario
mexicano, el oaxaqueño Ignacio Mariscal Fagoaga en Londres. El embajador de México, el
- 111 -
campechano Joaquín Baranda. Con ello se retomó la “cuestión de Belice” para establecer
lentamente el borde territorial. Las acciones por parte del gobierno mexicano apenas se ponían
en marcha, la extensión de concesiones para el deslinde de terrenos baldíos y la explotación de
recursos naturales, forestales y marítimos, fue parte del establecimiento de los marcadores
económicos de soberanía. A este respecto, el avance del control territorial mexicano en la costa
oriental de Yucatán se dio a partir del sistema de concesiones que benefició a ciertos
comerciantes, banqueros, agrimensores y capitalistas allegados a la élite de la autoridad federal
y local.
102La expedición se compuso de 106 peones y voluntarios del área de Tizimín que realizó una travesía de varios
días por tierra y por mar hasta llegar a Xelhá, de ahí hasta el cantón, hasta entonces desconocido, de San Antonio
Muyil, donde atacaron, quemaron casas y dieron muerte a Juan de la Cruz Pomol, el líder maya. Véase: LRM. 26
de julio, 4 de septiembre, 26 de agosto, 22 de noviembre de 1872, 15 de octubre de 1875; La Razón del Pueblo.
Periódico oficial del Estado libre y soberano de Yucatán (LRP), Mérida, 26, 28 de agosto de 1872; El Correo del Comercio
(ECC), Cd. de México, 10 de noviembre de 1875, p. 3; El Foro (EF), Cd. de México, 11 de noviembre de 1875, p.
3; La Voz de México (LVM), Cd. de México, 11 de noviembre de 1875, p. 3; El Monitor Republicano (EMR), Cd. de
México, 12 de noviembre de 1875.
- 112 -
Mapa 3
Territorio controlado por los Santacruzanos y Chichanhás-Icaichés en la costa oriental
de Yucatán (1847-1893)
Fuente: Elaboración propia con base en mapas elaborados por Martha Villalobos (2006: 26); Lean Sweeney (2006:
12).
- 113 -
Para finales del año de 1870, el periódico oficial del gobierno yucateco La Razón del
Pueblo y el diario meridano El Escorpión, publicaron notas relativas a una serie de estrategias o
planes para acabar con la guerra de los mayas rebeldes en la costa oriental de Yucatán. Entre
las medidas señaladas en las publicaciones, se destacó la colonización de inmigrantes
extranjeros y el asentamiento de un cantón militar en la bahía de la Ascensión. Con este último,
se tendría mayor control de las costas desde Sisal, entonces puerto aduanero, hasta el Caribe
mexicano, disminuyendo el contrabando que caracterizó a la zona. Además, se aprovecharían
los recursos naturales, como las maderas o las salinas abandonadas en río Lagartos y El Cuyo, y
las tierras fértiles de Yalahau. Para agosto de 1882 aconteció otro asalto de los “bárbaros” que
invadieron las rancherías de cortes de madera establecidas en los alrededores de Paraíso,
Xuxub, Chiquilá, Solferino y la población de Puntachén. A raíz de estos sucesos muchos
pobladores huyeron hacia pueblos cercanos ubicados al oriente de la zona. 103
En la tercera y última etapa que consideramos del desarrollo de la guerra social que los mayas
emprendieron, que va desde los años de 1883 a 1904. Periodo caracterizado por el
restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la Gran Bretaña, el interés del
gobierno mexicano por establecer un borde definitivo con la colonia inglesa de Honduras
Británica y dar término a la guerra en la costa oriental. En los legajos referentes a la “cuestión
de Belice” en el Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones Exteriores,
encontramos además del intercambio epistolar entre ministros y autoridades, arduos estudios
encomendados y elaborados por secretario mexicano del ramo, Ignacio L. Vallarta. Uno de
ellos fue el estudio elaborado por Joaquín Baranda y Quijano, entonces embajador mexicano
en Londres, denominado La Cuestión de Belice.104 También tenemos los trabajos del ingeniero
Antonio García Cubas, quien fue designado por Vallarta para realizar un proyecto para fijar los
límites al territorio ocupado por los ingleses en el sur de la costa oriental. De nueva cuenta,
bajo la consideración de los tratados de 1826, el anglo-guatemalteco de 1859 y el celebrado
103LRP, Mérida, 11 de noviembre de 1870, p. 2. El Nacional (EN), Cd. de México, 22 de agosto de 1882, p. 3.
104 Una especie de folleto elaborado durante en 1873, cuando Joaquín Baranda fue gobernador del Estado de
Campeche, donde se realizó una recapitulación de la información, documentos y datos que justificaban la
posesión por parte de México de la parte norte de la colonia inglesa, pero al mismo tiempo identificó como límite
el río Hondo. Véase: Gobierno del Estado de Campeche, 1873, pp. 92. AHSRE, leg. L-E-1694, Nota de Joaquín
Baranda sobre el envío de dos ejemplares del documento “Cuestión de Belice”, Cd. de México, 7 de julio de 1883, s/f.
- 114 -
entre México y Guatemala en 1882.105 En agosto de 1883, transcurrido apenas un mes de su
encargo, García Cubas envió un informe en donde concluyó que el río Hondo y el Estero Azul
eran el borde territorial en el suroriente mexicano.
Así como en el año de 1826, las autoridades mexicanas en busca del reconocimiento de
la independencia por parte de la Gran Bretaña acordaron en el tratado de navegación y
comercio que el afluente que desemboca en la bahía de Chetumal era el límite territorial, el
gobierno nacional hizo lo propio. Aunque como hemos visto, a excepción del Segundo
Imperio, todas las administraciones mexicanas que entablaron negociaciones con Gran
Bretaña, no variaron su postura de confirmar el río Hondo como el borde territorial histórico
con el Establecimiento inglés. En ese sentido, como se puede apreciar en el Mapa 4 elaborado
por el mismo García Cubas, quien consideró, resaltando en su informe el afluente para
establecer la división entre el estado de Yucatán y Honduras Británica a partir de las siguientes
consideraciones:
“… primero es el límite que partiendo del Río Hondo en el punto que lo corta la paralela 17°
49‟, sigue río abajo, en el curso actual, hasta la desembocadura del mismo río en la bahía de
Chetumal, el segundo parte desde el punto en que la paralela 17°49‟ corta el Río Nuevo
siguiendo después, una línea recta hacia el Norte hasta el punto en que el Río Hondo se
bifurca para formar la isla Ubión; de este punto de bifurcación sigue el límite por el brazo
oriental, continuando después por la corriente del mismo Río Hondo, en su curso actual, hasta
la desembocadura de este en la bahía de Chetumal”.106
Mientras Mariscal y Saint John encabezaron las negociaciones secretas para la firma de
un tratado limítrofe definitivo, en octubre de 1884, el Senado mexicano, presidido por Manuel
Romero Rubio, aprobó los “preliminares” que reanudaron las relaciones diplomáticas con
Gran Bretaña. 107 El entendimiento entre ambos gobiernos se alcanzó en abril de 1887, la
autoridad mexicana aceptó al río Hondo como su borde territorial. Los cuatro puntos fueron:
1) El reconocimiento de la soberanía de Gran Bretaña sobre Honduras Británica. 2) Que el río
Hondo era la línea divisoria de la colonia inglesa. 3) La proscripción del comercio de armas y
municiones con “ciertos Indios”. 4) La prevención por parte de las autoridades mexicanas para
105 Carta de José Fernández, Encargado de la Sección de Europa de la Secretaría de Relaciones Exteriores, al ing. Antonio García
Cubas sobre comisión para establecer los límites de Belice. AHSRE. leg. L-E-1694. Cd. de México. 30 de julio de 1883. s/f.
106 AHSRE, leg. L-E-1694, Informe de Antonio García Cubas a la Secretaría de Relaciones Exteriores sobre los límites con
Spencer Saint-John. Véase: AHSRE, leg. LE-1692, Controversia entre México y Guatemala con Inglaterra, en relación con
los derechos de los citados países sobre dicho Territorio de Honduras Británicas o de Belice, Cd. de México, octubre de 1884,
s/f.
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prevenir incursiones de los mayas sublevados al territorio inglés.108 Quedó pendiente lo relativo
a la libertad de tránsito de los barcos mexicanos por el estrecho del Cayo Ambergris, cuya
condición estuvo restringida a los buques de guerra mexicanos.
En este contexto, los dirigentes santacruzanos nuevamente externaron su intención de
someterse a la autoridad inglesa, pues en 1886 la reina Victoria recibió una “exposición”
firmada por los principales caudillos mayas, en la que solicitaron su admisión como “súbditos
británicos” a cambio de otorgar como “territorio Inglés” el espacio que controlaron. De
acuerdo con lo señalado por las autoridades diplomáticas mexicanas, la respuesta que
recibieron los mayas orientales por parte del gobierno de Gran Bretaña fue que al ser los mayas
mexicanos, “debían reconocer a su Gobierno y ponerse sin condición a sus órdenes, en el
concepto de que les ofrecía su amistosa mediación para conseguir aquel objetivo” (Macías
Zapata, 2002: 242).
Una vez alcanzado en entendimiento con Gran Bretaña y controlado el conflicto en el
Valle del Yaqui, el gobierno mexicano otorgó mayor ímpetu militar para sofocar a los
santacruzanos. Lo que propicio el traslado de muchos prisioneros yaquis a territorio yucateco
con el fin de laborar como peones acasillados en las haciendas henequeneras o como operarios
en los terrenos de la costa oriental de Yucatán. Además, se fomentó con mayor empeño la
participación de capital privado al conceder una primera gran autorización en la costa oriental
de Yucatán. En febrero de 1887 se permitió a uno de los personajes centrales de esta
investigación, el comerciante campechano Felipe Ibarra, a que llevará a cabo la explotación de
recursos forestales. Pero las actividades de este hombre de negocios se vieron entorpecidas por
la presencia de los mayas sublevados y por las extracciones fraudulentas de los madereros
británicos. Por lo que este primer intento por establecer marcadores económicos de soberanía
fracasó pues la principal casa comercial establecida en la ciudad-puerto de Belice, The B.
Crammer & Company, ostentó la representación de los santacruzanos en la colonia inglesa, para
extender las licencias de corte de maderas en la costa oriental de Yucatán. 109
Hasta este punto, y con base en la documentación consultada en la Colección Porfirio
Díaz y en el Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones Exteriores,
podemos constatar que Ibarra Ortoll y Sierra Méndez fueron los agentes económicos que
108 AHSRE, leg. L-E-1695, Nota de Spencer Saint-John a Ignacio Mariscal, relativa al tratado de límites, Cd. de México. 26
de abril de 1887, s/f.
109 Igualmente, se informó a Ignacio Mariscal que Ibarra estableció una agencia en la ciudad-puerto de Belice, la
cual tuvo por objeto “vigilar la introducción de madera procedentes de Yucatán” a esta colonia inglesa y evitar el
corte fraudulento en la margen mexicana del río Hondo, así cumplir con la cláusula 7ª del contrato de la concesión
Ibarra. Véase: AHSRE, leg. L-E-1694, Carta de Sierra Méndez, como representante de Ibarra Ortoll, a Ignacio Mariscal sobre
el corte fraudulento de maderas en la costa oriental de Yucatán, Cd. de México, 10 de julio de 1889, ff. 43-44.
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mantuvieron informado a los funcionarios de alto nivel mexicanos. En términos generales, los
informes remitidos por el comerciante y el científico-gestor campechanos se refirieron a los
siguientes aspectos: a) Las relaciones de los mayas santacruzanos con los madereros ingleses,
en especial con Bernard Crammer y Carlos Melhado. B) Las depredaciones que los cortadores
de madera británicos realizaron y las exportaciones efectuadas por el puerto de Belice. c) Datos
sobre las condiciones de las huestes santacruzanas para reforzar la estrategia militar. Qué
beneficios recibieron los hombres de negocios, Ibarra y Sierra, se dirá más adelante. 110
Constatamos así que, las características político-militares de las subregiones centro y sur
de la costa oriental fueron pauta para las dificultades que enfrentó la empresa y la ausencia de
empresarios nacionales o extranjeros para llevar a cabo extracciones lícitas durante cuatro
décadas. Al parecer, a partir del año de 1889 el gobierno federal se encontró inmerso en el
proceso de lograr la aprobación del tratado de límites por el Congreso mexicano, por las
legislaturas estatales, especialmente la de Yucatán, y por la opinión pública nacional. En este
contexto, en septiembre de 1892, el congreso yucateco solicitó “formalmente” la intervención
del gobierno federal en la campaña militar de sometimiento de los pueblos mayas rebeldes y
lograr la pacificación de la región. Y la demarcación “clara y exacta” del borde territorial con
Honduras Británica, reconociendo la “determinación de los límites” en el río Hondo, con ello
se detendría la “constante invasión colonizadora” de los madereros británicos. Es decir, que el
gobierno yucateco ya para ese entonces reconoció la “posesión primitiva de Belice”, para
impedir la “invasión” de los madereros-comerciantes ingleses a territorio mexicano. 111
También, resaltó la necesidad de controlar, prohibir y evitar el comercio de armas y pertrechos
entre los madereros británicos y los mayas sustraídos. En respuesta, el entonces secretario de
relaciones exteriores, Ignacio Mariscal (1893: 47), señaló que el presidente de la República
mexicana lo instó a llevar a cabo las gestiones para abrir “tan pronto como sea posible”, las
negociaciones diplomáticas conducentes a finiquitar la demarcación territorial con el
establecimiento británico.
110 Ibarra tuvo la autorización para explotar maderas tintóreas, de construcción, de ebanistería y demás gomas y
resinas, en la zona que abarcó desde la laguna de Yalahau hasta las márgenes del río Hondo. En el capítulo 4
analizamos las concesiones otorgadas a este empresario campechano.
111 Dicha solicitud del gobierno de Yucatán se manifestó el 28 de septiembre de 1892. De acuerdo al texto, esta
cesión aparentemente sería reconocida una vez que se llevasen a cabo los estudios de los “eminentes estadistas”
con el objeto de servir de una manera “conveniente” a los intereses de la nación. Véase: AGEY-CE, cajas 69 y 56,
vols. 4 y 6, exps. 15 y 37, La Secretaría de Relaciones Exteriores comunica a la Cámara que por instrucciones del Presidente de la
República, se abrirán a la brevedad posible las negociaciones tendientes a fijar los límites entre el territorio nacional y Belice, México,
24 de octubre de 1892, 1 f. Dictamen de la Comisión de Puntos Constitucionales y Gobernación relativa al Tratado de Límites
entre México y Belice. Mérida, 24 de enero de 1894, s/f.
- 117 -
Observamos entonces que la delineación de medidas de carácter económico, político y
militar, destinadas a alcanzar la adscripción social de las comunidades mayas y el control
territorial de la costa oriental de Yucatán. El interés del gobierno federal sobre la región se
denotó con la serie de contratos y concesiones ferroviarias, marítimas y forestales que otorgó a
un grupo de capitalistas nacionales y extranjeros allegados a los regímenes federal y estatal.
Pero al mismo tiempo, los mayas pacíficos del sur, a pesar de haber establecido contratos de
arrendamiento, llevaron a cabo incursiones y ataques en campamentos madereros y en
poblados insertos en el territorio inglés. En una doble acción de las facciones mayas con
respecto a los cortadores de madera ingleses, éstos contaron con autorización de los mayas
santacruzanos, para llevar a cabo la explotación de los bosques en la zona de la bahía de
Chetumal y la laguna de Bacalar, a cambio del pago de una renta anual.
A pesar de las concesiones otorgadas por los santacruzanos, los campamentos
madereros británicos sufrieron los asaltos de los icaichés, por lo que los madereros-
comerciantes ingleses tuvieron que negociar con los dirigentes mayas esa zona también. La
autonomía de los mayas sublevados y pacíficos en la vasta región de frontera de la costa
oriental de Yucatán les permitió establecer relaciones comerciales y acuerdos forestales con un
buen número de empresas ubicadas en Honduras Británicas. Pudiendo comerciar maderas
preciosas y tintóreas por productos comestibles, implementos de labor, armas, municiones y
pólvora. Otras casas mercantiles realizaron extracciones ilegales de recursos forestales y un par
contaron con la autorización por parte del gobierno mexicano y/o yucateco. Con todo,
planteamos que la existencia de un difuso y descuidado borde por el control económico y
territorial por parte de los grupos mayas -santacruzanos e icaichés-, lo que favoreció una
sinergia entre éstos y los madereros-comerciantes ingleses en la franja forestal fronteriza en
las márgenes del río Hondo, entre el estero Azul y la laguna de Bacalar. Que repercutió, entre
otras cosas, en una mayor extracción y exportación de diversos productos como: palo de tinte,
caoba, cedro y chicle.
Las estrechas relaciones que entablaron los madereros británicos con los dirigentes
mayas santacruzanos se denotan en hecho de que muchas noticias e información sobre la
situación que prevaleció en la costa oriental de Yucatán provinieron de fuentes establecidas en
la ciudad-puerto de Belice. Como las noticias publicadas en el periódico de esa localidad, The
Colonial Guardian, que fueron reproducidas en diarios de la República mexicana como el
yucateco La Revista de Mérida, o los editados en la ciudad de México, El Diario del Hogar, la Voz
de México, El Siglo Diez y Nueve o El Tiempo. Ejemplo de ello, podemos señalar los relatos sobre
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la muerte del dirigente maya de oriente, José María Puc, que ocurrió en noviembre de 1894.
Casualmente la noticia del diario beliceño y que fue reproducida en varios periódicos
mexicanos la dio David Bradley, quien fue el agente de John Edward Plummer. 112
Igualmente, se tienen noticias de que las autoridades coloniales de Honduras Británica
habían “reservado” una gran extensión de tierras en la margen inglesa del río Hondo, de
manera preventiva precisamente por la posible inmigración de mayas orientales, en las que
podían trabajar para los propietarios ingleses.113 Aparentemente esto beneficiaba a dos de los
principales latifundios de Honduras Británica, las compañías The Young, Toledo & Co. y The
Belize Estate and Produce Co. Ltd. En este contexto y de manera sorpresiva, se dio a conocer la
firma del Tratado sobre Límites de la Colonia de Honduras Británica celebrado entre los
Estados Unidos Mexicanos y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, firmado en julio de
1893 entre Ignacio Mariscal y Spencer Saint-John. En el preámbulo del documento se hizo
referencia al acuerdo limítrofe celebrado en 1859 entre Gran Bretaña y Guatemala, siendo esta
demarcación la referencia para la frontera tripartita. El artículo 1° del acuerdo estableció el
borde territorial con los linderos siguientes:
“Comenzando en Boca de Bacalar Chica, estrecho que separa el Estado de Yucatán del Cayo
Ambergris y sus islas anexas, la línea divisoria corre en el centro del canal entre el referido
Cayo y el Continente con dirección al Sudoeste hasta el paralelo de 18° 9‟ Norte, y luego al
Noroeste a igual distancia de dos cayos, como está marcado en el mapa anexo, hasta el paralelo
18° 10‟ Norte; torciendo entonces hacia el Poniente, continúa por la bahía vecina, primero en
la misma dirección hasta el Meridiano de 88° 2‟ Oeste; entonces sube al Norte hasta el paralelo
18° 25‟ Norte; de nuevo corre hacia el Poniente hasta el Meridiano 88° 18‟ Oeste, siguiendo el
mismo Meridiano hasta la latitud de 18° 28½‟ Norte, a la que se encuentra la embocadura del
Río Hondo, al cual sigue por su canal más profundo, pasando al Poniente de la Isla Albión y
remontando el Arroyo Azul hasta donde éste cruce el Meridiano del Salto de Garbutt en un
punto al Norte de la intersección de las líneas divisorias de México, Guatemala y Honduras
Británica, y desde ese punto corre hacia el Sur hasta la latitud 17° 49‟ Norte, línea divisoria
entre la República Mexicana y Guatemala; dejando al Norte en territorio mexicano el llamado
Río Snosha o Xnohha” (Mariscal, 1893: 54).114
112 La muerte de José María Puc a manos de algunos de sus correligionarios, por haber invitado al obispo Di
Pietro a Santa Cruz, que regaló una sortija al R. P. Silvino Sillet y que “no dio cuenta de todo el dinero que había
recibido de rentas pagadas por el corte de palo de tinte” se leyó en varios diarios de la capital de la República
mexicana. Véase: El Diario del Hogar (EDH), Cd. de México, 29 de noviembre de 1894, p. 2. La Voz de México
(LVM), Cd. de México, 30 de noviembre de 1894, p. 2. SXIX, Cd. de México, 30 de noviembre de 1894, p. 2. El
Tiempo (ET), Cd. de México, 1º de diciembre de 1894, p. 2.
113 Colección Porfirio Díaz de la Universidad Iberoamericana (CPD), leg. XV, doc. 3483, Carta de Felipe Ibarra O. a
Manuel Sierra Méndez relativa los mayas rebeldes, Mérida, 26 de marzo de 1890, f. 1.
114 La firma del acuerdo se efectuó el 8 de julio de 1893 enl a ciudad de México.
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Mapa 4
Carta del Territorio de Belice (1893)
Antonio García Cubas (1893), Carta del Territorio de Belice, Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de
Relaciones Exteriores.
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La ratificación de este acuerdo por parte del gobierno mexicano se verificó hasta el 7 de
abril de 1897, debido a las protestas que se generó el haber cedido a Gran Bretaña una porción
de terreno que jurídicamente se encontró bajo soberanía mexicana, de acuerdo con el tratado
de 1783 y su convención de 1786. Además, se tuvo que negociar el acceso de embarcaciones
nacionales a la bahía de Chetumal por el Cayo Ambergris, ya territorio inglés ante el fracaso de
la apertura del canal por Bacalar Chico. Partimos de que las estrategias puestas en marcha por
el gobierno porfiriano fueron en primera instancia, el precario y lento apoyo a la campaña
militar que sostuvo el Estado de Yucatán.
Como ya señalamos, en 1895 el gobierno mexicano se reservó las subregiones centro y
sur de la costa oriental, ello ante la oleada de denuncios de terrenos baldíos que se presentó, en
busca de la pacificación o sometimiento de los pueblos mayas sublevados y para tranquilizar a
los líderes de éstos. Consideramos que una segunda intervención fue la atracción de
empresarios interesados en invertir en la zona, a quienes dieron facilidades y al amparo del
sistema de concesiones forestales, se hicieron de grandes extensiones de tierras, beneficios
económicos por fomentar la colonización y franquicias fiscales para tal efecto, como fue el
caso del gestor campechano Manuel J. Sierra Méndez, interesado en aprovechar los negocios
en la región desde una década atrás, banquero español Faustino Martínez, los hacendados
yucatecos Rafael Peón y Olegario Molina o los inversionistas extrajeros de The Stamford
Manufacturing y John E. Plummer. Por último, la fragmentación del territorio del estado de
Yucatán se convirtió en la opción más viable para mantener el control, la jurisdicción, la
administración y la recaudación tributaria de las tierras y recursos de la costa oriental adyacente
al territorio de la colonia inglesa de Honduras Británica.
Para disminuir el contrabando, diezmar las relaciones comerciales entre los mayas y los
madereros-comerciantes británicos y ejercer el control fiscal, se apostó el resguardo aduanal-
militar con el pontón “Chetumal”, en la bahía del mismo nombre, y se erigió el poblado de
Payo Obispo a inicios del año de 1898 (Macías Richard, 1997: 52).115 Además, en el mismo año
se abrió el consulado de México en la ciudad-puerto de Belice, cuyo encargado, brigadier
Miguel Ortiz Monasterio, coadyuvó a la planificación de la campaña pacificadora desde el sur
del territorio quintanarroense. El consulado mexicano en Belice fue encabezado por el
115 Esta embarcación fue construida por la casa Zuvich en Nueva Orleans, con un costo de $10,000.00 dólares y
fue entregado a Othón P. Blanco en abril de 1897. El resguardo aduanal-militar arribó a la desembocadura del río
Hondo el 22 de enero de 1898. Se realizó el desmonte de un terreno rectangular de cuatro por tres hectáreas y el 5
de mayo del mismo año se comenzó la construcción del poblado fronterizo y el trazo de cuatro calles principales.
Una vez hecho esto, “Cayo Obispo” o “Payo Obispo”, fundado en la ribera del río Hondo. El que contó con
siete casas de palma y tejados galvanizados, una población de 21 “almas”. Esta población se convirtió en 1936 en
la ciudad de Chetumal. Véase: El Imparcial (EI), Cd. de México, 16 de julio de 1902, p. 1.
- 121 -
brigadier Miguel A. Ortiz Monasterio, cónsul de México, y el ingeniero naval Miguel
Rebolledo. En materia de planeación de la estrategia militar en la costa oriental de Yucatán, el
brigadier Ortiz Monasterio, propuso a la Secretaría de Relaciones Exteriores que, en virtud del
“abandono” de la costa oriental de Yucatán y para el éxito de la campaña militar era necesario
el contar con embarcaciones idóneas para las aguas de la zona. 116 Al intensificarse las
actividades militares por la denominada entonces “campaña de Yucatán”, el gobierno federal
se vio obligado a fletar buques de transporte y de otra naturaleza. Como fueron el vapor
“Stamford” y dos grande gabarras de la compañía estadounidense, el pailebot mercante
“Unión”, el remolcador “El Alberta”, los cañoneros “Tampico”, “Veracruz”, “Bravo” y
“Morelos”, tres remolcadores, una lancha de vapor, dos balandras, cinco lanchas alijadoras, un
vapor remolcador y dos lanchas, las cuales prestaron servicios en los puertos de Veracruz,
Progreso y los de la costa oriental en el Territorio de Quintana Roo, Xcalak, Quebrado y
Puerto Morelos.117 Las tropas federales se apostaron en distintos poblados y se erigieron
campamentos y “fortines” en el puerto de Morelos, Vigía Chico en la Bahía de la Ascensión,
Xcalak-Quebrado al sur –ambos fundados por el general José María de la Vega- y Rafael de
Sombrerete (César y Arnaiz, 1984: 55; Menéndez, 1936: 193).118
Para inicios de la década de 1900, algunos periódicos de la capital de la República
mexicana ya publicaban las noticias recibidas desde las ciudades de Belice y Corozal, sobre la
precaria situación de los santacruzanos, quienes a pesar de encontrarse diezmados en número
por las enfermedades y la falta de alimento, no dejaban de ser hostiles en la costa oriental de
Yucatán. La oportunidad para el desarrollo de otras negociaciones y la promoción de “la
agricultura, la pesca, la industria y comercio encontrarán elementos abundantes para su
116 De acuerdo al brigadier Monasterio, era necesaria la adquisición de dos cañoneros, de 18 millas de velocidad y
un calado de siete pies, el cual fue ofrecido por la casa de Orlando Génova, al pecio de 75,000.00 francos.
Igualmente, señalo la necesidad de adquirir unas ocho embarcaciones de calado pequeño y de dimensiones
regulares para el resguardo del río Hondo y de sus afluentes del lado mexicano. El 10 de agosto de 1898, la
Secretaría de Guerra y Marina, confirmó a la de Relaciones Exteriores que ya se habían tomado las medidas
necesarias para adquirir los dos “vaporcitos” que el cónsul mexicano en Belice, Miguel Ortiz Monasterio,
consideró necesarios para la vigilancia de la costa oriental de Yucatán. Véase: AHSRE, leg. 44-6-4, Miguel Ortiz
Monasterio propone las dimensiones y números de buques necesarios para la ocupación militar del río Hondo, laguna de Bacalar,
bahía de Chetumal y San José, Belize, H. B., 21 de julio de 1898, 5 ff. Carta de la Secretaría de Guerra y Marina a la de
Relaciones Exteriores sobre las embarcaciones para la vigilancia de la costa oriental de Yucatán, Cd. de México, 10 de agosto de
1898, 1 f.
117 La Patria de México (LPM). Cd. de México, 31 de diciembre de 1904, p. 2.
118 En Xcalak, a unos 80 km de Payo Obispo, se comenzó con los trabajos para abrir el canal Zaragoza (hoy
Bacalar Chico), con el objeto construir un paso de 8 km para acceder desde territorio mexicano a la Bahía de
Chetumal. Para estas obras, el gobierno federal adquirió una draga con un costo de 80,000 dólares. Se nombró al
brigadier Miguel A. Ortiz Monasterio como inspector de la obra y como director de la misma al ingeniero naval
Miguel Rebolledo. Solamente fueron terminados 4 km y la obra fue abandonada. Véase: El Mundo, Cd. de México,
30 de julio de 1899, p. 2.
- 122 -
progreso”. Además, fueron emitidos una serie de decretos que establecieron acciones para
garantizar la conformación de las tropas con efectivos alistados por medio del servicio militar;
la organización de dos batallones regionales con personal aclimatado a la región; y la
compensación del servicio por medio de ciertas franquicias y prerrogativas. 119
Los aparentes logros de la campaña militar se manifiestan en enero de 1900, cuando las
fuerzas militares federales –batallones 6º y 1º de infantería- encabezadas por el general Ignacio
A. Bravo, junto con 300 trabajadores de la Compañía de los Ferrocarriles Sud-Orientales en
Yucatán, avanzaron para abrirse camino hacia Noh Cah Santa Cruz Balam Na. En el sur, el
general De la Vega arribó en febrero del mismo año a Xcalak-Quebrado con la comisión de
someter o destruir a los santacruzanos. Asimismo, se realizó el tendido de líneas telegráficas y
telefónicas para mantener comunicados los campamentos militares apostados en el puerto de
Morelos, Xcalak-Quebrado, Cayo Judío, San Rafael de Sombrerete, Pontón Chetumal y Payo
Obispo con las poblaciones de Chemax y Valladolid. 120 Así, el avance del general De la Vega a
la villa de Bacalar y el ingreso de las tropas al mando del general Ignacio A. Bravo, el 4 de
mayo de 1901, al baluarte santacruzanos, fueron los aspectos militares que consolidaron la
presencia del gobierno mexicano en más de 40 mil kilómetros cuadrados. En esta zona no
consideramos la subregión norte en la que ya se encontraban realizando extracciones las dos
sociedades forestales, la Compañía Colonizadora y la Compañía Agrícola, que poseyeron casi
10 mil kilómetros cuadrados de tierras.
Después de más de 50 años de constantes sublevaciones y ataques de los pueblos
mayas, el 5 de mayo de 1901 el gobierno mexicano recuperó esa porción territorial y comenzó
a ejercer su soberanía de iure y de facto. En junio del mismo año, el entonces gobernador de
Yucatán, general Francisco Cantón Rosado, visitó la capital santacruzana y promulgó un
decreto para facilitar el repoblamiento de la región. A partir de este momento, la otrora Noh
Cah Santa Cruz Balam Na –denominada coloquial y despectivamente Chan Santa Cruz-, se
conoció como Santa Cruz de Bravo (hoy Felipe Carrillo Puerto) (Lapointe, 1893: 161-162;
Cásares, 1998: 205-206, t. II).121 Hay que subrayar que, entre 1902 y 1910 la “guerra
119 Estos decretos fueron emitidos el 9 de noviembre de 1901 y el 17 de julio de 1902, por los cuales se estableció
definitivamente el servicio militar en el Territorio de Quintana Roo. Véase: “Informe leído por el C. Presidente de
la República al abrirse el primer período de sesiones del 22º Congreso de la Unión. Véase: EI, Cd. de México, 16
de julio de 1902, p. 1. LPM, Cd. de México, 18 de septiembre de 1904, p. 2.
120 ET, Cd. de México, 31 de enero de 1900, p.1, 17 y 22 de febrero de 1901, pp. 2, 1 y 4.
121 El 10 de junio de 1901, el general Canto promulgó un decreto con el objetivo de facilitar el repoblamiento de
la zona recién conquistada: “Art. 1. La población de Santa Cruz, capital y cuartel general que fue de los mayas
rebeldes, será designada desde la presente fecha con el nombre de “Santa Cruz de Bravo. Art. 2. La antigua villa
de Bacalar será designada en adelante con el nombre de “Bacalar de Cetina”. Art. 3. Se procederá a la brevedad
posible a la delineación y trazo de la primera, conforme el plano que previamente apruebe el Ejército. Art. 4.
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civilizadora” se llevó a cabo en un contexto en el cual, las instituciones de gobierno penetraron
por medio de las autoridades militares que mudaron su base de operaciones de Campamento
General Vega (Vigía Chico), a la nueva capital, Santa Cruz de Bravo y a la designación de
autoridades militares para la administración de la región, como fue el nombramiento del
general José María de la Vega como el primer Jefe Político del nuevo Territorio Federal de
Quintana Roo a finales de 1902.
Igualmente se hará el trazo de su fundo legal conforme a las leyes en la materia. Art. 5. Se fijarán los términos de
sus ejidos y se dividirán los lotes de estos en el sentido de las disposiciones especiales existentes, para distribuirlos
entre los que se vayan estableciendo en la población, sin perjuicio de los derechos de posesión adquiridos
previamente. Art. 6. Se concede por un período de cinco años contado desde esta fecha, exención del servicio de
Guardia nacional y demás vecinales, a todos los que establezcan su residencia en una Zona limitada hacia el
Oriente por el mar, hacia el Norte, por los partidos de Sotuta y Valladolid; y hacia el Poniente, por una línea
imaginaria pasando por Dzonotchel, se extiende al norte hasta los límites del partido de Sotuta y en el Sur, hasta
los confines del Estado. Art. 7. Quedan exceptuados en la misma Zona en toda contribución del Estado y
municipal, por un periodo de dos años, los establecimientos mercantiles de cualquier naturaleza que sean; de cinco
años, los establecimientos industriales, de artes y oficios; y de 10 las fincas rústicas. Art. 8. Oportunamente se
procederá en forma legal a la elección o nombramiento, según el caso, de las autoridades respectivas. Dado en
Santa Cruz de Bravo, a 10 de junio de 1901. Francisco Cantón. D. Moreno Cantón. Oficial Mayor”. Véase: EDH,
Cd. de México, 9 de mayo de 1901, p. 2.
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y conveniencia del gobernador yucateco, Olegario Molina Solís y la oligarquía que
representaba. 4) La existencia de autorizaciones para la explotación forestal otorgadas por el
gobierno federal. 5) El acuerdo limítrofe con el gobierno inglés. 6) La asociación con algunos
de los madereros-comerciantes británicos para pagar derechos de exportación.
Aunado a lo anterior, el gobierno federal buscó conocer de una mejor manera las
características orográficas, la topografía, los litorales, la composición de los bosques, lagunas,
esteros, ríos y desembocaduras, asentamientos, infraestructura y demás elementos que
permitieran contar con mayores elementos para administrar la región. Por ello, los contratos
celebrados obligaron a los concesionarios a llevar a cabo el levantamiento de planos, el
amojonamiento de los terrenos arrendados, la construcción de vías de comunicación –
terracerías- o la ocupación con inmigrantes, entre otros deberes. Así, el sistema de concesiones
que permitió la apropiación de casi 10 mil kilómetros cuadrados de terrenos al norte y el
arrendamiento de los bosques en el sur, coadyuvo a la creación del Territorio de Quintana
Roo.
De acuerdo a las pesquisas que hemos llevado a cabo, podemos concluir que la idea de
constituir una nueva entidad en la costa oriental llegó a manos del presidente Porfirio Díaz a
través de tres personajes de la política, la milicia y la economía yucateca. Estos amigos que
fueron leales al régimen por los favores de que fueron objeto por parte de la figura
presidencial. Nos referimos al general Teodosio Canto, el ingeniero Antonio Espinosa y el
controvertido gestor Manuel J. Sierra. Estas propuestas se sustentaron en contar con un mayor
control de la región en la que se desarrolló la guerra social de los mayas y para lograr el
usufructo legal de los recursos forestales por parte de la oligarquía económica. Al parecer, a
finales de la década de 1870, el primer “proyecto” para fragmentar la península se debió
Teodosio Canto. Pero el presidente Díaz estimó que no existían las condiciones para crear el
territorio, sugirió que una vez llevada a cabo la pacificación progresiva de los pueblos mayas
sustraídos y entablado negociaciones con el gobierno inglés para definir el lindero con
Honduras Británica, se podría definir el futuro de la porción oriental de la península de
Yucatán.122
En segunda instancia y con argumentos más sólidos, podemos señalar que el ingeniero
meridano Antonio Espinosa, fue el otro responsable en concebir la conveniencia de segmentar
el territorio yucateco y constituir en la zona oriental de la península una entidad dependiente
122En 1878, con base en una carta de un tal Castellanos Sánchez, partidario de Canto, al entonces gobernador del
estado de Yucatán, se señaló que el general Canto tenía el proyecto de convertir el territorio maya sustraído en
territorio federal (Lapointe, 1983: 143-144).
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del gobierno federal. En septiembre de 1892, en una misiva al presidente Díaz, este personaje
señaló las ventajas de crear una entidad similar al Distrito Federal en los terrenos que ocuparon
los pueblos mayas sustraídos o sublevados. Asimismo, señalaba que esta segmentación
coadyuvaría en mejor medida a llevar las negociaciones diplomáticas con Gran Bretaña para la
firma de un tratado limítrofe con Honduras Británica. En cuanto a la tarea pacificadora de la
“guerra” que los pueblos mayas sostuvieron, con la nueva entidad se fortalecería la campaña
militar y pacificadora de la autoridad federal. Espinosa elevó ante Díaz, esta idea basada en la
larga cruzada castrense y con el fin de aprovechar las tierras, los bosques y los recursos
forestales de la costa oriental de Yucatán, en los términos siguientes:
“… con una parte de la superficie que actualmente tienen ocupada los rebeldes. Con esto se
obtendría, en primer lugar más respetabilidad por parte de los colonos de Belice al nuevo
territorio, que la que pudieran tener quedando esos terrenos para el Estado de Yucatán. En
segundo lugar, los indios sublevados se prestarían más fácilmente a entrar en arreglo para
deponer las armas, por cuanto verían á los nuevos pobladores del Distrito son los rencores y
prevenciones formados por los motivos de la sublevación, y por la lucha y sus
correspondientes horrores en cerca de cincuenta años. En un concepto tan atinable este
fundamento, que me parece que presentado oportuna y hábilmente a los jefes indios, acaso esto solo los
alagaría de tal modo que se les pudiera ir verificando el terrenos pacíficamente con ofrecimiento de terrenos en
propiedad a cada padre de familia, etcétera. En tercer lugar, vendría esto destruyendo la antigua
preocupación, que aún existe en muchos, de que la península se piense aún en hacerla independiente
algún día del resto de la nación, lo cual en esta época debe tenerse como un absurdo. Y por último, todo esto
se verificaría durante su periodo administrativo como una prueba más de la evolución que su
gobierno honrado y justo ha verificado en nuestra querida patria” [cursivas nuestras].123
Observamos entonces que Espinosa concibió como una de las acciones del gobierno
federal era garantizar la propiedad de tierra requerida por cada padre de familia, es decir, el
terreno necesario para establecer sus sementeras y llevar a cabo la extracción de maderas y así
contar con los medios para su sustento económico. Igualmente, apeló a la necesidad de evitar
la recurrente iniciativa yucateca de independizarse de la nación. Consideramos también, que
este pensamiento se refirió también a los intentos por parte de los líderes mayas santacruzanos
de convertirse en súbditos de Gran Bretaña y trasladar el control territorial de sus terrenos a
esta potencia externa. Además, señaló las ventajas que ello tendría de manera conjunta con la
firma en 1893 del tratado de límites con Honduras Británica, lo cual llevó a mejor curso la
relación bilateral. En cuanto a la concepción de una entidad similar al Distrito Federal,
responde a la necesidad de contar con un territorio provisto del andamiaje legal, administrativo
y político dependiente del gobierno federal, pero con la libertad económica para impulsar las
actividades extractivas forestales.
123CPD, leg. XXVII, caja 39, doc. 19226, Carta de Antonio Espinosa al Presidente Porfirio Díaz sobre los colonos ingleses de
Belice, Mérida, 17 de septiembre de 1892, 4 ff.
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En la respuesta de Díaz a su “estimado amigo”, palabras que eran usuales para
fortalecer el vínculo de intereses extendidos entre el presidente y sus allegados, pero sobre todo
a la inversa, agradeció y destacó los “importantes informes” que le proporcionó y las
“patrióticas” indicaciones efectuadas. También señaló que analizaría y aprovecharía “oportuna
y conscientemente” en un contexto conveniente para tal efecto. Por el tono amistoso en que
escribe Espinosa a Porfirio Díaz, se puede establecer que fue cercano al presidente mexicano
por la manera en que expuso su propuesta, no sin antes solicitar del presidente guardar el
secreto de la procedencia del “pensamiento”. 124 Debemos destacar que esto coincidió con la
solicitud que el congreso yucateco efectuó en septiembre de 1892, para requerir la intervención
del gobierno federal para pacificar a los mayas sublevados, restringir el tráfico ilícito de armas y
definir los límites del estado con Honduras Británica.
En septiembre de 1897, la tercera propuesta que tenemos registrada para la creación de
un territorio federal en la costa oriental de Yucatán, fue expuesta por el hábil empresario-
gestor campechano, Manuel J. Sierra. Este personaje destaca como uno de los más interesados
en resolver la cuestión de Belice, dar término a la guerra social de los mayas sublevados y que
el gobierno mexicano estableciese las condiciones óptimas para que la seguridad, la paz y el
progreso fortalecería las actividades económicas de los capitalistas nacionales y extranjeros que
tuvieron intereses en los vastos terrenos y los ricos recursos naturales de la costa oriental de
Yucatán. Igualmente, su propuesta señalaba la posibilidad de dar acceso a los pueblos mayas a
las tierras “desocupadas”, con el propósito de “convencerlos” y adscribirse a la autoridad y
leyes de la República mexicana (Joseph y Wells, 2011: 87).
A partir de dichas proposiciones, podemos plantear que el gobierno nacional
contempló los eventos políticos que le permitieron realizar las siguientes acciones: a) Utilizar el
sistema de concesiones para fomentar la propiedad y la explotación agrícola y forestal en la
porción norte de la costa oriental de Yucatán. b) Beneficiar a personajes fieles al régimen,
como fue el caso del comerciante español Faustino Martínez. c) Autorizar concesiones la
margen mexicana del río Hondo a capital externo como The Stamford Manufacturing Co. y The C.
C. Mengel Jr. & Brothers Co. d) Incentivar el desarrollo de vías de comunicación para conectar las
explotaciones forestales de la región con el resto de la península y el país, sin depender del
puerto de Belice para su inserción en el mercado mundial. e) Restringir las incursiones ilegales
de los madereros británicos y cortar el suministro de armas y pertrechos a los santacruzanos. f)
124CPD, leg. XVII, caja 39, doc. 019227, Respuesta de Porfirio Díaz a la carta de Antonio Espinosa, México, 26 de
diciembre de 1892, 1 f.
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Fortalecer legalmente la aduana marítima-militar que estableció en 1898 el teniente Othón P.
Blanco con el pontón “Chetumal” en la bahía del mismo nombre y la creación de un poblado
denominado “Payo Obispo”. g) Vigorizar la campaña militar conjunta, efectiva, planificada e
intensa, que permitió el control de la bahía de Chetumal, la recuperación de Bacalar y la toma
del bastión santacruzano en 1901. h) Erigir un territorio federal en la región de la costa oriental
de Yucatán en 1902, que representó el control territorial, militar y económico de la zona. i)
Incrementar las concesiones forestales en la nueva entidad federativa.
A parte de estos eventos, y de acuerdo con la información acopiada, podemos señalar
que las inversiones que se llevaron a cabo desde la década de 1880 fueron decisivas para
fortalecer el proyecto de erección del territorio federal que se presentó 10 años después. Con
ello, queremos decir que las incursiones legales de ciertos empresarios y sus negociaciones
determinaron la configuración de lo que sería el Territorio de Quintana Roo. Las posesiones de
las empresas ya establecidas desde el siglo XIX, como fue el caso de la Compañía Colonizadora
cuyos capitalistas estuvieron avecindados en la ciudad de México, la Compañía Agrícola de
capital yucateco y las diversas inversiones en las monterías y campamentos establecidos con las
diversas concesiones forestales emitidas entre 1898 y 1902.
Una vez que se contó con el control económico y territorial de la costa oriental, en noviembre
de 1901 Manuel González Cosío, entonces secretario de Gobernación –accionista de la
Compañía Colonizadora y del Banco de Londres y México-, envió a la Cámara de Diputados la
iniciativa de reforma al artículo 43 constitucional, para darle cauce a la formación del Territorio
de Quintana Roo. De acuerdo con la opinión del gobierno federal, con ello se alcanzó,
supuestamente, el objetivo de “reducir á la obediencia á los Mayas rebeldes”. 125 El encargado
de llevar a buen término todo el proceso fue el “omnipresente” y hábil gestor-empresario-
diputado, Manuel J. Sierra Méndez. Este personaje fungió como la conexión entre el presidente
Díaz y las Cámaras de Senadores y Diputados (Joseph y Wells, 2011: 94). Es así que, los
argumentos de la propuesta de conformar un territorio federal fueron que, además del “éxito”
de la campaña emprendida por las tropas federales contra las “tribus” mayas orientales, se
requería de una “autoridad local reguladora” que estimulara la colonización y las tareas
administrativas necesarias. Acciones y gastos que, al no estar al alcance de los gobiernos
125La propuesta de enmienda constitucional se envió el 4 de noviembre de 1901. Véase: AGN-G, Sin Secc. (S-S),
caja 767, exp. 1, Informe administrativo rendido a la Secretaría de Gobernación, por el Jefe Política del Territorio de Quintana
Roo, Gral. José M. de la Vega, Campamento Vega, 30 de noviembre de 1903, f. 1.
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locales, recaían en la federación, por lo que el ejecutivo estimaba necesaria la creación e
incorporación a la división política de la República mexicana, de un nuevo Territorio Federal,
conformado por la región de la costa oriental de Yucatán. La iniciativa “primitiva” de éste, fijó
los límites siguientes:
“A partir de la costa Norte del Golfo se sigue el arco del meridiano 87 grados, 47 minutos, 30
segundos de longitud oriente de Greenwich, hasta su intersección con el paralelo que pasa por
la torre situada más al Sur de la iglesia de Chemax. De este punto de intersección seguirá
rectamente hasta el vértice del ángulo formado por las líneas divisorias de los Estados de
Yucatán y Campeche, próximo a PUT, continuando enseguida de Norte a Sur, hasta encontrar
el paralelo, límite de las Repúblicas de México y Guatemala”.126
Cabe señalar que estos linderos coinciden con la jurisdicción fiscal que estableció en
primera instancia el 28 de junio de 1902 la aduana marítima en Puerto Morelos. Y que por
decreto presidencial elevó ésta a aduana marítima de sexta categoría y la trasladó a la Bahía de
la Ascensión, el 1º de agosto de 1902. Igualmente, quedó establecida en la isla de Cozumel, una
sección aduanera de despacho de segunda categoría, la cual dependió de la entonces Aduana
Marítima de la Ascensión. Dicha oficina se estableció en el puerto de Vigía Chico quedando de
la manera siguiente su jurisdicción:
“La […] Aduana de Progreso se extenderá hasta el punto de la costa Norte de la Península de
Yucatán, situado en el arco de meridiano 87° 32‟ (longitud Oeste de Greenwich); la de la
Aduana de la Ascensión comenzará desde este último punto y terminará en el cabo de Punta
Kuché, desde el cual principiará la jurisdicción de la Aduana de Chetumal”.127
A la luz de lo anterior, coincidimos con Gabriel Macías Zapata (2002: 287) respecto a
que el proyecto primitivo para crear del Territorio de Quintana Roo y el espacio jurisdiccional
de la recién conformada aduana marítima coinciden con las latitudes antes señaladas. Al igual
que el espacio geográfico comprendió dos terceras partes de los terrenos de la Compañía
Agrícola, donde se encontraban las fincas El Cuyo (el centro de operaciones y puerto) que
hemos señalado anteriormente, Solferino (Labcah), Moctezuma, Otzceh, Putantunich,
Yalahau, Chiquilá, los ranchos San Andrés, San Román, San Pastor, Daptum, Xpokan, Honab,
Chéncamul, Theas (Texás), las fincas Oxceh y Misnebalan. En esta porción de terrenos,
podemos encontrar la red total de total de 110 kilómetros de vías decauville y los 168 kilómetros
de líneas telefónicas que conectaron las fincas interiores con el muelle de El Cuyo.
Obviamente, se incorporó la totalidad de las propiedades del empresario español Faustino
126 EDH, Cd. de México, 7 de noviembre de 1901, p. 2. LPM, Cd. de México, 7 de noviembre de 1901, p. 1. ET,
Cd. de México, 7 de noviembre de 1901, p. 2. LRM, Mérida, 8 de noviembre de 1901.
127 La Constitución. Periódico oficial del Gobierno del Estado libre y soberano de Sonora, Hermosillo, 9 de julio de 1902, pp.
1-2.
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Martínez (Compañía Colonizadora) y el resto de las vastas tierras de la costa oriental de la
península de Yucatán, conteniendo así a las dos principales o únicas empresas que habían
desarrollado sus actividades extractivas de sal, maderas tintóreas, blancas o preciosas, de
construcción, de resinas y gomas, la producción azucarera, los recursos marítimos que se
explotaban en la época, como la esponja, el carey, el ostión y otros mariscos, así como toda la
infraestructura en comunicaciones que habían desarrollado hasta el momento.
Por tanto es posible entender la postura que en ese entonces presentó La Revista de
Mérida, que a partir de una serie de artículos que publicó entre octubre y noviembre de 1898.
Todos fueron destinados a dar a conoce