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El Camino de La Oracion, Segun Santa Teresa Según

El documento explora la oración como un camino de amistad, interiorización, purificación, transformación, paz y servicio al prójimo según Santa Teresa de Jesús. Se enfatiza la importancia de la soledad y el silencio en la oración, así como la necesidad de una entrega total a la voluntad de Dios para alcanzar la verdadera paz y transformación espiritual. Además, se describen las siete moradas que representan diferentes niveles de relación con Dios, culminando en la unión total del alma con Él.

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El Camino de La Oracion, Segun Santa Teresa Según

El documento explora la oración como un camino de amistad, interiorización, purificación, transformación, paz y servicio al prójimo según Santa Teresa de Jesús. Se enfatiza la importancia de la soledad y el silencio en la oración, así como la necesidad de una entrega total a la voluntad de Dios para alcanzar la verdadera paz y transformación espiritual. Además, se describen las siete moradas que representan diferentes niveles de relación con Dios, culminando en la unión total del alma con Él.

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EL CAMINO DE LA ORACIONsegún

Santa Teresa de Jesús

1. La oración: camino de amistad con Dios


Han habido variadas definiciones de Oració n a lo largo de la historia. Santa Teresa de Jesú s nos
dejó una: "No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces
tratando a solas con quien sabemos nos ama".

La Oració n, entonces, es tratar como un Amigo a Aquél que nos ama. Y "tratar de amistad" y
"tratar a solas" implica buscar estar a solas con Aquél que "sabemos nos ama".

Y a Dios le agrada estar con el hombre -como el amigo se goza en el amigo y un padre con su
hijo. Dios siempre se agrada cuando el orante decide "estar a solas con El", orando, tratando
con el Amigo.
La Oració n, como la amistad, es un camino que comienza un día y va en progreso. El orante
comienza a tratar al Amigo que le ha amado desde toda la eternidad, y así empieza a conocerle,
a amarle, a entregarse a El, en una relació n que sabe no finalizará , pues en la otra vida será un
trato "cara a cara" y en felicidad infinita y perpetua.

2. La oración: camino de interiorización


"Tratar a solas" es indicativo de bú squeda de soledad y de silencio, para poder estar
con el Amigo. "Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la oración", dice la Santa. Y a los
principiantes dirá : "... han de menester irse acostumbrando a ... estar en soledad". Y, apoyá ndose
en el Evangelio nos recuerda: "Ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas, que así lo hacía
El siempre que oraba".
La soledad/silencio debe verse como tiempos en los que el alma, sola y a solas, se
vuelve a su Dios. Así, la soledad/silencio no es ausencia, sino presencia del Amigo.
En la soledad/silencio podemos captar la voz de Dios y las inspiraciones de Su Santo
Espíritu. Orar no es tanto hablar nosotros a Dios, sino guardar silencio ante El: abrirle la
puerta para que El se comunique a nosotros desde nuestro interior.
La Oració n nos exige momentos específicos en el día para estar a solas con El que
sabemos nos ama. Y tan importante es esto, que Teresa de Jesús presenta la búsqueda de
soledad como prueba de la autenticidad de la Oración, al decirnos que la Oració n
acrecienta el deseo de soledad: "Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien".
Al estar a solas y en silencio, la persona va interiorizá ndose, o sea, va uniéndose a Dios
que está en su interior.

Santa Teresa describe ese camino de interiorización en su obra "Las Moradas" o


"Castillo Interior", y en ella compara al alma con un castillo que tiene muchos aposentos o
Moradas, "y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las
cosas de mucho secreto entre Dios y el alma".

Las Moradas son siete, equivalentes a siete diferentes niveles de interiorizació n, desde donde
nos relacionamos con Dios.
3. La oración: camino de purificación.

Santa Teresa nos dice que "Dios no se da a Sí del todo, hasta que no nos damos del todo". Así
que si queremos que el Señ or se apodere de nosotros con la Oració n de Quietud y de Unió n,
debemos darnos por entero a El.
Y en esta donación total, nuestro peor enemigo es nuestro "yo". Dice la Santa que
"no hay peor ladrón" que "nosotros mismos". Se refiere a las tendencias egoístas que tenemos
que combatir, pues impiden nuestra libertad espiritual. El amar la voluntad propia antes que la
de Dios nos carga de "tierra y plomo".
No siempre se tratará del deseo de cosas ilícitas; puede tratarse de cosas buenas, pero
que está n conforme a nuestra voluntad, a nuestro criterio. Hay que mirar por encima de
nuestros conceptos humanos, por buenos que puedan parecer, y atender a la Voluntad
de Dios antes que a la nuestra, porque dice el Señ or: "Mis planes no son vuestros planes,
vuestros caminos no son Mis Caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, Mis Caminos son
más altos que los vuestros; Mis Planes que vuestros planes" (Is. 55, 8-9).
También nos recuerda Teresa de Jesú s que el "Venga a nosotros Tu Reino" (donació n de
Dios al alma) va, en el Padre Nuestro, junto al "Hágase Tu Voluntad" (donació n del alma a
Dios). Y nuestra donación a Dios es siempre una donación dolorosa, pues en ella Dios va
purificando a la persona de apegos y afectos desordenados. Esta purificación a veces hace
llorar el alma y sangrar el corazón, pero termina por dejarnos completamente libres
para Dios.
El sufrimiento no hay que rechazarlo, pues cuando esto hacemos la cruz se vuelve má s
pesada. Tampoco debe verse como un peso que hay que aceptar necesariamente. En el
sufrimiento hemos de reconocer la cruz que Dios nos brinda para nuestra purificación y
para nuestra unión con El.
Si el Señ or nos envía algo de sufrir, segú n Santa Teresa, eso es prenda de Su
predilecció n. Jesú s pasó por ese camino, siendo "Su Hijo Amado" (Lc.4, 17). Por eso, cuando
Dios trata a un alma como a Jesú s, es precisamente porque mucho la ama.
¿Parece locura, quizá masoquismo? Pero San Pablo nos advierte: "A nivel humano uno
no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece locura; no es capaz de percibirlo, porque
sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu" (1ª Cor. 2, 12).
La actitud de Teresa de total entrega a la Voluntad de Dios, no importa lo que Dios pida,
no importa lo que Dios mande, viene mejor expresada en este poema, del cual hemos extraído
algunas estrofas:

Vuestra soy, para vos nací,


¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Que a todo digo que sí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues sabiduría,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia
o de hambre y carestía;
Dad tiniebla o claro día;
pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa;
Sea la viña fructuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración,
Si no, dadme sequedad,
Si abundancia y devoción,
Y si no, esterilidad.
Soberana Majestad,
Sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?

4. La oración: camino de transformación.

La Oració n es transformante: si no cambia nuestra forma de ser, nuestro modo de vivir,


nuestros valores, no está siendo provechosa, pues ORAR ES CAMBIAR DE VIDA.
El camino de Oració n va siendo trazado por una secuencia de acciones que Dios va realizando
en la persona que Lo busca sinceramente. La total entrega a Dios, la total identificació n de la
persona con Dios, no puede ser fruto só lo de nuestro esfuerzo personal, pues excede nuestra
capacidad. Es fruto de la acció n de Dios en el alma que se deja guiar por El, por el camino
estrecho de la purificació n interior, que lleva a la transformació n de la persona en el modelo
que es Cristo.
Sin embargo, Teresa de Jesú s nos dice que es esencial la prá ctica de la virtud, pues es
imposible ser contemplativo sin tener virtudes y que "es menester no sólo orar, porque si no
procuráis virtudes, os quedaréis enanas".
Aunque Dios ha infundido en nosotros las virtudes en el Bautismo, sin mérito nuestro, no las
hace crecer sin nuestra colaboració n, siempre con la ayuda de Su Gracia.
Al practicar las virtudes, facilitamos la acció n de Dios en nosotros y el alma se hace má s apta
para sentir y seguir las mociones del Espíritu Santo.
Tan importante es para Santa Teresa el crecimiento de las virtudes, que ha llegado a decir: "Yo
no desearía otra oración, sino la que me hiciese crecer las virtudes". Y también: "Si (la oración)
es con grandes tentaciones y sequedades y tribulaciones, y esto me dejase más humilde, esto
tendría por buena oración".
La mejor oració n, entonces, será la que má s cambie nuestra vida, la que má s nos lleva a imitar
a Cristo, la que má s no haga crecer en los "frutos del Espíritu", que refiere San Pablo en su carta
a los Gálatas (5, 22).
5. La oración: camino de paz
Una persona totalmente entregada a la Voluntad de Dios, no puede sino vivir en paz, que es
uno de los frutos del Espíritu.
No importa cuá l sea la situació n, propia o de nuestros hijos o familiares, si estamos entregados
a Dios, si estamos en Sus Manos, estaremos en paz.
La paz no se prueba estando fuera de la tormenta. La paz es, ante todo, estar en serenidad en
medio de la tormenta. Y la experiencia propia y/o de otros nos muestra que vendrá n ratos de
tormenta. Pero si tenemos confianza en el "Amigo que nunca falla", si nuestra voluntad es una
con la Suya, ¿qué podemos temer?
"Señor: Tu nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú" (Is.26, 12). San
Pablo corrobora esto en su "Todo lo puedo en Aquél que me conforta" (Fil.4, 13). Y Santa Teresa
sintetiza la Oració n como Camino de Paz en su breve poema:
"Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta".

6. La oración: camino de servicio al prójimo


Las gracias místicas, aú n las má s elevadas, no son un regalo de Dios só lo para que el alma las
disfrute, sino que son para fortalecerla, hacerla generosa y animarla a servir a los demá s.
Para ayudar en el servicio al pró jimo, en algú n momento en la vida de oració n, pueden
comenzar a surgir en algunos orantes -como un auxilio especialísimo del Señ or- los CARISMAS
O DONES CARISMATICOS, llamados por los Místicos Gracias Extraordinarias, que son dados
para utilidad de la comunidad, pues su manifestació n está dirigida hacia la edificació n de la
fe y como auxilio a la evangelizació n y como un servicio a los demá s, tal como lo indica San
Pablo:
“En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don que es también un servicio.
A uno se le da hablar con sabiduría, por obra del Espíritu. Otro comunica enseñanzas
conformes con el mismo Espíritu. Otro recibe el don de la fe, en que actúa el Espíritu. Otro recibe
el don de hacer curaciones, y es el mismo Espíritu. Otro hace milagros; otro es profeta; otro
conoce lo que viene del bueno o del mal espíritu; otro habla en lenguas, y otro todavía
interpreta lo que se dijo en lenguas. Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu, el cual
reparte a cada uno según quiere” (1ª Cor. 12, 7).
Los Carismas son, pues, dones espirituales, gratuitamente derramados, que no
dependen del mérito ni de la santidad personal, ni tampoco son necesarios para llegar a la
santidad. Sin embargo, el ejercicio abnegado de ellos de hecho produce progreso en la vida
espiritual por ser actos de servicio al pró jimo.
En cuanto a los Carismas o Gracias Extraordinarias, hay que tener muy presente otro
consejo de San Pablo:
“No apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y
quédense con lo bueno” (1a. Tes. 5, 19-21).
Y es así que mientras má s se adelanta en la Oració n, má s debe acudirse a las
necesidades del pró jimo. La Oració n que adormece, que ensimisma, no es genuina, pues la
verdadera oració n genera servicio a los hermanos. Para saber qué clase de oración se tiene,
debemos medir cómo es nuestro compromiso con los demás, antes que apreciar cómo
pasamos los ratos de oración.

La vida de oració n debe ser un balance entre María y Marta, las hermanas de Lá zaro
(cfr. Lc. 10, 38-41), entre la vida contemplativa y la activa. A las almas de oració n sin obras
reprende la Santa, sin dejar a un lado su humor característico: "Cuando yo veo almas muy
diligentes en entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, ... porque
no se les vaya un poquito el gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del
camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas,
no; obras quiere el Señor, y si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio ... te compadezcas
de ella ... no tanto por ella, como porque sabes que Tu Señor quiere aquello".

Pero nuestra acció n apostó lica debe estar enraizada en Cristo, pues el apostolado no
es labor humana, sino divina, a la cual prestamos nuestra colaboración, sólo como
humildes instrumentos. Por ello el orante/apó stol debe sentir con Dios, debe poner su
corazó n en contacto con el de Dios, para que una vez lleno con el Amor de Dios por los
hombres, se derrame en sus hermanos. Así, será el Amor de Dios y no el propio, imperfecto, el
que continú e ayudando, sirviendo, actuando en el mundo. De allí que nuestro compromiso con
los demá s deba ser pasado por la oració n, que si es genuina, es sitio desde donde se ven
verdades, para evitar estar revelá ndonos a nosotros mismos, en vez de revelar a Aquél que es
Todo Amor.

La Oración, así entendida, es presencia en los hombres y en la historia, desde


Dios.

ETAPAS o NIVELES en la VIDA de ORACION CONTEMPLATIVA

1. Según Santa Teresa de Jesús:

Sta. Teresa de Jesú s refiere siete niveles, "Siete Moradas", en el camino de oració n que es para ella
la "historia de amistad con Dios", que van desde la conversió n inicial en que comienza el trato con
Dios, pasando por la ORACION DE UNION en la que la voluntad del orante y la de Dios son una
sola, y culminando en el MATRIMONIO ESPIRITUAL, o sea, la unió n total del alma con Dios, que
bien la describe San Pablo: "Vivo ya no yo, sino es Cristo Quien vive en mí" (Gal.2, 20). Estos
niveles que Sta. Teresa distingue y que varían segú n haya mayor, menor o ninguna intervenció n
de las potencias del alma (voluntad, entendimiento y memoria) son los siguientes:
Trato inicial con Dios
Oració n de recogimiento
Oració n de quietud
Sosiego de potencias
Oració n de unió n
Desposorio espiritual
Matrimonio espiritual.

2. Según otros autores espirituales:

Otros escritores espirituales han descrito este camino de santificació n en formas aná logas: La
Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz tiene tres etapas; doce son los peldañ os de la
escalera de la Humildad de San Benito; tres las etapas del desarrollo del hombre (infancia,
adolescencia y madurez) de Sto. Tomá s de Aquino. Un autor espiritual má s reciente, Reginald
Garrigou-Lagrange, o.p. (cfr. "Las Tres Etapas de la Vida Interior", 1944) toma de todos y
basá ndose en el Evangelio, describe la vida espiritual también en tres etapas, cada una precedida
de un momento de crisis o transició n que denomina "conversió n".

Las diferentes etapas no deben tomarse rígidamente, pues pueden darse características propias
de una de las fases en alguna otra. Pueden también darse momentos de avance considerable o de
regresiones a etapas anteriores. Se utiliza la divisió n só lo como una herramienta para poder
describir este complejo proceso del que só lo Dios y el alma son autores y que varía de una persona
a otra, segú n los designios divinos y la fidelidad de la persona en su respuesta a la gracia.

Tanto Sta. Teresa de Jesú s, como San Juan de la Cruz, ambos Doctores de la Iglesia y de quien el
Papa Juan Pablo II dijo que en ellos veneraba a los maestros espirituales de su vida interior,
asocian los diferentes grados de oració n contemplativa (camino de oració n) con el camino de la
santificació n.

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