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Etica Nicómaco Libro Ii

Este capítulo analiza la naturaleza de la virtud como un término medio entre dos vicios: el exceso y el defecto. La virtud implica elegir el punto medio en las pasiones y acciones, determinado por la razón. Sin embargo, algunas acciones como el adulterio o el robo son inherentemente malas y no admiten un punto medio. El capítulo luego discute varias virtudes (liberalidad, magnanimidad, moderación) y sus correspondientes vicios de exceso y defecto.

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Etica Nicómaco Libro Ii

Este capítulo analiza la naturaleza de la virtud como un término medio entre dos vicios: el exceso y el defecto. La virtud implica elegir el punto medio en las pasiones y acciones, determinado por la razón. Sin embargo, algunas acciones como el adulterio o el robo son inherentemente malas y no admiten un punto medio. El capítulo luego discute varias virtudes (liberalidad, magnanimidad, moderación) y sus correspondientes vicios de exceso y defecto.

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ETICA NICÓMACO LIBRO II – CAP 6

Es la virtud un hábito selectivo del término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por
aquello por lo que decidiría el hombre prudente.
Es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, y también por no alcanzar, en un caso, y
sobrepasar, en otro, lo necesario en las pasiones y acciones, mientras que la virtud encuentra y elige el
término medio.
Por eso, de acuerdo con su entidad y con la definición que establece su esencia, la virtud es un término
medio, pero, con respecto a lo mejor y al bien, es un extremo.

Sin embargo, no toda acción ni toda pasión admiten el término medio, pues hay algunas cuyo solo
nombre implica la idea de perversidad, por ejemplo, la malignidad, la desvergüenza, la envidia; y entre
las acciones, el adulterio, el robo y el homicidio.
Pues todas estas cosas y otras semejantes se llaman así por ser malas en sí mismas, no por sus excesos
ni por sus defectos. Por tanto, no es posible nunca acertar con ellas, sino que siempre se yerra. Y en
relación con estas cosas, si no hay problema de si está bien o mal hacerlas, por ejemplo, cometer
adulterio con la mujer debida y cuando y como es debido, sino que el realizarlas es, en absoluto, erróneo.
Igualmente lo es el creer que en la injusticia, la cobardía y el desenfreno hay término medio, pero el que
se excede en audacia es temerario, y el que se excede en el miedo y le falta coraje, cobarde. En el dominio
de los placeres y dolores --no de todos, y en menor grado por lo que respecta a los dolores--, el término
medio es la moderación, y el exceso, la intemperancia. Personas deficientes respecto de los placeres
difícilmente existen; por eso, tales personas ni siquiera tienen nombre, paro llamémoslas insensibles.

En relación con el dar y recibir dinero, el término medio es la liberalidad, el exceso y el defecto son,
respectivamente, la prodigalidad y la tacañería. En estos dos vicios, el exceso y el defecto se presentan de
manera contraria: el pródigo se excede en gastarlo, y se queda atrás en adquirirlo; el tacaño se excede en
la adquisición, y es parco en el desprendimiento. De momento hablamos esquemática y sumariamente, lo
cual basta para nuestro propósito; luego serán definidos con más precisión.
Respecto del dinero hay también otras disposiciones: un término medio, la esplendidez (pues el hombre
espléndido difiere del liberal: el primero maneja grandes sumas, el segundo pequeñas); un exceso, la
extravagancia y la vulgaridad, y un defecto, la mezquindad. Estas disposiciones difieren de las que se
refieren a la liberalidad; de qué manera difieren, se dirá más adelante.
En relación con el honor y con el deshonor, el término medio es la magnanimidad; al exceso se le llama
vanidad, y al defecto pusilanimidad. Y, así como dijimos que la liberalidad guarda relación con la
esplendidez, de la que se distinguía por referirse a cantidades pequeñas, así también se relaciona con la
magnanimidad, ya que ésta se refiere a grandes honores, mientras que aquélla se refiere a los pequeños;
es posible, en efecto, desear honor como es debido, más de los debido o menos, y el que se excede en sus
deseos es llamado ambicioso, el que se queda corto, hombre sin ambición, y exceso y defecto; pues,
entonces, habría un término medio del exceso y del defecto, y un exceso del exceso y un defecto del
defecto. Por el contrario, así como no hay exceso ni defecto en la moderación ni en la virilidad, por ser el
término medio en cierto modo un extremo, así tampoco hay un término medio, ni un exceso ni un defecto
en los vicios mencionados, sino que se yerra de cualquier modo que se actúe; pues, en general, ni existe
término medio del exceso y del defecto, ni exceso y defecto del término medio.

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