El Señorio de Jesús y la Santidad Personal
I. EL SEÑORIO DE JESUS
• Flp 2, 6 -11: El cual, siendo de condición divina, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua
proclame:Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
- Este texto muestra algunos aspectos que pueden parecer contradictorios, chocantes: cruz -
exaltación; despojo - exhalación; siervo - Señor
- Las contradicciones de nuestra vida. Este texto revela las contradicciones que se dan en nuestra vida
y el camino que hay seguir
- El texto comprende un doble movimiento: de descenso y de ascenso. En el primero, Jesucristo,
desde el esplendor de la divinidad que le pertenece por naturaleza, decide descender hasta
humillarse en la «muerte de cruz». Así se manifiesta también como verdadero hombre y redentor
nuestro, participando de manera auténtica y plena en nuestra realidad de dolor y muerte.
- El segundo movimiento, el ascensional, revela la gloria pascual de Cristo que, después de la muerte,
se manifiesta nuevamente en el esplendor de su majestad divina. El Padre, que había acogido el acto
de obediencia del Hijo en la Encarnación y en la Pasión, ahora le «exalta» sobre todo, como dice el
texto griego. Esta exaltación se expresa no sólo a través de la entronización a la derecha de Dios,
sino también confiriéndole a Cristo un «Nombre-sobre-todo-nombre» (versículo 9).
• ¿Cómo ocurre este señorío de Cristo, en qué consiste? Es algo contradictorio
• Para llegar al señorío de Jesús deber ver el despojo de Jesús, debes ver que toma forma de siervo
• Miremos los movimientos:
a. despojarse,
b. tomó la forma de siervo. Y antes hay una proclamación: Jesús siendo de condición divina,
c. Obediente
a. Jesús es de condición divina: no lo aceptaron, no lo reconocieron. El Señorio de Jesus tiene este
aspecto antes de reconocerlo a El como siendo de condición divina y este que es Dios se abaja, se
agacha, se despoja y se hace siervo
- Que locura
- El Señorio de Cristo es reconocerle que EL solo es Dios, que no hay otro dios. Que El es de
condición divina (brujos, adivinos, limpias)
1
- Mt. 8,29: ¿Qué tenemos que ver contigo hijo de Dios?, ¿a que has venido a atormentarnos? Es el
grito del demonio: falsas luces
- La lógica humana, en cambio, busca con frecuencia la realización de uno mismo en el poder, en el
dominio, en los medios potentes. El hombre sigue queriendo construir con sus propias fuerzas la
torre de Babel para alcanzar por sí mismo la altura de Dios, para ser como Dios.
- Mira lo que hay en tu corazón porque eso es lo que te domina, lo que tiene poder sobre ti
- Gobernamos nuestra vida por los deseos que hay en nuestro corazón
- ¿Quién es el Señor de mi vida?
- La vida humana responde a una pregunta: ¿quién quiero que sea el señor de mi vida? Esto se nota en
los vicios
- Siempre tenemos señores, cada uno de nosotros por ser humano siempre va atrás de algo (cada uno
tiene un señor, ¿a quién quiero hacerle entrega de mi vida?: eso es lo que significa señorío )
- Hay señores crueles (dinero, vicios). Pero hay otros Señores benévolos: Sb 8 y 9: alguien que tiene
como Señor la Sb
- Hay muchos que quieren ser señores en mi vida. Pero solo uno es el señor. Hay muchos señores
(miedo
- ¿quién es Jesús en mi vida?
- Para saber quién es señor de tu vida, hay que responder: ¿a dónde miro cuando tomo una decisión?
(a quién voy a agradar?)
- ¿qué lugar ocupa Jesús en mi vida?
d. Se despojó: no vive su «ser como Dios» para triunfar o para imponer su supremacía; no lo considera
una posesión, un privilegio, un tesoro que guardar celosamente. Más aún, «se despojó de sí mismo»,
se vació de sí mismo asumiendo
- la realidad humana marcada por el sufrimiento, por la pobreza, por la muerte; se hizo plenamente
semejante a los hombres, excepto en el pecado,
c. Tomó la «forma de esclavo», para actuar como siervo completamente entregado al servicio de los
demás. Al respecto, Eusebio de Cesarea, en el siglo iv, afirma: «Tomó sobre sí mismo las pruebas de
los miembros que sufren. Hizo suyas nuestras humildes enfermedades. Sufrió y padeció por nuestra
causa y lo hizo por su gran amor a la humanidad»
e. Obediente. El Hijo de Dios se hizo verdaderamente hombre y recorrió un camino en la completa
obediencia y fidelidad a la voluntad del Padre hasta el sacrificio supremo de su vida. El Apóstol
especifica más aún: «hasta la muerte, y una muerte de cruz». En la cruz Jesucristo alcanzó el máximo
grado de la humillación, porque la crucifixión era el castigo reservado a los esclavos y no a las
personas libres: escribe Cicerón
2
- La obediencia es el reconocimiento del señorío. Decirle Señor es estar a obedecer (oir y sordo:
absurdo)
II. ¿QUÉ TIENE QUE VER CONMIGO?
• Jesús es el Señor sirviendo, Jesús es el señor: Le dio el nombre sobre todo nombre
• Reinar, aceptar el señorío de Jesús
- Por lo tanto, el programa del Dios cristiano no es primeramente un programa social, un programa de
justicia así como el hombre lo entiende, sino más bien un programa que busca mostrar la señoría
amorosa de Dios sobre el hombre. Jesús, en el primer texto firmado por el Santo Padre Benedicto
XVI, se nos presenta como Señor de la historia pero su señorío es más bien un abajamiento, un
humillarse, un despojarse de si mismo para hacerse todo en todos.
• En la cruz de Cristo el hombre es redimido, y se invierte la experiencia de Adán: Adán, creado a
imagen y semejanza de Dios, pretendió ser como Dios con sus propias fuerzas, ocupar el lugar de Dios,
y así perdió la dignidad originaria que se le había dado. Jesús, en cambio, era «de condición divina»,
pero se humilló, se sumergió en la condición humana, en la fidelidad total al Padre, para redimir al
Adán que hay en nosotros y devolver al hombre la dignidad que había perdido.
- Los Padres subrayan que se hizo obediente, restituyendo a la naturaleza humana, a través de su
humanidad y su obediencia, lo que se había perdido por la desobediencia de Adán.
• Ser copias perfectas de la humillación: En la oración, en la relación con Dios, abrimos la mente, el
corazón, la voluntad a la acción del Espíritu Santo para entrar en esa misma dinámica de vida, come
afirma san Cirilo de Alejandría, cuya fiesta celebramos hoy: «La obra del Espíritu Santo busca
transformarnos por medio de la gracia en la copia perfecta de su humillación»
• El Señorio de Cristo nos recuerda que la realización plena está en:
- la conformación de la propia voluntad humana a la del Padre,
- en vaciarse del propio egoísmo,
- llenarse del amor, de la caridad de Dios
- y así llegar a ser realmente capaces de amar a los demás.
• El hombre no se encuentra a sí mismo permaneciendo cerrado en sí mismo, afirmándose a sí mismo. El
hombre sólo se encuentra saliendo de sí mismo.
- Sólo si salimos de nosotros mismos nos reencontramos.
- Adán quiso imitar a Dios, cosa que en sí misma no está mal, pero se equivocó en la idea de Dios.
- Dios no es alguien que sólo quiere grandeza. No busca ser el lider, busca ser el Señor
- Dios es amor que ya se entrega en la Trinidad y luego en la creación.
- Imitar a Dios quiere decir salir de sí mismo, entregarse en el amor.
3
• En la segunda parte de este «himno cristológico» de la Carta a los Filipenses, cambia el sujeto; ya no es
Cristo, sino Dios Padre: «Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre sobre todo nombre» (Flp
2, 9-10).
- Aquel que se humilló profundamente asumiendo la condición de esclavo, es exaltado, elevado sobre
todas las cosas por el Padre, que le da el nombre de «Kyrios», «Señor», la suprema dignidad y
señorío
• Recordar:
- el de la última Cena, que se despoja de sus vestiduras, se ata una toalla, se inclina a lavar los pies a los
Apóstoles y les pregunta: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el
Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los
pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros» (Jn 13, 12-14).
- Es importante recordar siempre en nuestra oración y en nuestra vida que «el ascenso a Dios se produce
precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor, que es la esencia de Dios y,
por eso, la verdadera fuerza purificadora que capacita al hombre para percibir y ver a Dios»
• Imitar: El himno de la Carta a los Filipenses nos ofrece aquí dos indicaciones:
- La primera es la invocación «Señor» dirigida a Jesucristo, sentado a la derecha del Padre: él es el
único Señor de nuestra vida, en medio de tantos «dominadores» que la quieren dirigir y guiar.
- tener una escala de valores en la que el primado corresponda a Dios, para afirmar con san Pablo:
«Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor» (Flp 3, 8).
- El encuentro con el Resucitado le hizo comprender que él es el único tesoro por el cual vale la pena
gastar la propia existencia.
• Cristo Señor en la Cruz nos toma consigo y nos reviste de sí mismo, nos hace como Él. En la Carta a
los Efesios, el apóstol Pablo afirma que “Cristo ha amado a la Iglesia y se ha dado a sí mismo por ella,
para hacerla santa”, explicó el Santo Padre a los miles de congregados en la Plaza de San Pedro. La
santidad, prosiguió el Pontífice, “es el rostro más bello de la Iglesia: es redescubrirse en comunión con
Dios, en la plenitud de su vida y de su amor
- La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en realizar empresas extraordinarias, sino en
unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus
comportamientos.
- Esto es la santidad: Esta oración comienza con una exhortación: «Tened entre vosotros los
sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2, 5).
- Estos sentimientos se presentan en los versículos siguientes: el amor, la generosidad, la humildad, la
obediencia a Dios, la entrega. No se trata sólo y sencillamente de seguir el ejemplo de Jesús, como
una cuestión moral, sino de comprometer toda la existencia en su modo de pensar y de actuar.
4
- La santidad se mide por el grado de Señorio que Dios tiene en tu vida, por la estatura que Cristo
alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra
vida según la suya.
- Es ser semejantes a Jesús, como afirma san Pablo: «Porque a los que había conocido de antemano
los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo» (Rm 8, 29). Y san Agustín exclama: «Viva será mi
vida llena de ti» (Confesiones, 10, 28).
- «con»: con-muertos, con-sepultados, con-resucitados, con-vivificados con Cristo; nuestro destino
está unido indisolublemente al suyo.
• ¿Cómo puede suceder que nuestro modo de pensar y nuestras acciones se conviertan en el pensar y el
actuar con Cristo y de Cristo?
- El don principal y más necesario es el amor con el que amamos a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo a causa de él.
- Para que el amor pueda crecer y dar fruto en el alma como una semilla buena, cada cristiano debe
• escuchar de buena gana la Palabra de Dios y cumplir su voluntad con la ayuda de su gracia,
• participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, y en la sagrada liturgia, y
• dedicarse constantemente a la oración,
• a la renuncia de sí mismo,
• a servir activamente a los hermanos y a la práctica de todas las virtudes.
• Lo esencial es nunca dejar pasar un domingo sin un encuentro con Cristo resucitado en la Eucarist ía;
esto no es una carga añadida, sino que es luz para toda la semana.
• No comenzar y no terminar nunca un día sin al menos un breve contacto con Dios.
• Y, en el camino de nuestra vida, seguir las «señales de tráfico» que Dios nos ha comunicado en el
Decálogo leído con Cristo, que simplemente explicita qué es la caridad en determinadas situaciones.
• La postración, el «doblarse de toda rodilla» en la tierra y en el cielo, que remite a una expresión del
profeta Isaías, donde indica la adoración que todas las criaturas deben a Dios
- La genuflexión ante el Santísimo Sacramento o el ponerse de rodillas durante la oración expresan
precisamente la actitud de adoración ante Dios, también con el cuerpo. De ahí la importancia de
no realizar este gesto por costumbre o de prisa, sino con profunda consciencia. Cuando nos
arrodillamos ante el Señor confesamos nuestra fe en él, reconocemos que él es el único Señor de
nuestra vida. (Cat. 2096 y 2097)
• Esta es la razón por la cual san Agustín, comentando el capítulo cuarto de la primera carta de san
Juan, puede hacer una afirmación atrevida: «Dilige et fac quod vis», «Ama y haz lo que quieras». Y
continúa: «Si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si
perdonas, perdona por amor; que esté en ti la raíz del amor, porque de esta raíz no puede salir nada
que no sea el bien» (7, 8: PL 35). Quien se deja guiar por el amor, quien vive plenamente la caridad,
es guiado por Dios, porque Dios es amor. Así, tienen gran valor estas palabras: «Dilige et fac quod
vis», «Ama y haz lo que quieras».
5
EL SEÑORIO DE JESUS Y LA SANACIÓN
• Mt. 8,2-3: En esto se le acercó un leproso, se puso de rodillas ante El y le dijo: Señor, si quieres puedes
limpiarme. Jesús, extendió la mano, lo tocó y dijo: quiero, queda limpio”
- El leproso tomó el señorío de Jesús
- Dejarlo entrar más allá de la sala: entregarle las llaves. Ap. 3,19: Dos opciones: entra como un
invitado o como el Señor de la casa (Fr. Nelson)
- Esconderlas, negarlas (Es el señor, sobre todo)
- Si El tiene las llaves El comienza abrir los cuartos y comienza a sanar, curar
- La vida cambia mucho cuando uno comienza a preguntarle a Jesús:
- ¿Dónde hace falta que el Señor llegue?
- El Señor tiene poder sobre ti
- El Señorio de Dios se manifiesta en la curación integral del hombre ( B. XVI)
- La compasión enseñada en la Cruz es la que lo lleva a sanar: Jesús te quiere sano (1 P 2,24)
• Pasos:
1. Reconocer que necesitas un cambio: Salmo 50,3: Yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está
siempre delante de mi
- Postrarse, humilde ¿qué quieres que haga?: Mc. 10,46 a Bartimeo) Estoy ciego, soy leproso
- Dolor,
- Lágrimas: teologia de las lágrimas: Jesús no te deja llorar solo y Jesús no quiere llorar solo.
Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas. “Queridos
chicos y chicas, al mundo de hoy le falta llorar. Lloran los marginados, lloran aquellos que son
dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin
necesidades no sabemos llora”
- Esas heridas son una puerta abierta del demonio: no eres esa herida (no quiere que sanes para
que te mueras)
- Soledad (droga, alcoholismo): No esta solo, está con el Señor
1. Apertura: Abrirse a este Señorio, abrirse que Dios pueda abrir todas las puertas de tu vida
- Le damos todo el poder con nuestra voluntad y libre
- Nos abrimos al señorío de Jesús: MARIA (servir)
- Mc. 7,34: Abrete, Effatá
6
1. Fe (no fe en tu fe sino fe en Dios, en su poder y en su bondad
- Fe en el señorío de Jesus
- Fe en que murió por ti
- Que El quiere curarte (no solo que puede sino que quiere)
1. Obediencia (escuchar)
1. Agradece. Agradece más
2. Permanece: no es el Dios que calma la tormenta, es el Señor
3. Proclamalo (1 Jn. 1,3)