DANIEL MARGUERAT
JESÚS EL JUDÍO SEGÚN LA TERCERA
INVESTIGACIÓN DEL JESÚS HISTÓRICO
Debemos a Ed P. Sanders haber mostrado que la tercera Investiga-
ción (3ª I) sobre el Jesús histórico ha tenido el mérito de reafirmar el
judaísmo de la figura de Jesús, que la investigación anterior había mi-
nusvalorado totalmente. Al mismo tiempo, la inmensa influencia de la
obra de Sanders ha mostrado ciertos errores que, al insistir en pro-
yectar sobre la figura de Jesús de Nazaret la imagen del rabí-fariseo,
le hace perder su singularidad. El autor presenta tres aspectos en los
que las enseñanzas de Jesús se oponen a tal asimilación: 1) la radical
reinterpretación de la Ley bajo la égida del imperativo del amor; 2) la
inclusiva concepción de la pureza; 3) el estado de urgencia escatoló-
gica. Ya en 1922 el erudito judío Joseph Klausner explicaba perfecta-
mente la dialéctica de continuidad y ruptura entre Jesús y el judaísmo
de los años 30.
Jésus le juif selon la troisième quête du Jésus de l’histoire, Revista Ca-
talana de Teologia 33 (2008) 443-459.
Desde los años ochenta, la de un Jesús apocalíptico (Ed P.
constelación de investigadores de- Sanders), a un Jesús asocial y pro-
dicados a reconstruir la vida del vocador a la manera de un filoso-
Jesús histórico es conocida como fo cínico (John D. Crossan). Otros
la tercera Investigación (3ª I). De le ven como un curandero inspi-
ella trataremos en lo referente a la rado (Marcus J. Borg), como un
cuestión del judaísmo de Jesús. rabí carismático (Gerd Theissen)
Esta nueva ola de investigación no o como un revolucionario pacífico
tiene nada de homogéneo, y en ella predicando un igualitarismo so-
encontramos una mezcla de retor- cial (Richard A. Horsley, Wolf-
no a las posiciones liberales del si- gang Stegemann). No obstante,
glo XIX, de persistencia en la lec- estas reconstrucciones tan diver-
tura escatológica propia de la gentes convergen en un punto: el
segunda Investigación y una apor- judaísmo de Jesús. La investiga-
tación totalmente nueva de la so- ción desde 1980 ha re-inmergido
ciología. En resumen, es una ne- al hombre de Nazaret en la cultu-
bulosa más que un movimiento ra del judaísmo palestino del se-
coherente. Los resultados van des- gundo templo.
133
La segunda investigación del neos no son interpretados como
Jesús histórico conflictos con el judaísmo, sino co-
mo conflictos en el interior del ju-
daísmo.
Brevemente, la segunda Inves-
tigación del Jesús histórico (1900- El efecto de esta “revisión” de
1980) oponía a un judaísmo que las relaciones de Jesús y el judaís-
juzgaba legalista, rigorista, estre- mo del segundo Templo se ha pues-
cho y minucioso, un Jesús como to de manifiesto en los criterios de
héroe libre de una religión del co- autentificación empleados por los
razón. Rudolf Bultmann y sus dis- investigadores. El criterio principal
cípulos pensaban que Jesús había usado por la segunda Investigación
sustituido la argucia jurídica de la para determinar si una palabra o
halakah por una religión de inte- un gesto podían ser atribuidos al
rioridad y una moral de intencio- Jesús histórico es el criterio de di-
nes. Pero esta imagen ha estallado similitud o de discontinuidad.
bajo la presión de nuevos estudios Ernst Käsemann lo considera el
sobre el judaísmo del segundo criterio principal: “sólo podemos
Templo y se ha llegado a saber que estar seguros en un único caso:
antes de la catástrofe del 70 el ju- cuando una tradición, por cual-
daísmo vivía en medio de un hor- quier motivo, no puede ser ni de-
miguero de tendencias, de una plu- ducida del judaísmo ni atribuida a
ralidad reconocida y aceptada. El la primitiva cristiandad y especial-
judaísmo del segundo Templo os- mente cuando el judeo-cristianis-
tentaba un elevado grado de secta- mo ha moderado por demasiado
rización en el cual la relación en- audaz o ha modificado la tradición
tre la Torah y el Templo asume un que había recibido”. En conse-
rol identitario entre las facciones. cuencia, cualquier continuidad en-
Con la llegada de esta nueva ima- tre Jesús y su contexto judío era
gen de un judaísmo plural en el rechazada y tachada como una re-
tiempo de Jesús, el estudio de los judaización posterior de la tradi-
manuscritos de Qumran ha jugado ción. Por ejemplo: el reconoci-
un papel tan decisivo como la miento de la autoridad de la Torah
puesta al día de una helenización no podía ser atribuido a Jesús,
creciente de la Palestina del perío- puesto que era común a todo el ju-
do greco-romano. La aportación daísmo. Los autores de la 3ª I sus-
de los recursos arqueológicos ha tituyeron este criterio de deseme-
sido determinante. Los trabajos de janza por un criterio llamado de
eruditos judíos como Jacob Neus- plausibilidad histórica, que al re-
ner, Geza Vermès y otros nos han vés que el precedente, retiene para
ofrecido una visión más fina de la el Jesús de la historia lo que es
literatura rabínica. El resultado ha plausible en el marco del judaísmo
sido una imagen de Jesús en la que palestino de la época. En adelante,
los conflictos con sus contemporá- la inserción de Jesús en su medio
134 Daniel Marguerat
cultural de origen es lo que devie- separa de su medio. El giro ha si-
ne la regla, y no la afirmación exa- do copernicano.
cerbada de una originalidad que le
UN DEBATE INTERNO
Seguimos a Ed P. Sanders, cu- nios decían que no, mientras que
yos trabajos han ejercido una in- Jesús y los fariseos lo aprobaban.
fluencia notable sobre la 3ª I. La Esta tolerancia admitida para la
tesis de Sanders es que Jesús, so- salvaguarda de la vida, el Nazare-
bre la cuestión de la Torah, se im- no la extiende a cualquier infortu-
plica en un debate interno del fa- nio del prójimo: “¿es lícito en sá-
riseísmo y respeta perfectamente bado hacer el bien en vez del mal?”
las reglas; su exégesis de la Torah (Mc 3,4).
evoluciona en el interior del deba-
Segundo ejemplo: Mc 7,15. Es-
te interpretativo que es constituti-
te logion se concibe tradicional-
vo de la ley judía, sin romper en
mente como el adiós, por parte de
absoluto con él. Según Sanders, la
Jesús, a toda legitimidad de la pu-
única posición de Jesús que no ra-
rificación ritual: “nada hay fuera
tificaría un rabí fariseo es la de ad-
del hombre que, entrado en él, pue-
mitir a los pecadores en la gracia
da hacerle impuro; sino lo que sa-
sin la exigencia previa de la con-
le del hombre, eso es lo que hace
versión.
impuro al hombre”. Sin embargo,
Dos ejemplos bastan para ilus- si hacemos abstracción de la apli-
trar esta tesis. En primer lugar, los cación antinomista que hace el
conflictos sobre el sábado, cuya evangelista, es preciso constatar
frecuencia atestigua la tradición si- que esta palabra conlleva una in-
nóptica. La suspensión ocasional diferencia hacia las prescripciones
del descanso sabático prescrito por de pureza, pero no exige su supre-
la Torah no es una preocupación sión. Simplemente se afirma que
propia de Jesús, sino una cuestión ningún alimento es puro o impuro
largamente debatida en el antiguo en sí mismo. ¿Opinaba Jesús que
judaísmo. Durante las guerras ma- la halakah de pureza no tenía legi-
cabeas del siglo II a.C., mil judíos timidad en sí misma, pero debía
se dejaron masacrar en el curso de ser observada? Lo ignoramos, pe-
un ataque perpetrado en sábado (1 ro es posible. En todo caso consta-
M 2,29-41). Desde entonces pre- tamos que Jesús comparte con el
valeció la opinión de que, aunque ala liberal del fariseísmo la preemi-
fuera sábado, era lícito defenderse nencia de la ley moral sobre la ri-
o matar. Sobre la cuestión de saber tual, y que, por otra parte, la afir-
si era lícito retirar en este día un mación indicativa sobre la no
animal caído en un pozo, los ese- legitimidad de la halakah ritual no
Jesús el judío según la tercera investigación del Jesús histórico 135
desemboca en una orden imperati- nencia a éste.
va de no observarla (paso que dará
Cuando Gerd Theisen y Annet-
la cristiandad helenista: Hch 10,
te Merz hablan de soberanía en la
9-16).
interpretación de la Torah, se re-
La hipótesis más verosímil es fieren claramente al “yo” jesuáni-
que el Nazareno se apuntó de he- co de las antítesis de Mt 5 (“Voso-
cho a una adhesión de principios tros habéis oído que se dijo a los
a la Torah. Lo prueba, a nuestro antepasados… pero yo os digo”).
entender, el hecho de que no se La probabilidad de que esta fór-
pronuncia ninguna palabra sobre mula antitética se remonte al Jesús
la autoridad de la Torah que pue- histórico es elevada, pues, por una
da serle atribuida sin reservas. Se parte toma prestado el vocabulario
presupone que la Torah cae por su tradicional de la halakah rabínica
propio peso, es ratificada en prin- (criterio de plausibilidad histórica),
cipio, pero su aplicación es proble- y por otra manifiesta una origina-
mática. Así, las discusiones de Je- lidad al confrontar el “yo” de Je-
sús sobre la Torah cabe conside- sús a la tradición mosaica como tal
rarlas como una discusión interna (criterio de desemejanza). Nada au-
dentro del judaísmo, confirmando toriza pues a dudar seriamente de
así, por contraposición, su perte- su autenticidad.
UNA COMPLETA REJUDAIZACIÓN
A partir de esta manifiesta per- 18; cf. 14,58). Según él, este episo-
tenencia al judaísmo, varios inves- dio da una clave para comprender
tigadores de la 3ª I han procedido toda la acción de Jesús y la con-
a una completa recomposición, es ciencia que él tenía de sí mismo.
decir, una completa rejudaización Contrariamente a las reinterpreta-
de la figura del Nazareno. Geza ciones cristianas de que ha sido ob-
Vermès acerca Jesús al judaísmo jeto, este gesto violento de Jesús
carismático ilustrado de los rabi- en su subida a Jerusalén no se re-
nos taumaturgos. David Flusser duce a la crítica moral de los pro-
asimila el hombre de Nazaret al fetas contra el culto (Mc 11,17-18).
ámbito de los rabís fariseos. Gerol Tampoco es una protesta funda-
Theissen ve concretarse en Jesús mental contra el rito sacrificial (Jn
la protesta de los profetas de la re- 4,24). Muy pronto mal entendido
novación mesiánica al estilo de por los primeros cristianos, este
Juan Bautista. atentado se inscribe según él en la
espera apocalíptica del fin del tem-
Por su parte, Ed P. Sanders con- plo en el tiempo mesiánico. Es un
sagra una gran atención al gesto de gesto simbólico de destrucción del
Jesús respecto al templo (Mc 11,15- templo, por el cual se manifiesta la
136 Daniel Marguerat
intención de Jesús de emprender el Israel. Toda idea de universalismo,
proceso de restauración escatoló- según Sanders, denota más bien la
gica de Israel. El hombre de Naza- recuperación cristiana del perso-
ret revelaría así una conciencia me- naje.
siánica, que él invistió en y para
JUDAICIDAD Y SINGULARIDAD
En este punto, la corrección del bar Kochba, que la pretensión me-
paradigma de la segunda Investi- siánica no conduce a la condena
gación es impresionante. Los in- por blasfemia. Además, cuando
vestigadores de la 3ª I restituyen al Juan Bautista instaura un bautismo
judaísmo un Jesús que sus prede- para el perdón de los pecados (Mc
cesores tenían tendencia a absor- 1,4), afirmando así la insuficiencia
ber en la órbita cristiana. El hom- del sacrificio de expiación ofreci-
bre de Nazaret es a partir de ahora do cada día en el templo, ello no
reconocido como un judío al 100%, condujo a su rechazo por parte del
quizás marginal (John P. Meier), judaísmo oficial. En resumen, ¿có-
pero judío. mo explicar a la vez la inmersión
de Jesús en el judaísmo de su tiem-
Sin embargo, se impone la sos-
po y el rechazo del que fue objeto?
pecha de que estamos ante la ley
del péndulo: la segunda Investiga- Es ahí donde se articula nues-
ción ha transformado a Jesús en tra crítica a la 3ª I. Nuestra tesis es
prototipo de cristiano ¿va la 3ª I a que el judaísmo de Jesús no debe
rebajarle al rango de judío ordina- ser afirmado en detrimento de la
rio? ¿Cómo explicar adecuada- singularidad de su emergencia en
mente el hecho de que Jesús de el seno del judaísmo del primer si-
Nazaret fue un judío, adherido to- glo. Creemos que la 3ª I disuelve la
talmente a las convicciones funda- singularidad de Jesús a fuerza de
mentales de su pueblo, pero que al querer asimilarlo a las categorías
mismo tiempo su forma particular del judaísmo del segundo templo.
de creer hizo de él un hombre cu- Y es precisamente esa singularidad
ya provocación no soportaron los del personaje lo que anuncia y ha-
líderes religiosos de su tiempo? Si ce comprender por qué el movi-
verdaderamente, como pretende miento de Jesús, inicialmente den-
Sanders, Jesús no se distingue de tro del judaísmo, va cambiando
los rabinos fariseos más que por la hasta mudar en una entidad reli-
ausencia de arrepentimiento exigi- giosa autónoma. En efecto, esta
da antes del otorgamiento del per- mutación no fue únicamente pro-
dón divino, ¿cómo explicar el dra- ducto de las circunstancias histó-
ma de la crucifixión? Sabemos, en ricas y del creciente conflicto en-
efecto, como en el caso de Simon tre la iglesia y la sinagoga mediado
Jesús el judío según la tercera investigación del Jesús histórico 137
el siglo primero. Las causas pri- campo de su interpretación de la
meras se encuentran en la acción Torah: la lectura de la Ley bajo la
de Jesús. Entonces, ¿en qué consis- égida del imperativo del amor, la
te la singularidad de Jesús? Distin- concepción jesuánica de la pureza
go tres señales que ilustraré en el y la urgencia escatológica.
PRIMERA SEÑAL: LA LEY BAJO LA ÉGIDA
DEL IMPERATIVO DEL AMOR
La comprensión de Dios expre- los primeros cristianos han podido
sada por Jesús debía cristalizar en apoyarse en él para sostener dos
la Torah, joya milenaria de la vo- posiciones contradictorias: de un
luntad del Dios de Israel. Y ello lado, una corriente antinomista,
por una razón muy simple: dentro con Pablo y Marcos, propagará un
de la increíble diversidad que ca- evangelio sin Ley; por otro lado,
racteriza al movimiento judío en Mateo y Jaime mantendrán la au-
tiempo de Jesús, cada grupo, sin toridad de la Torah en régimen
excepción, se define por la lectura cristiano. Unos y otros podrán le-
que hace de la Ley. Más que el gitimar su punto de vista sin trans-
templo, la Torah juega en este ju- gredir lo que transmitió la tradi-
daísmo abigarrado de los años 30 ción de Jesús.
un papel identitario, como confir-
En segundo lugar, en la ense-
ma el cuestionamiento riguroso del
ñanza de Jesús no se mantiene la
que Jesús fue objeto por parte de
centralidad de la Ley, y sobre este
sus interlocutores. Se trataba para
punto el Nazareno marca una di-
ellos de captar el perfil de este ra-
ferencia con el judaísmo de su
bí atípico sometiéndole al cuestio-
tiempo. La enseñanza que de él se
namiento clásico que adoptaban
nos ha transmitido no consiste en
entre ellos los intérpretes de la Ley.
un comentario de la Ley. A dife-
¿Cómo se situó Jesús? Tres obser-
rencia de los rabinos, sus parábo-
vaciones previas.
las no buscan ilustrar la exégesis
En primer lugar, los estratos de la Torah; al contrario exponen
más viejos de la tradición no con- lo inesperado de la venida del Rei-
servan ninguna declaración de Je- no de Dios. No es pues la Ley o la
sús sobre la autoridad o validez de Escritura lo que está en el centro
la Torah; se puede concluir que Je- de la relación con Dios, sino el Rei-
sús se pronunció de forma circuns- no de Dios en su urgente proximi-
tancial, en cada caso, dentro de un dad. Se comprende entonces por
reconocimiento de la Ley, sin pro- qué muy pronto, para los primeros
blematizarla como tal. Esta ausen- cristianos, la autoridad de las pa-
cia de una declaración de princi- labras de Jesús sustituyó a la de la
pios nos hace comprender por qué Ley; es el caso de la fuente Q, la
138 Daniel Marguerat
más antigua colección de palabras nes: se trata de dejarse orientar por
de Jesús, y también el de la litera- la evidencia del amor para llevar a
tura paulina. cabo los gestos elementales de mi-
En tercer lugar, la tradición ha sericordia. Por esto Jesús puede
conservado el recuerdo del asom- afirmar: “Mi yugo es suave y mi
bro de las muchedumbres “porque carga ligera” (Mt 11,30). No es que
él enseñaba como quien tiene au- con él la Torah rebaje sus exigen-
toridad y no como los escribas” cias, sino que el creyente puede de-
(Mc 1,22). El texto no explicita la cidir en adelante su obediencia sin
diferencia, pero se puede intentar pasar por la mediación sabia y
reconstruirla. Jesús rompe con la compleja de la discusión rabínica.
práctica rabínica no fundando una Esta lectura de la Ley democrati-
escuela de la Torah y no apuntán- za la obediencia en favor del ham
dose a la reglamentación casuísti- ha-aretz, el pueblo de la tierra, a
ca de la obediencia que es la ha- quien Jesús da un acceso inmedia-
lakah. Este esfuerzo, del cual la to a la voluntad de Dios, sin paso
Mishnah es la depositaria, apunta- obligado por la ciencia de los ra-
ba a definir con precisión las con- bís.
diciones de validez de las prescrip-
ciones legales. El rechazo de Jesús
se acompaña de una libertad de in- Seguir la Torah porque y
terpretación de la que el judaísmo cuando sirve al amor
antiguo no conocía equivalente, y
que cristaliza en el “pero yo os di- Despunta aquí el axioma a par-
go” por el que Jesús pone su auto- tir del cual Jesús va a refundar la
ridad frente a la de la Ley (Mt 5,21- Ley: la Torah entera promueve el
48). Entre su reconocimiento en amor al prójimo, y cuando éste no
principio de la autoridad de la To- es el caso, entonces la prescripción
rah y una actitud libertaria en su debe ceder ante esta exigencia pri-
interpretación, Jesús debió descon- mera. Que el principio del amor
certar a sus contemporáneos. gobierne la comprensión que Jesús
La ausencia de formalización tiene de la Ley es un hecho noto-
de la obediencia es manifiesta en rio. Puesto que Dios “hace salir su
la parábola del samaritano (Lc sol sobre malos y buenos, y llover
10,29-37): la falta del sacerdote y sobre justos e injustos” (Mt 5,45),
del levita no es ignorar la Ley, si- el discípulo está llamado a su vez
no la ausencia de piedad; el sama- a acoger al prójimo sin hacer dife-
ritano, que se apiada del herido, se rencias. Si se trata de salvar una
vale de gestos y de la ayuda de la vida, el sábado debe ser transgre-
medicina popular para socorrerle. dido, porque la Ley existe para el
Así, aplicar a su existencia la vo- hombre no el hombre para la Ley
luntad de Dios inscrita en la Ley (Mc 2,27). La Torah no hay que
no requiere de sabias explicacio- seguirla por ella misma, sino por-
Jesús el judío según la tercera investigación del Jesús histórico 139
que y cuando ella sirve al amor. El función argumentativa en el dis-
amor es “la suma de la ética de Je- curso de Jesús.
sús”, concluye Joachim Gnilka. Y
esta focalización culmina en la ex-
hortación a amar al enemigo, que La sexta antítesis
el evangelista Mateo presenta co-
mo el apogeo en la secuencia de
El sermón de la montaña pre-
las antítesis (5,43-48).
senta la serie de las siete antítesis
Si la importancia del principio dominada por la cláusula “Habéis
del amor es tan notoria, ¿nos en- oído que se dijo a los antepasa-
contramos ante una originalidad dos…pero yo os digo” (Mt 5,21-
de Jesús o ante una convicción co- 48). Si la extensión de la cláusula
mún de la tradición judía? El pun- antitética a las seis unidades se re-
to es delicado: el uso de la compa- monta a la redacción del evangelio
ración entre la enseñanza de Jesús de Mateo, el evangelista no ha con-
y las sentencias rabínicas consig- cebido por sí mismo la cláusula
nadas en el Talmud. En efecto, re- que recibe de su tradición. Es la
preguntar sobre los vínculos entre sexta antítesis la que cita a Lv 19,18
Jesús y el judaísmo del segundo y lo completa con un comentario:
Templo ha conducido a un uso -a “y odiarás a tu enemigo” (Mt 5,43).
menudo inmoderado- de la com- No se lee en el Talmud la prescrip-
paración. Esta forma de proceder ción de odiar al enemigo, menos
ha esclarecido magníficamente las aún como una interpretación de Lv
palabras del sermón de la monta- 19,18; pero la fórmula anuncia co-
ña (Mt 5-7), demostrando que nin- rrectamente la comprensión res-
guna deja de tener su analogía en trictiva de plesios en el judaísmo
el Talmud. Pero metodológicamen- contemporáneo de Jesús: el próji-
te, esto crea un problema. Se ha di- mo es el compatriota o, más estric-
cho y mostrado que Lv 19,18 tamente, el miembro del gremio
(“amarás a tu prójimo como a ti fariseo; se opone al extranjero o al
mismo”) estaba ya considerado en enemigo de la nación. En los escri-
la escuela de Hillel como una exi- tos bíblicos y parabíblicos se en-
gencia de la Torah, y se inscribía cuentra la petición de perdonar al
en la preeminencia de la ley moral enemigo (Si 28,6-7), de no negarle
en el seno del judaísmo helenísti- el pan (Pr 25,21-22), de no devol-
co. A mi modo de ver, no basta con ver mal por mal y de hacerle el bien
manifestar (con razón) este acer- (Testamento de José 18,2), pero la
camiento para concluir que Jesús llamada radical a amar al enemi-
no haría otra cosa que repetir una go no existe. ¿Cuál es la especifi-
evidencia comúnmente recibida cidad de la relectura que propone
por sus contemporáneos. Pues se Jesús de Lv 19,18? Esta relectura
trata de tener en cuenta no sola- destruye todo límite fijado al amor
mente la fórmula como tal, sino su al otro: en adelante tiene su piedra
140 Daniel Marguerat
de toque en el amor al enemigo y incondicional; y explica la trasgre-
en la plegaria por el perseguidor sión de otros preceptos de la To-
(Mt 5,44), legitimada por el amor rah en nombre del imperativo del
incondicional de Dios (Mt 5,45). amor: la prescripción sabática, en
A imagen de la misericordia ilimi- primer lugar; las reglas de pureza,
tada de Dios, el amor al otro reci- después. La comprensión radical
be una extensión ilimitada. de Lv 19,18 funciona como un
principio hermenéutico que con-
En resumen, Jesús puede reca-
duce a invalidar una parte de la
pitular la ley moral en el impera-
Ley. Esta forma de proceder no
tivo del amor al otro a la manera
tiene, a nuestro juicio, ningún pre-
de Hillel. Pero la puesta en prác-
cedente en el judaísmo del segun-
tica de esta radicalización del im-
do templo.
perativo conduce a su extensión
SEGUNDA SEÑAL:
UNA CONCEPCIÓN INCLUSIVA DE LA PUREZA
La concepción farisea de la pu- nos declarados moralmente impu-
reza era una concepción esencial- ros o contaminados por sus con-
mente defensiva: el fiel se encon- tactos con los paganos. Deja que
traba permanentemente expuesto se le acerquen los enfermos impu-
al riesgo de ser contaminado por ros, incluso los leprosos, y se en-
su ambiente, a priori impuro, y de- cuentra con extranjeros y con mu-
bía por consiguiente observar es- jeres.
crupulosamente la ley ritual. El
Semejante actitud no atestigua
número de fuentes rituales encon-
solamente la prioridad de la moral
trado en Qumran indica, por parte
sobre la ritualidad, sino que con-
de la comunidad, una fijación pa-
tradice la lógica inherente a una
recida respecto a las obligaciones
concepción defensiva de la pureza,
de purificación. La exigencia de
que exige que la reparación prece-
pureza conduce así al creyente fa-
da a la comunión. Este ataque a la
riseo a separarse de los medios o
pureza defensiva queda confirma-
de las personas potencialmente im-
do por la declaración de Jesús en
puras.
Mc 7,15 sobre la pureza ritual. Re-
Con Jesús, la irrupción del Rei- lativiza el ritual alimentario des-
no desencadena una práctica de co- plazando el lugar de la impureza:
munión que supera las separacio- son las palabras y los gestos que
nes. Es lo que ilustra su acogida a salen del hombre hacia su entorno
los pecadores, las prostitutas, la los que deciden sobre su pureza o
mujer adúltera, los recaudadores impureza. De esta manera, como
de impuestos, estos grupos huma- dice Klaus Berger, Jesús pasó de
Jesús el judío según la tercera investigación del Jesús histórico 141
una concepción defensiva a una en Mc 11,15-18. Más que un gesto
concepción ofensiva de la pureza. de destrucción simbólica del tem-
Se puede decir también que Jesús plo de Jerusalén, Za 14,21 tiende a
pasa de una concepción exclusiva hacerlo ver como el cumplimiento
de la pureza a una concepción in- de una presencia inmediata de Dios
clusiva. La relación con el otro no que hace obsoleta la mediación sa-
será ya estigmatizada como un crificial. Sería pues la protección
riesgo potencial de mancha, sino de la santidad del templo la causa
como el lugar donde el creyente es del gesto profético de Jesús, que
llamado a concretar su pureza. Las anuncia simbólicamente una inme-
comidas comunitarias de Jesús y diatez del acceso a Dios no grava-
sus contactos inusuales encuentran da por la mediación del sacrificio.
ahí su justificación. No es de extrañar que los saduceos
Esta inversión de la referencia consideraran que el gesto de Jesús
a la pureza no es tampoco ajena a atentaba a la santidad del templo y
la biblia hebraica. Aflora en algu- del mismo pueblo, puesto que po-
nos textos: Sal 51,9-14, Ez 36,25- nía en entredicho las mediaciones
27, y sobre todo en Za 14,20-21, por las que llegaba el perdón divi-
donde la instauración del Reino es- no. Después de haber arruinado el
catológico instalará la pureza en el ritual de pureza al invertir la defi-
espacio social. En esta visión de nición de lo que es puro, Jesús, re-
Zacarías sobre la venida gloriosa firiéndose al templo, parece haber
de Dios al fin de la historia se anun- cometido un gesto que le costará el
cia un tiempo en que todo en Israel favor del pueblo. Manipulado por
será puro, santificado, consagrado los saduceos, la plebe de Jerusalén
a Dios. Esta profecía parece un apoyará la demanda de que sea cru-
cumplimiento de la práctica inno- cificado. Y esta reflexión nos intro-
vadora de Jesús sobre la pureza. Y duce en lo que consideramos como
posiblemente ofrezca la clave de una tercera señal de la especifici-
interpretación del gesto violento de dad de Jesús: la urgencia escatoló-
Jesús respecto al templo, descrito gica.
TERCERA SEÑAL:
EL ESTADO DE URGENCIA ESCATOLÓGICA
Marcos y Mateo sintetizan el conjunto de sus palabras y de su
mensaje de Jesús en el anuncio de acción. Sorprende, en efecto, cons-
la proximidad del Reino de Dios: tatar hasta qué punto el Nazareno
“El Reino de Dios está cerca; con- defiende una necesidad de actuar
vertíos” (Mt 1,15). Este horizonte rápido bajo la presión de un impe-
escatológico, que afilia a Jesús a la rativo absoluto.
apocalíptica judía, sobresale en el
142 Daniel Marguerat
Un primer ejemplo: Mt 5,23- Reino y curar a los enfermos, los
24 prescribe que hay que interrum- discípulos reciben la sorprendente
pir el ritual del sacrificio en el tem- consigna de no “llevar bolsa, ni al-
plo si “te acuerdas entonces de que forja, ni sandalias, y de no saludar
un hermano tuyo tiene algo que re- a nadie en el camino”. Se exige
procharte” e ir a reconciliarse an- pues una absoluta desnudez a los
tes de reemprender el sacrificio. El misioneros, y la prohibición de sa-
conflicto entre la instancia cultual ludar en el camino constituye una
y la ética se resuelve a favor de es- notable infracción de las reglas
ta última. Esta reflexión no es ex- orientales de educación. Todo re-
traña a los rabís, pero su argumen- vela una consigna marcada por la
tación apunta siempre a asegurar urgencia. Se manifiesta aquí la
la validez del rito. La idea de una conciencia de Jesús de inaugurar
interrupción por un motivo exte- un tiempo cualitativamente dife-
rior al rito es desconocida en la ha- rente, totalmente dominado por la
lakah; en cambio, sí que está pre- proximidad del Reino. Pero esta
sente una reconciliación anterior conciencia de que el tiempo apre-
al sacrificio para asegurar su vali- mia refleja fundamentalmente la
dez: “Para las faltas existentes en- experiencia singular del Dios de
tre el hombre y el Lugar, el día de Israel que fue la del Nazareno.
los Kippurim las expía; pero para
Los primeros cristianos han
aquellas que son entre el hombre
traducido por medio de una serie
y su semejante, el día de los Kip-
de títulos cristológicos (Mesías, hi-
purim no las expía en tanto que no
jo de Dios, hijo de David, primo-
se haya reconciliado con el otro”
génito de la creación) la absoluta
(Yoma 8,9). Ahora bien, en la pa-
convicción que tenía Jesús de ser
labra de Jesús, la relación a reno-
el elegido para asumir el papel úni-
var no se refiere a un acto relacio-
co de ser la expresión misma de
nado con el ejercicio del culto, sino
Dios para su pueblo. El mismo Je-
a un imperativo cuya urgencia no
sús, sin embargo, no se aplicó nun-
tolera ningún retraso. Ningún de-
ca estos títulos, cosa que respeta-
ber, aunque sea sagrado, puede an-
ron los evangelios sinópticos no
teponerse a la necesidad de la re-
poniéndolos jamás en sus labios.
conciliación. Jesús no reglamenta
Podemos entender su reticencia a
las condiciones de validez del rito
no adornarse con el título de Me-
del sacrificio, sino que anuncia
sías, dadas las connotaciones na-
hasta dónde puede y debe llegar la
cionalistas que ello comportaba en
urgente necesidad de reconciliar-
su tiempo. En cambio, él usaba el
se.
título “hijo del hombre”, derivado
Un segundo ejemplo: las con- del título colectivo de Dn 7,13
signas para el camino dadas a los (donde designa al pueblo renova-
discípulos (Lc 10,1-16). Enviados do) e individualizado en el siglo
a proclamar la próxima llegada del primero. Estaba convencido de que
Jesús el judío según la tercera investigación del Jesús histórico 143
el hijo del hombre, en el juicio es- cluso más que el propio Hillel. Sin
catológico, ratificaría su mensaje embargo, nada es más peligroso
como se indica en Lc 12,8-9. para el judaísmo nacional, que es-
te judaísmo exagerado; es la ruina
de la civilización nacional, de la
El imperativo, desnudo y sin organización y de la vida nacio-
compromiso nal”. Para Klausner, la ética debe
fundar una vida social en el mar-
co de una comunidad nacional: “la
Imbuido por esta convicción,
religión era para Israel más que
Jesús transmite en sus exhortacio-
una simple creencia y más que una
nes e iniciativas la urgencia de ins-
moral, era un código de vida”.
taurar el derecho de Dios en Israel,
Ahora bien, al declarar prescritos
sin retrasos ni compromisos. De
la observancia del sábado y la ri-
repente, el imperativo abandona el
tualidad alimenticia, al criticar los
registro de lo razonable. La ética
acomodamientos de la halakah fa-
del sermón de la montaña –refre-
risea para cambiarlos por impera-
nar incluso el insulto banal, ofre-
tivos radicales, Jesús “carece com-
cer la otra mejilla, atender cual-
pletamente de estas grandes
quier demanda, amar al enemigo,
cualidades políticas que habían
rogar por el perseguidor, vivir sin
mostrado los profetas que, con una
preocuparse del mañana (Mt 5,21-
visión de águila, sabían abarcar los
6.34)– es una moral del exceso,
reinos y las naciones del universo
que rompe con la moral razonable
entero”. En una palabra, Klausner
de los sabios de Israel y no se plie-
reprocha al hombre de Nazaret no
ga a la mesura de lo humano. No
haber sabido ser un sabio, perse-
se percibe, en la predicación de Je-
guido como estaba por quimeras
sús, ninguna reflexión sobre la fac-
apocalípticas. “Por esta razón, la
tibilidad de la obediencia así pres-
nación, en su conjunto no podía
crita: se anuncia el imperativo,
ver en este ideal colectivo más que
desnudo y sin compromiso.
una quimera audaz e incluso peli-
Esta ausencia de pragmatismo grosa (…) Esta doctrina tiene su
constituye una áspera diferencia origen en el judaísmo profético, y
entre Jesús y la tradición sapien- en una cierta medida en el farisai-
cial de Israel. Entre quienes han co pero, por una parte, negaba to-
percibido esta singularidad del Na- do lo que unía el judaísmo a la vi-
zareno merece destacar Joseph da y, por otra parte, conducía a ese
Klausner, autor judío que firma judaísmo a una especie de extre-
una bella monografía “Jesús de mismo que devenía en cierto sen-
Nazaret” (1922). El autor comenta tido un no-judaísmo. Así se expli-
la moral del exceso del sermón de ca ese fenómeno extraño en
la montaña: “en todo esto, Jesús es apariencia: el judaísmo que ha da-
el más judío entre los judíos, más do nacimiento al cristianismo en
judío que Simeón de Shetah, in- su primera forma (la doctrina de
144 Daniel Marguerat
Jesús) ha expulsado a su hijo al ver profeta de conversión), a la que se
que éste quería darle el beso de la apuntan los defensores de la 3ª I.
muerte”. Jesús se escapa de estas clasifica-
ciones, incluso si toma prestados
algunos rasgos del sabio y del pro-
Singularidad de Jesús feta a la vez. Su singularidad se
manifiesta, repito, en la clave que
La brillante inteligencia de abre su interpretación de la Torah:
Klausner le ha hecho percibir bien “vosotros habéis oído que se dijo
la irreductibilidad de Jesús en el (a los antepasados)… pero yo os
seno del judaísmo antiguo. Esta digo”. La fórmula pone fin a la ca-
singularidad de Jesús ¿es el resul- dena tradicional de los intérpretes
tado de una desviación apocalípti- de la Ley. Impertinente y autorita-
ca o del genio del propio Nazare- rio, este “yo” es inaudito en la tra-
no? Es ahí donde los espíritus se dición rabínica. Jamás un rabí ha-
dividen. Pero cualquiera que sea la bía osado colocarse a la altura de
respuesta, nos hallamos muy lejos Moisés para restaurar en su radi-
de la asimilación del Nazareno a calidad el derecho de Dios. Ello
las figuras disponibles del judaís- traduce la conciencia excepcional
mo palestino (el rabí fariseo, el que tenía Jesús de su identidad.
CONCLUSIÓN
La 3ª I del Jesús de la historia, tiempo, la 3ª I corre el riesgo de
incluso si diverge en el resultado cometer un error simétrico al de
de sus trabajos, tiene el inmenso sus predecesores: sumergiendo a
mérito de llevarnos a revisar la Jesús sin matices dentro de su me-
imagen del judaísmo del segundo dio, se pierde de vista su singula-
templo. Ello ha permitido limpiar ridad, que explica el rechazo de
nuestro conocimiento histórico del que fue objeto. ¿Cómo pensar si-
medio de Jesús distinguiéndolo de multáneamente el judaísmo y la
sus caricaturas y re-situando al an- singularidad de Jesús de Nazaret?
tiguo judaísmo en la acogedora di- Este es el desafío al que, en ade-
versidad que le fue propia. Este es lante, ha de responder la investiga-
el precio necesario para apreciar ción sobre el Jesús de la historia.
el judaísmo de Jesús. Al mismo
Tradujo y condensó: JOAQUIM PONS ZANOTTI
Jesús el judío según la tercera investigación del Jesús histórico 145
Textos del Cardenal Newman (véase la N. de la R. de la página 92).
[Los obispos anglicanos] están sembrando las semillas de futuras sece-
siones. Hablan todos en contra de nosotros o permanecen en silencio. No
tenemos ningún tipo de agradecimiento por aquello que hemos hecho bien.
Durante ocho años no se nos ha concedido una sola palabra directa de ha-
lago… El único sentimiento ha sido una celosa sospecha. Todo este tipo de
irregularidades se han cometido impunemente en el otro lado; todo tipo de
libertades han sido tomadas en los servicios; todo tipo de herejías han sido
proclamadas (252).
Siempre he mantenido que la obediencia, aun en una conciencia errónea
era la manera de alcanzar la luz y que importaba poco dónde empezaba el
hombre su camino, mientras empezara con lo que tuviera a la mano y con
fe… (299).
Me acerco a quienes no conozco y de quienes espero muy poco. Me des-
tierro a mí mismo y a mi edad. ¿Qué puede ser sino estricta necesidad lo que
provoca esto? (311).
(Vivo con) una fe serena y firme en la Iglesia católica, lo que no excluye
que me dé cuenta de las deficiencias y miserias que existen (484).
¿Por qué las escuelas medievales eran tan vigorosas? Pues porque se les
permitía el juego limpio y justo, porque los disputantes no tenían que sentir
el freno en su boca a cada palabra que pronunciaban, sino que podían mover
sus labios libremente y expresarse a voluntad… Cuando estaban en un error,
un intelecto más fuerte y verdadero los ubicaba y, al transcurrir el tiempo, si
la disputa se ponía peligrosa y aparecía un polemista obstinado entonces, en
última instancia, Roma interfería; pero en última instancia, no en la primera.
La verdad es forjada por muchas mentes, trabajando juntas libremente (533).
Los católicos no nos convirtieron en católicos. Oxford nos hizo conver-
tirnos en católicos (564).
(La comunión con el papa) no es la consideración que me hizo a mí ca-
tólico sino el hecho visible de que la moderna comunión romana era la he-
redera y la imagen de la iglesia primitiva (617).
(Los concilios ecuménicos) han sido siempre períodos de una gran prue-
ba. La conducta de los individuos que participaron en ellos no era indicador
de la autoridad resultante de ellos. Generalmente tenían una gran capacidad
de violencia e intriga de parte de sus actores, y una gran resistencia a sus de-
finiciones por parte de porciones de la cristiandad (660).
(Dejé la iglesia anglicana) no por desesperación sino por dos razones
concurrentes que había explicado en la Apología: la primera es que el estu-
dio de los Padres de la Iglesia suscitó la alarmante pregunta de si la iglesia an-
glicana no estaría en una posición equivalente a la de las iglesias arriana y mo-
nofisita; la segunda fue la oposición de los obispos al Tractatus 90: confirmó
la interpretación que había sacado de los Padres de la Iglesia, y que aquellos
que amaran a los Padres de la Iglesia no tendrían lugar en la iglesia de Ingla-
terra (668).
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