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Santiago 4 7

Este documento discute la importancia de someterse a Dios para resistir al diablo y la necesidad de acercarse a Dios. Explica que para que el diablo huya, se deben cumplir dos condiciones: 1) someterse a Dios y 2) resistir al diablo. Al someterse a Dios, se reciben las fuerzas sobrenaturales para resistir al diablo. También enfatiza la importancia de acercarse a Dios mediante la confesión del pecado, el estudio de Su Palabra y vivir en obediencia y comunión con
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Santiago 4 7

Este documento discute la importancia de someterse a Dios para resistir al diablo y la necesidad de acercarse a Dios. Explica que para que el diablo huya, se deben cumplir dos condiciones: 1) someterse a Dios y 2) resistir al diablo. Al someterse a Dios, se reciben las fuerzas sobrenaturales para resistir al diablo. También enfatiza la importancia de acercarse a Dios mediante la confesión del pecado, el estudio de Su Palabra y vivir en obediencia y comunión con
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Santiago 4 7-8 

En toda relación de personas sea: entre esposos y esposas, padres e hijos, amigos,
miembros de la iglesia, etc., hay momentos en los cuales esa relación se afecta. El puente
de amor que conectaba a la misma se ha roto o se ha afectado severamente. Y cuando eso
sucede el llamado debe ser: el de procurar que ese puente de amor y respeto se arregle.
Lo interesante del caso es que hay que saber cómo reparar el puente. Hay que saber cómo
pedir perdón, cómo decir las palabras correctas y decirlas de tal manera que demuestre
que hay un genuino deseo de reparar el daño. Pero a veces sucede, que la manera de
reparar el daño no es la mejor.

Todos queremos que el diablo deje de molestarnos con sus asedios malignos. Dios nos
promete que satanás va a huir de nosotros.. Esta realidad bíblica nos entusiasma y
fortalece.  Pero hay dos condiciones o demandas divinas para que esto suceda: 1-
Someternos a Dios.  2- Resistir al Diablo.  Queremos que el diablo huya de nosotros, pero
no nos sometemos a Dios.  Creemos que con resistirlo alcanza.

Pararse a resistir es un error muy común en el ser humano, por creer que lo podemos
todo.  Eso es soberbia, y Dios lo resiste.  La autosuficiencia nos traiciona y nos olvidamos
de someternos a Dios.  No hay otra manera de que las cosas sucedan, sino es a Su forma.  
La capacidad de resistir al diablo se nutre de las fuerzas sobrenaturales del Señor cuando
nos sometemos a Él.  Nunca podremos resistir al diablo, y mucho menos huirá de
nosotros, si no nos sometemos a Dios.

El someternos a Dios es dejar de lado nuestra autosuficiencia para hacer de Él nuestro


refugio y fortaleza.  Es humillarnos ante Él reconociendo que solos no podemos.  Es
escondernos en aquel que ya venció en la cruz.  “Someteos, pues, a Dios; resistid al
diablo, y huirá de vosotros” con esto volvemos a reafirmar lo que siempre se habla o
hablado en predicaciones anteriores porque el mensaje que Dios entrega por intermedio
de sus instrumentos es que finalmente busquemos a Dios y aprendamos a depender de Él.
Que busquemos su perdón nos limpiemos de todo pecado y pueda morar en nosotros.

Existen momentos en los cuales los problemas, el afán y distintas cosas nos agobian nos
alejan de Dios y sentimos que nos estamos sirviendo correctamente, incluso nos enseña la
biblia que profetas, que Obedeciendo lo que el señor manda pasan por momentos difíciles
en los cuales ya no quieren seguir, como el caso del profeta Jeremías y el capitulo 20 nos
entrega una enseñanza que puede ser una de las más valiosas del libro. Jeremías 20:9b. 
Cuando el profeta Jeremías no quiso saber más de Dios, y menos de hablar de él,
descubrió que no podía hacerlo. En medio de su “ligereza de palabras” se dio cuenta que
tenía algo maravilloso: “… no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente
metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”. ¿Y qué es ese fuego sino la palabra
misma que nos consume? Es posible que el desaliento espiritual nos consuma hasta decir
y hacer cosas indebidas, pero si somos creyentes genuinos como lo era el profeta, la
palabra que mora en nuestros corazones nos levantará y no dejará postrarnos así. Muchas
veces en medio de la oscuridad y el desánimo el creyente se da cuenta y dice para sí
mismo clama a Dios.

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo


en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. (Proverbios 3.5-6)

Percatémonos en Proverbios 3:5-6 que nuestra meta es reconocer a Dios en “todos”


nuestros caminos. Debemos someter toda nuestra vida al Señor y no solo ciertos
aspectos. Todos nuestros caminos deben ser sometidos a Él y a Su propósito. Esto significa
que debemos traer al Señor todas nuestras decisiones y buscar Su voluntad en ellas.
¿Cuántas decisiones tomamos en el transcurso del día? ¿Estamos reconociendo a Dios
como Señor en esas decisiones?

“Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros.” – Santiago 4:8

Nos acercamos a Dios confesando el pecado y estudiando su Palabra. La meta de todo


creyente es caminar en obediencia y comunión con él. El Señor anhela tener comunión
con nosotros. Él dijo a Zacarías: “Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos
a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, dice Jehová de los
ejércitos.”

Es sorprendente que Dios, que trasciende el universo nos permite entrar en comunión con
Él mediante la oración. No lo merecemos, sin embargo, el Padre se complace en comunión
con nosotros. Se complace en responder a nuestras oraciones. Tenemos un Sumo
Sacerdote compasivo que nos está esperando para “que acerquémonos confiadamente al
trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el
momento que más la necesitemos.” – Hebreos 4:16

Cuando nos acercamos a Dios, Él se acerca a nosotros. Dios requiere que ejerzamos
nuestro deseo hacia Él primero y Él abrazara a cualquier creyente, no importa cuánto
tiempo o en qué medida se alejó de Él. Dios está dispuesto a aceptarnos con los brazos
abiertos. “El Señor está cerca de todos los que le invocan.” – Salmo 145:18

Vemos como Dios se preocupa una vez mas de nosotros y señalando que nos sometamos
a el para que podamos resistir al diablo y con su ayuda este huya de nosotros. Para que de
esta forma nos acerquemos a el limpiando nuestras manos y purificando nuestros
corazones, dejando el doble animo y todo lo que conlleva a eso atrás.

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