Los Factores Psicológicos
Se define como factores psicológicos a la presencia de un síntoma o afección médica, que no sea
un trastorno mental. De acuerdo al DSM-5 de la American Psychiatric Association (2013), estos
factores afectan negativamente a la afección médica de una de las siguientes maneras:
• Los factores han influido en el curso de la afección médica como se pone de manifiesto por una
estrecha asociación temporal entre los factores psicológicos y el desarrollo o el retraso en la
recuperación de la afección médica.
• Los factores interfieren en el tratamiento de la afección médica.
• Los factores constituyen otros riesgos establecidos para la salud del individuo.
• Los factores influyen en la fisiopatología subyacente, porque precipitan o exacerban los síntomas
o necesitan asistencia médica.
1. Ansiedad
2. Depresión
3. Obsesión
4. Impulsividad
5. Estrés
6. Autoestima
1. Ansiedad
Ansiedad se define como una sensación de malestar o una amenaza la cual es acompañada de una
respuesta autonómica del cual el origen por lo general se presenta desconocido por el individuo, el
sentimiento es aquel de aprensión el cual es causado por el pensamiento de que existe un peligro
por venir. Es una señal de alarma que advierte un peligro inminente, un mecanismo que permite
tomar las medidas necesarias para afrontarlo (Mellado, Rodríguez, Ortuño, Jorreto e Ibáñez,
2008).
Sierra, Ortega y Zubeidat (2003), comentan que otra definición de ansiedad es la que alude a un
estado de inquietud y agitación no agradable que se caracteriza por la anticipación de un peligro
en donde predomina la sensación de catástrofe o de un peligro inminente y se experimentan
síntomas psíquicos, es decir, una combinación de síntomas cognitivos y psicológicos que se
manifiestan en una reacción sobresaltada, donde la persona trata de buscar una solución a esta
catástrofe.
Para Campuzano y Martínez (2014), la ansiedad está presente en una situación sumamente
estresante cuando un sujeto crea mucha activación fisiológica, en un estado como este es común
la taquicardia y la hiperventilación, entre otros síntomas.
La ansiedad, al ser una respuesta emocional que afecta el funcionamiento nervioso, puede tener
dos efectos:
• Permitir que se aprendan nuevas conductas o mejorar la forma de ejecutar conductas que
fueron aprendidas anteriormente, creando como último resultado que el estado emocional
negativo que se experimentó como ansiedad disminuya y sea remplazado por un estado relajante
a consecuencia de la nueva respuesta.
• El estado negativo se mantenga y lleve a parar por completo la conducta, así como una
activación fisiológica crónica y prolongada, donde se desarrollen trastornos fisiológicos o
conductuales.
1.A. Ansiedad según el DSM-5
El DSM-5 da criterios diagnósticos para el trastorno de ansiedad generalizada:
A. Ansiedad y preocupación excesiva (anticipación aprensiva), que se produce durante más días de
los que ha estado ausente durante un mínimo de seis meses, en relación con diversos sucesos o
actividades (como en la actividad laboral o escolar).
B. Al individuo le es difícil controlar la preocupación.
C. La ansiedad y la preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (y al
menos algunos síntomas han estado presentes durante más días de lo que han estado ausentes
durante los últimos seis meses):
Nota: En los niños, solamente se requiere un ítem.
1. Inquietud o sensación de estar atrapado o con los nervios de punta.
2. Fácilmente fatigado.
3. Dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en el blanco.
4. Irritabilidad.
5. Tensión muscular.
6. Problemas de sueño (dificultad para dormirse o para continuar durmiendo, o sueño
inquieto e insatisfactorio).
D. La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos causan malestar clínicamente significativo o
deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
E. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga,
un medicamento) ni a otra afección médica (p. ej., hipertiroidismo).
F. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental (p. ej., ansiedad o preocupación de
tener ataques de pánico en el trastorno de pánico, valoración negativa en el trastorno de ansiedad
social [fobia social], contaminación u otras obsesiones en el trastorno obsesivo-compulsivo,
separación de las figuras de apego en el trastorno de ansiedad por separación, recuerdo de
sucesos traumáticos en el trastorno de estrés postraumático, aumento de peso en la anorexia
nerviosa, dolencias físicas en el trastorno de síntomas somáticos, percepción de imperfecciones en
el trastorno dismórfico corporal, tener una enfermedad grave en el trastorno de ansiedad por
enfermedad, o el contenido de creencias delirantes en la esquizofrenia o el trastorno delirante).
2. Depresión
La depresión es una enfermedad en donde la sintomatología puede ser sumamente variada, sin
embargo, tiene un síntoma central, este es la alteración del ánimo. Además, suele haber
sentimientos como pena, estar malhumorado, angustia o crisis de pánico, lentificación motora y
caída de rendimiento en algunas funciones psíquicas y cognitivas, tendencia al aislamiento,
desmotivación, apatía, abulia, dificultad para disfrutar, desesperanza, inhibición motora, hipotonía
y pensamientos negativos. En algunos casos de depresión mayor puede existir presencia de
delirios.
Por otra parte, es posible que se presente una sintomatología somática diversa, esto
correspondiendo a las alteraciones orgánicas al momento de experimentar una depresión. Estas se
desarrollan como una crisis o como alteraciones de carácter. En caso de una depresión leve, el
interés por el ambiente alrededor de uno y la integración tiende a disminuir o incluso anularse por
momentos, mientras que en una depresión mayor hay una adecuación formal muchas veces
exagerada hacia las expectativas y las exigencias del medio, al igual que una hiper responsabilidad
la cual surge del control y la culpa (Contreras, 2013).
Campuzano y Martínez (2014), explican que existe cierta popularidad al pensar que los trastornos
psicosomáticos se originan de la depresión ya que una terapia diseñada para la depresión los alivia
y hace que el dolor desaparezca. La teoría sobre esta perspectiva se expresa de la siguiente
manera: la depresión es una alteración cerebral que provoca cambios afectivos, o sea,
básicamente cambios emocionales, lo que se relaciona con el hecho de que provoca cambios
fisiológicos periféricos que comienzan a provocar un síntoma físico. Un individuo deprimido no
encuentra alrededor suyo algún estímulo que justifique el cómo se siente y esto produce en él una
respuesta de ansiedad que puede aumentar el síntoma. Bajo este mismo ciclo se han desarrollado
algunas enfermedades que para el médico, son inexplicables, por ejemplo, hipertensión a inicio de
un trastorno intestinal de tipo dispéptico, dolores en distintas áreas del cuerpo, entre otros, que
tienen otra explicación más que de un trastorno depresivo. También se ha hallado que la
depresión está relacionada con cambios o alteraciones en la inmunidad celular. Algunos datos
muestran evidencia que los efectos adversos de la depresión sobre la inmunidad pueden
encontrarse mediados por trastornos del sueño que se desarrollan en depresión.
2.1. Depresión según el DSM-5
El DSM-5 presenta los criterios diagnósticos para el trastorno de depresión mayor:
A. Cinco (o más) de los síntomas siguientes han estado presentes durante el mismo período de dos
semanas y representan un cambio del funcionamiento previo; al menos uno de los síntomas es (1)
estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o de placer.
Nota: No incluir síntomas que pueden atribuir claramente a otra afección médica.
1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende
de la información subjetiva (p. ej., se siente triste, vacío, sin esperanza) o de la
observación por parte de otras personas (p. ej., se le ve lloroso). (Nota: En niños y
adolescentes, el estado de ánimo puede ser irritable).
2. Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la
mayor parte del día, casi todos los días (como se desprende de la información subjetiva o
de la observación).
3. Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso (p. ej., modificación de
más del 5% del peso corporal en un mes) o disminución o aumento del apetito casi todos
los días. (Nota: En los niños, considerar el fracaso para el aumento de peso esperado).
4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
5. Agitación o retraso psicomotor casi todos los días (observable por parte de otros; no
simplemente la sensación subjetiva de inquietud o de enlentecimiento).
6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
7. Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante)
casi todos los días (no simplemente el autorreproche o culpa por estar enfermo),
8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi
todos los días (a partir de la información subjetiva o de la observación por parte de otras
personas).
9. Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes
sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.
B. Los síntomas causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras
áreas importantes del funcionamiento.
C. El episodio no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o de otra afección
médica. Nota: Los criterios A-C constituyen un episodio de depresión mayor. Nota: Las respuestas
de una pérdida significativa (p. ej., duelo, ruina económica, pérdidas debidas a una catástrofe
natural, una enfermedad o discapacidad grave) pueden incluir el sentimiento de tristeza intensa,
rumiación acerca de la pérdida, insomnio, pérdida del apetito y pérdida de peso que figuran en el
Criterio A, y pueden simular un episodio depresivo. Aunque estos síntomas pueden ser
comprensibles o 18 considerarse apropiados a la pérdida, también se debería pensar atentamente
en la presencia de un episodio de depresión mayor además de la respuesta normal a una pérdida
significativa. Esta decisión requiere inevitablemente el criterio clínico basado en la historia del
individuo y en las normas culturales para la expresión del malestar en el contexto de la pérdida.
D. El episodio de depresión mayor no se explica mejor por un trastorno esquizoafectivo,
esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, trastorno delirante, u otro trastorno especificado o
no especificado de espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.
E. Nunca ha habido un episodio maníaco o hipomaníaco.
Nota: Esta exclusión no se aplica si todos los episodios de tipo maníaco o hipomaníaco son
inducidos por sustancias o se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de otra afección médica.
3. Obsesión
Belloch (citado por Rey, 2013), menciona el origen etimológico del término obsesión. Este se
deriva del vocablo latino absessio-onis, esto significa asedio. Asedio da a entender una lucha y
resistencia contra una fuerza exterior que puede resultar en agotamiento y el rendirse al final. De
igual manera, Barrios (citado por Rey, 2013), quien define a un estado obsesivo como un
fragmento de la conducta que se caracteriza por una repetición excesiva, un contenido anómalo y
una resistencia por parte del individuo quien se encuentra afectado. Entonces se puede decir que
estos son pensamientos sumamente repetitivos y molestos los cuales generan en el sujeto un
grado de malestar lo que lleva a ciertas conductas. A menudo la obsesión rompe y paraliza el flujo
cotidiano o lo que se considera normal de un sujeto. El concepto obsesión está fuertemente ligado
al trastorno obsesivo compulsivo (TOC), siendo las obsesiones, junto a las compulsiones, los
síntomas principales de este trastorno.
3.1. Obsesión según el DSM-5
A continuación, se presenta la definición de obsesión encontrada en el trastorno obsesivo-
compulsivo en el DSM-5:
• Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan, en
algún momento durante el trastorno, como intrusas no deseadas, y que en la mayoría de los
sujetos causan ansiedad o malestar importante.
• El sujeto intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o
neutralizarlos con algún otro pensamiento o acto (es decir, realizando una compulsión).
4. Impulsividad
La impulsividad se considera como el actuar rápido de una manera que no fue premeditada
debido a una conciencia deficiente de las consecuencias de las mismas.
Son todas aquellas conductas que se definen por la búsqueda del refuerzo positivo, así como la
evitación activa de la frustración. En otras palabras, al ser impulsivo no se atiende a todas las
opciones disponibles al momento de la toma de decisiones. Se puede definir de esta misma
manera, tres mecanismos subyacentes que explican los distintos comportamientos impulsivos:
una alta sensibilidad ante las recompensas, el actuar rápido sin una planificación previa y por
último, el comportamiento compulsivo en búsqueda del alivio frente a la tensión o el estrés
(Squillace, Janeiro, y Schmidt, 2011).
Cuyas y Campanella (2013), explican como la fuerza básica que se conoce como fuerza impulsora o
un impulso, también se conoce como compulsión. Esta se canaliza en la conducta del individuo
siendo irresistible, especialmente cuando permanece inconsciente. Es un acto no consciente
repetitivo para escapar de los miedos.
Orozco, Barratt y Buccello (citados por Squillace, Janeiro & Schmidt, 2011), para hablar de cómo
los individuos con alta impulsividad pueden ser analizados en dos niveles, en un nivel conductual y
a un nivel social. En el nivel conductual, se puede observar una sensibilidad reducida a
consecuencias aversivas que se desencadenaron por sus propios actos, así como una elevada
velocidad de reacción que no deja un buen procesamiento de la información, tanto en estímulos
externos como en estímulos internos. En el nivel social, se puede llegar a comprender la
impulsividad como una conducta la cual es desarrollada en el entorno familiar en que el niño ha
aprendido a reaccionar de una manera veloz para obtener lo que desea. Dicha conducta implica
distintos riesgos y el sujeto no considera consecuencias para sí mismo ni para otras personas
involucradas.
El DSM-5 no ofrece una definición específica de impulsividad, pero realiza una descripción de
posibles comportamientos impulsivos en relación con algunas enfermedades mentales,
enfocándose en el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad/impulsividad. Otras
patologías relacionadas son el juego patológico: las compras compulsivas y las adicciones en
general, trastornos alimenticios, conductas hipersexualizadas y promiscuidad, la agresión reactiva
y algunos trastornos de la personalidad como la histriónica, limítrofe y antisocial (Sánchez, Giraldo
& Quiroz, 2013).
5. Estrés
Según González (2014), el estrés se puede definir como una situación que desencadena un
desequilibrio entre demandas internas/externas, las características personales y los recursos
percibidos para hacerle frente a dicha situación. Los seres humanos conviven con el estrés como
un estímulo constante, el cual se ha transmitido a posteriores generaciones, por lo que el estrés
también se puede entender como un fenómeno con características adaptativas necesarias para la
supervivencia. De acuerdo al modelo biopsicosocial, el estrés es un proceso complejo y dinámico
que se desencadena por la percepción de una amenaza relevante hacia la integridad de un
individuo, que tiene como objetivo recuperar el equilibrio homeostático perdido y posibilitar el
desarrollo de la competencia individual, al igual que mejorar la habilidad para adaptarse al medio.
Ante una misma situación, personas diferentes pueden percibirla como estresante o no, esto
depende de las características y recursos personales del individuo, además de los recursos del
ambiente de los que disponga a defenderse. Cuando determinados estresores se repiten con una
alta frecuencia, puede conllevar a un aumento de estrés por encima del promedio, convirtiéndose
entonces en un factor de riesgo para la salud del individuo (Aparicio, 2014).
5.1. Estresores
Se conoce como estresor, al estímulo que provoca una respuesta de estrés. Se pueden considerar
dos tipos de estresores para empezar, los psicosociales y los biológicos. Los estresores
psicosociales son definidos como la evaluación cognoscitiva que la persona realiza de ellos. Los
estresores biológicos son definidos por sus características bioquímicas, estas son capaces de iniciar
una respuesta de estrés sin crear alguna actividad cognoscitiva (Campuzano & Martínez, 2014).
Desde un punto de vista psicosocial, los factores estresantes se pueden llamar “sucesos vitales”, lo
cual significa que son las circunstancias que requieren que un sujeto cambie su rutina diaria.
También se puede definir como experiencias objetivas que llegan a ser una amenaza de la
actividad habitual de un sujeto y crean un reajuste para el individuo.
Se pueden identificar tres categorías distintas de estresores:
• Sucesos vitales altamente traumáticos: eventos fuera de lo normal, como desastres naturales.
• Sucesos vitales mayores: sucesos relativamente usuales y hasta normativos en el transcurso de
vida de un sujeto, no todos son traumáticos, como una promoción laboral, matrimonio o el
nacimiento de un hijo. Otros si pueden ser traumáticos, como la muerte de alguien cercano o
sufrir un accidente automovilístico.
• Micro eventos o sucesos vitales menores: Estos son problemas de menor gravedad, los cuales
ocurren a diario. También se conoce como molestias diarias.
• Estresores ambientales: estos no son juzgados como sucesos vitales, ya que se refieren al
contexto socio físico. Algunos ejemplos serian el tráfico, la contaminación o el ruido. Estos tienen
un alto efecto en el funcionamiento fisiológico y psicológico de la persona (Campuzano &
Martínez, 2014).
6. Autoestima.
La autoestima es considerada como un punto de partida para el desarrollo del auto concepto o
el concepto que cada persona tiene de uno mismo, las creencias que el individuo tiene sobre sus
propias características psicológicas, físicas, afectivas, sociales e intelectuales. Esto es una
formación importante para el entorno de una persona y cómo se comporta en él, incluyendo la
responsabilidad personal, la salud propia, la creatividad, el aprendizaje y las relaciones humanas.
El tener una autoestima baja, afecta a varias dimensiones, ya que la autoestima es esencial para la
vida personal, social y profesional. Otro componente que se necesita tener en cuenta es la
información que se recibe de otras personas por parte del medio que se les rodea, sobre su
rendimiento o resultados, los cuales influyen fuertemente a una persona (Iniesta, Martínez &
Mañas, 2014).
Pereira (2011), comenta que la autoestima es desarrollada desde la interacción humana, donde
los individuos se consideran de más importancia uno que el otro. El yo va creciendo mediante el
éxito, los reconocimientos y pequeños logros. Pereira explica la opinión de la autoestima por
Maslow, quién dice que los sujetos que no han desarrollado un alto nivel de autoestima, en
realidad nunca llegan a autorrealizarse. Existen dos tipos de autoestima, según Maslow, la propia y
la que viene de otros individuos. Los dos tipos de autoestima, se encuentran en su jerarquía de
necesidades, donde se ubica por encima de las necesidades fisiológicas, las de seguridad personal
y
las de amor y pertenencia.
Mézerville (citado por Pereira 2011), divide la autoestima por diferentes aspectos
interrelacionados, los cuales denomina como el proceso de la autoestima. Dicho proceso contiene
dos dimensiones, una dimensión actitudinal inferida integrada y una dimensión conductual
observable. La dimensión actitudinal inferida contiene tres componentes, la autoimagen, la
autovaloración y la autoconfianza; y la dimensión conductual se integra por otros tres aspectos: el
autocontrol, la autoafirmación y la autorrealización.
Se manifiesta la versión patológica de una autoestima baja por medio de una actitud de
desprecio hacia uno mismo, que se vincula con acciones conscientes e inconscientes de
autodestrucción. De tal manera, la persona que se autodesprecia, aun cuando logre distintas
metas que en teoría podrían hacer al individuo feliz, renunciara a la felicidad con
comportamientos autodestructivos, pues no se siente digno de ser feliz.
García (citado por Pereira, 2011), comenta algunas actitudes habituales de una baja
autoestima:
• Autocrítica severa y en exceso que mantiene a un individuo sin satisfacción alguna consigo
mismo.
• Hipersensibilidad ante la crítica, por lo que siente exageradamente atacado o lastimado;
descarga de culpa ante sus fallas a los otros individuos o a las situaciones y cultivando
resentimiento contra sus críticos.
• Tendencias defensivas, incompetencia hacia el gozo de vivir y de la vida misma, negativismo
generalizado.
• Irritabilidad u hostilidad, al borde de explotar por motivos de poca importancia, todo le
disgusta, nada le satisface.
• Culpabilidad neurótica, se culpa y se condena por conductas objetivamente incorrectas.
Exagera sus errores o se lamenta en exceso por ellos, nunca se llega a perdonar por completo.
• Autoexigencia y perfeccionismo esclavizador, deseos de hacer perfectamente todo lo que se
intenta y se desmorona cuando las cosas no salen con la perfección exigida.
• Una necesidad innecesaria por complacer a los demás, no se atreve a decir que no, tiene pavor
a desagradar y perder la buena opinión de otros.
• Indecisión crónica, temor exagerado a equivocarse.