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Historia del Hipnotismo y lo Sobrenatural

El documento resume brevemente la historia del magnetismo y los fenómenos hipnóticos a lo largo de la historia, desde la antigüedad hasta la época moderna. Menciona cómo sacerdotes, brujas y poseídos exhibían fenómenos como catalepsia, letargía y adivinación que ahora se atribuyen a la hipnosis. También describe brevemente las poseídas de Vervins, Louviers y Loudun y cómo mostraban síntomas hipnóticos.

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Historia del Hipnotismo y lo Sobrenatural

El documento resume brevemente la historia del magnetismo y los fenómenos hipnóticos a lo largo de la historia, desde la antigüedad hasta la época moderna. Menciona cómo sacerdotes, brujas y poseídos exhibían fenómenos como catalepsia, letargía y adivinación que ahora se atribuyen a la hipnosis. También describe brevemente las poseídas de Vervins, Louviers y Loudun y cómo mostraban síntomas hipnóticos.

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SURGEON GENERAL’S O

[Link]
ESTUDIO DE ESTA CIEN
extractado* délas obras de
Mesmer, Bu Potet, Georget, Durvillo, Braid, Yelpe
Demarquay-Teulon, Charcot, Richet,
Lióbault, Bernheim, Beaunis, Callerr©, Bórill
y otros modernos liipnotislas,
POR

yiCTor\ jVL Ye^egas.

Escalerillas números 11 y 14.

1S88
INTRODUCCION
La historia de lo maravilloso es, como
dice un profesor, la historia de los gran¬
des errores de la humanidad. Mientras
haya algo inexplicable; mientras la cien¬
cia no logre sorprender á la naturaleza
sus arcanos; mientras para el pobre sér hu¬
mano—átomo perdido en el infinito—exis¬
ta algo desconocido, lo maravilloso tiene
por fuerza que imponerse á su razón; y á
medida que mayor sea su ignorancia so¬
bre las leyes que rigen determinado or¬
den de fenómenos, mayor será su creencia
en lo sobrenatural, más grande su apego
á lo maravilloso y más marcada esa ten¬
dencia á explicarse por fantástica manera
lo que motiva su asombro, su espanto ó su
admiración.
En esta especie de atracción que la hu¬
manidad siente hacia lo sobrenatural, de¬
bemos buscar el origen del respeto supera-
ticioso á los oráculos, sibilas y taumatur¬
gos de la antigüedad; á los alquimistas,
mágicos y quirománticos de la edad me¬
dia; y de la creencia en brujas y hechice¬
rías de la moderna. En ella también debe¬
mos encontrar la causa—para no desviar¬
nos de la cuestión que motiva el presente
trabajo—de la admiración, no siempre ex-
centa de terror, que los fenómenos hipnó¬
ticos, el sueño provocado, la catalepsia, la
doble vista, las alucinaciones, la trasmi¬
sión del pensamiento á distancia y la adi¬
vinación de 'pensamiento, han ocasionado
entre la mayoría del público, ignorante
respecto de las leyes que presiden al géne¬
sis y desenvolvimiento de éstos, por más
de un concepto admirables fenómenos.
No poseemos la presunción de creernos
capaces de hallar una explicación satisfac¬
toria de todos ellos; es más: de antemano
confesamos nuestra insuficiencia; y si aho¬
ra—aunque sobrecogidos del natural te¬
mor que infunde el conocimiento de nues¬
tro ningún valer—abordamos materia tan
delicada, es más con el objeto de desper¬
tar la atención del público ilustrado hacia
el conocimiento de los fenómenos que cons¬
tituyen la ciencia hipnótica, que con el fin
de enseñar á nadie, para lo cual, lo repeti¬
mos, no tenemos ninguna autoridad, en
vista de nuestra inferioridad reconocida.
Simples cronistas, nos limitaremos á rese¬
ñar, cuanto de notable ofrezca este intere¬
sante estudio.
Que el hipnotismo es un hecho, no cree¬
mos tener necesidad de demostrarlo. Cuan¬
do hombres tan ilustres en la ciencia mé¬
dica como Braid, Bernheim, Preyer, Hei-
denhaiden, Despine, Bal], Chambart, Ri-
cher, Charcot, Beaunis, Cullerre y tantos
otros cuyo solo nombre es garantía de
acierto, han elevado al rango de ciencia
el estudio de tales fenómenos; cuando fi¬
lósofos como por ejemplo, Paul Janet,—
nada sospechoso en punto á materialismo
—afirman que «el hecho de la sugestión
hipnótica es, sin duda, uno de los hechos
más ciertos y mejor probados» 1 y desde
Braid hasta Charcot, una serie no inte¬
rrumpida de hombres de ciencia han ex¬
perimentado y comprobado durante cerca
de 40 años los fenómenos del sueño nervio¬
so, creyéndose obligados á ponerlos en evi¬
dencia, reproducirlos y explicarlos; sería
1 P. Janet.— Une chaire depsychulogíe.—“Revue
de deux mondes”—Abril de 1888.
absurdo creer, ó que todos se habían en¬
gañado de la manera más grosera, ó, lo
que es más difícil, que todos ellos se ha¬
bían confabulado para sostener una su¬
perchería.
No menos absurdo sería suponer que
todos los individuos puestos en sonambu¬
lismo, entre los cuales se cuentan personas
ilustradas, tales como eclesiásticos, profe¬
sores, estudiantes , etc., se hubieran pres¬
tado á una farsa ridicula; y realmente se
necesitaría ser muy miope—intelectual¬
mente hablando—para querer, ante la evi¬
dencia de los hechos, aventurar aún una
negación.
Probado que el hipnotismo existe, trata¬
remos de definirlo, de demostrar las dife¬
rencias radicales, en cuanto á método, en¬
tre éste y el magnetismo y de explicar la
naturaleza de sus múltiples y admirables
fenómenos; pero antes no nos parece fuera
de oportunidad hacer, aunque sea á vuela
pluma y tal como lo permite la índole de
ese trabajo, la historiografía de los hechos
más notables, ocurridos en diversas épocas
y que por su sobrenaturalidad—pase la pala¬
bra—han caido bajo el dominio de lo ma¬
ravilloso. Queremos demostrar, en el curso
— 17-

de este tabajo, que lo sobrenatural, tal


como lo entiende el vulgo, no existe; y
que la ciencia, aun sin haber logrado pe¬
netrar todos los secretos de esós perpetuos
enigmas, la psicología y la fisiología, cuen¬
ta con elementos bastantes para derribar el
templo que la ignorancia, la superstición
y la mala fé de consuno han levantado á
LO SOBRENATURAL.
—8.

CAPITULO I.
UNA EXCURSIÓN POR LOS CAMPOS DE LA
HISTORIA.

El magnetismo en la antigüedad.—MagoB, hiero-


faEtes y hechiceros.—Los sacerdotes caldeos y las
sibilas griegas y romanas —Letargía, catalepsia y
sonambulismo.—Las poseidas de Yervins, Louviers
y Loudun.—Los fakires de la ludia.—Los hechice¬
ros árabes—Jacolliot, Rcssi y Figuier.—Prácticas
imposibles.—La cuna del hipnotismo.

Cuenta Dn Potet1 que á principios de es¬


te siglo existió una sonámbula magnética en
Wurtemberg, que veía en el ojo derecho de
un hombre la imagen de un segundo él; en
una burbuja de jabón ó en un vaso de agua
magnetizada, las personas ausentes y los
acontecimientos venideros; leía palabras co-
1 Du Potet. Traité completdu magnetisme animal.
París, 1883.
— —9
locadas sobre su vientre, distinguía sus órga¬
nos interiores y los de los demás, y por medio
de pases magnéticos curaba multitud de en¬
fermedades. Todo esto lo producía, en virtud
del agente que los magnetizadores llaman
fluido magnético.
El mismo autor cree poder afirmar que el
uso de los amuletos y talismanes, que se re¬
monta á los más lejanos tiempos, deriva del
magnetismo. Los magos, los hierofantes, los
lamas, los brahmines y los druidas, cuando
empleaban sus varas, bastones y flechas, pro¬
ducían efectos magnéticos.
Igualmente magnética era la curación de
las enfermedades que operaban los hechice¬
ros, y magnética también, la facultad de adi¬
vinación de los sacerdotes caldeos y las sibi¬
las griegas y romanas.
El “delirio fatídico” de que habla Virgi¬
lio, 1 no era más que el dios se apoderaba
de las sibilas y hablaba por su boca.
“Con la aparición del Cristianismo2 el
éxtasi 8 profético se alejó de los templos aban¬
donados; los dioses cesaron de inspirar á las
pitonisas; pero el Diablo recogió la sucesión,
1 Eneida.—Libro IV.
2 Magnetismo et hipnotismo por A. Cullerre, Pa¬
rís, 1888.
— 10—
y apoderándose del cuerpo de los hechiceros,
estrigos (de striga, pájaro nocturno) y reli¬
giosas, desarrolló en ellos facultades sobre¬
naturales/* 1
Del siglo XII al XVI, según cuenta Ri-
che-t,1 el culto al diablo hizo rápidos pro¬
gresos. Hechiceros y brujas se multiplicaron
de tal manera en Francia, que en 1600 había
cerca de 300,000. Creían en la virtud mági¬
ca de fórmulas, ungüentos y plantas, y fro¬
tándose el cuerpo con cierta pomada de su
composición, caían en catalepsia.
El monje Delpine habla de una especie
de letargía de que eran atacados algunos he
chiceros, que permanecían en sus lechos ho¬
ras y aun días enteros, como muertos, jurando
al despertar que habían asistido á sus sába¬
dos. La poseida Fellée, que cuando la terri¬
ble persecución á los hechiceros en Francia,
fue atormentada, afirmaba que durante su
permanencia en el potro, no había experi¬
mentado el más ligero dolor; y se cita otro
hecho, ocurrido también en Francia, de una
hechicera que, sujeta á la tortura en 1639,
mientras le quemaban las piernas, se puso á
hablar lenguas desconocidas, concluyendo
por quedar sumida en sueño letárgico.
1 Cario» Richet. L’homme el la intelligence.
— 11-

Ciertos licántropos quedaban varías veces


en estado de muerte aparente.
En 1491 las monjas de Cambrai, citadas
por Calmeil, eran acometidas de extraños ata¬
ques de alucinación, durante los cuales adivi¬
naban las cosas ocultas y predecían el porve¬
nir. Ferrel, á su vez, cita el hecho de algunas
maniacas que tenían el privilegio de leer en
el pasado y adivinar las cosas ocultas.
Siete extáticas que fueron juzgadas y que¬
madas vivasen Nantes, en 1549, y cuya in¬
movilidad había durado varias horas, 'se ala¬
baron de conocer lo que había acontecido en
la ciudad y sus aliededores mientras les du¬
raron sus accesos.
La posesión del demonio (?) producía acci¬
dentes nerviosos de todo género. En una
obra muy curiosa y extremadamente rara en
la actualidad, 1 escrita á fines del siglo XVII
por un fraile franciscano, se cuentan detalla¬
damente las hazañas de un íncubo. De una
mujer que le oponía resistencia se vengaba
provocándole crisis nerviosas, y produciéndo¬
le en el cuerpo equimosis y contusiones.
nNicolasa Obry, la poseida de Vervins
(1566), que caía en letargía después de sus
1 De Dmiinmlilate et incubis eí succubis, por el
Rev. Padre Ludovico María Sinistrari de Ameno.
— 12—
ataques, predecía la hora exacta en que le
repetirían sus accesos futuros. Sor Catalina,
religiosa de Chalons, presentaba, cuando era
exorcisada, todos los síntomas letárgicos, lo
mismo que las religiosas de Louviers (1642)
y las poseídas de Loudun. 1
uSor María del Espíritu Santo, la poseída
de Louviers, fue encontrada atiavesada sobre
el brocal de un pozo, enteramente catalépti-
ca. En el hospicio de niños abandonados de
Hoorn estalló en 1673 una epidemia de de-
monopatía; durante ella los alumnos perma¬
necían horas enteras en estado de absoluta
rigidez cadavérica, n 2
Todos estos fenómenos, y aun otros más
maravillosos, afirman los magnetizadores que
pueden producirse por el fluido 'magnético.
Las prácticas délos exorcistas, dicen, no eran
en suma sino magnetismo puro. Gon la im¬
posición de manos, saturaban de fluido al su¬
jeto exorcisado; y con las bendiciones sobre
determinado miembro, que no eran más que
pases, dirigían el fluido al lugar donde debía
producirse el fenómeno,
Los hipnotizadores; que no creen en la efi¬
cacia del fluido, explican estos fenómenos por
1 De la folie. Calmeil.
2 Hisioire des diables. Calmeil,
— 13—
la influencia de la sugestión ó autosugestión,
procedimientos de los cuales hablaremos á
su tiempo y lugar.
No sólo en Europa se han producido los
maravillosos fenómenos de que tan ligera¬
mente hemos hablado. Hace más de 2000
años que los Fakires y los Djuigs de la India
han practicado lo que bien pudiéramos lla¬
mar el hipnotismo moderno. Mirándose algu¬
nos momentos la punta de la nariz caían en
estado de catalepsia y tomaban posturas im¬
posibles—si vale el término—con las cuales
maravillaban á la muchedumbre.
Ciertos viajeros, y especialmente Jacolliot,
cuentan á este respecto cosas verdaderamente
inconcebibles, que si no fuera porque están
comprobadas por respetables autoridades, pa¬
recerían parto de una imaginación calentu¬
rienta ó producciones, puramente fantásticas,
de un viajero de buen humor.
El Dr. Rossi, del Cairo, afirma que desde
hace 40 siglos existe en Egipto una secta cu¬
ya profesión no es más que una mezcla de
hechicería é hipnotismo. Sus individuos usan
por lo común, para sus prácticas, de una ser¬
villeta, en el centro de la cual dibujan dos
triángulos, cruzados entre sí, llenando el cen-
—14—
tro vacío de esta figura geométrica, con pala¬
bras cabalísticas.
(•Eligen por lo común para sus experimen¬
tos—dicen dos respetables autores *—á un
sujeto joven al que hacen fijar la vista en
el centro de los triángulos cruzados. Cuatro
ó cinco minutos después experimenta el su¬
jeto los siguientes efectos: empieza á ver un
punto negro sobre la servilleta, y llega á tal
grado de alucinación, que adquiere en mu¬
chos casos una lucidez tan extraordinaria co¬
mo la de los magnetizados, n
Los hechiceros árabes y los morabitas ma¬
rroquíes, emplean, según el doctor Pietra San¬
ta, análogos procedimientos. Sobre la palma
de la mano del sujeto hipnotizable, marcan un
punto negro con alguna sustancia colorante.
Haciéndole fijar la mirada sobre este punto le
provocan el sueño y la insensibilidad. Los
marroquíes colocan sobre una mesa una bote¬
lla con agua y detrás de ésta una lámpara en¬
cendida. El sujeto, colocado á cierta distan¬
cia, se duerme con la fijación de la mirada en
el punto luminoso, produciéndosele á menu¬
do la más completa anestesia.
Más maravilloso aún es lo que cuenta FJ-
1 Demarquay y Giraud Te alón .--Recherches
mr Phypnotisme.— París.
— 15—
guier 1 que acontece en Constantina entre
la tribu de los Beni-Aiausas. Con el sólo
sonido reiterado de un tamboril, á la vez que
el movimiento vertical y lateral de la cabeza
y del tronco, la banda, que en número de do¬
ce individuos se reúne á practicar estos ejer¬
cicios, en poco menos de 20 minutos se hip¬
notiza, produciéndose entonces entre los que
la forman, fenómenos epiletiformes, durante
los cuales la anestesia es absoluta, como lo
prueba el hecho de que durante este período,
andan sobre hierro enrojecido, tragan vidrio
machacado y se atraviesan los tegumentos
con puñales, actos que ejecutan todos ellos
hasta quedar sumergidos en un profundo
sueño.
Hasta aquí lo que pudiéramos llamar el
período prehistórico y fabuloso del magnetis¬
mo é hipnotismo. En el capítulo siguiente
hablaremos del magnetismo elevado al ran¬
go de doctrina.

1 Luía Figuier.—Histoire du merveilleux-—Pa¬


ria, 1881.
16—

CAPITULO II.

EL MAGNETISMO DOCTRINARIO.

Los predecesores de Mesmer. — Greatrakes y Gass-


ner.—Sus maravillas.—Su método curativo.—Mes¬
mer.—Su teoría.—Sus fracasos y sus triunfos.—
Desion y los médicos magnetizadores.—Las So¬
ciedades de la armonía.—Franklin, Laurent de
Jussieu, Lavoissier y De Bailly.—Sus trabajos
contra el magnetismo.—Barbarin.—El Dr. Póte-
tin y su teoría. ^-Puységur y el sonambulismo.—
Deleuze El abate Faria,—Bertrand, Geoiget y
Cloquet.—Du Potet.—Aceptación del magnetismo
por la Academia de Ciencias.—El informe de
Husson. "-Nuevos fracasos. —El magnetismo mo¬
derno. — La polaridad humana. — Teoría de
Durville.

El período formal del magnetismo, su


historia verdadera como ciencia experimen¬
tal, comienza con Mesmer á quien se debe
la primera teoría respecto del fenómeno, su
vulgarización y hasta el nombre, en verdad
poco apropiado, de magnetismo animal. An¬
tes de ocuparnos en examinar la nueva doc¬
trina, justo nos parece referirnos á los traba¬
jos de Greatrakes y Gassner, predecesores in¬
mediatos del médico vienés y de quienes su¬
ponen muchos, tomó éste las prácticas y fór¬
mulas de que después hizo uso.
Valentín Greatrakes, irlandés, era militar.
Un día, en 1662, supo por una revelación
que tenía la facultad de curar los lamparo¬
nes. Ensayó su poder en algunos escrofulo¬
sos, los tocó y los curó. Algunos años más
tarde, por medio de otras revelaciones, supo
que podía curar la fiebre, las heridas, las úl¬
ceras, la hidropesía y otra multitud de enfer¬
medades. Bien pronto su reputación de cu¬
randero fué universal; su paso por las pobla¬
ciones era señalado por una no interrumpida
série de victorias y su camino un verdadero
paseo triunfal. Refiriéndose á él y á su ému¬
lo Gassner, escribe uno de los autores que
más extensamente han hablado del magne¬
tismo: 1
"Greatrakes y Gassner curaron multitud
de enfermos, cuyas curaciones están atesti¬
guadas por una infinidad de médicos. Todas
1 Du Putet. Historie du magnetísme¿

HIPNOTISMO.—2
— 18—

*nu curaciones puede asegurarse que no reco¬


nocen otra causa que el magnetismo ani¬
mal."
Por lo demás el método de Greatrakes era
bien sencillo: consistía en pases del centro
del lugar afectado á las extremidades, con el
objeto, decía, de expulsar el mal.
"Tan rápido era á veces el efecto, que yo
—dice un escritor de su tiempo—be visto
personas curadas como por encanto. Estas
curaciones no me indujeron á creer que hu¬
biese nada de sobrenatural. El mismo tam¬
poco lo pensaba,y su manera de curar prueba
que en ello no había milagro. Parece que se
escapaba de su cuerpo una influencia salu¬
tífera." 1
Gassner, un siglo después, producía en Sua-
bia los mismos fenómenos que Greatrakes en
Inglaterra. Unicamente que, como era sacer¬
dote, añadió á sus curaciones ciertas prácti¬
cas religiosas. Empezó á ejercer su facultad
curativa entre sus feligreses; pero bien pron¬
to se extendió de tal manera su reputación,
que no sólo de Suabia sino de Suiza y el Ti-
rol acudían en su busca. Hubo vez, en Ra-

V1 L. Figuier. Histoíre du Merveilleux dans les


temps mode?'nes.
—19—

tisbona, que pasaban de 10,000 los enfermos


acampados al rededor de la ciudad, esperan¬
do su turno para la curación. Su método te¬
rapéutico era semejante al de Greatrakes.
"No creemos preciso insistir mucho—dice
Figuier en la obra ya citada—para demostrar
que en estos exorcismos de Gassnar no ha¬
bía otra cosa que manipulaciones magnéti¬
[Link] mismo Mesmer lo ha recono¬
cido así."
Precisamente cuando Gassner estaba más
en boga, Antonio Mesmer, doctor en medi¬
cina de la facultad de Viena, y compatriota
de aquel, inventaba la teoría que tanto ruido
había de hacer en el mundo. La base del
sistema de Mesmer era la existencia de un
fluido universal, regido por leyes mecánicas
desconocidas y, animado de movimientos más
ó menos generales y complicados. Este fluido
imponderable, repartido por todas partes, sus¬
ceptible de propagar, recibir y comunicar to¬
das las impresiones del movimiento, hace
sentir su acción alternativa sobre los
séres vivos, insinuándose en la sustancia de
los nervios y manifestándose en los cuerpos,
por propiedades análogas á las del imán.
"Distínguense en él 1 polos igualmente
1 A. Mesmer. Memoires tt aphorismes. \
— 20—
diversos y opuestos que pueden ser cambia¬
dos, comunicados, destruidos y reforzados."
Parece que el empleo de placas imantadas
para la curación de ciertas enfermedades, que
hizo en unión de un jesuíta, el padre Hell, fí¬
sico distinguido, lo puso en camino de descu¬
brir su famosa teoría.
"La propiedad del cuerpo animal—dice en
sus aforismos—que le hace susceptible de la
influencia de los cuerpos celestes y de la ac¬
ción recíproca de aquellos que le rodean,
manifestada por su analogía con el imán, me-
ha determinsdo á llamarla magnetismo ani¬
mal. ti
El teatro de sus primeros ensayos fue Vie-
na. Bien pronto la fama de sus triunfos alar¬
mó á la facultad de medicina que, conside¬
rándolo un charlatán, le hizo notificar qué ó
explicaba satisfactoriamente su método cura¬
tivo ó lo abandonaba en definitiva. En 1778 fue
á Patís donde si respecto á la ciencia oficial
fue tan poco afortunado como en Viena, no su¬
cedió lo mismo entre el público y aun entre
algunos doctores de esa facultad, que se de¬
clararon ardientes partidarios de su sistema,
qne en pocos meses alcanzó un éxito mara¬
villoso.
Desion, regente de dicha facultad, fué uno
— 21'
de los primeros y más entusiastas partidarios
del sistema, tornándose de colaborador, en
rival de Mesmer. El ejemplo de Desion fuó
seguido por otros de sus compañeros, y bien
pronto se llegaron á contar más de 30 médi¬
cos magnetizadores. Fundóse una sociedad
de adeptos bajo el nombre de Sociedad de
la ai monta que no tardó en ver engrosar sus
filas por lo más selecto de la sociedad pari¬
siense.
A pesar del escandaloso entusiasmo provo¬
cado por las doctrinas de Mesmer, la Facul¬
tad de París no dio, como dejamos dicho, su
sanción oficial al sistema; antes bien, des¬
pués de acusar violentamente á Desion de
haber faltado al honor y reglamentos profe¬
sionales, nombró una comisión para que
asociada á otra de la Academia de Ciencias,
dictaminase sobre él magnetismo. La comi¬
sión, entre cuyos miembros se contaban per¬
sonas tan respetables como Franklin, Láurent
de Jussieu, Lavoissier y de Bailly, dió dos in¬
formes, uno público y otro privado, y ambos
desfavorables, por todo extremo, á la doctri¬
na mesmeriana.
En el primero, debido á la pluma de De-
Bailly, se sentaba como conclusión, que el
fluido magnético no puede ser apreciado por
— 22—
los sentidos; que las presiones y toques oca¬
sionaban pocas veces cambios favorables en
la economía; y que nada, por Ultimo, proba¬
ba la existencia del fluido magnético.
En el informe privado se mostraban más
duros aún respecto del magnetismo; pues lle¬
gaban hasta asegurar que, por su medio, no
podía obtenerse una curación real.
No obstante la autoridad de estos docu¬
mentos y el haberse repartido más de 80,000
del primero, el público no perdió la fe en el
nuevo procedimiento. Es más: en Strasburgo,
Lyon, Burdeos y otras ciudades importantes,
se fundaron, á ejemplo de París, Sociedades
de la armonía , haciéndose multitud de mé¬
dicos, partidarios de las prácticas magnéticas.
Retirado Mesmer en 1784, produjéronse
diversos cismas entre los adeptos á su doc¬
trina, formándose varias escuelas magnéticas.
Al lado de los partidarios del fluido, que si¬
guió obteniendo la preeminencia, apareció la
teoría espiritualista de Barbarin que preten¬
día realizar curas maravillosas por sólo los
esfuerzos del alma y la oración. En Lyon, el
Dr. Pétetin inventó la teoría de la electricidad
animal, atribuyendo á ésta la producción de
los síntomas observados en las personas mag¬
netizadas. Puységur descubría el sonambu-
— 23—

lismo á la vez que Pétetin los síntomas cata-


leptiforines, señalando además, en varios de
sus enfermos, el fenómeno conocido con el
nombre de trasposición de los sentidos, cuya
realidad, problemática para algunos hombres
de ciencia, es hoy aceptada por otros.
La revolución, dando otros nuevos cursos
á las ideas, vino á contener los avances del
magnetismo. Sus partidarios, dispersados por
el viento de tempestad que se desencadenó
sobre Francia, huyeron en su mayor parte al
extranjero,
Las Sociedades de la armonía, faltas de
elementos murieron; y el magnetismo perma¬
neció en silencio durante algunos años. No
duró, empero, mucho tiempo el mutismo á
que había sido reducido. En 1815 un sabio
concienzudo, Deleuze, partidario de la doc¬
trina, escribió el libro más admirable—bas¬
ta en concepto de los adversarios del mesme-
rismo—que se haya publicado sobre la mate¬
ria. En él resumía cuanto hasta la época se
había dicho sobre el asunto, añadiendo ade¬
más el caudal de sus propias observaciones.
Ya en esta vez el barón de Puységur, vuel¬
to de su destierro, había logrado formar en
Paria una sociedad de magnetismo, sociedad
— 24—

que en poco tiempo llegó á alcanzar gran nú¬


mero de miembros.
El magnetismo pareció entrar en nuevo pe¬
ríodo de transformación. No obstante, las di¬
ferencias de escuela no por eso desaparecie¬
ron; muy por • el contrario, se aumentaron,
dando al cisma mayores proporciones.
"Un sacerdote extranjero, el abate Faria,
llegó por esos días á París, viéndosele pro¬
ducir el sonambulismo por sugestión y deter¬
minar á su gusto en los sonámbulos, ilusiones
sensoriales análogas á la que hoy son prácti¬
ca corriente en el hipnotismo" 1
El abate Faria rechazaba todas las teorías
reinantes; no creía ni en el fluido, ni en la po¬
tencia de la voluntad, ni en la eficacia de la
oración de los espiritualistas. Proclamaba á
la manera de un hipnotizador de la época, la
naturaleza subjetiva de los fenómenos mag¬
néticos, colocando la causa del sueño lúcido
—así designaba el sueño provocado—en el
sujeto mismo. Faria, mejor dicho, su teoría,
cayó en ridículo; pero no obstante, debe agra¬
decérsele el impulso que con sus prácticas
extraordinarias dio al estudio de estos fenó
menos; desde que él se presentó, hombres sé-
1 H. Beaunis. Le somyiambulisme provoqué. Pa¬
rís 1887.
—25—

ríos, médicos y pensadores, preocupados por


lo sorprendente de aquellos, dedicáronse al
estudio del magnetismo.
Eu 1819 el Dr. A. Bertrand, de la Escue¬
la politécnica, inauguró, ante un- numeroso y
selecto auditorio, un curso brillantísimo sobre
magnetismo y sonambulismo; y poco después
publicó un Tratado del sonambulismo que,
según hace notar Husson, fué la primera obra
escrita sobre la materia. Georget por su par¬
te, en otra obra 1 que apareció poco des¬
pués que la de Bertrand, decía cuanto hasta
entonces se sabía sobre sueño magnético.
El magnetismo, tan combatido por la ma¬
yoría de los hombres de ciencia, comenzaba á
obtener una reivindicación. Emprendiéronse
nuevos y curiosos experimentos en el Hótel-
Dieu y la Salpétriére para comprobar la reali¬
dad del sueño sonambúlico y de algunos fe¬
nómenos, como la anestesia, etc., que le
acompañan. Recamier aplicó varias moxas
(mechas ardiende) sin que los pacientes die¬
sen la menor señal de dolor.
Cloquet practicó la amputación de un
pecho en una sonámbula; Du Potet pudo com¬
probar, durante el sueño magnético de Cata-
1 Georget. Be la physiologie du sisteme ner-
veux. París 1821.
— 26—

lina Sansón, no sólo la ausencia de todo dolor


sino también la de percepción para toda exci¬
tación sensoiial producida por otra persona
que no fuese el magnetizador, fenómeno que
los magnetizadores de la época están de
acuerdo en confesar. Sólo ellos están en co¬
municación con los sujetos sumidos en sueño
magnético y sólo ellos tienen el poder de des¬
pertar sus sentidos, totalmente indiferentes al
mundo exterior, hasta que el operador los
hace funcionar.
Los experimentos de Du Potet convencie¬
ron de tal manera de la realidad de los fenó¬
menos magnéticos á médicos eminentes, que
la Academia de Medicina de París se creyó
en el deber, á propuesta de Foissac, de abrir
nueva información respecto de este asunto.
La comisión respectiva presentó un dictámen
en extremo favorable al magnetismo.
Husson, médico del Hótel-Dieu, encarga¬
do de redactar el informe, empezó por esta¬
blecer las cuatro proposiciones siguientes:
ula Los efectos del magnetismo son nulos en
las personas sanas y en algunos enfermos.
2? Suelen ser poco marcadas en otras. 3? Son
muchas veces producto de la monotonía ó
del aburrimiento de la imaginación. 4* Se
les ha visto, en fin, desarrollarse independien-
— 27—

temente de estas últimas causas, muy proba¬


blemente por efecto del magnetismo solo, u
nEsto, dice Cullerre, i era una adhesión
formal al magnetismo. Muy reservado en su
primera parte el informe, concluye por acep¬
tar, como demostrados, los experimentos de
que había sido testigo la comisión; no sólo el
sonambulismo provocado, sino también los
hechos de lucidez, de visión interior y de pro
fecía.n
A pesar de que con la adhesión de la Aca¬
demia de Medicina parecía que el magnetis¬
mo había entrado al rango de ciencia oficial,
no fué así; en 1837, volvió á suscitarse en el
seco de la docta corporación otra nueva dis¬
cusión á este respecto; y á consecuencia de la
poca fortuna que tuvieron los Dres. Pigeaire,
Hublier y Teste, en sus experimentos ante
la misma academia, relativos á la doble vista,
el magnetismo cayó en descrédito en concep¬
to de la Academia y de los hombres de cien¬
cia.
Después de algunos años, se ha operado
nuevamente una viva reacción en favor del
magnetismo y actualmente, á pesar de la di¬
visión de escuelas, en hipnotistas y magneti
zadores, el magnetismo es motivo de estudio
1 Somnambulismo et hipnotismo. París 1888.
— 28—

para los hombres de ciencia lo mismo en Eu¬


ropa que en América. Las academias cien¬
tíficas no desdeñan su estudio; v tanto en
Francia como en los Estados Unidos é In¬
glaterra, pasan de cincuenta las sociedades
que se dedican al estudio de los fenómenos
magnéticos. Para dar una idea á nuestros
lectores del estado que hoy guarda el mag¬
netismo, nada más á propósito que copiar las
palabras del conde Constantin, ^presiden¬
te actual de la Sociedad Magnética de Fran¬
cia.
u Hoy, dice, los médicos, los filósofos que
durante más de un siglo han negado hasta la
misma realidad de los efectos del magnetis¬
mo, se han decidido en fin, en nombre de la
ciencia, á comenzar el estudio del sueño pro¬
vocado, que no es sino uno de los más curio¬
sos efectos del magnetismo, sin ser el más
importante.
ii A fin de no volver sobre sus pasos, ó pa¬
ra atribuirse el mérito de un descubrimiento,
han preconizado procedimientos que parecen
diferentes de los procedimientos magnéticos,

1 Di»cours prononcé á la societé magnétique de


France le 6 de Octobre 1887 par. Mr. le comte de
Constan tip, preaident.
— 29—

y obtenido así efectos análogos, que han de¬


signado con el nombre de hipnotismo.
n Entre aquellos que someten la teoría á
la experimentación, algunos emplean exclu¬
sivamente el método de Braid; otros el mag
netismo puro, y el mayor número, unen á los
procedimientos braídicos los procedimientos
magnéticos; pero casi todos están de acuerdo
para designar bajo el nombre de hipnotismo,
los efectos que obtienen y el conjunto de
procedimientos de que hacen uso.
nNo siendo idénticamente los mismos efec¬
tos en el sueño obtenido por el magnetismo
humano, resulta una deplorable confusión que
queremos hacer cesar.
nEl sueño es indispensable al hipnotiza¬
dor para producir los efectos que desea, y co¬
mo este sueño no se produce sino sobre un
pequeño número de enfermos predispuestos,
resulta que la terapéutica del hipnotismo
está fatalmente limitada no solamente á una
categoría de enfermedades, sino, lo que es
peor, á una categoría de enfermos. El mag¬
netismo, por el contrario, obra sóbre todos
los temperamentos sin distinción de edad y
sexo y en el mayor número de enfermedades,
sin que haya necesidad de sumergir al enfer¬
mo en un sueño muchas veces peligroso ó
ejercer sobre él el menor acto sugestivo.
— 30—

«Es una fuerza física que, penetrando en


el organismo, se transforma en una fuerza fi¬
siológica, capaz de calmar ó de excitar las
funciones y en consecuencia de restablecer
en multitud de casos, el equilibrio que cons¬
tituye la salud.»
Hasta aquí Mr. de Constantin; aparte de
la pasión del sectario, se nota en sus conclu
siones cierto fondo de verdad y en su racioci¬
nio una lógica severa é inflexible; pero antes
de dar por terminado este capítulo en el que
hemos procurado hacer lo más fielmente po¬
sible, la historia del magnetismo en las di¬
versas fases por que ha atravesado, nos pare¬
ce oportuno dar una idea clara de él, tal co¬
mo lo entienden sus actuales partidarios.
El magnetismo es «la acción que los cuer¬
pos ó los individuos ejercen ó pueden ejercer
unos sobre otros.» 1
«Una fuerza idénticamente modificada cir¬
cula en el cuerpo humano, en el de los ani¬
males, en los vegetales y hasta en la natura¬
leza inanimada, m 2
El cuerpo humano está 'polarizado. Dos

1 H. Durville. Traite experimental et thérapeuti-


que de Magnetisme. París, 1888.
2 Dr. Mora Le Magnetisme, París 1887.
— 31—

individuos obran uno sobre otro á la manera


de los imanes, produciendo atracción y tran¬
quilidad, ó repulsión y excitación. Un indi¬
viduo puede obrar aun en sí mismo, puesto
que todo hombre es positivo de un lado y
negativo del otro.
Esta misma 'polarización existe en todos
los agentes de la naturaleza, que obran sobre
el cuerpo humano de la misma manera y en
virtud de las mismas leyes.
A causa de estas investigaciones curiosas,
los magnetizadores moderaos han podido es¬
tablecer su teoría de la polaridad humana
y la analogía del magnetismo humano con el
magnetismo de los imanes.
«El cuerpo humano—dice Durville, en su
obra citada—representa un conjunto de ima¬
nes, dispuestos en herraduras, dividiéndose
en dos órdenes:
1? Polaridad de conjunto.
29 Polaridad secundaria.
Las leyes físicas del magnetismo humano,
reposan sobre esta polaridad. Estas leyes son
análogas é idénticas á las que rigen la acción
de los imanes y pueden ser formuladas así:
19 Los polos del mismo nombre rechazan,
excitan, duermen; los polos del nombre con¬
trario, atraen, calman, despiertan.
— 32—

2? Estas acciones se producen en razón


inversa del cuadrado de las distancias.»
El agente magnético, según la definición
de Durville, es: “un dinámico que ha escapa¬
do siempre al análisis; un fluido impondera¬
ble que llena todo el universo y se modifica
más ó menos, según la naturaleza de los
cuerpos que impregna, satura ó atraviesa.”
Su reflexión está sometida á las leyes que
rigen la reflexión de los rayos luminosos y
caloríferos.
1? El ángulo de reflexión es igual al án¬
gulo de incidencia.
2? El rayo incidente y el rayo reflejo es¬
tán en un mismo plano, perpendicular á la
superficie reflectora. El agente magnético se
refracta en parte, como los rayos caloríferos
y luminosos y esta refracción está regida por
las mismas leyes.
Con lo expuesto creemos haber dado, en lo
posible, una ligera idea del magnetismo, nece¬
saria antes de abordar el estudio del hipno¬
tismo,
Este será el objeto de los capítulos suce¬
sivos.
CAPITULO III.
IDEA GENERAL DEL HIPNOTISMO.

Braid.—Sus primeros experimentos.—Magnetismo


é hipnotismo.—Diversidad de sueños hipnóticos.
.—Multiplicidad de los síntomas.—Cambios en
la economía.—Trabajos de Grimes, Reichenbach
y Philips.—Broca, Guórineau y Velpeau.—In¬
vestigaciones del Dr. Azam.—La anestesia hip¬
nótica.— Experimentos de Follín, Demarquay,
Teulon, Gigot-Suard. —La catalepsia provocada
en las históricas. —Notables trabajos de Richet.-H
Baróty y su teoría. —La fuerza néurica irradiante.
—Charcot. —Bus conferencias en la Salpétiiére.
—Estudios de Grützner, ¡Berger, Dumontpallier,
Bernhein y Beaunis.

Si á Mesmer puede reputársele como el


padre del magnetismo, á Braid debe consi¬
derársele como el iniciador de la revolución
operada en el sistema del médico vienés, y
el inventor del procedimiento que la cien¬
cia designa con el nombre de Hipnotismo.
HIPNOTISMO.—3
— 34—

Después délos fracasos de Pigeaire, Hublier


y Teste, el magnetismo, aunque visto con
menosprecio por la ciencia oficial, no por
eso dejó de seguir preocupando á inteligen¬
cias no vulgares, y por eso, á pesar de la
declaración oficial de la Academia de M edi-
cina de Paris de no volver á estudiar el
magnetismo, muchos, en presencia de los
maravillosos resultados obtenidos por Du
Potet, Puységur y Pétetin, no abandonaron
el estudio emprendido.
A este número pertenecía James Braid,
cirujano inglés que existió en Manchester
á mediados del siglo. Aunque predispues¬
to en contra del magnetismo, por las decla¬
raciones de la Academia, comprendía que
este estudio debería de ser fecundo en bue¬
nos resultados y se propuso no desecharlo,
sino hasta tener pruebas de su inutilidad;
y al efecto se puso á investigar con ardor lo
que hubiera de exacto en el asunto. Pero
dejemos la palabra al mismo Braid.
«En Noviembre de 1841, dice, completa¬
mente escéptico en cuanto á las pretensio¬
nes del magnetismo animal, me dediqué
sin embargo, á hacer investigaciones sobre
este asunto; mi deseo era descubrir la causa
de errores en ciertos fenómenos que se ha-
— 35—

bían producido en las sesiones de Mr. La-


fontaine. Como resultado hice algunos des¬
cubrimientos que me parecieron derramar
nueva luz sobre algunos de los fenómenos,
que los hacían sumamente interesantes,
tanto desde el punto de vista especulativo
como práctico.» 1
Braid, como hemos dicho y él mismo
confiesa, estaba prevenido contra el mag¬
netismo; pero un hecho que notó en una se¬
sión del Dr. Lafontaine, no pudo menos de
llamarle la atención; observó que un suje¬
to magnetizado estaba imposibilitado en lo
absoluto de abrir los párpados. Este hecho
era real, y pudo comprobarlo; de aquí sus
primeros experimentos cuyo objeto no era
otro sino averiguar la causa de este fenó¬
meno, y que le condujeron á la producción
del sueño nervioso ó hipnotismo (de hipnos,
sueño.)
Esperando determinar en virtud de la
fatiga de los ojos, la contracción espasmó-
dica del músculo orbicular de los párpados,
rogó á Mr. Walker, amigo suyo, fijara la

1 James Braid. Neurypnologie. Traite clu sommeil


nerveux ou hinotisme. Traducción de Julio Simón.
Paria 1883.
-36—

vista en el cuello de una botella colocada


encima de sus ojos, de manera de producir
gran fatiga sobre estos órganos. A los tres
minutos los párpados de Mr. Walker se ce¬
rraron.
«Un chorro de lágrimas—dice . Braid—
surcaba por sus mejillas; se contrajo lige¬
ramente su rostro, exhaló un gemido y al
instante cayó en profundo sueño.»
Repetido el experimento en [Link] de
la casa y con su misma esposa, dió idénti¬
cos resultados. Después varió sus procedi¬
mientos, empleando los de los magnetiza¬
dores, y obtuvo el mismo éxito; de lo cual
dedujo que los efectos mesméricos debían
ser atribuidos á un trastorno impreso al sis¬
tema nervioso por la concentración de la
mirada, el reposo absoluto del cuerpo y
la fijeza de la atención; que el estado físico
y moral del sujeto era el todo, y que-de es¬
te estado dependía la producción de los
fenómenos. &
El hipnotismo y el magnetismo ¿eran,
pues, una misma cosa? En el fondo Braid
así lo creía; pero por razones difíciles de
explicar pareció admitir que debían consi- ¡
derase el magnetismo y el hipnotismo, co¬
mo dos agentes distintos, en virtud, según»
■37tt-

decía, de que los magnetizadores opina¬


ban positivamente que podían provocar
efectos que él, por sus procedimientos, ja¬
más llegó á producir.
¿Qué observaciones pudo hacer Braid en
el curso de sus experimentos? Vamos á
verlo: En priiíier lugar: que el sueño hip¬
nótico no es igual siempre, sino que se
compone de una série de estados suscepti¬
bles de variar indefinidamente, desde una
ligera pesadilla hasta el coma (estado so¬
porífero) más profundo.
Algunos sujetos no son capaces de expe¬
rimentar más que en ligero grado el sueño
hipnótico; en otros hay pérdida de conoci¬
miento y voluntad, con automatismo y ol¬
vido total al despertar; produciéndose en
ciertos casos una resolución muscular ..com¬
pleta, con profunda calma de las funciones
orgánicas; en otros sobreviene la rigidez
cataléptica con respiración precipitada y
aceleración de la circulación.
Aun más variables son los síntomas que
pueden presentarse en los diversos perío¬
dos del hipnotismo, desde la insensibilidad
completa hasta la hiperestesia (aumento
de sensibilidad) sensorial más absoluta.
Por simple sugestión pueden producirse to-
— 38—

dos esos cambios y determinar: bien la


anestesia [insensibilidad], bien la hiperes¬
tesia; un considerable desarrollo de fuerza
muscular ó una parálisis completa de los
miembros.
“Puede jugarse, dice Braid, con los suje¬
tos, en la fase más apropiada del sueño, co¬
mo con un instrumento de música y hacer¬
les tomar las ilusiones de su imaginación
por realidad.” 1
“Basta para provocar en los hipnotiza¬
dos ilusiones y alucinaciones, enunciar
con voz alta, imperiosa y convencida, el
pensamiento, la imagen ó la sensación que
se hace despertar en su espíritu. El tono
con que se haga la pregunta, determinará
la contestación. En fin, las sugestiones pue¬
den ser producidas por vía indirecta, me¬
diante las actitudes impresas á los miem¬
bros ó á los rasgos de la fisonomía. Un su¬
jeto colocado en la actitud de éxtasis verá
el cielo; si se le hace arrugar la frente ve¬
rá el infierno.” 2
Los trabajos de Braid, á pesar de decla¬
rarse fundador de una escuela rival del

1 J. Braid. ibid, ibid.


2 A. Cullerre. Magnelisme et hypnoiisme. Paria,
1888.
— 39—

magnetismo, no tuvieron sino éxito me¬


diano. En los años sucesivos aparecieron
nuevas teorías derivadas del magnetismo
y en las cuales ni siquiera era, no ya men¬
cionado, tenido en cuenta el hipnotismo.
Grimes, aquí en América, daba á cono¬
cer la electro-biología que no es en resu¬
men sino el braidismo; Reichenbach, en
Alemania, proclamaba en el curso de sus
experimentos la existencia de un agente
que designaba con el nombre de fuerza
ódica y por medio del cual explicaba los
fenómenos de la sugestión; Philips, en Fran¬
cia, inventaba la teoría del electro-dinamis¬
mo vital, para explicar los efectos magné¬
ticos; pero ninguno, como hemos dicho,
concedía importancia al descubrimiento
de Braid.
Hasta 1859 fué cuando Velpeau presen¬
tó, en nombre de Broca, á la Academia de
Ciencias, un trabajo sobre el hipnotismo
aplicado á la anestesia quirúrgica; Guéri-
neau, de Poitiers, mandaba pocos días des¬
pués otra comunicación semejante; y en
Enero de 1860, el Dr. Azam, de Burdeos,
publicaba una serie de hechos curiosos so¬
bre el sonambulismo provocado.
Broca, de acuerdo con Follín, después de
— 40—

varios experimentos, pudo convencerse de


que la anestesia producida por el hipnotis¬
mo era bastante profunda para intentar
una operación quirúrgica y así lo hizo,
viendo coronada su tentativa por el éxito
más completo.
Aunque entre el público científico poco
ó ningún entusiasmo produjeron estos ex¬
perimentos, no obstante provocaron una
interesante memoria de Demarquay y Teu-
lon 1 notable por el estudio exacto que en
ella hacen del asunto.
En el mismo año, Gigot-Suard 2 pu¬
blicaba interesantes observaciones sobre el
braidismo y provocaba en algunas jóvenes
fenómenos nerviosos tan intensos como los
que en otra época se producían al rededor
de la cubeta de Mesmer. Para llegar al es¬
tado hipnótico servíase de unas tijeras sos¬
tenidas á algunos centímetros arriba de
los ojes.
Por causas que no podemos explicar, el
hipnotismo cayó bien pronto en olvido.
Sabios y académicos no volvieron á acor-

1 Demarquay y Teulon. Recherches sur l'hypno-


tis me.
2 Gigot Suard. Le magnetisme animal et la ma-
g it devoilée.
— 41—

darse más de él, hasta 1865, en cuyo año


Mr. Laségue, con sus estudios sobre la ca-
talepsia provocada en las histéricas, vol¬
vió á hacer fijar la atención sobre el asun¬
to. Sin embargo, de 1865 á 1874, nada se
publicó á este respeto, hasta 1875 en que
el profesor Richet dió á luz un estudio se¬
rio y concienzudo en que establecía la rea¬
lidad de los fenómenos mágnétieos é hip¬
nóticos, la fase sonámbulica, las alucina¬
ciones provocadas y las sugestiones de di¬
versa naturaleza. El mismo Richet,1 en 1884,
añadió á los anteriores estudios la rela¬
ción de notables experimentos, en los que
demostró la posibilidad de modificar la
personalidad y sustituirla por otra, más ó
menos extraña al sujeto hipnotizado.
En 1881 el Dr. Baréty 2 presentó ante
la Sociedad de Biología de Paris, un nota¬
ble trabajo acerca de las propiedades físi¬
cas de una fuerza particular del cuerpo
humano. Esta fuerza, que el autor llama-

1 Ch. Richet. L'homme et Hnteliqence. Paris,


1884.
2 Baréty, d* Niza. Des proprietés physiques d'une
forcé particulier du coi'ps humain [forcé neurique
rayorinante] connue vulgaisement sous le nom de ma-
gnetisme animal. Páris 1887.
— 42—

ba fuerza néurica irradiante es la que eX-


plica la multitud de fenómenos estudiados
por hipnotistas y magnetizadores; esta
fuerza, que goza de las mismas propieda¬
des que las fuerzas de la naturaleza, sería
como ellas una transfomación del movi¬
miento; y, como ellas también, se trasmi¬
tiría por las ondulaciones del éter, exis¬
tiría en el sistema nervioso, en el estado
estático y dinámico; y podría, en ciertas
personas, escaparse, irradiarse, bien por
medio de los ojos, bien por medio de los
dedos, ó bien por medio del aliento. Por
el soplo se produce el hipnotismo; por los
ojos y los dedos la anestesia.
Se propaga en línea recta, se refleja en
una superficie pulimentada, conforme á las
leyes de la física; se concentra á través de
un lente; forma espectro al pasará través de
un prisma; puede atravesar cuerpos opacos
y macizos, como un mueble ó un muro....
en una palabra goza de propiedades aná¬
logas á las de la electricidad, la luz y las
diversas fuerzas estudiadas por la física.
A. pesar de la novedad de la teoría y de
lo racional de la demostración, el descu¬
brimiento de Mr. Baréty, aunque por el
momento entusiasmó á la sociedad de Bio-
— 43—

logia, bien pronto fué desechado por la


analogía que su. teoría presentaba con la
de los magnetizadores. Una vez más el
espíritu de secta venció á la razón.
En 1878, el profesor Charcot, estudian¬
do el histerismo, se vió obligado á abordar
la cuestión de los fenómenos hipnóticos; y
en 1879, en una serie de conferencias pú¬
blicas que dió en la Salpétriére, demostró
que ciertas histéricas pueden caer en cata-
lepsia y letargía bajo la acción de diversas
influencias.
«No es otra cosa, dice refiriéndose al hip¬
notismo 1 que un estado nervioso artificial,
cuyas manifestaciones múltiples aparecen
ó se disipan según las necesidades del es¬
tudio, á gusto del observador.»
«Una enferma colocada de frente á un
foco eléctrico, se queda á los pocos instan¬
tes inmóvil y cataléptica. Si la impresión
de los rayos luminosos cesa bruscamente,
cae en letargía ó en sonambulismo. El so¬
nido de un instrumento poderoso, de unos
platillos ó cualquier otro procedimiento, da
resultados semejantes.» 2

1 J. M. Charcot. Archives de neurología.


2 [Link]. Elude descriptive déla grande his¬
teria.
— 44—

En 1880 los fenómenos hipnóticos co¬


menzaron á seí* estudiados en Alemania,
siendo notables, á este respecto, los traba¬
jos de Griitzner y Berger. Por la misma
época el Dr. Dumontpallier, médico del
hospital dé la Piedad, en París, comenzó
á dar á conocer sus numerosas observacio¬
nes de hipnotismo en las histéricas; estudió
la causa del fenómeno de la contractura
cataleptiforme en el período de sonambu¬
lismo; el trasporte de las manifestaciones
hipnóticas de un lugar á otro y trató de
demostrar la independencia funcional de
los hemisferios cerebrales.
El profesor Bernheitn de Nancy, compro¬
baba á su vez la verdad de la sugestión,
tanto durante él período hipnótico como
en el estado de vigilia, obteniendo en sus
ensayos resultados asombrosos.
«He experimentado, dice, 1 desde aque-
lla'época (1882 en que comenzó sus estu¬
dios del fenómeno) con gran escepticismo
al principio, lo confieso; pero después de
algunos tanteos y vacilaciones no he tar¬
dado en comprobar resultados ciertos y

1 Bernheina. De la suggestion d ms l'elat hipnoíi-


que y dan» l'etat de veitte. París, 1884.
— 45—

sorprendentes, que me imponen el deber de


no guardar silencio.»
Mr. Beaunis, en otra obra recientemen¬
te publicada 1 refiere idénticos experimen¬
tos á los comprobados por Bernheim y el
Dr. Liébeault.
En el capítulo siguiente hablaremos de
los fenómenos generales del hipnotismo.

1 Ze somnambidisme provoqué. París 1887.


— 46—

CAPITULO IV.
FENÓMENOS GENERALES DEL HIPNOTISMO.

Qué es el hipnotismo?—Sujetos hipnotizables.—Ex¬


perimentos de Liébauit, Bernheim, Durand le
Groa y Bottey.—E! sexo y la edad en los hipno¬
tizados.—Estados fisiológicos diversos. ^-Procedi-
mientos de Braid, Teste y Deleuze.—Uharcot,
Heideinheim y Ricl\et.—Richer, Bourneville y
Regnard.— Estudios en la Salpctriére.—Fenóme¬
nos generales del hipnotismo,—Los tres estados
de Charcot y Richer.—La catalepsia, la letargía y
el sonambulismo.—O ntracturss y trasportes.—
Analgesia e hiperexcitabilidad neuro-muscular.
—Trasportes—Cesación del sueño.

Reseñada lo más exactamente posible


la parte puramente histórica de las dos es¬
cuelas rivales, el magnetismo y el hipno¬
tismo, fuerza es que entremos de lleno al
estudio de los fenómenos del sueño provo¬
cado; pero antes parécenos conveniente
— 47—
definir el hipnotismo, para después ha¬
blar de los sujetos hipnotizables y de los
diversos procedimientos puestos en prácti¬
ca por los experimentadores de estos tiem¬
pos.
¿Qué es hipnotismo? Si nos atenemos á
la definición del cirujano inglés: «Hipno¬
tismo es un estado particular del sistema
nervioso producido por maniobras artifi¬
ciales, » 1 definición deficiente, porque,
como veremos en el curso de este trabajo,
el hipnotismo se compone de estados bas¬
tante marcados, sobre todo en las histéri¬
cas. Más exacta nos parece la definición
de Richer: «el conjunto de estados particu¬
lares del sistema nervioso determinados
por maniobras artificiales.» 2 Efectiva¬
mente, como ya hemos dicho, en el hipno¬
tismo hay tal número de estados—desde
la somnolencia hasta la letargía más pro¬
funda—que según diversos autores, parece
que alcanza y comprende á todo el mun¬
do, siendo sumamente pequeño el número

1 Jamen Braid. Neurypnologie: Traite dusommeil


nerveux ou kinolisme.
2 Paul Richer. Eludes cliniques sur la grande
hysterie. Paria, 1885.
-r48—
de individuos refractarios á la hipnotiza¬
ción.
Sin embargo, el profesor Liébault, des¬
pués de publicar en apoyo de su tesis una
larga estadística, afirma, por el contrario,
que son pocos los sujetos hipnotizables,
pues en 1,011 que experimentó, sólo 27
fueron absolutamente sensibles á Tas prác¬
ticas hipnóticas. Bernheim,1 aunque del
mismo parecer, enumera, sin embargo,
varias causas que pueden explicar estadís¬
tica semejante. Individuos refractarios al
sueño, en las dos ó tres primeras tentati¬
vas, concluyeron por sucumbir en un en¬
sayo ulterior; por lo que puede afirmarse
. que á fuerza de constancia se concluirá
por vencer toda resistencia. No quiere de¬
cir esto, [Link] sean susceptibles de lle¬
gar al hipnotismo; es un hecho probado
que hay individuos totalmente refracta¬
rios á todo procedimiento.
Durand le Gros sólo obtenía un 6 p§
de sujetos sensibles; Bottey 2 ha podido
hipnotizar á mujeres de 17 á 42 años en
proporción de un 30 p g; y por último
1 De la suggestion dans Vetat hipnolique. Paria
1884.
2 Bottey. Magnetisme animal. Paria, 1884.
— 49—

Braid, aunque sin haber llevado un regis¬


tro estadístico, afirma que no todos resis¬
ten de igual manera la influencia hipnó¬
tica; pues mientras en unos los progresos
son rapidísimos, en otros son excesiva¬
mente lentos.
En esto, como en todo, la influencia de
la educación y de la cultura intelectual
se hace sentir muy directamente; los sen¬
cillos, los ignorantes, los acostumbrados á
una obediencia pasiva, como los criados y
los soldados, son más sensibles que los que
no poseen estas circunstancias.
El consentimiento del sujeto, su aten¬
ción, su buen deseo, ó, por lo menos, su
neutralidad, son absolutamente indispen¬
sables para lograr un buen éxito. Toda re¬
sistencia dañará al experimento y de aquí
la dificultad de dormir á los locos, á los
imbéciles ó á los idiotas.
El sexo representa un papel importan¬
te. Las mujeres, quizá por la impresiona¬
bilidad de su sistema nervioso, son hipno¬
tizables en mayor grado que los hombres.
“Las mujeres bajitas, de ojos y cabellos ne¬
gros, de pestañas abundantes son en gene¬
ral sujetos muy favorables. También sue¬
len dar resultado las pálidas y linfáticas,
HIPNOTISMO,—4
— 50—

fracasando casi siempre ouando se opera


sobre muj res excesivamente nerviosas.
En suma las mujeres delicadas, nerviosas,
lánguidas, atacadas de enfermedad cróni¬
ca, son las más aptas para sufrir la influen¬
cia del magnetismo.” 1
También la edad es un factor importan¬
tísimo. Los jóvenes de uno ú otro sexo son
favorables para los estudios hipnóticos, y
diversos experimentos practicados por los
Sres. Forfer y Vaisson parecen indicar que
en los jóvenes de 15 á 20 años, es muy fre¬
cuente la anestesia cutánea.
Ciertos estados fisiológicos y patológicos
tienen igualmente grande influencia. El
abuso del alcohol, los excesos, la anemia,
cualquiera que sea la causa, la clorosis, las
afecciones nerviosas, excepto la locura,
crean una predisposición favorabilísima á
la producción y desarrollo de los fenóme¬
nos hipnóticos. Pero de todas las causas
predisponentes, la más importante es sin
duda la diátesis (disposición) histérica. En
todas ó casi todas las histéricas puede 'ser
provocada la hipnosis artificial. La letar¬
gía, la catalepsia y el sonambulismo, se
1 Ch. Richet. L'homme & VirUcUigence, Paria,
1884.
— 51—

producen en ellas con tal facilidad, que


muchos autores que han estudiado el sue¬
ño nervioso en las histéricas creen que
estos tres estados constituyen el hipnotis-
mo.
Conocidos los sujetos, pasemos á los pro¬
cedimientos, que es adonde más resaltan
las diferencias que dividen aí magnetis¬
mo de i hipnotismo.
Los magnetizadores, para producir el
sueño, se colocan frente á frente dél suje-
ts, y, después de recomendar la mayor cal¬
ma y tranquilidad entre los asistentes, le
toman los pulgares de manera que estos to¬
quen la cara interna de los suyos. En esta
situación permanecen de dos á cinco mi¬
nutos, según se necesite; en seguida, reti¬
rando las manos á derecha é izquierda, las
levantan á la altura de la cabeza del enfer¬
mo para de allí practicar cinco ó seis pases
á lo largo del tronco y de los brazos, y
otros tantos pases de la cabeza al epigastrio.
Éste es el método de Deleuze.
Él de Teste es más sencillo aún. Coloca¬
do de pié frente al sujeto magnetizable, se
limita á practicar pases de arriba á abajo;
de la cabeza al estómago. Este método es
eficaz, según observación del mismo autor,
— 52—

sobre todo en las personas que han sido


magnetizadas. También con la sola mira¬
da puede producirse la magnetización.
“Este procedimiento—escribe el doctor
aludido—no puede ser empleado por todo
el mundo. Exige de parte de quien lo em¬
plea una mirada viva, penetrante y capaz
de una prolongada fijeza; aun así raras ve¬
ces da resultados en personas que se mag¬
netizan por vez [Link] embar¬
go, yo casi nunca magnetizo de otro modo
a mis sonámbulos habituados, cuando se
trata, por ejemplo, de alguna experiencia
de la visión, porque he creido notar que
este género de magnetización aumenta la
lucidez. Véase la manera de proceder: os
sentáis frente á frente del sujeto. Le man¬
dáis que os mire todo lo fijamente que
pueda, mientras que por vuestra parte fi¬
jáis vuestros ojos en los suyos. Algunos
suspiros profundos levantarán primero su
pecho, después sus párpados pestañearán,
se humedecerán de lágrimas y se contrae¬
rán fuertemente varias veces; por último
se cerrarán.” 1

1 Teste. Manuel prcUique de magnétisme animal


—53—
Véase ahora cómo proceden los hipnoti¬
zadores:
“Tómese un objeto brillante cualquiera
—dice Braid en su obra citada—entre el
pulgar, el índice y el medio de la mano iz¬
quierda; manténgase á la distancia de 35 á
40 centímetros de los ojos, en una posición
tal, por encima de la frente, que sea pre¬
ciso el mayor esfuerzo posible de los ojos
y de los párpados para que el sujeto mire
fijamente el objeto.”
En la Salpétriére se ha modificado el
procedimiento; en vez de tener el objeto
brillante á una distancia dada, se le colo¬
ca entre los ojos mismos, en la raíz de la
nariz. La converjencia forzada de los glo¬
bos oculares, produce mayor fatiga y aca¬
rrea más prontamente el sueño.
Ciertos modos de excitación sensorial,
dice Heideinheim, con tal de que sean dé¬
biles, monótonos y suficientemente repeti¬
dos, tienen también una influencia muy
activa en la predisposición de la hipnosis.
Richetse sirve del procedimiento de los
pases en sus experimentos. Hice sentar al
sujeto, le toma los pulgares y se los aprieta
con fuerza durante algunos minutos. Es-
— 54—

to tiene por objeto producir el embota¬


miento de los miembros superiores.
Una impresión auditiva, débil y monó¬
tona, suficientemente prolongada; las im¬
presiones táctiles débiles; la frotación en
determinadas regiones y las percusiones
ligeras, son igualmente somníferas.
Otro procedimiento, encontrado por Ri-
cbet en 1878, consiste en la presión ó fric¬
ción del vértice en las histéricas, después
de estar sumidas préviamente en letargía
por cualquier procedimiento.
Las excitaciones sensoriales violentas y
súbitas, también producen el sueño ner¬
vioso y especialmente la catalepsia; idénti-
cs efectos pueden ser producidos por el re¬
pentino brillo de una luz oxhídrica, eléc¬
trica etc., etc.
Hay otra serie de agentes hipnóticos
que bien pudieran denominarse psíquicos,
verbigracia las emociones violentas, como
el terror, que pueden producir la letargía.
La atención expectante, es decir, el aguar¬
dar un fenómeno, también basta á veces
para producirlo.
Véase lo que á este respecto encontra¬
mos en dos notables autores, Bourneville
y Regnard, que tratan del asuntó:
— 55—

“Una enferma de la Salpétriére, dicen,


convencida de que uno de nosotros tenía
sobre ella un poder particular, caía hipno¬
tizada donde quiera que le encontrase.
En otra ocasión dijimos á una enferma
que desde nuestra casa la dormiríamos á
las tres en punto de la tarde. Diez minu¬
tos después habíamos olvidado esta broma.
A la mañana siguiente supimos que la en¬
ferma se había dormido exactamente á las
tres.”
Como se vé, existen procedimientos in¬
finitivamente variados para producir el
sueño hipnótico, ya se acuda al dominio
de los agentes psíquicos ó ya al de los
agentes sensoriales, físicos y aún mecáni¬
cos.
Pasemos ahora á hacer el bosquejo de
los fenómenos generales del hipnotismo.
Este, como hemos visto, es un conjunto de
fenómenos complejos. Por esto precisa¬
mente no todos los hipnotizados son sus¬
ceptibles de los mismos experimentos ni
de las mismas observaciones; los hay de
los que poco partido puede sacarse; otros
en los que los fenómenos se embrollan de
tai manera que confunden al experimen¬
tador; y por último, los hay perfectos, si
— 56—

vale la frase, que son los más á propósito


para sujetos de estudio. Estos últimos se
reclutan entre las histéricas, las cuales, en
opinión de hábües experimentadores: “pre¬
sentan una impresionabilidad nerviosa
tal, que ofrecen las cualidades del reactivo
más sensible para estudiar la hipnosis ce¬
rebral.” 1
Las histéricas han servido al sabio pro¬
fesor Charcot para desembrollar los sínto¬
mas de la hipnosis, clasificarlos metódica¬
mente, según el orden de su aparición y
sus afinidades y, en una palabra, para ha¬
cer la nosografía [naturaleza y tratamien¬
to] del hipnotismo. El 13 de Febrero de
1882 leyó ante la Academia de ciencias su
“Nota sobre los diversos estados nerviosos
determinados por la hipnotización en las
histéricas”, en la que reduce la sintomato-
logía á tres tipos: Io el estado cataléptico,
2? el estado letárgico; 3? el estado sonam-
búlico.
Para dar idea de estos tres estados, re¬
sumamos lo que á este respecto dicen Char¬
cot y su colaborador Riclier.
La calalepsia primitiva—que lo es siem¬
pre al priucipio del desarrollo de un suje-
X Bérillun. Hypnolisme expei'imental. París 1884.
- 57-

to—se produce como hemos dicho, por un


ruido fuerte y brusco, por el brillo de una
luz intensa, por la fijación de la mirada
en un punto brillante y, en el estado de
letargía, abriéndole al sujeto los ojos, en
un sitio iluminado.
“El rasgo más culminante del estado ca-
taléptico—dice Charcot—es la inmovili¬
dad. El sujeto, aunque se le coloque de
pié en una actitud violenta, mantiénese en
perfecto equilibrio; parece como petrifica¬
do. Sus ojos están abiertos, la mirada fija
y la fisonomía impasible.”
“Los miembros, levantados ó doblados
por el operador, no ofrecen la menor resis¬
tencia y hasta parecen sumamente ligeros;
toman y conservan por largo tiempo, aun
las actitudes más caprichosas y menos na¬
turales en que se les coloque. La excita¬
ción de los tendones de los músculos y de
los nervios, no determina ni reflejos ni con-
tracturas musculares. La histérica en ca-
talepsia es una estatua; pero una estatua
á quien el operador puede comunicar algo
de vida. En efecto, si la piel ofrece una in¬
sensibilidad absoluta, en cambio los sen¬
tidos conservan cierto grado de impresio¬
nabilidad, de tal suerte, que excitándolos
por sugestión, se puede transformar la esta¬
tua en autómata, inspirarle ciertas ideas, y
hacerla ejecutar movimientos más ó menos
complicados, en relación con aquellas.
Abandonado á sí mismo el sujeto catalép-
tico, vuelve á su inmovilidad primera.” 1
La letargía se obtiene primitivamente
por la fijación de la mirada ú otro proce¬
dimiento semejante. “Al principio del fe¬
nómeno—observa un autor—suele produ¬
cirse un ruido laríngeo; asoma un poco de
espuma á los labios, y el paciente se aban¬
dona en una resolución general y comple¬
ta de todos los miembros que, levantados,
vuelven á caer inertes á lo largo del cuer¬
po. Los globos oculares están convulsos,
mirando hacia arriba y atentos, bajo los
párpados más ó menos cerrados. La anal¬
gesia (ausencia de dolor) parece completa;
la actividad sensorial no está abolida del
todo; pero las tentativas de sugestión gene¬
ralmente no surten ningún efecto.”
Este estado está caracterizado por la irri¬
tabilidad de la médula espinal, revelada
por la exageración de los reflejos tendino¬
sos y por el fenómeno que Charcot y Ri-
cher llaman hiperexcitabilidad neuro-mus-

1 Cullerre. loe. cit,


— 59—

cular. 1 Consiste éste en la sensibilidad


extremada que adquieren los músculos, á
tal grado, que si se percute el tendón de
un músculo, con el dedo, con un raartilli¬
to especial, etc., se produce instantánea¬
mente una contractura del músculo, que
levanta la parte del miembro á que aquel
pertenece. Sin necesidad del choque puede
producirse, igualmente, por la fricción pro¬
longada de los tendones, por la excitación
de los miembros ó el sobamiento de las fi¬
bras musculares.
El estado sonambúlico puede ser primiti¬
vo ó secundario. El primitivo se produce
por los medios ordinarios; el secundario,
ejerciendo una ligera presión ó friccionan¬
do sobre el vértice, en los individuos pre¬
viamente sujetos á letargía. En ese estado
los ojos están cerrados ó semicerrados; la
resolución muscular existe, aunque en
grado menor que la letargía; no se observa
lahiperexcitabilidad neuro-muscular, pero
en cambio se nota cierta rigidez muscular
persistente. Esta contractura 'muscular
puede persistir, según Charcot:
1 (’harcot y Paul Richer. Contribution a Iilude
de Vhypnotiísfne chez les hislériqués; duf¿nomine de la
hypei'excitabilité neuro-musculaire.
- 60—

“1? Durante el estado letárgico; se pue¬


de entonces producir la contracción letár¬
gica en todos los músculos que no están en
contractura sonambúlica y comparar fá¬
cilmente los dos órdenes de fenómenos; 2?
durante el cataléptico, en el que no podrá
ser provocada más que en las partes no
sonambulizadas; 3? durante la vigilia. La
contractura sonambúlica puede diferen¬
ciarse de la letárgica en que es susceptible
de persistir en el estado de vigilia, y en
que la aplicación de los imanes produce
el trasporte de la segunda, mientras que
no tiene influencia sobre la primera.” 1
Los tegumentos, en este tercer estado,
son afectados de analgesia; pero ciertas
formas de la sensibilidad de la piel, el sen¬
tido muscular y los sentidos especiales, su¬
fren una hiperexcitabilidad considerable.
Para hacer cesar el sueño se ejerce una li-
jera presión sobre los ojos, ó sobre el vér¬
tice.
Ya que hemos sumariamente reseñado
las tres fases del sueño hipnótico, pasemos
al exámen de los diversos fenómenos que
durante ellas se presentan, cuestión que
trataremos en los posteriores capítulos.
1 Charcot y Richer loe. cit.
— 61—

CAPITULO y.

ESTADOS CARACTERÍSTICOS DEL HIPNOTISMO.

Dificultad de una clasificación perfecta.—Confusión


de los caracteres.—Dumontpallier y sus trabajos.
--Experimentos de Magnin sobre coDtracturas.—
El teléfono, el micrófono y la luz Drummond como
agentes hipnogénicos.—Acción de la luz, el calor
y el aire.—El reflejo cutane.o.—Experimentos de
Bréraaud.—De las diversas foimas hipnóticas.—
Los estados mixtos de Dumontpallier y MagniD.
—La fase cataléptica y la sonambúlica. — Galvani¬
zación cefálica.—Movimientos automáticos.—So¬
nambulismo parcial.—Experiencias di Feró y Bi-
net.-—Hipnosis unilateral y bilateral.—Hemi-le-
targía,diemi-catalepHia y hemi-sonambulismo.—
Burq y su teoría sobre los “esteeiógenos.”—Opi¬
niones de Charcot, Luys y Dumontpallier.—Mo¬
dificaciones de la sensibilidad y modlidad.— Tras¬
portes por la acción de los “estesiógenos. ”

Entramos á la parte más oscura del hip¬


notismo. Hasta aquí sólo hemos hablado
62—

de los tres estados más característicos del


sueño provocado; pero como más adelante
veremos, ni éstos constituyen todos los es¬
tados del sueño nervioso, ni es posible en¬
cerrar los múltiples fenómenos que se ob¬
servan, sobre todo en las histéricas, en la
clasiñcación propuesta por Charcot. Efec¬
tivamente, á medida que se avanza en este
estudio tan lleno de maravillas, se vé la
imposibilidad de dividir á los hipnóticos
en los grupos propuestos por el sabio pro¬
fesor de la Salpétriére, porque, como su
mismo colaborador confiesa,1 “aun los fe¬
nómenos neuro-musculares que caracteri¬
zan cada período del hipnotismo, no se en¬
cuentran con claridad más que en una
quinta parte de los sujetos; muchas veces
se confunden con los de la letargía y los
del sonambulismo, mientras que los del es¬
tado cataléptico conservan los caracteres
que le son propios. En ocasiones, la con¬
fusión es mayor todavía: los fenómenos
neuro-musculares son los mismos, cual¬
quiera que sea la fase del hipnotismo.”
Dumontpallier, cuyos notables trabajos

1 P. Richar. Etudes cltniquessur Vhysiéro-epilep-


sie. Paria, 1886.
— 63—

tanta luz han arrojado sobre la materia, no


admite que las contracturas provocadas
sean de diferente naturaleza, según los pe¬
ríodos del sueño nervioso, y aun ha trata¬
do de demostrar que la hiperexcitabilidad
n euro-muscular, por ejemplo, podía ma¬
nifestarse en todos los períodos del hipno¬
tismo, diferenciándose tan sólo, en que los
procedimientos que en un caso sirven, en
el otro son ineficaces.
Así, si para producir la letargía basta la
presión de las masas musculares, estos me¬
dios son iinpotentes para provocar la cata-
lepsia. La aplicación de los mismos agen¬
tes, repetida, deshace lo que ellos mismos
han producido.
Magnin, discípulo de Dumontpallier,
sostiene las mismas teorías y en una obra
suya, recientemente publicada,1 refiere los
siguientes experimentos:
“En una histero-epiléptica, en estado so-
nambúlico, el ligero toque de una zona
cutánea dé la pierna, determina la contrac¬
ción del músculo correspondiente. Por el
mismo procedimiento sé determina, á vo¬
luntad, la contractura de los músculos de
1 P. Magnin. Elude dinique eí experimental sur
V hipnotismo.
— 64—

los brazos y de la cara. Excitaciones más


ligeras todavía, el ruido de la máquina de
un reloj, por ejemplo, determinan el mis¬
mo fenómeno.”
Iguales experimentos se han hecho por
medio del teléfono y del micrófono; las vi¬
braciones tan poco intensas de estos ins¬
trumentos han determinado contracciones
musculares.
Con la luz de una lámpara Drummond
ó la solar, reflejada por un espejo, se obtie¬
nen idénticos resultados; dirigiendo los ra¬
yos sobre tal ó cual región aparece inmei
diatamente la contractura.
El calor obra de igual manera. Una go¬
ta de agua templada, colocada sobre la piel,
determina la contractura del músculo co¬
rrespondiente.
De todo esto deduce Mr. Magnin, que
en el período de sonambulismo, “excita¬
ciones infinitamente débiles pueden dar
origen á contracturas intensas y localiza¬
das.” En el período cataléptico siempre
ha podido producir en sus enfermos con¬
tracturas intensas y localizadas. De los
diversos agentes físicos empleados, el so¬
plo, la más ligera corriente de aire, pare-
— 65—

cen tener la acción más eficaz; dirigidos


sobre un punto determinado del tegumen¬
to, inmediatamente se vé producirse la
contractura del músculo ó del grupo de
músculos subyacentes. En el período le¬
tárgico se obtiene la contractura no sólo
por excitaciones vivas ejercidas sobre los
tendones, los nervios ó la misma fibra
muscular, sino también por excitaciones
tan ligeras como las que ya hemos dejado
citadas.
En resumen: contra la opinión de Ri-
cher y Charcot, sostienen Dumontpallier y
Magnin, que el simple reflejo cutáneo, bas¬
ta para provocar las contracturas en todas
las fases del hipnotismo sea la sonambúli-
ca, la letárgica ó la cataléptica.
Mr. Brémaud demostró ante la Sociedad
de Biología [sesión del 12 de Enero de
1884] que la contractura podía obtenerse
fácilmente en la catalepsia hipnótica, en
los sujetos sanos, con sólo el choque. Un
choque brusco en la parte superior del eje
vertebral, determina una rigidez general
del cuerpo que permite moverlo todo en
masa. Üna comente de aire dirigida so¬
bre una región muscular, cualquiera, pro-
HIPN OTISMO,—5
- 66-

duce su contractura. Los sujetos que lian


sufrido una constante experimentación son
tan delicados, que el soplo más ligero pro¬
voca en ellos contracturas generalizadas.
De la variabilidad de estos fenómenos,
deduce Dumontpallier la imposibilidad de
clasificar á los hipnóticos según el método
de Charcot. En algunos existen las dos
formas de que acabamos de hablar, al mis¬
mo tiempo y en una misma fase del hip¬
notismo, participando así de la letargía y
del sonambulismo; en otros, no es posible
separar la fase letárgica de la cataléptica,
produciéndose un estado mixto que se ma¬
nifiesta por los fenómenos del estado cata-
leptoide.
Los estados mixtos son, pues, numerosí¬
simos. Hablando de ellos dicen los Sres. Du¬
montpallier y Magnin, antes citados:
«Estos no son más que fases intermedias,
pues los rasgos de unión entre los prece¬
dentes, no son sino grados de una misma
afección, grados entre los cuales no podrá
realizarse una transición brusca. El hipno¬
tismo debe ser considerado como un pro¬
ceso esencialmente progresivo; y desde el
estado de vigilia hasta el de letargía, que
en nuestro concepto es el grado más pro-
■67—
fundo del sueño provocado, se observan to¬
dos los términos intermedios; empieza en
el sonambulismo, siguen los estados inter¬
medios, la catalepsia y la letargía. Tan
cierto es esto, que por medio de una exci¬
tación suficientemente prolongada, se pue¬
de hacer pasar al sujeto del estado de vi¬
gilia al sonambulismo, después é insensi¬
blemente al estado cataléptico, y de éste,
finalmente, al letárgico1
Como se vé, estas ideas difieren esen¬
cialmente de las expuestas por Richer,
Charcot y los otros hipnotistas sus discí¬
pulos. Mr. Dumontpallier ha insistido en
afirmar la existencia de numerosas fases
intermedias á los tres estados descritos por
Charcot. En sus comunicaciones á la So¬
ciedad de Biología procuró establecer las
relaciones, muy directas á su juicio, que
existen entre el sonambulismo y la cata¬
lepsia.
Una ligera presión, dice, ejercida sobre
el vértice de la cabeza en una sonámbula,
provoca la catalepsia; la misma presión re¬
petida algún tiempo después, hace apare¬
cer de nuevo la fase sonambúlica.

1 P. Magnin, loe. cit.


— 68—

En hipnotismo, puede afirmarse que el


agente que hace, deshace.
Además de estos fenómenos, los experi¬
mentadores señalan otros más sorprenden¬
tes aún. Sea el primero, la posibilidad de
influir sobre el cerebro en los sujetos hip¬
notizados, ya directamente, á través de la
bóveda craneana, ya indirectamente, por
medio de una acción refleja cuyo mecanis-.
mo es desconocido. La excitación de cier-1
tas partes del cráneo, en los histéricos hip¬
notizados, reacciona sobre el sistema mus¬
cular del cuerpo, determinando contrac¬
ciones en relación con la región excitada.
«Mr. Charcot se ha servido déla corrien¬
te galvánica para hacer sus experimentos.
El polo positivo lo colocaba sobre el crá¬
neo, al nivel de las regiones motrices, y el
negativo sobre el esternón; ó bien el posi¬
tivo en relación con la parte superior de
la zona motriz y el negativo delante ó de¬
trás de la oreja. Si durante el estado letár¬
gico se hace pasar la corriente en dichas
condiciones, se produce, sin que el sujeto
despierte, ya al abrir ó ya al cerrar el círcu¬
lo, una sacudida muy clara, comunmente
en la parte del cuerpo, opuesta á la aplica-
I - 69—

ción del polo positivo, aunque alguna vez


se produce en el mismo lado.” 1
En algún enfermo, este modo de galva¬
nización cefálica ha podido provocar los
mismos fenómenos en estado de vigilia.«Pa¬
ra explicar estos hechos pensó primero Mr.
Chareot en invocar la hiperexcitabilidad
de las regiones motrices del cerebro; pero
la circunstancia de poder producirse las
contracciones galvánicas en el mismo lado
de la excitación es contraria á esta explica¬
ción y por lo mismo la ha desechado.» 2
Mr. Dumontpallier, en la sesión de 12
de Enero de 1884, de que ya hemos habla-
I do, hizo en la Sociedad de Biología análo¬
gos experimentos. Después de dormir por
medio de la mirada á una enferma de su
sala, la cataleptizó y provocó en ella gran
número de movimientos automáticos, di¬
rigiendo sobre los tegumentos del cráneo
un soplo proyectado por un tubo capilar,
adaptado á un instrumento de goma.
Obrando sobre el mismo punto del cráneo,
el sujeto repetía invariablemente los mis¬
mos movimientos. Repetida la excitación

1 Cullerre. loe. cit,


2 P. Richer. loe. eit.
— 70—

después de algunos instantes, mediante


una nueva corriente de aire, se repr- dujo
el movimiento, aunque en sentido inverso
de la vez primera.
Excitando los tegumentos del cráneo en
diversos puntos, han obtenido los Sres.
Feré y Binet sorprendentes fenómenos de
sonambulismo parcial. Si estando en cata-
lepsia ó letargía un sujeto, se hace la fric¬
ción del vértice, entra en sonambulismo;
si la fricción es lateral provoca el hemh-o-
nambulismo; si en vez de hacer una fric¬
ción extensa del vértice, se practica una
fuerte presión en determinados puntos del
cuero cabelludo se provoca el sonambulis¬
mo parcial del miembro que esté en rela¬
ción con el centro motor impresionado.
cfAsí—dicen los citados profesores—so
puede sonambulizar aisladamente, una mi¬
tad de la cara, un brazo, una pierna, los
dos brazos, las dos piernas, ó la totalidad
de la cara. Es hasta posible determinar el
sonambulismo aislado de la parte superior
de 1a. cara, excitando un punto del cráneo
situado por encima de una línea horizon¬
tal, que pase por el arco superciliar y por
detrás de la línea vertical, tirada tras del
apófisis mastoide.»
-Vi-

Más extraordinarios aún son los experi¬


mentos referidos por Mr. Dumontpallier en
la Sociedad de Biología; refería el experi¬
mentador que con la sola acción de la mi¬
rada, había hecho entrar en contracción
ciertos músculos en una histérica hipnoti¬
zada. Dirigiendo la mirada—en el mismo
sujeto—sobre la región que cubre la terce¬
ra circunvolución frontal izquierda, le pro¬
ducía la afasia (mudez). La misma mirada
bastaba para hacer desaparecer tan extra¬
ños fenómenos.
Hay un segundo orden de hechos nue¬
vos, constituidos por los fenómenos desig¬
nados por los hipnotizadores con los nom¬
bres de Hipnosis unilateral é Hipnosis hila-
teral de carácter diferente para cada lado.
Es decir, que los fenómenos hipnóticos
pueden limitarse á un sólo lado del cuerpo.
Braid 1 había notado que bastaba una lige¬
ra corriente de aire lanzada sobre un ojo
—en el individuo hipnotizado—para de¬
volver á ese órgano la vista, al mismo tiem¬
po que para hacer reaparecer la sensibili¬
dad y motilidad [movimiento] en la mi¬
tad del cuerpo correspondiente á aquel.

1 Braid. loe. cit.


— 72—

Heideinheim, por medio de fricciones pro¬


longadas en un lado de la cabeza, produce
en sujetos sensibles el hipnotismo unilate¬
ral. Acentuado este estado, la hiperexcita-
bilidad neuro-muscular aparece; y bien
pronto sucede á aquel, un verdadero estado
de hemi-letargía. Las fricciones practica¬
das en el lado derecho no sólo producen la
hemi-letargía del izquierdo, sino que aun
impiden que los sujetos puedan leer ó re¬
petir palabras pronunciadas cerca de ellos.
Algunas, aunque pocas veces, se producen
los fenómenos en el mismo lado en que ha
sido hecha la excitación.
Cuenta Ladame 1 que friccionando en
un sujeto el lado izquierdo de la cabeza,
determinó en el lado derecho una contrac-
tura tan violenta que, de no haber sosteni¬
do al individuo, habría caído al suelo.
Durante este tiempo produjéronse ciertos
trastornos en la palabra, y mientras el ojo
derecho tenía el sentido "de los colores, el
otro permanecía acromatópsico. Charcot,
Richer y Descourtis, han llegado á demos¬
trar en sus experimentos, que un indi¬
viduo puede ser puesto en hemi-letargía y
en hemi-catalepsia á la vez.
1 Ladame. La neurose kypnotique.
— 73—

Los procedimientos para producir estos


diversos fenómenos, son bien sencillos. Si
estando sumido el sujeto en letargía se le
abre un ojo en plena luz, la mitad corres¬
pondiente del cuerpo permanecerá en cata-
lepsia y la otra mitad en letargía; si á otro
sujeto en estado sonambúlico se le compri¬
me un ojo, la mitad del cuerpo quedará
sonambulizada mientras en la otra se pro¬
duce la letargía. Para obtener el hemi-so-
nambulismo y la hemi-catalepsia, bastará
ejercer una presión ligera sobre un lado del
vértice y abrir el ojo del lado opuesto.
«Mr. Dumontpallier, obra aisladamente
sobre cada hemisferio cerebral. Coloca una
venda Sobre el ojo izquierdo y por la fija¬
ción del derecho obtiene el hipnotismo;
pero solamente el lado derecho presenta
las diversas manifestaciones hipnóticas, es
decir, las fases letárgica, cataléptica y so-
nambúlica. El lado izquierdo, en comple¬
ta resolución, permanece indiferente á las
excitaciones.» 1
“En algunos enfermos parece haberse
observado, aunque muy rara vez, una mar¬
cha alterna, cruzada, de los fenómenos; si,

1 Bérillon. Hipnotismo experimental.


— 74—

por ejemplo, se provocaba la letargía á la


izquierda y la catalepsia á la derecha; ocu¬
rría que la letargía se presentaba á la iz¬
quierda en la parte supra-umbilical y ála
derecha en la infra-umbilical y viceversa,
en lo que concierne á la catalepsia.” 1
Existe otra serie de fenómenos curiosísi¬
mos en los individuos hipnotizables; que¬
remos hablar de la acción de los estesióge-
nos durante el sueño provocado. El Dr.
Burq, en la serie de sus experimentos, ob¬
servó que en los individuos cuya sensibili¬
dad estaba modificada por diversas enfer¬
medades, podía obtenerse el alivio y hasta
la curación de estos trastornos, por la apli¬
cación, sobre la superficie cutánea, de di¬
versos metales, según la idiosincrasia me¬
tálica especial, es decir, la disposición para
determinado metal, del sujeto enfermo.
No sólo los metales, sino otras diversas
sustancias como los imanes, etc.—el Dr.
Burq llama á todas ellas estesiógenas—se
ha averiguado que gozan de la propiedad
de reavivar ó de hacer reaparecer la sen¬
sibilidad de una superficie atacada de anes¬
tesia. En 1879, los profesores Charcot,

1 P. Maguin. loe. cit,


— 75--

Luys y Dumontpallier, encargados por la


sociedad de Biología, de examinar la teo¬
ría de Burq, descubrieron un nuevo fenó¬
meno: la posibilidad de trasportar por me¬
dio de las sustancias estesiógenas, la sensi¬
bilidad del lado sano al lado enfermo, el
cual, á su vez, queda anestésico.
Otros descubrimientos posteriores han
hecho saber que el empleo de esos agentes,
no sólo modifica la sensibilidad ú opera el
trasporte, sino que ejerce una acción aná¬
loga sobre diversos trastornos de la motili-
dad, tales como las parálisis y las oontrac-
turas. 1 Al hablar de los descubrimientos
de Bourru y Burot, trataremos más exten¬
samente esta cuestión.
El estado de la sensibilidad general y es¬
pecial de las funciones orgánicas y de las
facultades intelectuales, durante las distin¬
tas fases del sueño hipnótico, nos dará
asunto para el próximo capítulo.

1 Ch. Feró y A. Binet. Note pour servir á l'his-


toire du transferí chez les hypnotiques. Taris, 1884.
CAPITULO VI.
ESTADO DE LA SENSIBILIDAD GENERAL
ESPECIAL
DE LAS FUNCIONES OTGANICAS.

Manifestaciones sensitivas, sensoriales y psíquica


—Anestesia de las diversas formas de la sensibil
dad en el estarlo letárgico.—La sensibilidad en
estado cataléptico.—Movimientos automáticos.—
Persistencia de las contracciones musculares.
Sug rtiones y alucinaciones.—Actitudes pasiona
les.—Influencia de la música en los hipnotizado
—Modificaciones en la inervación.—Analgesia.—
Hiperestesias táctiles y sensoriales.—Notabl
experimentos <14 Dr. Taguet. — Estado de las f
cultades en el sonambulismo.—Desarrollo de.
memoria. — Delirios. —Alucinaciones. —Pseud
ebriedaí.

De las diversas fases del sueño provoca


do, la sonambúlica es la más apropiad
para estudiar el estado de la sensibilida
general y especial de las funciones orgáni¬
cas; así es, que á ella dedicaremos prefe¬
rentemente nuestra atención; pero antes
apuntaremos las modificaciones ó altera¬
ciones que las repetidas funciones sufren^
durante los períodos letárgico y catalép-
tico.
Poco es lo qué hay que decir respecto
del estado letárgico; las manifestaciones
sensitivas, sensoriales y psíquicas son ne¬
gativas ó poco menos; la anestesia de las
diversas formas de sensibilidad, hace esté¬
riles las excitaciones, é imposible la comu¬
nicación del operador con el sujeto, para
producir en él fenómenos, sobre todo del
orden sugestivo. Existen, sin embargo, sus
excepciones: individuos hay en los que, á
pesar de la anulación general de la sensi¬
bilidad y de la inteligencia, es posible ex¬
citar eí oído; pero en virtud de la impoten¬
cia á que se hallan reducidos, estas excita¬
ciones no dan, la mayor parte de las veces,
resultados efectivos. Los sujetos letargiza-
dos dan á comprender, á lo sumo, que han
entendido y nada más.
“Alguna vez, dice Richer, se vé á la his-
térica-letárgica responder con algunos mo¬
vimientos respiratorios precipitados á la
—78—

repetida pronunciación de su nombre, pue¬


de llegar á levantarse, llevándola del bra¬
zo; pero esto es todo cuanto puede obtener¬
se de ella.”
En el estado cataléptico, si bien la sen¬
sibilidad general está abolida, la especial
varía mucho según los sujetos. Conserván¬
dose el sentido muscular, fácilmente se
producen fenómenos sugestivos. Basta dar
á los miembros una posición que indique
determinada pasión, para que los múscu¬
los de la cara, completen la expresión del
sentimiento de que se trate.
“Así pueden variarse las actitudes hasta
el infinito. El éxtasis, la oración, la humil¬
dad, la tristeza, la cólera, el espanto, todo
puede ser representado. Realmente sor¬
prende ver con qué exactitud un simple
cambio en la actitud de las manos, reac¬
ciona sobre las facciones y la cara.” 1
Los Sres. Oharcot y Richer han hecho,
á este respecto, experimentos verdadera¬
mente notables. Por [Link]
eléctricas han logrado desarrollar en la ca¬
ra, las impresiones emocionales más vivas.
La contracción muscular ocasionada por
la corriente farádica persiste aun después
1 Richer, loe. cit.
-79-

de haber cesado ésta, lo mismo que las po¬


siciones de los miembros, complementarias
de la expresión del rostro; de tal manera,
que el individuo puede permanecer horas
enteras en la actitud última en que haya
sido colocado.
Puede provocarse también una expre¬
sión diferente en cada lado de la cara, em¬
pleando el mismo procedimiento; produ¬
ciéndose el curioso efecto, de que mientras
el lado derecho sonríe y expresa una acti¬
tud de regocijo, él izquierdo muestre la ac¬
titud de la cólera ó el enojo. Por medio de
excitaciones sensoriales apropiadas, pueden
sugerirse al cataléptico alucinaciones y
hasta la realización de ciertos actos, difi¬
riéndose estas sugestiones délas hechas en
estado sonambúlico en que, en el primer
caso, el sujeto obra inconsciente y auto¬
máticamente, y en el segundo, aunque sin
tener perfecta conciencia del acto que eje*
cuta, ya su imaginación juega en la reali¬
zación de estos actos, un papel muy impor¬
tante.
Despertando el oído por medio de pala¬
bras pronunciadas con tono brusco, puede
sugerirse á los catalépticos la idea de que
oyen á una persona extraña, á un enemigo,
— 80—

etc., reflejándose en su semblante los sen¬


timientos de satisfacción ó disgusto que
experimenten. Por el tacto (pouiendo en
sus manos objetos cuyo uso les sea fami¬
liar) se les puede sugerir la idea de movi¬
mientos automáticos de todas clases. Por
la vista, alucinaciones y hasta fascinacio¬
nes. 1 La música parece tener gran influen¬
cia sobre los hipnotizados en estado de
catalepsia. Según el género de música, el
rostro, actitud y movimientos de los cata-
lépticos se transforman, animándose con
los himnos guerreros, tomando una expre¬
sión de beatitud y misticismo con la mú¬
sica religiosa, alegrándose con las piezas
bailables ó entristeciéndose con las mar¬
chas fúnebres ó los trozos melancólicos.
En suma, en el estado cataléptico puede
provocarse toda una série de actos pura¬
mente automáticos, por ridículos, extraños
ó peligrosos que sean.
En los sonambulizados hipnóticos pro-
dúcense algunas modificaciones en la iner¬
vación orgánica. En ciertos casos notánse
en ellos sudores abundantes en las manos
1 Vease Bourneville y Régnard. Iconographie
pliotographique de la Salpetriéi'e y Ch. Féré. Les hip-
mtigx&s lmttriqvm.
— 81—

y en las axilas; otros se quejan de una


sensación anormal de frío ó de calor.
“Una epiléptica hipnotizada por nosotros
—dice Chambart—se quejaba al despertar,
de haber experimentado en todo el cuerpo,
una impresión viva y penosa de calor; era
el sudor. La respiración estaba acelarada
y también el pulso.” 1
Braid, en su obra citada, refiere que
examinando á un sujeto hipnotizado, le
llamó la atención el estado de su pulso: era
éste tan rápido que no pudo llegar á con¬
tarlo. Efectivamente, la aceleración del
pulso en los hipnotizados parece un hecho
comprobado; para el hipnotizado en quien
se desarrolle la rigidez cataleptiforme de
los músculos, la aceleración, según obser¬
vación de Culi erre, es de 10U por 100,
mientras que sólo es de 20 en un sujeto
despierto que ponga en tensión sus múscu¬
los durante cinco minutos.
Heindeuhain ha confirmado estos fenó¬
menos; Paul de St. Martin también ha no¬
tado la aceleración del pulso y de la respi¬
ración, así como los sudores. Richer asegu-
1 E. Chambart.—Somnambulisme provoqué.

HIPNOTISMO,—6
— 82—
ra que la respiración en la letargía es casi
regular, ? nes aun cuando al principio se
acelera notablemente, concluye por hacer¬
se más lenta; las inspiraciones son profun¬
das y á veces estertorosas.
Al principio del estado cataléptico hay,
según el mismo autor, completa suspensión
de la respiración; después se restablece,
pero se conserva lenta y superficial. En el
período sonambúlico recobra esta función
sus caracteres habituales aunque conser¬
vando gran tendencia á la irregularidad.
En los estados letárgico y cataléptico se
retarda algo el pulso. En un caso de le¬
targía cataleptiforme expontánea, en un
loco, el pulso descendió á 42 pulsaciones.1
El mismo CulIerre en un epiléptico que
hipnotizó, notó que el pulso bajó a 50,
manteniéndose en esta cifra durante todo
el experimento. Bernheim sostiene la opi¬
nión de que las modificaciones de la iner¬
vación en los hipnotizados, son el resulta¬
do del-modo de hipnotización; en los ya
hipnotizados que se duermen sin emoción,
afirma que no se nota ni acelaración ni re-
traso del pulso y la respiración._
1 Cullerre. Catalepsie ¿hez un hypocondriaque
penMcuté%
— 83—

Uno de los caracteres más marcados del


sonambulismo provocado, es la insensibi¬
lidad, la analgesia absoluta; sin embargo,
hay sus excepciones, pero éstas son en ex¬
tremo raras. Braid ha notado además una
excitación extrema de los sentidos, excep¬
ción hecha del de la vista; el oído es cerca
de doce veces más sensible que en el estado
normal. El olfato también está exaltado
de un modo extraordinario. “Una señora,
dice, pudo dar con una rosa que se le ha¬
bía llevado, á quince varas de distancia.” 1
La hiperestesia (extremada sensibilidad)
táctil es tan considerable, en este estado,
que el roce más ligero y superñcial es su¬
ficiente para hacer entrar en acción á los
músculos. Las sensaciones de calor, de frío
y de resistencia están tan exaltadas, que
permiten al sujeto apreciar cualquier cosa
sin contacto inmediato. Si se echa, por
ejemplo, sobre una mesa un perfume pe¬
netrante, el paciente se aproximará para
aspirarlo; pero se detendrá antes de trope¬
zar con la mesa, rechazado por el frío del
mueble. Si se pone sobre la mesa un pa¬
ñuelo impregnado del mismo perfume, se

1 P. Richer, loe. cit.


— 84—

acercará t 0.0 lo posible, alejándose de nue-


yo el re quita el pañuelo y así sucesiva
mente. Éste fenómeno de atracción y re¬
pulsión puede repetirse á voluntad.” 1
Experimentos practicados por el Dr.
Azam comprueban el desarrollo admira¬
ble de la hiperestesia sensorial. El oido se
hace tan excesivamente fino, que puede
oirse una conversación de un piso á otro;
el tic-tac de un reloj á ocho metros de dis¬
tancia y ruidos pequeñísimos, inaprecia¬
bles para el oído normal, con perfecta cla¬
ridad. El olfato adquiere el mismo poder,
olores puestos en la ropa muchos días an¬
tes é inapreciables para los demás, provo¬
can nauseas en el hipnotizado. El gusto
también puede ser liiperestesiado.
Hay hipnotizados, según Braid, que
sienten una corriente de aire procedente de
los labios ó de un fuelle, á 20 ó 30 metros
de distancia. Un sujeto, observado por Ri-
cher, sentía, también á larga distancia,
una corriente de aire y era tal su sensibi¬
lidad de tacto, que aun á través de las ro¬
pas reconocía á ciertas personas sin enga¬
ñarse jamás, cualesquiera que fuesen las

1 A. Gutierre. Magnelüme eí hypnotisme.


— 85—

precauciones que se tomasen y los artifi¬


cios puestos en práctica para hacerlo equi¬
vocar. 1
Más extraordinario aún es lo que el Dr.
Taguet2 ha referido á la sociedad médico-
fisiológica de Paris y que por lo excepcio¬
nal vamos á reproducir íntegro, en la par¬
te sustancial:
“En tanto que Natividad (una joven de
19 años histero-epiléptica que le ha servi¬
do para estos ensayos) está en crisis con¬
vulsiva, en catalepsia ó letargía, que á vo¬
luntad y sucesivamente determinamos por
la presión á distintos grados de la misma
zona ó de zonas diferentes, señalamos en
su cara cierto número de manchas con lá¬
piz ó tinta, unas muy claras, otras menos
perceptibles. Hecho esto, la dormimos por
la compresión de los opérculos de la oreja.
Después de haber colocado ante sus ojos
uno de los objetos de que hemos hablado
para recoger la mirada, un cartón sise
quiere, despertamos á la enferma por el
procedimiento indicado. Apenas tropiezan
sus ojos con el plano del cartón se asom-
1 P. Rieh^r. loe. cit.
2 Hipnodsme oree hiperestesie de lame et de rodo-
raí. París, 1884.
■86—

bra de verse la cara manchada, y quita


una por una todas las manchas del rostro,
sirviéndose del cuerpo opaco como de un
verdadero espejo. Las manchas que no se
reflejan directamente en el cuerpo reflec¬
tor, no son notadas á menos que se suba ó
se baje éste, ó que la enferma mueva la
cabeza á derecha ó izquierda, según el
caso.
“Por encima ó por detrás de su cabeza,
pero de tal suerte que se encuentren en el
campo del cartón, ponemos diversos obje¬
tos, tales como una sortija, un reloj, una
pipa, muñecos de papel, un lápiz, una mo¬
neda, etc., al poco rato los nota y describe
su forma y color.
“Teniendo siempre fija la mirada sobre
el cartón, nos colocamos detrás de ella y
asomamos la cabeza por encima de la su¬
ya; inmediatamente noí) saluda, nos hace
una pregunta ó nos recuerda una promesa;
si la tiramos un beso con la mano se enfa¬
da porque nos burlamos de ella, y si in¬
sistimos se incomoda y escupe sobre el es-
pejo. .
“Pasan sucesivamente por detras de su
cama, cuatro, cinco, diez personas comple¬
tamente desconocidas para ella, y de todas
—87—

dice algo; esta es joven, la otra es vieja,


aquella tiene la barba negra, la siguiente
blanca, una es alegre, otra burlona. Des¬
cubre el menor gesto, el más ligero movi¬
miento de iabios. Un compañero nuestro
hace un cigarrillo y simula fumar: “que
aproveche,” dice la enferma. Otro hace la
señal de la cruz, y exblama: “¡buen cris¬
tiano!” La aparición de una cara conocida
en medio del desfile de tantos extraños la
llena de alegría; parece que ha olvidado
ya las impresiones anteriores. Ponemos
por encima de su cabeza un letrero con-es¬
tas palabras: “¡soy el diablo!” é inmediata¬
mente que repara en él hace la señal de la
cruz y coje sus medallas; todo indica en
ella el más vivo temor. Se reemplaza este
escrito por otro que dice: “¡soy Dios!” y en
seguida su cara se anima y expresa la más
grande alegría.
“Cuando está más ocupada en descifrar
estos letreros, levantamos el cartón ádel¬
ta altura y esto la obliga á echar la cabeza
hacia atrás; entonces, seguros de que no
puede vernos, la dejamos descubierto uno
de los pechos, sin que su rostro exprese la
menor emoción; bajamos luego insensible¬
mente el cartón, y derrepente se avergüen-
■88—

za y arregla precipitadamente sus ropas.


Pero basta con tenerla las manos para ha¬
cerla olvidar el movimiento empezado.”
El doctor Taguet atribuye estos fenóme¬
nos á hiperestesia de la vista; pero fran¬
camente, la razón vacila en aceptar esta
hipótesis ante lo excepcional del fenómeno.
El' mismo observador, atribuyéndolo á hi-
peresiesia del olfato, refiere el siguiente
curiosísimo hecho, experimentado en la
misma sujeto.
“Se pone á la enferma en sonambulismo
por el procedimiento indicado. Se recoje y
fija la mirada por medio de una tarjeta de
visita, que rasgamos casi en el acto, y di¬
vidimos en cierto número de pedazos. En
tanto que la hacemos sujetar, casi á la
fuerza, en la cama, nos vamos á la pieza
inmediata y los escondemos bajo la alfom¬
bra, detrás de los muebles, en las copas,
en los tiestos, en la estufa y en los bolsillos
de las personas presentes, volviendo en se¬
guida junto á la enferma sin más que un
pedazo de tarjeta que la entregamos. La
enferma le huele varias veces, duda un
momento y después se precipita en la es¬
tancia olfateando como un perro; de pron¬
to se detiene, vuelve á olfatear y después
— 89—

de algunos tanteos, saluda con un grito de


alegría el descubrimiento de uno de los
preciosos fragmentos. Pasa indiferente an¬
te los objetos y las personas que no tienen
lo que busca; en cambio se detiene ante
los otros y no se va hasta que no ha con¬
seguido su objeto. Es inútil que se le re-
chaze ó se le prohiba; sigue sus pesquisas.
Cuando ya ha descubierto cierto número
de trozos, trata de reconstituir la tarjeta;
luego cuenta, adiciona las cifras con los
pedazos que la faltan encontrar y el total
conrresponde exactamente al que ya sa¬
bíamos. Este es un hecho comprobado re¬
petidas veces por nuestros internos, por
médicos y por profesores de la facultad de
letras.
“Al despertar la enferma no conserva
ningún recuerdo de los experimentos á
que ha sido sometida. No manifiesta la
menor sorpresa por encontrarse en la cama
medio vestida y rodeada de personas ex¬
trañas, á quienes tutea. En estado de sue¬
ño, como en el de vigilia, la anestesia de
los miembros, del tronco y de la cabeza,
sigue siendo completa.” 1

1 Dr. Taguet. Ibjd, ibicl.


— 90-

Uno de los signos característicos del es¬


tado de sonambulismo perfecto, es la pér¬
dida absoluta de la conciencia en el sujeto
sonambulizado, vuelto á su estado normal.
Al despertar, no. conserva el recuerdo de
los objetos que, durante el sueño, le han
impresionado, de las personas que le han
rodeado ó de los sitios á que ha sido con¬
ducido. Sin embargo de que su conciencia
está más ó menos perturbada, hasta el gra¬
do de perder á veces la noción de su pro¬
pio estado, inmediatamente que el sujeto
es sumido en el sueño sonambúlico, recuer¬
da perfectamente su vida normal, sus ac¬
cesos de sonambulismo, etc., etc. La me¬
moria es la facultad que parece desarro¬
llarse extraordinariamente en este estado.
Basta leer una sola vez delante de ciertos
sujetos páginas enteras de libros que le son
totalmente desconocidos, para que las re¬
pitan hasta en sus menores circunstancias,
con una seguridad que pasma.
“Un joven hipnotizado, á quien se había
dictado, para escribirla, una página de un
libro cuidando de sustraerle las cuartillas
á medida que la3 iba escribiendo, leía des¬
pués perfectamente el texto entero, sin te-
— 91—

ner delante más que una hoja en blanco


que él creía la manuscrita. 1
Una enferma de Charles Richer, citada
por Cullerre, que cantaba durante su sue¬
ño el segundo acto de La Africana, era in¬
capaz de recordar una sola nota, cuando
despertaba.
Las demás facultades pueden igualmen¬
te alcanzar un grado extraordinario de
excitación. Bernheim, Charcot y Richer,
citan casos de sujetos á quienes las prác¬
ticas hipnóticas, conducidas hasta el so¬
nambulismo, les provocaban el delirio.
“Una de nuestras enfermas, dice Culle-
rre, epiléptica no habitual mente enagena-
da; pero que presentaba á intervalos muy
distantes accesos de delirio consecutivo á
series de accesos convulsivos, hipnotizada
un día por nosotros no tardó en caer en
un estado de sonambulismo ligero. Por
espacio de unos instantes ensayamos, sin
gran éxito, imponerla diversas sugestiones.
Poco á poco empezó á notarse en ella, cier¬
ta excitación; estalló con una risa nerviosa
y empezaron á salir de sus lábios palabras
incoherentes; muy pronto llegó á tutearnos

1 Bottey. Magnetisme animal.


— 92—

y á apostrofarnos de la manera más incon¬


veniente, y por último, se declaró un ver¬
dadero acceso maniaco. Era un singular
espectáculo ver á aquella muchacha, deli¬
rante, tendida sobre un silla, con los miem¬
bros flácidos, los ojos cerrados y los párpa¬
dos atacados de un espasmo tal, que cuan¬
do después de una hora casi de hipnotiza¬
ción, la despertamos, fué preciso mante¬
nérselos abiertos algún tiempo, con los de¬
dos, para impedir que volvieran á con¬
traerse. Sin embargo, á pesar de haber
despertado, el delirio persistió hasta la no¬
che.
“A la mañana siguiente, la enferma,
vuelta en sí y excusándose de sus faltas,
nos contó que había tenido un intermina¬
ble altercado con una persona que toma¬
ba por su hermano y que no era otra más
que nosotros, lo cual explicaba la manera
más que fanúliar con que nos había trata¬
do antes y después del experimento.
“El hipnotismo obró sobre la inteligen¬
cia á la manera de ciertos agentes tóxicos.
Braid ya había hecho esta observación.” 1
Algunos autores comparan el estado so-

' 1 Gutierre, loo. cjt.


— 93—

nambúlico, con el que determina la borra¬


chera incipiente del hatschiscli, del cloro¬
formo ó del alcohol. 1 En este estado el
sujeto se manifiesta al desnudo, con sus vi¬
cios, sus malas pasiones y sus inclinacio¬
nes naturales.
Este estado es el más á propósito para
provocar la sugestión, fenómeno tan lleno
de maravillas, y tan extraordinario, que
de no estar suficientemente comprobado
por la experimentación concienzuda de las
notabilidades de la ciencia médica, po¬
dría creerse el exprimentador juguete de
una alucinación. De él nos ocuparemos en
nuestro próximo capítulo.

1 Ohambart. loo. cit.


— 94—

CAPITULO VII.
LA SUGESTIÓN HIPNOTICA.

Diversas categorías de sujetos hipnotizables según


Bernheim y Liébault.—La sugestión según Braid.
—Faria.— Los períodos “liipotáxicos’' é “ideo-
plásticos” de Dur&nd de Gros.—Teoría de Bern-
heitn.—Sugestiones motrices, trismo délos maxi¬
lares, contracturas musculares. — Automatismo
sugestivo.—“Ecolalia'’—Experimentos de Ber-
ger.—Alucinaciones sensoriales: el gusto, el oído,
el olfato y el tacto.—Analgesias é hiperestesias
cutáneas. —Experimentos de Philips y Richet.—
Estigmas provocados.—La acción medicamento¬
sa á distancia. —Notables trabajos de los Sres.
Bourru y Burot.—Cambios de personalidad.—
Sugestionesp08t-hipnótieas.—i Amnesias verbales.
— Objetivación de los tipos por amnesia, Según
Richet.—¿Cuál es el límite de tiempo en quepúe-
de obrar la sugestión?

La sugestión, es decir, la penetración dé


a idea del operador, en el cerebro del su-
— 95—

jeto, por la palabra, el gesto, la vista ó la


imitación, es uno de los más maravillosos
fenómenos del hipnotismo, y según Bern-
heim, la clave de todas las manifestaciones
hipnóticas. Antes de tratar de ella, hable¬
mos aunque sea muy superficialmente, de
las diversas categorías de sujetos hipnoti¬
zables, fuera de los totalmente refractarios,
para poder mejor apreciar el repetido fe¬
nómeno.
Bernheim, de acuerdo en ésto con Lié-
bault, admite seis categorías de hipnotiza¬
dos. Véase cómo se expresa:
“En el primer grado, caracterizado por
un poco de somnolencia y pesadez, no se
nota nada de particular en la mayoría de
los casos; en algunos otros, aunque el suje¬
to no experimente ninguna somnolencia,
es posible influir en él por sugestión; por
ejemplo, mantenerle los párpados cerrados.
Hace vanos esfuerzos para abrirlos, hasta
que el operador se lo permite.
“En el segundo grado, están cerrados los
párpados, los miembros en resolución; y
aunque no separado del mundo exterior, el
paciente está sometido á la voluntad del
experimentador. Es posible determinar en
él la catalepsia sugetiva, es decir, que pue-
— 96—

den colocarte sus miembros en cualquiera


actitud y hacerles permanecer en ella el
tiempo que se quiera, sugiriéndole la idea
de que no puede modificar su posición. Al
despertar conservará el recuerdo de todo lo
que ha pasado.
“En el tercer grado, el sueño es más
profundo. La piel más ó menos sensible;
á más de lacatalepsia sugestiva, se pueden
determinar movimientos automáticos, co¬
mo dar vueltas los brazos uno en derredor
de otro. Se puede, por sugestión, hacer
continuar este manejo indefinidamente. El
oído se conserva.
“En el cuarto grado, además de los fenó¬
menos observados en los anteriores, se pro¬
duce un hecho nuevo; la pérdida de las
relaciones con el mundo exterior. El pa¬
ciente no está ya en relación más que con
el experimentador, y no oye ni entiende
mas que á él.
“El quinto y sexto grado constituyen el
sonambulismo; están caracterizados por el
olvido de todo lo sucedido, al despertar.
Entonces és cuando todos esos fenómenos
de sugestión alcanzan su más completa ex¬
presión.»
Braid observó en sus sujetos la influen¬
cia decisiva de la sugestión. Faria, como
se recordará, no empleaba otro procedi¬
miento. Durand [Link], que admitía dos
períodos en el sueño hipnótico,el hipotáxicp.
ó de preparación y el ideoplástico, en el cual
el sujeto está ya influenciado por el hipuo-
tizador, preconiza á su vez las excelencias
de la sugestión.
Efectivamente, como Bernheim afirma,
la sugestión puede emplearse con provecho,
no sólo en los grados avanzados de la hip¬
notización, sino que, lo que es mejor, por su
medio puede llegarse á ellos. Las más fá¬
ciles de provocar en los grados inferiores,
son las motrices. Si á un hipnotizado se
le levanta un brazo y se le sugiere la idea
de que no podrá moverlo, el miembro per¬
manecerá en esa posición todo el tiempo
que el operador quiera. Por sugestión se
puede producir el trismo (contracción vio¬
lenta) de los maxilares, 1a. contractura de
los músculos del cuello, de la mano, en
flexión ó extensión, las parálisis, etc., etc.
La frecuente repetición de los mismos
experimentos trae una pasividad y una
hipnotismo.—7
— 98—

precisión tales en los movimientos del su¬


jeto, que á veces basta un movimiento, un
gesto del operador, para que el acto que
piensa sea comprendido é incontinenti
•jecutado.
En los grados avanzados del hipnotis¬
mo el sujeto, sin vacilar, ejecutará cuanto
se le mande. En ocasiones es tan perfecto
el automatismo, que imita los gestos y las
actitudes del operador por extrañas que
sean. Las palabras pronunciadas delante
de él, las repite con una precisión mate¬
mática. Este fenómeno que, el primero,
observó Berger de Breslau, y al que dió
por nombre ecolalia, se produce de la si¬
guiente manera:
“Basta colocar, dice el autor citado, una
mano sobre la frente del sujeto y otra so¬
bre la nuca, para transformarle en un ver¬
dadero fonógrafo de Edison. Todas las pa¬
labras pronunciadas delante de él, son re¬
petidas con rigurosa exactitud, lo mismo
en griego, que en latín ó en hebreo.”
La producción de los movimientos au¬
tomáticos puede efectuarse en un grado
medio de hipnotización. Si á un sujeto se
le hace levantar horizontalmente ambos
brazos, y se le ordena que los haga girar
- 99-

uno en derredor de otro, sigue el movi¬


miento indicado, que no cesará sino hasta
que lo ordene el operador. Véase á este
respecto lo que un sujeto refiere:
“El operador me dijo: “Girad vuestros
brazos uno en derredor de otro. Vamos, de
prisa. Ya no podéis pararlos.»
“Y mis brazos empezaron á dar vueltas
violenta é indefinidamente, sin poder de¬
tenerlos por más que hice grandes y pode¬
rosos esfuerzos para ello, obrando en sen¬
tido contrario y haciéndoles tropezar uno
con otro en una lucha desesperada.” 1
Otro experimentador, Mr. Hack Tuk,
cuenta 2 que durante una sesión de hip¬
notismo que daba el magnetizador Han-
sen, un sujeto joven á quien había sido
prohibido que pronunciare su propio nom¬
bre, á pesar de los esfuerzos inauditos que
hizo, sólo consiguió articular la sílaba Be.
Por su parte el Dr. Bernheim refiere que
uno de sus sujetos con sólo sumirlo en un
ligero grado de sonambulismo, obedecía
todas las sugestiones que se le daban. Lo

1 Dr- Phi'ips. Cours théorique y prntique de


Braidisme. París, 1860.
2 Hack Tuk. Le corps et l'espr 'd. París 1886,
— 100—

hacía berrear, que escribiese su nombre


suprimiéndole las vocales ó las consonan¬
tes, etc., etc.
“Le digo, dice el mismo autor, que aquel
cigarro es demasiado fuerte, y que le va
á hacer daño; empieza á toser, á escupir,
siente náuseas, arroja flemas, palidece y
siente vértigos. Le hago beber un vaso de
agua por champaña y la encuentra fuer¬
te. Si le hago tomar varios vasos se em¬
borracha y titubea,. Le digo: “La borra¬
chera es alegre” y canta hasta mas no po¬
der; pero si le digo: “La borrachera es tris¬
te,” llora y se lamenta.”
El gusto, el olfato, el oído y la vista, son
susceptibles de experimentar todo género
de alucinaciones sugestivas. Richet dió de
comer en alguna vezá sus sujetos, pedazos
de papel, sugiriéndoles la idea de que eran
pasteles. Por sugestión igualmente se pue¬
den prodfUcir bien analgesias, ó bien hipe¬
restesias cutáneas, la extremada sensibili¬
dad del olfato p la, pérdida absoluta de él.
En este estado se puede hacer respirar al
sujeto sustancias tan penetrantes como el
amoniaco, sin que experimente la menor
emoción. Produciéndole la sordera puede
hacerse el ruido más estrepitoso que se
— 101—
quiera, con la seguridad de qüe el sujeto
permanecerá impasible. Todas estás aluci¬
naciones, por el simple efecto de la suges¬
tión, pueden; persistir en el estádo'de vigi¬
lia.
«Susana, enferma de la Sal pétriére, gran
histérica, susceptible de pasar pbr los tres
períodos del hipnotismo, fue puesta en so¬
nambulismo por la presión del Vértice. In¬
mediatamente se provocaron á Voluntad
ilusiones y alucinaciones de todos los sén-
tidos, excepto el de la vista. Un frasco se
le hizo pasar por una navaja, tuvo miedo
de cortarse é intentó cerrarla. El éter se
trasformó en almizcle; el ruido atenuado
de unos platillos se convirtió en ruido de
campanas, en concierto, en redoble de tam¬
bores de un regimiento que pasaba; cón-
cluyó, en fin, por oir el piafar dedos caba¬
llos, pero no pudo verlos. El polvo de co-
loquíntida (fruto del Levante, cuya pulpa,
muy amarga, es un violento purgante), se
convirtió en jarabe de grosellas. A la vez
y siguiendo la idea del observador, recibe
golpes imaginarios, siente la impresión de
un viento frío que no existe y nota que
se la pellizca cuando nadie la toca; oye
música en medio del más profundo silen-
— 102—

ció; respira el olor del incienso que nada


le puede hacer recordar; nota en la boca
un gusto grande de ajenjos que le quema
la garganta, sin que haya tomado absolu¬
tamente nada.» 1
Otra enferma, observada por el mismo
autor, mordía una pelota diciéndole que
era un pastel; bebía rom que sólo era agua;
oía la música militar y veía pasar un re¬
gimiento; subía á la torre de San Jacques
y sentía el vértigo, veía toda especie de
animales, gatos, caballos y elefantes; todo,
por supuesto, á gusto del experimentador.
Al despertarse tenía un vago recuerdo de
lo que se le había hecho ver.
En cierto número de casos y en las his¬
téricas atacadas de hemi-anestesia, no se
puede provocar alucinaciones en los seuti-
dos que han perdido su actividad. Un he¬
cho bastante notable lo comprueba.
En el Congreso que en Agosto de 1885
celebró la «Sociedad francesa para el ade¬
lantamiento de las ciencias,» en Grenoble,
los Sres. Bourru y Burot, profesores de la
Escuela naval de Rochefort, dieron cuenta
de varios curiosísimos experimentos, he-

1 P. Richet, loo. cit.


chos con el fin de dilucidar la debatidísi¬
ma cuestión de los estigmas sanguinolen¬
tos de los extáticos religiosos,1 milagro, ó
como quiera llamársele, que ellos habían
logrado producir. Pero veámos como nos
cuenta sus impresiones un testigo presen¬
cial. 2 Refiriéndose al sujeto, un histero-
epiléptico, dice:
nEsfce enfermo, hemiplégico (paralizado
de la mitad del cuerpo) y hemi-anestésico
[con medio cuerpo insensible] del lado
derecho, era hipnotizable y susceptible de
recibir sugestiones de toda especie. Des¬
pués de puesto en sonambulismo, se le hi¬
zo por uno de ellos [de los Sres. Bourru y
Burot] la siguiente sugestión: «Esta tarde
á las cuatro y después de haberte dormido,
te vendrás á mi gabiñete, te sentarás en la
butaca, cruzarás los brazos sobre el pecho
y echarás sangre por la nariz. A la hora
fijada, se realizaron los diversos actos su-

1 Véase á este respecto la obra de Warlemont


Rappurt medical sur Louise Lateau la sligmatisée du
bois d'Hfiine Bruselas, 1875,
2 Berjon. La grande hysterie chez Vhomme, phé-
nomines d'inhibition et de dynamngenie, changement
de la personalité, etc. Paris, 1886.
—104—

jeridos, y el paciente arrojó algunas gotas


de sangre por la nariz.
«Otro día, después de dormirle, trazó
uno de los profesores su nombre, cdn tin
estilete romo, sobre los dos antebrazos, di-
ciéndole: “Esta tarde, como á las cuatro,
te quedarás dormido y sangrarás por las
lineas que acabo de trazar en tus brazos.”
Al llegar la hora, el sujeto se durmió; los
caracteres trazados sobre la piel, aparecie¬
ron de relieve, de color rojo vivo, y se pre¬
sentaron varias gotitas de sangre en di¬
versos puntos del lado no anestesiado.
«Trasladado este enfermo al asilo de de¬
mentes de la Rochela, el Dr. Mabille, di-
; rector del Establecimiento, repitió el en¬
sayo y obtuvo el mismo éxito. Trazó una
letra sobre cada antebrazo, y cogiendo su¬
cesivamente las dos manos del sujeto: “á
las cuatro, le dijo, sangrarás por ambos
brazos.”—“No puedo sangrar del lado de¬
recho”—dijo el enfermo, señalando su la¬
do paralizado. En el momento indicado, la
sangre fluía en el lado izquierdo, aunque
no en el derecho.
«Estos experimentos fueron más tarde
repetidos ante un numeroso público médi¬
co. El día 4 de Julio, y después de sonam-
bulizar al sujeto, el profesor le trazó una
letra sobre la muñeca, ordenándole que
sangrase sobre aquel punto. “Esto me ha¬
ce mucho daño,” objetó el paciente. “Es
preciso sangrar en seguida” le ordenó el
operador. Los músculos del antebrazo se
contrajeron, el miembro se puso turgente,
la letra se dibujó roja y prominente y por
fin aparecieron gotas de sangre que fueron
comprobadas por todos los espectadores.»
Indudablemente tendremos que apelar á
la sugestión para explicárnoslos fenómenos
que los mismos Sres. Bourru y Burot afir¬
man haber obtenido por la acción á dis¬
tancia, de los medicamentos. Son de tal
manera maravillosos los resultados que ob¬
tuvieron en sus experimentos, que la razón
vacila y se pregunta si dichos profesores
no habrán padecido un error, si no sufri¬
rían una alucinación. ¡Tan absurdo parece
lo que refieren!
Ensayando la acción de los estesiógenos
de Burq, de que ya heriros hablado, sobre
el histero-epiléptico que les servía de suje-
* to de estudio, notaron que entre todos los
metales, el oro se mostraba más enérgico
que cualquiera otro. Un objeto de oro, no
sólo en contacto con la piel, sino á través
— 106-

de las ropas del sujeto, y aun del puño ce¬


rrado del experimentador, producía, hasta
diez centímetros de distancia, una sensa¬
ción intolerable de quemadura; la misma
sensación, acompañada de convulsiones y
atracción del miembro, produjo la esfera
de mercurio de un termómetro. Continuan¬
do los experimentos notaron con asombro
que los compuestos metálicos gozaban de
igual propiedad que los metales mismos;
y que diversas sustancias medicamentosas
obraban en el sujeto con igual energía.
El ioduro de potasio, acercado á los te¬
gumentos, produjo bostezos y estornudos;
el opio hizo dormir á la simple aproxima¬
ción. El jaborandi, aplicado á una mujer
hisrérico-epiléptica, determinó, casi inme¬
diatamente, salivación y sudor abundan¬
tes; y por último la valeriana, aplicada por
equivocación, produjo la acción excitante
característica de este vegetal.
No es ésto sólo; en los diversos experi¬
mentos practicados por los profesores an¬
tedichos, los resultados fueron idéntica¬
mente semejantes. Todos los narcótico?
produjeron el sueño; pero con las circuns¬
tancias especiales á cada uno de ellos. El
sueño del opio era pesado y el despertar
— 107—
penoso; el de los alcaloides del opio, con
sus circunstancias especiales: el del doral,
ligero.
Los vomitivos, purgantes, y vomi-pur-
gantes, se manifestaron con sus propieda¬
des características. Los vómitos ocasiona¬
dos por la apomorfina. abundantes y acom¬
pañados de somnolencia y cefalalgia; los
de la ipecacuana, de mal sabor en la bo¬
ca. Los alcoholes produjeron su borrache¬
ra especial; el de vino, alegre; el de alcohol
de simiente, furiosa; el de aldehido, pro¬
funda postración; el de ajenjo, parálisis en
los miembros inferiores.
El agua de azahar y el alcanfor obraron
como calmantes; el ácido cianhídrico de¬
terminó convulsiones toráxicas; la esencia
de mirbano, sacudidas y convulsiones en
todo el cuerpo, y el agua de laurel cerezo
el éxtasis religioso, tanto más extraño,
cuanto que siendo judía la sujeto, veía en
sus alucinaciones á la Virgen, tal como la
venera la fe católica.
Hechos de igual género á los referidos
por Bourru y Burot han sido comproba¬
dos por los profesores Charcot, Dumontpa-
llier y Brouardel; pero como antes hemos
dicho nos parecen de tal manera maravi-
— 108—
liosos, que los aceptamos sólo por la reco¬
nocida competencia délos sabios que se
han dedicado á su estudio.
Diversas hipótesis se han aventurado
para explicar estos fenómenos. De los auto¬
res que hablan de tales maravillas unos di¬
cen que son obra de la sugestión y los
otros han llegado hasta apelar á la fuerza
néurica irradiante de Bárety, teoría de que
ya hemos dado cuenta á los lectores. Sim¬
ples cronistas no aventuraremos ninguna
opinión; únicamente haremos notar que de
aceptarse por los hipnotistas la teoría de
Bárety, el triunfo del magnetismo sería un
hecho positivo.
Volvamos á la sugestión. Como hemos
dicho, en los grados avanzados de la hip¬
notización, el individuo pierde toda con¬
ciencia y se convierte en un verdadero au¬
tómata sujeto á la voluntad del operador.
Por extraordinario que parezca, en este es¬
tado se consigue hacer perder al sujeto la
noción de su propia personalidad. Durand
de Gros le dijo á una joven sometida á un
experimento: “¡Sois un predicador!” In¬
mediatamente juntó las manos, dobló la
rodillas, y poco después con la cabeza ei
guida y los ojos mirando al cielo pronun-
— 109—^
áó con la más fervorosa piedad algunas
oiantas palabras de exhortación.
M. Bernheim,á su vez, dijo á uno de sus
sijetos: “Tienes tan sólo diez años, eres un
nño y vas á jugar con los chicos.” En
efcto empezó á simular que jugaba, con
dcalles de sorprendente precisión. Des-
piés de esto le dice. “¡Eres una muchacha!”
'baja modestamente la cabeza y hace co¬
no que se pone á coser.—“¡Sois un gene-
ai, le dice, y vais al frente de vuestro ejér¬
cito!” y en seguida se endereza y grita
‘¡Adelante!”—“¡Sois un digno sacerdote!”
y toma un aire humilde, hace la seña) de
la cruz y parece entregarse á una lectura
piadosa. “¡Sois un perro!”, le dice por fin,
y el sujeto se pone en cuatro piés y empie¬
za á ladrar. 2
Carlos Richet ha dado á conocer diver¬
sos experimentos de este genero, bajo el
nombre de objetivación de los tipos por
cari esia (olvido) de la personalidad.
“En dos mujeres sonambulizadas por ,
tedio de pases magnéticos, bastaba pro-
unciar una palabra con cierta autoridad

. Dr. Philips, loe, cit.


i Beraheim, loe. cit.
— 110-
para operar la transformación de la perso¬
nalidad. [Link] sucesivamente transfor¬
mada en labriega, en actriz, en general
en marinero, en vieja, en niña y en un
persona real conocida por ella. En este
objetivaciones la modificación de los ser
timientos es completa. La timidez de un
se convierte en atrevimiento, si el persona
je que representa lo exige; sus sentimien¬
tos religiosos en irreverencia. B. de si¬
lenciosa que es se vuelve alborotada; de
prudente provocativa. Dan á los persona¬
jes que representan los sentimientos, los
gustos y el aire quedes suponen realmente.
No obstante, en todos estos cambios de
personalidad se revela el carácter propio
del sujeto y cada cual hace el papel, con
arreglo á sus cualidades personales y alas
aptitudes de que dispone.” 1
El segundo orden de hechos asoinbro-
brosos observado durante el sonambulis¬
mo, es la posibilidad de suscitar en el s1
jeto sugestiones y alucinaciones de acte
que habrán de realizarse ya inmediata
mente después de despertar ó ya en ur
plazo más ó mencs largo. El sujeto, al vo
ver en sí no tiene ningún recuerdo de 1
1 A. Uullerre, loe. cit.
— 111—
c ocurrido durante el sueño. La idea sugeri-
c« da la toma por expontánea; la alucinación
por un hecho real. Haríamos interminable
sueste capítulo si fuésemos á citar los mil y
niian hechos de que están atestadas las obras
efele hipnotismo, respecto de la realización de
de^as sugestiones posthipnóticas. Todas las
prsu gestión es, por absurdas, por exlravagan-
y tes, por inconcebibles que parezcan, se rea-
r lizan al punto y hora fijados.
Ya es una mujer á quien han sugerido
que es de cera, que al despertarse y ver
una vela encendida, corre y se oculta por
temor de derretirse; ya es otra que cre¬
yéndose de cristal, no se aventura á dar
un solo paso en la previsión de que pudie¬
ra quebrarse; ya ésta que tomando un
imaginario purgante siente el efecto real
de la medicina ó ya aquella que al desper¬
tar se encuentra sorda ó ciega ó sorda y
*-■ ciega á la vez.
mí Le ocurrió una vez á Mr. Feré hacer in-
isibles para una histérica unos platillos
^de orquesta cuya percusión la volvía
i’nstantánearaente cataléptica y desde en-
_onces fué posible sonar dicho instrumento
•jin que ella experimentase la menor per-
‘urbación.
— 112—
Mr. Bernheim, le dice á una enferma
que al despertarse ya no lo verá, y como
es natural; ella lo tomó á broma. Pero
cuando estuvo despierta lo buscó inútil¬
mente. “Estoy aquí,” le dijo, ‘me estáis
viendo.” “Me tocáis.” Ella no contestó.
“Vamos, queréis burlaros de mí, agregó,
estáis haciendo una farsa: no podéis disi¬
mular la risa.” Ni siquiera se dió por en¬
tendida. El escamoteo de la persona del
operador era perfecto. Para que volviera
á ser visible, fué necesario sugerir á la en¬
ferma, que, aquél, iba á entrar por la puer¬
ta. Sólo entonces íe vio, le saludó y se puso
muy contenta de volverle á ver.
“El Dr. Liébault sugirió á una señora,
no histérica, que al despertarse ya no vería
al Dr. Bernheim que presenciaba el expe¬
rimento; que dicho señor se había mar¬
chado, dejando olvidado el sombrero y que
ella se lo pondría en la cabeza y se lo lle¬
varía así á casa. Una vez despierta, dicho
profesor se puso delante de ella y la dijo:
—«¿Dónde está Mr. Bernheim?» Y ella con¬
testó:—«Se ha marchado; allí está su som¬
brero.» A pesar de hacer cuanto pudo para
que se le reconociera, no logró conseguirlo;
por más que estuviera presente, no existía
-lía-

para ella. Por último, cuando se marchó,


cogió el sombrero y se lo puso en la cabe¬
za. Y así lo hubiera llevado hasta la casa
de Mr. Bernheim si el Dr. Liébault, no le
hubiera mandado lo contrario.” 1
Los actos sugeridos pueden, como queda
dicho, ser ejecutndos á plazo más ó menos
largo, según la voluntad del operador. Ig¬
nórase cuál pueda ser el límite de tiempo,
después del cual es imposible toda suges¬
tión; pero debe ser considerable. No insis-
tirémos más sobre la-sugestión, pues con lo
dicho creemos que los lectores, deben ha¬
berse formrdo un juicio bastante exacto de
este prodigioso fenómeno.
La sugestión en estado de vigilia nos
proporcionará materia para el capítulo si¬
guiente.

1 Eicher, loe. cit.


HIPNOTISMO.—8
— 114—

CAPITULO VIII.
LA SUGESTIÓN EN ESTADO DE VIGILIA.

Individuos en quienes se puede provocar. —Auto¬


sugestión.— Estudios deErb, Bernlieim, Dumont-
pallier, Riehet, Bdttey y Brómaud. —Parálisis
flácida. —Ccntracturas. —Perturbaciones nervio¬
sas y vasomotoras.—Modificaciones de la sensi¬
bilidad general y especial.—Anestesias é hipe¬
restesias.— Amaurosis, ambliopía, acromatopsia y
discromatopsia.— Sorderas parciales. — Exalta¬
ción de la agudeza visual.—Alucinaciones.— De¬
lirios parciales.— A divinadón de pensamiento» —
Stuart Oumberland.— Smith y Blackburn.— Mr.
Washington Irving Bisliop.— Teoría de Garnier.
Explicación de Ohevreuh — Hipótesis de Despi-
ne.— El éter vehículo del pensamiento — Hiperes-
teria de la visión.—El estado de fascinación del
Dr. Brómaud.— Amnesia. —Imitación. — La Jum¬
ping y la Mysiachit.— Paráli is y automatismo
provocado.—Analogías entre el estado de fasci~
nación y el estado cataléptico.

Como dejamos dicho en el capítulo pre¬


cedente, basta un ligero grado de hipno ti-
—lio—
zación para que algunos sujetos obedezcan
fielmente á la sugestión, por absurdos y
extravagantes que sean los hechos sugeri¬
dos; é individuos hay en los que no es ne¬
cesario ni aun este ligero grado. Después
de una ó dos veces que hayan sido hipno¬
tizados, reciben con la mayor facilidad, y
en estado de vigilia, las sugestiones que se
quiera imponerles y obran bajo su influen¬
cia, lo mismo que si se tratara de indivi*
dúos en estado de sonambulismo. Otros
son igualmente susceptibles de recibir su¬
gestiones sin haber sido jamás hipnotiza¬
dos y sin ser siquiera sensibles á los pro¬
cedimientos hipnogénicos.
Fácilmente se comprenderá que en estos
últimos, sobre todo, el número de sugestio¬
nes es limitadísimo; lo contrario de lo que
acontece con los sujetos que han sido re¬
petidas veces hipnotizados y cuyo sistema
nervioso, profundamente modificado por
las prácticas hipnogénicas, es dócil instru¬
mento en manos del operador.
Este fenómeno de sugestión en estado
de vigilia no es tan raro como á primera
vista parece puesto que la patología ha
registrado casos análogos. Itussells Rey¬
nolds, médico inglés, en un trabajopubli-
— 116—

cado en Noviembre de 18691 refiere un cu¬


rioso caso de autosugestión, originado por
sólo el poder de la imaginación. Una se¬
ñora joven, preocupada con la enfermedad
de su padre, un paralítico á quien asistía,
comenzó á sentirse paralítica. En pocas se¬
manas y bajo la influencia de esta preo¬
cupación, quedó enteramente paralítica y
sólo se alivió cuando el médico que la asis¬
tía le dio la absoluta seguridad de que se
restablecería por completo.
Otro médico alemán, Erb, ha demostra¬
do que ciertos trastornos de la motilidad,
las contrácturas y algunos otros fenóme¬
nos nerviosos, podían producirse por efec¬
to de la imaginación. Bernheim ha hecho
un estudio completo del asunto, llegando
hasta producir en sujetos enteramente des¬
piertos, fenómenos idénticos á los que se
observan en los hipnotizados. Dumontpa-
llier consiguió en estado de vigilia obtener
á voluntad trasportes de la sensibilidad y
de la fuerza muscular y, por último, Ri
chet, -Bottey y Brémaud, han obtenido re-

1 Ruselles Reynolds. Remarles on paralasis and


other disorders ef motion and sensation dependent on
idm. Londres, 1869.
— 11/—
sultados análogos á los de los experimen¬
tadores ya citados.
Para producir tales fenómenos no se ne¬
cesita de artificio de ningún género.
“No necesito ahuecar la voz, dice un
autor, 1 ni aterrar á los enfermos con la
mirada; les hablo con la mayor sencillez,
sonriendo, y logro el efecto, no tan sólo en
sujetos dóciles, sin voluntad, complacien¬
tes, sino hasta en sujetos bien equilibrados,
que razonan bien, que tienen voluntad
propia y algunos hasta cierto espíritu de
insubordinación/’
Por lo que dejamos dicho, puede verse
que las parálisis, las contracturas, etc.,
pueden producirse, con toda su variedad
de formas, lo mismo durante el sueño, que
en perfecto estado de vigilia.
“La parálisis flácida del estado de vigi¬
lia, escriben dos autores, presenta los mis¬
mos caracteres que la que se obtiene du¬
rante el período sonambúlico; es decir, que
se nota en el miembro afectado, la exage¬
ración notable de los reflejos tendinosos,
la trepidación espinal y la completa abo¬
lición del sentido muscular. El miembro,
1 Beruheitn. Be Icusugjesüon dans l'elat hipnoli-
que. Paria, 1884.
—na-
además, ofrece una sensación de frío que no
sólo es advertida por el sujeto sino que
hasta puede apreciarse por el contacto de
la mano. Así mismo se le ve cubrirse de
ronchas difusas al rededor de la más pe¬
queña picadura. Todos estos fenómenos
indican en suma, que es asiento de profun¬
das perturbaciones nerviosas y vasomoto¬
ras. 1
Además de los movimientos automáti¬
cos, tales como girar los brazos, hacer man¬
tener la boca y los ojos cerrados, perder la
noción de ciertas letras ó palabras, etc.,
etc., que fácilmente se provocan en ciertos
sujetos, en estado de vigilia, se pueden, en
este mismo estado, obtener modificaciones
de la sensibilidad general y especial, sim¬
plemente por la sugestión.
Bernheim logró producir en uno de sus
sujetos una anestesia tan absoluta, que pu¬
dieron practicarse en él laboriosas manio¬
bras para la avulsión (extracción) sucesiva
de cinco raigones, sin que experimentase
el más ligero dolor. Igualmente puede
provocarse la hiperestesia cutánea ó diver-
sos trastornos de la inervación._
1 P. Richer y Gil!es de la Tourette. Progr'cs me¬
dical. Paria 1884.
— 110—
Las funciones de los sentidos pueden ser
fácilmente alteradas produciéndose por su¬
gestión, en la vista por ejemplo, bien la
amaurosis (ceguera), bien la ambliopía
(oscuridad con intervalos),la acromatopsia
ó discromatopsia (perturbaciones en el sen
tido de los colores), ó por el contrario, la
exaltación de la agudeza visual. Refieren
los Sres. Bernheim y Charpentier, que en
el curso de sus experimentos consiguieron
en un arabliópico una considerable mejo¬
ría, por medio de corrientes farádicas ayu¬
dadas de la sugestión.
En un muchacho de catorce años cuya
visión era normal y en pleno estado de Vi¬
gilia, M r. Bernheim le dió esta sugestión;
“Ves perfectamente con el ojo izquierdo,
pero con el derecho ves mal y muy de
cerca/’ y en seguida le hizo leer caracteres
de imprenta de tres milímetros de tamaño
[tipo lectura]; con el ojo izquierdo los le¬
yó á 80 centímetros de distancia (cerca de
35 pulgadas) y con el derecho solamente
á 24 (10 pulgadas.! Valiéndose igualmem-
te de la sugestión invirtió los hechos, y en¬
tonces el ojo derecho veía muy claro, en
tanto que en el izquierdo la visión era ex¬
cesivamente débil. En el mismo sujeto, el
— 120—
propio profesor produjo á voluntad una
sordera parcial.
No sólo por sugestión pueden operarse
estos fenómenos de traslado de desórdenes
motores ó sensitivos, puesto que ya hemos
dicho, al hablar de los estesiógenos de Burcq,
que la acción de los imanes, produce el
trasporte de las parálisis, de las contractu-
ras y de la anestesia, determinadas por su¬
gestión.
Las alucinaciones por sugestión en es¬
tado de vigilia, se provocan con facilidad;
no así las ilusiones sensoriales que, aunque
no imposibles, son muy difíciles de produ¬
cir. El oído, el gusto y el olfato pueden ser
influidos y hasta es posible, según Bo-
ttey, 1 provocar alucinaciones retrospecti¬
vas y á largo plazo. A una señora, por
ejemplo, le sugirió la idea de que [Link]
mesa de noche, encontraría al irse á acos¬
tar, un papel con pasteles; la enferma los
vio efectivamente y se maravilló en extre¬
mo de no poderlos tomar.
Estos fenómenos parecerán sin duda
mu3r extraordinarios. Sin embargo, como
hace observar Cullerre, nótese que en la

1 Bottey. Magnetismo animal. París, 1884.


— 121— *
mayoría de los sujetos susceptibles de re¬
cibir sugestiones en estado de vigilia el
sistema nervioso no está intacto; púas ó
bien se halla bajo la influencia ejercida
por la continuidad de la hipnotización, ó
está modificado por un estado neuropáti-
co (de afección nerviosa) especial.
Ciertos delirios parciales, se desarrollan
por un mecanismo que tiene alguna rela¬
ción, con el de la sugestión en estado de
vigilia.
“En lugar de venir del exterior una idea
rara, dice el autor arriba citado, nace ex-
pontáneamente en el espíritu; allí se en¬
cuentra, al pronto como cosa extraña, en
presencia de la conciencia sorprendida y
contrariada; poco á poco ésta se relaja, la
idea va penetrando é incorporándose en
ella; se hace parte integrante del indivi¬
duo y pasa al estado activo bajo la forma
de acto ó de alucinación. 1
Pasemos ahora á examinar uno de los
fenómenos más controvertidos; el que más
dudas ha suscitado y, digámoslo de una
vez, el más admirable de cuantos re¬
gistra la ciencia hipnótica. Nos referr
mos á la sugestión mental y por conse-
1 Cullerre. loe. cit,
— 122—
cuencia á su más inmediato complemento,
la lectura llamada impropiamente adivi¬
nación de los pensamientos.
Desde los tiempos de Mesmer, ha sido
creencia común entre los magnetizadores,
que llegando el sujeto al estado sonambú-
lico se presentaban diversos fenómenos, no
por maravillosos menos ciertos, tales como
la doble vista, es decir, la facultad de ver el
sujeto magnetizado á través de los cuerpos
opacos y á distancias considerables; la tras¬
misión de pensamiento á distancia, que no
es, como su nombre lo indica, sino la fa¬
cultad en el individuo sonambulizado, de
seguir á distancia el pensamiento del mag¬
netizador, sin que ningún signo exterior se
lo indique; y .la lectura del pensamiento,
consecuencia inmediata del anterior.
Personas respetables y verdaderas nota¬
bilidades científicas, han afirmado la exac¬
titud del fenómeno, pero en cambio otras,
igualmente notables, desde el fracaso de
Teste, Pigeaire y Hublier, de que ya he¬
mos hablado, niegan en lo absoluto hasta
la posibilidad del fenómeno. Ante seme¬
jante discordancia de opiniones ¿qué ha¬
cer? Si nosotros no nos hubiéramos pro¬
puesto ser simples cronistas, y si además
— 123-
tuviéramos la fortuna de ser autoridad en
asuntos de ciencia, quizá añadiríamos algo
de nuestra propia cosecha; quizá podría¬
mos afirmar rotundamente que los fenó¬
menos relativos á la doble vista y á la adi¬
vinación del pensamiento son rigurosamente
exactos, como hemos podido comprobarlo
pornosotros mismos, en presencia de diver¬
sos facultativos y hombres de saber reco¬
nocido; pero como no es ese el papel que
nos hemos designado, sólo trataremos de
demostrar en presencia de hechos notables
de ese género, ocurridos recientemente, la
posibilidad del fenómeno déla adivinación
ó lectura del pensamiento.
Resumamos antes los casos más conoci¬
dos de adivinación de pensamiento. Sea el
primero el de Mr. Stuart Cumberland, que
en 1884 maravilló á la sociedad madrileña
con sus extraordinarios experimentos.
“Este caballero, dice el Dr. Lepine,1 en¬
cuentra bastante á menudo un alfiler es¬
condido á condición de estar en contacto
por medio de la mano con la persona que
ha ocultado el alfiler. En ciertas sesiones
_____>
1 Dr. Lepine. Le cas de Mr. Cumberland. Scien¬
ce et notare, núm. correspondiente al 21 de Junio
de 1884.
— 124—
Mr. Cumberland ha variado su experimen¬
to: descubre entre los asistentes la persona
en quien ha pensado el sujeto cuya mano
tiene cogida y hasta designa el punto del
cuerpo en que un sujeto experimenta do¬
lor.”
Otro caso más reciente registrado por
Mr. Duniker; el de Mr. Blakburn que ha
experimentado ante la Sociedad de traba¬
jos psicológicos de Londres, en un joven
mesmerista de Brighton, Mr. Smith. “Mr.
Smith, está sentado, con los ojos vendados,
en uno de los salones de la sociedad, de
lante de una mesa donde encuentra lápiz
y algunas hojas de papel á su alcance. A
su lado se sitúa un miembro de la socie¬
dad, que le observa atentamente á fin de
descubrir la menor trampa si acaso existe.
Otro miembro de la sociedad sale enton¬
ces del salón y en un cuarto cerrado dibu¬
ja una figura cualquiera.
“En seguida llama á Mr. Blackburn á
aquel cuarto y, después de bien cerrada la
puerta, le enseña el dibujo. Hecho esto,
Mr. Blackburn es conducido con los ojos
vendados y colocado [sentado ó de pié]
detrás del sujeto Smith á una distancia co¬
mo de setenta centímetros próximamente.
— 125-

“Después de un corto período de concen¬


tración mental intensa, de parte de Mr.
Smith, toma el lápiz, y en medio del si¬
lencio general reproduce sobre el papel que
tiene delante, lo más exactamente posible,
la impresión del dibujo que acaba de re¬
cibir.” 1
Varios jóvenes, miembros de la misma
Sociedad de estudios psicológicos^ adivinan
objetos, números y palabras, pensadas por
diferentes personas y por último, hace muy
poco tiempo, Mr. Washington Irving Bis-
hop con sus experiencias que, por lo públi¬
cas, creemos inútil referir, demostró plena¬
mente la realidad de la lectura del pensa¬
miento.
Cuando el caso de Mr. Cumberland,
exactamente semejante al de Mr. Bishop,
se aventuraron varias explicaciones siendo
una de las más aceptadas la de que se es¬
taba en presencia de una simple hiperes¬
tesia táctil.
Garnier, el ilustre arquitecto de la Ope¬
ra de Paris que repitió con igual éxito los
experimentos de Mr. Cumberland, se ex-

1 J. Duniker. La lecture de laPensée y la Socielé


des recherches psychologigues, 1885.
— 126—

presaba así respecto de su facultad adivi- 1


natriz.
“Siendo muy nervioso, soy á lo que pa¬
rece un excelente sujeto; pero mi nerviosi¬
dad me hace también apto para penetrar
el pensamiento de otro sujeto. He ensaya¬
do, por tanto, esta cualidad, y todas las ve¬
ces he logrado en pocos segundos descu¬
brir el objeto que mentalmente había sido
designado. Lo que me guiaba en mis
pesquisas era sencillamente'el movimiento
insensible é instintivo de la mano que yo
sujetaba con la mía.”
Esta explicación que por otra parte no
es nueva, puesto que hace más de treinta
años, Chevreul 1 hizo notar que la idea de
ciertos movimientos se acompañaba de una
tendencia inconsciente é involuntaria á eje¬
cutarlos, no resuelve más que en parte el
problema, porque si la adivinación del lu¬
gar en que está oculta una aguja ó un al¬
filer, por ejemplo, puede efectuarse por el
movimiento inconscientel é involuntario de
la mano que aprisiona el sujeto, esta hipó¬
tesis no es admisible cuando, como hemos
visto con Mr. Bishop, se trata de la lectu-
1 De la baguette divinatoire et des tables tournan-
tes. París, 1854.
— 127—
ra de papeles bajo sobre cerrado, de la adi¬
vinación de nombres pensados por deter¬
minada persona ó la descifración de cartas,
billetes de banco, etc., encerrados en una
cartera ú ocultos en algún mueble.
¿Qué explicación, repetimos, puede dar¬
se de este fenómeno?
La más racional, á nuestro humilde jui¬
cio, es la propuesta por Despine y que pue¬
de reducirse á lo siguiente:
El vacío no existe en la naturaleza, pro¬
posición con la que están de acuerdo todos
los físicos modernos. Todo el espacio está
lleno de una materia eminentemente sutil,
el éter, que en sus suscesivas transforma¬
ciones se convierte en luz, calor, electrici¬
dad y magnetismo. Ahora bien, el éter,
aunque en apariencia imponderable, está
compuesto de elementos asociados que se
mueven conforme á las leyes de la física.
“Dotando á estos elementos de movi¬
mientos—dice Herbert Spencer—y supo¬
niendo que en cada ondulación su curso
es determinado por una composición de
fuerzas, los matemáticos han podido desde
hace largo tiempo explicar las propieda¬
des conocidas de la luz, constituidas por
las ondulaciones del étér. Se ha descubier-
— 128—

to aún mayor relación éntrelo ponderable


y lo imponderable. Las actividades del
uno son modificadas incesantemente por
las actividades del otro. Cada molécula
compleja de materia que oscila individual¬
mente, causa movimientos correlativos en
las moléculas adyacentes del éter y éstas
en las otras lejanas y así sucesivamente
hasta el infinito.
“No terminan aquí las revelaciones. El
descubrimiento de que la materia en apa¬
riencia tan simple es en su estructura úl¬
tima admirablemente complicada, y el de
que sus moléculas, oscilando con una ra¬
pidez casi infinita, propagan sus impulsio¬
nes al éter ambiente, que las propaga á
distancias inconcebibles en tiempos infini¬
tamente pequeños, nos conducen á este
otro descubrimiento, más maravilloso: que
las moléculas de cada clase son afectadas
de una manera especial por las moléculas
de la misma clase que existen en las regio¬
nes más lejanaís del espacio.”
Pues bien, si todo está lleno y puesto en
comunicación por medio del éter, si las
moléculas de una misma clase afectan á las
de otra; si en tiempos relativamente cortos
atraviesan distancias inconcebibles sin per-
— 129—
der nada de su integridad, nada de su in¬
dividualidad; ¿por qué toda manifestación
psíquica, todo pensamiento que determina
un esfuerzo, un cambio y un movimiento
ó una vibración particular en las celdillas
cerebrales de un individuo, no podría ser
trasmitido al fluido universal y de éste al
cerebro de otro individuo? Y si este cere-
Dro está impresionado, sensibilizado de
manera de vibrar idénticamente ¿qué su¬
cederá? Que la actividad nerviosa impre¬
sa por la actividad nerviosa de otro, deter¬
minará en el cerebro impresionado, vibra¬
ciones semejantes, produciendo vibracio¬
nes semejantes, sugestiones y por último,
el conocimiento por el sujeto, hipnotizado
ó no, del pensamiento que se le trasmite.
Esta teoría, que ha presentado Despine,
aunque no aceptada del todo por los moder¬
nos hipnotistas, nos parece suficiente para
explicar el fenómeno.
Respecto á la lectura de papeles, guar¬
dados bajo sobre ó encerrados en un mue¬
ble cualquiera, nos parece muy aceptable
la siguiente explicación:
“Si aceptamos, dice el Dr. Hernández,
con los sabios modernos, que la luz no es
hipnotismo.—9
— 130—
más que un modo particular de vibración
del éter, de ese fluido invisible que llena
el espacio, penetrando todos los cuerpos y
engendrando, según la intensidad de las
vibraciones, luz ó calor, electricidad ó mag¬
netismo; es fácil deducir que la opacidad
de los cuerpos no es absoluta sino relativa
á la impresionabilidad de nuestros nervios
ópticos: y es indudable que muchos cuer¬
pos que llamamos opacos dejan pasar vi¬
braciones luminosas aunque á un grado
insuficiente para que tenga lugar la vista
distinta. Si entre un objeto cualquiera y
nuestros ojos, interponemos un cristal; las
vibraciones luminosas se propagarán á
través de él, como si no existiera; pero si
superponemos varios cristales, la claridad
de la imagen irá disminuyendo hasta que
llegue un momento en que no veamos el
objeto. Habremos así convertido el cristal
en un cuerpo opaco, es decir en un cuer¬
po que no deja pasar sino un número
de vibraciones insuficientes para impresio¬
nar nuestra retina; pero supongamos que
la potencia visual de ésta aumenta propor¬
cionalmente al número de cristales inter¬
puestos, y entonces la visión tendrá lugar
á través de aquel cuerpo, opaco para una
— 131—

■retina normal, pero suficientemente tras-


[Link] para una retina hiperestesiada.” 1
} Pasemos ahora á indicar algunos de los
I otros fenómenos que se pueden provocar
por sugestión, en el estado de vigilia. El
[ Dr. Brémaud, facultativo de la Armada
Naval de Brest, operando sobre sujetos fa¬
vorables, no sólo ha logrado producir las
tres fases características del hipnotismo, la
letargía, la catalepsia y el sonambulismo,
sino que ha descubierto un nuevo estado
que, antes de él, no había sido descrito por
ningún otro autor.
En las conferencias efectuadas en París
durante los años de 1883 y 1884; y en no¬
tas posteriores dirigidas ,á la Sociedad de
Biología, dió á conocer el profesor citado
sus experimentos sobre individuos perfec¬
tamente sanos. Notó que en jóvenes de ca¬
torce á veintiséis años hallábanse fácil¬
mente muchos que presentaban en el cuer¬
po diversas zonas de anestesia y que entre
éstos precisamente no era difícil provocar
fenómenos hipnóticos, tales como la cata¬
lepsia, la letargía, el sonambulismo y un

I Sonambulismo. Tesis inaugural, de Fortuna


to Hernández. México 1886.
— 132—
nuevo estado que el experimentador clasi¬
ficó con el nombre de estado de fascinación, j
Pero como quiera que estos fenómenos 1
pudieran cofistituir una excepción, se pro- ¡
puso experimentar en personas de diver¬
sas edades, categorías y condiciones, y sus
estudios, practicados ante un selecto con¬
curso en la Escuela de Medicina de Brest,
lo llevaron á esta conclusión: que lejos de
ser una excepción los hechos observados
por él, constituían un carácter de genera¬
lidad tal, que no podían ser atribuidos á
idiosincracia nerviosa particular de los su¬
jetos.
Continuando sus experimentos en Pa¬
rís, pudo Mr. Brémaud, en una sola sesión,
poner en estado de fascinación, y de ahí
hacer pasar á los de catalepsia, letargía y
sonambulismo, á 17. estudiantes de medi¬
cina perfectamente sanos; comprobándose
en todos ellos los fenómenos característicos
de cada estado, tales como las [Link]-,
ras, la hiperexcitabilidad. neuro muscular,
el automatismo, las ilusiones y las aluci¬
naciones.
Pasemos ahora á, explicar lo que Brc-
maud llama estado de fascinación. Según
él, es el primero, el inicial, por decirlo así
—13 o—

de los fenómenos del hipnotismo, y se pro¬


voca por la fijación de un punto brillante,
ó mejor aún, por la sola acción de la mira¬
da. Haciendo mirar al sujeto el objeto
brillante de que se haga uso, y fijando el
experimentador por su parte la mirada en
los ojos del propio sujeto, el efecto es ra¬
pidísimo y á veces instantáneo en los in¬
fluenciados por anteriores experimentos.
El rostro se inyecta, el pulso se acelera, los
ojos, con las pupilas ámpliamente dilata¬
das, permanecen fijos en los del operador;
la analgesia sobreviene; los músculos sobre¬
excitados pueden entrar en contractura
fácilmente; la voluntad está paralizada; las
funciones intelectuales se avivan pudiendo
ser incitadas hasta provocar ilusiones y
alucinaciones, y por último, el instinto de
imitación se desarrolla á tal grado, que el
sujeto reproduce con fidelidad absoluta, los
gestos, las palabras y los movimientos del
operador.
Brémaud llama á este estado, de fasci¬
nación, por la analogía que parece presen¬
tar la acción del magnetizador sobre el
magnetizado, con la de la serpiente con el
pájaro. Para hacerle cesar se sopla sobre
el rostro y los ojos del paciente.
— 184—
En este estado se producen los más cu¬
riosos fenómenos. Sea un ejemplo de esto, I
los dos hechos siguientes tomados dbl au¬
tor citado.1
“Mr. [Link] fascinado por la mirada:
prodúcense los fenómenos fisiológicos anun¬
ciados; su mirada está fija en la del opera¬
dor. Retrocede éste y aquel le sigue con
la cabeza echada hacia adelante, los hom¬
bros levantados y los brazos inmóviles y
colgando. Su fisonomía no tiene expresión,
sus ojos están fijos, las facciones inmóviles;
no hace un gesto ni un movimiento. Si se 3
le habla no responde; si se le insulta no J
se estremece una fibra de su cara; si se le
pega no siente ningún dolor. Sin embar- j
go, el sujeto tiene conciencia de su estado y ]
no pierde nada de lo que se dice ó sucede
á su derredor, y vuelto á su estado normal,
da cuenta de todo lo que ha experimenta¬
do.”
Este otro ejemplo: j
«Ordeno á Mr. C. que cierre fuer- j
teniente el puño y levantándole lo más
posible lo descargue con fuerza sobre n i
hombro; en tanto que no le miro, ejecuta
1 P. Brémaud. Des differents pitases de l'kypno-
tlsmeet enpariiculier delafascination. Paria 1885,
—135—

dicho movimiento con una fuerza que


acredita su buena musculatura y atestigua
su perfecta independencia y libertad de
espíritu; pero en el instante en que—cuan¬
do va á dar el golpe—le miro bruscamen¬
te, el brazo queda suspendido en el aire, el
puño cerrado y el mienbro todo agitado
por movimientos casi tetánicos; es que se
ha verificado la fascinación, petrificando á
Mr. [Link] el acto de realizar el he¬
cho.»
Si se prolonga algún tiempo ó se repite
este experimento de fascinación, la amne¬
sia (olvido) es completa. Una observación
curiosa: este estado sólo se puede producir
en los hombres; las mujeres, y sobre todo
las histéricas, quiza por la impresionabili¬
dad de su sistema nervioso, pasan inme¬
diatamente al estado cataléptico; es decir,
en lagar‘de provocárseles la fascinación se
les origina la catalepsia.
Aun en los hombres la repetición del
acto conclve por tornarlos tan sensibles,
que los hace entrar de lleno en el estado
cataléptico lo mismo que á los individuos
del sexo femenino.
En algunos sujetos en este primer esta¬
do, el espíritu de imitación, de que ya he-
mos hablado, se desarrolla de una manera
notable. _ ' d
«Si río, dice Brémaud en su obra citada, j
Mr. C.ríe; si lloro, llora; repite todas
las palabras con perfecta imitación de la
entonación musical y, asimismo, con es¬
crupulosa imitación de acento, frases suel¬
tas de alemán, inglés, ruso y chino, pro¬
nunciadas por las personas presentes.»
Esta tendencia á la imitación no sólo se
produce por efecto de la fascinación; Ham-
mond en su Tratado del sisteina nervioso,
citado por Cullerre, habla de una enfer¬
medad nerviosa que los americanos lla¬
man Jumping y los rusos Mysiachit, que
consiste en la repetición automática, por el
individuo enfermo, de cualquier acto eje¬
cutado en su presencia.
El propio autor refiere á este respecto la
siguiente cuiiosa anécdota de up. piloto
que se veía forzado á imitar con perfecta
precisión los actos que presenciaba.
Si el capitán se daba bruscamente un
golpe en el costado, si casualmente se pro¬
ducía un ruido, el infeliz hombre se veía
forzado á imitarlo, á pesar suyo, con gran¬
dísima exactitud. Los pasajeros, por diver¬
tirse, imitaban el gruñido del cerdo y otras
cosas á cual más extravagantes; otros da¬
ban palmadas, saltaban ó tiraban el som¬
brero por el aire y el pobre piloto repetía
con la mayor precisión estos actos, cuantas
veces se quería.
Volvamos á nuestro asunto. Mr. Bré-
maud ha logrado producir al lado de las
manifestaciones somáticas, ó puramente
materiales del estado de fascinación, otras
de carácter puramente psíquico como las
parálisis y el automatismo provocado.
Veamos cómo procede: Toma á un suje¬
to determinado y le pregunta cómo se lla¬
ma.
—X. contesta el interpelado.
—Mentira, replica el doctor, se llama
usted Bertrand.
La actitud del sujeto, al oir esto, cambia
por completo. Bajo la impresión de la có¬
lera su íaz se inyecta, sus pupilas se dila¬
tan; sin embargo, por la influencia de la
sugestión, el individuo—para usar de la
gráfica expresión del Dr. Bremaud—“aban¬
dona su nombre, poco á poco, á pedazos,”
se habitúa á la idea de que es Bertrand y
su semblante de iracundo se torna en ri¬
sueño. Poco después cae en un estado de
somnolencia,
Desde aquel momento y por más que el
estado del paciente siga siendo el de fas¬
cinación, la sugestión obra con la misma
facilidad que en los otros estados hipnóti¬
cos, pudiendo producirse á voluntad alu¬
cinaciones, actos impulsivos y en general
los fenómenos que, al tratar de los otros
estados, liemos descrito minuciosamente.
Sin embargo, como hace Cullerre notar
con justicia, obsérvese que en el estado de
fascinación la sugestión opera como en el
estado cataléptico y no como en el estado
sonambúlico. “En efecto, continúa el au¬
tor citado, los actos sugeridos no son ex-
pon táñeos.-en ninguno de sus períodos. Los
sonámbulos ejecutan, con toáoslos deta¬
lles que requiere la idea sugerida, actos
más ó menos complicados que se encadenan
entre sí y se deducen unos de otros. Los
fascinados realizan mecánicamente el ac¬
to sugerido y después caen en su anterior
inercia; y si el acto es complicado, habrá
necesidad de que sea sugerido en sus di¬
versas partes, á menos que no se quiera
que lo concluya. Es un punto más de no¬
tarse entre el estado de fascinación y el es¬
tado cataléptico.”
Hasta aquí lo relativo á la sugestión en
estado de vigilia. El estado de las faculta¬
des en los diferentes grados del sueño hip¬
nótico, la suspensión de la voluntad y au¬
tomatismo de las ideas; la desaparición del
yo; los grados diversos en los estados de
conciencia, en una palabra, la fisiología del
hipnotismo, nos^dará materia más que su¬
ficiente para el próximo capítulo.
— 140—

CAPITULO IX.

FISIOLOGÍA DEL HIPNOTISMO.

¿Por qué medio se produce el hipnotismo?—Diver¬


sas hipótesis.—Teorías de Rumpf, Preyer, Car-
pentier y Heideinhaim.—Anemias e' hiperemias.
—Brown-Sóquard—Teoría de la inhibición.—
Fenómenos de dinamogenia.—Mecanismo déla
letargía, cata1 epsia y sonambulismo.—La hiperex-
citabilidad neuro muscular: la contractura muscu¬
lar y la eataleptiforme de los tresporíodos.—Au¬
tomatismo psíquico.— Sugestión.—< Inercia de los
centros moderadores.—Abulia.-*-Suspensión de la
actividad de I03 centros motores.—Amnesia.—
Ilusiones y alucinaciones. —¿ El hipnotismo es una
enfermedad ó una modificación pasajera riel orga¬
nismo?— Opiniones de Richet, Charco!, Dum mt-
pallier, Ball, Magnin, Ohambart.— Diversas cate¬
gorías de sonámbul s.— El semi-hipnotismo.—
Teoría de Bórillon y Dumont pallier. — Experimen¬
tos de Heideinhaim, Bergcs, Ladame y Dumont¬
pallier.—Independencia funcional de los hemis¬
ferios.— Dualismo cerebral.

La suspensión de la voluntad, el auto¬


matismo de las ideas, la desaparición del
—141
yo, el hipnotismo, en una palabra, ¿por me¬
dio de qué mecanismo se producen?
Aparte de las teorías de que hemos he¬
cho mención, al hablar de determinados
fenómenos, existen diversas hipótesis para
explicar el variadísimo y complicado con¬
junto de estados de sueño, de suspensión
de las funciones déla capa cortical del ce¬
rebro y de los mil y un fenómenos que
constituyen el sueño nervioso.
Rumpf, médico alemán, supone qüe el
hipnotismo es causado por perturbaciones
de la circulación cerebral que determinan
hiperemias y anemias en la sustancia gris;
Preyer cree que la concentración del pen¬
samiento en determinada idea, produce
enorme actividad en las células cerebrales
y por consiguiente la formación anormal
de productos oxidables que, robando su
oxígeno á la sustancia, producen el embo¬
tamiento de las células; Carpentier cree
que los centros psico-motores influidos por
la fatiga de los músculos orbiculares de los
párpados ó por la gran -contención del es¬
píritu dejan expedita la acción de los va¬
sos motores en determinada extensión de
la capa cortical del cerebro, originándose
de ésto una disminución relativa de la san-
—142—
gre, en la masa cerebral, y de allí la debí"
litación ó cesación de las funciones psíqui-
cas. Heideinhaim, al principio de sus ob-
ser vacio n es, ad mitió 1 a anterior ex pli caci ón,
atribuyendo á anemia cerebral la produc¬
ción del sueño nervioso; pero experimen¬
tos posteriores le hicieron convencerse de
que estaba equivocado y entonces apeló á
la teoría de la inhibición, debida á Browti-
Séquard, y que este profesor del colegio de
Francia, formula en los siguientes tér¬
minos:
«La inhibición, dice, es la detención, la
suspensión, ó si se quiere, la desaparición
momentánea ó definitiva de una función,
una propiedad, ó una actividad (normal ó
morbosa) en'un centro nervioso, en un ner¬
vio ó en un músculo; detención que se rea¬
liza sin alteración orgánica visible (á lo me¬
nos en el estado de los vasos sanguíneos) y
que sobreviene inmediatamente ó poco des¬
pués de la producción de una irritación en
un punto del sistema nervioso, más ó me¬
nos lejano en que se manifiesta. La inhibi¬
ción, es, pues, un acto que suspende tempo
raímente ó anula en definitiva una fun ción,
una [Link] 1__
1 Brown-üóquurd.—Iutroduccion á la Neurypno-
logie de J. Braid. Traducción de J. Simón. — Paria
1884.
— 143—
«El acto inicial—dice más adelante tra¬
tando de explicar el mecanismo del hip¬
notismo—el acto inicial mediante el cual
un individuo es sumido en el hipnotismo,
no es más que una irritación periférica (de
un sentido ó de la piel) ó central (por in¬
fluencia de una idea ó de una emoción)
que produceja disminuciórró el aumento
de poder en ciertos puntos del encéfalo, de
la médula espinal ó de otras partes; y el
hipnotismo ó braidismo, no es otra cosa
que el estado muy complejo de pérdida ó
de aumento de energía en que son coloca¬
dos el sistema nervioso,, y otros órganos,
bajo la influencia de la irritación primera,
periférica ó central. En esencia, pues, el
hipnotismo no es más que un efecto y un
conjunto de actos de inhibición y de dina-
mogenia.»
Dada esta teoría se explica fácilmente
que la irritación periférica producida por
los procedimientos hipnóticos ó la central
ocasionada por la sugestión, determine la
detección, la inhibición de todas, ó parte
de las funciones nerviosas de la sustan¬
cia gris cortical de los hemisferios cerebra¬
les.
Apoyándose en esta teoría, Cullerre, uno
— 144—
de los autores que más extensamente ha
estudiado el asunto, se expresa en los tér¬
minos siguientes:
“Cuando la inhibición es solamente par¬
cial, como en el sonambulismo y no se ex¬
tiende más que á ciertos trechos de la capa
cortical, se observan fenómenos de dinamo-
genia, es decir, de exaltación funcional.
Esto explica la agudeza sensorial, lo repen¬
tino y preciso de las reacciones motrices,
la excitación de la imaginación y de ciertas
partes de la memoria; en una palabra, la
exaltación de los reflejos cerebrales intra-
corticales.
Pero adviértase que las redes psicomoto-
ras de la capa cortical ejercen por sí mis¬
mas una acción inhibitoria poderosa sobre
los reflejos ganglionares, bulbares ó medu¬
lares. Suprimida esta acción inhibitoria
por el estado hipnótico, deberá suceder
que los reflejos cerebro-espinales serán
considerablemente exajerados, y tanto más
cuanto más partes de la capa cortical ha¬
yan sido atacadas de impotencia.
Efectivamente esto es lo que sucede. En
la letargía, la hiperexcitabilidad neuro-
muscular demuestra la considerable exa¬
geración de los reflejos medulares, parecien.
— 145—

do estar el cerebro entero herido de iner¬


cia. En la catalepsia, los reflejos cerebro¬
espinales llegan á su máximum, de donde
toma origen esa forma tan particular de
contractura que permite á los músculos
conservar durante un tiempo más ó menos
largo la posicisón que se les da, y adaptar
su poder de contracción á la resistencia
que tienen que vencer. Sabido es en efec¬
to que no sólo puede hacerse soportar el
peso del cuerpo apoyándose sobre dos pun¬
ios de sus extremos, sino que además se
puede cargar sobre él un fardo más ó me¬
nos pesado sin lograr que ceda la contrac¬
tura.. En el sonambulismo, las contractu-
ras catalcptiformes producidas por toda es¬
pecie de excitaciones periféricas, no son
más que la expresión de la irritabilidad
exagerada de la médula.
La exageración de los reflejos, no sólo se
muestra en los centros inferiores cerebro¬
espinales, sino también en los mismos cen¬
tros superiores, lo cual constituye el auto¬
matismo psíquico, automatismo tanto más
completo cuanto mayor es el número de
zonas corticales á que la inhibición alcan¬
za.
hipnotismo.—10
— 146—

Esta inhibición que paraliza las funcio¬


nes superiores psíquicas, la voluntad, la
conciencia, favoreciendo el ejercicio auto¬
mático de las demás facultades, ^explica la
eficacia y la potencia de la sugestión, cuyo
mecanismo es por otra parte fácil de com¬
prender. Según dice Mr. Bernheim, se de¬
ber á una exaltación de la excitabilidad re¬
fleja, ideo-motriz, ideo-sensitiva, ideo-sen-
sorial, que hace instantáneamente la trans¬
formación inconsciente, á despecho de la
voluntad, de la idea, en movimiento, sen¬
sación ó imagen, por consecuencia de la
inercia de los centros moderadores y de
comprobación intelectual.
Se ha hecho constar que cuanto más se
renuevan los experimentos en un hipnóti¬
co, tanto más tranquilos y precisos son. El
poder inhibitorio para manifestarse, nece¬
sita de solicitaciones cada vez menos enérgi¬
cas, al mismo tiempo que por vías cada
vez más extraviadas encuentran los refle¬
jos mayor facilidad para producirse.»
Una cosa digna de ser notada es la ana¬
logía que presentan las alteraciones de las
facultades durante el sueño nervioso con
las que estudia la patología mental.
El fenómeno de la desaparición, del ano-
— 147—
nadamiento de la voluntad, primero que
se observa en los individuos sujetos á la
hipnotización, por débil que ésta sea, tiene
más de un punto de contacto con la afec¬
ción que los médicos llaman Abulia.
En uno y otro caso existe la voluntad
mental, el deseo de obrar, pero la voluntad
es una potencia estática que no puede pa¬
sar al estado de dinámica; el individuo
quiere, pero no 'puede obrar; asiste al auto¬
matismo de su organismo con la perfecta
conciencia de que es impotente, de que de
él ha desaparecido, momentáneamente si
se quiere, todo poder de acción, toda ini¬
ciativa.
El Dr. Bernheim, tantas veces citado en
el curso de este trabajo, refiere un caso de
abulia en un enfermo que asistió.
«Antes de embarcarse—dice refiriéndose
al paciente—tenía que hacer un poder ju¬
dicial autorizando á su mujer para vender
una casa. Lo redactó por sí mismo, lo ex¬
tendió en el papel sellado correspondiente
y se disponía á firmarlo, cuando surgió un
obstáculo con el que ni remotamente po¬
díamos contar. Después de haber escrito
su nombre le fué imposible rubricar. En
vano el enfermo lucha con esta dificultad;
— 148—

cien veces lo menos hace que su mano eje¬


cute, abajo del escrito, los movimientos ne¬
cesarios para hacer la rúbrica, lo que prue¬
ba perfectamente que el obstáculo no está
en la mano; pero otras cien veces la volun¬
tad reacia no puede hacer que los dedos
apliquen la pluma al papel.
«Algunos días después, tuve ocasión de
observar una imposibilidad del mismo gé¬
nero. Se trataba de salir después de comer,
de lo cual el Sr. P. tenía el más vivo deseo.
Durante cinco días seguidos, al acabar la
comida cogía su sombrero, se ponía en pié
y se disponía á salir; pero ¡vano deseo! su
voluntad no podía, lograr que sus piernas
se pusieran en marcha y le trasportasen á
la calle.»
Como hace observar un autor, la diferen¬
cia entre el sujeto hipnotizado y el enfermo
dq abulia, consiste en que el primero es in¬
capaz de detener un movimiento en vía de
ejecución y el segundo es incapaz de ejecu¬
tar el movimiento que desea.
En algunos casos el impulsores repenti¬
no, originando actos que tienen los carac¬
teres de un fenómeno reflejo. Tal es el caso
de individuos en quienes se manifiestan, por
la simple vista de una navaja, de una pis-
— 149—

tola, ó de una arma cualquiera, conatos de


suicidio de los que no tienen conciencia y
de los cuales no conservan recuerdo algu¬
no. Puede afirmarse, por tanto, que el au¬
tomatismo consciente ó nó, tanto del hip¬
notismo como de los casos patológicos, tales
como la abulia, la ecolalia, etc., depende de
que la idea presente en el espíritu del su¬
jeto, sugerida ó nacida expon táneam ente,
es de tal manera enérgica, que rechaza
cualquiera otra idea antagónica, cualquiera
asociación de ideas, capaz de oponerse á
que aquella sea ejecutada.
<'E1 hipnotizado—dice el Dr. Ferrier 1 —
puede compararse á un niño cuya volición
tiene siempre un carácter impulsivo á con¬
secuencia de su falta de experiencia por¬
que su acción se acondiciona á las impre¬
siones ó ideas del momento.»
“La volición, afirma Cullerre, está ínti¬
mamente ligada con la facultad de la aten¬
ción y sigue todas sus fluctuaciones. Las
personas susceptibles de una gran atención
están por lo géneral dotadas de una volun¬
tad muy fuerte; y por el contrario las in¬
capaces de spstener mucho tiempo la aten-
1 Dr. Ferrier, Les fonctions du cerveau. París
1878 .
- 150—
ción, que tienen una voluntad muy débil.
La atención tiene por propiedad, al ejer¬
cerse, suprimir los movimientos actuales
y ejercer una acción moderadora sobre los
centros motores del cerebro. Esta función
parece residir en las partes anteriores de
los hemisferios cerebrales.5’
La patología trata de demostrar, igual¬
mente, que los individuos que padecen le¬
siones en los lóbulos anteriores tienen la
atención profundamente turbada. Así pues,
dada esta teoría, hay que aceptar que el
automatismo de los hipnóticos es origina¬
do por la suspensión de la actividad de los
centros motores moderadores de la parte
anterior del encéfalo.
¿Cómo debemos explicarnos la pérdida
del recuerdo, característica de ciertos esta¬
dos de hipnotismo?
“La explicación es bien sencilla—dice
Ribot.1—Los estaclos de conciencia que
constituyen el sueño, son extremadamente
débiles; parecen fuertes, no porque lo sean
en realidad, sino porque no existe ningún
estado fuerte que los rechaze á segundo
término. En cuanto comienza el estado de
vigilia todo vuelve á su lugar. Las imáge-
1 Ribot. Maladies de la memoire. Paria 1883.
—151

nes se borran ante las percepciones, ante


un estado de atención sostenida y este an¬
te una idea fija.”
Para explicarse las alucinaciones y las
ilusiones que es posible provocar por su¬
gestión, los hipnotizadores creen que este
fenómeno depende de la facilidad con que
en el estado de vigilia ordinario vienen á
la imaginación las diversas sensaciones.
Para acordarse de una sensación visual,
dice Herbert Spencer en sus “Principios
de psicología,” no se necesita hacer un gran
esfuerzo; basta evocar la imagen de un ob¬
jeto para que inmediatamente aparezca
ante la conciencia con toda claridad; por el
contrario, para evocar una sensación de
olor ó sabor se necesita cierto esfuerzo de
la voluntad.
De aquí la dificultad de producir en el
organismo alucinaciones del gusto y del
olfato por lo complicado de las operacio¬
nes mentales que el sujeto tiene que efec¬
tuar. Sin embargo, ya hemos visto con qué
facilidad, en la catalepsia y en el sonam¬
bulismo pueden sugerirse las alucinaciones
de cualquier índole que sean.
Llegamos á un punto en que, á pesar de
lo discutido que ha sido, aun no se han lie-
— 152—
gado á poner de acuerdo los hipnotistas.
¿El hipnotismo es una enfermedad? ¿Debe
considerársele como una modificación pa¬
sajera del organismo? Ya hemos dicho que
sobre este punto están muy divididas las
opiniones.
Mientras que Charcot cree que debe con¬
siderarse al hipnotismo como una neuro¬
sis experimental, Richer, opina que es una
alteración de las funciones regulares del
organismo, que se confunden con la diáte¬
sis (predisposición) histérica. Dumontpa-
llier y sus discípulos creen como Charcot,
que el hipnotismo es una neurosis experi¬
mental de diversos grados; Magnin afirma
lo mismo. Ball y Chambart, creen que hay
tres categorías de sonámbulos:
“1? Los que gozan, á lo menos en apa¬
riencia, de excelente salud. 2? Los que son
manifiestamente neuropáticos, y 3f.1 Aque¬
llos en quienes el sonambulismo no es otra
cosa que una manifestación sintomática de
una enfermedad del cerebro ó de sus cu¬
biertas. En las dos últimas categorías, .no
se puede dudar, de que no se trata de ver¬
daderas manifestaciones patológicas.
“Respecto de los sonámbulos de la pri¬
mera categoría, podría dudarse no consi-
— 153—

derando más que las apariencias; pero es¬


tudiando sus antecedentes de familia, se
disipan todas las dudas: son neurópatas y
por tanto enfermos. Para concluir, añaden
los autores, emitimos esta proposición: que
la mayor parte de las personas atacadas de
sonambulismo idiopático ó notables por su
gran sensibilidad á la acción de los agen¬
tes hipnogénicos, son neurópatas, como se
demuestra por sus antecedentes heredita¬
rios, por sus antecedentes personales y por
un análisis cuidadoso de su estado, en el
momento mismo en que se les somete á
observación.”
No todos los autores participan de esta
opinión. Bernheim, por ejemplo, no vena¬
da patológico en el hipnotismo y nó sólo
no cree que sean neurópatas todas las per¬
sonas hipnotizables, sino que en muchos
de sus clientes no ha encontrado huellas
de perturbaciones nerviosas.
“Gran número de mis observaciones—
escribe—se refieren á personas que nada
tenían de nerviosas. En presencia de Mr.
Liégeois, hice dormir un día á casi toda
una sala de enfermos, la mayor parte de
ellos tísicos, enfisematosos, reumáticos, con-
— 154—

valescientes; sólo dos entre los veinte que


liabía eran histéricos.” 1
No por esto niega que para obrar la su¬
gestión hipnótica, sea necesaria cierta dis¬
posición de receptividad cerebral; aunque
no cree que esta disposición sea exclusiva
de los neurópatas é histéricos. Bottey no
considera el hipnotismo ni como manifes¬
tación morbosa ni como enfermedad. Una
enfermedad, dice, está siempre caracteriza¬
da por una serie de perturbaciones que se
preceden, acompañan y suceden, lo cual no
ocurre con el hipnotismo; y en cuanto á
que éste sea un anexo del histerismo, tam¬
poco lo cree exacto, desde el momento en
que el sueño nervioso puede ser provoca¬
do en personas perfectamente sanas.
Charcot y Richer, por su parte, advier¬
ten que es ley preestablecida que las ma¬
nifestaciones patológicas no son sino des¬
viaciones más ó menos profundas de las
condiciones fisiológicas.
En resúmen, en vista de tanta diversi¬
dad de pareceres puede afirmarse que si
bien algunos de los fenómenos hipnóticos
no son precisamente de orden patológico,
1 B ir uhe i m. De la suggestión da/is l'etat hianoiim
que, París 1884.
— 155-
liay otros que si no caen directamente den¬
tro de la patología, sí sq rozan con ella.
La dificultad consiste en saber apreciar
cuáles son los límites entre unos y otros y
cuáles las distinciones que es necesario es¬
tablecer.
Hablemos ahora del semi-hipnotismo, ó
hipnosis bilateral. El semi-hipnotismo,
como su nombre lo indica, no es otra cosa
que el fenómeno por medio del cual es co¬
locada cada mitad del cuerpo, en períodos
diferentes de hipnotismo. Su importancia
es grande, pues que debido á él, se ha po¬
dido demostrar hasta la evidencia, que la
independencia funcional de cada hemisfe¬
rio cerebral, que antes se tenía por proble¬
mática, hoy es uno de los hechos mejor es¬
tablecidos.
Los trabajos de" los Sres. Bérillon y Du-
montpallier, que son los que han hecho
un estudio más extenso del asunto, han
venido á arrojar bastante luz sobre este
fenómeno. Se ha podido establecer, debido
á ellos, por medio de la hipnosis uni-late-
ral (es decir, que sólo uno de los hemisfe¬
rios quede sumido en sueño hipnótico en
tanto que el otro permanece en estado nor¬
mal) y de la bilateral de carácter diferente
156—
para cada lado, la dualidad cerebral y que
cada hemisferio representa al individuo en¬
tero.
La hipnosis un i-lateral la producía Braid,
sin darse cuenta de ello, cuando obran¬
do sobre un ojo en el sujeto en catalp-
sia, producía la sensibilidad-en el lado co¬
rrespondiente del cuerpo; Heideinhaim ob¬
tenía la hemi-letargía friccionando un lado
de la cabeza de un sujeto sensible. Con el
mismo procedimiento, producía en el lado
izquerdo del cráneo una verdadera afasia
[mudez] de origen atáxico, que impedía al
sujeto leer ó hablar á consecuencia de la
impotencia del centro del lenguaje articu¬
lado.
“Estos experimentos, dice un autor, con¬
firman de una manera inesperada, la no¬
ción fisiológica de la acción cruzada délos
hemisferios cerebrales y la existencia de un
centro del lenguaje articulado que, desde
hace largo tiempo, se colocaba en la terce¬
ra circunvolución frontal izquierda ó cir¬
cunvolución de Broca.
Sin embargo, otros experimentos prac¬
ticados por Heideinhaim, parecen ser una
excepción de esta ley déla acción cruzada
de los hemisferios, •
•157—
“En ellos se hallan—dice Bérillon—las
anomalías aparentes que recuerdan las va¬
riedades clínicas que pueden presentar las
1 afecciones producidas por las lesiones or¬
gánicas del hemisferio izquierdo del cere¬
bro. Así, mientras en un sujeto la excita¬
ción del lado derecho de la cabeza produ¬
cía la catalepsia del mismo lado y la afa¬
sia, en otras personas la catalepsia uni-la-
teral sobrevenía á consecuencia de la ex¬
citación tanto del mismo lado como del
otro.” 1
Los experimentos de Berger, de Breslau,
de Ladamey de Dumontpallier, han veni¬
do a demostrar que se puede producir la
catalepsia é hipnotismo unilateral, así como
el sonambulismo, con sólo fricciones reite¬
radas en determinada parte del cráneo.
“Estas experiencias de hipnosis unilate
ral,dice Cullerre,inducen á admitir que un
solo hemisferio cerebral representa á todo
el individuo, conserva la conciencia del yo
y basta para las funciones de relación.”
Chambard, cree que si bien un hemisfe¬
rio basta para la vida psíquica, la privación
1 Bérillon. Hipnotismo experimental. La dualité
cerebral et Vindepen lence fonctiontlh des hemisphéres
cérébraux. París 1885.
—158
del otro se hace sentir de una manera bien
marcada. Esto explica la afasia, la falta de
regularidad y precisión en los movimien¬
tos, la pesadez de la inteligencia: la falta
de voluntad y esa tendencia á la imita¬
ción, característica en los hipnotizados. La
hipnosis unicerebral siempre va acompa¬
ñada, según el autor citado, de debilidad de
la actividad nerviosa en el hemisferio des¬
pierto.
Curiosísimos experimentos practicados en
la Salpétriére respecto del hemisonambulis-
mo, liemicatalepsia y hemiletargía, han
venido á comprobar: 1? Que la actividad
psíquica de un hemisferio puede suprimirse
sin destruir la conciencia*del yo y de las fa¬
cultades intelectuales. 2? Que simultánea¬
mente pueden ponerse en un grado dife¬
rente de actividad losdos hemisferios cere¬
brales. 3? Que disfrutando de igual activi¬
dad pueden ser asiento á la vez de manifes¬
taciones psíquicas de carácter y naturaleza
diferentes.
Esto dá la clave de los curiosísimos fe¬
nómenos que se observan en el semihipno-
tismo; por ejemplo* que mientras el lado
derecho del sujeto exprese una sensación
de horror, el izquierdo sonría, ó que, si-
limitáneamente, con un oído perciba algo
que le halague y con el otro algo que le
cause disgusto.
«El dualismo cerebral—dice Ribot en su
obra citada,—basta para explicar cualquier
desacuerdo en el espíritu, desde la simple
duda, cuando hay dos partidos que tomar,
hasta el fenómeno completo de la doble
personalidad. Si á la vez queremos el bien
y el mal, si sentimos impulsos criminales y
una conciencia que los condena, si el loco á
veces reconoce su locura, si el delirante tie¬
ne momentos de lucidez y por último, si al¬
gunos individuos se creen dobles, consiste
sencillamente en que los dos hemisferios
están en desacuerdo; el uno está sano, el
otro morboso; uno reside á la derecha y
su contrario á la izquierda; es una especie
de maniqueismo psicológico.»
Pasemos ahora á hablar del hipnotismo
aplicado á la terapeútica, lo cual nos dará
asunto para el capítulo siguiente.
CAPITULO X.
EL HIPNOTISMO APLICADO Á LA
TERAPÉUTICA.—PELIGROS DEL HIPNOTIS
CONCLUSIÓN
El magnetismo panacea universal.—Exageraciones d
magnetizadores — Los modernos liipnoiistas. --C
ciones practicadas por Muofin.—Aplicación del hi
tismo en las enfermedades de la vista, sordo-mudez,
dera, mal de San Vito y tartamudez nerviosa.-El h
tismo aplicado á la cirujía./—Operaciones practic
por los doctores Loysel, Fanton, Tosivell, Jollv,
banl, Kiaro, Broca, Folia, Guérineau y Esdaile
tétanos y la rabia, las parálisis y la córea, curadas
el hipnotismo.—Peligros del hipnotismo.—Observa
nes ud Dr. Mireur —Casos registrados por Cha
non y Du Potct. — Carta del profesor Lombroso.—C
clusión.

Creencia muy común iia sido entre


partidarios de la doctrina de Mesmer,
el magnetismo obra poderosamente e
curación de todas ó casi todas las en
medades y, aun en nuestras días, no
tan personas caracterizadas que afirm
101

que “el hipnotismo ¡ uede en casi todos los


casos, detener el desarrollo de la enferme¬
dad"’. 1 Algunas curaciones que Mesmer
obtuvo y que calificó de maravillosas y
otras practicadas por Du Potet, Puiseygur
y sus discípulos, dieron margen á la creen¬
cia de que el magnetismo era una mila¬
grosa paneacea, y no es remoto que los
adeptos de esta escuela, al dar cuenta de
sus éxitos usaran y aun abusaran de la
hipérbole. Pero descartando lo que hubie¬
re de exagerado en las afirmaciones de los
magnetizadores, es un hecho que el empleo
del magnetismo en la curación de ciertas
enfermedades, puede ser útil y conseguir,
si noel restablecimiento completo, por lo
menos un gran alivio.
Dejando á un lado los éxitos de que se
vanagloriaba Mesmer, éxitos en los que
no creen los modernos hipnotizadores, y
las opiniones de Braid, que aseguraba que
muchas enfermedades crónicas, principal¬
mente las que resisten á los tratamientos
prolongados, son dominables por el sueño
provocado; examinemos los casos, compro¬
bados, de curaciones llevadas á cabo por los
1 L. Muutm—El Nuevo hipnotismo.—Traduc¬
ción deFdster Fernández.—Madrid, 1886.
HIPNOTISMO.—11.
162
procedimientos hipnóticos para poder es¬
tablecer de mejor manera la terapéutica
del hipnotismo.
Moutin, antes citado, afirma que ha cu¬
rado, por medio del hipnotismo, toda clase
de fiebres, y que en Marsella, durante la
epidemia de 83-84, entre más de 10 tifoi¬
deos que trató, sólo uno pereció; las fiebres
eruptivas (escaria ti ñas, sarampión, [Link]
intermitentes, las enfermedades crónicas,
ixcepto la tisis y las afecciones del corazón,
as nerviosas, etc., etc.., pueden, en su opi-
íión, hacerse cesar con el tratamiento hip-
aótico.
«En varias ocasiones—dice—hemos vis¬
to enfermos abandonados por la ciencia,
volver á la vida después de algunas bue¬
nas hipnotizaciones. Muchas veces tam¬
bién hemos visto desaparecer síntomas muy
alarmantes después de una sola hipnoti¬
zación. Allí donde todos los remedios far¬
macéuticos habían fracasado, el hipnotismo
consiguió disminuir el dolor y equilibrar
las fuerzas medicatrices de la Naturaleza
ó de la sangre.»
El mismo Braid, en su Neuripnologíe
nos habla de debilidades de la vista, cura¬
das por el hipnotismo, sordos y sordo-mu-
163

dos que recobran el oído, neuralgias y tics,


que lian desaparecido, dolores reumáticos
aliviados por completo y parálisis orgáni¬
cas mejoradas. Respecto á curaciones de la
vista, véase lo que el mismo autor dice
acerca de una señora, Mrs. Stowe, de cua¬
renta y cinco años de edad, que hacía vein¬
tidós, que no podía leer ni coser sin'anteo¬
jos.
“Examinada el 8 de Abril de 1842, no
podía distinguir las letras iniciales de un
anuncio en el periódico, ni el título de éste.
Después de una hipnotización de ocho mi¬
nutos, leyó distintamente el grande y el
pequeño encabezado, el día; el mes y la
fecha del periódico.”
Y más adelante, el repetido doctor aña¬
de:
“He encontrado muy útil el hipnotismo
en la mayor parte de los casos de corea
[mal de San Vito] así como en los de tarta¬
mudez nerviosa. Con frecuencia es tam¬
bién muy útil en la epilepsia; pero hay
variedades en esa dolencia sobre las cuales
no tiene ninguna acción. Supongo que
éstos últimos, son casos que dependen de
causas orgánicas y que resisten á todos los
remedios conocidos; sin embargo, una joven.
que padecía seis ú ocho ataques en cada
veinticuatro horas, sólo tuvo uno al día
siguiente de la primera operación; en los
cinco días subsecuentes no tuvo ninguno
y al poco tiempo se encontró curada.”
La propiedad característica en ciertos
períodos del sueño hipnótico, de producir
en el sujeto la anestesia absoluta, ó, cuan¬
do menos, de amortiguar el dolor, ha per¬
mitido llevar á feliz término muchas y
graves operaciones.
Cloquet, como hemos dicho en los pri¬
meros capítulos de esta obra, operó el 12
de Abril de 1829, un cáncer del seno en
una señora de sesenta y cuatro años de edad,
sumida en sueño sonambúlico. La enferma
no dió la menor muestra de sensibidad.
El Dr. Loysel, en 1846, extirpó un tumor
de la región mastoidea en otra enferma de
teinta años de edad; [Link] pocos meses
practicó más de doce operaciones en condi¬
ciones semejantes y con los mismos satis¬
factorios resultados. Fanton, Toswell y
Joly, médicos ingleses, praticaron en esa
misma época la amputación de dos piernas
y un brazo. En 1847 dos médicos de Poi-
tiers, los Dres. Ribaud y Kiaro, operaron á
un joven que tenía un tumor en el maxilar;
■en la primera sesión hicieron la incisión
del tumor, en la segunda la avulsión de
una muela y en la tercera, la extracción
del neoplasma, todo ello sin que el enfermo
experimentase el más ligero dolor.
En 1859, los Dres. Broca y Folin prac¬
ticaron en París la incisión de un abceso
en una mujer y el Dr. Guérineau, de Poi-
tiers, amputó un muslo á un hombre; y
aunque éste, según confesaba después, tu¬
vo plena conciencia de la operación, no
por esto experimentó el más leve dolor.
El Dr. Esdaile, cirujano de los hospita¬
les de Calcuta, en menos de seis años prác¬
tico más de seiscientas operaciones de to¬
das clases, en individuos sumergidos en
sueño magnético. Tan extraordinaria re¬
sonancia tuvieron sus trabajos, que el go¬
bierno, á petición de aquel cirujano, se
creyó en el deber de nombrar una comi¬
sión compuesta de hombres de ciencia, en-
eargada de investigar lo que hubiese res¬
pecto del asunto. La comisión, á conse¬
cuencia de los experimentos que presen¬
ció presentó un informe, del cual tomamos
los siguientes párrafos:
«En el caso de Nilmoney, no ha habido
el más ligero indicio de sensación. La
166

operación, que consistió en la ablación de


un sarcocele, duró cuatro minutos; ni los
brazos ni las piernas estaban sostenidas
por nadie y no hizo ningún movimiento,
ni gimió, ni cambió de aspecto, y cuando
despertó dijo que no tenía ningún recuer¬
do de lo que había pasado.»
«Hyder-Ktan; demacrado, con la pierna
gangrenada, sufrió la amputación del
muslo sin que se notara’ en él un solo sig¬
no de dolor.
«Murali-Dos (la operación en éste era
muy grave) agitó el cuerpo y los brazos,
respiró con trabajo y cambió de aspecto
sin qpe, sin embargo,.sus facciones expre¬
sasen sufrimiento; y cuando despertó ma¬
nifestó también que ignoraba completa¬
mente lo que le había sucedido durante el
sueño.
«En otros tres casos, la comisión observó
durante las operaciones, diversos fenóme¬
nos que es necesario mencionar especial¬
mente. Aun cuando los pacientes no abrie¬
sen los ojos ni articulasen ningún sonido,
ni necesitasen que los sujetaran, había
movimientos vagos y convulsiones de los
miembros- superiores, contorsiones del
cuerpo, distorsión de las facciones, dando
167

al rostro una expresión desagradable de


dolor comprimido; la respiración se hizo
trabajosa y daban hondos suspiros. Había
todas las señales de un intenso sufrimien¬
to, y el aspecto que presentaban era el que
ofrecería un mudo sometido á una ope¬
ración, salvo la no resistencia al opera^
dor.
Pero sin excepción, en todos los casos,
los pacientes no tenían ni conocimiento
ni recuerdo de la operación, ni aun de ha¬
berla soñado, no sintiendo dolor por ella
hasta que se llamó su atención sobre el
sitio operado.» 1
La anestesia producida por el hipnotis¬
mo ha sido un hecho constantemente ob¬
servado. Cuando los 'convulsionarios de
San Medardo en el siglo XVIII, se dieron
casos verdaderamente excepcionales de
insensibilidad. Los convulsionarios, en
quienes, en suma, no podemos ver sino
hipnotizados por auto-sugestión, sufrían
los golpes más atroces, las penitencias más
horrorosas, sin pestañear siquiera: es más;
algunos confesaban que sentían un placer
infinito al ser torturados.
I Du Potet Traite complet du magnetis me animal
—París 3883-
168

Se ha aconsejado el uso del hipnotismo


para la curación del tétanos y la rabia.
Respecto de esta última enfermedad no se
tiene ningún dato para asegurar que sea
favorable ó adverso el empleo de los pro¬
cedimientos hipnogénicos. En cuanto al
tétanos, se citan diversas curaciones prac¬
ticadas en diversas épocas y por distintos
operadores.
Braid, por ejemplo, cuenta el caso de
un niño de 13 años, atacado de tétanos y
que él logró curar. Después de algunos
síntomas inciertos se declaró en el niño un
opistótonos (enfermedad convulsiva, en la
cual el tronco afecta la forma de un arco.)
Tenía la cabeza y la pelvis rígidas y echa¬
das hácia atrás, mientras que el cuerpo
permanecía encorvado é inmóvil. Los es¬
pasmos eran tan violentos que á veces im¬
pedían la respiración. Braid ensayó el
hipnotismo. A los pocos minutos de suje¬
tarlo al tratamiento hipnótico los espas¬
mos habían disminuido, la cabeza podía
inclinarse hácia adelante, la respiración
se calmó, el pulso disminuyó y el enfermo
entró en un estado de relativa mejoría.
Pocos días después, siempre continuando
169

el mismo régimen, el enfermo curó radi¬


calmente. ‘
Las prácticas hipnóticas dan felices re¬
sultados en los ataques de histeria, pues si
bien no se consigue desde luego la suspen¬
sión de los ataques de histero-epilepsía, sí
se logra, inmediatamente, moderar su in¬
tensidad y duración.
Mr. Dumontpaliier refirió en la sesión
del 7 de Enero de 1882, ante ia sociedad
de Biología, la historia de una enferma
que, á consecuencia de un susto, tuvo un
ataque histero-epiléptico, seguido de un
acceso de lipemanía (manía de la persecu¬
ción). En poco tiempo y debido al hipno¬
tismo se obtuvo la curación.
Mr. Bottey cuenta el caso de una histé¬
rica atacada de una parálisis délos miem¬
bros inferiores y á la cual pudo hacer an¬
dar sumiéndola en sonambulismo. Hipno¬
tizándola frecuentemente logró combatir
la atrofia que había invadido los miem¬
bros paralizados. A los cinco meses estaba
curada.
Otro caso de parálisis, curado por medio
de la sugestión:
nCon dos pequeñas píldoras de inú/a de
i J. Ki\.ii. loe. cifc.
170

pan se produjeron en ella (en la enferma)


síntomas violentos, estado sincopal, cólicos,
vómitos, etc. sobreviniendo un delirio com¬
pleto que, por medio de la hipnotización,
hicimos cesar al cabo de siete horas, Al
despertar la enferma había recobrado las
fuerzas de las piernas. f»
Una señora de 33 años queá consecuen¬
cia de un embarazo muy penoso tuvo un
ataque de paraplegia, fué curada durante
más de cuatro meses por los medios ordi¬
narios, sin que experimentase el más lige¬
ro alivio. En estas circunstancias la vio
Braid, y después de una hipnotización de
varios meses, logró dejarla totalmente res¬
tablecida.
Mr. ¡Vlagnin,discípulo de Dumontpallier,
recomienda el empleo del hipnotismo para
hacer cesar las contracciones consecutivas
á los ataques de histeria; en las contractu-
ras antiguas y permanentes añade que al
hipnotismo debe unirse el uso de los agen¬
tes estesiógen os de que ya hemos hablado:
A este respeto, escribe lo siguiente:
“Entre otras, dice, en la llamada E....,
mi maestro y yo hemos curado definitiva
y muy rápidamente, en algunos días, un
1 Bottey. M'ignelisme animal. París. 1884
pié contrahecho, varus-equino izquierdo,
desde hacía más de un año, y que había
resistido á todos los tratamientos que su¬
cesivamente se habían empleado. El me
todo consistió sencillamente en ponerá la
enferma en el período cataléptico del hip¬
notismo. Cuando el pié contrahecho se
redujo por medio de una excitación con¬
veniente para la enferma y para el perío¬
do (el soplo fué empleado en este caso,)
se despertó á la enferma.
En estas condiciones existían tenden¬
cias á reproducirse la contracción, pero el
resultado se mantenía fácilmente con la
aplicación en la región crural anterior
[muslo,] de un metal al que sabíamos
que era muy sensible la enferma. Merced
á este medio se podían fijar los resulta¬
dos terapéuticos obtenidos por el hipno¬
tismo.
Igualmente nos veíamos obligados á
aplicar {«lacas metálicas en el antebrazo
derecho, porque se producía una contrac-
tura en el miembro superior derecho, en
cnanto se hacía desaparecer el defecto del
miembro inferior izquierdo. Había, por
consiguiente trasporte cruzado del miem-
bro inferior de un lado al miembro su*
perior del lado opuesto.” 1
La sugestión y la metaloterapia que han
sido empleadas en muchos casos para se¬
cundar la acción del hipnotismo, han da¬
do el mejor resultado, sobre todo, en las
afecciones coreicas. Bernheim y Liébeault
han hecho á este respecto curaciones muy
notables, por la acción combinada de los
estesiógenos y de la sugestión y en cuan¬
to al empleo no sólo de los metales sino en
general de todas las sustancias medica¬
mentosas, los notabilísimos experimentos
de los Sres. Bourru y Burot, de que ya he¬
mos hablado, han demostrado sin dejar
lugar á duda, que es muy conveniente,
sobre todo, cuando se trata de modificar ó
hacer desaparecer algunas perturbaciones
funcionales.
En vista de tanta maravilla ¿debemos
pensar con los magnetizadores que el hip¬
notismo es una panacea para todas las en¬
fermedades? No, indudablem mte. Su uso
no debe ni puede ser indicado á toda clase
de personas. Es más: no nos cansaremos de
aconsejar á todos, que obren con excesiva
(1). JVÍügnin Etudec'. inique et experimental sur Vhip-
notisme. Paria. 1881.
173

prudencia respecto del hipnotismo, porque


en la práctica se tropieza con dificultades
que sólo á los experimentados es dado ven¬
cer. El hipnotismo, en buenas manos, pue¬
de ser un gran elemento de represión mo->
ral, así como de mejoramiento físico; pero,
usado imprudentemente puede acarrear
serios perjuicios, grandes trastornes, enfer¬
medades sin cuento y aún la misma muer¬
te. El que no esté seguro de conocer esta
ciencia, hoy aún en la infancia, debe abs¬
tenerse de tocarla; el hipnotismo es algo
más que un pasatiempo de sociedad: es
una medicina, y como toda medicina pro¬
ducirá bienes ó males, según que sea bien
ó mal empleado.
Hace pocos meses un periódico ameri¬
cano—The Globe Démocrat de IV dé No¬
viembre de 1888—llamaba* la atención dé¬
los padres de familia sobre los peligros del
hipnotismo, excitándolos á que impidieran
á sus hijas, se ocupasen en este entreteni¬
miento (así lo llama el periódico neorlea-
nés) muy en boga en los Estados Unidos.
Él periódico americano, para dar mayor
fuerza á sus consejos, publicó la siguiente
carta de un médico, bastante celébre, que
refería un caso de catalepsia, acompañada
174

de alucinaciones y delirios, y que pudo te¬


ner fatales consecuencias, debido á la ig¬
norancia del operador.
”Fuí llamado—dice—á asistir á una se¬
ñorita que perdió el conocimiento y que
no lo recobró sino hasta tres días después
y eso debido á enérgicos tratamientos. Ha¬
bía estado jugando el dia en que ocurrió
el accidente, un domingo en la mañana, al
trickj en compañía de varios jóvenes de
uno y otro sexo. Cansados del juego, uno
de los concurrení s propuso magnetizar á
la joven y para ello comenzó á practicar
los movimientos que había visto ejecutar
en los teatros. Al tercer pase, la joven, con
los ojos desmesuradamente abiertos, la mi¬
rada fija y vidriosa, se puso rígida. Alar¬
mado el operador con lo insólito de los
efectos, nada^udo hacer en favor de la
dormida. Esta, sin conciencia de lo que á
su derredor pasaba, no respondía á las vo¬
ces con que reiteradamente se la llamaba.
Insensible á todo dolor, ni los pinchazos
la conmovían, ni las violencias hacían ce¬
sar su estado. Llamado violentamente un
médico, y después que su familia había
agotado cuantos remedios juzgó oportunos
para hacer desaparecer la catalepsia, el fa-
175

cultativo la sometió á un tratamiento eléc¬


trico sin que consiguiese ningún resultado
sensible, no obstante lo enérgico de la cu¬
ración. En estas circunstancias se recurrió
á mí, y después de dos horas de esfuerzos
logré salvar á la joven. ¡Espanta pensar lo
que hubiera ocurrido si no se auxiliad está
señorita con tanta oportunidad."
En este caso que, por otra parte, nada
tiene de extraordinario, el peligro fue de¬
bido sólo á la inexperiencia del operador.
Asustado con la catalepsia que, sin querer¬
lo, produjo, encontró mas sencillo abando¬
nar á la joveu que, por este hecho, corrió
un riesgo inminente.
Razón tiene, de sobra, el Dr. Mireur,
cuando censurando que el hipnotismo ha¬
ya caído en poder de charlatanes ó igno¬
rantes exclama:
«Hé aquí un sensible abuso, coutra el
cual nos creemos en el derecho, por no de¬
cir en el deber, do protestar.
«Mientras las experiencias consistieron
en juegos más ó menos hábiles de escamo¬
teo y prestidighación, y hasta en la tras¬
misión del pensamiento, en que sólo los
operadores desempeñaban un papel activo;
mientras la cosa no pasó de ahí, no hubo
realmente nada que decir; pero, desde que
los Donato y los Piekman pasean el hip¬
notismo por los tablados; desde que hacen
de él el principal atractivo de sus repre¬
sentaciones, poniendo en escena la convul¬
sión y la crisis, provocando á los ojos del
público la catalepsiay las contracciones,
tomando á sus sujetos de entre los especta¬
dores, niños algunas veces, la situación ha
cambiado por completo, y de divertida que
era, en un principio, se ha convertido en
objeto de los más graves inconvenientes.
Nos asombra que nuestras autoridades más
tolerantes que las de Suiza, de Italia, de
Austria, de Alemania y de Dinamarca, no
hayan prohibido, desde el primer momen¬
to, espectáculos semejantes. El hipnotis¬
mo, no sabríamos repetirlo demasiado, per¬
tenece á la ciencia y únicamente á la cien¬
cia; fuera de ella, constituye un peligro fí¬
sico y moral.»
Tiene razón el distinguido profesor, para
expresarse así. li 1 hipnotismo tiene más
peligros délo que se cree, y, aun se citan
—es cierto que como hechos raros—casos
de muerte seguidos á varias sesiones de
hipnotismo. Pero si en la práctica los ca¬
sos de muerte son realmente excepcionales
177

no así las enfermedades y trastornos más


ó menos graves, cuya causa ha sido atri¬
buida al sonambulismo artificial. Du Po-
tet, tantas veces citado, en su Tratado cid
magnetismo animal refiere el hecho si¬
guiente:
“Mr. de C., antiguo militar, había oído
hablar vagamente del magnetismo. Quiso
ensayarlo en su hija, para ver si podía ha¬
cerla experimentar algunos efectos. Para
eso, sin comprender todo el mal que podía
causar, púsole una mano sobre el estómago.
Despúes de algunos minutos de magnetis¬
mo, la joven experimentó varios movimien¬
tos convulsivos, los que, lejos de intimidar al
padre, le interesaron á continuar la expe¬
riencia. En seguida Mlle. C. tuvo convul-
ciones muy violentas, y su padre descono¬
ciendo la manera conque hubiera podido
calmarlas, no hizo más que aumentarlas
con su presencia y con el espanto mismo
que le causaban. Vióse obligado á aban¬
donar á su hija, la cual pasó esa y la noche
siguiente en convulsiones continuas. Este
estado duró ocho dias.”
Otro caso, citado por Charpignon en su
Filosofía del magnetismo:
“Un médico había puesto en sonnmbu-
hipnotisíio.—12.
178
lismo á una niña. Quiso obtener en algu¬
nos días los efectos de la mayor lucidez.
Cada sesión respondía á los deseos del
magnetizador; pero los asistentes cometie¬
ron la imprudencia de referir á la niña los
hechos más notables de su sueño. Esas re-
feiencías turbaron su espíritu, especial¬
mente un día en que, hallándose vivamen¬
te impresionada por aquellos hechos ex¬
traños, fué magnetizada sin método y más
enérgicamente que de costumbre. Sobre¬
vinieron pronto las convulsiones. Su fuerza
alarmó al magnetizador, poco habituado á
estos fenómenos. Para dar tregua á estas
espantosas crisis nerviosas, suspendió el es¬
tado magnético. Esto fué peor... Dos hom¬
bres no podían contener á la pobre niña
sobre el colchón en que la habían arrojado.
Por último, el magnetizador pensó feliz¬
mente en sumergir de nuevo á la enferma
en el estado magnético; entonces llegó la
calma y la sonámbula predijo que accesos
semejantes la acometerían á horas fijas
dos veces al día, durante dos semanas, y
que no habría medio alguno do prevenir
estos accidentes.»
Algo más reciente registrado porMireur:
la carta dirigida en 21 de Junio de 1886
179
por el profesor Lombroso, de Tarín, á Mr.
Gilíes de la Tourette, antiguo interno de
los hospitales de París y de la Salpétriére,
y autor de una obra muy notable sobre la
materia que lleva por título:El hipnotismo
y los estados análogos desde el ponto de vista
médico-legal“En Turín,” escribía el sábio
profesor, después de una sesión en que
había sido dormido un joven oficial de
artillería, se volvió casi loco; á cada instan¬
te presenta accesos de hipnotismo expontá-
neo á la vista del menor objeto brillante:
á un farol de coche, por ejemplo, sigue
fascinado. Una tarde, si el capitán de su
batería no le hubiese detenido, habría sido
estrellado por una volanta que traía sus
faroles iluminados, y que venía sobre él.
Una violenta crisis histérica siguió á esa
escena y el desgraciado tuvo que guardar
cama.”
“He visto, continúa, producirse muchos
otros accesos después de las sesiones de
hipnotismo. Dos estudiantes de Matemá¬
ticas se hipnotizaron expontáneamente
mirando sus compases y desde entonces se
les hizo imposible dibujar. Un empleado de
ferrocarril fué presa de convulsiones y de
una locura furiosa, y aun no ha curado.
180

Dos oficiales ya hipnotizados no podían


resistir á las indicaciones que les hacía el
magnetizador para que se mostraran en
público. Un joven de 17 años honrado á
carta cabal, volvióse de una moralidad más
que dudosa.”
«En Milán y en Turín, muchos especta¬
dores se sintieron mal y tuvieron, después
d« las sesiones, dolores de cabeza é insom¬
nios persistentes: muchos se han dormido
expontáneamente en la misma sala.»
“Todos los médicos de Tarín, y los Dres.
Bohozolo, Silva y yo mismo, agrega el pro-
fusor, hemos notado una fuerte agravación
en las enfermedades nerviosas d* que
estaban atacados algunos de nuestros
clientes, al día siguiente de haber sido hip¬
notizados, ó simplemente asistido á las
representaciones.”
Terminemos esta enumeración por el
relato de un caso más reciente todavía,
porque apenas ha sucedido hace pocos
meses en Marsella.
“Una mujer de 25 años que había sufri¬
do algunas sesiones de hipnotización, cayó
de repente, pocas horas después de haber
sido despertada, en un estado comatoso de
los más graves.
181

Este estado, caracterizado por un pro¬


fundo sopor, con amenazas de asfixia,
elevación de temperatura, hipo y vómitos,
no duró menos de cinco días, dejándole
atroces dolores de cabeza y una gran debi¬
lidad general.”
Después de tales ejemplos,—añade el Dr.
Mireur,—no nos parece permitido consi¬
derar como simple diversión, prácticas que
pueden traer como consecuencias, los más
graves estados neuropáticos, el histerismo
bajo sus distintas formas, la alucinación, la
epilepsia, la imbecilidad, la locura ó acaso
la muerte.
Bajo otro aspecto, conviene agregar que
los tribunales han tenido que conocer mu¬
chas veces de hechos relativos al magne¬
tismo que habían tenido tristes resultados
para la salud. Citemos á este respecto el
caso referido por Charpignon, 1 que alec¬
cionará, quizas, á los aficionados á creer
que el hipnotismo es un pasatiempo.
“Un aficionado, dice el autor citado,
magnetizó á un muchacho; fenómenos con¬
vulsivos se manifiestan en medio de una
semi- somnolencia acompañada de locua-
1 Éapporis du magnetisme avec la jurisprucUnce
et médicine legal.
182

cidad. El magnetizador asombrado y es¬


pantado de lo que acababa de producir,
quiere despertar al muchacho; pero sólo lo
consigue imperfectamente'. Los accidentes
nerviosos persisten; en la turbación se lla¬
ma á un médico; los desórdenes nerviosos
resisten al arte curativo; aumentan y aca¬
ban por constituir una enfermedad que
dura más de un año. La familia acusa á
quien es causa de este accidente, y recla¬
ma daños y perjuicios.
El tribunal de Douai, que conoce del
asunto se encarga de decidir, si verdade¬
ramente Mr. X. es culpable de haber cau¬
sado por el magnetismo los accidentes que
determinaron la enfermedad. [Link]
después de haber estudiado la cuestión
dictó la siguiente sentencia:
“Considerando que resulta del juicio:
que en 6 de Agosto de 1888, ejerciendo
imprudentemente sobre la persona del jo¬
ven J. de 13 años de edad, actos de toca
mi en tos y de aproximaciones, calificados
de pases magnéticos, ó solamente exaltan¬
do por este juego ó estas maniobras no
acostumbradas, la débil imaginación del
niño, el acusado ha producido una so-
brexitación, un desorden nervioso, y por
183

último una lesión ó una enfermedad cuyos


accesos se han reproducido después á di¬
versos intervalos; que la acción de haoer
ocasionado por esos manejos imprudentes
la dicha enfermedad constituye el delito
previsto por el artículo 320 del Código
[Link] tribunal condena al acusa-
á 25 francos de multa, 1,200 de daños y
perjuicios y al pago de costas.”
* y
* *

Hemos terminado nuestra tarea: presen¬


tar en orden metódico cuantos hechos
presenta la ciencia hipnótica. Simples
cronistas nos hemos limitado á reunir en
pequeño espacio noticias dispersas acá y acu¬
llá, teorías y hechos, cuidando de antepo¬
ner á las primeras los nombres de los res¬
petables autores que las han prohijado y,
respecto de los últimos, las circunstancias
en que se han efectuado. Nuestro trabajo
es, pues, de simple recopilación. Y no po¬
día ser de otra manera. Ni nuestros conoci¬
mientos, ni nuestras aptitudes ni el mismo
estado de los estudios emprendidos acerca
del hipnotismo, permiten hacer una obra
original ni presentar un juicio definitivo
184
sobre la multitud de maravillosos fenorne-
nosque brevementediemos apuntado. Empe¬
ro, nuestro trabajo, escrito sin ningún géne¬
ro de pretensiones, puede servir para for¬
marse una ligera idea de los progresos de
la ciencia, que al explicar cierto orden de
importantes fenómenos, al arrancarles el
velo misterioso que los encubría, lia venido
echar por tierra el concepto de lo sobre¬
natural. En este seíitido nuestro modesto
•estudio, puede encerrar alguna utilidad.
Ojalá que hayamos logrado conseguir el
objeto apetecido.

México, Junio 15 de 18S9.


V. M, V.
INDICE
DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ESTA OBRA.

PÁGS.

INTRODUCCION. 3
CAPITULO I. —UNA EXCURSION POR LOS
CAMPOS DE LA historia.—El magnetismo
en la antigüedad.—Magos, hierofantes y
hechiceros.—Los sacerdotes caldeos y las
sibilas griegas y romanas.—Letargía, ca-
talepsia y sonambulismo.—Las poseídas
de Vervins, Louviers y Loudun.—Los
fakires de la India.—Los hechiceros ára¬
bes.—Jacolliot, Rossi y Figuier.—Prác¬
ticas imposibles.—La cuna del hipnotis¬
mo. 8
CAPITULO II.—EL MAGNETISMO DOCTRI¬
NARIO.—Los predecesores de Mesmer.—
HIPNOTISMO.—13.
186

PAG8.

Greatrakes y Gassner.—Sus maravillas.


—Su método curativo.—Mesmer.—Su
teoría.—Sus fracasos y sus triunfos.—
Desion y los médicos magnetizadores.—
Las Sociedades de la armonía.—Fran«
klin, Laurent de Jussieu, Lavoissier y
De Bailly.—Sus trabajos contra el mag¬
netismo.—Barbarin.— El Dr. Pétetin y
su teoría.—Puységur y el sonambulismo.
—Deleuze.—El abate Faria.—Bertrand,
Georget y Cloquet.—Du Potet.—Acep¬
tación del magnetismo por la Academia
de Ciencias_El informe de Husson.—.
Nuevos fracasos.—El magnetismo mo¬
derno.— La polaridad humana.—Teo¬
ría de Durville. 16
CAPITULO III.—IDEA GENERAL DEL HIP*
notismó.—Braid.—Sus primeros experi¬
mentos_Magnetismo é hipnotismo.—
Diversidad de sueños hipnóticos.—Mul¬
tiplicidad de los síntomas.—Cambios en
la economía. — Trabajos de Grimes, Rei-
chenbach y Philips.—Broca, Guérineau
y Velpeau. —Investigaciones del Doctor
Azam.—La anestesia hipnótica.—Expe¬
rimentos de Follín, Demarquay Teulon,
Gigot-Suard.—La catalepsia provocada
en las histéricas.—Notables trabajos de
187
PAGS.

Richet.—Baréty y su teoría.—La fuerza


néurica irradiante.—Charcot.—Sus con¬
ferencias en la Salpetriére.—Estudios de
Grutzner, Berger, Dumontpallier, Bern-
bein y Beauuis. 33
CAPITULO IV.—FENÓMENOS GENERALES
del hipnotismo.—Qué es el hipnotismo?
—Sujetos hipnotizables.—Experimentos
de Liébault, Bernheim, Durand le Oros
y Bottey.—El sexo y la edad en los hips
notizados.—Estados fisiológicos diversos.
—Procedimientos de Braid, Teste y De
leuze.—Charcot, Heideinheim y Richet.
—Richer, Bourneville y Regnard.—Es¬
tudios en la Salpétriére.—Fenómenos ge¬
nerales del hipnotismo.—Los tres esta¬
dos de Charcot y Richer.—La catalepsia,
la letargía y el sonambulismo_Contrae-
turas y trasportes.—Analgesia é hiperex-
citabilidad neuro- muscular.—Trasportes.
—Cesación del sueño... 46
CAPITULO V. —ESTADOS CARACTERÍSTICOS
DEL hipnotismo.—Dificultad de una cla¬
sificación perfecta. —Confusión de los ca«
racteres.—Dumontpallier y sus trabajos.
—Experimentos de Magnin sobre con-
tracturas.—El teléfono, el micrófono y la
luz Drummond como agentes hipnogéni-
188
rAGS.

eos.—Acción de la luz, el calor y el aire.


—El reflejo cutáneo.—Experimentos de
Brémaud—De las diversas formas hip¬
nóticas.—Los estados mixtos de Dumont-
pallier y Magniu.—La fase catalóptica y
la sonambúlica.—Galvanización cefálica.
—Movimientos automáticos.—Sonambu -
lismo parcial.—Experiencias de Feré y
Binet.—Hipnosis unilateral y bilateral.—
Hemi-letargía, hemi-catalepsia y hemi-
sonambulisoao.—Burq y su teoría sobre
los ne8tesiógenus.n—Opiniones de Char-
cot, Luys y Dumontpallier.—Modifica¬
ciones de la sensibilidad y motilidad.—
Trasportes por la acción de los nestesió-
genos i». 61
CAPITULO VI.—ESTADO DE LA SENSIBILI¬
DAD GENERAL Y ESPECIAL DE LAS FUNCIO¬
NES orgínicap.—Manifestaciones sensi¬
tivas, sensoriales y psíquicas.—Anestesia
de las diversas formas de la sensibilidad
en el estado letárgico.—La sensibilidad
en el estado cataléptico.—Movimientos
automáticos.— Persistencia de las con¬
tracciones musculares. — Sugestiones y
alucinaciones.— Actitudes pasionales.—
Influencia de la música en los hipnotiza¬
dos.—Modificaciones en la inervación.—
189

PAG8.

Analgesia.—Hiperestesias táctiles y sen¬


soriales.—Notables experimentos del Dr.
Taguet. —Estado de las facultades en el
sonambulismo.—Desarrollo de la memo¬
ria.— Delirios.— Alucinaciones.— Pseu-
do-ebriedad. 76
CAPITULO VII.—LA SUGESTIÓN HIPNÓTI¬
CA.—Diversas categorías de sujetos hip¬
notizables según Bernheim y Liébault.—
La sugestión según Braid—Faria.—Los
períodos nhipotáxicosn é nideoplásticos.i
de Durand de Gros. — Teoría de Bern¬
heim.—Sugestiones motrices, trismo de
los maxilares, contracturas musculares.—
Automatismo sugestivo.— [Link]—
Experimentos de Berger.—Alucinaciones
sensoriales: el gusto, el oído, el olfato y
el tacto.—Analgesias é hiperestesias cu¬
táneas —Experimentos de Philips y Ri-
chet.—Estigmas provocados.—La acción
medicamentosa á distancia. — Notables
trabajos de los Sres. Bourru y Burot.—
Cambios de personalidad.—Sugestiones
Post-hipnóticas. — Amnesias verbales.—
Objetivación de los tipos por amnesia, sen
gún Richet.— ¿Cuál es el límite de tiem¬
po en que puede obrar la sugestión?. 94
CAPITULO VIII_LA SUGESTIÓN EN ESTA-
PAG3.

Do de vigilia.—Individuos en quienes
se puede provocar.—Auto-sugestión.—
Estudios de Erb, Bernheim, Dumontpa-
llier, Iíichet, Bottey y Bremaud.—Pará¬
lisis flácida. —Contrae turas.—Perturba¬
ciones nerviosas y vasomotoras.—Modi¬
ficaciones de la sensibilidad general y
especial.—Anestesias é hiperestesias.—
Amaurosis, ambliopía, acromatopsia y
discromatopsia. — Sorderas parciales.—
Exaltación de la agudeza visual.—Aluci-
n ación es.—Del irios parci al es.—A divina -
ción de pensamientos.—Stuart Oumber-
land.—Srnith y Blackburn_Mr. Was¬
hington Irving Bishop. —Teoría de Gar~
nier.— Explicación de Chevreul.—Hipó¬
tesis de Despine.—El éter vehículo del
pensamiento.—Hiperestesia de la visión.
—El estado de fascinación del Dr. Bré-
maud.—Amnesia.- Imitación.—1^9, Jum¬
ping y la Mysiachit. — Parálisis y auto¬
matismo provocado.—Analogías entre el
estado de fascinación y el estado catalép-
tico. 114
CAPITULO IX.— FISIOLOGÍA DEL HIPNO¬
TISMO.—¿Por qué medio se produce el
hipnotismo? —Diversas hipótesis. — Teo*
rías de Rumpf, Preyer, Carpentier y Hei-
191
PAGS.

deinhaim. — Anemias é hiperemias. —


Brown-Sóquard.— Teoría de la inhibi¬
ción.—Fenómenos de dinamogeuia.—Me¬
canismo de la letargía, catalepsia y so¬
nambulismo. —La hiperexcitabilidad neu-
ro muscular: la contractura muscular y
la cataleptiforme de los tres períodos.—
Automatismo psíquico. — Sugestión. —
Inercia de los centros moderadores.—
Abulia.—Suspensión de la actividad de
los centros motores.—Amnesia.—Ilusio¬
nes y alucinaciones.—¿El hipnotismo es
una enfermedad ó una modificación pa¬
sajera del organismo?—Opiniones de Ri-
chet, Charcot, Dumontpallier, Ball, Ma-
gniu y Chambart.—Diversas categorías de
sonámbulos.—El semi- hipnotismo.—Teo¬
ría de Bérillon y Dumontpallier.—Expe¬
rimentos de Heideinhaim, Berger, Lada-
me y Dumontpallier. — Independencia
funcional de los hemisferios.—Dualismo
cerebral. 140
CAPITULO X.—EL HIPNOTISMO APLICADO
Á LA TERAPÉUTICA.—PELIGROS DEL HIP¬
NOTISMO. —conclusión.—El magnetismo
panacea universal.—Exageraciones de los
magnetizadores.—Los modernos hipno-
tistas, — Curaciones practicadas por Mou.
192

PAOS.

tin.—Aplicación del hipnotismo en las


enfermedades de la vista, sordo-madez,
sordera, mal de San Vito y tartamudez
nerviosa.—,El hipnotismo aplicado ála ci-
rujía.—Operaciones practicadas por los
doctores Loysel, Fanton, Toswell, Jolly,
Ribaud, Kiaro, Broca, Folín, Guérineau
y Esdaile—El tétanos y la rabia, las pa¬
rálisis y la cérea, curadas por el hipno-
tismo.—Peligros del hipnotismo.—Ob¬
servaciones del Dr. Mireur.—Casos regis¬
trados por Charpignon y Du Potet.—
Carta del profesor Lombroso.—Conclu¬
sión... 160

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