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Escucha y Discernimiento en el Sínodo

El documento propone meditar sobre la homilía del Obispo para la fiesta de la Inmaculada, patrona de la diócesis. El Obispo destaca tres palabras clave para el camino sinodal: escucha, encuentro y discernimiento. Explica que, siguiendo el ejemplo de San José y la Virgen María, debemos escuchar los designios de Dios, estar dispuestos al encuentro con los demás y discernir la voluntad de Dios a través de la oración.
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Escucha y Discernimiento en el Sínodo

El documento propone meditar sobre la homilía del Obispo para la fiesta de la Inmaculada, patrona de la diócesis. El Obispo destaca tres palabras clave para el camino sinodal: escucha, encuentro y discernimiento. Explica que, siguiendo el ejemplo de San José y la Virgen María, debemos escuchar los designios de Dios, estar dispuestos al encuentro con los demás y discernir la voluntad de Dios a través de la oración.
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Apéndice A

Proponemos para seguir animando el camino sinodal en su fase diocesana, meditar y


compartir la Homilía de nuestro Obispo para la Solemnidad de la Inmaculada – Patrona de
la Diócesis y de la ciudad de Río Cuarto. Dejemos resonar las palabras claves que nos
marcan las huellas por donde profundizar en esta fase de consulta.

Escucha Encuentro Discernimiento

“Queridos hermanos: Estamos celebrando a la Inmaculada Concepción, patrona de la


ciudad de Río Cuarto y de la diócesis, en el contexto de la clausura del año dedicado a San
José y habiendo comenzado diocesanamente el itinerario sinodal, luego de este tiempo
difícil de pandemia.

Sínodo significa “caminar juntos”... Para emprender este camino el Papa Francisco nos
propone tener una actitud de escucha, que nos posibilite encontrarnos, discerniendo los
senderos del Señor.

A fin de motivarnos mutuamente en este “caminar juntos”, en el iniciar nuevos rumbos,


pongamos la mirada en la figura de San José.

Él fue el hombre de la escucha. Supo escuchar los designios de Dios que se le manifestaron
velada y misteriosamente. Aprendamos de su ejemplo la humilde escucha, atenta al Dios
que habla en la historia a través de los acontecimientos grandes y también en los
cotidianos. Tenemos que comprender que no es un hablar nítido y claro, sino que la
mayoría de las veces se manifiesta a través de situaciones oscuras y contradictorias…

José, en su simpleza, tenía un proyecto de vida. Trabajaba arduamente y amaba


intensamente a María con la que quería formar una familia. Ese proyecto se le derrumbó
estrepitosamente cuando descubrió que su prometida, antes de vivir juntos, estaba
embarazada... ¡Imaginemos qué dolor y decepción sufrió el pobre José!

Sin embargo él era un “hombre justo” y, luego de muchas cavilaciones, decidió no


denunciarla sino abandonarla en secreto quedando así como el responsable de la situación.
Cuando se disponía a hacerlo Dios se le manifestó a través de un sueño...

José escuchó esa palabra pronunciada por el Ángel en un sueño y, con inmensa fe obedeció
la voz que le pedía algo inaudito: hacerse cargo de ese hijo que no era suyo. De esta
manera se convirtió en “la sombra acogedora de Dios Padre” para el Hijo que se gestaba en
el seno de María… ¡Qué escucha audaz y comprometida la de José!
En la vida escuchar supone un riesgo… No siempre escuchamos lo que quisiéramos;
seguramente en nuestro caminar sinodal nos ocurrirá esto. Pero debemos tener la
suficiente audacia y valentía, fruto de la gracia, para hacerlo confiados en que Dios nos
hablará allí donde menos lo esperemos, sabiendo que escuchar nos permite abrir el camino
del diálogo.

Por ello el Papa nos invita a preguntarnos con sinceridad: ¿cómo estamos con la escucha?
¿Cómo va “el oído” de nuestro corazón?...

Ahora bien sólo es posible escuchar con fruto cuando estamos dispuestos a ir al encuentro,
en especial con el que piensa distinto, con el que es diferente…

El gran obstáculo para el encuentro que implica el caminar sinodal es sin duda el pecado.
El mismo nos conduce al reproche, a echar culpas, a la confrontación, en definitiva al
desencuentro tal como les sucedió a nuestros primeros padres según el relato del Génesis.
Ellos, al rechazar el precepto de Dios, perdieron la armonía en la pareja, con la
naturaleza, y consigo mismos…. Por esta causa la historia humana aún sigue padeciendo
dolorosamente las consecuencias de este desencuentro…

Por tanto el camino del encuentro exige una conversión, que conlleva la renuncia a
nosotros mismos, a nuestros criterios y supone una actitud que “requiere apertura,
valentía, disponibilidad para dejarse interpelar por el rostro y la historia del otro. Mientras
a menudo preferimos refugiarnos en relaciones formales o usar máscaras de circunstancia…
el encuentro nos cambia y con frecuencia nos sugiere nuevos caminos que no pensábamos
recorrer….” , nos dice el Papa.

Finalmente, la escucha y el encuentro nos conducen al discernimiento. María escuchó las


palabras del Ángel y a pesar de lo incomprensible que se le presentaba ese designio divino,
en su corazón inmaculado discernió que Dios le estaba pidiendo su consentimiento para
poder llevar a cabo su obra de salvación. Ella creyó al mensaje del Ángel asintiendo con
toda la lucidez de su inteligencia y el amor de su corazón y entonces, por obra y gracia del
Espíritu Santo, “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”…

Inmediatamente y sin pensar en sí misma, María se puso en camino para ir al encuentro de


su prima Isabel, anciana y embarazada, a fin de ponerse a su servicio… En la Virgen
Santísima se sintetiza magníficamente la escucha, el discernimiento y el encuentro.

María sabía contemplar los acontecimientos, los meditaba en su corazón y se introducía en


el Misterio de Dios, de esta manera se convierte así en maestra de discernimiento. Ella nos
enseña a acercarnos a los designios de Dios con profunda humildad y sencillez. Por ello
Francisco, nos recuerda que “el sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de
discernimiento eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la
Palabra de Dios...”

Queridos hermanos: Sigamos entonces la invitación del Sucesor de Pedro a orar, a escuchar
y a participar activamente en este discernimiento de la Voluntad de Dios para su Iglesia en
este siglo XXI, preguntándonos con sinceridad: ¿encarnamos el estilo de Dios, que camina
en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la
aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas
del “no hace falta” o del “siempre se ha hecho así”?...

Al celebrar nuestra fiesta patronal le pedimos a María Inmaculada que se ponga a nuestro
lado enseñándonos a caminar como lo hizo con su Hijo, sosteniéndonos en nuestros
tropiezos y ayudándonos a buscar juntos nuevos caminos de evangelización”.

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