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Traducción y análisis de Origo Constantini

Este documento presenta una traducción al castellano de la Origo Constantini Imperatoris, un texto del siglo IV dedicado a la vida y carrera política del emperador Constantino el Grande. Incluye un breve comentario histórico y literario sobre el estado actual de la investigación de esta obra, así como notas explicativas. El objetivo es ofrecer una visión general de este importante texto histórico sobre un período poco documentado y analizar cuestiones como su autoría y fecha de composición, sobre las que aún no hay consenso entre los expertos.
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Traducción y análisis de Origo Constantini

Este documento presenta una traducción al castellano de la Origo Constantini Imperatoris, un texto del siglo IV dedicado a la vida y carrera política del emperador Constantino el Grande. Incluye un breve comentario histórico y literario sobre el estado actual de la investigación de esta obra, así como notas explicativas. El objetivo es ofrecer una visión general de este importante texto histórico sobre un período poco documentado y analizar cuestiones como su autoría y fecha de composición, sobre las que aún no hay consenso entre los expertos.
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ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS,


COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

I. Lasala Navarro y M. P. López Hernando


Universidad de Zaragoza

El objetivo de este artículo no es otro que presentar por primera vez


una traducción al castellano de la Origo Constantini Imperatoris, texto del
s. IV dedicado a la vida y trayectoria política del emperador Constantino el
Grande. Dicha traducción se presenta acompañada de un breve comentario
histórico y literario con el que se pretende dar una visión global del estado
actual de las investigaciones que esta obra ha generado.
The aim of this paper is, basically, to present for the first time a
Spanish translation of the Origo Constantini Imperatoris. This is a text
belonging to the 4th century, dedicated to Constantine the Great’s life and
political course. The above mentioned translation is presented enclosed to a
brief historic and literary commentary. It aims to give a general view of the
current state of investigations that this work has generated.

El texto que va a ser objeto de nuestro comentario1 –la Origo Constantini


Imperatoris- constituye uno de los dos codices que componen los Excerpta Vale-
siana, una obra que hoy conocemos gracias a un manuscrito del siglo XIX, pro-
bablemente escrito en Verona, y que se conserva en la Deutsche Staatsbibliothek
de Berlín (MS Phillipps 1885, fols. 30v -36v.). Se trata de un breve relato acerca
de los antecedentes familiares, carrera y reinado de Constantino; y constituye una

1
El presente trabajo ha sido posible gracias a dos becas pre-doctorales concedidas por el
Ministerio de Educación y Ciencia, referencia nº AP20045943, y el Gobierno de Aragón, referencia nº
B037/ 2005.

HABIS 38 (2007) 271-285 271


I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

importante fuente histórica para un periodo no demasiado bien documentado2, so-


bre todo para reconstruir la complicada actividad política y militar de los años
306 a 311 y el conflicto entre Constantino y Licinio. Sin embargo, no por ello la
obra deja de estar exenta de inexactitudes. Así, el texto (parágrafo 5) afirma que
Severo, al ser nombrado César en el año 305, se hizo cargo de Italia y de todos los
territorios anteriormente gobernados por Maximiano; no obstante, Aurelio Víctor
asegura que en el año 305 Hispania quedó bajo la jurisdicción de Constancio
Cloro, de tal modo que de ésta pasó a su hijo Constantino y de ninguna manera a
Severo3. Del mismo modo incurre en otra inexactitud al plantear Italia, África y
las Panonias (parágrafo 9) como dominios de Severo, cuando sabemos, gracias a
Eutropio, que fue Galerio el que gobernó todo el Ilírico4.
Pese al gran número de estudios que esta obra ha generado5, cuestiones tales
como su autoría o fecha de composición, como veremos a continuación, todavía
no han quedado del todo resueltas.
En cuanto a su autoría, nada se sabe acerca de la persona que redactó la obra:
no sólo no consta su nombre en el manuscrito en el que se nos ha conservado el
texto sino que, además, no hay ni una sola referencia a él en ninguna otra fuente.
Se tiende a denominar “Anónimo de Valois” al autor de los dos códices que
componen los Excerpta Valesiana, en recuerdo a Henri de Valois, quien los editó
en 1636. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la primera parte, la Origo
Constantini Imperatoris, debió de redactarse en algún momento del s. IV, como
se explicará a continuación, mientras que la segunda, la Chronica Theodericiana,
se fecharía en el s. VI, por lo que tuvieron que ser, al menos dos, los autores del
texto.
En referencia a la fecha de su composición, investigadores como Klebs6 creen
que el texto se escribió en una fecha próxima al fallecimiento del emperador Cons-
tantino, acontecimiento producido en el año 337. En esta misma línea se inscribe
Zecchini7, quien, siguiendo la tesis de Mazzarino8 por la cual la Origo sería un

2
T. D. Barnes, “Jerome and the Origo Constantini Imperatoris”, Phoenix 43 (1989) 158-
161.
3
Aur. Vic. Caes. 39.30: …quadripartito imperio cuncta, quae trans Alpes Galliae sunt,
Constantio comissa….
4
Eutr. 10.11: his igitur abeuntibus administratione rei publicae Constantinus et Galerius
Augusti creati sunt divisusque inter eos ita Romanus orbis, ut Galiam, Italiam, Africam Constantius,
Illyricum, Asiam, Orientem Galerius obtineret, sumptis duobus Caesaribus.
5
Cf. F. Winkelmann, “Historiography in the Age of Constantine”, G. Marasco (ed.), Greek
and Roman historiography in the late antiquity: fourth to sixth century A.D. (Leiden 2003) 3-41.
6
E. Klebs, “Das Valesische Bruchstück zur Geschichte Constantins”, Philologus 47 (1989)
53-80.
7
G. Zecchini, Ricerche di storiografia latina tardoantica (Roma 1993) 29-38.
8
S. Mazzarino, Il pensiero storico classico (Bari 1966).

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ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

fragmento de una gran Kaisergeschichte9 que se habría perdido, opina que la obra
debió de ser redactada entre los años 337 y 340. Sin embargo, otros autores como
König10 consideran la Origo más bien una obra de finales del siglo IV, redactada
-según ellos- durante el reinado de Teodosio. König se justifica aludiendo a que el
autor de la Origo conocía la Crónica de Jerónimo y éste no llevó un ejemplar de
su obra desde Constantinopla hasta Italia hasta el invierno del año 380. Por tanto,
según König, si el Anónimo de Valois utilizó la obra de Jerónimo para la redacción
de su Origo, esta redacción debió de tener lugar a partir del 381.
En contraste, Barnes no aprecia la utilización de la obra de dicho autor por
parte del anónimo de la Origo, llegando incluso a sugerir que pudiera haber sido
Jerónimo el que se hubiera inspirado en la Origo, que habría leído antes del 380,
para la escritura de su obra. Este estudioso considera que la tesis que sostiene que
el autor de la Origo conoció y utilizó la Crónica de Jerónimo no se sustenta11.
En una línea muy similar a la defendida por Barnes se inscribe Aussenac12,
quien advierte que, pese a que en la Origo no se menciona nada acerca de las
reformas político-religiosas de Constantino, sin embargo sí hay referencias en al-
gunos párrafos a la religión cristiana. Además observa, al igual que Barnes hizo
con Jerónimo, cómo algunas frases de la Origo aparecen, de manera literal, en las
Historias de Orosio13. Según ella, los pasos del proceso que hicieron que el texto
del Anónimo se fuera modificando hasta llegar a nosotros y que justificarían las
referencias cristianas en el mismo, serían los siguientes (feed-back):
1.- El Anónimo escribe su obra.
2.- Orosio toma frases enteras del Anónimo.
3.- Un tercer autor cristianiza el texto del Anónimo habiendo remarcado el
paralelo que existe entre los dos textos.
Esta autora viene a defender la fiabilidad del texto del Anónimo de Valois,
hasta tal punto que fue utilizado como fuente por Orosio, y como sostiene esta
estudiosa, también por Jerónimo. Y basándose en esta fiabilidad de los datos que
aporta el Anónimo, cree que éste no debió de ser muy posterior a Constantino y
sitúa la fecha de redacción de la Origo Constantini Imperatoris hasta unos 20 años
después del fallecimiento de aquel emperador.

9
A. Enmann, “Eine verlorene Geschichte der römischen Kaiser und das Buch De viris
illustribus Urbis Romae”, Philologus 4 (1884) 337-501.
10
I. König, Origo Constantini. Anonymus Valesianus, Teil. 1: Text und Comentar (Trier
1987).
11
Y así lo demuestra en su artículo, T. D. Barnes, op. cit. 158-161, desmontando una tras otra
todas las argumentaciones aportadas por König para defender sus hipótesis.
12
É. Aussenac, “L’Origo Constantini: rétroaction et approche d’une datation”, Latomus 60, 3
(2001) 671-676.
13
Acerca de las interpolaciones resulta interesante V. Neri, Medius princeps: storia e immagine
di Constantino nella storiografia latina pagana (Bolonia 1992).

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I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

En relación con todo esto hay que preguntarse también de qué fuentes se
sirvió el autor de esta Origo y si éstas eran cristianas o paganas. Si se acepta
como fecha de composición los años 350/360, la primera fuente que debió de
utilizar fue su experiencia personal, sus propias vivencias, siempre y cuando
se tratara de un individuo cercano a la corte que gracias a su posición pudiera
acceder a una información privilegiada que le permitiera escribir su obra. Sin
embargo, aunque así hubiera sido, a esto tuvo que añadir la consulta de otros au-
tores y otras obras. Comparando esta Origo con las obras de Eutropio y Aurelio
Víctor, se puede observar que la narración de los acontecimientos que atañen a
Constantino es muy similar, pero estos autores no pudieron servirle como fuente
porque son prácticamente contemporáneos a él e incluso ligeramente posterio-
res14. Exactamente lo mismo ocurre con Amiano Marcelino, pero además en este
caso el problema es mayor porque si hubiera consultado la obra de este autor
(que estaría terminada a finales del s. IV, aunque debió de ser conocida antes par-
cialmente a través de lecturas públicas), tuvo que ser justamente la parte perdida
que no nos ha llegado y de la que, por tanto, no sabemos de qué manera abordaría
la vida de Constantino.
Además cabe decir que si hubiera utilizado como fuente a alguno de estos
autores, su labor hubiese sido más ardua –si se considera que es un escritor cris-
tiano- porque se trata de historiadores paganos, de modo que hubiese tenido que
reescribir y resumir los hechos dándoles una nueva orientación cristiana. Y quizá
eso fue lo que hizo si consultó la Historia de los Césares (Kaisergeschichte), una
obra que, según propuso Enmann15 a finales del s. XIX, fue la fuente de Eutropio,
Aurelio Víctor, Festo y la Historia Augusta, y que era una historia de los empera-
dores desde Diocleciano hasta el año 337 ó 357, escrita a mediados del s. IV. Sin
embargo, la existencia de dicha obra es muy dudosa y la creencia en ella es casi
una cuestión de fe que, no obstante, ayuda a explicar las coincidencias entre las
obras de los autores anteriormente citados.
Más segura es la posibilidad de que el autor de la Origo Constantini leyera
a Lactancio o a Eusebio de Cesarea. Del primero pudo tomar como fuente su obra
titulada De mortibus persecutorum, que fue compuesta en torno al año 315 y que
relata las muertes que sufrieron los perseguidores de los cristianos, aunque sólo
abarca hasta el momento en que Licinio y Constantino gobernaban en paz y pro-
pugnaban la libertad religiosa, por lo que de ella no podría haber extraído informa-
ción sobre los enfrentamientos posteriores entre estos dos emperadores hasta que-
darse solo en el poder Constantino. Más útil pudo resultarle el De vita Constantini
que Eusebio compuso en torno al año 340 y que se trata de un panegírico o elogio
fúnebre de Constantino, quien, para este autor, era el ideal de emperador cristiano

14
Sin embargo, si se acepta como fecha de composición el año 390 aproximadamente, el
autor de la Origo sí podría haber consultado dichas obras para escribir sobre la vida de Constantino.
15
A. Enmann, op. cit. 337-501.

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ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

y cabeza de la Iglesia. Como se puede deducir, tanto Lactancio como Eusebio de


Cesarea son autores cristianos, por lo que podrían encajar perfectamente con la
ideología del autor de la Origo –si, como se ha dicho anteriormente, se considera
que éste era cristiano-, quien, al consultar sus obras, no tendría que haberles dado
una nueva orientación religiosa sino simplemente resumirlas. En cualquier caso, la
determinación de las fuentes de esta obra es extremadamente difícil por el hecho
de que ni siquiera las fechas de su composición son seguras.
En conclusión, si la Origo es de los años 350/360, la principal fuente podría
ser la propia experiencia del autor y también Lactancio y Eusebio, y si, por el
contrario, es de en torno al año 390, se pueden proponer autores como Eutropio,
Aurelio Víctor y Amiano Marcelino.
En cualquier caso, lo que sí hay que resaltar es que pese a la altura literaria de
la mayoría de estas obras que pudieron servirle como fuente, la Origo nos presenta
un latín bastante pedestre sin aspiraciones estilísticas y con una sintaxis pobre y
simplista.
Así pues, compuesta en la segunda mitad del s. IV por un autor desconocido,
la Origo trata sobre la vida de Constantino el Grande desde su nacimiento hasta su
muerte, centrándose en los hechos acaecidos entre 305, año en que abdican Maxi-
miano y Diocleciano, y 337, fecha en la que muere Constantino. En los dos pri-
meros capítulos hay unas breves notas sobre el nacimiento de este emperador (año
280) y su juventud hasta su ascenso al poder tras la muerte de su padre (año 306).
Sigue (capítulos 3 y 4) con el relato de cómo fueron eliminados todos los rivales
políticos de Constantino (Severo, Majencio, Galerio), hasta que, tras acabar con
Licinio después de varios enfrentamientos (capítulo 5), logró quedarse solo en el
poder (año 324), estableciendo entonces su sede en Constantinopla y guerreando
con los pueblos vecinos hasta su muerte en 337, año en que le sucedió su hijo del
mismo nombre (capítulo 6).
La obra hace, por tanto, un recorrido por la vida de Constantino, pero de
una manera muy sucinta, lo cual encaja perfectamente con las características de
la historiografía de la época en la que nos encontramos, pues en el s. IV la his-
toria aparece dominada por subgéneros como el epítome, o resúmenes de obras
anteriores, entre los que se puede citar la Origo gentis Romanae (que habla de
los orígenes míticos de Roma); el breviario, o síntesis de otras obras, como los de
Eutropio y Festo; y, lo que más interesa en este caso, escritos biográficos, entre los
que figuran, además de esta Origo Constantini Imperatoris, el Liber de Caesari-
bus de Aurelio Víctor (que trata sobre la época imperial y sus emperadores desde
Augusto hasta el año 360) y el De viris illustribus urbis Romae (que son ochenta y
seis biografías de personajes ilustres de la época republicana). Predominan en este
momento, por tanto, los relatos esquemáticos y novelescos, que son los que exige
el público; los escritos biográficos y de adulación a la figura del emperador, que
venían favorecidos por el creciente interés por el individuo debido al estableci-

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I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

miento del poder personal; y, sobre todo, las narraciones breves, pues los lectores
carecían de tiempo para leer y tampoco tenían una gran formación cultural, que les
permitiera enfrentarse a grandes obras sobre la historia de Roma.
En definitiva, se puede decir que la brevedad y el no tratar los hechos en
detalle están justificados por la ubicación de la Origo Constantini Imperatoris en
la historiografía del s. IV. Ahora bien, como se ha dicho, esta obra se inserta dentro
de la tradición biográfica y éste es un género que, aunque se incardina dentro de la
historia, tiene unas características propias. Los romanos empezaron a cultivarlo en
el s. I a.C., sin embargo, no será hasta época imperial cuando la biografía empiece
a ganar importancia, gracias al desarrollo en ese momento de un mayor individua-
lismo que lleva a ver la historia de Roma como el resultado de las acciones de un
individuo, el emperador.
En la literatura latina el punto culminante de este género lo marca Suetonio,
pero hasta llegar a él hay que pasar por otros autores. El primero que se conserva
es Cornelio Nepote (s. I a.C.), que escribió De viris illustribus, donde da cuenta de
vidas de reyes, generales, jurisconsultos, oradores, poetas, filósofos, historiadores
y gramáticos romanos y no romanos, y del que sólo nos ha llegado una pequeña
parte: veinticinco biografías de generales no romanos, una de Catón el Viejo y
otra de Ático. El siguiente biógrafo destacado es Tácito (s. I d.C.), quien, aunque
es más conocido en su faceta de historiador propiamente dicho, también escribió
sobre la vida de su suegro en De vita et moribus Iulii Agricolae, y además insertó
en sus grandes obras históricas muchos elementos del género biográfico, entre-
mezclando de este modo historia pragmática y biografía16.
Tras estos dos autores, aparecen Suetonio (s. II d.C.) y sus dos obras: el De
viris illustribus, donde, a la manera de Nepote, escribió breves biografías de ora-
dores, poetas, gramáticos, rétores e historiadores (aunque sólo se conservan las de
los gramáticos y parte de las de los rétores), y el De vita XII Caesarum libri VIII,
con las biografías de los doce Césares que van desde Julio César a Domiciano.
Lo más destacable de Suetonio es que cultivó la llamada biografía alejandrina
que procedía per species, es decir, por categorías, las cuales solían ser: estirpe y
familia, nacimiento, cursus honorum y res gestae, carácter, retrato, costumbres,
prodigios que preludian la muerte, muerte, testamento y honores póstumos17. Este
tipo biográfico se aplicaba en principio a personalidades literarias, mientras que el
llamado peripatético, que se estructuraba cronológicamente y buscaba una exposi-
ción más artística, era el adoptado para las vidas de personajes de la vida pública.
Sin embargo, Suetonio invirtió los papeles y se sirvió del modelo propuesto por la

16
Recordemos que, como dice E. Cizek, Histoire et historiens à Rome dans l’Antiquité (Lyon
1995) 12-19, la historiografía latina es un conjunto de distintos géneros entre los que puede haber
continuos contactos, por lo que en cualquier obra histórica, además del género dominante en la misma,
no es extraño encontrar otros secundarios.

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ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

gramática alejandrina para exponer la vida de sus Césares. De este modo determi-
nó y fijó una forma para la biografía romana, forma que será seguida por autores
posteriores como Aurelio Víctor, Eutropio y los autores de la Historia Augusta (s.
IV) entre otros.
También la Origo Constantini Imperatoris está bajo la estela de Suetonio.
Así, el autor de la Origo procede igualmente per species pero no desarrolla todas
las categorías que trata Suetonio; ello es debido posiblemente a que la preferencia
por la brevedad propugnada por la historiografía del momento llevó al biógrafo
de Constantino a buscar la mínima extensión de su obra y a no entrar en detalles,
dedicándose a la narración de los hechos esenciales: origen y nacimiento, res ges-
tae y muerte.
Esto lleva a señalar otra importante diferencia, pues las biografías de Sueto-
nio se caracterizan por centrarse en el modo de vida de los Césares, haciendo una
oposición entre sus vicios y sus virtudes (a Suetonio le importa más la ideología
que la cronología o las gestas militares). Sin embargo, nada de esto aparece en la
Origo, no hay una descripción del físico ni del carácter de Constantino ni tampo-
co de sus costumbres, sus defectos, etc. Pero esto es sólo aparentemente, puesto
que hay una caracterización clara de los emperadores: el autor de la Origo valora
a los césares según hayan participado o no en la persecución de los cristianos.
Algo similar ocurre por ejemplo en la Historia Augusta, pues en la mayoría de
sus biografías no hay apartados señalados dedicados a la descripción del carácter,
los hábitos… del emperador, sino que estos datos deben extraerse del cuerpo del
texto, principalmente centrado en la política exterior e interior llevada a cabo por
el gobernante. Sin embargo, aunque este tipo de descripciones morales y físicas
no sean muy abundantes, sí parece que se califica a los emperadores según sean o
no “boni principes”18, consideración de la que hablaremos de nuevo más adelante.
Así pues, ésta es la única ideología que le preocupa al autor de la Origo en un mo-
mento en el que el cristianismo está ganando terreno a pasos agigantados. Por eso
mismo hace una biografía de Constantino, por ser el primer emperador que cier-
tamente se convirtió al cristianismo y que no continuó con las persecuciones que
llevaron a cabo Diocleciano entre 284 y 305 y Galerio entre 305 y 311. Ésta es la
causa igualmente de que se centre en las guerras protagonizadas por Constantino,
especialmente en sus enfrentamientos con Licinio (que ocupan la parte central de
la obra), ya que estos enfrentamientos le permitieron librarse de todos sus rivales
políticos y quedarse solo en el poder, lo cual suponía, a su vez, el triunfo del cris-
tianismo.

17
C. Codoñer (ed.), Historia de la literatura latina (Madrid 1997) 646.
18
M. A. Villacampa, El valor histórico de la Vita Alexandri Severi en los Scriptores Historiae
Augustae (Zaragoza 1988) 100-117.

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I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

Así, el Anónimo de Valois:


1.- Presenta a Constantino con unos muy recomendables antecedentes fami-
liares, divi Claudii optimi principis nepos ex fratre, y aquello que tiene de malo:
Helena, matre vilissima, fue prontamente solucionado gracias al abandono de ésta
por su padre.
2.- Denigra a los adversarios políticos de Constantino, haciéndolos aparecer
como criminales, lascivos, inclinados a la bebida, sin capacidad de mando sobre
sus tropas…, de manera que todavía quedan más resaltadas, si cabe, las virtudes
del protagonista del texto que nos ocupa. Además, cuando lleva a cabo una acción
reprobable desde el punto de vista de la moralidad romana, como el asesinato de
un adversario, ésta queda totalmente justificada por el peligro que representaba
aquél y porque no lo lleva a cabo por voluntad propia sino por salvaguardar las
libertades del Imperio. En este sentido la Origo Constantini Imperatoris estaría
muy en la línea de la Historia Augusta, que en muchas de sus biografías también
intenta presentar al príncipe como modelo de buen gobernante. Así lo testimonia
por ejemplo M .A. Villacampa19, quien afirma que en la vita Alexandri Severi “el
biógrafo realiza un breve resumen sobre la figura de Severo Alejandro, en el que se
definen las líneas esenciales de su concepción sobre el optimus princeps” y lo hace
justamente en la época del reinado de Constantino, que es “a quien van dirigidos
estos pensamientos del autor”. De modo que el texto no sólo es una descripción y
alabanza del emperador sino que asimismo trata de ser una enseñanza moral para
los futuros príncipes y para el pueblo romano en general.
3.- Habla de sus años de gobierno presentándolo como clemente (edicto si
quidem statuit citra ullam caedem hominum paganorum templa claudi), justo y
pío (iusto ordine et pio vicem vertit), garante de la paz (sic cum his pace firmata),
amigo de los más humildes (sed servi sarmatorum … rebellarunt, quos pulsos
Constantinus libenter accepit…), enemigo de los que intentaban atentar contra
el Estado (Calocaerum quendam in Cypro aspirantem novis rebus oppresit), y
capaz de dejar todo ordenado en el Imperio antes de morir (dispositam bene rem
publicam filiis tradens).
Es decir, el texto habla siempre de un Constantino bueno, compasivo, justo
y pío, y de sus adversarios como individuos dados a la bebida, cobardes y de os-
curos orígenes. Por tanto, el texto viene a ser un elogio o alabanza de Constantino
que intenta presentar al príncipe como modelo de buen gobernante, como optimus
princeps.
En definitiva, la Origo Constantini Imperatoris trata de justificar a los ojos
del lector el camino que siguió Constantino hasta acceder al poder, es decir, el
autor del texto no pretende sino justificar la actuación de Constantino en los en-

19
M. A. Villacampa, op. cit. 19-20.

278
ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

frentamientos previos que le llevaron a alcanzar la púrpura y a erigirse como el


primer emperador romano en permitir el culto libre a los cristianos.
Tras la muerte de Constancio Cloro el espectáculo político romano llegó a
ser desalentador, y es que fueron muchos los generales que soñaron con llegar a
ser la cabeza visible del principado. Por poner un ejemplo, en el año 308 el Impe-
rio llegó a contar con cuatro Augustos –Galerio, Constantino, Licinio y Maximino
Daya-, un usurpador en África, Lucio Domicio Alejandro, y un césar en Roma,
Majencio. Todos querían alzarse con el título de princeps, y todos contaban con el
respaldo de ejércitos, más o menos numerosos pero igual de entusiastas, a la hora
de sostener cada una de sus candidaturas.
Sólo podía vencer uno, y este vencedor fue Constantino, conocido por la
historia como el Grande, quien tuvo que acabar uno a uno con cada uno de sus
rivales políticos para alcanzar el principado en solitario. Es decir, para llegar a ser
princeps, Constantino tuvo que luchar, ajusticiar, sacrificar…, consentir, en defini-
tiva, el derramamiento de sangre que implica toda actuación bélica. Esto es lo que
el autor del texto intenta justificar, aludiendo, entre otras cosas, a que todo lo hizo
porque no tenía otra alternativa si quería preservar todas las virtudes del Estado
romano, ahora cristiano y con Constantino al frente de la Iglesia.

EL LINAJE DEL EMPERADOR CONSTANTINO


[1] 1. Diocleciano gobernó con Herculio Maximiano durante veinte años.
2. Constancio, nieto del hermano del mejor de los emperadores, el divino
Claudio, fue en primer lugar miembro de la guardia personal del emperador, des-
pués tribuno y, más tarde, gobernador de Dalmacia. Junto a Galieno fue nombrado
César por Diocleciano20. Una vez rechazada su primera esposa Helena, se casó
con Teodora, hija de Maximiano, de la que tuvo después seis hijos21, hermanos
de Constantino. Pues de su primera esposa Helena tenía ya un hijo, Constantino,
quien fue más tarde un emperador muy poderoso.

[2] Así pues, este Constantino, nacido de Helena, una madre de origen muy
humilde, educado en la ciudad de Naïssus22, a la que después engalanó de un modo
espléndido, y apenas instruido en letras, fue tomado como rehén por Diocleciano
y Galerio23, y bajo el mando de éstos luchó valerosamente en Asia. Después de
que dejaran el poder Diocleciano y Herculio24, Constancio pidió a Galerio que le
devolviera a su hijo; pero primero Galerio lo expuso a muchos peligros.

20
En el año 292.
21
Dalmacio, Julio Constantino, Hanibaliano, Constancia, Anastasia y Eutropia.
22
En Moesia, la actual Yugoslavia.
23
Para asegurarse éstos la lealtad del padre de Constantino.
24
En el año 305.

279
I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

3. Por ejemplo, cuando Constantino, que era entonces un joven jinete, lu-
chaba contra los sármatas, arrastró ante los pies del emperador Galerio a un feroz
bárbaro agarrándolo por su suelta cabellera, y, al enviarlo Galerio a través de un
pantano, entró en él con su caballo y abrió para los demás un camino que condu-
cía hacia los sármatas, a muchos de los cuales mató, obteniendo la victoria para
Galerio.
4. Entonces Galerio le dejó volver junto a su padre, y Constantino, para
evitar encontrarse con Severo al pasar por Italia, atravesando los Alpes a toda
velocidad y ordenando que se desjarretara a los caballos de posta que quedaban
tras él, llegó junto a su padre Constancio a Bolonia, a la que los galos llamaban
anteriormente Gesoriaco. Pero después de una victoria sobre los pictos, su padre
Constancio murió en York, y Constantino fue proclamado César con la anuencia
de todos los soldados.

[3] 5. Entretanto fueron nombrados otros dos Césares25, Severo y Maximino;


a éste se le dio el gobierno de Oriente, Galerio se quedó con el Ilírico, Tracia y
Bitinia, y Severo se hizo cargo de Italia y de todo lo que poseía Herculio26.
6. Pero después de que Constancio muriera en Britania y su hijo Constantino
le sucediera, en la ciudad de Roma los soldados pretorianos proclamaron de repen-
te emperador a Majencio, el hijo de Herculio. Sin embargo, por orden de Galerio,
Severo condujo al ejército contra Majencio, pero de improviso fue abandonado
por todos los suyos y huyó a Rávena. Después Galerio marchó contra Roma con
numerosas tropas, amenazando con destruir la ciudad, y acampó en Interamna
junto al Tíber.
7. Entonces envió a la ciudad como legados a Licinio y Probo, pidiendo, me-
diante una reunión, que el yerno, es decir, Majencio, obtuviera lo que deseaba del
suegro, es decir, Galerio, pero que lo obtuviera con ruegos antes que con armas.
Éste, despreciado, se dio cuenta de que muchos de los suyos, movidos por las pro-
mesas de Majencio, habían abandonado su causa; angustiado por esto, retrocedió
y, para recompensar a sus soldados con algo de botín, ordenó que fuera saqueada
Flaminia.
8. Maximiano buscó refugio en Constantino. Entonces Galerio nombró Cé-
sar a Licinio en el Ilírico; después, dejándolo en Panonia, regresó a Serdica y,
afectado por una grave enfermedad, se consumió de tal manera que murió con
las entrañas abiertas y podridas, una pena que resultó un castigo muy merecido
por una injusta persecución27 para el autor de la criminal orden. Gobernó durante
diecinueve años.

25
Nombrados por Galerio.
26
Herculio gobernaba Italia y África.
27
De los cristianos.

280
ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

[4] 9. El César Severo era humilde, tanto por sus costumbres como por su
origen, dado a la bebida y amigo de Galerio. Por consiguiente, Galerio nombró
Césares a éste y a Maximino, sin que Constantino tuviera conocimiento de nada
semejante. A este Severo le tocaron en suerte ciudades de Panonia, Italia y África.
Por este suceso Majencio fue nombrado emperador; pues Severo, abandonado por
los suyos, huyó a Rávena.
10. Llamado para apoyar a su hijo Majencio, llegó allí Herculio, quien detu-
vo a Severo, al que había engañado mediante un falso juramento; luego lo condujo
a Roma como prisionero e hizo que fuera custodiado en una villa pública de la vía
Apia a treinta millas de la ciudad. Después, cuando Galerio fue a Italia, Severo
fue ejecutado y luego fue llevado a ocho millas de Roma y enterrado en la tumba
de Galieno.
11. Entonces Galerio se dio a la bebida y como, cuando estaba borracho,
ordenaba cosas que no debían hacerse, advertido por su prefecto, la ciudad dicta-
minó que nadie ejecutara lo que éste ordenaba después del almuerzo.
12. Entretanto Constantino, una vez vencidos los generales del tirano28 en
Verona, se dirigió a Roma. Pero cuando llegó, Majencio salió de la ciudad y eligió
una llanura sobre el Tíber para llevar a cabo la batalla. Cuando fue vencido, tras
ser puestos en fuga todos los suyos, murió al caer al río desde su caballo, hostigado
por el pueblo que lo acosaba. Al día siguiente su cuerpo fue sacado del río y su
cabeza cortada fue llevada a la ciudad. Cuando se preguntó sobre el linaje de éste,
su madre admitió que era hijo de un sirio. Gobernó durante seis años29.

[5] 13. En este periodo Licinio, que era de origen más humilde y que pro-
cedía de la Nueva Dacia, fue nombrado emperador por Galerio, como para que
combatiera contra Majencio. Pero cuando, una vez derrotado Majencio, Cons-
tantino hubo recuperado Italia, éste hizo que Licinio se aliara con él mediante un
pacto: que Licinio se casara con Constancia, hermana de Constantino, en Milán.
Tras celebrarse las nupcias, Constantino volvió a las Galias, mientras que Licinio
regresó al Ilírico.
14. Algún tiempo después Constantino envió a Constancio30 junto a Lici-
nio, para convencerle de que Bassiano, que tenía como esposa a Anastasia, otra
hermana de Constantino, fuera nombrado César, y así, siguiendo el ejemplo de
Maximiano, Bassiano se hiciera cargo de Italia como mediador entre Constantino
y Licinio.

28
Se refiere a Majencio, que es llamado tirano porque su soberanía no era reconocida
oficialmente.
29
Entre 306 y 312.
30
Su hijo, quien más tarde sería también emperador.

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I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

15. Y una vez engañado Licinio con tal estratagema, gracias a la mediación
de Senicio (hermano de Bassiano), que era leal a Licinio, Bassiano se alzó en ar-
mas contra Constantino. Sin embargo, fue descubierto en su tentativa y, por orden
de Constantino, fue condenado y ejecutado. Cuando se exigió un castigo para
Senicio por ser el instigador de la traición, Licinio se negó y se rompió el acuerdo
entre él y Constantino; pero se añadió también otra causa: que en Emona Licinio
había destruido las imágenes y las estatuas de Constantino. Después de todo esto
ambos se declararon abiertamente la guerra.
16. Los ejércitos de uno y otro fueron conducidos a la llanura de Cibalas.
Licinio tenía 35.000 soldados de infantería y de caballería; Constantino dirigía a
20.000. Después de que en una contienda incierta murieran 20.000 soldados de
infantería de Licinio y una parte de los soldados de caballería armados con coraza,
Licinio con una gran parte de su caballería marchó rápidamente hacia Sirmio ayu-
dado por la oscuridad de la noche.
17. Desde allí, llevándose consigo a su mujer, a su hijo y sus pertenencias,
se dirigió hacia Dacia. Nombró César a Valente, que era general en la frontera.
Desde allí, después de haber reunido a una gran multitud gracias a la mediación de
Valente en Hadrianópolis, una ciudad de Tracia, envió legados a Constantino, que
estaba establecido en Filipos, para pactar la paz. Al ser enviados éstos de vuelta
sin éxito, se reanudó la guerra de nuevo y los dos rivales entablaron batalla en la
llanura de Mardia, hasta que después de una incierta y larga contienda cayó el
bando de Licinio y aprovechó la ayuda de la noche para escapar.
18. Licinio y Valente, creyendo que Constantino avanzaría más allá en di-
rección a Bizancio para perseguirlos -lo cual resultó ser cierto-, marcharon hacia
Beroea cambiando de dirección. De este modo, Constantino, que avanzaba enér-
gicamente, descubrió que Licinio se había quedado a sus espaldas. Cuando sus
soldados estaban fatigados ya por la guerra y por el camino, Mestriano le fue en-
viado entonces como legado para proponerle la paz, a petición de Licinio, quien le
prometía que haría lo que se le mandara. De nuevo, como anteriormente, se ordenó
que Valente quedara rebajado a ciudadano particular y, una vez cumplido esto, la
paz fue firmada por ambos, de modo que Licinio se hizo con Oriente, Asia, Tracia,
Moesia y la Escitia Menor.
19. Después Constantino, que había regresado a Serdica, en ausencia de
Licinio, decidió lo siguiente: que Crispo y Constantino, hijos de Constantino, y
Licinio, hijo de Licinio, fueran nombrados Césares, para que así se gobernara en
armonía por parte de ambos. De este modo Constantino y Licinio fueron nombra-
dos cónsules al mismo tiempo31.
20. En las regiones de Oriente, durante el consulado de Licinio y Constan-
tino, Licinio, movido por una locura repentina, ordenó que todos los cristianos

31
En el año 319.

282
ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

fueran expulsados del Palacio. Pronto estalló la guerra entre el propio Licinio y
Constantino.
21. Asimismo, cuando Constantino estaba en Tesalónica, los godos irrum-
pieron violentamente a través de las fronteras abandonadas y, una vez devastadas
Tracia y Moesia, comenzaron a hacer saqueos. Entonces, por miedo a Constan-
tino y a que su ataque fuera rechazado, le devolvieron a éste sus prisioneros tras
concertar la paz. Pero Licinio se quejó de que esto se había hecho en contra de la
palabra dada, ya que sus funciones habían sido usurpadas por otro.
22. Después, como utilizaba unas veces súplicas y otros soberbios mandatos,
provocó, con razón, la ira de Constantino. Durante los tiempos en los que todavía
no se llevaba a cabo la guerra civil pero ya se estaba preparando, Licinio daba
rienda suelta a su maldad, avaricia, crueldad y lujuria, matando a muchos hombres
por sus riquezas y violando a sus esposas.
23. Rota ya, por tanto, la paz por acuerdo de uno y otro, Constantino, para
ocupar Asia, había enviado con una gran flota a Crispo como César, a quien se le
oponía, desde el bando de Licinio, Amando, también con sus tropas navales.
24. Licinio, por su parte, había cubierto las laderas de un elevado monte
cerca de Hadrianópolis con un grandísimo ejército. Hacia allí giró Constantino
con toda su tropa. Como la guerra se prolongaba por tierra y por mar, y aunque
los suyos se esforzaban en pasar a través de las alturas, sin embargo, finalmente
gracias a su disciplina militar y a su buena fortuna Constantino venció al ejército
de Licinio que marchaba mezclado y sin orden, aunque resultó levemente herido
en el muslo.
25. Después Licinio, en su huida, llegó a Bizancio; mientras sus desperdiga-
das fuerzas acudían allí, él, una vez cerrada la ciudad, sintiéndose seguro en lo que
concernía al mar, planeó un asedio por tierra. Pero Constantino reunió una flota
de Tracia. Entonces Licinio, con su usual vanidad, nombró a Martiniano como su
César.
26. Crispo, por su parte, llegó a Calípolis con la flota de Constantino; y allí
en una guerra marítima venció a Amando de tal modo que éste a duras penas pudo
escapar vivo gracias a la ayuda de los soldados que se habían quedado en la orilla.
No obstante, la flota de Licinio fue en parte destruida y en parte capturada.
27. Licinio, que ya había perdido la esperanza que había depositado en el
mar, pues se había dado cuenta de que a través de él iba a ser asediado, huyó a Cal-
cedonia con sus posesiones. Constantino entró en Bizancio, enterándose entonces,
al encontrarse con Crispo, de la victoria naval que había conseguido. Después Li-
cinio batalló en Crisópolis, con la gran ayuda de los godos a los que Alica32 había

32
Príncipe de los godos.

283
I. LASALA NAVARRO Y M. P. LÓPEZ HERNANDO

comprado con regalos; sin embargo, salió victorioso el bando de Constantino que
consiguió matar a 25.000 soldados del bando contrario y puso en fuga al resto.
28. Más tarde, cuando vieron que las legiones de Constantino llegaban en
rápidos navíos de vela, los supervivientes arrojaron sus armas y se entregaron.
Sin embargo, al día siguiente, Constancia, hermana de Constantino y esposa de
Licinio, fue al campamento de su hermano para pedirle que se le perdonara la
vida a su marido, y consiguió su propósito. Así Licinio fue nombrado ciudadano
particular y fue invitado a un banquete de Constantino. A Martiniano también se
le perdonó la vida.
29. Licinio fue enviado a Tesalónica; pero Constantino, movido por el ejem-
plo de su suegro, Herculio Maximiano, para evitar que Licinio pudiera tomar de
nuevo, en perjuicio del Estado, la púrpura que había depuesto, ordenó que fuera
asesinado en Tesalónica (pues además lo exigían los soldados con motines), y
Martiniano en Capadocia. Licinio gobernó durante diecinueve años, y le sobrevi-
vieron su hijo y su esposa. Por más que hubieran muerto todos los cómplices de
la execrable persecución33, sin embargo, su merecido castigo lo acosaría también
como perseguidor por haber podido colaborar en ella34.

[6] 30. Por su parte, Constantino llamó a Bizancio Constantinopla a partir de


su propio nombre, en conmemoración a su célebre victoria, y la adornó, como si
fuera su patria, con gran magnificencia, pues deseaba igualarla a Roma. Después,
tras buscar para ella ciudadanos de todas partes, les dispensó tal cantidad de rique-
zas que casi agotó todo el tesoro imperial. Allí estableció también un senado de
segundo orden; a sus miembros los llamó ilustres35.
31. Después emprendió una guerra contra los godos y prestó ayuda a los
sármatas cuando se la pidieron36. De este modo, gracias al César Constantino37
perecieron casi 100.000 godos debido al hambre y al frío. Entonces también tomó
rehenes, entre los que estaba el hijo del rey Ariarico.
32. Así, cuando la paz con éstos estuvo asegurada, Constantino se volvió
contra los sármatas, que estaban mostrando una dudosa lealtad. Pero los esclavos
de los sármatas se rebelaron contra todos sus amos, a los cuales, expulsados de
su país, los acogió con agrado Constantino, quien distribuyó a más de 300.000
personas de diferentes edades y de ambos sexos por Tracia, Escitia, Macedonia e
Italia.

33
De los cristianos. Cf. 3.8, nota 8.
34
Galerio había sido el promotor de dicha persecución, de modo que Licinio, como subordinado
suyo que era (recordemos que fue éste quien lo nombró César), también pudo colaborar en ella.
35
Los miembros de este senado eran llamados clari, mientras que los del de Roma eran
clarissimi.
36
En el año 334.
37
El hijo de Constantino el Grande.

284
ORIGO CONSTANTINI IMPERATORIS, COMENTARIO, NOTAS Y TRADUCCIÓN

33. Además, Constantino fue también el primer emperador cristiano, con


la excepción de Filipo38, quien, en mi opinión, se hizo cristiano tan solo por la
siguiente razón: poder consagrarse a Cristo antes que a ídolos paganos 1.000 años
después de la fundación de Roma39. Sin embargo, fue desde Constantino hasta
nuestros días cuando siempre se nombraron sólo emperadores cristianos, con la
excepción de Juliano, a quien, según dicen, le abandonó su desastrosa vida mien-
tras ideaba malvados planes.
34. Además, Constantino hizo un cambio hacia una política justa y honesta:
mediante un edicto, ya que no podía ser de otro modo, determinó que los templos
debían ser cerrados sin el menor derramamiento de sangre de personas paganas.
Después, destruyó a la más poderosa y numerosa de las tribus godas en el propio
seno del territorio bárbaro, esto es, en la región de los sármatas.
35. También acabó con un tal Calocero, que pretendía llevar a cabo una re-
volución en Chipre. Nombró César a Dalmacio, hijo de su hermano Dalmacio. A
Hanibaliano, hermano de éste, le entregó en matrimonio a su hija Constantiniana40
y lo proclamó rey de reyes y de los pueblos del Ponto. Así las cosas, Constantino
el Joven gobernaba las Galias; el César Constantino, Oriente; Constante, el Ilírico
e Italia, y Dalmacio defendía la costa que limitaba con los godos. Por su parte,
Constantino, cuando preparaba la guerra contra los persas, murió a las afueras
de Constantinopla en una villa pública41 cerca de Nicomedia, dejando a sus hijos
un estado bien organizado. Gobernó durante treinta y un años42. Fue enterrado en
Constantinopla.

38
Filipo el Árabe, emperador entre 244 y 249.
39
Se refiere al cambio de la religión pagana por el cristianismo. Cabe matizar a este respecto
que, si bien se observa la ya desde el año 313 la protección que Constantino ofreció a los cristianos,
no puede afirmarse con total rotundidad su condición de “cristiano” hasta su bautismo, posiblemente
en el momento de su muerte. Sobre la cuestión constantiniana cf., G. Bonamente, F. Fusco (eds.),
Constantino il Grande, dall’Antiquità all’Umanesimo, Atti dei Colloquio sul Cristianesimo nel Mondo
Antico (Macerata 1992).
40
Se trata de Constancia, aquí mal llamada Constantiniana.
41
En Anciron.
42
Desde la muerte de su padre en 306 hasta el año 337.

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