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PROFESOR: Luis Gerardo Saavedra Frías
TEMA: Prospección de la Empresa Minera Antamina
CURSO: Minería Subterránea
NOMBRE: Cristhian Mayer
APELLIDOS: Zapata Chinchay
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INDICE
Introducción:....................................................................................................................3
COMPAÑÍA MINERA ANTAMINA: UNA BREVE HISTORIA.............................4
La operación de la mina: 2001 en adelante...................................................................5
El cobre.........................................................................................................................6
Anddes contribuye al éxito del proyecto Antamina, mediante:...............................6
MISIÓN, VISIÓN Y LIDERAZGO: FACTORES DEL DESARROLLO
INSTITUCIONAL...........................................................................................................8
Misión y visión..............................................................................................................8
Liderazgo y organización interna...............................................................................9
La operación de la mina: 2001 en adelante.................................................................10
La mina y sus alrededores............................................................................................11
Construyendo relaciones y prácticas: 1996-2001........................................................12
Aspectos generales.........................................................................................................15
Aspectos financieros......................................................................................................16
Producción......................................................................................................................16
CONCLUSIONES.........................................................................................................17
BIBLIOGRAFÍA...........................................................................................................19
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Introducción:
Durante la década de 1990, un agresivo plan de privatización y concesiones de
las grandes empresas y yacimientos estatales, junto con un nuevo marco legal y
tributario orientado hacia la promoción de la inversión privada, propiciaron un
crecimiento significativo de la minería en el Perú. Más recientemente, un contexto de
altos precios internacionales ha dado a este crecimiento las dimensiones y
características de un boom exportador.
De acuerdo con Proinversión y el Banco Central de Reserva, entre los años
1993 y 2006, el stock de inversión directa extranjera en el sector se incrementó de
US$565,4 millones a US$2.254,7 millones, su participación en el PBI aumentó de 4,7%
a aproximadamente 6%, y la participación de sus exportaciones sobre el total nacional
pasó de 43,5%m a 61,8%.
Lo que hace particularmente interesante esta coyuntura es que ha estado
acompañada de un considerable debate y escrutinio públicos acerca de los impactos
sociales y ambientales que genera la gran minería; y, quizás más importante todavía,
del papel que le corresponde desempeñar en los esfuerzos por promover el desarrollo
local y nacional. En la actualidad, el sector debe enfrentar múltiples desafíos asociados
con el manejo del territorio, el reasentamiento de poblaciones desplazadas, el cuidado
de áreas protegidas, el impulso al desarrollo local y nacional más allá de la vida útil de
los proyectos mineros, la mayor inclusión y participación de las comunidades locales en
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la toma de decisiones, y la resolución de conflictos bajo la atenta mirada de un gran
número de stakeholders.
En el frente social y medioambiental ha surgido un nuevo protagonismo de las
organizaciones de la sociedad (OSC) –locales, nacionales y transnacionales– que
buscan fiscalizar el desempeño social y ambiental de las empresas del sector, y
presionar para una redistribución de las rentas y oportunidades que genera. La
creación de la Coordinadora Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la
Minería (Conacami) y de sus instancias regionales y provinciales, es uno de los
acontecimientos más significativos. Asimismo, no sin tensiones y conflictos de interés
de por medio, diversas organizaciones locales –como las comunidades campesinas,
las asociaciones de pobladores y los frentes de defensa– se han hecho de un espacio
en este escenario. Entre las Organizaciones No Gubernamentales
(ONG) locales y nacionales, destacan diversas instituciones que fueron creadas
para dedicarse a la temática minera, así como otras que transitaron progresivamente
hacia ella1. En el caso de los actores transnacionales, diversas ONG, redes de
activistas y fuentes de cooperación interesadas en temas sociales y ambientales y de
derechos de las poblaciones indígenas han convertido a las industrias extractivas en
general y a la boyante industria minera peruana en particular en un foco de interés2.
La preocupación de esta variada gama de actores no es gratuita. En primer
término, la actividad minera compite con las comunidades aledañas por el acceso a
recursos muchas veces escasos como la tierra y el agua (Aste 2003: 20-21). De hecho,
buena parte de los efectos negativos de la minería se atribuye al uso de grandes
volúmenes de este último recurso, tanto en regiones donde es escaso como en
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aquellas donde es altamente demandado para usos sobre todo –aunque no
exclusivamente– agrícolas (Tolmos 2000: 3). En segundo lugar, las poblaciones en
zonas de influencia minera deben lidiar con los efectos de la contaminación ambiental,
sea esta sistemática como en el caso de La Oroya, o accidental como en el de
Choropampa. Incluso las comunidades que albergan operaciones de la ‘nueva minería’
denuncian daños ecológicos y esperan que las empresas respondan por los pasivos
ambientales existentes (Recharte et al. 2003: 55-58). Finalmente, la población local
debe enfrentar las consecuencias de una mayor demanda por bienes y servicios, lo que
usualmente se traduce en un incremento de precios más que en la generación de
nuevos empleos3, así como otros problemas sociales comunes en zonas de influencia
minera, como el aumento de la delincuencia, la prostitución y la diferenciación social.
COMPAÑÍA MINERA ANTAMINA: UNA BREVE HISTORIA
El yacimiento minero Antamina es un depósito polimetálico que, según las
prospecciones realizadas, contiene cobre, zinc, plata, molibdeno y bismuto. Se localiza
en el distrito de San Marcos, provincia de Huari, Región Áncash, entre los 4.200 y
4.700 m.s.n.m., en una zona geográficamente accidentada conocida como el Callejón
de Conchucos, comprendida entre la Cordillera Blanca y la Cordillera de Huayhuash4.
Se encuentra a 35 km del pueblo de San Marcos (2.970 m.s.n.m.), capital del distrito
del mismo nombre; a 165 km de la ciudad de Huaraz, capital de la Región Áncash; y a
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430 km de la ciudad de Lima (Grade 2000a: 31). La ubicación geográfica del
yacimiento puede ser observada en el Mapa
El hallazgo de este yacimiento se remonta al siglo XIX y, desde ese entonces,
fue explorado por diversas compañías y empresarios mineros.
En 1971, durante el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, el Estado
expropió su concesión y su explotación permaneció en la cartera de una compañía
minera estatal hasta 1993, año en el que se inició su proceso de privatización (Copri
s.f.: 14). Las concesiones para la explotación del yacimiento fueron transferidas al
sector privado luego de un prolongado proceso de privatización que culminó en
septiembre de 1996.
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El consorcio que se adjudicó la concesión estuvo conformado por dos empresas
canadienses, Inmet Mining Corporation y Rio Algom Limited, cada una con el 50% de
participación. Este grupo ofreció un pago por la transferencia ascendente a US$20
millones y un compromiso de inversión de US$2.520 millones en cinco años (Ibíd.: 30).
Durante el mes siguiente, el consorcio constituyó una subsidiaria con el nombre de
Compañía Minera Antamina S.A. (CMA) para llevar a cabo el proyecto. Finalmente, la
firma del contrato de transferencia de las concesiones se produjo el 6 de septiembre de
1996 (Ibíd.: 8). Una periodización de sus principales etapas permitirá tener una visión
más clara del conjunto.
La operación de la mina: 2001 en adelante
Las operaciones de prueba de la empresa comenzaron en mayo de 2001, y el
inicio de la etapa de producción comercial se produjo en octubre de ese mismo año. La
inauguración oficial de la operación minera se realizó el 14 de noviembre y contó con la
presencia del Presidente de la República de entonces, Alejandro Toledo.
El tajo abierto mide 2.000 m de largo y 1.000 m de ancho y tiene una
profundidad de 500 m. Según la empresa, «palas y volquetes gigantes operan día y
noche para mover 350.000 toneladas de material por día, entre mineral y desmonte»
(CMA 2005a). La mina opera de manera continua, las 24 horas al día y los 365 días del
año. Este material, luego de ser fracturado, ingresa a la planta concentradora, donde es
convertido en polvos finos de mineral. Tres tipos de concentrados son luego mezclados
con grandes cantidades de agua, y bombeados por un mineroducto de más de 300 km
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de largo, que va desde la planta concentradora, cruzando los Andes, hasta el puerto
Punta Lobitos en Huarmey, donde pasan del almacén de la empresa a las bodegas de
los barcos de carga.
Según la empresa, las aguas utilizadas en el transporte son tratadas y utilizadas
para arborizar el desierto cercano (CMA 2005a). Otros tres minerales, que son
producidos en menor volumen, son transportados hasta el mismo destino por camiones
sellados herméticamente. El presupuesto diario de las operaciones de CMA asciende a
aproximadamente a US$1 millón, la mina produce un millón y medio de toneladas de
concentrados al año, y se espera que las reservas disponibles en la mina permitan una
vida útil de 23 años al proyecto.
Además de las instalaciones en la zona de mina y en el puerto, CMA cuenta con
oficinas administrativas en Lima y Huaraz. Al año 2006, la empresa empleaba a 1.457
personas en forma directa, de las cuales más del 90% eran de nacionalidad peruana.
Adicionalmente, contaba con 2.130 «socios y contratistas» para algunas actividades
secundarias como la seguridad, la alimentación y administración del campamento
minero, así como para la construcción de algunas obras menores.
Antamina es una de las 10 minas más grandes del mundo en capacidad de producción.
Implementamos 8 pasos dentro del proceso productivo que realizamos para la obtención
de cobre, zinc, plata, plomo y molibdeno.
Cada uno de estos están garantizados con los estándares más altos en salud, seguridad
y medio ambiente, ya que, Antamina se preocupa por realizar una minería responsable y segura,
siempre trabajando comprometidos con la gente, la región de Ancash y con el Perú.
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El cobre
Es un metal que se caracteriza por su brillo y su tonalidad rojiza. Es uno de los metales
que más se utilizan, debido a su gran capacidad para conducir electricidad, que permite que sea
utilizado en la fabricación de piezas electrónicas y eléctricas, y en la producción de cables.
Asimismo, el cobre es un material maleable y dúctil que nunca pierde sus propiedades
mecánicas.
La mina se encuentra ubicada en la quebrada Antamina, en el distrito de San Marcos,
Ancash y tiene una vida útil estimada hasta el 2029. Las reservas totales ascienden a 745
millones de toneladas métricas. El depósito mineral es de tipo skarn de cobre-zinc, plata,
molibdeno y bismuto y, en la actualidad, es considerado el más grande del mundo.
Anddes contribuye al éxito del proyecto Antamina, mediante:
Supervisión de calicatas y mapeo geológico-geotécnico.
Análisis de deformaciones del mineroducto y de la tubería de agua.
Estudio y análisis geotécnico del nuevo trazo del mineroducto. Se realizaron
análisis de deformaciones del mineroducto.
Análisis de deformaciones del mineroducto y de la tubería de agua para su
protección en la zona del Botadero Este.
Estudio geotécnico para el Proyecto de Optimización de la Producción.
Comprende investigaciones de campo y análisis geotécnico en PPL, Yanacancha y mina.
Diseño a nivel de pre-factibilidad del camino de acceso hacia la presa de relaves.
Estudio geotécnico con fines de cimentación de la plataforma punto E.
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Estudio de mecánica de suelos con fines de cimentación de tanques de
almacenamiento de concentrado.
Ingeniería de detalle para la construcción de la plataforma Punto E, a ser
construida con desmonte y material de sobre tamaño del procesamiento del desmonte mediante
chancado.
Prospección geofísica mediante 13 líneas de refracción sísmica de 120 m y 6
puntos de ensayos MASW del Proyecto 16062 túnel de derivación del polishing pond dam.
Desarrollo de ensayos geofísicos sísmicos (refracción, MASW y MAM) y
eléctricos
La evaluación tuvo como fin proporcionar la información geológica y geotécnica del
nuevo trazo de la línea norte de descarga de relaves. Los servicios incluyeron:
Caracterización Geológica y regional
Ejecuciones de prospecciones geotécnicas, ensayos in situ y laboratorio.
Evaluación de Estaciones Geomecánicas.
Caracterización geotécnica del subsuelo de fundación.
Calculo de la capacidad admisible en suelo y roca.
Interpretación de prospecciones geofísicas.
Análisis de estabilidad física del trazo de la línea de descarga.
Diseño de cimentaciones de las estructuras proyectadas.
Análisis de la agresividad químicas del material de fundación.
Nombre del Cliente: Compañía Minera Antamina S.A
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MISIÓN, VISIÓN Y LIDERAZGO: FACTORES DEL DESARROLLO
INSTITUCIONAL
Como se desprende del recuento realizado, ha habido una variedad de factores
que han impulsado la evolución y el impacto de la Asociación Civil Labor. En esta
sección identificamos algunos factores internos de la organización que han sido claves
en su desarrollo, y en la siguiente analizamos algunos factores en el frente externo.
Misión y visión
Sin duda, la militancia de izquierda de sus fundadores tuvo una influencia
fundamental en la visión y misión de esta ONG, y ambas se han moderado y
modificado con el paso del tiempo. Como hemos visto, la misión central ha
evolucionado desde la promoción de una revolución proletaria, hacia la promoción del
desarrollo local sostenible y de la protección del medio ambiente. Asimismo, de una
postura que cuestiona al capitalismo y la democracia burguesa, a una que combina la
provisión de servicios básicos con la defensa de los derechos individuales y colectivos
–al agua, a la tierra y a vivir sin altos niveles de contaminación. Esto refleja, a su vez,
una transformación de la visión de los fundadores de la sociedad –hacia una sociedad
plural y de intereses diversos– y también del Estado, como entidad al servicio de los
ciudadanos y no solamente de los grupos de interés económico.
Según cuenta un ex presidente de Labor, cuando su inclinación era de extrema
izquierda, buscaban una justicia más bien redistributiva, con una postura de protesta
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contra la empresa privada y de desconfianza frente al Estado (Entrevista Nº 1). Luego,
conforme han incursionado en temas de desarrollo regional y ambiental, han pasado a
considerar que la «justicia social» se basa en fortalecer las capacidades de las
personas para organizarse y lograr cambios más puntuales en su entorno y bienestar, a
través de la acción colectiva. Más recientemente, la preocupación central pareciera ser
brindar al individuo el acceso a derechos básicos que le permitan potenciarse
(Entrevista Nº 1). De ahí también la importancia que la ONG asigna a la identificación y
formación de líderes, y a la unión de estos, pues termina sosteniendo que son las
personas y no las instituciones las que llevan a cabo los cambios sociales18.
Asimismo, se percibe una preocupación reciente por temas propiamente de gestión y
gobernabilidad, de las comunidades y las mismas ONG.
Sin embargo, los miembros de Labor coinciden en que la «preocupación y
compasión por el desposeído» (Entrevista Nº 1) sigue siendo la motivación de base
que los impulsó a crear esta ONG y que los mantiene unidos hasta la fecha. A partir de
las entrevistas realizadas, es evidente que mantienen una fuerte mística social y
entrega a las comunidades donde trabajan, algo compartido en todo nivel de la
organización.
Asimismo, aunque los líderes de Labor se destacan por su capacidad de adaptar
la misión de la organización a los tiempos y a las necesidades de la comunidad a su
alrededor, sostienen también que la ONG defiende ciertos valores básicos a lo largo del
tiempo, que orientan sus actividades. Estos valores, difundidos en su más reciente Plan
Estratégico (Asociación Civil Labor 2003b: 11-12), incluyen lo siguiente:
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■ El reconocimiento del derecho fundamental a la vida, que exige el
establecimiento de relaciones de equidad entre hombres y mujeres frente a la
sociedad, entre el Estado y la sociedad civil, entre sociedad y naturaleza.
■ El ejercicio de la justicia, que se establece en el nivel interpersonal y en la
sociedad, como proceso permanente de valoración y reconocimiento de deberes y
derechos que sustentan relaciones de respeto mutuo.
■ Un concepto de democracia como el ejercicio pleno de los deberes y derechos
individuales, expresados en una forma de gobierno que permita la concreción de
proyectos colectivos para el futuro. De ahí que para Labor sea fundamental una cultura
de diálogo y concertación.
■ La solidaridad como uno de los valores más profundos de la sociedad,
entendida como la oportunidad que tiene cualquier persona para ofrecer y transferir sus
capacidades positivas adquiridas en el proceso de formación y desarrollo individual y
colectivo.
■ La toma de conciencia del derecho colectivo a la ciudad, que es fruto de la
producción social y en la que se está jugando el futuro de las poblaciones.
Liderazgo y organización interna
La capacidad de Labor de redefinir su visión, adaptar sus estrategias y a la vez
persistir en la defensa de la justicia social, se debe en gran parte a la naturaleza misma
de la organización. Como suele ocurrir en muchas ONG, unos pocos individuos
comprometidos y carismáticos han jugado papeles críticos de liderazgo desde el inicio.
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Ello incluye a personajes públicos como Julio Díaz Palacios, fundador de Labor y
primer alcalde elegido de Ilo, quien trazó la primera transición de la
ONG «de la protesta a la propuesta» y hacia la colaboración con el municipio.
Igualmente, el ex presidente de la organización y ahora coordinador del Grupo Diálogo
Minero, José Luis López, que lideró. Labor en su siguiente transición, «de la
confrontación al diálogo» con los intereses corporativos. Estos líderes claves incluyen
también a Doris Balvín, fundadora y abogada, quien desarrolló el caso para el Tribunal
Internacional del Agua y estableció el Programa de Gestión
Ambiental.
A diferencia de otras ONG que se estancan bajo el peso y la autoridad de líderes
eternos, Labor ha mantenido una dinámica interna relativamente horizontal, y ha hecho
esfuerzos por promover nuevas personas en sus niveles directivos y personal de
planta. Observadores se sorprenden con el grado de franqueza con el cual los
miembros de la organización discuten sus diferencias de opinión. Los miembros del
personal no esconden el hecho de que algunos son más radicales que otros, por
ejemplo, en su perspectiva sobre el poder y la responsabilidad social empresarial.
Estas diferencias se discuten abiertamente, y las decisiones tomadas son el producto
de procesos colectivos.
Formalmente, Labor tiene una Asamblea como órgano directriz, conformada por
11 socios19. Para ser admitido como miembro activo, es requisito ser presentado por
otros dos socios activos. Cada año, la Asamblea de socios nombra a las personas que
ocupan la Presidencia y la
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Dirección Ejecutiva. El Presidente es un miembro de la asamblea, mientras que
la dirección ejecutiva no necesariamente debe recaer sobre un socio (Entrevista Nº 1).
El Consejo Directivo, por su parte, es el órgano que formula políticas, dirige y controla
el desarrollo institucional.
Se encuentra conformado por la Presidencia, la Dirección Ejecutiva, un delegado
de los trabajadores y representantes elegidos de la Asamblea General (Asociación Civil
Labor 2003b: 24).
En el 2006, Labor contaba también con una Gerencia de Administración, una
Oficina de Desarrollo Institucional y Planificación, un Comité de Gestión encargado de
la estrategia institucional y dos departamentos estratégicos: Gestión Ambiental Minera
y Gestión Ambiental Urbana y Desarrollo Local. Estos departamentos ordenan la línea
de acción de las diferentes sedes de la Asociación. Actualmente, Labor cuenta con la
Oficina de Enlace de Incidencias y Políticas Ambientales en
Lima y cuatro oficinas locales ubicadas en la macro región sur: Arequipa,
Moquegua, Ilo y Puno. Hacia el año 2002, trabajaban en la ONG 37 personas de
manera permanente, las que se distribuyeron en las distintas sedes de acuerdo con el
cuadro 3. Aproximadamente, el 58% del personal de la Asociación se podía considerar
especialista, mientras que el resto interviene en las actividades como soporte.
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La operación de la mina: 2001 en adelante
Las operaciones de prueba de la empresa comenzaron en mayo de 2001, y el
inicio de la etapa de producción comercial se produjo en octubre de ese mismo año. La
inauguración oficial de la operación minera se realizó el 14 de noviembre y contó con la
presencia del Presidente de la República de entonces, Alejandro Toledo.
El tajo abierto mide 2.000 m de largo y 1.000 m de ancho y tiene una
profundidad de 500 m. Según la empresa, «palas y volquetes gigantes operan día y
noche para mover 350.000 toneladas de material por día, entre mineral y desmonte»
(CMA 2005a). La mina opera de manera continua, las 24 horas al día y los 365 días del
año. Este material, luego de ser fracturado, ingresa a la planta concentradora, donde es
convertido en polvos finos de mineral. Tres tipos de concentrados son luego mezclados
con grandes cantidades de agua, y bombeados por un mineroducto de más de 300 km
de largo, que va desde la planta concentradora, cruzando los Andes, hasta el puerto
Punta Lobitos en Huarmey, donde pasan del almacén de la empresa a las bodegas de
los barcos de carga.
Según la empresa, las aguas utilizadas en el transporte son tratadas y utilizadas
para arborizar el desierto cercano (CMA 2005a). Otros tres minerales, que son
producidos en menor volumen, son transportados hasta el mismo destino por camiones
sellados herméticamente. El presupuesto diario de las operaciones de CMA asciende a
aproximadamente a US$1 millón, la mina produce un millón y medio de toneladas de
concentrados al año, y se espera que las reservas disponibles en la mina permitan una
vida útil de 23 años al proyecto.
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Además de las instalaciones en la zona de mina y en el puerto, CMA cuenta con
oficinas administrativas en Lima y Huaraz. Al año 2006, la empresa empleaba a 1.457
personas en forma directa, de las cuales más del 90% eran de nacionalidad peruana.
Adicionalmente, contaba con 2.130 «socios y contratistas» para algunas actividades
secundarias como la seguridad, la alimentación y administración del campamento
minero, así como para la construcción de algunas obras menores.
La mina y sus alrededores
La región en la que se ubica la mina, el Callejón de Conchucos, es
fundamentalmente una zona campesina en la que predominan las actividades agrícolas
y ganaderas de tipo tradicional. En las partes altas, la principal actividad productiva es
la ganadería extensiva de ovinos y de vacunos sobre pastos de baja calidad, mientras
que en las zonas intermedias y bajas de los valles se cultivan diversos productos para
el comercio y el autoconsumo. Por tratarse de una zona de difícil acceso, se ha
mantenido relativamente aislada del resto del país y carece de un centro urbano que
articule mercados o albergue algún tipo de actividad de transformación.
La población estimada de la provincia de Huari en el año 2005 era de
70.554 personas, de las cuales 12.737 residían en el distrito de San
Marcos (CMA 2005a). Cuando la empresa realizó el primer estudio de impacto ambiental
(EIA) en 1998, la población considerada en la zona inmediata de influencia de CMA fue
estimada en 27.714 habitantes, de los cuales el 80% se encontraba en la zona rural. Asimismo, se
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estimaba que el 84,1% de los residentes de la provincia de Huari tenía como lengua materna el
quechua (Klohn-Crippen Consultants y SVS Ingenieros 1998: anexo socioeconómico).
En esta zona prevalece la pobreza extrema y la mayor parte de la población
económicamente activa se dedica a la agricultura de subsistencia y a la crianza de
ganado. Según el EIA, cuando comenzaba el proyecto minero, el 93% de los hogares
en los distritos cercanos tenía por lo menos una necesidad básica insatisfecha,
aproximadamente el 23% de los habitantes eran analfabetos (46% de las mujeres
mayores de 15 años), y más del 70% de niños sufría de desnutrición crónica. Hoy estos
indicadores no parecen haber cambiado mucho8. Los servicios básicos en la zona son
escasos y la mayor parte de poblados carece de agua potable, electricidad y sistemas
de alcantarillado. Además, se trata de una zona con una baja conectividad social, en la
que solo el
23% de la población pertenece a alguna comunidad campesina y el
2% a una asociación de agricultores o ganaderos.
Las familias de esta zona tienen una relación compleja con la tierra que ocupa,
lo que inicialmente no fue entendido por el personal de CMA. Mientras que las
comunidades campesinas organizadas tienen la propiedad legal de sus tierras, la
mayoría de la gente de la zona carecía de títulos de propiedad, razón por la cual no se
había desarrollado un mercado moderno de tierras. Aunque la antigua práctica de
trabajo comunal y los vínculos religiosos con la tierra –típicos de la población indígena
en otras partes del Perú– no son la norma en esta zona, existen patrones de
reciprocidad informales entre y dentro de las familias que determinan el uso de la tierra
y otros recursos. Las pasturas donde se ubicó la mina tenían una variedad de
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usufructuarios permanentes y temporales, quienes no necesariamente eran sus
propietarios legales.
Otro factor que debió tenerse en cuenta es que la economía de estas familias
estaba basada en el manejo de un conjunto de activos agrícolas y ganaderos en
diversos pisos altitudinales, lo cual les aseguraba un flujo permanente de productos
para su propio consumo y, en menor medida, para el intercambio (Salas 2002).
Por su ubicación geográfica, el distrito de San Marcos actúa como el centro
mercantil y político de los distritos que lo rodean y que conforman el área de influencia
de CMA. Al igual que el resto de la zona, este distrito es mayormente agropecuario
pues dos terceras partes de su población se dedican a actividades de este tipo. En
cuanto a su estructura política, la máxima autoridad local es el alcalde y el concejo
municipal, elegidos por voto popular cada cuatro años. En San Marcos, la presencia del
Estado y de los partidos políticos nacionales ha sido limitada. El antiguo régimen de
haciendas fue eliminado con la reforma agraria de 1969, pero una larga disputa familiar
entre dos grupos rivales por ocupar el poder ha impregnado la historia y la vida
institucional del distrito, mientras competían por ejercer su influencia sobre el resto de
la población. El repliegue de las comunidades campesinas como producto de la acción
violenta de Sendero Luminoso en la década de 1980, modificó pero no eliminó estas
estructuras de poder (Salas 2002).
En el ámbito urbano, históricamente, los grupos de interés y las organizaciones
sociales de base en San Marcos han tenido poca participación en los asuntos públicos
y la mayoría estaba controlada por miembros de las facciones rivales antes
mencionadas. En cambio, la Iglesia
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Católica ha tenido una presencia gravitante en la zona y goza de una
considerable legitimidad entre los pobladores como consecuencia de sus labores de
promoción social. En el escenario rural, las autoridades políticas tienen solo una
presencia limitada, y en las dos principales comunidades campesinas del área –
Huaripampa y Angoraju-Carhuayoc–los funcionarios locales están subordinados a las
autoridades comunales.
En la zona alrededor del yacimiento, los pobladores habían tenido experiencia
previa con la actividad minera, a través de minas explotadas de manera tradicional, con
escasa tecnología y en socavones. En la medida en que no requerían de mano de obra
calificada, estas minas se convirtieron en fuentes de empleo para los pobladores,
además de proveerse de gran parte de insumos y diversos bienes y servicios en el
mercado local. Estas experiencias previas, junto con las grandes carencias de los
pobladores y el largo tiempo que esperaron para que la explotación del yacimiento
Antamina se hiciera realidad, contribuyeron a generar grandes expectativas alrededor
de CMA.
Construyendo relaciones y prácticas: 1996-2001
Una constante durante las fases de exploración y construcción del proyecto
minero fue la necesidad de cumplir con estrictos plazos y ajustados presupuestos. En
efecto, desde sus inicios, los inversionistas se enfrentaron a la continua necesidad de
cumplir con cronogramas muy exigentes, cuyo incumplimiento significaba aumentar los
costos de todo el proyecto. Contrariamente, si se lograban cumplir los objetivos
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programados en plazos menores, ello no solo significaba ahorrar costos, sino también
producía un excedente que se traducía en bonos para los contratistas. En otras
palabras, existía un fuerte incentivo para culminar las obras en el menor tiempo posible.
Como se mencionó anteriormente, las primeras tareas que la empresa debía
realizar eran el programa de exploración del yacimiento y un estudio de factibilidad
técnica y financiera para el proyecto. Además, la empresa debía elaborar un estudio de
impacto ambiental (EIA) y conseguir que fuera aprobado por el Ministerio de Energía y
Minas, realizar un proceso de compra de tierras para garantizar el acceso superficial al
área de la concesión, consolidar las concesiones mineras en la zona del yacimiento,
obtener un paquete de financiamiento para el proyecto, tramitar un conjunto de
licencias y permisos ante diversas instancias estatales, y negociar con el gobierno
central diversos aspectos tributarios y contractuales. Terminadas estas tareas, CMA
debía construir todas las instalaciones del proyecto.
Los primeros contactos entre la población local y la empresa minera se
produjeron durante la etapa de exploración. Al mismo tiempo que los encargados de los
diversos estudios y tareas realizaban los primeros acercamientos con la población
local, en la mina los operarios encargados de las labores de preminado (trabajos de
exploración, voladura de cumbres y trabajos de perforación) tenían también sus
primeros contactos con los pobladores de las zonas alto andinas. En un sentido similar,
la llegada de los altos funcionarios de la empresa a la zona fue despertando un interés
creciente en las autoridades locales y en la población en general. Entrevistas con
diversos actores de la zona y con los propios funcionarios de CMA permitieron
identificar que, a través de conversaciones informales, en las que probablemente se
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hicieron ofrecimientos de buena fe, se fue creando una atmósfera de enorme
expectativa acerca de la posibilidad de que la empresa pudiera contribuir con el
desarrollo material de los poblados y comunidades que formarían parte de su zona de
influencia11.
A lo largo de esta etapa, las iniciativas sociales de CMA estuvieron marcadas
por la tensión entre la buena voluntad de la empresa y la necesidad de cumplir con los
objetivos operativos. De hecho, sus funcionarios de alto rango manejaban una
compleja visión de responsabilidad social, desconocida hasta ese momento para la
mayor parte de la minería peruana, y asumían que era posible establecer un nuevo
modelo de relación entre la empresa y sus stakeholders. Ello se hizo visible, por
ejemplo, en la inclusión de un Plan de Desarrollo Comunitario en el
EIA, en las características de la Política de Reubicación original y en el proceso
de negociación alrededor de la ruta central y el PNH. En un inicio, las relaciones con la
comunidad fueron manejadas formalmente por la Dirección de Relaciones
Institucionales que representaba el lado público de la empresa. Sin embargo, según el
Director de la unidad, durante la fase de exploración, no se contaba con el personal
profesional ni el presupuesto necesario para cumplir con las atribuciones que le fueron
asignadas (Entrevista Nº 12).
En el nivel operativo y local los funcionarios tenían una diversidad de objetivos,
entre los cuales gestionar la problemática social no era el prioritario. A ello habría que
agregar que los requerimientos internacionales en este campo tampoco eran conocidos
con la suficiente amplitud ni estaban incorporados en el quehacer diario de las
actividades mineras. Debido a las carencias en términos de cuadros profesionales
24
especializados de la Dirección de Relaciones Institucionales, una multiplicidad de
ingenieros, constructores y abogados, que no necesariamente coordinaban con el Área
de Relaciones Comunitarias y que carecían del conocimiento de la cultura y
problemática de la zona, terminaron por convertirse en los primeros encargados de
relacionarse con la población local. De este modo, en la práctica, la buena voluntad de
la empresa estaba supeditada a la consecución de objetivos estratégicos y, como
consecuencia de ello, el discurso propugnado por las altas esferas de la empresa no
necesariamente se reflejaba ‘en el terreno’.
Esta brecha entre el discurso y la práctica se explicaba en gran parte por la
inexistencia de una cultura organizacional comprometida con la responsabilidad social.
Durante las etapas de exploración y construcción,
CMA no era una organización empresarial propiamente dicha; por el contrario,
era una empresa en proceso de formación, con equipos humanos dispersos, que
dependía en gran medida de contratistas y subcontratistas. De ahí que mientras una
empresa contratista (Bechtel) estaba a cargo de diversas construcciones
(concentradora, campamento, presa, botaderos, caminos, etc.), diversos equipos de la
propia empresa se encargaron de la construcción del tajo abierto (CMA Operaciones),
de las actividades conexas a esta labor (Medio Ambiente, Salud y
Seguridad Industrial), y de las tareas legales y administrativas. La primera
empresa, a su vez, tenía un conjunto de subcontratistas a su cargo.
Como consecuencia de todo lo anterior, el desempeño corporativo de
CMA estuvo caracterizado por la inexistencia de una política clara e
institucionalizada de responsabilidad social y de una estrategia de comunicación
25
consistente y oportuna. Este contexto determinó que, en la práctica, convivieran en la
empresa dos estilos distintos de relacionarse con la comunidad circundante.
Un ejemplo de esta incongruencia se hizo evidente en el proceso de reubicación
involuntaria. Como se mencionó anteriormente, a inicios de 1999 se introdujeron
diversas modificaciones en el plan de construcción, entre las cuales se encontraban los
cambios en la ubicación de los botaderos de desmonte, de la planta concentradora y de
los campamentos. Ello obligó a la empresa a alterar su Política de Reubicación debido
a la escasez de tierras disponibles en las cercanías de la operación y al acortamiento
de los plazos. De esta manera, para el nuevo Plan Acelerado de Reubicación (PAR)
fue necesario movilizar una gran cantidad de recursos, emprender complejas
negociaciones y transar extrajudicialmente. Según un investigador principal del Grupo
de Análisis para el Desarrollo (Grade), un centro de investigación contratado por CMA
para evaluar el PAR, el equipo encargado de este proceso estuvo integrado por
personas que, pese a ser conocidos por la eficacia en el logro de los objetivos que se
proponían, no contaban con las habilidades y preparación necesarias para relacionarse
adecuadamente con sus interlocutores en las comunidades (Entrevista Nº 46).
El proceso de reubicación hizo también visibles otras tensiones y desencuentros
entre la Dirección de Relaciones Institucionales, encargada de las relaciones
comunitarias, y las áreas de Construcción y de
Operaciones, concentradas más en una ‘lógica productiva’, que privilegiaba el
avance de las obras en el menor tiempo y al menor costo posible. Mientras la primera
abogaba por un proceso de reubicación cuidadoso que cumpliera con las
recomendaciones del Banco Mundial, las últimas ejercían una fuerte presión debido a
26
su necesidad de contar con los terrenos desocupados para iniciar las obras (Entrevista
Nº 46). En esta fase, la balanza entre la RSE y la consecución de los objetivos
operativos se inclinó por esta última.
Durante esos años, las distintas visiones de los accionistas que integraron el
consorcio propietario tuvieron una influencia significativa sobre la estrategia de RSE de
CMA. De acuerdo con el ex Director de Relaciones Institucionales, mientras Inmet
Mining y Rio Algom, los dos accionistas iniciales, se comprometieron a ejecutar el Plan
de Desarrollo Comunitario, el ingreso de Noranda y Teck Corporation, a mediados de
1998, tuvo como corolario la revisión y posterior recorte del presupuesto del mismo,
situación que determinó que no se llegase a desembolsar la totalidad de la inversión
comprometida originalmente (Entrevista Nº 12). En este sentido, la escasez inicial de
fondos determinó que la inversión social de la empresa fuera sacrificada en un primer
momento, hasta que se logró firmar el acuerdo de financiamiento.
Es importante mencionar que, al igual que el resto de decisiones de la empresa,
el comité asesor conformado por los accionistas tenía el papel de aprobar las iniciativas
gerenciales en el plano de las relaciones comunitarias.
En el nivel organizacional, la realización del Plan Acelerado de Reubicación,
sumado al cuestionamiento del Plan de Desarrollo Comunitario por parte de los nuevos
accionistas, fue la causa de la eventual salida del Director de Relaciones
Institucionales, luego de haber sido enviado a la ciudad de Huaraz para hacerse cargo
del proyecto de vivienda de la empresa. Asimismo, se determinó que el Área de
Relaciones Comunitarias fuera adscrita a la recientemente creada Vicepresidencia de
Asuntos
27
Corporativos. Esta área estuvo integrada por el personal que se encargó de la
compra de tierras, al que se unió un grupo nuevo que acababa de ser contratado por el
saliente Director de Relaciones Institucionales.
Este nuevo grupo provenía del equipo de relaciones comunitarias del proyecto
Shell-Camisea12, que contaba con cierta experiencia en el trabajo con comunidades y
que tenía una formación profesional que se adecuaba mejor a las labores que realizaría
en CMA.
Aspectos financieros
• La empresa tiene operaciones relacionadas al petróleo, carbón, hierro y cobre
principalmente. Los ingresos totales fueron de US$ 38,285 millones en el 2017, de los cuales el
21.8% correspondieron a los ingresos por cobre.
Aspectos generales
Al igual que BHP Billiton, Rio Tinto es una empresa de origen australiano con centro de
operaciones en Melbourne (Australia). Es una empresa con una cartera diversificada, con
producción de cobre, oro y plata. De acuerdo al último ránking de empresas mineras, esta
empresa se ubica en el segundo lugar con una capitalización de mercado de US$ 88.7 mil
millones en el 2016. Por otro lado, en lo que respecta a la producción de cobre, de acuerdo a los
últimos ránkings esta empresa se ubica en la posición número 7 a nivel mundial.
28
Esta empresa se encuentra operando en Chile, Canadá, Estados Unidos, China y
Australia. En nuestro país actualmente no tiene producción minera, pero tiene presencia a través
del proyecto minero La Granja que aún se encuentra en etapa pre-operativa.
En el 2017, la empresa realizó evaluaciones sobre los proyectos más importantes que
tienen en cartera, entre los que se destaca el proyecto minero La Granja, y otros proyectos en
diversos países.
Aspectos financieros
• Los ingresos totales fueron de US$ 40 mil millones en el 2017, superior en US$ 6.2 a
los ingresos del 2016, lo que representó un incremento del 18.3%.
• En lo que respecta a los activos financieros, la empresa registró activos por US$ 95.7
mil millones en el 2017, lo que representó un incremento de US$ 6.4 mil millones comparado
con el periodo anterior (7.2% superior a los activos en 2016).
• Significativo resultado económico anual. El EBITDA4 del año 2017 fue de US$ 18.58
mil millones, monto superior a los US$ 13.51 mil millones registrados en el 2016.
• Capacidad financiera. El flujo de caja libre fue de US$ 9.5 mil millones en el 2017,
superior a los US$ 5.8 mil millones del año anterior, lo que significó un incremento del 64.3%.
Otros hechos de importancia
• Compromiso con el Medio Ambiente. Reporta logros en el proceso de reducción de las
emisiones de carbono, con una reducción de 27% en sus objetivos desde 2008.
29
• Relación con comunidades. A través del Fondo Social La Granja. Asimismo, viene
trabajando de manera cercana con las poblaciones aledañas al proyecto minero La Granja
(Cajamarca) en medidas de prevención y adaptación al cambio climático desde el 2006.
• Ráting de riesgo sostenible. De acuerdo a la calificación de Standard & Poor's, esta
empresa tiene grado de inversión con "A-."
Producción
• La producción mundial de concentrado de cobre de Rio Tinto fue de 478.1 miles de
toneladas métricas en el 2017, siendo la mina La Escondida en Chile la que le proporciona el
56.5% del total. Comparado con el 2016, se aprecia una reducción del 8.6%.
• Por su parte, la producción de cobre refinado en el 2017 alcanzó las 197.2 miles de
toneladas métricas, con una reducción significativa del 21% respecto a la producción del año
anterior.
Su producción de oro fue de 260 miles de onzas en 2017, inferior a las 293.5 miles de
onzas producidas por esta empresa a nivel mundial en el 2016.
Presencia en Perú
• En nuestro país, la empresa se encarga del desarrollo del proyecto Minero La Granja,
ubicado en la provincia de Chota, de la región Cajamarca.
• El proyecto tiene una inversión estimada de US$ 5,000 millones y el inicio de
operaciones se realizaría en el 2026.
30
• El principal producto es cobre, y la producción sería de alrededor de 100 mil toneladas
métricas anuales, que representa un 4% de la producción total peruana de cobre, y un 15% de la
producción de 2017 de Rio Tinto en el mundo.
CONCLUSIONES
Las grandes asimetrías de poder, los conflictos de interés y las disputas sobre el
uso del agua, tierra y otros recursos, son prácticamente inherentes a las actividades
mineras. Por lo tanto, la decisión de promover la expansión de estas actividades a lo
largo del país ha sido, en sí misma, controvertida. Y mientras el Estado peruano otorga
las concesiones a particulares, su capacidad de regular las actividades de las mismas
ha sido mínima. En la práctica, quienes han cumplido este papel regulador son las
ONG y organizaciones comunitarias, los medios de comunicación, los acreedores e
inversionistas externos, y las mismas empresas líderes del sector.
Desde sus inicios, CMA se propuso ser una empresa de vanguardia en materia
de responsabilidad social y ambiental, cumpliendo no solamente con la legislación
peruana sino con los más altos estándares internacionales en estas materias. Varias de
sus decisiones y prácticas iniciales así lo demostraron. Comparada con la minería
tradicional, CMA demostraba una mayor capacidad para desarrollar una visión de
RSE, definir estrategias para implementarla, reconocer y corregir sus errores, y
buscar canales de diálogo y concertación con sus diversos stakeholders. El resultado
de esto se observa en el número relativamente reducido de conflictos que ha tenido
hasta ahora, y la continuidad de sus operaciones mineras –la tan ansiada «licencia
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social». Sin embargo, ser una empresa «responsable» no significa estar libre de
problemas y hemos visto que en este caso hay persistentes tensiones y desconfianza
entre las poblaciones más cercanas a las operaciones de la empresa. En este sentido,
CMA es un caso realista, que nos permite explorar los retos permanentes asociados a
la actividad minera de gran escala en el actual contexto político mundial.
Desde que se estableció como tal, la Compañía Minera Antamina ha tenido que
operar en un complejo escenario social, sin el conocimiento pleno de sus
características y dinámicas locales. Su desempeño ha estado en función tanto de estos
factores externos como de los propios procesos internos de reacomodo organizacional
y financiero, que ha experimentado durante sus pocos años de actividad. De ahí que el
análisis de la evolución de sus iniciativas en los campos de las relaciones comunitarias
y la RSE, permita extraer algunas observaciones generales acerca de la relación entre
empresas mineras, comunidades locales y desarrollo sostenible.
Una primera observación es que los retos y presiones sociales tienden a ser
distintos en las fases de exploración, construcción y operación de una empresa minera.
Durante las dos primeras, la urgencia por alcanzar objetivos operativos para asegurar
la explotación del yacimiento llevó a que procesos como los de la compra de tierras y la
reubicación de personas fueran realizados de manera precipitada, y sin las consultas y
previsiones adecuadas. En esta etapa, además, CMA era una empresa en formación,
con una cultura corporativa incipiente y con un discurso sobre RSE que estaba en
proceso de elaboración, pero que no encontraba todavía una adecuada materialización
‘en el terreno’. Esta brecha originó un conjunto de desencuentros con la población local
32
que se convirtieron en un pesado pasivo cuyas repercusiones, como lo demuestra el
caso de San Marcos, se siguen manifestando hasta la actualidad.
Sin embargo, durante estas etapas iniciales se hace evidente la capacidad de
aprendizaje y respuesta de una empresa, ante situaciones de cuestionamiento y
confrontación con diversos stakeholders. En este caso, las decisiones tomadas sobre la
ruta del acceso y el Parque Huascarán, y la reacción a la visita de una delegación de la
MIGA para verificar el estado de las relaciones con San Marcos, demostraron cierta
flexibilidad y apertura que no siempre se presentan en este sector.
Esta flexibilidad inicial de CMA no se debió simplemente a la sensibilidad de sus
ejecutivos, sino también al particular contexto global en el cual se iniciaba este
proyecto, y a la necesidad de aprobación de su paquete financiero inicial por parte del
Banco Mundial. Cuando se inició este proyecto a mediados de la década de 1990,
existía un creciente activismo de las ONG transnacionales, dedicadas a vigilar a las
industrias extractivas y presionar por una mayor regulación de sus impactos
ambientales y sociales. En este contexto, antes de siquiera iniciar sus operaciones, el
megaproyecto de CMA se convirtió en el «caso ejemplar» (o test case) de la Nueva
Minería, aquella que puede ejercer responsabilidad social y ambiental, tanto para las
entidades financieras internacionales como para las ONG, como la red Oxfam.
Durante la fase de operación, en cambio, la empresa debería resolver conflictos
que se arrastraban de las etapas anteriores, anticipar y controlar el impacto ambiental y
social de las operaciones, y consolidar una estrategia de RSE. Nuevamente, en esto
caso, la capacidad de procesamiento y respuesta quedó demostrada por la forma en
que ha enfrentado los diversos problemas surgidos en Huarmey, transformando un
33
cuadro de abierta confrontación en un escenario de coexistencia, complicada pero
mayormente pacífica. Por su parte, la creación de la
Asociación Áncash representó un esfuerzo por institucionalizar objetivos de
desarrollo sostenible de más largo plazo, en un contexto en el cual la empresa aún no
pagaba impuesto a la renta y, por lo tanto, no aportaba montos significativos a las arcas
de los gobiernos locales ni regionales. Al cambiar esta situación a partir del año 2005,
la empresa nuevamente busca mecanismos de adaptación y convivencia.
Los tropiezos y aprendizajes en materia de relaciones comunitarias y
RSE de la empresa también se vieron reflejados en su estructura organizacional.
El efecto combinado de los conflictos externos y de la propia evolución interna
de la empresa (incorporación de nuevos accionistas, discrepancias de enfoques y
énfasis entre sus funcionarios, y resolución de pugnas internas por el poder) originaron
sucesivas modificaciones en su organigrama, que eran la expresión visible de un
esfuerzo por adaptarse a las cambiantes circunstancias. Las consecuencias prácticas
de estas transformaciones determinaron que, muchas veces en forma contrapuesta y
desarticulada, diversas unidades de la empresa pugnaran por el liderazgo de la RSE.
En un primer momento, destacó el estilo proactivo de la Dirección de
Relaciones Institucionales, caracterizado por una consulta amplia con los
stakeholders de la empresa y el intento de instaurar relaciones de confianza y de
colaboración con la población. A pesar de estas buenas intenciones, este esquema no
logró manejar adecuadamente las presiones y urgencias provenientes de los
encargados de la construcción, así como tampoco conciliar el discurso de RSE con la
34
práctica ‘en el terreno’. La consecuencia fue el deterioro de la confianza y la falta de
comunicación con la comunidad y, sobre todo, con las familias reubicadas.
Posteriormente, el liderazgo en la creación e implementación de una visión de
RSE recayó en la Vicepresidencia de Asuntos Corporativos.
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