N°408
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2019
BOLETÍN
DE LA
ACADEMIA
NACIONAL
DE LA
HISTORIA
ה
N° 408
0CTUBRE-DICIEMBRE
2019
COMISIÓN DE PUBLICACIONES
Dr. Elías Pino Iturrieta
Dr. Pedro Cunill Grau
Dra. Inés Quintero Montiel
Dr. Germán Carrera Damas
COMITÉ EDITORIAL
Dra. Carole Leal Curiel
Dra. Inés Quintero Montiel
Dr. Manuel Donís Ríos
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
CARACAS-VENEZUELA
OCTUBRE-DICIEMBRE 2019
COMPILACIÓN
María del Consuelo Andara D.
DIAGRAMACIÓN
Consuelo Iranzo
DEPÓSITO LEGAL
ISSN 02547325
ESTA EDICIÓN HA SIDO FINANCIADO BAJO LOS COAUSPICIOS DE
LA FUNDACIÓN BANCARIBE PARA LA CIENCIA Y LA CULTURA Y LA
ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA.
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
CARACAS – VENEZUELA
(Fundada el 28 de octubre de 1888)
INDIVIDUOS DE NÚMERO
I. GUILLERMO MORÓN
II. CARLOS F. DUARTE
III. MARIO SANOJA OBEDIENTE
IV. MARIANELA PONCE
V. JOSÉ DEL REY FAJARDO
VI. ELÍAS PINO ITURRIETA
VII. JOSÉ RAFAEL LOVERA
VIII. PEDRO CUNILL GRAU
IX. INÉS MERCEDES QUINTERO MONTIEL
X. GERMÁN CARRERA DAMAS
XI. MARÍA ELENA GONZÁLEZ DELUCA
XII. EDGARDO MONDOLFI GUDAT
XIII. MANUEL DONÍS RÍOS
XIV. MARÍA ELENA PLAZA DE PALACIOS
XV. DIEGO BAUTISTA URBANEJA
XVI. ROGELIO PÉREZ PERDOMO
XVII. TOMÁS STRAKA
XVIII. CAROLE LEAL CURIEL
XIX. P. LUIS UGALDE, S.J.
XX. GUSTAVO VAAMONDE
XXI. CATALINA BANKO
XXII. REINALDO ROJAS
JUNTA DIRECTIVA 2019-2021
DIRECTORA: DRA. CAROLE LEAL CURIEL
PRIMER VICE DIRECTOR: DR. EDGARDO MONDOLFI GUDAT
SEGUNDO VICE-DIRECTOR: DRA. INÉS QUINTERO MONTIEL
VICE DIRECTOR SECRETARIO: DR. GUSTAVO VAAMONDE
VICE-DIRECTOR ADMINISTRATIVO: DRA. CATALINA BANKO
VICE-DIRECTOR DE PUBLICACIONES: DR. MANUEL DONÍS RÍOS
VICE-DIRECTOR BIBLIOTECARIO-ARCHIVERO: DR. TOMÁS STRAKA
Los Académicos de Número y miembros correspondientes son colaboradores natos de
este Boletín. La colaboración de todos los autores es arbitrada. Ni la Academia Nacional
de la Historia ni la Comisión Editora de su Boletín son necesariamente responsables de
las ideas expresadas por los colaboradores.
ה ÍNDICE
Pag. 5 PRESENTACIÓN
Pag. 8 DISCURSO DE INCOPORACIÓN
DE LA ETNOHISTORIA DE LA ENCOMIENDA A LA
HISTORIA SOCIAL DE LA “REGIÓN BARQUISIMETO”
EN EL TIEMPO HISTÓRICO COLONIAL. UN ENSAYO DE
EGO-HISTORIA
REINALDO ROJAS
Pag. 96 CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE INCORPORACIÓN
DEL DR. REINALDO ROJAS
CATALINA BANKO
Pag. 104 ESTUDIOS
Pag. 105 LA FORMACIÓN DE FRONTERAS EN LOS CONFINES
DEL MUNDO ATLÁNTICO: NUEVA CÁDIZ DE
CUBAGUA Y LAS COSTAS DE LAS PERLAS DURANTE LA
MODERNIDAD TEMPRANA (1498 – 1550)
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ
Pag. 127 LA PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN 1594:
MUJERES, SOLARES Y TIENDAS EN LA CARACAS DEL
SIGLO XVI
JUAN GANTEAUME
Pag. 167 PESCADORES DE PERLAS ESCLAVIZADOS EN EL
CARIBE, SIGLO XVI
MOLLY A. WARSH
Pag. 190 LA REPRESENTACIÓN DE LOS WELSER EN LA
HISTORIOGRAFÍA COLONIAL VENEZOLANA
GIOVANNA MONTENEGRO
Pag. 220 CÁTEDRA JOSE GIL FORTOUL
BOYACÁ: BICENTENARIO DE UNA DECISIÓN
ESTRATÉGICA
FERNANDO FALCÓN
ה PRESENTACIÓN
La Academia Nacional de la Historia abre este número del Boletín con
el Discurso de Incorporación del nuevo Individuo de Número Reinaldo
Rojas titulado De la Etnohistoria de la Encomienda a la Historia Social
de la “Región Barquisimeto” en el tiempo histórico colonial. Un ensayo
de Ego-Historia. Su título obedece, expresa el autor, al hecho de que sus
estudios históricos se han desarrollado entre las coordenadas teóricas
y epistemológicas de la Antropología, la Sociología, la Economía, la
Historia y la Geohistoria. El nuevo Individuo de Número centró su
estudio en la región de Barquisimeto en el siglo XVI y particularmente en
la Encomienda, visualizada como instrumento para ocupar el territorio,
dominar la población autóctona y organizar la sociedad colonial.
Considera el doctor Rojas que la Encomienda, vista desde una perspectiva
etnohistórica y estudiada con una visión de totalidad, permite descubrir
una sociedad en evolución que no ha perdido su vinculación con sus
orígenes: Barquisimeto.
La contestación al Discurso del doctor Reinaldo Rojas estuvo
a cargo de la Individuo de Número, doctora Catalina Banko, quien
destacó las fecundas investigaciones de este “genuino representante de
la comunidad larense”. Se detuvo en la difusión en América Latina de la
Historia Regional en la década de los años sesenta del siglo pasado y su
vigor hacia los años ochenta; y su significación al focalizar los problemas
propios de un espacio geográfico con sus características distintivas,
espacios intervenidos por el hombre que crean redes de integración
social que trascienden los límites estatales e incluso las fronteras entre
los países.
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Venezuela ISSN 0254-7325 / Depósito Legal: DC2020000674
Se incluye en este número un trabajo del Licenciado y cursante
de la Maestría en Historia de las Américas de la Universidad Católica
Andrés Bello, Fidel Rodríguez Velásquez: La Formación de Fronteras en
los confines del mundo atlántico: Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas
de las Perlas durante la Modernidad Temprana (1498-1550). Refiere
el autor el proceso de conformación territorial que se inició en la costa
oriental del actual territorio venezolano entre 1498 y 1550. Se detiene en
la pesquería de Cubagua a partir de 1520, verdadero centro perlífero y
esclavista en la costa norte de Suramérica y la posterior fundación, ocho
años más tarde, de la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua. Se destaca en
esta investigación el proceso de Evangelización Pura desarrollado por
franciscanos y dominicos a partir de 1514 con el objetivo de contrarrestar
en Tierra Firme y prácticamente frente a Cubagua, las condiciones de
6 esclavitud y explotación a la que eran sometidos los naturales en dicha
isla.
Sobre la misma temática de Historia Colonial de Venezuela se
incorpora un trabajo del investigador Juan Ganteaume titulado La
Procesión del Corpus Christi en 1594: Mujeres, solares y tiendas en
la Caracas del Siglo XVI. Valiéndose de una disposición del Cabildo
caraqueño de fecha 6 de junio de 1594, en la que se dispuso cuáles
serían los vecinos que estarían a cargo de erigir altares en templetes de
parada para la procesión anual del Corpus, Ganteaume ofrece una visión
proposográfica de Caracas –a unos 26 años de su fundación– a través de
sus padres de familia, propietarios y negocios que considera de utilidad
para futuras investigaciones.
Por su parte, la investigadora Molly A. Warsh (University of
Pittsburgh) en un texto titulado Pescadores de perlas esclavizados en el
Caribe, siglo XVI (traducido del inglés por Aura Jirau Arroyo), expone
cómo durante los siglos XVI y XVII las pesquerías de perlas controladas
por los españoles en el Caribe representaban los asentamientos
más dinámicos y destructores de América. Este artículo se enfoca
particularmente en las experiencias de los pescadores de perlas indígenas
Presentación
y africanos en las islas de Margarita y Cubagua. Considera la autora que
la historia de las pesquerías de perlas sigue mayormente inexplorada.
Del mismo tenor –la historia colonial de Venezuela– es el trabajo
de Giovanna Montenegro (Binghamton University): La Representación
de los Welser en la Historiografía Colonial Venezolana. La autora se
propuso dar a conocer cómo los cronistas españoles crearon otra Leyenda
Negra, esta vez sobre la actuación de los alemanes que gobernaron la
Provincia de Venezuela entre 1528 y 1556. En esta historiografía, refiere,
los Welser son presentados como más sangrientos que los españoles y en
las crónicas, incluso, se les acusa de ser herejes y luteranos.
Finalmente, el Boletín cierra con la conferencia del doctor Fernando
Falcón, Boyacá: Bicentenario de una decisión estratégica, dictada en el
marco de la Cátedra José Gil Fortoul. El conferencista nos da a conocer 7
los pormenores de las operaciones bélicas que condujeron a la liberación
de la Nueva Granada con el triunfo republicano en la Batalla de Boyacá
(7 de agosto de 1819). No se trata de una narración épica de la Campaña,
como expresa el doctor Falcón, ni de una exhibición de crítica militar. Se
está en presencia, desde la perspectiva de la historia intelectual, aplicada
al ámbito castrense, como elemento clave para acceder a la comprensión
de los hechos desde un punto de vista político y estratégico.
ה DISCURSO DE INCORPORACIÓN
DEL DR. REINALDO ROJAS
De la etnohistoria de la encomienda
a la historia social de la “región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial.
Un ensayo de ego-historia
Palacio de las Academias
21 de noviembre, 2019
Son los frutos del trabajo
intelectual los que permiten
apreciar las virtudes del método
empleado y la perduración de las
contribuciones logradas.
Silvio Zavala
Introducción
La Academia Nacional de la Historia cumplió el pasado 28 de octubre de
2019, ciento treinta y un años de ininterrumpida labor, en un país donde
la gran mayoría de las instituciones no sobreviven a sus fundadores. La
Academia fue creada por Decreto del entonces Presidente de la República,
doctor Juan Pablo Rojas Paúl, no contando entre sus miembros fundadores
a ningún larense, ya que el académico don Telasco Mac Pherson, quien
estuvo residenciado en Barquisimeto y fue autor del Diccionario Histórico
y Geográfico del Estado Lara,1 era nativo de La Victoria. A esta ilustre
corporación se incorporarán posteriormente como Individuos de Número
don Lisandro Alvarado, José Gil Fortoul, Antonio Álamo, Carlos Felice
Cardot, Blas Bruni Celli, Santiago Gerardo Suárez, Guillermo Morón,
Francisco Jiménez Arráiz, Ermila Troconis de Veracoechea, Ambrosio
Perera, Luis Beltrán Guerrero y Manuel Caballero, sin contar a quienes
–como nuestra actual Directora, la académica Carole Leal Curiel–, tienen
ascendientes larenses. Con la excepción de don Guillermo Morón, que
aún nos acompaña, el resto de académicos ya fallecidos vendrían a ser
nuestros antecesores.
Quiero recordar, para refrescar la memoria de los presentes, que
los académicos Antonio Álamo, Blas Bruni Celli, Carlos Felice Cardot
y Guillermo Morón fueron directores de esta corporación, entre 1949
y 1953, el primero; entre 1978 y 1983, el segundo; entre 1983 y 1986,
1
Academia Nacional de la Historia. Anuario de la Academia Nacional de la Historia
1992, Caracas, 1992, p. 51.
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el tercero, año de su deceso; y entre 1986 y 1993, el cuarto.2 El doctor
Antonio Álamo, el menos conocido por nosotros, fue un destacado
escritor barquisimetano que se desempeñó en el periodismo y desarrolló
estudios en el campo de la historia que le merecieron un sillón en esta
Academia en una época en que no existía la carrera profesional del
historiador pero si intelectuales que, desde diversas profesiones y oficios,
desarrollaban estudios e investigaciones en este campo. Álamo, de la
tradición intelectual y familiar del médico barquisimetano que reunió en
su casa de Caracas a los promotores del 19 de Abril de 1810, fue doctor
en Derecho, ocupó importantes cargos públicos y fue autor de múltiples
estudios históricos, reunidos en su Libro revuelto, en dos volúmenes
y cuyo discurso de incorporación a esta corporación fue una revisión
comentada de las piezas oratorias que hasta ese momento se habían
10 pronunciado en la Academia, buscando rescatar los planteamientos más
significativos hechos por los académicos en 56 años de evolución de la
institución.
Sólo recordar que don Blas Bruni Celli fue compilador y curador
de la obra de los doctores José María Vargas y Adolfo Ernst; que don
Carlos Felice Cardot, fue autor de esa importante obra que ahonda en
la presencia de los holandeses en nuestra historia caribeña, Curazao
hispánico, y que don Guillermo Morón, escribió una extensa Historia de
Venezuela, traducida en varios idiomas, bastaría para hacernos una idea
de que nuestros ilustres coterráneos han dado importantes contribuciones
a la historiografía nacional y que no vinieron a “calentar una silla” sino a
darle brillo intelectual a ésta centenaria corporación que hoy nos recibe.
Hoy, me corresponde ocupar el sillón que dejó vacante, por su
lamentable desaparición física el 27 de febrero de 2018, el profesor
Ramón Tovar López. Ese sillón se corresponde con la letra “H”, ocupada
por primera vez, en 1888, por el militar, político y escritor falconiano,
Ibíd., pp. 67 y ss.
2
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Jacinto Regino Pachano, biógrafo del mariscal Juan Crisóstomo Falcón
y seguidamente por Ricardo Ovidio Limardo, quien por muerte no se
incorporó, al igual que Heraclio Martín de la Guardia. Más tarde, el sillón
lo ocuparán don Ángel César Rivas (1907-1930), quien fuera uno de
nuestros primeros historiadores revisionistas de la historia colonial con
su obra Orígenes de la Independencia de Venezuela (1901) y estudioso
de la historia de la diplomacia venezolana; don Caracciolo Parra León
(1930-1939), uno de nuestros primeros historiadores de la educación
con sus obras La instrucción en Caracas y Filosofía universitaria
venezolana 1788-1821, ampliamente documentada; don Cristóbal
Benítez (1939-1945), catedrático de Sociología en la Universidad Central
de Venezuela junto al olvidado maestro Carlos León, conferencista en
la Escuela de Altos Estudios Sociales de París en 1928 y autor de un
libro dedicado al estudio del pensamiento constitucional del Libertador
11
Simón Bolívar; don José Nucete Sardi (1945-1972), tan conocido por su
estudio biográfico acerca de la figura universal de Francisco de Miranda
y traductor –junto a Eduardo Röhl– del tomo V del Viaje a las regiones
equinocciales del Nuevo Continente, escrita por el sabio Alejandro de
Humboldt, completando con ello, la tarea iniciada por don Lisandro
Alvarado; don Oscar Beaujón (1973-1990) historiador de la medicina con
obras emblemáticas como la Biografía del Hospital Vargas (1961) y El
Libertador enfermo (1968). Y finalmente, nuestro antecesor, don Ramón
Tovar López (1991-2018). La obra de estos historiadores me antecede y
me ilumina. Trataré de estar a la altura de su legado. En este orden de
ideas, ¿quién es el académico al que me corresponde darle continuidad
en esta tradición intelectual iniciada en 1888?
PARTE I: Antecedentes
1. Nuestro antecesor: Académico Ramón Adolfo Tovar López
Ramón Adolfo Tovar López, nacido en Puerto Cabello el 11 de diciembre
de 1923, de padre tocuyano, fue antes que nada un pedagogo, un
educador formado en el campo de las ciencias históricas y geográficas
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en el antiguo Instituto Pedagógico Nacional (IPN), creado por decreto el
30 de septiembre de 1936 como Escuela Normal Superior. Este Instituto
Pedagógico Nacional, por su condición de vanguardia pedagógica y
científica, se transformó en el crisol de las ciencias tanto sociales como
experimentales en aquella Venezuela que emerge de las catatumbas
tras la muerte del “tirano liberal” Juan Vicente Gómez, como lo calificó
Manuel Caballero, ya que en sus aulas se formarán los fundadores de
las cátedras científicas modernas en la Universidad Central de Venezuela
y en la Universidad de Los Andes, alrededor de figuras como Gustavo
Brizuela, Ruth Lerner y Olinto Camacho en la Escuela de Medicina y en
el Instituto de Medicina Experimental de la UCV. O el caso de Gonzalo
Rincón Gutiérrez y Antonio Luis Cárdenas, fundadores de instituciones
de investigación en la Facultad de Ciencias del alma mater merideña, uno
12 como docente y el otro como egresado del IPN.3
La trayectoria intelectual de Ramón Tovar López está inscrita en esa
historia. Por ello, para acercarme a su legado, voy a partir de la “Promoción
Juan Vicente González” de profesores en Historia y Geografía egresados
del Instituto Pedagógico Nacional, en 1949, en la cual coinciden tres figuras
de la historiografía nacional contemporánea: Guillermo Morón, Federico
Brito Figueroa y Ramón Tovar, destacados intelectuales e investigadores
en los campos de la Historia y la Geografía. ¿Quiénes fueron sus maestros
en el oficio de Clío? Así los recuerda Federico Brito Figueroa:
El chileno Juan Gómez Millas, que formó parte de la primera
misión chilena positiva en el Instituto Pedagógico; Luis Arozena,
notable historiador, sobre todo en la Historia Clásica griega y
romana; Pablo Vila, geógrafo; Juan David García Bacca, con
respecto a la Metodología.4
3
Ángela C. Angulo L., El Instituto Pedagógico Nacional: Autoconstrucción y aportes,
2007, p. 21.
4
José Marcial Ramos Guédez, Bibliografía y Hemerografía de Federico Brito
Figueroa, 1991, p. 12.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Y de los venezolanos, ¿quiénes destacan en su memoria?:
Héctor García Chuecos, que nos enseñó a tocar el documento;
Augusto Mijares, con su concepción conservadora-liberal de
la historia, pero muy meticuloso en cuanto a referencias; J.M.
Siso Martínez; J.M. Alfaro Zamora...5
Este testimonio lo recoge el historiador José Marcial Ramos Guédez
en entrevista realizada al doctor Brito Figueroa en 1991. Por su parte,
Ramón Tovar agrega a Luis Acosta Rodríguez, a quien recuerda muy
especialmente por haberlos introducido en el estudio de la historiografía.6
Ya egresados del Pedagógico Nacional, Morón irá a especializarse a
Alemania y a España, llegando a ser el primer venezolano en graduarse
de Doctor en Historia en la Universidad Nacional de Madrid, hoy
Complutense, en 1954; Brito Figueroa irá a México a formarse como 13
antropólogo e historiador bajo el magisterio de José Miranda, Wenceslao
Roses y François Chevalier en la Escuela Nacional de Antropología e
Historia; y Tovar irá a Francia a hacerse geógrafo al lado de figuras como
Etienne Juillard, cuya obra La vida rural en la llanura de la Baja Alsacia,
dice el propio Tovar, “nos puso en la senda”. Pero, ¿cuál senda? Veamos.
2. Ramón Tovar y la escuela geográfica francesa
La ciudad de Estrasburgo, ubicada en las llanuras del bajo Rhin y en la
frontera entre Alemania y Francia, fue la sede, a partir del triunfo aliado
en la Primera Guerra Mundial, de una universidad de vanguardia e
innovación en los estudios de la Historia y la Geografía contemporánea.
Como bien señala Karl Ferdinand Werner en su artículo “Marc Bloch et
la recherche historique allemande”, después de la ocupación francesa de
la Alsacia y la Lorena y la liberación en 1919 de Estrasburgo:
Ibíd., p. 13.
5
Ángela C. Angulo L., ob. cit., 2007. p. 233.
6
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C’est la victoire sur l’Allemagne qui avait permis que soit
implantée dans cette ville une université modèle, dotée d’une
bibliothèque remarquable. Strasbourg, université à nouveau
française avec la seule bibliothèque désormais nationale a côté de
Paris et une jeune élite qui relève le défi, ayant très tôt sentiment
profond qu’après cet effondrement d’un monde monarchique en
Europe centrale, on ne pouvait plus faire la même histoire que
celle que ce monde ancien avait pratiquée. Expérience intérieur,
mais aussi certitude extérieur, avec une victoire sur les champs
de bataille qui demande à être complétée par une victoire de la
science et de l’esprit française.7
Pues bien, es en esa universidad donde Marc Bloch y Lucien Febvre,
jóvenes profesores de historia, fundaron en 1929 la revista Annales
d’Histoire économique et sociale, contando, entre los miembros de su
14 comité de redacción, con el geógrafo y profesor de la Sorbona Albert
Demangeon, colaborador de Vidal de la Blache en su proyecto editorial
Géographie universelle, que se publicará a partir de 1927 y autor del libro
Problemas de geografía humana. Su participación en Annales no es,
pues, un dato secundario. Para los fundadores de la denominada École
des Annales, historia y geografía van de la mano.
Pero no es solo este espíritu de interdisciplinariedad lo que tempra-
namente se cultiva en Estrasburgo. Es que en esa misma universidad se
va a desarrollar un núcleo de estudios geográficos centrado en el cultivo
y proyección de la corriente vidaliana de la geografía francesa, en cuyas
fuentes directas abrevará el joven Tovar cuando le toca viajar –con su
7
En: Harmut Atsma et André Burguière (Coord.) Marc Bloch aujourd’hui. Histoire
comparée et Sciences sociales, 1990, p. 126. “Es la victoria sobre Alemania lo que
había permitido implantar en aquella ciudad una universidad modelo, dotada de una
importante biblioteca. En Estrasburgo aparece una universidad francesa de nuevo
tipo, con una biblioteca de carácter nacional, al igual que la de Paris, y una joven
élite que asume el desafío, pero con un sentimiento profundo que sigue a la caída del
mundo monárquico en la Europa central, de no repetir la misma historia que aquel
mundo antiguo había practicado. Esa experiencia interior y esa certidumbre exterior,
demandaba que aquella victoria sobre los campos de batalla fuera completada por una
victoria de la ciencia y del espíritu francés”. (Traducción libre de RR).
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
título de Profesor del Instituto Pedagógico Nacional– a esta ciudad para
realizar sus estudios de postgrado en Geografía y donde obtendrá su
diploma de Estudios Superiores, equivalente en ese momento al grado
académico de doctor.
Como lo registra el propio Tovar en sus escritos, la década de los
años sesenta fue una época de crisis epistemológica en el campo del
conocimiento geográfico, ya que la Geografía se limitaba sólo a describir
razonadamente la superficie del globo terráqueo, énfasis descriptivo que
la convirtió en geomorfología, primero, para luego tomar el camino de
la modelización teórica de los fenómenos naturales buscando prever su
evolución en contextos complejos, que es la geomorfología aplicada; y
la ruta interpretativa –como debe ser el propósito final de toda ciencia–
hacia una eco-geografía, por su encuentro con la Ecología y su concepto 15
central de ecosistema, clasificación que tomamos del geógrafo francés,
catedrático de la Universidad de Estrasburgo, Jean Tricart, cuya obra La
epidermis de la tierra conocimos y estudiamos en el Instituto Pedagógico
de Barquisimeto en nuestra época de alumnos del profesor Enrique
Villareal, también formado en la corriente vidaliana de la geografía
francesa.
Recordemos, que la separación entre una geografía física y una
geografía humana ya había sido abordada por Paul Vidal de la Blache
(1845-1918), fundador en 1891 de la revista Annales de Géographie, quien
por su obra ha sido considerado el fundador de la Escuela Francesa de
Geografía al aportar los fundamentos científicos de esta nueva disciplina
en su libro Tableau de la géographie de la France, publicado en 1903
como primer tomo de la Histoire de France, obra monumental dirigida
por el gran historiador de la escuela positivista francesa Ernest Lavisse,
en 27 volúmenes.
Lavisse, además de ser profesor en la Sorbona y miembro de la
Academia francesa, fue director de la Escuela Normal Superior (ENS)
en 1904, donde se formaron eminentes historiadores del siglo XX como
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Marc Bloch, Lucien Febvre, Pierre Vilar y Jacques Le Goff, por señalar
algunos de los más conocidos, todos ellos formados como profesores de
Historia y Geografía en la École Normale Supérieur, en la emblemática
rue d’Ulm, de París.
Para entender mejor la significación de la ENS en la historia
educativa, científica y cultural de Francia en el siglo XX, debemos
recordar que esta institución fue creada por la Ley Paul Bert de 1879 con
el propósito de formar los institutores de la nueva escuela republicana y
hacer realidad el proyecto de una escuela primaria obligatoria, gratuita
y laica. Como lo señalan los historiadores Compagnon y Thévenin en su
libro L’École et la société française:
Deux écoles normales supérieures, Fontenay pour les filles
16 (1880), Saint Cloud pour les garçons (1882) préparent les
futurs professeurs d’écoles normale. Désormais les instituteurs
devront être titulaires d’un brevet de capacité et d’un certificat
d’aptitude pédagogique (CAP).8
Para egresar de la Normal Superior se debía obtener un diploma
expedido por el Estado francés después de aprobado un examen en el
campo disciplinario de las ciencias, a fin de dominar los contenidos a
enseñar, y aprobar una capacitación pedagógica para saber comunicar
al niño, al infante, los conocimientos necesarios para su formación
intelectual.
Se trata, en consecuencia, de formar un docente preparado para
asumir esa noble tarea de liberación del espíritu humano que el ministro
Jules Ferry le pide a los egresados de la École Normale Supérieur. Maestros
republicanos para una educación laica, libre de todo dogma religioso y
levantada sobre las bases de la ciencia y la razón. A partir de allí, es que
8
Béatrice Compagnon et Anne Thévenin. L’École et la société française.1995, p. 34.
“Dos escuelas normales, Fontenay para las jóvenes (1880), Saint Cloud para los jóvenes,
preparan los futuros profesores de la Escuela Normal. Ahora, los institutores deberán
ser titulares de un diploma de capacitación y un certificado de aptitud pedagógica
(CAP)”. (Traducción libre. RR).
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
podemos apreciar y valorar en el tiempo esas dos líneas maestras con las
que se va a constituir la tradición normalista de la educación francesa en
la formación de institutores para la escuela primaria, y profesores para la
educación secundaria.
En el caso venezolano, el decreto guzmancista del 27 de junio de
1870 sobre “Instrucción Primaria, Gratuita y Obligatoria”, forjado en la
atmósfera de aquel espíritu republicano, fue todo un avance doctrinario
que prácticamente se quedó en la declaración legislativa. Como todos
sabemos, nuestra educación normalista, fundada con el Decreto Nº
2.008 de 9 de noviembre de 1876, ha sido una lamentable muestra de
improvisación y discontinuidad9 y la Escuela Normal Superior sólo
aparecerá de manera definitiva, como Instituto Pedagógico Nacional, en
1936. Sin embargo, la nueva institución impulsada por don Mariano Picón 17
Salas con el concurso de la primera misión educativa chilena, nacerá y se
desarrollará con el espíritu de aquellos principios de la Escuela Nueva,
imbuida en la ambición de formar al hombre y al ciudadano de la nueva
república en un ambiente científico y de profundo sentido democrático.
Pues bien, es en esa tradición intelectual y con esos valores
institucionales, que se formará nuestro ilustre académico, maestro y
antecesor, profesor Ramón Tovar, y junto a él, ya lo dijimos, Federico
Brito Figueroa y Guillermo Morón. Tres nombres, tres educadores, tres
historiadores cuya obra y magisterio iluminan el camino a seguir. Esta
doble formación −pedagógica y científica− recibida por el joven Ramón
Tovar en el Instituto Pedagógico Nacional, es lo que lo llevará a impulsar
en nuestro país su propuesta interdisciplinaria y didáctica del enfoque
geohistórico, heredera de la Geografía de los orígenes que conoció,
estudió y en cuyas fuentes directas se formó en Estrasburgo. Para Vidal
de la Blache, nos recuerda Tovar:
Sobre este proceso que va de 1876 a 1980 puede consultarse: Yolanda Aris, La Escuela
9
Normal Miguel José Sanz de Barquisimeto. (1946-1983), 2001, pp. 33 y ss.
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El ser geográfico de una comunidad no viene jamás dado de
antemano por la naturaleza. (...) es el producto de la actividad
del hombre, que le confiere la unidad a materiales que por sí
mismos no disponen en lo más mínimo de ella.10
Por ello, para Juillard y su discípulo Ramón Tovar, la geografía es
una ciencia social e histórica, ya que lo geográfico es una producción
antrópica, en la medida que el espacio donde se ha desenvuelto y se
desenvuelve todo conjunto social, es su creación, sujeta necesariamente a
“condiciones históricas dadas”.11 La tesis doctoral de Juillard, que Tovar
califica de obra magistral, es una aplicación de ese enfoque y su título
señala una problemática que va más allá del estudio de un territorio
como espacio natural. La vida rural en la llanura de la Baja Alsacia,
es el título de la investigación de Juillard. Y es a través de su lectura y
18 de la formación recibida, que Tovar alcanza este descubrimiento que lo
ilumina. Estas son sus palabras:
Accedimos a esta realidad estructural, en la oportunidad que
aplicáramos el «método de los conjuntos» en la investigación
que emprendimos como requisito de grado en la Universidad
de Estrasburgo (hoy Louis Pasteur) a fines de la década de los
cincuenta. Adoptamos el concepto «permutación» en virtud de
la operación del mismo nombre que al contemplar el posible
«cambio de posición del elemento (permuta) esto conlleva,
cambio del conjunto (del todo)».12
He aquí el núcleo central, epistémico, del enfoque geohistórico
propuesto por Tovar, el cual iluminó la postulación de la denominada por
nosotros Región Barquisimeto en el tiempo histórico colonial,
expuesta en nuestra tesis doctoral en historia dirigida por Federico Brito
Figueroa y evaluada por Ramón Tovar López, como parte del jurado
10
Ramón A. Tovar López, “La Geohistoria heredera de la Geografía de los orígenes”,
Revista de Ciencias Sociales de la región centroccidental, nº 7, noviembre de 2002,
p. 158.
11
Ibíd., p. 160.
12
Ibíd., p. 162.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
examinador, en la ilustre Universidad Santa María. Esta tesis fue publi-
cada en 1995 por la Academia Nacional de la Historia y fue merecedora
del Premio Continental de Historia Colonial de América “Silvio Zavala”,
que otorga el Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH) con
sede en México, ese mismo año, “por el acierto de sus reflexiones teórico-
metodológicas del complejo y riguroso trabajo empírico de un espacio
histórico regional”.13
Este carrefour intelectual, rica encrucijada de disciplinas, es el que
converge en mi formación de historiador de oficio, bajo las influencias
de Federico Brito Figueroa y Miguel Acosta Saignes, por el lado de
la Antropología y la Historia; y de Ramón Tovar López, por el lado de
la Geografía, mientras la obra monumental de otro gran geógrafo e
historiador, el académico Pedro Cunill Grau, ha sido para mis estudios 19
sobre los procesos regionales de poblamiento en Venezuela, una referencia
fundamental.14
Permítaseme reflexionar sobre esta formación recibida, en un
ejercicio de ego-historia, a la manera como el gran historiador francés
Pierre Nora lo propuso en su obra Ensayos de ego-historia, a destacadas
figuras de nuestro oficio como Maurice Agulhon, George Duby, Jacques Le
Goff, entre otros, invitados a verse a sí mismos, como objetos de estudio,
en cuanto a las influencias recibidas en su itinerario profesional, a su
manera de escribir la historia, dilucidando ese vínculo entre la historia
que, en términos generales, se ha escrito y la historia que cada historiador
–a título individual– ha elaborado, buscando con ello reflexionar sobre el
oficio a partir de un ejercicio de autoconciencia histórica.15
13
Instituto Panamericano de Geografía e Historia. “Dictamen del Jurado Calificador
del Premio Anual de Historia Colonial de América 1992 “Silvio Zavala”, Leído por la
historiadora maestra Cristina Torales Pacheco, Jefa del Departamento de Historia de la
Universidad Iberoamericana, México.
14
Pedro Cunill Grau, Geografía del poblamiento venezolano en el siglo XIX, Caracas,
Ediciones de la Presidencia de la República, 1987, 3 tomos.
15
Pierre Nora (Comp.), Essais d’égo-histoire, Paris, Gallimard, 1987.
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3. Lo geográfico en nuestra formación de historiador
Nuestra formación en el oficio de la Historia, como arte de escribir y
disciplina de investigación científica, se ha nutrido de las enseñanzas y
del diálogo con quienes nos introdujeron en el pensar histórico. Quiero
recordar, en este momento solemne, a Álvaro Sánchez Murillo, ingeniero
naval, economista y planificador universitario colombiano, quien despertó
tempranamente en mí el interés por el estudio disciplinado, metódico y,
a la vez filosófico, de la Historia; a Miguel Acosta Saignes, ejemplo de
equilibrio entre el científico y el político, mediado por la conciencia ética;
a Federico Brito Figueroa, tutor de mis investigaciones académicas y
forjador de mi condición de historiador de oficio; a Ramón Tovar López,
maestro en el pensar sistémico y modelo en el quehacer pedagógico. Y a
mis profesores del Instituto Pedagógico de Barquisimeto, Lucila Mujica
20
de Asuaje y Enrique Villareal. Con ellos, personalmente o a través del
estudio de su obra, el diálogo ha sido permanente, especialmente, en
el ámbito de mi formación pedagógica, que es donde se debe ubicar mi
condición profesional de origen, como quien va tras la búsqueda de una
tradición sembrada en mi hogar por las educadoras Manuela Duin y
María Modesta Rojas, mi madre.
Efectivamente, esta sensibilidad por el estudio de la dimensión
espacial de los fenómenos históricos, es uno de los valores recibidos por
quienes se formaron en el antiguo Instituto Pedagógico Nacional, gracias
a la presencia, en obra y magisterio, del profesor Pablo Vila, discípulo de
Vidal de La Blache. Y, en nuestro caso, en el Pedagógico de Barquisimeto,
de los profesores Indalecio Cacique y Enrique Villareal, ambos formados
en Francia.
Por ello, no es un hecho fortuito que uno de los primeros libros del
historiador Federico Brito Figueroa, condiscípulo de Tovar, lleve por título
Visión geográfica, económica y humana del estado Yaracuy, editado
por Ávila Gráfica en 1951, y redactado en conjunto con el doctor Manuel
Álvarez para su utilización en las cátedras de Historia de Venezuela y
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Geografía de Venezuela, que ambos dictaban en el Liceo Arístides Rojas,
en San Felipe. Tampoco puede ser extraño que un geógrafo como Ramón
Tovar haya ingresado como Individuo de Número a esta Academia
Nacional de la Historia, ya que su obra cabalga entre las dimensiones
del tiempo y del espacio, diacronía y sincronía, fundamentos del enfoque
geohistórico.
En este sentido, formado también en un Instituto Pedagógico, el de
Barquisimeto, nuestros profesores nos fueron conduciendo hacia lo que
hoy somos: historiadores de oficio, formados en esas dos fuentes de la
tradición historiográfica francesa de los Annales: la escuela durkheimniana
de sociología y la escuela geográfica de Vidal de la Blache. Traigamos al
presente estos principios fundantes de la corriente historiográfica que
cultivamos y que hemos difundido como historia social, entendida como 21
historia síntesis e historia total.
En el prefacio del primer volumen de la revista El año sociológico
(1896-1897), Emilio Durkheim señalaba que aunque “son raros los
historiadores que se interesan por las investigaciones de los sociólogos
y sienten que les conciernen...” es evidente que “la historia no puede ser
una ciencia más que en la medida en que explica, y no se puede explicar
más que comparando”.16 En aquella segunda mitad del siglo XIX, la
historiografía francesa la dominaban figuras de alto vuelo intelectual
como Hipolite Taine, Foustel de Coulanges y Ernest Renan, autores de la
Histoire de la littérature anglais (1863), de La cité Antique (1863) y de
la Vie de Jesús (1864), respectivamente.
Pues bien, la historiografía annalista será desde sus orígenes
comparativista y, por ende, su visión de una historia social es la de una
sociología histórica, tal como lo destacan historiadores españoles como
Santos Juliá en su Historia social/ sociología histórica o Julián Casanova
16
En: Emile Durkheim, Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre
filosofía de las ciencias sociales, 1988, p. 217.
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en su libro La historia social y los historiadores. Así lo acota, por ejemplo,
Santos Juliá:
Pues, en efecto, si Durkheim había abogado ya desde L’Anne
Sociologique por un estrechamiento de lazos entre sociología
e historia, sería un joven durkheimiano, François Simiand,
quien propondría desde la Revue de Synthèse Historique,
pocos años después, la sustitución «de una práctica empírica,
mal razonada, por un método reflejo y verdaderamente crítico»
y emprendería, polemizando con Seignobos y Langlois, una
crítica global de la historia que él llamaba «historizante», y que
nosotros hemos adquirido la costumbre de llamar positivista.17
En cuanto al legado vidaliano, el propio Lucien Febvre lo afirma
en su primera obra, por cierto de carácter geográfico, cuyo título es La
22 terre et l’évolution humaine, publicada en 1922. Allí, el autor de la tesis
del “posibilismo geográfico”, afirma que en cierta medida es la geografía
vidaliana la que ha engendrado la historia de los Anales. Y ¿qué recuerda
Febvre de aquel maestro que dictó cátedra y fundó escuela en l’ École
Normale Supérieur?
Le fécond recueil des Annales de géographie (depuis 1891).
Surtout un esprit, qui se répand par l’enseignement à l’École
Normale Supérieur (1877-1989), puis à la Sorbonne: esprit de
libre recherche, de souple et vivante investigation –celui d’un
éveilleur de vocations et non d’un répétiteur de catéchisme−.18
A estas dos fuentes y a estos dos maestros, Durkheim y La Blache,
es necesario agregar a Henri Berr en la fundamentación teórica de la
17
Santos Juliá, Historia social/sociología histórica, Madrid. Siglo XXI de España
Editores, 1989, p. 5.
18
Tomado de: Hans-Dieter Mann, Lucien Febvre. La pensé vivante d’un historien,
Paris: Cahiers des Annales. École Pratique de Hautes Etudes, 1971, p. 17. “La fecunda
colección de la revista Annales de géographie (desde 1891). Pero sobre todo, un espíritu
que se expande por toda la enseñanza que se dicta en la Escuela Normal Superior
(1877-1989), y después en La Sorbona: espíritu de investigación libre, viva y flexible,
despertadora de vocaciones y no de repetidores de catecismo”. (Traducción libre. RR).
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
nueva historia annalista como una ciencia de síntesis. Berr, fundador en
1931 de la Revue de synthèse historique fue además autor de un libro,
que fue su tesis doctoral, intitulada: La synthèse des connaisances de
l’histoire, essai sur l’avenir de la philosophie, publicada en 1911. Allí
demanda la construcción de una ciencia nueva, a partir de la integración
de la sociología y la historia y que sea, a la vez, especulativa y práctica,
retrospectiva e ideal. Berr la denomina, síntesis histórica.
Pero no sólo allí quedó la contribución de Berr a esta nueva ciencia
del futuro, ciencia en construcción, como la calificaría Pierre Vilar más
adelante, en sus reflexiones teóricas sobre la historia total y el aporte
de Marx a la Ciencia de la Historia.19 Como editor, Berr fue el promotor
de una colección de monografías de historia regional que debían ser el
modelo de lo que denominó la síntesis erudita, así planteada: 23
La synthèse érudite est soumise à ses conditions: que toute
affirmation y soit accompagnée de preuves, que toute ignorance
y soit avouée, que tout doute y soit formulé, que toute hypothèse
y soit énoncée comme hypothèse.20
Ahora bien, por el lado de la geografía, la influencia vidaliana en
los fundadores de Annales estimula la redacción de dos obras que abren
sendos caminos de investigación: en Febvre, motiva la elaboración de una
monografía de historia regional sobre el Franco Condado en el tiempo
del reinado de Felipe II, obra clásica –según Fernand Braudel– que se
afirma en su riqueza y en su sorprendente precocidad como un modelo de
historia regional, investigación presentada como tesis doctoral en Letras,
en la Sorbona, y publicada en 1912 cuando su autor contaba apenas con
treinta y tres años de edad.
19
Pierre Vilar, Une histoire en construction. Approche marxiste et problématiques
conjoncturelles, 1982, pp. 295 y ss.
20
Ibíd., p. 77. “La síntesis erudita está sometida a estas condiciones: que toda afirmación
esté acompañada de pruebas, que toda ignorancia sea confesada, que toda duda sea
formulada, que toda hipótesis sea enunciada como hipótesis”. (Traducción libre, RR).
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En esta obra pionera, el estudio del espacio geográfico y la
descripción del territorio del que hace gala Febvre, no son el objeto
principal de su investigación sino el Franco Condado, entendido como
una individualidad política, como “une personne historique collective,
trouvant dans un État son expression politique”.21 Para llegar a ello, el
autor nos coloca en la dinámica de la relación entre las fuerzas naturales
y las fuerzas humanas que hicieron posible el surgimiento de la Franche-
Comté como realidad política y como especificidad histórica en la Francia
del siglo XVII.
En Marc Bloch, las nociones de espacio y territorio van a estar
presentes en sus estudios sobre la historia rural francesa, investigaciones
reunidas en su libro Les caractères originaux de l’histoires rurale
24 française, publicado en 1931 y en el que domina el enfoque comparativo
de las prácticas agrícolas en su contexto europeo, el estudio del suelo y
de su ocupación con fines agrícolas, y el análisis de la organización del
espacio y de la sociedad rural, como un todo.
Como señala Pierre Toubert en el prefacio a la edición francesa de
este libro, Bloch fue inducido al estudio del espacio más bien por aquellas
investigaciones llevadas a cabo por geógrafos que como Phillipe Arbos
se dedicaron a estudiar la vida pastoral en los Alpes franceses para
establecer su posible relación con las formas antiguas de la agricultura.
Es decir, geógrafos interesados en el estudio de los modos de vida rural,
en el tiempo y en el espacio.
Arbos propone en su estudio la noción de “genero de vida” alpino. No
olvidemos que Bloch había redactado en 1913, un estudio sobre l’Île-de-
France que va a ser diferente a los enfoques e intereses que se aprecian en
Les caractères, donde el objeto de estudio son las civilizaciones agrarias,
Lucien Febvre, Philippe II et la Franche-Comté, 1970, p. 7. «una persona histórica
21
colectiva, que encuentra en un Estado su expresión política.” (Traducción libre, RR)
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
estudiadas a partir del análisis de los paisajes, las formas de ocupación
del suelo y del hábitat, todas ellas concebidas como el producto de las
interacciones entre el medio y el estado de las técnicas y de las fuerzas
productivas propias a cada sociedad rural.22
Al llegar, pues, a nuestros estudios de postgrado en Historia, íbamos
a entrar de lleno en una tradición que aún nos alimenta: la denominada
escuela de los Annales, entendida –siguiendo a Georg G. Iggers– más
como una actitud, como un esprit que invita a buscar nuevos métodos y
enfoques de investigación que como una doctrina,23 la cual ya habíamos
conocido en forma introductoria en nuestros estudios en el Instituto
Pedagógico de Barquisimeto, a través de la cátedra de Filosofía de la
Historia que administraba el profesor Heraclio Zaraza. Esta corriente
historiográfica viene a ser dominante en el enfoque propuesto por 25
Federico Brito Figueroa para la formación de historiadores en el nivel de
postgrado en la Universidad Santa María, en especial, a través de estudio
de las obras de Marc Bloch y Pierre Vilar.24
Y la escuela geográfica francesa, que si bien también habíamos
conocido en nuestros estudios en el Pedagógico de Barquisimeto, en la
cátedra de Geomorfología conducida por el profesor Enrique Villareal, la
asumimos en profundidad de la mano del profesor Ramón Tovar cuando
cursamos su seminario de doctorado sobre el Enfoque Geohistórico,
también en la Universidad Santa María.25
22
Prefacio de Pierre Troubert a: Marc Bloch, Les caractères originaux de l’histoire
rurale française, 1988, p. 23.
23
George G. Iggers, La ciencia histórica en el siglo XX, 1998, p. 49.
24
Sobre esta experiencia formativa se puede consultar nuestro libro Rojas, Reinaldo.
Federico Brito Figueroa. Maestro historiador, 2007, pp.39 y ss.
25
Ramón Tovar L., El enfoque geohistórico, Caracas: Lecciones Magistrales de
Doctorado Nº 5, Dirección de Estudios para Graduados en Humanidades y Ciencias
Sociales, Universidad Santa María. 1985.
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PARTE II
Etnohistoria de la encomienda y formación de la “región
Barquisimeto” en el tiempo histórico colonial
1. Introducción
Con estos antecedentes, nuestra disertación para ingresar a esta ilustre
corporación le hemos intitulado: “De la etnohistoria de la Encomienda a
la formación de la ‘región Barquisimeto’ en el tiempo histórico colonial”,
ya que nuestros estudios históricos se han desarrollado entre las
coordenadas teóricas y epistemológicas de la Antropología, la Sociología,
la Economía y la Historia, por un lado, en un ejercicio que nos llevó a
la etno-historia bajo la dirección del doctor Miguel Acosta Saignes y a
26 la demografía histórica, motivado por los estudios del doctor Federico
Brito Figueroa. Y por el otro, a transitar de la geografía regional vidaliana
a la geohistoria, primero como estructura de larga duración aplicada
por Fernand Braudel en su obra clásica el Mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II, confrontando aquella noción
estructural braudeliana con el enfoque epistemológico de la geohistoria
propuesta por Ramón Tovar, viviendo con ello un extraordinario
aprendizaje entre estas dos escuelas de pensamiento, representadas en
nuestro país por estos dos grandes maestros que hoy exaltamos en esta
alta tribuna de la academia venezolana: Federico Brito Figueroa y Ramón
Tovar López. Todas esas influencias me llevaron a trabajar la Historia,
no sólo desde una perspectiva de totalidad, sino como una relación entre
el todo y las partes.26 Permítanme reflexionar –aunque sea brevemente–
sobre esta visión holística de la investigación histórica.
Esta relación respondería a dos de los siete Principios del Pensamiento Complejo
26
que propone Edgar Morín en su obra La mente bien ordenada, a saber: El principio
sistémico que liga el conocimiento de las partes con el conocimiento del todo y el
principio holográmico según el cual no sólo la parte se encuentra en el todo sino
que el todo está inscrito en la parte. Edgar Morín, La mente bien ordenada, 2000, pp.
122-124.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
2.- La historia social como historia total o historia síntesis
Es, en ese marco de influencias y reflexiones hechas en el proceso
mismo de la investigación concreta, que nos atrevimos a reconstruir
teóricamente y a proponer metodológicamente el paradigma un poco
relegado y hasta olvidado por la super especialización disciplinaria, de
una historia total, de una historia global o historia síntesis para el estudio
de una región venezolana, propuesta epistemológica que postulamos con
el título de historia social, diferente a la historia de las estructuras, de las
instituciones o de los procesos sociales.
Ese es el itinerario de nuestras investigaciones académicas en el
campo de la historia, ruta que tiene como hitos, un primer acercamiento al
objeto de estudio en los artículos “Población y economía en Barquisimeto
colonial (1530-1800)”, publicado en 1983, en la Revista Universitaria 27
de Historia, editada por la Universidad Santa María; “Comunidades
indígenas en Barquisimeto, siglo XVI”, publicada en 1986 por el Boletín
de la Sociedad Venezolana de Arqueólogos; y “Espacio, población y
economía en la región Barquisimeto, provincia de Venezuela (1530-
1810)”, publicado en 1990 en la revista Estudios de Historia Social y
Económica de América, de la Universidad de Alcalá de Henares, España.
Allí están planteados los problemas, las hipótesis y las categorías
que vamos a desarrollar en nuestros libros dedicados al estudio de la
“región Barquisimeto”: El régimen de la encomienda en Barquisimeto
colonial (1992), Historia social de la “región Barquisimeto” en el tiempo
histórico colonial (1995), La economía de Lara en cinco siglos (1998),
De Variquecemeto a Barquisimeto. Siete estudios históricos (2002) y
La Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Una historia de
cincuenta años (2012).
Pero es en nuestro libro Historia Social de la “región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial, donde presentamos nuestra propuesta de
historia total, noción o categoría que reconstruimos y formulamos a partir
de tres autores: Carlos Marx y su concepto de la totalidad concreta, “como
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totalidad del pensamiento, como un concreto del pensamiento”, a la que
se accede por vía de la abstracción, tal como la define en su opúsculo “El
método de la economía política”;27 Marc Bloch, que al postular en su obra
Apologie pour la histoire a la historia como la ciencia de los hombres en el
tiempo –hombres en sentido antropológico, no de género– rastrea desde
Michelet esa necesaria visión de conjunto, de totalidad, que debe tener el
historiador acerca de la materia que estudia y sobre lo cual nos recuerda
que una civilización no tiene nada de rompecabezas mecánicamente
ajustado, por lo que el estudio de los fragmentos por separado no dará
el conocimiento del conjunto y menos el conocimiento de los mismos
fragmentos.28
Y finalmente, Pierre Vilar, para quien la noción de una historia
28 total no es decir todo sobre todo, sino “decir aquello de que depende el
todo y lo que dependen del todo”,29 invitándonos a cultivar una ciencia
de las sociedades en movimiento “que sea a la vez coherente, gracias
a un esquema teórico sólido y común, total, es decir, capaz de no dejar
fuera de su jurisdicción ningún terreno de análisis útil, y finalmente,
dinámica pues, no siendo eterna ninguna estabilidad, nada más útil
que descubrir el principio de los cambios”.30
Ahora bien, ¿cuál fue el camino tomado para llegar a esa totalidad?
Braudel propuso en su monumental estudio sobre El Mediterráneo y el
mundo mediterráneo en la época de Felipe II la vía de la superposición de
temporalidades que se diferencian por su permanencia: larga, mediana
y corta duración, no sin antes advertir la necesaria interdisciplinaridad
que se requiere para alcanzar “una reconstrucción del pasado captado
27
Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política
(borrador) 1857-1858, 1971, vol. I, p. 22.
28
Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, México, Fondo de
Cultura Económica, 1996, p. 245 y ss.
29
Pierre Vilar, Historia marxista, historia en construcción. Ensayo de diálogo con
Althusser, 1974, p. 42.
30
Ibíd., p. 6.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
en toda su amplitud y en toda su complejidad”,31 ambición de totalidad
que lo llevó a organizar su investigación en base a tres dimensiones, que
son las tres partes que componen su libro, a saber:
I) Una historia casi inmóvil, que es la historia de las relaciones del
hombre con el medio que lo rodea. II) Por encima de esa dimensión que
denomina “La influencia del medio ambiente”, aparece una historia de
ritmo lento, que es la historia de las estructuras sociales, que para él es
la historia social de los grupos y las agrupaciones y III) la historia de los
acontecimientos, historia cortada a la medida del individuo y que es la
historia tradicional, de las oscilaciones breves, rápidas y nerviosas con las
que se alimentan los libros de historia política.32
En nuestro caso, nos orientamos por Vilar, quien propone
descomponer desde una perspectiva a la vez diacrónica y sincrónica 29
los hechos de masa, los hechos institucionales y los acontecimientos,
tomando de los primeros la masa poblacional (demografía), la de
bienes (economía) y la de pensamientos y creencias (mentalidades). Lo
diacrónico lo encontramos en la idea de proceso histórico, y lo sincrónico
en los “presentes geohistóricos” que reconstruimos para 1530 y 1780. La
herramienta conceptual que utilizamos fue la noción de estructura, la cual
nos permitió abordar los niveles de análisis geo-espacial, poblacional,
social, económico, político y cultural de la región.
En términos diacrónicos se trata del espacio caquetío de Varique-
cemeto en 1530; del espacio colonial de explotación del oro de Buría que
motivó la fundación de la Nueva Segovia de Barquisimeto en 1552, en
cuyos valles creció desde finales del siglo XVIII el cacao que permitió la
fundación de San Felipe el Fuerte en el siglo XVIII, y en sus montañas
se extendió en la segunda mitad del siglo XIX el café, precioso fruto que
vino a buscar para su exportación el Ferrocarril Bolívar de principios del
31
Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe
II, 1987, t. I, p. 9.
32
Ibíd., pp. 17 y ss.
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siglo XX, acontecimiento que trasformó a la ciudad de Barquisimeto en
el puerto interior del centroccidente venezolano. Esa misma ciudad, que
el Estado venezolano se propuso transformar en una ciudad industrial
en la sexta década del siglo XX33 y que es hoy la metrópoli de un vasto
espacio de intercambios económicos que supera las entidades que la
constituyeron como región-plan en 1968: los estados Lara, Falcón,
Portuguesa y Yaracuy.34
Pero más allá de estas diferentes especializaciones productivas,
Barquisimeto es, fundamentalmente, una tierra de encuentros y un lugar
de intercambios múltiples a lo largo de la historia, lo cual ha generado un
gentilicio que ha vivido del trabajo y una cultura para la cooperación y la
creación artística e intelectual reconocida nacional e internacionalmente.
30 Nuestro “descubrimiento” de Barquisimeto como objeto de es-
tudio no ha culminado. Pero tampoco ha disminuido la ambición de
comprensión histórica del ser, del hacer y del pensar venezolanos, en su
contexto latinoamericano y mundial, y en los tiempos de la corta, mediana
y larga duración, en un ejercicio permanente de historia y prospectiva.
Por eso, nunca nos ha animado la postulación de algún regionalismo
extremo, ni la formulación de identidades particulares, sean estas
territoriales, raciales, clasistas o religiosas que nos separan del conjunto
que es, al final de todo, nuestra pertenencia al género humano. Pero, ¿por
dónde comenzamos y por qué la Encomienda?
El estudio documental de la población y la economía de Barquisimeto
en el siglo XVI nos colocó en la senda al develarnos la importancia de una
institución española en el proceso concreto de ocupación del territorio
aborigen pre-colonial existente en la región, el dominio sobre el territorio
y sobre la población autóctona y la organización de la sociedad colonial:
la institución de la Encomienda. Ese ha sido nuestro “hilo de Ariadna”.
Reinaldo Rojas, La Economía de la Lara en cinco siglos, 2014, pp. 91 y ss.
33
José Manuel Guevara Díaz, La Geografía regional, la región y la regionalización,
34
1977, pp. 158 y ss.
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De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
¿Cómo estudiamos esta institución colonial y cuál ha sido el método
desarrollado en nuestros estudios?
3. La Encomienda vista desde los marcos de la historia
documental
La Encomienda fue una de las instituciones de la legislación indiana
que surgió en el proceso de colonización que España llevó a cabo en
América entre los siglos XVI y XVIII. Por ello, no puede estudiarse
como una institución hecha en España que simplemente se aplicó en
nuestra realidad sino, más bien, como un vector de fuerza en el proceso
de dominio colonial en América, que tuvo su resistencia, y por eso, se
fue haciendo en el mismo conflicto entre españoles e indígenas, entre
dominantes y dominados, como un mecanismo de instauración del nuevo 31
poder colonial.
Su origen jurídico lo encontramos en la España de la Reconquista,
cuando los moros y sus tierras quedaban bajo la administración de un
español privilegiado. Al pasar a América, sin embargo, ambos factores
cambiaron ya que la Encomienda Indiana nunca implicará jurisdicción
sobre el indio, teóricamente considerado como un vasallo libre, ni
tampoco posesión y propiedad sobre la tierra. Y esa es su historia en
América: una figura jurídica que se irá constituyendo progresivamente en
el proceso colonizador, en el triple conflicto de intereses que caracteriza
la colonización hispana en América: el indígena encomendado, el colono
encomendero y el rey.
Por ello, en América, su origen estará estrechamente vinculado a las
primeras formas de explotación del trabajo indígena que empiezan con
la imposición del régimen de esclavitud que el propio Cristóbal Colón
inaugura en las Antillas. Como se sabe, el almirante envió en 1493 a España
los primeros esclavos indios y propuso a la Corona de Castilla establecer
un tráfico regular que más tarde fue denunciado por los dominicos como
un acto de genocidio que tuvo, en figuras como fray Bartolomé de las
Casas, a una de sus principales voces de reclamo.
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En la Real Cédula de 20 de junio de 1500, se condena la esclavitud
del indígena que Colón había impuesto en las islas por él descubiertas y
se declara que los indios –palabra que ya es un error y una paradoja–35
debían ser considerados vasallos libres de la Corona de Castilla. Sin
embargo, se dejó abierta como excepción la esclavitud por justa guerra,
con base en los principios de dominio real sobre las tierras descubiertas
que el jurista Juan López de Palacios Rubio transformó en 1512, a través
de la figura del Requerimiento, en una guerra de exterminio contra
aquellas poblaciones indígenas que no se sometieran por su propia
voluntad al dominio monárquico y asumieran para si los preceptos de la
religión católica.
Esta polémica se conoce en la historia de España como la controversia
32 sobre los justos títulos cuyo punto de partida fue el reconocimiento, por
parte de la Corona de Castilla, de que su dominio sobre los territorios
descubiertos era una concesión pontificia que involucraba, además, el
trato que debía dársele a las poblaciones que allí habitaban. No olvidemos,
que fueron las bulas de 1493 las que tempranamente convirtieron a los
reyes de Castilla –y luego de España– en reyes de las Indias, ya que la
relación entre el poder monárquico de los reyes católicos y la autoridad
religiosa del papado era tan estrecha que una legitimaba a la otra.
Pues bien, en relación al debate sobre el tratamiento que se debía
dar al indio, para el grupo de juristas encabezados por Juan López de
Palacios Rubios, fray Matías de Paz y fray Bernardo de Mesa, la validez
de aquellos títulos podían basarse en las doctrinas de la Edad Media, a
partir de la condición irracional del indio; mientras que fray Antonio de
35
Error y paradoja, ya que la palabra indio nombra una realidad desconocida (América)
con un término de otra realidad (India). Recordemos con Octavio Paz, que: “La palabra
es el hombre mismo. Estamos hechos de palabras. Ellas son nuestra realidad o, al menos,
el único testimonio de nuestra realidad. No hay pensamiento sin lenguaje, ni tampoco
objeto de conocimiento: lo primer que hace el hombre frente a una realidad desconocida
es nombrarla, bautizarla”. Octavio Paz, El arco y la lira, 1956, p. 30.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Montesinos proclamaba en un sermón de finales de 1511, en La Española
–isla hoy dividida entre República Dominicana y Haití–, que los naturales
debían ser considerados seres humanos racionales.36
En el primer caso, el Requerimiento de Palacios Rubios expresa ese
espíritu dominador y anti-humanístico que impregnó, desde un principio,
la empresa colonizadora de España en América. Su argumento parte de la
idea que las Indias fueron donadas por el Papa, “padre y gobernador de
todos los hombres” a los reyes católicos tornándose todos sus habitantes
“en súbditos y vasallos” de Su Majestad y que como cristianos recibirían
todos los beneficios y bendiciones por tal sumisión. Pero si no se sometían
pacíficamente al yugo y obediencia a la Iglesia y a Su Majestad, dice el
Requerimiento:
(...) tomaré vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos y como
33
tales los venderé de ellos como Su Majestad mandare y tomaré
vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere
como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y
lo resisten y contradicen (...).37
Evidentemente, que esta declaración de guerra respondía a los
intereses de quienes muy tempranamente ya habían tomado al indígena
bajo su dominio y explotación como fuerza de trabajo en islas como La
Española donde se instituyó, desde tiempos de Colón:
(...) un sistema de adjudicación de trabajadores indígenas
para servir a los españoles y atender las labores agrícolas y
mineras que se desarrollaban en la incipiente colonia. Tales
adjudicaciones fueron denominadas repartimientos –nombre
más tarde desplazado por el de encomiendas, aunque en varias
regiones ambos se siguieron empleando como sinónimos–, y
consistían en la entrega temporaria de un grupo de indios a un
36
Cf. “El sermón de padre fray Antón Montesinos”. En: Marcel Merle y Roberto Mesa,
El anticolonialismo europeo. Desde las Casas a Marx, 1972, pp. 58-59.
37
“Requerimiento de Palacios Rubios”. En: Santos Rodulfo Cortés, Antología
documental de Venezuela, 1971, p. 28.
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español para que los emplease en sus granjerías y en su servicio
en general; esta contribución laboral impuesta a los nativos no
era remunerada.38
Los repartimientos fueron oficialmente aprobados por Cédula Real
fechada el 20 de diciembre de 1503, en Medina del Campo, abriendo
con ello espacio para que el denominado “servicio personal” del indio
se transformara en abierta esclavitud.39 Pero a la par de esta dinámica
económica, la dimensión religiosa de la conquista daba otro giro al
asunto, a partir de la pregunta. ¿Era el indio un ser irracional? Para
algunos, como Gonzalo Fernández de Oviedo, sí lo era:
(...) porque su principal intento era comer, e beber, e folgar,
e luxuriar, e idolatrar, e exercer otras muchas suciedades
bestiales (...) el matrimonio que usaban (...) que los cristianos
34 tenemos por sacramento, como les es se puede decir de estos
indios sacrilegio (...).40
Mientras que para otros, como Bartolomé de las Casas y su tesis
más tarde bautizada como la teoría del “buen salvaje”, “estas gentes éran
las mas bienaventuradas del mundo, si solamente conocieran a Dios”.41
Al final, la Bula “Sublimis Deus” del Papa Paulo II declaró la racionalidad
del indio, partiendo del presupuesto de que los indios “son verdaderos
hombres y que no solo son capaces de entender la fe católica, sino que,
de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla”,
por lo cual establece que:
En virtud de nuestra autoridad apostólica. Nos definimos y
declaramos por las presentes cartas que dichos indios deben ser
38
Gastón Gabriel Doucete, “El trabajo indígena bajo el régimen español”. En:
Guillermo Morón (Coord.) Historia General de América, 1989, tomo 14, p. 162.
39
Este tema es tratado a partir del estudio concreto del régimen tributario impuesto
bajo el régimen de encomienda que imperó en Venezuela en el siglo XVII. Cf. Reinaldo
Rojas, El régimen de la Encomienda en Barquisimeto colonial, Caracas: ANH, 1992,
pp. 244 y ss.
40
En: Santos Rodulfo Cortés, Antología documental de Venezuela, 1971, p. 29.
41
Ídem.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
convertidos a la fe de Jesucristo por medio de la palabra divina
y con el ejemplo de una buena y santa vida.42
Las consecuencias de esta declaración papal cambiaron la historia
de la colonización española. Surgirá la encomienda con el doble propósito
de civilizar y cristianizar al indígena, es decir, con funciones políticas
que se van a expresar en la fundación de pueblos de doctrina de indios
y funciones educativas y culturales que se derivan de la obligación de
evangelizar aquellos pueblos.
En el fondo, la encomienda mantendrá esa preeminencia económica,
pero su incidencia va más allá, pudiendo destacar las siguientes dimen-
siones para abordar su estudio:
1) En su dimensión demográfica, como instrumento de dispersión
y desarticulación de la sociedad indígena pre-colonial y, posteriormente,
35
como mecanismo de concentración y articulación de la nueva sociedad
hispano-colonial. En este proceso, la doctrina de sede ambulante dio
paso a la doctrina de sede fija que propició la fundación de los pueblos
de doctrina de indios, los cuales, junto a los pueblos, villas y ciudades de
blancos sentaron las bases de la organización social y político-territorial
del Imperio español en América, sócalo de las futuras repúblicas
hispanoamericanas.
2) En su dimensión económica, como institución por medio de la
cual se implantan en América las relaciones tributarias de explotación
de la mano de obra indígena sometida a encomienda, transformando al
indígena en siervo y al encomendero en una especie de señor, asimilando el
régimen “encomendil” al modo de producción feudal que se desarrolló en
Europa en la Edad Media, pero en el contexto del proceso de acumulación
originaria de capital que le dio al sistema colonial su orientación mercantil
y capitalista.
Ídem.
42
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3) En su dimensión educativa, como organización escolar que a través
de la figura del cura doctrinero desarrolló un proceso de destrucción43
y reconfiguración del sistema de valores, costumbres y creencias del
mundo indígena a través de la imposición de una práctica pedagógica
dirigida a imponer una hegemonía cultural hispano-colonial, basada en
la religión católica –versión contra-reformista–, una educación letrada
que se impuso sobre las prácticas de la tradición oral y la inserción del
indio en las periferias de la civilización occidental, como cultura inferior.
En términos institucionales, le correspondió a la encomienda asumir la
enseñanza de la doctrina católica y ser la escuela de primeras letras de
la población indígena, transformándose con ello en el primer modelo
escolar hispanoamericano.
36 4) En su dimensión política, el encomendero es la base de la
formación de una aristocracia de la tierra que se apoderó de los cabildos
americanos generando un sistema oligárquico, racista y excluyente que
se proyectó en la formación de la clase dominante de las repúblicas
hispanoamericanas en el siglo XIX, asimilando, del lado indígena, el
cacicazgo prehispánico como una autoridad colonial en los pueblos de
indios, lo cual facilitó la creación de una especie de burocracia indiana
alejada de sus orígenes autóctonos.
En síntesis, la encomienda destruyó un mundo, en el sentido
ontológico-existenciario referido por Heidegger,44 y se planteó construir
otro. En este sentido, más allá de su naturaleza demográfica, económica,
educativa y política, esta institución del derecho indiano puede ser
reconocida como el principal instrumento de transculturación, en el
43
Habría que diferenciar esta “destrucción del sistema de valores” por la vía de la
asimilación a la destrucción violenta que impone el Tribunal del Santo Oficio y los juicios
de inquisición a los delitos de bigamia, superstición y blasfemia. El historiador francés
Bartolomé Bennassar denomina esta violencia impuesta por la Inquisición como una
pedagogía del terror. Bartolomé Bennassar, L’Inquisition espagnole, 1979, pp. 101 y ss.
44
J. Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, 2004, vol. III, K-P, p. 2480.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
sentido que le da Fernando Ortiz a los procesos transitivos de una cultura
a otra,45 y de aculturación,46 como conjunto de cambios en los modelos
culturales originales por préstamos, intercambios o reinterpretaciones
que se generan entre culturas en contacto, procesos activados por la
colonización española en América en la medida que se constituyó en
la base de un complejo núcleo de sociabilidades entre blancos, indios y
mestizos a través de las relaciones familiares, las relaciones de trabajo y
la vida cotidiana que se desarrolló en los pueblos de indios, lugar donde
convivieron todos estos grupos sociales, especialmente, después de la
extinción de la institución en 1718.
Sobre esas cuatro dimensiones es que hemos desarrollado nuestras
investigaciones, en dos direcciones: 1) a través de la investigación
individual que le hemos dedicado a esta institución indiana y 2) como 37
resultado de las diferentes Tesis de Grado que hemos dirigido en los
programas de Doctorado en Historia de la Universidad Santa María y
Doctorado en Historia de la Universidad Central de Venezuela, así como
en el Doctorado en Educación y el Doctorado en Cultura Latinoamericana
y Caribeña que se dictan en la Universidad Pedagógica Experimental
Libertador, sede Barquisimeto. En esos espacios institucionales, hemos
fundado y dirigido las siguientes líneas de investigación relacionadas
con la Encomienda: “Pueblos de indios, villas ciudades en la Historia
de Venezuela” en la Maestría en Historia de la USM; “Tierra, trabajo
y capital en las Historia de Venezuela” en la UCV, “Historia social
e institucional de la Educación” e “Historia, cultura y sociedad” en la
UPEL de Barquisimeto. Estos son los resultados a nivel de maestría y
doctorado.
45
Mónica Szurmuk y Robert Mckee Irwin, Diccionario de Estudios Culturales
Latinoamericanos, 2009, p. 277.
46
Raymond Boudon (Dir.), Dictionnaire de la sociologie, 1990, p. 10.
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Trabajos de Grado de Maestria y Tesis Doctorales dirigidos
por el Dr. Reinaldo Rojas relacionadas con el tema:
“Encomienda, pueblos de doctrina y propiedad territorial
en Venezuela”
AUTOR TITULO TESIS PROGRAMA AÑO
Maestría en
San Juan Bautista de Urachiche: Historia,
SARMIENTO,
Demografía, econo-mía y sociedad Universidad 1999
Edilia
en los siglos XVIII y XIX. Santa María
(USM).
Humocaro Bajo: Un pueblo
antiguo de la Provincia de Maestría en
GUEDEZ, Arnaldo 2001
Venezuela en el periodo colonial. Historia, USM
(1620-1800)
El Templo de San Juan Bautista
ARAQUE, Oneiver Maestría en
de Duaca: Construcción de un 2001
Arturo Historia, USM
espacio para la fe, siglos XVII-XX.
Tenencia y Propiedad de la Tierra
MALDONADO, Doctorado en
en el Gran Globo del Uribante 2001
38 Héctor Augusto
(Estado Táchira, (1657-1962).
Historia, USM
Historia Social de las
Mentalidades y de la Educación
en la Vicaría Foránea del Espíritu
MORA-GARCIA, Doctorado en
Santo de La Grita, durante el 2001
José Pascual Historia, USM
tiempo histórico de la Diócesis
de Mérida de Maracaibo. (1778-
1899).
Historia de la Propiedad
LUGO Territorial en la antigua Ciudad
Doctorado en
MARMIGON, del Espíritu Santo de La Grita. 2002
Historia, USM
Yariesa. Tierra, Poder y Mentalidad (1578-
1878).
Pueblos de doctrina, propiedad
territorial y mayorazgo en los
Doctorado en
MENDOZA, Irma valles de Caracas: Nuestra Señora 2003
Historia, USM
de la Encarnación del Valle de La
Pascua (1621-1800).
Propiedad Territorial y
Mayorazgo en los valles de
Caracas: La Hacienda Sartenejas Doctorado en
RANGEL, Egilda. 2003
de las familias Mixares, Ponte y Historia, USM
Tovar en la jurisdicción de Baruta
1690 – 1858.
Iglesia Católica, cofradías y
CORTES RIERA, Doctorado en
mentalidad religiosa en Carora, 2004
Luis Eduardo. Historia, USM
siglos XVI al XIX.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Doctorado en
SALAZAR, La Encomienda o la Educación
Educación, UPEL 2009
Temístocles. como hegemonía.
- IPB
Pueblos de Doctrina y Propiedad Doctorado
Comunal Indígena en Venezuela: en Historia,
GOMEZ, Ysabel El Resguardo Indígena de Universidad 2011
Nuestra Señora de la Candelaria Central de
de Turmero (1593-1870). Venezuela (UCV)
Historia de la colonización en
GONZALEZ la jurisdicción de San Carlos de
Doctorado en
SEGOVIA, Austria como avanzada europea 2013
Historia, UCV
Armando. en los llanos de Venezuela. (1678-
1820).
Historia Económica y Social de
TRUJILLO la Ganadería y la Sanidad Animal
Doctorado en
MASCIA, Naudy en la región Barquisimeto, en el 2014
Historia, UCV
Edgardo. periodo histórico colonial (1530-
1810).
39
Doctorado
Devoción mariana y cultura
AGÜERO en Cultura
popular en Venezuela siglo XX:
JIMÉNEZ, Judith Latinoamericana 2018
La Virgen de Nuestra Señora de
E. y Caribeña,
Altagracia de Quíbor.
UPEL-IPB
La devoción mariana a la Divina Doctorado
Pastora como manifestación en Cultura
MENDOZA, Julio
cultural en la región centro Latinoamericana 2018
César.
occidental de Venezuela 1856- y Caribeña,
1956. UPEL-IPB
4. La Encomienda en la historiografía venezolana
Ahora bien, ¿cuál fue nuestro punto de partida, luego de ubicar nuestra
investigación en tiempo y espacio, es decir, en la ciudad de Barquisimeto
y su jurisdicción en el tiempo histórico colonial? En primer lugar, nos
propusimos estudiar el origen y desarrollo de la institución Encomienda,
pero desde una perspectiva global y comparada. Es decir, desde sus
orígenes en la Península como parte de la legislación castellana, hasta
su transformación en una institución del Derecho Indiano, que surge del
conflicto étnico y de las necesidades de la conquista y la colonización de
pueblos distantes, con una organización social y una cultura diferente
a la conocida en la Europa del siglo XVI. Este abordaje comparado lo
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iniciamos paralelamente a la reconstrucción del concepto y el tratamiento
dado a esta institución por la historiografía venezolana. Veamos.
Como está ampliamente documento en El Régimen de la Encomienda
en Barquisimeto colonial, la historiografía venezolana había abordado el
estudio de la encomienda desde dos grandes perspectivas: desde el punto
de vista del deber ser establecido en la legislación indiana; y desde la
perspectiva de lo que dicha institución representó en la realidad colonial
venezolana. Desde la perspectiva jurídica, para el tratadista español Juan
de Solórzano y Pereira, la encomienda debe concebirse como:
(…) un derecho concedido por merced Real a los beneméritos
de las Indias para percibir y cobrar para sí los tributos de los
indios, que se les encomendaren por su vida, y la de un heredero,
conforme a la ley de sucesión, con cargo de cuidar del bien de
40 los indios en lo espiritual, y temporal, y de habitar, y defender
las Provincias donde fueron encomenderos, y hacer de cumplir
todo esto, omenage, o juramento particular.47
Al precisar los límites a los que debía ajustarse aquel “derecho
concedido por merced Real”, el propio Solórzano y Pereira nos dice:
(…) son un derecho de percibir los tributos de los indios por
merced real, para dar a entender, que ni en los tributos, ni
en los Indios, no tienen los Encomenderos derecho alguno en
propiedad, ni por vasallaje (…).48
Por ello, para autores de nuestro tiempo como Guillermo Morón, en
su Historia de Venezuela:
La Encomienda resume todo el proceso de la confrontación
entre los pobladores (los encomenderos) y los indígenas (los
encomendados). Desde el punto de vista legal fue una fórmula
para regular esas relaciones, con la intención de civilizar a los
indígenas, de acuerdo a la letra de la Ley. Desde el punto de
vista práctico, fue la base principal del mestizaje.49
47
Juan de Solórzano y Pereira, Política Indiana, 1972, t. II, pp. 21-22.
48
Ibíd., p. 22.
49
Ibíd., p. 640.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Otro destacado historiador, don Vicente Dávila, señala en la
presentación que le hace a la recopilación documental intitulada
Encomiendas, que:
El objeto primordial de las Encomiendas consistía en cristianar
al indio, enseñarle a leer y a escribir, y algunos rudimentos de
agricultura y otros de las artes manuales, hasta prepararle el
Cacicazgo.50
Idéntica opinión es la que nos presenta monseñor Francisco
Armando Maldonado en el siguiente texto:
La Encomienda en sí tenía entre otras razones la de asegurar
el servicio de los indios, la explotación de las minas y habituar
a los naturales al trabajo, educándolos para la vida civilizada
y cristiana, recompensar a los conquistadores por sus hazañas.
El indio no era vasallo del encomendero sino del Rey. La 41
encomienda estaba encaminada a ser el primer núcleo social
y religioso de la nueva sociedad de las Indias pero el abuso
y la ambición del egoísmo humano decidieron a los Reyes
incorporar los indios a la Corona, muy tarde por cierto.51
Otro grupo de historiadores abordaron en su oportunidad el estudio
de la encomienda insistiendo más en su funcionamiento real, en su
práctica concreta. Por ejemplo, nuestro primer historiador, don Rafael
María Baralt, luego de presentar la definición, propósitos y características
de la encomienda según la legislación indiana, asume su estudio sobre
la base de lo que dicha institución representó en nuestra vida colonial.
Allí, en su obra, partiendo de que “…las encomiendas no fueron útiles
ni a los encomenderos ni a los encomendados”,52 plantea el cúmulo de
factores internos al propio proceso de colonización que negaban ese
sentido civilizatorio, ideal, que algunos tratadistas le habían dado a dicha
50
Vicente Dávila, Encomiendas, 1971, t. I. p. VI.
51
En: Academia Nacional De La Historia: Seis Primeros Obispos de la Iglesia
Venezolana en la Época hispánica. 1973, p. XI.
52
Rafael María Baralt, Resumen de la Historia de Venezuela, 1960, p. 217.
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institución. En el terreno económico establece como argumento a favor
de su posición lo siguiente:
Estos (los indígenas), como en otra ocasión lo hemos hecho
observar, murieron a millares, víctimas de un trabajo superior
a sus fuerzas y contrario a sus costumbres. Habituados los
españoles a holgar, mientras los indios trabajaban para ellos,
más bien podrían llamarse cómitres que pobladores.53
En su criterio, la encomienda fue más una institución de explotación
económica del trabajo indígena que organización civilizadora, tal como lo
establecía la ley. Otro historiador venezolano de inspiración positivista,
José Gil Fortoul, asume la definición básica de la encomienda atendiendo
a su práctica económica. En su Historia constitucional de Venezuela,
luego de revisar la situación económica, social, cultural y política en la
42 que se encontraban las comunidades indígenas en nuestro territorio,
y de dejar claro cómo “…los términos correlativos de superioridad e
inferioridad significan en sociología, más bien desigualdad de desarrollo
por circunstancias externas, y no esenciales diferencias congénitas”,54
es cuando el autor pasa a estudiar la encomienda. Establece la evolución
de la institución desde su origen en el sistema de repartimientos y
encomiendas de tierras e indígenas respectivamente, hasta llegar a las
Leyes de Valladolid en 1513, deteniéndose en los rasgos económicos de
la misma. Sin embargo, para el autor, el régimen de la encomienda no
tuvo oportunidad de realizarse con significación en nuestro país. Esta es
la explicación que da:
(…) en lo referente a la colonia venezolana, las leyes más
favorables no empezaron a practicarse sino cuando ya habían
desaparecido, o quedaban diezmadas por las guerras de
conquista, las tribus y naciones aparentemente superiores,
que habrían sido tal vez capaces de adoptar la civilización
europea. Los que lograron escaparse (restos de corianos,
53
Ídem.
54
José Gil Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, 1942, tomo I. p. 48.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
cuicas, jirajaras, teques, caracas, cumanagotos, caribes, etc.)
cayeron poco a poco en la indolencia o bien desaparecieron
como nacionalidades cruzándose con blancos y negros. A fines
del siglo XVIII los indios de raza pura, en toda la Capitanía
General apenas eran más de 120.000.55
Carlos Siso, por su parte, también toca el tema de la encomienda en
su obra La formación del pueblo venezolano. Así resume su concepción
de la institución:
La Encomienda fue más bien una manera de vigilar a los indios
y de someterlos al trabajo, en las minas, en la agricultura y en
la cría que una forma especial de construir pueblos.56
Para este historiador, se formaron en la Venezuela colonial tres
tipos de pueblos: pueblos de blancos, donde luego organizado el gobierno
municipal “…se repartía la tierra entre los pobladores con los indios
43
que la habitaban”;57 pueblos de doctrina y pueblos de misión. Como
la encomienda era una institución de vigilancia, creada con el fin de
organizar la explotación del trabajo indígena, luego que el encomendero
cumplía con una serie de obligaciones legales con los indígenas, estos
(…) debían a los titulares de las Encomiendas, que se llamaban
Encomenderos, un tributo anual que se pagaba en jornadas de
trabajo, en frutos o en plata; una vez pagado este tributo, el
indio estaba dispensado de todo otro servicio personal.58
En esta misma línea de pensamiento cabe destacar los conceptos
que sobre la encomienda expusieron en sus obras dos importantes
intelectuales, miembros de esta Academia Nacional de la Historia: José
Luis Salcedo Bastardo y Ambrosio Perera. El primero expone en su
Historia Fundamental de Venezuela una concepción que partiendo del
55
Ibíd., p. 63.
56
Carlos Siso, La Formación del Pueblo Venezolano, 1941, p. 85.
57
Ibíd., p. 84.
58
Ibíd., p. 86.
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sentido de la ley trata de captar sus rasgos integrales como institución
no sólo económica y religiosa sino también política y cultural. Sin
embargo, resalta su índole económica al definirla como instrumento de
la explotación del trabajo indígena en condiciones de servidumbre. Por
eso, dice el autor: “Para la subordinación social con la cual culmina
la estructura de su dominio (…) la metrópoli utiliza la esclavitud y,
conjuntamente, la encomienda o repartimiento instauradores de la
servidumbre”.59
Por su parte, Ambrosio Perera trata el tema de la encomienda en una
obra pionera y ampliamente documentada, su Historia de la organización
de los pueblos antiguos de Venezuela. Allí aclara al principio: “Siempre
he creído que la historia no es el análisis y la expresión del pensamiento
oficial, sino el producto del choque de este pensamiento con las diferentes
44 circunstancias inherentes al medio”.60
Esta perspectiva de análisis le permite al autor fundar su
interpretación historiográfica sobre la base de una copiosa documentación
que confronta con la visión legislativa del proceso colonial presente en
las Leyes de Indias. Para Perera, la encomienda tiene efectos sociales
y culturales determinantes en la relación a nuestras comunidades
indígenas, ya que éstas “…estaban llamadas a dar un golpe mortal a los
pueblos establecidos bajo las bases naturales que regían la civilización
indiana”.61
Este planteamiento introduce una situación muy importante a la
hora de estudiar el siglo de la conquista. Antes del dominio español,
nuestras comunidades indígenas tenían sus propias formas de vida,
estaban concentradas en aldeas con una organización que será destruida
por la violencia de los conquistadores. Frente a aquella situación, afirma
el autor:
59
José Luis Salcedo Bastardo, Historia Fundamental de Venezuela, 1974, p. 79.
60
Ambrosio Perera, Historia de la organización de los pueblos antiguos de Venezuela,
1954, t. I, p. 5.
61
Ídem.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
(...) fue necesario esperar el siglo siguiente para que el hombre
conquistador levantara nuevos pueblos de indios para vida social
y cristiana del hombre conquistador. Ochenta años, poco más o
menos, del régimen de encomiendas pasaron antes de dar comienzo
a la ardua tarea de reducir los indios a poblado.62
Para Perera, el proceso de poblamiento colonial que describe en
su libro es el producto del “…ideal religioso de la conquista europea.
Evangelizar el indio era el principal propósito que éste perseguía. De
ahí el sentido espiritual de su misión y el fundamento católico de la
existencia misma de aquellas poblaciones”.63 Para cumplir esa misión,
la Encomienda se transforma en un mecanismo de sometimiento de
la población indígena y de control de la tierra. De lo ideal vamos a su
funcionamiento concreto, pero no sólo leyendo la documentación oficial
sino, además, sometiendo aquella valiosa información oficial a la crítica 45
del trabajo de campo. De la historia documental a la etnohistoria de la
encomienda.
5. Enfoque geohistórico y etnohistórico de la Encomienda: El
hombre y la tierra
Esta perspectiva religiosa por medio de la cual Perera estudia el papel de
la encomienda en el proceso de poblamiento colonial, fue una referencia
clave que nos permitió avanzar en la ruta postulada por el enfoque
geohistórico y que el propio Tovar expone en la presentación que le
hace a nuestro estudio sobre la Evolución demográfica de Barquisimeto
entre 1530 y 1840, que la Fundación para el Desarrollo de la Región
Centroccidental (FUDECO) publicó en 1991.
El postulado es el siguiente: “Poblamiento y actividad económica,
dos vertientes de un mismo hecho geográfico, la ocupación del espacio”,
lo cual significa que toda sociedad crea su espacio, “sujeta a condiciones
Ibíd., p. 12.
62
Ibíd., p. 11.
63
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históricas dadas o determinadas”.64 El camino hacia una reconstrucción
etnohistórica de aquella sociedad, auxiliado de la demografía histórica y
desde una perspectiva geohistórica, estaba abierto.
Se trataba, en consecuencia, de abordar el hecho conquistador como
un proceso de desarticulación del espacio aborigen pre-colonial, para
luego describir la re-ocupación del territorio y reconstruir la organización
del espacio colonial hispano, con una visión de continuidad y ruptura.
Todo ello, a través de la reconstrucción de la ruta del poblamiento hispano
con sus hitos urbanos: Coro-El Tocuyo-Barquisimeto hasta culminar en
Caracas, y donde el papel jugado por la encomienda es de fundamental
importancia.
Con estas interrogantes es que llegamos a la obra del doctor Eduardo
46 Arcila Farías, quien desarrolla en Venezuela de manera sistemática el
estudio de la Encomienda desde las perspectivas de la moderna Historia
Económica.65 En su obra clásica, El régimen de la encomienda en
Venezuela, el autor establece primeramente el origen de la institución,
cuando afirma:
La encomienda no es una institución metropolitana, esto es, ella
no fue traída en los barcos que partieron de Cádiz, confundida
entre los papeles de los oficiales reales. Tiene un patrón europeo,
pero surge en América en el primer encuentro de las dos
culturas, y como la cultura indígena en América recorría una
escala de notas diferentes de un extremo a otro del continente,
esas modalidades le imprimieron un sello local.66
Es decir, no se puede estudiar de manera homogénea y simplemente
como una institución española, sino como el producto del conflicto entre el
64
Presentación a: Reinaldo Rojas, Evolución Demográfica de Barquisimeto 1530/1810,
1991, p. 4.
65
Al respecto se puede consultar: Adelina Rodríguez Mirabal, Concepción
historiográfica en Eduardo Arcila Farías, Caracas. Centro de Investigaciones Históricas
de la Universidad Santa María. Colección Diversos nº 1, 1987.
66
Eduardo Arcila Farías, El Régimen de la Encomienda en Venezuela, 1979. pp. 11-12.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
dominio colonial español y la resistencia indígena a ese dominio y, a partir
de allí, de su papel en el surgimiento de una nueva civilización, mestiza,
hispanoamericana. Por ello, la tarea que se planteaba era estudiar el
funcionamiento real de la encomienda. Allí reside lo novedoso de cualquier
investigación sobre este problema. Esta era su recomendación: “…quien
trate de conocer la historia de las instituciones hispanoamericanas sólo
a través de la legislación general metropolitana, estará muy lejos de
alcanzar la realidad de ese pasado histórico”.67
La contribución de Arcila Farías al estudio del régimen de la
encomienda se centra fundamentalmente en su dimensión económica.
De allí los temas que analiza en su obra: el trabajo indígena, el régimen
de tributación, las formas de servidumbre personal y la relación entre la
encomienda y la propiedad territorial. 47
La tarea que nos propusimos fue, en consecuencia, registrar estos
aspectos económicos de la encomienda, pero en el espacio regional
barquisimetano, partiendo para ello de la fundación, organización y
funcionamiento concreto de aquellos pueblos de doctrina de indios que
Ambrosio Perera había registrado en su obra como parte de la labor
evangelizadora de España en América.
Pero estos pueblos, de los que nos habla Perera en su obra, son
realidades del presente. Algunos desaparecieron pero otros, como San
Juan Bautista de Duaca, San Miguel de Acarigua, San José de Siquisique,
Nuestra Señora de Altagracia de Quíbor o San José de Guama, son centros
urbanos del presente. No estábamos, en consecuencia, frente a una
historia del pasado, sino una historia del presente. El método histórico
que tradicionalmente debía partir del pretérito más remoto para llegar
al presente, tras el mito de los orígenes del que nos alertara Marc Bloch
en su Apologie, no era el camino a seguir en la ambición de comprender
aquella rica, compleja y viviente realidad histórica. La ruta era inversa:
67
Ibíd., p. 12.
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Venezuela ISSN 0254-7325 / Depósito Legal: DC2020000674
del presente al pasado para regresar nuevamente al presente. Además,
no estábamos haciendo una historia-tesis, recordando a Febvre, sino una
historia problema, una historia sin más, es decir, sin calificativos.
Ramón Tovar nos recordaba, en este sentido, que una investigación
histórica, orientada por el enfoque geohistórico, puede abordar su objeto
de estudio como una sucesión integrada de presentes. Y cada presente
está históricamente determinado. Y lo que llamamos realidad puede ser
analizada “como un conjunto complejo de especificidades integradas
a un contexto común o unidades”, es decir, a un sistema que reviste la
totalidad. Era una invitación a construir una historia total, sistémica,
que es la historia propuesta –no por casualidad– por Marc Bloch, Lucien
Febvre y Pierre Vilar, nuestros referentes teóricos en el quehacer y el
48 pensar histórico, a quienes nuestro maestro y mentor, el doctor Federico
Brito Figueroa, nos recomendó estudiar a fondo y en su propia lengua.
Así lo hicimos y lo seguimos haciendo.
La lectura paciente y sistematizada de la obra de Bloch Les
caractères originaux de l’histoire rurale française fue una fuente de
orientación fundamental en lo teórico, epistemológico y conceptual. Allí,
el gran profesor de Estrasburgo nos insinuó un camino: la utilidad de
combinar una visión de conjunto acerca de la relación entre encomienda
y pueblos de doctrina de indios a escala hispanoamericana, con el estudio
concreto de un pueblo de indios, en este caso el pueblo de doctrina de
San Juan Bautista de Duaca, bajo jurisdicción de Barquisimeto, que es
uno de los capítulos centrales de la obra El régimen de la encomienda en
Barquisimeto colonial.
Para ello, era necesario utilizar el método comparativo, lo que nos
llevó a consultar los estudios de Ricardo Pozas sobre Chamula, un pueblo
de indios en los altos Chiapas,68 las investigaciones de Nathan Wachtel
Ricardo Pozas, Chamula, un pueblo de indios en los altos Chiapas, La Habana,
68
Editorial de Ciencias Sociales, 1982.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
sobre el impacto de la conquista en las poblaciones indígenas del Perú en
el siglo XVI,69 la obra de Noël Salomon sobre los pueblos de Castilla en
los tiempos de Felipe II,70 y, muy especialmente, para la Nueva Granada,
las investigaciones de campo realizadas por Orlando Fals Borda sobre la
tenencia de la tierra en Boyacá, una de las áreas neurálgicas del conflicto
económico, social y político de ese país en el siglo XX.
De las investigaciones realizadas por Fals Borda, desde las
perspectivas de la sociología agraria, uno de sus libros más provechosos
y particularmente útiles para nuestro estudio fue El hombre y la tierra
en Boyacá, obra donde el autor analiza los sistemas de explotación
agraria y las formas de propiedad y tenencia de la tierra como parte del
poblamiento de la sabana boyacense, alrededor de las ciudades de Tunja,
Sogamoso y Villa de Leiva.71 49
Si bien se trata de un estudio sociológico basado en el trabajo
de campo, al acudir a los orígenes del poblamiento colonial de la
región boyacense en los siglos XVII y XVIII, la investigación toma una
dimensión socio-histórica y los pueblos de doctrina de indios y sus
tierras de resguardo pasan a ocupar un primer lugar en el análisis. En
consecuencia, pese a las diferencias legales que existen para la obtención
de los títulos o mercedes de tierra y los títulos o mercedes de encomienda,
una investigación sobre esta institución creada para el sometimiento del
hombre, no podía desligarse del control sobre la tierra.
Esta realidad es la que explica por qué nuestro estudio forma parte
de la línea de investigación sobre la formación de la propiedad territorial
en Venezuela, impulsada en nuestro país por Federico Brito Figueroa
desde su llegada de México a principios de la década de los años 60 del
69
Nathan Wachtel, La vision des vaincus, Paris: Gallimard, 1971.
70
Noël Salomon, La vida rural castellana en tiempos de Felipe II, Barcelona: Editorial
Ariel S.A., 1982.
71
Orlando Fals Borda, El hombre y la tierra en Boyacá. Desarrollo Histórico de una
sociedad minifundista, Bogotá: Ediciones del Tercer Mundo, 1979.
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siglo XX, y cuyo primer resultado será la publicación del primer volumen
de la investigación sobre una hacienda cacaotera en el período colonial,
mejor conocida como la Obra Pía de Chuao. Su maestro, François
Chevalier, discípulo de Bloch, se lo había sugerido en México y él lo había
iniciado en la Universidad Central de Venezuela contando con un equipo
de investigadores de alto nivel: Eduardo Arcila Farías (Director del
Instituto de Estudios Hispanoamericanos), D. F. Maza Zavala (Director
del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales), y Ramón Tovar,
como geógrafo.72
Esta primera investigación, publicada en 1963, la continuó Federico
Brito Figueroa a través del proyecto de investigación “Historia de la
formación de la propiedad territorial en Venezuela” adscrito al Centro
de Investigaciones Históricas de la Universidad Santa María, fundado
50
en 1983.73 Nuestros estudios sobre la encomienda formaron parte de esa
línea de investigación así como las tesis de grado de Inés Ferrero sobre el
pueblo de indios de Capacho74 y de Yariesa Lugo sobre el “Libro Becerro
de La Grita”.75
Del lado de la antropología recurrimos a los estudios pioneros de
Julio César Salas, para quien la encomienda fue un régimen brutal de
explotación indígena. Así lo expone claramente en este pasaje de su obra
Tierra Firme:
El reparto de los indígenas en encomienda á los españoles á
raíz de la conquista, fue servidumbre mucho más dura que la
72
Comisión de Historia de la propiedad territorial agraria en Venezuela. La
Obra Pía de Chuao. 1568-1825, Caracas: UCV-CDCH, 1968.
73
“Bases Programáticas del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad
Santa María”, Revista Universitaria de Historia, Caracas: Publicación cuatrimestral
de la Coordinación de los Cursos de Postgrado en Historia y Centro de Investigaciones
Históricas de la Universidad Santa María, nº 4, Enero-Abril de 1983, pp. 135-140.
74
Inés Cecilia Ferrero Kellerhoff, Capacho: un pueblo de indios en la jurisdicción
de la Villa de San Cristóbal, Caracas: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela,
nº 210, 1991.
75
Yariesa Lugo Marmigon, El Becerro de la Grita. Joya de la memoria, San Cristóbal:
Biblioteca de Temas y Autores Tachirenses, nº 135, 1997.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
esclavitud, pues se obligó a los naturales á un servicio constante
á favor de sus encomenderos por un tiempo ilimitado (…).76
Para Mario Sanoja e Iraida Vargas:
El término encomienda describe el régimen fiduciario mediante
el cual se asignaban los indios a un tutor o encomendero. Los
indios que proveían al español con mano de obra y prestaciones
de servicio, constituían el repartimiento y el colono, el
encomendero.77
Se aprecia con ello la definición fundamentalmente económica que
para los autores tiene la encomienda. Por ello, al establecer la diferencia
entre el tratamiento que los españoles dieron a los indígenas antes y
después de su establecimiento, destacan como ésta
(…) significó un mejoramiento en la situación indígena, ya que 51
pasó de ser un simple esclavo o esclavo en potencia, al estado
de siervo con algunos derechos, una especie de vasallo del Rey,
entregado en custodia al encomendero.78
Una mirada desde la Geografía Histórica la encontramos en los
estudios de Marco Aurelio Vila, el cual utiliza el término de repartimiento
como equivalente a encomiendas para señalar que:
Los repartimientos –encomiendas– respondieron al deseo
de crear unidades agrarias de explotación económica. Su
instalación respondía, a la vez, al deseo de asentar la población
indígena en provecho del encomendero en particular y de la
economía de la comarca o de la región, en general.79
Sin embargo, en su estudio –que es fundamentalmente un catálogo
o nomenclátor de pueblos–, aparecen algunas ciudades o poblaciones
76
Julio C. Salas, Tierra Firme, 1971, p. 211.
77
Mario Sanoja e Iraida Vargas, Antiguas Formaciones y Modos de Producción
Venezolanos, 1974, p. 233.
78
Ídem.
79
Marco Aurelio Vila, Antecedentes Coloniales de Centros Poblados de Venezuela,
1978, p. 10.
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del presente con su antecedente en pueblos de indios, pero sin señalar
ninguna relación orgánica como la establecida por Perera. Más bien
destaca la importancia de la encomienda en la formación del latifundio,
tal como lo expuso en su momento Salvador de la Plaza. Para este pionero
de los estudios marxistas en nuestro país, hay una vinculación muy
estrecha entre reparto de tierra y reparto de indios. Así lo expone en su
libro El problema de la tierra:
Las tierras fueron adjudicadas por el Rey tanto a los
‘conquistadores’ y sus descendientes mediante ‘mercedes’ y
‘repartimientos’ como a los pobladores mediante ‘caballerías’
y ‘conías’, (sic) ‘encomendando’ a los primeros determinados
grupos de la población indígena (…).80
En su ensayo sobre La formación de las clases sociales en Venezuela,
52
la encomienda es definida por el mismo autor con estas palabras:
(…) consiste ésta en que al ceder el Rey por ‘merced’ una porción
de su tierra a un conquistador, le ‘encomendaba’ a los indios
que en ella moraren, quienes sin dejar de ser libres, quedaban
obligados a realizar para el ‘encomendero’ labores de campo y
de servicios domésticos, que debían serles remunerados.81
Para Salvador de la Plaza la base del dominio español en América
está en el control sobre la tierra y sobre los hombres, en este caso, el
indígena sometido al régimen de las encomiendas. De allí la importancia
que, para la historiografía marxista de la década de los años 60 y 70
del siglo XX, llegó a tener la definición del tipo de explotación del
trabajo del indígena encomendado, para poder caracterizar el modo de
producción dominante en la economía colonial, ¿Era feudal, esclavista
o capitalista?
Para Raúl Domínguez, “... lo que fuera misión del evangelio para
cristianizar a los nativos va a devenir en relación de servidumbre y
Salvador De La Plaza, El Problema de la Tierra, 1976, vol. V, p. 46.
80
Salvador De La Plaza, La formación de las clases sociales en Venezuela, s/f., p. 15.
81
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
esclavismo, en mano de obra esclava al servicio de los encomenderos,
antecedentes históricos inmediatos de los terratenientes latifundistas”.82
Por su parte, Federico Brito Figueroa también destaca el carácter
fundamentalmente económico de la institución, hecho que queda
claramente establecido en el párrafo siguiente:
Las encomiendas, antes y después de las Leyes Nuevas de 1542,
consistían en mercedes concedidas por el Estado metropolitano
que autorizaba a los encomenderos a exigir compulsivamente
de los indios de su encomienda un tributo en fuerza trabajo
(prestación de servicios personales), y en especies, frutos de la
tierra, ganado menor, aves, mantas y tejidos de algodón, etc.83
Por ello, para este historiador, la encomienda pasa a ser un factor
fundamental en la formación de la propiedad agraria en Hispanoamérica,
53
ya que la mano de obra indígena encomendada “valorizó la tierra
transformándola en una base eficiente para la acumulación de riqueza,
incrementada por los tributos pagados en servicios personales y en
especies”.84
Como puede apreciarse en esta ligera revisión historiográfica, la
encomienda cumplió diferentes funciones en el proceso de colonización.
Sin embargo, en cada autor hay un énfasis, lo cual da una visión parcial
y, en muchos casos, aislada de su funcionamiento concreto en la sociedad
colonial hispanoamericana. Por eso, en nuestros estudios fuimos
avanzando de esa visión parcial de la historia económica, dominante
entonces, a una concepción global de la institución en un espacio y
tiempo determinado porque para nosotros el objeto de estudio no era la
encomienda en sí misma, sino la sociedad colonial barquisimetana, como
una totalidad.
82
Ídem.
83
Federico Brito Figueroa, El problema tierra y esclavos en la Historia de Venezuela,
1985, p. 30.
84
Ibíd., p. 32.
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PARTE III
Por una visión global de la Encomienda
1. Dimensión demográfica: Destrucción de la comunidad de
aldeas aborígenes y formación de los pueblos de doctrina de
indios
La importancia de la dimensión demográfica de la encomienda tiene que
ver con la doble función que desempeña en el proceso de conquista y
colonización, aspecto prácticamente ignorado o desconocido en nuestra
historiografía, al separar la institución de su funcionamiento concreto.
En nuestro caso, el estudio de la encomienda lo abordamos a partir
del papel jugado por esta institución en el poblamiento colonial de la
denominada por nosotros “Región Barquisimeto”,85 proceso que se inicia
54
en 1530 con la ocupación hispánica del territorio y la intervención del
espacio aborigen prehispánico o pre-colonial anteriormente organizado
por las naciones indígenas de Caquetíos, Gayones, Xaguas o Ajaguas,
Ayamanes, Cyparicotes, Xidahara o Jirajaras y Cuybas, que habitaban
el extenso territorio que va de Coro hasta el Río Cojedes a principios del
siglo XVΙ, según la información suministrada por la primera expedición
europea a nuestra región, conducida por el capitán y adelantado de los
Welser, Nicolás Federmann.
La riqueza de esta fuente documental nos llevó a combinar la
crítica histórica de textos86 con el trabajo de campo de la Geografía y de
la Antropología, recorriendo parte de la ruta de Federmann, de Coro a
Itabana, incluyendo los parajes semiáridos de la serranía de Saroche y los
sitios de fundación de Barquisimeto, donde la labor del geohistoriador y
85
La categoría geohistórica “Región Barquisimeto”, estaría conformada para finales
del siglo XVIII por las vicarías de Barquisimeto, El Tocuyo, Carora, Villa de Araure y San
Felipe El Fuerte, tema desarrollado en nuestra Tesis Doctoral publicada por la Academia
Nacional de la Historia con el título de Historia Social de la Región de Barquisimeto en
el tiempo histórico colonial 1530-1810, 1995, parte II.
86
Robert Marichal, “La critique des textes”, Enciclopédie de La Pléiade, L’Histoire
et ses Méthodes. Paris: Editions Gallimard, 1961, pp. 1247 y ss.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
del etnohistoriador se hicieron presentes, confrontando la información
documental con las características del paisaje, los testimonios orales del
presente y las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en nuestra
región de estudio por el Museo de Quíbor.87
La información arqueológica y la reconstrucción del presente
geohistórico aborigen caquetío de 1530 a partir del informe expedicionario
de Federmann,88 nos permitió valorar en términos cuanti-cualitativos, y
para el corto periodo de 1530 a 1550, los efectos demográficos iniciales
de la conquista española en la región, generando un proceso de
despoblamiento equivalente a una hecatombe natural.
Según nuestros cálculos, la caída demográfica de la población
indígena es de 80 % para el valle del rio Turbio y de 50 % para la
región Barquisimeto. Los enfrentamientos, la huida a los montes y las 55
enfermedades diezmaron aquella población que, aplicando métodos
estadísticos y cálculos de densidad poblacional comparados con otras
sociedades indígenas americanas, para 1530 estaba constituida por 3.360
indígenas en el valle estrecho del río Turbio, 6.800 habitantes en el valle
extenso que se extiende hasta la actual ciudad de Yaritagua y de 20.744
personas diseminados en toda la región.89
En 1552, cuando el capitán Juan de Villegas procede a realizar el
primer reparto de encomiendas en la Nueva Segovia de Barquisimeto, la
población involucrada, según los cálculos de Eduardo Arcila Farías, es la
siguiente: 10.285 indígenas repartidos en 38 encomiendas y una población
87
Luis E. Molina, “Proposiciones para una interpretación del pasado prehispánico
del Estado Lara, Venezuela”, Revista de Ciencias Sociales de la región centroccidental,
Barquisimeto: Fondo Editorial Buría, nº 3, septiembre-diciembre de 1986, pp. 65 y ss.
88
Sobre la figura del conquistador alemán y la importancia de su libro como fuente
etnohistórica y geohistórica, se puede consular: Reinaldo Rojas, Variquecemeto en la
Historia Indiana de Nicolás Federmann, Barquisimeto: Biblioteca de Autores Larenses,
Fundacultura. 1991.
89
Reinaldo Rojas, El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto colonial. 1530-
1810, 1992, pp. 129 y ss.
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de 87 españoles, de los cuales sólo 29 eran considerados vecinos de la
recién fundada ciudad.90 Aquí estamos hablando del núcleo formativo
inicial de la futura sociedad colonial barquisimetana, entendida más
allá de su jurisdicción como el centro metropolitano de la futura región
Barquisimeto de finales del siglo XVIII.
Si bien el siglo XVI estaría enmarcado en nuestro caso por una
práctica “de justa guerra” contra el indígena, el cual es cazado y tratado
como esclavo, al llegar la encomienda, el primer efecto de este mecanismo
de organización poblacional es el de desarticular el orden natural de
aquellas sociedades aborígenes. La implantación de la encomienda
significó, en consecuencia, dispersión y desarticulación de la sociedad y
del mundo aborigen regional.
56 De sus centros aldeanos pre-hispánicos, como Variquecemeto,
la masa indígena encomendada, sin respetar sus diferencias étnicas,
lingüísticas, culturales y geográficas, fue movilizada compulsivamente
y concentrada en las haciendas y unidades de producción de los
encomenderos. Esta realidad, para muchos historiadores fue equivalente
a la implantación de un sistema de explotación esclavista del indígena
el cual, según lo establecía la ley, debía ser considerado como un sujeto
libre y súbdito del rey, sometido sólo al pago de un tributo a través del
régimen “encomendil”.91
En el caso regional estudiado, diferenciamos una primera etapa de
exploración y progresiva ocupación del territorio que se inicia en 1530
con la llegada a la provincia caquetía de Variquecemeto-Vararida de las
huestes del adelantado de los Welser, Nicolás de Federmann, periodo
donde la desarticulación del espacio, de la sociedad y de los modos de
90
Eduardo Arcila Farías, ob. cit., 1979, p. 101.
Este es uno de los planteamientos centrales de nuestro Trabajo de Grado de Maestría
91
intitulado El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto colonial 1530-1810, publicado
en 1992 por la Academia Nacional de la Historia, ya citado.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
vida aborigen existentes en el territorio antes de 1530, dan paso a la
instauración de la encomienda en 1552, cuando desde la Nueva Segovia
de Barquisimeto, el capitán Juan de Villegas procede a repartir y normar
el primer reparto de encomiendas efectuado en la Venezuela colonial.
El proceso demográfico que sigue a esta acción de 1552 pasa por las
siguientes etapas:
I) De 1552 a 1620, donde el rasgo demográfico dominante es la
continuación del despoblamiento y la caída del volumen de la población
aborigen regional, como resultado de la implantación de la encomienda
de servicios, en el contexto –hasta 1580 aproximadamente– de una
economía eminentemente minero-extractiva del oro localizada en las
serranías de Nirgua.
57
II) De 1620 hasta 1687, domina la inestabilidad de los pueblos de
doctrina fundados en 1620, tanto por las diferentes formas violentas o
no violentas de resistencia indígena al dominio español92 como por los
efectos del pago de tributo en trabajo que los indígenas encomendados
tenían que hacer en las haciendas y hatos de los encomenderos, lo cual
determinó la permanencia de la explotación esclavista de la mano de obra
indígena y el alto grado de ausentismo indígena en los referidos pueblos.
III) Legalmente, esta situación cambia con la eliminación de la
encomienda cancelada en servicios y la instauración del pago del tributo,
en dinero o su equivalente en especies en 1687. Esta tercera fase se
mantiene hasta 1718, cuando la Corona decide abolir definitivamente la
encomienda, dando paso a la recaudación tributaria directamente por
la Real Hacienda. Los pueblos de doctrina se mantienen ahora como
92
De las formas violentas de resistencia indígena que se pudieron desarrollar en la
región, la más significativa es la llamada rebelión de los gayones y cámagos, entre 1650 y
1668 aproximadamente, bajo la conducción de Pedro Monje y Ana Soto, la cual aparece
referida en el “Título de nueva Encomienda de los Indios asignados al Valle de Cocorote
(...) a favor de Don Francisco de Guinea y Mujica”. Archivo General de la Nación,
Encomiendas, Caracas: Imprenta nacional, 1949, tomo V, p. 330.
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pueblos tributarios, tal como se le denomina en los documentos del siglo
XVΙΙΙ.
En cuanto a este proceso demográfico, donde la encomienda
dará paso a la fundación de los primeros pueblos de doctrina en las
jurisdicciones de El Tocuyo, Barquisimeto y Carora, hemos sintetizado y
organizado para tales efectos, el resultado de las investigaciones realizadas
sobre este particular por el historiador caroreño Ambrosio Perera.93 Este
sería el proceso de poblamiento regional a partir de las jurisdicciones
respectivas de estos tres centros urbanos.
En cuanto a El Tocuyo, el primer reparto de encomiendas lo realiza
Juan de Carvajal en 1545, luego ratificadas por el licenciado Juan Pérez
de Tolosa.94 Sigue Barquisimeto con el reparto realizado por Juan de
58 Villegas en 1552 y, más tarde, Carora. Siguiendo a Perera, el proceso de
reducción en nuestra región se desarrolla a partir de las doctrinas de sede
ambulante, “…creadas en razón de las circunstancias originadas con las
encomiendas y de la escasez de sacerdotes…”95 a las doctrinas de sede fija
concentradas en los futuros pueblos de doctrina.
Siguiéndonos por el postulado geohistórico, según el cual,
poblamiento y actividad económica son dos vertientes de un mismo
hecho geográfico como lo es la ocupación del espacio, esta política de
fundación de los pueblos de doctrina de indios en la región es estudiada
por nosotros a partir de la diferenciación de dos presentes geohistóricos
específicos: 1530 y 1780.
El primer presente lo concebimos como una fecha-frontera entre la
Venezuela pre-hispánica, aborigen o pre-colonial y la Venezuela colonial.
Para el espacio regional barquisimetano, nos referimos en este caso, al
93
Cf. Ambrosio Perera, Historia de la Organización de los Pueblos Antiguos de
Venezuela, tomo I (1954), tomos II y III (1964).
94
Cf. Ermila Troconis De Veracoechea, Historia de El Tocuyo colonial, 1977, pp. 64
y ss.
95
Ambrosio Perera, ob. cit., 1954, t. I., p. 24.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
universo cultural que encuentra y describe Nicolás Federmann entre 1530
y 1531, y la posterior conquista y ocupación europea de este territorio con
fines de dominación sobre él y sus habitantes.
La segunda fecha se corresponde con la cristalización de la
nueva estructura socio-espacial colonial, presente que reconstruimos,
fundamentalmente, a partir de la rica información demográfica,
económica, social y cultural que reúne el obispo Mariano Martí tras su
visita pastoral a la región entre 1776 y 1782.
En el transcurso de los doscientos cincuenta años que van de 1530 a
1780 se puede apreciar claramente el proceso de destrucción-asimilación
de las antiguas formas de organización aborigen y el posterior proceso
de ocupación violenta, fijación, expansión y cristalización de la nueva
formación socio espacial colonial en su especificidad regional.
59
Partiendo de este primer criterio de análisis del proceso espacial
colonial, planteamos que esta dinámica permite diferenciar histórica-
mente las siguientes etapas:
1) 1530: presente geohistórico de la provincia caquetía de
Variquecemeto;
2) 1530-1620: intervención y articulación de la anterior organización
social caquetía, dándose a la vez, la ocupación del territorio y la fijación
de los primeros centros poblados de colonización con la fundación de las
ciudades de El Tocuyo, Barquisimeto y Carora, entre 1545 y 1572, como
“ciudades de blancos”;
3) 1620-1690: de estas ciudades fundadas en el siglo XVI se pasa
a la fijación de los pueblos de doctrina de indios, sujetos al régimen de
encomiendas.
4) 1690-1780: fase de expansión y cristalización de la forma de
organización socio-espacial colonial, etapa que, a su vez, se corresponde
con la organización definitiva de la producción económica regional.
5) Finalmente, el presente geohistórico colonial, valorado a partir
del corte cronológico de 1780.
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Todo este proceso fue abordado históricamente en nuestra tesis
doctoral con base en el estudio de las siguientes variables: estructura
socio-espacial aborigen pre-colonial, desarticulación de la organización
social aborigen, poblamiento colonial y re-organización de las actividades
económicas regionales desde las perspectivas de los intereses coloniales,
incorporando el peso político-administrativo, en lo civil y eclesiástico,
de las cinco vicarías que, para 1780 y en nuestro modelo de análisis, se
comportan como sub-conjuntos de la región Barquisimeto en el siglo
XVΙΙΙ.
En el caso de El Tocuyo, este proceso tiene tres momentos: reparto
de encomiendas por Juan de Carvajal en 1545, organización de las
doctrinas con sede ambulante por el obispo de la provincia de Venezuela,
60 fray Antonio de Alcega en 1609 y fundación en 1620 de los siguientes
pueblos de doctrina bajo jurisdicción tocuyana, por orden del Gobernador
y Capitán General Francisco de la Hoz Berrío:
1. San Antonio de los Naranjos de Humocaro (Alto),
2. Nuestra Señora del Rosario de Humocaro (Bajo),
3. San Francisco de la Otra Banda,
4. Nuestra Señora de Altagracia de Quíbor,
5. Santa Cruz de Guarico,
6. Santa Ana de Sanare,
7. San Miguel de Cubiro y
8. San Felipe de las Barbacoas.
En total ocho pueblos, visitados posteriormente en 1625 por el obis-
po Angulo, año este en que el prelado organiza una campaña de revisión de
los pueblos fundados, con el fin de conocer acerca de su funcionamiento
y fiscalizar las labores doctrinarias respectivas. Estos son los pueblos
visitados por el obispo Angulo:
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
1. San Francisco de la Otra Banda,
2. San Felipe de las Barbacoas,
3. Nuestra Señora de Altagracia de Quíbor,
4. Santa Cruz de Guarico,
5. Santa Ana de Sanare,
6. San Miguel de Cubiro
7. San Antonio de los Naranjos de Humocaro (Alto) y
8. Nuestra Señora del Rosario de Humocaro (Bajo)
En la jurisdicción barquisimetana, reparto de encomiendas por
Juan de Villegas en 1552, organización de las primeras doctrinas de sede
ambulante por el obispo Ágreda hacia 1579, reorganizadas en 1615 por 61
el obispo Bohórquez y fundación en 1620 de los siguientes pueblos de
doctrina:
1. San Miguel de Acarigua,
2. San Antonio de Berrío,
3. Santo Tomás de la Calera,
4. San Juan Bautista de Urachiche,
5. Santa Catalina de Cuara,
6. San Jerónimo de Cocorote,
7. San José de Guama y
8. San Juan Bautista de Duaca.
En cuanto a la jurisdicción de los pueblos caroreños, después de la
fundación de la ciudad entre 1569-1672, las doctrinas con sede ambulante
las organiza en 1617 el obispo Juan Bohórquez. En 1620, la reducción
ordenada por el gobernador y capitán general Francisco de la Hoz Berrío,
significó la fundación de los siguientes pueblos bajo la jurisdicción de
Carora:
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1. San Miguel de los Ayamanes,
2. San José de Siquisique,
3. Santiago de Río Tocuyo y
4. Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Aregue.
En este proceso demográfico, el papel jugado por la encomienda fue
de fundamental importancia. Veamos ahora su importancia en el terreno
económico.
2. Dimensión económica: modo de producción tributario,
mercantilismo y acumulación originaria de capital
Desde su perspectiva jurídica, el molde social y político sobre el cual se
62 crea la encomienda es de claro sentido feudal. Solórzano y Pereira destaca
esos rasgos feudales al definirla como una merced real, como un derecho
que se le da al conquistador como recompensa y bajo principios feudales.
Esta estrecha relación la describe el tratadista al exponer que:
(…) de la manera que en los mayorazgos, feudos y otros derechos
semejantes universales prohibidos de enagenar no se dividen
los bienes de que constan entre los hijos, ni se traen á partición,
y colocación, sino que enteramente se aplican, y adjudican al
primogénito, ó llamado por la ley, ó por el testador, así también
nuestras Encomiendas no se dividen, parten, colacionan…96
Ahora bien, en cuanto al funcionamiento de la institución en
nuestro territorio, ¿cuál fue su verdadero contenido económico y social?,
¿qué tipo de relaciones sociales de producción predominaron entre el
encomendero y sus encomendados?, y ¿a qué modo de producción se
asimiló la encomienda como régimen de producción? Con sus variantes
y excepciones, predomina la tesis feudal como característica esencial de
la encomienda.
Juan de Solórzano Y Pereira, ob. cit., 1972, t. II, p. 173.
96
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Salcedo Bastardo, por ejemplo, aborda el estudio de la encomienda
calificándola de institución instauradora de la servidumbre. Asimismo,
define al indígena como un “vasallo libre”, término asociado al feudalismo.
Carlos D’Ascoli, por su parte, también destaca la fuerte influencia feudal
de la institución, expresada claramente en las relaciones de vasallaje y
en las diversas formas de tributo que el encomendado le debía pagar a
su encomendero. Para D´Ascoli, el indígena encomendado “…caía, con
su haber, bajo el vasallaje y tutela del encomendero…”.97 Por otro lado,
señala como una obligación esencial del indio con su encomendero “…el
pago de un tributo en dinero o en especies, de un monto variable fijado en
cada encomienda ora de acuerdo con la tasa general de la provincia o con
la productividad de la tierra respectiva”,98 dejando clara la sustitución
del pago de ese tributo por la posterior prestación de servicios. 63
Para Brito Figueroa, el tributo y el servicio personal transformaron al
indígena “…en una categoría social que no puede ser definida (sin olvidar
las diferencias con la economía feudal típica) sino como servidumbre”.99
Sin embargo, al caracterizar el modo de producción dominante en
nuestra economía colonial Brito Figueroa ubica la encomienda como una
“…forma incipiente de relaciones feudales de producción en un régimen
económico esclavista”,100 hecho cierto para la región central de Venezuela
colonial, pero diferente para regiones como los Andes o la denominada
por nosotros región Barquisimeto, donde el trabajo indígena en la
encomienda predominó sobre el trabajo esclavo de los africanos, incluso
hasta el siglo XVIII, donde dominaron las formas feudales de producción
y la población de la región fue mayoritariamente libre.
Arcila Farías utiliza términos como “carácter señorial” y “calidad
de vasallo libre del indio” al referirse al régimen y a los indígenas
97
Carlos D’ascoli, ob. cit., 1980, p. 75.
98
Ibíd., p. 76.
99
Federico Brito Figueroa, ob. cit., 1979, t. I, p. 85.
100
Federico Brito Figueroa, ob. cit., 1978, p. 133.
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encomendados, términos de innegable contenido feudal. No hay
que olvidar la insistencia del autor dirigida a resaltar el origen no
metropolitano de dicha institución y los controles impuestos por la
Monarquía al funcionamiento de la misma con el objeto de “…quitarle a
la encomienda la fuerza política que pudiera conducir a la constitución
de señoríos tan poderosos como los que hubo en Europa…”.101 Sin
embargo, al comentar la tesis del historiador mexicano José Miranda,
según la cual “…la encomienda feudal se dobla de repartimientos con
fines capitalistas; el señor feudal se dobla de empresario”, citado por el
propio Arcila Farías, éste hace la siguiente observación:
Este concepto de ‘capitalista’ es preciso manejarlo con cierta
reserva cuando se trata del encomendero venezolano, pues
durante el período de la encomienda de servicio la situación
64 de atraso económico de la antigua provincia era muy
considerable. Regía una economía predominantemente natural
y dentro del propio régimen de la encomienda la moneda
queda absolutamente excluida: los indios pagan sus tributos
en servicios o en especies, y a su vez reciben sus salarios en
artículos.102
Esta llamada economía natural es comentada por Brito Figueroa
como:
(…) una de las características fundamentales que ayudan
a calibrar el valor cualitativo de las relaciones feudales y de
servidumbre en el cuadro general del modo de producción
esclavista que en este período regía la vida económica de las
regiones conquistadas.103
A pesar de que Arcila Farías no es tan explícito como Brito Figueroa
en este punto, más adelante, cuando aborda el final de la encomienda
101
Eduardo Arcila Farías, ob. cit., 1979, p. 133.
102
Ibíd., p. 224. En una obra posterior (Fundamentos Económicos del Imperio Español
en América, 1985), Arcila Farías señala al período donde predomina la economía natural,
“…con prestación de servicios de indios a sus encomenderos, sin retribución alguna por
parte de éstos, quienes ejercían facultades señoriales sobre estos vastos territorios”, p.
53, como un período de relaciones cuasi-feudales.
103
Federico Brito Figueroa, ob. cit., 1978, p. 273.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
de servicio –año de 1687–, el hecho de que la fuerza de trabajo del
indígena debía ser, a partir de ese momento, pagada y contratada por
el encomendero, el cual se comportaba, en consecuencia, como una
especie de empresario agrícola capitalista, lleva de nuevo a este autor
a la necesidad de interpretar si de veras se pasó o no a una economía
capitalista. Para Arcila Farías el cambio es teórico:
Ya que antes de aquella fecha, y quizás para conciliar las
demandas de la Corona y los intereses de los coloniales
encomenderos los gobernadores habían intentado hacer la
conversión de los días de servicio por su equivalente en salarios.
De esta manera el sistema quedaba sin alteración pues el cambio
resultaba sólo aparente.104
Maza Zavala también caracteriza la encomienda como una moda-
lidad feudal. Así aborda este punto: 65
Las características económicas de la encomienda no parecen
estar bien definidas. Existía obviamente, el régimen de
servidumbre indígena (…). La tributación en servicios o en
especies encubría el verdadero carácter de las relaciones
de trabajo que era la explotación primitiva de los indios
encomendados y la apropiación de todo el excedente creado
por éstos, después de cubiertas las necesidades elementales al
nivel rígido de la subsistencia (…). Existía, por tanto, una cierta
condición de enfeudamiento de los indios encomendados.105
Sin negar la existencia de relaciones de servidumbre entre el
encomendero y el encomendado, Sanoja y Vargas difieren de los autores
anteriormente citados en la acentuación capitalista que le aprecian a una
economía que, como la colonial, tuvo como dinámica fundamental la
producción para el mercado internacional, controlado en nuestro caso
por el Imperio español. Este hecho le imprime rasgos mercantiles a la
encomienda y, en especial, al encomendero, “…quien de esta manera se
convertía no sólo en un señor con poderes cuasi-feudales, sino en un
Eduardo Arcila Farías, ob. cit., 1979, p. 265.
104
Domingo Francisco Maza Zavala, ob. cit., 1968, pp. 65-66.
105
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capitalista, en un empresario agrícola que capitalizaba el excedente de
producción obtenido mediante el trabajo indígena”.106
Desde una perspectiva similar, Héctor Malavé Mata, en la obra
Formación histórica del antidesarrollo en Venezuela, aborda la
caracterización de la encomienda como un “…medio de contratación
colonizadora según la cual no era la vida del indígena lo que se
encomendaba, sino su mano de obra en servidumbre, su servicio
personal como tributo abonado en trabajo o en especie”.107 Este régimen
no es para el autor típicamente feudal ya que el mismo se levanta de “…la
apropiación directa por el encomendero de la renta creada por la fuerza
del trabajo sobrante del indio encomendado”.108 El tributo mismo es
definido como una “…renta de la tierra coincidente con la forma más
66 rudimentaria de la plusvalía”,109 lo que permite explicar por qué para el
autor la estructura económica de la colonia venezolana debe ser definida
como una formación capitalista incipiente y periférica, de estructura
híbrida, ya que sin excluir la existencia de relaciones de producción
esclavistas y serviles, lo fundamental del sistema en su totalidad, como
formación económica y social, es su evolución “…entre las fronteras de la
economía mercantil y el régimen de producción capitalista”.110
La caracterización esclavista de la encomienda la encontramos en
la obra de Ricardo Martínez. Para este autor, el carácter y el contenido
económico y social de la conquista fueron esclavistas, régimen que
perduró, ya en descomposición hasta la época de la Independencia.111
Según Martínez:
106
Mario Sanoja e Iraida Vargas, ob. cit., 1974, p. 236.
107
Héctor Malavé Mata, La Formación Histórica del Antidesarrollo de Venezuela,
1974, p. 28.
108
Ídem.
109
Ídem.
110
Ibíd., p. 63.
111
Cf. Ricardo Martínez, ob. cit., 1963, p. 28.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Todas las reglamentaciones económicas, políticas y jurídicas,
todos los dictados y leyes que constituyen las leyes de indias no
fueron más que un gigantesco papeleo para ocultar la realidad
del desorbitado e inicuo crimen que significó el exterminio de
los indios o su sometimiento a los rigores de la esclavitud.112
Para Arturo Cardozo, al contrario, la encomienda vino a ser un
modo específico de producción precapitalista. En su criterio, los dos
tipos de propiedad de la tierra, privada del encomendero y colectiva de
los encomendados, y la relación encomendero-Rey “…que atenuaba y
deformaba el carácter feudal de la encomienda de servicios”,113 sirven
de elementos para establezcer el carácter propio del régimen de la
encomienda, como modo de producción.
En nuestro caso, el estudio de la encomienda se llevó a cabo tomando 67
en consideración su funcionamiento específico en la región Barquisimeto,
deteniéndonos en su papel económico y social como institución colonial.
En cuanto a su caracterización la conceptuamos como una unidad de
producción precapitalista, en la que se conjugan nexos de sujeción, formas
de apropiación del trabajo excedente y de propiedad de los medios de
producción de carácter feudal, que es la base real de la formación de una
aristocracia de la tierra y de un orden político de carácter señorial. Sin
embargo, a este carácter tributario de las relaciones sociales de producción
que se establecieron formalmente entre encomenderos y encomendados,
hay que agregar la presencia de relaciones de trabajo, que por el grado de
explotación de la fuerza-trabajo de la masa indígena sujeta a encomienda
no pueden catalogarse sino como esclavistas.
En este sentido, en su dimensión económica, la encomienda se
asimila a una formación económico-social colonial precapitalista, ubicada
Ibíd., p. 29.
112
Arturo Cardozo, ob. cit., 1986, t. I, p. 271.
113
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universalmente en la fase de desarrollo capitalista denominada por Marx
de acumulación originaria de capital, siglos XVI al XVIII.114
Esta última condición es la que le impone al colonialismo de la época
su sentido mercantil o comercial, situación que llevó a los promotores
de la tesis del capitalismo colonial a identificar expansión del comercio
internacional, en la fase de la acumulación originaria, con producción
capitalista en la formación económico-social colonial, tema que animó en
la década de los años 70 y 80 del siglo pasado una intensa polémica sobre
los orígenes del capitalismo,115 y su relación con el colonialismo.116
Ese fue un debate más orientado por las posturas teóricas e
ideológicas de los historiadores, dirigida a descubrir aquella complejidad
existente entre las formas productivas precapitalistas y el comercio
68 capitalista en expansión, fuerzas y dinámicas que estuvieron presentes
en la encomienda y que en nuestra investigación pudimos apreciar
con mayor claridad en el estudio que realizamos sobre el pueblo de
doctrina de indios de San Juan Bautista de Duaca, en la jurisdicción de
Barquisimeto. En ese sentido, nuestro primer trabajo El régimen de la
encomienda en Barquisimeto colonial, participó de aquel debate teórico
y conceptual, pero desde una perspectiva científica, es decir, orientada
más al descubrimiento de la realidad estudiada que a la demostración de
tal o cual teoría en boga.
Por eso, nuestro interés de cultivar una historia científica, o
científicamente elaborada, fue un horizonte y una ambición que encontró
en autores como Bloch y Febvre un poderoso aliciente y un modelo a seguir.
Recordemos con Bloch que el análisis histórico siempre se ha movido entre
114
Cf. Carlos Marx, El Capital, 1973, t. I, Libro Primero, Sección Octava. En este texto
Marx ubica el colonialismo como uno de los métodos de la Acumulación Originaria de
Capital.
115
Cf. Maurice Dobb, Estudios sobre el Desarrollo del Capitalismo, 1979. Capítulo
primero. Pierre Vilar, Crecimiento y Desarrollo, 1974, pp. 106 y ss.
116
Carlos Sempat Assadourian y otros, Modos de Producción en América Latina,
1978, pp. 111 y ss.; Armando Córdova, Marxismo y Subdesarrollo, 1975, pp. 37 y ss.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
el juzgar o el comprender. En esa atmósfera mental, las inquietudes del
presente se mezclan con las pasiones del pasado, convirtiendo la realidad
humana en un cuadro cuyos colores son únicamente el blanco y el negro.
Mejor sería averiguar qué se proponían –en nuestro caso– los hombres
del siglo XVI. Y eso es lo que hemos intentado hacer develando para el
presente el papel jugado por la encomienda, no solo en lo económico,
sino también en lo demográfico, en lo educativo y en lo político, visión de
síntesis a la que hemos llegado de hipótesis en hipótesis.
3. Dimensión educativa: La encomienda como sistema escolar
Si nos detenemos en los fines últimos de la encomienda, que son los de
cristianizar y civilizar al indio según los marcos culturales de la España
conquistadora, y nos concentramos en analizar la tarea que la Corona le
impuso al encomendero “de cuidar del bien de los indios en lo espiritual 69
y temporal”,117 podemos afirmar que la encomienda funcionó también
como un sistema escolar, basado en una pedagogía de la evangelización
dirigida a imponer la hegemonía cultural de los valores hispanos sobre
las formas de vida de las sociedades indígenas. Esa conquista espiritual
de América, magníficamente estudiada para México por el historiador
francés Robert Ricard, tuvo en la encomienda su mejor y más efectivo
instrumento.
Para Ricard, los promotores y ejecutores de esa conquista espiritual
del indio fueron las ordenes mendicantes, “independientemente del
episcopado, cuya autoridad iba a estrellarse en los privilegios pontificios
concedidos al clero regular”.118 Pero en casos como el de Venezuela, fue
en el espacio institucional de la encomienda donde se establecieron unas
relaciones pedagógicas entre el indio y el cura doctrinero, por un lado; y el
indio y el blanco encomendero, por el otro, que nos permiten profundizar
en esta dimensión educativa y cultural que también tuvo la encomienda.
Juan de Solórzano Y Pereira, ob. cit., 1972, t. II, pp. 21-22.
117
Robert Ricard, La conquista espiritual de México, México: Fondo de Cultura
118
Económica, 1986, p. 36.
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El carácter religioso que los españoles del siglo XVI le imprimieron
a la conquista tiene mucho que ver con esta dimensión de la encomienda.
Octavio Paz, en ese extraordinario texto que se llama El laberinto de la
soledad, nos ayuda a entender esta situación cuando destaca los dos rasgos
que caracterizaron a la conquista española: como empresa renacentista,
de expansión ultramarina, que se aprovecha de la ciencia y la técnica
más avanzada de su tiempo, pero que es llevada a cabo por hombres de
mentalidad medieval, caballeros defensores de la fe y soldados de Cristo
que sienten vivir una nueva Cruzada frente a los infieles. Por eso, para Paz:
Si España se cierra al Occidente y renuncia al provenir en el
momento de la Contrarreforma, no lo hace sin antes adoptar
y asimilar casi todas las formas artísticas del Renacimiento:
poesía, pintura, novela, arquitectura. Esas formas –amén
70 de otras filosofías y políticas–, mezcladas a tradiciones e
instituciones españolas de entraña medieval, son trasplantadas
a nuestro continente.119
Pues bien, la encomienda vendría a ser una de esas instituciones de
tradición medieval tal como se concibe en Las Leyes de Burgos de 1512,
elaboradas para “el buen rregimiento y tratamiento de los indios”120
donde el término enseñanza, que es la base de toda pedagogía, aparece
diseminado a lo largo del documento. Por ejemplo, la Ley Primera obliga
a construir las estancias de los indios “juntas con las de los españoles”,
la Ley Tercera “a tener vna casa para iglesia (....) en la cual dicha
iglesia pongan ymagenes de nuestra señora y vna campanilla para los
llamar a rrezar” a objeto de que “los clericos que les dixeren la misa
les enseñen los mandamientos y artículos de fee y las otras cosas de
la doctrina cristiana para que sean yndustriados y enseñados en las
cosas de nuestra santa fee...”.121
119
Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México: Fondo de Cultura de México, 1987,
p. 89.
120
En: Santos Rodulfo Cortes, Antología Documental de Venezuela, Caracas:
Editorial Pregón, 1971, p. 34.
121
Ibíd., p. 37.
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De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Con ello, se pone en práctica un sistema educativo donde la imagen
entra en escena como método de enseñanza de la fe, ya que, como bien
señala Serge Gruzinski en su obra La guerra de las imágenes:
El Occidente cristiano conocía de tiempo atrás esta función
pedagógica y mnemotécnica asignada a la imagen y
ampliamente justificada por el analfabetismo de las masas
europeas y después por el de los indígenas.122
Por ello, citando los estudios de Michael Baxandal sobre la pintura
italiana, Gruzinski señala que para la tradición medieval, lo que un libro
es para quienes saben leer, lo es una imagen para el pueblo analfabeto
que la contempla. Los franciscanos explotaron esta facultad de la imagen
en sus campañas evangelizadoras. Y esta conducta o propósito no es
secundario al espíritu conquistador de España. Volvamos a Octavio Paz, 71
quien nos recuerda que:
Gracias a la religión el orden colonial no es una mera
superposición de nuevas formas históricas, sino una
organización viviente. Con la llave del bautismo el catolicismo
abre las puertas de la sociedad y la convierte en un orden
universal, abierto a todos los pobladores.123
Esta visión de la colonización como empresa de evangelización será
uno de los rasgos fundamentales de diferenciación entre los españoles
del siglo XVI, católicos y contrareformistas, y los colonos protestantes
ingleses fundadores de las trece colonias que dieron origen a los Estados
Unidos en la América del Norte. Así lo sintetiza Paz:
Por la fe católica los indios, en situación de orfandad, rotos los
lazos con sus antiguas culturas, muertos sus dioses, tanto como
sus ciudades, encuentran un lugar en el mundo. Esa posibilidad
de pertenecer a un orden vivo, así fuese en la base de la pirámide
social, les fue despiadadamente negada a los nativos de Nueva
Serge Gruzinski, La guerra de las imágenes, 1995, p. 74 y ss.
122
Octavio Paz, ob. cit., 1987, p. 92.
123
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Inglaterra. Se olvida con frecuencia que pertenecer a la fe
católica significaba encontrar un sitio en el Cosmos.124
Efectivamente, en Las Leyes de Burgos, la Ley Doce manda que “los
vecinos y pobladores que tobieren indios en encomienda sean obligados
a fazer babtizar los indios que nascieren dentro de ochos días después
que asy obiere nascido...”(sic).125 En la Ley Cuarta hay un señalamiento
de los temas a enseñar: los diez mandamientos, los siete pecados capitales
y los “artículos de la fee a los que la tal persona paresciere que tengan
capacydad e habilidad para los aprender pero esto sea con mucho
amor e dulçura...”. Esta última orden parece que estuviera dirigida a un
enseñante, a un pedagogo.
Esta figura aparece con el nombre de paje en la Ley Novena, cuando
se llama a escoger un muchacho “el que mas abile dellos les paresciere
72 a leer y escrevir y las cosas de nuestra fee para que aquel las muestre
después a los otros indios...”. Es decir, aparece en esta ley el interés de la
Monarquía de promover una especie de maestro indígena que “por paje
sea obligado de les mostrar leer y escribir y todas las otras cosas que
de suso están declaradas”.126
En el caso se los hijos de los caciques, la Ley Diecisiete manda que
después de cumplir los trece años de edad pasen a manos de los frailes
franciscanos para que “les muestren leer y escribir y todas las otras
cosas de nuestra fee los cuales tengan mostrando quatro años e después
los buelban a las personas que se los dieren e los tenían encomendados
e tienen a sus padres para que tales hijos de caciques muestren a los
otros yndios...”.127
Aquí el término mostrar debe entenderse como enseñar, formar. Y es
en estos propósitos formativos que la encomienda puede y debe estudiarse
como un sistema escolar dirigido a evangelizar al indio encomendado, lo
124
Ídem.
125
Santos Rodulfo Cortes, ob. cit., 1971, p. 39.
126
Ibíd., p. 38.
127
Ibíd., p. 40.
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en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
cual exige unos métodos, unos contenidos y unos responsables de asumir
tal labor, que finalmente en Venezuela recaerá en los curas doctrineros,
salidos de las misiones o del clero regular.
Esta dimensión educativa sigue presente en las Ordenanzas de
Zaragoza de 1518. En el título IV se repite la obligación que tiene el
encomendero de enseñar la fe católica a sus encomendados, indicándoles
“cómo los ha de instruir y la manera que tiene de enseñarlos y
adoctrinarlos...”.128 En la Historia de las Indias, obra publicada en
Madrid entre 1875 y 1876, pero redactada por fray Bartolomé de Las
Casas entre 1527 y 1552,129 este espíritu pedagógico queda evidenciado
en las “Instrucciones que llevaron los frailes Jerónimos, cerca de lo que
habían de hacer para poner en libertad los indios” donde se establece el
siguiente mandamiento: 73
Para que los indios sean instruidos en nuestra fe católica, y para
que sean bien tratados en las cosas espirituales, debe haber
en cada pueblo un religioso o clérigo que tenga cuidado de los
enseñar, según la capacidad de cada uno dellos, y administrarles
los Sacramentos...130
Para cumplir tal misión, se recomienda, además, escoger un
sacristán del seno de la población indígena
(...) que sirva en la iglesia y muestre a los niños a leer y escribir hasta
que sean de la edad de nueve años, especialmente a los hijos de los
caciques y de los otros principales del pueblo, y que les muestren a
hablar romance castellano y que se trabaje con todos los caciques
e indios, cuanto fuere posible, que hablen castellano...131
En cuanto a los contenidos y medios de enseñanza, la encomienda
contó con los catecismos católicos que para la provincia de Venezuela se
128
En: Ibíd., p. 47.
129
Datos tomados del prólogo realizado para la edición que venimos consultando de la
Biblioteca Ayacucho por el especialista lascasiano André Saint-Lu.
130
Bartolomé De Las Casas, Historia de las Indias, 1986, vol. III, p. 317.
131
Ídem.
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inician con el catecismo elaborado por fray Pedro de Córdoba, de la Orden
de los Predicadores, y publicado en México con el título de “Doctrina
cristiana para instrucción y información de los indios: por manera de
historia”, en 1563.132
En nuestros estudios ya citados sobre el Régimen de la Encomienda
en Barquisimeto colonial, diferenciamos la evolución de la encomienda
en dos fases: como doctrina de sede ambulante, entre 1552 y 1620,
periodo donde priva el pago de tributo en trabajo en las haciendas de los
encomenderos y los curas doctrineros tienen que administrar la doctrina
en cada sitio; y de 1620 a 1718, cuando se pasa a la doctrina de sede fija
que supone un proceso de reducción de los indígenas encomendados a
pueblo de doctrina, lo cual consume un siglo, ya que en 1718 es eliminada
74 la encomienda en la provincia de Venezuela, con lo cual el tributo indígena
pasó a ser recabado y administrado por la Real Hacienda.
En este sentido, si bien la institución desparece formalmente
con la muerte de quienes la poseían hasta ese momento, la relación de
explotación tributaria del indígena continuó, al encomendero se le dio
su parte del tributo como una especie de pensión y se obligó a la Real
Hacienda a costear “los gastos que ocasionan y el pasaje y manutención
de los misioneros empleados en instruir y doctrinar los indios en la fe,
congregándolos en pueblos donde tenga vida racional y política”,133 que
es como queda establecido en la Real Cédula de 23 de noviembre de 1718
que extingue la encomienda.
Por ello, para la Historia Social la clave no está en la encomienda
sino en los Pueblos de Doctrina que surgen de su aplicación en un espacio
y tiempo histórico determinado. En nuestro caso, el estudio del Pueblo de
Doctrina de Indios de San Juan Bautista de Duaca, nos permitió afirmar
que tanto el sistema económico tributario como la evangelización doctrinal
132
El documento completo está publicado en: Rafael Fernández Heres, Catecismos
Católicos de Venezuela Hispana (siglos XVI – XVIII), 2000, t. I, pp. 113-171.
133
Tomado de: Eduardo Arcila Farías, ob. cit., 1979, p. 280.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
continuaron hasta la llegada de la República, cuando la legislación
liberal inició, con la “Ley sobre extinción de los tributos de los indígenas,
distribución de sus resguardos y exenciones, que se les conceden”, de 4
de octubre de 1821,134 el proceso de partición de las tierras de resguardo
indígena, lo cual llevó a la destrucción de las bases materiales de aquellos
pueblos surgidos de la encomienda. Estamos, en consecuencia, frente a
dos historias: la formal de una institución colonial que desaparece con la
colonia; y la social, profunda, de pueblos con cuatrocientos años de vida,
prácticamente desconocidos.
En ese sentido, para la provincia de Venezuela la fecha clave en todo
este proceso es 1620, cuando el gobernador y capitán general Francisco
de la Hoz Berrío, decreta la reducción a pueblo de toda aquella población
indígena sujeta a encomienda, fundándose con ello los primeros pueblos 75
de doctrina de indios en la provincia de Venezuela.135
En el ámbito religioso, donde gira el tema educativo, es el Concilio
Dominicano, celebrado en Caracas en 1622, el que da las nuevas orienta-
ciones que deberá asumir la Iglesia en relación a este proceso. El título
V, denominado “De las cosas de los indios”, trata de las formas en que
deben administrarse los sacramentos del bautismo, la confirmación, la
penitencia, la eucaristía, la extremaunción y el matrimonio.
Pero es en el capítulo VII, “De los párrocos de indios”, donde de nuevo
vamos a encontrar los rastros de una Pedagogía de la Evangelización que
deberá aplicarse en los ámbitos de la encomienda y de los pueblos de
doctrina. Tres puntos destacan en este ordenamiento:
1.- Que los párrocos “asi seculares como Regulares (...) aprendan
el idioma de los indios y sean examinados del mismo antes de la
134
Cf. República de Venezuela, Fuero Indígena Venezolano. Parte II Periodo de la
República (1811-1954), 1954, p. 19 y ss.
135
Cf. Ambrosio Perera, Historia de la Organización de los Pueblos Antiguos de
Venezuela, tomo I (San Juan de los Morros: Editorial C.T.P, 1954); tomos II y III
(Madrid: Imprenta de Juan Bavo, 1964); Reinaldo Rojas, ob. cit., 1995, p. 96 y ss.
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colación de los beneficios. Y quienes lo ignoren, de ningún modo sean
admitidos al cargo parroquial; porque entender y hablar dicho idioma,
es sumamente necesario para que los indios conozcan la ley evangélica
y hagan grandes progresos en la misma”.136
2.- Que los párrocos tengan escuelas para niños donde estos
vayan a aprender a leer y a escribir. Se señala una “edad escolar” donde
los muchachos y muchachas no pueden ser puestos a trabajar por el
encomendero, los varones “antes de los doce años cumplidos”, y las niñas
“desde los nueve años, no asistan a la doctrina, sino con sus madres y en
los días de fiesta”.137
3.- La utilización del catecismo con los muchachos hasta la edad de
los diez años y las niñas hasta los nueve, cuyos contenidos deberán aprender
76 de memoria. Se trata del “libro de texto” que no sólo trae los contenidos de
la doctrina cristiana que se debe enseñar, sino que busca la uniformidad de
lo que se va a enseñar, “para que ni en las palabras, ni en el sentido oigan
nada disonante los neófitos. Y no permitan entre ellos libros sermones
o tratados de religión vertidos a su lengua, si la traducción a su lengua
vulgar no ha sido revisada y aprobada por el Ordinario”.138
Estas orientaciones son fundantes de un sistema escolar de primeras
letras que va a mantenerse por espacio de tres siglos de dominio colonial.139
Pero esta pedagogía trascendió los marcos escolares y se extendió por
todos los espacios sociales, que como advierte el historiador Temístocles
Salazar, se llevó a cabo,
(...) al precio de la catástrofe, donde no tuvo en juego el dilema
entre libertad y tiranía, o entre Dios y la muerte de Dios, sino
136
En: Universidad Católica Andrés Bello, Fuero Indígena Venezolano. Período de
la Colonia 1552-1783, 1977, p. 199.
137
Ibíd., p. 200.
138
Ibíd., p. 201.
139
Oneiver Arturo Araque reconstruye documentalmente la nómina de curas doctri-
neros que ejercieron en Duaca a partir de 1625, siendo el primero Francisco Sánchez de
Oviedo. Oneiver Arturo Araque, El templo de San Juan bautista de Duaca. Construcción
social de un espacio de la fe. 1620-1930, 2002, pp. 120 y ss.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
la tragedia histórica de un comunismo primitivo barrido por
el empuje de la racionalidad capitalista encomendera que (...)
inspiró en la población de los vencidos indígenas una sensación
o conciencia de respeto, aceptación, sumisión, obediencia al
poder encomendero, eso es hegemonía...140
Con la encomienda, como sistema escolar oficializado por toda
esta legislación citada, es que la colonización hispana se proyecta como
un fenómeno hegemónico en su dimensión cultural, donde el mestizaje
biológico se completó con este proceso de internalización de la dominación
y la asunción de los valores de la civilización hispana, blanca y occidental,
creadora de una nueva civilización mestiza y criolla, hispanoamericana,
fundada y a la vez alejada de sus orígenes indígenas y españoles.
Aquí nos referimos a ese “pequeño género humano” al que se refirió
Bolívar en su Carta de Jamaica de 1815, fenómeno entre biológico y
77
cultural que el mexicano José Vasconcelos denominó la “raza cósmica”
y cuyo conflicto en el mundo del sentir y del pensar es el núcleo de ese
drama existencial, de ese dasein al que se refiere Heidegger como el ser-
ahí,141 que el maestro José Manuel Briceño Guerrero ha abordado en El
laberinto de los tres minotauros.
En esta obra, ya no se trata del debate acerca del encuentro o
conflicto entre las tres consabidas “razas” de indios, blancos europeos
y negros africanos, que mezclados socialmente en los avatares de una
guerra de conquista y en el posterior proceso de colonización, forjaron, en
proporción variable, la fisonomía de lo que es hoy el pueblo venezolano142
y, por extensión, de los pueblos latinoamericanos.
140
Temístocles Salazar, La Encomienda o Pedagogía como Hegemonía, 2009, p. 151.
141
Martin Heidegger, ¿Qué es eso de filosofía?, 1960, p. 23.
142
A este respecto pueden revisarse las visiones que sobre la conformación de Venezuela
como pueblo y nación han tenido en diferentes momentos de nuestra historia, figuras
como Arturo Uslar Pietri, Mariano Picón Salas, Santiago Key Ayala, Luis Manuel
Urbaneja Achelpohl, Pedro Emilio Coll y Orlando Araujo en: Oscar Rodríguez Ortiz
(Comp.), Venezuela en seis ensayos, Caracas: Monte Ávila editores, 1985.
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Más allá de ese abordaje étnico-social, para Briceño Guerrero lo
sustantivo es analizar los tres grandes discursos de fondo que gobiernan
el pensamiento americano, y que para él se encuentran en la historia de las
ideas, en la observación del devenir político y el examen de la creatividad
artística, fuerzas subjetivas que él denomina: el discurso europeo-
segundo, que llegado con el racionalismo del siglo XVII y la Ilustración
del siglo XVIII es el portador de las ideas de modernidad y progreso; el
discurso cristiano-hispánico o mantuano, ligado a la formación de ese
sistema de dominación señorial que trae en su mente el conquistador
español y que sostiene un orden colonial fundado en la nobleza heredada,
la jerarquía y el privilegio y que se trasladó a la república como una fuerza
silenciosa orientada:
78 (...) a la búsqueda personal y familiar o clánica de privilegio,
noble ociosidad, filiación y no mérito, sobre relaciones señoriales
de lealtad y protección, gracia y no función, territorio con peaje
y no servicio oficial aun en los niveles limítrofes del poder.
Supervivencia del ethos mantuano en mil formas nuevas y
extendidas a toda la población.143
Y el discurso salvaje,
(...) albacea de la herida producida en las culturas precolombinas
de América por la derrota a manos de los conquistadores y
en las culturas africanas por el pasivo traslado a América en
esclavitud, albacea también de los resentimientos producidos en
los pardos por la relegación a larguísimo plazo de sus anhelos
de superación. Pero portador igualmente de la nostalgia por
formas de vida no europeas no occidentales, conservador de
horizontes culturales aparentemente cerrados por la imposición
de Europa en América.144
La pervivencia de esas formas de vida y de pensar no occidentales
tienen que ver con la encomienda, ya que el español no separó el indígena
de su sistema de vida y de creencias, como lo hizo el colono inglés en las
José Manuel Briceño Guerrero, El laberinto de los tres minotauros, 1997, p. 7.
143
Ibíd., p. 8.
144
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
trece colonias en lo que hoy es Estados Unidos, sino que lo integró, por la
imposición y por el convencimiento, pero dejando abiertas esas heridas
que hacen posible ese permanente conflicto que convive en el ser y el
pensar hispanoamericano. Los pueblos de doctrina de indios, tal como
se configuraron en la provincia de Venezuela a partir de 1620 fueron el
espacio matriz de ese nuevo modo de vida, con sus valores y creencias.
La encomienda está, pues, en la base de ese nuevo edificio que
empieza a construirse en el siglo XVII a través del poblamiento hispano
colonial del territorio hoy venezolano. El estudio y la comprensión de
aquella gestación de lo que somos no puede alinearse con el esquematismo
y la simplicidad de esa especie de polarización que se inaugura en nuestro
universo intelectual con la pugna entre la “leyenda negra” y la “leyenda
dorada”, donde el blanco representa la opresión y la maldad, y el indígena 79
la bondad de un mundo idílico, conflicto de quinientos años que solo
demuestra que para el europeo de ayer y el criollo de hoy el indígena
sigue siendo un menor de edad que necesita ser civilizado, idea que como
concepción de Estado dio lugar a la encomienda.
La pregunta que nos hacemos, como historiadores que trabajamos
no el pasado sino a las sociedades en el tiempo, es si esta idea colonial ha
cambiado a pesar de los nuevos contextos constitucionales y jurídicos en
donde hoy se mueven esas comunidades autóctonas frente a los estados
nacionales latinoamericanos.145 Hoy sabemos que esta problemática
política, por ser asunto del presente, ha sido continuada por los estudiosos
de la Antropología indigenista contemporánea en América Latina.146
Pero, del otro lado de la moneda, ¿qué sabemos de los encomenderos
y su proyección en la construcción del futuro orden social y político
145
Un estudio actualizado para el siglo XXI de esta situación lo podemos consultar en:
Vladimir Aguilar Castro, Resistencias indígenas y disidencias jurídicas en Venezuela,
Barquisimeto: Fundación Buria, 2019.
146
Al respecto puede consultarse: Manuel M. Marzal, Historia de antropología
indigenista: México y el Perú, Barcelona: Editorial Anthropos – Editora Regional de
Extremadura, 1993.
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colonial? La respuesta nos coloca en los escenarios de la historia política
tradicional y en la genealogía de las grandes familias, pero también nos
permite explorar la dimensión política que tuvo la encomienda.
Las preguntas que nos hemos hecho a este respecto son las
siguientes: ¿Cómo afectó la encomienda al encomendero? Y ¿cómo
incidió la encomienda en la construcción del nuevo orden político interno
colonial?
4.- Dimensión política. Encomienda, poder señorial
y aristocracia territorial
La historiografía venezolana no ha profundizado suficientemente acerca
del papel que jugó la encomienda en la conformación del poder político
80 colonial, visto desde la periferia del Imperio, es decir, desde las realidades
locales y regionales que le dieron forma y contenido a aquel orden.
Centrados en el estudio de la institución, por sí misma, y como
esta desparece formalmente en 1718, los estudiosos del siglo XVIII no
ahondan en la relación existente entre la élite mantuana que lidera
nuestra independencia en las dos primeras décadas del siglo XIX y los
encomenderos que, por un lado, fundaron pueblos, villas y ciudades
estableciendo las primeras formas de gobierno a través del cabildo y los
corregimientos y, por el otro, controlando las bases materiales de aquella
sociedad a través de la fundación de hatos y haciendas en la provincia
de Venezuela, entre los siglos XVI y XVII. Entre ambos sistemas, el
económico y el político, hay una relación y un hilo de continuidad que
hemos reconstruido para Barquisimeto, a través del estudio de los lazos
de consanguinidad entre los primeros encomenderos y sus descendientes.
Nuestro punto de partida fue la advertencia hecha en su momento
por Eduardo Arcila Farías en el sentido de que no se puede olvidar el
origen no metropolitano de esta institución colonial y, con ello, los
controles impuestos por la Monarquía al funcionamiento de la misma
con el objeto de “…quitarle a la encomienda la fuerza política que
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
pudiera conducir a la constitución de señoríos tan poderosos como los
que hubo en Europa…”.147 ¿Qué significa esto? El temor que tuvo siempre
la Monarquía de que la encomienda fuera un factor de feudalización del
Imperio, ya que el encomendero podía transformarse, contando con la
fuerza de trabajo del indígena encomendado y el dominio sobre la tierra,
en un poderoso señor feudal. A este respecto, señala Arcila Farías:
La oposición real a la encomienda estaba en plena conformidad
con su política europea. Los monarcas que se enfrentaron y
combatieron encarnizadamente al feudalismo hasta hacerlo
ceder, no podían aceptar de buenas a primeras que en el Nuevo
Mundo se implantase un sistema que guardaba gran parecido
con las formas feudales que la monarquía trataba de eliminar.148
Con ese propósito, se le impuso al encomendero una serie de
controles por parte del Estado metropolitano en las siguientes direcciones: 81
1. El indígena encomendado no podía ser tratado como un siervo
del encomendero, porque era súbdito del rey. En ese sentido, la
encomienda debe entenderse como una merced que no significaba
propiedad sobre el encomendado, como si este fuera un esclavo.
Para ello, el Estado promovió tanto las visitas de los prelados,
para la supervisión de la doctrina, como de funcionario reales,
los corregidores, para vigilar el cumplimiento de las normas que
orientaban la cantidad y la distribución del tributo indígena, para
evitar con ello la sobreexplotación del indígena.
2. En términos militares, el encomendero quedaba subordinado a
los funcionarios reales, por lo que no podía tomar iniciativas de
guerra. Es decir, no podía actuar como un señor feudal.
3. Para la obtención de tierras por parte del encomendero, aparte de
ser un procedimiento diferente a la obtención de la encomienda,
la Corona legisló para separar residencialmente al encomendero
147
Eduardo Arcila Farías, ob. cit., 1979, p. 133.
148
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del encomendado, creando pueblos o villas para los blancos y
pueblos de doctrina para los indios con diferentes regímenes de
propiedad territorial.
Este proceso de diferenciación entre la “república de los blancos”
y la “república de los indios” es consecuencia del debate impulsado en
México por la Orden de San Francisco, cuyos teólogos congregados en
1594 establecieron que para la realización de su labor misional, “esta
República de la Nueva España consiste en dos naciones, la Española y
la de los Indios”149 posición fundada en la “teoría del mal ejemplo” y en la
racionalidad del indio decretada por el Papa en 1537.150
Este concepto llevó a la política de “separación residencial” de
razas, que es el fundamento de la organización de villas y ciudades para
82 la población blanca, y pueblos de indios para la población indígena. En
nuestro caso, esta orientación política llevó a la fundación en 1620, por
acuerdo entre el gobernador y capitán general Francisco de la Hoz Berrío
y el obispo fray Gonzalo de Angulo, de los pueblos de doctrina que debían
quedar bajo jurisdicción de las ciudades de El Tocuyo, Barquisimeto y
Carora.
Esta separación residencial, sin ser absoluta desde el punto de vista
étnico y social, explica la transformación de la ciudad colonial en el espacio
de vida y centro de poder del encomendero, el cual se asumirá como parte
de la nobleza española –por su pretendida “pureza de sangre”– y a la
vez como miembro de una especie de aristocracia territorial y municipal
hispana. Esta observación de Alejandro de Humboldt, al referirse a los
mantuanos caraqueños en 1800, su mentalidad y posición política en los
albores de la Independencia es testimonio directo de lo que afirmamos.
Recordemos sus palabras:
149
Tomado de: Nicolás Sánchez Albornoz, La población de América Latina. Desde
los tiempos precolombinos al año 2000, 1973, p. 96.
150
Magnus Mörner, La Corona Española y los Foráneos en los Pueblos de Indios de
América, 1970, p. 44.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
[…] corto número de familias que, en cada comuna, sea por
opulencia hereditaria, sea por muy antiguo establecimiento
en las colonias, ejercen una verdadera aristocracia municipal:
más quieren ser privados de ciertos derechos, que compartirlos
con los demás; y aun preferirían una dominación extranjera
a la autoridad ejercida por americanos de una clase inferior,
abominan toda constitución fundada en la igualdad de
derechos; se espantan por sobre todo de la pérdida de esas
condecoraciones y títulos que tanto trabajo les ha costado
adquirir y que, como atrás lo recordamos, forman una parte
esencial de su dicha doméstica.151
Pues bien, esta mentalidad señorial, de nobleza de sangre,
socialmente excluyente, viene de la escuela de la encomienda, donde el
encomendero, en términos de autoridad y dominio sobre el encomendado,
era un todo: el amo, el patrono, el jefe, el juez, el guerrero, el cura, el
83
padre de familia y el maestro de una población sometida a su absoluta
jurisdicción, porque la única institución que podía limitar su poder, el
cabildo, estaba también bajo su control.
Un estudio socio-político de la formación de la familia colonial y
de la evolución de las relaciones matrimoniales de los siglos XVI y XVII,
periodo de la encomienda, a los siglos XVIII y principios del XIX nos
daría mayores luces acerca de la conformación histórica, real, concreta,
de la estructura social de Venezuela, en especial, de esa aristocracia
territorial que a través del cabildo y ejerciendo las atribuciones que desde
1560 habían logrado de gobernar sus ciudades en caso de vacante del
gobernador de la provincia,152 asume el gobierno autónomo de Caracas
en “defensa de los derechos de Fernando VII” aquel 19 de Abril de 1810 y,
un año más tarde, la declaratoria de la Independencia política de España,
el 5 de julio de 1811.
151
Alejandro de Humboldt, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente,
1956, tomo II, p. 244.
152
Nos referimos a la “Real Cédula decretada por Felipe II en 1560 que otorga a
los alcaldes ordinarios el derecho de gobernar a las ciudades en caso de vacante del
gobernador de la provincia”. En: Santos Rodulfo Cortés, Antología Documental de
Venezuela, 1971, p. 89.
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En gran parte, se trata de los descendientes directos de los
encomenderos del siglo XVI y XVII, tal como lo expusimos para el caso
barquisimetano en nuestra Historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. De los Sánchez, Oviedo, Castillo y
Amigo del siglo XVI a los Planas, Anzola, Galidez, Álamo y Alvarado de
la primera década del siglo XIX, pasando por los poderosos Gómez de
Bayas, Suarez del Castillo y Ruiz de la Parra del siglo XVIII. ¿Cuál fue el
espacio de socialización y de ejercicio de autoridad política de aquellas
familias fundadoras? La encomienda.
Federico Brito Figueroa, partiendo de la información suministrada,
entre otras fuentes de la época, por Diego Villanueva y Gibaja en su
“Relación Geográfica de la Gobernación de Venezuela, los Corregimientos
84 de La Grita y de Tunja y la Gobernación de los Mussos”, de 1607,contabiliza
para esa primera década del siglo XVII, en la provincia de Venezuela,
diecisiete (17) ciudades, villas y pueblos, donde residen ochocientas
cincuenta (850) familias blancas, que totalizan 4.425 personas y una masa
indígena encomendada de 16.730 personas.153 Esa sería la red familiar
organizada, en gran parte, alrededor de las relaciones encomediles a las
que hemos hecho referencia.
En el universo de aquellas relaciones étnico-sociales desiguales
entre blancos, indios y mestizos, completada por una relación económica
tributaria jerarquizada entre amos y siervos, se fue forjando esa idea
de república señorial que aún nos acompaña, porque es un fenómeno
de mentalidad, inscrito en un tiempo de larga duración. La ruptura con
España y la guerra que se desató posteriormente no se puede entender
como un fenómeno coyuntural, de corta duración. Sólo una mirada de
larga duración nos permitirá entender cómo aquellos factores sociales
transformaron una reivindicación política contra el dominio español en
una terrible guerra civil, tal como lo interpretaron historiadores como
Federico Brito Figueroa, Historia Económica y Social de Venezuela, 1993, t. I, pp.
153
126-127.
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
Laureano Vallenilla Lanz y Juan Uslar Pietri en sus estudios históricos
sobre nuestra Guerra de Independencia.
Si nos preguntáramos, con conocimiento de causa acerca de la
importancia estructural de esos dos siglos de dominio señorial que van
de 1620 a 1820 ¿de dónde nos vino ese soterrado conflicto racial y social
que se hizo presente en aquellos años de lucha por la independencia? La
respuesta no estaría lejos de señalar, entre otros factores, a la variable
encomienda. Y ese soterrado conflicto, ¿no nos sigue acompañando hasta
el presente?
La dimensión política de esta institución, como núcleo matriz
de la organización del dominio español en América, es una hipótesis
de compresión histórica que tiene que ver con esa serie de pueblos de
indios que surgieron de la encomienda y que quedaron supeditados
85
jerárquicamente a una ciudad de blancos, en un espacio territorial
distribuido entre latifundios, tierras de la Iglesia, propios municipales,
ejidos y tierras de resguardo indígena.154 Todos en permanente conflicto,
con un cabildo como centro del poder local fundado en los lazos de sangre
y luego en el poder económico de una minoría, con un sistema escolar
rudimentario levantado sobre los preceptos del Concilio de Trento y un
régimen legal que según la tradición “se acata pero no se cumple”.
A manera de conclusión
Barquisimeto ciudad-región en el siglo XXI
La encomienda, vista desde una perspectiva etnohistórica, es decir,
combinando el análisis e interpretación de las fuentes escritas, con
la tradición oral, la información arqueológica y el trabajo de campo, y
estudiada con la visión de totalidad que nos proporciona la Historia
Social, nos ha permitido develar, descubrir, una sociedad en plena
evolución, en permanente cambio, pero que no ha perdido vinculación
con sus orígenes.
Cf. Eduardo Arcila Farías, Economía colonial de Venezuela, 1973, t. II, pp. 251 y ss.
154
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En primer lugar, las evidencias de un orden político pre-colonial
en proceso de consolidación, ya que la llamada por Federmann “Nación
Caquetía”, había alcanzado un importante nivel de desarrollo socio-
económico, con su agricultura de riego, metalurgia del oro y activo
comercio a lo largo del piedemonte andino, configurando un corredor de
pueblos, productos y culturas que circulaban desde los llanos del Caquetá
hasta las islas del Caribe occidental. En este vasto espacio geohistórico
caquetío, encontramos para 1530 la provincia de Variquecemeto-
Vararida, así denominada por Federmann, como centro económico
y demográfico de aquel mundo indígena pre-colonial; a la provincia
de Coro como centro político, donde residía el Diao Manaure; y en las
montañas de Sorte, en los valles turbio-yaracuyanos, el centro religioso
de aquellos pueblos, lugar donde habitan las divinidades autóctonas
86 y donde se practica en la actualidad el culto a María Lionza, complejo
cultural y religioso al que nos hemos acercado a través de los estudios de
Francisco Tamayo y Gilberto Antolinez. Es decir, descubrimos rupturas y
continuidades históricas en un tiempo de larga duración y en un espacio
geohistórico concreto que hemos denominado “Región Barquisimeto”.
Toda esa riqueza y complejidad cultural pre-hispánica y pre-colonial,
pasó a ser el substrato del nuevo orden social, económico y político
impuesto por España en nuestro territorio. Aquel espacio geohistórico
caquetío de Variquecemeto, intervenido y desarticulado a partir de 1530
dio paso a una nueva estructura político-territorial que para finales del
siglo XVIII es el espacio geohistórico “Región Barquisimeto”, conformado
administrativamente por las vicarías de Barquisimeto, El Tocuyo, Carora,
San Felipe el Fuerte y de la Villa de Araure.
Esa organización socio-espacial fundada sobre la base económica
de la agricultura de la caña de azúcar y la exportación del cacao sembra-
do en los valles yaracuyanos y de Aroa, es afectado por la Guerra de
Independencia de principios del siglo XIX hasta que la economía del café y
la llegada del Ferrocarril Bolívar en 1891 colocan nuevamente a la antigua
ciudad de Barquisimeto como el centro de un espacio geoeconómico
REINALDO ROJAS Discurso de incorporación:
De la etnohistoria de la encomienda a la historia social de la “Región Barquisimeto”
en el tiempo histórico colonial. Un ensayo de ego-historia
regional, transformando a la tradicional ciudad comercial en el puerto
interior del centroccidente venezolano.
Ese espacio económico y esa solidaridad de sus habitantes con su
territorio, han configurado una región que, más allá de la producción y el
comercio, ha generado una cultura que además de tradición es destino,
con sus identidades específicas pero sin conflicto con esa comunidad
política imaginada que será la Nación Venezuela a partir de la dos primeras
décadas del siglo XIX. En ese concierto nacional, la región que hemos
estudiado tiene historia, tiene nombre, tiene centro y tiene destino. Se
llama Barquisimeto, metrópoli y “ciudad región” en esta Venezuela del
siglo XXI.
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ה CONTESTACIÓN AL DISCURSO
A CARGO DE LA DRA. CATALINA BANKO
Directora de la Academia Nacional de la Historia, Dra. Carole Leal Curiel
Señores Directores de las Academias Nacionales
Señores Individuos de Número
Colegas y amigos
La incorporación del doctor Reinaldo Rojas como Individuo de Número
a la Academia Nacional de la Historia constituye motivo de regocijo para
los integrantes de esta ilustre Corporación, así como también para los
distintos medios académicos, por tratarse de un fecundo e incansable
investigador, y genuino representante de la comunidad larense. En
el transcurso de más de una década he compartido con Reinaldo las
labores de enseñanza de la Historia e investigación en los cursos de
posgrado conducidos por el doctor Federico Brito Figueroa, quien en
1985 impulsó además con gran éxito la instalación de las Jornadas de
Investigación y Docencia en la Ciencia de la Historia en Barquisimeto,
convertidas en un importante referente en esta materia tanto a nivel
nacional como internacional. Paralelamente, fue creada la Editorial
Buría, también en Barquisimeto, que desde entonces ha emprendido una
fructífera obra de difusión del producto de investigaciones en el campo
de la disciplina histórica. Después de haber culminado su Maestría en
Historia en 1986, Reinaldo Rojas presentó en 1992 su tesis doctoral “La
región Barquisimeto en el tiempo histórico colonial”, bajo la tutoría del
doctor Federico Brito Figueroa, la cual significó un paso decisivo en su
tránsito por la historiografía centrada en el enfoque regional. La tesis fue
publicada en 1995 por la Academia Nacional de la Historia bajo el título
de Historia Social de la región de Barquisimeto en el tiempo histórico
colonial, libro con el que obtuvo el Premio Anual de Historia Colonial
de América Silvio Zavala en ese mismo año, otorgado en México por el
Instituto Panamericano de Geografía e Historia. En el acta que avala la
entrega de esta prestigiosa distinción resaltan los méritos de la obra por
ofrecer valiosas “reflexiones teórico-metodológicas surgidas del complejo
y riguroso trabajo empírico de un espacio histórico regional”, aportando
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un “semillero de ideas que sugieren retos para su estudio por las nuevas
generaciones” de historiadores. En 1995, año poblado por éxitos, se
desempeñó como Profesor Invitado en la Universidad de Burdeos.
A fin de precisar las raíces de su preocupación por la temática
regional, subraya Reinaldo en el discurso de incorporación el importante
papel desempeñado en su formación por el profesor Ramón Tovar López,
Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia entre 1991
y 2018 en el Sillón identificado con la letra H, que desde hoy pasará a ser
ocupado por Reinaldo Rojas, hecho que constituye un indudable motivo
de orgullo y auténtico compromiso para asumir el legado de su maestro.
Dado que el nuevo miembro de esta ilustre Corporación es un
reconocido investigador en el campo de la Historia Regional, creo
98 pertinente enfatizar la relevancia de estos estudios que empezaron a
difundirse lentamente en América Latina a partir de los años sesenta y
adquirieron mayor vigor dos décadas más tarde.
Al indagar sobre los orígenes de la perspectiva regional en Venezuela,
además de subrayar el significativo aporte de la Antropología desde fines
del siglo XIX, debemos dirigir nuestra mirada a los inicios de aquella
centuria cuando Alexander von Humboldt llevó a cabo su célebre visita
al continente americano. Al sabio alemán corresponden las detalladas
descripciones sobre las distintas regiones que integraban la Capitanía
General de Venezuela, destacando sus apreciaciones sobre el territorio
llanero.
Al respecto es interesante examinar algunas páginas de Viaje a
las regiones equinocciales del nuevo continente para constatar que el
viajero estaba ya identificando en 1800 los rasgos de la región llanera en
cuanto a sus aspectos naturales y su relación con la forma de vida de sus
habitantes. Se preguntaba Humboldt si esas tierras dedicadas al pastoreo
algún día serían cubiertas con cultivos mediante el riego y la siembra de
especies adecuadas que podrían generar profundas modificaciones en
CATALINA BANKO Contestación al Discurso de Incorporación del Dr. Reinaldo Rojas
buena parte de ese paisaje.1 Sin embargo, indica Humboldt que para
inicios del siglo XIX los vastos llanos debido a su soledad y abundancia
de ganado brindaban alimento a las guerrillas que hostigaban a los
“industriosos pueblos” del litoral.2 Acota que las costumbres de la vida
pastoril contribuían a la holgazanería e impedían el tránsito hacia la
“civilización”.3 Tal vez podamos hallar en sus descripciones el esbozo
de un paisaje en el que la vegetación, la fauna, el suelo y la vida social
se entrelazan, conformando una unidad con rasgos absolutamente
singulares, análisis que es el resultado de una rigurosa observación
desde la perspectiva científica de la época, imbuida por los postulados
de la Ilustración. Se trataría entonces de un antecedente, aunque lejano
en el tiempo, de lo que mucho más tarde se convertirá desde una óptica
académica en la Historia Regional.
99
Estas breves notas no tienen otro propósito que resaltar la existencia
de una antigua inquietud por focalizar los problemas inherentes a un
determinado espacio regional que en aquel entonces era todavía muy
impreciso en sus límites, ya que abarcaba extensas zonas representadas
por características distintivas.
A mediados del siglo XX, las dificultades económicas que afectaban
a América Latina generan intensa preocupación entre los economistas
que comienzan a mirar con atención la temática regional. Es indudable
la relevancia que a escala continental tuvo la creación en 1948 de la
Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que impulsó la
adopción de políticas concretas para emprender el desarrollo a cuyo
efecto era indispensable tomar en cuenta la situación de las zonas del
interior de las repúblicas y propagar la modernización de la agricultura
y de la industria. Algunas de estas ideas habrán de concretarse en años
1
Alexander von Humboldt, Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente,
París, 1826, tomo 4, pp. 133-134.
2
Ibídem, pp. 134-135.
3
Ibídem, pp. 136-137.
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posteriores y, de manera especial, alrededor de 1960 en varios países
latinoamericanos con la planificación para el desarrollo regional.
A partir de los años sesenta se manifiesta una verdadera revolución
en el campo de la economía y la sociología con la puesta en práctica de
proyectos consagrados al desarrollo regional. En el caso de Venezuela,
resalta la creación de la Corporación Venezolana de Guayana, que es la que
adquirió mayor resonancia entre las instituciones que respondían a una
nueva concepción en torno al futuro económico. El propósito consistía en
abandonar la concentración de las actividades en la región centro norte
costera y establecer nuevos centros económicos. En términos académicos
fue creado en 1960 el Centro de Estudios del Desarrollo, dependiente
de la Universidad Central de Venezuela, con un primer programa de
100 Maestría en Planificación. Nuevas perspectivas, nuevos enfoques para
promover la transformación económica que requería del concurso de
las ciencias sociales. En 1969 fue dictado el Decreto de Regionalización
que, según los especialistas, constituye el verdadero punto de partida
de la institucionalización de las políticas regionales en Venezuela. Se
argumentaba en tal decreto que el desarrollo “para ser integral y armónico
debía ser regional” y beneficiar a “los distintos sectores y estratos de la
población”.4 La innovación consistió en la división del territorio nacional
en ocho regiones con el reconocimiento de las singularidades de cada una
de ellas y los recursos disponibles para promover inversiones.
En esa fase inicial, estos novedosos planteamientos atrajeron la
atención especialmente de economistas y sociólogos, pero alcanzaron
un eco limitado entre los historiadores que en buena parte estaban más
concentrados en los temas que abarcaban la realidad latinoamericana,
las definiciones del modo de producción dominante y el debate en torno
a la Teoría de la Dependencia. El verdadero encuentro con la historia
regional en los recintos universitarios coincide en los años ochenta en
Fudeco, Informe, Caracas, 1969.
4
CATALINA BANKO Contestación al Discurso de Incorporación del Dr. Reinaldo Rojas
prácticamente todos los países latinoamericanos, como una reacción
frente a la historiografía teñida por la visión exclusiva de lo nacional y a
los tradicionales estudios históricos y geográficos de los estados, en tanto
entidades político-administrativas, dando lugar a una intensa polémica
en las postrimerías del siglo XX en varios países.
Gran impacto tuvo un trabajo del investigador norteamericano
Eric Van Young quien en 1987 se preguntaba el porqué de la imprecisión
existente para definir una región. Por ello plantea en tono simpático que
hasta el momento las regiones parecían ser “como el amor –difíciles de
describir–, pero las conocemos cuando las vemos”. A criterio de Van
Young, el problema radicaba en que la mayoría de los historiadores
confundían regiones con pueblos, ciudades o capitales de provincia, es
decir, con microhistoria o historia local, a lo que se agregaba la errónea 101
identificación de región con regionalismo. Por ello, el autor puntualiza en
su artículo que la región es un concepto dinámico, es una construcción
histórica en la que convergen el ambiente físico y el social, en el que las
relaciones económicas y sociales adquieren una dimensión espacial.5
Este planteamiento estimuló a muchos historiadores a emprender
una profunda revisión de los fundamentos teórico-metodológicos
empleados hasta el momento, tendencia que condujo a debates en torno
a la pertinencia de la óptica regional y de las categorías conceptuales
aplicadas. En términos generales, los distintos autores concuerdan en
que el objetivo central de la Historia Regional está dirigido a analizar
un entorno que no coincide precisamente con las fronteras de un estado
en concreto. No se trata de escenarios meramente naturales, sino de
espacios intervenidos por la acción humana que traza rutas y crea redes de
integración social que van más allá de los límites estrictos que separan un
estado de otro, y que incluso pueden trascender las fronteras entre países.
Uno de las metas consiste en captar el modo en que se desenvuelve la
5
Eric Van Young, “Haciendo historia regional. Consideraciones metodológicas y
teóricas” en Anuario IEHS, 2, 1987, pp. 255-257.
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ocupación social del espacio, aspecto asociado con la posibilidad de poner
en práctica políticas públicas adecuadas a determinadas regiones por la
singularidad de su historia, su población, sus tradiciones y las cualidades
peculiares de sus recursos naturales y su producción económica, todo
ello concebido a partir de nuevas categorías interpretativas, en las que el
territorio no se define solamente por determinados atributos naturales
sino que asume una nueva identidad sustentada en la esfera de lo social.
La región puede transformarse, ya que no constituye una unidad estática
e inamovible, sino que se va modificando al calor de los cambios que
envuelven variadas facetas que van desde lo cultural, demográfico,
político, económico y social. Asimismo, es conveniente adoptar renovados
criterios para la periodización tomando en cuenta las especificidades
regionales, ya que la misma no coincide necesariamente con las etapas
102 correspondientes al ámbito nacional.
El apreciado investigador zuliano Germán Cardozo Galué, Individuo
de Número de la Academia Nacional de la Historia, lamentablemente
fallecido en 2017, planteó sus críticas a los postulados de la historiografía
tradicional que se limitaba a estudiar y explicar a Venezuela “como un todo
homogéneo sin atender a los diferentes tiempos históricos y sucesivas
configuraciones socio-espaciales”. Buena parte de su obra estuvo
consagrada a la identificación de la “región marabina” como una región
histórica en la que se hallaban articuladas las áreas productivas andinas, el
norte neogranadino, las costas del sur del Lago y el puerto de Maracaibo.6
Pedro Cunill Grau, también Numerario de la Academia Nacional de la
Historia, presenta en Geografía del poblamiento venezolano del siglo
XIX, monumental obra en 3 tomos, un minucioso análisis de las distintas
regiones del país, explorando los aspectos relativos a la demografía y al
conjunto de la vida económica y social de cada una de ellas.7
6
Germán Cardozo Galué, Maracaibo y su región histórica. El circuito agroexportador
1830-1860, Maracaibo: Universidad del Zulia, 1991, pp. 18-21.
7
Pedro Cunill Grau, Geografía del poblamiento venezolano del siglo XIX, Caracas:
Ediciones de la Presidencia, 1987, 3 tomos.
CATALINA BANKO Contestación al Discurso de Incorporación del Dr. Reinaldo Rojas
Finalmente, a manera de síntesis, mencionaremos algunos ilus-
trativos conceptos pronunciados por Pablo Serrano, académico de la
Universidad de Colima (México), quien afirma que el historiador debe
“hilvanar, como el artesano, la totalidad de los procesos que influyen,
determinan, median e interactúan en el acontecer pasado”, tomando
en cuenta a la región como una totalidad “compleja y diversa” a fin de
caracterizar su dinámica y explicar las relaciones sociales presentes
en un tiempo y espacio específicos, factores que contribuyen además a
diferenciar diversas identidades regionales.8
En el complejo campo de la Historia Regional, siempre sujeto a la
revisión teórica y al debate enriquecedor, es que se inscribe la obra de
Reinaldo Rojas, a quien expresamos en este acto solemne la más cordial
bienvenida a la Academia Nacional de la Historia que tiene desde hoy el 103
honor de contar entre sus miembros no solo a un brillante investigador
sino también a un educador con larga y fructífera experiencia en las aulas
universitarias.
8
Pablo Serrano, “Clío y la historia regional mexicana. Reflexiones metodológicas” en
Estudios sobre las culturas contemporáneas, vol. 6, nº 18, 1994, p. 153.
ה ESTUDIOS
ה LA FORMACIÓN DE FRONTERAS EN LOS
CONFINES DEL MUNDO ATLÁNTICO:
NUEVA CÁDIZ DE CUBAGUA Y LAS COSTAS
DE LAS PERLAS DURANTE LA MODERNIDAD
TEMPRANA (1498 – 1550)1
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ2
Introducción
Las fronteras y sus procesos de formación, como objeto de estudio, se
han constituido en sus diferentes perspectivas en uno de los campos
historiográficos más fructíferos de los últimos años.
En Venezuela ellas han tenido un espacio relevante durante la
segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI, sobre todo por su
papel protagónico en la discusión sobre la definición de los territorios
que, posterior al año de 1830, conformarían al Estado Nación
venezolano. En esta materia será notable el liderazgo del Instituto de
Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello
(UCAB) con investigadores como Herman González Oropeza S.J.,3
1
Este trabajo fue presentado como ponencia en la mesa “Ciudades y territorios de
la monarquía hispana. Lenguajes, representaciones y prácticas de poder (Siglo XIV-
comienzos del siglo XIX)” desarrollada en las X Jornadas de Historia Moderna y
Contemporánea realizadas en la Universidad Nacional de Salta, Argentina, entre los
días 29, 30 y 31 de agosto de 2018.
2
Doctorando en Historia Social de la Cultura en la Pontificia Universidad Católica de
Rio de Janeiro (PUC-Rio), becario de la Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de
Nível Superior (CAPES). Antropólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela.
email: fidelrodv@[Link]
3
Hermann González Oropeza, Dos aspectos del Reclamo Esequibo. La Reclamación
Venezolana sobre la Guayaría Esequiba, Caracas: Ciclo de conferencias de la Academia
Nacional de la Historia y de Ciencias Políticas y Sociales, 1983; Historia del Estado
Monagas, Maturín: Biblioteca de Temas y Autores Monaguenses, 1985; Una historia
de nuestra frontera oriental, las colonias holandesas en Guayana cambian de dueño
(1795-1814), Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2014.
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Pablo Ojer4 y Manuel Donis Ríos,5 todos ellos con una abundante y pro-
lija obra en materia fronteriza.
La última década del siglo XX y el siglo XXI ha visto reemerger
diversos enfoques para el estudio de las fronteras y sus procesos de
formación,6 miradas donde la visión estatal y jurídica ha perdido peso en
favor de los aspectos culturales, religiosos, étnicos e incluso lingüísticos.
Desde estos enfoques las fronteras dejarán de ser la raya que divide un
Estado nacional de otro y pasarán a entenderse entonces como un espacio
mucho más flexible y cambiante, con dinámicas propias que configurarán
consensos propios de funcionamiento, así como mecanismos de disputas,
tensiones y conflictos. Desde esta perspectiva, el estudio de las fronteras
no estará confinado exclusivamente al estudio de los Estados nacionales
106 y sus disputas territoriales, si no que permitirá también ampliar su marco
cronológico y cultural, haciendo posible los estudios sobre las fronteras
imperiales y étnicas en una cronología de larga duración. Asimismo, esta
noción de fronteras lleva consigo una mirada particular sobre el océano,
4
Pablo Ojer, La formación del oriente venezolano, Caracas: Universidad Católica Andrés
Bello Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Investigaciones Histórica, 1966;
Sumario histórico de la Guayana Esequiba, Caracas: Biblioteca Corpozulia, Universidad
Católica del Táchira, Fondo Editorial del Estado Táchira, 1982; Los documentos de la Casa
Amarilla: historia de una calumnia, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1982;
Sumario fronterizo entre Venezuela y Colombia, Maracaibo: Biblioteca CORPOZULIA,
1983; Sumario histórico del golfo de Venezuela, San Cristóbal: Universidad Católica del
Táchira, 1984; La década fundamental en la controversia de límites entre Venezuela y
Colombia, 1881-1891, Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1988; “Soberanía de
Venezuela sobre la Totalidad de los Montes de Oca” en Boletín de la Academia Nacional
de la Historia, Caracas, Julio-Septiembre, nº 295, 1991.
5
Manuel Alberto Donis. Evolución histórica de la Cartografía en Guayana y su
significación en los derechos venezolanos sobre el Esequibo, Caracas: Academia
Nacional de la Historia, 1987; Guayana: historia de su territorialidad, Caracas:
Universidad Católica Andrés Bello/Instituto de Investigaciones Históricas/Ferrominera
del Orinoco, 2002; De la provincia a la nación: el largo y difícil camino hacia la
integración político-territorial de Venezuela, 1525-1935, Caracas: Academia Nacional
de la Historia, 2009.
6
Para una revisión exhaustiva del concepto de Fronteras (Borderlands) sugerimos
la lectura de Daniel H Usner, Borderlands. En: A Companion to Colonial America.
Edited by Daniel Vickers, 408–424. Malden, MA: Blackwell, 2003.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
puesto que lejos de entenderlo como una barrera, será entendido como
una suerte de “autopista” que permitió, desde finales del siglo XV después
de la aventura Colombina, un intercambio importante entre las costas de
África, Europa y América.
Los estudios sobre la modernidad temprana en las Américas se
han visto especialmente beneficiados de esta mirada con una amplia
producción académica, aunque la mayoría anglófona y con pocos
intercambios con el mundo hispano hablante donde la visión estatalista
continua siendo predominante. Algunas excepciones a esta afirmación
lo constituyen los esfuerzos que desde el año 2015 vienen impulsando
desde la Universidad Nacional de la Plata con la creación del Programa
Interinstitucional el Mundo Atlántico en la Modernidad Temprana
donde participan otras universidades americanas de Argentina y 107
Brasil, así como universidades de España y Portugal. Este programa
ya ha tenido sus primeros frutos en publicaciones como Las fronteras
en el mundo atlántico: (Siglos XVI-XIX), coordinado por los Doctores
Susana Trachuelo y Emir Reitano donde se recogen 15 estudios en los
cuales participan investigadores de ambos lados de la cuenca atlántica.7
Asimismo, es necesario mencionar el volumen 59 de la revista Historia
Critica de la universidad de los Andes (UNIANDES) de Colombia, en la
cual, bajo la coordinación dela Dra. Diana Bonnett Velez, se organizó el
dossier titulado “Una Mirada histórica, teórica e historiográfica sobre la
frontera”8 que buscó, como señala su presentación, “reunir trabajos que
ofrecen una mirada renovada sobre este tema” con un especial interés en
los aportes que al concepto han tenido las ciencias sociales.
El estudio que hoy presentamos se enmarca en esta mirada sobre las
fronteras y sus procesos de conformación; tiene como marco cronológico
7
Susana Truchuelo y Emir Reitano (eds). Las fronteras en el mundo atlántico:
(Siglos XVI-XIX), La Plata: Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades
y Ciencias de la Educación, 2017.
8
Diana Bonnett Velez, Presentación del dossier “Una mirada histórica, teórica e
historiográfica sobre la frontera”, Historia Critica, n° 59, Enero-marzo, p. 9, 2016.
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la modernidad temprana (1498-1550) y como espacio geográfico la costa
nororiental sudamericana donde se establecieron, en la isla de Cubagua,9
las primeras granjerías de perlas cuyas redes comerciales tendrán un
alcance global,10 y cuyo efecto local en la región será la transformación
paulatina de los sistemas inter e intra étnicos que existían antes de la
aventura colombina, así como una redefinición de las fronteras por la
disputa permanente de los espacios por parte de los imperios europeos,
los africanos que fueron trasladados forzadamente y los diferentes grupos
indígenas que ya habitaban la región.
En este trabajo analizamos uno de los aspectos vinculados a las
transformaciones a que dieron lugar la llegada de europeos y africanos
a las costas de las perlas; nos referimos a los procesos de conformación
108 de fronteras. Para ello proponemos un recorrido que va desde el periodo
prehispánico tardío hasta la primera mitad del siglo XVI, con el objeto
de evidenciar lo dinámico de los procesos interculturales, así como
las negociaciones de poder entre las agencias de indígenas, europeos
y africanos que fueron dando forma a la conformación de un espacio
fronterizo entre los circuitos comerciales imperiales y los indígenas de
la costa nororiental sudamericana durante los primeros momentos de la
época moderna.
El escenario interétnico de la costa nororiental sudamericana
y sus fronteras antes de 1498: apuntes para la construcción de
un escenario de partida
Consideramos necesario iniciar con una definición geográfica de nuestra
área de estudio. La llamada Costas de las Perlas estuvo conformada
9
Para conocer en profundidad la historiografía dedicada a la isla de Cubagua ver Fidel
Rodríguez Velásquez, “Representación e historiografía: miradas múltiples al pasado
de la isla de Cubagua (1892-2014)”, Historia da Historiografía, nº 23, p. 28-42, 2017.
doi: 10.15848/hh.v0i23.1103
10
Molly Warsh, Adorning Empire: A History of the Early Modern Pearl Trade, 1492-
1688, The Johns Hopkins University, Proquest Dissertations Publishing, 2009.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
durante el periodo de estudio por las islas de Margarita, Coche, Cubagua
y Trinidad, así como por toda la costa de tierra firme que va desde el Golfo
de Paria hasta el Golfo de Cariaco en la costa nororiental sudamericana.
Su centro político, religioso y comercial estuvo ubicado en la ciudad de
Nueva Cádiz erigida en la isla de Cubagua.
Las condiciones climáticas que predominaban en las Costas de las
Perlas son del tipo semiárido, con derivaciones hacia la aridez en la isla de
Cubagua y en la península de Araya. Asimismo, también se registró en la
zona un tipo de clima tropical de lluvias que se distribuyen por las partes de
mayores elevaciones.11 Los principales recursos de la zona lo constituyen
las aguas marinas que son especialmente ricas en nutrientes y organismos
plantónicos que son transportados desde las desembocaduras del río
Orinoco. En estos mares también se observa el fenómeno de la surgencia
(upwelling), que genera condiciones óptimas para el florecimiento de la
109
vida plantónica, que son la base para la proliferación de la vida marina,
especialmente la de los moluscos bivalvos como la Pinctada imbricada12
donde se producen las codiciadas perlas.13 Las mayores dificultades que
presenta la zona para el sostenimiento de la vida están vinculadas a la
disponibilidad de agua para el consumo humano –totalmente ausente de
las islas de Cubagua y Coche–, y cuya presencia era bastante limitada en
las islas de Margarita y Trinidad. En la primera estaría disponible solo
en pequeños ríos que eran aprovechables estacionalmente. Las únicas
fuentes permanentes de agua para el consumo humano se encontraban
en la costa de tierra firme de los ríos cuyas cabeceras se encuentran en las
serranías del Turimiquire, principalmente el río Manzanares.14
11
Antonio Rafael Boadas, “Estado Nueva Esparta”, en GeoVenezuela, tomo VI, Caracas:
Fundación Empresas Polar, 2009.
12
Röding, 1798.
13
Fernando Cervigón, Las perlas en la Historia de Venezuela, Caracas: Fundación
Museo del Mar, 1998.
14
Francia Motta, “Estado Sucre”, en: GeoVenezuela, tomo VII. Caracas: Fundación
Empresas Polar, 2009.
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Antes de la llegada de europeos y africanos a la región, esta zona
tiene una historia de ocupación humana que data de al menos 7000
años antes del presente15 y era posiblemente el escenario de una amplia
y compleja cadena de relaciones que se conectaban con la tierra firme,
el Orinoco y el resto de islas del caribe.16 Los datos arqueológicos han
identificado múltiples sitios, en la costa de tierra firme como Guayabita,
El Mayal, Rio Caribe y El Morro; en la isla de Trinidad los sitios
vinculados al complejo ortoide, mientras que para las islas de Margarita,
Coche y Cubagua17 se han identificado al menos 5 ocupaciones sucesivas
conocidas como complejo Cubagua (4320 – 3725 años antes del presente
A.P), complejo Manicuare (3725 – 1895 A.P), complejo Punta Gorda
(1895 – 1580 A.P), estilo el Agua (1580 – 750 A.P) y estilo Playa Guacuco
(750 A.P). Esta última ocupación se correspondería etnológicamente con
110 la de los Guaiqueríes,18 los cuales habitaban la zona para el momento de
llegada a la región de los contingentes humanos provenientes del otro
lado de la cuenca atlántica. Estos indígenas eran de filiación lingüística
caribe, lengua que compartían con otros grupos indígenas que habitaban
la costa de tierra firme hasta la región centro norte costera del continente
sudamericano, por lo que han sido llamados en conjunto como Caribes
de la Costa19 y, más recientemente, como Caribes Septentrionales20 por
ocupar la frontera septentrional del Sistema Regional de Intercambio
del Orinoco (SIRO). Biord Castillo21 ha propuesto para los Caribes
15
José María Cruxent e Irving Rouse, Arqueología Cronológica de Venezuela,
Caracas: Armitano editores, 1982; Cecilia Ayala Lafée, “La etnohistoria prehispánica
guaiquerí”, Antropológica 82, 1996.
16
Aníbal Carballo, “Paisajes Ancestrales de la Isla de Cubagua (4000 A.C.- 1500
D.C.)”, Boletín Antropológico, año 35, Enero-Junio, n° 93, 2017.
17
Ob. cit.
18
Cecilia Ayala Lafée, ob. cit.
19
Miguel Acosta Saignes, “Los caribes de las costas venezolanas”, Cuadernos
Americanos IV: pp. 173-184, 1946.
20
Horacio Biord Castillo, ob. cit., 2006 y Horacio Biord Castillo, “La tenue
diversidad. Construcción y reconstrucción de una identidad: los cumanagotos del
Nororiente de Venezuela”, Revista Ontosemiótica, año 3, nº 6, 2016.
21
Ídem.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
Septentrionales una división en 4 subgrupos, a saber, aborígenes de la
región centro-norte, Cumanagotos, Chaimas y Guaiqueríes. También es
importante señalar en términos etnológicos que estos grupos caribes son
diferentes a los llamados Caribes Verdaderos,22 Los Kariña, habitantes de
los llanos orientales que serían inmortalizados por los cronistas de Indias
al atribuírsele la antropofagia como una de sus prácticas socioculturales.
Los Guaiqueríes practicaban una economía mixta de subsistencia
caracterizada por la explotación de los recursos marinos (pesca y
recolección), que se complementaba con una horticultura estacional y
la casa terrestre.23 Sus prácticas comerciales se extendían por el Caribe,
la tierra firme y el Orinoco, dentro de los productos que comerciaban
destacan las perlas, la sal, cerámicas, pescado salado, tortugas marinas
y sus huevos, y una roca llamada serpentina que comúnmente era 111
utilizada como materia prima para la elaboración de hachas.24 Son
descritos, además, como amplios conocedores del arte de la navegación
y de las corrientes marinas de la región.25 Su organización social muy
probablemente era compartida con el resto de los grupos de filiación
lingüística Caribe; sobre estos, Biord Castillo26 señala que no poseían
regularmente líderes con poder coercitivo, lo que podía cambiar a un
liderazgo centralizado en situaciones en las que necesitaban responder a
agresiones externas; asimismo, la familia extendida funcionaba como la
unidad básica de producción y consumo.
22
Marc de Civrieux, “Los Caribes y la conquista de la Guayana Española (etnohistoria
Kariña)”, Revista Montalbán, n° 5, 1976.
23
Cecilia Ayala Lafée, Pedro Rivas y Werner Wilbert, Caballeros del Mar: los
Guaiqueríes un pueblo con historia, Isla de Margarita: Academia de la Historia del
Estado Nueva Esparta.
24
Marc de Civrieux, Los Cumanagotos y sus vecinos, Caracas: Fundación la Salle de
Ciencias Naturales, 1980.
25
Fray Iñigo Abaad y la Sierrra, Diario de Viage a América, Caracas: Armitano
editores, s/f.
26
Horacio Biord Castillo, Niebla en las sierras: Los Aborígenes de la Región Centro-
Norte de Venezuela (1550 – 1625), Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2005.
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En este periodo, que se corresponde con el inmediatamente anterior
a la llegada de africanos y europeos a la región, pueden identificarse 2
sistemas interétnicos de carácter regional y que constituían regiones
fronterizas al sistema interétnico de la costa nororiental sudamericana;
nos referimos al sistema interétnico del Orinoco,27 que fungía como
frontera meridional, y al sistema interétnico del caribe28 que fungía como
frontera septentrional. Estos tres sistemas constituyen el punto de partida
para estudiar las relaciones que se establecieron en la costa nororiental
sudamericana posterior a la llegada a la región de los contingentes
humanos que provenían del otro lado de la cuenca atlántica (ver mapa 1).
Mapa 1 Sistemas interétnicos antes de 1492
112
27
Nelly Arvelo-Jiménez y Horacio Biord, “The Impact of Conquest on Contemporary
Indigenous Peoples of the Guiana Shield: the system of Orinoco regional interdependence”
en Amazonian Indians from prehistory to the present: Anthropological perspectives,
pp. 55-78. 1994.
28
Emanuele Amodio. “Relaciones Interétnicas en el Caribe Indígena. Una reconstrucción
a partir de los primeros testimonios europeos”, Revista de Indias, vol. 51, nº 193, p. 571,
1991.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
Una frontera frágil: el rescate de perlas 1498 – 1514
La presencia europea en las costas de las perlas iniciará un proceso
de transformación de los dominios territoriales indígenas en la costa
nororiental sudamericana, proceso que se había iniciado en el año
de 1492 en las llamadas Antillas Mayores con el desembarco de
Colón en la Hispaniola durante su primer viaje transatlántico. Estas
transformaciones deben comprenderse a partir de las relaciones que se
establecieron entre los diversos grupos que tuvieron presencia en la zona,
es decir, los imperios europeos, los africanos que fueron trasladados
forzosamente y los diferentes grupos indígenas que ya habitaban la
región. Estas relaciones no fueron estáticas en el tiempo; por el contrario,
se transformaron, así como los sistemas de alianzas y los mecanismos de
negociación, articulación y resistencia, donde ningún grupo monopolizó 113
el ejercicio del comercio y la violencia.
El primer encuentro transatlántico en la costa de las perlas tuvo
lugar a partir del tercer viaje de Cristóbal Colón que partió el 30 de mayo
de 1498 del Puerto de Sanlúcar en dirección a las “indias occidentales”.
Durante este viaje se encontró Colón con una isla a la que dio por nombre
Trinidad y una costa de tierra firme que nombró como Tierra de Gracia.
Será justamente en esta tierra donde el Almirante tendrá su primer
encuentro con las perlas americanas.29 Él mismo relata este episodio en
su relación del tercer viaje cuando señala que “…muchos traían piezas de
oro al pescuezo y algunos atados a los brazos algunas perlas”.30 El célebre
cronista de Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, ofrece su propia
versión de este encuentro cuando describe que los marineros de Colón
“… vieron a una mujer que tenía al cuello gran cantidad de aljóphar y
29
Pablo Ojer, La formación del oriente venezolano, Caracas: Universidad Católica
Andrés Bello, 1966, p. 14, afirma que este encuentro ocurrió muy probablemente en la
zona de la actual Soro, del Estado Sucre de la República Bolivariana de Venezuela.
30
Cristóbal Colon, Cristóbal Colon textos y documentos completos, Madrid: Alianza
Editorial, 1982, p. 211.
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perlas”;31 ante este escenario “…uno de aquellos marineros tomó un plato
de barro de los de Valencia, que son labrados de labores que relucen las
figuras y pinturas (…), y hizole pedazos, y a trueco de los cascos del plato
rescataron con los indios e india ciertos hilos de aquel aljóphar grueso”32
que luego llevaron al Almirante Colón.
Ilustración 1. Grabado de De Bry sobre los primeros encuentros entre
indígenas y europeos en las Costas de las Perlas (1594). Original disponible
en el Archive of Early American Images de las John Carter Brown Library.
114
Un año después, en 1499, Alonso de Ojeda, tras los pasos de Colón,
tendrá su propio encuentro con las perlas americanas,33 él mismo lo relata
31
Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias. Madrid,
Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1851, p. 590.
32
Ídem.
33
Pedro Manuel Arcaya, “¿Quién o quiénes descubrieron a Venezuela y cuándo?”,
Boletín de la Academia Nacional de la Historia, tomo LV, Octubre-diciembre, n° 220,
1972. Afirma que este encuentro tendría lugar en la isla de Margarita, actual Estado
Nueva Esparta de la República Bolivariana de Venezuela.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
señalando que “…dimos con cierta gente que nos recibió con grandísima
amistad y supimos que tenían gran cantidad de perlas orientales por lo
cual permanecimos allí cuarenta y siete días y rescatamos de ellos 119
marcos de perlas”34 tras intercambiarlas por “…algunos cascabeles,
espejos pequeños, pedazos de vidrio y algunas laminillas de latón; cada
uno de ellos daba por un cascabel cuantas perlas tenía”.35 También, tras
los pasos de Colón, en agosto de 1499 parte a las Américas Peralonso
Niño quien visitó la Costa de Paria; allí, nos relata Francisco López de
Gomara, en su Historia Natural de las Indias, que “Comió, y rescató
en un momento quince onzas de perlas a trueco de alfileres, sortijas
de cuerno y estaño”36 y que luego “Estuvieron en el pueblo veinte días
feriando perlas. Dábanles una paloma por una aguja, una tórtola por una
cuenta de vidrio, un faisán por dos, un gallipavo por cuatro. Dábanles 115
también por aquel precio conejos y cuartos de venado”.37
Asimismo, desde los primeros momentos, además de perlas,
también fueron rescatados indígenas de la región para ser comercializados
en los mercados europeos. Aunque esta práctica comenzó con el mismo
Colón en las Antillas Mayores, para la Costa de las Perlas se inició en
fecha de 1501 cuando Cristóbal Guerra capturó indígenas en la isla de
Bonaire y los vendió en Sevilla, Cádiz, Xerez y Córdoba38 (ver cuadro 1).
En estos años también empezó a darse forma a las representaciones más
difundidas de los habitantes de esta región, dividiéndolos básicamente
en dos tipos: los que los recibían amablemente recibieron el nombre de
“Guaitios” y lo que mostraban una franca resistencia recibieron el nombre
34
Ibídem, p. 599.
35
Ídem.
36
Francisco López de Gomara, Historia General de las Indias, Caracas: Biblioteca
Ayacucho, p. 115.
37
Ibídem, pp. 115-116.
38
Cedula Real nº 6 de fecha 2 de diciembre de 1501. En Enrique Otte (comp.) Cedularios
de las provincias de Venezuela (1550 – 1550), Caracas: Academia de Ciencias Políticas
y Sociales, 1984.
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de “Caribes”.39 Estos últimos fueron acusados de caníbales,40 razón por la
cual fue permitida oficialmente su captura y esclavización. Esto generó
también una primera construcción fronteriza de la región señalando a los
territorios insulares y costeros según el tipo de indígena que los habitaba
y por tanto estableciendo a priori el tipo de relación a tener con ellos.
Tabla 1 Incursiones esclavistas en las Américas 1495 - 150141
Lugar de Destino de los Numero de
Esclavista Año
Captura esclavos esclavos indígenas
Cristóbal
1495 Hispaniola España 500
Colón
Cristóbal
1497 Hispaniola España 30
Colón
116 Cristóbal
Colón
1498 Hispaniola España 800
Alonso de
1498-1499 Hispaniola Cádiz 200
Hojeda
Cristóbal Cádiz, Sevilla y
1501 Bonaire
Guerra Córdoba.
Estos primeros viajes de exploración se dieron en simultáneo con el
proceso de consolidación de la Hispaniola como el centro económico más
importante de las Américas, lo cual tiene lugar −como señala Otte−42 a
partir de 1504 con la abolición del sistema de “mercaderismo estatal”, que
dio paso a la acción de mercaderes y empresarios privados que pudieron
39
Emanuele Amodio, Las formas de la alteridad: construcción y difusión de la imagen
del indio americano en Europa durante el primer siglo de la conquista de América.
Quito: Editorial Abya Yala, 1993.
40
Emanuele Amodio, “Los caníbales mutantes. Etapas de la transformación étnica de
los caribes durante la época colonial”, Boletín Americanista, nº 49, 1999, pp. 9-29.
41
Adaptado a partir de Erin Stone, Indian Harvest: The Rise of the Indigenous
Slave Trade and Diaspora from Española to the Circum-Caribbean, 1492-1542. Tesis
Doctoral. Vanderbilt University, 2014.
42
Enrique Otte, Las perlas de caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas: Fundación
John Boulton, 1977.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
iniciar una explotación más sistemática de las costas de las perlas. Dentro
de estos el primero en organizar una armada para tales fines fue Rodrigo
de Bastidas. Sus incursiones en las costas de las perlas permitieron la
incorporación fáctica de esta costa a los dominios de Santo Domingo, lo
cual quedará establecido formalmente a partir de 1509 cuando por orden
real este territorio quedaría vetado para los gobernadores de la tierra
firme.
Con estas armadas, además, empezarán a configurarse en el terreno
los diferentes tipos de relaciones que se establecerían entre los distintos
grupos indígenas de la región. En el marco de estas relaciones, el interés
europeo estuvo centrado generalmente en 4 productos: oro, perlas, sal
y mano de obra indígena, y los mecanismos para su obtención fueron
diversos, entre ellos, generalmente el comercio, la acción misional y la 117
apropiación violenta. Los indígenas, por su parte, también tenían interés
en las mercancías europeas puesto que las mismas eran escasas en la
región por tener un origen transatlántico, pero el interés indígena no se
limitaba a las mercancías, si no que muchos de estos grupos vieron en
los europeos potenciales aliados en sus guerras contra los otros grupos
indígenas de la región lo que, muy probablemente, incidió en la forma
como se insertaron los europeos en el escenario interétnico del Caribe y
las costa nororiental sudamericana, y la manera como estos construyeron
y representaron a algunos grupos indígenas, así como la forma en
que actuaron contra ellos. Un ejemplo de esto lo constituye el caso de
los indígenas de las islas de Cubagua, Margarita, Coche y Trinidad, a
quienes el rey ordenó, explícitamente, que se les diera garantías de no ser
molestados por los europeos y que de ser necesario se les prestara ayuda
contra sus enemigos los “caribes”.43
También es importante señalar que la denominación de “Caribe”,
lejos de tener alguna implicación etnológica, obedecía más bien a un
Enrique Otte, ob. cit.
43
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problema político y económico, es decir, el termino caribe empezó a
utilizarse para denominar no solo a los que se oponían a las acciones de
los europeos, sino que a partir de 151144 la ampliación de la denominación
de “caribe” llegaba a las islas de Dominica, Martinica, Santa Lucia, San
Vicente, La Ascensión, Los Barbudos, Tabaco, Mayo y Trinidad. Esta
designación permitía legalmente no solo la práctica de la guerra, sino
también su captura y esclavización. A partir de 1512,45 la posibilidad de
otorgar licencias para esta práctica recayó en manos de las autoridades
de Santo Domingo, lo que generó un mercado que buscaba ya no solo
abastecer la demanda en territorio europeo sino también la creciente
demanda de mano de obra en la misma isla Hispaniola por la paulatina
desaparición de los indígenas Tainos.
118 Entre los años de 1512 y 1514 las armadas en el Caribe se expandieron
de manera considerable gracias a la presencia de los licenciados Juan
Ortiz de Matienzo, Lucas Vásquez de Aillon y Marcelo Villalobos.46 Estos,
junto con los empresarios de la Hispaniola, iniciaron en este periodo
la acción conjunta de rescate de mano de obra indígena con rescate de
perlas, lo que hizo posible la conquista de muchas otras islas que hasta
la fecha eran esquivas, entre ellas, el grupo de islas de las Bahamas.
Sin embargo, con su acción no se expandieron durante este periodo
las fronteras ibéricas que continuaron teniendo su centro político más
importante en San Domingo.
En este periodo podemos señalar que la expansión de las fronteras
europeas a la región de la costa nororiental sudamericana estuvo
44
Real Provisión para que los indios caribes se puedan tomar por esclavos, Burgos, 23
de diciembre de 1511. En Richard Konetzke, Colección de documentos para la historia
de la formación social de Hispanoamérica (1493-1810), vol. I, n°22, 1953.
45
Real cedula al almirante y oficiales respondiéndoles del cuidado que pone en avisar
de las cosas de aquella isla, Logroño, 10 de diciembre 1512, AGI, Indiferente general,
419, L. IV, f. 36v.
46
Enrique Otte, ob. cit.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
impulsada por su interés comercial en las perlas, pero el mecanismo de
obtención de las mismas no implicaba hasta ese momento la constitución
de asentamientos permanentes, si no que la modalidad implementada
era el llamado “rescate”, el cual podría considerarse una suerte de
institución social pues los ibéricos habían iniciado su práctica en la guerra
contra los musulmanes; luego, también se instauró en las islas Canarias
en sus relaciones con la tierra firme de la costa africana de Berbería y,
finalmente, llegó a América en las costas de las perlas.47 Durante este
periodo el rescate pasó de ser esporádico y organizado generalmente
del otro lado de la cuenca atlántica en ciudades como Sevilla y Cádiz, a
ser una práctica sistemática organizada por comerciantes asentados en
la Hispaniola lo que terminó por incorporar durante esta etapa la costa
nororiental sudamericana a la región de influencia de Santo Domingo y
la consolidó con una región fronteriza entre los dominios europeos y los
119
territorios indígenas.
Articulación, conflicto y resistencia: los primeros momentos
de los 1515– 1539
Entre finales de 1514 y principios de 1515 se iniciará sobre el terreno una
reconfiguración de la estrategia que hasta entonces había predominado
para la obtención de perlas: el rescate. Esta reconfiguración tomó cuerpo
a partir del célebre sermón de fray Antonio Montesinos de fecha 30 de
noviembre de 1511 en Santo Domingo, en el cual proclamaba la igualdad
de todos los seres humanos, y de la propuesta de fray Pedro de Córdoba
quien planteó una empresa de conversión de los indígenas que excluyera
toda participación de los esclavistas. Esto permitió que, a finales de 1514,
se iniciara la acción misional en la costa de tierra firme con la llegada de dos
misioneros a la aldea del Manjar; nos referimos a Francisco de Córdoba
y Juan Garcés, ambos dominicos, quienes prontamente construyeron un
Ricardo Ignacio Castillo Hidalgo, Asentamiento español y articulación interétnica
47
en Cumaná (1560-1620). Caracas: Academia Nacional de la Historia, vol. 259, 2005.
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convento, rebautizaron el sitio con el nombre de Santa Fe e iniciaron el
adoctrinamiento de los indígenas de la zona.48
A principios de 1515 esta incursión evangelizadora fracasará por la
acción de los esclavistas que, tras “rescatar” a los jefes de la aldea del
Manjar, provocando la arremetida de los indígenas contra los frailes,
que fueron muertos a flechazos luego de que no se diera respuesta a los
indígenas por sus líderes. En este mismo año se empiezan a erigir las
primeras rancherías permanentes en la isla de Cubagua y se comienza
a practicar la obtención directa de las perlas. Es necesario destacar que
hasta la fecha la permanencia de los europeos en la isla de Cubagua era
solo temporal, el tiempo que duraban sus negociaciones comerciales y
luego de ello volvían a la Hispaniola. Este cambio de estrategia fue posible
120 también gracias a la consolidación de sus alianzas con los indígenas
Guaiqueríes quienes permitían y hacían posible el aprovisionamiento
de agua para consumo humano que generalmente venía de la isla de
Margarita, en unos periodos del año, y de manera permanente del río
Cumaná. Durante este año también se establecerá una misión dominica
a orillas del río Cumaná que será reforzada en 1516 con la llegada de
14 frailes, lo que permitió también a las rancherías de Cubagua poder
abastecerse del preciado líquido.
Los años subsiguientes vieron un incremento de la presencia
hispana en la costa de tierra firme como consecuencia del aumento de
la presencia hispana en la isla de Cubagua y la necesidad de aumentar la
mano de obra esclava indígena en el buceo de las perlas y las actividades
vinculadas a la extracción de oro y producción de alimentos en el resto
de las islas del Caribe. Puede afirmase que, a medida que prosperaba
el negocio perlífero y sus beneficios económicos, florecían también las
Francisco Tiapa, Identidad y resistencia indígena en la conquista y colonización
48
del Oriente de Venezuela (1498-1810), II tomos. Tesis de grado. Caracas: Escuela de
Antropología, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de
Venezuela, 2004.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
incursiones esclavistas en la costa de tierra; en el resto de las llamadas
“islas inútiles” fueron especialmente víctimas del “restace” los indígenas
de las Bahamas, los Lucayos, pues eran considerados por los europeos
como excelsos buceadores.
Para 1520 la isla de Cubagua ya se había transformado en el centro
del negocio perlífero y esclavista en la costa nororiental sudamericana.
Otte49 calcula que los beneficios que había obtenido la corona hasta la
fecha por concepto del quinto real ascendía a una cifra promedio de 1000
marcos anuales desde 1513.50 Estos extraordinarios beneficios económicos
aumentaron la presión para que se legalizara la esclavitud indígena de los
“caribes” que resistían la presencia hispana en la tierra firme. Además,
transformaron a la isla de Cubagua como un espacio ya no solo de interés
hispano, pues en ella vivían para la fecha no solo indígenas de muchas de 121
las islas del Caribe y de la costa atlántica bajo dominio portugués, sino
también cristianos nuevos de España y Portugal, factores comerciales
alemanes y sus asociados, mercaderes italianos y españoles de toda la
península, además de moriscos convertidos del islam al cristianismo y
esclavos blancos del Mediterráneo oriental.51
El negocio perlífero continuó su vertiginoso ascenso en el periodo
1520-1527; para 1521 sus rancherías adquieren el estatus de asentamiento.
Durante este periodo, específicamente en el año de 1526, empezaron a
49
Enrique Otte, ob. cit.
50
Es importante señalar que esta cifra la utilizo con fines ilustrativos, debido a que
muy probablemente sea una cifra muy inferior a la real, pues era habitual saltarse
los controles en las islas ya que “los habitantes de todos los orígenes intercambiaban
perlas por artículos diversos. Los comerciantes también cometieron fraude enviando
envíos no registrados a los mercados europeos junto con los registrados. La llegada
regular de piratas y corsarios extranjeros, que pidieron a las pesquerías que hicieran
negocios bienvenidos o no deseados a intervalos predecibles a lo largo del siglo XVI,
contribuyeron aún más a la circulación no gravada de las perlas del Caribe a través y
más allá de los mercados atlánticos” en Molly Warsh, “A political Ecology in the early
Spanish Caribbean”, William & Mary Quarterly, 71.4, p. 527, 2014.
51 Molly Warsh, [Link]., 2014.
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llegar los primeros esclavos africanos52 a la isla de Cubagua provenientes
principalmente de Santo Domingo, que comenzaron a sustituir
paulatinamente a los indígenas en el buceo de perlas.53 Para ese mismo
año se construyen las primeras edificaciones en piedra en la isla, las cuales
alcanzaron el total de sesenta casas,54 dispuestas como un pequeño burgo
donde se construyó también un monasterio para la obra de cuatro monjes
franciscanos que hicieron llegar desde Santo Domingo. La extensión de
estas casas llegó a ocupar al menos 13 hectáreas, que tenían forma de L
y constaban de dos calles largas y 5 calles cortas, una plaza mayor y un
ayuntamiento.55 Todo financiado con el negocio perlífero que para 1527
contaba con un rendimiento de 1.200 marcos anuales, es decir, 1200%
más que en el año de 1520.56
122 Las perlas de la isla de Cubagua llegaron a tener tanta relevancia
en el escenario global de la época durante este periodo que fueron el
principal rubro de exportación de los territorios americanos y, además
de servir para financiar los ejércitos de Carlos V, llegaron a exhibirse
como joyas en los vestidos y accesorios de los principales monarcas
europeos. Asimismo, estas joyas de la naturaleza fueron representadas
e inmortalizadas en innumerables cuadros y representaciones de ese
tiempo y, entre ellos, quizás de los más famosos, los del pintor flamenco
Theodor de Bry en su serie titulada Grands voyages o Viajes a las Indias
52
La versión más actualizada sobre el tema de la trata esclavista en los actuales
territorios de Venezuela la encontramos en Alex Borucki, “Trans-imperial History in
the Making of the Slave Tradeto Venezuela, 1526-1811”, Itinerario, 36.2, pp. 29-54,
2012.
53
Para conocer en profundidad el tema de los buceadores de perlas sugerimos ver
Molly Warsh, “Enslaved Pearl Divers in the Sixteenth Century Caribbean”, Slavery and
Abolition, 31.3, pp. 345-362, 2010.
54
Angela Orlandi, “Ciudades y aldeas del Nuevo Mundo en los documentos de los
mercaderes y viajeros italianos del Quinientos”, Anuario de Estudios Americanos, 73.1:
pp. 45-64, 2016.
55
Jorge Armandy; Isnírida Álvarez, “Investigaciones arqueológicas recientes y futuras
en Cubagua”, Talleres, p. 15, 2014.
56
Ver nota 50 sobre el señalamiento de Warsh a los datos sobre el Quinto Real.
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Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
Occidentales (1590-1634), o los del pintor italiano Tiziano Vecellio, quien
inmortalizó a la emperatriz Isabel de Portugal y con ella a las perlas de las
isla de Cubagua en diciembre de 1547 (ver imagen 2).57
Ilustración 1: Reina Isabel de Portugal
123
Este apogeo no pasó inadvertido para el resto de los imperios
europeos por lo que la defensa de la ciudad de Nueva Cádiz siempre fue
un tema importante. Uno de los episodios más relevante fue el ataque a
la isla de Cubagua que tuvo lugar en el año de 1528 por parte del pirata
francés Diego de Ingenios, cuya acción fue posible repeler gracias al
apoyo que recibieron los hispanos por parte de sus aliados Guaiqueríes,
quienes, como mencionamos antes, fueron aliados de los europeos
desde los primeros momentos de su presencia en la costa nororiental
57
El cuadro original se encuentra en el Museo del Prado en Madrid, España.
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sudamericana.58 La relevancia global que adquirió la isla hizo posible
que para el año de 1528 adquiriera el estatus de ciudad bajo el nombre de
Nueva Cádiz de Cubagua, un título solo otorgado a los asentamientos más
importantes para la corona, lo que vino a consolidar en el plano jurídico
lo que ya era una realidad en el terreno, pues la isla de Cubagua se había
transformado para la fecha en el centro económico, político y religioso
de la costa nororiental sudamericana y de allí había logrado consolidar el
dominio europeo en la región, al punto de que desde la isla de Cubagua
partirían las expediciones que tendrían como objetivo la conquista
territorial de la costa central y occidental sudamericana.
Después de este esplendor, el negocio perlífero decayó de manera
acelerada en la siguiente década, producto del agotamiento de los
124 bancos perlíferos que rodeaban a la isla de Cubagua59 por efecto de la
sobreexplotación de la Pintada imbricata y de una política imperial que
demostró tener poco conocimiento sobre los ciclos reproductivos de este
molusco, e intentó, aunque sin éxito, experimentar soluciones posibles al
agotamiento de las perlas en la isla de Cubagua.60 Una prueba fehaciente
de este fracaso lo demuestra el hecho de que para el año de 1539 la gran
mayoría de los otrora empresarios de las perlas se había mudado a la isla
de Margarita o a Río de Hacha donde en 1537 se descubrieron nuevos
bancos perlíferos, abandonando la ciudad que una década atrás prometía
ser una de las más prósperas del Nuevo Mundo y de la que hombres como
el mismo Cristóbal Colón había llamado “la más rica tierra que hay en el
mundo”.
Este periodo estuvo caracterizado por la ampliación de la
frontera hispana en las costas de las perlas; ampliación que se sostuvo
fundamentalmente sobre la base de dos razones: La primera de ellas, el
58
Enrique Otte, ob. cit.
59
Para conocer en detalle sobre el agotamiento de los bancos perlíferos sugerimos ver
Michael Perri, “‘Ruined and Lost’: Spanish Destruction of the Pearl Coastin the Early
Sixteenth Century”, Environment and History, pp. 129-161, 2009.
60
Molly Warsh, ob. cit., 2014.
FIDEL RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ La formación de fronteras en los confines del mundo atlántico:
Nueva Cádiz de Cubagua y las Costas de las Perlas durante la modernidad temprana (1498-1550)
cambio de estrategia para la extracción de perlas ya que a partir del de año
de 1515 empezó a consolidarse en la isla de Cubagua una población estable
que buscaba obtener las perlas sin intermediación de los indígenas, lo
que significó un cambio importante pues los indígenas pasaron de ser
vistos como proveedores de perlas a través del mecanismo del “rescate”
a ser considerados como mano de obra que podía ser esclavizada para
tal fin. La segunda razón, que consideramos importante, es el inicio de
la acción misional en la costa de tierra firme que dirigirían los frailes
dominicos y capuchinos bajo la doctrina de que los indígenas eran seres
humanos y que no debían ser esclavizados. Ambas razones en conjunto
hicieron posible el establecimiento permanente de europeos en la región
al punto de consolidar la fundación de la Ciudad de Nueva Cádiz hacia
el año de 1528, logrando de esta manera romper con la dependencia
de la Hispaniola y configurando su propio centro político, económico y
125
comercial en la región.
Consideraciones finales
En esta aproximación a los procesos de conformación de fronteras en
la modernidad temprana en la costa nororiental sudamericana hemos
realizado un recorrido de larga duración que busca evidenciar lo complejo
de los procesos sociales, políticos y económicos que dieron lugar a la
inclusión de la isla de Cubagua en un sistema global cuya característica
fundamental fue la diversidad étnica y cultural de sus actores, y cuyos
sistemas de alianza, negociación y resistencia fueron transformándose
en relación al papel que en determinados momentos tuvieron que jugar
respecto al negocio perlífero.
Este recorrido también sustenta la idea de unas fronteras
permeables, dinámicas y con procesos particulares cuya comprensión es
posible a partir de asumir que, en estos lugares, con actores tan diversos
donde ninguno tiene, en primera instancia ni de forma definitiva, el
monopolio de la violencia y el comercio, deben ser analizados desde una
hermenéutica que haga posible una narrativa que permita hacer visible
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a los múltiples actores que hicieron vida en la frontera estudiada, lo que
sin duda constituye un reto de carácter metodológico y epistemológico
por la naturaleza de las fuentes que tradicionalmente utilizamos en los
estudios históricos, pero también por los temas y periodos a los que
nuestra historiografía generalmente le ha dado preponderancia.
126
ה LA PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN 1594:
MUJERES, SOLARES Y TIENDAS
EN LA CARACAS DEL SIGLO XVI
JUAN GANTEAUME
Introducción
Desde su nacimiento como urbe castellana, en Santiago de León se
realizaron todo tipo de conmemoraciones públicas, algo muy del gusto
de los vecinos de la joven ciudad indohispana, capital de la gobernación
de Venezuela. Se hicieron siempre estas celebraciones lo más vistosas
posible, tanto las seculares como las religiosas, dentro de la cortedad de
recursos de sus vecinos e instituciones iniciales.
Los motivos de tales galas eran muchos y variados, desde fiestas
por el día del patrono de la ciudad –que lo era Santiago el Mayor–, con
juegos “de cañas y toros” en la plaza, hasta solemnidades decretadas en
honor a un nuevo soberano, o luto por su predecesor, por la llegada de
un nuevo gobernador, o espectáculos profanos como el carnaval, ferias
votivas propias de la ciudad como San Mauricio, San Pablo Ermitaño o
San Sebastián, recreaciones vivas de la natividad del Niño Dios, el día
solemne de los santos difuntos o la adoración de los reyes magos, el
juicio del Hijo de Dios ante Pilatos –acompañado de un feo Barrabás–
en la Semana Mayor o Semana Santa pascual y la procesión del Corpus
Christi.
Las conmemoraciones religiosas públicas tenían gran peso entre el
pueblo; se seguían los dogmas y preceptos de la Iglesia Romana como
palabra divina y el poder de las instituciones religiosas –y representantes
locales en su nombre– era inmenso. El fervor religioso de los vecinos
en aquella época era auténtico y su fe natural, sincera y entrañable. La
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prédica movía realmente el alma de todos. No es casual que el singular
cuadro de Nuestra Señora de Caracas, de mediados del siglo XVIII, que
pinta un bello panorama de la ciudad coronado por la Virgen, muestre
el paso de una procesión con cánticos y rezos por las calles del poblado,
haciendo honor a ella misma.
Con ingenio local se condimentaban las celebraciones protocolares.
Onofre Carrasquer declaraba en 1632 –en un memorial acreditando
los méritos del capitán Pedro Alonso Galeas, fallecido a fines del siglo
anterior– sobre el papel de Galeas en las fiestas que se hicieron en la
ciudad en 1598 al nuevo rey, Felipe III. En su testimonio de este memorial,
el célebre escribano Alonso García Pineda recordaba la participación del
antiguo marañón en la derrota de Lope de Aguirre así:
128 (…) y vio este testigo [Pineda] en unas fiestas reales que ha
muchos años se hicieron, entrar Alonso Galeas con las insignias
y representación, en un carro triunfal del vencimiento del dicho
tirano.1
Haciendo un recorrido por los altares y templetes de estos vecinos,
podremos hacernos una visión de la Caracas inmediatamente posterior a
la conquista. Es una sociedad en la que aún viven algunos conquistadores,
como Elvira de Montes, “conquistadora” a la que le vamos a dedicar
algunas páginas, pero sobre todo a sus hijos y nietos, es decir, a la primera
generación de la elite criolla nacida en la ciudad. Como lo evidencia el
caso de Doña Elvira, se destaca la gran cantidad de mujeres que son
dueñas de solares, con lo que eso implicaba en una sociedad regida por
propietarios “padres de familia” que, en pie de igualdad con los hombres,
participan en los preparativos de la procesión. También podremos ver
algunos de los negocios que ya operaban en la ciudad para la época. La
reconstrucción es básicamente proposográfica, pero ofrece un panorama
Vicente Dávila, Encomiendas, t. I, Caracas, 1927, pp. 68 y ss.
1
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
sobre el que futuras investigaciones podrán levantar interpretaciones de
amplio alcance.
Poco se sabe de esas primeras ceremonias y conmemoraciones en la
Santiago de León inicial, mas a través de las actas del cabildo ha quedado
registrada una breve resolución, que en sus cortas palabras y con el estilo
taquigráfico tan propio del escribano de estrado, revela indirectamente
la ruta del paso de la procesión del Corpus Christi por la Caracas de fines
del siglo XVI.
En 6 de junio de 1594 el cabildo dispone y reparte por resolución
formal cuáles vecinos estarán a cargo de erigir altares en templetes de
parada, para la procesión anual del Corpus. Así:
Antonio Rodríguez e Pedro Alonso [Galeas] un altar; y otro 129
altar a Mateo Díaz de Alfaro; Juan Cerrada otro altar; y
[otro] al capitán Olalla; y a Juan Díaz Durán otro; y el capitán
Sebastián Díaz [de Alfaro] que ayude con indios; y doña Luisa
de Villegas otro; y en casa de doña Elvira otro; y Francisco
Sánchez de Córdoba otro.2
Es posible deducir la ruta de esta procesión. En el análisis que
sigue mostraremos cuál fue el camino recorrido por las calles de Caracas
en 1594 esta antigua celebración del Corpus Christi, basándonos en la
ubicación de los solares de los vecinos y moradores mencionados en la
resolución del cabildo, copiada arriba.
Es interesante constatar que esta procesión pasaba frente a los tres
templos que por entonces habían edificados en la ciudad: Iglesia Mayor,
San Mauricio y San Francisco. La ermita de San Pablo Ermitaño, fundada
en 1580, estaba por entonces “extramuros”, muy en las afueras del corto
poblado, al parecer demasiado al sur para merecer ser visitada por la
procesión del Corpus.
ACC, t. I, p. 370.
2
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La marcha partía entonces de la plaza mayor, desde la esquina de
La Torre, subiendo la procesión al norte; luego doblaba al oeste, hacia
la ermita de San Mauricio; de allí se dirigía al sur, a la iglesia de San
Francisco y luego, girando al oeste, rodeaba la cuadra a su derecha (la
actual cuadra del Palacio Federal Legislativo) y se dirigía finalmente a
la iglesia mayor, entrando por el sur de la plaza, en una ruta que hemos
logrado recrear.
En el plano a continuación se muestran gráficamente tanto los
solares mencionados en la resolución del cabildo, como la ruta seguida en
1594 por esta antigua procesión en Caracas. En este artículo analizaremos
cada uno de los vecinos y solares mencionados, comenzando por el
registrado como número 1 en el plano y terminando en el número 10.
130
Fig. 1 Altares y recorrido del Corpus Christi en 1594
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
Los conquistadores y sus solares
1 y 2. Antonio Rodríguez y Pedro Alonso Galeas
De la ubicación de Antonio Rodríguez y Pedro Alonso Galeas hemos
hablado en capítulo previo. Ambos personajes eran conquistadores de
Caracas, de la élite y primeros pobladores de Santiago de León desde su
fundación. Sus solares se miraban, enfrentada calle en medio, al sur de
la esquina de Veroes, aunque Antonio Rodríguez se había mudado hacía
poco a este solar que, al parecer, no era el que se le otorgó inicialmente al
momento de la fundación.
En esta esquina de Veroes se dispone, pues, el primer altar. Desde
esta parada inicial la procesión se dirigía al oeste, hacia la ermita de San
Mauricio, hasta detenerse en el siguiente altar frente a la casa del capitán
Matías Díaz de Alfaro. 131
3. Mateo Díaz de Alfaro
Este personaje miembro de la élite, encargado en la declaración del cabildo
de levantar el segundo altar, era hijo del conquistador Sebastián Díaz de
Alfaro, mencionado también con el número 7 en el plano (Ver fig. 1).
Nacido alrededor de 1562, Mateo Díaz acompañó y participó con su
padre en la fundación de San Sebastián de los Reyes en 1585. Casó luego
con Leonor Díaz de Rojas, hija del capitán Alonso Díaz Moreno y Ana
de Rojas, con sucesión. Tuvo cargos relevantes en San Sebastián de los
Reyes como vecino principal y poblador inicial, donde vivió muchos años.
Muere en 1608.3 Hemos señalado ya su solar y morada de habitación
en la esquina nombrada hoy de Santa Capilla suroeste (ver fig. 1). Debió
adquirir su solar de los hijos de Damián del Barrio, quienes posiblemente
lo poseían en propiedad desde la fundación, como quizás era de estos Del
Barrio el resto de la cuadra donde se ubicaba el solar de Mateo Díaz de
Alfaro.
Briceño, 1986, p. 438.
3
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Figura 2. Esquinas de Santa Capilla, Principal y Beroes
132
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
La ubicación del solar de Mateo Díaz de Alfaro en la esquina de Santa
Capilla suroeste se deduce de la declaración del testamento de Sebastián
Márquez en 1625. Declaraba este:
que yo tengo en esta dicha ciudad dos tiendas, con sus corrales
y sitios, que hube y compré de Juan Rodríguez Espejo y Ana
Jorge, su mujer, que lindan por un lado, con casas y corrales de
los susodichos [S], y por fronteras [O] las casas de los herederos
de Mateo Díaz [de Alfaro], calle real en medio.4
Sebastián Márquez había adquirido las “dos tiendas con sus corrales
y sitios” de Juan Rodríguez Espejo (Ver Fig. 2). En 1617 desde la Nueva
Valencia del Rey, Rodríguez Espejo daba poder a Juan Luis, escribano,
para que cobrara a Sebastián Márquez:
(…) trescientos reales buenos de la venta que Ana Jorge de
Quiñones, mi mujer, con mi licencia… le hiciere y otorgare de dos
133
tiendas que [roto: eran] las que vivía Sebastián de Sobremonte,
…en quinientos ochenta ducados buenos.5
Informa Enrique Otte en su obra que había sido: “Rodríguez Espejo,
antiguo poblador, alcalde de la Hermandad en 1604 y después alguacil
mayor de gobernación, poseedor de cuatro casas y tiendas situadas entre
las casas del cabildo [S] y la ermita de San Mauricio [N]”.6
Espejo había comprado a Juan de Riberos en 1595 un segmento de
solar interno en la esquina de Santa Capilla sureste:
Sepan cuantos esta carta de venta real vieren cómo yo, el
teniente Juan de Riberos, vecino de esta ciudad de Santiago de
León...otorgo y conozco que vendo e doy en venta real ...a Juan
Rodríguez Espejo ... una casa de paja con su corral, con todo lo
en ella edificado [entre líneas: linde con Alonso García Pineday
Alonso González Urbano] … por precio y cuantía de ciento y
cincuenta pesos de oro fino.7
4
AHAC, Testamentarías, t.1, 1595-1628, f. 265-298.
5
20 de diciembre 1617. AGN, Escribanías 1617 (15-B), f. 135-137.
6
Otte, La Nueva Cádiz…, ob. cit., 1977, p. LIV.
7
13 de septiembre 1595. AGN, Escribanías 1595, (001-AA), f. 66v. y ss.
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Alonso González Urbano ya estaba casado con hija de Pedro Alonso
Galeas para la fecha de la venta de Riberos, y habitaba el medio solar
esquinero dividido del solar entero de su suegro, en Veroes suroeste.
Juan Rodríguez Espejo tal vez está comprando este medio solar interno
–de Santa Capilla a Principal– por estar para casarse (o ya casado para
entonces) con Beatriz del Mármol, hija de Luisa del Barrio, viuda de
Gabriel de Ávila y quien vivía calle en medio en el solar de Principal
noroeste. El segmento de solar al sur −que el texto entre líneas informa
ser de Alonso García Pineda− será comprado también al escribano
Pineda por Rodríguez Espejo, quizás ese mismo año y, finalmente, en
1605, cancela lo que debía por el segmento de solar restante, que miraba
al norte y colindaba por su lado oeste con la ermita de San Mauricio, y
que en algún momento había comprado a Juan de Maluenda, vecino de
134 San Sebastián, quien registra esta venta por documento firmado ese año
(ver fig. 2). La declaración de Maluenda es para oficializar haber recibido
el pago a través de Ana de Guzmán, su madre:
(…) que por cuanto yo he vendido a Juan Rodríguez Espejo,
vecino ... unas casas cubiertas de cogollo que lindan, por un
lado, con la ermita del señor San Mauricio [O] y por otro lado,
casas y solar de Alonso González Urbano [E], y por detrás,
casas y solar de Juan Rodríguez Espejo [S], y por delante calles
reales [N]. Que la dicha casa le vendí con una tienda y el solar
que hoy tiene cercado, la cual dicha casa, solar y tienda le vendo
por precio y cuantía de doscientos pesos de oro ... en un negro
criollo de edad de veinte años más o menos, llamado Jusepe,
en ciento cuarenta y dos pesos de oro; una mula en diez y ocho
pesos y el resto en dinero, [etc.].8
Una casa entre la ermita de San Mauricio y la casa de Alonso González
Urbano en Veroes suroeste, la ocupó por esas fechas María Domínguez,
“de color mulata”, parda libre. Es el mismo segmento de solar vendido
por Maluenda a Rodríguez Espejo. A la muerte de Juan Rodríguez Espejo
8
19 de octubre 1605. AGN, Escribanías 1605 (7-B), f. 152.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
en 1619, ante la posibilidad de quedar desamparada por tener que salir de
dicha casa –pues los bienes de Rodríguez Espejo se rematarían en subasta
pública (como era lo usual cuando se liquidaban bienes de fallecidos para
pagar sus deudas)–, Pedro Blanco de Ponte compra la casa para la mulata
libre por 400 pesos. Una agradecida María Domínguez irá pagando esta
deuda en el transcurso de muchos años. En 1647 Pedro Blanco de Ponte
registra una declaración de cancelación y otorgamiento de propiedad
bajo fe del escribano:
(…) que por cuanto por el año pasado de [16]19, por remate
público que se hizo de unas casas cubiertas de paja de Juan
Rodríguez Espejo, difunto, este otorgante sacó y compró, a
instancia y ruego de María Domínguez … dándole el dinero
para el efecto, y aunque ha tantos años que pasó lo referido,
quedándole a deber alguna cantidad por mano de Felipe 135
González, su hijo, no ha podido hacerse traspaso del dicho
remate; por tanto, como mejor haya lugar de derecho, y a la
susodicha aproveche, confiesa [Blanco] y otorga haber recibido
los dichos cuatrocientos pesos y estar en su poder, de que se da
por bien contento, satisfecho y pagado … y en señal de posesión
el dicho capitán Pedro Blanco de Ponte le entregó los recaudos
… y las dichas casas lindan por la parte de arriba con la ermita
del señor San Mauricio desta ciudad [O], y por la de abajo [E]
con casas y solar de los herederos de Alonso González Urbano, y
por la de enfrente, calle real en medio, con casa y solar de Juan
Bautista Navarro [N].9
Al morir Mateo Díaz de Alfaro y Leonor de Rojas, su solar entero en
Santa Capilla suroeste se subdivide por dote entre dos de sus hijas, Juana
de Alfaro, casada con Lorenzo de Ostos y Vega, y María de Alfaro y su
marido Francisco de Guzmán y Sarría. En 1647 Lorenzo de Ostos y Vega
y su mujer, en solicitud de un préstamo, daban como garantía:
(…) sobre las casas y solar de nuestra morada, con todo lo en
ella labrado y edificado... que linda, por la una parte, con casas
y solar de don Francisco de Guzmán y Sarría [S], y por la otra,
AGN, Escribanías 1647 (54-B), f. 44v. y ss.
9
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con solar y casas que fueron de María Zabala [O], y por la otra,
calle real en medio, con la ermita de San Mauricio [E].10
Luego de los rezos y cánticos frente al altar de Santa Capilla, la
procesión del Corpus tomaba dirección sur, por la calle del cabildo
y la plaza mayor, rumbo al templo de San Francisco. En la esquina de
Principal se detenía en el siguiente altar, adjudicado a “Algunas damas
y sus solares”.
4. Juan Cerrada
Para la fecha de esta procesión del Corpus, Luisa del Barrio vivía calle
en medio al oeste de Juan Rodríguez Espejo –su yerno–, en la esquina
de Principal, solar patrimonial de los Del Barrio desde el momento de la
fundación de la ciudad. En un mismo solar entero, este de la esquina de
136 Principal noroeste, vivían –en dos casas–, Luisa del Barrio con sus hijas
de Gabriel de Ávila y –quizás– Lucía, Domingo, Marcos y otros Del Barrio.
Al enviudar de Gabriel de Ávila, Luisa del Barrio, su mujer, había vuelto
a casar hacia 1580 con Juan Cerrada, otro de los mencionados para erigir
altar, y con su nuevo marido vivía en este solar en Principal noroeste,
legado de su padre, a quien Losada había favorecido en el otorgamiento
y reparto de solares en la Santiago de León que se fundaba, como grande
amigo y tan afín que fue de Damián del Barrio.
Juan Cerrada y su hermano (o hijo) Hernando Cerrada habían
llegado juntos a Caracas hacia 1580 provenientes de Mérida, jurisdicción
del Nuevo Reino de Granada. Era hijo de Juan Cerrada Marín, hermano
del célebre capitán Hernando Cerrada Marín, destacado conquistador y
poblador de Mérida de los Caballeros, y miembro de la élite de aquella
ciudad. Hernando Cerrada, el de Caracas, había casado a su vez, hacia
1582, con Felipa de Ávila, hija de Luisa del Barrio, y habitaba en la segunda
década del siglo XVII los solares de enteros de la cuadra de Muñoz
a Pedrera oeste. Juan Cerrada era, entonces, hermano de Hernando
Cerrada y a su vez, suegro de su hermano por afinidad matrimonial.
24 de noviembre 1647. AGN, Escribanías 1647 (55-B), f. 159.
10
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
Una Ana Cerrada, hija de Juan Cerrada, se registra por esa época
en Caracas. Se la señala en libros parroquiales de 1608 como “tía” de
un hijo de Hernando Cerrada, en el bautizo del niño.11 Si fuera este el
caso, Hernando Cerrada no era entonces hermano de Juan Cerrada, sino
hijo, quizás de un matrimonio previo de Juan, en Mérida. Cabe también
la posibilidad que, por diferencia de edad con su primo a bautizar, Ana
Cerrada haya sido calificada como tía. Ana Cerrada se registraba viuda
en 1627.12 Habitaba en 1631 el solar esquinero de Principal noroeste, el
de su madre Luisa del Barrio, según los linderos que declaraba Lorenzo
Martínez de Villegas de su solar propio, calle en medio al sur, en la esquina
de Principal suroeste:
Primeramente, en unas casas cubiertas de teja, con su solar, que
tenemos y poseemos en la esquina de la plaza desta ciudad, y la
hacen con las [calles] reales de ella; y lindan, por un lado, con
137
casas y solar de Ana Cerrada [N], calle real en medio; y por
detrás, casas y solar de Esteban de Marmolejo [O].13
Es de señalar que estas casas propias en Principal suroeste que
manifiesta Lorenzo Martínez eran “de alto” ya para esas fechas y con el
tiempo serán el origen de la célebre Casa Amarilla (Ver fig. 2).
Ana Cerrada tuvo por hija a doña Juana de Avendaño quien heredó
el solar. Por un documento de poder para casar –con dispensa– entre
Pablo Méndez Cabrita y Juana de Avendaño en 1641, se conoce que Juana
de Avendaño era hija de Ana Cerrada y un Blas González de Avendaño,
difuntos, y que entre los consortes había tercer grado de consanguinidad.14
Juana de Avendaño murió muy poco después: Micaela de Ávila, hija de
Juana de Ávila del Barrio, y quien vivía en el medio solar interno norte de
Principal noroeste, al vender en 1646 a don Ortuño de Tovar declaraba a
Juana de Avendaño “su sobrina”:
11
Ramírez, 1986: 104.
12
AHAC, Varios, # 7, último leg., f. 11.
13
19 de septiembre 1631. AGN, Escribanías 1631 (24-B), f. 20.
14
6 de abril 1641. AGN, Escribanías 1641 (45-B), f. 143.
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Micaela de Ávila, viuda, vecina desta ciudad, otorgo que vendo
por juro de heredad a don Ortuño de Tovar, residente en ella,
para él y para sus sucesores y quien en su causa hubiere en
cualquier manera, conviene a saber: Medio solar que yo he y
tengo, que linda, por la una parte, con otro medio solar que
fue de doña Juana de Avendaño [S], mi sobrina, y en el que al
presente vive el ilustrísimo señor maestro don fray Mauro de
Tovar, obispo desta provincia, y por otra, con solar y casas
de don Francisco de Guzmán y Sarría [N], y por la parte de
enfrente, calle real en medio, con casas y solar del cabildo desta
ciudad [E] …por precio y quantía de seiscientos y cincuenta
pesos de a ocho reales.15
El siguiente altar a levantar para la procesión del Corpus se ubicaba
en la esquina frente al templo de San Francisco (ver fig. 1) y se lo señala
el cabildo a Francisco de Olalla.
138
5. Francisco Olalla
Corresponde esta mención a Francisco de Olalla, hijo del capitán Alonso
de Olalla Herrera, figurante en los inicios de la gobernación de Venezuela,
habiendo participado con el bélzar Federmann en sus expediciones y
quien luego pasa, al parecer, a Santa Fe de Bogotá donde tiene importante
figuración.
Es curioso que el cabildo no asignara el altar de la esquina de San
Francisco a alguno de los vecinos colindantes de dicha esquina, sino a
Francisco de Olalla quien vivía a media cuadra en un solar en la acera
oriental de la calle de Monjas a San Francisco. Para ese año de 1594,
el solar en la esquina de San Francisco noreste lo habitaba Bartolomé
de Emasabel, contador real, casado hacia 1590 con Mariana de Videla.
Pudo este solar ser dote de Lorenzo Martínez y de Juana Videla a su hija
Mariana de Videla, con quien casó Emasabel, visto que el solar, calle en
medio al oeste, en San Francisco noroeste, que colindaba al norte con
el solar principal de habitación de Lorenzo Martínez, también lo habían
2 de agosto 1646. AGN, Escribanías 1646 (52-B), f. 71v.
15
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
adquirido los Martínez Videla para dotar otras hijas.16 Bartolomé de
Emasabel fue contador interino y regidor en 1594 y ya había fallecido
hacia 1617. Doña Mariana de Videla, su mujer, junto con su madre, Juana
Villela, fue la impulsora del convento de monjas que finalmente –y tras
un largo proceso de décadas en solicitud del plácet regio– se instituyó en
1638 en las casas de Lorenzo Martínez, en Monjas suroeste, convento que
dio nombre a la esquina.
En la escritura de donación de 1617 para dotación del convento,
Mariana de Villela ofrece, entre los bienes que se describen, traspasar
a la institución religiosa: “… las casas de la morada de mí, la dicha doña
Mariana Villela, cubiertas de teja, con todo lo en ellas labrado y edificado,
y con su solar entero, cercado”.17 Este solar y casas eran las suyas propias
en San Francisco noreste. 139
Si se observa el plano se verá que el cabildo se abstiene también
de asignarle el altar de la esquina de Monjas a los Martínez Videla,
adjudicándoselo a sus vecinos Díaz de Alfaro y Luisa de Villegas (ver fig.
1). Es posible que esta renuencia a encargarle a estos Martínez Videla
fabricar altares –tanto en la esquina de Monjas, como en la de San
Francisco, esquinas donde tenían casas y solares– se deba a que para
la fecha esta familia se hallaba de luto, pues ese año de 1594 al parecer
muere Lorenzo Martínez.
La morada de Olalla era una casa con poco solar de fondo, suficiente
para corral, inserta en el solar de doña Luisa de Villegas y con frente al
oeste. Doña Luisa, al enviudar, debió cederle este espacio en su solar,
para que Olalla construyera casa allí.
Francisco de Olalla casó con Juana de Silva, hija del conquistador
Gómes da Silva Vasconcelos, quien vivió en la esquina de Conde noroeste.
Se le registran a este matrimonio Olalla-Silva al menos diez hijos entre
16
14 de enero 1617. AHAC, Conventos, carp. 132, leg. 2, f. 6v.
17
Ídem.
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1588 y 1607.18 Como garantía para que le adjudicaran la recolección de
diezmos de 1597, Francisco de Olalla ponía como bienes: “... las casas de
nuestra morada que tenemos en esta ciudad, linde con solar de Bartolomé
de Emasabel [S] y casas de los herederos de doña Luisa de Villegas [N]”.19
En ese año de 1607 Olalla viaja como procurador de la ciudad a Santo
Domingo, donde, al parecer, se avecinda. En 1589 se le registraban seis
indios de servicio doméstico. Al irse Olalla, el solar de este se subdivide
en dos, uno de los cuales –un cuarto de solar– habitará Gaspar Álvarez,
espadero, casado con Mariana de Rivera, con quien tuvo en 1608 a su hijo
Andrés Álvarez, clérigo licenciado de figuración, y a María Ana Álvarez,
o de Rivera, quien recibe por dote la casa en 1638.20 Además de estas
casas de Mariana de Rivera, entre este cuarto de solar y el solar al sur,
140 que había sido de Mariana de Videla, había otro cuarto de solar dividido
a su vez en dos tiendas, donde Pedro Trujillo era inquilino de una de
ellas, todo dentro del medio solar que perteneció a Francisco de Olalla.
Daban como hipoteca Pedro Trujillo y María de Ibarra, su mujer, para un
préstamo solicitado en 1618 “una tienda cubierta de cohollo, que habemos
y tenemos en esta ciudad, linda con casa y tienda de Mariana de Rivera
[S] y solar de Domingo Vásquez [N], regidor desta ciudad, y calle real”.21
Estas tiendas, de la que Trujillo regentaba una, al parecer eran de
Domingo Vásquez de Rojas, así como suya era la otra tienda al norte de
Trujillo, adquiridas ambas por Domingo Vásquez en algún momento
posterior a la compra del solar de Luisa de Villegas, que fue el suyo de
habitación personal en la esquina de Monjas sureste.
En 1619 Mariana de Rivera casó por segunda vez con un Domingo
Álvarez, quizás hermano de su marido fallecido.22 Viuda de nuevo en 1638,
18
Ramírez, 1986, p. 134.
19
AGN, Escribanías 1597 (002-AA), f. 201v.
20
AGN, Escribanías 1638 (40-B), f. 236 y v.
21
27 de septiembre 1618. AGN, Escribanías 1618 (16-B), f. 114 v.
22
IVG, 1974, p. 60.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
casa a su hija María Ana Álvarez de Rivera con Gerónimo Riberos, natural
de Guimaraes, Portugal, con sucesión. Al mudarse este matrimonio a la
esquina de Colón noreste, su casa tienda en la acera oriental entre Monjas
y San Francisco, fue destinada a escuela de menores, según los linderos
que declaraba en 1648 uno de los herederos de Domingo Vásquez de
Rojas, al vender su parte del legado en las tiendas colindantes al sur de
Mariana de Rivera: Lázaro Vásquez de Rojas y Alfaro, como heredero del
maese de campo Domingo Vásquez de Rojas, vende a doña Francisca de
Alfaro, su tía, para ella y sus herederos
(…) un pedazo y sitio de solar que quedó por fin y muerte del
dicho mi padre, que linda con solar y tiendas de las monjas
de la Limpia Concepción desta ciudad [S], por la una parte, y
por la otra, con solar y casa de Gerónimo Riberos, que hoy es
escuela de menor [N]. Y tiene el sitio de dos tiendas, que solían 141
alquilarse por el dicho mi padre, con diecisiete varas de frente
y veinticuatro de fondo, el cual vendo ...por cien pesos de 8
reales.23
El solar “de las monjas de la Limpia Concepción”, con el que lindaba
por el sur en 1648 la casa que había sido de Francisco de Olalla el siglo
anterior, se ubicaba en la esquina de San Francisco noreste y había sido
originalmente propiedad de Mariana de Videla, quien al enviudar entró
al convento en calidad de monja fundadora y con el tiempo llegó a ser
abadesa. Como se mostró arriba, puso de bienes para su ingreso, entre
otros, este solar entero y casas de la esquina de San Francisco noreste,
casas vueltas tiendas en 1648, que se alquilaban para mantenimiento de
las monjas según documenta la venta a Francisca de Alfaro que acabamos
de exponer.
Del altar frente al templo de San Francisco la procesión del Corpus
se enrumbaba al oeste y giraba al norte al llegar a la esquina de Bolsa
noreste. Seguía por esta calle hasta parar en el altar de la esquina de
Padre Sierra, asignado en el decreto del cabildo a Juan Díaz Durán.
19 de junio 1648. AGN, Escribanías 1648 (56-B), f. p. 97.
23
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6. Juan Díaz Durán
Aparece mencionado en Caracas en el juicio de residencia a Mazariegos
en 1574.24 Casó por segunda vez hacia 1588 con Leonor de Liaño, quizás
deuda del juez Liaño venido en comisión ese mismo año. Fue vecino
muchos años de San Sebastián de los Reyes y era allí su alférez mayor.25
Muere en 1596 en Sevilla, y su mujer, Leonor de Liaño, permanece viuda
en adelante hasta su muerte en 1617. Juan Díaz Durán obtuvo encomienda
por dejación de Francisco Maldonado y en 1589, como encomendero, se
le registraban tres indios de servicio en sus casas.
Díaz Durán y Leonor de Liaño tuvieron cinco hijos, entre ellos,
Lorenzo, Juan, Alonso y Francisco. Su hija Catalina Mexía casó con Diego
de Villanueva Gibaja, natural de Ocaña, regidor, escribano y finalmente
142 clérigo, autor en 1607 de una descripción de la provincia varias veces
publicada, en la que se describe la producción y cultivos de las ciudades
de la gobernación. Villanueva Gibaja estaba en Madrid en 1611, donde lo
consigue Diego de Ovalle al viajar a España. Una hija de Gibaja casará,
años después, con el hijo único de Ovalle, Juan de Ovalle y Rojas, sin
sucesión.
En 1618, doña Magdalena Peraza de Herrera, o Sarmiento Peraza,
ya era viuda de Alonso Durán de Liaño, hijo de Juan Díaz Durán y Leonor
de Liaño y muerto en Cartagena de Indias, puerto principal del Nuevo
Reino de Granada.26
El solar entero de Juan Díaz Durán y Leonor de Liaño se ubicaba
colindando al oeste de Lorenzo Martínez y Juana Videla, en Padre Sierra
sureste. En 1617 Leonor de Liaño en su testamento manifestaba: “…declaro
por mis bienes las casas de mi morada en que al presente vivo, que lindan
con casas de Alonso Rodríguez Santos [O] y con casas de Juana Videla
24
AGN, Traslados. Residencia a Mazariegos, p. 54.
25
Lucas Castillo Lara, San Sebastián de los Reyes: La Ciudad Trashumante, t. I.
Caracas: BANH-172, 1984, p. 256.
26
AGN, Escribanías 1618 (15-B), f.199 v.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
[E], que son de teja”.27 Estas casas de Leonor de Liaño eran “de alto”, con
balcón en las ventanas, como de alto eran las de su vecina Juana Videla.
Leonor de Liaño había vendido en 1601 un tercio de solar al oeste –el
esquinero– a Alonso Rodríguez Santos, nacido hacia 1565 en Frenegal
de la Sierra, España, casado para la fecha con María Martínez de Arias
Montano, padres de Juan Rodríguez Santos y Benito Arias Montano. Este
último llegó a ser, andando el tiempo, gobernador de Cumaná y la Nueva
Andalucía. Decía el documento de venta:
(…) un pedazo de solar cercado, con la casa que al presente
tiene fecha, que es en la que vivía Juan Rodríguez Jaramillo,
y el solar como va corriendo en lo que agora tiene cercado, y
cortando por derecho como va la tapia hasta llegar al cabo del
dicho solar, la parte que a la dicha casa por su tercio le pertenece
... por ciento veinte pesos de oro fino ...con todas sus entradas y 143
salidas, usos y costumbres [y] derechos, tal como el día de hoy
ha y tiene, y con que por mi solar ha de entrar en el vuestro el
agua de la acequia, como el día de hoy entra para el servicio de
vuestra casa y huerta, sin que por mí ni mis sucesores sea dable
quitar la dicha acequia y agua ...alinda con casas que a mí, la
dicha vendedora, me queda, por una parte [E]; y por parte de
abajo, con casas y solar de los menores hijos de Juan de Vega
[S], y con calles reales.28
La parte de solar que le queda a Leonor de Liaño luego de la venta,
incluye su casa de habitación, de teja y de alto, y dos casas de tiendas que
habían fabricado entre ella y Rodríguez Santos. En 1614 entrega como
herencia a Alonso Sánchez Durán, hijo de su marido fallecido,
clérigo de menores órdenes, secretario de don fray Diego de
Borja, obispo de Ales en el reino de Cerdeña ... a título de bienes
patrimoniales conocidos ... atento a que por fin y muerte del
dicho Juan Díaz Durán, mi marido y padre legítimo del dicho
Alonso Sánchez Durán, mi hijo, se hizo partición y división entre
27
AGN, Escribanías 1617 (15-B), f. 89.
28
AGN, Escribanías 1601 (5-B), f. 180v.
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mí y sus herederos que fueron de[l] dicho: mi hijo y los demás sus
hermanos ... nombro por bienes suyos propios ...dos tiendas de
casas de tejas que tengo y poseo en esta ciudad; lindan por una
parte con casas y solar de Alonso Rodríguez Santos [O], y por
otra parte con casas altas de mí, la dicha Leonor de Liaño[E], y
por delante calle real [N].29
Alonso Rodríguez Santos, al enviudar, casa de nuevo en 1607
con doña Melchora de Ibargoyen y Vera, o Melchora de Irazábal –hija
de Ana, del conquistador Díaz de Alfaro, y del capitán Domingo de
Vera Ibargoyen– con quien procrea seis hijos. Se hace muy rico con la
exportación de trigo y cueros, y como poderoso y de la élite ocupó cargos
de alcalde y otros de significación. Poseía, además, un molino de trigo
en Anauco y una fragua en la esquina de Muñoz noreste. De su casa
144 de habitación se contaban en 1614 veintitrés personas, entre criados
blancos, indios de servicio y negros esclavos domésticos. Alojaba, además
de su familia, la del contador real don Pedro de Fonseca Betancourt, su
cuñado, quien llegó luego a ser gobernador de Cuba. Rodríguez Santos
muere hacia 1624 y el solar lo continúa habitando su viuda. Su hijo, Diego
de Adame, lo habitará posteriormente hasta mediados del siglo XVII.
El siguiente mencionado en la resolución del cabildo es Sebastián
Díaz de Alfaro.
7. Sebastián Díaz de Alfaro
Antiguo conquistador y de los primeros pobladores de Santiago de León,
según la orden del cabildo, Sebastián Díaz de Alfaro debía ayudar “con
indios” a levantar los altares. Las casas del capitán Díaz de Alfaro se
ubicaban frente a la plaza mayor, en Monjas noreste como se muestra en
el plano (ver fig. 1). Compartía su solar por entonces con su hija Ana de
Alfaro y su marido Domingo de Vera Ibargoyen y familia. En la oposición
a una encomienda, en 1614 se dice de Díaz de Alfaro:
24 de mayo 1614. AGN, Escribanías 1614 (13-B), f. 81.
29
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
(…) después de apaciguada la dicha provincia, ayudó a poblar
esta ciudad, y fabricó a la santa iglesia mayor de ella, ayudando
con más limosna, y su persona e indios de su encomienda, y
teniendo su casa poblada, honrosa y principal en la plaza
pública.30
Fiador del gobernador don Luis de Rojas a su llegada a la gobernación
(quien le favorece otorgándole la conquista de los Quiriquires, en cuya
provincia fundaría Sebastián Díaz la ciudad de San Sebastián de los
Reyes en 1585), se ejecutó judicialmente en Díaz de Alfaro y sus bienes,
por sentencia publicada en 1600 como garante del gobernador, las penas
pecuniarias del juicio que ganó en la corte Sancho del Villar, por los
excesos que contra este vecino cometió don Luis de Rojas. Propiedades
de Díaz de Alfaro por un valor de más de cinco mil pesos se remataron
públicamente entonces para pagar la multa de 2.025 pesos “de oro fino 145
de 22 quilates”. Estos bienes fueron adquiridos por Sancho de Urqueta,
incluyendo casas y solares en Caracas y sus hatos en Aragua y Valencia.
Según declaraba Díaz de Alfaro en la ejecución de sus bienes –asignados
a Sancho de Suazo, sobrino y heredero de Sancho del Villar–, manifestó
tener también una tienda de fragua y herrería en una parte de su casa, así
como otras casas y solar más al este de la ciudad, que tenía alquiladas a
Francisco Maldonado de Olivares.
Todo fue rematado en subasta pública el 8 de junio de 1600.31
No obstante, Alfaro logró recuperar sus propiedades, casas y sus otros
bienes. Testó en 1606, pero fallece al año siguiente. En su testamento
manifestaba:
Declaro que yo tengo voluntad de fundar y situar una capellanía
en la iglesia mayor desta ciudad, situada en una tienda que yo
he y tengo al presente en la plaza desta ciudad. Linda con calle
pública [E] y con casas mías propias [S].32
30
Briceño, 1986: p. 427.
31
AGN, Escribanías 1600, (1-B), f. 201 y ss.
32
AGN, Testamentarías 1606, f. 21.
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Pidió no ser amortajado en su entierro, sino que su cuerpo fuera
llevado “en viandas”.33 En 1589 se le registraban once indios de servicio.34
Francisco del Castillo –al parecer– adquiere las casas de Díaz de Alfaro a
su muerte, como inversión quizás, pues Castillo tenía su casa de morada
propia en la esquina del Conde. En una carta al rey, en 1615, el gobernador
García Girón propone la que quizás era la antigua casa de Díaz de Alfaro
como sitio para casas de la contaduría y tesorería real, alegando no haber
sede en propiedad, para emplazar allí la Real Caja:
(…) propone que se compren unas casas de Francisco del
Castillo, situadas frente a la plaza, fabricadas de obra fuerte
y limpia, cubiertas de teja; y aunque no tienen ningún alto,
están bien trazadas y repartidas acomodadamente, y están
bien enmaderadas y encaladas, con sus rafas de cal y ladrillo
146 y cimientos fuertes, con salas y aposentos suficientes para
oficinas y viviendas, y corredores y pilares, cocinas, almacenes
y servicios.35
García Girón pide opinión sobre el estado de esta casa a albañiles
y carpinteros, y ante la favorable respuesta se acuerda comprarla,
condicionado a que el Consejo de Indias apruebe la venta. Este acuerdo
no tuvo efecto, al parecer, pues las casas reales siguieron funcionando
en la antigua morada del contador Bolívar, en la esquina de Sociedad
sureste, como lo prueban documentos posteriores. Hacia 1625 el solar,
casas y tienda de herrería de Sebastián Díaz de Alfaro en la esquina de
Monjas eran ahora propiedad de Diego de Alfaro y Francisca Díaz de
Alfaro, hijos de Mateo Díaz de Alfaro.
33
Ídem.
34
Nectario María, 1979, p. 285.
35
12 de septiembre 1615. AGI, Santo Domingo, 203, en: Carlos F. Duarte, Aportes
documentales a la historia de la arquitectura del período hispánico venezolano,
BANH-236. Caracas, 1997, pp. 24 y 25. Suponemos por descarte que pudieron ser las
casas de Sebastián Díaz de Alfaro, pues no hemos hallado otras alrededor de la plaza con
posibilidad de serlas descritas por García Girón para esa fecha de 1615.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
La procesión del Corpus, marchando desde el oeste –y desde el
templete en la esquina de Juan Díaz Durán– se dirige a la plaza mayor y
se detiene frente al solar de Luisa Villegas.
8. Luisa de Villegas
Las casas de doña Luisa de Villegas eran las mismas de su marido –ya
difunto–, el capitán Francisco Maldonado de Armendáriz, en Monjas
sureste (ver fig. 1). Ella era hija del célebre conquistador y fundador de la
Nueva Segovia de Barquisimeto, Juan de Villegas, dos veces gobernador
de Venezuela.
Su solar en Monjas sureste lo mantuvo doña Luisa hasta su muerte
a inicios del siglo XVII. Uno de sus hijos, Juan de Villegas Maldonado,
casó con Mariana de Medina y Córdoba, hija del tesorero Diego Díaz
Becerril, que habitaba –como vimos– en la misma cuadra en la esquina
147
suroriental de Sociedad noroeste. Tuvieron en Caracas en 1592 una hija de
nombre Luisa.36 Juan Maldonado de Villegas al parecer falleció en 1596,
pues su viuda se vela con don Pedro Rondón Sarmiento en noviembre
de 1597.37 Otra hija de Luisa de Villegas, doña Luisa Maldonado de
Villegas –o Luisa de Villegas Maldonado–, casó hacia 1598 con su vecino,
calle en medio al oeste, Juan Martínez de Videla, sucesor de la populosa
encomienda de Turmero, que era de su padre. Martínez de Videla, como
alcalde electo, funge de gobernador en 1600 junto con Diego Vásquez
de Escobedo al fallecer el gobernador Piña Ludueña. Sus hijos adoptan
el apellido Martínez de Villegas, rama mantuana de peso y figuración
durante el resto del siglo XVII. Otra hija de Francisco Maldonado y Luisa
de Villegas, Juana Maldonado o Juana de Armendáriz, casó con Diego
de los Ríos, alférez mayor, hijo del contador Gonzalo de los Ríos, quien
se había establecido en Santiago de León proveniente de Barquisimeto,
trayendo la Real Caja a Caracas en 1578 por acuerdo con Pimentel.
36
Ramírez, 1986, p. 171.
37
Ibídem, p. 172.
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Habitaron desde su matrimonio el solar de Gradillas S-O colindante con
doña Luisa de Villegas, posiblemente comprado para dote de sus hijas
por Francisco Maldonado de Armendáriz.
Juan Martínez de Videla habitó la casa de Monjas S-E hasta su
muerte en la tercera década del siglo XVII. En 1602, Diego de los Ríos y
su mujer, ponían como garantía en una solicitud de préstamo, o censo:
(…) unas casas con su solar que yo, el dicho Diego de los Ríos,
tengo en esta ciudad, que lindan con casas y solar de Juan
Martínez Videla y doña Luisa de Villegas, su mujer [O], y por
delante la plaza [N], y por detrás, casas y solar de Pablo García
[S], y calles reales.38
Este Pablo García era hijo del conquistador y poblador de Caracas
148 Pedro García de Ávila, (19 en la fig. 6) y casado con Ana Rodríguez
Montemayor o Ana Espejo o Ana Jiménez Espejo, hija de Juan Rodríguez
Espejo y de su primera mujer María Jiménez o María de Montemayor.
Ana Jiménez Espejo habitaba con su abuela Ana Jiménez (quien la tomó
a su cargo y la crió, tras la muerte de su madre) en medio solar interno
en Sociedad N-O, colindando con Diego de los Ríos por el norte. En 1616
Diego de los Ríos y Juana de Armendáriz declaran: “… las casas de nuestra
morada, que lindan con casas del capitán Juan Martínez de Videla y Ana
Jiménez, y calles reales”.39 Y de nuevo, en 1618:
(…) unas casas de paja, con medio solar −que tenemos en esta
ciudad− en que vivimos, que lindan con casa de teja de el capitán
Juan Martínez de Videla [O] por la una parte; y por la otra, con
casas de la viuda de Pedro de Montemayor [S], y calles reales,
y sobre la estancia de pan llevar que tenemos en el valle de la
Pascua, con unas casas de teja, que lindan con tierras y estancia
del dicho capitán Juan Martínez y Francisca de Roxas.40
38
22 de noviembre 1602. AGN, Escribanías 1602 (sin código), f. 396.
39
AGN, Escribanías 1616 (14-B), f. 71.
40
AGN, Escribanías 1618 (16-B), f. 66 v.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
Al morir Juan Martínez de Videla, su casa de Monjas sureste la
adquiere hacia 1618 Domingo Vásquez de Rojas, otro prominente y rico
personaje de la élite de Santiago de León.41 Capitán y regidor, hijo del
conquistador y poblador de Caracas Lázaro Vásquez y de Mariana de
Rojas, encomendero, dueño de tierras, esclavos y haciendas de cacao y
hombre de gran figuración en la política local hasta su muerte en 1643
con título de Maestre de Campo. Al final de sus días se le describía como
el mayor encomendero de la provincia.
En 1625 Juan Luis, escribano, cumpliendo la tarea de hacer pública
una resolución del cabildo, certifica en sus actas haber dado un primer
pregón en la plaza mayor, “… en la esquina de las casas del cabildo”; luego
“… otro pregón como el de arriba, en la esquina de las casas de la morada
de mi, el escribano” (Torre noroeste), y finalmente certifica un tercero 149
así: “… otro pregón a la esquina del capitán Domingo Vásquez”.42 Este
pregón es en Monjas S-E.
Por esas fechas se habían fabricado dos tiendas con frente a la plaza,
entre los solares enteros de Gradillas a Sociedad, tiendas colindantes pared
en medio entre sí: una de estas tiendas en el solar de Domingo Vásquez,
por su lado este, y la otra en el solar de Diego de los Ríos, por su lado
oeste. Estuvieron ocupadas estas tiendas, respectivamente, por Felipe
Díaz Couto y por Juan Sánchez Serralta. Este último testó en 1623.43
Felipe Díaz Couto, “de Margarita”, se naturaliza en 1622 como
portugués.44 Desde 1618 se registra habitando en la ciudad.45 Era
sombrerero de oficio y una sombrerería debió ser su tienda. Testó a su
vez en 1630, dejando como heredero al capitán Andrés del Pino, yerno
de Leonor de Montes, quien habitaba calle en medio, en la esquina de
41
AGN, Escribanías 1618 (16-B), f. 114 v.
42
ACC, t. VI, p. 73.
43
AGN, Escribanías 1622-1624 (19-B), f. 158.
44
Ibídem, f. 78.
45
AGN, Escribanías 1618 (16-B), f. 3.
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Gradillas sureste. En su testamento, Díaz Couto declaraba por bienes:
“Primeramente, las casas de su morada, que es una tienda en la plaza
desta ciudad. Linda, por una parte, con casas del maestro de campo
Domingo Vásquez de Rojas [O], y por la otra, tienda que fue de Juan
Sánchez Serralta [E]”.46
La tienda de Díaz Couto la compra Domingo Vásquez de Rojas, así
como en su momento había comprado las tiendas en el semi solar de
Francisco de Olalla.47 Con sus inquilinos fallecidos, ambas tiendas fueron
adquiridas finalmente, al parecer, por el capitán Felipe Martínez de
Villegas el mismo año de la muerte de Díaz Couto y unificadas para hacer
de ellas su casa de habitación. Declaraban en 1630, Gonzalo de los Ríos
–hijo y heredero del solar de Diego de los Ríos en Gradillas suroeste– y
150 doña Lucía de Benavides, su mujer:
(…) señalamos por nuestros bienes, las tierras y arboledas de
cacao que tenemos en el valle que llaman de Cagua,* y las casas
de nuestra morada, que están en esta ciudad y lindan, por la
una parte, con casas de Marcos de Castro [S], y por la otra, con
casas de don Felipe Martínez de Villegas [O], y por la otra, calle
en medio de la iglesia, con casa y solar de Andrés del Pino [E],
los cuáles bienes señalamos por nuestros, propios.48
En un censo, Felipe Martínez ponía como garantía en 1633:
(…) las casas de mi morada que tengo en la plaza pública desta
ciudad, que lindan, por la una parte, con casas y solar del maese
de campo Domingo Vásquez de Rojas [O], y por la otra, con
solar y casas del alférez mayor Gonzalo de los Ríos [E].49
Felipe Martínez de Villegas, con encomienda en el Valle de la
Pascua, era hijo de Juan Martínez de Videla, y dueño y señor del valle
46
4 de julio 1630. AGN, Testamentarías 1630, f. 324 y 541.
47
Ídem. * Actual Puerto Cruz en la costa occidental del hoy estado La Guaira.
48
25 de mayo 1630. AGN, Escribanías 1630-31 (22-B), f. 195v.
49
3 de septiembre 1633. AGN, Escribanías 1633 (27-B), f. 304.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
de Paya en tierras de Turmero, heredadas de su padre y compuestas
con el gobernador Núñez Melián en 1636. Cultivó en ellas cacao y maíz
y mantuvo allí un hato de yeguas. Tras sucesivas ventas, estas tierras
del valle de Paya serán compradas en 1666 por Manuel Felipe de Tovar,
fomentando la primitiva hacienda y ampliando un pequeño trapiche que
había fundado en ella Juan de Guevara y Rojas. Se mantuvo en manos
de descendientes de la familia Tovar hasta mediados del siglo XX.50 En
un censo en 1638, ya fundado el convento en Monjas suroeste, Domingo
Vásquez de Rojas pone como garantía tierras y unas casas, así:
(…) y mas sobre unas casas principales, con su solar, que son en
la plaza de esta ciudad, esquina con el convento de las monjas,
y lindan con casas de don Felipe [Martínez de] Villegas, por una
parte [E]; por otra, con casas de doña Mariana de Videla [S] y
del padre Andrés Álvarez [O].51 151
El Andrés Álvarez mencionado en esta declaración, hijo de Mariana
de Rivera, habitaba el cuarto de solar inserto en el lado oeste del solar
en la esquina de Monjas de Domingo Vásquez. Felipe Martínez muere
soltero en 1646 y su casa es comprada por el deán Bartolomé de Escoto
ese mismo año, quien al parecer la habitará hasta su muerte, dejándosela
a la Iglesia. Formará esta casa legada, la del solar medio y más pequeño
de tres solares con que contaba esa calle al sur de la plaza Mayor, el
núcleo de la futura y definitiva sede episcopal, actual Palacio Arzobispal
de Caracas.
El gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor (1637-1643) se
enamora de doña Leonor Jacinta Vásquez de Rojas y Alfaro, hija del
maese de campo Domingo Vásquez y de su prima, Ana de Alfaro y Rojas.
Casó con dispensa real en noviembre de 1640 estando en funciones, y su
poderoso suegro le da en dote la casa de Monjas sureste. Esta casa cae con
el terremoto de 1641, mas es reedificada rápidamente, quizás más amplia,
Véase, nuestro: Valle de Paya, desde el s. XVI al XX, Buenos, Aires, 2011.
50
27 de octubre 1638. AGN, Escribanías 1638 (41-B), f. 313.
51
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y será por algunos años sede del cabildo mientras se reconstruía –con
la usual parsimonia burocrática– la del solar tradicional en la esquina
de Principal N-E. Fuenmayor habitará en adelante en Monjas, desde la
reedificación de su morada hasta su muerte acontecida en duelo con el
contador Pedro García de Rivas en 1651.
En 1673 el ilustrísimo obispo de origen peruano, don fray Antonio
González de Acuña, inmediatamente de haber llegado el 12 de septiembre
a su sede apostólica en Caracas, le compra esta casona a la anciana
doña Leonor Jacinta Vásquez de Rojas y Alfaro, viuda de Fernández
de Fuenmayor. González de Acuña funda a los quince días, el 30 de
septiembre de 1673, una escuela para seminaristas con el nombre de
Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima, en honor a la santa, pues fue
152 este el principal promotor religioso en Roma de la canonización de la gran
limeña. El seminario, medio siglo después, se eleva por real cédula a casa
de estudios superiores y con el tiempo acabará titulándose Universidad
de Caracas, madre de la actual Universidad Central de Venezuela. En su
capilla se firmará el Acta de la Independencia en 1811.
La conquistadora Elvira Montes
La procesión marcha entre rezos y cánticos al penúltimo altar, en la
esquina de Gradillas. “Doña Elvira” es la siguiente mencionada en el
mandato del cabildo de ese año de 1594 para erigir un altar. Esta doña
Elvira es
9. Elvira de Montes
Doña Elvira de Montes habitaba en la esquina de Gradillas noreste como se
mostró en capítulo previo. Fue de las primeras pobladoras de Caraballeda
y Santiago de León. Nacida hacia 1544 y por sus matrimonios se deduce
que era mujer de altos vuelos e hidalga o de noble cuna. Según manifestaba
en su testamento, casó primera vez con Francisco de Tordoya, posible
deudo del capitán Tordoya, de los conquistadores del Perú, compañero de
Pizarro. Viuda, casa luego con el capitán Francisco Sánchez de Alvarado,
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
conquistador, encomendero y poblador de Caraballeda, antiguo vecino
de la Nueva Segovia, y finalmente será mujer de Francisco de Vides,
conquistador de Caracas y gobernador de Cumaná en 1592. Doña Elvira
no tuvo sucesión con ninguno de sus matrimonios.
Su segundo marido, el capitán Francisco Sánchez de Alvarado,
a pesar de no constar en las listas de los que entraron con Losada, se
halló presente en la jornada de Caracas, pues su encomienda en la costa y
otras partes testifican su participación y rango en la conquista. Francisco
Sánchez de Alvarado firma de los primeros –como regidor o alcalde y
vecino–, en la carta del cabildo de Caraballeda al rey en 1569.52
Sobre su origen, un registro de pasajeros a Indias señala: “Francisco
de Alvarado, vecino de Cerezo, soltero, hijo de Diego Sánchez de Alvarado y
de María Gómez de Alvarado, al Perú, como criado del licenciado Briviesca 153
de Muñatones”.53 Los mencionados padres –coincidentemente– son los
mismos padres del contador real don Diego Gómez de Alvarado, vecino
de la élite de la Nueva Segovia de Barquisimeto desde 1554, por lo que
este Francisco Sánchez de Alvarado llegaría entonces a la provincia de
Venezuela en algún momento –quizás desde el Perú– para reunirse con
su hermano el contador Diego Gómez de Alvarado, o para entender de
su muerte y herencia en 1561. En Perú figuraba por esas fechas Hernán
Sánchez de Alvarado en el vencimiento de Hernández Girón –rebelado
contra el rey– y en otros servicios al rey. Nieves Avellán afirma que el
contador Diego Gómez de Alvarado era primo del licenciado Briviescas de
Muñatones, del Real Consejo de Indias, y que sus padres eran naturales
también de Cerezo, Castilla.54 En 1639, entre los vecinos de la jurisdicción
de Valencia, hábiles para ir como soldados a la facción de Curazao –que
intentaba el gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor–, estaba un Juan
52
Nectario María, 1979: 315.
53
AGI, Pasajeros, L. 4, E. 445.
54
Nieves Avellán, La Nueva Segovia de Barquisimeto, t. II, Caracas: BANH-214,
2002, p. 341.
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de Alvarado Muñatones.55 En 1578 Francisco Sánchez de Alvarado, como
vecino de Santiago de León con solar colindante, era mayordomo de la
iglesia mayor de Caracas.56 De Sánchez de Alvarado heredó Elvira de
Montes, por viudez, “seis repartimientos y encomiendas”, algunas quizás
en el Tocuyo o la Nueva Segovia de Barquisimeto de donde probablemente
era vecino Sánchez de Alvarado al momento de iniciarse la jornada de
Caracas.
Es doña Elvira de las pocas mujeres que se registran formando
parte de la jornada de conquista de Caracas. Pudo venir por vía marítima
a fines de 1567 o inicios de 1568 –como debe haberlo hecho su marido,
quizás con el socorro que aportaron Juan de Salas y Lázaro Vásquez en
mayo de 1567–, lo que explicaría la ausencia de Sánchez de Alvarado en
154 la lista de Oviedo y Baños, que prefiere mencionar a los que entraron por
tierra con Losada.
El 21 de octubre de 1630, protocolizando una donación, testificaba
Elvira de Montes su antiguo derecho a unas tierras en la costa, por ser
ella de las primeras pobladoras:
doña Elvira de Montes, viuda, mujer que fui del gobernador
Francisco de Vides, vecina desta ciudad de Santiago de León,
digo: Que por cuanto Andrés del Pino, vecino y encomendero
della, casó con doña Leonor de Montes, su mujer, a quien yo he
criado como a mi hija, de cuyo matrimonio tiene cinco hijos, …
hago donación de ... las tierras que tengo y he tenido en la costa
arriba de la mar, que son la quebrada de Nepecuay, que por otro
nombre se dice Don Julián, con todas sus tierras y aguas desde
la mar hasta la cumbre, lindando por la parte de arriba [E] …
con tierras que fueron de [Pedro de] Montemayor y de Ortuño
de Viena, y a la parte de abajo [O] lindan con tierras que fueron
de Juan de San Juan, que hoy poseen los herederos de Isabel de
Ledesma, que llaman el Cerrillo de Camurí, las cuáles dichas
tierras tuvo y poseyó el capitán Francisco Sánchez de Alvarado,
mi marido, como dueño y señor de la encomienda de indios que
55
AGI, Patronato, L. 274, R. 1, f. 152 v.
56
AGI, Contratación, 481, N. 1, R. 2, f. 41.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
hoy está en las dichas tierras, cuya heredera y sucesora yo fui,
y las he tenido pobladas y cultivadas con sus árboles y acequias.
Y habrá veinte y un años se las di al dicho Andrés del Pino, para
él y sus hijos y los de la dicha doña Leonor de Montes, con el
derecho, acción y propiedad que yo las tuve y he tenido desde
que se pobló y conquistó esta provincia, que ha más de sesenta
años.57
El testimonio de doña Elvira de Montes, como participante y testigo
de la conquista, era solicitado a menudo en el primer tercio del siglo XVII
para probanzas y memoriales. De Francisco Infante declaró doña Elvira,
en una probanza de terceros en solicitud de encomienda:
(…) que oyó esta testigo decir que el dicho Francisco Infante...
entró en esta provincia de Venezuela por la loma de Terepaima
con el general Diego de Losada, con sus armas y caballo,
pertrechos y municiones, a su costa e minción... y por sus 155
trabajos, partes, méritos y calidad... en la repartición de las
encomiendas que hizo [Losada], le aventajó [a Infante] de una
muy buena encomienda, como buen soldado leal que fue. Y sabe
que fue en esta ciudad alcalde ordinario.58
En este testimonio de 1624 declaró doña Elvira tener ochenta años.
Cuando muere en 1636 tendría pues, noventa y dos.
El caudal de doña Elvira ayudó a su siguiente marido, Francisco de
Vides, a lograr preeminencia en Santiago de León e influencias en la corte
para ser electo gobernador de Cumaná y la Nueva Andalucía, en cuyo
ejercicio gasta el patrimonio de su mujer en pagar y traer colonos, armar
expediciones fallidas y defenderse de pleitos. Su mujer le acompaña a
Oriente en su gestión como gobernador, regresando a Caracas cuando
Vides es depuesto a fines de siglo y enfrenta los cargos que resultaron
57
AGN, Escribanías 1630 (22-B), f. 337. El nombre del río Don Julián que menciona
–actualmente río San Julián, en Caraballeda– se debe a don Julián de Mendoza,
conquistador, encomendero y vecino fundacional de esa ciudad castellana, muerto
empalado por los indios en Catia La Mar. Nepecuay como topónimo aún existe en
Caraballeda.
58
21 de octubre de 1624. AGN, Encomiendas, t. XXXIX, f.170 y ss.
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en su contra en juicio de residencia, por sus desmanes y mal gobierno,
tiránico según sus enemigos.
Como gobernador, funda Vides en 1594 Nuestra Señora de Clarines
y poco después, por intermedio de su teniente, erige Nueva Frechilla de
San Cristóbal de Clarines, y en la isla de Trinidad levanta San Felipe de
Montes en 1596 en honor a su mujer Elvira de Montes, poblado que duró
dos meses hasta que el teniente de Berrío, Domingo de Vera Ibargoyen,
desconociendo esta actuación por invasora de jurisdicción, anula lo
actuado por Vides, repoblando San José de Oruña de Trinidad.
De carácter “insufrible” calificaban a Vides los pobladores de
Clarines. “Déspota” y “autócrata” lo evalúa Pablo Ojer, en su obra.59 Los
excesos de su administración en Nueva Andalucía fueron tales que es
156 depuesto en 1598 y enfrenta juicio en el Real Consejo de Indias, del que
resulta condenado en 1603 por cargos curiosamente no muy graves:
(…) no haber impartido justicia imparcialmente; no haber
obedecido las órdenes públicas y no haber efectuado el quinto
real a las perlas, por valor de 1.500 ducados. Precisamente a
esta última cantidad se reducía la pena pecuniaria impuesta
finalmente a Vides. La sentencia final se dictó en 1603, pero
Vides apenas pudo disfrutar de ella pues debió fallecer poco
después.60
En realidad, Vides muere un año antes. Debió resolver
satisfactoriamente sus asuntos en España: en 1600 se hallaba en Caracas,
al parecer, según declaró como testigo en un memorial de méritos de
Ginés Hernández. Fallece de muerte natural en 1602.
Del testamento de Elvira de Montes, en 1636:
Declaro que yo fui casada y velada... tres veces. La primera
con don Pedro de Tordoya, la segunda con Francisco Sánchez
Ojer, 1966: 447.
59
María J. Nestares Pleguezuelo, “Francisco de Vides y la expedición pobladora de
60
1592”, Anuario de Estudios Americanos, vol. 54-N. 1, 1997, p. 40.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
y la tercera con Francisco de Vides, y cuando casé con el dicho
Francisco de Vides llevé al matrimonio seis repartimientos de
indios y dos mil novecientos dos pesos de oro fino ... y el dicho
Francisco de Vides no trajo al matrimonio más de un caballo.
Y durante el matrimonio tuvimos muchos bienes con los frutos
y aprovechamientos de los dichos mis indios, todos los más de
los cuáles dichos bienes, mi marido Francisco de Vides gastó e
disipó con pleitos y gastos, y con muchos ducados que dio a sus
sobrinos.61
Francisco de Vides, no obstante lo dicho por su mujer al testar,
aunque no aportó bienes al matrimonio, tenía encomienda propia en la
provincia de los Teques, otorgada por sus servicios como conquistador y
primer poblador de Caracas y consta en actas del cabildo que tenía hato
de ganado con el que contribuía a la carne para abasto de la ciudad.
Esta encomienda de Vides la hereda a su muerte, en segunda vida
157
su mujer. El solar original de habitación de Francisco de Vides como
primer poblador de la naciente Santiago de León debió ser en Gradillas
sureste, que heredaría su mujer al morir Vides, y se lo daría a su hermana
viuda, Leonor de Montes. Al morir esta, sin hijos –en 1617– doña Elvira lo
otorgaría de nuevo, como dote, a su hijastra Leonor de Montes Intriago,
quien lo habitó junto con su marido, el capitán Andrés del Pino.
Sobrinos de Vides –traídos por este en el grupo de los colonos que
llevó a Cumaná en 1592– fueron Luis de Vides, Diego de Vides, Garcí
Sánchez de Vides y Gonzalo de Vides, quien se avecindó en Caracas, y
fue uno de los albaceas testamentarios de Leonor de Montes en 1636. Un
capitán Alonso Ruiz de Vides, vivía en Cumaná en 1626, “hombre viejo”.62
En 1589 se le registraban al matrimonio Vides-Montes diecinueve indios
de servicio en sus casas, cantidad apreciable, comparada con el número
usual de criados indios domésticos de los vecinos de la ciudad, para la
fecha.
AGN, Escribanías 1630-1636 (35-B), f. 270 y ss.
61
AGI, Santo Domingo, 21, N. 7 - 1 recto.
62
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Elvira de Montes casará a Leonor de Montes –hija natural mestiza de
Francisco de Vides, conocida también como Leonor de Montes Intriago,
o Leonor de Intriago– con Andrés del Pino. Este matrimonio había sido
tratado y arreglado apresuradamente por Vides con Del Pino en Santa
Marta, quizás cuando Vides, de paso por esa ciudad en 1598 en su ruta
a España, enviado preso al Consejo de Indias por su juez. Sabiendo lo
que le deparaba tal juicio en España, y sin saber si regresaría a Cumaná
o si vería de nuevo a su hija, Vides se apura en arreglarle matrimonio
y le firma al mozo Andrés del Pino un contrato de dote por Leonor de
Intriago, su hija mestiza.
Del Pino, contrato en mano, se presenta un día en Cumaná –donde
residía aún Elvira de Montes como mujer del gobernador–, diciéndole a
158 su futura suegra haber dado su palabra de casamiento al padre de Leonor
de Montes, y que había venido a cumplirla, pidiéndole así a doña Elvira
la mano de su hijastra Leonor:
Declaro que en el año de noventa y ocho, estando el dicho
Francisco de Vides en la ciudad de Santa Marta destas Indias,
trajo a Cumaná para casar, a Andrés del Pino con una moza que
había nacido en nuestra casa, el cual casamiento trató el dicho
mi marido en dicha Santa Marta sin comunicación conmigo y
le hizo una escritura de dar en dote, con la dicha doña Leonor,
cierta cantidad.63
Aparte de la molestia que Elvira de Montes deja traslucir en su
declaración de que Vides dispusiera de su dinero sin su consentimiento,
se niega de plano a entregarle a Pino la moza que había adoptado como
hija, no accediendo a casarla por temor a que este extraño y foráneo
buscara el matrimonio por reclamar la gruesa dote que inconsultamente
le había prometido Vides, siendo el arreglo de pago a costa de los bienes
patrimoniales de doña Elvira, como había sido toda la fulgurante carrera
de Vides.
Ídem.
63
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
Mas Andrés del Pino –quien quizás ya había visto en persona a su
futura mujer, gustándole– le responde que se llevaría a su hija Leonor y
que se casaría con ella, así no tuviera bienes ni dote, “… que no se casaba
por dineros”. Elvira de Montes debió ver la sinceridad de sus palabras,
pues finalmente accedió a la unión. Fue un matrimonio feliz.
Al testar en 1636, Elvira de Montes manda vender en pública
almoneda su solar y casas para instituir una capellanía de misas a su
nombre. Estos bienes son adquiridos inmediatamente por el deán
eclesiástico del obispado, sede vacante, al ver la conveniencia de tener
casas tan buenas y solar tan principal junto a la iglesia, recién constituida
ahora en la nueva catedral de Venezuela. Estas casas de Elvira de Montes,
reconstruidas poco después del terremoto de 1641, serán la fortaleza del
obispo fray Mauro de Tovar, quien las tenía como palacio obispal desde su 159
llegada en 1640 y donde se emplazaban las celdas de la cárcel eclesiástica
y el inquisitorial potro de torturas.64 En 1643, el agresivo obispo le agrega
un terraplén a la fachada que mira a la plaza, con guardias esclavos o
en sotana, y allí coloca para mayor respeto un cañoncito pedrero, como
defensa –dice– a alguna invasión de corsarios herejes, haciéndola casa
fuerte, cual castillo de Dios, ante la ausencia del gobernador Fuenmayor,
ido a Maracaibo a atender los destrozos que en aquella ciudad había
dejado la incursión naval al lago del inglés Billy Jackson.65
64
Informaba el memorial de agravios de Gabriel Navarro que el obispo Tovar usó el
potro, el cepo y una gruesa cadena llamada “la Cordobesa” contra los presos encausados
por su justicia eclesiástica. Gabriel Navarro, Memorial dado en las reales manos de
Su Majestad y presentado en su real y supremo Consejo de las Indias por el capitán
don Gabriel Navarro de Campos Villavicencio, vecino y regidor perpetuo de la ciudad
de Santiago de León de Caracas, cabeça de la provincia, y gobernación de Veneçuela
de las Indias, contra don fray Mauro de Tovar, obispo de la dicha provincia, de los
agravios, vltrajes, daños, y persecuciones que les ha hecho a doña Elvira de Campos su
madre, y a él y a sus hermanos y familia, y a todos los suyos y a otros consortes.1646,
[Link]
65
Blas Millán, El agresivo obispado caraqueño de don Fray Mauro de Tovar.
Caracas, 1956.
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El prelado Tovar pasará a la historia por sus grandes pleitos con
vecinos de la élite, el cabildo y el gobernador. Sus discordias con los
Navarro y con su madre, Elvira de Campos y, casi desde su llegada, con
Ruy Fernández de Fuenmayor, se mezclan, agrandan y vuelven una sola
querella universal de todo y por todo, derivando en banderías y partidos,
y polarizando la ciudad con seguidores de uno y otro lado. Muchos vieron
en Tovar y su flamígero carácter el remedio, o al menos el muro, donde
estrellar el autoritario y, en no pocas ocasiones, despótico carácter, del
marcial gobernador Fuenmayor.
Las acciones de fray Mauro llegaron a extremos novelescos en 1643
cuando Ruy Fernández se traslada a occidente, a enfrentar la escuadra
inglesa que había penetrado al lago atacando los puertos de Gibraltar
160 y la Nueva Zamora de Maracaibo. Queda Caracas inerme a la episcopal
voluntad del obispo guerrero, no pudiendo –contra este prelado arropado
con el poder de la Iglesia– ni los alcaldes, a cuyo cargo estaba mantener
la defensa, el orden social y la paz de la ciudad. Se quejaba ese año el
escribano Diego Rodríguez Espejo, partidario de Fuenmayor, en una
carta dirigida a este:
quiera Dios Nuestro Señor que … le traiga [a usted] a esta
ciudad que tanto necesita de gobierno, pues se puede llamar La
Ciudad Sin Rey, según las cosas que en ella están subcediendo
… y es cierto, mi señor, que si no fuera por mi poca salud y el
aprieto de don Pedro y don Gabriel Navarro, me hubiera ido en
busca de Vuestra Merced, a morir a manos de ingleses herejes
más aina, que ver la inhumanidad y demasías del señor obispo,
pues sin tener -según halló mi conciencia- dependencia [yo] en
su juzgado[del obispo], me atemoriza el ver dos clérigos juntos,
porque pienso que me agarran y me echan tres pares de grillos,
una cañada, dos cepos, el potro, la garrucha, sin que me valgan
las cédulas, provisiones y leyes reales, ni haya más remedio que
apelar a Dios.66
15 de abril 1643. AGI, Santo Domingo, 195, R. 1, N. 15.
66
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
El final de la procesión
Del altar en la esquina de Elvira de Montes, hoy esquina de Gradillas,
la procesión finalizaba su caminar y cánticos en la esquina de La Torre,
donde el último templete de altar estaba encargado de levantarlo
Francisco Sánchez de Córdoba.
10. Francisco Sánchez de Córdoba
Francisco Sánchez de Córdoba fue conquistador y de los primeros
pobladores avecindados en Caracas. Su presencia en este solar de Torre
noreste se debía a su mujer, quien había enviudado de Tomé de Ledesma.
Ledesma habitaba el solar de la esquina de Torre noreste que había sido
de Gabriel de Ávila hasta 1574, quizás por influencia de su hermano
Alonso Andrea, casado con una Francisca Hernández Mateos, sobrina de
Damián del Barrio. 161
La viuda de Tomé, Isabel de Araya, al enviudar se casó seguidamente
con Sánchez de Córdova. Tomé de Ledesma al fallecer, hacia 1578, deja
enajenados de su legado, al parecer, los alquileres de dos tiendas de su
casa y solar en Torre noreste, quizás como limosna, al convento de San
Francisco, tiendas que no se incluían dentro de la propiedad y casas que
hereda su viuda Isabel de Araya tras su muerte.
En la testamentaría de su hermano, Alonso Andrea de Ledesma,
se lee en un vale, escrito de su propia mano en 1587 (vale que quedó
debiendo Alonso Andrea al morir, y que fue pagado por el tutor y curador
de sus menores hijos, su yerno Tristán Muñoz, en 1597) lo siguiente:
Rematamos cuentas el síndico de San Francisco, ques Antonio
Rodríguez y el presidente de San Francisco, ques Fray Domingo
de Valdovinos, de las tiendas que dejó mi hermano Tomé de
Ledesma.Y rematadas todas cuentas desde que el dicho mi
hermano murió, me alcanzaron en veinte pesos de oro, fuera
de lo que debe mi yerno Tristán Muñoz, los cuáles veinte pesos
daré y pagaré al dicho Antonio Rodríguez como síndico del
dicho convento a la fecha desta y en quince días. Y más digo
que, desde hoy viernes diez de abril, que el dicho Andrés [sic]
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Rodríguez se entregue de las tiendas y las alquile de su mano, y
cobre los alquileres, y con esto descargo mi conciencia. A fecha,
en 10 de abril de 1587 años, y lo firmé de mi nombre. Alonso
Andrea. Fray Domingo de Valdovinos.67
Francisco Sánchez de Córdova dijo ser de 46 años en 1589.68 Residió
en Quito, y estuvo en Pasto, Popayán, Tunja, Vélez, Vitoria, Cartagena
y Santa Fe “… e otras partes del Pirú”, según declaraba en esa fecha.
Participó en la jornada de Caracas con Losada, con quien entraron, según
declaró, “ciento treinta y seis españoles e dos curas”. Su solar fundacional
se ignora. Sánchez de Córdoba conocía la lengua de los indios:
(…) cuando este testigo entró a la conquista de esta provincia,
con Diego de Losada que vino por general de ella, oyó y
entendió la grita y algaraza que les daban [los indios], diciendo
162 en su lenguaje: “a qué venís acá, que os hemos de comer como a
vuestros compañeros”. Y que sean comedores de carne humana,
sábelo este testigo por haberlo visto, porque andando en la dicha
conquista, le sucedió −entrando a un bohío− echar mano de una
olla que estaba a la lumbre, en que tenían a cocer la mitad de
una cabeza de una persona, revuelto con maíz.69
Sánchez de Córdoba acompañó a Díaz de Alfaro en la fundación de
San Sebastián de los Reyes y fue su primer alcalde en 1585, junto con
Martín Alonso. Fabricó un molino al noroeste de la ciudad, en el camino
de la mar, cerca de la caja de agua, y mantenía cultivos “de pan llevar”
en tierras entre Chacao y Petare. Pide en 1590 una cuadra al noroeste,
lindando con el río Catuche, para hacer un tejar “… que sea la dicha
cuadra, denle su molino hasta donde tiene dada una cata, el río y quebrada
abajo”. Se le otorga media cuadra, con que “tenga cargo de tener limpia la
acequia hasta el buco”.70 Sánchez de Córdova fallece sin sucesión hacia
1596 y al año siguiente, Isabel de Araya se registra ya casada con Pedro
67
AGN, Testamentarías 1595, f. 59.
68
24 de julio 1589. Briceño, 1986: 681.
69
Ibídem, p. 684.
70
24 de octubre 1590. ACC, t. I, p. 159.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
Trujillo. Su molino será vendido ese año, por apremios económicos, a
Esteban de Marmolejo:
(…) un molino de moler trigo, con su presa, piedras y rodezno,
casa y picaderas, y todos sus aderezos cuantos tiene, y molino
y lo a él anejo, y dos piedras nuevas que están por poner en el
dicho molino.71
La obligación impuesta por el cabildo de mantener limpia la acequia
desde el buco a la caja de agua de la ciudad recae ahora en Marmolejo.
En la cuarta década del siglo XVII este molino de trigo queda en manos
de Manuel Cardoso. En 1596 Manuel de Figueredo había comprado
en pública subasta de los bienes de Alonso Andrea de Ledesma las dos
tiendas ubicadas en las casas de Isabel de Araya, enfrente de la Iglesia
Mayor: “Ítem_ Se remataron en Manuel de Figueredo las dichas tiendas 163
que están en las casas de Francisco Sánchez de Córdova, en 150 pesos de
oro fino”.72
Estas tiendas serían reclamadas por Leonor Jacinta Vásquez de
Rojas como suyas décadas después, pleiteadas por ella contra el maestro
carpintero Juan de Medina, quien las ocupaba en la segunda mitad del
siglo XVII en razón de las obras que hacía en el maderamen del techo de
la nueva catedral que se reconstruía hacia 1664, arruinado el anterior
templo por el terremoto de San Bernabé en 1641. Estas tiendas las legó
Medina finalmente a sus hijas como herederas legítimas. En 1597, además
del molino que venden a Marmolejo, Isabel de Araya y Pedro Trujillo
venden a Onofre Carrasquer, recién llegado a la ciudad, parte de su solar
en la esquina de Torre noreste:
(…) un pedazo de solar calmo que tenemos en esta ciudad, junto
a las casas en que al presente vivimos, que se entiende el dicho
pedazo de solar dende la puerta de la calle de las dichas casas,
71
AGN, Escribanías 1597 (002-AA), f. 182.
72
11 de agosto 1596. AGN, Testamentarías 1595, f. 20.
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dejando cinco palmos, entrando en el dicho solar todo como
dice hasta la casa de Ginés Hernández [E]; y de la pared de
la guerta ha de correr dende la puerta hasta donde llegare la
tapia al portillo, quedando el portillo y la puerta fuera desta
dicha venta; y luego todo como dice cortando derecho al solar
de Guinés Hernández y de suerte que quede en cuadro el dicho
solar.73
El año siguiente de 1598, el comprador Onofre Carrasquer ampliará
dicho solar hacia el norte, hasta lindar con Antonio Rodríguez. La apostilla
del documento enuncia: “Carta de venta que otorgan Pedro Trujillo e
Isabel de Araya, su mujer, a Onofre Carrasquer de un pedazo de solar,
linde con solar de Antonio Rodríguez, regidor, de la una parte [N], y de
la otra de Ginés Hernández [del Corro] [E], y con solar del dicho Onofre
164 Carrasquer [S] y de los dichos Pedro Trujillo e Isabel de Araya [O], por
precio de 100 pesos de oro”.
Y el texto de la venta declara:
(…) linde con solar de nuestra casa, por la una parte [O], y por la
otra, linde con casas y solar de Antonio Rodríguez, regidor [N],
y de la otra, con solar de Ginés Hernández [E] y linde con solar
de vos, el propio Onofre Carrasquer [S], que se nos habíades
comprado, y el cual se entiende un pedazo más de solar de lo
que nos habíades comprado, hasta las mismas tapias del dicho
Antonio Rodríguez, como va hasta las dichas tapias de Ginés
Hernández, en cuadra.74
Una posible disposición de estas particiones del solar entero de
Isabel de Araya por ventas a Carrasquer, y la ubicación de casas y tiendas,
está graficado seguidamente en la figura 3:
73
1 de agosto 1597. AGN, Escribanías 1597 (002-AA), f. 153.
74
6 de marzo 1598. AGN, Escribanías 1598 (003-AA), f. 26v.
JUAN GANTEAUME La procesión del Corpus Christi en 1594:
mujeres, solares y tiendas en la Caracas del siglo XVI
Fig. 3_ El solar de Isabel de Araya en Torre noreste a fines del s. XVI.
165
Bibliografía
Archivos
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Caracas (AHAC)
Conventos, Obispales, Testamentarías, Varios.
Archivo General de Indias (AGI), Sevilla
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Audiencia de Santo Domingo
Archivo General de la Nación (AGN), Caracas
Encomiendas, Escribanías, Limpieza de Sangre, Testamentarías, Tierras,
Traslados.
Fuentes impresas
Actas del Cabildo de Caracas
Tomos I al IX, años 1573 a 1657. Concejo Municipal del Distrito Federal.
Caracas, 1943-1989.
Actas del Cabildo Eclesiástico de Caracas. Caracas, Academia Nacional
de la Historia, tomo I (1580-1770).
Bibliografía
166 Nieves Avellán, La Nueva Segovia de Barquisimeto, Caracas: Academia
Nacional de la Historia, 2002.
Mario Briceño Perozo, Temas de Historia Colonial Venezolana, t. II:
Documentos para la historia de la fundación de Caracas existentes
en el Archivo General de la Nación (AGN). Caracas: Academia
Nacional de la Historia, 1986.
Lucas Castillo Lara, San Sebastián de los Reyes: La Ciudad
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Blas Millán, El Agresivo Obispado Caraqueño de don Fray Mauro de
Tovar. Caracas, 1956.
Nectario María, Historia de la Conquista y Fundación de Caracas, 3ª
edición. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal, 1979.
María J. Nestares Pleguezuelo, “Francisco de Vides y la expedición
pobladora de 1592”, Anuario de Estudios Americanos, vol. 54- N.
1, 1997.
Enrique Otte, Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas:
Fundación J. Boulton, 1977.
Joaquín A. Ramírez F., Las Primeras Familias de Caracas. Caracas:
Editorial PANAPO, 1986.
ה PESCADORES DE PERLAS ESCLAVIZADOS
EN EL CARIBE, SIGLO XVI1
MOLLY A. WARSH2
Introducción
Durante los siglos XVI y XVII, las pesquerías de perlas controladas por
los españoles en el Caribe estaban entre los asentamientos más dinámicos
y destructivos de las Américas. El tráfico de perlas caribeño generaba
inmensas ganancias y notables interacciones entre indígenas, europeos
y africanos. Sin embargo, la historia de las pesquerías sigue mayormente
inexplorada. Este artículo se enfoca en un aspecto de este complicado
panorama: las experiencias de los pescadores de perlas esclavizados
en las islas de Margarita y Cubagua durante el siglo más productivo de
las pesquerías. A pesar de que las cosechas de perlas disminuyeron en
el Caribe durante el transcurso del siglo, aumentó la complejidad de
las relaciones entre los diversos habitantes de las pesquerías. La sed de
ganancias, como resultado de la industria de las perlas y el desarrollo
constante del régimen laboral correspondiente, creaba un inusual clima
de coerción y colaboración entre los habitantes libres y esclavizados de
las pesquerías.3
Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, enviaron a Cristóbal Colón
hacia el Occidente en búsqueda de una nueva ruta a los ricos mercados del
Oriente y sus suministros de “oro, plata, y perlas”. Aunque el Almirante
1
El presente texto fue traducido del inglés por Aura Jirau Arroyo.
2
University of Pittsburgh.
3
Enrique Otte provee una historia de las primeras tres décadas de las pesquerías en
Las perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Las colecciones de cedularios de los
siglos XVI y XVII editadas por Otte con respecto a las áreas de pesca de perlas en las
costas sudamericanas proveen mucha información para esta pieza y se citan a través de
la misma.
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no logró llegar a Asia, y no vivió para ver el descubrimiento de grandes
depósitos de oro y plata, se llegó a encontrar con una nueva fuente de
perlas durante su tercer viaje al Caribe en 1498, en las costas sureñas y
orientales de la isla de Margarita, y al sur y al este de las pequeñas islas de
Cubagua y Coche, cerca de las costas de la actual Venezuela.4
En 1516 los españoles establecieron una ranchería (descrita por
Gonzalo Fernández de Oviedo como un asentamiento de “toldos y
chozas”) en Cubagua y comenzaron a cosechar cuantas perlas las ostras
produjeran y pudieran ser pescadas por indígenas. Durante la década
de 1520, la más lucrativa de la isla, Cubagua tenía casi cien rancherías
de perlas. Al final de la década, la población europea de la isla creció
hasta alcanzar aproximadamente mil personas. Al decaer las ganancias
168 de Cubagua como consecuencia de la sobrepesca, Margarita comenzó a
poblarse, con colonos estableciendo las primeras rancherías alrededor de
1530.5
Aunque es imposible estimar con certeza la cantidad de perlas
producidas en el Caribe, un cálculo aproximado de los lances de perlas
de Cubagua provee una idea de la extraordinaria riqueza generada por
los ostreros atlánticos durante sus décadas más productivas, a principios
del siglo XVI. Las perlas se medían según su peso en granos, y las perlas
venezolanas se consideraban pequeñas, con un peso máximo de veinte
granos (un gramo). Grandes cantidades de perlas se agrupaban en
unidades de medida llamadas marcos, que eran equivalentes a alrededor
de media libra. De 1513 a 1540, las pesquerías de Cubagua entregaron
10.328 marcos de perlas a la Corona como pago del quinto real (impuesto
de veinte por ciento sobre el total de la producción). Si aceptamos esa
cifra como una representación precisa del total de la cosecha de perlas
(improbable debido al fraude y sub registro frecuentes por los habitantes
4
Otte, Las perlas del Caribe, p. 93.
5
Otte, Perlas del Caribe, p. 45, 62-63, 86-86; Francisco Domínguez Company,
“Organización municipal de las rancherías de perlas”.
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
de las pesquerías), la producción de perlas de esos veintisiete años llegaba
a casi veintiséis mil libras, o aproximadamente ciento veinte millones
de perlas. Si se encontraba una perla por cada diez ostras abiertas, este
número sugiere una cosecha anual de aproximadamente cuarenta millones
de ostras, y una cosecha total de uno punto dos mil millones de ostras
durante el transcurso de los veintisiete años más lucrativos de Cubagua.
Dado que las cifras del quinto real son indicadores poco confiables de la
producción total de perlas, una evaluación cuantitativa del comercio de
perlas continúa siendo imprecisa. No obstante, documentación existente
sobre la vida y el trabajo en las pesquerías revelan la inusual y fluida
combinación de las limitaciones y oportunidades que generaba la cacería
de perlas.6
Africanos e indígenas esclavizados
169
A pesar de que la esclavitud (primero indígena, luego africana) se volvió
esencial a la operación de pesquerías de perlas, los españoles inicialmente
obtenían perlas mediante el rescate (intercambio forzoso o trueque). Los
españoles proveían pan y vino (y en menor medida, bienes) a cambio
de perlas recogidas por pescadores indígenas que trabajaban en grandes
tripulaciones organizadas por familias o clanes.7 Estos pescadores eran
Guaiqueríes de la isla Margarita, ya que Cubagua no tenía habitantes
nativos permanentes a la llegada de los españoles a principios de siglo
6
Estos cálculos, basados en los hallazgos de Otte en Las perlas del Caribe, se
encuentran en Landman, et al., Las perlas…, pp. 16-17. Es difícil estimar el número
promedio de perlas encontradas por ostras abiertas. Esta figura variaba tremendamente
dependiendo de la edad de las ostras al cosecharse y las condiciones del agua donde
crecían. Ocasionalmente se encontraban varias perlas en una sola ostra. A través de
los años ese promedio bajó. Otte utiliza las cifras del quinto para guiar sus cálculos
estimando la producción de las pesquerías (para las figuras aquí citadas, ver pp. 399-
402). El pesar las perlas era una forma imprecisa y poco efectiva de asegurarse que
la monarquía recibiera las mejores perlas, dado que la calidad iba por encima de la
cantidad, y había muchísima variedad de formas, tamaños, lustre, y colores de perlas.
7
Otte, Las perlas del Caribe, pp. 173-175; Otte, Cedulario de la monarquía española
relativo a la isla de Cubagua (1523-1550), (desde ahora CCI), p. 56 (13 de marzo de
1528).
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XVI. Luego de que la población guaquerí disminuyera debido a los
efectos combinados de violencia y enfermedades que acompañaron la
llegada de los españoles a la región, los habitantes de las pesquerías de
perlas utilizaron habitantes Lucayos de las Bahamas como sustitutos,
debido a que los españoles los consideraban pescadores especialmente
buenos. Cuando la población lucaya comenzó a disminuir, los españoles
expandieron sus redadas de esclavos hacia poblados Caribes y Aruacos
en las Antillas Menores y a lo largo de las costas caribeñas hasta Yucatán.
Pescadores adicionales se capturaban o procuraban mediante rescate en
las regiones adyacentes a la costa venezolana, de Caracas al Río Orinoco.
Ocasionalmente, durante el siglo XVI, dueños de canoas de perlas
españoles y portugueses compraban indígenas esclavizados de Brasil
para las pesquerías caribeñas. El trabajo de estos pescadores indígenas
170 esclavizados de diversas regiones fue la fuente de extraordinarias
ganancias de la primera década de las pesquerías.8
Aunque probablemente ya había esclavos africanos en el Caribe
desde los viajes de Colón a finales del siglo XV, su importación sistémica
no comenzó hasta 1519, cuando se inició la importación de esclavos desde
Castilla a las minas de oro de La Española.9 La llegada constante de eslavos
negros a las pesquerías de perlas arrancó en 1526, cuando la producción
de perlas en Cubagua estaba en su apogeo y los dueños españoles de
8
Otte, Las perlas del Caribe, pp. 48-49, 205-235, 356-360; C.S. Alexander, “Margarita
Island, Exporter of People”; Wiliam F. Keegan, The People who Discovered Columbus:
The Prehistory of the Bahamas, pp. 221-222; Domínguez Company, “Organización
municipal”, p. 62. Para una discusión del sistema de encomienda y sus efectos en los
reinos taínos en el Caribe, véase Julian Granberry, The Americas that Might Have
Been: Native American Social Systems Through Time, p. 128. Michael Perri provee
una discusión detallada de las guerras entre los españoles y los indígenas en las costas
de perlas en su artículo “‘Ruined and Lost’: Spanish Destruction of the Pearl Coast in the
Early Sixteenth Century”, pp. 29-61. Eduardo Becerra Monroy considera los orígenes
y experiencias de los pescadores indígenas de las pesquerías de tierra firme venezolana
en “Los esclavos de las perlas: Voces y rostros indígenas en la granjería de perlas del
Cabo de la Vela (1540-1570)”, Boletín Cultural y Bibliográfico 39, nº 61, 2002, pp. 3-33.
9
Antonio Almeida Mendes, “The Slave Trade to the Spanish Americas in the Sixteenth
and the Seventeenth Centuries: A Reassessment”, p. 65.
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
canoas de perlas pagaban entre cien y ciento cincuenta pesos de oro por
cada pescador. En peticiones de licencias para importar esclavos, los
esclavos son llamados “negros” casi siempre, sin detalles de sus orígenes.
Más adentrado el siglo, el uso ocasional de descripciones regionales
sugiere que el origen preciso de los esclavos africanos se convirtió en una
preocupación para los asentistas de negros/mercaderes.10
El alza en el trabajo negro provocó ansiedad entre administradores
de las islas, quienes se preocupaban de los costos potenciales de vigilar
la población esclavizada y cazar fugitivos. En 1528, la corona respondió
a quejas oficiales de la facilidad con la cual los esclavos africanos se
escapaban de las pesquerías, y declararon (sin efecto discernible) que no
se debían conceder más licencias para esclavos. Ante el creciente número
171
10
Bartolomé de Las Casas es la fuente para los precios pagados por los pescadores
lucayos, citado en Keegan, The People who Discovered Columbus, pp. 221-222. Pesos,
ducados y maravedíes son las tres unidades monetarias que se usaban para discutir los
precios de perlas y pescadores en las pesquerías. El peso era un término usado para
lingotes y monedas; el peso de oro de minas era un peso y unidad de pureza equivalente
a 4.18g de 22 quilates de oro (incluyendo polvo de oro), que valía 450 maravedíes (una
unidad monetaria base para la contabilidad). El ducado era una unidad que valía 375
maravedíes. Para una guía breve de las unidades monetarias españolas durante los
comienzos de la época moderna, véase Kris E. Lane, Pillaging the Empire: Piracy in
the Americas, 1500–1700, p. 31–32. Sobre la esclavitud indígena y la importación de
africanos, véase Otte, Las perlas del Caribe, 48–49, 355–362. Linda A. Newson and
Susie Minchin sugieren que los africanos se importaron para reemplazar Pescadores
indígenas porque se creía que eran más fuertes y propensos a las demandas físicas de la
pesca de perlas en From Capture to Sale: The Portuguese Slave Trade to Spanish South
America in the Early Seventeenth Century, p. 5. Para peticiones de importación de
esclavos, véase Otte, Cédulas de la Monarquía Española Relativas a La Parte Oriental
de Venezuela (1520–1561), p. 171 (6 de enero de 1534); Cedularios de la Monarquía
Española de Margarita, Nueva Andalucía y Caracas, (1553–1604), tomo I (desde
ahora CMNACI), p. 167 (17 de marzo de 1589) y p. 211 (13 de marzo de 1592). Durante
los primeros años del tráfico de esclavos a América Hispana, las islas de Cabo Verde y
el Golfo de Guinea eran los puertos esclavistas principales, pero a través de los años la
fuente primaria de esclavos se movió de la parte norte de las costas de Guinea, al Golfo
de Benin y eventualmente a Angola. Por alrededor de 90 años luego de 1560, al menos
dos terceras partes de los esclavos traídos a las Américas eran de Angola. Estimados
recientes del total de importación de esclavos a América Hispana para el periodo entre
1505 and 1599 sugiere una llegada anual de entre 1.000 y 2.000 africanos, con un total
aproximado (considerando viajes legales suspendido su tráfico ilegal) de hasta 132.000
esclavos en 1595. Almeida Mendes, ‘Slave Trade... A Reassessment’, 76, pp. 79–80.
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de esclavos negros, oficiales de las islas intentaron responsabilizar a los
dueños individuales de los riesgos asociados a la tenencia de esclavos.
Una ley en 1538 enumeraba las responsabilidades financieras de cualquier
residente isleño que quisiera tener más de dos esclavos negros.11
La transición de pescadores de perlas indígenas a africanos se llevó a
cabo durante el siglo XVI, mientras los trabajadores africanos e indígenas
trabajaban juntos. Aunque se desconoce si los africanos importados
trajeron estrategias de pesca de perlas al Caribe o si aprendieron a hacer
el difícil y peligroso trabajo al llegar, los residentes españoles pronto
reconocieron que sus destrezas eran cruciales para las ganancias de las
pesquerías. Durante la década de 1520, los dueños de canoas de perlas
vencieron un intento de maximización de ganancias de parte de un
172 inventor francés, quien buscaba reemplazar los pescadores humanos con
una especie de rastrillo diseñado para sacar ostras del fondo del mar.
Ellos desestimaron la utilidad del rastrillo al alegar que los pescadores
negros eran tan talentosos que ningún dispositivo podía proveerle un
igual número de perlas a sus dueños.12
Aunque algunos españoles dependían de tripulaciones africanas
para sus ganancias relacionadas a las perlas, muchos continuaron
usando equipos de pescadores indígenas. El cronista español Gonzalo
Fernández de Oviedo escribió un informe detallado sobre el trabajo de
estos pescadores en 1526. Temprano en las mañanas, equipos de cuatro
a seis (a veces más) indígenas empleados por residentes españoles
dejarían la isla “en canoa o bote.” Luego de recolectar ostras todo el día,
al anochecer regresarían a la isla y someterían sus botines al capataz de
11
Para la ley de 1538, ver Otte, Cedulario de la monarquía española relativo a la isla
de Cubagua (1523-1550), tomo II (desde ahora CCII), p. 128 (26 de febrero de 1538).
12
Otte, Las perlas del Caribe, pp. 43–44, 361–362; CCI, pp. 50–52 (10 de enero de
1528); pp. 63–64 (4 de abril de 1528); pp. 64–65 (4 de abril de 1528); pp. 81–83 (12 de
septiembre de 1528); p. 90 (19 de septiembre de 1528); p. 97 (22 de enero de 1529); pp.
99–101 (7 de febrero de 1529). Esta resistencia de aceptar innovaciones tecnológicas
también podría reflejar el deseo de proteger la inversión en el trabajo esclavo de parte
de los dueños de canoas.
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
su señor, quien alimentaría la tripulación y recolectaría las ostras. Según
Oviedo, habían “tantas [ostras], que aborrecen, y todo lo que sobra de
semejantes pescados enoja, cuanto más que ellas son muy duras y no tan
buenas para comer como las de España”. La carne tenía menor prioridad
que el producto secundario de valor: en estos años temprano de la
operación de las pesquerías, cada ostra producía de una a seis perlas.
Durante la noche, el botín del día se guardaba en un edificio vigilado por
guardias en la isla; y según Oviedo, los pescadores eran encerrados en
chozas. Un visitante a las pesquerías más adelante en el siglo observó
que los pescadores usualmente dormían en el mismo edificio, a pesar de
que los hombres y las mujeres tenían prohibido tener relaciones sexuales
debido al temor de que drenara sus energías y los debilitara al pescar.13
Fueran negros o indígenas, los buceadores de perlas ejercían autonomía
y destrezas considerables: los señalamientos de Oviedo sugerían que las
173
tripulaciones indígenas navegaban solas, eran responsables de encontrar
los mejores ostreros, recolectar las ostras y entregarlas a la canoa.
Incluso pudieron ser responsables por abrirlas en búsqueda de perlas.
Entre las cosechas de perlas, el remover las perlas de sus conchas, y el
13
Gonzalo Fernández de Oviedo, Sumaria de la Natural Historia de Las Indias,
ed. Juan Bautista Avalle-Arce, (Salamanca: Ediciones Anaya, 1969), cap. LXXXIV: pp.
123–5; José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, ed. José Alcina Franch,
(Madrid: Historia 16, 1986), Libro 4, Ch. XV: pp. 251–3. Barrera Monroy sostiene
que las esclavas indígenas en las pesquerías trabajaban sólo en el ámbito doméstico,
atendiendo las necesidades de residentes europeos y esclavos indígenas. Al presente
no he encontrado documentos que provean información precisa de los roles de género
de los trabajadores esclavizados (sean indígenas o africanos) en las pesquerías, pero
investigaciones preliminares sugieren que hombres y mujeres africanos eran comprados
por los residentes de las pesquerías en números más o menos iguales desde la primera
década del siglo XVII. Véase, por ejemplo, Sevilla, Archivo General de las Indias
(desde ahora AGI), Contaduría, 1775, nº 39 (1604). Parece poco probable que todas las
esclavas africanas fueran empleadas sólo en labores en la isla, en especial porque la frase
usada para describir “negros de servicio” (esclavos trabajando en las aldeas, pero no
como pescadores) no tiene especificidad de género. La frase “negros de servicio” implica
(mediante el uso del masculino plural inclusivo, que se usaba para describir cualquier
grupo que incluyera por lo menos un hombre), que los hombres también trabajaban en
las aldeas. Parece más probable que se les asignara trabajos no según su género, sino de
acuerdo con sus destrezas y niveles de aculturación.
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almacenamiento de las joyas, había muchas oportunidades de retener el
espécimen ocasional para uso privado.
Leyes y control fiscal
La facilidad con la cual las perlas escapaban de las vías oficiales era
un asunto de gran preocupación para la corona española. Monarcas
consecutivos intentaron reducir el problema al implementar estrictas
medidas para documentar los especímenes cosechados. Dada la tremenda
variedad natural de las perlas, se separaban en categorías (por lo menos
veintiuna estaban en uso en las décadas de 1520 y 1530), y se les imponían
impuestos según su tamaño, forma, y calidad. Una preocupación adicional
para los oficiales reales era el proceso de almacenaje y envío de perlas
recolectadas en las islas. Respondiendo a reportes de parte de oficiales de
174
las islas, quienes denunciaban contrabando y mal almacenamiento en las
pesquerías, Carlos V y su hijo y sucesor Felipe II intentaron implementar
medidas para controlar la circulación de las joyas, tales como perfeccionar
baúles de hierro donde se almacenaban, construir casas de contabilidad y
almacenes apropiados, y nombrar evaluadores de perlas.14
A pesar de la aprobación constante de leyes diseñadas para controlar
y beneficiarse de las cosechas de perlas caribeñas, la joya resultó ser un
producto elusivo, altamente resistente a atentados reales de circunscribir
su movimiento. Esta resistencia no sólo mostraba métodos imperfectos
de almacenamiento, sino patrones de circulación de perlas dentro de las
islas, donde los buceadores mismos fungían un papel importante. Aunque
los trabajadores indígenas y africanos estaban técnicamente confinados
al hogar de sus dueños al anochecer, un decreto de 1538, prohibiendo
cualquier “negro, eslavo indígena o Lucayo” de abandonar el domicilio
de su dueño luego del anochecer, sugiere que salían a menudo. Además,
en la ausencia de dinero en efectivo, los habitantes de las islas, esclavos y
Otte, Las perlas del Caribe, pp. 38–41; CCI, p. 177 (15 de octubre de 1532); CMNACI,
14
p. 252 (20 de marzo de 1596).
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
libres, usaban perlas para pagar por productos y servicios frecuentemente,
a pesar de leyes que lo prohibían. Pese a las instrucciones reales, los
residentes de las pesquerías también perforaban las perlas para facilitar
su uso en la producción de joyería. La perforación aumentó el mercado
para la joya en el Caribe y proveyó mayores motivaciones para que las
personas se quedaran con las mejores perlas para usarlas en las islas,
privando a la corona de variedad.15
Tal vez el extremo peligro que enfrentaban los buceadores los hacía
dispuestos a arriesgarse ocasionalmente para vender perlas para su uso
personal. Además de los daños físicos que podían ocurrir al trabajar
largas horas en aguas tan profundas, los pescadores eran atacados y
heridos frecuentemente por tiburones, mantarrayas y otras criaturas. El
reformista y portavoz para los indígenas Bartolomé de Las Casas formó 175
sus impresiones iniciales sobre la brutalidad de la encomienda durante
su estadía en las pesquerías caribeñas, escribiendo que “no hay vida
infernal y desesperada en este siglo que se le pueda comparar”16 con la
pesca de perlas. La corona española intentaba mejorar las condiciones
de trabajo de los pescadores. En la década de 1520, muchas regulaciones
se implementaron para regir esta lucrativa industria: los pescadores no
debían trabajar por más de cuatro horas, y en profundidades no mayores
de cinco brazas, o treinta pies. La apariencia repetida de legislaciones
similares sugiere que estas regulaciones eran difíciles, sino imposibles,
de implementar.17
15
Otte, Las perlas del Caribe, pp. 35–36, 54–55; CCI, p. 127 (1 de julio de 1531); p.
135 (4 de noviembre de 1531); p. 188 (14 de d 1532); CCII, p. 130, p. XX (26 de febrero
de 1538); Cedulario de la Monarquía Española de Margarita, Nueva Andalucía y
Caracas (1553–1604). Tomo II (Caracas: Fundación John Boulton, 1961) (desde ahora
CMNACII), 323–324 (5 de marzo de 1593).
16
Bartolomé de Las Casas, The Devastation of the Indies: A Brief Account, pp. 99–101;
History of the Indies; Santa Arias and Mariselle Melendez, eds., Mapping Colonial
Spanish America: Places and Commonplaces of Identity, Culture, and Experience
(Lewisburg: Bucknell University Press, 2002).
17
Estimados contemporáneos de la profundidad donde llegaba la pesca de perlas
varían, pero entre 5 a 8 brazas (treinta a cincuenta y ocho pies) parece haber sido el
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En 1538 un decreto real especificó la manera apropiada de deshacerse
de los cadáveres de pescadores muertos, quienes frecuentemente
colapsaban en canoas de perlas debido a desgaste físico. El decreto daba
fe de la naturaleza peligrosa de la pesca de perlas, pero también a las
barreras móviles que regían los derechos y relaciones entre los residentes
de las pesquerías. Las sanciones por no obedecer las órdenes de la corona
sugieren que el estado social –y quizá la ocupación– de los residentes
de las islas no siempre se alineaba con su raza, pero sí con su religión.
Los dueños de canoas negligentes enfrentaban una multa si los esclavos
muertos eran “negros” o “indígenas” y una penalización diferente si el
pescador se consideraba “cristiano” sin ningún marcador racial. ¿Podrían
los esclavos –sean negros o indígenas– ser considerados “cristianos” y
ser tratados diferentemente a sus compañeros que no eran cristianos?
176 ¿O el término “cristiano” se refería solamente a los europeos? Esta
distinción era probablemente entre los conversos al cristianismo y los
africanos e indígenas que no se habían bautizado por alguna razón, pero
la ambigüedad de los decretos abre la posibilidad de que europeos hayan
pescado junto a negros e indígenas esclavizados.18
promedio durante las primeras décadas del siglo XVI. En las Ordenanzas reales para el
buen regimiento y tratamiento de los Yndios, implementadas por la Corona Española
en 1512-1513, se prestó gran atención a las condiciones de las minas de oro, pero no hubo
mención de la pesca de perlas. Para las regulaciones ordenadas durante los 1520s, véase
Domínguez Company, ‘Municipal Organization’, pp. 67–68. También Otte, CCII, p. 14
(3 de agosto de 1535); p. 101 (7 de diciembre de 1537); p. 197 (1 de mayo de 1543). En
1542, Carlos V lidia con las preocupaciones de los líderes religiosos y otros observadores
en las Nuevas Leyes de Indias, una recopilación de reglas que regían todos los aspectos
de los territorios españoles en el Nuevo Mundo. Las Leyes Nuevas ordenaban que
ningún indígena libre fuera forzado a trabajar como pescador, y que las autoridades
religiosas de Venezuela eran responsables de vigilar el tratamiento de los esclavos en
las pesquerías. Si la pesca de perlas no se podía hacer sin la muerte de los pescadores,
la pesca debía [Link] Stevens and Fred W. Lucas, eds. y trad., The New Laws for
the Government of The Indies and for the Preservation of The Indians 1542–1543 (New
York: AMS Press, 1971), f. VI v.
18
El decreto de 1538 ordenaba que los dueños de canoas enterraran los cuerpos de
los pescadores fuera de los límites de la ciudad en tumbas bien protegidas, para evitar
que perros y otros animales desenterraran los cadáveres: véase Otte, CCII, 129 (26 de
febrero de 1538). Una referencia a los buzos levantescos en la exploración de pesquerías
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
La sobrepesca era aparente a finales de la década de 1520, y aunque
la corona intentó localizar nuevos ostreros e implementar nuevas
medidas en la década siguiente, el creciente tamaño de las canoas y sus
tripulaciones sólo agravaba el impacto ambiental de la pesca de perlas.
En 1537, Carlos V recordó a los residentes que “en los plazeres de esa
isla se solían pescar las perlas con canoas de sólo un palo, en que cavían
seis indios y no más, y entonces no pescavan más de las ostras viejas”. El
creciente uso de grandes barcos para la pesca de perlas (conocidos como
“canoas grandes” o “piraguas”) que cargaban “muchos indios” quienes
pescaban “las ostras nuevas y biejas, a cuya causa los ostiales han venido
en gran diminuçión”. La corona prohibió estos barcos más grandes y
ordenó un regreso a “las de un palo, como se acostumbraba a hazer”.19
El año siguiente la corona prestó atención a lo que veía como los 177
efectos corrosivos del desarrollo de las prácticas de pesca en la circulación
ordenada de perlas y personas dentro de las pesquerías. Cambios en la
composición de las tripulaciones en las canoas de perlas habían llevado a
una mayor interacción entre habitantes libres y esclavizados, y las perlas
frecuentemente eran un medio de intercambio en interacciones entre
grupos. Un decreto de 1538 prohibía dar vino a cualquier “esclavo negro
ni indio”, sugiriendo que había al menos algún grado de socialización
e intercambio entre españoles y habitantes no-blancos en la isla. Los
castigos por esta ofensa variaban, dependiendo de si el vino era dado
gratis (en un ambiente social), o como algún tipo de pago. La multa
por compartir vino socialmente era más severa que la penalidad por
intercambio o regateo.20
de California a principios del siglo XVII sugiere que los europeos todavía se empleaban
como pescadores ocasionalmente. AGI, Indiferente 428, L. 34, ff. 62r–9v. (22 de
diciembre de 1610).
19
Otte, CCII, p. 94 (5 de septiembre de 1537); 142 (26 de febrero de 1538); p. 143 (8
de junio de 1538); p. 144 (25 de octubre de 1538); p. 173 (10 de marzo de 1540); AGI,
Indiferente, 739, N. 87 (9 de junio de 1578).
20
Otte, CCII, p. 129 (26 de febrero de 1538).
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Como ya se mencionó, los esclavos en las pesquerías se escapaban
a menudo, llevándose perlas. Esta práctica preocupaba tanto a Carlos V
que se lidió con el tráfico de perlas por esclavos en un edicto de 1527.
El decreto especificaba que “ningún libre, indio o esclavo” (sugiriendo
que los indígenas ocupaban un estado intermedio) debía dejar la isla con
perlas no declaradas. Se le daba cien latigazos a los que cometían la falta
por primera vez, fueran indígenas o africanos. Se le cortaban las orejas
y expulsaba de las islas a cualquiera que robara perlas una segunda vez.
Una persona libre capturada en el tráfico ilegal debía entregar las joyas y
pagar una multa de veinte mil maravedíes a la alcaldía.21
Evasión y contrabando: la resistencia de los esclavizados
178 Los esclavos de las pesquerías no sólo robaban perlas, sino que
ocasionalmente se rebelaban violentamente o se escapaban de su lugar
de trabajo. En 1538 la corona especificó castigos para los fugitivos y los
que los alojaran, que iban desde cien latigazos, a la amputación del pie
derecho y ambas orejas, a la muerte. Un esclavo que “se tomare a braços
o alçare mano o palo para dar a algún cristiano” sufriría cien latigazos
públicamente y se cortaría su mano derecha. Una ley de 1550 creaba
un fondo común para retiros monetarios para el pago de cazadores de
esclavos, o para compensar dueños por esclavos ejecutados.22
En 1558 la corona declaró su apoyo a la transición que ya ocurría
en las islas, ordenando que esclavos africanos reemplazaran pescadores
indígenas. Este cambio en la posición oficial no significaba que los
indígenas dejaron de vivir, trabajar e influenciar la vida en las pesquerías.
21
Madrid, Biblioteca del Palacio Real, (desde ahora BPR), II/2892, ff.143r–53v (13 de
diciembre de 1527). Esta cantidad era equivalente a alrededor de cuarenta y cinco pesos
de oro, o a la mitad más un tercio del precio de un esclavo según lo reportado por Las
Casas.
22
Otte, CCII, p. 126 (26 de febrero de 1538); CCII, p. 231 (10 de noviembre de 1550).
Esta mención del término “cristianos” sin un modificador racial otra vez plantea la
cuestión de si los esclavos negros e indígenas podían ser considerados como tales, o
solamente los europeos.
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
Tan tarde como 1578, Felipe II reafirmaba que los indios tenían derecho
de pescar perlas si pagaban el quinto real, un recordatorio que a pesar
de la creciente presencia y poder de los comerciantes europeos y sus
rutas, los españoles no tenían control único sobre la mercancía y su
circulación.23 Además, la constante influencia de las prácticas de pesca
indígenas se reflejaba en los términos empleados para referirse a las
formas y materiales usados para la recolección y almacenamiento de las
perlas: caconas y totuma, respectivamente, no son vocablos españoles y
probablemente salieron de palabras taínas o guayqueríes.24
Aunque los residentes indígenas continuaban influenciando la
vida en las islas, siguieron sufriendo abusos por parte de los habitantes
españoles. En 1583, Felipe II escribió al gobernador de Margarita para
informarle de las muchas quejas que recibía sobre el tratamiento de los
“pocos indios” que quedaban en la isla. Refiriéndose a alegaciones de que
179
eran tratados “peor que si fueran esclavos”, el rey denunciaba fuertes
castigos y trato legal injusto a los indígenas, y ordenó que se protegieran
sus intereses y sus derechos. En 1585, un decreto real volvió a prohibir la
pesca forzada por indígenas, una clara indicación de la continuidad de la
práctica.25
23
Sanford A. Mosk, ‘Spanish Pearl-Fishing Operations on the Pearl Coast in the
Sixteenth Century’, The Hispanic American Historical Review 18 (Agosto de 1938), p.
399; Otte, CMNACII, p. 49 (2 de diciembre de 1578).
24
Otte, CMNACI, p. 181 (18 de mayo de 1591). Los orígenes precisos de ambas palabras
–utilizadas frecuentemente en documentos de finales del siglo XVI– continúan inciertos,
pero es claro que describían acercamientos híbridos al manejo de perlas que reflejaban
terminología indígena americana y la práctica africana en las canoas de perlas. Para las
posibles etimologías indígenas de totuma y cacona, véase Julian Granberry and Gary S.
Vescelius, Languages of the Pre-Columbian Antilles y William A. Read, ‘Indian terms
in Vázquez’ Compendio’. Una fascinante definición de la palabra cacona como proceso,
en vez de contenedor de perlas, aparece dicha por un oficial español anónimo en AGI,
Indiferente 1805, ff.4–5 (c.1590): el autor sostiene que caconas se refiere a la costumbre
que consistía en que los pescadores de perlas negros cambiaran las mejores perlas que
habían conseguido y escondido por ropa, vino, cartas y otros bienes materiales provistos
por dueños de canoas europeos una o dos veces al mes. El mismo relato señala que
cacona era “una expresión indígena”.
25
Otte, CMNACI, p. 116 (3 de enero de 1583). Domínguez Company, ‘Organización
municipal, p. 67.
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Aunque los pescadores de perlas continuaron sufriendo abusos
mientras trabajaban en pesquerías durante el transcurso del siglo XVI,
las elaboradas prácticas de pesca también trajeron nuevas oportunidades
para actividades autónomas. A finales del siglo, era común que
tripulaciones africanas navegaran barcos cada vez más grandes –capaces
de llevar entre dieciocho y veinte hombres– con mínima o ninguna
supervisión blanca.
Un largo decreto emitido por Felipe II en 1591 lidiaba con el “gran
perjuicio del bien y comerçio común y universal de las dichas pesquerías”
causado por “mucha desorden en las contrataçiones y rescates con los
negros”. Las oportunidades disponibles a tripulaciones independientes
para la pesca de perlas negras era una de sus mayores preocupaciones:
180 Y porque suçede alçarse negros con las canos que llevan,
mayormente quando no van con ellos canoeros, mano que
quando se viere ir alguna canoa de negros alçada, todos los
canoeros con las suyas estén obligados a seguirla, porque de lo
contrario se an visto muchos daños…
La posible libertad provista por los viajes de pesca de perlas era
acompañada por el casi constante peligro de ataques de corsarios
extranjeros, con los cuales los esclavos podrían intercambiar perlas (o
conocimiento sobre los bancos de ostras más rentables) a cambio de su
libertad. Los capitanes de canoas tenían ordenado cargar espadas y un
“arcabuz adereçado” porque “desta manera no se alçaran tantos negros”
y se podría advertir a atacantes. Estas medidas no hicieron nada para
evitar un flujo estable de esclavos fugitivos.26
26
Otte, CMNACI, p. 185, p. 190–191 (18 de mayo de 1591). Sobre comunidades
cimarronas y las interacciones entre corsarios y africanos esclavizados en las pesquerías,
véase R. A. Donkin, Beyond Price. Pearls and Pearl-Fishing: Origins to the Age of
Discoveries,p. 330; Lane, Pillaging the Empire, 41–43; John K. Thornton and Linda
M. Heywood, Central Africans, Atlantic Creoles, and the Foundation of the Americas,
1585–1660, p. 6.
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
Como era de esperarse, los esclavos negros buscaban escaparse
de las pesquerías o al menos tener acceso a las perlas que pescaban,
dados los horrores cotidianos que presenciaban al pescar. Haciendo eco
a los señalamientos de Bartolomé de Las Casas cincuenta años antes,
el Inspector General de la isla de Margarita a finales de la década de
1580 describió “el trabajo y riesgo de la pesquería de las perlas” como
más fuertes que el de la minería de oro o plata. El jesuita español y
naturalista José de Acosta escribió en 1590 que las condiciones de
trabajo de los pescadores esclavizados eran muy fuertes, y los pescadores
frecuentemente recolectaban perlas de profundidades entre treinta y seis
y cincuenta y cuatro pies, y ocasionalmente llegando a los setenta y dos pies
de profundidad. No debe sorprender que los pescadores frecuentemente
de desmayaban y morían en las canoas.27
181
La práctica de abrir ostras recién cosechadas en las canoas y echar la
carne indeseada en el mar aumentaba los riesgos asociados con la pesca de
perlas aún más. Las ostras desechadas atraían tiburones al área, quienes
frecuentemente atacaban y mataban pescadores negros que todavía
trabajaban en el agua. Preocupado más por el daño a las ganancias de las
pesquerías que por el sufrimiento de los pescadores, Felipe II ordenó que
los operadores de barcazas de pesca de perlas cambiaran la forma en que
las cosechaban. Citando la frecuencia con la cual los pescadores negros
habían sido “comidos” por depredadores marinos, la corona ordenó que
los capitanes de canoas se abstuvieran de desechar restos de ostras en
el mar y que cargaran un gran anzuelo para ahuyentar tiburones. En el
caso de la muerte de un pescador, en vez de dejar el cuerpo en el agua,
que atraía tiburones y arriesgaba la vida de otros pescadores, la corona
estipulaba que “la canoa del negro aogado y todas las demás estén
obligadas a dexar la pesquería y buscar el dicho negro, pues importará
más allarle y sacarle que lo que pueden pescar”. Cualquier capitán de
Otte, CMNACI, p. 143 (23 de septiembre de 1586); Acosta, Historia natural y moral
27
de las Indias, Libro 4, capítulo. XV: p. 252.
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canoas que no prestara su canoa y su tripulación a la búsqueda de un
esclavo muerto conllevaría una multa de veinte pesos.28 Sólo puede
imaginarse la experiencia aterradora de los pescadores esclavizados,
forzados a recolectar ostras a grandes profundidades, en aguas oscuras,
rodeados de tiburones y cadáveres de pescadores ahogados con los cuales
habían vivido y trabajado por un tiempo.
El frecuente intercambio entre residentes blancos y esclavos
negros era una preocupación adicional para la corona. En un intento
para controlar la participación de los pescadores esclavizados en ese
intercambio con europeos en las pesquerías, el rey Felipe II especificó
que “ningún señor de canoa, mayordomo ni canoero ni ninguna otra
persona” podía vender cualquier artículo cerca de cualquier pesquería
182 –especificando “vino, frutas, cosas de comidas, ropa ni ninguna otra
mercaduría”– para que no ocurrieran “contrataçiones ni rescates con
negros de perlas” en ninguna circunstancia. Igual de problemático era
el comercio entre pescadores negros esclavizados, llamados “negros
de concha”, con “negros de servicio” empleados dentro de la isla.
Esclavos de estos ambientes diferentes se encontraban para negociar e
intercambiar noticias y perlas en las pesquerías. El rey notaba que estos
llamados “negros de servicio” eran “muy ladinos”, o asimilados, y que
procuraban “contrataçiones y amistades con los que pescan las dichas
perlas y suelen llevarse las mexores”. Con la esperanza de prevenir el
intercambio de perlas entre esclavos negros, la corona prohibió que los
residentes enviaran esclavos domésticos a las pesquerías “si no fueren
arieros de los señores de canoes y del serviçio dellas”: todos los demás
28
Otte, CMNACI, 191–2 (18 de mayo de 1591). Según un estudio contemporáneo
de las ganancias relacionadas a la industria de las perlas en las pesquerías del Caribe,
una canoa trabajada por “expertos” podía cosechar trecientos ducados de perlas
semanalmente, y un barco con menor destreza alrededor de doscientos. Una perla de
tres quilates valía más de catorce pesos, o casi diecisiete ducados. Por esto, esta multa
representaba alrededor de un quince por ciento de la recolección en una buena semana,
o el equivalente a sacrificar una perla con gran valor monetario, que eran aún más raras
en una era baja en los ostreros. Véase AGI, Indiferente 1805, f. 3 (c.1590).
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
debían regresar a sus dueños. El contacto de los esclavos con habitantes
isleños de orígenes y estados socioeconómicos diversos influenciaba
drásticamente la circulación de perlas y la erosión de las barreras sociales
entre residentes isleños.29
Otra práctica preocupante era la costumbre de permitir que los
barcos de pesca de perlas fueran operados por grupos de pescadores
negros, la mayoría de los cuales eran propiedad de personas que no
eran dueños de barcazas. La práctica sugería que los residentes isleños
que tenían esclavos, pero no canoas, podían hacer arreglos para que
sus esclavos viajaran en barcos de otros en intercambio de alguna paga
(quizá alguna cantidad de perlas recolectadas); por el contrario, un
dueño de canoa de perlas que necesitara esclavos adicionales podía hacer
arreglos similares con sus conocidos. Ambas posibilidades permitían 183
interacciones significativas entre esclavos en las pesquerías, y sugieren
un nivel sustancial de movilidad de parte de los esclavos, adicional
al frecuente y poco supervisado acceso a las perlas. Reducir el acceso
29
Otte, CMNACI, pp. 189–90 (18 de mayo de 1591). Estas prohibiciones pudieron
imponerse con el propósito de parar el proceso de cacona como se sugirió en el documento
discutido en la nota 24. El lenguaje utilizado para describir los esclavos africanos en las
pesquerías a través del siglo XVI ofrece más evidencia de esta aculturación: cuando
los pescadores esclavizados se discuten en el contexto de la vida isleña, siempre se les
llama “negros” –una categoría sin connotación de origen–. Los términos “africanos”
o “bozales” (el último se refiere a esclavos exportados directamente desde África),
nunca se usaban. Esta aculturación probablemente reflejaba el contacto frecuente y
desregulado de los esclavos negros con residentes blancos e indígenas de las islas, al
igual que con otros esclavos africanos que llevaban tiempo en las islas o (especialmente
a comienzos de siglo) habían llegado de Iberia. Para una breve discusión de los términos
“ladino” y “bozal” y la esclavitud africana en el Caribe hispano, véase Jane Landers,
Black Society in Spanish Florida (Chicago: University of Chicago Press, 1999), pp. 7-18.
El origen del término “negros de concha” es desconocido, pudo haber reflejado su uso
de conchas para extraer perlas de las ostras: véase AGI, Indiferente 1805, f. 2 (c.1590),
citado en Barrera Monroy, “Esclavos de las Perlas”, p. 26. Otra posible fuente para el
término viene de una ilustración de un caracol en el Manuscrito Drake, donde el autor
anónimo señala que un pelo “como el cabello humano” se encontró y fue utilizado por
pescadores negros para aliviar el dolor de oído causado por la pesca. O quizá el término
podía reflejar el uso del término “concha” para referirse a la interacción de los esclavos
con las ostras.
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que los esclavos tenían a las perlas que cosechaban requería que se
cambiara su almacenamiento dentro de los barcos. A finales de siglo,
era costumbre que cada pescador abriera las ostras que cosechaba antes
de llegar a la costa, almacenando las perlas en los buques mismos. Esta
práctica daba grandes oportunidades para que los esclavos se quedaran
con alguna perla para uso personal y complicaba el cálculo de impuestos
a lo recolectado. Para reducir el caos, la corona ordenó que el dueño del
barco se responsabilizara de que todas las perlas cosechadas –incluso las
que le correspondían al dueño de la canoa– se guardaran en los mismos
contenedores, cada cantidad en compartimientos separados (totumas).
No se permitía que los pescadores separaran sus perlas de las de sus
compañeros. Las perlas luego permanecían bajo la posesión del dueño
del buque hasta el final del mes, cuando era responsable de registrar y
184 calcular el impuesto de sus perlas y las que les correspondían a los dueños
de los esclavos que las habían pescado. Cualquier dueño de canoa que
permitiera que los pescadores esclavizados se encargaran de las perlas
que cosecharan estaba sujeto a un impuesto adicional, pagado de su
porción de la cosecha.30
Agravando el problema, las perlas continuaban circulando como
dinero en efectivo en las pesquerías, y las tripulaciones de pescadores se
acostumbraron a ser compensados por su trabajo con una porción de lo
recolectado. La costumbre de asignar un esclavo responsable de encontrar
el mejor ostrero para dueño de las canoas conectaba a los esclavos negros
a los capitanes de las barcazas indisolublemente, una relación de la cual
ambos se beneficiaban, aunque desigualmente. El incentivo de un pago en
perlas motivaba a todos los miembros de las tripulaciones a encontrar los
mejores ostreros, ya que tendrían mayor variedad entre la cosecha antes
de entregar el resto a los oficiales isleños que las contarían y calcularían
los impuestos correspondientes. Intentando eliminar esta práctica y sus
efectos negativos en ganancias reales de las pesquerías, Felipe II ordenó
Otte, CMNACI, p. 181 (18 de mayo de 1591).
30
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
que ningún miembro de las tripulaciones de las canoas de perlas podía
ser compensado con “lo que sacare negro ninguno”, o sea, en perlas,
antes de pagar el quinto real correspondiente. Cualquier dueño de canoas
capturado pagando a sus tripulaciones con perlas cuyos impuestos no se
habían calculado estaría sujeto a una multa, y los que recibieran esa paga
la perderían.31
El papel indispensable y crecientemente autónomo de los pescadores
de perlas en la creación de riquezas daba medios y libertades a los
esclavos para participar en otras áreas de la vida isleña. Los españoles
quizá no gustaban de las implicaciones sociales de la dependencia de
las pesquerías en su comunidad negra esclavizada, pero los beneficios
de esta destreza laboral negra eran demasiado grandes para dejarlos
pasar. En 1592, un inventor francés llamado Domingo Bartolomé recibió
apoyo real de parte de Felipe II para la creación de un dispositivo para la
185
pesca de perlas llamado tartana. Se alegaba que podía recolectar ostras
a mayores profundidades que las alcanzadas por pescadores negros. Tal
como medio siglo antes, la tartana no impactó las pesquerías, ya que los
dueños de canoas otra vez alegaron que el invento no competía con la
destreza de los esclavos negros.32 Los españoles también reconocieron la
habilidad de los esclavos en su manejo de los fondos isleños comunales,
como los usados para financiar la búsqueda de esclavos fugitivos. Las
contribuciones debían depender de la riqueza de las propiedades de los
residentes, en vez de en el número de “negros de concha” que tuviera, “que
por aver unos mejores que otros se entiende que era en mucho perjuicio”.
Tampoco ningún artículo considerado indispensable para la operación
de las pesquerías de Margarita –“canoas, negros y pertrechos dellas”–
podía expropiarse para compensar deudas, porque estas expropiaciones
llevaban a la paralización de la pesca de perlas y grandes pérdidas al
tesoro real.33
31
Otte, CMNACI, p. 182 (18 de mayo de 1591).
32
Otte, CMNACI, pp. 218–221 (29 de junio de 1592).
33
Otte, CMNACI, p. 165 (12 de octubre de 1588); 201–3 (26 de noviembre de 1591).
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De hecho, en 1600, nueve años después de la aprobación de la ley
que prohibía que los dueños premiaran con perlas a sus tripulaciones
por encontrar buenos ostreros, el Inspector General de Margarita
explicaba que el prohibir que un negro pescador de ostreros se juntara
con un dueño de canoa blanco causaba daño a las pesquerías y al tesoro
real. Explicó que “no dando al canoero negro de partido para que saque
perlas para él”, el capitán no tendría incentivo para buscar ostreros ricos
“porque por el particular interés que se les sigue de las perlas que con
el dicho su negro se an de sacar procura de ir a parte donde aya buenos
jornales…”. El burócrata explicó que esa posibilidad de encontrar perlas
extraordinarias o grandes cosechas era lo que motivaba a los pescadores
negros. Incluso un salario regular (una gran concesión a los trabajadores
esclavizados) no sustituiría la oportunidad de tener una compensación
186 variable, pagada en perlas: “si se le huviere de pagar el salario del dicho
negro en dinero, como está ordenado por el dicho capítulo, no se le da
nada de procurar buscar buenos ostiales, porque, haviéndolos o no, tiene
çierto el salario…”.34 Aunque reconocía que algún incentivo en perlas era
necesario para motivar a los pescadores negros esclavizados, el Inspector
General también instó al rey a lidiar con su independencia excesiva.
Notando las quejas, Felipe III escribió:
(...) muy de ordinario subçede que los negros de la dicha ranchería
que están en las canoas en la pesquería de las perlas, por tener
livertad y no trabajar, se huyen y ausentan dellas y se ban al monte
donde no pueden ser havidos en mucho tiempo, a cuya caussa de
dexa de pescar y se pierden los quintos que me pertenesçen, y los
dueños de canoas no tienen aprovechamiento, que es caussa que se
enflaquezca la granjería (…)
La solución propuesta por la corona ofrece una mirada a la
complejidad de la geografía humana de la isla, en particular con respecto
a las relaciones entre residentes indígenas y pescadores negros. Ordenó
Otte, CMNACI, pp. 330–331 (26 de diciembre 1600); 328–9 (27 de diciembre de
34
1600).
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
que los oficiales españoles en Margarita contrataran “doze indios
guayqueríes naturales de la dicha isla con sus mugeres en la parte y lugar
donde estuviere la dicha ranchería” para que sirvieran como cazadores
de esclavos y vigilantes para corsarios atacantes. Esta medida parece
tener la intención de instigar antagonismos entre indígenas y africanos,
quizá esperando reducir el número de africanos que se escapaban a
asentamientos cimarrones cercanos.35
Impacto ambiental y declive del negocio perlero
A pesar de que los cambios en las prácticas de pesca de perlas dieron
mayores oportunidades a los pescadores de perlas, trajeron creciente
destrucción a los ostreros mismos. Ansiedad sobre la baja en ganancias
generó extrema emoción cuando se encontraban ostreros ricos, llevando
187
a competencias tensas entre residentes de distintas aldeas en la región,
los cuales estaban desesperados para encontrar nuevas fuentes de la
joya. Una descripción de los buques juntándose sobre “alguna mancha
rica” en un ostial, “tanto que se le hazen pedaços”, expresa la avaricia y
desesperación que prevalecía en las pesquerías a finales de siglo, y que
sólo hacía más daño a los ostreros que los residentes ansiaban explotar.36
Esta codicia por perlas llevó a los residentes de las pesquerías a cosechar
ostras descuidadamente, más de las que los residentes pudieran comer
o incluso abrir, lo que destruyó el suministro de perlas a largo plazo y
35
Otte, CMNACI, pp. 315–316 (25 de septiembre de 1600). La corona especificó que el
alcalde de Margarita debía asegurarse que se les pagara a los indígenas por su trabajo y
que se les tratara bien, sin forzarlos a continuar su trabajo si decidían renunciar. También
ordenó que bajo ninguna circunstancia se les obligara a pescar. Aunque pudieron ser
completamente reemplazados por esclavos africanos a finales de siglo, una licencia real
de 1597 para importar doscientos esclavos a la región demuestra que todavía se usaban
para otros trabajos, ya que su texto señalaba específicamente la necesidad de proveer
“algún alivio” a los indígenas. Otte, CMNACII, p. 248 (12 de julio 1597).
36
Otte, CMNACI, p. 191 (18 de mayo de 1591); CMNACII, pp. 283–286 (13 de mayo de
1603). Las últimas dos décadas del siglo XVI dieron ganancias considerables mediante
las perlas, aunque no se repitieron las impresionantes cosechas de la década de 1520:
véase Huguette and Pierre Chaunu, Seville et l’ Atlantique (1504–1650), vol. VIII: Les
Structures géographiques, 1504–1650, pp. 613–624.
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llevó a derivados inconvenientes para los residentes de la isla. Aunque
la corona ordenó que nadie cosechara más ostras de las que podía
descascarar, el deseo destructivo de perlas continuó, revelando entre
otras cosas el extraordinario número de ostras que se seguían sacando
de la superficie del mar incluso cien años después de la levada europea
a las pesquerías caribeñas. A menudo las ostras, una vez abiertas, eran
abandonadas in situ, y se pudrían y producían “malos vapores, de que se
an cresçido enfermedades en la gente blanca y negros”. La imagen de un
paisaje lleno de ostras pudriéndose luego de ser sacadas frenéticamente
del mar provee un contrapunto reflexivo a las millones de lustrosas perlas
representadas en el arte de la época.37
La tendencia hacia “canoas” y tripulaciones más grandes no dismi-
188 nuyó al terminar el siglo XVI, a pesar de (o quizá por) la caída en las
ganancias de la industria de las perlas. Ni la preocupación por la destrucción
de los ostreros, ni las crecientes consecuencias sociales indeseadas
traídas por las grandes e independientes tripulaciones de pescadores
esclavizados, pudo prevenir que los residentes de las pesquerías buscaran
cuantas perlas pudieran encontrar. Tan tarde como en 1628, un visitante
a las islas describió las canoas de perlas como barcos de vela y observó
que un dueño de canoas necesitaba al menos doce esclavos africanos, un
“capitán africano”, un piloto español para la canoa, y un capataz para
obtener ganancias en las pesquerías. En 1653, un visitante español al Cabo
de la Vela describió los botes de perlas como lo suficientemente grandes
para aguantar dos capitanes españoles y de veinte a treinta esclavos. La
esencialidad de los esclavos negros para el proceso de pesca de perlas
era indiscutible. Cuando los españoles comenzaron a buscar posibles
pesquerías de perlas en Baja California a principios del siglo XVII, los
esclavos negros que trajeron para trabajar como pescadores pudieron
37
Otte, CMNACI, p. 192 (18 de mayo de 1591).
MOLLY A. WARSH Pescadores de perlas esclavizados en el Caribe, siglo XVI
haber llegado de Margarita, donde las tripulaciones paraban durante su
trayecto hacia el oeste.38
La codicia por perlas a comienzos del periodo moderno generó
un movimiento diaspórico de personas y mercancías, pero la fluidez
transformativa del comercio puede verse no sólo en la gran variedad de
rutas mediante las cuales se movían las perlas caribeñas, sino también en
la cambiante naturaleza de la vida y el trabajo en las pesquerías mismas.
Al decaer las ganancias de la industria de perlas como consecuencia del
incesable ataque al ecosistema ostrero, la avaricia y las exigencias de la
vida isleña llevó a una creciente complejidad y negociaciones entre los
diversos residentes de las pesquerías. El atractivo estético de las perlas
y la amplia demanda por ellas durante los comienzos de la era moderna;
el impacto humano y ambiental de su recolección lo están mucho menos. 189
Una historia de las pesquerías caribeñas pertenece al trabajo existente
sobre las personas y productos que moldearon el mundo Atlántico a
comienzos de la época moderna.
38
Donkin, Beyond Price, p. 320, pp. 322–326; Otte, Las perlas del Caribe, p. 50.
Sobre esclavos caribeños en las pesquerías de California, véase AGI, Indiferente p. 428,
L. 34, ff. 62r–69v. (22 de diciembre de 1610), ‘Asiento con Tomas de Cardona y Sancho
de Meras’, Nicolás de Cardona, Descripciones geográficas e hidrográficas de muchas
tierras y mares de norte y sur, en las Indias, en especial del descubrimiento del reino
de California, estudio preliminar de Pilar Hernández Aparicio.
ה LA REPRESENTACIÓN DE LOS WELSER
EN LA HISTORIOGRAFÍA COLONIAL
VENEZOLANA
GIOVANNA MONTENEGRO1
No es una novedad que la leyenda negra inventada por los ingleses
personifica a España como una villana exótica y cruel que durante la
conquista amaba maltratar a los indígenas de las Américas. Lo que es
menos conocido es cómo la historiografía de la conquista y colonización
inicial, escrita por cronistas españoles como Bartolomé de las Casas y
Gonzalo Fernández de Oviedo, crea otra leyenda negra, esta vez sobre
los alemanes que gobernaron la provincia de Venezuela por menos de
treinta años en el siglo XVI. En esta historiografía, los alemanes son aún
más sangrientos que los mismos españoles. Los Welser, banqueros y
mercaderes de la ciudad imperial libre (Reichsstadt) de Augsburg en el
sur de Alemania (cuando me refiero a Alemania es para decir la región de
Europa Central dónde se hablaba alemán en el siglo XVI), obtuvieron y
firmaron la capitulación para la conquista y gobernación de la provincia
de Venezuela en 1528 con el emperador Carlos V.
El gobierno de los Welser en Venezuela, considerado como polémico
y corto en duración (1528–1556), se convertiría en material legendario
para cronistas como Bartolomé de las Casas, Gonzalo Fernández de
Oviedo, Juan de Castellanos, Fray Pedro Aguado, y José de Oviedo y
Baños.2 En este artículo me enfocaré sobre la recepción de los Welser y sus
1
Binghamton University.
2
La historiografía sobre esta colonia es extensa. En español ver: José Rafael Fortique,
Los Welser en la historia de Coro. Trabajo leído en el concejo municipal de Coro el
día 29 de octubre de 1976, Coro, 1976; Juan Friede, Los Welser en la conquista de
Venezuela. Madrid: EDIME, 1961; además de Juan Friede, Vida y viajes de Nicolás
Federmann. Bogota: Libreria Buchholz, 1960; Guillermo Morón, Historia de
Venezuela. Caracas: Italgrafica, 1971, vol. 1. 5 vols; Alejandro Necker, La conquista y
el régimen de los Welser. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1938; Marianela
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
gobernadores en las crónicas,3 incluyendo a personajes como al primer
gobernador Ambrosius Ehinger (en las crónicas escritas en castellano
aparece como Alfinger o Dalfinger) y al conquistador Nikolaus Federmann.
Demostraré que al final los españoles construyeron otra “leyenda negra”
contra los alemanes, acusándolos de ser herejes y luteranos. En particular,
Bartolomé de Las Casas (1486-1566) difamó a los Welser cuando usó el
juego de palabras alemán/animal para describir al gobierno alemán y
su crueldad. Propongo que mientras los cronistas españoles presentan a
los Welser de una forma negativa, continuando así una percepción latina
y romana de la crueldad y codicia bárbara y alemana, otros cronistas
ven al gobierno Welser como una extensión del Sacro Imperio Romano
Germánico liderada por la casa de los Habsburgo. Así, los cronistas
admiraban a individuales como al conquistador Federmann en tanto
guerrero, pero odiaban la identidad alemana del gobierno Welser. Lo
191
que emerge después de una lectura de las crónicas españolas son los
temores por la Reforma cuando Martín Lutero colgó sus 95 tesis en una
puerta del pueblo de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Los Welser
alemanes fueron recordados como avariciosos y oportunistas, y había
administradores de la corona española que sospechaban que algunos de
los agentes Welser eran luteranos.
Ponce De Behrens, “Los capitanes pobladores y la política poblacional de los Welser
en la provincia de Venezuela” en Memoria del tercer congreso venezolano de historia
II, Caracas, UCV, 1979, pp. 493-526; Marianela Ponce De Behrens, Diana Rengifo,
y LetiziaVaccari, Juicios de Residencia en la Provincia de Venezuela: Los Welser.
Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1977; Emilia Troconis De Veracochea,
Historia de El Tocuyo colonial: Período histórico 1514-1810. Caracas: Universidad
Central de Venezuela, 1984. En inglés, y para una bibliografía más extensa en alemán
ver Giovanna Montenegro, “Textual and Visual Representations of the New World:
German and Spanish Perspectives of the Conquest of Venezuela in the Sixteenth
Century”, Tesis doctoral, Universidad de California, Davis, 2013.
3
Los gobernadores fueron Ambrosius Ehinger; Hans Seissenhofer; Nicolás Federmann
(teniente general); Bartolomé Sailer; Georg Hohermuth von Speyer (conocido como
Jorge Spira); Bartholomäus Welser VI; Heinrich Remboldt, conocido como Enrique.
Philipp von Hutten (conocido a veces como Felipe de Utre o Felipe von Hutten) también
participó en las entradas. Ver Eduardo Arcila Farías, “Welser”, Diccionario de
Historia de Venezuela, Ed. Manuel Rodríguez Campos, 2ª edición, volumen 4. Caracas:
Fundación Polar, 1997, pp. 299-301.
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Mi análisis de algunos cronistas españoles nos demuestra el punto
de vista xenofóbico y anti-alemán de muchos de ellos; algunos celebraron
el heroísmo individual de los gobernadores Welser, pero odiaron su
comportamiento y tratamiento de los pueblos indígenas, como los
Caquetíos los Jirajaras, los Guaiqueríes, Cayones, Ayamanes, Xaguas,
Cuibas, Gauiqueríes y Cipamotos. Los cronistas contemporáneos de
Ambrosius Ehinger (1500-1533) y Nikolaus Federmann (1505-1542),
como Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), Bartolomé de Las Casas
(1486-1566) y Juan de Castellanos (alrededor del siglo XVI), escribieron
sobre lo que ellos habían “visto con sus ojos”, afirmando su perspectiva
de “testigo de vista”.
Ya en términos contemporáneos, si bien Juan Friede trató de
192 discernir lo histórico en las crónicas pero, como destaca Angelina Lemmo
en su Historiografía colonial de Venezuela (1983), la obra de Friede aun
“cae en lo subjetivo”, en su defensa de lo germano.4 Lemmo reconoce
que en el trabajo de su equipo al comparar las varias traducciones de la
obra de Nicolás Federmann, la Historia Indiana (Indianische Historia:
Haguenau, 1557), “no podemos cotejarla con la edición alemana, por
desconocer la lengua de Göethe”.5 Aunque mi trabajo en los últimos
años sobre la gobernación de los Welser intenta justo rectificar esta falta
y tomar en cuenta las fuentes escritas en alemán, español, francés y
otros idiomas, este ensayo se enfoca en los cronistas y sus evaluaciones
de los Welser.6 Como decía Lemmo “Frente a la obra de Federmann,
4
Angelina Lemmo, Historiografía colonial de Venezuela. Caracas: Fondo Editorial de
Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 1983, p.70.
5
Lemmo, Historiografía colonial de Venezuela, p. 67.
6
Ver en inglés: Giovanna Montenegro, “The Welser Phantom’: Apparitions of the
Welser Venezuela Colony in Nineteenth and Twentieth-century German Cultural
Memory”, Transit: A Journal of Travel, Migration, and Multiculturalism in the German-
speaking World, 2018, 11.2, pp. 21-53, [Link]
Ver también mi artículo en inglés sobre la Historia Indiana de Federmann Giovanna
Montenegro, “Conquistadors and Indians ‘Fail’ at Gift Exchange: An Analysis of
Nikolaus Federmann’s Indianische Historia (Haguenau, 1557)”, Modern Language
Notes, 2017, 132, pp. 272-290,[Link]
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
Friede debió aplicar el mismo criterio que pide se aplique a los cronistas
coloniales de Venezuela que, o denigraron de Federmann o simplemente
no lo mencionaron; nos referimos a Aguado, Simón, Castellanos y Oviedo
y Baños”.7 Las tácticas de conquista de Federmann descritas en la
Historia Indiana, que incluyen intercambios de regalos, son más veneno
(en el sentido de la palabra en alemán- das Gift) que benévolas. Aquí
me dedico a los cronistas. Comienzo así con un análisis del género de
la crónica como parte del corpus histórico-literario del mundo hispano
colonial, distinto al de la literatura de viaje.
La primera obra que analizaré es la de Gonzalo Fernández de Oviedo
y su Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar
océano (1535) para introducir la primera relación casi inmediata de la
conquista de la provincia de Venezuela. Mientras Fernández de Oviedo 193
es neutral con respecto a los Welser, excepto con el conquistador alemán
Federmann a quien considera como desleal, Bartolomé de Las Casas ofrece
una relación muy crítica de todos los conquistadores en su Brevísima
relación de la destrucción de las Indias (1555) y ataca la supuesta herejía
de los Welser. Para Las Casas, los alemanes en Venezuela eran discípulos
de Lutero quien encarnaba una afición por la violencia y la carnicería.
Por su lado, Castellanos usa el género del poema épico en su Elegía de
varones ilustres de indias −escrita entre 1578-1601−, a la manera de la
Odisea, la Eneida, o la Araucana de Alonso de Ercilla (1569,1578, 1589),
7
Lemmo, Historiografía colonial de Venezuela, p. 67. También por la Biblioteca de la
Academia Nacional de la Historia, ver: Joaquín Gabaldón Márquez, Descubrimiento
y conquista de Venezuela (Textos históricos contemporáneos y documentos
fundamentales), 2 vols. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1962. El segundo
volumen contiene la Historia Indiana de Federmann traducida del alemán por Juan
Friede de forma que remplazaba la versión en castellano del doctor Pedro Manuel
Arcaya, Narración del primer viaje de Federmann a Venezuela. Caracas: Lit. y Tip. del
Comercio, 1916. Esa fue traducida de la versión francesa de Henri Ternaux, Voyages,
relations et mémoires originaux pour servir à l’histoire de la découverte de l’Amérique,
publiés pour la première fois en français: Narration du Premier Voyage de Nicolas
Federmann le Jeune, d’Ulm (1557). París: Arthus Bertrand, 1837. Esta versión de Arcaya
también fue reeditada, ver Nélida Orfila, Viaje a las Indias del Mar Océano. Buenos
Aires: Editorial Nova, 1945.
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para darnos un elogio de los conquistadores y gobernantes Welser como
Federmann. Después, el fraile Franciscano, Fray Pedro Aguado (1538-
1609), añade un tono religioso a su historia moral, la Recopilación
historial de Venezuela (escrita alrededor de 1570). Él insiste en la tarea
misionera de los españoles de salvar almas, es decir, que para Aguado
los alemanes son simples agentes imperiales de la corona que utiliza
españoles y alemanes que tienen la misma visión. Para Aguado la patria
asume la responsabilidad de la conquista religiosa; la nación y la iglesia
católica tienen que colaborar en el proyecto de salvar las almas de los
pueblos indígenas. Finalmente, José de Oviedo y Baños (1671-1738) y su
Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela −escrita
entre 1705-1723− continúa este juego intertextual de los cronistas que ya
habían escrito sobre la región, pero lo enmarca en un cuadro diferente
194 que ilustra una identidad que nace como criolla y venezolana.
La obra de Oviedo y Baños contiene el tropo del romance de la
conquista. Para la mayor parte de los cronistas antes de Oviedo y Baños,
los alemanes solo saquearon y violaron a la tierra. La mayor parte de los
cronistas sí está fundamentalmente de acuerdo en que los alemanes sí
tenían el derecho de poseer a la tierra. Sin embargo, la crítica que ofrecen
es que, en vez de poblar y edificar colonias, solo saquearon al territorio
sucesivamente. Para los cronistas, la legalidad de la posesión no era
importante pero el modo de la ejecución sí lo era. Además, sus “testimonios
de vista” les permite escribir sobre sus encuentros personales con varios
gobernadores alemanes.
El género de la crónica: definiciones y ejemplos
Hay muchos ejemplos y géneros que constituyen el canon de literatura
colonial latinoamericana. Por ejemplo, Rolena Adorno arguye que el
campo de literatura colonial latinoamericana es un término equivocado.8
Rolena Adorno, Colonial Latin American Literature: A Very Short Introduction.
8
New York: Oxford University Press, 2011, p. 1.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
“Colonial” se refiere a más de 300 años de dominación española en el
continente americano y América Latina aparece como una expresión
después de la independencia para referirse a las nuevas naciones que
tenían orígenes latinas.9 Finalmente, Adorno mantiene que antes de que
“literatura” fuese un término en el siglo XVIII, muchos autores escribieron
sobre la historia de la región y fenómenos de la naturaleza a través de
varios géneros literarios para describir a las Américas y distinguieron
entre escribir “historias verdaderas” y “romances de caballería ficticios”.10
Muchos de los géneros usados eran narraciones de viajes, cartas, y
documentos legales que historiadores coloniales y académicos en el campo
de la literatura usan como fuentes para reconstruir tendencias literarias e
históricas. También, en un ensayo de 1982, Walter Mignolo categorizó los
varios tipos de textos culturales que emergieron en el canon colonial. Él los
clasifica como cartas relatorías, relaciones y crónicas. Según Mignolo las
195
cartas relatorías detallan un evento específico (como las misivas famosas
escritas por Hernán Cortés y Cristóbal Colón).11 Mignolo señala que las
relaciones y las cartas fueron escritas para informar a las autoridades
políticas en España sobre los eventos que ocurrieron durante los viajes a
las Indias. Los autores no tenían intención de convertirlos en documentos
destinados para la imprenta. Si estos textos fueron después apropiados
por el canon literario o histórico, fue por un resultado epistemológico.
Textos que, considerados como poseedores de algunas calidades literarias
o históricas aunque el intento literario estuviera ausente en la producción
inicial de estos discursos, fueron canonizados por su específica relevancia
estética o histórica.12 Mignolo nos hace recordar que los Reyes Católicos
le dieron a Colón instrucciones explícitas de escribir una relación sobre
9
Adorno, Colonial Latin American Literature, p. 1.
10
Adorno, Colonial Latin American Literature, pp. 1-2.
11
Walter Mignolo,“Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista”
en Historia de la literatura hispanoamericana: Época Colonial, tomo I, Ed. Luis Iñigo
Madrigal. Madrid: Ediciones Cátedra, 1982, pp. 57-116.
12
Mignolo, “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista”, p. 59.
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las islas y gente que “encontró” durante su cuarto viaje a las Indias,
motivándolo así a que escribiera la carta que se volvió tan famosa.
Igualmente, las inscripciones de parte de Federmann en la Indianische
Historia revelan que un escribano público español escribió todo lo que
pasó en las Indias porque la costumbre administrativa le ordenaba a sus
sujetos de transcribir todo lo que ocurría. Era un perfecto ejemplo del
sistema administrativo español que requería registros oficiales de cada
expedición.
Mignolo, cuando discute el género de la crónica, se refiere al término
griego Historia, que implica la importancia de “ver” y ser “testigo”. De
otro lado, como historia no tenía en ese tiempo ese aspecto temporal que
le atribuimos hoy en día, escritores españoles usaron la palabra “crónica”
196 para referirse a textos que detallan el pasado o el presente usando una
estructura temporal: “Más que relato o descripción la crónica, en su sentido
medieval, es una ‘lista’ organizada sobre las fechas de los acontecimientos
que se desean conservar en la memoria”.13 Los dos términos crónica e
historia suelen usarse de manera intercambiable en la época colonial.
Pedro Cieza de León y Bartolomé de las Casas, por ejemplo, emplearon el
término crónica para referirse a una historia. El prólogo de la Historia de
las Indias de Bartolomé de Las Casas −escrita entre 1527 y 1559− explica
por qué escribió una crónica después de citar a historiógrafos griegos y
romanos.14 Así el mencionado propósito de escribir historia por parte del
autor es parte de la diferencia entre la crónica y la carta relatoría. El
prólogo de Las Casas detalla su intención de dar un verdadero testimonio
a la corona española desde la perspectiva de alguien que había estado
allí, es decir, de un testigo presencial. La Corona necesitaba alguien en
quien pudiera confiar y esa persona debía de pertenecer a un círculo de
hombres letrados. Las Casas escribe: “Tampoco conviene a todo género
Mignolo, “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista,” p. 75.
13
Mignolo, “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista,” p. 77.
14
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
de personas de ocuparse con tal ejercicio [. . .] sino a varones escogidos,
doctos, prudentes, filósofos, perspícacisimos, espirituales, y dedicados
al culto divino como antes eran y hoy lo son los sabios sacerdotes”.15
También la obra de Lemmo previamente discutida, Historiografía
colonial de Venezuela, que debería haber sido más difundida por sus
importantes puntos teóricos sobre la historiografía, recomienda tomar
varias precauciones en los estudios de las crónicas coloniales como, por
ejemplo, el ámbito o momento histórico del autor y la participación o no
del autor en los hechos que narra. Incluyo en esta tabla (abajo) el esquema
de Lemmo que puede aún servirnos para analizar las crónicas que tratan
el tema de la gobernación de los Welser. Como escribió John Lombardi en
su reseña del libro:16 Lemmo nos brindó una mirada a la complicada red
entre los cronistas, los historiadores y sus fuentes aunque, como lamentó 197
Lombardi, quizás por la erudición de Lemmo, también no resultó ser una
versión más universal.17
Tabla nº1
Consideraciones para analizar crónica coloniales
Esquema de angelina Lemmo
1) El ámbito o momento histórico del autor
2) La participación o no del autor en los hechos que narra
3) La finalidad que tuvo el autor para redactar su obra
4) La posibilidad de cotejo de testimonio
5) La valoración del testimonio mediante calificación del testigo
6) Diferenciar entre el valor científico y el valor artístico de la historiografía
15
Bartolomé de Las Casas, Historia de la Indias, ed. Agustín Millares. México: FCE, p.
6 citado en Mignolo, “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista”,
p. 78.
16
John V. Lombardi, Reseña de Historiografía colonial de Venezuela, por Angelina
Lemmo, The Hispanic American Historical Review, 1979, vol. 59, nº 4, pp. 723–724,
JSTOR, [Link]/stable/2514086.
17
Lombardi, Reseña de Historiografía colonial de Venezuela, por Angelina Lemmo,
p. 723.
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Otras consideraciones para analizar crónicas coloniales
Los trabajos de carácter especial acerca de autores específicos
Los trabajos de carácter general en torno a un grupo de autores
Distinguir entre los trabajos de carácter especial acerca de autores
específicos y los trabajos de carácter general en torno a un grupo de autores
Eludir a “la historia de la literatura”
Diferenciar entre el trabajo propiamente crítico y científico y el de
compilación incoherente
Tomar conciencia del pensamiento histórico, desde la recolección de materiales o
heurística hasta la comprensión de los mismos
Pensar en la distinción entre historia y filosofía o erudición
La importancia de la teoría y del pensamiento histórico de los autores
Fuente: adaptación de la lista completa de Lemmo en su Historiografía colonial de
Venezuela, Caracas, 1983, pp.152-154.
198
Siglo XVI: Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557)
y Bartolomé de Las Casas (1484-1566)
Gonzalo Fernández de Oviedo, en la Historia General de las Indias,
describe a los Welser con alabanzas, por lo menos a Ehinger aunque
es mucho más crítico cuando se refiere a Federmann.18 Escribe que
Ambrosius Ehinger, el primer gobernador alemán enviado por los
Welser, era un “gentil hombre alemán” y “hombre bien hablado y buena
persona”. Fernández de Oviedo se refiere a toda la empresa alemana en
las Indias como una concesión otorgada a los Welser por el emperador
Carlos V. En este sentido, la gobernación de los Welser le sirvió más que
todo al emperador, pues la autorización para gobernar incluía demasiadas
limitaciones:
La Cesárea Majestad del Emperador Rey don Carlos, nuestro
señor, teniéndose por servido de la gran compañia que llaman
de los alemanes Velzares, les concedió el cargo de la gobernación
Las fechas que Fernández de Oviedo trata en su obra son entre 1478-1557. La primera
18
parte fue publicada en 1535 mientras que la primera edición completa no fue publicada
hasta 1851-1855.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
de la provincia e golfo de Venezuela, en la Tierra Firme, so
ciertos límites e condiciones.19
Fernández de Oviedo explica que el Emperador le había otorgado
a los Welser el derecho de servirlo con la gobernación de la provincia,
pero Fernández de Oviedo reconocía que intereses españoles restringían
a esta empresa alemana.
Por otro lado, Bartolomé de Las Casas cuenta algo diferente en su
Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1555), un resumen
de su Historia de la destrucción de las Indias que no fue publicada en
su totalidad hasta 1821. Escrita para que el monarca español supiera de
los abusos de los españoles con los indios, la relación de Las Casas fue
la primera crítica interna de la conquista del Nuevo Mundo. Aunque la
crítica está dirigida a todos los conquistadores, Las Casas desaprueba
199
aún más a los alemanes. Sobre los Welser escribe:
En el año de mil y quinientos y veinte y seis, con engaños y
persuasiones dañosas que se hicieron al rey nuestro señor,
como siempre se ha trabajado de le encubrir la verdad de los
daños y perdicciones que Dios y las ánimas y su estado recebían
en aquellas Indias, dio y concedió un gran reino, mucho mayor
que toda España, que es el de Venezuela, con la gobernación
y jurisdición total, a los mercaderes de Alemaña, con cierta
capitulación y con cierto o asiento que con ellos se hizo.20
En contraste con Fernández de Oviedo, Las Casas afirma que el
gobierno alemán en Venezuela es resultado de una trampa, simplemente
estafaron al rey (Carlos V). Claro que Las Casas no escribe sobre todos
los préstamos que las casas de contratación de los Welser y los Fugger
le hicieron a Carlos V que quizá le ayudaron asumir el puesto de
19
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las Indias,
Ed. Juan Pérez de Tudela Bueso, 5 vols.. Madrid: Ediciones Atlas, 1959, vol. III, p. 7.
20
Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Madrid:
Alianza, 2005, p. 142.
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emperador.21 Para Las Casas, la responsabilidad de Carlos V queda en que
ignoró el peligro de un mandato alemán en las Indias. De todos modos,
Las Casas representa a todos los conquistadores como mentirosos en sus
intenciones de ganar la merced del rey para poder continuar masacrando
a indígenas sin ninguna intervención de la corona española. Sin embargo,
la crítica de Las Casas sobre las acciones del emperador, que resultó en
la capitulación y transferencia del territorio venezolano a los Welser,
enfatiza la amenaza que el protestantismo generaba para España. Así
que Las Casas hace una conexión explícita entre la herejía luterana y la
crueldad extrema de los conquistadores alemanes. Las Casas enfatiza
que los predadores más feroces del reino animal (es decir, los alemanes)
invadieron a las Indias:
200 Entraron en ellas, más pienso sin comparación cruelmente que
ningunos de los otros tiranos que hemos dicho y más irracional
y furiosamente crudelísimos tigres que rabiosos lobos y leones.22
Las Casas compara a los alemanes con tigres crueles, rabiosos
lobos y leones y, otras veces, con “demones incarnados” para enfatizar
la deshumanización de los conquistadores y cómo fueron endemoniados
en el proceso.23 Los Welser son incomparables en su destrucción, tortura,
y aniquilación de las naciones indígenas que son “gentes mansísimas
ovejas”.24 La representación de los Welser como demonios predadores
con poderes sobrenaturales también aparece en su relato de cómo los
Welser estafaron al emperador Carlos V para que les diera la capitulación
para gobernar la provincia; incluso se ve su punto de vista anti-alemán
cuando describe la conquista de Venezuela como un acto de brutalidad
alemana:
21
Para aprender más sobre esta historia económica, ver Ramón Carande Thobar,
Carlos V y sus banqueros, 1949, 2ª. ed., 3 vols. Madrid: Sociedad de estudios y
publicaciones, 1965.
22
Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, p. 142.
23
Ídem.
24
Ídem.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
[...] Porque con mayor ansia y ceguedad rabiosa de avaricia, y
más exquisitas maneras e industrias para haber y robar plata
y oro que todos los de antes, propuesto todo temor a Dios y al
rey y vergüenza de las gentes, olvidados que eran hombres
mortales, como más libertados, poseyendo toda la jurisdicción
de la tierra, tuvieron.25
Los alemanes usan su astucia y engaño para obtener la capitulación y
para extraer recursos minerales, “plata y oro”, de la provincia venezolana.
El lingote de oro que financió las guerras europeas del emperador Carlos
V, se originaría en parte de los Welser. Ciertamente en el texto de Las
Casas, la avaricia y la sed insaciable por el oro, conduce a los Welser a
transformarse en tigres, leones, lobos hambrientos y demonios crueles.
Los alemanes no solo son representados de esa manera bestial,
sino también como personajes que abandonan su fe católica a favor del 201
protestantismo. Las Casas llama a Ehinger “tirano” −a quien no nombra,
pero podemos asumir que es él porque sí se refiere a Ehinger como el
primer gobernador alemán−; sin embargo, también piensa que Ehinger
es “hereje, porque ni oía misa ni la dejaba de oír a muchos, con otros
indicios de luterano que se le conocieron”.26 Las Casas conecta la herejía
con la carnicería de los alemanes. Por ejemplo, detalla un episodio cruel
cuando Ehinger ordena a sus soldados a que atrapen a un grupo de indios
en un corral: los que no podían pagar su rescate se murieron de hambre.
Ehinger es entonces el “tirano infernal”, quien masacra a todos, despuebla
el territorio y quema lo que había sido un paraíso fértil.27
En resumen, la xenofobia y el anti-luteranismo de Las Casas
informan sus descripciones de todos los aspectos de la crueldad alemana.
Por ejemplo, muchos indios mueren por las heridas infligidas por “tan
extraño y pestilencial cuchillo”,28 destacando así el extraño origen de los
25
Mi énfasis, Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, p. 142.
26
Ibídem, p. 144.
27
Ibídem, p. 145.
28
Ibídem, p. 142.
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perpetradores de esta malvada violencia. Finalmente, a través del lenguaje,
Las Casas enfatiza la transformación entre animal y humano con su juego
de palabras “alemanes” o “animales”. Esta deshumanización marca
una rara instancia en las relaciones coloniales donde el conquistador
se convierte en animal y los conquistados se convierten en hombres.
Podemos comparar el estado salvaje de los “alemanes/animales” al
hambre del caníbal, es decir, que la violencia y hambre que experimenta el
cuerpo indígena por estar sujeto a una maldad extrema hace que veamos
a los alemanes como más salvajes que los caníbales.
El hambre por el oro impulsa la violencia de los alemanes y su acto
de devorar todo lo que enfrentan, incluyendo los cuerpos de los nativos.
Para Las Casas, los herejes alemanes merecían un castigo parecido a los
herejes en España. No solo violaron un comportamiento católico; pero,
202 para Las Casas, la nacionalidad de los alemanes Welser causaba que
fueran aún más herejes y dispuestos a la crueldad. Le tocó a otro poeta
histórico construir una imagen de los Welser más halagadora.
Juan de Castellanos (1522-1606)
Juan de Castellanos, autor de las Elegías de varones Ilustres de Indias,
fue criticado por escribir una crónica en ottava rima en vez de un poema
épico.29 El poema de Castellanos trata el período entre 1522 hasta 1560.
La primera parte fue publicada en 1589. La segunda y tercera parte fueron
escritas entre 1584-1601 aunque no serían publicadas sino hasta 1847.
De acuerdo a Mignolo, entre 1543-1592 es la época en que se observa
la influencia del siglo de oro en la historiografía; hay un impulso por
descubrir hechos, pero también de jugar con varios géneros literarios.30
Esta fue la misma época cuando Alonso de Ercilla escribió su célebre poema
épico La Araucana, en el cual detalló la conquista de los Patagones en
Chile (1569). La recepción de la obra de Castellanos estuvo caracterizada
29
Juan de Castellanos, Elegía de varones ilustres de las Indias, ed. Isaac J. Pardo,
Caracas: Academia nacional de la historia, 1962.
30
Mignolo, “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista,” p. 104.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
por un debate sobre los méritos de varios géneros literarios, incluyendo
la poesía, pues Castellanos primero escribió su poema en prosa para
después versificarla en ottava rima, un estilo poético del renacimiento
italiano usado por escritores como Giovanni Bocaccio y Ludovico Ariosto
para largos poemas narrativos y épicas.31
Isaac J. Pardo en su estudio preliminar sobre la recepción de las
Elegías escribe que, según críticos contemporáneos de Castellanos como
Jiménez de Espada, la obra poética no tenía valor histórico.32 Como explica
María Lourdes de Peguero Mills, después de que la primera parte de su
poema fuese publicado en 1589 hubo más de tres siglos de silencio sobre
su obra hasta que se publicaron las cuatro partes del poema en 1847.33
Luego, en el siglo XX, se publicaron ediciones fragmentarias hasta que
una edición completa fue hecha en Bogotá en 1997 (Ed. Rivas Moreno).
Actualmente con la obra de Luis Fernández Restrepo y Emiro Martínez
203
Osorio la obra se ha llegado a conocer más.
La representación de Los Welser por Castellanos imita a un género
de poesía épica heroica que celebra a todos los conquistadores alemanes:
Federmann, Ehinger, Bartholomaus Welser Jr. y Philipp von Hutten
fueron los héroes responsables de la conquista:
31
Ver Maria de Lourdes Peguero Mills, “Juan de Castellanos’ ‘Elegies’ and Alonso
de Ercilla’s ‘Araucana’: A comparative analysis”. Tesis doctoral, Universidad de
Minnesota, 2008, p. 16: Peguero Mills en su tesis doctoral sobre Ercilla y Castellanos,
ve a Castellanos como adherente a una interpretación de la historia providencial. Ver
también Luis Fernández Restrepo, Un nuevo reino imaginado: las elegías de varones
ilustres de Indias de Juan de Castellanos. Santafé de Bogotá: Instituto Colombiano de
Cultura Hispánica, 1999; en el capítulo 2 el autor lee a las Elegías como representativa
de una época de crisis en España en el siglo XVI.
Ver Emiro Martínez Osorio, Authority, Piracy, and Captivity in Colonial Spanish
American Writing: Juan De Castellanos’s Elegies of Illustrious Men of the Indies.
Lewisburg: Bucknell University Press, 2016, p. xiv y p. 21; Martínez Osorio interpreta la
decisión de Castellanos por el género de la poesía, como una decisión consciente pues
le daría más libertad de los censores, aun si él era pro-conquista y pro-encomendero.
32
Isaac J. Pardo, ed. Juan de Castellanos: Elegía de varones ilustres de las Indias.
Caracas: Academia nacional de la historia, 1962, p. LXXIV.
33
Peguero Mills, “Juan de Castellanos’ ‘Elegies’ and Alonso de Ercilla’s ‘Araucana’: A
comparative analysis”, p. 3.
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[...] Cuando vinieron por los alemanes
Lucidos y valientes capitanes.
Fueron soldados mas de setecientos.
En militares artes instruidos,
Copia de belicosos instrumentos
De que todos venían proveidos;
Lucian varïados ornamentos
De las bélicas trompetas dan clamores,
Suenan incitativos a tambores.34
Castellanos aumenta el número de tropas a 700, aunque seguro que
habían menos de 300, y enfatiza el poder militar a través de las armas de
fuego que llevaban. Para Castellanos, Ambrosius Ehinger era un líder y
un hombre educado:
Micer Ambrosio Alfinger los regia,/
204 Persona bien nacida y eminente, /
Y cuya discrecion y cortesia,/
Se puede bien decir excelente [...].35
El “buen” Philipp von Hutten derrama su sangre en tierra
venezolana con Bartholomé Berzar (Bartholomaus Welser, VI) a quien
Castellanos llama “pujante”, pero también se refiere a él como “falto y
ajeno de ventura” cuando reseña su ejecución al lado de Von Hutten por
Juan Carvajal en territorio venezolano.36
Castellanos también nos ofrece una descripción favorable de
Nikolaus Federmann:
“Hombre de entendimiento peregrino, /
Capitán admirable y escelente; /
Pues en cualquier rigor de este camino /
Ninguno mas sagaz y diligente:/
Del valor de los cuales, Dios mediante,/
Diremos grandes cosas adelante”.37
34
Castellanos, Elegía de varones ilustres de las Indias, I “Canto Primero”, p. 177.
35
Ídem
36
Ídem.
37
Ídem.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
Después Federmann es “brioso/ Y ambicioso varon de su cosecha”,
especialmente cuando lucha por el puesto de teniente.38
También vemos que las palabras de Castellanos sobre los
conquistadores alemanes destacan la creencia en la providencia
divina, es decir, que Castellanos cree que el proyecto de la conquista
española imperial fue legítimo y por voluntad de Dios. El vocabulario
que Castellanos usa para describir a Federmann, “caudillo de salvajes”
y sus antagonistas indígenas como “bárbaros compuestos”, revela su
perspectiva de la relación entre Federmann como un “alemán bueno” y
los indígenas con quienes se enfrentó.39 En uno de los fragmentos más
impactantes, Federmann y sus hombres encuentran a un pueblo de
chipas, “gente brava, feroz y carnicera” que invitan a Federmann y a sus
hombres a comer carne que acababan de asar. En esta cita escalofriante, 205
Castellanos explica cómo reaccionan los soldados cuando se dieron
cuenta que acababan de comer carne humana asada:
Carne hallan asada los cristianos:
Comieron sin que sepan de quién era;
Mas ojos propios los hicieron ciertos,
Hallando piés y manos de hombres muertos.
Luego vereis estar imaginando:
Unos que ven y no quieren creelo,
Otros en otra parte basqueando,
Otros para bosar mover el cuello,
Otros meter los dedos para ello,
Otros quisieran con aquellas sañas
Abrirse con sus manos las entrañas.40
Otras narraciones no mencionan este episodio de canibalismo que
representa el asco y el tabú de comer carne humana para los cristianos,
que también es un tropo de la narración de la conquista de América y el
38
Ibídem, p. 191.
39
Ibídem, p. 195.
40
Ibídem, p. 196.
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encuentro entre europeos con pueblos indígenas. Así es que Castellanos
universaliza la experiencia del cristiano europeo contra el otro, es decir,
el indio. Federmann junto con otras figuras importantes participan en el
proyecto de la conquista: hacen paz y guerra, y sienten hambre y asco de
su propio consumo de carne humana. Al final, Castellanos fue uno de los
cronistas que vio a los alemanes no como simples luteranos, sino también
como unidos con sus compañeros españoles, entusiastas de ganar gloria
para la corona del imperio español: Ellos sufrieron juntos pero también
consiguieron tesoros juntos en el vasto territorio venezolano.41 Esta
camaradería entre los alemanes y los españoles en la obra de Castellanos
es diferente de la crónica eclesiástica autorizada por fray Pedro de Aguado
que fue más evangelizadora incluso en su misión historiográfica.
206
Fray Pedro Aguado (1538-1609)
Fray Pedro de Aguado (1513 o 1538- c.1600) fue el fraile franciscano que
ha sido llamado el cronista olvidado de Venezuela y Nueva Granada. Su
crónica, la Recopilación Historial de Venezuela, fue escrita alrededor en
1581. Aguado no pudo publicar su manuscrito durante su vida y pasaron
más de tres siglos hasta que los primeros nueve volúmenes del primer
tomo fueran publicado en Bogotá en 1906. En 1913 el primer tomo fue
publicado con el título de Historia de Venezuela “bajo la inspección
de la mencionada Academia, por disposición del Gobierno del General
Juan Vicente Gómez, fue copiada del manuscrito original que existe en la
De hecho, las entradas de Federmann y otros conquistadores sobre las cuales
41
Castellanos escribió inspiraron a Marco Aurelio Vila a estudiar la geografía venezolana
recontada en Elegías. Ver Marco Aurelio VILA, La Venezuela que conoció Juan de
Castellanos Siglo XVI (Notas geográficas). Caracas: Academia Nacional de Historia,
1998. También ver el artículo de Luis Fernández Restrepo, “Sacred and Imperial
Topographies in Juan De Castellanos’ Elegías de varones ilustres de indias”, en
Mapping Colonial Spanish America: Places and Commonplaces of Identity, Culture,
and Experience. Lewisburg: Bucknell UP, 2002, pp. 84-101. Restrepo trata la integración
de espacios indígenas en la cosmografía de Castellanos. De acuerdo a Restrepo “A través
de la narración del peregrinaje, las Elegías inscriben a territorios indios con teleología
cristiana y la tutela imperial”, p. 85.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
Historia de Madrid por Rafael Andrés y Alonso, Archivista Paleógrafo”.42
En 1916 Jerónimo Becker publicó las dos partes del manuscrito en la
Colección Muñoz en Madrid. La obra fue dividida en dos volúmenes: el
primero se enfoca sobre Nueva Granada, y el segundo sobre la provincia
de Venezuela.43 La estructura sigue a otras crónicas: contiene el prólogo,
la “dedicatoria al Rey” y la licencia para publicar. Así que Aguado está
centrado en una tradición confesional que prioriza la verdad de su
testimonio de primera mano. En la dedicación al rey asegura que “[ha]
visto con los ojos y tocado con las manos” y privilegia su posición “por
haber sido testigo de vista”.44 Además, es “cristiano y fiel servidor de
V.M.” quien, convirtiendo a los indios “que como bestias vivían”, resalta
su rol de evangelizador estricto.45 Reconoce el fervor católico de Felipe II:
[...] porque en el discurso de quince años, los mejores de mi vida, 207
que me emplée en la predicación y conversión de los idólatras,
que como bestias vivían en el Nuevo Reyno de aquellas Indias
en servicio del demonio, entendí por muchas cédulas que vi
de V. M. el celo que tiene tan católico del aprovechamiento y
conversión de aquellas animas.46
Es durante la administración de Felipe II en las Indias que terminaría
con la “multiplicación de los cristianos y aumento de la Iglesia”.47
42
Aguado, Academia Nacional de la Historia. Caracas: Imprenta Nacional, tomo I,
1913; tomo II, 1915.
43
Para más información sobre las varias ediciones de Aguado ver Guillermo Morón
“Prólogo”, en Fray Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela. Caracas: Biblioteca
Ayacucho, 1992, esp. p. xxix.
Aunque podría haber incluido esta obra publicada en Cuenca, 1627 (aunque la segunda
y tercera parte permanecieron inéditas y no se publicarían hasta el siglo XIX), Simón
tomó mucha libertad en copiar los datos del manuscrito de Aguado como lo había escrito
Saignes. Ver Miguel Acosta Saignes, Historiografía de Venezuela: Aguado y Simón,
Caracas, Venezuela, Ministerio de Educación Nacional, 1949.
44
Aguado, Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de Venezuela, vol. 1, 2 vols.
Caracas: Academia Nacional de Historia, 1987, pp. 3-4.
45
Ídem.
46
Ídem.
47
Aguado, Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de Venezuela, p. 9.
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Claramente, Fray Pedro Aguado interpreta la barbaridad de los indios
desde una perspectiva cristiana y franciscana. Además, desde el principio
toma una perspectiva pro-española que critica a la administración de
los Welser, pero también a las leyes implementadas por el emperador
Carlos V, en su rol como monarca español, porque favorecía problemas
europeos en vez de problemas españoles. Aguado describe la situación
en la cual España y el Sacro Imperio Romano Germánico se encontraban
cuando Carlos V le otorgó la provincia de Venezuela a los Welser. Aguado
se refiere a un punto clave de la Reforma Protestante: la Dieta de Worms
de 1521, una asamblea de los príncipes del Imperio durante la cual el
emperador se dirigió a los seguidores de Martín Lutero y su Reforma
Protestante. Como Aguado explica, el rey había regresado de Worms:
208 [...] donde había estado algunos días procurando mitigar y
apagar las perniciosas centellas y aun abrasadoras llamas que
Lutero, el año atrás de veinte y uno derramaba y sembraba
entre aquellas gentes, y su venida fue a dar asiento de todo
punto a las cosas del gobierno de los españoles, los cuales
habían estado fuera de tranquilidad y asiento que aquel reino
suele tener, por causa de las Comunidades y alteraciones que el
mismo año de veinte y uno se habían engendrado entre ellos, por
las opresiones y molestias que ciertos gobernadores extranjeros
que el emperador había dejado les hacían.48
No obstante que Aguado aplaude al emperador y su trabajo
en la asamblea imperial de Worms, donde Carlos V prohibió apoyo
público para la causa luterana, declaró a Lutero un hereje y ofreció una
recompensa por su cabeza, le critica su política pro-imperial porque no era
suficientemente española. Se refiere así a la Guerra de las Comunidades
de Castilla entre 1520-1522 cuando los comuneros de clases sociales
señoriales y la burguesía se rebelaron contra Carlos I por el tema del
desvío de los impuestos y por su mandato anti-castellano y pro-imperio.49
Aguado, Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de Venezuela, pp. 29-30.
48
Ver el libro de Stephen Haliczer, Los Comuneros de Castilla: La Forja de Una
49
Revolución 1475-1521. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1987.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
Aguado explica que fue por la situación económica precaria de
España o su “falta de dineros”, que el emperador concedió el territorio de
Venezuela a los Welsers.50 Los Welsers en sí son famosos por “las grandes
contrataciones de mercaduría que en muchas partes del mundo tenían”.51
De acuerdo con Aguado, fue después de que los Welser escucharon las
noticias de las riquezas legendarias de la tierra venezolana, que le hicieron
la propuesta a Carlos V para gobernarla. Mientras Aguado sigue la línea
de Fernández de Oviedo y Las Casas en destacar la avaricia de los Welser
de querer conquistarla, también advierte contra un mandato alemán
en España y sus colonias. Ese tipo de mandato extranjero era peligroso
para el proyecto español y nacional dinástico-político Habsburgo y el
dominio católico espiritual. La amenaza de Martín Lutero informó la
recomendación de Aguado sobre el futuro espiritual y la conquista de
Venezuela.
209
En el “prólogo al lector”, Aguado, intentando reclutar a posibles
colonos, promueve las riquezas que se encuentran en el Nuevo Mundo
(oro, esmeraldas y otras piedras preciosas), además de las almas que
necesitaban ser convertidas a la fe católica: “Todo esto he dicho para que
a los que no llevare en aquella tierra el deseo de ocuparse en la conversión
de los infieles, los lleve la codicia de los bienes”.52 Aquí, la conversión de
los indígenas resulta en claros beneficios económicos. Además, Aguado
hasta afirma que el deseo de los posibles colonos españoles para conseguir
riquezas es equitativamente convincente e importante. Mientras que
Aguado encuentra la codicia alemana problemática, la de los futuros
colonos es justificada porque ofrece una forma para convertir a los
indígenas a la fe católica. La valorización de la codicia por Aguado está
claramente conectada a su nacionalismo español. En su prólogo, Aguado
enfatiza la importancia del trabajo heroico de muchos españoles en las
50
Aguado, Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de Venezuela, p. 30.
51
Ídem.
52
Íbidem pp. 9-10.
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Indias, es decir: “los hechos y obras tan heroicas de nuestros naturales
españoles” y “los muchos trabajos, hambres y muertes que nuestros
españoles pasaron”.53
Sus motivaciones en escribir esta historia, como explica en su
“prólogo al lector”, son su amor por su patria, su voluntad de formar
parte de un conjunto de obras sobre la historia moral, y salvar las almas
de los indios de las garras del demonio.54 Anticipando críticas a su
autoridad, Aguado escribe que son precisamente su hábito de fraile y su
trabajo de cada día en una tierra llena de prácticas idólatras, los que le
dan la licencia para escribir; la patria que, “como madre”, trata de salvar
las almas de los indígenas lo lleva a escribir.55 Aguado también usa la
metáfora de la iglesia como madre cuando se refiere al fraile franciscano
que acompañó a Jiménez de Quesada por el Nuevo Reino, por el Dorado,
210 para convertir almas “y dar a la Iglesia nuestra madre nuevos hijos”.56
Aguado se asigna a sí mismo el papel del hijo de España y la Iglesia, que
procura más “niños” para la Iglesia, pelea por los intereses de España,
y categoriza a todo lo que daña a estas instituciones como una amenaza
hacia sus dos madres. No es necesario hacer un estudio psicoanalítico
para comprender que la gobernación de los Welser no entraba en este
triángulo amoroso que desequilibra a esta hegemonía.
En el resumen del segundo libro, Aguado se refiere a Federmann
“al cual revocaron la conducta por quejas que de él hubo”.57 En el
primer capítulo del segundo libro, Federmann aparece como un hombre
calculador, aunque de habla educada y de buenos modales, en su
conspiración de gobernar la provincia de Venezuela que, en el nombre
de los Welser: “procuró a placer y contentar para ganarles la voluntad,
dándoles algunas dádivas de oro del que había llevado”.58 Los Welser,
53
Ibídem, p. 17. Mi énfasis.
54
Ibídem, pp. 6-7.
55
Ibídem, p. 6.
56
Ibídem , p. 8.
57
Ibídem, p. 111.
58
Ibídem, p. 113.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
a su vez, tuvieron una buena impresión: “viendo la plática y suerte de
Federmann, que era muy principal y de su propia nación, y la buena
orden y traza que daba en los negocios del gobierno de aquella tierra”.59
De todos modos, opositores fueron a hablar con los Welser y se quejaron
que no era beneficioso para la compañía contratar a Federmann: “porque
era de ánimo bullicioso y soberbio e intolerable de sufrir, y que con sus
pesadas palabras maltrataba los soldados, y con otros términos muy
extraños e insufribles de que usaba era muy aborrecido de toda la gente
en que la gobernación había, y que lo mismo sería de los que llevase”.60
El resumen de Aguado sobre los rumores que plagaron a Federmann
sugiere que este tenía problemas en su carácter y su trato con otros, lo
que se hacía evidente por sus groserías y mandos. No obstante, Aguado
le da su apoyo a Federmann y lo representa como un hombre que fue
implacablemente atacado por sus rivales. De hecho, Aguado subraya la
211
amistad entre Federmann y Georg Hohermuth von Speyer (conocido
en fuentes españolas como Jorge Espira), el líder alemán a quien las
autoridades españolas finalmente nombran como gobernador con
Federmann como su teniente. El vasto territorio les permitió a ambos
hacer sus propias entradas hacia al interior, lo que aparentemente
funcionó porque “ni hubo entre ellos ningún género de discordia”.61
Las acusaciones equivocadas hacia Federmann y la amistad entre Spire
(Espira) y Federmann hacen que Aguado considere a este último como
un buen hombre; además, Aguado implica que los alemanes incluso sí
se adherían a las reglas morales católicas, especialmente cuando se trató
de un episodio de sodomía en el que los hombres: “fueron castigados y
quemados conforme a las leyes del Reyno”.62
59
Ídem.
60
Ibídem, p. 114.
61
Ídem.
62
Ibídem, p. 115. Ver también Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de
Venezuela, vol. 1, Caracas, Academia Nacional de Historia, 1987, p.130. Miguel
Acosta Saignes en una nota de pie en la edición de Morón (1987) Fray Pedro de
Aguado: Recopilación Historial de Venezuela escribe que esta es una instancia
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El primer capítulo del segundo libro termina con el reconocimiento
de la parte de Aguado sobre su digresión sobre los Welser. Su meta es
escribir sobre el descubrimiento y población de las Indias y no la historia
fuera del imperio o las Indias, pero como su segundo libro narra las
entradas de Federmann y Speyer: “pareciome que también era razón
tratar de sus principios, para más claridad de lo que de ellos tengo
de escribir esta Historia que sea peregrino de las Indias”.63 De hecho,
Aguado dedica la mayor parte de sus dos volúmenes a la gobernación de
los Welser. La nota de Jerónimo Becker sobre la última cita expone lo que
el período Welser significa para los historiógrafos españoles, y quizás,
venezolanos en el siglo XX.64 Becker hace una lista de los hombres que
tomaron parte en las entradas con los Welser; solo aparecen nombres
ilustres de los españoles (no mencionan a ningún alemán) y a sus
212
de la intertextualidad de los cronistas, es decir cómo se copiaban unos a los otros o
por lo menos comentaban la obra de sus predecesores. Específicamente Acosta
Saignes discute cuanto Fray Pedro Simón usó a Aguado, más que todo copiándolo y
apenas añadiendo comentario. Acosta Saignes también pidió una biografía crítica
de Federmann para determinar las fuentes exactas, que no tiene precedencia para la
historiografía venezolana. También lo hace cuando se enfrenta con otro problema sobre
la intertextualidad: Por ejemplo, Castellanos localiza a Federmann en Santo Domingo
cuando Aguado lo encuentra en Cabo de la Vela, p. 130.
Ver también Karen Stolley, Domesticating Empire: Enlightenment in Spanish
America. Nashville: Vanderbilt University Press, 2013, p.183. Ver también Ingrid
Galster, Aguirre o la posteridad arbitraria: la rebelión del conquistador vasco Lope
de Aguirre en historiografía y ficción histórica (1561-1992). Bogotá: Editorial Pontificia
Universidad Javeriana, 2011, pp.192-193. Ambas, Stolley y Galster también discuten el
cargo de plagio contra José de Oviedo y Baños quién usó al texto de Simón y el texto de
Aguado.
63
Fray Pedro Aguado, Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de Venezuela,
pp. 116-117.
64
Jerónimo Becker (1857-1925) fue un historiador y bibliotecario de la Real Academia
de Historia en España, que retomó la leyenda negra contra los Welser y la colonización
española de las Indias en libros como La tradición colonial española. Madrid: 1913 y La
política española en Indias: rectificaciones históricas. Madrid: Jaimer Rates, 1920. En
su prólogo de Aguado sigue lo que yo denomino la versión española de la leyenda negra
alemana, es decir, que los Welser fueron demasiados crueles en su gobernación. Él
explica que la colonización de Venezuela solo siguió después que los Welser se fueron:
“estos gobernadores, si es que merecen este nombre, porque en realidad no fueron más
que unos aventureros de escasos alientos y de mediana fortuna”, p. x.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
descendientes nobles que se convertirían en la clase elite de la sociedad
venezolana. Por ejemplo, Francisco de Graterol es literalmente el “tronco
de ilustres familias”. Continua:
Damián del Barrio, natural del reino del Granada, cuyos
servicios en la América correspondieron á los que antes tenía
obrados en la Europa, habiéndose hallado en la memorable
batalla de Pavía, en el saco de Roma con el duque de Borbón, y
en otras célebres funciones de las de más importancia en aquel
tiempo: descienden de este caballero los Parras, y Castillos de
Barquisimeto; los Silvas de esta ciudad de Santiago, y otras
ilustres familias que tienen su asistencia en la provincia.65
Ciertamente en las interpretaciones españolas y venezolanas,
la expedición de Federmann y de Speyer reaparece como una forma
de recordar los origenes ilustres de caballeros españoles que los 213
acompañaron. Por ejemplo, en esta cita las hazañas pasadas de Del Ba-
rrio en el negocio del imperio Habsburgo, incluyendo la Batalla de Pavia
–donde los Habsburgos derrotaron a tropas francesas– y el saqueo de
Roma –cuando tropas mal pagadas saquearon a la ciudad en este episodio
de triste fama–, señala una conceptualización estratégica de la conquista
de América, es decir, de esa famosa historia imperial y de ese soldado
ilustre descendieron las mejores familias venezolanas. Curiosamente, los
hechos de Del Barrio lo definen como un sujeto y guerrero para el Imperio
Sacro Romano Germano y no solo un mero castellano o extremeño de
España. Este ejemplo de una conciencia nacional después sería seguido
por José de Oviedo y Baños.
José de Oviedo y Baños (1671-1738)
Karen Stolley en su libro Domesticating Empire: Enlightenment in
Spanish America [La domesticación del Imperio: La Ilustración en la
América Hispana] empieza con una pregunta básica: ¿por qué no leemos
65
Aguado, Fray Pedro de Aguado: Recopilación historial de Venezuela, pp. 124-125.
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literatura latinoamericana del siglo XVIII?66 Muchas veces es por saltar
desde la época colonial de los siglos XVI y XVII a la era después de la
independencia en el siglo XIX. Stolley se enfoca en el primer capítulo
de su libro en rescatar el proyecto de José de Oviedo y Baños como un
ejemplo de “domesticar” el Imperio español borbónico después del yugo
de los Habsburgos durante siglos.67 Es decir, la Historia de Oviedo y
Baños trata de “domesticar” el tema de la conquista de Venezuela para
un público local. José Oviedo y Baños (1671-1738) toma otra posición y
se le puede dar crédito en plantar las raíces de una conciencia nacional
venezolana en su Historia de la conquista y población de la provincia
de Venezuela, escrita entre 1705-1723, en la que historió la colonización
de la provincia de Venezuela desde su conquista en el año 1600. Oviedo
y Baños perdura como un escritor importante porque encuadra la
214 historia de la provincia de Venezuela en una perspectiva pro-europea;
aunque de todos modos, el texto con su enfoque en una región geográfica
singular, enraíza una conciencia criolla venezolana que hasta se puede
describir como nacional. Oviedo y Baños, un criollo, resalta el tema de
los conflictos sociales entre los españoles peninsulares y los criollos que
nacieron en las Indias que se consideraban tan españoles como los que
nacieron en España. Es importante considerar la época en la cual él
estaba escribiendo: el virreinato de Nueva Granada fue creado dos veces;
la primera vez entre 1718-1719 y después en 1739. Entonces Oviedo y
Baños estaba escribiendo cuando Venezuela pertenecía aún al virreinato
del Perú con su sede lejana en la capital de Lima mientras que Caracas no
era más que un pueblito en la geografía imperial de la España borbónica.
Quizás para enfatizar la concepción de la subversión americana,
Oviedo y Baños se enfoca en tres acontecimientos o personajes históricos
que pasaron por Venezuela. Estos son: Los Welsers, el Negro Miguel, y
el Tirano Aguirre. Oviedo y Baños nos cuenta sus historias en un estilo
66
Stolley, Domesticating Empire: Enlightenment in Spanish America, p. 1.
67
Ibídem, p. 2.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
narrativo que habla de ellos como “imaginarios”.68 De acuerdo con Eloy
Martínez y Susanna Rotker, esto constituye una genealogía libre de
extranjeros y subversivos. Los Welser, con sus raíces problemáticas por
su posible herejía, amenazan la hegemonía española en las colonias.
Aunque Oviedo y Baños celebra las cualidades de líderes como
Federmann y Hutten, él, igual que Las Casas, es persistente en su
creencia sobre el efecto destructivo del mandato alemán en la provincia
venezolana. La llegada de Juan Pérez de Tolosa marcó el final de una
época fatal para Venezuela.
[...] por haber privado de la administración de ella a los
Belzares, mediante las repetidas quejas y noticias con que
su Majestad se hallaba de los irreparables daños, tiranías y
desórdenes, introducidos con el gobierno alemán, que fueron
tantos que con justa razón dieron motivo para que el Señor 215
Don Fray Bartolomé de las Casas en su libro la Destrucción de
las Indias, llamase a esta provincia infeliz y desgraciada; y lo
fue sin duda, pues si no hubiera padecido la desdicha de haber
estado aquellos dieciocho años sujeta al dominio extranjero,
fuera una de las más opulentas que tuviera la América; porque
en lo dilatado de su distrito, lo fértil de su terreno, lo benigno de
su clima, lo abundante de sus aguas, ni en la conveniencia de
sus puertos hay otra que la iguale, y en la multitud innumerable
de indios que la habitaban hizo ventaja a muchas, aún de las
más pobladas, pero como los alemanes la vieron sin amor,
considerándola como una cosa prestada, ni atendieron a su
conservación, ni procuraron su aumento, pues sólo tiraron a
aprovecharse mientras duraba la ocasión, sin reparar en que
los medios de que se valían para disfrutarla fuesen o no, los
más eficaces para destruirla; pues sin hacer asiento en parte
alguna , ni poblar en tan hermosos países como descubrieron,
llevándolo todo a sangre y fuego, no dejaron cosas que como
fieras desatadas no asolaron; y como el interés principal de su
Tomás Eloy Martinez y Susanna Rotker, “Oviedo y Baños: La fundación literaria
68
de la nacionalidad venezolana”, en José de Oviedo Y Baños, Historia de la conquista
y población de la provincia de Venezuela, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1992, pp. IX-
XLVIII, ver p. XXVII.
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ganancia lo tenía afianzado su codicia en la esclavitud de los
miserables indios, fueron por millares los que sacaron para
vender a los mercaderes que ocurrían a Coro, con el cebo de tan
infame trato; de que resulto despoblarse lo más de la provincia,
porque los indios huyendo de padecer las violencias que
experimentaban en semejantes tiranías, por asegurar la vida y
la libertad, desampararon sus pueblos y se fueron retirando a
lo interior de los Llanos, donde se han quedado hasta el día de
hoy; perdiendo por esta causa tantos vasallos el rey y tantas
almas la iglesia.69
Cito este fragmento porque nos muestra la queja xenofóbica con
que describe la colonia de los Welser. Además, Oviedo y Baños alude
directamente a La brevissima relación de Las Casas cuando habla del
impacto alemán sobre la “infeliz y desgraciada” tierra. También nos da un
216 ejemplo del estilo retórico de Oviedo y Baños que Stolley describe lleno
de “causa y efecto” y de oraciones largas con cláusulas dependientes.70
Lo que tenemos es una lista larga de lo que no hicieron: no poblaron el
lindo y fértil territorio que no tiene comparación alguna, así como lo que
hicieron “sin” amor. Considerando la tierra “una cosa prestada,” es decir,
el conquistador alemán llegó para “violar” a la tierra, aquí representada
con elementos de género femenino. Los alemanes querían “aprovecharse”
de ella para “destruirla.” La feminización de la tierra conquistada no es
una idea nueva y es aquí donde vemos cómo Oviedo y Baños se considera
como un seguidor de Las Casas.
El momento quizás más lascasiano de esta cita es cuando Oviedo y
Baños describe el proceso de conquista de los Welser, nombrados como
“fieras desatadas” “llevándolo todo a sangre y fuego”. Sobre el tema del
pésimo tratamiento de los Welser a los indios, lo que más cuenta al final es
que el rey de España perdió vasallos y la iglesia perdió almas que debían
69
José de Oviedo y Baños, Historia de la conquista y población de la Provincia de
Venezuela, Ed. Tomás Eloy Martínez. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1992, p.108-09.
70
Stolley, Domesticating Empire: Enlightenment in Spanish America, p. 17.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
salvar. Para Oviedo y Baños la historia de los dos siglos de la conquista de
los Habsburgo es barbárica, y lo es más aún cuando se trata de los Welser
quienes representan lo “ajeno”.71
Stolley describe cómo la literatura criolla enmarca algunos de los
temas de la ilustración, pero desde una perspectiva que desborda la
fisura entre colonia y nación. A saber, a través de su análisis de varias
producciones literarias y varios géneros literarios del siglo XVIII, Stolley
analiza lo que quiere decir “domesticar” el imperio español. Stolley usa el
ejemplo de Oviedo y Baños como una crónica que más que todo enmarca
la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela
(1723) en una perspectiva pro-independentista. En vez de los tropos
de la ilustración como la razón, el progreso, la tecnología, la ciencia, la
tolerancia religiosa, Oviedo y Baños domestica lo español para un espacio 217
topográfico venezolano donde la incipiente consciencia venezolana
criolla puede tomar una perspectiva anti-española, anti-alemana, y anti-
colonial. Es decir, a través de la escritura de la historia, Oviedo y Baños
corrige la perspectiva imperialista, la del imperio borbónico español y la
de los administradores Habsburgos alemanes. El uso de Las Casas hace
que Oviedo y Baños provoque la leyenda negra alemana que Las Casas
perpetúa, pero también es a través de Las Casas que Oviedo y Baños puede
construir la idea de un territorio fértil que fue destruido por la codicia
de los alemanes que, además, se aprovecharon de la esclavitud de los
indios para completar su codicia mercantilista y capitalista (ni hablar de
la capitulación que los Welser recibieron para importar a 4.000 esclavos
africanos a Santo Domingo que merecería un estudio entero).72 Esto es
Stolley, Domesticating Empire: Enlightenment in Spanish America, p.16.
71
Ver Juan Friede, “La Introducción de mineros alemanes en América por la Compañía
72
Welser de Augsburgo”, Revista de Historia de América, 1961, nº 51, pp. 99–104. JSTOR,
[Link]/stable/20138395. Ver también Angelina Pollak-Eltz, La esclavitud en
Venezuela: un estudio histórico-cultural. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello,
p. 40. De acuerdo a Pollak-Eltz solo la mitad de los 4,000 esclavos africanos que los
Welser compraron para vender llegaron a Venezuela. Ver también: Emilia Troconis
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importante, porque, incluso desde la perspectiva criolla, Oviedo y Baños
no quiere construir una comunidad utópica; al contrario, es parte de un
círculo de criollos que quería olvidar las injusticias del ámbito colonial
bajo el mandato español bien fuera bajo la dinastía de los Habsburgos
o la de los Borbones. Al final, los criollos querían ser amos de todo el
territorio y su fecundidad.
Conclusión
A partir de mi análisis de los cuatro cronistas, puedo concluir que las
ansiedades con que se hablaba del gobierno “extranjero” de los Welser en
los siglos XVI y XVIII, dictaron que la “herejía y el luteranismo” fueron
responsables de sabotear los intentos de los españoles de colonizar a
218 la provincia de Venezuela. No solo las crónicas nos hacen ver distintas
perspectivas del tratamiento de los indígenas libres y esclavos; también
marginan a los gobernantes Welser como símbolos de la plaga religiosa
del luteranismo que penetró el continente europeo durante la Reforma.
El miedo a la herejía y a los extranjeros por parte de las autoridades
españolas sugieren que la dicotomía entre el barbarismo y la civilización,
tradicionalmente aplicada a la relación entre el indígena de América con
el conquistador europeo, opera aquí para implicar a los gobernantes
alemanes, sospechosos de seguir una confesión distinta.
Este rechazo también tiene implicaciones físicas. Mientras en Las
Casas, los Welser son “Luteranos” y bestias hambrientas, en el siglo
XVIII, en la obra de José de Oviedo y Baños, los deja sin forma corpórea.
Para este último, los Welsers existen como una memoria abominable y
un demonio a exorcizar de la historia venezolana. Nunca formaron parte
de la “sangre” peninsular española que correría por las venas de los
De Veracochea, Documentos para el estudio de los esclavos negros en Venezuela.
Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1969; Miguel Acosta Saignes, Vida de los
esclavos negros en Venezuela. Caracas: Vadell Hermanos, 1984.
GIOVANNA MONTENEGRO La representación de los Welser
en la historiografía colonial venezolana
verdaderos hijos de las Indias de su generación, esto es, de los criollos que
un siglo después se independizarían. Todo esto forma parte de nuestra
historia colonial, que, en la consideración de Caracciolo Parra Pérez, la
capitulación con los Welser no fue nada más ni menos que “un verdadero
contrato de colonización”.73
219
73
[Caracciolo] Parra Pérez, El régimen español en Venezuela. Madrid: 1932, pp. 9-10,
citado en Guillermo Morón Historia de Venezuela, Ed. Guillermo Morón. Caracas:
Italgrafica, 1971, vol. 1, 5 vols., p. 196.
ה CONFERENCIA JOSE GIL FORTOUL
ה BOYACÁ: BICENTENARIO
DE UNA DECISIÓN ESTRATÉGICA
FERNANDO FALCÓN V.1
Distinguidos académicos, señores, señoras. Buenos días. Antes de iniciar
esta presentación quiero dar mis más expresivas gracias a la Academia
Nacional de la Historia por la invitación que me ha cursado, la cual me
plantea un reto de difícil consecución, tanto por la calidad de la audiencia,
como por el prestigio y desempeño de quienes me han precedido en esta
tribuna. Para un soldado, devenido profesor universitario, su presencia
en este templo del saber, repositorio de la memoria histórica, constituye
a la vez un honor y un desafío que intentaré superar con mis modestas
capacidades.
Por otra parte, este honor que me hace tan augusta corporación
está signado por dos acontecimientos de profunda significación para
mi persona. En primer lugar, porque bajo la mirada de mis maestros,
colegas y amigos, miembros de esta institución, le toca a alguien, por vez
primera, hablar de Historia Militar pura y simple, inmerecida distinción
para un egresado de aquella Academia Militar de Venezuela que forjaba
“hombres dignos y útiles a la Patria”, tal cual fuese su lema.
En segundo lugar, el honor de que soy objeto se hace aún más
significativo porque siendo desde mi temprana juventud hasta hoy,
esgrimista convicto, confeso y practicante, sería la primera vez,
igualmente, que un cultivador del mismo arte de combate del Maestro
José Gil Fortoul, duelista consumado y autor del primer trabajo que
sobre esgrima se escribiese en Venezuela, tome la palabra en este recinto,
…doquiera que esté, el Maestro sonreiría complacido ante tan feliz
coincidencia.
1
Dr. en Historia, profesor de la Universidad Central de Venezuela
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Procedamos pues a revisar el tema que nos ocupa. No será esta una
narración épica de la campaña, tampoco una exhibición de crítica militar.
Se trata, más bien, de hacer accesibles los pormenores de las operaciones
bélicas de la campaña de 1819, desde la perspectiva de la Historia
Intelectual aplicada al campo castrense como elemento fundamental
para acceder al entendimiento de esos hechos desde el punto de vista
político y estratégico.
Desde 1817, la República se ha mudado al sur. Con bases firmes en
Angostura y Apure, protegida por los ríos de mayor caudal en el territorio,
el dispositivo político y estratégico de los republicanos se prolonga en
Margarita, la zona de piedemonte cercana a Cumaná y en parte de los
llanos orientales de Maturín, Barcelona y la provincia de Caracas. Un
222 poco más al sur, en Casanare, el territorio está libre de la ocupación de las
tropas españolas, pero sin organización política y bélica que permita hacer
frente a los intentos de reconquista por parte de las tropas expedicionarias.
A mediados de 1818, Bolívar utilizará las condiciones profesionales
de Francisco de Paula Santander y Jacinto Lara, encomendándoles la
reorganización política y militar de ese territorio, pues su conquista por
parte de las tropas de la tercera división española, al mando del brigadier
José María Barreiro, ponía en peligro el sur del Apure y encajonaría a las
que estaban bajo el mando de Páez, en caso de producirse una ofensiva de
Morillo proveniente de los llanos de Caracas o de Barinas.
Resuelto el problema de la organización y puesta a punto una
fuerza de combate equipada y entrenada, las tentativas de Barreiro de
penetrar en Casanare terminan en un completo fracaso, lo que trae
como consecuencia no solo la estabilización de ese frente y la protección
concreta del Apure, sino que extiende el control del territorio de
maniobra del Ejército Libertador, amenazando con incursiones sobre
la propia serranía neogranadina y, por tanto, afectando las líneas de
comunicaciones y suministro de la Tercera División, la cual quedaba en
la práctica casi aislada y con la única posibilidad de recibir auxilio de las
tropas de Morillo por la vía de los Andes venezolanos.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
Con esa capacidad innata de Bolívar para reponerse de los fracasos
y asimilar las consecuencias de la infausta campaña de 1818, ya desde
septiembre de ese mismo año, había ordenado al Ejército de Apure, al
mando del general de brigada José Antonio Páez, que no comprometiera
sus tropas en batalla decisiva sino que, por el contrario, se dedicase a
desgastar las fuerzas españolas que atravesasen el río Apure, mediante
las técnicas de lo que entonces se llamaba “la petite guerre”, modalidad
de técnica bélica que consistía en combinar la maniobra, las marchas, las
sorpresas, emboscadas y patrullas en apoyo a maniobras de orden superior
denominadas para entonces “Grand Guerre” y que hoy conocemos bajo
el nombre de Estrategia.2 No se trataba ya para la época, de partidas
de jinetes haciendo heroica resistencia como en los años entre 1816 y
1817, sino de una organización adiestrada para fines específicos de apoyo
a combinaciones bélicas de importancia. Los regimientos de caballería
223
denominados La Muerte, La Venganza, Guías de Apure y Cazadores de
Barinas estaban diseñados para esos fines, mientras que la Guardia de
Honor de Páez era la fuerza de choque por excelencia. Por sorprendente
que parezca hoy para nosotros, debido a la inercia de la costumbre y las
repeticiones, el Ejército de Apure era una fuerza militar en regla. Los
acontecimientos posteriores se encargarían de demostrarlo.
Mientras tanto, Bolívar realiza sus planes de operaciones en
consonancia con su formación intelectual y las experiencias negativas de
la campaña anterior. La maniobra sobre Caracas, aunque sorprendente
por la velocidad de las marchas de aproximación hasta Calabozo, había
puesto de manifiesto en el campo táctico la falta de una buena infantería
capaz de combatir ventajosamente frente a los veteranos del ejército
expedicionario. En el campo estratégico había quedado patente que
una maniobra por líneas exteriores, es decir, saliendo de su base de
Sobre este particular y en especial sobre la evolución de esos conceptos véase la
2
muy singular y sugestiva obra de Azar Gat, The origins of military thought: From the
Enlightenment to Clausewitz, London: Clarendon Press, 1991.
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Angostura hacia los llanos de Caracas y de allí a los valles de Aragua,
implicaba enfrentarse a la línea de mayor resistencia constituida por el
propio teniente general Pablo Morillo y sus talentos militares y a lo mejor
del Ejército Expedicionario de Costa Firme.
Por otra parte, la formación intelectual de Simón Bolívar en el
campo militar, estaba signada por la idea de guerra moderna preconizada
por Federico II de Prusia y Mauricio de Sajonia y llevada a su máxima
expresión por Pierre de Bourcet, Henry Lloyd y Jacques de Guibert,
todos estos autores comprobadamente estudiados por el Libertador.3
El referido sistema moderno de guerra se basaba en tres elementos
fundamentales: el fraccionamiento del ejército en Divisiones, unidades
creadas para abastecerse y combatir independientemente; la velocidad
224 en las marchas, y la maniobra por líneas interiores, es decir, movimientos
estratégicos de gran alcance, dentro de su propia zona y fuera de la vista del
adversario. Igualmente, reorganiza sus fuerzas de infantería en Guayana,
colocando además a esa provincia en condiciones de defenderse de un
ataque de Morillo, al cubrir la margen norte del Orinoco con operaciones
por parte de las tropas del Ejército de Oriente, que estaban al mando del
general Santigo Mariño, y por las fuerzas de caballería irregular de los
generales José Tadeo Monagas y Pedro Zaraza. También ordena al general
Rafael Urdaneta concentrar a los efectivos británicos en Margarita, a
los fines de efectuar operaciones de distracción sobre la costa oriental y
eventualmente sobre la de la provincia de Caracas.
Para enero de 1819, el Libertador se mueve desde Guayana hacia
Apure. Recoge en el trayecto parte de las tropas de Zaraza y Monagas, a
quienes les ha ordenado al igual que a Páez el año anterior, evitar todo
combate decisivo y hacer la “petite guerre” con el fin de desgastar al
3
Sobre la formación intelectual del Libertador en el campo militar y su relación con
la política, véase Fernando Falcón, El cadete de los Valles de Aragua: El pensamiento
militar de la Ilustración y los conceptos de guerra y violencia política en Simón Bolívar,
Caracas: Universidad Central de Venezuela, 2006.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
enemigo y estorbar en lo posible su línea de comunicaciones, esto es, la
ruta por la que transitan los abastecimientos de un ejército. Reunido con
Páez en Araguaquén, reitera sus disposiciones acerca de no dar batalla
decisiva a las tropas de Morillo y regresa a Angostura para instalar el
Congreso Constituyente.
A su regreso, el 19 de marzo, encuentra al ejército de Apure haciendo
el género de guerra de desgaste que le ha encomendado y unido a Páez
seguirá una serie de acciones que culminarán en el combate de las Queseras
del Medio el 3 de abril. Buscando correr el albur de una batalla decisiva,
el Libertador colocará el ejército en el Alto Apure, en la línea constituida
por las poblaciones de Rincón Hondo –Mantecal– Hato de Cañafístola,
en amenaza a Nutrias y Barinas. Dicho movimiento se convierte en una
maniobra estratégica de alto vuelo porque, al desengancharse de la acción 225
directa sobre el ejército de Morillo situado en Achaguas, se colocaba en
una posición ventajosa que le abría camino expedito hacia Barinas y a
la vez amenazaba de flanco al grueso principal del Ejército español. Ese
movimiento de aproximación indirecta, aunado a la acción de desgaste
llevada a cabo por las tropas de caballería del Ejército de Apure, iba a
decidir la campaña. En términos militares, Bolívar había fijado, con las
fuerzas de Páez, el enemigo situado en Achaguas, mientras él ejecutaba
su movimiento excéntrico en amenaza de Barinas. Al colocarse, de este
modo, en una posición clave, obligaba a Morillo a evacuar el Apure. Con
ello despejaba la zona que le iba a servir de base para su nueva operación
por líneas interiores, esta vez sobre Nueva Granada.
Son esos unos días de intensa actividad intelectual y militar para
Bolívar. En el campo castrense, los problemas de toma de decisión
están signados por el escaso tiempo para adoptar la forma de acción
más conveniente y por el flujo de informaciones destinadas a reducir la
incertidumbre. Colocado en posición de flanqueo estratégico sobre las
tropas de Morillo, recibe informaciones ciertas acerca de la situación en
Nueva Granada, totalmente favorable desde los puntos de vista político
y militar, a la vez que recibe noticias alentadoras acerca de la situación
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de las tropas que operan en Oriente y las que protegen a Guayana. De
igual manera, otro feliz acontecimiento va a determinar al Libertador
a variar sustancialmente su plan de operaciones. Desde el 27 de abril,
Morillo ordena a sus tropas evacuar el Apure y, en consonancia con los
resultados obtenidos en 1818, se coloca en Calabozo, en posición central,
tanto para descansar y reorganizar su ejército en la estación de lluvias,
como para atender cualquier eventualidad importante proveniente de los
movimientos de las tropas patriotas, bien en Oriente o desde las propias
llanuras apureñas.
Este movimiento de Morillo y las informaciones recibidas desde
Casanare van a contribuir decisivamente a la elaboración del plan
estratégico que, por primera vez, muestra a Bolívar como un estratega
226 de alto vuelo. No se trata ya del atolondrado coronel de 1812, del audaz
guerrero de 1813 y 1814, ni del jefe militar que sobreestima sus propias
capacidades de 1816 y 1818. Ahora estamos en presencia de un comandante
militar de alta valía, que reflexiona intelectualmente y madura un plan
de campaña que lo convertirá en uno de los más acreditados talentos
militares de su época.
Habiendo comprendido la naturaleza del teatro de la guerra, se
decide por adoptar una estrategia de aproximación indirecta. Necesario
resulta, pues, explicar en qué consiste y cuál es la innovación del
pensamiento militar de Bolívar.
Se trata, como bien lo demostró el gran historiador de esa corriente
estratégica el británico Basil Liddell-Hart, de actuar contra la línea
natural de expectativa del oponente a fin de lograr tanto la dislocación
de su dispositivo en el teatro de operaciones, como el quiebre psicológico
en el tomador de decisiones, alterando con ello el curso que puede seguir
una determinada campaña. Así, seguir la línea de expectativa natural del
oponente, termina necesariamente fortaleciéndolo y conduce al choque
directo, como había ocurrido en la Campaña del centro de 1818; la
dislocación sólo puede lograrse por la vía indirecta en la cual “el rodeo
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
más largo puede llegar a ser el camino más corto para llegar a la meta”.
Para ello, y cito a Liddel-Hart:
un Gran Capitán optará por la más riesgosa de las
aproximaciones indirectas; incluso atravesando
montañas, desiertos o pantanos, con solo una fracción
de su fuerza, aun cortándose de sus comunicaciones.
De hecho, optará por cualquier condición desfavorable
antes de aceptar el riesgo del empate al que invita
la aproximación directa. Los riesgos naturales, por
más formidables que sean, son inherentemente menos
peligrosos y menos inciertos que los riesgos del combate.4
He allí la clave de la decisión de mayo de 1819 y la concepción
general de la campaña sobre Nueva Granada.
Durante ese mes de mayo se dictarán instrucciones generales a 227
Santander en el sentido de tener listas sus tropas para la operación, aunque
sin indicarle aún detalles, se envía el primer esbozo del plan de campaña
al vicepresidente Zea y a los comandantes de divisiones involucrados
en la tarea efectuar reuniones de coordinación con los comandantes de
unidades involucrados directamente en la campaña.
El 23 de mayo, en la aldea de Setenta, Bolívar convocaría una Junta
de Guerra (lo que hoy llamamos reuniones de Estado Mayor) durante la
cual expone su proyecto; y una vez que ha asegurado la adhesión al plan
propuesto por parte de los jefes de los distintos cuerpos, informa a Páez
su rol dentro de la campaña, notifica su plan definitivo al vicepresidente
Zea, y libra instrucciones para los movimientos iniciales de la campaña
sobre Nueva Granada.5
4
Basil Liddel-Hart, Estrategia: La aproximación indirecta, Buenos Aires: Editorial
Rioplatense, 1973 (sobre la edición original en inglés de 1941), p. 165.
5
Oficio de Bolívar al vicepresidente Francisco Antonio Zea de fecha 3 de junio de 1819,
en Escritos del Libertador, Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, tomo XVI, pp.
172-173.
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El Plan, como tal, era de concepción sencilla, aunque de puesta
en práctica sumamente difícil. Consistía en una maniobra por líneas
interiores mediante el desplazamiento de toda la fuerza al mando de
Bolívar desde Mantecal hacia los llanos de Casanare a fin de buscar la
reunión con la división organizada por Santander y desde allí tramontar
la cordillera por uno o varios puntos; con él se buscaba batir a la tercera
división realista y asegurar la ocupación de la capital del Virreinato.6
Entretanto, Páez a la cabeza de sus tropas, penetraría por la selva de San
Camilo buscando salir a Guaca, destruir las fortificaciones allí colocadas
por los realistas, salir hacia Cúcuta y estar en condiciones de apoyar, bien
la maniobra principal o cortar cualquier ayuda al brigadier José María
Barreiro, proveniente de la división que estaba bajo el mando de Miguel
de La Torre.
228
Una vez dadas las instrucciones finales, el ejército emprendió
marcha de Mantecal hacia Casanare el 27 de mayo, por la ruta Hato
de los Díaz-Hato Henriquero-Hato Bescansero-Hato Subireño-Hato
Guerrereño, arribando el 3 de junio a Guasdualito. En estas marchas
recorrió, bajo continuas lluvias, 310 kilómetros en siete jornadas. Por
el desgaste de la campaña sus fuerzas se habían reducido y a la sazón
sólo contaban con cuatro batallones, el regimiento de Lanceros del Alto
Llano y un escuadrón de Guías de Apure. Del 4 al 5 de junio se efectuó
el paso del río Arauca y el ejército efectuó su movimiento por las sabanas
inundadas de Casanare. Es la etapa más dura de los movimientos iniciales
de la campaña.
El ejército Libertador sigue la ruta Cuatro Matas-estero de
Cachicamo-caño La Bendición-río Lipa-río Ele-río Guilote-Mata de
Chaparro Negro-río Cravo-Macolla de Guasduas-hato de Santo Domingo,
6
Tomás Pérez Tenreiro, La Campaña Libertadora de 1819, Caracas: Academia
Nacional de la Historia, 1969; Camilo Riaño, La Campaña Libertadora de 1819, Bogotá,
1969; Enrique Uribe White, El Libertador: campaña de 1819, episodios de su vida,
Bogotá: Banco de la República, 1969.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
llegando el día 13 a Tame, donde estaba el cuartel general de Santander.
Allí se le dio descanso a la tropa y se procedió a la reorganización del
Ejército. Las tropas granadinas, al mando de Santander, que estaban
constituidas por dos batallones de infantería y un escuadrón de caballería,
se denominarían en adelante División de Vanguardia, mientras que las
que venían con Bolívar, colocadas bajo el mando directo del general José
Antonio Anzoátegui, adoptarían el nombre de División de Retaguardia,
y estaban constituidas por cuatro batallones de infantería, un regimiento
de caballería de línea y un escuadrón de Guías.
El ejército se movió, desde Tame, en dirección a Pore, el 17 de junio, y
después de haber atravesado los ríos Tame, Casanare, Aricaporo, Ariporo,
así como numerosas quebradas –lo que significó pérdida de ganado,
caballos y acémilas–, llegó a Pore, capital de la provincia de Casanare, el 229
22 de junio. Desde Mantecal se había realizado un desplazamiento por
líneas interiores de unos 600 kms. Una marcha como la efectuada no se
cumple sin bajas y se tradujo en pérdidas de vidas, en enfermos y soldados
dispersos. El 23 se movió el ejército ya reorganizado por divisiones, desde
Pore, en dirección de Nunchia, entrando al pueblo de Morocote el 27 de
junio, hasta alcanzar Paya en el piedemonte de la cordillera el día 29.
Allí se efectuaría una segunda Junta de Guerra, en el llamado
llano de San Miguel, lo que es usual en el desarrollo de las operaciones
militares, en la cual se evaluaron las dificultades ocurridas hasta la
fecha, así como las diversas alternativas operacionales disponibles. En
esta reunión se ratificó la decisión inicial de continuar la campaña. Esta
reunión, al igual que la que tuvo lugar en la aldea de Setenta, ha sido
interpretada por algunos historiadores como vacilaciones del Jefe Militar
y ensalzan la intervención de uno que otro jefe subalterno, sin tener
presente –quizá por su desconocimiento de los procedimientos militares
de época– que se trataba de una situación completamente normal en la
que cada comandante subordinado expresaba su opinión en uno u otro
sentido, pero la decisión final estaba en manos del comandante supremo
de la operación, Bolívar, quien, como ya hemos visto, había concebido
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el plan en el sentido de aplicar la potencia militar en el punto escogido,
esto es, atravesando la cordillera para sorprender al general Barreiro. Por
consiguiente, cualquier modificación del concepto general de la maniobra
original no solo daría al traste con la campaña, sino que comprometería
la existencia misma de la República. La decisión estuvo tomada desde la
salida de Mantecal y se mantendría hasta el final.
Mientras esto sucedía, el general Páez había iniciado la operación
sobre Guaca a través de la selva de San Camilo. Hay dos aspectos
de la misma que son pasados por alto cuando se narra este hecho y
que considero necesario destacar: primero, de conformidad con las
instrucciones recibidas, lo fundamental, aún por encima de cualquier otra
cosa, incluida la misión misma, era la seguridad del Apure y la detención
230 de cualquier amenaza proveniente de las tropas de La Torre, Morales
y Morillo, todas en aptitud de operar sobre ese territorio. Segundo, la
misión que le había sido encomendada a Páez una incursión con unidades
de caballería de línea sobre un terreno anegadizo y selvático con el fin
de forzar las posiciones fortificadas de Guaca. Para ello, Páez no dispuso
de infantería porque el único batallón de esta arma con que contaba el
ejército de Apure se lo había llevado el propio Bolívar a la campaña de
Nueva Granada. De allí que Páez, después de fracasar en el empeño de
forzar las posiciones realistas en ese sector (las cuales, dicho sea de paso,
solo pudieron ser ocupadas en 1821una vez que el comandante de las
mismas se pasó con armas y bagajes a la república), optó por una ofensiva
táctica en la provincia de Barinas.7 Los regimientos de La Muerte con
Francisco Aramendi y Juan Antonio Romero y La Venganza al mando
de Vicente Peña y José Antonio Ycházu, atacaron hacia Pedraza y Nutrias
respectivamente, mientras que los Cazadores Valientes al mando de
Antonio Rangel y La Guardia de Honor de Páez cruzaban el Apure
7
Comunicación de José Antonio Páez al Libertador Simón Bolívar de fecha 2 de
septiembre de 1819, en Archivo del General José Antonio Páez, Caracas: Academia
Nacional de la Historia, 1973, tomo I, pp. 140-144.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
buscando la ocupación de Guanare. Este movimiento, iniciativa de Páez,
trajo como consecuencia que las fuerzas de Francisco Tomás Morales
y Miguel de La Torre quedaran fijas en el momento mismo en que las
tropas de Bolívar se disponían a cruzar la cordillera y, desde el punto de
vista estratégico, dejó totalmente aislado a Barreiro.
El general Morillo, por su parte, de talentos militares poco comunes
y el mejor jefe militar que haya tenido España en América, recibe de
su eficiente servicio de información, la noticia de la reunión de Bolívar
y Santander en Tame y aquilatando el peligro estratégico que tal
circunstancia suponía ordena el 2 de julio a de La Torre a aprestar su
división para auxiliar a Barreiro. Ese mismo día, a 600 kms. de distancia,
Bolívar comenzaba a remontar la cordillera.
Es en este punto cuando se presenta la segunda gran disyuntiva de
231
la campaña: ¿Qué ruta tomar para remontar la cordillera y acceder a los
valles de Sogamoso? Aunque existían alrededor de siete rutas de acceso,
solo dos podían ser tomadas en cuenta en razón de la ubicación del Ejército
al pie de la cordillera. La primera escogencia de Bolívar se decanta por la
ruta de Labranza Grande, menos empinada y más corta pero cubierta por
una fuerza de seguridad realista creada precisamente para guarecer ese
paso de montaña. La apreciación de la situación y la asesoría de quienes
conocían el terreno, decidirán al Libertador por la ruta del páramo de
Pisba, sin cobertura de fuerzas de seguridad, por haber considerado el
mando realista que atravesarla en esa época del año era impracticable.
Bolívar se decide por esa vía para lograr la sorpresa a la vez táctica y
estratégica. El paso por el páramo de Pisba fue una decisión provechosa y
convergente a los móviles de la operación. Representó la prueba suprema
exigida para la conducción estratégica. Al ejecutar el movimiento por esa
ruta sus fuerzas se adelantaban hacia una zona despejada que flanqueaba
a Tunja y Sogamoso, cuartel general y área de concentración del mando
español.
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Desde el punto de vista táctico, la sorpresa es mayor aún pues
habiéndose adelantado la vanguardia de la división de Santander hasta
Paya y batir allí la fuerza colocada por el general Barreiro, éste, por falta
de información, consideró esa acción como una incursión ejecutada por
las fuerzas rebeldes que ocupaban desde el año anterior la región de
Casanare, y no pudo aquilatar que se trataba de una invasión en regla al
teatro de operaciones bajo su responsabilidad.
El cruce por el Páramo de Pisba se lleva a cabo por etapas, de
conformidad con los preceptos que para la guerra de montaña había
elaborado Jean de Bourcet en la última década del siglo XVIII.8 La
División Vanguardia se movió a partir del 30 de junio de 1819, el 4 de
julio llegó a las Quebradas y el 5 entraba en Socha. Y el Libertador, junto
con la División de Retaguardia, había llegado a Pisba el 2 de julio para
232 seguir a Pueblo Viejo, donde pernoctó el 3 de julio; el 5 de julio atraviesan
el páramo, y dos días después a Socha. Las innumerables penalidades de
esa marcha están suficientemente relatadas por testigos y memorialistas
como para detenernos sobre ellas. Baste decir que, en ese cruce, la
División de Retaguardia perdió por muerte, enfermedades, rezagados y
desertores, al menos un tercio de sus efectivos totales.
Dado el estado del Ejército –muy estropeado por las marchas y el
clima–el Libertador, auxiliado eficazmente por Soublette, Lara y el propio
Santander, procedieron a ocuparse de su reorganización inmediata. Se
crearon hospitales de campaña a la vez que se ordenó la recolección del
material y personal disperso en la travesía de Pisba. Logró remontar la
mayor parte de la caballería y envió reconocimientos tácticos en todas
las direcciones a fin de informarse sobre los movimientos del adversario.
Tomó medidas políticas, nombró autoridades en los pueblos e impuso
requisiciones voluntarias o forzosas de ropa y alimentos. En apenas tres
días, el “ejército de pordioseros”, como desdeñosamente lo calificase
Barreiro, estaba listo para combatir.
8
Jean de Bourcet, Mémoires militaires sur les frontières de la France du Piémont et
de la Savoie, Paris: George Decker, 1801 (sobre el manuscrito original de 1760).
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
Una vez que el referido jefe realista tiene noticias ciertas de la
invasión de Bolívar y sus tropas, toma las medidas para aprestarse a
combatirlos. Al efecto, marchó el 10 de julio de 1816, por entrambas
márgenes del Sogamoso, en dos columnas de 800 hombres cada una. El
mismo día, sus unidades de reconocimiento llegaron a los Corrales de
Bonza y a Gámeza. Sus tropas se hallaban a unos 40 kilómetros de Socha,
puesto de mando de Bolívar En Corrales de Bonza, reciben el ataque de
un escuadrón llanero al mando del coronel Justo Briceño, quien destruye
la vanguardia de Barreiro y obliga a las unidades del grueso de la fuerza
a replegarse. Sin embargo, las tropas realistas pasan al contraataque y
obligan a una unidad de infantería republicana a retroceder con fuerte
pérdida, salvados sólo por la intervención personal de Santander a la
cabeza del Batallón Cazadores de Nueva Granada. Al ser restablecido
el combate, los realistas detuvieron la acción y luego se replegaron sobre
233
la Peña de Tópaga. Por su parte, los patriotas, cuya vanguardia se había
dispuesto abriendo mucho su frente, se replegaron sobre Tasco.
Bolívar, de inmediato, pasa al ataque para aprovechar el alto espíritu
de combate de sus tropas. Al efecto, ordenó al batallón Cazadores de
Nueva Granada y a las Compañías de Cazadores del Rifles Ingleses,
Bravos de Páez y Barcelona, que forzaran el paso del puente. Detrás de
ellas iba el resto de la infantería y la caballería. La operación se efectuó
a pesar del intenso fuego enemigo. Este, rehuyendo el combate cuerpo a
cuerpo, se replegó lentamente a Los Molinos cuya posición le permitiría
combatir con mayor ventaja.
La lucha había durado unas ocho horas; escasas las municiones,
con tropas muy fatigadas y cercana la noche, no quiso el Libertador
continuar el combate, porque además ya había alcanzado el fin propuesto.
Desenganchó y volvió a sus posiciones de Gámeza, hacia donde marchaba
el resto del Ejército.
El general Barreiro apenas había conservado libres sus líneas
de comunicaciones y cubierto parte del Valle de Sogamoso. Perdida la
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iniciativa, se conformó con mantenerse sobre aquella altura en espera de
refuerzos.
El período de las operaciones fundamentales para el logro del
objetivo estratégico, comienza en propiedad el 14 de julio, cuando
Bolívar, que ya cuenta con la incorporación de las unidades retrasadas
en Pisba, pasa a ejecutar con las divisiones al mando de Santander y de
Anzoátegui un movimiento de flanco que, siguiendo por Sátiva del Norte,
Beteitiva, Cerinza y Santa Rosa, le permitió ocupar los Corrales de Bonza.
Ese movimiento va a colocar al ejército Libertador en comunicación
directa con las partidas patriotas que desde principios de año operaban
en guerrillas en las provincias del Socorro y Pamplona, y a amenazar la
comunicación de los realistas con Tunja. El general Barreiro, sorprendido,
234 ordena desalojar la posición que ocupaba en Molinos de Tópaga y entra
en los Molinos de Bonza. A partir de este momento, Bolívar, usando
el sistema de marchas y contramarchas preconizado por Mauricio de
Sajonia y Guibert,9 impondrá la iniciativa a su adversario; y el jefe
realista, aferrado a la fuerte posición de Molinos de Tópaga, termina
asumiendo la defensiva táctica. Su propósito era cubrir Tunja, objetivo
inmediato de los republicanos. Bolívar, se desplaza lateralmente y el 20
de julio resolvió mover sus fuerzas desplegándolas en las Llanuras de
Bonza, en actitud de desafío, lo que no fue aceptado por el jefe español,
quien permaneció a la defensiva. El graduado de la Academia Militar de
Segovia había sido superado estratégicamente por el cadete de los Valles
de Aragua.
El día 25 de julio, el ejército de Bolívar ejecuta otro movimiento
de flanco por el camino de Salitre de Paipa con el fin de colocarse a la
retaguardia del enemigo y forzarlo a abandonar sus posiciones. La idea
9
Maurice de Saxe, Mes Rêveries, Paris: Desaint et Saillant, Durand, 1757; Jaques de
Guibert, “Essai général de Tactique”, en Oeuvres Militaires de Guibert, tome premier,
Paris: Magimel, Libraire pour L’Art Militaire, Anne XII, 1803. Sostenemos en Falcón,
ob. cit, que esa fue la edición disponible para Bolívar durante su estadía en Francia.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
fundamental de ese movimiento, que implicaba una operación de cruce
de ríos, una de las más complicadas en el arte de la guerra, consistía
en cruzar el Sogamoso para colocarse a la retaguardia enemiga y de
allí marchar sobre Tunja a fin de cortar la línea de comunicaciones de
Barreiro con Santa Fe. El paso del río retardó la operación, perdiéndose
el factor sorpresa que el Libertador se había propuesto conseguir.
Barreiro, al ver las dificultades del ejército patriota en el cruce del
Sogamoso decide pasar a la ofensiva. A tal fin movilizó parte de sus tropas
contra la columna en movimiento de los republicanos a fin de contenerla y
dar tiempo a que el grueso de su ejército se moviera y entrara en combate.
Se inicia la primera fase de la acción militar de Pantano de Vargas.
El ataque realista fue exitoso; a fin de evitar el envolvimiento
y también por el número de batallones puestos en acción de forma 235
simultánea, el Rifles y el Barcelona retroceden, pero lo hacen en orden sin
desbandarse. Barreiro logró allí cortar la iniciativa de Bolívar y obtener
una ventaja que, bien explotada, podría darle el triunfo. Apreciando el
momento, Bolívar dispuso que Santander empeñara el 1º de Línea con lo
cual Rifles, Barcelona y Cazadores volvieron al ataque; estos, a pesar de
estar dispuestos en la pendiente que favorecía sus fuegos, abandonaron
el terreno conquistado y se replegaron.
Barreiro ordenó entonces al coronel Tolrá que llevara al 2º y el 3º de
Numancia en apoyo de las tropas que cejaban. Restablecido el combate
con el refuerzo, retroceden los patriotas no sin infligir graves pérdidas al
enemigo. Bolívar, quien personalmente dosifica el empleo de sus fuerzas,
empeña a la Legión Británica y al Bravos de Páez, con el fin de detener
la contraofensiva y equilibrar la situación. Gracias a la entrada al fuego
de estas unidades y al empleo de la bayoneta, se rehízo la línea de los
patriotas. Barreiro cree poder definir la acción y lanza sobre los batallones
independientes las compañías restantes del Numancia que había
guardado en reserva, y envía a los Dragones a que reforzaran este ataque,
a fin de impedir a Bolívar una posible retirada por la vía de Tibasosa.
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Finalmente lanzó a los Húsares de Fernando VII por el borde del pantano
tratando de impedir una probable retirada de las unidades patriotas por
las orillas del río. Bolívar, que aún no ha empeñado ni la caballería ni sus
unidades de reserva, las lanza al contraataque y logran desordenar las
formaciones realistas. El combate fue muy feroz, duró todo el día y vino
a interrumpirse al anochecer cuando los realistas se aprovecharon de
una fuerte lluvia y escaparon a la destrucción, abandonando en el campo
unos 500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros o dispersos; los
patriotas perdieron algo más de 100 hombres. Entre los heridos q uedó
grave el coronel James Rooke, jefe de la Legión Británica quien moriría
tres días después.
Si bien, Pantano de Vargas no es una acción decisiva desde el punto
236 de vista táctico, ya que no destruye las tropas de Barreiro, sí lo es desde
el punto de vista de la Estrategia de aproximación indirecta que hemos
venido analizando pues, en palabras de Liddel-Hart, su principal teórico:
En la esfera psicológica, la dislocación es el resultado de la impresión en
la mente del comandante de los efectos físicos. Esa impresión se acentúa
muy fuertemente si su percepción de estar en desventaja es algo súbito
y si siente que es incapaz de contrarrestar el movimiento del enemigo.10
El general Barreiro, al dejar escapar lo que parecía una fácil victoria, ya
no será capaz de emprender acciones ofensivas de ninguna naturaleza,
dejando a Bolívar imponerle las condiciones del combate.
Después del combate de Pantano de Vargas ambos ejércitos
reasumieron sus posiciones originales: los realistas en Molino de Bonza y
Paipa; los republicanos en Corrales de Bonza. El 3 de agosto, el Libertador
destacó un escuadrón de caballería al mando del teniente coronel Julián
Mellado, el cual sorprendió la guarnición realista de Molinos de Bonza,
que tuvo que retirase sobre Paipa. Ese movimiento seguido del grueso de
Liddell- Art, Estrategia..., ob. cit., p. 349.
10
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
las tropas de Bolívar, actuando en Divisiones independientes pero con
capacidad de prestarse apoyo mutuo, obligó a Barreiro a evacuar Paipa y
tomar posiciones en Loma Bonita, confluencia de los caminos de Tunja y
El Socorro. Bolívar, en consecuencia, ocupó Paipa.
En la tarde del día 4 el ejército Libertador retrocede desde Paipa
hacia Bonza por la margen derecha del río Sogamoso. Barreiro, esperan-
do una nueva acción ofensiva por parte de Bolívar, permanece en sus
posiciones que le garantizaban excelente defensiva. Bolívar, al ver la
inamovilidad del ejército español, la misma noche del 4 retrograda desde
el camino de Bonza y ocupa Tunja, cortando definitivamente las líneas de
comunicaciones entre el ejército realista y Santa Fe.
Con este hecho, se completa la Estrategia de aproximación indirecta
que ha signado la campaña. Oigamos de nuevo a Liddel-Hart:
237
La dislocación psicológica proviene fundamentalmente de
una sensación de estar atrapado. Esta es la razón por la cual
con gran frecuencia ha sido consecuencia de un movimiento
sobre la retaguardia del enemigo. Un ejército, al igual que un
hombre, no puede defender realmente sus espaldas sin darse
vuelta y utilizar sus armas en una nueva dirección. El “darse
vuelta” temporalmente desequilibra a un ejército del mismo
modo en que lo hace con un hombre y, en el caso del ejército, el
período de inestabilidad es inevitablemente mucho más largo.
Consecuentemente, el cerebro es mucho más sensible a una
amenaza a su espalda.11
El general español se apercibió que había sido cortado a la altura
de Tunja, ya en posesión de los republicanos. Buscando restablecer sus
líneas de comunicaciones se decidió por una marcha lateral a lo largo del
camino que se dirige a Motavita, el cual se aparta, al este, de Tunja. Las
tropas marcharon todo el día y toda la noche, y después de pasar Altos de
Paja y el páramo de Covita, amaneció el 6 en Motavita.
Ídem.
11
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El día 7 de agosto Barreiro eligió el camino del puente de Boyacá;
antes se vio en la necesidad de acampar en su ruta de marcha para darle
descanso a sus fatigadas tropas a aproximadamente 3 kilómetros de
distancia del puente de Boyacá, en lugar de haber acampado con todas sus
tropas sobre la margen izquierda del río. Bolívar, en cambio, observaba
todos sus movimientos y estaba listo para emprender la ofensiva en una
batalla de encuentro, es decir, con ambos ejércitos en movimiento.
Las condiciones tácticas en que se hallaban los dos ejércitos para
el día y la hora de la batalla eran muy diferentes. Bolívar tenía reunidas
en Tunja todas sus fuerzas. En cambio, Barreiro, en su marcha nocturna,
había desarticulado las suyas. Con el fin de asegurarse el paso por el puente
sobre el río Boyacá, había destacado una fuerte vanguardia, al mando del
238 coronel Francisco Jiménez, compuesta por sus mejores unidades como
lo eran los batallones 2º y 3º de Numancia y el 3º de Dragones. Esta
vanguardia, al llegar a la altura de la Casa de Teja, ubicada en el cruce
del camino de Motavita por el que desde Tunja se pasaba por el puente a
Bogotá, se empeñó seriamente con los cuerpos de la vanguardia patriota
al mando de Santander.
Barreiro, en vez de avanzar con el grueso en apoyo de su vanguardia,
se estacionó en la vía de marcha para darle descanso a su tropa, decisión
que había de resultarle fatal. Al ser presionada la vanguardia realista, en el
sector de la Casa de Teja, Jiménez toma la decisión de tomar la dirección
del puente para recuperar la línea de comunicaciones con Santa Fe de
Bogotá. La presión de los batallones Cazadores y 1º de Línea, ocasiona
que se retire sobre la margen izquierda del río, en tanto que. Santander
hace lo mismo sobre la margen derecha, con los citados batallones,
prolongando su izquierda con la caballería de los Guías de Apure y Guías
de Casanare.
Mientras se libraba ese encuentro entre las vanguardias de ambos
ejércitos enemigos entre la Casa de Teja y el puente, el grueso de las tropas
realistas se hallaba a más de un kilómetro de distancia del combate.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
En ese espacio libre, dispone Bolívar que las unidades patriotas Rifles
y Legión Británica, adscritas a la División de Retaguardia al mando de
Anzoátegui, se cargasen sobre su derecha y tomasen posiciones sobre la
dirección de marcha de las tropas españolas, interponiéndose así entre el
grueso realista y su vanguardia la cual para entonces ya se batía sobre el
puente.
El jefe español, al comprender que ya no podía avanzar sobre la línea
del río a reunirse con su división de vanguardia, llevó sus fuerzas a las
alturas occidentales, sobre el flanco derecho de su dirección de marcha. Al
mismo tiempo, las unidades de la División Retaguardia patriota al mando
de Anzoátegui se corren y presionan el flanco izquierdo de la columna en
marcha realista, lo que obliga a Barreiro a formar su línea de batalla en
el mismo sitio en que se encontraba, colocando el batallón 2º del Rey en 239
la derecha, dando frente a Rifles y Legión Británica, la artillería en el
centro, y sobre la izquierda 1º del Rey y Cazadores, cubiertos con 1º y
2º de Dragones, en reserva. El dispositivo de combate realista fue fijado
por los cuerpos republicanos en la siguiente forma: los batallones Rifles,
Rifles de Venezuela y Legión Británica, con frente al Noroeste, Lanceros
de Alto Llano cubriendo el espacio entre éstos y el batallón Barcelona
y en la extrema derecha Bravos de Páez apoyado con el escuadrón de
Dragones.
Como puede observarse, el campo de la acción, en su esquema
general, comprendía dos frentes completamente separados y, por tanto,
se iba a resolver la lucha en dos combates que formarían la batalla: uno
que se inicia en la Casa de Teja y se remata sobre la margen izquierda del
río Boyacá; el otro, entre la División de Retaguardia patriota y el grueso
realista, sobre la vía de marcha del general español. De parte de los
republicanos, el primero estuvo a cargo de la División de Vanguardia al
mando de Santander; y el segundo, a cargo de la División de Retaguardia,
al mando de Anzoátegui. Por parte de los realistas, el primero estuvo a
cargo de la Vanguardia al mando del coronel Francisco Jiménez, y el
segundo, a cargo del grueso bajo al mando directo del brigadier José
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA N° 408 OCTUBRE-DICIEMBRE 2019
Venezuela ISSN 0254-7325 / Depósito Legal: DC2020000674
María Barreiro, jefe del ejército. Ambas acciones se complementan entre
sí porque rige entre ellas la unidad de mando a cargo del Libertador Simón
Bolívar y la unidad de tiempo y espacio, así como también la unidad de
concepción de la ofensiva, por el lado del republicano, y la unidad de
concepción de la defensiva por parte del realista. Esta concepción de la
batalla de encuentro se encuentra perfectamente descrita en los partes
y demás documentos de la acción y resultan de claridad mediana para
los historiadores militares, a despecho de quienes, a la ligera, pueden
juzgarlos como confusos, por no estar familiarizados con esa rama de la
historia.
Compelido al combate por la aproximación de las unidades
patriotas que se maniobraban sobre su flanco izquierdo y no contando
240 con reservas, la línea del ejército realista quedaba muy debilitada y
extendida. La presión frontal del Barcelona y la progresión lateral de
Rifles y Legión Británica, así como el avance del regimiento de Lanceros
sobre la artillería, facilitaron el avance de Bravos de Páez, apoyado
por el escuadrón Dragones sobre la extrema izquierda de los realistas.
Envueltas en ese sector y presionadas fuertemente por derecha y centro,
las fuerzas realistas, con sus formaciones lineales y sin reservas, se vieron
imposibilitadas de concentrarse y lograr la superioridad necesaria en algún
sector del frente. En consecuencia, la derecha y el centro realista cedieron
a la presión del ataque simultáneo sobre toda su línea, y al desplazarse
éstas a las alturas que tenía a retaguardia, Bravos de Páez, sobre la
izquierda y Rifles sobre la derecha, completan el doble envolvimiento. En
la persecución, el propio Barreiro sería hecho prisionero.
Entre tanto, el otro combate, sobre el río –la otra faceta de la
batalla– se cumple cuando Santander logra cruzar el río por el vado y
rebasa la derecha de la vanguardia realista con Cazadores y 1º de Línea
forzando el paso del puente. Tomadas por las tropas de Bolívar todas las
vías de retirada, se había completado la gran victoria de Boyacá. Tres días
más tarde, Bolívar entraba a Santa Fe después de cinco años de ausencia.
FERNANDO FALCÓN Boyacá: bicentenario de una decisión estratégica
La victoria final se había logrado. Dejemos las conclusiones de esa
campaña al gran derrotado estratégicamente, quien desde sus posiciones
de Calabozo, no salía de su estupor al conocer los resultados de Boyacá.
En carta al Ministro de la Guerra de España, el Conde de Cartagena y
Marqués de La Puerta, teniente general Pablo Morillo diría:
Esta desgraciada acción entrega a los rebeldes, además del
Nuevo Reino de Granada, muchos puertos del Mar del Sur
donde se acogerán sus piratas. Popayán, Quito, Pasto y todo el
interior de este continente hasta el mismo Perú queda a merced
de quien domina Santa Fe, a quien al mismo tiempo se abren
las casas de moneda, arsenales, fábricas de armas, talleres y
cuanto poseía el Rey nuestro señor en el virreinato. Bolívar en
un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña y en
una sola batalla reconquista lo que las tropas del Rey ganaron
en muchos combates. 241
“Dios concede la victoria a la constancia”
Gracias.