INTRODUCCION
Evidentemente, en cierto sentido, los conflictos pueden ser considerados como
obstáculos y problemas, puesto que suponen dificultades para que realicemos alguna
acción. Pero eso mismo es lo que les ocurre a todos los seres vivientes, que tienen
«problemas» con sus congéneres, con el resto de los animales y con la propia
naturaleza.
Desde la perspectiva de los pacifistas los conflictos son una de las bases teóricas y
prácticas de toda la actividad humana, por ello intentamos comprenderlos lo mejor
posible y, a partir de ahí, proponer técnicas y metodologías de regulación y
prevención de los mismos.
Cada conflicto tiene su especificidad, pero en el caso de los conflictos de carácter
socio ambiental en nuestro Perú, así como los demás que se han venido suscitando en
nuestras regiones durante los últimos veinte años, no pueden ser comprendidos sino
en un contexto mayor, que en términos históricos se abre a inicios de los noventa,
cuando se ponen en marcha una serie de cambios normativos e institucionales que
buscaron alentar la inversión privada sobre una economía que estaba virtualmente en
una de sus fases más críticas. Hasta antes de los noventas el aporte de nuestro País al
PBI minero no llegaba ni al 3%, una década después.
Considerando el conjunto de cambios institucionales (contexto interno) y un serie de
condiciones como el precio de los metales, la oferta financiera disponible y las
innovaciones tecnológicas en la industria minera en su conjunto (contexto externo),
de los noventa en adelante la tasa promedio del PBI minero se incrementó en un una
media de 7.1%, alcanzando el 16% hacia fines de esa década. En general, la minería
aporta el casi 10% del PBI global, contribuye con más del 60% de las exportaciones
peruanas, siendo que el stock de inversión extranjera directa en el Perú proviene de la
minería. De otro lado, la expansión de las concesiones mineras expresaron
significativamente la importancia de la actividad minera en el país. A inicios de los
años noventa, se hallaban concesionadas no más de 2 millones de hectáreas, a la
fecha esta cifra sobrepasa los 25 millones de hectáreas. Es en este contexto mayor en
el que debe entenderse la conflictividad social, en el marco de un inusitado
crecimiento económico, en gran parte activado por la industria extractiva, en
particular minera, generando una fuerte presión sobre el uso, manejo y control de los
recursos naturales como tierras de aptitud Conflictividad socio ambiental en el Perú
y uso agrícola y pecuario, así como sobre los recursos hídricos, generando
desplazamiento de poblaciones y de actividades productivas. Estos elementos están
en la base de los conflictos entre comunidades y la actividad minera. Así, la
expansión minera en el Perú ha ido asociada al incremento de la conflictividad
denominada socioambiental, por razones de fondo, no por la existencia de los
llamados agentes “antimineros”. Esa es una reducción que no resiste análisis alguno
y no contribuye en nada a entender la complejidad de este tipo de conflictos.