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Tema 4

El documento explora el concepto de apoyo social a través de una introducción histórica y tres tradiciones de investigación: estudios epidemiológicos, investigaciones sobre el estrés y programas de salud mental comunitaria. Se destaca cómo el apoyo social influye en la salud y el bienestar, promoviendo la autoestima y la capacidad de afrontamiento, y se identifican diferentes fuentes de apoyo social, como personas íntimas, redes sociales y comunidades. Además, se enfatiza la importancia de los sistemas informales de apoyo en la intervención comunitaria y su complementariedad con los sistemas formales.
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Tema 4

El documento explora el concepto de apoyo social a través de una introducción histórica y tres tradiciones de investigación: estudios epidemiológicos, investigaciones sobre el estrés y programas de salud mental comunitaria. Se destaca cómo el apoyo social influye en la salud y el bienestar, promoviendo la autoestima y la capacidad de afrontamiento, y se identifican diferentes fuentes de apoyo social, como personas íntimas, redes sociales y comunidades. Además, se enfatiza la importancia de los sistemas informales de apoyo en la intervención comunitaria y su complementariedad con los sistemas formales.
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Tema 4: “El apoyo social”

Una introducción histórica

Vamos a iniciar el capítulo con una breve introducción histórica al concepto de apoyo
social.

Lo importante no es tanto la retahíla de nombres que pueden surcar esa historia como
el tipo de ideas y metodologías que fueron llevando a los investigadores a identificar
un tipo de relaciones sociales con una clara influencia en la salud de las personas.

Dividiremos este recorrido histórico en tres apartados, que corresponden a tres


tradiciones de investigación:
 los estudios epidemiológicos,  (sociólogos)
 las investigaciones sobre el estrés, y(Médicos, Psicólogos, Psquiatras)
 los programas de salud mental comunitaria.  (Psicólogos y T.S.)

Los estudios epidemiológicos

Ralph Linton, en su libro Cultura y personalidad (1967), utiliza un símil muy gráfico para
explicar el descubrimiento relativamente tardío del concepto de cultura por parte de
los científicos sociales.
Según este autor lo último que descubriría un habitante de las profundidades del mar
fuera tal vez el agua.
Sólo llegaría a tener conciencia de ésta si algún accidente lo llevara a la superficie y lo
pusiera en contacto con la atmósfera.
Con el efecto de las relaciones sociales en el bienestar ha sucedido algo muy
parecido. ¿Cuál es ese accidente que nos ha llevado a descubrir que vivimos inmersos
en un mundo de relaciones de apoyo?

Numerosos científicos sociales han situado ese accidente en las transformaciones


derivadas de la Revolución Industrial del siglo XIX, al menos en los países
occidentales.

Este primer gran desarrollo industrial provocó, entre otras circunstancias, intensos
movimientos migratorios del campo a la ciudad, nuevas condiciones laborales
derivadas de la especialización en el trabajo, nuevas condiciones de vida (en muchos
casos hacinamiento, marginalidad, pobreza, etc.) en entornos urbanos cada vez más
hostiles y con mayor nivel de anonimato, una transformación en los modos de
relación y en el mantenimiento de las tradiciones, la aparición de grandes
movimientos políticos y sociales, etc.
Es interesante destacar que algo similar sucedió con la revolución neolítica (dominio
de la agricultura, primeros grandes asentamientos urbanos, nuevos roles sociales, etc.)
y que, probablemente, algo similar puede estar sucediendo en estos momentos con
el desarrollo de la sociedad de la información y las nuevas tecnologías (e-leaming, e-
commerce, aldea global, comunidades virtuales, etc.)

Durkheim mantiene que la pérdida o ausencia de determinados lazos sociales


-fundamentalmente las relaciones íntimas y de confianza- sitúa al individuo en
situación de anomia (ausencia de normas o restricciones sociales), lo que, a su vez,
puede estar en la base de un profundo sentimiento de desarraigo o desintegración
social.
En casos extremos, esto podría llevar al suicidio.

Otros estudios epidemiológicos, ya entrado el siglo XX, han analizado con cierto detalle
las consecuencias de la desintegración social en el bienestar de los individuos.
De entre ellos, quizá sea la Escuela de Chicago, de orientación ecológica, la que ha
realizado aportaciones más interesantes. En un estudio realizado por Robert Park,
Ernest Burguess y Roderick McKenzie en 1926 en la ciudad de Chicago sobre la
distribución geográfica de los problemas sociales, se encontró que existían zonas
especialmente vulnerables en la que se observaba una mayor tasa de desórdenes
psicológicos.

Las investigaciones sobre el estrés

Por lo que respecta a la historia del surgimiento del apoyo social, las investigaciones
sobre el estrés abrieron el camino para vincular las condiciones ambientales al estado
psicológico de la persona.
Una vez establecida esta vía, no fue demasiado difícil identificar qué otras
circunstancias ambientales podrían ayudar a superar las situaciones que implicaban
estrés.
Stress es un vocablo inglés que proviene de la física, cuyo primer significado aludía a la
fuerza externa que se ejerce sobre un cuerpo. Aunque este término ya había sido
utilizado por algunos científicos ajenos a la física, fue un médico, Hans Selye, quien a
mediados de los años cincuenta lo popularizó en su libro Stress of Life.

Este autor defendió la idea de que determinadas circunstancias ambientales podían


llegar a generar cambios fisiológicos en el organismo, y que estos cambios se
producían de acuerdo con un mecanismo que denominó síndrome general de
adaptación.

Este síndrome es básicamente un proceso en tres fases (alarma, resistencia y


agotamiento) que se inicia ante un estresor o situación estresante y que desencadena
cambios neuroendocrinos en el organismo, pudiendo incluso llevar a la aparición de
enfermedad.
La hipótesis de la valoración establece una diferenciación entre percibir una situación
como amenaza, por una parte, y percibir algo como estresante, por otra.
Así, en la valoración primaria la persona entiende la situación como una amenaza, un
riesgo o una pérdida que se ha producido.
En la segunda valoración la persona realiza un balance entre los recursos con los que
cuenta y las exigencias de la situación y, en el caso de que descubra que no tiene cómo
afrontarla, se desencadenaría el estrés.
Hay dos elementos fundamentales en esta segunda valoración: los recursos y el
afrontamiento.
Así, no es tanto que las personas en su vida cotidiana estén sometidas a situaciones
amenazantes; lo importante es si sabrán afrontar esas situaciones con los recursos de
que disponen.
Lazarus destacó dos tipos de recursos: los personales y los contextúales.

 Los recursos personales serían aquellos que tienen que ver con las características
del individuo (por ejemplo, el estilo cognitivo, el control de emociones, etc.).
 Los recursos contextúales incluyen el tipo de relaciones que la persona mantiene
en su entorno. El estudiante ante la proximidad del examen cuenta con sus
recursos personales (capacidad de concentración, confianza en sí mismo, etc.) y
con recursos contextúales (compañeros de clase con los que resumir apuntes,
personas que le animan a seguir estudiando, etc.).

Programas de salud comunitaria

Quizá la mejor manera de comprender el espíritu que alentó los programas de salud
comunitaria sea a través del ejemplo de la puerta giratoria.
De la misma manera que cuando salimos de un edificio por una puerta giratoria
corremos el riesgo de volver a entrar si nos despistamos en el momento de abandonar
la puerta, así comenzaron a describir a sus pacientes algunos profesionales de los
centros psiquiátricos a mediados de los sesenta en Estados Unidos.
 Los pacientes ingresaban y eran tratados hasta su alta médica, pero ocurría a menudo
que volvían a entrar por la misma puerta algún tiempo después.
La pregunta que estos profesionales se hicieron fue ¿qué hay allá fuera que les hace
volver a entrar?
Probablemente un siglo antes esta pregunta, de haberse formulado, no hubiera
encontrado una fácil respuesta.
Afortunadamente, en el momento en que se planteó existía ya una abundante
evidencia empírica sobre los efectos de los entornos desorganizados en la salud de las
personas y estos profesionales buscaron la respuesta en la comunidad a la que volvían
los pacientes rehabilitados. Comenzaron entonces a darse cuenta de que las
comunidades integradas, en las que había redes de relaciones sociales estables
caracterizadas por el apoyo, eran los destinos de los pacientes rehabilitados que
normalmente no volvían a entrar por la puerta giratoria.

Alternativamente, las comunidades desintegradas eran los destinos de los pacientes


rehabilitados que tenían mayor probabilidad de volver por la puerta giratoria.
La investigación en psicoterapia nos proporciona un dato interesante: a mediados de
los años sesenta, cuando las técnicas de modificación de conducta empezaban a
desarrollarse considerablemente frente a la psicoterapia más tradicional (básicamente
el psicoanálisis), algunos profesionales trataron de analizar de forma empírica qué tipo
de terapia era más eficaz.
Los resultados no vienen al caso (la verdad es que aún hoy día se está debatiendo la
cuestión), pero sí resultó paradójico el descubrimiento de que aproximadamente el 70
de las personas que habían solicitado terapia pero no la habían recibido (por estar en
listas de espera) mostraba una remisión del síntoma espontánea al cabo de seis meses;
esto es, desaparecía el problema que les había llevado a solicitar terapia. Este hecho
pasó desapercibido para estos investigadores, pero es probable que el apoyo social
pudiera jugar un papel importante. Así, cuando la persona asume públicamente que
tiene un problema (solicitar terapia es una forma de reconocer públicamente que las
cosas no marchan bien), se puede producir un cambio sustancial en sus redes
sociales, incrementándose los procesos de ayuda de forma automática.

Apoyo social

Manifiestan el significado de las relaciones interpersonales en forma de apoyo social,


dándole importancia la calidad constructiva del intercambio, lo que deriva que el
sistema tenga un sentido personal para cada individuo, permitiendo valorar los
requerimientos sociales, ya sean cotidianos o en crisis y la factibilidad de un
afrontamiento cualitativamente útil.

El apoyo social fomenta la salud y el bienestar. Es un mecanismo para elevar la moral


y los estados afectivos positivos, creando un aumento:
[Link] la autoestima,
[Link] y sentido de pertenencia,
[Link] que fortalece al individuo y al grupo.

Se puede decir que un afectivo apoyo social posibilita:

1. Desarrollo de cualidades con el consecuente fortalecimiento psicológico.


2. Amplitud en la perspectiva de equilibrio físico y psicológico con los beneficios
que de esto se deriva.
3. Disminución del riesgo de enfermar (principalmente en las enfermedades
crónicas y no transmisibles)
4. Aumento en la capacidad de afrontamiento en los eventos de la vida.
5. Disminución de la dependencia a los servicios de salud.
Autores que hacen importante el modelo de apoyo social

John Cassel: el apoyo social como información:


La preocupación fundamental de John Cassel consistía en vincular las condiciones
ambientales nocivas -hacinamiento, vecindarios deteriorados, etc.- con la aparición de
desórdenes psicológicos y enfermedades físicas . ( la información como vehículo de
apoyo social.)

Sydney Cobb: el apoyo social como afecto :


Hoy en día existe un acuerdo unánime sobre este punto: proporcionar apoyo social
implica transmitir información que lleva a la persona a considerarse querido y
estimado y que, además, le lleva a percibir que es miembro de una red de
comunicación y obligaciones mutuas. En otras palabras, que es una persona valiosa y
que pertenece a un mundo compartido con otros.

Gerald Caplan: los sistemas de ayuda :


Gerald Caplan se ha preocupado por identificar cómo se organizan los procesos de
ayuda en las comunidades y qué tipos o modalidades pueden adoptar estos sistemas.

En sintonía con las ideas de Cassel sobre el papel que juega la información en el
proceso de ajuste de la persona a su entorno, Caplan ha incidido en la importancia que
para la persona tiene crear y mantener entornos sociales estables que permitan el
flujo de esta información.

Un sistema de ayuda es un agregado social continuo que proporciona a las personas


información sobre sí mismas, a la vez que valida sus percepciones sobre los demás, lo
que mitiga en parte las deficiencias de comunicación con la comunidad o sociedad en
general (Caplan, 1974).

Nan Lin: la definición sintética del apoyo social:


Nan Lin es un sociólogo que actualmente trabaja en la Universidad de Duke, en
Estados Unidos. Su interés se ha centrado, fundamentalmente, en analizar el efecto
del apoyo social en la salud psicológica y física.  

La principal virtud del trabajo de Lin es su análisis conceptual, dirigido a proporcionar


una definición de apoyo social.

El apoyo social es el conjunto de provisiones expresivas o instrumentales -percibidas o


recibidas- proporcionadas por la comunidad, las redes sociales y las personas de
confianza (Lin, 1986).
Fuentes de apoyo social

Finalmente, la definición de Lin identifica tres posibles fuentes de apoyo social:


1. las personas íntimas y de confianza,
2. la red social y
3. la comunidad.

Aunque todas son proveedoras potenciales de apoyo social, su efecto en el bienestar


es diferente.
Lin identifica un efecto para cada una de ellas:

 La comunidad proporciona un sentimiento de pertenencia a una estructura social


amplia.
 Las relaciones sociales proporcionan un sentimiento de vinculación con otras
personas.
 Las personas íntimas y de confianza proporcionan un sentimiento de
compromiso. Este sentimiento lleva a la persona a aceptar una serie de normas
de reciprocidad y percibir una preocupación por el bienestar de esas personas
próximas.

1 Las personas íntimas y de confianza: la existencia de personas próximas y de


confianza nos permite ventilar nuestros sentimientos y preocupaciones, establecer
vínculos emocionales estables y duraderos, percibir que formamos parte de una
"familia" cuyos miembros se preocupan por nosotros y nosotros nos preocupamos por
ellos, etc. En suma, que no estamos solos y que lo que nos pasa en la vida importa a
otras personas.

2 la red social: las relaciones sociales rompen de alguna manera con el anonimato y
generan vínculos directos entre las personas. En numerosas situaciones las personas
conocen cómo funciona la sociedad en la que viven precisamente por medio de
relaciones sociales informales. Así, compañeros de trabajo y conocidos nos informan
sobre cómo pedir un crédito, dónde disfrutar de nuestros momentos de ocio, dónde
demandar información compleja sobre el funcionamiento de determinadas
instituciones, cómo utilizar los sistemas formales de ayuda, cómo funciona el sistema
de salud, etc

[Link] comunidad los procesos comunitarios puede llevarnos a percibir que mantenemos
cierta afinidad con los valores, actitudes y creencias del contexto social más amplio.
De ser éste el caso, nuestra participación en diferentes procesos comunitarios
(actividades culturales, asociaciones de vecinos, centros de ocio, etc.) se verá
reforzada. En otras palabras, dispondremos de apoyo comunitario.
El caso de la pareja sentimental
Podemos ilustrar este proceso de creación y mantenimiento de relaciones de confianza
e intimidad analizando cómo las personas establecemos relaciones muy próximas y
especiales que llamamos pareja sentimental. En principio, existe una actitud de
apertura que nos lleva a interactuar en el contexto comunitario, tomando parte en
actividades de la comunidad (cine, gimnasio, asociaciones, ocio nocturno, etc.). A lo
largo de nuestra participación establecemos algunos vínculos más estables con
personas con las que compartimos esas actividades (compañeros de trabajo o clase,
conocidos, etc.) y que llegan a formar parte de nuestra cotidianidad (círculo de
amistades). Posteriormente, podemos iniciar un proceso de aproximación hacia una
persona determinada de ese contexto, con la que encontramos quizá una afinidad
especial y que, poco a poco, puede ir convirtiéndose en el principal referente de
nuestra actividad social. Obviamente, si hubiéramos partido de una situación de
aislamiento social (no participar en ningún tipo de actividad comunitaria) o
hubiéramos evitado las relaciones sociales más directas (interacción con otras
personas, círculo de conocidos, etc.) la probabilidad de crear ese vínculo especial (la
pareja sentimental) sería prácticamente inexistente.

La definición de Lin, en resumen, no sólo permite identificar las diferentes


modalidades del apoyo social, sino que, además, identifica sus posibles fuentes y
ofrece una perspectiva integradora sobre los procesos de ayuda en diferentes
ámbitos, desde los más externos al individuo (la comunidad) a los más próximos (las
personas íntimas y de confianza).

El apoyo social en la intervención comunitaria: Grupos de


apoyo y grupos de autoayuda

Hemos presentado el apoyo social como un elemento clave de las relaciones sociales,
que fomenta el bienestar de las personas.
Considerando el ejemplo de Ulises y el profesor, el lector habrá podido observar que la
existencia de una red social caracterizada por el apoyo facilita la adaptación de las
personas en situaciones estresantes, y que su ausencia puede estar relacionada con los
desórdenes psicológicos.
Gran parte del apoyo social se proporciona en el seno de los sistemas informales:
Ulises acude a sus compañeros, a sus amistades y a su pareja sentimental. El profesor
no dispone de estos sistemas informales de ayuda, y podríamos aventurar que, si la
situación se prolonga indefinidamente o produce consecuencias colaterales adversas
(por ejemplo, miedo a asistir al lugar de trabajo, aislamiento social, etc.), los sistemas
formales de ayuda podrían ser de utilidad.
Esta complementariedad entre los sistemas formales e informales choca con la
orientación más extendida de las disciplinas que se ocupan del bienestar psicológico de
las personas.
Así, la Psicología tradicionalmente se ha preocupado por estudiar y mejorar los
sistemas formales de ayuda (servicios sociales, terapia, etc.).

En tanto que ciencia, con este quehacer la Psicología ha promovido que la sociedad
legitime la ayuda formal y ha dejado la ayuda informal para el capítulo de las
iniciativas poco sólidas, ineficaces o voluntariosas.

Podemos identificar este tipo de creencia como un mito, que consiste en mantener
que en la universidad es donde se aprende a conocer al ser humano y son los
profesionales con certificación académica quienes conocen el origen de los problemas y
las posibles soluciones. La universidad, por tanto, crea expertos, y sólo los expertos
pueden solucionar los problemas.

La Psicología comunitaria ha criticado abiertamente este pretendido rol de experto


de los profesionales y ha señalado de forma muy acertada que, en ocasiones, ese rol
de experto puede ser más un obstáculo que un facilitador.
La existencia y la eficacia de los grupos de autoayuda y los grupos de apoyo viene a
certificar tales ideas.

El profesor Enrique Gracia ha señalado cinco ventajas básicas de estos sistemas


informales de ayuda frente a la ayuda profesional:

1. Son accesibles de manera natural: frente a los despachos, las consultas, las
citas y las relaciones profesional-usuario, los sistemas informales se
caracterizan por su accesibilidad. Se basan en relaciones espontáneas entre sus
miembros, frente a la artificialidad de las relaciones en los sistemas formales.
2. Son congruentes con las normas locales: al ser sistemas creados por las
personas que interactúan en ellos y para estas mismas personas, existe una
convergencia y homogeneidad en los valores y normas de funcionamiento La
probabilidad de conflicto de valores es menor que en la ayuda profesional. Este
aspecto es fundamental, ya que cuando las personas perciben que interactúan
con otras que son diferentes a ellas -en términos de valores, actitudes,
experiencias, etc.-, los procesos de empatía e identificación pueden verse
obstruidos, y junto a ellos el proceso de ayuda.
3. Tienen sus raíces en las relaciones duraderas entre iguales o en personas
próximas: junto con la accesibilidad y la congruencia en los valores, estos
sistemas se basan en relaciones estables y duraderas. Son, por tanto, un
recurso permanente en la vida de la persona cuya disponibilidad puede
entenderse como una forma de apoyo en sí.
4. Son flexibles e incluyen un amplio abanico de posibilidades (bienes, servicios,
compañía, consejo, etc.): frente a la ayuda formal, dirigida a satisfacer un
conjunto muy preciso de necesidades, los sistemas informales abarcan una
amplia gama de modalidades. Proporcionan tanto ayuda material como
consejo o apoyo emocional, en función de la situación.

5. Minimizan los costes económicos y psicológicos: estos sistemas implican


menor coste psicológico frente a los sistemas formales, ya que se minimiza la
percepción de anormalidad o desajuste. Mientras que pedir ayuda de
amistades, familiares o iguales puede ser entendido por los propios interesados
como un proceso normal, acudir o buscar ayuda profesionalizada puede
experimentarse como una amenaza en sí misma, en la que de alguna manera la
persona admite que no puede retomar el control de su vida.

Por tanto, los sistemas informales de ayuda (o apoyo) son recursos útiles en la
intervención comunitaria con un claro referente teórico (apoyo social) y, además, con
un variado conjunto de evidencias empíricas (estudios epidemiológicos,
investigaciones sobre el estrés y programas de salud mental comunitaria, entre otros).
La utilización de estos recursos informales se ha visto ampliamente reforzada como
consecuencia del relativo fracaso de los sistemas formales de ayuda institucionales.

La utilización de estos recursos informales se ha visto ampliamente reforzada como


consecuencia del relativo fracaso de los sistemas formales de ayuda institucionales.
Gracia (1997) ha destacado cuatro circunstancias que pueden impedir u obstruir la
percepción de ayuda en estos sistemas formales institucionales:

 En primer lugar, los servicios públicos de ayuda suelen ser demasiado grandes,
burocratizados, distantes del consumidor, inaccesibles y con un control
centralizado excesivo. La persona que acude a ellos puede interpretar ese
distanciamiento como una falta de preocupación por sus necesidades, algo que es
incompatible con la percepción de apoyo social.
 En segundo lugar, debido a la masificación de estos servicios -escasez de recursos
materiales y humanos y una gran afluencia de usuarios-, un buen número de
profesionales se ve aquejado por una enfermedad común: burnout (o desgaste
profesional -'sentirse quemado'-). Esto les lleva a desmotivarse, distanciarse de
su trabajo y adoptar una actitud derrotista en su actividad diaria que en gran
medida deriva del exceso de burocratización en estos entornos.
 En tercer lugar, es habitual que con el tiempo los profesionales de estos servicios
adopten también una actitud de excesiva profesionalización
(sobreprofesionalización), que suele traducirse en apatía y distanciamiento hacia
el usuario.
 Finalmente, y en parte como consecuencia de las circunstancias anteriores, en su
práctica diaria estos profesionales adoptan una"actitud de "poner parches" más
centrada en identificar patologías que en utilizar los recursos y potencialidades
del individuo.

La pregunta que debemos responder entonces es si, ante esta posibilidad de fracaso
de la ayuda formal, existe una alternativa válida.
Esta alternativa consiste en la utilización y aprovechamiento de los sistemas
informales de ayuda y, en casos extremos en los que este tipo de sistemas de ayuda
no se encuentra disponible, en la creación y mantenimiento de nuevas redes de
apoyo informal.
En esto consisten precisamente los grupos de apoyo y los grupos de autoayuda.

Los grupos de apoyo y autoayuda son sistemas informales de ayuda.


Sin embargo, existen al menos cinco condiciones esenciales que permiten diferenciar
entre estos grupos y los sistemas de ayuda más naturales (familia, amigos, etc.);

1. Todos sus miembros comparten un problema común. A diferencia de otros


sistemas informales, en este tipo de grupos existe la percepción de que un
problema común les hace iguales a unos y otros.
2. El estatus de los miembros es de igual a igual. Como consecuencia de la
primera característica, se presta especial atención a no establecer jerarquías y,
en el caso de que existan, a que sean rotatorias y abiertas a cualquier miembro
del grupo que las desee representar (un secretario, un portavoz, etc.).
3. Los miembros reciben y proporcionan apoyo. Ésta es una premisa básica, ya
que tan efectivo es recibir ayuda como proporcionarla. Esto además permite
distanciar la estrategia de estos grupos de la utilizada en la ayuda formal, en la
que el profesional proporciona ayuda y el usuario o cliente la recibe de forma
pasiva. El hecho de proporcionar ayuda aumenta la confianza de las personas
en sí mismas, ya que se perciben útiles para los demás.
4. Son intencionales y sus actividades son guiadas hacia un objetivo definido. A
diferencia de otros sistemas informales más espontáneos, como las amistades,
este tipo de grupos tiene objetivos definidos a priori y, por tanto, una serie de
normas cuyo cumplimiento debe permitir alcanzar los objetivos. En este
sentido, se caracteriza por un mayor grado de formalización que otros sistemas
informales, pero aún así son mucho más flexibles en cuanto a la rigidez de esas
normas que los sistemas profesionales
5. La quinta y última característica permite distinguir a su vez entre grupo de
apoyo y grupo de autoayuda:
 Su funcionamiento es autónomo. Aunque ambos tipos de grupo son
relativamente autónomos, existe una diferencia fundamental entre el
grupo de apoyo y el grupo de autoayuda:
 El grupo de autoayuda no tiene ninguna referencia profesional, no
participan profesionales en ellos, no dependen de subvenciones y son los
propios miembros quienes mantienen el control sobre el grupo. El grado
de autonomía es máximo, ya que en principio no existe ningún tipo de
contacto con los profesionales. Esto es, no hay expertos, y se considera
que son los miembros del grupo quienes mejor conocen la naturaleza del
problema y la forma de solucionarlo. Sin embargo, esta autonomía no
implica necesariamente animadversión hacia los profesionales, quienes en
ocasiones colaboran con el grupo si así se solicita.
 El grupo de apoyo suele ser supervisado por un profesional. Es habitual
que un profesional forme a un grupo de personas con un problema común
con el objeto de que compartan sus experiencias, aprendan unos de otros
y que se proporcionen y reciban apoyo mutuo.

En estos grupos el rol del profesional es de facilitador, es decir, no opera como


experto, sino como un miembro más del grupo, concretamente, uno que tiene la labor
de vigilar que determinados procesos (apoyo) tengan lugar.
Por ello decimos que el grupo tiene un relativo grado de autonomía, ya que es éste el
que establece los objetivos y el que dirige el funcionamiento.

Puede dar la impresión de que el papel de los profesionales es marginal o, incluso, de


que su existencia se podría poner en entredicho.
Esto constituiría una lectura muy desafortunada, desde nuestro punto de vista, de la
importancia de la ayuda profesional en una sociedad compleja.

 En primer lugar, no todas las personas se benefician por igual de este tipo de
ayuda. Tanto si en el momento en que se necesitan estos grupos no se
encuentran disponibles en la comunidad, como si el individuo se siente
especialmente reticente a compartir sus problemas con extraños que considera
legos en la materia, la disponibilidad de ayuda profesional es fundamental como
medida para evitar que los problemas aumenten.
 En segundo lugar, defender que determinadas formas de ayuda profesional
podrían eliminarse y sustituirse por iniciativas que contemplen la utilización de
sistemas informales (grupos de apoyo y autoayuda) es un peligroso argumento
que invita a descapitalizar partes del sistema de protección social y cierra
servicios de atención psicológica o elimina programas de prevención e
intervención en la comunidad.

Cada vez son más los profesionales que operan con criterios mucho más flexibles sobre
cuál debería ser su papel en la intervención, y que consideran que la
complementariedad entre sistemas formales e informales no constituye un
obstáculo, sino uno de los recursos más importantes en el desarrollo de la
intervención. Éste es el caso, por ejemplo, de los grupos de apoyo creados y
fomentados por profesionales que, durante el proceso, alientan a los miembros del
grupo a alcanzar una autonomía mayor y a constituirse en grupos de autoayuda. En
este caso, lo que busca el profesional es abandonar todo protagonismo posible y dejar
a los participantes que sean los verdaderos protagonistas de la intervención.

Un buen profesional es quien promueve la independencia de los usuarios


potenciando los recursos que la hacen posible. Pero esta idea no son nuevas, y
probablemente numerosos padres y madres las llevan utilizando con sus hijos durante
algún tiempo.
En este sentido, la educación de los hijos se completa cuando éstos alcanzan la
independiencia.
Nadie diría que porque los padres busquen la independencia de sus hijos son malos
padres o malos cuidadores. ¿Por qué decirlo entonces de los profesionales?

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