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Digesto 19

Este documento presenta el número 19 de la revista semestral "Digesto documental de Zacatecas", la cual publica artículos sobre historia y humanidades. La revista contiene seis artículos académicos sobre diversos temas relacionados con la historia de México y Zacatecas, como censura, arquitectura, educación e insurgencia durante la época novohispana, así como notas informativas sobre nuevas publicaciones.

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Digesto 19

Este documento presenta el número 19 de la revista semestral "Digesto documental de Zacatecas", la cual publica artículos sobre historia y humanidades. La revista contiene seis artículos académicos sobre diversos temas relacionados con la historia de México y Zacatecas, como censura, arquitectura, educación e insurgencia durante la época novohispana, así como notas informativas sobre nuevas publicaciones.

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documental de Zacatecas

revista de historia y humanidades

ÓNOMA D
AUT E
AD ZA
ID
CA
RS
VE

TE
CAS
U NI

19
DIGESTO
DOCUMENTAL DE ZACATECAS
REVISTA DE HISTORIA Y HUMANIDADES

Digesto documental de Zacatecas es una revista semestral abierta


a la reflexión plural sobre la problemática por la que atraviesan
los procesos históricos y humanísticos modernos y contempo-
ráneos, cuyo propósito es abrir una interlocución proteica entre
académicos y sociedad en general a través de la publicación de
artículos científicos, documentos archivísticos y reseñas biblio-
gráficas críticas. Más que limitante, el título de la revista repre-
senta un punto de partida con una vasta potencialidad: desde
Zacatecas y a partir de fuentes primarias y reflexiones histórico-
humanísticas, se pretende promover la explicación, el análisis
y la elucidación de las realidades pasada y presente de México,
América, Europa y demás contextos espaciales e histórico-cul-
turales.
Digesto documental de Zacatecas
Revista de historia y humanidades

Director fundador: José Enciso Contreras


Director: Martín Escobedo Delgado
Coordinación editorial: Marcelino Cuesta Alonso
y Thomas Hillerkuss

Consejo de Redacción: Armando Hernández Souvervielle (El Colegio de San Luis),


Víctor Manuel González Esparza (Universidad Autónoma de Aguascalientes),
José Luis Alcauter Guzmán (El Colegio de Michoacán), María Pilar Gutiérrez
Lorenzo (Universidad de Guadalajara), Juan Carlos Orejudo Pedrosa (Univer-
sidad Autónoma de Zacatecas), María Guadalupe Serna Pérez (Instituto Mora),
Rubén Ibarra Reyes (Universidad Autónoma de Zacatecas), Marco Antonio
Landavazo (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo).

Consejo Editorial: Thomas Calvo (El Colegio de Michoacán), María Isabel Terán
Elizondo (Universiad Autónoma de Zacatecas), Óscar Mazín (El Colegio de
México), Rosalina Ríos Zúñiga (Universidad Nacional Autónoma de México),
Mariana Terán Fuentes (Universidad Autónoma de Zacatecas), José Enciso
Contreras (Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas), Jaime Olveda (El
Colegio de Jalisco), Manuel González Ramírez (Crónica del Estado de Zacatecas).

Universidad Autónoma de Zacatecas


Rector: Dr. Rubén de Jesús Ibarra Reyes
Secretario General: Dr. Ángel Román Gutiérrez
Secretario Académico: Dr. Hans Hiram Pacheco García
Coordinador de Investigación y Posgrado: Dr. Carlos Bautista Capetillo

Digesto documental de Zacatecas, volumen XV, número 19, enero-junio de 2021 es una publica-
ción semestral editada por la Universidad Autónoma de Zacatecas, Jardín Juárez 147, Centro
Histórico, 98000, Zacatecas, Zacatecas. e-mail [email protected], thomashillerkuss@
gmail.com y [email protected]. Editores responsables Martín Escobedo Delgado, Marceli-
no Cuesta Alonso y Thomas Hillerkuss. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04-2000-
71414220500-102, ISSN: 1405-9584. Este número se terminó de editar el 10 de junio de 2021 en
Taberna Libraria Editores. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan
la postura de los editores de la publicación. Queda estrictamente prohibida la reproducción total
o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del Digesto
documental de Zacatecas.
Contenido

Presentación 6

ITINERARIOS 10
Escudo de armas de México, por Cayetano de Cabrera y Quintero,
un caso sobreseído 11
Leticia López Saldaña

La Casa habitación para presbíteros, Zacatecas, 1877 44


Eustaquio Ceballos Dorado

Formar profesoras para escuelas de párvulos, o cómo institucionalizar y hacer


visible una profesión femenina. Zacatecas, fines del siglo XIX
y principios del siglo XX 71
Martina Alvarado Sánchez

La construcción de la opinión pública política. Notas sobre


las potencialidades de la cultura escrita 88
José Luis Monreal Reyes

José Xavier Argomaniz, su Diario y los conspiradores


de Querétaro en 1810 114
José Martín Hurtado Galves

Notas sobre la modernización educativa


de Carlos Salinas de Gortari, 1992 155
Rosa Laura Delgado Ramos

HUELLAS EN EL TIEMPO
Las cartas edificantes de la Compañía de Jesús: fuentes para un acercamiento
a la historia de la ciencia 180
Erika Yadira Méndez Soriano
CAZADORES FURTIVOS
Gustavo Pérez Rodríguez, Xavier Mina, el insurgente español.
Guerrillero por la libertad de España y México, México, UNAM, 2018.
Mariana Terán Fuentes 189

Carmen Fernández Galán Montemayor (editora), Descripción breve


de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas, Madrid, Iberoamericana
Editorial Vervuert, 2018. 196
Marcelino Cuesta Alonso
Presentación

E
ste nuevo número del Digesto docu-
mental de Zacatecas sale a la luz en
medio de las dificultades propias del
relevo institucional de la UAZ y de
la pandemia generada por el SARS-coV-2 (covid
19). Sin embargo, estos difíciles trances no han
impedido, hasta ahora, la suspensión definitiva
de esta revista que, desde nuestro punto de mira,
constituye una oportunidad inestimable para que
los jóvenes investigadores publiquen sus «óperas
primas», al tiempo que los investigadores consoli-
dados refuercen la calidad de la publicación, abo-
nando de igual modo al análisis, la explicación y la
elucidación de las realidades pasada y presente de
nuestro mundo.
Es así que el número 19 de nuestra revista
ofrece diversos trabajos cuya reflexión se orienta
a los ámbitos de la censura, la arquitectura, la his-
toria de la educación, la política y la insurgencia
novohispana. Esta pluralidad de miradas constata
la riqueza de enfoques y metodologías a través de
las cuales puede escudriñarse la realidad. Para co-
rroborar este aserto, solo hace falta recorrer, uno
a uno los textos que contiene este Digesto.
La sección Itinerarios de nuestra revista, abre
con un caso específico sobre la censura novohis-
pana durante la primera mitad del siglo XVIII. En
su agudo texto, Leticia López Saldaña expone el
complicado proceso que llevó al libro Escudo de
6
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

armas de México –escrito por Cayetano de Cabrera y Quinte-


ro–, a retirarse de la circulación y, posteriormente, a ser consu-
mido por las llamas. Como en toda buena investigación, López
Saldaña cuestiona las afirmaciones que José Toribio Medina
hizo sobre las causas que llevaron a censurar el Escudo de armas
de México, mostrándonos de modo particular el intríngulis de
este episodio, que es mucho más rico y proteico de lo que po-
demos pensar.
Con un interesante recorrido por la evolución material
de la Catedral de Zacatecas, desde su primitiva construcción
que ya figuraba desde 1559, hasta 1896, Eustaquio Ceballos
muestra cómo después de erigirse la Diócesis de Zacatecas
en 1864, surgieron necesidades derivadas de esta nueva con-
7
dición: la fundación de un seminario y la construcción de
una casa habitación para presbíteros. En lo concerniente al
inmueble que serviría para brindar hospedaje a los presbíte-
ros, el autor teje una sugerente narrativa sobre el origen de
dicho inmueble, desde la gestión del terreno hasta la con-
clusión de su fábrica, pasando por los usos que ha tenido el
predio hasta nuestros días.
Por otra parte, Martina Alvarado Sánchez contribuye con
un trabajo de historia de la educación escrito desde la perspec-
tiva de género, el cual problematiza el trayecto que construye-
ron algunas mujeres zacatecanas para hacerse visibles y parti-
cipar en la esfera pública local. Durante el lapso porfiriano de
fines del siglo XIX y principios del XX –explica la autora–, la
Escuela Normal de Señoritas constituyó un centro educativo
donde convivieron formadoras y alumnas en torno a la carrera
de profesora de párvulos, sin embargo, más allá del desempeño
de su profesión, las profesoras de la institución y las egresa-
das conformaron un grupo letrado que, con timidez, inició un
cambio en la sociedad zacatecana tradicional que, a la postre,
generará las transformaciones que conocemos hoy en día.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

El texto de José Luis Monreal Reyes expone –a partir de


los contextos de la monarquía española, el reino novohispa-
no y la provincia de Zacatecas– el proceso a través del cual se
construyó la Opinión Pública Política. Tomando como perio-
do el surgimiento de la crisis monárquica, el autor elabora una
narrativa donde el aspecto político asume un papel toral en
una coyuntura de incertidumbre. Recordemos que hacia 1808
la Península Ibérica fue tomada por el ejército napoleónico,
motivando el inicio de un episodio plagado de dudas, miedos
y escepticismo, pero también de patriotismo y de opiniones
sobre lo que estaba ocurriendo. Fue en este marco cuando en
la Nueva España circuló profusa información política que fo-
mentó la construcción de la Opinión Pública Política, proceso
8
que el autor bosqueja para el caso de la provincia de Zacatecas.
Sobre el recurrente tema de la independencia de México,
Martín Hurtado Galves destaca la importancia que tienen las
fuentes primarias para la mejor comprensión de este complica-
do proceso. Por ello, en su texto manifiesta la importancia del
Diario escrito por el queretano José Xavier Argomaniz, quien,
al ser testigo y protagonista del sinuoso episodio que abarcó de
1810 a 1821, describe el rumbo de los acontecimientos en el ám-
bito local, aderezado de pasajes de la vida cotidiana. Hurtado
Galves complementa espléndidamente su artículo, insertando
valiosa información desprendida de diversos repositorios, para
contextualizar la vida de Argomaniz y comprender los móviles
que lo llevaron a escribir su singular Diario.
El último artículo que se incluye en este número del Di-
gesto, corresponde a la autoría de Rosa Laura Delgado Ramos.
Este trabajo centra la mirada en el proyecto de la moderniza-
ción educativa en México que se gestó durante el gobierno de
Miguel de la Madrid y que se implementó con toda su fuerza
en la administración federal que encabezó Carlos Salinas de
Gortari. La autora asevera que la transformación en el renglón
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

educativo se apuntaló con una serie de cambios en la Consti-


tución que prepararon el terreno para echar a andar un amplio
programa que buscó, a través de la educación de calidad, in-
sertar a México en el concierto de las naciones desarrolladas.
En la sección Huellas en el tiempo, se presenta un texto res-
catado por Erika Yadira Méndez Soriano. Hurgando en los ve-
ricuetos de la Biblioteca de Colecciones Especiales Elías Ama-
dor, ubicada en el corazón de la ciudad de Zacatecas, Méndez
Soriano localizó el libro Cartas edificantes y curiosas escritas de
las misiones extranjeras y de levante por algunos misioneros de la
compañía de Jesús y traducidas por el padre Diego Davin, del que
extrajo una interesante misiva con tientes científicos elabora-
da por un jesuita que misionaba en la India. Por último, la sec-
9
ción Cazadores furtivos integra dos reseñas. La primera escrita
por Mariana Terán Fuentes y la segunda por Marcelino Cuesta
Alonso, relativas a los libros Xavier Mina, el insurgente español.
Guerrillero por la libertad de España y México, y Descripción breve
de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas, respectivamente.
Con la publicación del número 19 del Digesto documental
de Zacatecas, refrendamos nuestro compromiso para consoli-
dar la revista, pretensión que requiere, por parte de las nuevas
autoridades de la UAZ, de mayor apoyo y de un acompaña-
miento solidario.

Martín Escobedo Delgado


Ciudad de Zacatecas, junio de 2021
ITINERARIOS
Escudo de armas de México,
por Cayetano de Cabrera y Quintero,
un caso sobreseído1

Leticia López Saldaña2

Resumen

E
l Escudo de armas de México es una
obra histórica escrita por Cayetano
de Cabrera y Quintero. Entre los
temas que aborda el autor en esta
obra se encuentran: la epidemia matlazáhuatl, la
jura de la Virgen de Guadalupe, fundación de los
primeros hospitales y construcción de los prime-
ros templos en Nueva España, el origen del culto
guadalupano, entre otros. El libro fue sacado de
la circulación por solicitud de Manuel Antonio
de Luyando y Bermeo, catedrático de la Real Uni-
versidad, quien se inconformó ante las diferentes
instancias virreinales porque De Cabrera y Quin-
tero lo denigró al afirmar que él se oponía a la jura
del patronato de la Virgen de Guadalupe. Al mo-
mento se sabe que el virrey Francisco Güemes y
Horcasitas escribió a Fernando VI, rey de España,
para informar acerca del secuestro de la obra.
1 El presente texto está relacionado con mi Tesis Doctoral inédi-
ta «Argumentación retórica en el Escudo de armas de México por
Cayetano Javier de Cabrera y Quintero en torno a la jura del pa-
tronato de la Virgen de Guadalupe y el método para historiar su
culto», Universidad Autónoma de Zacatecas, 2020.
2 Doctora en Estudios Novohispanos, [email protected].
mx
11
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Palabras clave
Libro, Luyando y Bermeo, Cabrera y Quintero, Virgen de
Guadalupe.

Abstract
The coat of arms from Mexico is an historical work written by
Cayetano de Cabrera y Quintero. Among the topics addressed
by the author are: the matalazahuatl epidemic, the swearing of
the Virgin of Guadalupe, foundation dates of the first hospi-
tals and the building of the first churches in the New Spain,
the origin of the guadalupan worship, among others. The
book was taken out of circulation by request of Manuel An-
tonio de Luyando y Bermeo, Professor from the Royal Univer-
12
sity, whom express his disagreement with the different Vice
royal authorities, because De Cabrera y Quintero denigrated
him affirming he was opposed to the swearing of the worship
of the Virgin of Guadalupe. Nowadays is known that the Vi-
ceroy Francisco Güemes y Horcasitas wrote to Fernando VI, King
of Spain, to report the kidnap of the literary work.

Key words
Book, Luyando y Bermeo, Cabrera y Quintero, Virgin of Gua-
dalupe.

Preámbulo
A finales de 1736 y principios de 1737 una epidemia denomi-
nada matlazáhuatl asoló la sociedad novohispana,3 principal-
mente la ciudad de México. Al ver que la plaga no cesaba a
3 Sobre el origen de la palabra matlazáhuatl Cabrera y Quintero dice: «Aun el
nombre, que más por ignorancia que energía diò â la preſente plaga ſu vulgo hazia
no ſé que eco, ó reclamo a aquellas ſus ruidoſas crueldades. Llamaronla en idioma
del País Matlazahuatl, compueſta de Matlatl, la red, y por lo parecido, el reda-
ño, y Zahuatl la puſtula ò grano; con que ſin veer lo que decian la venian â llamar
Granos en el, redaño; ò red de granos». Cayetano de Cabrera y Quintero, Escudo
de armas de México, México, viuda de D. Bernardo de Hogal, 1746, pp. 59-60.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

pesar de oponer tantas imágenes sagradas ante este grave daño,


a principios de 1737 el cabildo de la ciudad de México inició
las gestiones necesarias para jurar el patronato de la Virgen de
Guadalupe en la capital y después de la colonia,4 lo anterior
porque la epidemia opuso resistencia al tratamiento médico
y porque se extendió a toda la Nueva España. Las diferentes
provincias, a imitación de la metrópoli, también juraron la
Virgen de Guadalupe como Patrona de sus obispados: «Eſta
devota commocion de todo el Reyno â abrigarſe de MARIA
Sma. y ſu milagroſiſ ſima Capa en ſu Imagen del Mexicano Gua-
dalupe, fue otra como ardiente fiebre del amor, y Epidemia
apreciable».5 Además, las provincias otorgaron los poderes al
arzobispado de México para que se jurase la Virgen. Para 1746
13
se estaría jurando como Patrona general de la Nueva España.
Los regidores comisarios de la ciudad de México, Felipe
Cayetano de Medina, y José Francisco de Aguirre fueron de-
signados para solicitar al arzobispo virrey, Juan Antonio Viza-
rrón, que se realizara una relación para memoria de las demos-
traciones de júbilo. Asimismo, propusieron que Cayetano de
Cabrera y Quintero fuera quien realizara dicha relación, lo que
autorizó en junio de 1737. Otra petición fue que hospitales y
parroquias informaran al autor de las cifras de enfermos y per-
sonas acaecidas por la epidemia.6 Lo que debía ser una sencilla

4 «Illmo. y Excmo. Señor: obedeciendo el ſoberano Decreto de V. Exc. Illma. de 23


de Febrero del preſente año en la pretenſion que tiene la Nobiliſ ſima Ciudad en ju-
rar Patrona â MARIA Sma. en ſu admirable Imagen de Guadalupe, bien inſtruido
el Cabildo de la Conſulta, y pedimento de la Nobiliſ ſima Ciudad, reconoce ſer dos
las pretenſiones de su Iluſtre Ayuntamiento. La primera el jurar ahora à la Señora
por Patrona Principal de Mexico, y la ſegunda, que eſte feliz Patronato ſe eſtienda
à todo el Reyno de Nueva-Eſpaña, de quien ſea Patrona General nueſtra Soberana
Reyna en eſta ſu Imagen devotiſ ſima». Cayetano de Cabrera, Escudo, p. 269.
5 Cayetano de Cabrera, Escudo, p. 495.
6 «proponiendo aſ ſimiſmo à V. Exc. el que para dicho efecto podria ſer a propoſito
Don Cayetano De Cabrera, Vecino de eſta Ciudad, ſugeto de conocidas letras, y
talentos, para el mejor deſempeño de tan grande aſ ſumpto […]. Pero como quiera
que para la mas veridica, y formal Narracion del Hecho, es neceſ ſario el que ſe le
miniſtren aſ ſi por los Officios, y juzgados, como por los Hoſpitales, y Parrochias,
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

relación, terminó siendo una obra de inmensas proporciones,


misma que tardó casi diez años para ser editada, pero fue saca-
da de la circulación unos meses después de haber sido impresa,
según José Toribio de Medina. El presente ensayo pretende dar
información acerca de los motivos por los cuales se retiró de la
circulación el Escudo de armas de México.

El Escudo de armas de México,


una obra extensa
El Escudo de armas de México es una fuente ilimitada de datos
históricos, no solo del culto guadalupano, también lo es de los
primeros hospitales que se fundaron en Nueva España, de las
primeras imágenes y órdenes religiosas que llegaron de Espa-
14
ña, de los primeros templos que se edificaron, de las primeras
epidemias y catástrofes que padeció el territorio después de la
conquista. También arroja información que puede ser útil para
la historia de la medicina virreinal, la antropología, o el con-
texto social, entre otros datos, por lo tanto, se han acercado a
esta obra historiadores de diferentes campos de la ciencia.
A pesar del comentario de Toribio de Medina acerca de la
incautación del libro, la invaluable aportación que hace De Ca-
brera y Quintero al conocimiento, tanto de la medicina como
del culto guadalupano, propicia que otros autores reconozcan
su valía, como Gabriel Méndez Plancarte, quien califica esta
obra con el adjetivo de poderosa y le atribuye ser causa de que
De Cabrera y Quintero sea reconocido como poeta: «En ‘las
oscuras aguas del Leteo’ -como diría él mismo con palabras
del gran don Luis- parecían haber naufragado las obras poéti-

las mas veridicas noticias, que puedan conducir al aſumpto: ſe ha de ſervir la Gran-
deza de V. Exc. (ſiendo de ſu agrado, lo propueſto, y con ſu aprobacion) de man-
dar que aſ ſi se haga por las Perſonas a quien ocurriere, y de ruego, y encargo à las
Ecleſiaſticas, para que por eſte medio ſe conſiga las mas ingenua, y veridica Hiſtoria,
porque aſ ſi ceda en mayor honra, y culto de tanta Soberana Señora». Cayetano de
Cabrera, Escudo, p. 496.
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cas de Cabrera, cuyo nombre habíase salvado del olvido total


gracias a su poderoso ‘Escudo de armas de México’ que le hacía
figurar entre los apologistas guadalupanos».7 Más tarde elogia
la creación del autor novohispano y lo reconoce como «uno de
los mayores poetas hispano-latinos de nuestra […] admirable
época colonial».8 Escribe su comentario después de informar
que revisó los seis gruesos tomos de la obra manuscrita de De
Cabrera y Quintero que se encuentra en la Biblioteca Nacio-
nal de México.
En la información que proporciona Toribio de Medina,
pareciera que el libro carece de valor y que el autor se dedicó a
vejar a sus contemporáneos sin límites:

15
Consta que se tiraron 800 ejemplares del Escudo de armas de Mé-
xico, pero se agregaron diferentes pasajes ofensivos a varias per-
sonas y especialmente a los naturales de México, de que resultó
haberse quejado al Virrey don Manuel Antonio de Luyando y
Bermeo,9 uno de los aludidos, solicitando que se practicase con

7 Gabriel Méndez Plancarte, Horacio en México, Ediciones de la Universidad Na-


cional de México, 1937, p. 30.
8 Gabriel Méndez Plancarte, Horacio, p. 40.
9 De su relación de méritos, firmada el año de 1750, se obtiene que fue hijo legíti-
mo de Cristóbal Agustín de Luyando y de doña Melchora Teresa Gutiérrez, ca-
tólicos de calificada nobleza. Estudió gramática entre otras disciplinas, recibió el
grado de bachiller en artes y cánones; fray José de Lanciego, arzobispo de México,
lo hizo acreedor a una de las prebendas teologales de oficio de la propia Iglesia y
le honró con la cátedra de teología moral del colegio seminario, la que leyó nueve
años y le nombró público resolutor de casos morales. También le favoreció con el
empleo de capellán del Real convento de Jesús María. Para el grado de doctor salió
aprobado con los votos de cuarenta y un doctores que asistieron a su examen. Fue
maestro en artes por título de la cátedra de retórica. Obtuvo la cátedra de retórica
y la leyó por cuatro años, de 1734 a 1738. Tiene trece años de calificador del Santo
Tribunal y diecinueve años de examinador sinodal. Fue asesor de cruzada por
los ilustrísimos señores don Juan Ignacio de Castorena y Ursúa y don Martín de
Elizacochea. El arzobispo Juan Antonio Vizarrón le dio dos lugares, uno para el
convento de Santa Catalina y otro para el sagrario de la iglesia Catedral Metropo-
litana. Fue autor de varios sermones en la Metropolitana, en 1749 leyó el sermón
fúnebre para las honras del señor obispo don Carlos Bermúdez. Cfr. Archivo de
Indias, Indiferente, 234, núm. 27, en http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/cata-
logo/show/2843545 (información consultada el 4 de marzo de 2020).
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el libro lo dispuesto por las leyes en semejantes casos. Tramitan-


do el incidente, el fiscal pidió que se recogiesen todos los ejem-
plares y se quemasen. En consecuencia y conforme al parecer de
la Real Audiencia, el Virrey Güemes y Horcasitas mandó reco-
ger el libro, y en efecto perecieron 437, de los cuales se enviaron
diez al Consejo, para que mandándolos recoger, se tomase la
resolución que fuese del real agrado. Carta de Güemes, de 4 de
septiembre de 1748.10

Aún se desconoce el contenido completo de la epístola al vi-


rrey Güemes y Horcasitas, a pesar de que se ha buscado en
diferentes archivos y bibliotecas no ha sido posible localizar-
la. Por lo que la información que nos brinda el bibliógrafo es
16 un tanto enrarecida. Él señala que contenía pasajes ofensivos
contra varias personas, y especialmente contra los naturales,
pero el motivo, vamos a ver que, es muy diferente.
Otros autores como Jesús García Gutiérrez tienen su pos-
tura en cuanto al mérito de la obra, para este autor, por ejem-
plo: «El P. Cabrera era archigongorista y se necesita vocación
especial para leer su libro que, por otra parte, es mina riquísima
para noticias de las imágenes veneradas que en su tiempo había
en México y fuente segura para las noticias guadalupanas».11
David A. Brading dedica un capítulo de su obra La Virgen
de Guadalupe: imagen y tradición, al Escudo de armas de México,

En las actas firma como clérigo, presbítero, catedrático de propiedad de Vísperas


de Sagrada Teología de la Real Pontificia Universidad y calificador del Santo Ofi-
cio. Se sabe que el nombramiento de calificador del Santo Oficio le fue otorgado el
año de 1730, según catálogo AGN/Inquisición (61) /volumen 847. En 1747 obtuvo la
canonjía magistral por oposición. Véase Rodolfo Aguirre Salvador, «Los límites de
la carrera eclesiástica en el arzobispado de México (1730-1747)», en Rodolfo Aguirre
Salvador (coord.), Carrera, linaje y patronazgo. Clérigos y jesuitas en Nueva España,
Chile y Perú (siglos XVI-XVIII), México, Centro de Estudios sobre la Universidad-
Universidad Nacional Autónoma de México / Plaza y Valdés, 2004, p. 91.
10 José Toribio Medina, La imprenta de México (1539-1821), Santiago de Chile, Impre-
so en la casa del Autor, MCMX, p. 22.
11 Jesús García Gutiérrez, Primer siglo guadalupano. Documentación indígena y espa-
ñola (1531-1648), México, Imp. «Patricio Sanz», 1931, p. 151.
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en el que reseña la vasta información que proporciona De Ca-


brera y Quintero, tanto de las causas de la epidemia como de
las órdenes religiosas que se dedicaron a atender a los enfer-
mos, incluso menciona los conocimientos sobre medicina que
tuvo el dramaturgo y poeta novohispano. Cuando se refiere a
la obra, dice:

Pero aunque trabajó con denuedo para obtener información, a


menudo buscando en los archivos, no consiguió ponerse a la al-
tura de las circunstancias. Sin duda, los abundantes datos que
proporcionó hacen de su libro una invaluable obra de referencia
para cualquier historia de medicina o de la religión en Nueva
España. Pero sus futuros lectores se desanimaron ante su estilo
17
execrable y sus largas digresiones que oscurecían el interés de
los acontecimientos que reseñaba. Tenía en sus manos docu-
mentos que le pudieron haber facilitado la escritura de una rela-
ción a la altura de A Journal of the Plague Year (1722) de Daniel
Defoe […]. Pero Cabrera era verboso y con frecuencia no lograba
alcanzar los efectos que buscaba.12

Pese a la dura crítica que hace, termina diciendo que el Escudo


de armas de México, «puede leerse como una narración suma-
mente conmovedora de cómo la sociedad cristiana reaccionó
ante la furiosa embestida de la plaga y de sus angustiosos es-
fuerzos por obtener el socorro divino». 13
Víctor Ruiz Naufal, editor del facsimilar del Escudo de ar-
mas de México, expresa que él solo pretende mostrar la erudi-
ción, no la calidad de sus letras. La defensa del estilo, dice, se
encuentra en la misma obra, cuando Cabrera y Quintero cita
a Tácito para señalar que los vicios son más del tiempo que del

12 David A. Brading, La Virgen de Guadalupe: imagen y tradición, México, Taurus,


2002, p. 212.
13 David A. Brading, La Virgen, p. 213.
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historiador. Para él, la obra sigue siendo una rica mina para
historiadores, tanto de la medicina como de otras disciplinas
del conocimiento. De los que ya se han acercado a la obra,
aunque no han emitido un juicio, se cree que han reconoci-
do su valía debido a la variedad de información que contie-
ne, solo por citar algunos: América Molina del Villar,14 Miguel
Ángel Cuenya,15 María del Carmen Carreón Nieto,16 María de
los Ángeles Rodríguez Álvarez,17 Marcela Salas Cuesta y Ma-
ría Elena Salas Cuesta,18 además de historiadores del culto
guadalupano,19 entre ellos cabe destacar a José Patricio Fernán-

14 América Molina, «Las prácticas sanitarias y médicas en la ciudad de México,


1736-1739. La influencia de los tratados de peste europeos», en Estudios del hombre,
núm. 20, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2005, pp. 39-58.
18 15 Miguel Ángel Cuenya, «Peste en una ciudad novohispana. El matlazáhuatl de
1737 en la Puebla de los Ángeles», Anuario de Estudios Americanos, 53 (2), 1996, pp.
51-70.
16 Carreón Nieto, María del Carmen, Epidemias y desastres en el obispado de Michoa-
cán 1737-1804. Morelia, Morevallado editores, 2015.
17 «Sobre las epidemias del siglo XVIII, hay más información; merece mención
especial una, la de 1737, ya que gracias a la obra del padre Cayetano de Cabrera y
Quintero conocemos la detallada relación de la enfermedad a través de su libro
que se titula Escudo de armas de México». María de los Ángeles Rodríguez Álvarez,
Usos y costumbres funerarias en la Nueva España, México, El Colegio de Michoacán
/ El Colegio Mexiquense, 2001, p. 176.
18 Marcela Salas Cuesta y María Elena Salas Cuesta, «Cayetano Cabrera y Quin-
tero, «El escudo de armas y el matlazáhuatl», en Antropología mexicana, vol. 21, 123,
sept.-oct., de 2013, p. 93.
19 Joaquín García Icazbalceta, Juan Diego y las apariciones del Tepeyac, México, Pu-
blicaciones para el Estudio Científico de las Religiones, 2002. Mariano Cuevas,
Historia de la Iglesia de México, Tomo I, México, Porrúa, primera edición 1921. Jesús
García Gutiérrez Primer siglo guadalupano. Documentación indígena y española (1531-
1648), México, Imp. “Patricio Sanz”, 1931. Francisco de la Maza, El guadalupanismo
mexicano, México, Fondo de Cultura Económica, 1984. Edmundo O’ Gorman, Des-
tierro de Sombras. Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe
del Tepeyac, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991. Jacques
Lafaye, “La querella de las apariciones”, en Quetzalcóatl y Guadalupe. La formación
de la conciencia nacional, México, Fondo de Cultura Económica, 2002. José Lucas
Anaya, La milagrosa aparición de nuestra señora María de Guadalupe de México, Mé-
xico, Instituto de Investigaciones Bibliográficas-Universidad Nacional Autónoma
de México, 1995. Ricardo Nebel, Santa María de Tonantzin. Virgen de Guadalupe.
Continuidad y transformación religiosa, México, Fondo de Cultura Económica, 1995.
Jesús María Navarro Bañuelos, “Cornucopia guadalupana: estudio retórico-psico-
lógico del discurso guadalupano”, (Tesis doctoral inédita), Zacatecas, Universidad
Autónoma de Zacatecas, 2006.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

dez de Uribe, en su Disertación histórico-crítica […], que data de


1778,20 por la proximidad temporal, quien recurre al Escudo de
armas de México, ya sea para respaldar alguna información, ya
para corregir otra.
En tiempos más actuales destaca el estudio que ha realiza-
do Iván Escamilla González del Escudo de armas de México des-
de diferentes enfoques o atendiendo las diferentes polémicas
que suscitó esta obra. Para él: «Lo que parece fuera de discu-
sión en la actualidad es que el historiador Cayetano Cabrera
y Quintero hizo de su Escudo de armas de México un trabajo de
gran valía e interés, testimonio de un momento peculiar de cri-
sis y renovación de la cultura mexicana, y que merecerá ser re-
visado muchas veces en el futuro por los estudiosos de nuestra
19
historia colonial».21 Entre las contribuciones que ha aportado
Escamilla, se encuentra el estudio que realizó sobre el parecer
de Juan Pablo de Zetina Infante, maestro de ceremonias de la
catedral de Puebla, quien se opuso a que fuera jurada la Virgen
de Guadalupe como Patrona de Nueva España, el contexto en
que fue escrito el Escudo de armas de México, entre otros estu-
dios relacionados con la obra de Lorenzo de Boturini.22

20 José Patricio Fernández de Urbe, “Disertación histórico-crítica en que el autor


del sermón que precede sostiene la celestial imagen de María Santísima de Gua-
dalupe de México, milagrosamente aparecida al humilde neófito Juan Diego, escri-
bíase por el año de 1778”, en Sermón de Nuestra Señora de Guadalupe de México, pre-
dicado en su santuario el año de 1777 día 14 de diciembre en la solemne fiesta con que su
ilustre congregación celebra su aparición milagrosa, México, Zúñiga Ontiveros, 1801.
21 Iván Escamilla González, «Cayetano de Cabrera y Quintero y su Escudo de armas
de México», en Juan A. Ortega y Medina y Rosa Camelo (coords.), Historiografía
mexicana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012, p. 603.
22 En mi Tesis doctoral explico acerca de la rivalidad entre Lorenzo de Boturini
y Cayetano de Cabrera y Quintero. Mientras que Boturini pretendía encontrar el
origen del culto en los códices indígenas, De Cabrera y Quintero remite al lector
a las fábulas romanas, donde las flores formaban parte de una milenaria tradición
en la configuración de milagros y apariciones. Leticia López Saldaña, «Argumen-
tación retórica en el Escudo de armas de México por Cayetano Javier de Cabrera y
Quintero en torno a la jura del patronato de la Virgen de Guadalupe y el método
para historiar su culto», (Tesis doctoral inédita), Tomo I, Universidad Autónoma
de Zacatecas, 2020.
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Cada vez son más los autores que se acercan al Escudo de


armas de México, los ya citados son muestra de la vigencia de
la obra y su importancia para el conocimiento del contexto de
esa época.

Motivo de la censura del Escudo de armas


de México
Antes de salir de la imprenta, el libro ya era cuestionado por
uno de sus aprobantes, Juan Antonio Fábrega Rubio. Al pare-
cer no era partidario de que De Cabrera y Quintero fuera el
autor de la relación de los sucesos derivados del matlazáhuatl:
«Como teſtigo de viſta refiere la realidad del acaecimiento, con
tan prolija puntualidad, y rigoroſo empeño, que aun ſe queda
20
corto en las ponderaciones, pues los que lo vieron, y experi-
mentaron, reflexando ſobre los crueles veſtigios, que dexó la
memoria del ſuceſ ſo han de juzgar, y con mucho fundamento,
que no es adequada la Narración».23 Por otro lado, Francisco
Ximénez Caro, autor del Juicio para el Escudo de armas de Mé-
xico, celebra el estilo e intelecto de De Cabrera y Quintero: «no
ſe crian con la frecuencia que ſe engendran»24 este tipo de es-
critores. Lo mismo sucede con don Joseph de Mercado, autor
del Parecer de la obra, quien alaba su destreza literaria compa-
rándolo con Virgilio: «como las [manos] del feliciſimo Autor
[Virgilio], no ſale obra, o eſcrito que no ſea torneado, como un
poema».25
La diferencia en los dictámenes de los aprobantes deja ver
que existía diferencia de opiniones al interior de la Curia no-
vohispana. Después veremos que no solo en torno al estilo del

23 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, aprobación de Juan Antonio


Fábrega Rubio, p. xvii.
24 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, juicio de la obra Francisco Xa-
vier Ximénez Caro, p. xxvii.
25 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, parecer de José de Mercado, p.
xxi.
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poeta novohispano. Antes de revisar el contenido de las actas,


conviene adelantar que De Cabrera y Quintero fue un autor
frecuentemente requerido para elaborar obras panegíricas
para eventos notables de la época, como la entrada de virreyes
o el festejo de exequias reales. Entre su producción literaria
se encuentran arcos triunfales, loas, túmulos funerarios rea-
les. Esas obras por encargo le eran solicitadas en parte por su
prestigio, aunado a ello el hecho de ser maestro de pajes de ar-
zobispo Juan Antonio Vizarrón, fallecido a principios de 1747,
momento en el que Manuel Antonio de Luyando y Bermeo,
catedrático de propiedad de Vísperas de Sagrada Teología de
la Real Pontificia Universidad, se inconforma ante las diferen-
tes instancias virreinales para que el libro fuera sacado de la
21
circulación.
Se sabe, por actas localizadas en el cabildo de la ciudad de
México (AHCM) y en el repositorio del cabildo de la Metropo-
litana (ACCMM), que el catedrático asistió al Supremo Tribu-
nal del Santo Oficio para sacar el libro de circulación, pero no
fue escuchado por no encontrar algún indicio que se opusiera
a la santa fe católica, por lo que asistió al cabildo eclesiástico
para ser escuchado, donde tampoco fueron bien recibidas sus
peticiones. Su inconformidad se debía al hecho de ser injuria-
do por De Cabrera y Quintero en su obra histórica. En efecto,
el autor novohispano arremete contra Luyando y Bermeo por
oponerse, según él, a la jura de del patronato de la Virgen de
Guadalupe. Antes del catedrático hubo otro opositor, Juan Pa-
blo de Zetina Infante,26 maestro de ceremonias de la catedral

26 En “Argumentación retórica”, Tomo I, abordo la controversia suscitada entre


Juan Pablo de Zetina Infante y Cayetano Javier de Cabrera y Quintero, de la que
Iván Escamilla González aporta información suficiente en “Reformar la reforma:
Juan Pablo de Zetina Infante y la polémica litúrgica e histórica por la jura del Pa-
tronato Guadalupano en Nueva España, 1737-1746”, en María del Pilar Martínez
López-Cano y Francisco Javier Cervantes Bello (coords.), Reforma y resistencias
en la Nueva España, Reformas y resistencias en la Iglesia novohispana, México,
Universidad Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Históricas/ Be-
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de Puebla, argumentando que la aparición de la Virgen aun no


era autenticada por la Congregación Sagrada de Ritos, ni se
debían incluir nuevos rezos que no existieran en el breviario
romano.
Sus objeciones fueron contestadas por el bachiller José
Otáñez de Zepeda, presbítero angelopolitano, sacristán mayor
del convento de las señoras religiosas carmelitas descalzas de
Puebla; Juan Bautista de Peñaranda, maestro de ceremonias de
la catedral de México y capellán del convento de las religiosas
de San Bernardo; el carmelita Nicolás Zamudio, y por De Ca-
brera y Quintero, quien publicó en 1744 El patronato disputado,
donde da contestación a cada uno de los argumentos del maes-
tro de ceremonias, quien fallecería poco después de dar a co-
22
nocer los motivos que impedían la jura del patronato, dejando
la discusión en el aire.27
Al darse cuenta Luyando y Bermeo de la disputa, decidió
dar su punto de vista en su aprobación de El Dia festivo proprio
para el Culto, y Rezo de Señor SAN JOACHIN […], por Joseph
Mariano Gregorio de Elizalde de Ita y Parra, publicado en 1744,
ahí insistió en lo que ya había señalado Zetina Infante, esto
es; que convenía esperar la resolución de Roma para festejar
con octava de primera clase a la Virgen de Guadalupe. Su di-
sertación salió a la luz poco después de haber sido aprobado
el Escudo de armas de México, por lo que no entendía cómo De
Cabrera y Quintero pudo dar contestación a su impreso, espe-
cíficamente en el capítulo once, del libro tercero. Ciertamente
el libro salió a la luz en 1746, dos años después de haber sido
aprobado.
nemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014, entre otros artículos de gran
interés.
27 «En la misma imprenta, quando ya corria esta Impression, nos certificamos de
la muerte del Mtrò. que al fin como contrario nos dio tanto en que entender con
su enseñanza […]». Cayetano de Cabrera y Quintero (seudónimo Antonio Bera
Cercada), El patronato disputado […], México, Imprenta Real del Superior Gobier-
no, 1741, p. 106.
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La petición de Luyando y Bermeo ante el cabildo eclesiás-


tico demandaba que De Cabrera y Quintero diera contesta-
ción a sus siguientes planteamientos:

La primera: si cuando presentó a vuestra señoría dicho libro para


que lo remitiera a algún aprobante contenía el capítulo once del
libro tres, o si lo adhirió después, todo o en parte. Lo segundo:
que si real y efectivamente remitió dicho capítulo al doctor Jose-
ph Mercado, Prebendado [de la] santa Iglesia de la Puebla, o si lo
imprimió presumiendo sólo su aprobación.
Lo tercero: que, en qué año, en qué mes, y en qué ocasión escri-
bió dicho capítulo, y a qué índice corresponde.
Lo cuarto: si escribió todo o en parte dicho capítulo después de
23
asentado o tenido noticia de la aprobación, que yo [Luyando y
Bermeo] di de orden de vuestra señoría sobre el papel que publi-
có el señor doctor y maestro don Joseph de Elizalde sobre el día
en que ha de celebrarse la fiesta del señor san Joaquín.
Lo quinto: dónde leyó, o quién le entregó dicha mi aprobación,
y con qué motivo, por tanto.28

La respuesta fue nula, De Cabrera y Quintero se negó a res-


ponder la petición de Luyando y Bermeo, porque su libro ya
había sido examinado por el Santo Oficio a quien correspon-
día determinar si podía ser publicado o no. A esa negativa, el
juez provisor solicitó a De Cabrera y Quintero que, por aten-
ción al catedrático, diera una contestación, declarando el poe-
ta novohispano que existió una extensión de la aprobación y
el capítulo adherido fue por orden del arzobispo Juan Antonio
Vizarrón:

28 Archivo de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, Serie Canon-


jías, libro 1, f. 9.
Los documentos localizados en los diferentes acervos se encuentran transcritos en
Leticia López Saldaña, «Argumentación retórica», Tomo II, 2020.
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[…] que obedeciendo el mandato de su Señoría declara que di-


cho capítulo once del libro tercero de la historia, que por orden
verbal primeramente y después por decreto especial del exce-
lentísimo señor arzobispo virrey a pedimento de la Nobilísima
Ciudad y su comisario en esta causa, tiene escrito e impreso,
parte se recopiló nuevamente de lo interior de la obra, y parte
se adicionó posteriormente a la petición de la licencia y brevete
que regularmente despachan los aprobantes para que corra la
impresión; pero en ninguna manera se adicionó posteriormente
a la extensión de la aprobación que dieron los aprobantes, quie-
nes por haberse llevado el dicho capítulo once lo revieron antes
con muestra de exhibir las aprobaciones que se hayan impresas
en dicho libro, como está pronto a hacerle constar a Nuestra Se-
24 ñoría siempre que se le mande.29

En la inconformidad de Luyando y Bermeo se pedía se quemara


el libro, pues no contaba con las licencias posteriores a la aña-
didura donde se le cuestionaba como opositor a la jura del pa-
tronato de la Virgen de Guadalupe: temía a la difamacion de su
buen nombre cuando el libro llegara a la Nueva España e inclu-
so hasta la Metrópoli del reino español: «[…] pues no ejecután-
dose así, se repartirán por todo el reino y en España para donde
es su principal destino, y cuando llegue el caso de la definitiva,
no se podrán recoger, en daño irreparable de mi derecho».30
Es preciso recordar que para ese momento no había arzo-
bispo en la Metropolitana, y quienes se encontraban a cargo,
en sede vacante, estaban interesados en promover el culto gua-
dalupano, y por lo mismo el Escudo de armas de México. Entre
ellos el juez provisor Francisco Gómez de Cervantes, quien fi-
nalmente fue acusado por Luyando y Bermeo por hacer caso
omiso a su querella.

29 ACCMM, Serie Canonjías, f. 11v.


30 ACCMM, Serie Canonjías, f. 25r.
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Una de las solicitudes del catedrático era que se dejara de


vender los libros y se recogieran los que ya se habían reparti-
do, pero lejos de hacer efectiva su solicitud, el juez provisor
repartió los libros entre los principales del clero, no solo ne-
gando la justicia al querellante, sino contribuyendo a que la
obra fuera conocida. El 26 de enero de 1748 Luyando y Bermeo
se quejó ante la Sala Capitular de la Metropolitana debido a
las anomalías en el proceso jurídico.31 En su defensa, Gómez
de Cervantes declaró ante la Sala Capitular de la Iglesia Me-
tropolitana que él había dado puntual seguimiento al asunto:
«De cuya serie hará Vuestra Señoría Ilustrísima juicio de cuál
sea la denegada justicia de que se queja dicho doctor porque
mi cortedad no alcanza, que él ha proveído todos sus escritos
25
según y como pedía, sin embargo, de la contradicción de su
parte contrataría».32
Cayetano de Medina, el regidor perpetuo del cabildo de la
ciudad, quien había sido designado para solicitar al arzobispo
virrey Juan Antonio Vizarrón que se realizara una relación de
los hechos, también contribuyó para que la distribución de la
obra no se detuviera. Siendo notificado por el notario de la or-
den del juez de evitar en lo sucesivo la venta del libro, dijo que:

[…] el libro que se contiene en dicho decreto se halla bastante-


mente aprobado y despachado por el Santo Tribunal a quien
tocaba recogerle, y no al señor provisor; fuera de que no habién-
dose absuelto las posiciones por el bachiller don Cayetano De
Cabrera, no tiene lugar la segunda parte del decreto, y así ni oye
ni entiende ni se da por notificado del referido decreto, hasta
que yo, el notario, cumpla como debo, con que absuelva las po-
siciones ante todas cosas el dicho Cabrera, y habiéndole satisfe-
cho, a hacer en su lugar, y en tiempo debido la notificación por

31 ACCMM, Serie Canonjías, fs. 35-35v.


32 ACCMM, Serie Canonjías, f. 29v.
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las razones que claramente se ministran en el hecho, las que des-


preciando pertinazmente, insistió en su dictamen concluyendo,
con que me fuese entendido que haría lo que quisiera sobre este
particular o daría a luz el libro, o no, sin embargo de que se haya
notificado porque siempre negará el que se le haya hecho saber
el contenido del decreto, terminando su respuesta en otras se-
mejantes razones.33

Esa respuesta, al parecer nunca fue notificada al juez provisor


del cabildo eclesiástico, porque en su declaración acepta no
haberse enterado de la negativa de Cayetano de Medina y se
justifica, diciendo que Luyando y Bermeo nunca lo mencionó,
por esa razón él no se dio cuenta de: «la resistencia que tuvo
26 dicho don Cayetano al tiempo que se le intimó el decreto, y
desacatada respuesta que dio (de cuya noticia carecía yo, por
no habérseme dado cuenta de ella, ni había usado el Doctor
Luyando y Bermeo de recurso alguno, para que se llevase a
puro y debido efecto lo mandado)».34 El catedrático también
había solicitado que el padre Julián Gutiérrez revisara el libro.
Para el momento de la declaración del juez provisor, el padre
Gutiérrez aún no daba su dictamen, por lo que el juez provisor
no podía actuar sin haber recibido esa revisión, y por lo mismo
no podía solicitar que se devolvieran los libros, menos cuando
se habían repartido entre los principales de la ciudad.
Todo parece indicar que la querella de Luyando y Ber-
meo tampoco fue escuchada en el cabildo eclesiástico, así que
se presentó al cabildo de la ciudad, en donde el regidor José
Francisco de Aguirre, quien acompañara a Cayetano de Me-
dina para solicitar que fuera De Cabrera y Quintero el autor
de la relación de la jura del patronato de la Virgen de Guada-
lupe, resolvió: «[…] que se quitase el cuaderno; pues hallando

33 ACCMM, Serie Canonjías, libro 1, fs. 10r-10v.


34 ACCMM, Serie Canonjías, f. 29v.
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resistencia en el señor don Cayetano de Medina, ocurrió al se-


ñor provisor noticioso que había mandado recoger un pliego
ya impreso de la misma historia, que dicho bachiller insertó
contra el caballero don Lorenzo Boturini; y contra otro ecle-
siástico de conocido crédito en esta capital».35 Esa resolución
se debía dar a conocer a Cayetano de Medina, el acuerdo del
cabildo de la ciudad está fechado en 9 de junio de 1747, pero
el libro se sacó de la circulación en septiembre de 1748, lo que
quiere decir que circuló por más de un año, después de las de-
mandas del catedrático.
Hasta aquí, se podría decir que la información que ofre-
ce Toribio de Medina es por mucho incompleta, porque no
da noticia del recorrido que hizo Luyando y Bermeo ante las
27
diferentes instituciones de la Nueva España para lograr su co-
metido, y tampoco informa el motivo por el cual el catedrático
es vilipendiado por el poeta novohispano. Como sea, el cate-
drático no desistió de quejarse, encontró en las irregularidades
del proceso que el juez provisor no hizo efectivo el decreto del
retiro del libro de la circulación, evitando una necesaria apela-
ción, logrando que la resolución definitiva se tardara; tampoco
sancionó a Cayetano de Medina y aceptó que no se atrevía a
sacar el libro por las personas de respeto que mediaban, lo que
dejaba al catedrático sin la esperanza de verse favorecido en
su demanda, pues: «de donde se viene a los ojos, le será por lo
menos sumamente dificultoso definir a mi favor el negocio, y
sacar los libros de dichas superiores personas».36 Esas omisio-
nes le afectarían porque: «de no haber tomado Vuestra Señoría
la providencia de recoger dichos libros, y si no se toma pronta-
mente por otro juez, queda ministrada la pena prescrita por el
derecho canónico de deberse arrojar al fuego».37 La intención
35 Archivo Histórico de la Ciudad de México, Acta de Cabildo, 9 de junio de 1747,
f. 55r. Copia localizable en Biblioteca «Francisco Javier Clavigero».
36 ACCMM, Serie Canonjías, libro 1, f. 32.
37 ACCMM, Serie Canonjías, libro 1, f. 32v.
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del demandante era evitar que se conociera su postura en tor-


no a la jura del patronato de la Virgen de Guadalupe, pero,
había algo más.

El estilo literario de Cayetano de Cabrera y


Quintero. Un disgusto
El que se encomendara la relación de la jura del patrona-
to de la Virgen de Guadalupe a De Cabrera y Quintero pudo
ocasionar algunas inconformidades en la élite letrada novohis-
pana. El proceso jurídico dio espacio para otra queja ante el ca-
bildo eclesiástico, ahora por José Francisco de Aguirre, quien
no estaba de acuerdo en que Francisco Ximénez Caro elogiara
el estilo del poeta novohispano. En otra acta de cabildo fecha-
28
da el día 24 de febrero de 1748, se encuentra una transcripción
de la declaración de Ximénez Caro en la que se disculpa por el
agravio que pudo haber cometido al dejar de lado a los otros
«notorios lucimientos académicos de la Nación»,38 por lo que
solita que el agraviado señale cuál de sus expresiones pudo
ocasionar tal daño.
Con antelación se ha comentado que Fábrega Rubio no
estaba muy convencido del estilo de De Cabrera y Quintero.
Así, en una de sus declaraciones hace patente su disgusto por
el elogio de Ximénez Caro:

Dice el calificador, que sólo al autor, y no a otro pudo haberse en-


cargado de una obra de tanto empeño, y da la razón que es decir
que aquí los ingenios con más frecuencia se engendran, que se
crían, y que por esto no ha encontrado, ni encuentra en alguno
de ellos iguales proporciones para el caso. Ésta, señor excelentí-
simo, es una proposición que no se puede oír, decirse, ni tolerar-
se sin agravio de los Bermúdez, de los Torres, y Vergaras, de los

38 AHCM, Acta de cabildo fechada el día 24 de febrero de 1748, f. 18r. Copia loca-
lizable en Biblioteca «Francisco Javier Clavigero».
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Cervantes […], hombres grandes, memorables, y capaces de com-


petirse con los Salmantinos, Parisienses […]. He ejemplificado a
vuestra excelencia con los muertos, que he manejado (sin hacer
memoria de los innumerables más antiguos de que tengo largas
noticias) porque les tengo mucho miedo a los vivos […]; que si
hablara de los vivos, que son hijos, y alumnos de esta mexicana
minerva, y capaces de que se les hubiese encargado de este empe-
ño, a quienes he manejado, y conozco, hubiera de llenar mucho
papel, y embarazar la soberana atención de vuestra excelencia.39

En su opinión deja claro que el autor del Escudo de armas de


México no estaba a la altura de quienes consideraba los más
memorables. En cuanto a la inconformidad del regidor don
29 José Francisco de Aguirre, es posible que estuviera apoyando
a Luyando y Bermeo, aunque en una de las actas del Cabildo
eclesiástico, éste último solicita que se pida a José Francisco de
Aguirre, así como a Cayetano de Medina, la aprobación poste-
rior a la inclusión de los añadidos al Escudo de armas de México.
En algún momento el catedrático también duda de la
erudición del autor novohispano: «si hubiera leído a Diana
en donde toca el punto en los términos de anuencia del Papa,
no confundiría las declaraciones que tienen anuencia con las
que no la tienen, y supiera con eso cuán distante está Diana,
y la común de los doctores de sentir que las declaraciones con
anuencia del Papa no son leyes, y con esto no se jactara, de que
Diana y la común le sufragan».40 Y es que Luyando y Bermeo
había señalado que:

Nadie duda que los Oficios que reza nuevamente la Iglesia vni-
versal, y España obligan en conciencia, y En consequéncia supe-

39 Archivo General de la Nación, Indiferente virreinal, exp. 33, general de parte


caja 1097.
40 ACCMM, Serie Canonjías, libro 1, f. 21v.
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nen todos què la raíz de donde nace esta oblogacion tiene fuerza
de ley; pues la raíz de donde dimana es ciertissimo, quê son los
Decretos dé la Sagrada Congregacion de Ritos con anuencia
de su Santidad como consta en los Decretos, qué comúnmen-
te se imprimen en el fin de los Oficios; y assi no es dudable en
mi dictamen, que los Decretos de dicha Sagrada Congregacion
de Ritos con la anuencia de su Sanidad son leyes Pontificias en
toda la Iglesia universal, y esto solo bastaría para que no fue-
se disputable esta materia: porque la costumbre es capaz de dar
jurisdicción, y autoridad a quien no la tiene conforme a todo
derecho en sentir de todos los Doctores de donde aunque dichas
declaraciones con anuencia de su Santidad no tuviesen por si
fuerza de ley, es ageno de controversia la participan en fuerza de
30 la practica de toda la Igelsia. Con esto dejo confutada la singu-
larissima opinión del Padre Quintana Dueñas: que afianza, que
el citado Decreto de los Santos Patronos no tiene fuerza de ley.41

De Cabrera y Quintero acepta el argumento, «(como hace


quien juega la Espada limpiamente)»,42 no obstante, «los
Authores de primera nota, como Ledeſma, Bonacina, Poncio,
Sanchez, Lothario, Diana, Delbene, y Eſcobar, que produjimos
en el PATRONATO DISPUTADO; a que agregó à Caſaine, y
Verricelli»,43 pero en obsequio de los autores citados, «y mas
corriendo tan universal, y absoluta, que abraza todos los ofi-
cios nuevos; en cuya multitud, y colección hai, ó puede aver
algunos concedidos à una, u à otra Dioceſi, y aun toda España,
por privilegio: y aunque por estos de satisfaga al precepto del
Rezo, no por esso pecarà contra èl quien reza otro que reze la

41 Joseph Mariano Gregorio de Elizalde Ita y Parra, Día festivo propio para el culto,
y rezo del señor san Joaquín […], Manuel Antonio de Luyando y Bermeo (aprob.),
México, imprenta de don Francisco Xavier Sánchez, 1744.
42 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 294.
43 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 294.
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Iglesia Romana».44 Lo que se observa en ambos autores es una


diferencia de opinión con relación a lo que se debía practicar
para el caso de la Virgen de Guadalupe. De Cabrera y Quinte-
ro decía que se podía rezar, por tratarse de la Virgen María que
contaba ya con oficio de común, y Luyando y Bermeo opinaba
que era necesario esperar para rezarle con oficio propio.
El poeta novohispano expuso su planteamiento en El pa-
tronato disputado, y Luyando y Bermeo en cuatro hojas. El cate-
drático inicia la agresión al ironizar la erudición del poeta: «No
puedo omitir el encomendar à la conſideracion de los Sabios,
que por menos ha mas de quarenta años que no eſtá recibido
eſte Decreto: como lo advirtiò el erudito papel del Patronato
diſputado; y aſ ſi, aunque tenga todas las circunſtancias de ley
31
canonica […], pero para la America no tiene vigor de ley: Eſta
per deſuetudinem etiam Ordinarium derogado».45 En nota al mar-
gen, De Cabrera y Quintero contesta la agresión: «Con ſola
una advertencia del patronato Diſputado deſtruye eſte Eſcritor
ſu ſentencia, y fundamentos»,46 luego se queja por las cuatro
hojas que gastó el catedrático en su disertación estando el pa-
pel tan escaso.
Se podría decir que la inconformidad de Luyando y Ber-
meo no se debía solamente al cuestionamiento que se le hace
por secundar la opinión de Juan Pablo de Zetina, también le in-
comodaba el hecho de ser vilipendiado por un bachiller: «pues
sin saber lo que escribe, se atreve a censurar a un maestro pú-
blico de teología en la célebre Atenas Mexicana, si la modestia
no me obligara a no expresar el dictamen que hago sobre haber
escrito con tanta audacia y arrojo, con tanta libertad y afectado
magisterio».47 Se desconoce quién pudo haber influido en la de-

44 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 294.


45 Elizalde Ita y Parra, Joseph Mariano Gregorio, s/n. Citado por Cayetano de Ca-
brera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 297.
46 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 297.
47 ACCMM, Serie Canonjías, libro 1, f. 22r.
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terminación de Luyando y Bermeo de participar en la contro-


versia y de emitir su postura, todo indica que no tenía motivos
para oponerse a la jura del patronato de la Virgen de Guada-
lupe, o al menos, no después de saber que su nombre figuraba
como opositor en el Escudo de armas de México, pues dice que:

Al 593 temerariamente afianza que me opongo a los superiores


mandatos; lo que es tan denigrativo de mi persona, como autén-
tico testimonio de su malicia, pero nunca afirmé no [se] rezaba
bien de Nuestra Patrona de SS. Virgen en su Imagen bellísima
de Guadalupe, sino sólo escribí se rezaba bien de dicha SS. Ima-
gen por el privilegio de la Bula Pastorili, y que a no tenerlo las
Indias no se pudiera practicar sin recurso a la Sagrada Congre-
32
gación.48

Después de refutar e ironizar El patronato disputado, pretende


justificarse para evitar que el libro circulara entre el clero del
interior de la Nueva España y de la Metrópoli. No se trataba,
pues, de la denigración de su persona solamente, ni de ocultar
su disertación acerca de los impedimentos para la celebración
del patronato de la Virgen, que para ese momento ya había
ocurrido. También estaba el hecho de que fuera precisamente
De Cabrera y Quintero quien le vilipendiara.
La disputa acerca del patronato de la Virgen de Guada-
lupe se convirtió en una discusión sobre la erudición de los
contrarios. Quien informa del motivo de la disputa entre los
dos sacerdotes es Juan Antonio Fábrega Rubio:

No me hace fuerza ni me admira el engreimiento, y conato de


la soberbia y vanidad, que trae consigo nuestra mortalidad mi-
serable, y la mía más, que todas, porque sin un abismo de ig-
norancias, como también un monstruo de soberbia, lo que

48 ACCMM, Serie Canonjías, libro 1, f. 022r.


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sí me causa admiración es, que hombres de letras, de circuns-


pección, y de otros atributos estimables, embaracen a Vuestra
Excelencia con semejantes puerilidades, y despreciables ju-
guetes, quitándole el preciosísimo tiempo, que necesita para
asuntos, y expedientes de la última importancia en todas ma-
terias, así jurídicas, como económicas, y del servicio del Rey.49

El aprobante de la historia fue citado por la Real Audiencia,


cuando no se resolvió el asunto jurídico en ninguna de las ins-
tancias. Después de negar la aprobación, caer en contradiccio-
nes y aceptar que sí otorgó una extensión, solicita a su majes-
tad que haga caso omiso de la demanda, pues:

33 […] digo hablando con el respecto, que debo a Vuestra Excelen-


cia, si yo fuera juez en esta causa, me perpetuara con el punto,
como caso omiso, y con el desprecio que demandan, así la obra,
como la querella: aquella por su confusión desagradable, y vul-
gar estilo, y esta por su falta de fundamento, y connotado de
gran criminalidad, y poco caritativa exageración, y más en punto
de tanta veneración, y reverencia, como es su objeto de atribu-
ción la Vuestra Santísima de Guadalupe.50

Pero no fue escuchado, si se ha de creer a Toribio de Medina y


Lorenzo de Boturini,51 poco más de cincuenta por ciento de los

49 AGN, Indiferente virreinal, exp. 033, general de parte de caja 1097.


50 AGN, Indiferente virreinal, exp. 33, general de parte de caja 1097.
51 Lorenzo de Boturini informó a Gregorio Mayans del secuestro del libro. «Se
imprimió en México el año de 1746 un libro dedicado por aquella Ciudad a su
Majestad (Dios guarde), su título inadecuado: Escudo de armas de México, en que el
Autor, por nombre Don Cayetano de Cabrera y Quintero clérigo mulato del Ar-
zobispado de México trata de la epidemia que los años pasados hubo en la Nueva
España; y de la Jura que se hizo de la santa Imagen de la Guadalupe en persona del
Arzobispo, y con el fraude de ser las aprobaciones posteriores a las licencias de po-
derlo imprimir […], de la misma Ciudad se mandó recoger por orden del señor Vi-
rrey para quemarlo, y se cree esté quemado según el informe que hace dicho señor
Virrey al Real y Superior Consejo de las Indias, a quien remite algunos ejemplares
para archivarlos». Gregorio Antei, El caballero andante. Vida, obra y desventuras de
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ejemplares que se imprimieron fueron quemados. Hasta aquí


se podría decir que se retiró el libro de la circulación por la dis-
cusión generada en torno a la jura del patronato de la Virgen
de Guadalupe, pero quizá no sea ese el único motivo.

Otra causa para la censura del libro


Existe la posibilidad de que no solo haya sido la inconformi-
dad que expuso el catedrático por las injurias hacia su persona,
pues De Cabrera y Quintero se vale de la voz que se le otorga
para evidenciar la venta indiscriminada de bebidas alcohólicas
que generaba ganancias a la Corona a costa de la salud de los
más desprotegidos:

34
No es creible que nueſtro Catholico Monarca todo anhelos
en agregar fieles à ſu Igleſia; todo manos en mantenerles ſus
coſtoſiſ ſimas Miſ ſiones, à ſer ſyncèramente informado de la caſi
impoſ ſible ſeparacion del uſo del Pulque â ſu abuſo; de lo medi-
cinal que serà, moderado, a lo dañoſo que es exceſ ſivo, permi-
tiera por 136m peſos anunales (que es lo ſumo que ha pagado el
aſ ſiento) ſe toleraſ ſen tantos daños, culpas, y enormidades con-
tra Dios, contra el proximo, y (lo que ya ſe avrà reflexado) contra
ſu mismo Real Patrimonio; Pues no puede menos que deſcaerse
notablemente eſta renta faltando el gaſto de los Pulques; que fal-
tarà ſin duda con la mortandad que ocaſiona, y con las que se
han llorado en los Indios deſde que ſe dan á èl con exceſ ſo.52

Claudia Parodi comenta, de forma muy breve, que el autor no-


vohispano se queja de la venta del pulque, y los beneficios que
producía a la Corona. Roberto Moreno de Arcos también se-
ñala que De cabrera y Quintero criticó al gobierno monárqui-

Lorenzo Boturini Benaduci (1698-1755), México, Museo de la Basílica de Guadalupe,


2007, p. 172.
52 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 65.
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co.53 Es muy posible que así haya sido, sin embargo, este asunto
no es mencionado por Luyando y Bermeo, pues él se limita a
inconformarse por la injuria hacia su persona, debido a que se
le señala como opositor de la Jura de la Virgen de Guadalupe.
Aunque sí solicita una revisión minuciosa del Escudo de armas
de México.
Es factible suponer que en la Real Audiencia se hubieran
dado cuenta de la crítica que hace De Cabrera y Quintero a
la monarquía. Y es que todavía para el año de 1747 la Corona
promovía la extinción de las fábricas de bebidas alcohólicas en
la Nueva España porque afectaba sus reales intereses.

Por tanto: por la presente mi Real Cédula, ordeno y mando nue-


35
vamente a mi virrey de las provincias de Nueva España, a los
presidentes, audiencias, gobernadores, corregidores, alcaldes
mayores y demás jueces y justicias de ellas y de las Indias de Bar-
lovento; y ruego y encargo a los muy reverendos arzobispos y
reverendos obispos de las Iglesias metropolitanas, y catedrales
de aquellas provincias a fin de que inviolablemente, y con la ma-
yor exactitud, se guarde y observe esta mi Real resolución, de
forma que se logre y consiga el total exterminio, y extinción de
las fábricas, y el uso del aguardiente de caña, y de los demás lico-
res que de él y de otras especies nocivas se hacen y venden, con
notable perjuicio de la salud pública y de mis reales intereses; y
del recibo de es mi Real Cédula, y de la ejecución y resulta de lo
mandado en ella, me darán cuenta unos y otros en todas las oca-
siones que se me ofrezcan. Dada en el Buen Retiro a 6 de agosto
del año de 1747. Yo el rey. Y hallándome informado de que […]
no han bastado ni los bandos publicados para contener los refe-
ridos excesos de fábricas de aguardiente, y evitar el perjuicio del

53 Citado por Alejandro González Acosta, en José Lucas Anaya, La milagrosa apa-
rición de nuestra señora María de Guadalupe de México, México, Instituto de Inves-
tigaciones Bibliográficas - Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, p. 25.
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comercio de estos reinos y de los derechos que corresponden a


mi erario, por la entrada de los de Castilla: he resuelto que mi vi-
rrey de la Nueva España tenga privativamente a su ciudad la ex-
tinción del aguardiente de caña o chinguirito, y demás bebidas
prohibidas, nombrando para ello a la persona que considerare
adecuada y a su satisfacción, aplicándole por parte del comercio
y señalándole los fondos de que pueda mantenerse.54

El consumo del pulque y otras bebidas embriagantes, aunado


a la desnutrición, favorecieron el contagio del matlazáhuatl. Es
posible que el señalamiento de De Cabrera y Quintero haya
sido suficiente para sacar el libro de la circulación. Quizá, algu-
nos integrantes de las diferentes instancias del gobierno virrei-
36 nal, como el Santo Oficio, el cabildo eclesiástico y cabildo de la
ciudad avalaban la crítica que hizo el poeta a la venta indiscri-
minada del pulque, esto, debido a las aportaciones económicas
obligadas en favor de una monarquía envuelta en constantes
guerras.

Consideraciones finales
Autores como Guillermo Tovar de Teresa, Jesús García Gutié-
rrez, Claudia Parodi, entre otros, han comentado acerca de la
censura del libro, pero su referencia es Toribio de Medina, solo
García Gutiérrez ha señalado, con base documentos crédito,
que el proceso fue sobreseído, pero no informa cuáles fueron
esos documentos. Creemos pertinente insistir en la búsqueda
de la carta que Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, virrey
de la Nueva España, envió al rey Fernando VI, donde explica
lo sucedido con el libro, lo que permitirá verificar cuál fue real-
mente el motivo de la censura de la obra, ya que la querella fue

54 Biblioteca Digital Hispánica, Ordenanzas y bandos promulgados en este reino


de Nueva España para la extinción de bebidas, fs. 8-8v, consultado el mes de mayo
del 2019, en <http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000111695&page=1>
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rechazada en el Santo Oficio porque la obra no atentaba contra


la fe católica, y el poeta tampoco agrede a los naturales, como
dice Toribio de Medina.
La controversia iniciada por Juan Pablo de Zetina Infan-
te, en un primer momento dividió al clero novohispano, el
maestro de ceremonias de Puebla menciona que varias órde-
nes religiosas simpatizaron con él en favor de la espera de una
resolución de la Congregación Sagrada de Ritos para jurar el
patronato de la Virgen de Guadalupe,55 pero Luyando y Ber-
meo dice: “Bien porfiada ha ſido la diſputa en que ſe ha con-
vertido ſi ſin recurſo a la Sagrada Congregacion ſe le deban
tributar las regalías de Patrona: ſi ſe pueda, o no rezar de dicha
Sacratiſ ſima Imagen, en las formas que lo practica eſta Igleſia
37
Metropolitana, el clero ſecular, y regular de ſu arzobiſpado, a
excepción de una ſola religioſiſima obſervante familia”.56
En lo que se refiere a la división de opiniones acerca de la
jura del patronato de la Virgen de Guadalupe, De Cabrera y
Quintero señala que:

[…] à la contradicción de un Maeſtro, que viendo trataba


conformarſe ſu Dioceſi en el Rezo à la de Mexico, lo contradijo
abiertamente: eſcribió, y remitió aquí ſu Quardeno, en que advir-

55 “¿se podría rezar su oficio cumpliéndose con el precepto? lo afirman algunos


particulares fundamentos en la rúbrica que preceptúa el oficio de Patrón con rito
de primera clase, y en la devoción tan debida a la Señora. Lo negaron otros que
fueron los más del clero secular y regular (1) [al margen: Santa Iglesia Catedral,
Santo Domingo, San Francisco, San Antonio, San Agustín, Compañía de
Jesús, La Merced, lo más del clero] con devoción más segura, regulada y sujeta
a las apostólicas bulas y decretos pontificios, que en este punto ha expedido el
único sumo pastor de la Universal Iglesia”. Biblioteca Nacional de Antropología
e Historia, Archivo Histórico, Fondo lira, núm. 46, (BNAH-AH-FL, 46), f. 106r.
Comentado y citado por Escamilla González, en “Reformar la reforma: Juan Pablo
de Zetina Infante y la polémica litúrgica e histórica por la jura del Patronato
Guadalupano en Nueva España, 1737-1746”, en María del Pilar Martínez López-
Cano y Francisco Javier Cervantes Bello (coords.), Reformas y resistencias en la Nueva
España, México, Universidad Autónoma de México / Instituto de Investigaciones
Históricas/ Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014.
56 Elizalde Ita y Parra, Joseph Mariano Gregorio, s/n.
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tiendo vulneraba el Patronato, y Eleccion, invalidando el voto,


y juramento, nos pareció de nueſtra obligación reſtablecerlo,
y vindicar el Rezo que se fundaba en eſte Titulo. No ſabemos
huvieſ ſemos conſeguido el intento; pero sí, que aquietamos los
votos que avia ganado, por ſingular acaſo, aquel dictamen […].57

Las dudas generadas con el cuaderno de Zetina se disiparon


con las explicaciones de El patronato disputado. No era necesa-
rio, pues, que Luyando y Bermeo diera su punto de vista.
Ciertamente, De Cabrera y Quintero arremete contra
Juan Pablo de Zetina Infante, Manuel Antonio de Luyando y
Bermeo y Lorenzo de Boturini, los primeros por oponerse a la
jura del patronado de la Virgen de Guadalupe y el último por
38 discrepar en su método para historiar el culto de la advocación
de la Virgen de Guadalupe. Todo parece indicar que la crítica
que hace el poeta novohispano a la postura del catedrático en
torno a la jura del patronato de la Virgen de Guadalupe fue la
causa principal por la que ocasionó que finalmente se sacara
el libro de la circulación. No obstante, existe la posibilidad de
que el señalamiento que hace el poeta a las regalías obtenidas
por la venta indiscriminada del pulque haya sido suficiente
para el secuestro de la obra.
Una vez que falleció el arzobispo Juan Antonio Vizarrón y
Eguiarreta, Luyando y Bermeo vio el camino libre para deman-
dar a Cayetano de Cabrera y Quintero, quizá creyendo que su
petición sería atendida de inmediato, pero no fue así. Por lo
menos en el Santo Oficio, el cabildo eclesiástico y el cabildo
de la Ciudad el caso no prosperó. El efecto que tuvieron las
constantes réplicas de Luyando y Bermeo fue, propiciar que el
libro se vendiera con más rapidez. Y aunque el daño fue mutuo
entre el catedrático y el poeta, en el primero por la vejación a
su persona y en el segundo por la incautación de poco más del
57 Cabrera y Quintero, Escudo de armas de México, p. 293.
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cincuenta por ciento de los ejemplares, lo cierto es que una


disputa generada en Puebla tuvo eco en México, quizá logran-
do que la advocación de la Virgen de Guadalupe consolidara
todavía más su culto.

FUENTES

Archivísticas y Colecciones especiales


AGNArchivo Nacional de la Nación
AHCMArchivo Histórico de la Ciudad de México
CEHMCentro de Estudios Históricos de México (CARSO)
INAHInstituto Nacional de Antropología e Historia
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BNMBiblioteca Nacional de México
Biblioteca de Colecciones Especiales «Elías Amador»
Biblioteca «Francisco Xavier Clavigero»
Biblioteca Central de la UAZ
Biblioteca Digital Hispánica

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casi todo el Nuevo Mundo, María Santissima, en su portentosa imagen


del mexicano Guadalupe, milagrosamente apparecida en el palacio ar-
zobispal en año de 1531. Y jurada su principal patrona el passado de 1737.
En la angustia que ocasionó la pestilencia, que cebada con mayor rigor
en los indios, mitigó sus ardores al abrigo de tanta sombra, ed. facsimilar
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de patrona electa, y jurada, según el Decreto de la Sagrada Congregación
de Ritos) se le ha dado en esta Metrópoli, por el Br. D. Juan Pablo Zetina
Infante, Mtro. de ceremonias en la catedral de Puebla, en el singularísimo
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de cada año concedido con motu propio por especial privilegio a la
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Zacatecas, 1877

Eustaquio Ceballos Dorado1

Resumen

L
a ahora llamada Ciudad de Zacate-
cas fue habitada por los españoles a
partir de 1546. Dos años después, en
1548 fue creado el obispado de Gua-
dalajara. A partir de esta creación los servicios
religiosos en Zacatecas fueron dictados por el ci-
tado Obispado, hasta que en 1862 el Papa autorizó
la formación de la Diócesis de Zacatecas, instau-
rándose en 1864. Esta decisión traería otras con-
secuencias como elevar la parroquia de la ciudad
a la categoría de catedral, edificar un seminario
y una casa habitación para los presbíteros. Todo
ello requería la participación de la Arquitectura
para construir nuevas edificaciones o adecuar las
existentes. El trabajo que nos ocupa se refiere a la
casa para los presbíteros la cual inició a gestarse
en 1877. En 1926, el gobierno civil obligó a las au-
toridades religiosas a entregar sus templos y ane-
xos, los cuales fueron recuperados posteriormen-
te; hasta la fecha, aquella construcción del siglo
XIX se sigue utilizando para lo que fue edificada:
casa habitación.

1 Arquitecto y Doctor en Historia, Docente del Tecnológico Na-


cional de México, Campus Zacatecas. [email protected]
44
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Palabras clave
Casa, Presbíteros, Diócesis de Zacatecas.

Abstract
What is now known as Zacatecas City was inhabited by Spa-
niards in 1546. Two years later, in 1548, the Dioceses at Guada-
lajara was created. Since the creation of the Dioceses, religious
services in Zacatecas were dictated by the Dioceses upon un-
til 1862 when the Pope authorized the Dioceses of Zacatecas,
which was established in 1864.This decision brought upon
other challenges like proclaiming the city’s parish to the ca-
tegory of Cathedral, building a seminary and home for the
priests. All of this required the participation of architecture in
45
order to start the construction of new buildings or to improve
existing structures. This work refers to the priest house, which
were initiated in 1877. In 1926, the Mexican government obli-
gated religious authorities to turn over all temples, which were
later reclaimed. Upon until now, that XIX century building is
used as originally intended: home for priests. 

Key words
House, Priests, Dioceses of Zacatecas. 

Antecedentes
La Diócesis de Guadalajara se erigió en 1548 siendo el primer
obispo el Doctor Pedro Gómez de Maraver. La extensión
territorial de la Diócesis cubría la mayor parte del centro,
norte y occidente novohispano; comprendía los actuales es-
tados de Jalisco, Aguascalientes, San Luis Potosí, Zacatecas,
Colima, Nayarit, Sinaloa, Saltillo, Durango, Sonora, Chi-
huahua, Nuevo León, California y Texas; estos dos últimos
territorios ahora son parte de Estados Unidos de América.
Con el paso del tiempo, su extensión fue disminuyendo para
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dar lugar a nuevos Obispados, iniciando el desmembramien-


to en 1620 con la creación del Obispado de Durango, luego
le siguió Linares en 1777 y más tarde Sonora en 1779.2 Dos
años después de erigida la Diócesis de Guadalajara, el Oidor,
licenciado Hernán Martínez de la Marcha estuvo en el Real
de Minas de los Zacatecas, el 20 de abril de 1550, donde pro-
veyó varias indicaciones, entre otras, la de trazar una iglesia
mayor, aunque sin especificar el sitio preciso; es convenien-
te notar que para esa fecha ya existían cinco iglesias disemi-
nadas en el asentamiento minero.3

La Parroquia mayor, siglos XVI al XVIII


Para el año 1559, existe constancia de que ya está edificada la
46
iglesia mayor en el mismo lugar que ocupa actualmente, lo cual
se constata a través del acta que se derivó de la reunión que
efectuó el cabildo civil del 13 de enero del mismo año.4 La igle-
sia mayor limitaba al norte con una plazuela que hasta el siglo
XVII tomó el nombre de la Plaza del Maestre de Campo, ahora
llamada Plaza de Armas; 5 al sur limitaba con la plaza mayor o
del tianguis, conocida hoy como mercado Jesús González Or-
tega y calle Tacuba; al oriente colindaba con el arroyo princi-
pal, en aquellas fechas el arroyo estaba al descubierto, ahora se

2 J. Ignacio Dávila Garibi, Recopilación de datos para la Historia del Obispado de


Zacatecas, tomo 1, México, Antigua Librería Robredo,1960, p. 83.
3 Clara Bargellini, La Arquitectura de la Plata, México, Universidad Nacional
Autónoma de México, 1991, p. 264.
4 María Auxilio Maldonado Romero (coord.), Ciudad y Memoria, Primer Libro de
Actas de Cabildo de las Minas de los Zacatecas, 1557-1586, Guadalajara, Instituto Zaca-
tecano de Cultura / CONACULTA / Página Seis, 2014, p. 38.
5 La Plaza del Maestre de Campo se denominó así porque en la casona que se
orientaba en el oeste de la plaza, vivió don Vicente de Saldívar, que ostentaba ese
título. En el primer cuarto del siglo XVIII el sitio cambió de nombre, conociéndose
a partir de 1725 como la Plaza de la Pirame (o Pirámide), debido a que en el centro de
ésta se erigió un obelisco de más de doce metros de altura adornado en sus cuatro
costados con jeroglíficos egipcios. El autor de dicha obra fue José de Rivera Ber-
nárdez, Segundo Conde de Santiago de la Laguna. Véase Martín Escobedo, Tres
hombres escriben el mundo. Historia de la escritura en Zacatecas, 1700-1750, Zacate-
cas, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2007.
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encuentra embovedado; al poniente con la calle que da acceso


a la parroquia y que en tiempos coloniales se le identificó como
la calle San Francisco. Dicha construcción de adobe contó con
la participación de uno de los cuatro principales pobladores
del lugar, Baltasar Temiño de Bañuelos, que a la sazón formó
parte de la primera élite del centro minero.
A partir de 1567 la parroquia tuvo un cementerio que se
extendía al norte, en 21 varas; al sur, 20 varas; y 15 varas al po-
niente. A principios de siglo XVII la edificación de la parro-
quia estaba arruinada, decidiéndose en 1612 su reconstrucción.
En 1622 se incendió la techumbre de madera; a los pocos años
fue reconstruida y terminada el 8 de septiembre de 1625. Esta
obra estuvo a cargo del alarife Francisco Jiménez.
47
Separadas de esta parroquia principal, se construyeron
otras dos capillas: una al norte llamada del Santo Cristo; otra
al sur denominada Capilla de Nuestra Señora de los Zacate-
cas. Respecto a la Capilla del Santo Cristo, la construcción fue
iniciada en 1692, siendo estrenada el 12 de septiembre de 1717.
La Capilla de Nuestra Señora de los Zacatecas inició la edifica-
ción en 1720 a costa del Primer Conde Santiago de la Laguna,
José de Urquiola, quien donó los sesenta mil pesos que costó
la obra. Debajo de la nave, el mismo Urquiola mandó hacer la
bóveda sepulcral de su familia.
Durante los festejos de la capilla del Santo Cristo en sep-
tiembre de 1717, el franciscano José Guerra se refirió al triste
estado ruinoso de la parroquia principal contrastándola con
la nueva del Santo Cristo. En 1718, Las autoridades religio-
sas y civiles ordenaron que los mejores albañiles de la ciudad
inspeccionaran la parroquia principal, dictaminando que los
cimientos estaban carcomidos, las paredes desplomadas, las
vigas degolladas, el artesón apolillado y podrido; en suma, to-
dos estos deterioros y desperfectos podrían derrumbarla. Así,
ambas autoridades procedieron a solicitar la cooperación eco-
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nómica de los pobladores y licencia al gobernador de la Nueva


Galicia y el obispo de Guadalajara para la nueva construcción,
siendo concedida el 28 de abril de 1718. El 8 de septiembre del
mismo año inició la edificación, el maestro de obra fue José
Sánchez Pacheco quien murió y fue sepultado en la parroquia
el 24 de noviembre del mismo año. Para 1719 el maestro ma-
yor era Miguel Sánchez Pacheco. Durante los siguientes años
y hasta 1728 se recaudaron donativos para continuar la edifi-
cación. Para el año 1728, podemos decir que se estaba cons-
truyendo una parroquia con dos capillas laterales anexas. El
24 de abril de 1728 llegó de visita el obispo Carlos Gómez de
Cervantes quién animó a los vecinos a que emprendieran la
construcción de tres naves. El 25 de abril de 1729 colocaron la
48
primera piedra de lo que sería la unión de las tres edificacio-
nes para conformar una Parroquia de tres naves, dirigida por
el señor Cura José Rivera Villalobos, párroco de zacatecas. De-
cidieron que en la parte posterior de la planta arquitectónica
se ubicaría la sacristía, la cual serviría de Parroquia en tanto
se construían las naves. En 1729, la capilla de Nuestra Seño-
ra de los Zacatecas fue integrada a la nueva construcción y en
1731 la capilla del Santo Cristo, incluso hasta ahora, se pueden
observar las ventanas laterales cegadas de ambas capillas. La
sacristía iniciada en 1729 fue terminada en agosto de 1730, mide
8 metros de ancho por 34.5 metros de longitud, la techumbre
fue del tipo de cañón; utilizando en toda la obra el material de
cantera. En esta primera parte de la Parroquia, la construcción
fue realizada por el maestro mayor de albañilería Domingo Ji-
ménez Hernández, quien murió en 1734.6 El 24 de abril de 1745
se concluyó la portada principal y se consagró el 15 de agosto

6 Armando Talamantes, «Inventario de los Bienes de don Domingo Hernández,


vecino de la Ciudad de Zacatecas en el siglo XVIII», en Digesto Documental de Zaca-
tecas, núm. 4, Zacatecas, Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas /
Doctorado en Historia Colonial de la Universidad Autónoma de Zacatecas, 2003,
p. 182.
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de 1752 a la Asunción de María. La fachada principal presenta


un estilo barroco churrigueresco, construida sobre un terre-
no sensiblemente plano, la edificación mide 34.50 metros de
ancho por 62.74 metros de longitud y 44.90 metros de altura,
desde el piso hasta el extremo de las torres.7 En total, la edifi-
cación se compone de tres fachadas, la principal denominada
Portada de la Gloria, se ubica al poniente; la fachada norte se
denomina Portada del Santo Cristo y la fachada sur Portada de
la Virgen, las cuales se describen brevemente en el anexo 1 de
este trabajo.

El siglo XIX
El siglo XIX fue testigo de significativos acontecimientos;
49
entre otros, las Leyes de Reforma expedidas entre 1855 y 1861,
así como la promulgación de la Constitución en 1857, condu-
jeron al gobierno mexicano a restarle fuerza a la iglesia.8 La

7 J. Jesús López de Lara, La Catedral de Zacatecas, Zacatecas, Instituto Superior


de Cultura Religiosa, 1989. Las dimensiones se localizan en la solapa del impreso.
8 Reynaldo Sordo Cerdeño, Atlas conmemorativo 1810-1910-2010, México, Siglo
XXI, 2010, passim. En 1855, Benito Juárez expidió la Ley de Administración de Jus-
ticia y Orgánica de los Tribunales de la Nación del Distrito y Territorios. Suprimió los
fueros en materia civil del clero. La ley fue rechazada por el clero y criticada por los
políticos conservadores. En 1856, Miguel Lerdo de Tejada, creó la Ley de Desamorti-
zación de Fincas Rústicas y Urbanas Propiedad de Corporaciones Civiles y Eclesiásticas.
Obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender casas y terrenos. En
1857, José María Lafragua, implementó la Ley del Registro Civil. Por medio de ella se
estableció el Registro del Estado Civil. En el mismo año se promulgó la Constitu-
ción Política de la República Mexicana. También, José María Iglesias, creó la Ley
sobre derechos y obvenciones parroquiales. Prohibió el cobro de derechos y obvencio-
nes parroquiales y diezmo a las clases pobres. Benito Juárez expidió las siguientes
leyes y Decretos: en 1859 fueron cinco. Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos.
Esta ley complementó la Ley Lerdo de desamortización de los bienes de la Igle-
sia, con un cambio importante, los bienes ya no pasaban a manos de los rentistas.
Ley de Matrimonio Civil. Se estableció que el matrimonio religioso no tenía validez
oficial, el matrimonio era un contrato civil con el Estado, eliminando así la inter-
vención forzosa de los sacerdotes y el cobro del mismo por parte de las iglesias. Ley
Orgánica de Registro Civil. Se declararon los registros de nacimientos y defunciones
como un contrato civil con el Estado. Decreto de secularización de cementerios. De-
claró el cese de toda intervención del clero en cementerios. Decreto de supresión de
festividades religiosas. Mediante este decreto se declararon los días que habrían de
tenerse como festivos, prohibiendo la asistencia oficial a las funciones religiosas.
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nueva Constitución polarizó a la sociedad; el clero se negó a


jurarla y en diciembre de 1857 un sector de políticos descono-
ció al Gobierno y a la propia Constitución, lo cual dio inició
a la Guerra de Reforma o de tres años. En ese periodo, Pedro
Espinoza y Dávalos, obispo de Guadalajara, con injerencia
en Zacatecas dado que esta ciudad aún dependía de aquel
extenso Obispado, escribió un gran número de pastorales. El
del 2 de junio de 1859 se refiere al pretendido juramento de la
Constitución de 1857; entre otros puntos decía que no eran
ellos los que turbaban la paz pública sino los que exigían el
juramento absoluto de una Carta Magna que en varios de sus
artículos atacaba la independencia de la iglesia.9 Finalmente,
los liberales lograron la victoria, regresando Benito Juárez el
50
primero de enero de 1861 a la Ciudad de México. El día 21 del
mismo mes y año, Juárez expulsó del país a varios religiosos,
entre ellos al obispo Espinoza, quien se embarcó en Veracruz
hacia Europa. La enorme extensión territorial de la Diócesis,
las Leyes de Reforma, la Constitución liberal, la incursión de
otras religiones, el retorno de Juárez en 1861 y la expulsión
del obispo Espinoza en el mismo año de 1861 fueron factores
que dieron lugar a que el Papa Pio IX tomara varias decisio-
nes. Indicó que el obispo Espinoza le había informado que
la superficie territorial que debía cubrir desde Guadalajara
era demasiada extensa, lo que dificultaba atender las ne-
En 1860, expidió la Ley sobre Libertad de cultos. Con esta ley la religión católica dejó
de ser la única vigente. Se permitió que cada persona fuera libre de practicar y ele-
gir el culto que deseara, asimismo se prohibió la realización de ceremonias fuera de
las iglesias. El 21 de enero de 1861, decretó la expulsión del país del Delegado Apos-
tólico Luis Clementi, del Arzobispo José Lázaro de la Garza y Ballesteros, de los
obispos Pedro Barajas y Moreno y de Pedro Espinoza y Dávalos. Este último, obis-
po de Guadalajara, y por consecuencia con injerencia en Zacatecas. En el mismo
año, el Decreto de hospitales y establecimientos de beneficencia. por el cual quedaron
secularizados dichos inmuebles. Asimismo, el Decreto de exclaustración de monjas y
frailes. En toda la república se extinguieron los claustros y conventos decretándose
la salida de los religiosos. Texto disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Leyes
de Reforma, información consultada el 12 de junio de 2020.
9 J. Ignacio Dávila Garibi, Recopilación, p. 117.
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cesidades de la feligresía. Para remediarlo, el Papa Decretó


la Bula para erigir la Diócesis de Zacatecas con fecha 26 de
enero de 1862.10 Para la formación de la Diócesis, instruyó se
desmembraran de la Sede Metropolitana de Guadalajara las
siguientes parroquias: Zacatecas, Pánuco, San José de la Isla,
Fresnillo, San Cosme, Valparaíso, Jerez, Tepetongo, Monte
Escobedo, Villanueva, Tabasco, Tlaltenango, Jalpa, Mine-
ral y Tepechitlán, correspondientes al Estado de Zacatecas.
Las de Colotlán, Huejuquilla, Mezquitic y Ojocaliente, que
pertenecían al Obispado de Guadalajara; las parroquias de
Salinas y Mazapil que estaban anexas a San Luis Potosí. De
acuerdo a esta disposición, las parroquias sujetas al nuevo
Obispado de Zacatecas se incorporarían con sus ciudades,
51
villas, pueblos, ranchos, con todos sus habitantes, iglesias,
capillas, oratorios, con todos sus vasos sagrados y demás
utensilios del culto que por naturaleza, costumbre o ley hu-
bieran pertenecido a las referidas parroquias.
Asimismo, de manera perpetua se instituyó en catedral
la iglesia parroquial de Zacatecas, al mismo tiempo se previno
que, a la mayor brevedad, se fundara un Seminario de Clérigos
para la formación de los futuros sacerdotes. Respecto al Ca-
bildo catedralicio, se ordenó que cuanto antes se erigiera para
dar la ayuda debida al obispo, recomendando que el órgano
colectivo se integrara de cuando menos seis miembros.11 El ar-
gumento que tomó el Papa de la gran extensión de la Diócesis
fue una propuesta que ya había sido hecha el 5 de octubre de
1854 por los habitantes zacatecanos. En esta fecha, el señor Re-
vueltas, a nombre de otros individuos de su condición, escri-
bió una carta dirigida al ayuntamiento de Zacatecas solicitan-
do la promoción de un Obispado, argumentando que la gran

10 Notaría de la Parroquia del Sagrario, Santo Domingo (en adelante NPS) Libro
de Gobierno, número 1, 1864-1900, fs. 7v, 10, 10v y 11.
11 NPS, fs. 7-18.
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extensión de la Diócesis impedía que el obispo de Guadalajara


visitara el territorio zacatecano.12
Lo indicado por el Papa empezó a formalizarse cuando Es-
pinoza regresó del destierro en 1864. Espinoza había considera-
do que el Padre Juan N. Camarena, quien presidía el coro de la
catedral de Guadalajara, fuese quien verificara la erección de
la Diócesis, para que formalmente tomara posesión el primer
obispo, Ignacio Mateo Guerra y Alba; solo que la inseguridad
de los caminos indujo a Espinoza a dirigirse al Padre Jesús Or-
tiz, en la Ciudad de Lagos, indicándole el 10 de mayo de 1864
que lo comisionaba como Subdelegado para tal verificación,
dado que se encontraba cercano a la Ciudad de Zacatecas. Los
preparativos para la erección de la Diócesis se realizaron desde
52
el mismo mes de mayo. Ya estando en Zacatecas, el 4 de junio,
Ortiz procedió a comunicar el Acta del anuncio de la erección.
A las nueve de la mañana salió de la casa episcopal acompaña-
do del clero secular y regular de la capital, conducido a la San-
ta Iglesia parroquial en cuyo umbral adoró al Santo Crucifijo,
se colocó bajo del sitial correspondiente al lado del evangelio,
rubricó los oficios respectivos para el señor cura rector de la
Parroquia y para los párrocos del nuevo obispado en que les
comunicaba la erección, así como los autos que mandó fijar en
las tres puertas principales del susodicho templo.
El domingo cinco de junio de 1864 se erigió formalmente la
Diócesis, siguiendo un protocolo semejante al del día anterior.
A las nueve de la mañana, el Subdelegado Ortiz, acompañado
del clero secular y regular de la capital, salió de la casa episco-
pal hacia la iglesia parroquial, donde adoró al Santo Cristo en
la puerta principal, se sentó bajo del dosel preparado para tal
efecto, el clero tomó el asiento correspondiente en el presbite-
12 J. Ignacio Dávila Garibi, Recopilación, p. 115. NPS, Libro de Gobierno 1, del
4 de junio de 1864 al 31 de Mayo1895, fs. 1, 1v, 6v, 7, 18v, 23, 23v, 24 y 24v. Archivo
Histórico del Estado de Zacatecas (en adelante AHEZ), fondo Ayuntamiento de
Zacatecas, serie Conventos e iglesias, caja 2, exp. 160, 5 de octubre de 1854.
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rio; también lo hizo el señor Prefecto José María Pereda como


autoridad civil, una comisión del Tribunal Superior de Justicia
y el muy Ilustre Ayuntamiento. Acto continuo se publicaron
en el púlpito las Bulas y decretos Pontificios sobre la erección
de esta nueva Diócesis con las respectivas parroquias que la
integraban. A continuación, se celebró una misa solemne y Te-
deum en acción de gracias por haberse verificado la erección.
Se fijó además un aviso en las puertas de la catedral en que
se publicaba haberse concluido la formalidad de la erección.
De igual manera, el señor subdelegado apostólico dirigió notas
oficiales a los arzobispos y obispos del seno mexicano infor-
mando al respecto. Luego del acto solemne, el Subdelegado
con el clero volvió a la casa episcopal con lo que terminó la
53
formalidad de la erección de esta Santa Iglesia Catedral. En-
seguida, el Subdelegado apostólico dirigió una nota oficial al
señor obispo Ignacio Mateo Guerra dándole cuenta de todo
lo actuado en los días cuatro y cinco para declarar esta nueva
Diócesis y para que su ilustrísima pudiera ocurrir a tomar po-
sesión canónica el día que lo juzgara conveniente e invitándo-
lo a que lo efectuara lo más pronto posible.
Con la finalidad de tomar posesión el 9 de junio, en la po-
blación de Ojocaliente se había hospedado Don Ignacio Mateo
Guerra, como primera Parroquia de su Diócesis, allí fueron a
recibirlo las comisiones respectivas del Gobierno político, del
Tribunal Superior de Justicia y Comandancia General del De-
partamento. En la Villa de Guadalupe y en el Santuario del
Colegio Apostólico fue mucho mayor el recibimiento, ahí per-
maneció los días diez y once. De acuerdo a lo convenido, al
siguiente día el obispo designado tomaría posesión, por lo que
salió de Guadalupe para la capital a las ocho de la mañana y
habiendo llegado a la iglesia de San Juan de Dios, el señor Ig-
nacio Mateo Guerra se revistió con la Capa Sagrada y Báculo,
allí esperaban el clero secular y regular. Formaban parte de la
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comitiva el Gobierno político, el supremo Tribunal de justicia,


el ayuntamiento, el señor prefecto municipal, vecinos distin-
guidos de la capital y numerosas personas de todos los sectores
sociales. Después de haber sido recibido el obispo en la iglesia
de San Juan de Dios, comenzó la solemne procesión hacia cate-
dral. Al entrar a la catedral, el subdelegado apostólico le ofre-
ció al prelado el agua bendita e incienso quien, arrodillado, oró
ante el Santo Crucifijo y continuó la procesión hasta el pres-
biterio. En orden, los asistentes se fueron acercando al obispo
al besa mano prevenido por el ritual en signo de obediencia.
Se predicó un sermón y terminó la ceremonia con un Tedeum
en acción de gracias. Volvió inmediatamente el señor obispo
con el acompañamiento citado a la casa de su morada. Los días
54
trece y catorce, concurrieron a la casa del obispo quienes no
pudieron saludarlo el día de la ceremonia.13
Con los actos realizados durante la primera quincena
de junio, quedó resuelta la formalidad de la Diócesis. Res-
pecto al Cabildo eclesiástico, éste se instaló el primero de
noviembre de 1864 con cuatro integrantes, fungiendo como
presidente de este cuerpo el Dr. José María del Refugio Gue-
rra y Alba –quien posteriormente sería el segundo obispo de
Zacatecas–, Félix Palomino, Antonio Macías y Octavio Mo-
rán.14 Con relación al Seminario, fue instalado y bendecido
el 17 de octubre de 1869 por el arzobispo Espinoza.15 Además
de requerirse mejoras materiales a diferentes edificaciones
como la nueva catedral y el Seminario, se necesitarían a fu-
13 NPS, Libro de Gobierno, número 1, 1864-1900, fs. 6v, 35-38. AHEZ, fondo Ayun-
tamiento de Zacatecas, serie Conventos e iglesias, caja 3, exp. 166, 13 de junio de
1864, f. 1, «Ignacio M. obispo de Zacatecas, notifica a José María Pereda, Prefecto
Municipal del Departamento, que ayer tomó posesión de la nueva Diócesis de
Zacatecas».
14 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Conventos e iglesias, caja 3,
exp. 168, 4 de noviembre de 1864, foja 1. Cfr. J. Ignacio Dávila Garibi, Recopilación,
p. 129.
15 José de Jesús López de Lara, Seminario Conciliar de la Purísima, Zacatecas, 1962,
hojas sin numeración.
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turo otras construcciones, como por ejemplo, una casa habi-


tación para los presbíteros.

La casa habitación
Durante el periodo colonial, los arroyos ubicados en diferen-
tes puntos de la ciudad fungieron, entre otras características,
como ejes ordenadores del crecimiento del lugar. Uno de ellos
era conocido como el Arroyo principal o arroyo general, ahora
Arroyo de la Plata. El arroyo cruza la localidad de norte a sur,
continuando hacia el oriente rumbo a la población de Guada-
lupe. Cuando la parroquia fue edificada en el siglo XVI –en
el mismo sitio que ahora ocupa la catedral–, fue seleccionado
un terreno junto al arroyo con una pendiente suave del 4%, lo
55
que permitía realizar construcciones con suma facilidad dado
que son lugares casi planos.16 El terreno de la parroquia era más
amplio que el actual en virtud de que contenía el cementerio
propio de estas edificaciones. Por su parte, las dimensiones de
la edificación de la parroquia del siglo XVIII y los espacios que
la integran siguen siendo hasta ahora los mismos. Uno de es-
tos espacios fue la sacristía, ubicada en la parte posterior de la
parroquia, colindando con el arroyo, la cual se observa en la
ilustración número 1. En esta imagen observamos la Torre sur,
la Torre norte sería construida en 1904 por el alarife Dámaso
Muñetón; la plaza mayor conservaba su terreno, donde poste-
riormente se ubicó el Mercado Jesús González Ortega, ahora
convertido en Centro comercial. En la parte posterior de la ca-
tedral se ubica la sacristía, en ella identificamos la pared, las co-
lumnas, las ventanas, todo cubierto por una bóveda de cañón
corrido. Junto a esta pared no existía ninguna edificación, sin
embargo, más tarde se construyó la casa habitación que aún

16 AHEZ, colección Arturo Romo Gutiérrez, serie Libros, subserie libro número
5, José, R. Benítez, Monografías Mexicanas, número 1, Arqueografía de las Catedrales
de Oaxaca, Morelia y Zacatecas, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1934, p. 20
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subsiste sobre el arroyo. Desde el siglo XVI y hasta la fecha, el


arroyo ha fungido como drenaje de la ciudad, por lo que en di-
ferentes ocasiones se sugirió que fuera cubierto; para nuestro
caso, la indicación cercana fue el 8 de enero de 1871.

Ilustración 1. Zacatecas, ca. 1860

56

Fuente: AHEZ, fondo Fototeca, serie Zacatecas.


En la parte posterior de la catedral se observa la sacristía, junto a ella se
construiría más tarde la casa habitación que aún subsiste.

En 1871, el Congreso del Estado de Zacatecas expidió un de-


creto argumentando que, para evitar daños a la salud, el ayun-
tamiento de la ciudad debía cubrir el arroyo. Empero, la idea
no prosperó debido a los escasos recursos económicos, pos-
teriormente, seis años después esta instrucción fue retomada
por la Iglesia local.17 Así, el presbítero Vicente Y. González, el
25 de julio de 1877, solicitó al ayuntamiento le cediera el lugar
que estaba ubicado a espaldas de la catedral, con la intención

17 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, libro del año
1871. AHEZ, serie Actas de cabildo, caja 22, libro del año 1877, fs. 163 v. 173, 174, 175.
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de realizar una edificación.18 El sitio solicitado medía doce me-


tros de ancho por cuarenta metros de longitud. La primera
dimensión era prácticamente el ancho del arroyo, la segunda
correspondía a un poco más de la longitud de la sacristía. El te-
rritorio denunciado tenía como colindancia al norte el callejón
de las Campanas, al sur sin colindancia, al oriente el callejón
de Juárez y las casas de Doña Trinidad Mourey y al poniente la
sacristía de la catedral. Realmente los solicitantes sabían que
el terreno no era firme, por lo que tendrían que erogar dinero
para cubrir el arroyo con lo que llamaban en aquel tiempo: un
puente. Argumentaron que cubrir el arroyo resultaría en un
beneficio público, por tanto, como se había hecho en otras oca-
siones, exhortaron a las autoridades civiles de la ciudad a con-
57
cederles el lugar gratuitamente, dándoles posesión y el título
de propiedad respectivo. Diez días después de su solicitud, el
caso fue turnado al síndico primero, don Agustín Ayala, para
que externara su opinión. El 18 de agosto Ayala manifestó que
podía concederse el lugar gratuitamente debido a los altos
costos que se tendrían que erogar para construir el puente. La
propuesta fue aceptada por el ayuntamiento el 3 de noviembre
de 1877, enviándose al Gobierno del Estado con la finalidad de
recabar su visto bueno y dar cumplimento al decreto del 8 de
enero de 1871. Con fecha 12 de noviembre de 1877, el gober-
nador dio su anuencia, indicando que se extendiera el título
de propietario a favor del presbítero Vicente Y. González. El
expediente regresó a la asamblea, la cual giró instrucciones el
24 de noviembre para que el licenciado José Barragán, en su
calidad de síndico primero, pusiera en posesión al interesado y
le expidieran el título de propiedad, llevándose a cabo el 11 de
diciembre de 1877. El protocolo de posesión hace constar que:
[…] constituido el ciudadano licenciado José Barragán, Síndico

18 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Conventos e Iglesias, caja 3,


exp. 173, julio 25 de 1877 - 11 de diciembre de 1877, las hojas no están foliadas.
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primero de la Asamblea Municipal de esta capital, en el arroyo


principal de la ciudad a espaldas de la Iglesia Catedral, en pre-
sencia de los inquilinos de las fincas colindantes por ausencia
de los propietarios, puse en posesión de los vientos del mencio-
nado arroyo al Señor Canónigo Don Vicente Y. González, com-
prendiendo la propiedad que se le concede gratuitamente toda
la parte posterior de la misma Iglesia Catedral y el ancho que
mide el repetido arroyo, en los términos que expresa el escrito
del denuncio, lo que firmo para constancia en la fecha. Lic. José
Barragán.

Para el año siguiente, ya estaba cubierto el arroyo, lo cual cons-


ta en la solicitud que presentó Marcelino Morfín Chávez diri-
58 gida a la asamblea el primero de septiembre donde pide que le
adjudiquen gratis el viento libre del arroyo que se extiende al
sur desde el puente fabricado a espaldas de la Iglesia catedral
hasta la calle Nueva y si no era mucha molestia también pedía
dos tapias, una ubicada en la calle mencionada cuyo límite era
el arroyo y la otra en el callejón del Pichón con una puerta que
comunicaba con el arroyo.19 El caso lo atendió el síndico Mar-
tiniano Silva dictaminando que podía concederse lo denun-
ciado siempre que la construcción no disminuyera el cauce del
arroyo y diera a las bóvedas la altura conveniente, lo que se ha-
ría a juicio del alarife de la municipalidad. La petición del padre
González fue un incentivo para que los vecinos como Morfín y
otros más también pidieran su lado del arroyo. Así lo hicieron
el señor General y Lic. Trinidad García de la Cadena, la se-
ñora Margarita Godoy de Breña, Manuel Domínguez, Agustín
del Hoyo, Antonio Carrillo, José Moreno, Jesús E. Nava en su
nombre y en el de la señora Guadalupe Aranda, Luis Montes
de Oca, Lauro G. Ortega, doña Josefa G. de Llamas, doña Gua-

19 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de cabildo, caja 23, libro
de 1878, f. 58 v.
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dalupe Aranda del Hoyo, el personal del Gobierno del Estado


y otras personas.20 Por su parte, la autoridad les remarcaba que,
atendiendo al decreto de 1871, sí les otorgarían gratuitamente
el viento del arroyo a todo propietario que tuviera fincas en ese
punto, con la obligación de construir un puente en seis meses
que les permitiera ampliar su propiedad. Con esas facilidades,
el siglo XIX vio crecer la ciudad según lo muestra la ilustración
número 2 del año 1896, donde se identifica la casa habitación
junto a la sacristía. Las dimensiones generales de la casa fue-
ron las mismas del sitio solicitado: doce metros de ancho por
cuarenta metros de longitud, resuelta en dos niveles.

Ilustración 2. Casa habitación ubicada junto a la sacristía


59
y sobre el arroyo, 1896

Fuente: AHEZ, fondo Fototeca, serie Zacatecas.

20 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de cabildo, libros de


1878, 1879, 1880.
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Esta imagen se complementa con la descripción de los


templos nacionalizados que hizo el empleado del gobierno
estatal Albino González, entre los meses de junio a septiem-
bre del año 1897.21 Menciona que la catedral se compone de
tres naves, bautisterio, habitación para un campanero, sa-
cristía y casa habitación para el encargado. Al norte colinda
con la propiedad de la señora doña María Sánchez Román,
viuda de Ortega y el callejón de las Campanas; al sur con la
propiedad de la señora doña Belén García Alatorre y la calle
del Mercado Principal; por el oriente con propiedad del se-
ñor Modesto Escobedo, calle del Deseo y el callejón de Juá-
rez; al poniente con la calle de Tres Cruces.

60
La autoridad eclesiástica entrega la Casa
habitación al gobierno civil
La catedral y la casa habitación fueron utilizadas por la Igle-
sia hasta que el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles
los obligó a entregar los templos y sus anexos, en 1926 y 1927,
respectivamente. La casa habitación estaba considerada como
anexo. Las autoridades religiosas elaboraron un inventario para
efectuar la entrega-recepción al gobierno a través de un comité
vecinal integrado por diez personas, lo cual fue hecho el 14 de
agosto de 1926. La entrega de la catedral se hizo a través de un in-
ventario de veintinueve fojas las que describen ampliamente la
edificación, al final de ellas se asentó lo relacionado con la casa;
el mismo inventario se utilizó al año siguiente para entregar la
citada casa. En 1927, este inmueble fue entregado por el presi-
dente municipal al Gobierno federal en los siguientes términos:

Siendo las diez horas del día 7 de septiembre de 1927, se constitu-


yeron en el Edificio Anexo a la Iglesia Catedral de la Ciudad de

21 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Conventos e iglesias, caja 3,


exp. 189, 7 de junio - 26 de septiembre de 1897.
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Zacatecas, ubicado en la esquina de la calle del Deseo y callejón


de las Campanas, los ciudadanos Enrique Domínguez y licencia-
do Adalberto Chávez Wonder-Linden, Presidente municipal y
Agente del Ministerio Público Federal, respectivamente, asocia-
dos de los testigos ciudadanos N. Peralta y Aurelio Flores, con el
objeto de hacer entrega el primero al segundo de dichos funcio-
narios de las Anexidades de la expresada Catedral, de acuerdo
con la circular telegráfica número 250, de fecha 4 de agosto de
1927, de la Procuraduría General de la República, referente a que
el Presidente municipal debía entregar al Agente del Ministerio
Público las Anexidades de los Templos, consignado los datos si-
guientes. La casa constaba de planta baja y alta. A la planta baja
se entraba y se sigue entrando hasta la fecha por el callejón de las
61 Campanas número 12. Se ingresa a un zaguán donde hay cinco
piezas, un cuarto que sirve de carbonera, un pasillo, un patio,
una escalera que comunica al segundo piso. Al subir la escalera a
la planta alta se llega a una sala, hay dos recámaras cada una con
su ventana y una reja de fierro como protección, comedor, coci-
na, tres inodoros y corredores. Los muros son de mampostería
con sus respectivas puertas y ventanas, los pisos son de ladrillo.
Con respecto a muebles solo existe un Armonio viejo inservi-
ble, una banca de madera en mal estado y una especie de tarima.
Acto continuo fueron cerradas las puertas poniéndose los sellos
de la Agencia del Ministerio Público, recogiéndose once llaves.
Levantándose el acta por cuadruplicado, firmándola quienes en
ella intervinieron.22

Posteriormente a esta entrega, la edificación fue ocupada por


la Delegación Federal del Departamento de Salubridad, la cual
seguía utilizando en 1929 cuando el gobierno regresó los tem-
plos a la autoridad religiosa. Una vez disminuidos los conflic-

22 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Conventos e iglesias, caja 3,


exp. 195, 22 de febrero de 1926 - 20 de julio de 1929.
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tos entre la Iglesia y el Estado, el 13 de julio de 1929 el Obispado


solicitó la devolución de los templos y sus anexos. En esa fecha
se presentó el señor presbítero Jesús Flores, estando autori-
zado por el señor obispo, Ignacio Plasencia y Moreira para la
entrega recepción. Recibieron la catedral sin el anexo, lo cual
también fue requerido por la Iglesia doce días después de la
admisión de la catedral. De este modo, el 25 de julio de 1929,
el presidente municipal envió un oficio al señor gobernador
recordándole que en 1927 con la intervención de un inspector
del Departamento de Bienes intervenidos se había entregado
a la Agencia del Ministerio Público Federal otro anexo de la
catedral, cuya edificación seguía ocupando la Delegación Fe-
deral del Departamento de Salubridad.23
62

Ilustración 3. Vista aérea de la Casa habitación


de los presbíteros

Fotografía de Adolfo Villaseñor.

23 AHEZ, fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Conventos e Iglesias, caja 3, 25


de julio de 1929.
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Posteriormente, el inmueble fue recuperado por las autori-


dades religiosas quienes hasta la fecha hacen uso de ella con
la misma finalidad que surgió en el siglo XIX: Casa habita-
ción.

Ilustración 4. Casa habitación para los presbíteros, Zacatecas, 2011

63

Fotografía de Eustaquio Ceballos

A manera de cierre
La Casa habitación para presbíteros cuyas gestiones iniciales
datan de 1877, fue el producto de las faclidades que daba el
gobierno zacatecano a todos los vecinos que tuvieran propie-
dades junto a la rroyyo con la finalidad de que lo cubrieran
para evitar problemas como derrumbes o infecciones a la po-
blaciónm ante la incapacidad económica para hacerlo las au-
toridades. Las gestiones para obtener gratuitamente el terre-
no se efectuaron durante cinco meses, de julio a diciembre de
1877; para el año siguiente ya estaba construido un puente que
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cubría el arroyo y sería el sustento para la futura casa habita-


ción. A la fecha, el término del puente lo entendemos como
una construcción vial utilizada por cualquier persona, sin em-
bargo, en el siglo XIX significaba que el puente les ayudaba
para ampliar sus posesiones particulares. Así lo hizo la iglesia,
construyendo desde el principio una casa de dos niveles abar-
cando un primer periodo de uso por parte del clero diocesano
durante cuarenta y seis años, de 1877 a 1923. En tiempos del
conflicto Cristero, entre 1923 a 1926, la autoridad eclesiástica
fue obligada por el gobierno civil a entregarle los templos y sus
anexos, lo cual sucedió entre 1926 y 1927. Posteriormente, las
autoridades eclesiásticas recuperaron la edificación que conti-
núan utilizando hasta la fecha con aquella finalidad inicial del
64
siglo XIX: servir de casa habitación para los presbíteros.
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Anexo 1

Breve descripción de las portadas


y del interior de la catedral de Zacatecas24

Portada principal. Se compone de tres cuerpos con cinco calles


y remate. En el primer cuerpo hay columnas salomónicas tri-
tóstilas que enmarcan los nichos y el vano central. La sección
inferior de los fustes exhibe tres bustos de amorcillos entre
follajes, frutas y flores, los fustes se ven recubiertos de hojas
con frutas. Las columnas que están a los lados de la puerta tie-
nen uvas, mientras las otras cuatro ostentan granadas e higos.
65
Las columnas centrales como las secciones inferiores de las
otras tienen perlas en relieve en sus hojas; en cambio en los
fustes de las cuatro columnas laterales, los centros de las hojas
están agujereados. En la parte superior de cada columna hay
una cabecita dentro de una concha. Los capiteles son corin-
tios y en las dos columnas de los extremos, pequeñas cabezas
reemplazan a las flores centrales. Las entrecalles de este primer
cuerpo contienen nichos sobre peanas de follaje con cabecitas.
En los nichos se albergan cuatro apóstoles. Arriba de ellos hay
jarrones y máscaras. Alrededor del vano de la puerta de per-
fil mixtilíneo, hay follajes con amorcillos, al centro una figura
de la inmaculada. En el friso que se encuentra al mismo nivel
de los capiteles, debajo del arquitrabe, vemos más amorcillos
entre hojas y conchas. Otras conchas marcan el arquitrabe. El
friso tiene amorcillos entre hojas y los nombres IHS, María,
José, en la sección que corona la puerta. En las impostas se ven
amorcillos danzantes y músicos, al centro están dos tocando el

24 Clara Bargellini, La Arquitectura de la Plata, p. 259. Cfr. Tomás Hernández Mon-


real, Las Portadas de la Catedral de Zacatecas, Zacatecas, Universidad Autónoma
de Zacatecas, 2003, p. 23.
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violín y el arpa. En medio de la cornisa de este primer cuerpo,


arriba de la virgen, dos amorcillos sostienen una corona, aho-
ra mutilada. En el segundo cuerpo vemos un óculo mixtilíneo
rodeado de ángeles músicos y de conchas entre hojas y racimos
de uvas. Corona este marco, una custodia cuyo pie tiene for-
ma de ángel. En las esquinas vemos a los cuatro Doctores de
la iglesia, en el ángulo superior izquierdo San Gregorio; en el
ángulo inferior izquierdo, San Jerónimo; en el ángulo superior
derecho, San Ambrosio; en el ángulo inferior derecho, San
Agustín. El óculo tiene una reja de hierro con las figuras del sol
y la luna. En este segundo cuerpo los soportes son de tres tipos
diferentes. La pareja que enmarca el óculo tiene los fustes re-
cubiertos con conchas, uvas y otras frutas. Sigue una pareja de
66
columnas con hojas y uvas, una trenza que las envuelve en for-
ma helicoidal. Las columnas de los extremos tienen también
hojas y uvas, pero las recubren verticalmente sin el movimien-
to helicoidal. Los capiteles corintios de estas seis columnas
son variados. Especialmente hay que notar las aves de los ca-
piteles extremos y las plumas de los que siguen. También hay
plumas en los arquitrabes correspondientes a los capiteles de
las columnas centrales, donde nuevamente encontramos aves.
En los nichos hay cuatro apóstoles. Los nichos y las peanas es-
tán recubiertos de follaje. El friso tiene hojas, uvas y angelillos.
El cuerpo superior también es de cinco calles, pero reducidas,
de manera que las tres centrales corresponden a las calles cen-
trales de los dos cuerpos inferiores. Aquí también hay varie-
dad en los soportes. Los del centro consisten cada uno en tres
amorcillos superpuestos cargando frutas y mazorcas, corona-
dos por un capitel de plumas. Los que siguen son pilastras de
forma balaustrada con hojas y uvas y una cabeza coronada con
plumas que sostienen el capitel. La imposta es un querubín.
Los soportes de los extremos son más parecidos a las columnas
propiamente, forradas en sentido vertical con hojas y frutas.
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Los nichos contienen una figura de Cristo que sostiene un glo-


bo al centro, además cuatro apóstoles. El remate envuelve este
último cuerpo. Es un marco de hojas alrededor de un campo de
hojas donde se ve el escudo papal en el lado inferior izquierdo
y el espacio donde estaba el escudo real en el derecho. Arriba
hay ángeles músicos en el centro la figura de dios padre en re-
lieve. Toda la fachada venía coronada originalmente por una
cruz de hierro entre las dos volutas centrales. Ahora este espa-
cio está vacío.
Portada norte. La portada es de dos cuerpos con remate. El
vano de medio punto del cuerpo inferior está enmarcado por
unas medias columnas que terminan en serafines-cariátides.
Las mismas columnas están envueltas en forma helicoidal por
67
relieves de vides, pájaros y cuadrúpedos. Los largos brazos de
las cariátides se levantan para sostener los capiteles corintios.
Los plintos de las columnas exhiben relieves de escudos con el
monograma IHS al centro y querubines. Arriba de la puerta,
en la clave del arco, vemos un escudo con la inscripción INRI,
y más arriba, ángeles sosteniendo símbolos de la pasión, la co-
rona de espinas a la izquierda y la caña a la derecha. En el friso
hay follajes sencillos. El cuerpo superior ostenta la escena de
la crucifixión frente a una gran cortina que cuelga de la cornisa
sostenida por ángeles. Al centro está el crucifijo y a los lados,
en peanas, sostenidas por ángeles, la virgen y San Juan. Toda la
escena descansa en una cornisa con guardamalletas adornadas
por hojas, conchas y unas figurillas de torso desnudo al centro.
Dos estípites enmarcan esta aparición, mientras dos ángeles en
relieve extienden la escena a las paredes laterales. En el remate,
la figura de dios padre y el espíritu santo con el divino rostro
entre dos ángeles completan la composición. La cornisa del
cuerpo de la iglesia se abre en dos volutas para darle lugar al
marco mixtilíneo del remate.
Portada sur. Comprende dos cuerpos. Ambos cuerpos es-
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tán enmarcados desde las bases de las columnas hasta la cor-


nisa por relieves de escudos. La clave del marco de la puerta
contiene una figura de San Miguel. En la puerta están los cua-
tro evangelistas, en las enjutas hay amorcillos entrelazados con
follajes. Debajo del arquitrabe hay un friso con símbolos Ma-
rianos. De izquierda a derecha observamos una estrella, un es-
pejo, un cesto de flores, una puerta, una palmera. Propiamente
el friso tiene follajes. El cuerpo superior es de tres calles con
un nicho al centro enmarcado por columnas. En el nicho está
la virgen con el niño parada en una peana de follajes y queru-
bines. En la hornacina vemos una paloma representando el
Espíritu Santo. En los intercolumnios hay medallones con la
figura de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Dos án-
68
geles de bulto rematan los lados de la portada. Existen eviden-
cias de construcciones anteriores en los muros exteriores. En
el tramo entre la portada norte y el crucero se nota que había
una ventana más baja y otra en la pared de lo que ahora es el
crucero. En el último tramo había una puerta con una venta-
na arriba. La construcción antigua sigue en la pared que ahora
corresponde a la sacristía. Hay que recordar que esta es la zona
donde estuvo la antigua capilla del Santo Cristo. En tanto en
la fachada sur se ven tres ventanas más bajas que las actuales,
cegadas.
Interior. El interior de la catedral es un espacio rectangular
dividido en tres naves. La nave principal y los cruceros tienen
bóvedas de arista, las laterales más bajas tienen bóveda de cas-
quete. Todas las bóvedas ostentan nervaduras adornadas. Las
columnas son macizos cruciformes cuya sección inferior tiene
estrías en zigzag. Las claves de todos los arcos llevan figuras en
relieve. En la nave principal son figuras de santos; en la nave
sur son símbolos marianos y en la nave norte hay símbolos de
la Pasión. Los arcos torales alrededor de la cúpula exhiben re-
lieves de los cuatro evangelistas. Están las imágenes de Cristo
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crucificado y de la Virgen, en sus respectivas vitrinas. Un ángel


corona el retablo de la virgen y junto en un nicho en la pared,
está otra Virgen con el niño, de la época colonial. En un nicho
próximo al Santo Cristo hay una talla de San Nicolás Tolenti-
no. En varios altares hay figuras, entre ellas está San José, en el
retablo del crucero derecho. En el bautisterio a la derecha de la
entrada de la catedral, hay un lienzo del siglo XVIII de la San-
tísima Trinidad. A la izquierda de la entrada de la iglesia, está
una capilla que contiene un lienzo de la Virgen del Refugio.

FUENTES
69

a) Documentales
AHEZ Archivo Histórico del Estado de Zacatecas, Zacatecas, Zac.
NPS Notaría de la Parroquia del Sagrario, Templo de Santo Domingo,
Zacatecas, Zac.

b) Bibliográficas
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HERNÁNDEZ MONREAL, Tomás, Las Portadas de la Catedral de Zaca-


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LÓPEZ DE LARA, José de Jesús, Seminario Conciliar de la Purísima,
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de Justicia del Estado de Zacatecas, 2003.

Digitales
https://es.wikipedia.org/wiki/Leyes de Reforma
Formar profesoras para escuelas de pár-
vulos, o cómo institucionalizar y hacer
visible una profesión femenina. Zacate-
cas, fines del siglo XIX y principios del
siglo XX

Martina Alvarado Sánchez1

Resumen

E
l presente texto enuncia parte del
proceso a través del cual se fue con-
figurando la carrera de profesora
del nivel de párvulos en Zacatecas;
además, da cuenta del tránsito que tuvieron que
pasar las mujeres que se dedicaron a la tarea de
enseñar a las y los niños de corta edad para ser vi-
sibilizadas, y así, incursionar en la esfera pública
zacatecana de fines del siglo XIX y principios del
siglo XX. Este texto inicia con un panorama sobre
la concepción que históricamente se construyó
sobre las mujeres, posteriormente, da cuenta de
las vicisitudes a las que tuvieron que enfrentar-
se para ser visibilizadas e incursionar en la for-
mación educativa como fue el caso de la Escuela
Normal de Señoritas de la ciudad de Zacatecas; el
trabajo también alude al papel que algunas fémi-
nas desempeñaron para abrirse camino en la bús-

1 Doctora en Humanidades y Artes, docente investigadora de la


Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho, martinaal-
[email protected]
71
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

queda de su visibilización y empoderamiento como entes pen-


santes, capaces de incursionar en la esfera pública y ser sujetos
de cambio en la sociedad.

Palabras clave
Escuela Normal, mujeres, formación, párvulos, visibilización.

Abstract
This text states part of the process through which the teaching
career of the kindergarten level was configured in Zacatecas;
In addition, it gives an account of the transit that women who
dedicated themselves to the task of teaching young children
had to go through in order to be made visible, and thus, enter
72
the public sphere of Zacatecas at the end of the 19th century
and the beginning of the century XX. This text begins with
an overview of the conception that was historically built on
women, later, it gives an account of the vicissitudes they had
to face in order to be made visible and venture into educatio-
nal training, as was the case of the School Normal of Señoritas
the city of Zacatecas; The work also alludes to the role that
some women played to make their way in the search for their
visibility and empowerment as thinking entities, capable of
venturing into the public sphere and being subjects of change
in society.

Keywords:
Normal School, women, training, toddlers, visibility.

Introducción
Las mujeres, a través del tiempo, han enfrentado situaciones
adversas debido a su estigmatización como sujeto incapaz de
pensar, actuar y decidir; se ha construido una concepción
sobre su rol de inferioridad en comparación con el hombre.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Desafortunadamente, ellas mismas han sido partícipes de ese


fenómeno. Al respecto, Cecilia Amorós señala que las mujeres
están convencidas de su incapacidad, de su diferencia a partir
de su naturaleza y que en muchos momentos hacen virtud de
soportarlo todo: maltrato, cuidar a los hijos, atender al marido,
procurar un ambiente favorable al interior de la familia, entre
otros sacrificios.2
Hay autores que señalan que «ser mujer no se limita a un
espacio y a un tiempo determinado, sino que conlleva otras
connotaciones que la hacen diferente y, a la vez, única».3 No
obstante, para el periodo que nos ocupa, la mayoría de la so-
ciedad concebía a las mujeres como seres incapaces de incur-
sionar en espacios distintos al privado, al considerarlas como
73
célula central de la familia, encargadas de procurar el cuidado
del hogar, que era el sitio para salvaguardar a los hijos de los
múltiples peligros que les deparaba el mundo externo; poste-
riormente, las mujeres pasaron a ser piezas centrales para el in-
dividuo «como un lugar de refugio en donde uno escapa de las
miradas del exterior, lugar de afectividad donde se establecen
relaciones de sentimiento entre la pareja y los hijos, un lugar
de atención a la infancia».4 Podemos decir que aún en nuestros
días, en varios entornos a las mujeres se les sigue otorgando
poca importancia, pocos las visualizan como sujetos pensan-
tes, capaces de discernir y de actuar por sí mismas. Para desen-

2 Daniel Cazés, Obras feministas de François Poulain de la Barre (1647- 1723), México,
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades /Uni-
versidad Nacional Autónoma de México, 2007, pp. 40-42.
3 «Desde una mirada retrospectiva, definida por hombres, las diferencias se hacen
según el contexto, aspecto que no es verdad; al respecto, Zinsser y Anderson de-
muestran que entre una mujer de la Europa medieval y otra de la época moderna,
aun de distinta condición social, no había grandes diferencias. Por consecuencia,
podemos señalar que, la concepción de mujer en los diferentes espacios ha estado
marcada por limitantes». Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser, Historia de las
mujeres: una historia propia, Barcelona, Crítica, 2009, pp. 12-16.
4 Philippe Ariés y Georges Duby, Historia de la vida privada: del Renacimiento a la
Ilustración, Barcelona, Taurus, 2001, p. 24.
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tivar este imaginario que ha pervivido por siglos, De la Barre


alude a la igualdad de los sexos, «las mujeres deben acceder a
lo que en cada época es la formación ilustrada más moderna, y
estar en posibilidad de ocupar cualquier cargo relacionado con
los intereses sociales».5 Haciendo caso a este teórico, el cam-
bio de paradigma fue encabezado por mujeres que rompieron
con los moldes que imponían las sociedades históricas; por
supuesto que hubo diferencias particulares según el contexto.
En países desarrollados que han fundado su cultura política
en democracias participativas, las mujeres han conquistado es-
pacios trascendentales, sin embargo, en lugares como México
y Zacatecas, durante el lapso de estudio, aún estaba muy con-
solidada la idea de que las mujeres debían estar supeditadas al
74
hombre.
Algunos filósofos e intelectuales definen a la mujer como
un ser inesencial, según ellos, la esencia de la humanidad se en-
cuentra en el hombre: capaz de pensar, actuar, decidir. Estas
características lo ubican como el principal protagonista de las
transformaciones.6 En contraparte, hay otros pensadores con
ideas liberales que plantean la igualdad de los sexos, definien-
do para ello un concepto cultural, social y político crítico, esto
genera un debate al respecto.
Para finales del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX
se consideraba que el hombre era el sexo fuerte, por lo que la
mujer debía obedecer sus órdenes; en la misma tesitura, his-
tóricamente se ha construido la idea de que la mujer perte-
nece al sexo débil, esto es, alguien invisible, oculto, a quien se
trata como objeto y es considerada como un mal necesario de
los hombres, subordinada a su servicio, excluyéndola de las
transformaciones de la humanidad, aun cuando han existido y
existen mujeres capaces de trasgredir las normas establecidas

5 Daniel Cazés, Obras feministas, p. 45.


6 Philippe Ariés y Georges Duby, Historia de la vida privada, p. 24.
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y han sido y son pieza fundamental en el avance de algunos


rubros, como el educativo. Esta concepción variaba, según la
condición social a la que pertenecía cada mujer, en donde los
estereotipos y modelos construidos a través de los siglos han
generado una tradición sobre el actuar de la mujer mexicana,7
percibiéndola como cuidadora de la familia, persona de carác-
ter dulce, abnegada, capaz de soportar cualquier sufrimiento,
dedicada a la atención del marido y de los hijos, esmerándose
siempre en velar por el bien del hogar.8
En seguida, veamos las especificidades que adquirió este
estereotipo en la particularidad zacatecana. Un elemento que
marcó la diferencia en cuanto al cambio de rol de las mujeres,
fue sin duda la fundación de la Escuela Normal para Señori-
75
tas. Pese a que en el espacio local esta institución se implantó
en un contexto por demás tradicional, muy pronto la cultura
letrada y el habitus escolar que ahí se construyó, propiciaron
visos de cambio que contribuyeron a la transformación pau-
latina de la concepción de y sobre cierto sector de las mujeres
zacatecanas.

Mujeres zacatecanas en el ámbito educati-


vo, primer paso para el empoderamiento
Para la época que nos ocupa las mujeres mexicanas eran ex-
cluidas en la educación formal de las áreas con cierto nivel de
complejidad e, incluso, su condición socioeconómica deter-
minaba la posibilidad de ser alfabetizadas, las féminas pobres
7 En las prácticas sociales, al interior de la familia se manejan saberes y acciones
aprendidos desde la infancia, ya que la niña tenía ante ella el mayor ejemplo de las
funciones que debía realizar en su vida: su madre, su modelo a seguir, con quien
se identifica y a partir de quien concibe lo que deber ser y hacer una mujer. Véase:
Julia Tuñón, Mujeres en México: Recordando una historia, México, Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes, 2004, pp. 230-231.
8 Martina Alvarado Sánchez, «La formación de profesoras en Zacatecas: de las es-
cuelas de párvulos a la institucionalización de la educación preescolar 1878-1953»,
Tesis de Doctorado en Humanidades y Artes, México, Universidad Autónoma de
Zacatecas, 2014, p. 47.
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difícilmente podían ingresar a la escuela, ya fuera por la oposi-


ción de sus padres o por las limitaciones monetarias.
Hacia la segunda mitad del siglo XIX la malla curricular
de la educación elemental dirigida a las mujeres estaba com-
puesta por asignaturas como: Primeras letras, Rudimentos,
Matemáticas, Religión, Primeros auxilios, Salud y otras acti-
vidades, como la costura, el bordado y la economía doméstica
propias de la condición femenina. Durante el periodo en el que
Benito Juárez ocupó la presidencia, pero, sobre todo, a lo largo
del Porfiriato, la educación adquirió un carácter fundamental,
impulsándose por vez primera la educación femenina como
un derecho básico. Esto se cristalizó en 1867 cuando abrió sus
puertas la Escuela Secundaria para Señoritas en el Distrito Fe-
76
deral.9 Al mismo tiempo, se impulsaron una serie de acciones
para mejorar la condición femenina en lo educativo y en otros
aspectos coadyuvantes de una mejoría en su calidad de vida.
En Zacatecas, a partir de la década de 1870, comenzó a ser
visible la incursión de la mujer en los espacios educativos de
nivel postelemental, principalmente en la institución que pre-
paraba a las féminas como preceptoras de primeras letras y en
algunos casos como parvulista, en 1878 empezó a funcionar la
Escuela Normal para Señoritas. Como parte de esa conforma-
ción y organización, se dieron reformas que tuvieron como
marco la constante pugna entre los grupos conservadores y
liberales, enfrentamiento que en cierta medida impidió mo-
mentáneamente el progreso de la entidad; no obstante, se fue
dando un avance paulatino que se reflejó en un ligero repunte
de la educación de las clases populares.
En el régimen porfirista, la educación fue considerada
condición fundamental de orden y progreso, para lo cual se
9 Lourdes Alvarado, La educación superior femenina en el México del siglo XIX: de-
manda social y reto gubernamental, México, Centro de Estudios Sobre la Uni-
versidad - Universidad Nacional Autónoma de México / Plaza y Valdés Editores,
2004, pp. 163-165.
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ampliaron los planteles conocidos como Las amigas y aumentó


la oferta educativa para las mujeres, lo que ocasionó no solo un
incremento en el número de alumnas, sino también precepto-
ras. Hacia el último tramo del siglo XIX se planteó la necesidad
de crear más espacios para las mujeres donde pudieran recibir
una formación integral que les permitiera cumplir la labor ins-
tructiva encomendada por el régimen. Fue en este marco en el
que surgieron las escuelas normales para mujeres en algunos
estados. Pero es hasta que se institucionalizó dicha educación,
casi a finales del siglo XIX, cuando algunas primarias elemen-
tales superiores pasaron a ser escuelas normales, tanto de va-
rones como de mujeres.
La institucionalización de la formación de profesores se
77
dio cuando se concretó la fundación de escuelas normales mo-
dernas, centros educativos ajenos a los preceptos lancasteria-
nos y muy apegados a las innovaciones en los ámbitos peda-
gógico, psicológico y antropológico, corriente promovida en
México por Enrique C. Rébsamen y Enrique Laubscher. Esta
circunstancia en particular, y la celebración de Congresos Pe-
dagógicos, impulsaron la formación de señoritas en las escue-
las normales de Veracruz, Colima, Sonora, San Luis Potosí,
entre otros estados, donde Zacatecas también estuvo presente.
En estas escuelas, los salones de clase, pasillos y, sobre todo,
los documentos, revelan un proceso de formación educativa
impregnado fuertemente por el pensamiento científico de la
época; en este lapso, ser profesora normalista era considerada
una carrera que no trasgredía las normas sociales, puesto que
la preceptora era formadora de hombres, realizaba una profe-
sión benéfica para la sociedad y el centro escolar donde realiza-
ba su labor era una extensión del hogar. Por tanto, la profesión
era concebida como un adecuado destino de las mujeres.
A finales del siglo XIX, con Joaquín Baranda como Secre-
tario de Justicia e Instrucción Pública, se implementó la edu-
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cación moderna sustentada en una teoría pedagógica, lo cual


implicó la consolidación de métodos de enseñanza objetiva.
En ese mismo periodo, las Escuelas Normales tomaron otro
rumbo, ya que se hizo oficial el nacimiento de la formación
moderna de profesores y profesoras. Para la década de 1890 se
institucionalizó la educación de párvulos y se inició la forma-
ción de profesoras del nivel en Zacatecas. Cabe destacar que,
en este proceso, la esposa del general Porfirio Díaz, doña Car-
men Romero Rubio, fue una de las principales impulsoras del
proyecto que impulsó la creación y el fortalecimiento de las
escuelas normales modernas para señoritas, junto con Laurea-
na Wright, entre otras distinguidas próceres de la educación
femenina mexicana.
78
En Zacatecas, estas ideas empezaron a cristalizarse para
1888. Para esta fecha ya funcionaba el Asilo de Niñas, algunas
mujeres egresadas de este centro se incorporaban a la vida la-
boral, otras recibían el título de profesoras de enseñanza pri-
maria y trabajaban en las escuelas de la región.10 Para la última
década del siglo XIX se emitió un reglamento para la Escuela
Normal para Señoritas en el que se estipuló que la instrucción
pública en la entidad zacatecana sería laica y obligatoria, lo
mismo sucedió en el Instituto de Ciencias, en las escuelas pri-
marias y en la Escuela Normal de Varones, lo que representó,
por un lado, una oportunidad para el acceso a estas institucio-
nes y, por otro, la exclusión a la instrucción confesional, am-
bos elementos verdaderamente importantes para el fomento
de la educación femenina.
El sector educativo en Zacatecas avanzó gracias a las ideas
de vanguardia de algunas mujeres de la clase acomodada, quie-
nes lucharon por alcanzar una cobertura más amplia y de ma-
yor eficacia para sus congéneres. Estas féminas observaron que

10 René Amaro Peñaflores, La educación popular en Zacatecas en la segunda mitad del


siglo XIX, México, UAZ, s/f.
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la labor aislada fructificaba poco, por ello bregaron por confor-


mar asociaciones de mujeres. María del Refugio Magallanes y
René Amaro Peñaflores señalan que en abril de 1904 se fundó
la Sociedad Mutualista «El Ángel del Hogar».11 Beatriz Gonzá-
lez Ortega y María de Jesús Villalobos pertenecieron a la mesa
directiva de este órgano e impulsaron a otras mujeres para que
incursionaran en los espacios educativos y públicos; además,
se conformaron asociaciones laborales y filantrópicas con una
amplia base social que contribuyeron al avance y al progreso
educativo de la sociedad local.
Algunas zacatecanas de la clase acomodada fueron parte
importante en la lucha local a favor de las féminas de las cla-
ses populares; paulatinamente, este sector fue construyendo
79
un proyecto bien definido como parte de una reforma social
que cabalgó a contrapelo con las reivindicaciones de la época.
La participación de estas mujeres en la sociedad significó un
parteaguas: por primera vez se hizo notorio que un grupo orga-
nizado de féminas se hacía visible en el ámbito zacatecano con
propuestas concretas y factibles, entre otras, ayudar a mujeres
pobres desde una visión moralizadora y secularizada, propiciar
su incursión en la educación y el trabajo, brindarles la oportu-
nidad de mejorar su condición de vida, situaciones que fueron
abriendo camino para que las mujeres depauperadas comenza-
ran a involucrarse en otras labores ajenas al hogar.
Podemos señalar que la última etapa del siglo XIX, como
lo menciona Luz Elena Galván, fue favorable para la mujer; en
este proceso, Zacatecas no fue excepción. La apertura de la Es-
cuela Normal para Señoritas en 1878 fue un hecho trascenden-
te que, de entrada, fue útil para preparar a una pequeña parte
de la población femenina como preceptora de la niñez, pero,
aunado a este propósito, hubo otras razones de mayor calado:
abrir un espacio a la profesionalización de las mujeres, ensan-
11 René Amaro Peñaflores, La educación, s/f.
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char su horizonte y expectativas, así como plantear a labor ma-


gisterial femenina como un elemento formativo con altas dosis
de solidaridad y de compromiso social.
Ahora bien, la orientación de los cursos que se impartían
en la Escuela Normal se sustentó en un Plan de Estudios bien
definido, que respondía a los adelantos de las ciencias positi-
vistas, que se empezaban a poner de moda por entonces; de
igual manera se posibilitaron los inicios de la formación de
profesoras de párvulos, para ello se contemplaba la enseñanza
y el trabajo con los dones de Froebel, dicha institución estaba
a la vanguardia de lo que acontecía a nivel nacional e interna-
cional, también estaban presentes las ideas de algunos pensa-
dores como Aristóteles, Comenio, Pestalozzi, entre otros, que
80
veían a la mujer como el prototipo para la educación de los más
pequeños, situación que con el tiempo repercutió en la femini-
zación del magisterio, sobre todo en el nivel de párvulos.
Para los últimos años del Porfiriato, algunas maestras nor-
malistas denunciaron parámetros educativos asimétricos entre
hombres y mujeres, ya que prevaleció la idea de que por sus
dotes maternales, las mujeres tenían mayor capacidad para
atender a los niños de corta edad; los hombres, por su parte,
estaban capacitados para desempeñarse en labores de mayor
brío, responsabilidad e importancia, es decir, en un mundo la-
boral dominado por hombres, las actividades de mayor peso y
brillo correspondían a éstos, relegando a un lugar secundario
y subsidiario al sector trabajador femenino. Sin embargo, en el
ámbito local algunas mujeres no se arredraron frente a las li-
mitaciones, ya que lucharon denodadamente por posicionarse,
tanto en el magisterio, como en otras actividades fundamen-
tales para la sociedad zacatecana, como obstetras, secretarias,
enfermeras y boticarias. No obstante, lo que ubicó a las muje-
res en un importante lugar en la sociedad local fue el trabajo
que llevaron a cabo en las escuelas de párvulos. Con la insti-
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tucionalización de esta carrera en la Escuela Normal, se abrió


la posibilidad de que las mujeres formadas en dicha profesión,
construyeran gradualmente un feminismo particular, que si
bien siguió limitado por los muros levantados por la cultura
patriarcal, ubicó a las preceptoras de párvulos en un espacio
neurálgico donde fueron ganando terreno en el renglón edu-
cativo, influyendo en decisiones políticas y modificando lenta-
mente el imaginario social.

La formación femenina en la Escuela


Normal de Señoritas: un factor de
visibilización
Las escuelas normales modernas son instituciones que fueron
81
establecidas por la élite como parte de la construcción de un
sistema de control político, sin embargo, no debemos descartar
la intención del régimen porfirista de incorporar a México al
concierto de los países desarrollados promoviendo una educa-
ción equiparable a la que desarrollaban los países más avanza-
dos de Occidente. En este tenor, profesores y profesoras que
incursionaban en dichas instituciones desarrollaban habilida-
des, fortalecían actitudes y aprendían saberes apegados a los
adelantos pedagógicos en boga. Por primera vez en la historia,
la administración federal incorporó a maestras y maestros de
las Escuelas Normales y a quienes egresaban de estos centros,
como agentes del gobierno mexicano que llegaban a cabo la
política educativa trazada por la élite intelectual dirigente.
Este acto fundante consideró al magisterio como una profe-
sión de Estado.12 Al respecto, Patricia Calvo señala que, den-
tro de los cotos de poder, era necesario el control político. En
el caso mexicano como en otros países, las escuelas normales
fueron fundadas con ese sentido. Por medio de estas institu-

12 Alberto Arnaut, Historia de una profesión: los maestros de educación primaria en


México, 1887-1994, México, Secretaría de Educación Pública, 1998, p. 20.
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ciones se reprodujeron ciertas ideologías convenientes para


el sistema hegemónico, Zacatecas no estuvo al margen de esta
conformación, como tampoco lo estuvo en el proceso nacional
de feminizar dicha profesión.
Emilia Recéndez señala que «la profesión de maestra de
nivel elemental se consideró apta para las mujeres»;13 además,
le costaba menos al Estado si las mujeres se encargaban de la
educación de los pequeños, el salario era menor para ellas, por
lo que los hombres fueron marginados de la instrucción de ni-
ñas y niños de corta edad. Esto fue aprovechado por ellas para
actualizarse y, sobre todo, para salir del ámbito doméstico al
que estaban confinadas.
En 1896 se fundó la Escuela Nacional de Maestros en la
82
Ciudad de México con el propósito de servir a la reforma pe-
dagógica que se impulsaba «como uno de los medios institucio-
nales de centralizar y uniformar la enseñanza»14 y también para
actualizar a las escuelas que operaban en los estados, donde
solo con cursos de actualización se formaba de manera empí-
rica al magisterio en servicio. El objetivo era compartir las ex-
periencias modernas de la profesión, dejando atrás el sistema
lancasteriano calificado como obsoleto. Se trataba de preparar
a los normalistas propiamente dichos, para modernizar y cen-
tralizar el aparato educativo porfirista. En el caso de Zacatecas,
quienes querían mejorar su formación debían trasladarse con
sus recursos para tomar esas lecciones en la capital del estado,
que era sede de la Escuela Normal para Señoritas. Las muje-
res con poca posibilidad económica no podían costear esos
traslados, por lo que la formación de profesoras, sobre todo de
párvulos, comenzó como una profesión para mujeres de con-
dición económica favorable.
13 Emilia Recéndez y Juan José Girón, Mexicanas al grito de guerra: las mujeres en
las revoluciones sociales (1810-1910), México, Universidad Autónoma de Zacatecas /
Instituto Electoral del Estado de Zacatecas, 2012, p. 91.
14 Emilia Recéndez y Juan José Girón, Mexicanas, p. 19.
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Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, Zacatecas


estaba a la vanguardia de los avances que se suscitaban en
torno a la formación de profesoras que atenderían niños de
cuatro a seis o siete años de edad. En el Plan de Estudios que
cursaban las señoritas se contemplaba Español, Lectura en voz
alta, Francés, Declamación, Nociones de Literatura, Física y
Química, Historia Patria, Teneduría de libros, Sistema Froe-
bel, Nociones de Derecho, Pedagogía y su historia, Documen-
tación, Música vocal, Gimnasia, Costura y Caligrafía.15 Estas
asignaturas se apoyaban en diversos materiales de estudio, en-
tre los que destacan los libros: Organización y disciplinas esco-
lares, Sistema Froebel, Manual Teórico Práctico de educación
de párvulos, Cursos de labores de flores, Economía doméstica,
83
Clase práctica de cocina, y otros de factura similar, que mues-
tran hacia dónde se dirigía la preparación de las mujeres de la
época que se formaban como profesoras de párvulos.
En el año de 1905 se dio la fusión de las dos escuelas norma-
les –varones y de señoritas–, convirtiéndose la institución en
Escuela Normal Mixta, transición de suma relevancia ya que la
coeducación dificultó el desarrollo particular de la carrera de
preceptora o institutriz de niños párvulos, antecedente remo-
to de lo que hoy conocemos como Educación Preescolar. Esta
carrera, hoy tan socorrida, tiene sus antecedentes con los pár-
vulos que aparecieron en las postrimerías del siglo XIX y las
primeras décadas del XX. En el ámbito local, esta formación se
institucionalizó en 1890, mientras que entre 1912 y 1913 sucedió
el tránsito hacia el kindergarten; iniciados los años veinte, se
avanzó a la etapa de consolidación de los jardines de niños,
más tarde, en años 40 del siglo XX, tomó forma de manera ofi-
cial la educación preescolar.
En Zacatecas, a principios del siglo XX, las mujeres que

15 Boletín Trayectoria, Escuela Normal de Profesoras, 11 de noviembre de 1905,


BCEZ.
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incursionaron en la promoción de la carrera de Profesora de


Párvulos fueron concebidas como rebeldes, pues no entraban
en el cartabón de las mujeres sumisas, encargadas del hogar,
procreadoras, entre otras acepciones; indudablemente, en
este grupo entran Luz González Cosió, Eulalia Guzmán y Bea-
triz González Ortega. Al respecto, Recendez y Girón señalan
que «estas zacatecanas fueron revolucionarias en sus propios
espacios».16 Por ejemplo, la profesora Luz González se educó
en las mejores escuelas del mundo gracias a la posición econó-
mica de la que gozaban sus padres, lo que le permitió fundar
la Cruz Roja Mexicana, en conjunto con otras amigas y sus
esposos; además, conformó comités para damas voluntarias
que desearan trabajar para sostener dicha institución. Por su
84
parte, Eulalia Guzmán, profesora de formación, fue una lucha-
dora incansable por el sufragio femenino. Tuvo la fortuna de
incursionar en los espacios universitarios; conformó el Club
Admiradoras de Juárez y estuvo muy cerca de Madero, lo que
influyó su participación en las cuestiones políticas de su época.
Con estudios formales e informales de Filosofía, Arqueología
y Antropología, colaboró en distintos proyectos educativos de
México durante la primera mitad del siglo XX. En el mismo
sentido, Beatriz González Ortega, también profesora egresada
de la Escuela Normal para Señoritas de Zacatecas, participó
en la lucha por la mejora de la educación su estado; asimismo,
obtuvo el premio del Mérito Revolucionario por las acciones
destacadas que emprendió durante la Revolución.17
Como podemos observar, hubo mujeres zacatecanas for-
madas como profesoras que impulsaron una serie de acciones
que demuestra su lucha por posicionarse como entes pensan-
tes y, sobre todo, que fueron abriendo camino para ser visibi-
lizadas como sujetos capaces de decidir por sí solas e incursio-

16 Emilia Recendez y Juan José Girón, Mexicanas, p. 122.


17 Emilia Recendez y Juan José Girón, Mexicanas, pp. 121-137.
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nar en el ámbito educativo, entre otros espacios. Mujeres que


lograron facilitar el empoderamiento en la esfera pública. Un
punto importante a destacar fue la presencia en la esfera pú-
blica de las profesoras parvulistas en servicio y su incansable
lucha por sobresalir, precisamente ellas pusieron en marcha
la transformación en el campo de lo educativo en la entidad
zacatecana, prueba de ello fue que impulsaron la instituciona-
lización de las escuelas de párvulos, nivel que hoy forma parte
del sistema educativo nacional.

Reflexiones finales
Históricamente, las funciones que culturalmente les fueron
asignadas a las mujeres se circunscribían al hogar y a las acti-
85
vidades inherentes a dicha superficie. En casos excepcionales,
las féminas efectuaban sus labores fuera de la vivienda fami-
liar, pero en todo caso, seguían subordinadas a los hombres.
En los casos de México y Zacatecas, fue hasta fines del
siglo XIX cuando las mujeres comenzaron a vislumbrar al es-
pacio educativo como un sitio de desarrollo profesional. Así,
luego de superar la enseñanza elemental, algunas incursiona-
ron como preceptoras de niños y niñas. Debido a las corrientes
pedagógicas que se popularizaban en Occidente, en México
comenzaron a fundarse Escuelas Normales para Señoritas, con
el propósito de formarlas profesionalmente para que atendie-
ran a la niñez y la juventud.
Hacia fines de la centuria decimonónica empezó a pre-
valecer la idea de que era preferible comenzar la educación
formal a una temprana edad, por lo que surgieron las escue-
las de párvulos y, casi de manera simultánea, las escuelas que
preparaban a las señoritas para ser maestras de niñas y niños
de corta edad. Así nació la profesión de maestra de párvulos
en Zacatecas, institucionalizándose esta formación hacia 1890.
Sin embargo, las señoritas que estudiaron esta carrera no se
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concretaron únicamente a estudiar y ejercer la enseñanza en


este nivel, sino que participaron en otros ámbitos de la esfera
pública, lo que contribuyó a hacerlas visibles.
Al incursionar en distintos ámbitos de la vida social local,
las maestras construyeron un feminismo particular, mismo
que constituyó un cimiento para las posteriores luchas que las
mujeres han emprendido en pos del reconocimiento, la igual-
dad y la equidad entre géneros.

FUENTES
Documentales
86
Biblioteca del Congreso del Estado de Zacatecas, Programa de exáme-
nes, Escuela Normal para Profesoras, Boletín del primero
de noviembre de 1905.

Bibliográficas
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TUÑÓN, Julia, Mujeres en México: Recordando una historia, Mé-
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87
La construcción de la opinión pública
política. Notas sobre las potencialidades
de la cultura escrita

José Luis Monreal Reyes1

Resumen

C
uando se piensa en torno de la cul-
tura escrita, se dejan ver infinidad
de consecuencias que ésta genera
cuando se practica, cuando se le da
rienda suelta al tránsito de sus vericuetos, cuan-
do la humanidad la presenta y al mismo tiempo
se representa. Tal es el caso de la opinión públi-
ca política que surge como un elemento que, por
lo difícil de hacerse perceptible a simple vista, ha
dependido de los procesos comunicativos escritos
que establecen las personas para poder manifes-
tarse y más aún, para provocar grandes cambios
en la sociedad. Así pues, el texto que se expone a
continuación, da cuenta de cómo es que se confi-
gura este tipo de opinión y cómo la cultura escrita
ha sido la base para que ésta surja, pero también el
texto expone la relación dialéctica que se constru-
ye en esa constante interacción.

1 Doctor en Estudios Novohispanos, docente investigador de la


Escuela Normal General Matías Ramos Santos, de San Marcos,
Loreto, Zacatecas, [email protected]
88
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Palabras clave
Opinión pública política, cultura escrita, insurgencia, crisis
monárquica.

Abstract
When you think about written culture, you can see the infinite
consequences that it generates when it is practiced, when the
transit of its intricacies is given free rein, when humanity pre-
sents it and at the same time represents itself. Such is the case
of political public opinion that emerges as an element that,
because it is difficult to make itself perceptible to the naked
eye, has depended on the written communication processes
that people establish in order to be able to express themselves
89
and even more, to cause great changes in the society. Thus, the
text that is exposed below, gives an account of how this type
of opinion is configured and how written culture has been the
basis for it to emerge, but the text also exposes the dialectical
relationship that is built in that constant interaction.

Key words
Political public opinion, written culture, insurgency, monar-
chical crisis.

Preámbulo
El presente escrito expone una parte de un trabajo de investi-
gación más amplio,2 el cual, basándose en la metodología de la
historia social, deja ver que la participación de diferentes acto-
res y grupos hacia los primeros años del siglo XIX, fue funda-
mental para que se gestara y se fortaleciera un fenómeno que,
posteriormente, se le conocería como «opinión pública políti-

2 José Luis Monreal Reyes, La opinión pública política en la circunstancia de la crisis


monárquica. La cultura escrita en Zacatecas, 1808-1814, Tesis de Doctorado en Estu-
dios Novohispanos, Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2020.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

ca» (OPP). Apoyado en lo anterior, se intenta romper con la vi-


sión atomista que privilegia la participación de personajes indi-
viduales en los procesos históricos y que, en consecuencia, son
a los que normalmente se les atribuye la mayor participación
en la construcción de los cambios sustanciales en la sociedad.
Incluso, con esta forma de pensar, el trabajo apunta que
los actores que participan en ese marco, no solo son personas,
sino también elementos que no necesariamente son percep-
tibles a simple vista, pero que tienen la característica de que
para poder manifestarse y más aún, moverse, dependen de los
diferentes procesos de comunicación que establecen hombres
y mujeres y de los pensamientos que éstos generan. Tal es el
caso de la cultura escrita.
90
Aquí es preciso afirmar que la cultura escrita, se transmite
y se comparte en la infinidad de interacciones sociales que la
cotidianidad ofrece, pero también en las que los mismos par-
ticipantes construyen para un determinado fin, es decir, cuan-
do se hace el intento de organizar las diferentes acciones que
conforman su vida cotidiana, inevitablemente emergen. Este
elemento no tangible, necesita que los individuos se relacio-
nen y, cual serpiente sigilosa, aprovecha ese movimiento para
escabullirse hasta los más íntimos rincones que constituyen a
la sociedad. Así pues, se va moviendo a través de ellos, y en
su paso, se va transformando y a la vez transforma a quien la
utiliza: ambos sufren cambios. La interacción a la que nos re-
ferimos es eminentemente dialéctica, de tal suerte que ésta va
invadiendo las formas de pensar, las formas de ser y las formas
de opinar y al mismo tiempo cambiándoles el rostro y, en este
interjuego, traspasa tanto el tiempo como el espacio y, en más
de una vez, a su paso deja una profunda huella difícil de borrar.
Con base en lo anterior, y a partir de la temática que se
sugirió en el estudio, hemos llegado a considerar a la OPP
como un importante producto de la interacción social, y que
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viene apoyando a los procesos de formación de la voluntad po-


lítica como parte de una dinámica en la que intervienen las
conciencias individuales socialmente determinadas (cultura)
y las informaciones provenientes del escenario político (acon-
tecimientos, políticas, movimientos, grupos de presión, etc.).
Esta visión nos obligó a revisar la manifestación de opiniones
entre la población, pero al mismo tiempo atender la exigencia
de explorar otros indicios complementarios que daban cuenta
de los procesos sociopolíticos y de los mecanismos comunica-
tivos que se encontraban en la base y que eran objeto de la ac-
ción de la OPP que a su vez fue generada por lo que se escribía
y se leía.
A decir verdad, se consideró —en el estudio citado—
91
como hipótesis central que dicha opinión fue construida des-
de la cultura escrita y, propiamente, a partir de la elaboración,
circulación, consumo y reelaboración de los textos de inter-
vención política. En este sentido, el apartado considerado para
que este texto saliera a la luz, fue el que marcaba las coordena-
das del cómo en otros tiempos y en otros lugares —en ocasio-
nes distantes a lo que nuestro estudio abarca— se dio el surgi-
miento del tema de interés: hablamos del estado de la cuestión.

El poder de la palabra
Un punto a considerar al escoger autores y casos, fue que en
cada situación que se mencionara, la cultura letrada estuviera
implicada y «fuese aplicada», cual infusión, en los diferentes
actores, primero de forma particular en personas intelectua-
les y enseguida en los grupos sociales en los que se insertaban
éstos y que esta infusión causara algo más. Es decir, en donde
este tipo de fenómenos lingüísticos se insertaran en la socie-
dad como un conjunto complejo e interrelacionado de enti-
dades que produjeran e intercambiaran información sin cesar,
haciendo énfasis en el reconocimiento de que el individuo, los
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grupos o el conjunto de la comunidad, operan incesantemente


con palabras y no con axiomas abstractos.3
En razón a las preguntas que se plantearon en el estudio,
se consideró dar cuenta de algunos ejemplos en donde, con
base en la inmersión en la cultura escrita —de manera decidi-
da por parte de algunos individuos—, se propició en no pocos
casos, que el cambio de perspectiva en ellos fuera diferente,
enfrentando en variadas ocasiones, situaciones adversas que
los llevaban, desde una simple amonestación hasta el perder
la propia vida, es decir, la embriaguez que les provocó el poder
de la palabra y más aún la adicción a ésta, puso a varios perso-
najes en situación de albur, pero también llevándoles a otra
dimensión, a tal grado de llegar a cuestionar su condición en
92
su mundo social y natural. Y en tal sentido, creo que por ello,
han sido muchos los autores que han «dedicado un gran es-
fuerzo a comprender cómo el lenguaje, y su simbolismo, deter-
minan (o condicionan) el razonamiento y el comportamiento
humanos. En otras palabras, con este conjunto de acciones se
ha puesto justo en el centro de los intereses la dimensión co-
municacional de los procesos sociales»,4 así como sus efectos.
Las relaciones cara a cara que tienen como punto de inflexión
a la cultura escrita —en todas sus manifestaciones como la
lectura y la escritura—, tienen un potencial que va más allá
de una charla coloquial, es decir, tienen la posibilidad de ser
profundas y por ser así, cuestionadoras, dado que ofrecen la
posibilidad de construir y reconstruir significados, sobre todo,
los preestablecidos.
Roger Chartier y Guglielmo Cavallo,5 afirman que, «el

3 Pedro Cardim, «Entre textos y discursos. La historiografía y el poder del lengua-


je», Lisboa, Universidad Nova de Lisboa, 1996, p. 3, disponible en http://revistas.
ucm.es/index.php/CHMO/article/view/24670, (consultado el 16 de mayo de 2017).
4 Pedro Cardim, «Entre textos», p. 3.
5 Roger Chartier y Guglielmo Cavallo (coords.), Historia de la lectura en el mundo
occidental, Barcelona, Taurus, 2001.
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simple acto de la lectura implica en realidad miles de signifi-


cados […]. Leer uno o más textos, en voz alta o en silencio, en
público o en solitario, rápidamente o descifrando con esfuerzo
cada letra, en un manuscrito o en una pantalla de ordenador
equivale a recrear, en cada momento el significado del escrito
en función de las propias competencias y expectativas»,6 y, con
este simple hecho se pueden mover esquemas, intenciones y
acciones. Si podemos dar por zanjado que la lectura y la escri-
tura se manejan desde hace mucho tiempo como indisolubles,
también podemos aseverar que, es en esta fuerte interacción,
donde han nacido enérgicas provocaciones que disertan ante
una realidad determinada —tanto de los hombres como de las
mujeres—, que los llevarán en lo posterior, inevitablemente, a
93
la construcción de su propia historia y de su contexto.
En el análisis que se hace de la obra citada, en donde trece
son los autores que se atreven a indagar y a exponer sus con-
clusiones, se destaca que las actividades de lectura y escritu-
ra, entre otras, son capaces de hacer surgir diferentes tipos de
público, mismos que, con base en sus prácticas y de acuerdo a
las intenciones que se tengan hacia éstas, son caracterizados y
definidos, al dejar ver sus intereses particulares, pero también
identificando y dándole la debida importancia a las relaciones
que, con lo escrito, elaboran personas y comunidades.
¿La lectura es un elemento que no se encuentra determi-
nada por el texto? ¿Tiene sello propio al existir una serie de
mediaciones externas que le asignan sentido? ¿El lector hace
una interpretación y usos propios de ese sentido? o ¿El texto
cobra sentido cuando para el lector tiene una significación
a partir de su contexto? Son varias las cuestiones que dan
rumbo a este extraordinario libro y que son debatidas en los
diferentes artículos que lo conforman, pero siempre con la
idea de que entre lo que se escribe y lo que se lee, existen
6 Roger Chartier y Guglielmo Cavallo (coords.), Historia de la lectura, p. 11.
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fuertes lazos que, en la interacción, se robustecen, tanto una


como la otra.
Así pues, la cultura escrita «es la capacidad no solo de leer
y escribir, sino también la de pensar sobre los textos de deter-
minados modos»,7 dando a entender que ésta incluye las prác-
ticas de lo que se escribe y de lo que se lee y más aún de lo que
esto provoca. En este contexto, es importante mencionar que
la cultura escrita ha sido una herramienta fundamental para la
sociedad. El considerar que por ella sabemos de nuestro pasa-
do, hace que se le atribuya la función de ser —desde tiempos
inmemorables— la principal memoria de que la historia pue-
de echar mano, y esto nadie lo puede negar, sin embargo, no
ha sido la más afortunada al momento de ser estudiada por sí
94
misma, es más, se ha puesto poca atención en ella como objeto
de estudio y esto, preocupa: «los historiadores han utilizado
documentos escritos como fuentes para escribir la historia, […]
muy pocas veces se ha pensado en la producción escrita en sí
como una rica veta que puede revelar el cúmulo abundante de
historias, historias que a su vez, pueden continuar reescribien-
do el mundo».8 A pesar de que ésta, tiene muchas posibilidades
de que se le aborde desde otras perspectivas, así como enfo-
ques y por supuesto, metodologías.
Por ejemplo, Alberto Manguel, con base en una extraña
mezcla de lecturas de sus libros favoritos, recuerdos y elemen-
tos académicos, cae en la cuenta de que el papel del lector ha
tenido una valiosa importancia en el devenir histórico, y com-
parte la idea de manera enfática de que la interacción con di-
versos textos cambia a las personas, por lo que su consumo

7 Stella Serrano de Moreno, Rubiela Aguirre y Josefina Peña G., «Pensamiento


del profesor y acceso a la cultura escrita», disponible en http://www.scielo.org.ve/
scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0459-12832010000 300004 (consultado el 4 de
noviembre de 2016).
8 Martín Escobedo, Tres hombres escriben el mundo. Historia de la escritura en Zacate-
cas (1700-1750), Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2007, p. 200.
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históricamente ha sido administrado a los diferentes grupos so-


ciales desde que las grafías significantes se plasmaban en tabli-
llas sumerias de arcilla hasta llegar al hipertexto,9 cayendo en la
cuenta de que desde mucho tiempo atrás existieron textos que
fueron de carácter prohibitivo, y que fueron condenados por
su contenido, tanto por autoridades civiles como eclesiásticas.
Con base en lo arriba citado, en este artículo comentare-
mos algunos asuntos concretos a nivel general para iniciar, y
algunos otros ya más situados —éstos últimos— en el perio-
do que se sugiere en el estudio y particularmente en algunos
eventos de la revuelta insurgente. Dichos temas nos ayudarán
a comprender cómo la conformación de la OPP ha estado ba-
sada en la cultura escrita y al mismo tiempo ha hecho uso de
95
ésta, y en conjunto, han forjado una serie de acciones que se
han instalado en la complejidad que la sociedad ofrece.
Para entrar en materia, mencionaremos lo que aborda
Manguel en este tenor. Él enuncia un escrito que construye
Spinoza en el año de 1650,10 afirmando que fue descrito como
un epítome «forjado en el infierno por el diablo y un judío
renegado»,11 si bien es cierto que no haremos en esta ocasión
una descripción total de la citada obra, habremos de resaltar
que dicho escrito causó emociones que llevaron a la opinión,
tal es la forma en que se le catalogó, dejando ver que desde en-
tonces se tenía muy claro que algunos textos y por consiguien-
te su lectura, eran elementos potenciales para la generación de
interpretaciones que se alejaban de lo que imponía el dogma.
Otro caso en ese sentido, y que la investigación lo pone
como antecedente a lo que se aborda más adelante, es el que
9 Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Madrid, Alianza Editorial, 1998.
El autor, como el nombre de su texto lo indica, hace un paseo magistral por esa
historia en donde, entre muchas otras cosas, asevera que la primera escritura no
procede de Sumeria, sino que, simultáneamente, hubo desarrollos paralelos en
China y América central que no utilizaron tablillas.
10 La obra a la que se hace referencia es su Tractatus Theologico-Políticus.
11 Alberto Manguel, Una historia de la lectura, p. 29.
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expone Ginzburg en el texto que él mismo titula El Queso y


los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI,12 en don-
de exalta que las prácticas de la lectura impregnan la forma de
pensar de los individuos sin importar el contexto y circunstan-
cias en los que se desenvuelvan, y que al mismo tiempo son el
atisbo de una opinión pública que se comienza a erigir en las
calles, mercados, tendajones y casas particulares. Domenico
Scandella, mejor conocido como Menocchio, fue el protago-
nista de dos procesos inquisitoriales. Este personaje, dominó la
lectura y la escritura, sin embargo, su mayor pecado fue el acer-
camiento a textos heterodoxos, pero más aún el atrevimiento
a la elaboración de una visión que cuestionaba «la creación»,
situación que transgredía lo que el dogma indicaba. Tal acto, le
96
valió para que el Santo Oficio dictara su muerte en la hoguera.
Por otro lado, Sabina Berman, en un artículo publicado en
la revista Proceso,13 comenta el caso de un personaje iluminado
que en el contexto de la Nueva España escribió 180 cuartillas
en torno a la práctica de la religión judía, por lo que corrió con
la misma suerte que Mennochio. José Lumbroso era este joven
español quien estuvo en el norte novohispano, y ahí, fue apre-
hendido por la Inquisición. A pesar de lo difícil que era estar
en concordancia con la cultura escrita, se va dando pauta al
brote de un pensamiento disidente que no es acallado y que,
tal vez, trascendió en el tiempo y en el espacio.14 Cuando Char-
tier, avizora a los lectores incómodos como éstos, inconformes
con lo que les decían los textos, en pleno Renacimiento, se re-
fiere a ellos como aquellos que no respetaban «los repertorios
canónicos, las técnicas intelectuales o las normas de lectura

12 Carlo Ginzburg, El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI,
Madrid, Península, 2001.
13 Véase Sabina Berman, «Los judíos de la Nueva España y su profeta José Lum-
broso», en revista Proceso, núm. 2109, México, 2 de abril de 2017, pp. 43-44.
14 Vincent Price, Opinión pública, México, Universidad de Guadalajara, 1992.
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impuestas por el método escolástico o la glosa jurídica»,15 ya


que muestran un importante indicio: los lectores que se aven-
turan más allá del texto, crean significados distintos y com-
prometedores, incluso cuando éstos se atrevieron a escribir y
a difundir sus producciones en espacios públicos, motivando
así el nacimiento de una nueva y diferente sociabilidad.
Chartier, en sus variados análisis de la sociedad ha dedica-
do algunas líneas para hacer relevantes aportes a la historia de
la cultura escrita y la ha definido como elemento generador de
cambios, sobre todo cuando se ubica en coyunturas especiales,
como en la Francia de los siglos XVI y el en proceso inédito
del XVIII, periodo donde queda atrás la Edad Media y surge
y se afianza la Modernidad. En su libro Espacio público, crítica
97
y desacralización en el siglo XVIII. Los orígenes culturales de la Re-
volución Francesa,16 “pone de relieve la compleja coincidencia
de dos evoluciones: la paulatina pérdida de credibilidad de los
poderes tradicionales y la aparición de una nueva conciencia
ciudadana, que iba madurando con la extensión de la alfa-
betización, la lectura y la cultura popular”,17 definiendo este
proceso como un «cambio cultural». Entonces, expone que el
origen de esta Revolución se inserta en un marco cultural, ya
que la ligadura —tan visible, e ineludible—, entre el avance
progresivo de las ideas y en sí, cuando surge el acontecimiento
revolucionario,18 hacen llegar al punto de que en gran medida
“las ideas” plasmadas en papel que circularon profusamente
en el espacio público,19 fueron las que la determinaron, sacan-
15 Carlo Ginzburg, El queso, p. 34.
16 Roger Chartier, Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los
orígenes culturales de la Revolución Francesa, Barcelona, Gedisa, 2003.
17 Roger Chartier, Espacio público, p. 17.
18 Roger Chartier, Espacio público, p. 15.
19 “[…] en el corazón del siglo [XVII, en Francia], más tarde o más temprano, en uno
u otro lado, aparece una «esfera pública política» […], doblemente caracterizada.
Desde el punto de vista político, define un espacio de discusión y crítica sustraído
de la influencia del Estado y crítico con respecto a los actos o fundamentos de
éste”. Roger Chartier, Espacio público, p. 18.
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do a colación la inauguración de la ruptura absoluta.


Así pues, para que pueda emerger la opinión pública se
hacen necesarias las relaciones entre otros aspectos a decir: la
cultura escrita, el espacio público y la gran necesidad de comu-
nicación y, una vez unidos, todo ello se convierte en un campo
de juego, donde pensamientos y opiniones se dirimen y dejan
ver su capacidad de dirigir los procesos sociales.
Habermas, contribuye a esta discusión, pero enfocándose
en el espacio público, y menciona que es el principal elemento
en donde se configura la opinión pública. Es en la “esfera pú-
blica burguesa” de los siglos XVII y XVIII, donde se aprecian
ya los periódicos y los cafés literario-políticos y que a la postre
“configuran el espacio físico y discursivo de una nueva forma
98
de publicidad a medio camino entre el Estado y las institucio-
nes, por un lado y la empresa privada y la vida familiar, por el
otro”.20
Así pues, el espacio público es un lugar donde se discute
y se critica, en donde las personas que concurren de manera
libre llevan a cabo un tipo específico de sociabilidad, pero que,
por su marcado carácter político, su esencia es el conflicto, la
deliberación, el debate; es el sitio en el que se hace presente la
OPP; donde las mentes se transforman, buscan y cuestionan.
Robert Darnton, en sintonía con Chartier, cuando escri-
be La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la
cultura francesa, dedica parte de éste a los lectores y los escrito-
res que salen de los moldes establecidos y hacen tan elásticos
los textos hasta imprimirles interpretaciones inverosímiles, o
bien, escriben misivas fuera de toda lógica, lo que da cuenta
de nuevas prácticas que, a la postre, servirán para cuestionar
el sistema absolutista francés,21 y en ese sentido ambos autores
20 José Reig Cruañes, Opinión pública y comunicación política en la transición
democrática, Tesis para obtener el grado de doctor, Alicante, Universidad de
Alicante, 1999, p. 19.
21 Robert Darnton, La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la
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van hacia el fenómeno del cambio cultural. Incluso el mismo


Darnton, en sus diferentes aportes, muestra porqué la cultura
escrita resultó ser un ingrediente fundamental en la “hechura”
de la Revolución Francesa.
Cierto es que las masas hicieron la Revolución, sin embar-
go, las ideas siempre estuvieron presentes y fueron ellas las que
invitaron a que la gente se lanzara a las calles y tomara la Bas-
tilla. Tanto Darnton como Chartier señalan que las ideas no
fueron abrevadas de forma directa —aunque éstas sí fueron de
los autores consagrados como Montesquieu, Diderot, Voltai-
re y Rousseau—, lo cierto es que hubo intermediarios quienes
leyeron con atención a este grupo de ilustrados y escribieron
versiones abreviadas de aquellos memoriales que hicieron más
99
asequibles esos libros de grandes formatos, transformándolos
en folletos pequeños con costos accesibles, para así volver las
ideas políticas inteligibles. Estas ideas, que luego incendiaron
la monarquía francesa y estos “escritorzuelos”, como los de-
nomina Darnton, fueron los que contribuyeron grandemente
para que estallara la Revolución.22 Sin duda, la OPP surgida
desde la cultura escrita, además de una serie de elementos de
corte social y económico, se entrecruzaron y dieron lugar a esa
gran transformación ocurrida en el país galo a fines de la cen-
turia dieciochesca.
España no fue la excepción. Esta cultura letrada desem-
peñó un rol primordial en la difusión de un nuevo modo de
ver las cosas y concebir la vida. Con ella se lograba informar al
pueblo, así como invitarlo al análisis de temas de importancia
capital, por ejemplo, haciendo mención de algo de lo mucho
que existió en el mundo hispánico, hubo un tipo de publica-
ciones que se daban de manera periódica en la Gazeta de Ma-

cultura francesa, México, Fondo de Cultura Económica, 1987, pp. 148-191 y 216-267.
22 Robert Darnton, Edición y subversión. Literatura clandestina en el Antiguo Régimen,
México, Turner / Fondo de Cultura Económica, 2003.
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drid, que apareció en 1701, y la Gazeta de México (1722, 1728-1730,


1784-1809), y que desde entonces, tuvieron como propósito re-
gistrar sucesos políticos y culturales importantes que inducían
a la transformación del pensamiento, pero también el enterar
de otros acontecimientos de interés, que incluían los descu-
brimientos más significativos que se estaban gestando en los
campos médico y científico.23
Innegablemente que en el proceso de socialización de tex-
tos escritos y por consiguiente, de la elaboración de las ideas,
la prensa estuvo inmiscuida y fue una importante protagonis-
ta en la generación de una nueva forma de socialización y de
comunicación durante el último tramo de la colonia. Así, 1808
marcó el inicio de una serie de acontecimientos políticos en los
100
que la prensa desempeñó un rol crucial. Paralelamente, circuló
profusamente propaganda política prohibida, que llevaría a la
fractura del Antiguo Régimen. A pesar de que las autoridades
reales siempre se mantuvieron alertas, la propaganda subversi-
va, principalmente la francesa, circulaba sin especial cortapisa
por varios lugares.
Ciertamente hubo interés en que eso no sucediera, por
lo que la censura sería el mecanismo al que se le apostó para
detener la ola rebelde. Una vez que Carlos III dejó el trono de-
bido a su muerte, su sucesor dio continuidad a la censura ini-
ciada por su padre, sin embargo, el primer ministro que estuvo
con los dos reyes, no soportó la presión que se gestaba por los
textos e ideas en circulación e “impuso la censura a la prensa
en un intento por cerrar el mundo hispánico a la propaganda
francesa. Cuando esa táctica fue insuficiente, el primer minis-
tro instrumentó otras acciones más represivas, incluida la sus-
pensión de la prensa independiente en 1791 y la reactivación

23 Jaime E. Rodríguez, Nosotros somos ahora los verdaderos españoles. La transición de


la Nueva España de un reino de la monarquía española a la República Federal Mexicana,
1808-1824, vol. 1, Zamora, El Colegio de Michoacán / Instituto Mora, 2009. p. 44.
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del Santo Oficio, para buscar libros peligrosos y subversivos


potenciales”.24 Y cómo no esperar esto, si lo que circuló fue
considerado extremadamente peligroso, tanto para el trono
como para el altar.
Desde la segunda mitad del siglo de las luces, la censura
se convirtió en un pilar político de la Corona española, por
la emergencia del pensamiento heterodoxo que, a la postre,
encarnaría en corrientes sociales y políticas con una marcada
visión alterna del sistema de gobierno.

La alfabetización y el elemento político


Ya más ubicados en el tiempo y el espacio que se sugiere al ini-
cio, se observa que lo que sucedió en la Nueva España y, parti-
101
cularmente en la provincia de Zacatecas —en torno al cómo la
cultura escrita dejaba sentir sus impactos—, tuvo fuertes con-
secuencias, mismas que fueron recibidas en el marco de toda
la ruinosa situación que vivía la monarquía española.25 Dicha
circunstancia se generó desde que la monarquía española se
instaló en un lugar por demás desventajoso en el escenario
mundial, lo que obligó a los Borbones a emprender diversas

24 “Para apaciguar el país y para reducir las tensiones entre España y Francia,
Carlos IV reemplazó a Floridablanca por el francófilo conde de Aranda en febrero
de 1792. El nuevo ministro relajó la censura, permitiendo así que las noticias y
la propaganda revolucionaria fluyeran desde Francia hacia España. Aquellos
cuyos intereses se vieron amenazados por los cambios políticos se convirtieron
en los críticos más estridentes del ministro. Conforme el radicalismo francés fue
en aumento, las intrigas de palacio contra el primer ministro ganaron adeptos. El
viejo Aranda fue expulsado el 15 de noviembre de 1792 y fue reemplazado por un
favorito de la familia real: Manuel Godoy un oficial de la guardia, de 25 años de
edad”. Véase, Jaime E. Rodríguez, Nosotros somos, pp. 89 y 90.
25 Recordemos que, para el caso novohispano, el siglo XVIII no es homogéneo.
Tras el arribo de la Casa Borbón a la Corona hispana, las nuevas autoridades
se percataron de la ruinosa situación por la que atravesaba la monarquía. Países
vecinos como Inglaterra y Francia habían tomado la delantera en los ámbitos de la
industria, la economía y la ciencia. Véase José Antonio Gutiérrez Gutiérrez, “La
subdelegaciones novogaláicas en los gobiernos de los intendentes Villaurrutia y
Ugarte y Loyola. Problemas solventados”, en Nóesis, Revista de Ciencias Sociales
y Humanidades, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, enero-
junio 2016, p. 124.
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políticas con el propósito de modernizar y posicionar mejor


a la monarquía. Dicho propósito se enfrentó con arcas regias
vacías y con una difícil situación por la que atravesaban sus
posesiones ultramarinas. De acuerdo a los consejeros y minis-
tros del rey, la Ilustración podía proporcionar las bases para
la transformación de la monarquía. En este tenor, era impres-
cindible que la forma de pensamiento y su sistema de valores
estuviesen basados en “la confianza en la razón humana, el
descrédito de las tradiciones, la oposición a la ignorancia, la
defensa del conocimiento científico y tecnológico como medio
para transformar el mundo, y la búsqueda, mediante la razón y
no tanto religión, de una solución a los problemas sociales”.26
En el marco de la Ilustración, uno de los más fuertes aspec-
102
tos que se emprendieron en la Nueva España fue el impulso a
la instrucción pública, creando numerosas escuelas de prime-
ras letras y centros educativos de nivel superior y multiplican-
do el número de publicaciones de carácter mundano y cientí-
fico que muy pronto se diseminaron por toda la monarquía,27
y con base en ello dando paso a la construcción de la OPP. Es
justo en esta coyuntura donde la cultura escrita asume el re-
punte en la difusión de las ideas modernas.28 En palabras de
Gabriel Torres Puga, la alfabetización y el elemento político se
unieron para dar forma a una incipiente opinión pública que
apareció en las postrimerías del siglo XVIII y a inicios del XIX
en distintos puntos de la geografía novohispana. Ésta, surge
desde los sectores depauperados, y a partir de ella se atreven a

26 Luis Jáuregui, “Las reformas borbónicas”, en Historia mínima de México ilustrada,


México, Gobierno de la Ciudad de México / El Colegio de México, 2008, p. 199.
27 Thomas Calvo, “Ciencia, cultura y política ilustradas. Nueva España y otras
partes”, en García Ayluardo, Clara (coord.), Las reformas borbónicas, 1750-1808,
México, Centro de Investigación y Docencia Económicas / Fondo de Cultura
Económica / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Instituto Nacional
de Estudios Históricos de las Revoluciones en México / Fundación Cultural de la
Ciudad de México, 2010, p. 84.
28 Luis Jáuregui, “Las reformas”, p. 199.
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manifestar públicamente su sentir, creando así un parecer muy


peculiar sobre diferentes eventos, por ejemplo, la expulsión de
los jesuitas, la literatura clandestina y la propaganda de la Re-
volución Francesa.29 Los textos heterodoxos sirvieron de base
para que su contenido fuera expuesto, comentado y discuti-
do en espacios públicos como billares, cafés, boticas, tertulias,
teatros, calles, plazas, mercados y demás lugares concurridos.
Entonces, es de destacar que las palabras pueden llegar a
ser muy peligrosas, por lo que, para un régimen, acallarlas se
vuelve imprescindible. Desde que la ideología ilustrada, mar-
caba un desarrollo importante en Europa y España,30 ya se de-
jaba ver que los textos que circularon en ese periodo cumplían
un cometido, y su empleo era bien aprovechado, por ejemplo,
103
en la lucha que se daba cumplía un doble propósito: denostar
al enemigo y atraer partidarios a la causa de quien los difun-
día, dando un toque de intelectualidad al constante enfrenta-
miento discursivo, ideológico y bélico entre por lo menos dos
bandos, los textos propagandísticos que fueron abordados por
Escobedo, fueron precisamente los que producían los grupos
en contienda en la península ibérica y Nueva España, encarna-
dos en partidarios de la república y monarquistas, insurgentes
y realistas, liberales y serviles.31
Un ejemplo muy concreto en donde se reconoce que la
cultura escrita es muy importante para todas las personas, se

29 Gabriel Torres Puga, Opinión pública y censura en Nueva España. Indicios de un


silencio imposible 1767-1794, México, El Colegio de México, 2010.
30 Por ejemplo en el caso de la Imprenta, “La Europa toda contemplaba con
asombro lo que ella misma producía; descubrimientos en las ciencias, en las artes,
en la literatura, en la política, sin que nada quedara ignorado, sino que rápida
como el pensamiento, la prensa derramaba su luz por todos los pueblos y ayudaba
al desarrollo de los conocimientos humanos”. Véase Francisco Zarco, Escritos sobre
la libertad de imprenta, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Cien
de México, 2013, p. 12.
31 Martín Escobedo, El debate de las ideas. Propaganda política en la Nueva España,
1792-1814, México, Instituto Federal Electoral / Universidad Autónoma de
Zacatecas, 2008, , pp. 100-125.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

da precisamente en la convocatoria que hizo Hidalgo a la lu-


cha armada, y con este acto, intentó comunicar una forma de
pensamiento:

En el santo nombre de Dios Nuestro Señor, yo Dn. Miguel Hi-


dalgo y Costilla, cura párroco de la feligresía de Dolores, invito a
mis amados hermanos para que guiados por la Santísima virgen
de Guadalupe y alumbrados por el sol purísimo de la libertad,
peliemos (sic) por nuestra independencia hasta ver realizados
nuestros más ardiente deseos de paz y felicidad de esta amada
nación Mexicana, y por lo tanto todos aquellos de todas castas y
edades que quieran secundarme en tan noble pelea, que acudan
hoy a la once de la noche a mi curato para que demos el grito
104
de independencia y libertad que resonará en todas las naciones
cultas del mundo.
Y mando se fije éste en la puerta de la iglesia para que todos lo
vean y lo lean como es debido.
Dolores, septiembre 15 de 1810.
Miguel Hidalgo y Costilla.
Suplico a los vecinos la debida reserva.32

Es claro que no solo estaba el mensaje que invitaba a la lucha,


sino que en el mismo texto se puede observar que hubo inter-
cambio de información de un individuo hacia otros y que deja-
ba ver que en ese intercambio de ideas se daba un desenvolvi-
miento y más aún, un establecimiento de relaciones sociales y
de poder, en donde en este caso, se concretaba en una inusual
concentración de poderes al interior de la iglesia y del virrei-
nato. Al mismo tiempo que se reconocía que al publicarse en
el espacio público iba a continuar la invitación para todo el que
se enterara del evento mencionado.
En la misma tesitura, también se dejó ver que la monar-
32 BNLB, García, Borden Clarke Collection, Correpondence, carp. 1, snf.
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quía imponía límites y que no todo el mundo estaba sometido


a ellos, sino que los cuestionaban, y a su vez defendían lo que se
consideraba legítimo como lo fue la deposición del virrey Itu-
rrigaray y del ayuntamiento de la ciudad de México. Es por eso
que cuando la insurrección se extendió a lo largo y ancho de
la geografía novohispana, los habitantes del virreinato se en-
teraron por medio de los textos de intervención política de lo
que se gestaba, asimismo se sintieron sorprendidos por la vio-
lencia ejercida y por el quebrantamiento de las instituciones.33
Uno de los textos que más se ha estudiado en el contexto
de la Nueva España, por su marcada influencia en este proceso,
es el periódico El Despertador Americano, publicado por orden
de Miguel Hidalgo en Guadalajara el 20 de diciembre de 1810.
105
Sabedor de la importancia de difundir el ideario insurgente, el
cura de Dolores instruyó a Francisco Severo Maldonado para
que redactara artículos breves y directos en apoyo de la cau-
sa que enarbolaba. Desde el primer número de El Despertador
Americano fue notable la intención de provocar un cambio de
visión u opinión en los novohispanos, ya que éste estuvo dedi-
cado a criticar el fracaso de los peninsulares en la defensa de la
nación ante la invasión napoleónica, acusándolos de cobardía,
traición y de haber entregado la patria a los franceses.34 Y con
ello marcó la influencia en la población. Con la declaración de
los insurgentes de ser “ahora los verdaderos Españoles (sic), los
enemigos jurados de Napoleón y sus secuaces, los que suce-
demos legítimamente en todos sus derechos de los [españoles]
subyugados que ni vencieron [en la guerra] ni murieron por
Fernando [VII]”,35 se nota con claridad que se intenta influir
en el pensamiento de la población novohispana, dejando ver
mal a los españoles e intentando incendiar los corazones de los

33 Martín Escobedo, El debate, p. 261.


34 Jaime E. Rodríguez, Nosotros somos, p. 23.
35 Jaime E. Rodríguez, Nosotros somos, p. 23.
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otros, en otras palabras, hay un planteamiento de la utilidad


que representa para los novohispanos el uso significativo de
ese texto que se publica para acceder a la información que se
quiere dar a conocer como base para la construcción de una
nueva forma de pensar. Así, la atención de Hidalgo fue poner
en práctica aspectos que debe cumplir un mediador como tal,
entre la información que se presenta y la orientación que se le
da al texto a fin de que los lectores construyan esa visión a par-
tir de la información y al mismo tiempo, valore los beneficios
que obtiene al incorporarse a la lucha. En este texto también
se hace imprescindible la importancia del contexto cultural y
la necesidad de que la expresión sea de acuerdo al público re-
ceptor.
106
En tal sentido, si se cree que el movimiento de indepen-
dencia en México ha sido el resultado de una lucha racial y
anticolonial, es de cuestionarse. Quienes se han manifestado
hacia esta postura son autores como Alfredo Ávila, Virginia
Guedea, Jaime E. Rodríguez y José Antonio Serrano; ellos han
apuntado que el proceso de independencia más bien se presen-
ta como la consecuencia de una gran revolución política que cul-
minó en la disolución de la monarquía española. La ruptura fue
parte integral de un proceso más dilatado que transformó pau-
latinamente las sociedades del Antiguo Régimen.36 En este pro-
ceso, no tenemos duda que la cultura escrita estuvo presente.
De acuerdo con lo anteriormente expuesto, a lo largo y an-
cho de la monarquía española circularon textos heterodoxos,
revolucionarios e insurgentes que, paulatinamente, fueron
minando las bases del sistema político español. Sin embargo,
aquí surge una interrogante crucial: si la inmensa mayoría de
la población era iletrada ¿cómo penetró esta ideología en el
imaginario popular? Ya mencionamos cómo se dio este proce-
so en el caso particular de la Revolución francesa. Para la mo-
36 Jaime E. Rodríguez, Nosotros somos, p. 106.
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narquía española y, específicamente para la Nueva España, las


ideas que circularon por escrito adquirieron una dimensión
verbal. De este modo se diseminaron sin límite por toda la su-
perficie novohispana, fue así como “los valores y tradiciones
que habían permanecido inmutables durante mucho tiempo,
experimentaron alteraciones importantes a grado tal que, en
ese momento de crisis, el discurso político vislumbraba ya,
profundos cambios sociales”.37
Otro ejemplo de lo que el título del presente artículo
sugiere, es el que se presenta en la provincia de Zacatecas, y
también refiriéndonos al evento de insurgencia. Acá, también
circularon y se discutieron intensamente infinidad de ideas,
juicios y valores políticos, tanto en el centro como en la pe-
107
riferia de la intendencia. Los dos bandos enfrentados, en esa
interacción y en la medida en que este tipo de pugnas que se
generaron por los textos de intervención política, contribuye-
ron en explicitar la conformación de la OPP.
A principios de noviembre de 1810, tropas insurgentes —que
se desplazaban desde Aguascalientes— comandadas por Rafael
Iriarte, llegaron a Zacatecas y, después de una negociación entre
las autoridades locales y el cabecilla, entraron sin resistencia.

Iriarte, por medio del capitán Joaquín Cárdenas avisó al conde


y al ayuntamiento que entraría en la capital de la intendencia y
requería de un parlamentario para tratar los términos de su en-
trada. El ayuntamiento nombró a Ramón Garcés, quien al entre-
vistarse con Iriarte en las afueras de la ciudad, aceptó recibirlo
con todas sus fuerzas rebeldes —no sin antes intentar disuadirlo
de que sus tropas permanecieran fuera de la ciudad— siempre
que su expedición no se dirigiera contra la religión, el rey o la
patria […].38

37 Escobedo, Martín, “Ideas, valores y medios”, p. 64.


38 Sánchez Tagle, Héctor, Insurgencia y contrainsurgencia en Zacatecas, p. 94.
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Esto significa que lo que sucedía estaba dando muestras de


cómo la forma de entender la cultura política estaba dando
vuelcos y mostraba una destacada percepción de las condicio-
nes económicas y políticas que se presentaban. Un ejemplo de
esta elevación del discurso es el caso del capitán Musiño, quien
es su proclama a los americanos, dictada el 13 de noviembre de
1810 en Fresnillo, decía:

No os dejéis seducir con las falsas imposturas que la perfidia de


nuestros fieros opresores los europeos cargan sobre nuestros sa-
nos procederes como nuestros enemigos […], la iniquidad de los
ultramarinos se desvela en estudiar mentiras con que alucinar-
nos, a fin de que os presentéis a su defensa, convocándoos, con
108
un halo maquiavélico, a que toméis las armas en contra de no-
sotros mismos, sin que haya la justa causa que se requiere para
una acción tan grande. Pero decidme o preguntaros a nosotros
mismos. ¿Será posible que después de casi tres siglos de opresión
selléis vuestra desgracia con haceros víctimas sangrientas de su
capricho? 39

Con este documento se pretendía ganar adeptos en el norte de


la Intendencia de Zacatecas. Musiño, con su “Proclama a los
Americanos”, marcó una interesante referencia en torno a un
texto que fue leído y difundido masivamente; con ello fomen-
tó otro tipo de visión de la realidad. Expresó que los españo-
les “tenían tramado, la más horrenda intriga de nosotros y de
nuestra Patria al mayor monstruo que ha abortado los abismos,
nuestro enemigo Napoleón”.40 Con ello se observa una parte de
la ecuación —la que estaba enfrentando la Corona y el cómo la
percibía una parte del público— y asimismo la ayuda que se le

39 Archivo Histórico del Estado de Zacatecas, fondo Poder Judicial del Estado,
serie Criminal Colonial, caja 21, exp. 9, año 1811, fs. 16r-17v.
40 Doc. cit.
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daba al empuje de una opinión pública que a partir de ese mo-


mento socavaría la legitimidad de las antiguas instituciones.
La forma en que se desató la lucha fratricida entre monarquis-
tas e insurgentes no dejó duda de lo que se pretendía: desterrar
cualquier posibilidad de que los franceses se apoderaran del
reino de la Nueva España, restituir al gobierno virreinal legí-
timo y defender, a costa de la vida misma si era necesario, a la
sacrosanta religión.
Un caso en donde se hizo notable la OPP, fue en Fresnillo,
cuando Apolonio Piña al principio de la insurrección una vez
caída la tarde, se dedicaba a intentar hacer reaccionar a la ple-
be.41 Su intención era ser dirigente de “algo”. Cierta ocasión en
un escenario nocturno, cuando Baltasar Musiño entró a Fres-
109
nillo con su puñado de gente, Piña gritó con todo entusiasmo
“¡Viva el Sr. Comandante Musiño y mueran los gachupines!”42
Así pues, se puede constatar que el movimiento de insurgen-
cia siempre estuvo intentando que los cambios se hicieran rea-
lidad.
Es muy conocido que, desde el inicio de la revuelta insur-
gente, en buena parte del territorio novohispano, la celeridad
con que la información escrita y de boca en boca era transmiti-
da fue notoria. En Zacatecas, la noticia de la insurrección llegó
a fines del mes de septiembre de 1810, situación que provocó
la salida intempestiva de la ciudad de todas las autoridades
españolas. Se objetaba que, se empezaban a ver “principios
de un fermento terrible contra los gachupines”.43 La respuesta
41 Héctor Sánchez Tagle, Insurgencia y contrainsurgencia en Zacatecas, Zacatecas,
Universidad Autónoma de Zacatecas / LIX Legislatura del Estado de Zacatecas
/ Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas,
2009, p. 94.
42 Archivo General de la Nación, Infidencias, vol. 13, exp. 9.
43 Juan E. Hernández y Dávalos, Historia de la guerra de independencia de México, de
1808 a 1821, vol. 4, parte 1, México, Kessinger Publishing, 2010, documento núm. 17,
“Carta del Dr. Cos al Capitán D. Juan N. Oviedo en el que manifiesta los síntomas
de la revolución que hay en Zacatecas”, Burgo de San Cosme, 29 de mayo de 1810,
p. 50.
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que dieron las autoridades ante ese evento, fue la de evadir las
responsabilidades que se tenían dando por hecho que el pen-
samiento de los americanos y de algunos criollos había evolu-
cionado tanto, que se avizoraba la conformación de otro orden
social.
Debe recordarse que, en términos monárquicos, la vi-
gencia de los pactos se había diluido; su repercusión pública
más visible fue la desestabilización de las masas, asimismo el
intentó ocultar y, por lo tanto, no hacer evidente un inevitable
rompimiento de los lazos. Zacatecas, desde el punto de vista
político, se encontraba en un proceso que cuajaría el asunto
organizacional, a pesar de que se trataba de una discusión con
muy poca consecuencia en lo público por la división que se
110
generó entre grupos e individuos locales.
Finalmente, habremos de apuntar que el nacimiento y de-
sarrollo de la OPP se basa precisamente en los textos de in-
tervención política, en su elaboración, circulación y discusión
y, una vez construida, fue determinante para reforzar el deba-
te político y para crear un contexto donde el tema político se
convirtió en un asunto central y toral en la cultura novohispa-
na. Esta opinión, desde mucho antes de perfilarse el itinerario
de la áspera transición monárquica, se traduce en una trabajo-
sa deconstrucción de la unidad de la esfera pública gobernada
por la monarquía para hacer posible la gestación de espacios
públicos políticos en donde la crítica y la irreverencia se ha-
cían presentes.
Para concluir habremos de enfatizar que uno de los aspec-
tos que cobra mayor importancia en este tipo de construcción,
es la lucha de las ideas, que se traduce a un combate meramen-
te político. Por supuesto, tendrá más oportunidad de llegar al
triunfo la fracción de la sociedad que maneje la persuasión de
mejor manera, a pesar de que en el proceso de convencimiento
se escabullan intenciones y actos de manipulación y mentira.
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FUENTES

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=S0459-12832010000300004

113
José Xavier Argomaniz, su Diario y los
conspiradores de Querétaro en 1810

José Martín Hurtado Galves1

Resumen

L
a importancia del Diario que escri-
bió José Xavier Argomaniz es in-
cuestionable si se quiere conocer
parte de la vida cotidiana en la ciu-
dad de Querétaro durante los primeros años del
siglo XIX, y en particular, acerca de los sucesos
sobre la conspiración de Querétaro en 1810. Los
datos que aporta son realmente valiosos, pues
fueron escritos por alguien que vivió cuando
sucedieron. Dice Manuel Septién y Septién —y
estamos de acuerdo con él—, que la obra de José
Xavier Argomaniz, es de «inapreciable valor his-
tórico […], pues su autor fue testigo presencial
de ellos [los acontecimientos que refiere] y vivió
dentro de nuestra ciudad el principio del drama
[la guerra de independencia], por lo cual tienen el
interés de lo original y de lo auténtico, revelándo-
nos la verdad de hechos y episodios».2 Sin embar-
go, hasta ahora no se ha escrito sobre su vida. De
hecho es muy poco lo que se sabe de él. En este

1 Licenciado en Historia y Doctor en Educación, mhurtadomx@


yahoo.com.mx
2 Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III, Documentos
para la Historia de Querétaro, Querétaro, Gobierno del Estado de
Querétaro, 1999, p. 279.
114
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artículo damos a conocer datos históricos sobre la vida de este


singular queretano.

Palabras clave
José Xavier Argomaniz, Independencia, Querétaro, 1810

Abstract
The importance of Diary wrote by José Xavier Argomaniz is
unquestionable if you want to know part of the everyday life in
Querétaro city, over the first years of XIX century, particularly
about the events of the Querétaro conspiracy in 1810. The data
it provides is really valuable, as it was written by someone who
lived when it happened. Says Manuel Septién y Septién —and
115
we agree with him—, that the work of José Xavier Argoma-
niz is of «invaluable historical value […] because its author was
eyewitness of them [the events he refers] and he lived within
of our city the beginning of the drama [the independence war],
therefore they have the interest of the original and the authen-
tic revealing to us the truth of facts and episodes». However,
until now his life has not been written. In fact, is very little are
we known about him. In this article we present historical data
on the life of this unique queretano.

Key Words
José Xavier Argomaniz, Independence, Querétaro, 1810

Introducción
El historiador norteamericano John Tutino, de la University
Georgetown (EUA), en su artículo «Querétaro y los orígenes
de la nación mexicana: las políticas étnicas de soberanía, con-
trainsurgencia e independencia, 1808-1821»,3 citando uno de

3 John Tutino, México a la luz de sus revoluciones, vol. 1, México, El Colegio de


México, 2014.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

mis libros sobre la independencia en Querétaro,4 afirma que


«el papel clave que desempeñó Querétaro en la década de la
contrainsurgencia es reseñado por los investigadores que co-
nocen bien la región» (refiriéndose a mi persona). Lo cual —
fuera de falsas modestias— es cierto: los historiadores locales
solemos investigar minuciosamente en los archivos históricos
de nuestros estados y, a partir de ello, construimos textos his-
tóricos basados en fuentes primarias. Lo mismo sucede en el
caso de José Xavier Argomaniz. Él fue testigo de la conspira-
ción en Querétaro en 1810, así como de los años que duró la
guerra de independencia. De ahí la importancia no solo de su
Diario, sino también de su vida.
En este artículo mostramos que José Xavier Argomaniz es-
116
tuvo casado, que fue padre —al menos— de dos hijas; también
que fue alcalde de cuartel, miembro de la V. Tercera Orden de
N. P. San Francisco, apoderado legal de varias personas, inclu-
so del Real Convento de Santa Clara, así como teniente del
ejército realista y comerciante; además, que estaba al tanto de
muchos de los vaivenes que se vivían en la ciudad de Santiago
de Querétaro.
Por otra parte, a través de su Diario, podemos saber acerca
de algunas cuestiones históricas como la conspiración que, en
contra del gobierno español, se llevaba a cabo en la ciudad en
1810, así como del proceso que vivió este centro urbano debido
a la guerra de independencia: nos da a conocer las llegadas y
salidas de los cuerpos militares realistas durante la lucha ar-
mada y algunos episodios de consideración, como la batalla de
Carrozas.
Guiados por su pluma conocemos acontecimientos que
nos permiten saber acerca de queretanos que apoyaban al

4 José Martín Hurtado Galves, Los queretanos en la conspiración de 1810, Querétaro,


Archivo Histórico de Querétaro / Gobierno del Estado de Querétaro, Serie
Historiografía Queretana, Volumen XVII, 2007.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

ejército realista; el mismo Argomaniz manifiesta en repeti-


das ocasiones su aprecio a favor de la Corona española. Esto
es comprensible, pues tanto él como su hermano Ignacio for-
maron parte del ejército realista. Los datos que registró han
sido referentes obligados en varias investigaciones históricas,
tanto a nivel estatal como a nivel nacional. Los años que más
se conocen son los que abarcan el inicio (1810) y el final de la
independencia (1821).
Además de ocuparse de escribir sucesos de mayor interés,
mismos que hoy reconocemos por su importancia histórica,
también se interesó en registrar acontecimientos que podrían
considerarse de menor importancia, tal es el caso de nacimien-
tos y defunciones, entre otros; sin embargo, estos datos tam-
117
bién son importantes, pues nos permiten conocer parte de la
vida social de la ciudad. El documento en cuestión arroja datos
que pueden ser utilizados como referentes e indicadores para
investigaciones biográficas posteriores. En pocas palabras, el
Diario de Argomaniz es de suyo importante, necesario e indis-
pensable si queremos conocer acerca de la historia de la ciudad
y, en general, de acontecimientos que dieron origen a la guerra
de independencia.
Lo valioso del Diario no está en duda; pero, ¿quién era su
autor? Manuel Septién y Septién dijo: «del autor del diario don
José Francisco Xavier Argomaniz, no sabemos noticias, sien-
do de creerse que se trataba de una persona erudita y curiosa,
aunque un tanto descuidada en la redacción de sus crónicas,
que carecen totalmente de pretensiones literarias y en algunos
casos deja nombres en blanco».5
Con el fin de conocer acerca de la vida de este singular
queretano, y con base en información obtenida en fuentes pri-
marias, presentamos algunos datos biográficos suyos que nos
permitirán no solo conocer acerca de quién fue nuestro perso-
5 José Martín Hurtado Galves, Los queretanos, p. 281.
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naje, sino también realizar una lectura diferente de su Diario.


Esto a partir de tomar en cuenta que fue Teniente del ejército
realista. Sobre todo cuando escribe acerca de algunos enfren-
tamientos bélicos; en donde se puede observar que habla de
alguien que participó directamente en dichos enfrentamien-
tos. En particular, es significativa la forma en que narra lo que
sucedió a la entrada de Agustín de Iturbide y sus fuerzas a la
ciudad de Querétaro. Está hablando alguien que participó en
lo que podríamos llamar la defensa de la ciudad.
Es importante mencionar que los documentos en donde
encontramos algunos datos biográficos de su vida, los hemos
localizado en el Archivo Histórico del Estado de Querétaro y en
el Archivo Notarial de la Parroquia de Santiago. En el primero,
118
localizamos varios documentos referentes a José Xavier Argo-
maniz: once de ellos con su firma; de éstos, tres escritos de su
puño y letra. En el segundo, encontramos el acta de su defunción.

Datos generales
Su nombre completo era José Francisco Xavier Argomaniz
Clavijo.6 Nació en la ciudad de Querétaro, en 1766.7 Él mismo

6 Él mismo proporciona su apellido materno cuando habla de la muerte de su


madre: «La noche de este día se sacramentó a la señora mi madre doña María
Teodora Clavijo» (Nota en su Diario, 8 de septiembre de 1819). «A las doce y tres
cuartos del día domingo, murió mi venerada madre doña María Teodora Clavijo,
de edad de 83 años […]. Al día siguiente se enterró su cadáver en la iglesia del
Convento grande de Nuestro padre San Francisco» (Nota en su Diario, 10 de
octubre de 1819). Cabe mencionar que en el Acta donde se registra el juramento
que realizan los miembros de la Renta de Correos de la ciudad de Querétaro a la
Constitución de 1824, fechado el 28 de octubre de 1824, donde encontramos datos
de su hermano, dice: Ignacio Argomaniz García Clavijero; diez años después,
en 1834, en el acta de matrimonio del mismo Ignacio Argomaniz dice que sus
padres eran Emeterio José Argomaniz y María Teodora Clavijo. Es decir, que sus
apellidos, igual que los de su hermano José Xavier, eran Argomaniz Clavijo. No
sabemos por qué su hermano dijo, en 1824, que se apellidaba Argomaniz García
Clavijero. Sin embargo, el apellido Clavijo aparece en el acta de matrimonio de
Ignacio Argomaniz. Véase Archivo Histórico del Estado de Querétaro (AHQ ),
fondo Poder Ejecutivo, año 1824, c. 2; y Archivo Notarial de la Parroquia de
Santiago (ANPS), Libro de matrimonios, años 1826-1840, M-48.
7 AHQ, fondo Notarías, sección Pedro Patiño Gallardo, año 1804, vol. 3, fs. 56r-57r.
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se definió de «calidad» español; es decir, era criollo. Sus padres


fueron Emeterio José Argomaniz y María Teodora Clavijo. Su
hermano fue Ignacio Argomaniz,8 y, al parecer, tenía una her-
mana de nombre Manuela.9 Desposó a María Josefa Alderete y
Soria,10 con quien tuvo varios hijos. No sabemos cuántos, aun-
que debieron haber sido al menos tres, incluyendo un varón,
pues su esposa refiere a la muerte de José Xavier Argomaniz
–como se verá más adelante–, que ni ella ni sus hijos reclama-
rían nada de lo que pudiera haber dejado su esposo. Si solo
hubieran tenido dos hijas, que son las que menciona el mismo
José Xavier Argomaniz, no hablaría de hijos, sino de hijas.
Es muy probable que tuviera un pariente radicando en la
Villa de Xaumave, pues su hermano Ignacio Argomaniz refiere
119
que allá vivía el fraile José María Argomaniz, quien era asisten-
te en esa villa.11 Además, el mismo José Xavier Argomaniz men-
ciona dos veces en su Diario a dicho señor: «La mañana de este
día celebró su Capítulo intermedio este Convento Grande de
Nuestro Santo Padre San Francisco, cuya tabla de empleos es

8 Él mismo lo menciona: «Entró en esta ciudad el convoy de San Luis Potosí


en el que regresaron de aquella ciudad algunos comerciantes, que fueron a
zurcir memoria y entre ellos mi hermano Ignacio (Nota en su Diario, 29 de abril
de 1816). Al parecer, además de Ignacio, se llamaba también Antonio; pues en
un documento legal de 1825, se refieren a él tanto como Ignacio como Antonio
Argomaniz. Se trata de un documento donde se establece que éste (Administrador
de la Renta de Correos de la ciudad) queda como apoderado de la señora marquesa
del Villar del Águila, doña Mariana Mier y Ríos. Véase AHQ , fondo Notarías,
sección José Domingo Vallejo, año 1825, fs. 74r-76v.
9 Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III, Documentos para la Historia de
Querétaro, p. 285.
10 Él mismo nos dice el nombre de su esposa, en su Diario escribió: «Hoy, a las
once de la mañana, se le administraron a mi mujer doña Josefa Alderete los santos
sacramentos por viático, por estar enferma de fiebre» (nota del 14 de julio de 1810).
Sabemos el nombre completo de su esposa, y que no murió en ese año, debido a
que –como se verá más adelante– cuando muere José Xavier Argomaniz, ella aún
vivía. También menciona el nombre del padre de su esposa: «El mismo día me llegó
la noticia de que el día 8 del presente murió en Tlalpujahua mi padre político don
José Mariano Alderete (nota en su Diario, 12 de junio de 1817).
11 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1819, fs. 30v-31r.
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la siguiente: […] Xaumave, fray José María Argomaniz».12 Y «La


mañana de este día verificó su Capítulo Trienal esta provincia
de Nuestro Padre San Francisco presidido por el Muy Reveren-
do padre Predicador Apostólico fray Diego Bringas y se leyó la
siguiente tabla: […] Xaumave, fray José María Argomaniz».13

Sus hijas
Los nombres de sus hijas son María Ana Francisca de Sales
Josefa Ignacia Ramona de la Santísima Trinidad, la cual nació
el 29 de enero de 1810, y fue bautizada en la parroquia del Es-
píritu Santo;14 y María Magdalena, de la que nos da referencia
el 19 de marzo de 1810. Esta última, el mismo Argomaniz, dice
que «salió de huérfana en Santa Clara y se le aplicó el dote de
120
500 pesos».15
Acerca de su hija María Magdalena, existe un documento
legal, fechado en la ciudad de Santiago de Querétaro a veinte y
dos de junio de mil ochocientos diez, en el que se da cuenta de
500 pesos que recibió José Argomaniz, como padre de aquella.
En el extremo izquierdo del documento dice que se dio un de-
pósito irregular por dicha cantidad. Después, en el centro, está
asentado que ante el Escribano de S. M. Público, Don José Do-
mingo Vallejo, el señor José Xavier Argomaniz, actual Alcalde
de cuartel,16 a quien el notario dice dar fe y conocer, y testigos,
dijo que había recibido de la Muy Reverenda Madre Ana Ro-
12 Nota en su Diario, correspondiente al 30 de mayo de 1818.
13 Nota en su Diario, correspondiente al 16 de octubre de 1819.
14 Le echó el agua bendita el compadre de José Xavier Argomaniz, el Bachiller
don José Albino López de Aguirre; la sacaron de pila, sus compadres don Benito
Pérez Camino, su hermano don Manuel, y doña Manuela Argomaniz (esta última
probablemente su hermana). Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III,
Documentos para la Historia de Querétaro, p. 285.
15 Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III, Documentos para la Historia
de Querétaro, p. 288. En el Diario solo la llama Magdalena; sin embargo, en el
documento que mencionamos en el siguiente apartado, se dice que se llamaba
María Magdalena Argomaniz. También se le dice María en el documento de 1817
que referimos más adelante.
16 Lo cursivo es nuestro.
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salía del Corazón de Jesús Olabí, Abadesa del Real Convento


de Sta. Clara de Jesús de esta ciudad, por conducto de su ad-
ministrador y apoderado general el republicano, Don Antonio
Lorenzo de Orje, quinientos pesos en reales efectivos del cuño
mexicano. Esta cantidad la recibía debido a lo siguiente.

Sobre que renuncia la excepción de la non numerata pecunia


su término y prueba, cuya cantidad es dote de orfandad perte-
neciente a la hija del otorgante Doña Ma. Magdalena Argoma-
niz, resultiva de la obra pía de diez mil pesos que con este objeto
mandó imponer el Bachiller Don Diego Barrios Pimentel clérigo
presbítero que fue de este Arzobispado con la calidad de que el
día del Patriarca Señor San José asistiese la huérfana en la iglesia
121
de dicho Real Convento con velo y vela en mano alumbrando
a la Santísima Imagen durante la función con misa y sermón lo
que cumplió puntualmente, habiéndosele dado por la expresada
Reverenda Madre Abadesa como Patrona de la obra pía el res-
pectivo nombramiento a seis de marzo de este año; y a conse-
cuencia se obliga el relacionante a tener en su poder los indica-
dos quinientos pesos por tiempo de nueve años que empezaron
a contarse desde el día diez y nueve del citado marzo, y a pagar
el rédito anual de un cinco por ciento conforme a lo permitido
por derecho, y en el caso de que tome estado la huérfana antes
del término prefinido le entregará el principal, pero continuan-
do el presente depósito sin tomarlo, falleciese o se cumplieren
diez años lo devolverá al mismo Real Convento, lo cual ejecutará
bien, lisa y llanamente sin figura de juicio, y de haberla con las
costas y salarios de su cobranza en la forma ordinaria deferida la
liquidación de su monto en el juramento simple de personero
que se dispute sin otra prueba de que le releva. Para así según
hipoteca especial y señaladamente sin derogar la pena real obli-
gación de sus demás bienes ni por el contrario.17

17 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1810, fs. 246r-247r.
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Posteriormente, pone como prenda su casa ubicada en la calle


de los Cinco Señores, número siete, de la cual se hablará en
el siguiente apartado. Los testigos fueron Don Pedro Villegas,
Don Benito Becerra y Manuel Tiburcio Prieto de esta vecin-
dad. Firmaron José Xavier Argomaniz y el Escribano Real Pú-
blico, José Domingo Vallejo.18
Para 1817, se vuelve a tratar acerca de los quinientos pesos
que recibió como dote de orfandad la hija de José Xavier Ar-
gomaniz, Teniente de Artilleros, doña María Magdalena Ar-
gomaniz.19

Casas en donde vivió


Como se mencionó en el apartado anterior, José Xavier Argo-
122
maniz tenía, en 1810, «una casa que goza por suya propia» en la
calle de los Cinco Señores20 número siete,21 manzana diecio-
cho, misma que había comprado al Convento de San Francis-
co, teniendo como condición que no pudiera venderla o enaje-
narla sin permiso de dicho convento. Esta casa la vendió a don
Mariano Güémez, Cirujano Mayor del Ejército, el diecisiete
de febrero de mil ochocientos quince.22 Las colindancias de la
casa eran las siguientes:

Constituida en sitio de diez y ocho y media varas de frente, y


su fondo de varios ángulos que manifiesta el plan formado por
el agrimensor titulado Don José Mariano Oriñuela, siendo sus
linderos por el Norte con casa de Don Sebastián Conchoso; por
el Sur con la de Don Domingo Fernández; por el Poniente con
huerta de la viuda de Don Domingo Beraza; confrontando al
Oriente con la del Convento de Ntro. Padre San Francisco, la

18 Doc. cit.
19 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1817, fs. 420v-422r.
20 Hoy 1ª de Avenida Juárez Sur.
21 No pudimos localizar esta casa.
22 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1815, fs. 59v-62v.
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cual compró el otorgante al enunciado Real Convento por es-


critura ante mí a tres de febrero de este año a que me remito,
sujetándola con cuanto en ella aumentare y mejorare para no
poderla vender ni en manera alguna enajenar sin permiso del
Real Convento.23

Años después, en el padrón de 1826 realizado en Querétaro,24


específicamente en la lista correspondiente al 31 de marzo de
dicho año, se menciona que José Xavier Argomaniz vivía en
la calle de la Verónica número 3, manzana 12.25 En el mismo
padrón se dice que esta manzana la comprendían las calles del
Sol divino,26 Infantes,27 Verónica28 y callejón de Nuestra Seño-
ra de Guadalupe,29 en la Parroquia de Santiago.
123

23 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1810, fs. 246r-247r.
24 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1826, c. 3.
25 Pagó de impuesto 2 pesos, se dice que la ganancia era mensual. Está fechado en
31 de marzo de 1826, y firmado por José Antonio de los Heros.
26 Hoy 3era. de Avenida 16 de Septiembre Oriente.
27 Hoy 1ª. Calle de Río de la Loza Norte.
28 Hoy 2ª de Avenida 5 de Mayo Oriente.
29 Se refiere a la 1ª calle de Guadalupe, hoy 1ª calle de Pasteur Norte. Manuel
Septién y Septién menciona (Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III,
Documentos para la Historia de Querétaro, Gobierno del Estado de Querétaro, 1999)
otras dos calles con el nombre de Guadalupe: Bajada de Guadalupe, hoy 2ª calle
de Pasteur Norte; y 2ª calle de Guadalupe, hoy 2ª de Avenida 16 de Septiembre
Oriente. Ninguna de estas dos es la que refiere el padrón, pues ninguna forma
el cuadro de la manzana número 12. Por su parte, Valentín Frías (Las calles de
Querétaro, 2ª Edición, Querétaro, 1984) solo menciona una calle con el nombre de
Guadalupe: Calle de la Congregación o 1ª de Guadalupe, y la ubica en la calle de
Pasteur, entre 5 de Mayo y 16 de Septiembre. El mismo Frías dice que la calle de la
Verónica estaba en lo que actualmente es la calle de 5 de Mayo, entre Guillermo
Prieto y Río de la Loza; sin embargo, esto no coincide con el Padrón de 1826, pues
las calles que forman la manzana 12 indican claramente que la calle de la Verónica
estaba en lo que actualmente es la calle 5 de Mayo, entre Pasteur y Río de la Loza; es
decir, iniciaba desde Pasteur, no desde Guillermo Prieto. Al parecer la referencia
de Valentín Frías es posterior a 1826; sin embargo, llama la atención que en su lista
de calles no aparezca la que actualmente es la calle de 5 de Mayo, entre el tramo
que comprende de Pasteur a Guillermo Prieto. Además, si la calle de la Verónica
iniciara desde Guillermo Prieto, no se podría formar la manzana número 12, misma
que claramente está ubicada en el padrón de 1826.
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Fotografía 1. Casa donde vivió José Xavier Argomaniz,


según el Padrón del 31 de marzo de 1826. Antigua calle de Verónica,
número 3. Hoy calle 5 de Mayo, esquina con Pasteur.

124

Fuente: Fotografía propia.

Ahora bien, esta casa en donde vivió José Xavier de Argo-


maniz estaba habitada también por otras personas, pues en el
mismo padrón de 31 de marzo de 1826, se dice que en el núme-
ro 3 de la calle de la Verónica, vivían otras cuatro: Marcelino
Olvera, María Jesús Dávila, don Benito Soriano y alguien más
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a quien solo se le llama «portero». Lo más seguro es que cada


quien rentara su propio cuarto, pues cada uno aparece con dis-
tintas cantidades aportadas como impuesto: Argomaniz, con 2
pesos; el portero, con 6 reales, y los otros dos, con 3 reales cada
uno. Sin embargo, en el padrón de fecha 31 de julio del mismo
año, además de José Xavier de Argomaniz, aparece solamente
el portero; y los otros tres aparecen en la misma calle pero en
diferente número.
Cuatro meses después, el 31 de julio de 1826, se realizó de
nueva cuenta el Padrón, en él aparece José Xavier Argomaniz
viviendo ahora en el callejón de Nuestra Señora de Guadalupe
número 3 (vista al Poniente),30 a una cuadra de donde habitó en
marzo de 1826. En esta casa vivió hasta su muerte, pues en su
125
acta de defunción, de fecha 13 de octubre de 1828, se dice que
era «vecino del callejón de N. S. de Guadalupe».
Debido a que era común anotar solo el nombre del hom-
bre, u hombres de la casa (en el caso de que hubiera hijos, her-
manos, tíos, etcétera), no aparece el de su esposa. Sobre ésta,
no sabemos a dónde se fue a vivir después de la muerte de José
Xavier Argomaniz, pues en el Padrón de 1833, ni siquiera apa-
rece el número 3 del callejón de Ntra. Sra. de Guadalupe, ya
que hay varios espacios en blanco.31

30 Había pagado un peso de impuesto como parte del tercio del año. Está fechado
en 31 de julio de 1826, y firmado también por José Antonio de los Heros.
31 Esta vez el padrón está fechado en 14 de octubre de 1833, y fue firmado por
Francisco Pacheco.
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Fotografía 2. Casa donde vivió José Xavier Argomaniz, según el


Padrón de 31 de julio de 1826 y su acta de defunción. Antigua 1ª calle
de Ntra. Sra. de Guadalupe número 3, hoy calle Pasteur, número 14.

126

Fuente: Fotografía popia

La firma de José Xavier Argomaniz


Encontramos once documentos originales en donde José Xa-
vier Argomaniz puso su firma. Tres de ellos (dos de 1807 y uno
de 1827) fueron escritos por él mismo. A continuación los en-
listamos en orden cronológico.

1. En un documento en el que José Xavier Argomaniz funge como tes-


tigo de doña María Antonia Salvago, vecina de la ciudad de Que-
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rétaro, respecto al testamento de su esposo, don Melchor Noriega,


quien fuera también vecino de esta ciudad. Está fechado en la ciu-
dad de Querétaro, en diecisiete de junio de mil ochocientos tres.32
2. En un documento sobre el testamento de doña María Antonia Sal-
vago, aparece como testigo José Xavier Argomaniz, quien «declaró
ser de calidad español, soltero, vecino del comercio de aquí [Que-
rétaro], con treinta y ocho años de edad». Es decir, nació en 1766.
Está fechado en la ciudad de Querétaro, en quince de febrero de mil
ochocientos cuatro.33
3. En un documento escrito por José Xavier Argomaniz, en el que da
cuenta de los gastos que ha realizado a favor de su apoderada doña
Ignacia de Castro. Está fechado en la ciudad de Querétaro, en cator-
ce de diciembre de mil ochocientos siete.34
127 4. En un documento escrito por José Xavier Argomaniz contra doña
Ignacia Castro, a quien solicita le pague una cantidad que sufra-
gó como su apoderado. Está fechado en la ciudad de Querétaro en
veintidós de diciembre de mil ochocientos siete.35
5. En un documento en donde se da cuenta de un depósito de 500 pe-
sos a favor de José Xavier Argomaniz, por parte del Real Convento
de Santa Clara, y en donde se informa de una de sus hijas, María
Magdalena Argomaniz, como huérfana del dicho convento. Está
fechado en la ciudad de Querétaro, en veintidós de junio de mil
ochocientos diez.36
6. En un documento en donde dice que recibió del Dr. D. Félix Oso-
res, cura de la Parroquia de Santa Ana, como albacea del que lo fue
de la Divina Pastora, Bachiller D. Manuel José Caballero, un mil
quinientos pesos en reales efectivos del cuño mexicano, pertene-
cientes a la testamentaria de su cargo; para ello hipotecó su casa

32 AHQ, fondo Notarías, sección Pedro Patiño Gallardo, año 1804, Vol. 3, s. n. f.,
después de la f. 72r.
33 AHQ, fondo Notarías, sección Pedro Patiño Gallardo, año 1804, Vol. 3, fs.
56r-57r.
34 AHQ, fondo Justicia, año 1807, c. 24, Leg. 146.
35 AHQ, fondo Justicia, año 1807, c. 23, Leg. 146.
36 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1810, fs. 246r-247r.
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situada en la calle de los Cinco Señores, número siete, manzana die-


ciocho. Está fechado en la ciudad de Querétaro, en siete de febrero
de mil ochocientos once.37
7. En un documento donde los pulperos o comerciantes (entre los
cuales se encuentra Ignacio Argomaniz) y vinateros de la ciudad de
Querétaro, otorgan un poder a nuestro personaje y a don Manuel
Vallejo. Está fechado en la ciudad de Querétaro, en veintidós de
enero de mil ochocientos doce.38
8. En un documento en donde el Teniente del Real Cuerpo de Arti-
llería, José Xavier Argomaniz, vende una casa, como albacea testa-
mentaria, fideicomisario y tenedor de bienes de doña María Ger-
trudis Vázquez. Está fechado en la ciudad de Querétaro, en tres de
octubre de mil ochocientos doce.39
128 9. Un documento en donde se dice que José Xavier Argomaniz, Te-
niente del Real Cuerpo de Artillería, vende una casa a don Maria-
no Güémez, Cirujano Mayor del Ejército, ubicada en la calle de los
Cinco Señores, número siete, manzana dieciocho, construida en
sitio de diez y ocho y media varas de frente y de fondo de varios
ángulos. Está fechado en la ciudad de Querétaro, en diez y siete de
febrero de mil ochocientos quince.40
10. En un documento de venta de casa y solar, en donde José Xavier
Argomaniz es albacea testamentario y fideicomisario y tenedor de
bienes de don José Gregorio Villaseñor. Está fechado en la ciudad
de Santiago de Querétaro, en ocho de mayo de mil ochocientos die-
cinueve.41
11. En un documento escrito por José Xavier Argomaniz, dirigido al
Gobernador de Querétaro, dándole las gracias por haber sido nom-
brado uno de los doce individuos que juzgarían, si hubiera lugar,

37 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1811, fs. 21v-22v.
38 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1812, fs. 31v-33v. Este
es el único documento que encontramos en donde se le llama Francisco.
39 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1812, fs. 383r-385r.
40 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1815, fs. 59v-62v.
41 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1819, fs. 162r-163v.
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a los señores Ministros y Fiscal del Supremo Tribunal de Justicia.


Está fechado en la ciudad de Querétaro, en veintinueve de agosto
de mil ochocientos veintisiete.42

Alcalde de cuartel y comerciante


En un documento fechado en 1810 nuestro personaje fungió
como Alcalde de cuartel.43 Recordemos que a raíz del control
que quiso establecer la Corona sobre sus posesiones ultrama-
rinas, se instruyó para que las ciudades se organizaran en cuar-
teles con el fin de ejercer una mayor regulación en los ámbitos
económico, social y político. Así, ciudades como México, Pue-
bla, Guadalajara y Zacatecas, solo por mencionar algunas, se
fraccionaron en cuarteles, mismos que eran supervisados por
129 los alcaldes, quienes eran los encargados de efectuar padrones,
numerar las casas, vigilar los mesones y verificar la quietud
nocturna , entre otras actividades sustantivas. Simultánea-
mente, Argomaniz se dedicaba al comercio. En 1812 fue elegido
representante de los comerciantes de segunda y tercera clase:
pulperos y vinateros. El Ilustre Ayuntamiento dispuso que se
celebraran juntas parciales de los hacenderos, comerciantes
de primera clase, comerciantes de segunda y tercera clases, fa-
bricantes, eclesiásticos, panaderos, etcétera; presididas por un
Regidor, para que se nombrara un Diputado o Apoderado que
los representara. En el caso de los comerciantes de segunda
y tercera clase, fueron dos las personas elegidas: José Xavier
Argomaniz y Manuel Vallejo.44 Probablemente nunca dejó de
ejercer su trabajo como comerciante, pues, como se verá más
adelante, poco antes de morir seguía ejerciendo la misma acti-
vidad.

42 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1827, c. 3.


43 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1810, fs. 246r-247r.
44 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año mil ochocientos
doce, fs. 31v-33v; véase también la nota en su Diario, correspondiente al 21 de enero
de 1812.
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Apoderado legal
Encontramos que en los años 1806, 1807, 1811, 1812 y 1819, Ar-
gomaniz se desempeñó como apoderado legal de algunas per-
sonas.
En la ciudad de Santiago de Querétaro, el día trece de
agosto de mil ochocientos seis, ante el Notario Mayor Público
y de Cabildo, Pedro Patiño Gallardo, el señor don José Sabi-
no Valenzuela, vecino de esta ciudad, le dio amplias y totales
facultades a José Xavier Argomaniz, para que lo representara
legalmente en cualquier acto ante las Justicias correspondien-
tes.45
En 1811, fue el albacea del Bachiller Don Manuel José Ca-
ballero, cura de la Parroquia de la Pastora; y en 1812, desem-
130
peñó la misma función en los bienes de doña María Gertru-
dis.46 Además, en 1812 los pulperos (comerciantes) y vinateros
le entregaron un poder para que los representara.47 En 1819 fue
albacea testamentario y fideicomisario y tenedor de bienes de
don José Gregorio Villaseñor. Como ejemplo de las cuentas
que llevaba José Xavier Argomaniz, veamos dos documentos
que escribió de puño y letra en 1806 y 1807.

Primer documento
Cuenta de los reales que he ministrado a Doña Ignacia de Cas-
tro, y de los que he gastado en beneficio suyo y de sus hijos para
que puedan disfrutar los dos mil pesos que de herencia les per-
tenecen por muerte de la R. M. Sor María Antonia de la Cruz
Pérez, Religiosa que fue en el Convento de Santa Clara de esta
ciudad.
Primeramente en reales a dicha señora en dos partidas. 011.0

45 AHQ, fondo Notarías, sección Pedro Patiño Gallardo, año 1806, Vol. 5, fs.
85r-85v.
46 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1811, fs. 21v-22v; y año
1812, fs. 383r-385r.
47 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1811, fs. 31v-33v.
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Para un poder que otorgó a mi favor. 004.0


Para pagar de un correo que despaché a Xerécuaro recon-
viniendo a D. Felipe Valenzuela para que redimiera los dos mil
pesos. 004.0
Por cuatro pesos que pagué al hermano de doña Ignacia para
que fuera a Guanajuato a sacar las fe de bautismo, y certificación
de casamiento. 004.0
Por cuatro pesos que di a dicha señora para que sacara en esta
ciudad la fe de bautismo de uno de sus hijos. 004.0
Por 28 pesos que pagué en Guanajuato para la saca de dos fe
de bautismo, certificación de matrimonio, y pagar a aquel Escri-
bano para que certificara los tres documentos. 028.0
Por 12 reales en la francatura de los documentos de ésta a
131 Guanajuato y porte cuando los devolvieron por haberlos traído
sin este requisito el hermano de la señora. 001.4
Por 4 pesos pagados al L. [licenciado] Valdemar por un dic-
tamen. 004.0
Suma. 60.4 [60 pesos 4 reales]

Como Albacea es José de Lizandi demandó 10 pesos que dicho


señor prestó a la señora. 010.0
Ítem por 58 pesos 6 [reales] rédito del que 2 mil convenientes
desde 5 de junio de 806 [1806] hasta 4 de enero de 807 [1807] en
cuyo día falleció la Señora Religiosa usufructuaria de este capi-
tal a quien corresponden los réditos, y a la misma dicha religiosa
para sus necesidades, suplió el difunto D. José 50 pesos ínterin
pagaba el rédito L. Valenzuela, y los 8 pesos 6 [reales] pertenecen
al convento a cuya parte lo entregaré. 058.6
Suma el todo (s. y.) 129.2 [129 pesos 2 reales]
Querétaro, diciembre 14/807 [1807]
José Xavier de Argomaniz [Rúbrica]48

48 AHQ, fondo Justicia, año 1807, c. 24, Leg. 146.


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Segundo documento
En el extremo izquierdo: Contra Da. Ignacia Castro, sobre pago
de las cantidades que le ha ministrado para alimentos.
En el centro: D. José Xavier de Argomaniz vecino de esta ciu-
dad ante V. como más haya lugar en derecho digo: Que según
consta de la cuenta que con la solemnidad debida y juramento
necesario presento, tengo ministrada a doña Ignacia de Castro
y a su hija para alimentos y demás gastos relativos al expedien-
te que giran por el oficio el presente Escribano sobre un legado
de dos mil pesos que les pertenece en representación de su pa-
dre sesenta pesos cuatro reales, y además les demando sesenta
y ocho pesos seis reales por los motivos que instruye la misma
cuenta.
132 La justificación de V. se ha de servir mandar que reconocién-
dola la Castro y su hija con presencia de su curador, que lo es
don Luis Frías, no teniendo que exponer sobre las partidas se
me expida Libramiento por los ciento veinte y nueve pesos dos
reales contra el Regidor D. Antonio Lorenzo de Orge, en cuyo
poder existen depositados los dos mil pesos del Legado que no
han podido percibir los interesados por no encontrar curador ad
bona, y en el caso deque lo resistan con algún pretexto frívolo, o
que nieguen algunas partidas se les cite para probar su certidum-
bre, y que los costos de este ocurso sean de su cuenta por no ser
justo que yo los sufra después del tiempo que he carecido de mi
dinero por beneficiarlos.
Por tanto =
A V. suplico que habiendo por presentada la cuenta mande
hacer como pido, que es de justicia: juro no ser de malicia y en
lo necesario &a.
José Xavier Argomaniz [Rúbrica]49

49 AHQ, fondo Justicia, c. 23, Leg. 146, diciembre 22 de 1807.


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Ferviente católico y teniente


del ejército realista
El mismo José Xavier Argomaniz, en su Diario, nos da algunos
datos de sus actividades religiosas, nos dice que tomó «la pro-
fesión en la V. Tercera Orden de N. P. Francisco»,50 por manos
del nuevo R. P. comisario fray Tomás Castro, y que fue la suya
la primera que se dio.
Refiere dos de las actividades religiosas en las que parti-
cipó: «A las nueve de la mañana celebró su Capítulo en la for-
ma ordinaria el Venerable Orden de Nuestro Santo Padre San
Francisco quedando electos los señores siguientes […] Maestro
de novicios Don Miguel Martínez, Segundo don José [Xavier]
Argomaniz».51 Y más adelante: «Celebró su Capítulo la Vene-
133
rable Orden Tercera de penitencia de Nuestro Santo Padre
Señor San Francisco, en la forma siguiente: […] Enfermero Ma-
yor, don José [Xavier] Argomaniz».52
Tanto José Xavier como su hermano Ignacio fueron te-
nientes del ejército realista. José Xavier lo fue del Cuerpo de
Artillería; e Ignacio, tuvo el mismo grado en el Cuerpo de Re-
alistas Fieles.
No sabemos cuándo ingresa José Xavier Argomaniz al
ejército realista; sin embargo, él mismo escribió en 1811, en su
Diario, la siguiente nota: «Se hizo junta del Real Cuerpo de
Artillería en el cuartel de esta ciudad para el arreglo de com-
pañías y nombramiento de oficiales».53 Y más adelante: «Una
solemne función se hizo en el Convento de Nuestro Padre
San Francisco a la Santísima Reina del Pueblito costeada
la mayor parte, por el cuerpo de Artillería».54 Mencionamos
esto porque en una nota del 26 de agosto de 1812, también en

50 Esto sucedió el 27 de mayo de 1810.


51 Nota en su Diario, 7 de octubre de 1815.
52 Nota en su Diario, 8 de octubre de 1816.
53 Nota en su Diario, 24 de junio de 1811.
54 Nota en su Diario, 24 de noviembre de 1811.
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su Diario, él mismo escribe que forma parte de los Volunta-


rios Artilleros.

Hoy se ha verificado el Consejo de Guerra al subteniente don


Juan Fernández Fuentes por el homicidio que cometió el 14 del
último julio en el paisano Pascual Abarta. Dicho Consejo se
verificó en la casa del señor Teniente Coronel don Francisco
Bustamante, Comandante del Cuerpo de Artillería y fue el que
lo presidió. Fueron vocales […] el Subteniente don José Xavier
Argomaniz del mismo cuerpo de Voluntarios Artilleros.

Esto se puede corroborar en un documento de compra-venta


de 1812, donde José Xavier Argomaniz funge como albacea, ahí
134
se dice que es Teniente del Real Cuerpo de Artillería.55
Su hermano Ignacio, también pertenecía al ejército. Era
Subteniente del Distinguido Cuerpo de Patriotas de la ciudad
de Querétaro, en 1813. Los documentos en donde se le llama
así son dos: el primero, fechado en la ciudad de Querétaro, en
31 de agosto de 1813, en donde Ignacio Argomaniz, Subteniente
del Distinguido Cuerpo de Patriotas de esta ciudad (Queréta-
ro) reconoce que recibió de D. Félix Osores, cura de la Parro-
quia de Santa Ana, como albacea del que lo fue de la Divina
Pastora, Bachiller José Manuel Caballero, la cantidad de un
mil quinientos pesos en reales efectivos del cuño mexicano.56
El segundo, fechado en la ciudad de Querétaro, en 14 de sep-
tiembre de 1813, en donde Ignacio Argomaniz, Subteniente del
Distinguido Cuerpo de Patriotas de este lugar, dijo tener en
su poder dos mil pesos pertenecientes a doña Mariana Mier y
Castañeda, viuda del republicano D. José Joaquín Aguilera.57
Volviendo a José Xavier Argomaniz, él mismo refiere en su
55 Fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1812, fs. 383r-385r. El
documento está firmado por José Xavier Argomaniz.
56 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1813, fs. 262r-263r.
57 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1813, fs. 279r-279v.
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Diario algunos sucesos relacionados con el cuerpo militar del


que formaba parte. En 1815, informa la muerte del colector de
Diezmos, don Juan Antonio Poyatos, Capitán de este Cuerpo
de Artillería.58 En 1816, escribió: «Este día hizo su función por
el mismo motivo que queda dicho del día catorce [en acción
de gracias del Todopoderoso por la vuelta a España de nuestro
católico Monarca el señor don Fernando VII] este Real Cuer-
po de Artillería.59 Para 1817, escribe: «Hoy por la mañana fue la
revista de Comisario en la Plazuela de la Alameda a las tropas
que hay en esta ciudad, a excepción de los voluntarios».60 En
ese mismo año, escribió: «En este día fue la de Fieles Realistas
y Cuerpo de Artillería, la que pasó el señor Teniente Rey.61
Cabe mencionar que en los documentos que revisamos de
135
pie de lista, de los diferentes cuerpos militares que sentaron
bandera en la ciudad de Querétaro, y que existen en el Archi-
vo Histórico de Querétaro, no encontramos los nombres de
José Xavier Argomaniz y su hermano Ignacio. Sin embargo, en
1817, sigue siendo parte del ejército. Esto se puede leer en un
documento en el que se reconoce que José Xavier Argomaniz
le vendió una casa a don Mariano Güémez, Cirujano Mayor
del Ejército, situada en la calle de los Cinco Señores, número
siete, manzana diez y ocho. En dicho documento se habla so-
bre quinientos pesos que son –se dice– «dote de la orfandad
pertenecientes a Doña María Magdalena Argomaniz hija del
Teniente de Artilleros D. José Xavier Argomaniz».62
Dos años después, en 1819, ambos hermanos siguen siendo
identificados como miembros del ejército realista. En un do-
cumento fechado en la ciudad de Querétaro, en 8 de mayo de
1819, que trata de la venta de una casa y solar, en donde funge

58 Nota en su Diario, 23 de junio de 1815.


59 Nota en su Diario, 16 de octubre de 1816.
60 Nota en su Diario, 3 de octubre de 1817.
61 Nota en su Diario, 5 de octubre de 1817.
62 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1817, fs. 420v-422r.
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como albacea testamentario, fideicomisario y tenedor de bie-


nes del difunto señor José Gregorio Villaseñor; y en donde
aparece su firma (la de José Xavier Argomaniz), se refieren a él
como Teniente del Distinguido Cuerpo de Artillería.63 Al mes
siguiente, en un documento en el que aparece como testigo, lo
vuelven a llamar así: «siendo testigo el Teniente D. José Xavier
Argomaniz».64
En 1819, muere en su casa un militar. Él mismo lo escribe
en su Diario. Nótese que el militar que pereció era del mismo
cuerpo castrense al que pertenecía José Xavier Argomaniz. «A
las cuatro y media de la tarde murió en mi casa el Teniente
retirado de Artillería don Ignacio Arredondo y al día siguiente
se enterró en la Parroquia del Espíritu Santo».65
136
Ahora, tomando en consideración que formaba parte del
ejército realista, se comprende mejor su redacción en varias
partes de su Diario. Tómese a manera de ejemplo, lo que dice
en las notas correspondientes a los días 18 y 27 de junio de 1821.

18 de junio de 1821
En junta celebrada la tarde de este día por la mayor parte del
Cuerpo de Artilleros voluntarios en la casa del teniente Reg.
T.C. don Juan Bouxó han hecho elección para su comandante
en el T.C. retirado don Manuel Peñuñuri, por renuncia que se-
gún dicen ha hecho el capitán don Andrés Vasabilvaso.66

Tomando en consideración que era miembro del Cuerpo de


Artillería, es muy probable que haya asistido a la junta que
menciona, como parte de dicho cuerpo.

63 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1819, fs. 162r-163v.
64 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1819, f. 224v.
65 Nota en su Diario, 20 de febrero de 1819.
66 Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III, Documentos para la Historia de
Querétaro, p. 334.
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27 de junio de 1821
La mañana de este día hizo su entrada el Sr. coronel don Agus-
tín de Iturbide y se hospedó en la casa de la fábrica o Estanco
del Tabaco.
Desde el mediodía ha comenzado el tiroteo de fusiles desde
el punto de la Alameda por parte de las tropas de Independencia
y por la nuestra desde la esquina parapeto de la academia y no
han faltado tiros de cañón, aunque no nos han ofendido […]. Como
a las seis de la tarde de dicho día 27, se avanzaron al expresado
parapeto las tropas de la Independencia haciendo un fuego vi-
vísimo en términos que se vieron precisadas las de nuestra parte a
abandonar a aquel punto, con cuyo motivo entraron al centro
de esta ciudad con un numeroso ejército de plebe, tanto de esta
137 ciudad como de muchos lugares del Bajío.
La poca tropa nuestra se replegó al punto de la Santa Cruz,67
como a último auxilio de resguardo.68

Como se aprecia en la cita anterior, es claro que José Xavier


Argomaniz participó en la defensa que hicieron los queretanos
que se oponían a que las fuerzas insurgentes tomaran la ciudad.
Por su parte, en el mismo año de 1819, Ignacio Argomaniz
formaba parte del Cuerpo de Realistas Fieles. En un documen-
to fechado en la ciudad de Querétaro, en 11 de junio de 1819,
dice que «D. Ignacio Argomaniz, Teniente del Distinguido
Cuerpo de Realistas fieles,69 reconoció que le debía dos mil pe-
sos a Francisco Pérez Cano, por lo que –dijo– se comprometía a
pagarle al albacea de Pérez Cano, el señor José Antonio Azue-
la, en un lapso de tres años, poniendo como hipoteca una casa
de su propiedad ubicada en la calle de las Rejas, en la ciudad
de Querétaro.

67 Lo cursivo es nuestro.
68 Obras de Manuel Septién y Septién, Tomo III, Documentos para la Historia de
Querétaro, p. 335.
69 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1819, fs. 229fr-229v.
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A finales de 1823, Ignacio Argomaniz fue nombrado Ad-


ministrador de la Renta Nacional de Correos. En el documen-
to en el que se asienta de manera legal dicho nombramiento se
refieren a él como «Teniente retirado».70
Al año siguiente, en 1824, lo vuelven a llamar así: «D. Ig-
nacio Argomaniz, Teniente retirado»,71 y Administrador de la
Renta de Correos. Esta vez se trata de un documento por el
cual Doña Ana Francisca González, viuda de Don Miguel de
la Trinidad Franco, le da todo el poder necesario para que se
encargue de sus asuntos legales.

Apoderado legal del Convento


de Santa Clara
138
José Xavier Argomaniz fue nombrado administrador del Con-
vento de Santa Clara, en 1825. A continuación parte del docu-
mento que da cuenta de ello.

En la ciudad de Santiago de Querétaro capital de su Estado a


treinta y uno de agosto de mil ochocientos veinte y cinco. Ante
mí el Escribano Nacional Público y testigo Don Manuel García
Orje, de esta vecindad y comercio, a quien conozco dijo: que
como Administrador de los propios y rentas del Convento de
Sta. Clara de Jesús de esta misma ciudad, otorga que da poder
cumplido y tan bastante cuanto legalmente se requiera a Don
José Xavier Argomaniz también vecino de aquí para que duran-
te las ausencias del relacionante entienda en todos los asuntos

70 El documento está fechado en la ciudad de Querétaro, en 31 de diciembre de


1823, aunque hace referencia que el nombramiento como Administrador de la
Renta Nacional de Correos, fue hecha desde el 6 de noviembre del mismo año, por
la Excma. Diputación Provincial de la ciudad. Los fiadores de Ignacio Argomaniz,
para que ocupara dicho puesto, fueron el Capitán D. José María Diez Marina,
dueño de la hacienda de Miranda; y D. Lucas Gascón, dueño de fincas urbanas.
Véase AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1823, fs. 343r-344v.
71 Está fechado en la ciudad de Querétaro, en 7 de mayo de 1824. Véase AHQ ,
fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1824, fs. 100v-101v.
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jurídicos, extrajudiciales y económicos del expresado convento:


demande y cobre sus créditos procedentes de escrituras y otras
constancias, ajustando y liquidando cuentas con los deudores
dando de lo que perciba los recibos y demás constancias que
se le pidan con fe de entrega, o renunciación de sus leyes. Para
que promueva juntas conciliatorias, nombrando hombres bue-
nos, asista a ellas, como también a cualquiera otra que pueda
decretarse, en las que pida y alegue lo conveniente, consienta o
no en las posturas que se hicieren a los bienes que salieren a la
almoneda en que tenga interés el referido convento, procurando
siempre la seguridad de sus capitales y paga de réditos. Para que
en los asuntos pendientes y en los demás que puedan ofrecerse
parezca en los Tribunales y Juzgados que corresponda en donde
139 haya los ocursos que son consiguientes, presentando escritos,
pruebas y documentos; tache y redarguya, oponga excepciones,
pida términos su prorrogación, o los renuncie, gane despachos y
otras providencias, prisiones, solturas, embargos, venta, transe
y remate de bienes su adjudicación y posesión que ampare y de-
fienda, saque censuras, recuse, jure y se aparte, forme artículos,
oiga autos y sentencias, interlocutorios y definitivas, consienta
lo favorable y de lo adverso apele y suplique siguiendo el grado
por todas instancias y finalmente practique cuanto haría el otor-
gante con la citada representación, tanto en lo principal como en
lo incidente y dependiente con facultad de enjuiciar, jurar, susti-
tuir, revocar sustitutos y elegir otros bajo la obligación y releva-
ción en derecho necesarios. En cuyo testimonio así lo otorgó y
firmó siendo testigos Don José de Acosta, Don Tiburcio Guillén
y Agustín García de esta vecindad, añadiendo que los recibos
de los capitales que se rediman y réditos que se pagaren han de
estar firmados por la Ra Ma Abadesa del mencionado convento,
sin cuyo requisito no se pasará en data a los deudores ninguna
cantidad: añade también que el citado Don José Argomaniz que-
da por consiguiente autorizado para todos los negocios persona-
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les del otorgante en los que contestará y pedirá lo conveniente


conforme a las órdenes e instrucciones que le dejará.
Manuel García Orje Ante mí
[Rúbrica] José Domingo Vallejo [Rúbrica]72

En 1826 se dedicó de nuevo al comercio


El 27 de julio de 1826 se hace cargo de una tienda, la cual era
propiedad de doña Manuela López de Ecala. La señora ponía
el capital y José Xavier Argomaniz el trabajo. Fue administra-
dor de la tienda hasta su muerte. Sin embargo, tuvo problemas
económicos que no le permitieron saldar sus cuentas, por lo
que su socia fue quien las saldó. A continuación presentamos
completa el acta en el que se da cuenta de ello. Nótese la parti-
140 cipación de su hermano, Ignacio Argomaniz; y de María Josefa
Alderete, quien reconoce las deudas de su esposo.

En la ciudad de Santiago de Querétaro, capital de su Estado, a


veinte y cinco de noviembre de mil ochocientos veinte y ocho.
Ante mí el Escribano Nacional Público y testigos, la Sra. Doña
Manuela López de Ecala, viuda de Don Tomás Rodríguez, su Al-
bacea Testamentaria fideicomisaria, tenedora de bienes, tutora
y curadora ad bona de sus hijas menores; y Don Ignacio Argo-
maniz Administrador de la Renta Nacional de Correos, en nom-
bre y representación de su hermana política Doña María Josefa
Alderete viuda de Don José Xavier Argomaniz, la que ratificará
y firmará este Documento, ambos de esta vecindad, a quienes
conozco dijeron: que habiendo recibido el expresado Don José
Xavier la tienda de comercio propia de la testamentaría que está
a cargo de la primera como por vía de sueldo con arreglo a un pa-
pel de condiciones firmado al tiempo de la entrega hecha en vein-
te y siete de julio de mil ochocientos veinte y seis se estipuló en él que
Argomaniz llevase la tercera parte de utilidades, si las hubiese,

72 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1825, fs. 207v-208v.
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sufriendo al mismo tiempo las pérdidas que fuesen consiguien-


tes, poniendo su conocimiento, industria, atención y personal
trabajo, y la señora el capital de veinte mil pesos en los efectos
balanceados. Que habiéndose enfermado el referido Argoma-
niz, se trató de trasladarlo de la tienda a la casa de su morada,
para que en el seno de su familia lograra el cuidado y asistencia
de su persona, como se verificó con cuya ocurrencia, y para que
ambas partes durante la enfermedad de aquél o si por desgracia
llegaba a faltar estuviesen satisfechas en todo tiempo de la se-
guridad de los intereses, resolvieron de común acuerdo, poner
dos chapas con sus llaves distintas, quedando una en poder de
la señora viuda y otra que se llevó al finado Argomaniz para su
custodia. Que verificada su muerte el día trece de octubre último,73
141 pasados los primeros de luto, concurrió el relacionante Don Ig-
nacio Argomaniz con la señora Doña Manuela por encargo de
la viuda Doña Josefa para que reunidos abriesen la puerta de la
tienda, reconociesen papeles, y todo lo relativo a la negociación,
en cuyo examen hallaron en la mayor parte desarreglados aque-
llos, pues la cuenta de Don Matías Ciris se advirtió cerrada, de-
biendo a este individuo dicha negociación, la cantidad de seis-
cientos veinte y cinco pesos y tres cuartillas reales, sucediendo
lo mismo con la de Don Cayetano Rubio, al que se le estaban de-
biendo seiscientos sesenta y nueve pesos tres reales, ocurriendo
igual caso con Don Miguel Picaso, que para compra de azúcar le
dio el finado, cien pesos, sin dejar apunte alguno, como también
otra de ochocientos tres pesos de Don Julián de San Fuentes en
la misma forma; cuyas partidas calificada su costumbre y acre-
ditadas por sus respectivos acreedores, satisfizo la señora Doña
Manuela. Que igualmente se halló que lejos de haber cobrado
no sólo las dependencias causadas por dicho Argomaniz ni rea-
lizado los efectos, para cumplir con lo pactado en el balance de
veintiocho de julio de este año, como todo consta en papel de

73 Lo cursivo es nuestro.
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su letra y firma, se vieron aumentados aquellos y disminuidos


éstos, de que quedó bien satisfecho el relacionante Don Ignacio
Argomaniz. Por todo lo cual, y en atención a que su hermano D.
José Xavier no dejó bienes algunos con qué cubrir el desfalco
que resulta en su contra, omitieron formar nuevo balance que
no proporcionaría más que gastos infructuosos y demérito en
los efectos de la negociación, aumentándoles esa pérdida positi-
va. En cuya atención y conviniéndole a la señora Doña Manuela
que de todo haya la debida constancia y que se sepa que las pér-
didas expresadas, y las que tengan los efectos hasta su realiza-
ción, existentes en la tienda, no han sido originadas por falta de
giro, eficacia ni otro motivo, sino por los que van asentados, y
que ve disminuidos con dolor suyo en mucha parte los intereses
142 de sus niñas en cuyo beneficio ha procurado siempre, y procura,
no sólo su conservación, sino el aumento posible, como es de
su obligación; conociendo, el recitado Don Ignacio Argomaniz
estas verdades, y deseoso de que su conciencia quede sana y no
gravada por el perjuicio manifiesto, ha convenido a nombre de
la respectiva viuda Doña Josefa y de sus hijos, en virtud de las
facultades con que está autorizado, en que se hiciese y formali-
zase esta declaración, en la que reproduciendo cuanto en ella se
relaciona, quiere que sea la más firme valedera, ahora y siempre,
y que obre los efectos que haya lugar a favor de la Señora Doña
Manuela, teniéndose en ella por insertas y literalmente enten-
didas las cláusulas, vínculos y solemnidades que se requieran,
permitiendo se den los testimonios necesarios; concluyendo a
nombre de la que representa con manifestar que si con el tiempo
se descubrieren algunos bienes o intereses que puedan pertene-
cer al difunto su hermano se cubrirá su responsabilidad hasta
donde alcanzare. Y la mencionada Doña Josefa Alderete, a quien
igualmente conozco, impuesta de todo dijo: que por su parte y
la de sus hijos lo ratifica y aprueba, sin tener que contradecir ni
reclamar cosa alguna, mediante la satisfacción que le asiste de
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su hermano político, en quien libró todas sus confianzas para


el presente asunto, que contra lo hecho no dirá jamás, y si lo
intentare quiere no ser otra en juicio ni fuera de él, a cuyo fin
formaliza la obligación que corresponde. En cuyo testimonio, así
lo otorgaron y firmaron siendo testigos D. José Villasana, Don
Mariano Rendón y Eligio García de esta vecindad = testigo =
Omides = Omidis = Noviembre = Entr engs = Alderete = vale.
Ma Manuela López de Ecala [Rúbrica] Ma. Josefa Alderete y
Soria [Rúbrica]
Ignacio Argomaniz [Rúbrica]
José Villasana [Rúbrica] Mariano Rendón [Rúbrica]
Eligio García [Rúbrica] José Domingo Vallejo [Rúbrica]74

143 Miembro de un Tribunal


Fue nombrado miembro del Tribunal que debería conocer y
juzgar, en su caso, a los Ministros y Fiscal del Supremo Tribu-
nal de Justicia. A continuación el documento que da cuenta
de ello.

Orden
El H. Congreso en cumplimiento de lo prevenido en el artículo
164 de la Constitución del Estado75 procedió en la sesión de hoy a
nombrar los individuos que han de ocupar el tribunal que debe
conocer en los asuntos civiles y criminales que se promuevan
contra los Ministros y Fiscal del Supremo de Justicia y resulta-
ron electos los ciudadanos Ramón Covarrubias, Mariano Fran-

74 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1828, fs. 277v-279v.
75 El artículo 164 de la Constitución Política del Estado de Querétaro, sancionada por el
Congreso Constituyente el 12 de agosto de 1825, dice: «Para juzgar a los ministros
y fiscal del supremo tribunal de justicia en los negocios civiles y criminales que
contra ellos se promuevan, nombrará el Congreso dentro de los ocho primeros
días de la renovación periódica de sus individuos, doce ciudadanos queretanos, de
edad de treinta y cinco años cumplidos, y que no sean eclesiásticos ni empleados».
Véase Constitución y sociedad en la formación del Estado de Querétaro, Constitución
de 1825. Instituto de Estudios Constitucionales, Estudio Introductorio y notas de
Manuel Suárez Muñoz y Juan Ricardo Jiménez Gómez, 1992, p. 48.
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cisco de Lara, José Victoriano Lira, José Argomaniz, Agustín


González Sanabria, Tomás López de Ecala, Jorge del Raso, Ma-
nuel Vallejo, Manuel López, Teodoro Tovar, Manuel Aboytes y
Ramón García.
Procedió igualmente a nombrar de entre los individuos ex-
presados el que debe servir de Fiscal con arreglo al artículo 165
de la misma Constitución y resultó electo el ciudadano Ramón
Covarrubias.
Todo lo que de orden del mismo H. Congreso comunicamos
a V. E. para su inteligencia y fines consiguientes.
Dios y Libertad. Querétaro Agosto 24 de 1827.
Excmo. Sr. Luis Agapito Garfias = D. P. [Diputado Presiden-
te] = Juan Goicoechea = D. S. [Diputado Secretario] = Excmo. Sr.
144 Gobernador del Estado.76

José Xavier Argomaniz da las gracias por haber sido nombrado


miembro de dicho tribunal.

Excmo. Sr.
Por el superior oficio de V. E. de 28 del corriente quedo impuesto
de la elección que el H. Congreso del Estado ha hecho en mí
para uno de los doce individuos que han de juzgar a los Minis-
tros y Fiscal del Supremo Tribunal de Justicia.
Tal distinción, que jamás pude haber merecido, aumenta el
deseo que siempre he tenido de sacrificarme en obsequio de la
Patria, del Estado, y de las Supremas Autoridades que lo com-
ponen.
Mi reconocimiento será perpetuo, como lo es la alta conside-
ración y respeto que profeso a la digna persona de V. E. a quien
nuevamente me ofrezco por el más obediente súbdito.
Dios y Libertad. Querétaro Agosto 29 de 1827.

76 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1827, c. 4, No. 1, Cuaderno en que se asientan
los Decretos y Órdenes que deben imprimirse. Querétaro, noviembre 22 de 1827.
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Excmo. Sr.
José Xavier Argomaniz [Rúbrica]
Excmo. Sr. Gobernador de este Estado.77

Hay una lista alfabética de los ciudadanos que componen


el vecindario de Querétaro en el año de 1827. En dicha lis-
ta aparece el nombre de José [Xavier] Argomaniz. Llama la
atención que en dicha lista aparecen muy pocos ciudadanos,
probablemente se referían a los que ocupaban puestos en
el Gobierno, pues la lista inicia con el Congreso Constitu-
cional, y sigue con el Gobernador, el Vicegobernador, los
miembros del Supremo Tribunal de Justicia, los del Tribunal
de 2ª y 3ª instancias, el Ilustre Ayuntamiento, el nombre del
145 Comandante General y, termina con un listado en orden al-
fabético de varios ciudadanos.78
En la lista de ciudadanos,79 que para jueces de hecho nom-
bró el M. I. Ayuntamiento Constitucional de Querétaro en
cabildo extraordinario de 11 de enero de 1828, con arreglo al
Reglamento de libertad de imprenta dictada en 22 de octubre
de 1821, aparece el nombre de José [Xavier] Argomaniz.80

77 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1827, c. 3.


78 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1827, c. 4, (IEL).
79 En total son cuarenta y ocho ciudadanos. El orden en que aparecen es el siguiente:
Salvador Frías, Esteban Frías y Tovar, Tomás Ecala, Manuel Ecala, Manuel
Oyarzabal, Ramón Covarrubias, José Argomaniz, Agustín González Sanabria,
Mariano Güémez, Julián Juvera, Ignacio Pozo, Ramón García, Fulgencio Rojas,
Juan Borja, Rafael Arias, Mariano Araujo, Pedro Merino, Longino Zendejas, José
María Acosta, Nicolás Arauz, Ignacio Montana, Mariano Arteaga, Juan Delgado,
Juan Villasana, Bernardino Dominizain, Ignacio Legorreta, José Peña, Manuel
Aboytes, Francisco Salazar, Juan Oyarzabal, Manuel López, Anastasio Zurita,
Manuel Vallejo, Manuel Arauz, Luis López, Mariano Yáñez, Mariano Lojero,
Mariano Zuvieta, Juan de la Fuente, Francisco Medina, Rafael Luque, Mariano
Chávez, Agustín Frías y Servín, Mariano Lara, Jorge del Raso, Mariano Legorreta,
Vicente Domínguez y José María González.
80 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1828, c. 2. El documento está firmado por el
Prefecto José Paulín.
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Su muerte
Como se mencionó anteriormente, José Xavier Argomaniz falle-
ció el día 13 de octubre de 1828. Y aunque no pudo dejarle a su es-
posa e hijos con qué pagar sus deudas; nos legó a los queretanos,
y los estudiosos de la historia, un trabajo precioso de incalcula-
ble valor: su Diario. Esta es la paleografía de su acta de defunción.

En el extremo izquierdo, con el número de registro 148: Don José


Xavier Argomaniz.
En el centro: En el Campo Sto. a trece de Octubre de mil
ochocientos veintiocho: se sepultó el cadáver de Don José Xa-
vier Argomaniz vecino del callejón de N. S. de Guadalupe ca-
sado que fue con Doña Ma. Josefa Alderete. Recibió los Stos.
146
Sacramentos, murió ayer y para que conste lo firmé.81

A continuación el facsímil del acta de defunción de José Xa-


vier Argomaniz.

Datos de su hermano Ignacio Argomaniz


La primera vez que tenemos noticias de Ignacio Argomaniz es
en un documento titulado «Cuenta general de cargo y data que
rinde D. Miguel Buenrrostro como Albacea de la Testamenta-
ría del finado D. Juan Antonio Rodríguez». En dicho documen-
to, en donde se dan datos pormenorizados de las personas que

81 ANPS, Libro de entierros, años 1825-1829, E-49, f. 117v.


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habitaron las casas propiedad del difunto, aparece que en 21 de


junio de 1808 el señor Ignacio Argomaniz arrendó la casa ubi-
cada en la calle de la Guaracha número 1, por la que se cobra-
ban 2 pesos, se dice que estuvo un mes y ocho días, pagando 2
pesos 4 reales.82
El documento más antiguo en donde encontramos la fir-
ma de Ignacio Argomaniz es una solicitud de guía para enviar
dieciséis tercios de efectos de la tierra, es decir, de productos
del país, que con el arriero Andrés Sánchez, vecino de la Ha-
cienda de Amazcala, remitió a México a entregarse a sí mis-
mo. Es decir, que el mismo Ignacio Argomaniz los recibiría. Al
parecer era preferible enviar los productos con un arriero que
llevarlos él mismo; los caminos no eran nada seguros debido a
147
la guerra de independencia. La factura era por 262 pesos. Está
fechado en la ciudad de Querétaro, en 9 de septiembre de 1811.83
Años después, en las notas de los capitales impuestos a fa-
vor de la Cofradía de Jesús Nazareno fundada en el Colegio de la
Santa Cruz, con expresión de las fincas, los dueños de ellas y las
obligaciones que cargan, aparece el nombre de Ignacio Argoma-
niz como deudor de una misa cantada con vigilia y 100 rezadas.84
Posteriormente, el 27 de junio de 1822, en un documento
legal Ignacio Argomaniz, teniente retirado y oficial de la Renta
Nacional de Correos de Querétaro, reconoce que el 31 de agos-
to de 1813 recibió de don Félix Osores, cura de la Parroquia
de Santa Ana, como albacea del que lo fue de la Divina Pas-
tora, Bachiller Manuel José Caballero, mil quinientos pesos;
por ello, en el mismo documento, se compromete a pagarlos,
poniendo de garantía una casa de su propiedad situada en la
calle de las Rejas.85

82 AHQ, fondo Justicia, año 1810, c. 33, Leg. 134.


83 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1811, c. 1, exp. 4, Leg. Administración de
Alcabalas.
84 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1820, c. 1.
85 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1822, fs. 182v-184r.
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En ese mismo año, el 15 de noviembre de 1822, el Lic. Juan


Nepomuceno Mier y Altamirano, quien fuera uno de los cons-
piradores de Querétaro en 1810, abogado de la Audiencia de
México, Regidor Decano del Ilustre Ayuntamiento de Queré-
taro, y recién electo Diputado de la Junta Nacional Instituyen-
te en la Ciudad de México, vecino de la ciudad de Querétaro,
le dio «todo el poder» necesario a Ignacio Argomaniz, teniente
retirado y oficial de la Renta Nacional de Correos de la ciudad
de Querétaro, para que llevara los asuntos legales de su esposa,
doña Manuela Arroyo, sobre el testamento de los abuelos de
ésta, don Dionisio Arroyo y María Josefa Anaya.86
De acuerdo con el Padrón de 1826, sabemos que vivía en
la 2ª calle de Ntra. Sra. de Guadalupe, en el número 2; en la
148
parroquia de Santiago.87
Años después, volvemos a encontrar el nombre de Igna-
cio Argomaniz, Administrador de Correos, en el documento
titulado «Asiento de licencias de armas para el año de 1827».
Con la licencia número 935, de fecha 16 de junio, aparece como
fiador del ciudadano Andrés Ramírez a quien se le dio licencia
de usar dos espadas, pistolas y carabina.88 Posteriormente, en
la misma lista vuelve a aparecer, ahora como fiador de José del
Castillo, a quien se le dio licencia, la número 1068, de portar un
sable, pistola y carabina.
Al inicio de la década de los años treinta, en la lista de los
individuos que salieron de electores en las juntas primarias del
día 4 de diciembre de 1831, aparece el nombre de Ignacio Argo-
maniz, como uno de los electores que fueron nombrados en la
parroquia de Santiago.89
86 AHQ, fondo Notarías, sección José Domingo Vallejo, año 1822, fs. 337v-339r.
87 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1826, c. 3.
88 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1828, c. 2, Leg. Expediente de licencias para
portar armas, 1828.
89 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1831, c. 9. La lista está fechada en la ciudad
de Querétaro, en 5 de diciembre de 1831, y firmada por José Mariano de Mesa,
Secretario.
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Sobre su actuación como Administrador General de la


Renta de Correos, hay muchos documentos. Véanse como
ejemplo los que anotamos a pie de página.90
No sabemos si se casó siendo joven, o si tuvo hijos. Sin
embargo, encontramos su acta de matrimonio, correspondien-
te al año 1834, cuando él debió de haber tenido alrededor de 60
años. A continuación dicha acta.

Ignacio Argomaniz se casó, hijo legítimo de Emeterio José Argo-


maniz y de María Teodora Clavijo, el 15 de enero de 1834, en el
convento de San Antonio con María Dolores Marina, de diecio-
cho años, hija legítima de don Juan Diez Marina y de doña María
Vicenta Oyaga, originarios y vecinos de la calle del Biombo, de
149
la ciudad de Querétaro. Los casó el Bachiller don Norberto Rio-
verde. Sus padrinos fueron los padres de la novia.91

Testamento de Andrés de Mier y Carcoba, quien luchó en la


defensa de Querétaro en contra de los insurgentes el 30 de oc-
tubre de 1810
José Xavier Argomaniz escribió sobre varias personas de
Querétaro. Uno de ellos fue Andrés Mier y Carcoba. El 30 de
octubre de 1810, los insurgentes trataron de tomar la ciudad de

90 AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1827, c. 1 (Carta del Gobernador del Estado,
José María Diez Marina, dirigida al Sr. Comandante General Provisional del
Estado, informándole acerca de la actuación de Ignacio Argomaniz, como
Administrador de la Renta de Correos); AHQ , fondo Poder Ejecutivo, año 1828, c.
1 (Documento de puño y letra de Ignacio Argomaniz en donde informa acerca del
decreto de establecer correo en el pueblo de Jalpan); AHQ , fondo Poder Ejecutivo,
año 1831, c. 8 (Corte de caja, 7 enero de 1831); AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año
1831, c. 7 (Escrito de puño y letra de Ignacio Argomaniz, dirigido al Gobernador
del Estado, en donde da cuenta de su opinión sobre asuntos laborales y políticos);
AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1831, c. 3, Leg. Junta de industria (Oficio de
Nicolás María Berazaluce, dirigido al Gobernador del Estado, informándole
aspectos relacionados con Ignacio Argomaniz, Administrador de la Renta de
Correos); AHQ, fondo Poder Ejecutivo, año 1833, c.1 (Corte de caja, 20 de junio
de 1833).
91 ANPS, Libro de matrimonios, años 1826-1840, M-48, f. 132v.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Querétaro. Muchos queretanos defendieron su ciudad. Las ba-


jas por parte de los insurgentes fue de varios cientos; mientras
que por parte de los queretanos –según la crónica de José Xa-
vier Francisco Argomaniz– fue de tan solo «algunos heridos de
piedra […] sin que se haya advertido otra desgracia». Sin embar-
go, sí hubo heridos de muerte por parte de los queretanos. Esto
según el testamento de Andrés de Mier y Carcoba, quien fue
herido durante la batalla por un cañón de artillería que coman-
daba en contra de los insurgentes. Es decir, fue herido no por
los insurgentes, sino por uno de los cañones de quienes defen-
dían a la ciudad. A continuación la crónica y el testamento. El
subrayado es nuestro.

150
[Diario de José Xavier Argomaniz, 30 de octubre de 1810]
A las siete de la mañana por la parte de Oriente se ha avis-
tado porción considerable de indios insurgentes y alguna ca-
ballería, que poco a poco se fueron aproximando por los arcos
de la cañería y hacienda de Carretas haciendo mofa y algaraza a
nuestra gente alarmada. A las 11 y media del día acometieron por
una de las bocacalles de la plazuela de la Santa Cruz con la ma-
yor intrepidez; pero nuestra gente, sin embargo de ser muy poco
pues apenas hay dos o tres compañías del Regimiento de Cela-
ya, algunos soldados de Sierra Gorda, voluntarios y paisanos, les
hicieron el más valeroso recibimiento con carga cerrada de fusi-
les y cañón, que duró el tiroteo cerca de dos horas. Muchos de
los enemigos huyeron; se cogieron prisioneros y heridos como
trescientos y seguramente pasaron de doscientos los enemigos
muertos. De nuestra parte hubo algunos heridos de piedra por
los muchos hondazos que despedían, sin que se haya advertido
otra desgracia. Religiosos de la Santa Cruz, de Nuestro Padre
San Francisco y de San Diego andaban a caballo absolviendo a
nuestros guerreros y ayudando a las fatigas como buenos sol-
dados. La plebe se manejó con la mayor bizarría y entusiasmo
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

haciendo de su parte lo que podían y apresando a muchos de los


indios que se escaparon de la metralla.
Se han repetido por las calles y plazas los vivas a Nuestra Ma-
dre Santísima del Pueblito como principal Generala de nuestro
ejército92.

Testamento de Andrés de Mier y Carcoba


En el nombre de Dios N. S. [Nuestro Señor] todo poderoso.
Amén. Yo Andrés de Mier y Carcoba, soltero, natural de los Rei-
nos de Castilla en el lugar de Mier, obispado de Santander, hijo
legítimo de D. Santiago de Mier difunto y de doña Brígida de la
Carcoba, que aún vive, estando como estoy gravemente herido
de la violencia de un cañón de artillería que comandaba contra
151 los insurgentes que invadieron a esta ciudad la mañana de hoy,
en mi entero acuerdo, cumplida memoria y entendimiento na-
tural, creyendo como firmemente creo en el misterio infalible de
la Sma. [Santísima] e individua Trinidad, Dios Padre, Dios hijo
y Dios Espíritu Santo tres personas distintas en una sola divina
esencia y en todos los demás que tiene, cree, confiesa, predica
y enseña Nuestra Madre Iglesia Católica Apostólica de Roma,
bajo cuyos Sagrados Dogmas he vivido, vivo y viviré hasta la
muerte y temeroso de ella otorgo mi Testamento de la manera
siguiente. = Primeramente encomiendo mi Alma a Dios N. S.
que la crió [creó] y redimió con los méritos infinitos de su Sangre
preciosísima, vida, pasión y muerte en el Sto. Árbol de la Cruz y
mi cuerpo a la Tierra de que fue formado, el que hecho cadáver
es mi voluntad que amortajado con el hábito de N. S. S. [Nues-
tro Señor San] Francisco se sepulte en la Iglesia, parte, lugar y
forma que dispusiese mi Albacea, a cuyo prudente arbitrio lo
dejo todo = Asigno dos reales de plata común a cada una de las
mandas forzosas últimamente señaladas por superior resolución
novísima de la marina = Declaro por mis bienes todo lo que me

92 El subrayado es nuestro.
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pueda pertenecer de la Compañía que sigo con mi tío el Capitán


D. Antonio de la Carcoba en una tienda de efectos de Europa,
y un obraje de ropa de la Tierra con la cuarta parte de utilidades
en que soy interesado, como todo contará por el libro de caja, o
de gobierno y también por lo que instruirá el expresado mi tío,
a quien debo doscientos y cincuenta pesos que he tomado y no
constan apuntados en la cuenta, y a la Compañía cuatrocientos
pesos; en la inteligencia de que lo que a mi se me debe lo inver-
tirán igualmente en los libros respectivos = Declaro por dichos
mis bienes la ropa de uso y demás cosas que se encuentren per-
tenecerme = Item [Declaro] es mi voluntad se celebren por mi
intención quinientas misas con la limosna que fuere corriente y
otras cincuenta aplicadas por mi Alma, deduciéndose la cuarta
152 episcopal que es de derecho = Nombro por albacea testamenta-
rio, fideicomisario, tenedor de bienes al enunciado mi tío el Ca-
pitán D. Antonio de la Carcoba para que después de mi muerte,
entre en ellos, los venda y remate en almoneda, o fuera de ella,
cumpliendo mi disposición en el término señalado por la ley, o
en el más que necesite pues se lo prorrogo en bastante forma =
Y en el remanente [que] quedare de todos mis bienes, derechos,
acciones y futuras sucesiones que en cualesquiera manera me
toquen y pertenezcan, instituyo dejo y nombro por única uni-
versal heredera a mi madre Da Brígida de la Carcoba para que
lo goce con la bendición de Dios; y en el caso de ser muerta se
entienda la substitución en mis hermanos Don Juan, Doña Ma-
ría Luisa, Doña Anita, y Doña Teresa de Mier y Carcoba a fin de
que lo perciban y disfruten = Y por el presente revoco, anulo,
doy por de ningún valor ni efecto cualesquiera testamentos, po-
deres, memorias y otras disposiciones que antes de esta haya he-
cho y otorgado por escrito, de palabra, o en otra forma para que
no valgan, ni traigan fe judicial ni extrajudicialmente, salvo el
presente que quiero se guarde, cumpla y ejecute por mi última fi-
nal disposición, o por aquella vía y forma que más haya lugar en
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derecho. Querétaro, y octubre treinta de mil ochocientos diez. Y


el otorgante vecino y del comercio de esta ciudad a quien Yo el
Escribano doy fe conozco y de estar según manifiesta con natu-
ral libre uso de sus potencias cuyo lo otorgó y no firmó por tener
las manos muy heridas, lo hizo a su ruego uno de los testigos que
lo fueron el B. [Bachiller] Dn José Mariano Aboitis Dávila, Pres-
bítero, Fray Agustín Vicentes, Religioso laico del Colegio de la
Sta. Cruz y D. Manuel del Río de esta vecindad.
Por el otorgante Ante mí
José Manuel del Río [Rúbrica] José Domingo Vallejo
Escribano Real y Público [Rúbrica]93

153 FUENTES
Documentales
Archivo Histórico de Querétaro (AHQ )
Fondo Notarías, Sección José Domingo Vallejo: año 1810, fs. 246f-247f.;
año 1811, fs. 21v-22v; año 1811, fs. 31v-33v; año 1812, fs. 31v-33v; año
1812, fs. 383f-385f; año 1813, fs. 262f-263f; año 1813, fs. 279f-279v; año
1815, fs. 59v-62v; año 1817, fs. 420v-422f; año 1819, fs. 30v-31f; año 1819,
fs. 162f-163v; año 1819, f. 224v; año 1819, fs. 229f-229v; año 1822, fs.
182v-184f; año 1822, fs. 337v-339f; año 1823, fs. 343f-344v; año 1824,
fs. 100v-101v; año 1825, fs. 74f-76v; año 1825, fs. 207v-208v; año 1828,
fs. 277v-279v.
Fondo Notarías, Sección Pedro Patiño Gallardo: año 1804, Vol. 3, s. n. f.,
después de la f. 72f y fs. 56f-57f; año 1806, Vol. 5, fs. 85f-85v.
Fondo Justicia: año 1807, c. 23, Leg. 146; año 1807, c. 24, Leg. 146; año 1810,
c. 33, Leg. 134.
Fondo Poder Ejecutivo: año 1811, c. 1, Exp. 4, Leg; año 1820, c. 1; año 1824,
c. 2; año 1826, c. 3; año 1827, c. 1; año 1827, c. 3; año 1827, c. 4, No. 1;
año 1827, c. 4, (IEL); año 1828, c. 1; año 1828, c. 2; año, 1828, c. 2, f. 59f;
año 1831, c. 3; año 1831, c. 7; año 1831, c. 8; año 1831, c. 9; año 1833, c.1.

93 AHQ, fondo Notarías, sección: José Domingo Vallejo, año 1810-1811, f. 337f-338v.
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Archivo Notarial de la Parroquia de Santiago (ANPS)


Libro de matrimonios, años 1826-1840, M-48, f. 132v.
Libro de entierros, años 1825-1829, E-49, f. 117v.

Bibliográficas
ARGOMANIZ, José Xavier, Diario. Constitución y sociedad en la formación
del Estado de Querétaro, Constitución de 1825, Querétaro, Instituto de
Estudios Constitucionales, Estudio Introductorio y notas de Ma-
nuel Suárez Muñoz y Juan Ricardo Jiménez Gómez, 1992.
FRÍAS, Valentín, Las calles de Querétaro, 2ª Edición, Querétaro, 1984.
HURTADO GALVES, José Martín, Los queretanos en la conspiración de
1810, Querétaro, Archivo Histórico de Querétaro / Gobierno del
Estado de Querétaro, Serie Historiografía Queretana, Volumen
154 XVII, 2007.
SEPTIÉN SEPTIÉN, Manuel, Obras de Manuel Septién y Septién. Documen-
tos para la Historia de Querétaro, Tomo III, Querétaro, Gobierno del
Estado de Querétaro, 1999.
TUTINO, John, México a la luz de sus revoluciones, vol. 1, México, El Co-
legio de México, 2014.
Notas sobre la modernización educativa
de Carlos Salinas de Gortari, 1992

Rosa Laura Delgado Ramos1

Resumen

E
n el México contemporáneo, las au-
toridades políticas han trabajado en
el ámbito educativo para lograr re-
ducir los índices de analfabetismo,
llevar la educación a toda la población, así como
reducir la desigualdad social mediante la escola-
rización. Tal fue el proyecto que implementó el
primer Secretario de Educación, José Vasconce-
los, quien, con el nacimiento de la Secretaría de
Educación Pública (SEP), impulsó un proceso de
federalización, pues la SEP tuvo y ejerció las com-
petencias jurídicas para establecer nuevas escue-
las, diseñar e implementar planes y programas de
estudio, y otras medidas de política educativa en
todo el país. Para lograrlo se firmaron acuerdos-
convenios con casi todos los estados con la finali-
dad de cumplir cabalmente con la encomienda del
Artículo Tercero de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos. El presente traba-
jo toma como base los propósitos originarios de la
SEP, ubicándolos en el marco del proyecto de mo-
dernización educativa de fines del siglo XX, ade-

1 Estudiante del Doctorado en Historia, Universidad Autónoma


de Zacatecas, [email protected]
155
más de analizar los cambios a varios artículos constitucionales
y las repercusiones en la orientación eficientista que tomó la
educación básica, así como los resultados que distaron mucho
de lo esperado.

Palabras clave
Modernización educativa, historia de la educación en México,
educación media superior.

Abstract
In contemporary Mexico, political authorities have worked in
the educational field to reduce illiteracy rates, bring education
to the entire population, as well as reduce social inequality
through schooling. Such was the project implemented by the
first Secretary of Education, José Vasconcelos, who, with the
birth of the Ministry of Public Education (SEP), promoted a
federalization process, since the SEP had and exercised the
legal powers to establish new schools, design and implement
study plans and programs, and other educational policy mea-
sures throughout the country. To achieve this, agreements-
conventions were signed with almost all the states in order to
fully comply with the mandate of Article Three of the Political
Constitution of the United Mexican States. This work is ba-
sed on the original purposes of the SEP, placing them within
the framework of the educational modernization project of
the late twentieth century, in addition to analyzing the chan-
ges to various constitutional articles and the repercussions on
the efficiency orientation that basic education took. as well as
the results that were far from what was expected.

Keywords
Educational modernization, history of education in Mexico,
upper secundary education.
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Tras las huellas de la educación en México


Como sabemos, con la promulgación de la Constitución Polí-
tica de los Estados Unidos Mexicanos en 1917 nació el artículo
tercero referente a la educación que, con varias modificaciones
sufridas a través del tiempo, continúa vigente hoy en día. Es
cierto que, desde la Carta Magna de 1857, el artículo tercero se
refirió a la educación, sin2 embargo, es hasta la segunda década
del siglo XX cuando adquirió su dimensión social, elemento
que ha venido modificándose a raíz de las múltiples reformas
y párrafos adicionados que han sido publicados en el Diario
Oficial de la Federación en diversos momentos históricos.
Con este hecho tan importante, y con fundamento en el
Artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexi-
157
canos de 1917, se creó la Secretaría de Educación Pública, en
donde José Vasconcelos fungió como su primer secretario. El
año de 1921 marcó el rumbo de la historia de la educación en
México, pues estando en la presidencia de la república el gene-
ral Álvaro Obregón (1920-1924) comenzó un proceso denomi-
nado «federalización educativa», de hondas huellas en nuestro
país.
En efecto, la Secretaría de Educación Pública nació con
jurisdicción nacional, por lo que comenzó un proceso de fe-
deralización de la educación y con ello la creación de nuevas
escuelas en distintos puntos del país, hasta llegar a los lugares
rincones más alejados de México. Así, con el apoyo del gobier-
no federal, se instaurarían escuelas de distintos tipos: rurales,
industriales, para obreros, para adultos, normales regionales,
misiones culturales de capacitación magisterial con amplios

2 El artículo tercero de la Constitución de 1857 dice a la letra: «La enseñanza es


libre. La ley determinará qué profesiones necesitan título para su ejercicio, y con
qué requisitos se deben expedir». Constitución Política de la República Mexicana,
1857, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de
México, Disponible en https://archivos.juridicas.unam.mx/www/legislacion/
federal/historicos/1857.pdf (información consultada el 12 de octubre de 2020)
beneficios para la localidad donde se instalaban provisional-
mente y escuelas industriales.3
Un gran problema que existía dentro del ámbito educati-
vo fue el analfabetismo, el cual continuaba en aumento, tanto
en las cabeceras municipales, como en las poblaciones rurales.
Más tarde, en 1943, con Torres Bodet como Secretario de Edu-
cación, se lanzó una campaña para combatir este grave proble-
ma, el cual afectaba a más del 50% de la población mayor de 15
años. Ganar esta lucha, implicaba no solo incorporar un cre-
ciente número de alfabetizadores, sino también la formación
de nuevos profesores que, por las tardes y/o noches, atendie-
ran a los adultos enseñándoles los secretos del alfabeto. En lo
relativo al renglón de los profesores en servicio, era evidente
su precaria habilitación para la docencia, ya que de los 18 000
que prestaban su servicio a la federación, la mitad había con-
cluido la escuela primaria, 3 000 contaban con uno o dos años
de secundaria, 4 000 eran graduados de las escuelas normales
rurales y solamente 2 000 eran egresados de las normales ur-
banas, lo que significa que tan solo el 30 % de los profesores
estaba formado profesionalmente para desempeñar las labores
propias de la actividad educativa. 4
Decíamos pues, que el primer fruto social y cultural de
gran calado emanado de la Revolución Mexicana fue la fede-
ralización educativa, orientada principalmente a las zonas ru-
rales y tomando en cuenta a campesinos marginados e indios
que por primera vez acudían a la enseñanza formal. Este salto
cualitativo se debe, sin duda alguna, a la visión estratégica de
José Vasconcelos y al esfuerzo –calificado como misionero,

3 René Amaro Peñaflores y María del Refugio Magallanes Delgado,


«Continuidades y rupturas de la educación popular y pública en Zacatecas, siglos
XIX y XX», Documento inédito, Universidad Autónoma de Zacatecas, p. 9.
4 Cecilia Greaves, «La educación en México», en Pablo Escalante Gonzalbo et.
al., Historia de la Educación en México (Historia mínima), México, El Colegio de
México, 2010, pp. 196-198.
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cuasi religioso– de millares de profesores anónimos que insta-


laron escuelas rurales a lo largo y ancho del país.5
Los esfuerzos para ampliar la cobertura del sistema esco-
lar implicaban no solo la formación de nuevos docentes, sino
también la capacitación de miles de maestros empíricos que
ejercían la docencia sin la preparación suficiente. Como el pre-
supuesto federal no alcanzaba, ni había las condiciones para
abrir el número de escuelas normales que requería la demanda,
el gobierno de la república optó por fundar el Instituto Federal
de Capacitación del Magisterio (IFCM), cuya meta fue dotar
de las herramientas teóricas y metodológicas a los profesores
en servicio con el firme propósito de profesionalizar la labor
que desempeñaban en las escuelas y comunidades rurales. Al
159
principio, esta institución comenzó a operar mediante cursos
por correspondencia, lo que la convirtió en pionera de la edu-
cación a distancia en América Latina.6
Cuando nació la Ley Orgánica estableció que la ense-
ñanza primaria en su contenido básico sería igual para toda la
república. Pero la heterogeneidad del sistema escolar impedía
la uniformidad deseada. Había escuelas federales, estatales,
municipales y particulares, y estas mismas podían ser urbanas,
semiurbanas, rurales, de tres o seños años, de organización
completa, tridocentes, tetradocentes, unitarias.... No obstante
a esta diversidad, se dio la unificación curricular en la escuela
rural que, tras esta medida, perdió el apoyo de años atrás. Lo
que anteriormente se hacía con mayor libertad, ahora había
quedado normado o prohibido en nombre de un Sistema Edu-
cativo coherente y uniforme que buscaba la homogenización.
El papel del maestro –pieza central del cambio–, se modificó:
de líder social pasó a limitar su actividad al puro aspecto aca-

5 Carlos Ornelas, «La cobertura de la educación básica», en Pablo Latapí (coord.),


Un siglo de educación en México, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, p. 115.
6 Cecilia Greaves, «La educación en México», pp. 196-198.
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démico. El proyecto educativo revolucionario se cristalizó en


el Plan Sexenal 1934-1940, cuando la comisión de educación
propuso reformar el artículo tercero constitucional, cosa que
ocurrió en 1934. Este nuevo derrotero instituyó una orienta-
ción socialista que sustentó a la educación popular, obligatoria
y gratuita; su función emancipadora incitó a la lucha contra el
clero y los sectores reaccionarios; en el orden pedagógico se
promovió el predominio de la razón y las explicaciones cientí-
ficas para combatir los dogmas y fanatismos; se destacó la par-
ticipación para el trabajo y la importancia de formar valores y
actitudes colectivas como la solidaridad.7
En contraposición con la educación rural y socializante, la
reforma cardenista puso énfasis en la educación urbana para
160
apoyar el proceso de industrialización, alcanzar la estabilidad
política para el crecimiento económico, establecer las bases de
una economía mixta y favorecer la formación y consolidación
de la clase media. Esto se plasmó en la nueva Ley Orgánica
de Educación de 1939, que se afinó hasta 1941 (a principios del
sexenio de Manuel Ávila Camacho), donde se propuso neu-
tralizar las acciones antirreligiosas, impulsar los valores de
la democracia, el nacionalismo patriótico, la cooperación, la
fraternidad universal, divulgar el conocimiento científico e
integrar a los indígenas al desarrollo nacional. Se trataba de
volcar la educación hacia una política de la unidad nacional,
con base en la «escuela del amor». En esta tesitura, el maestro
se dedicaría únicamente a sus labores pedagógicas. Los conte-
nidos educativos de corte nacional y popular habían cambiado
para favorecer a los sectores sociales medios y altos.8 Durante
la década de los cuarenta, la matrícula creció en todos los nive-
les escolares, no obstante, no se modificó la estructura escolar

7 Cecilia Greaves, «La educación en México», pp. 199-201.


8 René Amaro Peñaflores y María del Refugio Magallanes Delgado, «Continuidades
y rupturas», p. 9.
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que era esencialmente rural. Durante la siguiente década se


dio un punto de quiebre, pues la política educativa respondió
con mayor intensidad a los requerimientos de la urbanización,
la industrialización y la «sustitución de importaciones». Esto
condujo a la consolidación del Estado y a una modernización
de la cultura y de la «ideología revolucionaria», lo que propició
un giro en el sector educativo, que apostó más a la urbaniza-
ción y al desprendimiento de atavismos del pasado.9
De acuerdo a Pablo Latapí, la política educativa en México
durante las siguientes décadas, sufrió algunos devaneos que
fueron desde el nacionalismo proteccionista hasta la implan-
tación de una corriente cuyo énfasis fue en la técnica. En el úl-
timo tramo del siglo XX la política educativa sufrió un vuelco
161
orientado hacia la tecnocracia neoliberal.

Modernización educativa
El Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación
Básica (ANMEB) se publicó en el Diario Oficial de la Federación
con fecha 19 de mayo de 1992.10 La trascendencia de tal docu-
mento abarca varios puntos significativos como los anteceden-
tes, la reorganización del sistema educativo, la reformulación
de los contenidos y materiales, la revaloración de la función
magisterial –este último comprende varios aspectos: a) forma-
ción inicial de maestros; b) actualización, capacitación y su-
peración del magisterio en ejercicio; c) salario profesional; d)
vivienda; e) carrera magisterial–,11 y la renovación de Planes y
Programas de estudio.

9 Olac Fuentes Molinar, «Educación Pública y sociedad», en Pablo González


Casanova y Enrique Florescano (coords.), México, hoy, México, Siglo XXI Editores,
1979, p. 232.
10 Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, publicado en
el Diario Oficial de la Federación el 19 de mayo de 1992, documento disponible en
https://www.sep.gob.mx/work/models/sep1/Resource/b490561c-5c33-4254-ad1c-
aad33765928a/07104.pdf (consultado el 25 de septiembre de 2020).
11 Véase ANMEB.
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Además, el ANMEB reconoció que la educación era un pi-


lar del desarrollo del país, sostuvo que era una actividad com-
partida, reiterando el compromiso del Estado mexicano por
impulsar una educación de calidad, congruente y pertinente
con las exigencias de un mundo globalizado, como el que se
vivía a fines del siglo XX.
En el año de 1988, Carlos Salinas de Gortari ganó la
presidencia de la república en unas elecciones por demás
controvertidas. Como se había estilado al inicio de cada se-
xenio, el presidente dio un golpe de timón en el arranque
de su administración con el propósito de sacudir los lastres
que, según su parecer, impedían el pleno desarrollo del país.
Así, echó a andar un ambicioso programa de modernización
162
en todos los ámbitos que, por supuesto, abarcó el renglón
educativo. Fue así como a finales de mayo de 1989 se publicó
el Plan Nacional de Desarrollo,12 en donde el metaconcepto
de la modernización se estableció como sostén del aparato
educativo nacional.
Con base en décadas de trabajo sostenido, el Estado mexi-
cano logró crecer exponencialmente en el ámbito de la cober-
tura en educación primaria y había logrado hasta 1989 un im-
portante avance en la incorporación de alumnos en los niveles
de preescolar y secundaria, no obstante, la educación media
superior todavía representaba un reto. Con el objeto de nutrir
este último nivel, el ANMEB resolvió:

• Mejorar la calidad del sistema educativo en congruencia con los propó-


sitos del desarrollo nacional;
• Elevar la escolaridad de la población;
• Descentralizar la educación y adecuar la distribución de la función

12 «Plan Nacional de Desarrollo, 1989-1994», publicado en el Diario Oficial de


la Federación el 31 de mayo de 1989, disponible en http://www.diputados.gob.
mx/LeyesBiblio/compila/pnd/PND_1989-1994_31may89.pdf (consultado el 10 de
noviembre 2020).
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educativa a los requerimientos de su modernización y de las ca-


racterísticas de los diversos sectores: integrantes de la sociedad;
y
• Fortalecer la participación de la sociedad en el quehacer educativo.13

Según las metas de un país inscrito en la modernidad, era


imprescindible aumentar el grado de escolaridad entre sus
habitantes, por tanto, la SEP decidió aumentar la cobertura
del nivel medio superior con la finalidad de que cada vez más
personas realizaran sus estudios de preparatoria, para esto se
plantearon los siguientes objetivos que orientarían la política
educativa para este nivel entre 1989 y 1994:

163 • Consolidar los servicios que han mostrado efectividad;


• Reorientar aquéllos cuyo funcionamiento ya no armoniza con las con-
diciones actuales;
• Implantar modelos educativos adecuados a las necesidades de la pobla-
ción que demanda estos servicios, e introducir innovaciones adap-
tadas al avance científico y tecnológico mundial.14

Según lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo se


debía de vincular, reorientar y fortalecer la educación media
superior, así como adecuarla a lo que implicaba modernizar el
país.15 Uno de los aspectos fundamentales que, se consideró,
coadyuvaría a la consecución de a meta la descentralización de
la educación, proceso que consistió en la transferencia de los
servicios educativos a los gobiernos de cada entidad de la repú-
blica, en donde el gobierno federal conservó sus atribuciones
en cuanto a diseño de planes y programas de estudio, así como
de evaluación, revalidación y reconocimiento de estudios,

13 Véase ANMEB.
14 Véase «Plan Nacional de Desarrollo, 1989-1994».
15 «Plan Nacional de Desarrollo, 1989-1994».
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mientras que los estados obtuvieron la facultad de operar los


servicios educativos en su territorio.16
La descentralización de la educación plasmada en el Plan
Nacional de Desarrollo del presidente Carlos Salinas de Gor-
tari, se implementó a partir de la publicación en el Diario Ofi-
cial de la Federación de la Ley de Educación17 del 13 de julio de
1993, ya que con ella se transfirieron los servicios educativos de
las escuelas primarias y secundarias a los gobiernos de los Es-
tados, con lo que se establecieron estrategias para financiar la
educación. Además de que dicha ley señalaba en su artículo 4
que solamente se contemplaba como educación obligatoria la
primaria y la secundaria.18 Quienes compartían la responsabili-
dad de impartir esta educación obligatoria eran –de acuerdo al
164
artículo 11–, las autoridades educativas de la federación, los es-
tados y los municipios, es decir, el compromiso era tripartita.19
De acuerdo a Salvador Camacho Sandoval, 20 el neolibe-
ralismo y la modernización tienen estrechos vínculos, ya que
el proyecto modernizador con rasgos neoliberales iniciado
durante el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, fortale-
cido con Carlos Salinas de Gortari y continuado por Ernesto
Zedillo Ponce de León, pretendió ubicar a México en el espa-
cios de los países desarrollados; esto sería posible, según los
tecnócratas que concibieron el proyecto, en la medida en que
el país avanzara en los rieles de la modernización. Durante la
toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari, el 1 de diciem-
bre de 1988, éste se comprometió a modernizar el país, debido a
16 «Plan Nacional de Desarrollo, 1989-1994», p. 3.
17 «Ley de Educación» publicada en el Diario Oficial de la Federación el 13 de julio
de 1993. Disponible en https://www.senado.gob.mx/comisiones/hacienda/docs/
Magistrado_TFJFA/OAEC_LeyGeneralEducacion.pdf (consulta el 11 de noviembre
de 2020).
18 «Ley de Educación».
19 «Ley de Educación».
20 Salvador Camacho Sandoval, «Modernización educativa en México, 1982-1998,
el caso de Aguascalientes», México, Universidad Autónoma de Aguascalientes /
Instituto de Educación de Aguascalientes, 2002, pp. 21-92.
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que México estaba inmerso en un mundo de profundas trans-


formaciones, además tenía competencia internacional, por lo
que durante su mandato se reformó la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos, en especial los artículos 3,
27 y 130, los cuales desde que fueron plasmados en la Constitu-
ción de 1917 habían sido intocables,21 entre otras cosas, porque
reflejaban los ideales de la Revolución Mexicana. Desde la pos-
revolución, el legado ideológico se había mantenido intacto:
la educación pública debía impartirse por el Estado mexicano,
mientras que la separación Iglesia-Estado se había convertido
en una especie de dogma. No obstante a lo anterior, la educa-
ción tomó un derrotero específico al avizorar el principio de la
calidad y al insertarla en un contexto de competencia interna-
165
cional, además, la antigua ruptura entre el poder temporal y
el espiritual terminó de tajo, puesto que con la modificación
del artículo 130 constitucional, se reconoció la personalidad
jurídica a las iglesias. Así, con la reforma de estos dos artícu-
los le abrió la puerta a las iglesias –pero sobre todo a la iglesia
católica–, para participar en la vida política, social y educativa
del país con enorme libertad. Con esta reforma, la jerarquía de
la iglesia católica perdería todos los obstáculos que surgieron
a raíz de la promulgación de las constituciones de 1857 y, pos-
teriormente, de 1917. En las postrimerías del siglo XX, parecía
que quedaban atrás la guerra cristera y sus resabios, la anti-
católica educación socialista, el «monopolio ideológico» de los
libros de texto gratuitos y los reiterados ataques de los segui-
dores del laicismo educativo.22
Como ya se mencionaba, el proyecto de modernizar la
educación inició con Miguel de la Madrid Hurtado, sin em-

21 Javier López Moreno, «Reformas constitucionales para la modernización»,


México, Fondo de Cultura Económica, 1993.
22 Cecilia Greaves, «La búsqueda de la modernidad», en Pablo Escalante Gonzalbo
et. al., La educación en México (Historia mínima), México, El Colegio de México,
2011, pp. 188-216.
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bargo, su proyecto de renovación moral hizo agua debido a la


galopante crisis económica que, durante casi todo su sexenio,
afectó al pueblo, además de la descomposición social que venía
de tiempo atrás.23 El deterioro de la economía familiar en los
grupos de menor ingreso debilitó la demanda de escolaridad
y aumentó los problemas de reprobación y deserción, por lo
que, a raíz de estas dificultades, el proceso de la descentrali-
zación educativa enfrentó múltiples obstáculos. Después de
varias opiniones encontradas, el 8 de agosto de 1983 se publicó
un decreto en el Diario Oficial de la Federación que estable-
cía las bases para la instalación en las entidades federativas de
los Comités Consultivos para la Descentralización Educativa,
en donde el presidente de cada comité era el gobernador de
166
cada estado, integrado además por representantes de la Se-
cretaría de Educación Pública, de la Secretaría de Programa-
ción y Presupuesto, de las áreas educativas del Estado y de las
dependencias estatales financieras y de presupuestación.24 El
artículo tercero del mencionado decreto sentaba las bases de
la descentralización educativa, establecida en el Plan Nacional
de Desarrollo 1983-1988 que a la letra afirmaba:

Que la descentralización de la educación básica y normal cons-


tituye un proceso que comprende programas y acciones que
habrán de desarrollarse en diversas fases, habiéndose iniciado
con el decreto de este Ejecutivo Federal publicado en el Diario
Oficial de la Federación el 8 de agosto de 1983;
Que conforme a dicho Decreto se han instalado en varios
estados de la República Comités Consultivos para la Descen-
tralización Educativa, que han llevado a cabo estudios y análisis

23 Cecilia Greaves, «La búsqueda», p. 4.


24 «Decreto que establece los lineamientos a que se sujetarán las acciones de
Descentralización de los Servicios Federales de Educación Básica y Normal»,
disponible en http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=4659509&fecha=
20/03/1984&print=true (consulta el 12 de noviembre 2020)
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de los diversos factores jurídicos, pedagógicos y administrativos


que implica la descentralización educativa;
Que están avanzadas las consultas con los representantes del
Magisterio Nacional, para conocer sus puntos de vista respecto
de las cuestiones fundamentales y específicas que deberán te-
nerse en cuenta en el proceso de descentralización;
Que de esas consultas y de los requerimientos del sistema
educativo nacional ha resultado la necesidad de avanzar en ese
proceso a fin de que cada vez, en mayor medida, los estados de
la República vayan asumiendo las funciones de administración
de los servicios de educación básica y normal que actualmente
presta la Federación;
Que para este fin conviene establecer mecanismos de coor-
167 dinación entre los servicios federales de educación básica y nor-
mal y los respectivos sistemas estatales, en los casos que éstos
existan, lo cual resulta indispensable, además, para planear y
satisfacer mejor los requerimientos educativos de cada entidad
federativa;
Que la eficiencia y calidad de la enseñanza pueden mejorar-
se con una mayor participación de los gobiernos locales y de la
comunidad en la educación básica y normal que imparte el Go-
bierno Federal;
Que, en el imperativo de salvaguardar los derechos indivi-
duales y colectivos de los trabajadores de la educación, se con-
serva su régimen laboral en términos de las disposiciones fede-
rales relativas y se mantienen sus derechos y prestaciones. 25

Este acuerdo sentaba las bases de la descentralización de la


educación en el país, la cual delimitó las atribuciones tanto de
gobierno federal, como para los gobiernos de los estados, esta-
blecido en el artículo tercero del citado acuerdo, el cual cito a
continuación:

25 «Decreto que establece», p. 5.


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ARTÍCULO 3o. Las medidas que para la descentralización edu-


cativa vayan requiriéndose específicamente en cada entidad fe-
derativa, con respecto a la educación básica y normal, se apega-
rán a las siguientes bases:
I.- La garantía explícita de que prevalecerán los principios
que para la educación determina el artículo 3o. constitucional y
la Ley Federal de Educación;
II.-La Secretaría de Educación Pública continuará ejerciendo
sus facultades en lo referente a la formulación de planes y pro-
gramas para toda la República, así como en lo relativo al control,
supervisión y evaluación del sistema educativo nacional;
III.-Se convendría que los servicios federales de educación
básica y normal mantengan su presente régimen jurídico y ad-
168 ministrativo;
IV.-Los trabajadores de la educación de los niveles a des-
centralizar conservarían su relación laboral con la Secretaría de
Educación Pública y vigentes sus derechos individuales y colec-
tivos, en los términos de la Ley Federal de los Trabajadores al
Servicio del Estado y las Condiciones Generales de Trabajo y se
mantendrían las relaciones laborales entre los gobiernos de los
estados y sus trabajadores de la educación, y
V.-La Comisión Mixta de Escalafón y la Comisión Mixta de
Cambios seguirán funcionando conforme a sus respectivos re-
glamentos y disposiciones administrativas procedentes, sin me-
noscabo de los estudios que se emprendan para su ordenación y
reestructuración.26

Lo ya mencionado, estableció las bases para que la federación


pusiera a disposición de los gobiernos de los estados los recur-
sos necesarios, tanto financieros como materiales, con la finali-
dad de dar cabal cumplimiento a la descentralización de la edu-
cación y concretar la obligatoriedad de la educación primaria

26 «Decreto que establece», p. 5.


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y secundaria para todo el segmento de población entre los seis


y los quince años.
Según Moctezuma Barragán la descarga operativa que
realizó la federación con la descentralización educativa sig-
nificó la posibilidad de otorgar una mayor atención a los as-
pectos sustantivos de la educación, tales como: normatividad,
evaluación, desarrollo armónico entre entidades federativas,
asegurar el carácter nacional de la enseñanza, elaborar planes
y programas de estudio y libros de textos gratuitos, ampliar co-
bertura, mejorar la calidad y establecer programas compensa-
torios en lugares con alto rezago educativo.27

Naturaleza de la modernización educativa


169
de 1992
Uno de los ejes de la modernización educativa fue la descen-
tralización, compleja labor donde se involucraron, tanto el go-
bierno federal como los estatales. Como ya se mencionó con
anterioridad, el proyecto modernizador también contempló la
modificación de la relación Estado-Iglesias ya que, a considera-
ción de los tecnócratas en el gobierno, el texto constitucional
heredado desde 1917 imponía serias restricciones para que las
asociaciones religiosas intervinieran en el ámbito educativo.
El artículo 130 señalaba: «La ley no reconoce personalidad al-
guna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias. Los
ministros de los cultos serán considerados como personas
que ejercen una profesión y estarán directamente sujetos a las
leyes que sobre la materia se dicten».28 Al no contar con per-
sonalidad jurídica, las iglesias estaban impedidas a fundar y

27 Esteban Moctezuma Barragán, La educación pública frente a las nuevas realidades.


La visión de la Modernización de México, México, Fondo de Cultura Económica,
1993, pp. 17-24.
28 Texto original del artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, 1917. Disponible en https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/
libros/6/2802/8.pdf (consultado el 12 de noviembre 2020)
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operar centros educativos, aunque lo cierto es que el Estado


mexicano permitía esto con total disimulo. con el objeto de
reconocer una realidad palpable, y para modernizar al país,
el gobierno federal preparó las condiciones para reformar el
citado artículo, que a partir de 1992 quedó como sigue: «Las
iglesias y las agrupaciones religiosas tendrán personalidad ju-
rídica como asociaciones religiosas una vez que obtengan su
correspondiente registro. La ley regulará dichas asociaciones y
determinará las condiciones y requisitos para el registro cons-
titutivo de las mismas».29
Los cambios a la Constitución en materia religiosa se
inscriben dentro de la tradición de lo que Soledad Loaeza de-
nominó «reformismo autoritario» es decir, fue una decisión
170
del presidente derivada de un proyecto modernizador que se
impulsó desde la cúpula del poder, apoyado por autoridades
públicas.30 Dentro de este contexto, los representantes de la
iglesia católica de la década de 1990 fueron manifestando de
forma sistemática, clara y concreta sus objetivos para impul-
sar su propio proyecto cultural y de esta forma incrementar su
participación en la sociedad civil y por ende en la educación.
En este contexto Carlos Salinas de Gortari llamó a superar la
situación de simulación y complicidad equívocas ante lo que
se imponía como una modernización de las relaciones del Es-
tado con las Iglesias y a buscar mayor correspondencia entre
el comportamiento cotidiano de la población y las disposicio-
nes legales. De tal manera que la reforma educativa y la refor-

29 «Decreto por el que se reforman los artículos 3o., 5o., 24, 27 130 y se adiciona
el artículo decimoséptimo transitorio de la Constitución Política de los Estados
Unidos Unidos Mexicanos», en Diario Oficial de la Federación, 28 de enero de
1992. Diponible en http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=4646748&
fecha=28/01/1992 (consulta realizada el 27 de octubre de 2020).
30 «Caracterización general de la educación media superior», Universidad
Nacional Autónoma de México, disponible en
http://madems.posgrado.unam.mx/portada/antecedentes.pdf (consultado el 20 de
septiembre 2020).
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ma eclesiástica, ambas efectuadas en 1992, estuvieron ligadas


íntimamente; por lo tanto, la modernización educativa fue
el resultado de un proceso histórico que se intentó legitimar
como una necesidad de involucrar al mayor número de actores
sociales en la esfera de la educación. Todo lo anterior basado
en cuatro aspectos fundamentales: cobertura, calidad, finan-
ciamiento y capacitación profesional a los docentes. Dentro
de este proceso destacan dos aspectos fundamentales: por un
lado, se buscó el reconocimiento jurídico de las iglesias, y por
el otro, asegurar dentro de un marco legal, su participación en
la educación básica.31
Según Juan José Carrillo Nieto,32 fue con las reformas de
1992 y 1993 cuando el Estado imprimió un sesgo modernizador
171
a la educación. En el decreto de reforma constitucional núme-
ro 121 se modificaron los artículos 3º, 5º, 24, 27 y 130. En lo con-
cerniente al artículo 3º, la reforma permitió a los ministros de
culto y las asociaciones religiosas participar en la impartición
de la educación, asimismo, significó la eliminación del derecho
del Estado para revocar las autorizaciones de impartir educa-
ción en cualquier momento y sin que existiese algún recurso
que procediera contra dicha decisión, por lo que se abrió la vía
de los recursos en materia de educación contra las revocacio-
nes (exigiendo su motivación y fundamentación).33
Si bien, tras la reforma de 1946 al artículo tercero consti-
tucional, la fracción IV reforzó la prohibición de las corpora-
ciones religiosas, los ministros de culto y las asociaciones por
acciones para intervenir en los planteles en que se impartiera
educación primaria, secundaria y normal, así como la destina-
da a obreros y campesinos, con el decreto de reforma constitu-

31 «Caracterización general», p. 9.
32 Juan José Carrillo Nieto, «La transformación del proyecto constitucional
mexicano en el neoliberalismo», disponible en http://www.scielo.org.mx/pdf/
polcul/n33/n33a6.pdf (consulta el 20 de noviembre de 2020).
33Juan José Carrillo Nieto, «La transformación».
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cional de 1992, se eliminó esta prohibición señalando en ade-


lante, que los planteles particulares dedicados a la impartición
de la educación debían cumplir con los planes y programas de
estudio oficiales. A partir de que se retiró dicha prohibición
constitucional, es posible contemplar la participación de los
ministros de culto y las asociaciones religiosas en la imparti-
ción de la educación primaria y secundaria.
En ese entonces Esteban Moctezuma Barragán, escribía
en su libro La educación pública frente a las nuevas realidades.
Una visión de la Modernización de México, que, a través de la
educación, el país se construía cotidianamente. De acuerdo a
este autor, la educación llega a lo más profundo de una socie-
dad y de un pueblo; así señalaba el camino que ésta habrá de
172
recorrer, marcaba la velocidad de su avance, incorporaba los
consensos para que sus miembros transitaran hacia objetivos
comunes. De esta forma, la educación era tan importante, que
hacía posible el conocimiento, la investigación, el análisis y,
por tanto, se convertía en custodia del proyecto que la nación
ha heredado, en consecuencia, buscaba impulsar y consolidar
en el futuro la sociedad y sus valores. Aunados a los esfuer-
zos por ampliar la cobertura de este nivel, también se empren-
dieron acciones para mejorar su calidad, entendida ésta como
proceso de eficiencia y eficacia. En este sentido, el nuevo plan
de estudios del bachillerato general es una clara muestra de
esta voluntad de eficiencia. Con ello se pretendía ofrecer una
educación que posibilitara una adecuada integración del edu-
cando a la sociedad, además de contar con una estructura cu-
rricular única que diera cabida a las necesidades regionales.34
Sobre este último punto, con el fin de modificar el plan de
estudios del subsistema de bachillerato general se realizaron
acciones tales como:

34 Esteban Moctezuma Barragán, La educación pública, pp. 184-185.


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a) Una consulta nacional dirigida a distintos sectores sociales, acerca


de lo que se considera necesario en la formación de todo bachiller;
b) La revisión de los procesos de administración del currículum a fin
de agilizar los trámites;
c) La organización de reuniones regionales y nacionales para dar a co-
nocer y establecer consensos sobre la nueva estructura del plan de
estudios a nivel nacional.
d) El inicio de la operación del nuevo plan de estudios a nivel nacional
fue el ciclo escolar 93-94.35

Para el caso particular de Zacatecas, en la intervención del Pro-


fesor y Lic. José Gutiérrez Vázquez, entonces Director General
de los Servicios Coordinados de Educación Pública en la enti-
173 dad, éste expresó en febrero de 1989 en el marco de la Consulta
Estatal para la Modernización de la Educación:

Nuestro tiempo exige la impostergable participación decidida de


todos los sectores sociales: maestros, padres de familia, hombres
de ciencia, empresarios, campesinos y obreros, para que juntos
ofrezcamos nuestra experiencia y alternativas de solución, y así
soportar y dar sustento al Programa Nacional para la Moderni-
zación Educativa, es urgente ofrecer un servicio de calidad, que
responda a las necesidades y retos de nuestro tiempo: hablar el
mismo idioma con los adelantos científicos y tecnológicos, pro-
ducto de procesos de investigación adecuados.36

El entonces presidente de la república Carlos Salinas de Gor-


tari, señalaba que la modernización era para mejorar la infraes-
tructura del aparato educativo, para poner al día los métodos y
contenidos, para vincular el Sistema Educativo en su interior

35 Esteban Moctezuma Barragán, La educación pública, p. 185.


36 José Gutiérrez Vázquez, Consulta estatal para la Modernización de la Educación,
Zacatecas, Secretaría de Educación Pública, 1989, pp. 10, 12, 16.
y con el aparato productivo, para unir a la comunidad con su
escuela y, sobre todo, para mejorar las condiciones profesiona-
les y materiales de los maestros, elevando la competitividad de
los mexicanos, que era una exigencia en el mundo, al tiempo
que ampliaría las bases de justicia, elemento esencial de la so-
beranía.37
Durante la década de los años 90, en Zacatecas existían
diversos subsistemas que ofrecían la modalidad de educación
media superior, tal es el caso de la Universidad Autónoma de
Zacatecas, según el decreto 496 de la Legislatura del Estado de
Zacatecas fechado el 17 de agosto de 1968,38 el Colegio Nacional
de Educación Profesional Técnica (CONALEP) fundado el 29
de diciembre de 1978, según el decreto de creación publicado
en el Diario Oficial de la Federación;39 el Colegio de Estudios
Científicos y Tecnológicos del Estado de Zacatecas con fecha
de 29 de agosto de 1998;40 la Dirección General de Educación
Tecnológica Industrial (DGETI), según el acuerdo de creación
publicado en el Diario Oficial de la Federación el 16 de abril de
1971.41 Dichos subsistemas resultaban insuficientes para aten-
der a la población zacatecana que tenía entre los 15 y 19 años,
aspecto contradictorio con las pretensiones de la Moderniza-
ción Educativa.

37 «Perfiles de desempeño para preescolar, primaria y secundaria, 1989-1994»,


México, Consejo Nacional Técnico de la Educación, 1993, p. 28.
38 Universidad Autónoma de Zacatecas «Manual de Organización de Rectoría»,
disponible en https://www.medicinahumana-uaz.org/uploaded/normatividad/
secundaria/_ManualOrganizacionUAZ.pdf (recuperado el 4 de noviembre 2020).
39 Secretaría de Educación Pública, «Decreto que crea el Colegio Nacional
de Educación Profesional Técnica», Diario Oficial de la Federación, https://
www.con alep.e du. mx/nor mat eca/nor mat iv idad_i nt e r n a/ D o c u me nt s/
decretodcreacion.pdf (recuperado el 4 de noviembre del 2020).
40 CECyTEZ, «Acuerdo de Creación», disponible en http://www.cecytezac.edu.
mx/pdf/a_crea_cecytez.pdf (recuperado el 4 de noviembre 2020).
41 DGETI, «¿Qué es la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial?»,
diponible en https://www.gob.mx/sep/acciones-y-programas/direccion-general-
de-educacion-tecnologica-industrial-dgeti#:~:text=El%2016%20de%20Abril%20
de,se%20integran%20a%20ella%20los (recuperado el 4 de noviembre 2020).
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Conclusiones
Cada reforma, cada adición, cada cambio que se realiza a la ley,
trae consigo una ola de transformaciones significativas en la
sociedad, especialmente en el tema de nuestro interés. En lo
relativo a la reforma de varios artículos constitucionales que
se llevó a cabo en el año de 1992, es posible apreciar que las mo-
dificaciones planteadas repercutieron en la realidad educativa
del país: se estableció como hoja de ruta la calidad en los ni-
veles educativos de educación básica; comenzó un ambicioso
plan de formación inicial docente y capacitación magisterial;
el otrora rígido laicismo abrió la puerta para que las iglesias
intervinieran de manera explícita en la educación y se modi-
ficaron los planes, programas, enfoques y contenidos de pre-
175
escolar, primaria, secundaria y nivel medio superior. Todo lo
anterior, en aras de modernizar la educación en México y con
ello, preparar las condiciones de competitividad internacional
que llevarían a nuestro país a insertarse en el selecto grupo de
las naciones desarrolladas.
Desafortunadamente para México, la realidad nos alcanzó.
En 1994 ocurrieron una serie de acontecimientos que fueron
consecuencia de haber sembrado en la mar. El asesinato del
candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucio-
nal, Luis Donaldo Colosio; el levantamiento del Ejército Za-
patista de Liberación Nacional; la aparición del fantasma de la
crisis económica; la evidente destrucción del tejido social, solo
por citar algunos elementos, contribuyeron a que el ANMEB
avanzara dando tumbos, convirtiéndose esta ambiciosa refor-
ma educativa en una caricatura de la forma en que se planteó
originalmente.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

FUENTES

Bibliográficas
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Digitales
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CECyTEZ «Acuerdo de Creación», http://www.cecytezac.edu.mx/pdf/a_
crea_cecytez.pdf
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, http://www.diputa-
177
dos.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_080520.pdf
Decreto que establece los lineamientos a que se sujetarán las acciones de
Descentralización de los Servicios Federales de Educación Básica
y Normal, http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=465950
9&fecha=20/03/1984&print=true
DGETI ¿Qué es la Dirección General de Educación Tecnológica Indus-
trial? https://www.gob.mx/sep/acciones-y-programas/direccion-
general-de-educacion-tecnologica industrialdgeti#:~:text=El%20
16%20de%20Abril%20de,se%20integran%20a%20ella%20los
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julio de 1993, https://www.senado.gob.mx/comisiones/hacienda/
docs/Magistrado_TFJFA/OAEC_LeyGeneralEducacion.pdf
Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994, publicado en el Diario Oficial de
la Federación el 31 de mayo de 1989, http://www.diputados.gob.mx/
LeyesBiblio/compila/pnd/PND_1989-1994_31may89.pdf
Secretaría de Educación Pública «Decreto que crea el Colegio Nacional
de Educación Profesional Técnica. Diario Oficial de la Federación,
https://www.conalep.edu.mx/normateca/normatividad_interna/
Documents/decretodcreacion.pdf
Texto original del artículo 130 de la Constitución Política de los Esta-
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

dos Unidos Mexicanos, 1917, https://archivos.juridicas.unam.mx/


www/bjv/libros/6/2802/8.pdf
Universidad Autónoma de Zacatecas «Manual de Organización de Rec-
toría», https://www.medicinahumana-uaz.org/uploaded/normati-
vidad/secundaria/_ManualOrgani zacionUAZ.pdf

178
Las cartas edificantes de la Compañía
de Jesús: fuentes para un acercamiento a
la historia de la ciencia

Erika Yadira Méndez Soriano1

C
omo bien es sabido, la Compañía de
Jesús fue reconocida como orden
religiosa por el Papa Paulo III el 27
de septiembre de 1540, a partir de
entonces se dedicó a misionar y evangelizar por
todo el mundo, obedeciendo a su cuarto voto que
es OBEDIENCIA AL PAPA, quien los envió a
predicar el Evangelio.
Y como consecuencia de esa evangelización
por todo el mundo, los misioneros jesuitas se
dieron a la tarea de realizar informes de todas las
misiones que tuvieron en los lugares más lejanos
y desconocidos, a éstos se les daría el nombre de
cartas edificantes o curiosas, en las que describie-
ron, a partir de la geografía, la etnografía, la antro-
pología, la historia, la cartografía, la astronomía,
la zoología y la botánica todas sus misiones. Es
de destacar que los jesuitas no solo se dedicaron
a cuestiones religiosas ni de catequización de los
aborígenes, sino que dentro de estas actividades
se daban el tiempo suficiente para realizar activi-
dades científicas como las mencionadas.

1 Doctora en Estudios Novohispanos, yadira_mendez2015 hotmail.


com
180
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Y precisamente para darnos una idea más precisa de estos


documentos tan importantes, diremos lo siguiente:

La producción literaria e impresa no sólo venía de los académi-


cos jesuitas de universidades y colegios europeos, sino también
de los misioneros quienes, poco después de la fundación de la
orden en 1540, iniciaron la obra evangelizadora en prácticamente
todos los confines del mundo. Estos misioneros, en sus cartas
anuas [en las que relataban el estado de su misión], en sus in-
formes, memoriales, observaciones y demás reportes, dejaron
fuentes valiosas, muchas de ellas únicas para estudios futuros
de geografía, etnografía, historia, lingüística, zoología, botáni-
ca y astronomía, entre muchas otras disciplinas. Aunque algu-
181 nas colecciones de cartas, especialmente las de las misiones de
la India, China y el Japón, aparecieron en decenas de ediciones
impresas, desde la última mitad del siglo XVI y a lo largo del
siglo XVII, muchas de ellas fueron recopiladas, junto con cartas
escritas desde el Continente Americano […].2

Como bien lo expresa Miguel Mathes, las cartas edificantes


son fuentes para estudios desde diferentes ciencias, depende
del tipo de investigador que se acerque a ellas. En nuestro caso
creemos que pueden coadyuvar a fundamentar la historia de
la ciencia, porque así nos damos cuenta de lo que indagaron y
encontraron los jesuitas a esos lugares.

Biblioteca de Colecciones Especiales


Elías Amador
Impresos
VV. AA., CARTAS EDIFICANTES Y CURIOSAS ESCRITAS

2 Miguel Mathes, «Cartas de jesuitas de las Californias 1697-1767», en Artes de


México. Misiones jesuitas en México, nú. 65, México, Artes de México, 2003.
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DE LAS MISIONES EXTRANJERAS Y DE LEVANTE POR


ALGUNOS MISIONEROS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS Y
TRADUCIDAS POR EL PADRE DIEGO DAVIN de la misma
Compañía, TOMO DECIMOTERCIO, CON PRIVILEGIO,
EN MADRID: En la Imprenta de la VIUDA DE MANUEL
FERNÁNDEZ: y del Supremo Consejo de la Inquisición Año
MDCCLVI, pp. 39-46.

CARTA
DEL PADRE CALMETTE
Misionero de la Compañía de Jesús:
AL SEÑOR DE CANTIGNY, Intendente General de las Ar-
madas de Francia
182
Vencatignaty en el Carnate, 24 de Enero de 1733.
PAX CHRISTI

SEÑOR.
El afecto con que me honra Vuestra Señoría y el interés, que
toma en lo perteneciente a las Misiones, que hemos establecido
en esta parte de la India, no me permiten pasar ocasión alguna,
sin manifestarle el más vivo reconocimiento. Treinta años hace
que formaron los jesuitas Franceses Misión del Reino Carnate, y
que la cultivan, tomando por modelo la Misión de Madure. Se ex-
tiende ya más de doscientas leguas, contando desde Pontichery,
que es su piedra fundamental, hasta Buccapuram, en la altura de
Masulipatan, el último establecimiento que hemos hecho. Te-
nemos dieciséis iglesias tierra adentro, para el uso de los Misio-
neros; y dos en las Colonias, que tienen que tienen los France-
ses en Pontichery y Ariancoupan. El Padre Vicary, conocido de
Vuestra Señoría, que muchas veces me pidió, que le presentase
sus rendidos respetos, trabaja con mucho celo en estas iglesias.
Somos seis misioneros en este País Infiel: otros dos se dispo-
nen a entrar en él. Al mismo tiempo, en el Reino de Vengala, se
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abre un campo inmenso para establecer una nueva Misión en


todo el Norte de la India. Nos llama el Príncipe Orixa, otro Prín-
cipe más poderoso en el Industan, de la Casta de los Raxas, astró-
nomo hábil: combina, y con instancias pide a los Misioneros de
Vengala, que entren en sus Estados, donde desea establecerlos.
Es el Príncipe Astrónomo bastante hábil, y se puede juzgar
de su ciencia por las preguntas, que tiene ya hechas a los Mi-
sioneros; y son las siguientes: En primer lugar, de dónde nace
la diferencia que se halla entre la longitud de la Luna, observa-
da y el cálculo hecho según las Tablas del Señor de la Hire, las
cuales hizo traducir. Esta diferencia es casi de un grado; y no
obstante los instrumentos con que se han hecho las observacio-
nes son grandes y exactos y las observaciones fueron hechas con
183 todo el esmero posible. ¿Se hallará acaso esta diferencia, respec-
to del meridiano de París? Segundo: ¿se hallan Tablas, que den
los movimientos de la Luna perfectamente conformes con las
observaciones? Si se hallan ¿quién es su autor, y qué hipótesis
astronómica se sigue? Tercero ¿qué hipótesis ha seguido el Se-
ñor de la Hire, y con qué operación Geométrica ha compuesto
sus Tablas de los movimientos de la Luna? Cuarto: ¿como ob-
servación en Europa la Longitud de la Luna, cuando está fuera
del meridiano, y con qué instrumentos? Quinto: ¿en qué funda
el nombrado Matemático su tercera ecuación de los movimien-
tos de la Luna, y cómo podrá reducirla a hipótesis, y calcularla
Geométricamente?
El Padre Boudier, a quien se dirigen estas preguntas, es hábil
en esta materia, y ha hecho en Bengala muchas observaciones
muchas observaciones, y sobre ellas nuevas Tablas Astronómi-
cas, y las tiene por más exactas, que las que se han hecho hasta
ahora: se funda en la diferencia, que ha descubierto de la decli-
nación de la Eclíptica.
Estamos, pues, en ánimo que el Padre Boudier, acompañado
de otro Misionero, que por su poca salud tiene que salir de esta
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Misión, vaya a verse con el Príncipe, y después de satisfacerle


sobre la Astronomía examine, qué ventaja puede sacar la Reli-
gión de la protección del Príncipe, y en qué disposición están los
pueblos; porque en éste País, como en la China, pueden ser las
Ciencias los principales Instrumentos, de que se sirve Dios para
la propagación de su Iglesia: a la Verdad, no son las Ciencias
manantiales de agua viva que faltan hasta la vida eterna; pero en
la mano de Dios llegan a ser el conducto de ella, y los Grandes
de la India no apagan su sed sino en la misma boca del canal.
Si nos procuran estos pasos el establecimiento de una Misión,
tendremos como bloqueada la India; porque mientras nosotros
avanzamos desde el Cabo de Comoria, hacia el Norte, tirando
al Mediodía los Misioneros de Bengala, para juntarse con no-
184 sotros, formaremos una Misión, que tendrá de largo quinientas
Leguas. Esta es la viña, que Dios confía a nuestros sudores, y
cultivo.
Habiendo el Rey Tomado la determinación de formar una
Biblioteca Oriental, nos ha hecho la honra el Señor Abate Big-
non, Director de la Academia, de encargarnos, que busquemos
los libros Indios. Saca ya la Religión mucho fruto de nuestra di-
ligencia; porque habiendo por este medio adquirido los libros
esenciales, que son como la Armería, Arsenal del Paganismo, sa-
camos de ellos armas para combatir los Doctores de la Idolatría,
y sus heridas son siempre las más profundas.
Son estos Libros, su filosofía, su teología, y principalmente
los cuatro Vedam, que contienen la Ley de los Bramenes. Está
la India en posesión inmemorial de mirarlos como Libros Sa-
grados; Libros de una autoridad irrefragable, y dados por Dios
mismo: tal es su creencia.
Desde que hay Misioneros en la India, no les fue posible a
ver a la mano una Obra tan respetada. En efecto, jamás la hubié-
ramos logrado sino tuviéramos algunos Bramenes Cristianos,
no conocidos por tales entre ellos. Nunca la hubieran comuni-
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

cado a los Europeos, y mucho menos a los enemigos de su Re-


ligión; pues exceptuando su Casta, no comunican este Libro a
otro alguno. Es delito a un Bramen vender, o prestar el Libro
de Ley a otro, que no sea Bramen; y la razón es, porque forman
los Bramenes en la India el Orden Sacerdotal, y miran a los de-
más hombres como profanos: temen privar el Libro de aquel alto
carácter de respeto, que imponen a los Pueblos; y llega a tanto,
que ofrecen sacrificios al Libro, y lo ponen en el número de los
Dioses.
Lo más extraño es, que los mismos que son los Depositarios
de la Obra, no comprenden su sentido; porque está escrita en
una Lengua muy antigua, llamada Samauseroutam; la cual es fa-
miliar a los Sabios, como la Lengua Latina entre nosotros; pero
185 no solo alcanza, ni para el sentido, ni para las palabras, sin el
socorro de su gran comentario. Los que estudian este último Li-
bro, son tenidos por Sabios de primera clase; y saludados por los
otros Bramenes, corresponden echándoles su bendición.
Hasta ahora hemos tenido poca comunicación con esta clase
de Sabios; pero llegando a su noticia, que entendemos sus libros,
y su lengua sabia, comienzan a visitarnos; y como están mejor
instruidos, y con mejores luces, que los otros, disputan con me-
jor método, y se convencen más fácilmente de la verdad, cuando
no tienen razón sólida que oponer a lo que les enseñamos. No
por eso se rinden a la verdad, que conocen; porque en todos los
siglos eligió Dios los sencillos, y los flacos, para confundir a la
sabiduría, y el poder del mundo. Sin embargo no cesamos de
disputar con ellos en la persuasión, de que no se limita el fruto
de la paciencia a solo aquellos que son dóciles a las verdades del
Evangelio; y que una de las causas más esenciales del progreso
de la fe, es desacreditar la Gentilidad, reduciéndola a silencio en
la disputa forzándola en mil ocasiones a confesar su error, obli-
gándola a ocultarse en sus secretos ejercicios, y reduciéndola a
menos en donde tenemos iglesias. no recogemos siempre la me-
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jor parte de lo que sembramos: está reservada para el tiempo de


las misericordias del Señor, en que se conmoverán los Pueblos, y
se convidarán los unos a los otros a venir en tropa al Lugar San-
to, según la expresión del Profeta Isaías: Venite ascendamus ad
montem Domini,* docevit nos vias suas,* ambulabimus in semitis ejus.
En este sentido, decía un Misionero de la China, que había
venido a Pontiche, que cuando un misionero no hiciese más que
edificar una Iglesia, en un Pueblo, donde Dios no era conocido,
Había hecho tan gran bien, que debía dar por bien empleados,
todos sus trabajos. No nos hallamos en tan estrechos límites,
porque acompaña la gracia de Dios la predicación de su palabra.
Tenemos Misioneros en el Carnate, que cuentan en su Feli-
gresía cerca de diez mil Cristianos; y las Misiones, que son más
186 antiguas, y más cercanas al Maduré son mucho más numerosas:
otras nuevamente establecidas, dan las más bellas esperanzas
con su fervor, y celo; y entre otras, la de Bouccaparam.
Dios, para demostrar, que es Obra suya la Iglesia de los In-
dios, no la ha privado del don de milagros, como tampoco de
contradicciones: la gracia de milagros es constante, y ordinaria
en el poder que tienen los Cristianos de echar los demonios so-
bre los Idólatras un poder, que no tienen sobre el Pueblo Cristia-
no. pocos años de experiencia nos convencen sobre este Artícu-
lo, y lo que con mucha frecuencia vemos con nuestros ojos, nos
sirve de gran consuelo; y nos aficiona más, y más, a una Misión,
en que se manifiesta Dios de un modo tan singular.
He hablado de las Iglesias, que son del uso de los Misioneros:
muchas otras Casas tienen el mismo nombre, porque sirve para
que se junten los Fieles todos los días, y principalmente los que
son de guardar.
En ellas un catequista; después de la Oración, hace una
Plática, reza las Oraciones, que suelen decir durante la Misa,
compone los negocios de los Fieles, apacigua sus diferencias, da
penitencias, y también excluye de las Juntas a los que cometen
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algún escándalo. Di licencia, pocos día[s] ha, a un Cristiano de


construir una de estas Capillas, y acostumbramos darla a los que
son de la Casta de los Parias; la cual es más vil, y también la más
abundante en Cristianos. Quiere Dios que ahora, como antigua-
mente, sean los pobres la primera piedra de su Iglesia: Pauperes
Evangelizatur. Entre estos pobres formó el Gobernador Maho-
metano de Velour una Compañía de Soldados Cristianos, y no
los reconoce por tales, si no llevan el Rosario al cuello.
Tal es, Señor, el estado presente de Nuestras Misiones en
el Reino de Carnate. Podré con el tiempo extenderme en su re-
lación, porque conozco lo mucho que se interesa en la propa-
gación de la fe en estas tierras de Infieles; y deseo, cuanto me
es posible, darle pruebas del profundo respeto, con que quedo,
187 etcétera.
CAZADORES FURTIVOS
189
Gustavo Pérez Rodríguez,
Xavier Mina, el insurgente español. Gue-
rrillero por la libertad de España y México,
México, UNAM, 2018.

Por Mariana Terán Fuentes1

El guerrillero y la libertad

V
enerable padre mío: dentro de tres ho-
ras estaré en el mundo de la verdad,
este es el tiempo que se me da para
disponerme a morir cristianamente
en manos de los soldados subordinados de Fernando,
después de haber trabajado lo que toda la nación sabe
para rescatar la corona que en Bayona dejó a disposi-
ción de Napoleón Bonaparte. Padre mío, no se olvide
de que esta será la última pesadumbre que le dará su
hijo que lo ama. Este fue el último testimonio escri-
to del guerrillero Xavier Mina antes de ser fusila-
do por traidor el 11 de noviembre de 1817.
Gustavo Pérez ofrece una minuciosa recons-
trucción histórica sobre la vida de Xavier Mina a
través de la búsqueda y hallazgo de ricas fuentes
de información. El eje de su investigación es la li-
bertad, y la guerrilla como medio para alcanzarla;
lo que un joven navarro entendió, asumió y de-

1 Doctora en Historia, docente investigadora de la Unidad


Académica de Historia, Universidad Autónoma de Zacatecas,
[email protected]
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fendió en una etapa marcada por conmociones políticas, deba-


tes por la soberanía, la usurpación de Napoleón a la península
Ibérica, el regreso del absolutismo, la lealtad y la traición a la
patria y la órbita de la libertad.
El autor muestra los años de intenso aprendizaje del joven
Mina sobre las estrategias políticas y militares de Napoleón,
las luchas por la supremacía del poder, la vorágine en que se
sucedieron los acontecimientos en España entre 1808 y 1816,
las abdicaciones de la Corona, la península levantada en ar-
mas. La reconstrucción de la vida de Mina en este volumen
da cuenta de cómo el ambiente bélico orilló al navarro a su-
marse al levantamiento de Zaragoza, abandonar su formación
académica y participar en la lucha guerrillera inspirada desde
190
las reacciones populares, desconociendo las tácticas de guerra.
Como sostiene el autor, de iniciarse con manifestaciones espo-
rádicas, la guerrilla terminó por representar un movimiento de
lucha y resistencia social.
Los movimientos rápidos y efectivos de Mina en redes de
espionaje, sus contactos que le permitieron aprendizajes y po-
sibilidad de nuevos vínculos políticos y sus primeros triunfos,
le dieron un creciente reconocimiento como jefe guerrillero.
Se empezó a hablar de su capacidad y liderazgo, fue temido, al
mismo tiempo admirado y cada vez más estrechamente vigi-
lado. Sus sorpresivas actuaciones en la guerrilla, tal como lo
explica Gustavo Pérez, dieron cuenta de la rapidez con la que
actuó, de su capacidad de sacrificio, de la formación improvisa-
da de grupos subordinados bajo su mando, de su instinto por
orientar las acciones, saber reconocer el momento de la reti-
rada e ir formando su propia bitácora de guerra. Esto le dio la
posición de líder, apodado El Estudiante.
Por más que el tío de Xavier le advirtiera que de seguir ese
camino, la horca sería su destino, su ánimo no medró. Partici-
pó en varios enfrentamientos contra los franceses ganándose
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

el apoyo de distintos sectores sociales; sus numerosas victorias


fueron conocidas gracias a la prensa que no dudó en llamarlo
verdadero patriota, célebre por sus correrías contra el enemi-
go: «son muchos los franceses que han ido cayendo en las ma-
nos de este joven singular» publicó el Diario de la Ciudad de
Lérida. Tal fue su incidencia en la guerrilla contra los france-
ses, que Napoleón ordenó fuera pasado por las armas «lo antes
posible».
La investigación de Gustavo Pérez, a través de la excelen-
te ilustración de varios mapas sobre las trayectorias del gue-
rrillero español y del relato sobre las denodadas batallas que
enfrentó, da luz de su sorprendente, rápido y efectivo movi-
miento en la guerrilla en España y Nueva España. Después de
191
su prisión en Francia y tras la derrota de Napoleón, Mina fue
reconocido como oficial liberal, posó para un grabado dentro
de la colección sobre retratos de generales y guerrilleros de la
Independencia. Sus pasadas glorias, el cautiverio y las leccio-
nes de guerra fortalecieron su convicción para continuar su
lucha por la libertad.
La mirada del autor responde a un planteamiento dialéc-
tico de la trayectoria de un hombre y sus complejas circunstan-
cias; un hombre entre dos Españas, entre dos congresos, entre
dos constituciones, entre dos crisis y dos revoluciones. Una
monarquía compuesta por dos hemisferios llamada nación
española (1812) y una nación americana independiente y con
soberanía para su autodeterminación (1814).
La decisión de Xavier Mina por enfrentar cualquier for-
ma asociada al absolutismo significó su principal marca. Des-
taco, en especial, la actitud de Mina ante el poder legislativo
congregado en Cortes en septiembre de 1810. La lucha por la
libertad también se estaba dando desde el recinto legislativo
al diseñar la división de poderes, la soberanía nacional, los lí-
mites al monarca, la estructura de la representación política y
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territorial. Se esperaba que Fernando VII jurara la Constitu-


ción, pero lejos de ello, la abolió en marzo de 1814. En cafés se
leyó «¡Españoles constitucionales! ¡La espada de la tiranía está
pendiente de un cabello sobre nuestras cabezas! ¡Pongamos la
Constitución sobre ellas!»
La libertad imaginada por Mina, motivo de sus luchas, es-
taba contenida en aquella constitución. Hace doscientos años,
en enero de 1820, el pronunciamiento del comandante Rafael
del Riego desde Cabezas de San Juan, obligó al restablecimien-
to del orden constitucional orillando al monarca a su juramen-
to. Sin embargo, como lo muestra Gustavo Pérez, ese pronun-
ciamiento fue preludiado por Mina en 1814 para promover un
levantamiento en Navarra exigiendo el restablecimiento de la
192
constitución «yo fui el primero que osó remitirle», reconoció el
guerrillero. Su plan era tomar la ciudad, llamar a Cortes, resta-
blecer la constitución y enviar comunicaciones a las provincias
para lograr sus adhesiones y respaldo.
En ese contexto, Miguel de Lardizábal lo invitó a ponerse al
mando de una división para combatir a las fuerzas insurgentes
en la Nueva España, pero en la respuesta de Mina se evidencia-
ba su interpretación respecto a la revolución liberal expresada
en la Constitución de 1812 y la guerra de insurgencia en Nueva
España: la causa que defendían los americanos no era distinta
de la que había llevado a la lucha el pueblo español. El rechazo
a la propuesta de Lardizábal fue una muestra de la adhesión de
Mina a la causa liberal constitucional, fuese en la península,
fuese en la América española. Al tiempo en que fracasaba el
intento de Mina por exigir el regreso de la Constitución, el Se-
cretario de Estado y de Despacho Universal de Indias advirtió
al general Calleja de la peligrosidad del guerrillero. La segunda
etapa de la guerra de insurgencia, definida por el liderazgo de
Morelos, el congreso de Chilpancingo y el Decreto constitu-
cional para la libertad de la América Mexicana cerraba con el
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

fusilamiento de Morelos en diciembre de 1815. La insurgencia


quedaba acéfala. El guerrillero, desde abril, se había refugiado
en Londres donde encontró eco con comerciantes, políticos,
militares, grupos masones, identificados, según nuestro autor,
como los principales centros organizadores de levantamientos
liberales contra Fernando. Pronto Mina se convenció que no
prosperarían estos esfuerzos en la Península, había que vol-
tear la mirada a América, a alguno de los reinos, ahí se podría
ver debilitado el poder del monarca; ahí podría encontrar su
propósito: «México es el corazón del Coloso y es de quien de-
bemos procurar con más ahínco la independencia. He jurado
morir o conseguirla». Entre sus contactos, fray Servando Te-
resa de Mier, el Marqués del Apartado, se dieron a la tarea de
193
organizar la expedición.
La tercera etapa de la guerra de insurgencia se ha expli-
cado en gran parte por la llegada de Xavier Mina a las costas
novohispanas y los vínculos que estableció con los focos in-
surgentes que aún se mantenían. Para el autor del volumen,
la posición de Mina fue la que otros líderes insurgentes como
Allende y Rayón adoptaron, la reconciliación de españoles li-
berales y criollos; unidad semejante a la llamada de Iturbide.
Unidad garantizada por una constitución liberal, opuesta a
cualquier expresión absolutista.
La retórica septembrina forjada en el orden republicano se
modeló por una narrativa de contrastes, la urgencia por formar
una identidad nacional basada en el culto a los héroes que die-
ron patria, se valió de metáforas y explicaciones que enfrenta-
ran dos mundos. La memoria de la independencia mexicana
oscureció tanto a los padres de la patria del 2 de mayo de 1808
como de los que se reunieron en la Isla de León en septiembre
de 1810. La explicación de la historia de la guerra a través de
oraciones cívicas y sermones sacro políticos ensalzaron la lu-
cha por la libertad, la que emprendió Hidalgo y continuó Mo-
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relos. El mito del Águila de Tenochtitlán como la síntesis his-


tórica y gloriosa del pueblo mexicano terminó por imponerse
en el ideario cívico republicano. En medio de ello, cómo se re-
cuperó la gesta de Xavier Mina desde la tribuna, el guerrillero
que, contra todo absolutismo, optó por la defensa de la Cons-
titución de Cádiz y el respeto a la Constitución americana.
A pesar de que la historia de un hombre como la del
guerrillero español nutriera la retórica nacionalista mexicana
colocando sus restos en el monumento a la Independencia al
lado de los iniciadores de la guerra, de los padres de la patria,
la misma retórica cívica republicana no dejó de reconocer la
coexistencia de los dos mundos en Mina que le dieron sentido
a su mundo.
194
En septiembre de 1832, el ministro de la Suprema Corte,
José Domínguez Manso, reconoció el carácter liberal del nava-
rro y el peso que tuvo en él la Constitución de 1812, «Apareció
Mina en nuestras costas en auxilio del partido liberal con el
solo fin de sostener aquí la constitución que conculcaron en
España los mismos que la habían formado».
Sin embargo, al año siguiente, en 1833, recuperando la
fuerza retórica del contrapunto, José de Jesús Huerta exclamó:

¡Mina! ¡Valiente y despreocupado Navarro! Ni tu origen ni los


malentendidos intereses de tus paisanos pudieron servirte […]
para hacerte mexicano. Tú dejaste a tu patria gimiendo entre las
cadenas que no alcanzaste a romper, y nosotros tuvimos el pla-
cer de comprenderte en el número de los atletas que combatían
por la libertad. Mina, señores, fue tan español como los déspotas
que nos oprimían, y Mina fue recibido con salvas y aclamacio-
nes de júbilo en el fuerte del Sombrero, y el nombre de Mina se
halla escrito con letras de oro en el catálogo de los mártires de
la patria.
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El retrato que ofrece Gustavo Pérez Rodríguez de Xavier Mina,


el guerrillero liberal, se basa en el ideario del insurgente. Su
causa fue la lucha de los españoles contra la ocupación france-
sa y la exigencia de restablecer la Constitución de 1812; cuando
se convenció que en el otro lado del Atlántico también se lu-
chaba por la libertad, hizo suya esa causa. El volumen elimina
los contrapuntos del mito del Águila de Tenochtitlán al reco-
nocer que el aprendizaje y práctica de los derechos civiles y
políticos podrían, con justicia, ser ejercidos por los habitantes
de España y los de América.

195
196
Carmen Fernández Galán Montemayor
(editora),
Descripción breve de la muy noble y leal
ciudad de Zacatecas, Madrid, Iberoameri-
cana Editorial Vervuert, 2018.

Por Marcelino Cuesta Alonso1

C
uatro años después de fundada la
localidad de Zacatecas, por indica-
ciones de la Real Audiencia de la
Nueva Galicia, a la que habían lle-
gado quejas por los abusos cometidos contra las
propiedades de algunos mineros, el oidor Hernán
Martínez de la Marcha visitó el balbuciente centro
minero en 1550, donde elaboró un padrón de habi-
tantes, minas y haciendas de beneficio, además de
proveer a la localidad de dos ordenanzas de mine-
ría y otras disposiciones para el aprovechamiento
de la mano de obra.2 Los datos que arrojó el pa-
drón revelan que en el primitivo caserío y sus al-
rededores había 154 minas, 54 haciendas de benefi-
cio, 30 casas de esclavos y aproximadamente 3500
habitantes.3 Martínez de la Marcha realizó una
1 Doctor en Historia, docente investigador de la Unidad
Académica de Historia, Universidad Autónoma de Zacatecas,
[email protected]
2 José Enciso Contreras, «Las Ordenanzas de Minería de 1550 para
la Nueva Galicia», en Anuario Mexicano de Historia del Derecho,
núm. 8, México, 1996, p. 94.
3 Véase Martín Escobedo y Marcelino Cuesta, Conocer para
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enumeración rigurosa de casas, habitantes, minas e ingenios.


Todo esto el objeto de poder luego dar un seguimiento a las
actividades productivas desarrolladas en Zacatecas y así poder
llevar a cabo la fiscalidad correspondiente.
Unos cuantos años después, el 15 de diciembre de 1562,
el cabildo local ordenó que se hiciese un levantamiento de
las haciendas donde se beneficiaba mineral en la serranía de
Zacatecas «para los gastos que se ofrecieren a esta república»,
resultando del ejercicio 36 establecimientos donde se refinaba
plata. El documento del cabildo también menciona el nombre
de cada propietario y, en ocasiones, el nombre de la hacienda.4
En el siglo XVII tenemos información de varias obras es-
critas por religiosos acerca de Zacatecas. En 1605 Alonso de
197
la Mota Padilla presentó un manuscrito titulado Descripción
geográfica de Galicia, Vizcaya y León.5 En 1612, fray Antonio
Vázquez de Espinosa, elaboró su Compendio y descripción de
las Indias Occidentales en donde nos proporciona datos sobre
Zacatecas y su región.6 Asimismo Domingo Lázaro de Arregui
en 1621 recopiló información muy parecida a la de Vázquez de
Espinosa, agregando solamente que la distancia de Zacatecas a
Guadalajara era de 40 leguas.7 Estas tres descripciones de Mota
Padilla, Vázquez de Espinoza y Arregui se caracterizan por ser
descripciones personales sin preocuparse por realizar una enu-

gobernar. Estadísticas de la Intendencia de Zacatecas, 1793-1820, Oviedo, IMD /


Universidad Autónoma de Zacatecas, 2014, pp. 22-25.
4 Véase «Memoria de las haciendas que hay en las minas de los Zacatecas», en
Eugenio del Hoyo, Pleito de mineros en Zacatecas, siglo XVI, edición, introducción y
notas de Thomas Hillerkuss, Zacatecas, Texere editores, 2016, pp. 243-245.
5 Alonso de la Mota Padilla, Descripción geográfica de Galicia, Vizcaya y León,
México, Instituto Nacional de Antropología e Historia / Secretaría de Educación
Pública, 1964, p. 334.
6 Antonio Vázquez de Espinosa, Compendio y descripción de las Indias Occidentales,
Smithsonian Miscellaneous Collections, vol. 108, Washington, Comité
Interdepartamental de Cooperación Científica y Cultural de los Estados Unidos,
1948, parágrafo 527.
7 Domingo Lázaro de Arregui, Descripción de la Nueva Galicia, Sevilla, Escuela de
Estudios Hispano-Americanos / Universidad de Sevilla, 1946, p. XXXIX.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

meración de minas o de haciendas de minería, sino más bien


recopilando información sobre la situación religiosa del terri-
torio.
Además de los padrones municipales y las descripciones
religiosas existen otros documentos elaborados por militares.
En 1725 y 1766, los oficiales Pedro de Rivera y Nicolás de Lafo-
ra, respectivamente, realizaron un viaje por las provincias sep-
tentrionales con el objeto de supervisar los presidios ubicados
en el septentrión novohispano. Zacatecas fue paso obligado de
ambos, por lo que en los diarios de cada uno, refieren el núme-
ro de habitantes de la ciudad, la cantidad de templos, colegios
y conventos, así como la abundancia de minas en la comarca.8
Otro informe realizado por otro militar fue el de Félix Ma-
198
ría Calleja quien, cumpliendo la orden del virrey Revillagige-
do de inspeccionar el estado de las milicias emplazadas en la
frontera de San Luis Colotlán, partió de la ciudad de México
el 12 de mayo de 1790, tocando en su travesía varios pueblos,
haciendas y villas de la intendencia de Zacatecas, suministran-
do preciosa información cuantitativa de Jerez, Fresnillo, Villa-
nueva, Apozol, Tabasco y Chalchihuites, entre otras localida-
des.9 Calleja preparó después una serie de tablas estadísticas
donde transformó en cifras todo aquello que observó. Estas
tablas estadísticas ya no describen, sino que registran y organi-
zan los datos en columnas y filas, plasmando la información de
manera gráfica. En el mismo sentido, la representación precisa
del territorio es importante, por eso Calleja incluyó un mapa

8 Consúltense Pedro de Rivera, Diario y derrotero de lo caminado, visto y observado en


la visita que hizo a los presidios situados en las Provincias Internas de la Nueva España,
Guatemala, imprenta de Sebastián de Arévalo, 1736, p. 120. Nicolás de Lafora,
Relación del viaje que hizo a los presidios internos situados en la frontera de la América
Septentrional, México, Pedro Robredo, 1939, p. 76.
9 Archivo General de Indias, Ramo Guadalajara, núm. 393. «Informe del
Comisionado Dn. Félix Calleja del resultado de la revista de milicias del cordón
de la frontera de Colotlán en que explica su actual estado y condición».
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

geográfico de las fronteras de Colotlán.10 Esta nueva forma de


apreciar y concebir el mundo fue promovida por los borbones,
pues, de acuerdo a su política Ilustrada y utilitarista, el conoci-
miento puntual de sus dominios facilitaría las tareas de gober-
nar, de acrecentar el tesoro real y de servir mejor a sus vasallos.
En la Nueva España, a partir de los últimos años del siglo
XVIII, las descripciones y los diarios de viaje como documen-
tos informativos fueron desplazados por padrones precisos y
notas estadísticas que centraron su atención en los datos duros
de índole numérica. Esta tendencia fue reforzada por la Orde-
nanza de intendentes puesta en operación en 1787. Es cierto
que poco más de 20 años atrás, el visitador José de Gálvez ma-
nifestó su interés por conocer con exactitud el número de ha-
199
bitantes que había en todo el virreinato, no obstante, fue hasta
que comenzó a tomar forma la Ordenanza, cuando se efectua-
ron los primeros ejercicios estadísticos con una metodología
sistemática. Al respecto, cabe señalar que la Iglesia tenía ya
amplia experiencia en el levantamiento de padrones que utili-
zaba con fines religiosos y económicos, sin embargo, fueron las
autoridades civiles las que realizaron los padrones de manera
cuantitativa siguiendo las disposiciones del rey asentadas en la
Ordenanza: «[…] es de mi voluntad que también corra al cargo
y cuidado de los Intendentes hacer formar exactos Padrones de
todos los habitantes de sus provincias respectivas, y especial-
mente el punto importantísimo de practicar en cada quinque-
nio por sí, o sus comisarios y subdelegados de la mayor con-
fianza, las visitas para numeración y cuentas, o matrículas de
tributarios, con separación de indios, negros y mulatos libres y
de las demás castas […]».11

10 Véase Félix María Calleja, «Mapa geográfico de las fronteras de San Luis
Colotlán situado a los 22º y 22º de latitud Norte y a los 267 grados de longitud de
la isla de Tenerife, cuyo gobierno está a cargo del Sr. Dn. Simón de Herrera en lo
Militar y Político, dista de México 166 leguas», en Informe, Doc. Cit.
11 Marina Mantilla, Rafael Diego-Fernández y Agustín Moreno (Editores), Real
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En esta nueva tendencia de informes que privilegian el


dato exacto, se encuentran los padrones que el intendente
interino y sus subdelegados realizaron entre 1790 y 1794 por
órdenes del virrey. Pero en el caso de Zacatecas la recopilación
de dicha información se retrasó y el virrey envió a mediados de
1794 el padrón general a la Corona sin los datos correspondien-
tes a la intendencia de Zacatecas.12 Pese a ello, el censo sí se le-
vantó en la provincia. La información se encuentra en el fondo
reservado del Archivo Histórico del Estado de Zacatecas. Los
datos desglosados incluyen la cantidad de pueblos de indios,
haciendas, ranchos, estancias y villas por subdelegación, así
como el número de habitantes divididos según su condición
étnica y sexo.13 Otro documento inscrito en esta tendencia es
200
la «Nota estadística para la intendencia de Zacatecas», redac-
tada en 1793. En este texto se enumeran las fábricas o casas de
manufactura, lagunas, ríos, ingenios y molinos existentes en
cada subdelegación de la intendencia.14 El informe reunido por
el intendente Francisco Rendón en 1803, se caracteriza por el
cuidado con que se redactó, por el detalle con que aparece la
información y el amplio conocimiento de la provincia.15

Ordenanza para el establecimiento é instrucción de intendentes de exército y provincia en


el reino de la Nueva España, Edición anotada de la Audiencia de la Nueva Galicia,
México, Universidad de Guadalajara / El Colegio de Michoacán / El Colegio de
Sonora, 2008, p. 288.
12 Archivo Histórico del Estado de Zacatecas (en adelante AHEZ), fondo
Reservado, Documentos relativos al Censo de Revillagigedo, años 1790-1796.
13 Doc. Cit. Además, en el AHEZ se localizó el padrón del partido de Fresnillo,
realizado por Juan Antonio de Evia, a la sazón subdelegado de esa demarcación.
Véase AHEZ, fondo Reservado, Documentos relativos al Censo de Revillagigedo,
años 1790-1796. «Relación de los terrenos, pueblos, haciendas y ranchos que se
comprenden en dicha jurisdicción con expresión de sus nombres, distancia de
cada uno a la capital de Zacatecas y de México, con arreglo a lo mandado por el
Exmo. Sr. Virrey en sus superiores órdenes de 25 de julio y 2 de agosto del año
próximo pasado de 1792».
14 «Noticias estadísticas de la provincia de Zacatecas: 1804-1806», en Descripciones
económicas regionales de Nueva España: provincias del Norte, 1790-1814, Enrique
Florescano e Isabel Gil (Eds.), México, Instituto Nacional de Antropología e
Historia / Secretaría de Educación Pública, 1976, pp. 42-43.
15 Francisco Rendón, La provincia de Zacatecas en 1803. Informe que hace el Intendente
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El último ejercicio cuantitativo local que forma parte de


este conjunto documental con una concepción utilitarista es
la Noticia estadística que recoge información de los años 1804
a 1806. En él se enumera a la población y a los recursos que
poseía cada partido, incluyendo a las ricas subdelegaciones de
Juchipila y Aguascalientes, que se habían integrado más tarde
a la intendencia de Zacatecas.16
En todos estos documentos observamos además que las
descripciones de la ciudad eran muy sencillas, una población
ubicada en una cañada, construida sin seguir un patrón regu-
lar y en donde destacaban las construcciones religiosas y las
imágenes veneradas, así como el arroyo de la plata. Más que
hablar de la ciudad se hablaba de sus gentes o más bien del
201
temperamento y la ocupación de sus gentes de manera general,
dedicados mayoritariamente a la minería y más detenidamen-
te sobre sus personajes destacados. La ubicación exacta de la
ciudad y su clima tenían en estas descripciones más importan-
cia que la misma ciudad de la que Francisco Rendón afirmaba
no poseía grandes construcciones a excepción de sus iglesias y
monasterios, por no residir en ella los grandes propietarios de
sus minas. El turismo urbano que en nuestros días atrae a un
gran número de visitantes a la ciudad, no era una práctica co-
mún en los tiempos coloniales y además la ciudad no conocía
la belleza que empezó a cobrar a partir del siglo XIX.
El libro de Carmen Fernández Galán se inserta dentro
de una tendencia nacional e internacional que busca reedi-
tar y rescatar textos antiguos, para preservarlos del olvido y
al mismo tiempo darles una interpretación y sentido acorde
con nuestros tiempos. No es la primera vez que se escribe so-

de Ejército y de Real Hacienda de la Provincia de Zacatecas al Real Tribunal del


Consulado de Veracruz, promovido en virtud de Real orden de 21 de julio de 1802 y oficio
del mismo Tribunal de 5 de febrero de 1803, Zacatecas, edición de Salvador Vidal, 1953.
16 Véase «Noticias estadísticas de la provincia de Zacatecas: 1804-1806», en
Descripciones económicas, pp. 87-148.
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

bre la descripción breve de Rivera de Bernárdez, pues ya en el


año 2007 Martín Escobedo Delgado había dedicado su trabajo
«Tres hombres escriben el mundo» a la mencionada descrip-
ción, si bien el estudio de Carmen Fernández, a diferencia de
aquél, se dedica exclusivamente a este autor y a su manera de
relatar la ciudad de Zacatecas, siguiendo los parámetros e inte-
reses de su tiempo.
La prestigiosa editorial Iberoamericana Vervuert que pu-
blica el texto nos da una idea de lo cuidadoso que ha sido el
trabajo de edición e impresión del texto y constituyen otro ali-
ciente más para la adquisición y lectura del mismo. Por todo
ello me permito felicitar a su autora su nueva aportación al
engrosamiento de la riqueza cultural y literaria de Zacatecas.
202

FUENTES
Documentales
AHEZ Archivo Histórico del Estado de Zacatecas, fondo Reservado,
Documentos relativos al Censo de Revillagigedo, años 1790-1796.
AGI Archivo General de Indias, ramo Guadalajara, núm. 393.

Bibliográficas
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villa, Escuela de Estudios Hispano-Americanos - Universidad de
Sevilla, 1946, p. XXXIX.
ESCOBEDO, Martín y Marcelino Cuesta, Conocer para gobernar. Es-
tadísticas de la Intendencia de Zacatecas, 1793-1820, Oviedo, IMD /
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FLORESCANO, Enrique e Isabel Gil (Eds.), «Noticias estadísticas de la
provincia de Zacatecas: 1804-1806», en Descripciones económicas
regionales de Nueva España: provincias del Norte, 1790-1814, Méxi-
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introducción y notas de Thomas Hillerkuss, Zacatecas, Texere edi-


tores, 2016, pp. 243-245.
LAFORA, Nicolás de, Relación del viaje que hizo a los presidios internos
situados en la frontera de la América Septentrional, México, Pedro
Robredo, 1939, p. 76.
MANTILLA, Marina, Rafael Diego-Fernández y Agustín Moreno (Edi-
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Edición anotada de la Audiencia de la Nueva Galicia, México, Uni-
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Sonora, 2008, p. 288.
MOTA PADILLA, Alonso de la, Descripción geográfica de Galicia, Viz-
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RENDÓN, Francisco, La provincia de Zacatecas en 1803. Informe que
hace el Intendente de Ejército y de Real Hacienda de la Provincia
de Zacatecas al Real Tribunal del Consulado de Veracruz, promo-
vido en virtud de Real orden de 21 de julio de 1802 y oficio del mis-
mo Tribunal de 5 de febrero de 1803, Zacatecas, edición de Salvador
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RIVERA, Pedro de, Diario y derrotero de lo caminado, visto y observado
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ternas de la Nueva España, Guatemala, imprenta de Sebastián de
Arévalo, 1736, p. 120.
VÁZQUEZ DE ESPINOSA, Antonio, Compendio y descripción de las
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108, Washington, Comité Interdepartamental de Cooperación
Científica y Cultural de los Estados Unidos, 1948, parágrafo 527.

Hemerográficas
ENCISO CONTRERAS, José, «Las Ordenanzas de Minería de 1550 para
la Nueva Galicia», en Anuario Mexicano de Historia del Derecho,
núm. 8, México, 1996, p. 94.
Digesto Documental de Zacatecas. Revista de Historia y Huma-
nidades, invita a investigadores y estudiantes de posgrado a
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tema que tendrán la encomienda de dictaminar el texto; si se
presenta alguna discrepancia entre ellos, el trabajo se cursará a
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trabajos se publicarán únicamente en caso de que el arbitraje
sea favorable. En caso de que la decisión de los dictaminado-
res sea aceptar el texto con modificaciones y/o correcciones, la
Coordinación Editorial enviará el original y las observaciones
de manera anónima al autor, para que se hagan los cambios
pertinentes y el trabajo sea publicado. Si el resultado del arbi-
traje consiste en rechazar algún trabajo recibido, éste será de-
vuelto al autor sin posibilidad de que la resolución sea apelada.

Artículos y ensayos
Iniciarán con un resumen de 80 a 150 palabras seguido de tres a
cinco palabras clave en español e inglés. Los trabajos deberán
ser inéditos, con una extensión de 15 a 30 cuartillas (incluida
bibliografía e ilustraciones) en letra Times New Roman, de 12
puntos con 1.5 de interlineado. Ejemplos de citación: a) Libro de
autor: Jaime Olveda, Autonomía, soberanía y federalismo: Nueva
Digesto documental de Zacatecas / Revista de Historia y Humanidades, 19 / enero-junio 2021 / ISSN: 1405-9584

Galicia y Jalisco, Zapopan, El Colegio de Jalisco, 2014, p. 78. b)


Artículo: Jean Meyer, «Dos siglos, dos naciones, México y Fran-
cia, 1810-2010», en Historias, núm. 83, México, INAH, septiem-
bre-diciembre de 2012, p. 45. c) Página web: Brígida von Mentz,
«Plata y sociedad regional. Reales de minas pequeños en la
Nueva España, siglos XVI-XVIII: Entre lo rural y lo urbano»,
en Nuevo mundo. Mundos nuevos, p. 7, disponible en: https://
nuevomundo.revues.org/67733archivos, información consul-
tada el 25 de enero de 2017. d) Documentos de archivo (por pri-
mera vez): Archivo General de la Nación, Ciudad de México,
México (en adelante: AGN), Intendencias, vol. 72, doc. 14, f. 1v.
Las notas irán a pie de página con la referencia completa, si se
cita por primera vez y, abreviada, en lo sucesivo. La bibliografía
205
se anotará en orden alfabético al final del texto. Los cuadros,
mapas e ilustraciones estarán acompañados de la palabra «cua-
dro», «mapa...» y numerarse, citando siempre su fuente.

Documentos archivísticos
Tendrán una extensión máxima de 25 cuartillas y deberán ser
primordiales para la Historia y las Humanidades de algún tema
y periodo. Se entregarán precedidos de una presentación que
no excederá las siete cuartillas y estarán sustentados en un
aparato crítico pertinente. La selección de documentos estará
a cargo de la Dirección y la Coordinación Editorial.

Reseñas
Serán lecturas críticas de libros de Historia y Humanidades
que hayan sido publicados con menos de cuatro años de ante-
lación. Abordarán necesariamente la tesis, las virtudes y limi-
taciones de la obra, así como la problemática en la que está ins-
crita, las preguntas que la obra plantea y responde, los aportes,
así como las líneas que abren a futuras investigaciones. Ten-
drán una extensión de cuatro a diez cuartillas.
DISEÑO Y EDICIÓN
TABERNA LIBRARIA EDITORES
MMXXI

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